Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Frontiers in Psychology · Diálogo Abierto
El presente estudio se propuso explorar la relación entre coterapeutas y el modo en que la presencia individual de cada terapeuta influye en esa relación en el Diálogo Abierto. Aunque la coterapia es clave en las reuniones de red del Diálogo Abierto, los procesos de esa relación siguen estando en gran medida poco estudiados.
Traducción no oficial al español de Co-therapy in Open Dialogue: Transforming therapists’ self in a shared space, de Christina Lagogianni, Eugenie Georgaca y Dimitra Christoforidou, publicado en Frontiers in Psychology (2023) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
«Así es como el diálogo se vuelve sanador.»
Christina Lagogianni, Eugenie Georgaca y Dimitra Christoforidou
Resumen
El presente estudio se propuso explorar la relación entre coterapeutas y el modo en que la presencia individual de cada terapeuta influye en esa relación en el Diálogo Abierto. Aunque la coterapia es clave en las reuniones de red del Diálogo Abierto, los procesos de esa relación siguen estando en gran medida poco estudiados. El estudio aplicó un análisis temático a entrevistas semiestructuradas realizadas a 20 terapeutas con formación en Diálogo Abierto que trabajan en el sector público y en el privado en distintos países. Los resultados indican que cada terapeuta está presente en una reunión con su yo vivencial y su yo profesional. Determinados procesos de coterapia permiten a coterapeutas sintonizar entre sí verbal y físicamente, creando un espacio compartido que favorece nuevas comprensiones comunes, una responsabilidad compartida y, en última instancia, una transformación del yo y de la práctica de cada terapeuta. La confianza entre coterapeutas parece ser un requisito previo para que la coterapia florezca. Los resultados del presente estudio revelan una influencia dinámica de la práctica de la coterapia, en la que esta favorece una personalidad más dialógica y permite la propia transformación de cada terapeuta, lo que a su vez hace posibles las comprensiones comunes y el reparto de la responsabilidad. Dado el creciente interés por los enfoques dialógicos y por las formaciones en Diálogo Abierto, quienes forman, supervisan y ejercen la práctica necesitan conocer y atender la dinámica de la relación de coterapia para cuidar de sí, de su equipo y, en última instancia, de las redes con las que colaboran.
Palabras clave diálogo abierto, coterapia, yo profesional, yo vivencial, autotransformación, práctica dialógica.
El Diálogo Abierto es un enfoque filosófico y terapéutico de estar con las personas en momentos de crisis o de necesidad, así como una manera de organizar los servicios de salud mental basada en reuniones de red (Olson et al., 2014; Putman, 2022b). Las reuniones de red reúnen a un equipo de al menos dos profesionales, a la persona afectada y a su red social, es decir, familiares, amistades, colegas u otros miembros de los servicios ya implicados en su atención (Putman, 2022b). En las reuniones de Diálogo Abierto, profesionales de distintas disciplinas se juntan para formar grupos interinstitucionales como forma de favorecer la polifonía (Seikkula et al., 2001; Olson y Seikkula, 2003). Los equipos profesionales suelen incluir, entre otros perfiles, psiquiatría, psicología, terapia ocupacional, enfermería psiquiátrica, trabajo social y personas expertas por experiencia, conocidas como trabajadoras y trabajadores pares (Nelson et al., 2022; Razzaque et al., 2022). A efectos del presente estudio, todas las personas profesionales que participan en las reuniones de red se denominarán «terapeutas». Las distintas trayectorias profesionales, con sus diversas maneras de construir sentido, pueden influir en las reflexiones de cada terapeuta con su coterapeuta y en su diálogo con la red (Holmesland et al., 2014).
La coterapia, es decir, dos o más terapeutas que trabajan juntos en sesiones con clientes o familias, se ha desarrollado en el campo de la terapia familiar, en contextos clínicos y de supervisión, y está en el corazón de la práctica del Diálogo Abierto (Ast et al., 2019). Aunque se reconoce que la calidad de la relación entre coterapeutas influye en el tratamiento (Borchers et al., 2013), las perspectivas y los retos que implica esa relación siguen estando en gran medida poco estudiados en la literatura sobre el Diálogo Abierto. Como cada relación es única, al colaborar con coterapeutas diferentes, cada profesional puede compartir aspectos distintos de sí y ofrecer así a los miembros de la red oportunidades diversas de exploración. Si se valora la importancia de la presencia de cada terapeuta y del uso de sí en terapia, merece la pena explorar cómo viven su relación las parejas de coterapeutas y cómo atienden a su propio yo mientras favorecen la continuidad de la atención con las redes. El presente estudio pretende contribuir al escaso diálogo sobre las relaciones entre coterapeutas y los procesos implicados, ampliando así la literatura sobre la coterapia en el campo de la terapia de pareja y familia y en el enfoque del Diálogo Abierto.
La coterapia se ha practicado ampliamente en la terapia de pareja y familia, enriqueciendo el rol profesional de terapeutas, ya que puede ofrecer más recursos, perspectivas e hipótesis alternativas (Hannum, 1980; Hendrix et al., 2001; Reed, 2013). Por la manera en que colaboran y hablan entre sí, coterapeutas pueden servir de modelo a parejas y familias para otros patrones de comunicación (Hannum, 1980; Hendrix et al., 2001). La pareja de coterapeutas se complementa alternando roles, desde posiciones activas hasta posiciones reflexivas, y cada terapeuta ayuda a la otra persona a mantener una postura neutral y a no quedar absorbida por la dinámica familiar, cualidades que se consideraban útiles en la práctica sistémica (Selvini et al., 1980; Benjamin y Benjamin, 1994).
Para garantizar estas cualidades, se ha reconocido que las prácticas de formación y supervisión son clave para dejar espacio al desarrollo profesional de terapeutas a partir de la relación de coterapia (Hendrix et al., 2001). Un equipo unido y no competitivo probablemente contribuya al crecimiento tanto de la clientela como de terapeutas (Selvini et al., 1980). Para lograrlo, es importante que cada terapeuta acoja tanto a la clientela como a su coterapeuta, de modo que cada terapeuta sea a la vez quien acoge y quien es acogido. Considerar que cada terapeuta acoge y es acogido a la vez en una reunión concuerda con la idea de que contar con dos terapeutas da a la clientela un mayor sentido de continuidad y permanencia, al tiempo que previene el agotamiento profesional (Hoffman et al., 1995). También señala la importancia de explorar la relación entre terapeutas, así como las prácticas de supervisión o de sesión que permiten cultivar esta experiencia de acogida.
Aunque la coterapia se ha reconocido como una práctica eficaz y a menudo constructiva en la literatura sobre terapia de pareja y familia, también ha recibido algunas críticas. Además de los retos prácticos en términos de exigencias de tiempo y de mayor coste, pueden surgir dificultades en el uso de la coterapia cuando la pareja de coterapeutas tiene problemas de control, una relación erótica, o cuando la clientela queda atrapada en una parentalidad terapéutica simbólica de coterapeutas (Russell, 1980; Bowers y Gauron, 1981; Haley, 1987; Hendrix et al., 2001). Estas preocupaciones son muy valiosas y señalan la importancia de que coterapeutas sean conscientes de sí, pero también presten atención a su relación mutua y la cuiden, para ayudar a la red afectada. Personas en formación que colaboraban con diferentes díadas de coterapeutas comentaron que les resultaba un desafío la posibilidad de que, al trabajar en coterapia, aumentara la probabilidad de aprender algo nuevo sobre sí (Hendrix et al., 2001). Aunque la autoría no profundizó en ello, es posible que, al colaborar con coterapeutas de distintos niveles de experiencia, surjan cuestiones de control y jerarquía, lo que aumenta la complejidad y la posibilidad de que aparezcan cuestiones inesperadas en una reunión. Desde un punto de vista dialógico, esto podría percibirse como una oportunidad más que como un reto, ya que la atención de cada terapeuta a sí y la conciencia de sus reacciones emocionales en terapia pueden aportar comprensiones valiosas a la red y al proceso terapéutico (Rober, 1999).
En las prácticas dialógicas, la coterapia se apoya en la posición no experta de terapeutas y se centra en características más relacionales de la reunión de red, como medio para fomentar el diálogo (Seikkula et al., 2012; Hornova, 2020). El diálogo se entiende como un proceso conjunto que se desarrolla en las reuniones de red mediante un lenguaje que abre nuevos flujos de preguntas y nuevos discursos (Seikkula, 1995). La coterapia se inspira en los siete principios fundamentales del Diálogo Abierto y, a su vez, los inspira, tanto en la manera de organizar los servicios —ayuda inmediata, inclusión de la red social, flexibilidad y movilidad, asunción de la responsabilidad y continuidad psicológica— como en la manera de estar con las personas —tolerancia a la incertidumbre y dialogismo— (Olson y Seikkula, 2003). «Dos o más terapeutas en la reunión del equipo» es el primero de los doce elementos de fidelidad a la práctica dialógica (Olson et al., 2014). Contar con varias personas terapeutas en una reunión con una red favorece el desarrollo de la polifonía, al promover alternativas y dar espacio a voces diferentes (Valtanen, 2019; Hornova, 2020). Profesionales del Diálogo Abierto perciben la coterapia dialógica como un proceso con cualidades relacionales únicas, entre ellas la capacidad de discrepar, la disposición a dejarse cuestionar en terapia, el cuidado del espacio relacional de coterapeutas y, por último, la conciencia de las respuestas corporales y la posibilidad de hablar de ellas (Hornova, 2020).
Durante las reuniones de Diálogo Abierto, terapeutas tienden a responder a las experiencias de las redes en un plano corporal y verbal (Shotter, 2011; Cromby, 2012; Borchers et al., 2013; Kykyri et al., 2017; Seikkula et al., 2018). Cuando cada terapeuta comparte sus sentimientos, sirviéndose de sus respuestas afectivas y de sus experiencias corporales, es probable que su coterapeuta haga lo mismo y «contagie» esta manera de hablar a toda la red (Borchers et al., 2013; Hornova, 2020). De este modo, la coterapia dialógica permite una mayor conciencia corporal y una mayor autorreflexividad (Hornova, 2020). Una línea de investigación en expansión, «Relational Mind in Events of Change in Multi-actors Therapeutic Dialogues», revela una sincronía corporal en las respuestas fisiológicas de los miembros de la red y de terapeutas (Karvonen et al., 2016; Päivinen et al., 2016; Kykyri et al., 2017; Seikkula et al., 2018; Laitila et al., 2019). Curiosamente, las parejas de coterapeutas parecen presentar entre sí el nivel más alto de sincronía, lo que subraya la importancia de la sintonía dentro de las díadas de coterapia (Karvonen et al., 2016). Pese al reconocimiento de la sintonía corporal y de la influencia de la coterapia en el plano personal (Borchers et al., 2013), los procesos mediante los cuales coterapeutas logran sintonizar entre sí e influir en la presencia de la otra persona siguen estando en gran medida poco estudiados.
Mediante un bucle dialógico de entrevistas a coterapeutas y un grupo focal para aumentar la credibilidad de los temas emergentes sobre la coterapia, Hornova (2020) mostró que la coterapia dialógica se percibe como estimulante para terapeutas. Esto podría estar relacionado con la capacidad de profesionales de la práctica dialógica de mostrarse tal como son en las reuniones con las familias, lo que además genera un sentimiento de satisfacción (Sidis et al., 2020). Aun así, la autenticidad al expresar el diálogo interior y las emociones propias puede resultar difícil para el personal sanitario, ya que puede exigir una ampliación del rol profesional (Holmesland et al., 2014). Las reuniones de Diálogo Abierto a menudo desafían a profesionales al exigirles abandonar y ampliar el rol de su formación profesional de origen, es decir, como psiquiatras, profesionales de enfermería psiquiátrica, de trabajo social, etc. (Holmesland et al., 2014). Esas formaciones en salud mental suelen animar a profesionales en desarrollo a tener el control de sus emociones y a guardárselas (Rowan y Jacobs, 2011). Cada terapeuta discierne el sentido a partir de filtros, construidos en distintas escuelas de pensamiento y formaciones profesionales. Esos filtros pueden bloquear o amplificar las resonancias de terapeutas con su clientela e influir en la manera de responderle.
Al reflexionar sobre el papel de psiquiatras en los equipos multiprofesionales, Valtanen (2019) reconoció la importancia de la confianza y de la comprensión compartida entre los miembros del equipo. En un clima de comprensión compartida, una persona coterapeuta puede discrepar de la otra persona. En lugar de percibirse como competencia, discrepar de su coterapeuta se ve como una manera de desarrollar una polifonía de voces iguales y de ganar en autenticidad (Hornova, 2020). En un contexto similar, el del tratamiento adaptado a las necesidades (Need Adapted Treatment) de la psicosis con dos o más coterapeutas presentes, psiquiatras a quienes se entrevistó mediante prácticas de coinvestigación (Andersen, 1997) y entrevistas de recuerdo estimulado (Kagan et al., 1963) reconocieron que en una situación de tratamiento están presentes no solo como profesionales, sino también como individuos que mantienen una relación personal con su coterapeuta (Borchers et al., 2013). También se ha constatado que, cuando tienen una relación personal con su coterapeuta y conocen las dificultades personales que atraviesa, terapeutas se inclinan más a percibir a su coterapeuta como paciente y a cuidarle (Borchers et al., 2013). Aunque esto favorece un entorno de trabajo seguro y amistoso, puede plantear retos en cuanto a los roles y responsabilidades que asume cada terapeuta. Crear espacios abiertos de discusión entre terapeutas puede ayudar a salvar sus diferencias, producir una identidad profesional compartida y cultivar el sentimiento de seguridad en la relación de coterapia (Holmesland et al., 2014; Valtanen, 2019; Hornova, 2020).
Terapeutas en una reunión de Diálogo Abierto no son solo «anfitriones» o «invitados» de la sesión, sino parte del encuentro único que es la sesión, con disposición a transformarse igualmente a través de la relación terapéutica (Olson y Seikkula, 2003; Brown et al., 2015; Kykyri et al., 2017; Hornova, 2020). Esta es una de las razones por las que las formaciones en Diálogo Abierto incluyen en su núcleo la supervisión y los grupos de familia de origen, como manera de apreciar los fundamentos teóricos del Diálogo Abierto a través de la práctica y la implicación personal (Putman, 2022a). La disposición a transformarse en una reunión requiere atención a sí y capacidad de respuesta, cualidades que a su vez se cultivan mediante las prácticas de supervisión y la terapia (es decir, la familia de origen). Se sostiene que estas exigencias de las formaciones dialógicas cambian y moldean significativamente la percepción que tienen profesionales de su propio yo y de su rol profesional en terapia (Von Peter, 2019, 2021; Pocobello, 2021; Hendry et al., 2022). Aunque la coterapia puede surgir como tema en los contextos de supervisión y formación, no se presta suficiente atención a la relación entre coterapeutas, a las maneras en que colaboran y gestionan sus diferencias, ni a cómo esta disposición a transformarse puede estar presente y ser vivida por coterapeutas y por la red.
En línea con el Diálogo Abierto, el presente artículo sigue la concepción de Bakhtin (1984) del yo como polifónico, compuesto de voces diferentes. Una investigación en desarrollo revela la rica conversación interior de terapeutas durante las sesiones, que incluye atender al proceso del cliente, procesar su historia, centrarse en las propias experiencias y gestionar el proceso terapéutico (Rober et al., 2008). Se invita a terapeutas a atender a todas las voces presentes en la sala, a apreciar la polifonía horizontal entre los miembros de la red y el equipo profesional, así como la polifonía vertical dentro de sí y, a su vez, dentro de cada individuo (Seikkula, 2008). Coterapeutas desempeñan un papel activo en la construcción de la realidad terapéutica como miembros del contexto dado y como quienes facilitan el proceso terapéutico. En consecuencia, no ocupan la posición experta y sus ideas no se imponen a la clientela, sino que pueden actuar como estímulos para el cambio (Andersen, 1991; Rober, 1999, 2005b; Anderson, 2005). Como miembros del encuentro terapéutico, terapeutas cocrean el espacio seguro para que la red despliegue sus relatos y encuentre palabras para lo aún no dicho (Shotter, 2011, 2015). En este espacio relacional, la propia experiencia de cada terapeuta es crucial y puede actuar como una brújula para orientarse entre las múltiples voces de una reunión de red. La experiencia vivida de terapeutas abarca su uso de sí, su posicionamiento, los cambios corporales, las reacciones emocionales, los pensamientos, los valores y las creencias (Simon, 2012; Miller y Baldwin, 2013; Avdi y Seikkula, 2019; Gkantona, 2019; Ong et al., 2021; Aponte, 2022). La manera en que terapeutas utilizan sus experiencias está asociada a la atención plena a su proceso interno y a la conciencia de las influencias que este puede tener en el proceso terapéutico (Rowan y Jacobs, 2011; Mojta et al., 2014).
Para apreciar la polifonía de sus voces interiores, terapeutas necesitan estar en sintonía con su yo profesional y con su yo vivencial, y reflexionar sobre ambos (Rober, 2005b; Borcsa y Janusz, 2021). El «yo profesional», influido por las competencias, la formación y el desarrollo profesional de cada terapeuta, adopta una posición de observación y se conceptualiza como la voz interior que formula hipótesis y responde a las historias de la clientela (Rober, 2005b). El «yo vivencial», un yo más íntimo, remite a los recuerdos, imágenes y fantasías asociados a esas observaciones, extraídos de las experiencias personales de cada terapeuta (Rober, 2005b). Como el yo vivencial está relacionado con los sentimientos y la historia personal que se evocan durante una reunión, se sostiene que la propia terapia es clave para sintonizar con el yo vivencial y para utilizarlo (Simon, 2006; Clark, 2009; Flaskas, 2009). A través del proceso de la propia terapia o de prácticas de crecimiento personal se desarrollan una mayor conciencia de sí y una mayor atención a sí (Lum, 2002; Miller y Baldwin, 2013).
El yo profesional y el yo vivencial de cada terapeuta mantienen una conversación interior continua durante una reunión, que ofrece distintas oportunidades de responder a las invitaciones y a las historias de su coterapeuta y de las redes (Seikkula et al., 2012; Borcsa y Janusz, 2021). Al alternar entre posiciones de facilitación y posiciones reflexivas en el diálogo externo con la red, y al implicarse en los procesos reflexivos, coterapeutas se dejan mutuamente espacio para atender a su diálogo interior, sintonizar mejor con sus voces interiores y, en última instancia, desarrollar la polifonía (Seikkula, 1995; Rober, 1999, 2005b; Olson y Seikkula, 2003). Las diferencias en la reflexividad de terapeutas y en la atención que prestan a su yo profesional y a su yo vivencial pueden influir no solo en su propia presencia en una reunión, sino también en la práctica de la coterapia y, en última instancia, en la atención prestada a las redes (Georgaca, 2012; Avdi y Georgaca, 2018). Explorar cómo influyen en la coterapia las diferencias entre el yo profesional y el yo vivencial de terapeutas puede mejorar nuestra comprensión de la práctica de la coterapia y de las reuniones de red del Diálogo Abierto.
Dado que la formación en Diálogo Abierto y la presencia dialógica son cada vez más populares, es importante que cada terapeuta reconozca esas oportunidades y aprecie la complejidad de la relación con su coterapeuta. El presente estudio pretende contribuir a la comprensión de la relación entre coterapeutas y de cómo esta relación influye en la presencia individual de cada terapeuta. A efectos de la investigación se utilizarán los conceptos de yo profesional y yo vivencial, para captar una parte del diálogo interior y de la polifonía vertical de terapeutas. Se parte del supuesto de que, si se arroja más luz sobre cómo interactúan coterapeutas entre sí atendiendo no solo a su propia presencia, sino también a la de su coterapeuta como manera de conectar y estar con la red, se desarrollarán prácticas más constructivas y de mayor apoyo.
Las preguntas de investigación son:
El presente estudio pretende examinar qué aspectos del yo de cada terapeuta se movilizan durante la coterapia, cómo se ve afectado por la coterapia y qué procesos de coterapia influyen en él. El estudio forma parte de un proyecto más amplio sobre las opiniones y experiencias de profesionales del Diálogo Abierto en relación con la coterapia. Se realizaron dos entrevistas consecutivas con profesionales del Diálogo Abierto, utilizando guiones de entrevista semiestructurada distintos. El presente estudio fue conducido por la primera autora (CL) y el segundo estudio, todavía en curso, se centró en las prácticas dialógicas de coterapeutas y fue conducido por la tercera autora (DC). Aunque la investigación se hizo en colaboración, los dos estudios se analizaron y redactaron por separado.
La primera autora (CL) estaba terminando en ese momento la formación de 3 años de Open Dialogue UK, lo que le dio acceso a redes de profesionales vinculadas. La conceptualización y el guion de entrevista utilizados en el presente estudio estuvieron influidos por su experiencia de trabajo con distintas personas coterapeutas y por reflexiones surgidas en el contexto de supervisión de la formación. La tercera autora (DC) ha colaborado con el equipo de salud mental de Volos (Grecia), el primer servicio público de Grecia que utiliza prácticas inspiradas en el Diálogo Abierto desde 2009. La dinámica del equipo y el desarrollo del enfoque en ese contexto llevaron a la tercera autora a explorar más a fondo la relación entre coterapeutas. Al terminar cada entrevista, las dos investigadoras reflexionaban sobre su experiencia y se daban mutuamente retroalimentación para las entrevistas siguientes. Ambas autoras colaboraron como coinvestigadoras en este proceso, dejando espacio para la reflexividad y una reflexión continua en la elaboración de los guiones de entrevista, el contacto con las personas participantes, la realización de las entrevistas y el análisis.
Se utilizó un muestreo intencional, contactando con institutos internacionales de Diálogo Abierto y difundiendo la investigación en el grupo cerrado de Facebook «Network for Open Dialogue and Reflective Processes». Los criterios de selección eran haber completado una formación en Diálogo Abierto y tener experiencia de trabajo en coterapia.
Participaron 20 terapeutas de Diálogo Abierto, ocho hombres y 12 mujeres. Según las identidades profesionales con las que se presentaron, ocho eran profesionales de la psicología, dos de la psiquiatría, tres del trabajo social, una persona de enfermería, una persona trabajadora par, y cinco terapeutas no mencionaron una formación específica en salud mental. Cabe señalar que los roles profesionales de las personas participantes a menudo abarcaban más que los títulos anteriores; entre los roles adicionales figuraban la formación en Diálogo Abierto y puestos administrativos. Las personas participantes trabajaban tanto en el sector público como en la práctica privada. Procedían de distintos lugares geográficos: 10 de la Unión Europea, cinco del Reino Unido, tres de los Estados Unidos de América y dos de Australia. Su experiencia en Diálogo Abierto iba de tres a 20 años. Habían practicado la coterapia con entre dos y treinta colegas diferentes.
Las opiniones y experiencias de las personas participantes sobre la coterapia se generaron y registraron mediante entrevistas individuales semiestructuradas de 45–60 min a través de la plataforma de videoconferencia Google Meet. Antes de la entrevista, las personas participantes rellenaron un formulario sociodemográfico y firmaron un formulario de consentimiento, en el que confirmaban conocer el carácter confidencial y anónimo de los datos, su derecho a retirarse y su aceptación de que se grabara la entrevista. Al comienzo de la entrevista, las dos investigadoras (CL, DC) se presentaban como coinvestigadoras y dejaban tiempo para preguntas. Una investigadora entrevistaba y la otra adoptaba una posición reflexiva. Las investigadoras reconocían que la que adoptaba la posición reflexiva, a la espera de su turno para realizar su propia investigación, podía intervenir en la entrevista si era necesario. Sin embargo, esto no ocurrió en ningún momento del proceso de recogida de datos. El guion de entrevista de este estudio comenzaba con preguntas sobre las maneras en que la trayectoria profesional de las personas participantes, es decir, sus roles profesionales y su formación previa, influye en las reflexiones durante una reunión. También se les preguntó qué significa la autenticidad en una reunión de red y cómo podían haber influido en ello su propia terapia personal, sus prácticas de crecimiento personal, su familia de origen y otras terapias. Por último, había preguntas sobre las maneras en que coterapeutas se apoyan mutuamente para actuar con autenticidad y responder plenamente como personas encarnadas en una reunión de red. Se animó a las personas participantes a dar ejemplos clínicos de sus experiencias.
Todas las entrevistas fueron transcritas, leídas minuciosamente y anotadas por la primera autora (CL) en busca de temas importantes y patrones comunes que surgieran en las distintas entrevistas. Se utilizó el análisis temático, con el objetivo de identificar temas que captaran aspectos importantes de la pregunta de investigación (Braun y Clarke, 2006). Todos los datos se codificaron sin intentar poner a prueba una hipótesis concreta, sino más bien para describir las experiencias de las personas participantes, aplicando un análisis temático inductivo. Se realizó una codificación línea por línea mediante la lectura y anotación de las dos primeras entrevistas. Se crearon listas preliminares de códigos, en las que los códigos recogían los pensamientos, experiencias, sentimientos e imágenes de las personas participantes sobre el objeto de investigación. Las entrevistas tres y cuatro completaron la lista de códigos y crearon códigos nuevos cuando las perspectivas de las personas participantes eran nuevas. Se siguió el mismo proceso con las entrevistas 5 a 20. Para garantizar que las últimas entrevistas codificadas recibieran la misma atención que las primeras, los códigos desarrollados se revisaron muchas veces, lo que refleja un ir y venir continuo entre el conjunto de datos y el proceso de codificación. En la búsqueda de temas, los códigos se enumeraron y agruparon según sus puntos en común. La primera autora dio un nombre y una descripción a estos temas.
La revisión de los temas y el ajuste de sus nombres y descripciones se llevaron a cabo mediante amplias sesiones de validación con la segunda (EG) y la tercera autora (DC), que también actuaron como codificadoras de extractos seleccionados, para favorecer la precisión y la transparencia del proceso de codificación. En este proceso no se utilizaron medidas de acuerdo entre codificadoras; en su lugar, se siguieron procedimientos de validación consensuada y de acuerdo. En cada sesión de validación, la primera autora presentaba los temas y los justificaba con referencia a citas de las personas participantes. Después, mediante discusiones colaborativas sobre los puntos de vista divergentes, las autoras llegaban a un consenso sobre los temas que mejor recogían las experiencias de las personas participantes.
La primera (CL) y la tercera autora (DC) interactuaron con todas las personas participantes del presente estudio durante las entrevistas, lo que les dio una comprensión experiencial de los datos recogidos. Ambas son también clínicas en ejercicio, lo que les permitió una perspectiva más vinculada a la práctica sobre los datos. La segunda autora (EG) es académica, con experiencia en investigación e inicialmente menos apegada al conjunto de datos. Las distintas perspectivas de las tres investigadoras sobre los mismos datos permitieron que surgiera una variedad de voces al evaluar las posiciones y expectativas de las autoras respecto del estudio, al tiempo que aseguraban riqueza y reflexividad en el proceso de generación de los temas (Tong et al., 2007; O’Connor y Joffe, 2020).
Como resultado del proceso analítico, los datos se organizaron en tres temas principales, a saber, la presencia individual de cada terapeuta, los procesos de coterapia y la coterapia como espacio compartido, cada uno compuesto por distintos subtemas. Además, surgió un cuarto tema, la confianza como requisito previo, que conecta los tres.
A continuación se presentan y describen los temas y subtemas que surgieron, acompañados de extractos representativos de las entrevistas.
Cada terapeuta está presente en una reunión de red aportando tanto su yo vivencial como su yo profesional. Tras completar una formación dialógica, la presencia del yo vivencial y del yo profesional de cada terapeuta ya ha cambiado como consecuencia de los requisitos de supervisión y de terapia personal de la formación.
Uso de las respuestas corporales. La gran mayoría de las personas participantes reconoció que llevar su yo vivencial a una reunión implica, en parte, ser consciente de sus propias experiencias y respuestas corporales y compartirlas.
Participante 8
«Mi manera de entender la experiencia corporal es que nos invita a mantenernos en contacto con nuestra mente. […] Primero puedo tomar nota para mí: vale, esto genera una tensión en mí, e incluso quizá profundizar un poco en ello, notarlo, pero quizá sin sentir que sea buena idea compartirlo con palabras, sino solo notarlo y respirar más hondo, sabiendo que también afecta a quien trabaja conmigo: cómo estoy yo en este momento, cómo lo estoy sosteniendo, de alguna manera.»
Más fuerte cuando cada terapeuta tiene conciencia de sí. Se reconoció de forma generalizada que la familia de origen, la terapia personal y las prácticas de crecimiento personal permiten a terapeutas tener más conciencia de sí y advertir su yo vivencial en una reunión. Algunas personas participantes reconocieron que, a través de su propio recorrido de crecimiento personal, terapeutas son más conscientes de sus sentimientos, vulnerabilidades, puntos ciegos y traumas. Una persona participante comentó que esto ayuda a ganar humildad y curiosidad, sin apresurarse a juzgar a los demás, al darse cuenta de que todas las familias, incluida la propia, pueden tener «rupturas en su comunicación» (P15). Una voz distinta surgió de una persona participante que señaló que el mandato de que terapeutas tengan conciencia de sí puede significar que «usan el poder que se les da trabajando en psiquiatría y salud mental, mientras exploran su propia humanidad y sus experiencias al respecto» (P10).
La atención sigue centrada en la red. Algunas personas participantes reconocieron la importancia de la autorreflexividad al compartir su yo vivencial, hablando de sus sentimientos e ideas con delicadeza, de manera que la red pueda decir que no. Cuando consideran que revelar algo de sí puede ser útil para la red, terapeutas pueden incluso compartir explícitamente sus historias y resonancias personales y «conectarlas con el relato de la red» (P1). Al reflexionar sobre la conexión entre las necesidades de la red y el yo vivencial de cada terapeuta, una persona participante señaló que la coterapia no siempre es la práctica preferible para todos los miembros de la red; la terapia individual puede ser preferible como manera de explorar cuestiones más privadas y de reforzar la confianza de cada persona.
Implica una mayor apropiación. Algunas personas participantes compartieron la idea de que, al atender a su yo vivencial y reflexionar sobre él, se desarrolla un sentido de apropiación que ayuda a terapeutas a «confiar en el sentimiento que se está evocando» (P14). Una participante que es psicóloga subrayó la responsabilidad de cada terapeuta hacia sí: «[Hay que ser] responsable de las propias emociones e ideas en una reunión, y darles voz sin competir con las de la otra persona coterapeuta.» (P17)
Invitar el rol profesional. Todas las personas participantes coincidieron en que la escuela de pensamiento o la formación no define a cada terapeuta en una reunión de Diálogo Abierto. Todas añadieron que los distintos tipos de formación profesional se perciben como competencias de cada profesional y se tienen en cuenta al formar el equipo, como manera de adaptarse lo mejor posible a las necesidades de la red. Las personas participantes que trabajan en equipos multiprofesionales, sobre todo en el sector público, reconocieron que a menudo eligen a su coterapeuta en función de su trayectoria profesional o invitan a otras personas del equipo a participar como consultoras en sus reuniones de red teniendo en cuenta su trayectoria profesional y las necesidades de la red.
La pericia como parte de la polifonía. Casi todas las personas participantes reconocieron que, aunque parte de su contribución al diálogo pueda provenir de su rol profesional, de su pericia, terapeutas tienden a retirarse de la posición experta y a ofrecer todas sus ideas de manera más tentativa, reconociendo que todas las voces de una reunión son importantes. Más de la mitad de las personas participantes utilizaron las mismas palabras para caracterizar el trabajo con terapeutas de trayectorias profesionales diversas como algo que permite una «polifonía horizontal», una «riqueza de comprensión» y «más oportunidades en una reunión» (P1, P4, P6, P9, P11, P12, P14, P16, P17, P19, P20). Las ideas procedentes del yo profesional de cada terapeuta se convierten en una voz más de la reunión, en lugar de ser la forma predominante de explorar la historia de la red. Según su trayectoria profesional, cada terapeuta puede sintonizar mejor con distintas partes del relato de una persona, por ejemplo: las políticas en torno al riesgo.
Participante 12
«Parte de lo que disfruto de este trabajo es poder decir: “Ah, ese es un enfoque diferente, yo no lo habría pensado así”. Pero a veces puedo decir en una reflexión: “Eso es muy interesante, me pregunto qué piensan los miembros de la familia, deberíamos preguntárselo”. Es casi como si, cuando no consigo resolverlo entre nosotros, recurriera a la familia como recurso.»
Más fuerte cuando hay incertidumbre. Una voz distinta, expresada por algunas personas participantes, sostuvo que la presencia de muchas voces puede crear incertidumbre en una reunión. Cuando terapeutas se sienten en la incertidumbre, pueden replegarse en un enfoque más directivo, en técnicas y comprensiones derivadas de su pericia. Pueden, así, volver a su identidad profesional, que les resulta familiar y más segura, y «oír lo que hemos aprendido» (P12).
Las personas participantes señalaron procesos específicos en los que se implican con su coterapeuta y que les permiten sintonizar entre sí y con la red.
La mayoría de las personas participantes reconoció que la presencia de una persona coterapeuta en momentos de crisis y de incertidumbre puede ayudar a tolerar la polifonía y permite pensar las emociones de manera más reflexiva. Algunas sostuvieron que esto les permite equilibrar sus posiciones y emociones con su coterapeuta, ralentizando, compartiendo su preocupación y buscando las diferencias más que las semejanzas en sus reflexiones.
Participante 14
«Creo que tener coterapeuta puede ser muy útil si la gente se polariza en su posición. Y yo puedo polarizarme fácilmente en mi posición, así que tener coterapeuta que a veces pueda decir: “Siento que estás atascado donde estás, no sé muy bien qué te está pasando”; y así poder cuestionarnos mutuamente.»
Como en las conversaciones con la red, algunas personas participantes consideraron que el lenguaje entre coterapeutas debe ser invitacional, cuidadoso y delicado. Este lenguaje invitacional se consideraba importante por razones distintas para cada persona. Unas pocas personas participantes sostuvieron que, cuando su coterapeuta las invita a compartir las razones por las que revelaron una historia personal o un sentimiento, esto les ayuda a desplegar su pensamiento, a establecer conexiones directas con la red y a mantener el diálogo centrado en la red y no en sí. Una persona participante dijo que el lenguaje invitacional permite favorecer la confianza: «Tengo que confiar en que no vas a compartirlo de manera inapropiada. Y la otra persona tiene que confiar en que no la vas a empujar más allá de sus límites.» (P7)
Casi todas las personas participantes compartieron la idea de que, cuando coterapeutas llegan a conocerse, se crea una actitud más delicada, más cuidadosa y más atenta hacia la otra persona. Para ser auténticas y expresar sus pensamientos y sentimientos, es importante que las personas terapeutas se sientan «suficientemente seguras y cómodas» con su coterapeuta (P20). Para muchas personas participantes era importante sentirse aceptadas incondicionalmente por su coterapeuta, es decir, sin expectativas, sin maneras correctas o incorrectas de estar en una reunión. Dos personas participantes mencionaron que sentirse a gusto se refiere no solo a las formas de expresión, sino también al estilo de la persona coterapeuta, por ejemplo, permanecer en silencio o recurrir al humor. El estilo terapéutico se distingue de la formación profesional, ya que se refiere a la manera en que cada terapeuta está con las personas y favorece la contención. Algunas personas participantes sostuvieron que es posible que no puedan trabajar con determinadas personas coterapeutas, aunque las conozcan bien, ya que la coterapia es una relación humana que, como todas las relaciones, puede no funcionar bien en casos concretos.
Conocer a su coterapeuta permite advertir sus cambios no verbales durante una reunión. Casi la mitad de las personas participantes veía las respuestas corporales en una reunión como un canal para conectar con su coterapeuta. Un par de personas participantes mencionó que advertir estas reacciones corporales en sí o en su coterapeuta puede ser un punto de partida útil para las reflexiones entre coterapeutas o para darse cuenta de que alguien más ha cambiado en la sesión, lo que crea más espacio para lo aún no dicho. Una persona participante dijo que a veces practica mindfulness con su coterapeuta antes de empezar una reunión de red como manera de «estar en sintonía» (P7).
Todas las personas participantes consideraron importantes los espacios relacionales dialógicos entre coterapeutas fuera de las reuniones de red, ya que permiten profundizar su nivel de sintonía mutua. Coterapeutas necesitan otros espacios para hablar de sí y de cómo viven el trabajo en común. Las personas participantes dieron distintos ejemplos de cómo pueden crearse esos espacios dialógicos, por ejemplo antes de las reuniones, en supervisión o en reflexiones posteriores a la sesión. Casi todas consideraron los espacios de supervisión como fundamentales para permitir conversaciones sobre la relación entre coterapeutas. Dos personas participantes reconocieron además la necesidad de supervisión como manera de hablar de lo que se siente cuando te cuestionan, una experiencia bastante rara en las interacciones cotidianas. La mayoría vio las prácticas de supervisión como una manera de evitar la competencia entre coterapeutas, que se reconocía como una amenaza para la práctica de la coterapia.
Participante 14
«Tenemos que tomar una decisión cuando estamos en una reunión de red: ¿podemos hablar de esto aquí, o se ha activado en nosotros algo demasiado negativo, que quizá tengamos que llevar a nuestra supervisión, porque es algo de nuestra relación, no de la familia, que quizá necesitemos llevar a otro lugar para gestionarlo?»
A través de esos procesos de coterapia se construye entre coterapeutas un espacio compartido que favorece nuevas comprensiones comunes, un sentido de responsabilidad compartida y, en última instancia, una transformación del yo y de la práctica de cada terapeuta.
Los espacios para hablar de la relación entre coterapeutas y de su experiencia de trabajar juntos favorecen una actitud compartida hacia la clientela y la red. Más de la mitad de las personas participantes mencionó que, al trabajar con su coterapeuta, crean comprensiones comunes coconstruyendo relatos a partir de las experiencias de cada cual, respetando al mismo tiempo sus diferencias. Unas pocas personas participantes consideran esas comprensiones comunes como la premisa de una conversación abierta con la red, ya que favorecen la seguridad en los encuentros terapéuticos. Para algunas, las comprensiones comunes contribuyeron a un sentimiento de esperanza compartida en que las cosas pueden cambiar a mejor. A continuación se ofrece el ejemplo de una persona terapeuta formada en Diálogo Abierto que colabora con una dramaterapeuta.
Participante 16
«Ella [la dramaterapeuta] estaba muy centrada en crear el drama, supongo, ya sabes, la escena. Y yo, de hecho, introducía otra manera de pensarlo. Ella estaba montando una escena para que este joven, que estaba bastante mal, pudiera conectar con su creencia inusual. Y la madre también estaba allí, y yo pude incorporar: ¿Qué crees que piensa tu madre de esto?, o ¿Qué crees que diría tu padre de esto? Así que creé un diálogo más abierto al respecto, mientras que ella estaba como centrada en crear la experiencia para el cliente.»
Muchas personas participantes reconocieron que la capacidad de profesionales de distintas disciplinas para ganar flexibilidad y apertura en una reunión depende del poder y la responsabilidad que se les atribuyen en su formación. Algunas personas participantes consideraban que la psiquiatría y el psicoanálisis forman tradicionalmente a sus profesionales para asumir una mayor responsabilidad y un sentido de certeza y de saber durante la sesión. Para estas personas profesionales, abandonar la posición experta puede suponer alejarse bastante de su formación profesional. La mayoría de las personas participantes coincidió en que compartir la responsabilidad y creer que coterapeutas acompañan juntos a la red permite desarrollar relaciones abiertas y diálogo con la red. Unas pocas personas participantes mencionaron que se forma una relación colaborativa no jerárquica, que no se basa en la formación de origen de cada terapeuta.
La gran mayoría de las personas participantes consideró que los procesos de coterapia y la relación con su coterapeuta transforman la manera en que cada terapeuta percibe su práctica, así como su yo vivencial y su yo profesional. La identidad profesional parece reexaminarse radicalmente al repensar la posición experta y reconocer el rol profesional como una de las muchas voces de la polifonía interior de cada terapeuta. Además, hubo un acuerdo general entre las personas participantes en que los procesos de coterapia ayudan a abrir espacio para que su yo vivencial se despliegue, ya que se les invita a compartir su experiencia vivida en una reunión y no solo su juicio profesional. No solo cambia la manera en que cada terapeuta practica la terapia, sino que también se enriquece la manera en que atiende a su propia polifonía interior, gracias a las invitaciones de su coterapeuta, a los procesos reflexivos y a la observación de su coterapeuta. Algunas personas participantes señalaron que colaborar con una persona coterapeuta que atiende a su propia experiencia corporal ayuda a cada terapeuta a hacer lo mismo y, por tanto, a prestar más atención a su propio yo vivencial. «No solo escuchas palabras, captas todo lo que está ocurriendo.» (P16)
Todas las personas participantes reconocieron la importancia de la confianza como requisito previo para que la relación entre coterapeutas surja y se despliegue. Sin embargo, cada persona participante la abordó de manera distinta. Algunas afirmaron que coterapeutas necesitan sostener el espacio la una para la otra, de forma similar a como sostienen el espacio para la red. Para algunas personas participantes, la confianza en su coterapeuta incluía saber que responderá con delicadeza y con buenas intenciones. Otras consideraban que confiar en su coterapeuta permite que su yo vivencial emerja y mostrarse vulnerables en las sesiones. Algunas personas participantes conceptualizaron la confianza y el respeto hacia su coterapeuta como una manera de poder tolerar ser cuestionadas abiertamente en el plano profesional y personal. Para unas pocas, haberse formado con su coterapeuta y haber compartido la experiencia del grupo de familia de origen permitió construir una relación de confianza. Para casi todas las personas participantes, la coterapia se percibe como un proceso que puede cultivar la confianza. En este sentido, la confianza no está grabada en piedra, sino que se construye constantemente entre coterapeutas. Una mayor confianza en la relación entre coterapeutas permite una mayor confianza en el proceso dialógico y en la red.
El presente estudio se propuso explorar la influencia del yo profesional y del yo vivencial de terapeutas en la coterapia. También buscaba examinar los procesos implicados en la coterapia y cómo estos moldean el yo de terapeutas. Como la coterapia es uno de los elementos clave de las reuniones de Diálogo Abierto, la manera en que el yo de cada terapeuta se implica en una reunión probablemente influya en la colaboración entre coterapeutas y, en consecuencia, en la capacidad de adaptarse a las necesidades de la red (Borchers et al., 2013). Los testimonios de las personas participantes concuerdan con investigaciones anteriores sobre la coterapia en el contexto del Diálogo Abierto (Borchers et al., 2013; Holmesland et al., 2014; Hornova, 2020) y con las expectativas teóricas (Valtanen, 2019; Sidis et al., 2020) que reconocen la importancia de la presencia corporal, la autenticidad, la comprensión compartida, la responsabilidad compartida, la confianza y la supervisión en la práctica de la coterapia. Una contribución singular de la presente investigación consiste en poner de relieve cómo la presencia individual de cada terapeuta, los procesos de coterapia y el espacio compartido que se crea interactúan de manera dinámica dentro y fuera de las reuniones de red. Las personas participantes reconocieron un cambio individual como resultado de una situación compartida, lo que convierte la coterapia en un proceso sumamente dinámico y en una experiencia transformadora.
Mediante el análisis temático, las experiencias de las personas participantes se recogieron en tres temas principales. Cada terapeuta está presente en una reunión con su yo vivencial y su yo profesional (tema 1). Determinados procesos de coterapia permiten a coterapeutas sintonizar entre sí verbal y físicamente (tema 2). A través de esos procesos se construye un espacio compartido que favorece nuevas comprensiones comunes, una responsabilidad compartida y, en última instancia, una transformación del yo y de la práctica de cada terapeuta (tema 3). Como se ilustra en la figura 1, la cualidad de la confianza atraviesa esos temas, lo que hace de la confianza un requisito previo para que la presencia individual de cada terapeuta, los procesos de coterapia y el espacio compartido se desplieguen.
La figura 1 del artículo original —la relación dinámica entre la presencia de cada terapeuta, los procesos de coterapia, el espacio compartido de la coterapia y la confianza como requisito previo en la práctica de la coterapia— no se reproduce aquí; puede consultarse en el artículo original.
La investigación sobre las conversaciones interiores de terapeutas durante sesiones de terapia familiar con una sola persona terapeuta revela la importancia de prestar atención al yo profesional y a su yo vivencial, como manera de responder a las familias y de crear espacio para lo aún no dicho (Rober, 2005a). Las personas participantes reconocieron que su yo vivencial está presente a través de sus respuestas corporales y es más fuerte cuando tienen conciencia de sí. En línea con investigaciones anteriores, las prácticas de crecimiento personal, como la terapia personal, el trabajo sobre la familia de origen o la meditación, son fundamentales para que cada terapeuta sea consciente de sus propias vulnerabilidades y puntos ciegos (Lum, 2002; Clark, 2009; Rowan y Jacobs, 2011; Ong y Buus, 2021). Esto les ayuda a mantener la atención en la red y a decidir qué voces de su yo vivencial pueden hacerse públicas o merecen explorarse en otros contextos. Weingarten (2010) sugirió que esta capacidad de terapeutas para tener conciencia de sí va acompañada de un sentimiento de empoderamiento. En la misma línea, una persona participante del presente estudio dijo que llevar a la reunión el propio yo vivencial implica una mayor apropiación de los propios sentimientos y emociones. Compartir las propias emociones no es habitual en las formaciones tradicionales en salud mental (Rowan y Jacobs, 2011), y en el campo de la terapia familiar hay un debate abierto sobre las oportunidades y amenazas que conllevan la autorrevelación y la transparencia (Roberts, 2005). Al ganar conciencia de sí, a través de diversas prácticas, terapeutas desarrollan un sentido de apropiación de sus emociones y una mayor confianza, en el sentido de que sus observaciones no siempre tienen que ser «correctas», sino que pueden salir del corazón (Seikkula y Trimble, 2005).
El yo profesional, en términos de pericia profesional, es a menudo la razón por la que se invita a determinadas personas profesionales a las reuniones con las redes. Aun así, todas las personas participantes reconocieron que su yo profesional se convierte en una voz más de la polifonía. Esto podría explicar por qué no hubo diferencias en las experiencias de coterapia de las personas participantes pese a su distinta formación profesional de origen. De forma similar a los hallazgos de Hornova (2020), según los cuales las prácticas de coterapeutas cambian en momentos de presión y de crisis, las personas participantes reconocieron que la voz de su yo profesional tiende a ser más dominante en momentos de incertidumbre. En lugar de ver esta incertidumbre como una experiencia compartida y abrumadora para coterapeutas, parece que optan por dar voz por turnos a las preocupaciones de cada terapeuta. Desglosar las preocupaciones de terapeutas probablemente facilite elaborarlas y favorezca más oportunidades de diálogo con la red. Determinados procesos de coterapia podrían ayudar a terapeutas a recuperar la confianza en el diálogo terapéutico.
Las personas participantes sostuvieron reiteradamente que lo que da forma a su colaboración con su coterapeuta son las maneras personales de estar con esa persona, más que su trayectoria profesional. Se mencionaron varios procesos de coterapia. Coterapeutas tienden a equilibrarse mutuamente reflexionando abiertamente sobre sus ideas y preocupaciones. Esto concuerda con la literatura que sugiere que dejar tiempo para la reflexión ayuda a terapeutas a no estancarse en una posición (Andersen, 1991, 1997; Borcsa y Janusz, 2021). Cada terapeuta puede invitar a su coterapeuta a desplegar su pensamiento y a compartir las razones por las que hace determinadas preguntas, dirigiéndose a su yo profesional y a las maneras en que sus historias pueden resonar con el relato de las redes, o dirigiéndose a su yo vivencial. Parece que utilizar un lenguaje centrado más en las emociones y las resonancias personales que un lenguaje que tiende a ser disociativo y descriptivo puede favorecer aún más la autorreflexividad y la conciencia corporal de terapeutas y de la red (Hornova, 2020).
La mayoría de las personas participantes reconoció que conocer a su coterapeuta es clave para estar presente en una reunión y sintonizar mutuamente en la presencia corporal. Esto concuerda con la escasa investigación sobre las opiniones de coterapeutas acerca de las reuniones de equipo (Borchers et al., 2013; Holmesland et al., 2014; Hornova, 2020). Sin embargo, conviene llamar la atención sobre las responsabilidades que conlleva esta familiaridad (Borchers et al., 2013), ya que cada terapeuta podría intentar proteger a su coterapeuta o evitar en una reunión determinados temas que pueden ser sensibles para esa persona, en detrimento de la exploración de relatos alternativos por parte de las familias. La investigación futura debe estudiar más a fondo los retos que conllevan la colaboración y la familiaridad entre terapeutas.
Crear espacios fuera de la reunión para explorar cómo viven coterapeutas el trabajo en común es clave, ya que esos espacios les permiten cuidar su relación explorando sus maneras de estar en relación. La supervisión y la necesidad de formación se han reconocido ampliamente en la práctica de la coterapia, tanto en la investigación en terapia de pareja y familia (Hendrix et al., 2001) como en la investigación sobre el Diálogo Abierto (Hornova, 2020). Las personas participantes del presente estudio definieron la supervisión como un espacio para explorar maneras de estar con su coterapeuta y desarrollar oportunidades de sostener el espacio la una para la otra, más que como una manera de hablar de la familia o de desarrollar hipótesis alternativas (Hendrix et al., 2001). Disponer de esos espacios para reflexionar sobre lo que cada coterapeuta extrae de la conversación con la red y sobre cómo quiere dirigirse a su coterapeuta y a los miembros de la red es fundamental para crear un espacio terapéutico seguro y un diálogo. Las estructuras administrativas y organizativas deben proteger a coterapeutas y ofrecer los espacios para esas prácticas dialógicas y de supervisión, de modo que se conviertan en una experiencia de aprendizaje tanto para cada terapeuta como para la pareja de coterapia. En el sector público, esto puede proporcionarlo la administración de los servicios, pero en el sector privado puede resultar más exigente y costoso. Quienes trabajan en el sector privado necesitan más iniciativa y compromiso para ofrecerse la supervisión y el espacio reflexivo que permitan cuidar la relación de coterapia.
A través de estos procesos de coterapia —equilibrarse mediante las reflexiones, cuidar la relación, sintonizar verbal y físicamente, conocerse y aceptarse mutuamente y utilizar un lenguaje invitacional—, coterapeutas crean un espacio compartido que implica comprensiones comunes basadas en perspectivas diferentes. Estas comprensiones comunes contribuyen al sentido de responsabilidad compartida entre coterapeutas y remiten a dos de los principios fundamentales de las reuniones de Diálogo Abierto, a saber, la asunción de la responsabilidad y la continuidad psicológica. Aunque compartir la responsabilidad da más flexibilidad en una reunión para explorar la curiosidad y tolerar la incertidumbre en momentos de crisis, puede exigir a algunas personas profesionales una ampliación de su rol (Holmesland et al., 2014; Hornova, 2020). Como en todas las experiencias que implican un cambio, las emociones son mezcladas e incluyen, entre otras, una curiosidad por la novedad que llega y un sentimiento de pérdida por lo que se deja atrás. A partir de los testimonios de las personas participantes, proponemos que la coterapia puede actuar a la vez como estímulo para ese cambio transformador y como base segura para explorar los sentimientos múltiples, a menudo contradictorios, que lo acompañan.
La responsabilidad se convierte en una cualidad relacional que se refleja en las maneras en que coterapeutas están con una red y que, a su vez, las refleja (McNamee y Gergen, 1998). Crear una comprensión común se basa en gran medida en que coterapeutas se ayuden e inviten mutuamente a compartir abiertamente sus pensamientos y experiencias, en lugar de competir entre sí. Y, sobre todo, puede ocurrir que, si una persona terapeuta no ha seguido las observaciones de su coterapeuta, tampoco lo hayan hecho los miembros de la red. Dejar espacio para comprenderse mutuamente favorece el sentimiento de seguridad de que terapeutas y miembros de la red están juntos en el proceso terapéutico, con un lenguaje compartido (Valtanen, 2019), lo que a su vez contribuye a la relación entre terapeutas y miembros de la red (Friedlander et al., 2006, 2011) y, en última instancia, a buenos resultados terapéuticos (Fife et al., 2014; Davis y Hsieh, 2019). Esto concuerda con el reconocimiento, por parte de las personas participantes, de que tener comprensiones comunes con su coterapeuta es el factor predictivo más importante de buenos resultados en las sesiones.
Al comparar resultados pobres y buenos del Diálogo Abierto, los buenos resultados se han asociado con un aumento de las respuestas dialógicas, en comparación con las monológicas, en las reuniones de red (Seikkula, 2002). Como terapeuta, la capacidad de favorecer el diálogo depende no solo de la formación, sino, sobre todo, de la propia personalidad dialógica (Brown, 2012; Reed, 2013; Brown et al., 2015). Cultivar una personalidad dialógica no puede depender únicamente de habilidades y técnicas, sino que requiere tiempo y exploración de sí; en este sentido, la dialogicidad terapéutica no puede enseñarse, pero sí aprenderse. Dado que las reuniones de Diálogo Abierto se cofacilitan, esta personalidad dialógica debe entenderse en el contexto de la relación con la persona coterapeuta, y no como una característica personal aislada. En la literatura dialógica se ha debatido en cierta medida esta transformación, principalmente en lo relativo a cómo perciben profesionales su identidad profesional y su pericia (Von Peter, 2021) y a la autenticidad al expresar sus sentimientos y emociones (Seikkula et al., 2012; Holmesland et al., 2014; Hornova, 2020). A partir de todos los temas que surgieron en el presente estudio, las personas participantes subrayaron que, al trabajar con coterapeuta, la conversación interior de cada terapeuta incorpora un nivel adicional relativo a cómo responde su coterapeuta a lo que está ocurriendo y a cómo utilizar el espacio con esa persona para reflexionar sobre sus propias experiencias. De este modo, la coterapia favorece una personalidad más dialógica y permite la propia transformación de cada terapeuta. Esta transformación enriquece a su vez las posiciones del yo de cada terapeuta y hace posibles las comprensiones comunes y el reparto de la responsabilidad.
Aparte de algunas investigaciones sobre las experiencias de coterapeutas en la coterapia dialógica (Hornova, 2020) y de algunos datos empíricos sobre la experiencia de psiquiatras en equipos con colegas (Borchers et al., 2013), hasta donde sabemos este es el primer estudio que explora el yo profesional y el yo vivencial de terapeutas en un contexto de diálogo múltiple y sus influencias en la coterapia. Rober (2005a, 2017) estudió el yo vivencial y el yo profesional de terapeutas mediante entrevistas de recuerdo del proceso interpersonal (interpersonal process recall), que examinan de cerca, de forma retrospectiva, la conversación interior de cada terapeuta, entre 24 y 48 h después de una reunión. El presente estudio operacionalizó el yo profesional y el yo vivencial de otro modo, siguiendo las propias historias, experiencias y construcciones de sentido de terapeutas sobre su rol profesional y su experiencia vivida en una reunión de red. Esto podría producir cierta discrepancia en la conceptualización de los distintos aspectos del yo. Valdría la pena explorar la interacción y el diálogo interior de coterapeutas después de una reunión de Diálogo Abierto mediante entrevistas de recuerdo del proceso interpersonal o entrevistas semiestructuradas con ambas personas de la pareja de coterapia, y ver si surgen temas similares o diferentes.
Otra limitación del presente estudio fue el número desequilibrado de personas participantes según su trayectoria profesional. Hubo una sobrerrepresentación de profesionales de la psicología en la investigación, con solo dos psiquiatras, una persona de enfermería psiquiátrica y una sola persona trabajadora par. En cuanto a la infrarrepresentación de pares en particular, existe una literatura creciente sobre la participación de trabajadoras y trabajadores pares en las reuniones de Diálogo Abierto (Nelson et al., 2022; Osborne, 2022; Razzaque et al., 2022). Las personas pares, que comparten aspectos de su experiencia vivida y dan más voz a su yo vivencial, podrían arrojar una luz distinta sobre la influencia del yo profesional y del yo vivencial de coterapeutas. Valdría la pena explorarlo más a fondo.
Aunque las personas participantes reconocieron el valor de dedicar tiempo a reflexionar sobre su relación con su coterapeuta, sería de gran interés que la investigación futura estudiara de forma conjunta la experiencia que tienen coterapeutas de su relación, en entrevistas conjuntas o en un grupo focal. Reflexionar en común sobre su relación fue algo que sugirieron algunas de las personas participantes. Una comprensión más profunda de la dinámica y del valor transformador de la coterapia vendría de las perspectivas de las redes sobre la relación y la presencia de sus coterapeutas, mediante cuestionarios o una conversación abierta sobre «cómo vivimos el trabajo conjunto de nuestras personas coterapeutas».
La coterapia contribuye de manera significativa al desarrollo del yo profesional y del yo vivencial de terapeutas. A través de diversos procesos de coterapia, cada terapeuta ayuda a la otra persona a atender, desplegar y compartir con la red distintas voces de su diálogo interior. Es fácil estancarse en una posición, inspirada por los aprendizajes del yo profesional o por los recuerdos del yo vivencial. Cuando su coterapeuta invita sus distintas voces, cada terapeuta puede hacer que esas voces resulten menos exigentes, moverse entre ideas diferentes y desarrollar la polifonía. Esta transformación de coterapeutas, que se reposicionan como individuos polifónicos, se refleja en una presencia dialógica mutua que no está predeterminada por sus roles profesionales. La coterapia puede ser un espacio compartido en el que coterapeutas exploren juntos sus diferencias y desacuerdos, hasta que surja algo nuevo. Así es como el diálogo se vuelve sanador.
Notas del original
Declaración ética. El estudio fue revisado y aprobado por Open Dialogue UK. Las personas participantes dieron su consentimiento informado por escrito para participar en el estudio.
Agradecimientos. El presente estudio constituyó la tesina de CL como cumplimiento parcial de la formación de 3 años en Diálogo Abierto de Open Dialogue UK. El manuscrito actual se ha desarrollado y revisado significativamente desde su presentación original con fines formativos. CL desea agradecer a Iseult Twamley y Jorma Ahonen su supervisión y sus valiosos comentarios a lo largo de la realización del estudio.
Conflicto de intereses. Las autoras declaran que la investigación se llevó a cabo en ausencia de cualquier relación comercial o financiera que pudiera interpretarse como un posible conflicto de intereses.
Las declaraciones de la editorial (declaración de disponibilidad de los datos, contribuciones detalladas de la autoría, nota de la editorial) y la figura 1 no se reproducen aquí; pueden consultarse en el artículo original, enlazado al pie de esta página.
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Este es el artículo original «Co-therapy in Open Dialogue: Transforming therapists’ self in a shared space», publicado en Frontiers in Psychology (2023) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Lagogianni, C., Georgaca, E., & Christoforidou, D. (2023). Co-therapy in Open Dialogue: Transforming therapists’ self in a shared space. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/co-therapy-in-open-dialogue-transforming-therapists-self-in-a-shared-space (Obra original publicada en 2023 en Frontiers in Psychology, 14 (2023); republicada en 2023 por Frontiers in Psychology, https://www.frontiersin.org/journals/psychology/articles/10.3389/fpsyg.2023.1083502/full)
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