Esta versión ha sido traducida del francés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Familia · Fratría
El vínculo fraterno constituye un terreno relacional fundamental, a menudo descuidado en la clínica familiar. Sin embargo, suele ser la relación más larga de nuestra existencia: atraviesa la infancia, la adolescencia y la edad adulta, y a veces llega a sobrevivir a nuestras madres y padres. Devolver a la fratría un lugar central en la práctica terapéutica: a eso se dedica Stéphanie Haxhe.
Psicóloga y terapeuta familiar, Stéphanie Haxhe se esfuerza por sacar este vínculo del punto ciego terapéutico. A través de sus investigaciones, sus publicaciones y su práctica clínica, invita al colectivo profesional a rehabilitar la fratría —o, más exactamente, la adelfía— como una poderosa palanca de intervención en las trayectorias vitales.
La fratría ha permanecido durante mucho tiempo en la periferia de las teorías y las prácticas de la terapia familiar. Aunque Minuchin (1974) identificaba la fratría como un subsistema estructurante de la economía relacional familiar, pocos trabajos se le han dedicado específicamente. Stéphanie Haxhe lamenta esta marginación e insiste en un punto: este vínculo, como todo vínculo humano, necesita cuidado, atención y mantenimiento.
Lo impensado fraterno se manifiesta en una doble tendencia (Haxhe, 2024).
Idealización
Una creencia ingenua en la complicidad fraterna, que supone que la sangre produce espontáneamente alianza y solidaridad.
Demonización
Un vínculo reducido a los celos, a la rivalidad, incluso al fratricidio, como si la hostilidad fuera su verdad oculta.
Entre estos dos extremos, queda poco espacio para el matiz, la ambivalencia y la complejidad de la experiencia vivida.
Lejos de ser secundario, el vínculo fraterno constituye, según ella, un verdadero laboratorio de la ambivalencia. Se puede amar y detestar. Se puede estar cerca y conocer momentos de distancia. Se puede compartir y tener momentos de egoísmo. Este vínculo expone a niñas y niños a una diversidad de experiencias emocionales, a menudo contradictorias, que hay que aprender a regular: celos, admiración, competencia, solidaridad, exclusión.
En sus trabajos sobre las nuevas fratrías, especialmente en los contextos reconstituidos, Stéphanie Haxhe propone una lectura contemporánea de estas dinámicas. Subraya que las configuraciones modernas —familias reconstituidas, fratrías de nacimiento, de recomposición o de adopción— requieren un trabajo de elaboración identitaria y afectiva que va más allá de la simple copresencia: se trata de un proceso de ajuste continuo, en el que la infancia debe redefinir los contornos del vínculo.
Stéphanie Haxhe insiste en una característica fundamental de la adelfía: su duración. A diferencia de las relaciones de pareja o profesionales, atraviesa toda una vida. Eso la convierte en un recurso inestimable… pero también en un posible vector de sufrimientos persistentes. Si el vínculo fraterno es el más largo de nuestra existencia, eso significa también que puede hacer sufrir durante mucho tiempo, hasta la ruptura del vínculo.
En su libro Frères et sœurs, des liens à soigner, desarrolla la idea de que este vínculo influye directamente en la manera en que las personas adultas construyen sus relaciones horizontales: amistades, pareja, colaboraciones profesionales. Estos espacios relacionales, marcados por la simetría, heredan los aprendizajes afectivos realizados en el seno de la fratría: confianza, lugar, gestión del conflicto, expresión emocional. En un contexto de salida del armario, por ejemplo, la fratría aparece como mediadora afectiva clave, a veces incluso antes que la madre y el padre.
Por último, Stéphanie Haxhe aborda un tema poco tratado: la necesidad de que quienes ejercen la terapia interroguen su propia historia fraterna. Sin un trabajo personal previo, afirma, quien hace clínica corre el riesgo de dejar ese espacio en barbecho en el encuentro terapéutico.
«Si es una puerta que ya no abrimos para nosotros mismos, seguramente no es una puerta que vayamos a abrir con las familias que recibimos.»
Stéphanie Haxhe
Esta postura reflexiva es central en su enfoque, en eco con los trabajos contextuales de Boszormenyi-Nagy: invita a reconocer las lealtades implícitas y lo no dicho en la familia, y a sacar a la luz las resonancias personales de la persona terapeuta para evitar efectos de ceguera o de proyección.
Gracias a las aportaciones de Stéphanie Haxhe, la adelfía puede reintegrarse en el campo de la terapia familiar como un tema clínico de pleno derecho, y no como un simple efecto colateral de la dinámica entre progenitores e hijos. Aparece así como un espacio fundamental de coconstrucción del vínculo, de aprendizaje de la complejidad y de apoyo mutuo en las transiciones vitales.
Trabajar este vínculo no solo supone reparar antiguas heridas, sino también restaurar un potencial de vitalidad relacional para las generaciones presentes y futuras. Desde esta perspectiva, la adelfía se convierte en una palanca terapéutica, ética y política.
Haxhe, S. (2013). L’enfant parentifié et sa famille. Érès.
Haxhe, S. (2024). Frères et sœurs, des liens à soigner. Érès.
Haxhe, S., & D’Amore, S. (2013). La fratrie face au coming-out. Thérapie Familiale, 34(2), 215-230. https://doi.org/10.3917/tf.132.0215
Haxhe, S., Cerezo, A., Bergfeld, J., & Walloch, J. C. (2017). Siblings and the coming out process : a comparative case study. Journal of Homosexuality, 64(9), 1305-1327. https://doi.org/10.1080/00918369.2017.1321349
La entrevista completa con Stéphanie Haxhe puede verse en el vídeo a continuación.
Cómo citar este artículo
Besse, J. (2025, 13 de julio). Frères et sœurs : le lien invisible qui façonne nos vies. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/fr_FR/articles/freres-et-soeurs-le-lien-invisible-qui-faconne-nos-vies
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