Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Contemporary Family Therapy · Terapia familiar
Una peluca entrevista por una puerta entreabierta, una deuda oculta, una depresión nunca nombrada. En Malta, Rosienne Camilleri y Clarissa Sammut Scerri entrevistaron a siete personas adultas sobre los secretos de su infancia. Su análisis muestra que los secretos, rara vez aislados, abren a dinámicas familiares enteras: un clima de lo no dicho, hijas e hijos parentificados, una doble vida entre la fachada y el hogar. Con una viñeta clínica sobre la revelación en terapia familiar.
Traducción no oficial al español de Beyond the Surface: An Exploration of Family Secrets as Entry Points into Complex Family Dynamics, de Rosienne Camilleri y Clarissa Sammut Scerri, publicado en Contemporary Family Therapy (Springer) (2026), doi: 10.1007/s10591-025-09768-6, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan como listas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Los secretos individuales que comparte cada participante funcionan como microcosmos de patrones familiares más amplios.
Rosienne Camilleri y Clarissa Sammut Scerri
Resumen
Este artículo explora cómo los secretos, los silencios y las revelaciones familiares vividos durante la infancia constituyen elementos clave para comprender dinámicas familiares complejas, tal como pone de manifiesto un estudio cualitativo con siete personas adultas participantes. Con un enfoque de teoría fundamentada constructivista, se realizaron entrevistas en profundidad para examinar las experiencias de secreto de las personas participantes en el seno de sus familias. Los resultados sugieren que los secretos familiares, lejos de ser hechos aislados, funcionan como «puntos de entrada» a dinámicas familiares y problemas de fondo más intrincados y a menudo ocultos. Estos secretos dejan al descubierto capas más profundas de las relaciones familiares y de los patrones de comunicación, y ofrecen una puerta de acceso a conflictos no resueltos y tensiones no expresadas. Los relatos de las personas participantes revelaron un amplio espectro de temas, entre ellos la depresión parental, una enfermedad potencialmente mortal, la incertidumbre sobre la paternidad, las dificultades económicas, la infidelidad, la violencia, el abuso y los conflictos por herencias. El impacto duradero de estos secretos en el desarrollo, la maduración y el funcionamiento relacional de las personas participantes subraya la importancia de abordar estas dinámicas en las intervenciones terapéuticas sistémicas.
Palabras clave: Secreto familiar, Infancia, Dinámicas familiares, Teoría fundamentada constructivista, Terapia sistémica
La exploración del secreto familiar ha suscitado una atención considerable en la literatura existente; sin embargo, sigue habiendo una laguna importante en la comprensión de cómo los secretos familiares de la infancia repercuten en la vida y las relaciones posteriores de la descendencia ya adulta, en particular desde una perspectiva sistémica y relacional. Los secretos familiares, definidos como la ocultación deliberada de información por parte de uno o varios miembros de una familia afectados por ella (Rober et al., 2012; Vangelisti & Caughlin, 1997), están presentes en múltiples aspectos de la vida familiar (Berger & Paul, 2008). Estos secretos suelen surgir de motivaciones como el miedo o la vergüenza y cumplen funciones que van desde la protección hasta el engaño o el control (Imber-Black, 1998). Algunos secretos resultan útiles en determinados contextos familiares, como los que guardan adolescentes frente a su familia mientras forman su propia identidad y se «diferencian» (Bowen, 1978), o los que sirven para marcar los límites entre una figura parental y un hijo o una hija: son los llamados secretos esenciales (Imber-Black, 1998). En cambio, se considera que los secretos familiares tóxicos o peligrosos pueden implicar una disfunción en la dinámica familiar o causar daño a algunos miembros de la familia (Berger & Paul, 2008; Imber-Black, 1998; Selvini, 1997). Desde una perspectiva sistémica, el estudio de los secretos familiares aporta claves fundamentales sobre los patrones de comunicación familiar. Rober et al. (2012) destacan que el secreto familiar pone al descubierto la tensión dialéctica entre lo que se revela y lo que no, y subrayan la complejidad de las interacciones familiares.
Este estudio se llevó a cabo en Malta, un microestado europeo densamente poblado de apenas 316 km² y con una población creciente que supera los 540 000 habitantes. En este contexto, el secreto familiar funciona como un mecanismo social clave que moldea las expectativas tanto interpersonales como culturales. En comunidades tan unidas, donde la reputación y la tradición tienen un peso considerable, reservarse información personal o delicada sirve para proteger la imagen y la cohesión de la familia. Siguiendo la noción de «síndrome de comportamiento del microestado» de Sultana y Baldacchino (1994), esta tendencia refleja una resistencia más amplia a exponer la propia vulnerabilidad en un contexto en el que el anonimato es limitado. Pese a su relevancia social, el secreto familiar sigue siendo una perspectiva poco explorada para comprender las complejas dinámicas de la vida familiar maltesa.
Este artículo se centra específicamente en un resultado de un estudio de teoría fundamentada más amplio (Camilleri & Sammut Scerri, 2025) sobre la presencia del secreto familiar en la infancia, a saber, el papel de los secretos familiares como puntos de entrada significativos a dinámicas relacionales complejas. Mientras que el estudio general exploró múltiples dimensiones del secreto y sus efectos, este artículo examina en profundidad cómo la exploración de los secretos vividos en la infancia ayuda a revelar las percepciones de la descendencia adulta sobre el funcionamiento familiar, la comunicación, el apego y los roles relacionales, abriendo varios temas y problemas vividos por las personas participantes y sus familias. Investigaciones anteriores han examinado tipologías de secretos familiares (Berger & Paul, 2008; Imber-Black, 1998; Rober et al., 2012), los motivos de la ocultación o la revelación (Imber-Black, 1998) y los efectos del secreto en la infancia (Desplyere & Rober, 2020; Helimaki et al., 2021; Rober, 2017; Rober et al., 2012); sin embargo, se sabe poco de cómo los secretos vividos en la infancia siguen moldeando las percepciones que la descendencia adulta tiene del funcionamiento familiar y de los patrones relacionales. Centrarse en este aspecto concreto permite examinar cómo el secreto influye en la comunicación, el apego y los roles relacionales dentro de las familias, y poner de relieve sus implicaciones para la práctica terapéutica (Afifi et al., 2015; Crittenden et al., 2014). Al examinar cómo los secretos iluminan las relaciones familiares e influyen en ellas, este artículo aboga por la creación de espacios terapéuticos seguros para la revelación o, cuando la revelación no es viable, por la exploración cuidadosa del peso emocional del secreto familiar. De este modo, pretende ofrecer una perspectiva propia sobre los retos y las oportunidades que los secretos familiares plantean en terapia.
El marco conceptual de este estudio se basa en la integración de la teoría de los sistemas familiares y la teoría del apego, que ofrece una base sólida para examinar la complejidad de las dinámicas que los secretos familiares revelan dentro y fuera de los contextos terapéuticos. La teoría de los sistemas familiares, tal como la formuló Bowen (1978), concibe la familia como una unidad emocional interconectada, en la que las interacciones y los roles de sus miembros están moldeados por procesos de transmisión multigeneracional y por la necesidad de homeostasis. Esta teoría destaca la importancia de la causalidad circular y de los bucles de retroalimentación para comprender el funcionamiento familiar: problemas como el secreto no resultan de relaciones lineales de causa y efecto, sino que se arraigan en los patrones interaccionales complejos entre los miembros de la familia (Bateson & Donaldson, 1991).
Como complemento, la teoría del apego (Bowlby, 1988) permite comprender cómo la calidad de las relaciones entre la persona cuidadora y el niño o la niña influye en el desarrollo de patrones de apego seguro o inseguro, que a su vez afectan a la propensión al secreto dentro de la familia. Las experiencias traumáticas o negativas en estas relaciones pueden favorecer dinámicas disfuncionales, como la inversión de roles o el apego desorganizado, en las que los secretos pueden convertirse en un mecanismo de afrontamiento o de control (Crittenden et al., 2014). El estudio de Merrill y Afifi (2015), con 380 participantes, respalda además esta conexión al mostrar que las personas con estilos de apego inseguro (tanto ansioso como evitativo) declaraban un mayor recurso al secreto, más rumiación y sentimientos de culpa más intensos en torno a los secretos que las personas con apego seguro. Este resultado apoya la idea de que la seguridad del apego puede actuar como factor de protección y reducir la necesidad del secreto como estrategia relacional de afrontamiento.
Este marco ofrece una lente integradora para explorar cómo los secretos funcionan como puntos de entrada a los complejos procesos emocionales y relacionales de las familias, lo que los convierte en elementos decisivos en terapia sistémica.
El concepto de «secreto» tiene su raíz en el término latino se-cernere, en el que «se» significa separación y «cernere» designa división, lo que expresa con acierto la idea de apartar experiencias o acciones por la vergüenza o el malestar percibidos. Esta etimología pone de manifiesto la propensión humana a distanciarse de las experiencias inquietantes o vergonzosas como mecanismo de defensa psicológico (Termini, 2018). La expresión proverbial del «esqueleto en el armario» suele utilizarse para designar información oculta que uno o varios miembros de la familia esconden deliberadamente al resto de la parentela y al mundo exterior. Aunque el término «secreto» tiene a menudo connotaciones negativas, no todos los secretos son dañinos en sí mismos; se ha postulado que algunos secretos pueden cumplir una función en el mantenimiento de las relaciones interpersonales (Vangelisti, 1994). Además, es esencial distinguir entre intimidad y secreto, ya que pueden cumplir funciones diferentes en las relaciones e interacciones humanas (Imber-Black, 1998). Mientras que el secreto implica el acto deliberado de ocultar información, a menudo por miedo al juicio, a un posible conflicto o a repercusiones sociales, la intimidad puede ser un aspecto natural y sano del funcionamiento relacional, que permite a las personas preservar su autonomía y sus límites.
Los secretos actúan en las familias como «imanes en las relaciones familiares, que atraen a algunos miembros y repelen a otros» (Imber-Black, 2018, p. 1123). La creación, el mantenimiento o la apertura de secretos familiares pueden dar lugar a una reorganización de la vida familiar a medida que se forman alianzas y triángulos, lo que genera grados de proximidad y distancia entre los distintos miembros de la familia (Imber-Black, 1998, 2018). Desde una perspectiva sistémica, Karpel (1980), figura fundacional en la exploración temprana de los secretos familiares, identificó la interacción entre poder, lealtad, protección, límites y alianzas en un análisis de las complejidades de los sistemas y subsistemas relacionales en las parejas y las familias.
Rober et al. (2012) sostienen que la noción de secreto familiar tiene mucho que revelar sobre la naturaleza compleja de la comunicación familiar, en particular en lo relativo a asuntos familiares delicados: una mirada más atenta a las interacciones y conversaciones familiares hace aflorar la «tensión dialéctica entre lo que se cuenta y lo que se deja sin contar» (p. 530).
Rara vez los niños y las niñas tienen acceso a secretos familiares tóxicos o peligrosos; sin embargo, pueden intuir que en la familia hay cosas que no se dicen a partir de los silencios y las vacilaciones (Rober, 2017), de los temas prohibidos (Helimaki et al., 2021) o de las piezas que faltan en las historias que cuenta su familia (Imber-Black, 2018). Cuando la infancia transcurre en un clima de secreto, puede sentirse la necesidad de inventar historias y mitos o de desarrollar creencias sobre cómo parecen ser las cosas, mientras se intenta ensamblar la información incompleta para dar sentido a lo que puede haber ocurrido realmente (Imber-Black, 1998; Deslypere & Rober, 2020; Rober, 2017).
La presencia del secreto familiar en la infancia suele dar lugar a experiencias emocionales complejas con consecuencias duraderas, entre ellas la configuración de los patrones de apego, la alteración de la comunicación familiar, la aparición de problemas de confianza y la perpetuación de una fragmentación emocional en el bienestar individual y relacional (Camilleri & Sammut Scerri, 2025). Sela y Bat-Or (2023) utilizaron un enfoque fenomenológico basado en el arte para explorar las experiencias infantiles de personas adultas criadas en entornos de secreto. Sus resultados ponen de relieve un complejo juego de visibilidad y ocultación: las personas participantes describían una realidad ambigua que les impedía construir un relato vital integrado. Del mismo modo, el estudio retrospectivo de Yarrow (2012) sobre la parentificación en familias cargadas de secretos traumáticos reveló que los niños y las niñas desarrollaban a menudo una conciencia temprana del malestar oculto de sus figuras parentales. Muchas vivían una dinámica de atracción y rechazo, alentadas a la vez a advertir el secreto y a ignorarlo, lo que conducía a inversiones de roles en las que prestaban apoyo emocional o práctico. Sin embargo, cuando las figuras parentales acababan revelando su trauma, ello favorecía el alivio, la confianza y unos vínculos familiares más fuertes.
Lejos de ser meros hechos pasivos, los secretos familiares funcionan a menudo como mecanismos activos de afrontamiento ante dinámicas complejas y difíciles. La literatura (véase más abajo) identifica una serie de temas profundamente personales y a menudo tabú que se convierten en secretos familiares. Estas realidades ocultas no solo influyen en cada miembro de la familia, sino que también moldean patrones relacionales más amplios, estilos de comunicación y vínculos emocionales dentro del sistema familiar. Comprender estos secretos aporta una visión valiosa de las dimensiones intrincadas, y a menudo ocultas, de las dinámicas familiares.
La investigación sobre el secreto en el abuso sexual infantil (ASI), en particular en los casos intrafamiliares, pone de relieve los omnipresentes mecanismos de silenciamiento impulsados por los tabúes sociales (Klebanov & Katz, 2023; Svedin et al., 2002). El secreto en las familias afectadas favorece la disfunción relacional, el aislamiento y la perpetuación de la violencia. Diversos estudios exploran las complejas dinámicas de conexión y desconexión; Bass et al. (2006) identifican así un «secreto colaborativo» en el incesto entre hermanos, en el que el abuso se reformula en función de la cohesión familiar y de las percepciones externas.
Bornemisza et al. (2022) y Cain (2006) examinan el impacto transgeneracional de los secretos familiares y de la pérdida. Las primeras exploran las experiencias de la infancia en duelo, en particular tras una pérdida perinatal, y muestran que la pérdida de un hermano o una hermana refleja grandes crisis familiares y favorece relatos ocultos. Las personas supervivientes describen su duelo como algo que les cambió la vida, moldeado tanto por detalles explícitos como por silencios, mientras que la comunicación con el exterior refuerza a menudo el estigma y convierte sus experiencias en «historias silenciadas». Cain (2006) investiga el secreto en torno al suicidio de una figura parental e identifica patrones de conducta recurrentes en la descendencia adulta, entre ellos una crianza excesivamente indulgente, expectativas sombrías respecto a sus propios hijos e hijas y la gestión de la vergüenza.
Un conjunto de investigaciones subraya la evolución del panorama en torno a la revelación de la información genética. En un estudio de diseño transversal con 69 jóvenes adultos concebidos por donación, Berger y Paul (2008) constataron que se percibía que las madres y los padres evitaban el tema de la donación más que otros asuntos, y que las madres lo evitaban menos que los padres. Lo decisivo es que la evitación del tema por parte de las figuras parentales se asociaba a un peor funcionamiento familiar, mientras que la revelación conjunta se asociaba a un funcionamiento familiar más sólido. En el caso de la infancia en acogimiento familiar, un estudio puso también de relieve la amenaza percibida de estigma que interioriza la infancia acogida, que aprende a ocultar su situación y queda así silenciada por miedo al acoso (Dansey et al., 2019).
Murphy et al. (2017) y Cogan et al. (2005) exploraron específicamente las repercusiones de la enfermedad mental de una figura parental en los miembros de la familia, en particular en la descendencia. Los resultados muestran que esta infancia suele lidiar con la preocupación y la confusión derivadas de una información parcial sobre la salud mental de su madre o su padre, agravadas por la conciencia de los estigmas sociales que rodean los problemas de salud mental. En estas situaciones, tienden a renunciar a buscar apoyo externo y recurren a estrategias de afrontamiento poco eficaces. En los casos de enfermedad crónica y potencialmente mortal de una figura parental, como expone Imber-Black (2014), las consecuencias de los secretos y de su mantenimiento crean una compleja red de interacciones que influye en las dinámicas de proximidad y distancia dentro de la familia. Además, la infancia obligada a guardar el secreto sobre la enfermedad crónica de su madre o su padre mostraban una menor competencia social y más problemas externalizantes (Tompkins, 2007). En ese estudio, la revelación diferencial se asociaba a niveles más altos de síntomas depresivos y ansiosos en la infancia afectada.
Investigaciones recientes ponen de relieve el profundo impacto de la infidelidad parental en las personas en distintas etapas del desarrollo. Lusterman (2005) subraya el secreto como aspecto central de esta ruptura de la confianza y señala cómo la transgresión de los límites y la implicación directa en sus consecuencias contribuyen a un trauma emocional complejo en la infancia y la adolescencia. Kawar et al. (2019) examinan la ética relacional de la descendencia adulta que conoce una infidelidad parental y revelan una correlación entre la infidelidad parental y puntuaciones más bajas en la Relational Ethics Scale (RES). Estas puntuaciones más bajas pueden indicar relaciones familiares problemáticas y dificultades en las relaciones de pareja. El estudio destaca especialmente la aparición de una legitimidad destructiva, la transmisión intergeneracional de patrones que implican el secreto, así como legados y lealtades que influyen en la manera en que las personas forman y mantienen sus relaciones. Estos resultados se ven corroborados por el estudio de Salih y Chaudry (2023), que aporta además observaciones sobre la adultificación como consecuencia (que implica asumir prematuramente responsabilidades de cuidado emocional y tomar conciencia precoz de la sexualidad de una figura parental), junto con el desapego, la desconexión y una sensación generalizada de pérdida de sí derivadas del conocimiento de la infidelidad parental. No obstante, sus autores destacan también los efectos positivos de la honestidad y la apertura parentales, y sugieren que la transparencia puede aliviar parte de las cargas psicológicas asociadas a la infidelidad.
En las familias en las que el secreto es frecuente, el apoyo terapéutico sistémico puede facilitar la exploración emocional y la comprensión de las dinámicas familiares, lo que a su vez podría liberar a las personas adultas, a la infancia y a las unidades familiares de ciclos omnipresentes y malsanos de represión, confusión y desconexión (Camilleri & Sammut Scerri, 2025). Helimaki et al. (2021) sugieren que, en la terapia familiar sistémica, la infancia manifiesta estratégicamente síntomas para desviar la atención de «construcciones invisibles de secretos» subyacentes, lo que influye en dinámicas familiares marcadas por la ambivalencia y la tensión (p. 96). En un estudio autoetnográfico sobre el secreto familiar, Rober y Rosenblatt (2015) iluminan la doble naturaleza del silencio en el secreto familiar y reconocen su potencial tanto destructivo como vitalizador, en particular en el contexto de la práctica clínica. Deslypere y Rober (2020) exploran cómo afrontan terapeutas el impacto de los secretos familiares y subrayan su considerable influencia en el desarrollo infantil y en la creación de fantasías elaboradas en torno a los asuntos familiares ocultos. Además, al estudiar el uso de mapas familiares en terapia, Dumont (2008) advierte contra la tentación de empujar a la infancia hacia territorios que quizá no esté preparada para recorrer, sobre todo cuando hay secretos familiares de por medio.
Esta sección describe el diseño de la investigación y el enfoque metodológico del estudio cualitativo (Camilleri & Sammut Scerri, 2025) en el que se basa este artículo. Aunque el objetivo principal de este artículo no es ofrecer una visión completa del estudio en sí, sino examinar un resultado concreto —a saber, el papel de los secretos familiares como «puntos de entrada» a dinámicas familiares complejas—, es fundamental contextualizar los datos de los que surgió esta idea.
Situada en un paradigma interpretativo y construccionista social, la investigación cualitativa pretendía generar inductivamente significado y conocimiento explorando las percepciones y experiencias de las personas participantes sobre su crecimiento en un entorno de secreto. El estudio investigó principalmente cómo los secretos, los silencios y las revelaciones familiares durante la infancia moldearon las trayectorias vitales, las relaciones y las visiones del mundo de la descendencia ya adulta. A efectos de este artículo, la pregunta de investigación que guía el análisis es: ¿De qué maneras, si es que lo hacen, los secretos familiares sirven como puntos de entrada a dinámicas familiares complejas y a temas ocultos?
El estudio original adoptó una metodología de teoría fundamentada constructivista (TFC) para explorar el impacto de los secretos familiares en las experiencias infantiles, dada la escasa literatura sobre este fenómeno. Basada en el énfasis de Charmaz (2014) en el análisis inductivo, comparativo e iterativo, la TFC permitió desarrollar una teoría sustantiva surgida de manera orgánica de los relatos de las personas participantes. Este enfoque resultaba especialmente adecuado para investigar la naturaleza multifacética del secreto familiar y permitía una exploración profunda de sus implicaciones psicológicas y relacionales. Al reconocer el papel de quien investiga en la construcción de significado, la TFC facilitó un proceso de co-construcción entre investigadoras y participantes (Charmaz & Henwood, 2008), garantizando que las ideas se generaran de forma colaborativa.
Reclutar participantes para un estudio sobre secretos familiares planteaba dificultades por la naturaleza delicada del tema. Aun así, las autoras optaron por un enfoque focalizado que combinaba muestreo por conveniencia, intencional y en bola de nieve. Las personas participantes se reclutaron principalmente a través de profesionales de la terapia familiar sistémica vinculados a una asociación local del sector, así como a través de redes personales y profesionales. Podían participar personas adultas (de 18 años o más) de cualquier género que hubieran vivido el secreto familiar en la infancia. En total, siete personas participaron en el estudio. La participación fue totalmente voluntaria y no se ofreció remuneración ni otra forma de compensación por su tiempo y su contribución.
Tabla 1 — Datos sociodemográficos de las personas participantes
Las personas participantes, con edades comprendidas entre los veintitantos y la mitad de la cincuentena, representaban una variedad de trayectorias personales y experiencias familiares. Sus principales secretos familiares abarcaban temas diversos, entre ellos problemas de salud mental de las figuras parentales, infidelidad, dificultades económicas y adopciones ocultas. Algunas personas participantes describieron un clima general de secreto en su familia más que un único hecho ocultado. La muestra incluía cinco mujeres y dos hombres, con situaciones de pareja diversas, lo que reflejaba un amplio espectro de experiencias vividas. Estas aportaciones ofrecieron perspectivas valiosas sobre el impacto del secreto familiar en personas de distintas etapas de la vida. La tabla 1 presenta los datos sociodemográficos de las siete personas participantes.
La tabla siguiente (tabla 2) ilustra una muestra de las preguntas formuladas durante la entrevista semiestructurada con personas adultas que habían vivido el secreto familiar en su infancia. El guion se diseñó para explorar las experiencias de secreto familiar de las personas participantes durante la infancia y el impacto que percibían en las dinámicas familiares y en su vida adulta. Las preguntas se organizaron en cuatro ámbitos principales: información de contexto, significado y presencia de los secretos familiares, recuerdo de la revelación o del descubrimiento, e impacto del secreto familiar.
Tabla 2 — Ejemplo de guion de entrevista: el secreto familiar en la infancia

El proceso de investigación del estudio original siguió un enfoque iterativo y comparativo, conforme a la teoría fundamentada constructivista (TFC). La figura 1 ilustra el proceso de recogida y análisis de datos. El guion de entrevista semiestructurada se fue afinando tras las primeras entrevistas, lo que garantizó un proceso de recogida de datos receptivo y evolutivo. Siete personas participaron en entrevistas individuales semiestructuradas, que permitieron una exploración en profundidad de sus percepciones y experiencias del secreto familiar. Tras leer la carta informativa y firmar el formulario de consentimiento, cada participante eligió la modalidad, el momento y el lugar que le convenían para la entrevista. Las entrevistas se transcribieron literalmente, con una comparación constante tanto dentro de los datos como entre ellos. Las entrevistas se codificaron con términos in vivo y gerundios (Charmaz, 2014) y se analizaron mediante comparación constante. Conforme a la TFC, la recogida y el análisis de datos se realizaron de forma simultánea. La redacción de memos desempeñó un papel clave para favorecer la reflexividad de las investigadoras y permitir un examen crítico de las categorías emergentes. Aunque las personas participantes podían expresarse en maltés o en inglés, se eligió el inglés para la codificación línea por línea y el análisis posterior.

Las dos investigadoras trabajaron de forma simultánea y colaborativa en cada etapa del análisis, empezando por la codificación línea por línea, en la que cada una examinaba las transcripciones de manera independiente mientras discutían en tiempo real los conceptos emergentes. Este proceso continuó a lo largo de la codificación focalizada, axial y teórica, con ambas investigadoras comparando constantemente sus interpretaciones, cuestionando supuestos y afinando juntas las categorías. A partir de la tercera entrevista empezaron a surgir patrones, conexiones, similitudes y diferencias, lo que permitió un análisis más profundo y completo. Los códigos iniciales se organizaron y afinaron en códigos focalizados y axiales mediante un código de colores y discusiones iterativas, lo que garantizó un proceso sistemático y auténtico. Trabajando codo con codo desde la codificación inicial hasta el desarrollo de una teoría sustantiva y de un modelo (Camilleri & Sammut Scerri, 2025), las investigadoras pudieron co-construir una comprensión fundamentada del secreto familiar, manteniendo el rigor, la transparencia y la reflexividad a lo largo de todo el estudio. La figura 2 presenta un extracto del análisis de una entrevista, con una ilustración de la codificación línea por línea, los códigos focalizados y la redacción de memos.
En consonancia con el enfoque de teoría fundamentada constructivista de Charmaz (2014), la fiabilidad de este estudio se estableció mediante prácticas de investigación reflexivas, transparentes y sistemáticas. La credibilidad se reforzó anclando el análisis en las propias experiencias y percepciones de las personas participantes y utilizando citas para garantizar que las interpretaciones reflejaran esas experiencias. Las dos investigadoras practicaron la codificación simultánea, las discusiones iterativas y la redacción colaborativa de memos, lo que favoreció la reflexividad y la co-construcción de significado. Se mantuvo un registro de auditoría que documentaba las decisiones de codificación, los memos analíticos y las opciones metodológicas, para garantizar la transparencia y la confirmabilidad. En lugar de buscar una amplia generalizabilidad, el estudio priorizó la resonancia, es decir, la medida en que los resultados captan auténticamente las experiencias de las personas participantes e iluminan las formas en que el secreto familiar funciona como punto de entrada a dinámicas relacionales complejas. La atención reflexiva a la posicionalidad de las investigadoras a lo largo del estudio reforzó aún más la integridad y la fiabilidad del proceso analítico.
Dado lo delicado del tema de investigación y la intensidad de las entrevistas, se abordaron varias consideraciones éticas antes de empezar. Se obtuvo la aprobación del Comité de Ética de la Investigación de la Universidad (UREC), centrada en el consentimiento, el anonimato, la confidencialidad, el almacenamiento y la difusión de los datos y la protección frente a posibles daños. Se obtuvo el consentimiento de los canales de reclutamiento y de las personas participantes, que leyeron y firmaron los formularios de consentimiento antes de las entrevistas. Para garantizar el anonimato y la confidencialidad, los nombres de las personas participantes se sustituyeron por seudónimos y se excluyó de las transcripciones toda información identificable. Los datos se almacenaron en un ordenador cifrado y protegido por contraseña, y las grabaciones de audio se borraron tras la transcripción. Por último, para reducir el riesgo de daño psicológico ligado a la reactivación de traumas pasados, el estudio incluyó exclusivamente a personas adultas que reflexionaban sobre sus experiencias de infancia, evitando entrevistar a menores. Las personas participantes recibieron además una sesión de cierre y una lista de servicios de apoyo a los que acudir si la participación despertaba recuerdos traumáticos que requirieran una elaboración posterior.
La posicionalidad del equipo investigador se nutre de experiencias personales y profesionales compartidas. Ambas investigadoras crecieron en una pequeña isla donde el secreto está profundamente arraigado en el tejido cultural, lo que moldeó su comprensión temprana de la lealtad familiar, los límites relacionales y las dinámicas ocultas. Cuentan también con una amplia experiencia profesional en el trabajo con la infancia y las familias, que ha nutrido una perspectiva centrada en la niñez, que reconoce a niñas y niños como participantes capaces en la vida familiar (Corsaro, 2005; Malaguzzi, 1996).
A lo largo del estudio, las dos investigadoras practicaron una reflexividad continua, registrando sus pensamientos, reflexiones y cambios de perspectiva a medida que se recogían y analizaban los datos. Su interés inicial por la manera en que los secretos familiares pueden pesar sobre la infancia estaba moldeado por experiencias personales y por compromisos profesionales con la promoción del bienestar emocional infantil. Sin embargo, el contacto con los relatos diversos de las personas participantes, junto con las discusiones colaborativas entre las investigadoras, reveló una gama más amplia de experiencias, entre ellas el modo en que los silencios y la revelación selectiva funcionan en los sistemas familiares. Este proceso reflexivo permitió a las investigadoras examinar críticamente sus propios supuestos y reconocer cómo su trayectoria y sus creencias previas podían haber influido en la interpretación de los resultados. Al reflexionar juntas en cada etapa del análisis, las investigadoras pudieron co-construir una comprensión fundamentada del secreto familiar como punto de entrada a dinámicas familiares complejas, sin perder de vista su posicionalidad al interpretar las experiencias de las personas participantes.
A partir de la pregunta de investigación —«¿De qué maneras, si es que lo hacen, los secretos familiares sirven como puntos de entrada a dinámicas familiares complejas y a temas ocultos?»—, esta sección presenta en primer lugar las historias y experiencias de secreto familiar de las personas participantes, para ofrecer un contexto al análisis y la discusión que siguen. Las tres categorías que vienen a continuación desarrollan un resultado clave del estudio de teoría fundamentada original en el que se basa este artículo: que los secretos, los silencios y las revelaciones familiares vividos durante la infancia son elementos clave para comprender dinámicas familiares complejas. Se presentan como una combinación de los relatos de las personas participantes y del análisis interpretativo de las investigadoras. Cada categoría está anclada en los datos, apoyada en citas ilustrativas y situada a la vez en la literatura existente, para poner de relieve convergencias y divergencias. De este modo, las autoras dialogan críticamente con los datos, debaten sus propias deducciones y conclusiones, y reflexionan sobre las formas en que el secreto familiar puede abrir caminos hacia el mundo interior de las personas y los procesos relacionales de las familias.
Se presentan y discuten estas tres categorías interconectadas, cada una de las cuales recoge cómo las personas participantes vivieron el secreto en la infancia como un recorrido cargado emocional y relacionalmente durante sus años de formación. Guiada por las teorías sistémica y del apego, la presencia del secreto en la familia se conceptualiza como una montaña rusa emocional, una metáfora que condensa los giros imprevisibles, las convulsiones emocionales y la inestabilidad relacional que marcaron sus trayectorias de desarrollo (Camilleri & Sammut Scerri, 2025). Como puede verse en las categorías siguientes, las voces e historias individuales revelan también cómo los secretos, lejos de ser incidentes aislados, se entrelazan con patrones familiares sistémicos, entre ellos la enfermedad, la infidelidad, las cuestiones de paternidad, las dificultades económicas y el abuso.
Una visión general del estudio más amplio, junto con la teoría sustantiva emergente y el modelo de la montaña rusa emocional, se presenta en otro artículo (Camilleri & Sammut Scerri, 2025), mientras que el presente artículo se centra específicamente en el papel de los secretos familiares como puntos de entrada a dinámicas familiares complejas.
Las historias compartidas por las siete personas participantes se presentan aquí para ayudar a quien lee a comprender el peso emocional y relacional que unificó sus trayectorias vitales a lo largo del tiempo y de las relaciones. Cada relato es como un tapiz de experiencias superpuestas: distinto en su contenido, pero impregnado de temas comunes de silencio, ambivalencia, lealtad, ruptura y resiliencia.
Simon creció en una familia cuya apariencia exterior sugería normalidad, pero a puerta cerrada había un abuso persistente. Tras el nacimiento de sus hermanos menores y la llegada de un padrastro, el hogar de Simon se volvió cada vez más inseguro e imprevisible para él, su madre y sus hermanos. Sufrió violencia física reiterada, crueldad emocional y un favoritismo que le hicieron sentirse aislado y señalado. Su madre, desbordada por el miedo y la negación, guardó silencio sobre el abuso, anteponiendo la imagen de la familia mientras Simon soportaba el daño y el sufrimiento en silencio.
La infancia de Vivian estuvo marcada por pérdidas tanto visibles como invisibles. Su madre falleció cuando ella era muy pequeña, pero el duelo fue sofocado, desviado y en gran medida negado por su entorno. Durante la enfermedad de su madre se la animó —incluso se orquestó— a vincularse más estrechamente con su padre y, más tarde, con la nueva esposa de su padre, apenas reconociendo a la madre que había estado antes. Vivian creció suspendida entre dos realidades: la que se le presentaba y la que intuía incompleta.
La crianza de Nina fue una danza entre la hipervisibilidad y la invisibilidad. Vital hacia fuera, llevaba dentro un mundo interior moldeado por la manipulación (gaslighting), las contradicciones y la distorsión emocional. Le contaban historias que no tenían sentido: que confesara un odio que no sentía, que temiera a personas de las que no tenía ningún recuerdo. Estos relatos impuestos crearon una disonancia cognitiva que persistió hasta bien entrada la edad adulta.
Lisa desarrolló su voz muy pronto, y lo pagó. Niña perspicaz e intuitiva, a menudo la castigaban por darse cuenta de demasiadas cosas. Su familia mantenía una fachada de orden y moralidad mientras ocultaba dificultades económicas y turbulencias emocionales. Lisa recordaba momentos en que la convertían en chivo expiatorio por «hacer demasiadas preguntas» y por cuestionar los esfuerzos de sus padres por ocultarse verdades mutuamente y ante el mundo exterior.
Emma describió su infancia como una infancia de paradojas: calidez y caos, cercanía y secreto. Como hija mayor, se convirtió en el contenedor emocional de los conflictos conyugales y las contradicciones morales de sus padres, y conoció desde muy pequeña secretos de infidelidad, traición y desesperación. Fue testigo de violencia en su casa y absorbió realidades adultas antes de estar preparada para ello en su desarrollo.
Criado por un padre y una madre en gran medida presentes y atentos a sus necesidades emocionales, Brian destaca en este grupo por un apego temprano relativamente seguro y un entorno familiar cálido. Sin embargo, incluso en este contexto el secreto se abrió paso, de forma sutil, a través de omisiones silenciosas y comportamientos cifrados en torno a cuestiones como la herencia y un aborto espontáneo en la familia extensa. Brian solo empezó a cuestionar estos silencios en la edad adulta, cuando la curiosidad por los patrones generacionales y las constelaciones familiares lo llevó a indagar más a fondo.
Ylenia creció en un hogar ensombrecido por la ausencia emocional. Aunque su infancia tuvo momentos de alegría, estos quedaron pronto eclipsados por la depresión no reconocida de su madre tras el nacimiento de sus hermanos. El silencio en torno a la enfermedad de su madre dejó a Ylenia confundida, aislada y prematuramente responsable: una niña que intuía que algo iba mal, pero a la que nunca se invitó a una conversación que validara sus percepciones.
Esta primera categoría capta y describe con acierto el saber implícito y la conciencia temprana de que algo «no encajaba» en la familia, que las personas participantes describieron como una sensación intuitiva o persistente que parecía estar ahí incluso antes de que comprendieran qué se ocultaba. Esa sensación de secreto no siempre era explícita; surgía más bien en un espacio entre lo que se veía y lo que se dejaba sin decir, y formaba el telón de fondo de su infancia. Los recuerdos de las personas participantes sugieren que el secreto en la infancia a menudo no empezaba con un contenido, sino de manera más sutil, con una atmósfera o un clima emocional perceptible marcado por la ambivalencia, la ambigüedad, el retraimiento o la vigilancia. Para muchas de ellas, esta atmósfera de no saber se interiorizó como inquietud o como estado de alerta, y constituyó el telón de fondo emocional de su infancia.
Historias de vida reales se entrelazaron con esta sensación general de no saber: entre ellas, la enfermedad mental de una figura parental, la pérdida y las familias reconstituidas, la violencia y la crianza autoritaria, y expectativas de género nunca formuladas. Ylenia, por ejemplo, recuerda el cambio que se produjo en su madre tras el nacimiento de sus hermanos gemelos y lo atribuye retrospectivamente a una depresión posparto no diagnosticada. «Creo que debía de estar sufriendo… algo que nunca reconoció», reflexiona, y señala que fue reconstruyéndolo no a través de conversaciones, sino de la observación. Los primeros años de Vivian estuvieron igualmente marcados por lo no dicho: la enfermedad y la muerte de su madre quedaron envueltas en silencio, y su duelo se desvió mediante la integración en un sistema familiar reconstituido. Emma y Simon evocan ambos la volatilidad emocional de una infancia marcada por la crianza autoritaria y la violencia, experiencias de las que nunca se habló abiertamente pese a su profundo impacto. Como señala Emma: «Mi infancia tiene dos caras… una de diversión y otra de miedo.»
Los pasajes siguientes, por ejemplo, ilustran una experiencia compartida por personas que crecen en familias con patrones de comunicación y dinámicas emocionales incoherentes. Las personas participantes vivieron dos polaridades y describen una paradoja en sus primeros años: por un lado, la distorsión de la realidad y el silencio; por otro, la carga de secretos compartidos de forma prematura. Al desarrollar una sensibilidad a las señales no verbales y una intuición de las dinámicas emocionales, Lisa y Emma describen cómo captaban indicios de cosas que no se compartían explícitamente. Hay también una clara dicotomía entre ciertos temas de los que se hablaba abiertamente, quizá sin tener en cuenta el impacto en la infancia implicada, y situaciones de secreto o de distorsión de la información que conducían inevitablemente a la confusión y la desconfianza. Los mensajes contradictorios y las señales confusas de las personas adultas no eran fáciles de gestionar: tanto Lisa como Emma comprendían, por un lado, que sabían demasiado y, al mismo tiempo, se sentían frustradas por la falta de coherencia y de honestidad en la comunicación.
Creo que en mi familia había dos extremos: como era intuitiva y perspicaz, había momentos en que, de niña, era yo la que captaba las cosas que no se decían o las mentiras que se contaban. Y luego estaban esos momentos en que era yo la que recibía y presenciaba emociones intensas e historias que, estoy convencida, habría sido más adecuado compartir con una persona adulta. (Lisa)
Siento de verdad que me criaron entre dos polos: por un lado, había cosas de las que algunos adultos hablaban demasiado pronto delante de nosotros, los niños… mis padres a veces hablaban abiertamente de otros familiares, y yo siempre deseaba no saber tanto de la gente de mi familia; de algún modo, sentía que no estaba bien. Por otro lado, otras cosas se mantenían ocultas o se distorsionaban, de modo que eso me creaba confusión de niña, porque las cosas no encajaban con lo que yo ya sabía, con situaciones en las que yo sabía que los adultos estaban mintiendo seguro. (Emma)
Aparecen experiencias contrapuestas durante la infancia: las personas participantes describen momentos de cercanía y alegría que coexistían con tensiones no expresadas y confusión. A medida que crecían, se volvían más conscientes de estas incoherencias en el comportamiento de las personas adultas. Aun así, algunas personas participantes vivieron una fragmentación psicológica o emocional a través de las piezas que faltaban en las historias que contaba su familia (Imber-Black, 2018) y de la creación de reglas invisibles y mitos familiares (Bowen, 1978), que les ayudaban a dar sentido al campo emocional y a las tensiones no expresadas y a sintonizar con ellos. Esta fragmentación emocional —vivir en lo que Sela y Bat-Or (2023) describen como un tapiz de múltiples capas de experiencias contradictorias— desembocaba a menudo en una profunda disonancia interna.
«Fue una infancia muy buena… y, de hecho, en algunos aspectos la viví así. Pero en otros fue una infancia terrible.» — (Vivian).
«Bonitos recuerdos de cuando era niña… pero siempre con una nube gris alrededor. Era bastante pesado.» — (Nina).
Los recuerdos de Vivian sobre la enfermedad de su madre estaban igualmente fragmentados. De niña, intuía que pasaba algo importante, pero se la disuadía de hacer preguntas:
«Me acuerdo de mirar a escondidas por la puerta del baño y verla quitarse la peluca… No entendía que era una peluca. Pero no pregunté. En nuestra familia no se hacían preguntas, y todavía hoy no se hacen.» — (Vivian).
Estas citas ilustran lo que Minuchin (1974) podría llamar «reglas encubiertas»: límites en torno al conocimiento que nunca se enuncian, pero que se aplican con rigidez. La ausencia de diálogo abierto deja a la infancia sola frente a sus realidades emocionales. Bowen (1978) señala igualmente el impacto de los campos emocionales en las familias y sugiere que la infancia absorbe tensiones no expresadas mucho antes de que lleguen a formularse como pensamientos. Imber-Black (2018) plantea que, quienes crecen en climas de secreto, a menudo inventan sus propias historias y mitos familiares para llenar los vacíos: estrategias que, aunque adaptativas, pueden fracturar más que integrar su comprensión del mundo.
Mientras que el relato de Brian destaca como testimonio de un entorno familiar acogedor y seguro, las historias de Ylenia, Vivian, Nina, Simon, Emma y Lisa revelan una compleja interacción entre recuerdos contrapuestos, temas de negligencia y abuso, agitación emocional y el impacto de las dinámicas familiares en las percepciones de la realidad. Estas historias reflejan las cargas heredadas del secreto (Sinko, 2017), en las que lo que queda sin decir se inscribe en la memoria emocional y repercute en la manera en que las personas se relacionan consigo mismas y con los demás. Como señalan Frijns et al. (2013) y Rober (2017), aunque no se les diga directamente, niñas y niños perciben la presencia de secretos a través de la alteración de los patrones de comunicación, la evitación de temas y el retraimiento emocional. Con el tiempo, estas dinámicas pueden llevar a interiorizar una desconfianza hacia los demás y hacia uno mismo, una lucha que se hizo visible en las historias de las personas participantes, en particular en las de quienes vivieron un cambio marcado en las dinámicas familiares tras una pérdida, una enfermedad o un nuevo matrimonio.
Una segunda categoría que impregnaba las historias de las personas participantes era su tendencia a convertirse en guardianas del secreto, en cuidadoras o protectoras dentro de su familia, a menudo de maneras prematuras para su desarrollo y, en consecuencia, pesadas a nivel psicológico y emocional. En la infancia, de la mayoría de ellas se esperaba que sostuvieran emocionalmente a las personas adultas o que gestionaran dinámicas familiares para las que aún no estaban preparadas. Esta dinámica se conoce como parentificación o inversión de límites (Byng-Hall, 2008; Campbell et al., 2003). Rasgo definitorio de las experiencias infantiles de las personas participantes, estas inversiones de roles moldearon a menudo su identidad adulta, sus expectativas relacionales y su funcionamiento. Conviene mencionar aquí que tanto la parentificación emocional como la instrumental suelen asociarse a consecuencias perjudiciales y conducen a problemas de desarrollo y de relación, aunque el tipo instrumental se considera potencialmente menos problemático (Hooper, 2007).
Las entrevistas revelaron que cinco de las siete personas participantes eran las primogénitas de su familia; solo Lisa y Simon ocupaban un lugar intermedio en la fratría. Vivian fue inicialmente la única hija del matrimonio de sus padres, pero pasó a ser la hermana mayor de los hijos del segundo matrimonio de su padre tras el fallecimiento de su madre biológica. Nina, pese a tener un hermano menor, se sentía a menudo más bien como la pequeña en su comportamiento, una percepción que compartían su hermano y otras personas y que influyó en muchos sentidos en el papel diferente que asumió en su familia respecto a la mayoría de las demás personas participantes. Como primogénitas, asumieron roles de responsabilidad, autosuficiencia y protección hacia su fratría y, a veces, hacia sus padres. Ylenia y Emma, en particular, asumieron roles de cuidado muy marcados hacia sus hermanos menores, posiblemente vinculados a su lugar en la fratría: protegían y cuidaban tanto en el plano físico como en el emocional.
Durante sus años de formación empezó a desplegarse en sus familias un proceso de inversión de roles, en el que algunas personas participantes buscaban activamente cuidar y proteger a miembros de la familia, ya fueran ellas mismas, su fratría o sus padres. Ante la ausencia de personas adultas capaces de asumir sus responsabilidades y responder de ellas, las personas participantes tomaron de niñas, consciente o inconscientemente, la decisión de convertirse en «madre» o «padre» de sí mismas, de su fratría y, a veces, de sus propios padres. El coste psicológico y emocional de esta inversión de roles ha sido ampliamente señalado en la literatura sobre la parentificación, y la investigación muestra que quienes asumen roles de cuidado en la infancia suelen tener dificultades para desarrollar un sentido coherente de sí fuera del servicio relacional (Yarrow, 2012). Así ocurrió con la mayoría de las personas participantes, salvo Brian, cuya historia es singular en este aspecto. Para la mayoría, aunque no para todas, ser la persona primogénita parece haber favorecido la asunción de un rol parentificado. Esto supuso crecer demasiado pronto y, para algunas, sobre todo para Ylenia y Emma, supuso también asumir la tarea de criar a sus propios padres en más de un sentido. Emma se describe como alguien a quien siempre se vio como madura para su edad, desde su primera infancia, mientras que Ylenia reflexiona:
Mi madre siempre se comportaba como si la niña fuera ella. A día de hoy, no la veo realmente como mi madre, porque soy yo la que sigue cuidándola. Aunque tuviera que confiarle mis problemas… simplemente caería en saco roto. Siempre fue así, incluso cuando yo era niña. (Ylenia)
Cargar con secretos familiares por parte de personas adultas que las ven como sus confidentes forma parte también de este proceso de parentificación. Hay una sensación de infancia perdida, de cargas pesadas, de injusticia hacia ellas en la infancia y la adolescencia. Sin embargo, al mismo tiempo, en la infancia esto también podía funcionar como un acto de validación, que las hacía sentirse en cierto modo reconocidas por su capacidad de escuchar y de guardar secretos frente a los demás, lo que generaba esa ambivalencia cuando intentaban dar sentido a lo que les ocurría, tanto interna como externamente. La historia de Emma refuerza este tema, ya que una y otra vez se encontró en la posición de actuar como contenedor emocional de sus padres en momentos de angustia. «Hubo muchos secretos que conocí siendo muy pequeña… yo era la confidente de mis padres», recordaba. La exposición prematura a preocupaciones adultas, sobre todo relacionadas con la infidelidad en su familia, el estrés económico y los problemas de salud mental, obligó a participantes como Emma y Lisa a una navegación dialéctica entre cuestiones que superaban su madurez o su comprensión emocional (Rober et al., 2012). En la infancia, las personas participantes se veían gestionando la tensión entre ser arrastradas hacia los secretos y saber que esas confidencias eran emocionalmente inapropiadas o pesadas.
Esta dinámica de sobreexposición y desprotección difuminaba a menudo los límites entre generaciones y creaba una forma de atrapamiento emocional para las personas participantes, que recibían el mensaje, directo o sutil, de que se esperaba de ellas que cuidaran, apoyaran, protegieran o absorbieran las emociones de los miembros de la familia, mientras se les negaba espacio para las suyas. Sin duda, este sentido de la responsabilidad, interiorizado por las personas participantes a una edad temprana, influyó en su identidad emergente, en su diferenciación del sí mismo y en su mundo emocional. Los roles de cuidado rara vez se reconocían explícitamente en el sistema familiar; se alentaban más bien mediante señales sutiles, retraimiento relacional o trato diferencial por parte de las personas adultas que debían criarlas y protegerlas.
La historia de Lisa, por ejemplo, ilustra cómo a veces se lleva a la infancia a gestionar los estados emocionales de las personas adultas, lo que añade confusión a una niña o un niño ya sobrecargados. En su caso, pese a no ser la mayor sino la mediana, y madura para su edad, asumía a menudo el papel de mediadora o de traductora entre padres o familiares emocionalmente reactivos o reservados. Recuerda que la castigaban por «saber demasiado» o «decir demasiado», lo que a menudo creaba sensaciones paradójicas entre ocupar un papel emocional central en su familia y ser después silenciada cuando se trataba de su propia voz. Además, mientras Lisa intentaba comprender las repercusiones de las dificultades económicas de su familia, el secreto de la deuda oculta de su padre consolidó aún más su papel como contenedor del estrés familiar. Esto remite a la triangulación emocional, en la que se arrastra a la infancia hacia tensiones diádicas para estabilizar el campo emocional de la familia, lo que a su vez ayuda a aliviar la ansiedad en las relaciones diádicas (Bowen, 1978). En estas familias, en las que los límites generacionales y relacionales son difusos, puede producirse un aglutinamiento, con una implicación excesiva de la descendencia en la vida y las relaciones de las personas adultas. Como resultado, apenas se produce diferenciación y las necesidades emocionales de la infancia pasan a un segundo plano en favor de la estabilidad del sistema familiar (Minuchin, 1974). Además, Imber-Black (1998, 2018) postula que, en las familias regidas por el secreto, los familiares más sintonizados emocionalmente o la descendencia primogénita adopta a menudo un rol de protección, de reparación o de amortiguación de la verdad.
El carácter duradero de estas inversiones emocionales de roles se refleja en las reflexiones de las personas participantes sobre su vida adulta: varias expresan la dificultad de desprenderse de la identidad de «cuidadora» o de «ayudante», incluso en relaciones que pueden volverse disfuncionales o desadaptativas. Por otra parte, hay también en algunas un esfuerzo consciente por no reproducir sus guiones familiares (Byng-Hall, 2008), que se traduce en el deseo y el compromiso profundo de cambiar los patrones en su propia parentalidad, protegiendo a su descendencia de la confusión de roles que vivieron en su infancia.
Los secretos son delicados, y los niños, sobre todo los niños, no deberían cargar con ellos. Deberían criarse en un clima de autenticidad, honestidad y transparencia, pero eso no significa que no haya límites a lo que un niño debería conocer: los adultos atentos y honestos saben qué es seguro y sano compartir con un niño y qué no. (Emma)
A partir de los relatos de las personas participantes, el estudio señala la sutil interacción entre las dinámicas intrafamiliares y las percepciones externas moldeadas por el secreto. Al explorar y desvelar las intrincadas maneras en que las familias inician y mantienen secretos dentro y fuera de la familia, se hace evidente que se crea y perpetúa una red de mentiras, ocultaciones, verdades no dichas y silencios con los miembros de la familia que están dentro y fuera del grupo portador del secreto. Esto, a su vez, genera historias de conexión y desconexión, equilibrando así la proximidad y la distancia en las relaciones afectadas por uno o varios secretos familiares.
Las historias narradas por las siete personas participantes apuntan a una disonancia entre la imagen de la vida familiar proyectada hacia el exterior y la vida que vivían a puerta cerrada. Las contradicciones entre ambos mundos despertaban multitud de emociones, como la vergüenza y la confusión, y conducían a menudo a una profunda fragmentación psicológica. En esta existencia dual, a menudo se les pedía —implícita o explícitamente— que mantuvieran las apariencias, que preservaran la imagen de la familia o que desempeñaran papeles que entraban en conflicto con su verdad emocional vivida, sobre todo en una sociedad tan unida como la de un pequeño escenario insular como Malta.
Imber-Black (2018) lo explora a través de la noción de silencios compartidos y de mantenimiento del secreto, en la que los secretos familiares actúan como imanes que atraen a algunos familiares al círculo íntimo mientras empujan a otros a la periferia. Así, algunos miembros quedan unidos en un silencio compartido, mientras se levantan barreras emocionales frente a otros, a quienes se mantiene al margen del secreto familiar. Algunas personas participantes en este estudio aprendieron a ocultar los aspectos más vulnerables, confusos o traumatizados de sí mismas, a la vez como mecanismo de afrontamiento y como factor de protección. Rober y Rosenblatt (2015) exploran indirectamente la idea del yo escindido en su trabajo sobre la herencia narrativa, describiendo cómo el secreto y el silencio pueden distorsionar la coherencia interna y comprometer la autenticidad emocional a lo largo de las generaciones.
La historia de Emma es un ejemplo elocuente del coste emocional de vivir una doble vida, marcada por la tensión entre lo que se cuenta y lo que se mantiene oculto en las familias (Rober et al., 2012). En apariencia, creció en una familia extensa llena de vida, rodeada de tías, tíos, primos, primas, hermanos y hermanas, y disfrutaba a menudo de salidas y de momentos de conexión y calidez familiar. Sin embargo, bajo la superficie había conflicto, secreto, violencia y traición. Sus reflexiones sobre la infidelidad que observó o de la que se enteró, así como sobre la volatilidad emocional de algunos familiares, incluidos sus padres, revelan el dolor y la carga que soporta la infancia que conoce verdades que nunca se reconocen. En términos sistémicos, esto refleja lo que Rober et al. (2012) describen como una tensión dialéctica entre lo que se cuenta y lo que se deja sin contar, considerada un elemento central de las familias marcadas por el secreto.
Ylenia nunca pudo hablar con nadie de la depresión no diagnosticada de su madre, lo que la dejó aislada y cargada con esa conciencia que su familia nunca reconoció abiertamente. Solo encontró cierto consuelo y apoyo en los esfuerzos de una tía por compensar la negligencia y la falta de cuidado de su madre hacia ella y sus hermanos. Aun así, nunca habló abiertamente del «secreto» con nadie. Su historia ejemplifica los efectos aislantes del secreto familiar no reconocido. Simon sufrió en silencio una infancia de abuso y angustia en una familia reconstituida que lo situaba en muchos sentidos como la «oveja negra» de su familia, por lo que su padrastro consideraba una naturaleza rebelde, desobediente e ingrata. Lidió con sentimientos de alienación y rechazo durante toda su infancia y solo pudo encontrar cierta validación y refugio más tarde, en la adolescencia, cuando reunió el valor de confiarse a un familiar que lo apoyó, actuó de inmediato y le ofreció un espacio seguro que le permitió poner fin a ese ciclo de negatividad y abuso.
Mi madre quería decir la verdad y contarle a la gente de su familia lo que estaba pasando. Pero le tenía demasiado miedo a mi padrastro; siempre nos protegió todo lo que pudo. Nunca fue a ver a su madre para contarle lo que pasaba. Pero luego, cuando fuimos creciendo, abrió los ojos y se dio cuenta de que de verdad tenía que hacer algo. Se dio cuenta cuando le dije que me iba de casa y que me quedaba en Malta con mi tía. (Simon)
Constreñida por la necesidad percibida de «guardar las apariencias» y de atenerse a un código moral bastante estricto en su familia, Vivian también se enfrenta a una realidad familiar plagada de verdades ocultas y percepciones distorsionadas, tanto dentro de su unidad familiar como de cara al mundo exterior. Su experiencia pone de manifiesto la naturaleza insidiosa del secreto familiar, que perpetúa una fachada de normalidad mientras oculta tensiones y conflictos subyacentes. La familia de Lisa también se vio afectada por los esfuerzos de sus padres por ocultarse mutuamente y ocultar al mundo exterior asuntos importantes de la familia, negándola y castigándola por su tendencia a denunciar cualquier mentira o verdad a medias que detectara. Su historia pone de relieve el impacto perturbador del engaño familiar en la autonomía individual y el bienestar emocional, ya que la infancia que cuestiona la fachada de armonía familiar acaba aún más marginada y aislada.
De niña era muy perspicaz, no se me escapaba nada; así que, aunque me criaba en una cultura en la que no solo de los niños, sino incluso de los adultos, sobre todo si eran mujeres, se esperaba que se callaran y siguieran a un hombre, yo no era ese tipo de niña. Era yo la que plantaba cara a un adulto si sentía que no estaba diciendo la verdad. En mi caso, yo hablaba. Eso no lo recibió bien mi familia, porque, si querías ocultar ciertas historias a otros familiares y al mundo exterior, y tu hija insistía en aclarar las cosas, hacía preguntas y denunciaba la hipocresía y las mentiras, eso dejaba a la niña en un lugar desfavorable, ¿no? (Lisa)
Estos relatos ejemplifican lo que Minuchin (1974) describe como incongruencia en las realidades familiares, donde roles rígidos y reglas encubiertas caracterizan el sistema familiar a costa de la comunicación abierta y de la flexibilidad en la asunción de roles. Los motivos pueden ir de la preservación de la imagen familiar a la evitación del estigma o la protección frente a la vergüenza. Sin embargo, el resultado solía ser la supresión del propio saber intuitivo o la creación de identidades dobles. Esto coincide con estudios como el de Sela y Bat-Or (2023), que muestran cómo la infancia desarrolla a menudo elaborados relatos internos para conciliar señales contradictorias como consecuencia del secreto y de la evitación de temas.
La vergüenza se convierte en un rasgo destacado de los relatos de las personas participantes. Hunter (2010) y Cain (2006) señalan que la vergüenza se hereda a menudo a través del silencio, formando parte integrante e invisible de lo que no puede nombrarse. Es interesante observar que lo que generaba vergüenza en la mayoría de las personas participantes no era una falta o un comportamiento propios, sino el hecho de saber o sospechar algo que no debían saber. Esto era especialmente frecuente en familias afectadas por problemas como la infidelidad, las dificultades económicas y la enfermedad mental.
Esta categoría pone de relieve cómo el secreto opera de maneras que fracturan el sentido de sí de un niño o una niña, no solo al ocultar información, sino al crear un contexto relacional en el que la autenticidad se vuelve amenazante. En varios sentidos, las experiencias de las personas participantes revelan el coste emocional de que se les pida atenerse a un relato familiar que entraba en conflicto con su realidad interna o con su experiencia del mundo que habitaban. Dicho esto, sus historias muestran también un esfuerzo consciente y persistente por dar sentido a estas contradicciones, conciliando la escisión entre cómo se presentaban las cosas en público y cómo se sentían por dentro.
A la vista de que algunas personas participantes reconocieron y validaron los beneficios de la terapia para elaborar los vaivenes de haberse criado en una cultura de secreto o a la sombra de un secreto familiar, cabe deducir que la terapia sistémica necesita cultivar espacios seguros para la revelación, sin perder la sensibilidad a las contradicciones, las incertidumbres y los obstáculos emocionales que estas personas pueden llevar al espacio terapéutico. Reconociendo que la revelación no siempre es posible —en particular en la infancia o la adolescencia, cuando puede temerse un castigo o sentirse una deslealtad—, la terapia sistémica puede crear un espacio para explorar la carga emocional de los secretos familiares. Esto implica reconocer con sensibilidad el peso que soportan las personas y las familias al mantener o cuestionar estos patrones de silencio. No obstante, en situaciones de abuso o de violencia, la prioridad absoluta debe ser la seguridad, lo que exige una intervención inmediata y protectora.
También es importante señalar que el secreto puede cumplir funciones protectoras en las familias. Por ejemplo, ocultar ciertas verdades puede servir inicialmente para proteger a los miembros más jóvenes de realidades angustiantes o para mantener la estabilidad en contextos en los que la revelación podría causar un daño mayor. Por ello, la terapia puede abordar el secreto familiar no solo como fuente de dolor y de ruptura, sino también como una estrategia que las familias emplean a veces, a menudo con una intención de protección o de supervivencia. Esta postura ayuda a evitar patologizar el secreto y, al mismo tiempo, abre con delicadeza un espacio para considerar si los costes de perpetuar el silencio superan sus beneficios protectores. La revelación de secretos puede convertirse también en un objetivo terapéutico para personas que buscan liberarse de silencios de larga data o para familias que aspiran a más apertura y cohesión. Esta exploración no debe forzarse ni precipitarse. Puede plantearse, en cambio, como un proceso gradual en el que se acompaña a las personas consultantes para sopesar cuándo, cómo y a quién pueden revelar información delicada. Para algunas, la revelación puede producirse en la propia sala de terapia; para otras, el trabajo terapéutico puede centrarse en reforzar la capacidad de la persona o de la familia para sostener y elaborar el secreto sin vergüenza ni aislamiento.
Un joven de 19 años acudió a terapia tras años ocultando su homosexualidad a sus padres, por miedo al rechazo y a la ruptura de los lazos familiares. Durante mucho tiempo, el secreto había funcionado como un mecanismo de protección que le permitía conservar la seguridad de la pertenencia y evitar el juicio que anticipaba. En las sesiones individuales, exploró la tensión entre el deseo de vivir de forma auténtica y el miedo a las consecuencias emocionales de la revelación. Con apoyo terapéutico, decidió invitar a sus padres a una terapia familiar como parte del proceso de revelación.
En las sesiones familiares, el joven reveló su orientación sexual, preparándose para la decepción. En contra de lo que esperaba, sus padres respondieron con calidez: lo sostuvieron emocionalmente y le aseguraron que su lugar en la familia estaba garantizado. Su participación en la terapia les permitió expresar sus propias inquietudes, como la preocupación por el estigma social, al tiempo que reafirmaban su amor y su apoyo. La terapia facilitó conversaciones sobre las maneras en que había funcionado el secreto: antes, como un escudo protector para el joven; ahora, al levantarse, como una oportunidad para una mayor apertura y profundidad relacional. La terapia creó así un espacio compartido en el que la familia pudo renegociar roles, expresar miedos y esperanzas y empezar a construir nuevos relatos basados en la confianza y la aceptación.
Esta viñeta ilustra cómo la terapia sistémica puede ofrecer un contenedor no solo para la elaboración individual, sino también para el proceso de sanación del sistema familiar. Pone de relieve el valor de implicar a los miembros de la familia para abordar tanto los aspectos protectores como los restrictivos del secreto, a la vez que se favorece la creación de entornos relacionales en los que la revelación pueda convertirse en una puerta hacia la conexión y no hacia la ruptura.
Es evidente que la presencia del secreto familiar en la infancia puede tener implicaciones importantes tanto para la persona como para su familia, entre ellas el impacto en su bienestar psicológico y emocional, la formación de la identidad, las dinámicas y los conflictos familiares, los problemas de confianza y de comunicación, y el trauma y la sanación. Como ilustra la viñeta anterior, los secretos familiares pueden servir así de puertas de acceso a temas y dinámicas cruciales de la crianza y la vida familiar, y abrir vías de exploración y comprensión en terapia. Formarse para reconocer y validar los aspectos de las historias de las personas consultantes que quedan sin decir o solo se revelan en parte puede ayudar a cada profesional a sintonizar con las partes más delicadas, a veces ocultas, de sus trayectorias vitales y a moverse en ellas, trabajando de forma sistémica con las personas y/o con otros miembros de la familia afectados por el secreto familiar. Además, las técnicas creativas y las metáforas pueden facilitar la apertura y la expresión de la multitud de emociones que rodean el secreto en su familia, ofreciendo a las personas consultantes vías alternativas para elaborar sus experiencias. El modelo de la montaña rusa emocional desarrollado para este estudio (Camilleri & Sammut Scerri, 2025) ofrece un marco valioso para explorar los procesos paralelos que pueden vivir las personas consultantes al recordar sus encuentros con el secreto familiar, mientras toman decisiones sobre qué compartir, cuándo, dónde, con quién y cómo revelarlo. Este trabajo puede hacerse en distintos contextos terapéuticos, entre ellos el trabajo terapéutico retrospectivo con personas adultas que reflexionan sobre sus experiencias de infancia, así como en contextos de terapia familiar en los que se invita a más de un miembro de la familia a participar en la exploración del secreto familiar.
Los enfoques sistémicos ofrecen caminos de sanación y reconciliación, ya sea reuniendo en terapia a distintos miembros de la familia o reescribiendo de forma colaborativa, con la persona, relatos y guiones familiares alternativos. También deben tenerse en cuenta los factores sociales y culturales en los que se inscribe el secreto familiar al desentrañar y elaborar su presencia y su impacto general en las personas consultantes.
Aunque se ha puesto un cuidado considerable en el proceso de recogida y análisis de datos, es importante reconocer varias limitaciones que afectan a este estudio. Para alcanzar la «saturación teórica», sería necesario recoger más datos y, por tanto, contar con un mayor número de participantes. Además, los datos de cada participante se recogieron en un único momento, lo que significa que las experiencias compartidas reflejan su recuerdo durante una sola entrevista, potencialmente influido por diversos factores. Algunas personas participantes pueden haber dudado en revelar ciertos detalles sobre los secretos familiares, las circunstancias y los miembros de la familia por la naturaleza delicada del tema, lo que quizá haya limitado la profundidad del análisis y la comprensión de las consecuencias del secreto en su vida y sus relaciones. Existe también la subjetividad inherente a la manera en que las personas participantes recuerdan los acontecimientos familiares o perciben la presencia y los efectos de los secretos familiares. El proceso de investigación está igualmente influido por la dinámica entre la investigadora y la persona participante, durante la entrevista y después de ella. Además, el análisis, la selección y la interpretación de las categorías clave que constituyen los principales resultados del estudio representan una construcción posible entre otras. Es decisión nuestra, como investigadoras, centrarnos en categorías y subcategorías concretas según nuestra propia interpretación de los temas y experiencias recurrentes en las personas participantes.
Es importante señalar que este artículo no presenta la teoría sustantiva completa desarrollada a partir del estudio de teoría fundamentada, sino que se centra en un resultado surgido del conjunto de datos más amplio: los secretos familiares como puntos de entrada a dinámicas familiares complejas. De este modo, la discusión ofrece una exploración en profundidad de este punto concreto a través de tres categorías distintas, reconociendo a la vez que se sitúa dentro de un marco teórico más amplio y complejo.
Otra limitación se refiere al posible sesgo cultural tanto de los resultados como de la discusión, dado que el estudio se realizó en Malta. Las normas, los valores y las prácticas relacionales culturales en torno al secreto familiar pueden haber moldeado la forma en que las personas participantes comprendieron y contaron sus experiencias, y estas dinámicas podrían ser diferentes en otros contextos culturales.
En cuanto a la investigación futura, sería interesante ampliar el estudio con una metodología de teoría fundamentada constructivista a gran escala, reclutando más participantes para tender a la saturación teórica. Además, podría buscarse una triangulación de los datos explorando otras perspectivas, entre ellas las de las figuras parentales de las personas participantes y de otros miembros de la familia implicados en el patrón de secreto familiar. Con métodos participativos con la infancia, podría obtenerse también una comprensión más rica de las experiencias infantiles del secreto familiar, reclutando quizá a niñas y niños que reciban actualmente apoyo terapéutico para hablar de sus experiencias con el secreto familiar. Esto añadiría una capa de comprensión a los relatos retrospectivos sobre la presencia del secreto familiar en la infancia.
Las historias contadas por las siete personas participantes muestran un amplio espectro de secretos, que abarca temas diversos como la depresión parental, una enfermedad potencialmente mortal, cuestiones de paternidad, dificultades económicas, la infidelidad parental, situaciones de violencia y abuso, y la herencia familiar. Cada relato despliega secretos familiares distintos, que no solo constituyen revelaciones aisladas, sino que funcionan también como puertas de acceso a dinámicas familiares y problemas de fondo más intrincados. Estos relatos sirven así de «puntos de entrada» clave para explorar temas familiares multifacéticos, iluminando la complejidad inherente a las relaciones y dinámicas familiares.
Los secretos muestran un patrón comparable, que refleja una observación formulada por Imber-Black (1998) sobre los secretos como fenómenos sistémicos. En este contexto, los secretos individuales que comparte cada participante funcionan como microcosmos de patrones familiares más amplios y reflejan la interacción entre el secreto, las dinámicas de comunicación y las complejidades relacionales en sus respectivas unidades familiares. Al reconocer los secretos como fenómenos sistémicos, puede apreciarse el efecto dominó que generan, que impregna diversas facetas de la vida familiar y produce un impacto colectivo en las personas implicadas.
Complexe Systémique: puntos clave
El interés del artículo consiste en desplazar la pregunta del contenido del secreto a su función en el sistema. Los siete relatos malteses muestran que la infancia sabe a menudo antes de saber: un clima, unos silencios, unos temas prohibidos bastan para instalar la vigilancia. El secreto redistribuye entonces las posiciones, con hijas e hijos convertidos en confidentes, mediadores o guardianes del secreto, parentificados a costa de su propia voz, y una doble vida entre la fachada social y el hogar. Para la práctica sistémica, dos orientaciones son útiles: no patologizar el secreto de entrada, puesto que a veces protege, y no forzar la revelación, que necesita preparación, salvo en caso de violencia, en el que la seguridad es lo primero. La viñeta de un joven que revela a sus padres su homosexualidad en una sesión familiar muestra la revelación como un paso hacia la conexión. Los límites son los de una muestra pequeña y retrospectiva, en una cultura insular muy marcada por la reputación. Para leer junto con el artículo sobre el silencio en terapia y el artículo sobre la parentificación.
Notas del original
Financiación. Financiación de acceso abierto proporcionada por la University of Malta.
Conflicto de intereses. Las autoras declaran no tener ningún conflicto de intereses.
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Traducción no oficial de Beyond the Surface: An Exploration of Family Secrets as Entry Points into Complex Family Dynamics, de Rosienne Camilleri y Clarissa Sammut Scerri, Contemporary Family Therapy, vol. 48, n.o 3 (2026), doi: 10.1007/s10591-025-09768-6, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (traducción al español, tablas presentadas como listas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Esta es una traducción del artículo original «Beyond the Surface: An Exploration of Family Secrets as Entry Points into Complex Family Dynamics», publicado en Contemporary Family Therapy (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de las autoras se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Camilleri, R., y Sammut Scerri, C. (2026). Beyond the Surface: An Exploration of Family Secrets as Entry Points into Complex Family Dynamics. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/beyond-the-surface-an-exploration-of-family-secrets-as-entry-points-into-complex-family (Obra original publicada en 2025 en Contemporary Family Therapy, 48(3), 371-386 (2026); republicada en 2026 por Contemporary Family Therapy, https://link.springer.com/article/10.1007/s10591-025-09768-6)
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