Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Family Process · Terapia familiar

Reacciones químicas, nadadores que se ahogan, manuales de instrucciones: el poder de las metáforas en la terapia de pareja

Dos sustancias químicas incoloras que empiezan a humear al mezclarse; un cliente hambriento ante un camarero que nunca llega; un nadador que se resiste al socorrista. Arthur C. Nielsen, de la Universidad Northwestern y del Chicago Psychoanalytic Institute, abre el almacén de imágenes reunidas en cincuenta años de práctica. Su objetivo: no metáforas para cada síntoma, sino para ayudar a las parejas, y al alumnado, a captar las teorías sistémicas, psicodinámicas y conductuales que orientan la terapia.

Autoría Arthur C. Nielsen (Psychiatry and Behavioral Sciences, Northwestern University, Evanston; The Chicago Psychoanalytic Institute and The Institute for Clinical Social Work, Chicago)Primera publicación Family Process, 17 de febrero de 2026Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Chemical Reactions, Drowning Swimmers, Owner’s Manuals: The Power of Metaphors in Couple Therapy, de Arthur C. Nielsen, publicado en Family Process (Wiley) (2026), doi: 10.1111/famp.70120, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tres figuras (viñeta del parque de Yellowstone, jarrón de Rubin, trampas chinas para dedos) no se reproducen. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Las metáforas no son meras figuras retóricas: impregnan nuestro lenguaje y nuestro pensamiento.

Arthur C. Nielsen

Resumen

A lo largo de muchos años de trabajo con parejas, he comprobado que ciertas metáforas —extraídas de imágenes, películas, relatos, chistes, letras de canciones, resultados de investigación o acontecimientos de mi vida— pueden ser especialmente eficaces y memorables para aclarar y normalizar las diversas experiencias de las parejas en dificultades. Al comparar lo que ocurre en terapia con situaciones más familiares, he podido reforzar la alianza terapéutica en un contexto que, de otro modo, podría parecer extraño, angustiante e incluso amenazador. En un sentido más amplio, las metáforas han enriquecido mi repertorio terapéutico y me han permitido ayudar a las parejas a vivirse mutuamente como más amorosas y más dispuestas a apoyarse. Aunque muchas otras personas han hecho este descubrimiento y han propuesto metáforas elocuentes aplicables a problemas concretos de consultantes (depresión, procrastinación, disfunción sexual), este artículo es singular porque ofrece metáforas destinadas a ayudar a consultantes y estudiantes a comprender mejor las complejas teorías (sistémicas, psicodinámicas, conductuales y psicoeducativas) en las que se basa nuestro trabajo. Tras una breve revisión de la literatura, describo las metáforas que han resultado especialmente útiles para alcanzar ese objetivo. Una vez planteado el escenario con estos ejemplos, exploro el tema de forma más amplia, expongo los múltiples beneficios de emplear metáforas en terapia y ofrezco sugerencias técnicas para utilizarlas con eficacia.

1 Introducción

Solemos ver la metáfora como un bordado literario, lo que el poeta Mark Doty llama «el glaseado sobre el pastel del sentido». Pero en realidad no es más que el lenguaje en su estado natural, sobre todo cuando intenta medir lo desconocido contraponiéndolo a lo conocido. [cursiva añadida].

— Joe Moran (2019, 53).

Esto nos lleva a una de las funciones clave de los relatos: conectar a las personas y transmitir la historia y las lecciones o habilidades necesarias para la supervivencia y la adaptación. Los seres humanos son animales que cuentan historias.

— Nancy Kulish (2022, 831).

En su mayor parte, nuestra comprensión del amor es metafórica, y lo entendemos principalmente en términos de conceptos propios de otros tipos naturales de experiencia: VIAJES, LOCURA, GUERRA, SALUD, etc.

— Lakoff y Johnson (1980, 119).

Reacciones químicas, nadadores que se ahogan y manuales de instrucciones: ¿qué tienen que ver con las intervenciones en terapia de pareja? ¡Todo! A lo largo de muchos años de trabajo con parejas (Nielsen 2016, 2017a, 2017b, 2022, 2023, 2024), he comprobado que ciertas metáforas como las que acabo de enumerar —extraídas de imágenes, películas, relatos, chistes, letras de canciones, resultados de investigación y acontecimientos de mi vida— han sido especialmente eficaces y memorables para aclarar y normalizar las diversas experiencias de las parejas en dificultades. Y como los seres humanos estamos programados para ser receptivos a los relatos (Gottschall 2012), las narraciones y las metáforas tienen un poder especial cuando intentamos ayudar a las parejas a mejorar su relación y a comprender el proceso terapéutico.

Tras resumir brevemente la literatura pertinente, describiré las metáforas que han resultado especialmente útiles, a mí y a otras personas, tanto en el trabajo clínico como en la enseñanza. Aunque muchas otras personas han contribuido a este tema y han aportado ejemplos elocuentes aplicables a problemas concretos de consultantes (depresión, procrastinación, disfunción sexual), este artículo es singular porque ofrece metáforas destinadas a ayudar a consultantes y estudiantes a comprender mejor las complejas teorías (sistémicas, psicodinámicas, conductuales y psicoeducativas) en las que se basa nuestro trabajo.

Tras plantear el escenario con ejemplos concretos, resumiré los beneficios entrelazados del uso de metáforas en terapia y haré algunas recomendaciones técnicas sobre la mejor manera de utilizarlas. En conjunto, defenderé que las metáforas son esenciales para las competencias clínicas, apoyándome en un vasto trabajo previo y en mis 50 años de experiencia clínica.

2 Contexto, literatura y definiciones

Desde la obra fundacional de los lingüistas Lakoff y Johnson (1980), las metáforas ya no se consideran meros adornos retóricos, sino elementos centrales del pensamiento, el lenguaje y la experiencia emocional humanos. Por ello, la comprensión moderna de la metáfora es compleja y se sitúa en la intersección de la lingüística, la filosofía, la antropología, la poesía, la retórica, la interpretación de los sueños, la hermenéutica, el construccionismo social, la neurobiología, las ciencias cognitivas, la psicología en sentido amplio y —lo que aquí nos interesa— la psicoterapia.

La literatura sobre las metáforas en psicoterapia es inmensa y está llena de interesantes ejemplos de casos. Me he beneficiado de la lectura de buena parte de ella. Torneke (2017), en su revisión, concluyó que «independientemente del modelo de tratamiento concreto, todo el mundo parece estar de acuerdo en la importancia de la metáfora como herramienta terapéutica» (p. 2). Hacia el final de este artículo tendré más que decir sobre estos puntos de acuerdo. En cuanto a la investigación más formal, una revisión reciente de la investigación en psicoterapia sobre el tema (McMullen y Tay 2023) encontró numerosos estudios en los que consultantes refirieron mayores beneficios cuando sus terapeutas utilizaban metáforas, en consonancia con un estudio que mostró que el personal de oncología que usaba más metáforas recibía mejores valoraciones de pacientes (Casarett et al. 2010). Por supuesto, importa que la metáfora se ajuste a la situación clínica, pero tanto la literatura clínica como la investigación formal, más limitada, apuntan al poder de las metáforas en la práctica clínica.

Quienes deseen profundizar en este tema disfrutarán de las siguientes fuentes, que, en conjunto, muestran cómo el estudio de la metáfora se ha convertido en una actividad intelectual omnipresente y gratificante entre psicoterapeutas de muchas orientaciones (Aragno 2009; Atwood y Levine 1991; Barker 1985; Burns 2001, 2007; Gottschall 2012; Katz 2013; Lankton y Lankton 1989; Papp 2014; Rosenblatt 1994; Torneke 2017).

El término metáfora procede del griego antiguo metaphorá, que significa «transferencia» o «traslado», de modo que una metáfora es una figura retórica en la que una palabra o expresión de un dominio (la fuente) se utiliza para describir algo de un dominio diferente (el destino) poniendo de relieve características compartidas. Por ejemplo, Zhou et al. (2017) escriben:

En la metáfora conceptual «el matrimonio es un viaje», el dominio de destino es «matrimonio» y el dominio fuente es «viaje». La metáfora implica las siguientes correspondencias: los miembros de la pareja corresponden a quienes viajan. La relación de la pareja se entiende como compañía en el viaje. La pareja tiene un único destino y, en su viaje, ambos miembros comparten la misma meta. Las dificultades de la relación corresponden a los obstáculos del viaje. (p. 67)

El valor de las metáforas reside en su capacidad para dar sentido a experiencias complejas o desconocidas describiéndolas en términos de otra cosa que resulta familiar. Las metáforas ponen la experiencia «en palabras nuevas», lo que nos permite conceptualizar lo familiar de maneras desconocidas y lo desconocido de maneras familiares. A menudo cuestionan concepciones arraigadas o limitantes al reencuadrarlas.

En este artículo, siguiendo a las autoras y autores citados y a las tradiciones terapéuticas, utilizo metáfora en sentido amplio para abarcar todos los casos en que una cosa se utiliza para representar otra. Esta definición inclusiva, a veces denominada «figurativa», nos permite ver metáforas en parábolas, cuentos de hadas, películas, relatos generados por terapeutas (Barker 1985; Burns 2001, 2007), la terapia narrativa de pareja y de familia (Combs y Freedman 1990; Skerrett 2022; White 2007), la escultura familiar (Papp et al. 2013), la terapia de juego (Haen 2020; Lankton y Lankton 1989), la arteterapia («una imagen vale más que mil palabras»), las anécdotas personales y mucho más, todo ello con el objetivo de ayudar a consultantes a ver su experiencia desde nuevas perspectivas.

Como la autoría citada más arriba, he pasado años recopilando y poniendo a prueba metáforas útiles. Descubrir que otras personas habían hecho lo mismo me proporcionó una especie de fiabilidad interjueces sobre el valor de hacerlo y me animó a compartir una selección de mi propia y extensa colección.

Como comentaré más adelante, algunas metáforas proceden de quien hace la terapia, otras de consultantes y algunas se cocrean. Las que proceden de terapeutas pueden denominarse «prescriptivas»: algunas son «de repertorio» y están listas para usarse, mientras que otras se crean en el momento. Estas, a su vez, pueden apuntar a un problema concreto de la persona (por ejemplo, el deseo sexual, comparando lo que lo inhibe o lo facilita con los frenos o el acelerador de un automóvil) o a un concepto terapéutico (como la transferencia, comparándola con un mapa oculto).1 Mientras que gran parte de la literatura se centra en la primera categoría —por ejemplo, Burns (2001, 2007), donde se puede encontrar un relato o una parábola para casi cualquier problema—, este artículo se centra, en su mayor parte, en la segunda subcategoría: metáforas que quien hace terapia de pareja puede tener «a mano» para facilitar la comprensión de conceptos centrales para la cura. A continuación examinamos esas metáforas, agrupadas según arrojen luz sobre los tres grandes enfoques de la terapia de pareja: sistémico, psicodinámico, y conductual y psicoeducativo (Nielsen 2016, 2017a). Este es el núcleo de mi artículo, y la mayoría de quienes lo lean deberían encontrarlo más llevadero, útil en la práctica y, a veces, incluso divertido.

3 Metáforas sistémicas

Los procesos de pareja desadaptativos son un rasgo distintivo de las relaciones en dificultades y uno de los mejores predictores del deterioro conyugal, lo que los convierte en un objetivo central de la terapia de pareja (Gottman et al. 1998; Lebow et al. 2012). Al comenzar esta exposición, obsérvese cómo el lenguaje técnico de nuestro campo toma a menudo prestados términos de la cibernética, la arquitectura y el gobierno para caracterizar las interacciones de la pareja. Términos como estructura, proceso, retroalimentación, homeostasis, jerarquía, polarización y ciclos (viciosos o de vulnerabilidad) sugieren que las interacciones pautadas y repetitivas son algo más que la suma de las psicologías individuales de cada miembro de la pareja. Esta teoría de campo ayuda a reencuadrar y externalizar los problemas de pareja, reduciendo la actitud defensiva y la culpabilización, a la vez que subraya que los problemas conyugales son, por lo general, si no siempre, cocreados. Las metáforas de esta sección pretenden iluminar y mejorar los procesos de pareja.

3.1 Las clases: plantear el escenario2

Al principio de la terapia, comparo a menudo las sesiones conjuntas de pareja con tomar clases de música, de deporte o de baile. Digo: «Si están aprendiendo piano, tenis o baile de salón, no basta con contarle a quien les enseña o les entrena lo que hacen. Tiene que verles hacerlo para ayudarles a mejorar. Del mismo modo, que hablen entre ustedes mientras yo observo e intento ayudar es el punto de partida para reparar y fortalecer su relación».

Esta metáfora de las clases me permite enmarcar mi papel como el de un instructor, un profesor o un entrenador: alguien que crea un espacio seguro donde las personas consultantes pueden asumir riesgos en su camino hacia la destreza y, con el tiempo, jugar por su cuenta. A veces utilizo la metáfora afín del entrenador personal, alguien que se reúne regularmente con usted y le empuja más allá de su zona de confort. Al utilizar estas imágenes, recurro a mis propias experiencias con entrenadores y terapeutas: momentos en que tuve que exponer problemas arraigados y confiar en que estaría a salvo. La metáfora de las clases transmite una sensación esperanzadora de guía y apoyo por mi parte como profesor experimentado. Contrasta fuertemente con otra que las personas consultantes albergan a menudo de forma semiconsciente: yo como juez en un tribunal matrimonial. Esta imagen del tribunal es tan común y perjudicial que a menudo niego explícitamente su pertinencia.

Otras metáforas ayudan a estructurar la terapia y a aclarar el proceso interpersonal de la pareja. Recurro con frecuencia a bailar juntos (con sus connotaciones no verbales de reciprocidad, reparto del poder y posibilidad de placer o de apuro), a la negociación entre países (cuando hay que hacer concesiones o sacrificios) o a la metáfora freudiana de la arqueología (que describe la búsqueda de los orígenes ocultos o inconscientes de los problemas).

Cuando enseño a estudiantes que pueden tener que abordar temas evitados (como la ausencia de vida sexual de una pareja), cuento una historia sobre mi profesor de baile de la escuela secundaria. Al ver a los chicos y a las chicas alineados en lados opuestos de la sala, anunció que había llegado el momento de elegir pareja y empezar. Esta imagen pone de relieve el papel de quien hace terapia a la hora de facilitar conversaciones necesarias pero incómodas.

3.2 La música y la letra: distinguir entre proceso y contenido

Una vez que los miembros de la pareja empiezan a hablarse, me centro en sus procesos interpersonales desadaptativos: sus bailes o ciclos de vulnerabilidad (Scheinkman y Fishbane 2004). Todas las escuelas de terapia de pareja lo hacen, aunque difieren en la manera de hacerlo. Aquí señalo la diferencia entre el proceso y el contenido durante los desacuerdos de pareja destacando la diferencia entre la música y la letra de las canciones: la música transmite emoción y puede distinguirse de la letra. Las palabras siguen importando, por supuesto, pero el lenguaje corporal y el tono de voz a menudo las eclipsan, ya que transmiten la postura emocional de quien habla hacia quien escucha.

Aunque esta distinción tiene sentido lógico para la mayoría de las personas consultantes, a muchas les cuesta la idea de que un «sistema» pueda tener propiedades emergentes —a menudo destructivas y amplificadoras— que no pueden atribuirse por completo a una sola persona. Las siguientes metáforas ayudan a las personas consultantes a apreciar la naturaleza sistémica de sus dificultades.

3.3 Reacciones químicas: explicar la causalidad mutua y la destructividad

Para ilustrar cómo ambos miembros de la pareja contribuyen por lo general a los problemas de la relación y reducir la culpabilización mutua, comparo a cada miembro con dos reactivos inofensivos e incoloros en vasos de precipitados separados. Al mezclarse, estos reactivos pueden sufrir una transformación espectacular y volverse explosivamente calientes, helados o malolientes. Uno de los reactivos podría pensar: «Yo estaba perfectamente antes: ni caliente, ni frío, ni maloliente. ¡Este cambio repentino, en el que no me reconozco, tiene que ser culpa de esa maldita otra sustancia química!». Esta metáfora demuestra vívidamente que el proceso grupal no se reduce a la conducta individual y resulta cercana a la experiencia de consultantes que a menudo se sienten víctimas inocentes de su pareja.

3.4 Los círculos viciosos y su puntuación: responder a «¿quién empezó la pelea?»

Cuando describo los círculos viciosos —una metáfora universal en terapia de pareja, ya familiar para la mayoría de consultantes—, señalo que las personas suelen puntuar sus relatos empezando por una supuesta falta de la otra parte. Beth puede decir que su enfado con Fred se debe a que él no llamó al fontanero, como había prometido. Fred puede admitirlo a regañadientes, pero explicar que no llamó porque estaba enfadado porque Beth no había tenido relaciones sexuales con él en 2 semanas. Beth puede responder entonces que no tenía ganas porque Fred incumple con mucha frecuencia sus promesas sobre las tareas domésticas, ¡como llamar al fontanero! Entonces afirmo que ambos tienen razón, pero que su puntuación individual, su versión de qué empezó todo y cuándo, es a menudo arbitraria. Vemos cómo esas mismas discusiones circulares se despliegan en tiempo real en nuestras consultas, donde el punto de partida de un ciclo puede vivirse de forma distinta por cada miembro de la pareja.

3.5 Comensales hambrientos y camareros que no responden: normalizar la persecución y las exigencias que generan rechazo

La escalada implica a menudo que uno o ambos miembros de la pareja se vuelvan cada vez más ruidosos, impacientes o agresivos: que regañen, culpabilicen o insulten. Estos intentos ineficaces de influir en la otra persona tienden a aparecer e intensificarse cuando esta parece no responder. Quienes hacen terapia pueden normalizar estas conductas contraproducentes enmarcándolas sistémicamente. Una metáfora que utilizo es la de un comensal hambriento que intenta llamar la atención de un camarero que no responde. Al principio, el comensal espera educadamente. Después hace señas sin hablar. Luego llama con calma. Finalmente, grita. A menudo, ambos miembros de la pareja se entienden mejor como comensales hambrientos que se dirigen a camareros que no responden.

3.6 Nadadores que se ahogan, oxígeno psicológico y sintonía: pánico y rabia cuando las necesidades no se satisfacen

Como el comensal hambriento, la metáfora del nadador que se ahoga ilustra el pánico, la incapacidad para expresarse y la posible combatividad contraintuitiva (bien conocida por los socorristas con formación) que pueden surgir cuando las personas se sienten privadas de oxígeno psicológico. Muy a menudo, ambos miembros de la pareja se parecen a nadadores que se ahogan, cada uno desesperado por ser rescatado y atendido, lo que recuerda el uso frecuente que Heinz Kohut hacía del oxígeno como metáfora de las necesidades relacionales fundamentales (p. ej., 1984).

La metáfora del nadador que se ahoga es especialmente útil cuando alguien no ha sido escuchado; se parece a la rueda que chirría y chirría más fuerte cuando no recibe la grasa; al despertador que no deja de sonar cuando quien duerme no se despierta para apagarlo; o a cuando el conductor ignorado estalla de rabia al volante. En todos estos casos, el ingrediente que falta es la sintonía receptiva —una metáfora central de buena parte de la psicoterapia contemporánea—, como cuando se sintoniza una radio analógica en la emisora correcta. Esa receptividad —reconocer con exactitud que existe un problema— suele ayudar a restablecer la calma.

3.7 Jefes que lo controlan todo, padres asustados y canarios en la mina de carbón: control desagradable y repetitivo debido a la ansiedad

Si bien muchas personas perseguidoras aporrean la puerta cerrada debido a necesidades no satisfechas de amor, apoyo o compañía (el oxígeno psicológico de Kohut), otras, como algunos jefes que lo controlan todo, lo hacen por ansiedad («¡Si no cumplimos ese plazo, perderemos el negocio!»). Quienes han trabajado en entornos organizativos entienden esta metáfora, que les aleja del terreno conyugal y normaliza los reproches insistentes de un cónyuge ansioso (por ejemplo, sobre la necesidad de que su pareja reciba atención médica). Con otras personas consultantes, describo cómo las familias gritan habitualmente a sus criaturas cuando perciben un peligro (una criatura que sale corriendo a la calle) o cómo el agudo olfato de mi esposa detectó una vez una peligrosa fuga de gas en una casa que estábamos visitando (un auténtico canario en la mina de carbón).

3.8 El emperador y el ruiseñor: el daño del control excesivo

Aunque cierto control minucioso puede normalizarse, también puede llevarse al exceso y (paradójicamente) conducir a un incumplimiento pasivo-agresivo. Para ilustrarlo, cuento el relato de Hans Christian Andersen sobre el emperador de la China que aprendió que debía liberar de su jaula al pájaro cantor que había capturado, porque este le dijo que era necesario si quería que cantara para él.

3.9 Bomberos que combaten incendios forestales, habitantes de castillos que levantan el puente levadizo: normalizar el distanciamiento y la huida

Del mismo modo que la persecución airada y creciente puede parecer apropiada en algunas situaciones, también puede serlo la huida. La retirada se vuelve más comprensible y aceptable si se recuerda que los equipos de bomberos que se enfrentan a un incendio forestal desatado a veces deben replegarse temporalmente. Y los habitantes de un pueblo atacado por enemigos extranjeros se retirarán a sus castillos y levantarán sus puentes levadizos, comprensiblemente. Ayudar a las personas consultantes a compartir sus razones para retirarse, en lugar de atribuir la retirada de manera simplista a un «miedo a la intimidad», suele profundizar el tratamiento. La metáfora del puente levadizo también remite a la circularidad: si quien persigue llega en son de paz, quien se distancia no necesitará levantar su puente levadizo.

3.10 Compañeros de equipo y cocapitanes: algunos retos de los grupos de dos personas

Como he jugado mucho al tenis en dobles, es habitual que compare el matrimonio con un deporte de equipo, en el que los resultados son compartidos y se requiere cierto grado de sacrificio personal («¡En EQUIPO no hay un YO!») y de tolerancia (hay que apoyar a la pareja, incluso y sobre todo después de que haya metido la pata).

Para mantener la cohesión del equipo, existe también el problema de ponerse de acuerdo sobre la estrategia y el rumbo que seguir en un grupo de dos personas (una cuestión casi universal en terapia de pareja), una situación que llamo el problema de los cocapitanes y que ilustro señalando lo difícil que sería que un barco que se acerca a un iceberg tuviera dos capitanes debatiendo si virar a babor o a estribor. Por eso los barcos tienen un solo capitán, mientras que la equidad en el matrimonio exige que cada miembro de la pareja tenga voto (otra metáfora útil) y acepte el reto de ser dos cocapitanes.

3.11 Dúos, hermanos de armas, colaboradores: algunas ventajas de los grupos de dos personas

Aunque ser cocapitanes puede crear problemas, hay momentos en que dos cabezas piensan mejor que una, en que quienes interpretan cantan en armonía a dúo o en que los soldados sienten un vínculo especial de respeto y protección. Estas metáforas pueden utilizarse cuando aumenta el estrés —por ejemplo, por el trabajo o por la crianza— y exige que los miembros de la pareja colaboren y trabajen juntos. De hecho, Dan Wile hizo de la colaboración el objetivo metafórico central de su perspicaz terapia de pareja (Wile y Kaufmann 2021).

4 Metáforas psicodinámicas

Una vez identificados los ciclos problemáticos, quienes hacen terapia pueden profundizar en la psicología que los alimenta y causa el malestar en la relación (Nielsen 2017b).

4.1 La viñeta del parque de Yellowstone: problemas ocultos

La figura 1 muestra a una pareja avanzando por la vida, representada caminando por un parque de Yellowstone potencialmente peligroso. Como esta pareja, nuestras parejas se encuentran, a menudo por sorpresa, con una cuestión superficial (un lavavajillas desordenado, una factura inesperada o la visita de un familiar difícil) que remueve algo más profundo, a menudo inconsciente y más significativo (una cuestión de control, de finanzas, de compromiso o de reconocimiento). Al principio de la terapia, comparto a menudo esta imagen para ilustrar la idea central de los problemas ocultos: que las disputas importantes de pareja nunca son «por nada», sino que suelen implicar preocupaciones muy básicas, a menudo fuera de la conciencia.

FIGURA 1. Parque de Yellowstone: problemas ocultos (a menudo inconscientes). Reproducida con permiso del libro Fighting for Your Marriage (2001) de Markman, Stanley y Bloomberg. Ilustración: Ragnar Storaasli. Figura no reproducida.

4.2 La escena de la casa en mudanza, las láminas del TAT y el jarrón de Rubin: subjetividades divergentes

Para ilustrar cómo un mismo acontecimiento puede vivirse de manera distinta —fuente frecuente de conflicto en la pareja—, describo una escena de la película The Story of Us: una pareja casada al borde de la separación lleva en coche a sus hijos al campamento de verano cuando el tráfico se ralentiza porque están trasladando una casa. Cada uno de los progenitores percibe la casa correctamente, pero de forma diferente. La madre la ve como un obstáculo, se preocupa por llegar tarde y propone buscar otra ruta. El padre ve en ella una ocasión para un poco de humor en un momento de tensión familiar y cuenta un chiste sobre alguien que hace caca en el cuarto de baño de la casa. La escena, ejemplo de su polarización en otros ámbitos, termina con la pareja mirándose en silencio, con dolor y desaprobación. Cuando las parejas discuten sobre «lo que pasó realmente», utilizo esta escena de la película para subrayar la idea constructivista de que muchos acontecimientos no vienen con significados fijos.

Otras veces planteo lo mismo señalando cómo las personas pueden reaccionar de manera distinta ante la misma película o la misma lámina del Test de Apercepción Temática (TAT). A veces muestro a las parejas la imagen del jarrón de Rubin (figura 2), les pregunto qué ven y señalo que la respuesta correcta es AMBAS cosas: un jarrón Y dos caras. Estas metáforas sustentan mi intervención «Los dos tienen razón», que valida las realidades subjetivas divergentes de cada miembro de la pareja. La metáfora de la lámina del TAT ilustra también cómo las personas consultantes sacan conclusiones precipitadas sobre su pareja, ya sea por falta de información o porque se ven activadas y agitadas por experiencias transferenciales repetidas (de las que hablaremos en la sección siguiente).

FIGURA 2. El jarrón de Rubin. Figura no reproducida.

4.3 Alergias, mapas, configuraciones predeterminadas, manuales de instrucciones y hombros doloridos: sensibilidades transferenciales

Para transmitir el concepto de expectativas transferenciales negativas que provocan respuestas emocionales intensas y a menudo idiosincrásicas, las comparo con alergias infantiles (por ejemplo, a la penicilina, a los cacahuetes o a las picaduras de abeja). Del mismo modo que alguien que ya ha sufrido una picadura de abeja puede tener una reacción grave ante una picadura posterior, una persona abandonada en una etapa temprana de su vida puede reaccionar con intensidad ante el viaje de negocios de su cónyuge. Ilustro cómo esas alergias se derivan de mapas internos inconscientes (si en su mapa aparecen monstruos marinos, ¡evitará salir a navegar!) o de la configuración predeterminada de un ordenador. Estos mapas y configuraciones suelen escapar a nuestra conciencia: en la metáfora del ordenador, porque se fijaron en fábrica; en el caso de las personas consultantes, porque se originaron en la infancia. Hasta que se hacen conscientes, pueden parecer inevitables, como en «la vida es así».

Los mapas de las personas consultantes incluyen no solo imágenes de sí mismas y de otras personas interactuando en escenarios traumáticos, sino también creencias sobre si estos pueden cambiar y si alguien les ayudará, ya que incluyen expectativas de resiliencia y de seguridad del apego. La terapia les permite comprobar si sus mapas siguen siendo válidos —si la historia se está repitiendo o se repetirá—, aun cuando eso parezca arriesgado, como cuando Colón navegó literalmente por aguas inexploradas.

La terapia de pareja permite a cada miembro conocer las alergias, los mapas y las configuraciones del otro, adquisiciones valiosas, ya que, a diferencia de los coches, las parejas no vienen con manual de instrucciones. Y para fomentar la empatía hacia estas sensibilidades, recuerdo a las personas consultantes que evitarían dar una palmada en el hombro dolorido de su pareja si supieran que estaba lesionado.

4.4 Tortugas, conejos, castillos y remedios caseros: defensas y mecanismos de afrontamiento

Muchas metáforas normalizan las defensas de autoprotección. Además de los bomberos que se repliegan ya mencionados, recurro a menudo a las tortugas (que se esconden en su caparazón), los conejos (siempre alerta y listos para huir) y los castillos (también mencionados antes, con murallas y puentes levadizos, que provocan que la pareja ataque o se retire). Utilizo los remedios caseros para abarcar diversos estilos de afrontamiento —perfeccionismo, autoinculpación, consumo excesivo de alcohol, relaciones extramatrimoniales— y menciono sus efectos secundarios, como la cirrosis por alcoholismo, la soledad de la pareja por la adicción al trabajo y el divorcio por las aventuras.

4.5 Oxígeno, grupos básicos de alimentos y lenguajes del amor: imaginar las necesidades interpersonales básicas

Ayudar a los miembros de la pareja a satisfacer mutuamente sus necesidades humanas básicas de empatía, cuidado, receptividad, ayuda, entusiasmo, etc., es central en un enfoque de la terapia de pareja basado en la psicología del self (Leone 2008). Ya he citado la evocadora metáfora del oxígeno para caracterizar estas necesidades. También pueden describirse como grupos básicos de alimentos (Shaddock 2000) o lenguajes del amor (Chapman 1992), dos imágenes que ayudan a individualizar lo que puede faltar en cada relación concreta.

5 Metáforas conductuales y psicoeducativas

Aunque la mayoría de las parejas no esperan seguir un guion concreto durante las «conversaciones difíciles» (el término técnico que emplean especialistas en negociación), enseñar a sus miembros el valor de los planes estructurados y la importancia de evitar «lo que sale de forma natural» puede mejorar significativamente los resultados.

5.1 Los guantes de cirujano, las listas de comprobación de los pilotos y las Robert’s Rules: seguir reglas puede ayudar

Cuando las parejas objetan que seguir reglas para las conversaciones difíciles resulta poco natural, a veces les doy la razón y luego les recuerdo cómo a cirujanas y cirujanos les beneficia llevar guantes y a las tripulaciones de vuelo utilizar listas de comprobación antes del despegue. Para mostrar cómo las reacciones instintivas pueden volverse en contra, hago una demostración con una trampa china para dedos (figura 3), de la que solo se puede salir resistiéndose a la respuesta obvia. Pero la metáfora que me parece más acertada para el trabajo con parejas —una que normaliza la necesidad de contención para obtener mejores resultados— son las Robert’s Rules of Order, que utilizo para recordar a las personas consultantes que las reuniones de empresa o de comité que funcionan no son un todos contra todos.

FIGURA 3. Trampas chinas para dedos. Figura no reproducida.

5.2 Las llaves de lucha: el valor de dar nombre a las opciones de conducta

Antes de aprender lucha en la clase de educación física del instituto, mi imagen de la lucha era simplemente la de dos personas que se agarran y ruedan por el suelo. Pero cuando me enseñaron llaves de lucha con nombre propio, probadas por el tiempo, como el derribo a una pierna o la media Nelson, aprendí rápidamente que marcaban una enorme diferencia. Lo mismo ocurre con la lucha de pareja, en la que conocer estrategias conversacionales concretas, como utilizar mensajes en primera persona o evitar dar consejos no solicitados, puede ser de enorme ayuda.

5.3 Apelar a la autoridad, la conducción peligrosa, los jugadores de baloncesto, los oradores, los boxeadores y el humor: más comparaciones para las conversaciones difíciles

Cuando paso a enseñar las buenas prácticas para hablar y escuchar, apelo a la autoridad, a situaciones análogas de sentido común y al sentido del humor de las personas consultantes. Tomo prestada la autoridad de la investigación de John Gottman (Gottman et al. 1998) y del Harvard Negotiation Project (Fisher et al. 1981), y cito a menudo la célebre recomendación de Fisher: «Sé duro con el problema y suave con la persona».

Comparo las conversaciones difíciles con conducir en condiciones peligrosas —por carreteras heladas, de noche o en curvas cerradas— y señalo lo útil que es reducir la velocidad y prestar atención. Para las parejas, esto significa «alargar una historia corta» (Scheinkman y Fishbane 2004), mientras exploran (en terapia y, más tarde, por su cuenta) los significados ocultos, los puntos sensibles y las necesidades no satisfechas.

Recuerdo a las personas consultantes que «no planificar es planificar el fracaso» y las animo a tener presentes sus objetivos últimos (como un jugador de baloncesto que apunta a la canasta o un golfista a la calle). Les sugiero que pueden seguir funcionando incluso cuando sienten una ansiedad comprensible (como al pronunciar un discurso importante o al sacar para ganar el partido) o cuando sienten a la vez ansiedad y rabia (como un boxeador o un soldado).

Sobre todo, subrayo la importancia de la curiosidad y de la escucha empática, compartiendo la humorística advertencia de que «¡Las únicas personas que escuchan cuando una pareja se pelea son… los vecinos!»

5.4 Anécdotas personales, yo como cliente satisfecho: dar ánimos

A veces, cuando las personas consultantes siguen siendo ambivalentes respecto a seguir mis sugerencias para comunicarse mejor o resolver problemas, comparto anécdotas personales para reforzar mi mensaje. Digo: «Cuando mi esposa Sheila y yo salimos, a veces nuestras amistades le preguntan: “Sheila, sabemos que Art enseña todo esto, pero ¿cómo es realmente en una discusión?”. La mayoría de las veces, Sheila refuerza mi credibilidad diciendo: “Se convierte en otra persona; cambia de marcha”». Explico que lo consigo siguiendo ciertas reglas, sobre todo mostrar curiosidad y dar prioridad a la escucha empática. Lo que quiero transmitir es que, personalmente, soy un cliente satisfecho, y no solo alguien que da consejos desde la banda, soltando los últimos consejos de autoayuda.

5.5 Gottman, la jardinería y los lenguajes del amor: fomentar las interacciones positivas

Muchas de las parejas que atiendo han dejado de hacerse cumplidos, de abrazarse o de tener relaciones sexuales satisfactorias. En los casos menos extremos, simplemente se dan por sentadas. Mientras trabajo para reavivar lo positivo (Nielsen 2016, capítulo 14) —a menudo identificando el lenguaje del amor de cada miembro de la pareja—, cito a veces el hallazgo de la investigación de Gottman según el cual los matrimonios que funcionan se caracterizan por un predominio de las interacciones positivas sobre las negativas. También comparo el matrimonio con un jardín que necesita cuidados continuos o comparto un chiste que ilustra el mismo principio: un hombre (necio) le dijo a su esposa: «Ya te dije una vez que te quiero. Si cambio de opinión, te avisaré».

6 Intervenciones metafóricas: beneficios entrelazados

Mi interés por las metáforas se ha desarrollado de forma orgánica a lo largo de muchos años. Como otras personas antes que yo, he comprobado que las metáforas no solo hacen comprensibles, cercanos a la experiencia y memorables conceptos difíciles, sino que, en diversas combinaciones, pueden:

  • Fomentar la esperanza y sugerir alternativas. Las anécdotas sobre otras personas que se han beneficiado —incluido el propio terapeuta como cliente satisfecho— y las referencias a la investigación científica que implican la pericia de quien hace terapia señalan la salida de la oscuridad conyugal. Las metáforas y los relatos pueden inspirar a las personas a soportar las dificultades, a probar algo nuevo en el camino hacia objetivos exigentes o, por el contrario, a aceptar experiencias dolorosas y sanar de ellas (Atwood y Levine 1991; Burns 2001).
  • Normalizar las conductas que generan rechazo o vergüenza y transmitir empatía hacia ellas. Quienes gritan o no quieren hablar tienen sus razones. Compartir nuestras propias dificultades puede reducir las transferencias que hacen ver a quien hace terapia como alguien que juzga. Los chistes sobre el matrimonio pueden universalizar las dificultades, como en la ocurrencia «Las únicas personas que escuchan son… los vecinos». Estos enfoques reducen la vergüenza y abren la puerta a explorar las cuestiones subyacentes. En términos de la psicología del self, las metáforas proporcionan a menudo experiencias de objeto del self de especularidad empática y de gemelaridad, que permiten a las personas consultantes sentirse comprendidas por otras personas que han afrontado dificultades similares y conectadas con ellas.
  • Aumentar la probabilidad de que las intervenciones se recuerden. Mi experiencia clínica coincide con la investigación de Martin et al. (1992) y resuena con la observación de Gottschall (2012, 118): «Los sacerdotes y chamanes del mundo sabían lo que la psicología confirmaría más tarde: si quieres que un mensaje se abra camino en la mente humana, intégralo en una historia».
  • Aligerar el ambiente y calmar las aguas desplazando la acción. Como en la terapia de juego o cuando se hace referencia a películas, la mayoría de las metáforas crean una distancia psicológica respecto al momento inmediato, lo que deja espacio para la reflexión terapéutica (Combs y Freedman 1990; Haen 2020; Lankton y Lankton 1989; Torneke 2017). Como señaló Littman (Barker 1985, vii): «La enseñanza directa de leyes y principios de conducta suele encontrar resistencia… Las telenovelas, las fábulas y las parábolas tienen la ventaja de que nos hablan de nosotros mismos de una manera indirecta y, por tanto, más aceptable».
  • Intensificar o revelar la emoción o las conexiones inconscientes cuando las personas consultantes están excesivamente controladas, intelectualizan o se cierran. En lugar de calmar las aguas, algunas metáforas —pensemos en los nadadores que se ahogan o en los bomberos que se repliegan— están a menudo cargadas de acción. Como se ha sugerido en numerosos trabajos (p. ej., Atwood y Levine 1991; Bucci 2001), estas metáforas ayudan a generar activación emocional, que es fundamental para el éxito terapéutico en general (Lane et al. 2022), en particular con personas supervivientes de traumas (Stern 2009).

7 Sugerencias técnicas

El uso hábil de las metáforas exige combinar y ajustar los elementos que acabo de describir —unas veces con el objetivo de calmar las cosas, otras de caldearlas—, concediendo siempre a nuestra mente la libertad, que Ogden (1997) denomina rêverie, de explorar tanto nuestra propia mente como el lenguaje de las personas consultantes para encontrar metáforas que no solo capten empáticamente el momento, sino que también faciliten el progreso terapéutico. Al preparar este artículo, he seleccionado de un gran almacén de metáforas las que utilizo con más frecuencia y han demostrado ser terapéuticas. Aunque estas están probadas y comprobadas, otras surgen en el momento. Estas metáforas espontáneas —que surgen de recuerdos, películas, canciones, la historia o chistes— a menudo me sorprenden, sobre todo cuando afloran de mi pasado lejano. Sin embargo, cuando lo hacen, suelen corresponder al estado de ánimo y a la cuestión del momento.

Así pues, aunque ofrezco sugerencias concretas —herramientas para sus cajas de herramientas terapéuticas—, siéntase libre de utilizar cualquier metáfora que pueda surgir en el momento para iluminar cuestiones concretas a medida que se presentan. Las metáforas más eficaces se ajustan al lenguaje y a las experiencias vitales de las personas consultantes: evocan su profesión (mecánica, abogacía, medicina, docencia, música), sus aficiones (baile, senderismo, golf, jardinería) o sus experiencias (viajes por el mundo, militancia política, participación en un consejo escolar). Las metáforas ideales se ajustan a la historia, la cultura y las creencias religiosas de la persona. Cuando se trabaja entre culturas o entre generaciones, las mejores metáforas proceden a menudo de la cultura o de la generación de la otra persona, aunque algunas metáforas, como el matrimonio como viaje compartido, parecen universales. Además de esa metáfora del viaje, un estudio japonés (Zhou et al. 2017) encontró el matrimonio representado como una unión física, una creación conjunta, un negocio, un par de zapatos y el té (porque el té puede ser a la vez amargo y agradable), y un estudio chino (Dunn 2004) añadió la imagen de los palillos (que sugiere dos miembros iguales y separados que colaboran hacia un objetivo común).

Para que las intervenciones calen, muestro a menudo a las parejas las imágenes a las que me he referido en este artículo. Si les resuenan, les doy o les envío por correo electrónico copias. Algunas parejas las pegan en la nevera.

Por supuesto, no comparto todas las imágenes que me vienen a la mente, y a veces cambio los personajes de los relatos personales o recurro a la actualidad, la literatura o el cine. Aunque estos ejemplos puedan parecer más seguros, a menudo tienen menos fuerza para mitigar la vergüenza y favorecer la conexión. Del mismo modo, puede que se me ocurra un chiste que refleje alguna combinación de mi contratransferencia y de la psicología de la pareja, pero que decida no compartirlo. Aunque no sean adecuadas para compartirse, esas asociaciones libres me dan con frecuencia una idea de lo que está ocurriendo en el momento o de lo que puede requerir atención más adelante. Y algunas personas consultantes no quieren oír relatos —personales o de otro tipo—, así que adapto mis palabras a su receptividad.

Muchas personas consultantes generan sus propias metáforas elocuentes. Por ejemplo, una pareja que describí con detalle en Nielsen (2024) dio a sus peleas repetitivas un nombre humorístico inspirado en los Monty Python: Reginald, cumpliendo así el mantra metafórico de Dan Siegel: «¡Nómbralo para domarlo!» (Siegel y Bryson 2011). Este nombre humorístico les permitió reducir la marcha, cambiar de registro y utilizar las habilidades y la comprensión que habían adquirido en terapia. Otro consultante habló de un familiar que había dejado recientemente de llevar peluquín para ocultar su calvicie, un gesto que mi consultante admiraba y al que más tarde hizo referencia en nuestro trabajo para ayudarle a ganar confianza en sí mismo y a abrirse emocionalmente con su esposa.

Aunque la investigación sugiere que importa poco quién origina una metáfora en terapia, las cocreadas se convierten a menudo en temas útiles que recorren los tratamientos exitosos (McMullen y Tay 2023; Torneke 2017). Un ejemplo de mi práctica comenzó cuando se me ocurrió comparar la incapacidad de un hombre para soltar una relación autodestructiva con un águila que se aferra a un pez demasiado pesado para llevarlo, lo que provoca que el águila se ahogue. Sabía que el consultante era un pescador apasionado, y respondió que, en efecto, había visto algo así. Judío profundamente comprometido, profundizó entonces la metáfora y la conectó con una imagen mucho más sombría: la de las personas judías de la Alemania nazi que no reconocieron el peligro a tiempo y perdieron la vida. Como las metáforas de Reginald y del peluquín, esta poderosa metáfora pasó a formar parte de nuestro lenguaje compartido.

Algunas metáforas dolorosas o trágicas originadas por consultantes, como algunas imágenes de sus pesadillas, se transforman en terapia. Este proceso es más evidente en los ejemplos de Papp (Papp 1983; Papp et al. 2013) de escultura de pareja, en los que, por ejemplo, una pareja King Kong/Fay Wray y una pareja policía/delincuente se volvieron menos polarizadas y más felices. Pero estas transformaciones también surgen espontáneamente. Una de mis consultantes, que se describía como «el perro de la familia» —querida, pero no prioritaria—, fue adquiriendo poco a poco un estatus pleno y llegó a verse, y a ser vista, como una compañera adulta en pie de igualdad.

8 Discusión

Como expone Summers (2013):

Los lingüistas Lakoff y Johnson (1980) han argumentado de forma convincente que la metáfora no es solo una figura retórica utilizada principalmente por poetas y novelistas, sino una forma de pensar integrada en nuestro sistema conceptual… Por utilizar la ilustración más comentada de Lakoff y Johnson: «Una discusión es una guerra» muestra que pensamos en la discusión del mismo modo que pensamos en la guerra: intentando ganar terreno, defendiendo nuestra posición, viendo la posición del otro como indefendible. (p. 69)

La metáfora una discusión es una guerra podría, por desgracia, aplicarse a muchas parejas que acuden a terapia. Mi metáfora de la terapia de pareja como algo parecido a unas clases es mucho más esperanzadora. En un sentido más amplio, siguiendo a Lakoff y Johnson, podemos ver que las metáforas no son meras figuras retóricas: impregnan nuestro lenguaje y nuestro pensamiento, y algunas son especialmente útiles para iluminar dinámicas terapéuticas que de otro modo serían difíciles de captar. Las metáforas presentadas en este artículo dan vida a algunos conceptos que a la mayoría nos resultan difíciles, entre ellos: a) que gran parte de la experiencia humana es cocreada, no lineal y emergente, en lugar de estar simplemente impulsada por un miembro de la pareja que actúa sobre el otro; b) que el significado de los acontecimientos suele ser oculto, subjetivo, divergente y arraigado en una sensibilización temprana; y c) que muchas personas desconocen la necesidad de emplear reglas de comunicación con su pareja íntima y no conocen métodos prácticos para mejorar sus interacciones.

Por supuesto, estas ideas no son ninguna novedad para quienes leen esta revista. Sin embargo, como los miembros de la pareja atribuyen habitualmente sus dificultades a un «otro» recalcitrante o malintencionado, y pueden luchar a muerte por lo que «pasó realmente», las metáforas aquí analizadas son especialmente útiles para ayudar a quienes hacen terapia de pareja a abordar la causalidad circular y cocreada. Al ilustrar que «hacen falta dos para bailar un tango», estas imágenes —reactivos químicos inocentes, comensales hambrientos con camareros desatentos, bomberos que se repliegan— ayudan a identificar el proceso interaccional de la pareja como la cuestión central, en lo que Michael White (2007) llamó, en una expresión célebre, una «conversación externalizadora».

Las comprensiones psicodinámicas se vuelven más vívidas y memorables cuando quienes hacen terapia describen cómo distintas personas interpretan de forma diferente la misma película, el jarrón de Rubin o una lámina del TAT, y cuando comparan las sensibilidades transferenciales con alergias infantiles o con la configuración predeterminada de un ordenador.

Por último, la necesidad de estructura en las conversaciones difíciles puede ponerse en marcha con metáforas tomadas de otros ámbitos: equipos quirúrgicos que llevan guantes, tripulaciones que utilizan listas de comprobación antes del despegue y la mayoría de las reuniones de empresa, que siguen las Robert’s Rules of Order.

9 Conclusión

Desde la Antigüedad, las parábolas han contribuido a hacer universales y memorables los retos de las relaciones para nosotros, animales que cuentan historias. Como la parábola del buen samaritano, muchas nos instan a amar al prójimo aun cuando hacerlo resulta difícil. Espero que este artículo le haya proporcionado un conjunto de metáforas listas para usar y le haya inspirado a crear las suyas. Con la ayuda de sus consultantes, le animo a cocrear metáforas libres de jerga, estimulantes y empáticas: imágenes que iluminen lo que bloquea el avance de las parejas y lo que podría sostener su camino hacia una relación en la que cada miembro sea más consciente de sí y se apoye mutuamente con el otro.

Complexe Systémique: puntos clave

Este artículo de un clínico de formación psicoanalítica tiene un interés sistémico directo: la mitad de sus imágenes sirven para deshacer la causalidad lineal. Los reactivos químicos, la puntuación de la pelea de Beth y Fred, el cliente hambriento y el camarero indiferente, el puente levadizo que permanece bajado cuando el otro llega en son de paz: otras tantas maneras de mostrar a una pareja que el problema está en el bucle y no en uno de sus miembros, lo que Michael White llamaba una conversación externalizadora. La otra aportación es la distinción entre metáforas «de repertorio» y metáforas cocreadas: las más potentes proceden de las propias personas consultantes (Reginald, el águila y el pez), y quien hace terapia gana hablando el lenguaje de su oficio, sus aficiones y su cultura. El límite reconocido: se trata de una cosecha de experiencia, que se apoya en una literatura todavía escasa en investigación formal. Para leer junto a el artículo sobre el uso de la metáfora con una pareja ante el divorcio, que sigue una sola metáfora a lo largo de toda una consulta, y el artículo sobre el manejo de los conflictos de pareja en sesión, para los momentos en que la pelea se desarrolla delante de quien hace terapia.

Notas del original

1 Para un artículo magnífico que ilustra el valor de una metáfora prescriptiva de este tipo para ayudar a pacientes a superar su miedo a las vacunas, véase Trogen (2017). La metáfora utilizada —la vacunación con un componente viral, y no con el peligroso virus completo, genera una «huella dactilar viral» que más tarde permitirá al organismo identificar y combatir a un verdadero delincuente viral intruso— encaja en ambas categorías, ya que apunta a un problema de pacientes y ofrece ayuda explicando un mecanismo de curación.

2 He puesto en cursiva cada metáfora comentada, como aquí con Las clases. Además, para mostrar hasta qué punto las metáforas están presentes en el discurso cotidiano, he puesto en cursiva otras que aparecen a lo largo de este artículo.

Conflictos de intereses. El autor declara no tener ningún conflicto de intereses.

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Traducción no oficial al español de Chemical Reactions, Drowning Swimmers, Owner’s Manuals: The Power of Metaphors in Couple Therapy, de Arthur C. Nielsen, Family Process, vol. 65 (2026), doi: 10.1111/famp.70120, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia (figuras no reproducidas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

El artículo original, «Chemical Reactions, Drowning Swimmers, Owner’s Manuals: The Power of Metaphors in Couple Therapy», se publicó en Family Process (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Esta versión es una traducción no oficial de Complexe Systémique, realizada con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página.

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Cómo citar este artículo

Nielsen, A. C. (2026). Chemical Reactions, Drowning Swimmers, Owner’s Manuals: The Power of Metaphors in Couple Therapy. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/chemical-reactions-drowning-swimmers-owner-s-manuals-the-power-of-metaphors-in-couple-therapy (Obra original publicada en 2026 en Family Process, 65(1) (2026); republicada en 2026 por Family Process, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/famp.70120)

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