Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Human Systems · Terapia familiar

Explorar el apego como un proceso triádico: la entrevista de apego familiar

La teoría del apego piensa sobre todo en díadas: un niño o una niña, una figura parental. Rudi Dallos, Ben Grey y Rebecca Stancer proponen una entrevista que explora también el triángulo, el lugar que ocupa el hijo o la hija en la relación de la pareja parental, antes y ahora. El caso de Jennifer y David muestra cómo una niña atrapada «en medio» de una madre y un padre violentos se convierte en una madre que lo sostiene todo, y cómo su hijo acaba preso del mismo dilema.

Autoría Rudi Dallos, Ben Grey y Rebecca Stancer (University of Plymouth, Reino Unido)Primera publicación Human Systems, 10 de noviembre de 2025Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Exploring attachment as a triadic process: The family attachment interview, de Rudi Dallos, Ben Grey y Rebecca Stancer, publicado en Human Systems (SAGE) (2026), doi: 10.1177/26344041251395022, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Se reproducen las cinco figuras; el anexo (versión abreviada de la entrevista), publicado como material complementario, no se reproduce. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

La referencia a la tercera persona en la dinámica relacional permitía a veces dar más sentido a los patrones de apego diádicos que observar únicamente a la figura parental y al niño o la niña.

Rudi Dallos, Ben Grey y Rebecca Stancer

Resumen

La teoría del apego ofrece un profundo cambio conceptual al ir más allá de las explicaciones individualizadas hacia explicaciones relacionales. Con su batería de evaluaciones basadas en la comprensión de la interacción entre madres, padres e hijos y de las narrativas relacionales, este campo ha construido una base empírica considerable para entender los problemas como situados entre las personas y no dentro de ellas. En este artículo, sin embargo, sugerimos que este mismo éxito ha llevado a que dicha comprensión se anquilose en un nivel diádico (la relación de un niño o una niña con una figura parental concreta), descuidando el impacto de las relaciones de coparentalidad en el apego infantil. Por esta razón, buscamos un medio para llevar la evaluación del apego a un nivel triádico, explorando el apego de un niño a la relación entre su madre y su padre, y no solo a cada uno de ellos como individuos. Sostenemos que la naturaleza esencialmente diádica de las entrevistas de apego actuales, como la Entrevista de Apego Adulto (Adult Attachment Interview, AAI) y la Parent Development Interview (PDI), implica que pueden quedar fuera aspectos clave de la posible organización autoprotectora del apego. Por esta razón, desarrollamos a partir de estas entrevistas una Entrevista de Apego Familiar (Family Attachment Interview, FAI), que explora en términos triádicos tanto el apego en la infancia como los cuidados que se prestan en la actualidad. Proponemos analizar esta entrevista con la metodología derivada de la AAI y de la Meaning of the Child Interview (MotC; una manera sistémicamente informada de dar sentido al discurso sobre los cuidados), como un medio para comprender las relaciones familiares más que para obtener clasificaciones. Ilustramos cómo podría funcionar a partir del caso de una pareja en terapia, con dificultades en su relación de pareja y en la crianza, a la que se aplicó la FAI. El enfoque es novedoso y está en desarrollo, e invitamos a colaborar para hacer avanzar estas ideas.

Palabras clave: apego, sistemas familiares, cuidados, parentalidad, relaciones entre madres, padres e hijos, AAI, PDI, MotC, terapia familiar

La teoría del apego tiene una historia rica y compleja desde su formulación original por John Bowlby. Algunos de sus hitos más significativos son el reconocimiento del carácter central del apego seguro para el desarrollo sano de la infancia (Bowlby, 1990), el reconocimiento de que también podían desarrollarse apegos inseguros en familias intactas (Ainsworth et al., 1978/2015) y el paso a entender que el apego se revela en la naturaleza de las narrativas que contamos sobre nuestras vidas (Crittenden and Landini, 2011; Main et al., 1985). Otros han incluido una visión más amplia del apego, por ejemplo, que las relaciones románticas también pueden considerarse apego (Shaver et al., 2000), y el reconocimiento de los vínculos de cuidado de madres y padres con sus hijos (George and Solomon 2008; Grey 2025a). También se ha producido un alejamiento de una visión deficitaria del apego —la «inseguridad»— hacia una claridad creciente sobre cómo las «estrategias» «inseguras» e «insensibles» de apego y de cuidado pueden tener un valor adaptativo en condiciones adversas (Crittenden, 2017 and Grey 2025a). Sin embargo, queremos sugerir que posiblemente haya llegado el momento de otro avance significativo: a saber, pasar de centrarse en el apego como proceso diádico a reconocer su importancia como parte de patrones relacionales triádicos y más amplios.

Al mismo tiempo, sostenemos que esto no es tan nuevo y formaba parte de la perspectiva inicial de Bowlby:

«El problema que se trae a la Clínica en la persona del niño no es el problema real; el problema que, por regla general, necesitamos resolver es la tensión entre todos los distintos miembros de la familia…. Con el niño, el problema suele residir en las relaciones entre él o ella y los miembros de la familia».

Bowlby (1949, p.123)

Del mismo modo, en la terapia familiar sistémica, las relaciones triádicas, incluida la idea de que las dificultades que presenta el niño o la niña pueden estar vinculadas a problemas en la relación entre ambas figuras parentales, han sido un rasgo central de la formulación clínica y de la práctica (Bowen, 1971; Dallos and Draper, 2024; Minuchin, 1974; Pallazzoli et al., 1978, Haley, 1978). La teoría del apego incorporó desde el principio conceptos de la cibernética y de la teoría de sistemas al describir el apego como un sistema relacional de retroalimentación orientado a objetivos. Sin embargo, la articulación que Bowlby hizo de este sistema se limitó a los procesos diádicos, y no desarrolló una formulación de cómo se producía como proceso triádico, más allá de descripciones más generales como la anterior. Posteriormente, la teoría del apego ha construido un enorme cuerpo de evidencia empírica y de conceptualizaciones teóricas basadas en los procesos diádicos entre la madre (por lo general) y el niño o la niña. Esto ha evolucionado hacia la exploración no solo de los comportamientos, sino también de las representaciones o modelos operativos que un niño o una niña desarrolla de su relación con la madre. Este «giro narrativo» condujo al desarrollo de formas sofisticadas de explorar los modelos operativos, como la Entrevista de Apego Adulto (AAI: Crittenden and Landini, 2011; George et al., 1996) y una serie de evaluaciones narrativas para la infancia, como las historias para completar (story stems; Emde et al., 2003; Farnfield, 2015), la Child Attachment Interview (Shmueli-Goetz et al., 2008), etc.

Pero ¿no se está mirando así una parte demasiado estrecha del cuadro de la vida familiar? Como insinuaba Bowlby, una niña también observa cómo actúan juntos su madre y su padre y vive su relación. Por ejemplo, cuando la pareja parental discute, sobre todo cuando discute a propósito del hijo o de la hija, esto tiene un impacto profundo en la criatura. Se desencadenan respuestas de miedo, se produce una activación negativa intensificada y la infancia desarrolla diversas estrategias de afrontamiento que se parecen claramente a los patrones clásicos de apego, por ejemplo, la evitación o el retraimiento, o una ansiedad o una ira intensificadas. Un ejemplo elocuente es el de una joven, Kathy, que presentaba anorexia:

«Lo único de lo que les oigo hablar es de mí, y si yo no tuviera esto [la anorexia] es como que, ¿se vendría todo abajo?, al menos hace que sigan hablándose. Y no discuten mientras yo tenga esto porque podría empeorarme. Así que, eh... eso me ha dado, como, no es que tenga el control como tal, pero así tengo más control sobre la situación».

Dallos, cita clínica

Kathy contaba que su madre y su padre discutían constantemente y que vivía con el miedo permanente de que un día pasara algo grave entre ellos. También parecía haber aprendido de ello que una hija se vuelve central en la gestión del conflicto entre su madre y su padre, y que la manera más eficaz de hacerlo es ponerse «enferma».

La base empírica sobre la importancia de los procesos triádicos en el apego no deja de crecer. Dubois-Comtois y Moss (2008) constataron que la calidad de las interacciones familiares en un grupo de niñas y niños de 5 a 6 años añadía considerablemente a la predicción de la seguridad del apego infantil, evaluada mediante una prueba narrativa:

«Estos resultados sugieren que el desarrollo de los modelos operativos internos durante la infancia media está más fuertemente influido por las experiencias familiares en curso que por la historia de experiencias con la figura de cuidado principal».

Dubois-Comtois & Moss (2008, p. 427)

Para la terapia familiar, este hallazgo no es ninguna sorpresa y, en cambio, quizá sorprenda que el mundo del apego parezca hacer la vista gorda ante la probabilidad de que el modelo operativo y el sentimiento de seguridad de la infancia se vean influidos por las relaciones más amplias dentro de una familia (Marvin and Stewart, 1990). Incluso sin salir de una perspectiva diádica, resulta bastante evidente que la capacidad de una madre para responder con sensibilidad a su hijo o hija se verá comprometida cuando se sienta insegura, amenazada o ansiosa a causa de conflictos con su pareja.

Los estudios empíricos refuerzan la necesidad de una visión más sistémica del apego. Por ejemplo, Brown et al. (2022) examinaron la naturaleza de las interacciones triádicas en familias con bebés y encontraron significativamente más afecto positivo y cohesión que en familias donde ambas figuras parentales mostraban patrones de apego seguro frente a inseguro. En las familias discordantes (una figura parental segura y la otra insegura) se ha observado un patrón en el que el apego seguro no protege predominantemente al niño o la niña, sino que pueden surgir interacciones negativas, como que la criatura se apegue más intensamente a la figura parental segura, pase más tiempo con ella, etc., mientras la otra figura parental se retira o se vuelve antagonista. Gerlach et al. (2022) constataron que los factores de riesgo familiares (incluidos los triádicos) repercutían en la capacidad de respuesta parental. Del mismo modo, el paradigma de juego Lausanne Trialogue Play examina la interacción entre figuras parentales e hijos de forma triádica y encuentra un vínculo entre los patrones familiares de interacción y las dificultades externalizantes e internalizantes infantiles (Gatta et al., 2017). Dallos et al. (2016), al estudiar a niñas y niños en edad escolar que reaccionaban a escenarios de apego basados en imágenes, encontraron que se activaban más ante escenarios que representaban un conflicto parental que ante amenazas diádicas que, en sí mismas, podrían considerarse más peligrosas (como que la madre ingrese en el hospital), quizá porque en esos escenarios percibían que «perdían» a ambas figuras de apego.

La entrevista de apego familiar (FAI)

Semejante complejidad puede volverse rápidamente desconcertante, y llevar a profesionales de la clínica y de la investigación a apoyarse en modelos más simples y reduccionistas para obtener datos y formulaciones con sentido. Es algo sensato, siempre que un punto de partida pragmático no se confunda con el punto de llegada. Los procedimientos de evaluación del apego, al dar el salto pionero del individuo a la díada, parecen haberse anquilosado en el nivel diádico. Sugerimos que una pieza importante para salir de este callejón sin salida diádico y lineal puede consistir en reconocer que un niño o una niña (y la figura parental en la que podría convertirse) no solo ha desarrollado un modelo operativo de sus relaciones con su propia madre y su propio padre, sino también de la relación entre ellos y de cómo colaboran en la crianza. En términos generales: ¿hasta qué punto han vivido la relación de su madre y su padre como segura o insegura, y cómo encajaban en esa dinámica? Las respuestas a esta pregunta, sugerimos, habrán influido en su relación de apego diádica con cada uno de ellos.

Es de una importancia crucial cómo vivieron su lugar en la relación de su propia pareja parental: por ejemplo, si se sintieron arrastrados a tomar partido por uno contra el otro, o si desarrollaron el papel de intentar mediar en sus conflictos. Esto se resume en la Figura 1, más abajo.

El niño o la niña tiene una relación de apego con cada figura parental, y también con la relación entre ambas.
Figura 1. El niño o la niña tiene una relación de apego con cada figura parental, y también con la relación entre ambas.

El niño o la niña tiene una relación de apego con cada una de las figuras parentales (que puede ser similar o diferente), pero también con su relación: por ejemplo, ¿qué grado de seguridad se siente cuando están los tres juntos? Además, cada una de las relaciones diádicas está influida por la relación de la criatura con la otra figura parental. Esto se aplica también a las figuras parentales, de modo que puede considerarse que cada una tiene una relación con la relación de la criatura con la otra: por ejemplo, cuando una madre empieza a ver a su hija como «la niña de papá», se resiente por ello y, en consecuencia, castiga o critica a su hija.

Hasta ahora, al explorar estas intuiciones (p. ej., Dallos et al., 2023), nos ha frenado la naturaleza diádica de las herramientas que utilizábamos. Las herramientas más conocidas para explorar las representaciones del apego y de la parentalidad, los protocolos de la Entrevista de Apego Adulto (AAI: George et al., 1996), la Parent Development Interview (PDI: Aber et al., 1985) y la Working Model of the Child (Larrieu et al., 2014), indagan casi exclusivamente amenazas diádicas a relaciones conceptualizadas de forma diádica (una figura parental y un niño o una niña). Esto puede ampliarse para incluir las relaciones con múltiples figuras de apego, pero consideradas casi por completo de manera diádica («Describa su relación con… su madre, … su padre, etc.».). Esto plantea la cuestión de cómo, si las dinámicas triádicas fueran centrales para comprender las relaciones de apego, llegaríamos realmente a conocerlas. Ciertamente, pueden aparecer dinámicas triádicas en los relatos de las figuras parentales, pero ¿cómo interpretar su ausencia si no hemos preguntado directamente por ellas? Uno de los hallazgos llamativos de nuestro análisis de las narrativas de parejas que tenían un hijo o una hija con diagnóstico de autismo (Dallos et al., 2023) fue lo poco que se mencionaba a la otra figura parental: cada una se veía a sí misma de forma aislada. A falta de preguntas que exploraran este aspecto, solo podíamos especular sobre el significado de nuestro hallazgo.

Por ello, hemos desarrollado una entrevista basada en la PDI y la AAI que explora directamente las relaciones triádicas (se adjunta como anexo una versión abreviada de esta entrevista). Los ítems clave son los siguientes.

  • a. Naturaleza de la relación triádica en la infancia y en la actualidad
  • b. Papel del hijo o de la hija en la relación de la pareja parental en la infancia y en la actualidad
  • c. Implicación del hijo o de la hija en los conflictos de la pareja parental en la infancia y en la actualidad

Cuando se entrevista a dos figuras coparentales, sugerimos que la sección sobre las relaciones en la infancia se realice por separado y la sección sobre la familia actual, de forma conjunta. No obstante, habrá que adaptarlo en función de la estructura de la familia entrevistada. No pretendemos que esta entrevista sea definitiva ni cerrada; todavía estamos buscando el equilibrio entre sencillez, claridad y complejidad. Hemos acogido con gusto la participación de colegas en la puesta a prueba y la exploración de estas preguntas y de su impacto, y hemos ido revisando la entrevista a la luz de los comentarios recibidos y de ejemplos de entrevistas. En particular, hemos introducido una escultura con botones para determinar qué tríadas parecen más relevantes para la persona entrevistada; dada la complejidad y la variedad de las relaciones familiares, no damos por supuesto que se trate siempre de la tríada figura parental–figura parental–hijo, ni siquiera de figura parental–figura parental afín–hijo. Al igual que ocurre con las figuras de apego como individuos, puede ser necesario explorar más de una tríada relacional. Como la AAI y la PDI, la entrevista se desplaza entre descripciones semánticas generalizadas de las relaciones (la narrativa de la persona adulta sobre cómo funcionan sus relaciones) y descripciones episódicas de recuerdos y experiencias concretas, lo que permite explorar el significado de las discrepancias y los conflictos entre ambas (Grey 2025b).

Esto plantea la cuestión de cómo puede analizarse la entrevista: ¿bastan los métodos existentes o hace falta un método completamente nuevo? El método de análisis inaugurado por la AAI y adaptado por métodos posteriores de análisis del discurso de apego, como la MotC, es esencialmente cualitativo: examina la manera en que se construye el relato y su coherencia, y sitúa la coherencia y la incoherencia en la historia emocional y relacional de la persona que habla (Dallos and Grey 2025). Aún no tenemos claro si una clasificación global del apego o de los cuidados de la persona entrevistada será de mucha ayuda para desentrañar lo que podemos aprender en términos de complejidad triádica. Nos interesa saber qué amenazas o peligros pasados concretos dentro del sistema familiar pueden ser relevantes para la persona que habla, qué significados específicos puede haber extraído de ellos y cómo están configurando las dinámicas familiares actuales. Para explorarlo, hemos adaptado la vía de formulación de la MotC descrita por Grey (2025c) para centrarla en las dinámicas familiares triádicas:

  • 1. Peligro(s) histórico(s) clave y guiones autoprotectores
  • Aquí nos centramos en identificar los peligros triádicos del pasado de la persona que habla que puedan ser relevantes o significativos para ella, sin ignorar, por supuesto, ninguna amenaza diádica que la persona identifique.
  • 2. Triángulos relacionales actuales y temor clave en los cuidados
  • ¿Qué es lo que, en el sistema familiar actual, puede estar haciéndose eco de amenazas relevantes de las relaciones triádicas de la infancia de la persona que habla? ¿Qué es lo más amenazante para la relación entre ambas figuras parentales a la hora de cuidar al niño o la niña?
  • 3. Intenciones correctivas
  • La noción de guiones correctivos de Byng-hall (1986) se utiliza para examinar qué intenta hacer la figura parental de manera diferente a como fue criada. En particular, ¿intenta crear una relación de coparentalidad distinta de la que vivió en su infancia, o reproducir sus aspectos positivos?
  • 4. Impacto en el niño o la niña
  • Aquí se explora la posible implicación del niño o la niña en las relaciones triádicas clave. ¿Qué guiones podría verse invitado a seguir? ¿Hasta qué punto serían claros o previsibles para él o para ella, o bien la información crucial que necesita para su seguridad queda fuera de su conciencia (p. ej., en aspectos secretos de la relación entre ambas figuras parentales, como una infidelidad oculta)?
  • 5. Recursos en la relación
  • Las dinámicas triádicas de apego también pueden funcionar como «cadenas de resiliencia» (Berastegui, and Pitillas, 2024), mediante las cuales madres y padres pueden ofrecer como pareja un consuelo y una protección que quizá no serían capaces de proporcionar individualmente, y apoyarse mutuamente en los retos de la crianza.
  • 6. Implicaciones para la intervención
  • ¿Ofrece una formulación triádica una vía diferente para satisfacer las necesidades de seguridad y de consuelo del niño o la niña y de cada miembro de la familia? Pueden surgir posibles soluciones que habrían permanecido invisibles si las relaciones familiares se miraran solo a través de una lente diádica.

Estudio de caso

Presentamos aquí un estudio de caso ilustrativo y exploratorio (Yin, 2018) de entrevistas de apego familiar realizadas con una pareja heterosexual casada que deseaba apoyo en la crianza de un hijo con diagnóstico de autismo y síntomas de ansiedad. Hemos elegido este caso para ilustrar la entrevista, explorar su poder explicativo y su potencial a través del proceso analítico descrito anteriormente, así como las oportunidades clínicas que ofrece este proceso. Como ya se ha indicado, la entrevista se realizó en 2 partes: se entrevistó a cada miembro de la pareja por separado sobre sus experiencias de infancia y, más tarde, a ambos juntos sobre sus experiencias familiares actuales. Los dos dieron su consentimiento para que utilizáramos sus entrevistas; hemos modificado algunos detalles no pertinentes para nuestro análisis con el fin de preservar el anonimato.

Contexto

Jennifer y David son madre y padre de 2 hijos, Matthew (12), con diagnóstico de autismo, y Damien (21) (Figuras 2 y 3).

Genograma de la familia de Jennifer y David.
Figura 2. Genograma de la familia de Jennifer y David.
Ciclo relacional de la pareja de Jennifer y David.
Figura 3. Ciclo relacional de la pareja de Jennifer y David.

Jennifer (54) y David (63) acudieron a terapia sistémica en busca de ayuda para su relación. Ambos atravesaban dificultades extremas en su relación de pareja: describían conflictos frecuentes, falta de intimidad física y emocional, y se planteaban la separación. También les preocupaba que sus dificultades relacionales hubieran repercutido en sus hijos. Damien se había retirado de la familia y pasaba poco tiempo con ellos, y se consideraba que Matthew sufría de ansiedad; había recibido un diagnóstico de TEA. Ambos eran blancos, con un alto nivel educativo y rentas propias, pero en ese momento ninguno de los dos tenía empleo. Llevaban más de 30 años juntos, se habían conocido en el extranjero y describían los comienzos de su relación como emocionantes: fiestas, alcohol y consumo de drogas recreativas. Sin embargo, cuando Jenifer se quedó embarazada, regresaron al Reino Unido para formar un hogar juntos con los hijos.

Formulación inicial

RD los vio por separado y juntos durante un periodo de 6 meses. Jennifer atribuía los problemas a su infancia traumática; había recurrido a diversas formas de terapia y había leído mucho sobre el trastorno de estrés postraumático. Sin embargo, sentía que David agravaba los problemas al frustrarse ante sus «interminables teorizaciones psicológicas. Él explicó que había perdido el deseo sexual hacia Jennifer y que sus «interminables teorizaciones psicológicas» complicaban las cosas innecesariamente e impedían una solución más práctica. Esta dinámica parecía un ciclo recursivo que se mantenía mutuamente.

Este ciclo refleja una dinámica frecuente en las parejas en dificultades, en las que una persona (Jennifer) emplea una estrategia de apego preocupada (C) procedente de su infancia y la otra (David), una estrategia desvalorizadora (A), y cada una activa a la otra. Favorecer el paso a una formulación triádica, por ejemplo, ver las conexiones entre los hijos y las relaciones de pareja, suele ser difícil, como aquí, porque muchas madres y padres emplean un discurso intrapsíquico sobre cómo se puede «arreglar» a los hijos. Esto puede ayudarles a evitar sentirse culpables de haber «estropeado a los niños». Constatamos que connotar positivamente las intenciones y esperanzas de la pareja parental respecto de sus hijos (sus guiones correctivos, véase más abajo) es un punto de partida importante.

Para pasar a una comprensión triádica, utilizamos el modelo de 5 pasos descrito anteriormente:

Peligro(s) histórico(s) clave y guiones autoprotectores

Jennifer

Jennifer describió una infancia difícil e insegura. Su padre bebía con frecuencia, tuvo varias aventuras y podía ser violento con su madre. Sin embargo, Jennifer dijo que su madre también era una «maltratadora de su marido»… que «lo esperaba al acecho y luego lo atacaba físicamente y entonces la violencia, la violencia empezaba». Su padre se fue de casa cuando Jennifer tenía unos 15 años.

Su madre, según Jennifer, aparentaba ante los demás ser una pareja o una familia feliz, y Jennifer se sentía obligada a seguirle la corriente en esa fachada. Además, su madre podía hacerla sentir culpable por divertirse y no estar con ella ni ocuparse de sus necesidades. Jennifer describió a su padre como «creativo, musical, artístico, amable, pero distante». Sin embargo, su madre intentaba ponerla en contra de él, exigiéndole que lo «vilipendiara para complacerla». Su madre la implicaba en un «juego de fingir» que consistía en burlarse de la ira de su padre, restando importancia también a la posible sensación de peligro que Jennifer podía haber sentido cuando su padre se enfadaba:

«Recuerdo también, cuando era pequeña, que ella a veces se sentaba en el jardín…. me decía: “Haz como si fueras tu padre. …” Hacíamos una especie de número cómico de él. Bueno, enfadándose, tirando cosas, ya sabes, empujando el cortacésped. O lanzando la pala. Ella se sentaba y se reía de mí».

Este enredo la dejaba con la sensación de ser objeto de las burlas de su madre en la medida en que se identificaba con su padre, como se ve en la última frase, en la que se identifica a sí misma como aquella de quien se ríen.

Jennifer sentía que tenía que mediar entre su madre y su padre. Por ejemplo, después de una de sus peleas «casi diarias», Jennifer iba al dormitorio de su padre para consolarlo cuando lloraba. A Jennifer le preocupaba que se mataran el uno al otro, y ella y su hermano fantaseaban con matar a su padre para acabar con el conflicto. Sentirse atrapada entre ellos, sosteniéndolo todo, era una imagen triádica definitoria:

«Recuerdo perfectamente que una vez tomé de la mano a mi madre y luego fui a tomar de la mano a mi padre, porque les tomaba la mano a los dos a la vez. Mamá me quitó la mano de forma ostentosa, porque yo le estaba dando la mano a papá.

¿Intentaste tomarles de la mano y entonces tu madre… apartó tus manos de tu padre?

Cuando rompió el contacto conmigo porque yo, yo estaba en medio de ellos, yo, yo, yo sostenía. Le estaba dando la mano a ella [breve pausa]. Y habían tenido una discusión enorme, y… creo que ella le había pegado con el tacón del zapato, quitándose el zapato [breve pausa]. Y yo intentaba [pausa] volver a unirlos y le estaba dando la mano a ella, y alargué el brazo y tomé la mano de papá, porque le había dado la mano. ¡Mira, me arrancó la mano!».

El lenguaje de Jennifer está lleno de imágenes y es muy evocador, lo que sugiere que esta escena sigue intensamente viva para ella. Se percibe a sí misma «en medio de» su madre y su padre, intentando desesperadamente «volver a unirlos» después de una discusión. En su mente, si suelta, estallará la violencia, pero al mismo tiempo su madre se está liberando. Su lenguaje es muy presente, como si invitara a la persona entrevistadora a ver la escena con ella: «¡Mira, me arrancó la mano!». Jennifer parece culpar a su madre de que todo se desmorone, pero la imagen central es triádica. Como el niño de la leyenda que tapa con el dedo el agujero del dique para impedir que el agua lo inunde todo, Jennifer siente que intenta impedir que la violencia estalle y destruya a su familia. Aquí es el propio dique el que se resiste, en la forma de su madre que se aparta justo cuando ella intenta mantener a todos unidos.

Jennifer expresó también una profunda ambivalencia hacia la relación romántica y sexual de su madre y su padre, y una relación compleja con ella:

«A veces se ponían a morrearse en el sofá. … Ah, sí, papá le compraba bombones Black Magic, bombones, bombones. Solo me acuerdo, me acuerdo de una vez. No me acuerdo de verlos de la mano. No me acuerdo de ningún cariño entre ellos aparte de [pausa] ese tipo de morreo lujurioso. Eso, eso, era inapropiado. ¡De verdad!».

Jennifer lamenta a la vez la falta de afecto (de contacto) entre su madre y su padre y siente asco ante el contacto que sí ve. «No me acuerdo de verlos de la mano» remite a la imagen central que Jennifer tiene de sí misma como la única que puede hacer eso por ellos. Al mismo tiempo, ridiculiza su comportamiento más sexualizado («el morreo lujurioso», y el gesto tópico de su padre de llevar bombones Black Magic, como el amante del anuncio de los años ochenta), que no le aportaba ninguna tranquilidad en cuanto a la solidez de su vínculo.

El cuadro es más complejo, en el sentido de que Jennifer se siente excluida por la relación sexual de su madre y su padre, y ridiculiza los avances sexuales de su padre porque él es, en cierto modo, un rival en el afecto y el consuelo de su madre.

«Encontraba consuelo con mi madre. Sentía consuelo y conexión cuando mi madre dormía en mi cama. Así que sentía que quizá había. Así que yo casi solía. Yo, yo solía. ¿Duermes en mi cama? Y luego subía a mi cama y la esperaba, porque cuando ella se metía en la cama, ya sabes, se estaba calentito y. Ella se acurrucaba conmigo. Y eso me resultaba. Reconfortante. Pero al mismo tiempo, sé que me sentía culpable porque sentía que casi la había animado a venir a dormir conmigo. Así que me sentía culpable. Y avergonzada, supongo. Y quizá me sentía culpable y avergonzada de ponerme de su parte cuando ella lo vilipendiaba, porque sabía que, al fin y al cabo, esa noche dormiría en mi cama».

Aquí la tríada se plantea como una competición entre su padre y ella por quién duerme con su madre, que Jennifer gana aprovechando la ira de su madre contra su padre (poniéndose de su parte cuando ella lo ridiculiza). Puede encontrar un consuelo que de otro modo le faltaba, pero al precio de sentirse culpable y avergonzada por «ganarse» a su madre siendo cómplice de su rechazo airado hacia su padre. Para estar a la vez a salvo y consolada, Jennifer necesita tanto mantenerlos unidos (para detener el conflicto) como mantenerlos separados (para recibir el consuelo de su madre). Esto explica la mayor ira de Jennifer hacia su madre en la entrevista; le preocupa mantener a su madre cerca de ella, de un modo u otro.

En conjunto, parece que Jennifer se sentía decisiva tanto para mantener unidos a su madre y su padre como para excluir a su padre, de modo que pudiera acceder a los cuidados de su madre (al tiempo que consolaba a su padre por la culpa que eso le causaba). Su guion de ser la pieza clave de la que todo depende exige una hipervigilancia hacia la relación entre su madre y su padre, así como hacia el equilibrio de la tríada en su conjunto: tengo que ocuparme de todos y mantenerlos cerca. Bajo esta hipervigilancia hay miedo: si no lo hago, todo se vendrá abajo. El lenguaje de Jennifer, cargado de imágenes y muy evocador, muestra una activación elevada y una preocupación temerosa por la relación de su madre y su padre. Se sentía excesivamente poderosa, pero igualmente convencida de un desastre inminente. Si consigue obtener el consuelo de su madre, excluye a su padre y echa leña al fuego del conflicto parental (Figura 4, izquierda). Si mantiene unidos a su madre y su padre, pierde el afecto y el consuelo de su madre (Figura 4, derecha). En cualquier caso, si Jennifer desactiva su vigilancia (saca el dedo del dique), todo podría verse arrastrado.

Jennifer solo puede encontrar consuelo parental alimentando el conflicto parental.
Figura 4. Jennifer solo puede encontrar consuelo parental alimentando el conflicto parental.

David

David creció con su madre, su padre y una hermana mayor. David dijo que siempre se había sentido más cerca de su madre que de su padre, y de la familia de ella. Su vida familiar no era muy emocionante: su madre era algo materialista y se había casado con su padre por seguridad más que por amor. El padre de David pasó por un periodo de desempleo. Ninguno de los dos sabía administrar el dinero, y los problemas económicos les obligaron a tomar decisiones difíciles, por ejemplo, mantener solo a David en un colegio privado y no a su hermana. Esto se debía a que David era académicamente brillante y, al parecer, ese tipo de logro se valoraba por encima de otras cosas.

David describió su relación con su madre como «emocionalmente distante, funcional y lúdica». Por ejemplo, David contó que estaba llorando después de que su novia lo dejara y que «deseaba desesperadamente que ella me consolara. Pero ella simplemente estaba de pie junto al fregadero, sin responder». Su relación con su padre era problemática y a veces desembocaba en violencia física. «Una vez… me tenía inmovilizado en un sillón dándome puñetazos y tal. Sí, pero me lo merecía.» David dijo que su padre se preocupaba mucho sin necesidad, pero que era leal, en el sentido de que David sabía que estaría disponible para cuidados prácticos, aunque no emocionales. David tenía una fuerte sensación de ser invalidado, «menospreciado» por su padre. Sus logros nunca eran suficientes, ni siquiera de adulto.

El discurso de apego de David es más despersonalizador y distanciador, lo que hace que las dinámicas triádicas sean menos prominentes en sus relatos. Hay una aparente posición triádica o sistémica cuando habla con frecuencia de «sus padres» o de «nosotros», pero como no diferencia las relaciones, no llegamos a comprender el impacto diferencial de los miembros de la familia unos sobre otros. Por ejemplo, en la familia de David, «se alzaba la voz, pero literalmente 2 minutos después, 5 minutos después, todo estaba bien». Lo contrastaba con la familia de Jennifer, donde «alzar la voz» señalaba un peligro extremo y las cosas se intensificaban. En ambos ejemplos, sus explicaciones son mecánicas y concretas más que interpersonales: no hay personas, solo voces. Es evidente que en la familia de David hay un proceso triádico en marcha, en el que todos se confabulan para mantener los sentimientos intensos fuera del cuadro, pero se observan desde un punto de vista tan externo que el efecto que cada uno tiene sobre los demás resulta invisible.

No obstante, en las descripciones que hace David de un estilo de crianza en el que su padre se preocupaba pero su madre mantenía la calma, aparecen algunas dinámicas triádicas incipientes:

«Me acuerdo de volver a casa. Era un sábado por la noche. Entré y estaba puesto Match of the Day. Me acuerdo de eso, y yo me había tomado unas cuantas y mi padre estaba en plan: “¿Qué le pasa? Está, está, está, ha estado, ya sabes, ha estado raro”. Mi madre solo dijo: “Oh, está borracho, nada más”, ya sabes. Simplemente, ya sabes, con total naturalidad, no, ya sabes, nada, nada preocupada. Solo en plan: “Está borracho y ya”, ya sabes, y. Sí. Así que mi padre intentaba analizarlo y mi madre estaba como... Ya sabes, y mi padre se ponía un poco más nervioso con eso que mi. Ya sabes, mi madre simplemente, es, “Ha estado bebiendo, ya sabes. ¿Qué ha pasado?”. Yo estaba bien. Quiero decir, era solo, ya sabes, pero. Era simplemente una manera distinta de. Ya sabes, él no conseguía entenderlo. Y ella lo vio enseguida y simplemente no le dio importancia. Y era simplemente, ya sabes, era bastante, era. Era como divertido».

David se expresa con poca fluidez, con varios reinicios cuando habla de la reacción de su padre. Su padre «intentando analizarlo» pasa a estar «un poco más nervioso» y luego aparecen varias interrupciones en torno a «él no conseguía entenderlo». Esta falta de fluidez sugiere quizá el miedo a que su padre se enfadara, y David agradece que su madre le quite hierro a esa reacción. Lejos de encontrar angustiosa la falta de afecto entre su madre y su padre, como le ocurría a Jennifer, David encuentra tranquilidad en una dinámica parental en la que el enfoque frío de su madre podía impedir que las cosas se intensificaran con su padre. Su idealización de ella tiene sentido si esa amortiguación de la emoción podía protegerlo de la ira de su padre.

Esta ira pudo verse alimentada por lo que David describió como una «competición entre mi padre y yo por la atención y la aprobación de mi madre». Curiosamente, esto se parece a la familia de Jennifer, pero su madre no atraía a David hacia sí del mismo modo que la madre de Jennifer. Tampoco David sentía ni parecía ejercer el mismo poder sobre su padre que Jennifer sobre el suyo, ni recibía como recompensa el consuelo de su madre, lo que significa que esta dinámica no se habría desarrollado del mismo modo. En última instancia, al parecer, David se siente rechazado por su madre y su padre, sobre todo, aunque no exclusivamente, por su padre:

«Yo solo existo porque si… la segunda hubiera sido un niño, o si hubiera habido un niño y una niña, dudo que me hubieran tenido…

Creo que yo era una parte central de sus vidas. Y creo que ellos estaban. Sí, creo que estaban. Mmm. Como orgullosos de mis logros, pero también. Creo que están orgullosos de mi equipo… no les gustaba especialmente como persona o, ya sabes, mi padre, ya sabes, tenía dificultades conmigo como personalidad».

Curiosamente, ser el niño que querían no es la interpretación que hace David (ni lo que siente), sino más bien que habrían decidido no tenerlo de no ser porque sus hermanas mayores eran mujeres. Ahora se siente central en sus vidas, pero no como persona: la tríada solo se sostiene mientras los sentimientos profundos y el yo auténtico permanezcan ocultos.

David ha aprendido a desconectarse para seguir siendo «central» en la vida de su madre y su padre. La seguridad reside en la invisibilidad y en no agitar las aguas. Al describir experiencias difíciles, David procuraba no atribuir culpas e incluso asumir parte de la responsabilidad de lo ocurrido, por ejemplo, que se lo «merecía» cuando su padre le daba puñetazos, y que «todo era solo una compensación por su propio sentimiento de insuficiencia… sin duda se sentía un fracasado por lo que le había pasado en el trabajo». La autoinculpación y la exoneración de su padre, junto con la «calma» sin respuesta de su madre, sirven para mantener unido el triángulo al no dejar espacio para que los sentimientos de ira arraiguen (salvo momentáneamente). La distancia de su madre, como la suya propia, es la fuerza protectora que mantiene a raya la ira de su padre. El precio es, de hecho, poder ser él mismo en ese espacio; hay aquí una paradoja: para ser «central» para su madre y su padre (desempeñar un papel activo en sus vidas, no ser rechazado), debe ser al mismo tiempo periférico (desconectarse emocionalmente y como «personalidad»). La única solución ante el conflicto y los sentimientos difíciles es esperar a que todo pase.

Triángulos relacionales actuales y temor clave en los cuidados

Este análisis sugeriría que Jennifer podría verse fácilmente como la pieza clave que mantiene todo unido en su familia actual, temiendo que todo se desmorone si no intenta ansiosamente «asegurarse» de que todo va bien. Es exactamente lo que David nos contó que había ocurrido cuando la pareja pasó de ser simplemente una díada a ser una familia, recreando sin querer el riesgo triádico que la preocupaba desde la infancia:

«David: Jennifer era una especie de persona relajada, más relajada, despreocupada, como, ya sabes, el alma de la fiesta, ese tipo de cosa. …. Y en cuanto tuvimos a los niños, eso cambió por completo. Simplemente dio un giro. Y entonces, ya sabes, y Jennifer, ya sabes, cambió por completo y se volvió, ya sabes, totalmente centrada en los niños y en sus problemas de desarrollo y en sus propios problemas y, ya sabes, y simplemente, ya sabes. Así que, para ser sincero, sé que suena extremo, pero tener hijos destruyó por completo nuestra relación. Jennifer siempre se ha centrado en lo que les pasa a los niños, ¿no?, ¿sabes? Y, y sinceramente creo que ella piensa que tienen problemas más graves de los que realmente tienen, y que sus preocupaciones por ellos en realidad han aumentado sus problemas y han hecho que se preocupen por sí mismos cuando probablemente no hacía falta. Así que sí, es, sí. Ahora bien, claro, ha habido muchos momentos de alegría, y ya sabes, y ya sabes, pero ha sido jodidamente duro, ¿vale?

Jennifer, ¿tú habías? ¿Cómo lo ves?

Jen: Sí, estoy de acuerdo con eso. Sí. Me volví hipercentrada en, ya sabes, y ansiosa en cuanto nació Damien, ya sabes, no le habían diagnosticado nada. Luego yo, pero yo desde muy pronto, desde, desde el principio, lo vivía, ya sabes, como, sí, no, simplemente ansiosa y deprimida y neurótica con los niños, y no podía, no podía priorizar».

La creación de dinámicas triádicas parece haber activado el miedo de Jennifer a que, si ella no gestiona las cosas, su familia se desmorone. Sus guiones autoprotectores exageran tanto el peligro como, sobre todo, su propio poder e importancia para mantenerlo todo unido. Describe sentir miedo en relación con los niños, pero sin poder localizar el problema, lo que aumenta su ansiedad. La relación de la madre y el padre de Jennifer estaba envuelta en secretos (p. ej., las aventuras de su padre) y en una complejidad interna (sus reconciliaciones y rupturas) a las que una niña pequeña no podía dar sentido cognitivamente, lo que abrió el espacio para sus guiones en torno a mantenerlo todo unido. Al no poder precisar los problemas de su familia actual (quizá porque, al principio, no existían), Jennifer se vuelve más temerosa: un peligro invisible e incognoscible resulta mucho más amenazante.

Esto ha desconcertado por completo a David. Sus relatos sugieren que su manera de mantener unido el triángulo es atrincherarse y esperar a que pase la tormenta; un deseo de mantener las cosas «en calma», «sin grandes incidentes negativos». Sin embargo, sus intentos de crear distancia para aplacar la tormenta parecen tener el efecto contrario al de su triángulo de la infancia. Alimentan la ansiedad de Jennifer, que percibe que él escapa a sus intentos de gestionar el peligro para todos. Si ella está en medio intentando mantener a todos unidos, David es como su madre, que «arranca» la mano. Cuanto más incognoscible e inalcanzable se vuelve David para Jennifer, más aumenta su ansiedad y su búsqueda de implicación; y, por supuesto, más se retira David. Así, ella se queja de sentirse «desconectada, desconectada, desconectada», mientras siente a la vez que camina sobre «cáscaras de huevo», con la perspectiva de que todo se resquebraje en cualquier momento. Más allá de retirarse emocionalmente, lo único que David se ve capaz de hacer es arreglar cosas prácticas para los hijos, en un intento algo desacertado de que Jennifer deje de preocuparse por ellos. Sin embargo, y esto es crucial, esta dinámica es triádica: opera a través de los hijos y de sus «problemas», y en relación con ellos, más que ser algo inherente a ellos dos; el ciclo surgió cuando pasaron de ser una pareja a ser una tríada.

Por desgracia, cuando David intenta tomar el control para zanjar el problema, es probable que Jennifer se sienta menos «en medio» de las cosas y, por tanto, menos capaz de evitar la ruptura familiar. Un conflicto reciente a propósito de la escolarización de Matthew ilustró este conflicto. Matthew manifestó interés por ir a otro colegio porque es amigo de algunos chicos de allí y no tiene amistades en su colegio actual. David llamó al colegio y se enteró. De que justo ese mismo día había quedado libre una plaza (antes no la había) y a Matthew le ofrecieron un periodo de prueba.

«David: Ella entró en una especie de momento de pánico, desesperación, ansiedad y

Jen: y tú te enfadaste. Muchísimo. Y a través de, ya sabes, estábamos en aquel pasillo, ¡y entonces David explotó por mi reacción!

David: ¡Solo dije: oh, no!

Jen: Explotó, para mí, me pareció que tú. Y para mí es simplemente, sí, cosa, y, y es que gritaste o dijiste, tú eres, ya sabes, tú, tú simplemente, no sé, simplemente, había mucho tú, tú, tú, y te fuiste hecho una furia.

David: Bueno, yo estaba entusiasmado. Pensé: esto es genial, ya sabes, esto es una, esto es una casualidad afortunada. Hay una, ya sabes, alguien se ha ido literalmente el mismo día en que los llamo, ya sabes. Así que hay, es, ¡y tú solo eres capaz de ver lo negativo!

Jen: fue, fue un golpe para mí, porque Matthew, esté en el colegio que esté, lo pasa mal, y le cuesta adaptarse, y sobre todo después de unas vacaciones cortas o de una pausa escolar, ¡no quiere, en todos y cada uno de los colegios! ¡No quiere volver! Así que empieza a decir: “¡No quiero ir a este colegio! Quiero estudiar en casa. No quiero hacer tal o cual cosa”. Así que, él, él tiene, lo pasa mal en todos los colegios a los que va, con rechazo escolar o una resistencia reticente a ir. Así que, ya me conoces, con mis lecturas e investigaciones interminables y todo eso, ya sabes que he estado intentando, ya sabes, en cualquier, dondequiera que vaya, intento que él, que se adapte».

David está entusiasmado porque cree que ha resuelto el descontento actual de Matthew, pero Jennifer está horrorizada de que, a pesar de sus enormes esfuerzos por gestionar la situación, sus «lecturas e investigaciones interminables», y de ser ella la que, «dondequiera que vaya, intento que él… Se adapte», la situación se le haya escapado de las manos. Las acciones de David relegan a Jennifer a la periferia de la solución de los problemas de Matthew, y eso la asustó. Esto enfureció a David (porque su motivación era intentar calmar la ansiedad de Jennifer tratando de resolver el problema): «tú solo ves lo negativo». Esto remite entonces al miedo primordial de Jennifer a que todo degenere en violencia: «te quedaste en el pasillo. Te quedaste en el pasillo, ese espacio pequeño y cerrado, ¡y tiraste al suelo el Wanger del perro!». La «violencia» de David no se parece en nada a las peleas que ella vivió de niña, pero su imagen reiterada del «pasillo, ese espacio pequeño y cerrado» se hace eco de la sensación de estar atrapada en la violencia de su madre y su padre, como lo estaba de niña.

Intenciones triádicas de protección del hijo

A partir de estas experiencias, Jennifer desarrolló un guion correctivo muy fuerte: no quería tener un matrimonio como el de su madre y su padre, que solo parecía bueno visto desde fuera:

«Yo quería reproducir algo distinto de aparentar tener éxito, éxito como pareja. Yo quería; yo quería estar conectada. Yo quería. Sí, yo quería. Y con los niños, quería una familia. ¡De verdad, de verdad lo quiero! ¡Que fuera cariñosa y afectuosa y que alguien me quisiera y me apoyara! Y ser amable. Y. Abrazarme. Y a los niños. De verdad quería un marido que que».

El anhelo intenso, incluso desesperado, de Jennifer es el de una familia que no finja funcionar mientras oculta el conflicto, sino en la que pueda sentirse conectada y consolada sin el riesgo de que todo se desmorone. El deseo de un marido que la apoye y la quiera a ella y a los niños, pero mientras habla su hilo de pensamiento se tambalea: «un marido que que». Esto parece dejarla con el anhelo de algo distinto, sin ofrecerle guiones para hacer nada de otra manera: una fantasía correctiva más que una intención. Esto agudiza su percepción de lo que le falta a su pareja, intensificando en lugar de corregir los intentos de Jennifer de atraer a todos hacia sí, sobre todo a Matthew, que es el más receptivo. Una vez más, para Jennifer, encontrar consuelo alimenta el conflicto (véase la Figura 4). Implicar a sus propios hijos en el conflicto con David no es algo que Jennifer quisiera hacer, pero reflexionó: «Ahora veo que está mal, pero soy culpable de haberlo hecho».

David contó que su madre y su padre no se mostraban abiertamente mucho afecto; «creo que nunca vi ni siquiera un besito, ni una sola vez». David quería tener un matrimonio más apasionado, pero siente con tristeza que no ha sido así: «una parte de mí está como resignada, ese barco ya zarpó». Al mismo tiempo, David no quería ser sarcástico ni colérico como su padre. Prefiere un enfoque más distante, en el que las emociones sean moderadas y no desmedidas. Sin embargo, en su relación con Jennifer, cualquier señal de conflicto o de ira le parece muy peligrosa a Jennifer y, por desgracia, las cosas acaban intensificándose de maneras que ninguno de los dos desea: su relación está «fracturada». David no quería repetir con sus hijos la sensación de competición con su padre, pero mencionó que Matthew puede estar «triangulando entre nosotros dos, intenta hacer de padre con nosotros» y que a veces se pone del lado de Jennifer contra David, algo que a David le resulta difícil.

Impacto en el niño

La entrevista se centró en Matthew. Damien, ya adulto, seguía viviendo con su madre y su padre, pero parecía haberse apartado un tanto de la familia («replegado en su propio espacio y en sus actividades»), lo que posiblemente sea autoprotector, dada la dinámica que se estaba desplegando para Matthew. Curiosamente, ambos parecían ver la familia como un trío: «Matthew, estamos todos implicados, somos tres…. Jennifer y yo y Matthew estamos todos implicados».

Parece haber una semejanza notable entre la dinámica de Matthew con su madre y su padre y la experiencia de Jennifer de niña (aunque sin el mismo nivel de violencia). Matthew sentiría la atracción de su madre hacia la cercanía (a expensas de su padre), así como la necesidad de mantener unidos a su madre y su padre («intenta hacer de padre con nosotros», como lo expresó David). Curiosamente, Jennifer reveló que él sigue durmiendo con ella, a los 12 años. Es probable que Matthew sea consciente de la sensación de seguridad que obtiene su madre cuando se siente cerca de él y capaz de gestionar sus dificultades. Ambos sentían que Matthew se ponía con frecuencia del lado de su madre pero, como parece haber ocurrido en el incidente del colegio, parece capaz de utilizar la posición distante de su padre cuando siente la necesidad de llevar a cabo algún tipo de separación respecto de su madre. Sin embargo, dado el efecto «explosivo» en la relación de sus progenitores, a Matthew le resultaría difícil llevar esta dinámica muy lejos. Sin embargo, al mismo tiempo, sus «problemas», aunque preocupan a su madre, también refuerzan su posición como la que lo sostiene todo, lo que puede ofrecer a Jennifer cierta sensación de seguridad. Matthew puede sentirse tan atrapado en medio como Jennifer en su propia infancia (véase la Figura 4), con el mismo dilema irresoluble de necesitar mantener unidos a su madre y su padre y, al mismo tiempo, mantener cerca a su madre, alimentando así el conflicto parental. Esto se representa a continuación (Figura 5).

Matthew debe elegir entre el consuelo y el conflicto.
Figura 5. Matthew debe elegir entre el consuelo y el conflicto.

Recursos en la relación

En primer lugar, era notable que ambos expresaran algunas de estas dinámicas clave, fueran capaces de hablarlas entre sí (con un grado de acuerdo sorprendente) e intentaran activamente evitar algunos de los peores aspectos de lo que vivieron en su infancia. En esto lo habían logrado claramente, ya que parece evidente que ninguno de sus hijos habría vivido la violencia y el rechazo que Jennifer y David habían soportado de distintas maneras.

En segundo lugar, resultaba interesante que, aunque describieran su propia relación como «fracturada» (en palabras de David), como tríada con Matthew la familia parecía funcionar mejor que cualquiera de sus díadas. Esto ofrecía una especie de positividad compartida, aunque expresada con mayor claridad por David (sin que Jennifer la negara). El statu quo tiene sin duda costes para todos ellos, sobre todo para Matthew, pero también hay que señalar cierta resiliencia en esta tríada.

Propuestas para el futuro

Nuestra formulación triádica ofreció nuevas perspectivas sobre la relación de Jennifer y David. Había sido posible entender sus dificultades como relacionadas con sus estrategias de apego enfrentadas, pero faltaba en ello un elemento clave, revelado de forma muy viva por el ejemplo de la «buena noticia» sobre la posibilidad de un nuevo colegio para Matthew. Un enfoque triádico arrojó luz también sobre otras incoherencias aparentes. Por ejemplo, David contó hace poco que Jennifer parecía haberse vuelto más ansiosa, y no menos, porque él había sido amable con ella. Esto pasó a verse como un ejemplo más de que ella era neurótica y de que David albergaba una ira subyacente siniestra. Este tipo de interpretaciones pueden atrapar a las parejas, de modo que incluso los acontecimientos potencialmente positivos se ignoran o se leen dentro de un marco patológico. Darse cuenta de que cada uno responde en función de resonancias con peligros vividos en procesos triádicos anteriores de su pasado puede ser liberador. Jennifer puede ver que su incapacidad para confiar en los acontecimientos positivos está moldeada por su experiencia del engaño entre su madre y su padre: para estar a salvo tuvo que vigilar continuamente ese engaño, y no podía, ni puede ahora, confiar en una sensación de seguridad. En el caso de David, que se sentía a salvo manteniendo las cosas tapadas, y que decir y hacer cosas positivas complacería a su madre y su padre y le ayudaría a mantenerse a salvo.

Apoyándonos en sus guiones correctivos (véase más arriba), pudimos explorar cómo algunos aspectos de su relación mutua, y de su manera de colaborar como madre y padre, mostraban sus intentos de mejorar respecto a su pasado. Estaba claro que ninguno de los dos había querido simplemente repetir la relación de sus propios progenitores, ni como pareja ni en la crianza. Dado que declaraban que su relación de pareja había fracasado, hablamos de la opción de separarse y quizá encontrar nuevas parejas. Esta opción provocó una primera respuesta ansiosa que resonaba con sus papeles en la infancia en torno a no ser «lo bastante buenos. Sin embargo, también reveló rasgos positivos, como un fuerte sentido del humor compartido. A veces saltaban entre ellos chispas de diversión. También se defendían y se apoyaban resueltamente el uno al otro frente a sus respectivas familias de origen. Por ejemplo, ambos se apoyaban mutuamente mostrándose comprensivos ante las acciones negativas de sus madres y padres. Jennifer se compadecía de la vulnerabilidad de David frente al sarcasmo de su padre, y David, del control emocional que la madre de Jennifer ejercía sobre ella. En este sentido, como tríada (David, Jennifer, figura parental), David y Jennifer fueron capaces de crear una «cadena de resiliencia» (véase más arriba), generando el uno para el otro la seguridad que a cada uno le había faltado en sus relaciones diádicas de la infancia.

Conclusión

Nuestra experiencia con la Entrevista de Apego Familiar, ilustrada por Jennifer, David y sus hijos, sugiere que prestar atención a las dinámicas de apego triádicas, históricas y actuales, podría ser una línea de investigación fructífera. Curiosamente, la referencia a la tercera persona en la dinámica relacional permitía a veces dar más sentido a los patrones de apego diádicos que observar únicamente a la figura parental y al niño o la niña. Del mismo modo, el enfoque presenta evidentemente también dificultades. El cuestionamiento y el análisis triádicos pueden resultar confusos tanto para las madres y los padres como para quienes ejercen la clínica, inmersos en formas de pensar monádicas y diádicas (Ugazion et al., 2012). Esto puede hacer que la administración de la entrevista resulte «escurridiza», como si se persiguiera a la figura parental en busca de algo que siempre queda justo fuera de la vista. Sin embargo, sostenemos que la razón de ello es el cambio conceptual que se exige; un cambio al que la FAI intenta contribuir más que completar. Parecería prematuro abandonar esta oportunidad de una comprensión más plena y más precisa de las dificultades familiares por el hecho de que sea difícil. De hecho, como hemos argumentado, esto parece haber llevado a que la teoría del apego se haya quedado algo estancada, frenada por limitarse a los constructos surgidos de los avances en evaluación desarrollados en las décadas de 1970 y 1980. Esperamos abrir aquí un cierto margen para que puedan surgir evaluaciones, constructos e intervenciones de apego más sistémicos.

Complexe Systémique: puntos clave

El artículo devuelve al corazón de la teoría del apego lo que la terapia familiar sabe desde Bowen y Minuchin: un niño o una niña no solo se apega a cada figura parental, sino también a la relación entre ambas. La Entrevista de Apego Familiar lo convierte en una herramienta concreta, que explora el triángulo en la infancia de cada miembro de la pareja parental y en la familia actual, y lo lee con los criterios de coherencia del discurso derivados de la AAI. El caso de Jennifer y David muestra el alcance de este cambio: un ciclo de pareja de persecución y retirada se vuelve legible como la repetición de un lugar infantil «en medio», y su hijo de 12 años hereda el mismo dilema entre consuelo y conflicto. Para la práctica clínica, la pregunta por el lugar que uno ocupaba en la relación entre su madre y su padre es directamente utilizable, como lo es la búsqueda de las «cadenas de resiliencia» de la pareja. Los límites se reconocen: una herramienta todavía en desarrollo, un único caso analizado por el equipo que diseñó la entrevista y una formulación que deja poco espacio a la voz del propio Matthew. Puede leerse junto con el artículo sobre la Adult Exploration of Attachment Interview (AEAI) y con el artículo del mismo equipo sobre el rastreo de circularidades.

Notas del original

Declaración de conflictos de intereses. La autoría declaró no tener ningún posible conflicto de intereses en relación con la investigación, la autoría y/o la publicación de este artículo.

Financiación. La autoría no recibió ningún apoyo económico para la investigación, la autoría y/o la publicación de este artículo.

Referencias

Aber JL, Slade A, Berger B, et al. (1985). The parent development interview. Unpublished manuscript.

Ainsworth MDS, Blehar MC, Waters E, et al. (2015) Patterns of attachment: a psychological study of the strange situation. In: Patterns of Attachment: A Psychological Study of the Strange Situation. Psychology Press.

Ainsworth MD, Blehar MC, Waters E, Shaw S (1978) Patterns of attachment: A psychological study of the strange situation. Hillside, NJ: Lawrence Erlbaum.

Berastegui A, Pitillas C (2024) The family keyworker as a critical element for attachment resilience in the face of adversity. Journal of Family Theory & Review, 16(1): 106–123.

Bowen M (1971) The use of family theory in clinical practice. In: Haley J (ed) Changing Families: A Family Therapy Reader. Grune & Stratton.

Bowlby J (1949) The study and reduction of group tensions in the family. Human relations 2(2): 123–128.

Bowlby J (1990) A Secure Base: Parent-Child Attachment and Healthy Human Development. Basic Books.

Brown GL, Mangelsdorf SC, Neff C, et al. (2022) Infant attachment configurations with mothers and fathers: implications for triadic interaction quality and children's parental preferences. Early Childhood Research Quarterly 58: 155–164.

Byng-Hall J (1986) Family scripts: a concept which can bridge child psychotherapy and family therapy thinking. Journal of Child Psychotherapy 12(1): 3–13.

Crittenden P (2017) Raising parents: Attachment, representation, and treatment. London: Routledge.

Crittenden PM, Landini A (2011) Assessing Adult Attachment: A Dynamic-Maturational Approach to Discourse Analysis. WW Norton & Company.

Dallos R, Draper S (2024) An Introduction to Family Therapy. 5th edition. Open University Press.

Dallos R, Grey B (2025) Attachment-based interview analysis: the MotC and AAI as a research method. In: Grey B (ed) The Meaning of the Child Interview: Making Sense of Parent-Child Relationships, Palgrave Texts in Counselling and Psychotherapy. Palgrave Macmillan.

Dallos R, Lakus K, Cahart MS, et al. (2016) Becoming invisible: the effect of triangulation on children’s well-being. Clinical Child Psychology and Psychiatry 21(3): 461–476.

Dallos R, Grey B, Stancer R (2023) Anger without a voice, anger without a solution: parent–child triadic processes and the experience of caring for a child with a diagnosis of autism. Human Systems: Therapy, Culture and Attachments 3(1): 51–71.

Dubois-Comtois K, Moss E (2008) Beyond the dyad: do family interactions in.uence children’s attachment representations in middle childhood? Attachment & Human Development 10(4): 415–431.

Emde RN, Wolf D, Oppenheim D (2003) Revealing the Inner Worlds of Young Children: The Macarthur Story Stem Battery and parent-child Narratives. Oxford University Press.

Farnfield S (2015) The child attachment and play assessment (CAPA): validation of a new approach to coding narrative stems with children ages 3–11 years. International Journal of Play Therapy 25(4): 217–229.

Gatta M, Miscioscia M, Simonelli A, et al. (2017) Contribution of analyses on triadic relationships to diagnostics and treatment planning in developmental psychopathology. Psychological Reports 120(2): 290–304.

George C, Main M, Kaplan N (1996) Adult attachment interview. Interpersona: An International Journal on Personal Relationships.

George C, Solomon J (2008) The caregiving system: a behavioral systems approach to parenting. In: Cassidy J, Shaver P (eds). Handbook of attachment: Theory, research, and clinical applications. Guilford Press, Vol. 2nd, 833–856.

Gerlach J, Fößel JM, Vierhaus M, et al. (2022) Family risk and early attachment development: the differential role of parental sensitivity. Infant Mental Health Journal 43(2): 340–356.

Grey B (ed) (2025a) The meaning of the child interview: making sense of parent-child relationships Palgrave Texts in Counselling and Psychotherapy. Palgrave Macmillan.

Grey B (2025b) How to code the meaning of the child interview. In: Grey B (ed) The Meaning of the Child Interview: Making Sense of Parent - Child Relationships, Palgrave Texts in Counselling and Psychotherapy. Palgrave Macmillan.

Grey B (2025c) MotC-based formulation – using the meaning of the child interview to plan intervention. In: Grey B (ed) The Meaning of the Child Interview: Making Sense of Parent-Child Relationships, Palgrave Texts in Counselling and Psychotherapy. Palgrave Macmillan.

Haley J (1978) Ideas which handicap therapists. In: Berger M (ed). Beyond the double bind. New York: Brunner/Mazel, 65–82.

Larrieu JA, Stevens M, Zeanah CH (2014) The Working Model of the Child Interview. The Routledge Handbook of Attachment: Assessment, 133.

Main M, Kaplan N, Cassidy J (1985) Security in infancy, childhood, and adulthood: a move to the level of representation. Monographs of the Society for Research in Child Development 50(1/2): 66.

Marvin RS, Stewart RB (1990) A family systems framework for the study of attachment. In: Greenberg MT, Cicchettih D, Cummings EM (eds) Attachment During the Preschool Years: Theory, Research, and Intervention. University of Chicago Press, 51–86.

Minuchin S (1974) Families and Family Therapy. Harvard University Press.

Palazzoli MS, Cecchin G, Prata G, et al. (1978) Paradox and Counter Paradox: A New Model in the Therapy of the Family in Schizophrenic Transaction. Jason Aronson.

Shaver PR, Belsky J, Brennan KA (2000) The adult attachment interview and self-reports of romantic attachment: associations across domains and methods. Personal Relationships 7(1): 25–43.

Shmueli-Goetz Y, Target M, Fonagy P, et al. (2008) The child attachment interview: a psychometric study of reliability and discriminant validity. Developmental Psychology 44(4): 939–956.

Ugazion V, Fellin l, Negri A, Colciago F (2012) Is systemic thinking really extraneous to common sense? Journal of Family Therapy, 34(1): 53–71.

Yin RK (2018) Case Study Research and Applications: Design and Methods. 6th edition. Sage Publications Ltd.

Traducción no oficial al español de Exploring attachment as a triadic process: The family attachment interview, de Rudi Dallos, Ben Grey y Rebecca Stancer, Human Systems, vol. 6, no 2 (2026), doi: 10.1177/26344041251395022, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

El artículo original, «Exploring attachment as a triadic process: The family attachment interview», se publicó en Human Systems (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Esta versión es una traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, con una presentación adaptada para la lectura en línea, tal como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.

Leer el artículo original

Cómo citar este artículo

Dallos, R., Grey, B., y Stancer, R. (2026). Exploring attachment as a triadic process: The family attachment interview. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/exploring-attachment-as-a-triadic-process-the-family-attachment-interview (Obra original publicada en 2025 en Human Systems: Therapy, Culture and Attachments, 6(2), 112-131 (2026); republicada en 2026 por Human Systems, https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/26344041251395022)

Carrito

Su carrito está vacío.