Esta versión ha sido traducida del francés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Enfoque contextual · Reparación
Imagine una terapia en la que la justicia relacional, la lealtad, la ética y el reconocimiento mutuo no son ideas abstractas, sino los cimientos mismos del cuidado. Una terapia que no se limita a comprender los síntomas, sino que se dedica a reparar los vínculos. Es lo que propone el enfoque contextual desarrollado por Ivan Boszormenyi-Nagy.
El enfoque contextual fue concebido en la década de 1950 por Ivan Boszormenyi-Nagy, psiquiatra de origen húngaro instalado en Estados Unidos. En una época en la que la terapia familiar empieza a estructurarse, propone una visión profundamente humanista e integradora, influida por el psicoanálisis de Ferenczi, la filosofía dialógica de Martin Buber y también el enfoque sistémico emergente.
Lo que distingue fundamentalmente a este enfoque es su voluntad de no separar la psicología individual de las dimensiones éticas e intergeneracionales de las relaciones humanas.
Para Nagy, toda relación humana se apoya en cinco dimensiones fundamentales.
El contexto de vida objetivo: nacer niña o niño, en la riqueza o en la pobreza, con buena salud o no. Ahí residen las injusticias distributivas.
La vivencia interna de cada persona, su manera propia de experimentar lo que le sucede.
Las dinámicas sistémicas dentro de la familia, los bucles y los juegos relacionales que se instalan en ella.
La manera en que los dones, los cuidados, las deudas y las responsabilidades circulan en los vínculos.
La dimensión llamada «óntica»: el lugar del sentido, de la trascendencia, de lo simbólico.
Desde esta perspectiva, cada relación funciona como una cuenta corriente afectiva: registramos, a menudo de manera inconsciente, lo que damos y lo que recibimos. Es lo que Nagy llama el libro mayor de las cuentas familiares (ledger), una pizarra oculta presente en todas nuestras relaciones.
Cuando la cuenta está equilibrada, la relación se percibe como justa y la confianza circula libremente. Pero cuando una persona da sin recibir nada a cambio, o recibe sin que se le reconozca lo aportado, se instala el sentimiento de injusticia — y con él, a veces, los síntomas psíquicos o relacionales.
Según Nagy, de la historia relacional pueden surgir dos formas de legitimidad.
Constructiva
Los dones se reconocen y se valoran. Esta legitimidad favorece el desarrollo, la confianza y la continuidad de los vínculos.
Destructiva
Los dones se ignoran, se niegan o se exigen injustamente. Esto genera un sufrimiento que puede transmitirse a otras personas, en una lógica transgeneracional.
Una persona abandonada en su infancia puede así buscar, en la edad adulta, una reparación inconsciente de esa herida en su pareja, que pasa entonces a cargar con una deuda que no ha contraído.
Un concepto clave de este enfoque es el de lealtades invisibles. Estas lealtades suelen ser inconscientes, involuntarias, pero poderosas. Nos vinculan a nuestra familia de origen, incluso cuando los vínculos son dolorosos, conflictivos o están rotos.
Un ejemplo clásico: una persona que creció con una figura parental alcohólica puede desarrollar, años más tarde, un consumo problemático de alcohol. Esto puede entenderse no como una simple reproducción, sino como un intento inconsciente de comprender, de acercarse o incluso de perdonar a esa figura, exponiéndose a las mismas vulnerabilidades.
El enfoque contextual insiste en un punto esencial: la infancia necesita tanto recibir como dar. Es dando — atención, apoyo, amor — y viendo reconocidos sus dones como niñas y niños construyen su autoestima, su sentimiento de utilidad y de competencia.
Pero cuando la criatura se ve obligada a dar en detrimento de sus propias necesidades, se habla de parentificación. Ocupa entonces el lugar de la figura parental y se convierte en su apoyo emocional, a veces incluso en su cuidadora o su confidente. La terapia contextual busca, por tanto, validar los dones de la criatura, reconocerlos sin privarla de esa función que la ha construido, pero aliviándola de esa carga.
La postura terapéutica contextual es exigente. Se basa en un principio central: la multiparcialidad direccional. Quien ejerce la terapia no permanece neutral. Se compromete sucesivamente con cada miembro de la familia, incluidos quienes han podido causar una injusticia. No busca culpables, sino responsabilidades compartidas, cuentas que equilibrar, dones que reconocer.
Esto puede dar lugar a preguntas poderosas.
La terapia contextual es a la vez individual y colectiva: puede practicarse en sesión individual, de pareja o de familia. Su objetivo no es señalar responsabilidades morales, sino restablecer el equilibrio, restaurar la confianza y hacer posibles reparaciones relacionales.
Es un enfoque profundamente comprometido, que toma en serio las dimensiones éticas, transgeneracionales, culturales y emocionales del cuidado psíquico.
En una época en la que los vínculos familiares a veces se rompen y en la que las heridas intergeneracionales cuesta ponerlas en palabras, el enfoque contextual ofrece una brújula valiosa. Nos recuerda que la sanación no proviene solo de la comprensión, sino también del reconocimiento, de la justicia y del respeto de los dones recibidos y ofrecidos.
La presentación completa de este enfoque puede verse en el vídeo de abajo.
Cómo citar este artículo
Besse, J. (2025, 7 de septiembre). Injustices relationnelles, loyautés invisibles et réparation : ce que nous révèle l'approche contextuelle. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/fr_FR/articles/injustices-relationnelles-loyautes-invisibles-et-reparation-ce-que-nous-revele-l-approche-context
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