El texto del artículo es el original en español. Los elementos editoriales añadidos por Complexe Systémique (presentación, puntos clave, notas) se han traducido con la ayuda de la inteligencia artificial.
Red Sistémica · Terapia familiar
Cuando la relación entre progenitores e hijos se ha interrumpido bruscamente, sin un proceso gradual de separación, la persona adulta busca sin fin vínculos compensatorios: tiene que «llenar de plenos un saco agujereado». A partir de su investigación de seguimiento, realizada ocho, diez o doce años después del final de las terapias, Maurizio Andolfi, Claudio Angelo y Paola D’Atena describen el trabajo de reconstrucción de los vínculos originarios, la sorprendente viveza del recuerdo de las sesiones con tres generaciones –una cuestión de memoria procedural– y la activación duradera de los recursos familiares frente a los eventos estresantes.
«El vínculo terapéutico se constituye alrededor de una serie de emociones compartidas entre terapeuta y paciente».
Maurizio Andolfi, Claudio Angelo y Paola D’Atena
Nota de la redacción
Este texto es el segundo fragmento del capítulo I del libro La terapia narrata dalle famiglie. Una prospettiva di ricerca intergenerazionale, nunca traducido al francés ni al español; la revista Perspectivas Sistémicas publicó su traducción española en su número 93. El primer extracto del mismo capítulo, que presenta el modelo trigeneracional y la muestra de la investigación, también está disponible aquí. Ambos textos se publicaron con títulos casi idénticos; los distinguimos por su contenido.
Una segunda condición de desequilibrio emocional es aquella que se determina a causa de un corte emotivo, es decir de aquella situación afectiva en la cual se ha producido una interrupción brusca de la relación padre-hijo sin un gradual proceso de separación. En este caso el adulto termina por construirse una imagen de sí deformada, como de alguien que cortando el vínculo del grupo familiar del cual forma parte, tiene que «llenar de plenos un saco agujereado». Será constantemente, y muchas veces afanosamente, a la búsqueda de vínculos de tipo compensatorios, pero difícilmente logrará pacificarse si no logra detenerse y buscar volver a vincularse ahí, donde ha acontecido el corte.
Se trata entonces de un proceso de reconstrucción de los vínculos originarios, lo que no quiere decir colmar vacíos que muchas veces se remontan a veinte o treinta años antes, sino más bien desenredar una maraña en el presente para buscar los hilos originarios: entonces la terapia con la familia será un trabajo de reconstrucción de los vínculos y de elaboración activa de la pérdida, que no será sentida como tal una vez que se haya entrado en su interior y se la haya enfrentado, en vez de negarla y cubrirla con otros vínculos sucesivos. Un ejemplo bastante significativo de este mecanismo lo encontraremos más adelante, cuando hablaremos de la familia Vianini.
La condición de parcial o, a veces, de total desarraigo produce muchas veces un estado de intranquilidad existencial que influencia y hace difícil no solo las relaciones familiares, sino también las de los amigos.
Durante la investigación hemos reunido muchas informaciones sobre este tema, sobre todo el significado y el impacto de los encuentros con las respectivas familias de origen al interior de las terapias de pareja.
Como ya se ha descrito en otros trabajos, el pasaje del «NO» de pareja al «NO» intergeneracional es una experiencia terapéutica de alto voltaje; es decir, la tensión aumenta cuando se comprenden mejor las bases de los rechazos y de las idiosincrasias de pareja, yendo a buscar la matriz en «cortes emotivos» precoces, acontecidos en las respectivas familias de origen. Y es recorriendo los momentos fundamentales que se puede regresar al presente con una diversa percepción de sí y de las relaciones actuales. En el follow up estas experiencias son muchas veces descritas como fundamentales para poder emprender nuevos itinerarios relacionales.
Para retener
El corte emotivo no es un vacío que haya que colmar a posteriori: es una maraña que hay que desenredar en el presente para encontrar los hilos originarios. Mientras la pérdida no se afronte desde dentro, queda cubierta por sucesivos vínculos compensatorios que nunca apaciguan. De ahí el interés, en terapia de pareja, de pasar del nivel conyugal al nivel intergeneracional.
Es impresionante experimentar cuánto potencial transformativo emana aunque sea de un solo encuentro en una sesión con las tres generaciones, y todavía más aún cómo se consolida en el tiempo la memoria histórica de estos encuentros.
A la pregunta (planteada ocho, diez o doce años después) «… ¿qué cosa recuerda del encuentro con su familia de origen?», nos sorprendía no solamente la respuesta de la persona interpelada, que hacía intuir los cambios sucedidos en el tiempo, sino también el sentimiento global de algo muy cercano, como de una experiencia muy reciente, vivida hace pocas semanas y no descrita como algo sucedido muchos años atrás. Pero entonces, ¿qué cosa está en la base de los recuerdos del pasado que parecen estar tan vivos en el presente?
Estos saltos temporales, tan típicos en los procesos de cambio internos en el individuo y característicos de verdaderos trastornos relacionales, tienen que ser leídos en una perspectiva compleja en donde hay una interacción constante entre diferentes niveles sistémicos –individual, familiar, cultural– a lo largo de dos dimensiones temporales: una vertical, el tiempo histórico, y una horizontal, el tiempo que se aclara en el presente. Se podría decir, como manifiestan Bergson y Roberts (1991), que se ocupan de la «perspectiva del curso de la vida», que para poder comprender el cambio es necesario tener presentes tres aspectos del tiempo: el tiempo ontogenético (el individuo), el tiempo generacional (la familia) y el tiempo histórico (contexto sociocultural).
El del individuo: el transcurso de una vida singular y de sus procesos de cambio internos.
El de la familia: la sucesión de las generaciones y las transiciones que impone al grupo.
El del contexto sociocultural, en el que se inscriben el individuo y su familia.
Aquello que nos sorprendía positivamente era el constatar que también el terapeuta, sometido a las mismas preguntas –«¿Qué recuerdas mayormente de aquella terapia? ¿Hay alguna imagen o metáfora que te haya quedado impresa de la terapia? ¿Qué ha representado para ti el encuentro con la familia de origen de la familia X?»–, relataba una experiencia muy viva y actual, con un recuerdo cercano de hechos y situaciones vividas con una específica familia muchos años antes. Está fuera de dudas que, sea para la familia como para el terapeuta, el recuerdo era más vivo en todas aquellas situaciones en donde los encuentros ampliados con las familias de origen habían sido «marcados» por imágenes, dramatizaciones (ver esculturas, etc.) u objetos metafóricos, capaces de capturar «la trama familiar» de modo concreto y tangible.
Lo dicho anteriormente pone en evidencia cómo en todas estas situaciones entran en juego, sea de parte de la familia o de la pareja como de parte del terapeuta, factores de carácter emotivo que testimonian la naturaleza y los contenidos de la relación terapéutica. En la descripción de lo sucedido en un específico proceso terapéutico, en efecto, no emergía solamente un relato episódico de hechos, sino que este era acompañado casi constantemente de vivencias emotivas. Aun cuando no se hacían referencias explícitas, tales vivencias emotivas podían ser captadas en la mímica de los interlocutores: casi siempre parecían determinantes en la evocación de los acontecimientos, como si la emoción ligada a la situación representase el estímulo más importante en su reconstrucción.
Todo esto puede ser vinculado a aquello que los neuropsicólogos llaman memoria procedural, es decir el recuerdo de hechos pasados, ligados no tanto a su desarrollo episódico cuanto a las sensaciones que los acompañaban y a la calidad de las relaciones a las cuales hacían referencia.
En todas las evocaciones de episodios que parecían haber revestido un particular significado para la familia, el terapeuta o las personas individualmente, la emoción subyacente implicada se transformaba en el motor del recuerdo y el elemento alrededor del cual se reorganizaba la interpretación de la realidad vivida por cada cual. Esto confirma la tesis, defendida siempre por nosotros, de la centralidad de la relación terapéutica en el proceso de cambio: en efecto, aunque a distancia de tiempo, resulta que el vínculo terapéutico se constituye alrededor de una serie de emociones compartidas entre terapeuta y paciente, resonancias que constituyen los puntos fundamentales a través de los cuales se entrelazan los itinerarios históricos personales de cada cual.
El contagio emotivo (Hatfield, Cacioppo, Rapson, 1977), terapeuta-familia o terapeuta-paciente, lejos de ser considerado solo un obstáculo que evitar en la relación, puede volverse una parte esencial, un recurso que nos permite entrar en la historia individual y hacer percibir a los otros que pueden «confiar» en aquello que en la relación se ofrece. De otro lado, la observación de estos componentes emotivos nos ha permitido muchas veces percibir, en el tiempo, la ideología subyacente del terapeuta y la sutil influencia que esta tenía sobre las inconscientes alianzas que se creaban entre él y algún componente de la familia (ver la pareja Fabietti); nos ha hecho también constatar cuán difícil es expresar un juicio de eficacia de las intervenciones, porque cuanto observamos en el tiempo de años es el producto histórico de muchos factores que han actuado en el tiempo, sumándose a la intervención terapéutica: aquello que tenemos frente a nosotros es solo el producto final, en donde los hechos y su interpretación son ensamblados bajo la influencia del contexto actual. La emoción ligada al emerger de todo lo acontecido organiza los recuerdos, no ya según el contexto en el cual vivía entonces la persona, sino según aquel en el que vive hoy, que ya los ha insertado en un marco diferente, construido sobre las experiencias que se han acumulado mientras tanto.
Un aspecto que se reproduce en los casos presentados en este libro es el de la activación de los recursos familiares frente a eventos estresantes y traumáticos acontecidos durante el tiempo, después de concluida la terapia. Como si la terapia hubiera servido a toda la familia para construirse un sistema de anticuerpos para hacer frente con mayor fuerza y competencia a nuevos eventos-problemas de la vida.
Para poder interpretar el fenómeno puede sernos de ayuda la teoría del family stress y del coping system (es decir, modalidades de cómo enfrentar un problema) en la reexaminación de Scabini (1995). El hecho de haber superado o enfrentado las dificultades familiares que han llevado a la petición de una intervención de terapia familiar parecería haber puesto en movimiento recursos que en el tiempo han permitido superar eventos estresantes sucesivos: «para una familia los efectos de una crisis no son necesariamente negativos… al contrario, la experiencia del estrés puede reforzar la fuerza de los individuos y de la familia» (Scabini, 1985).
El tema no es tan simplificable: por una parte está la importancia de los significados que la familia y los individuos atribuyen al evento estresante; por la otra, se verifica la presencia de capacidades familiares adecuadas al evento.
La fuerza de la pareja conyugal, una comunicación eficaz y el sentido de pertenecer al grupo familiar, además del apoyo de la red social más amplia, son factores que aumentan la eficacia de la estrategia de coping, desde el momento que intervienen como «moduladores del estrés» (Scabini, 1995)…
Para retener
Años después del final de la terapia, las familias describen menos la ausencia de nuevas dificultades que una mayor capacidad para atravesarlas: la terapia les habría servido para fabricar un «sistema de anticuerpos». La fuerza del vínculo conyugal, una comunicación eficaz, el sentido de pertenencia y el apoyo de la red social más amplia actúan entonces como moduladores del estrés.
Notas del original
(*) Título original del libro, inédito en castellano, con la esperanza de que alguna vez sea editado en español, del cual Perspectivas Sistémicas publica este segundo fragmento del capítulo I: «La terapia narrata dalle famiglie. Una prospettiva di ricerca intergenerazionale». Colección de Psicoterapia con la Familia, dirigida por Maurizio Andolfi. Raffaello Cortina Editore, Milán, Italia, 2001.
(Lea el texto completo en Perspectivas Sistémicas n.º 93, en kioscos y librerías.)
Quién firma este texto
(**) Maurizio Andolfi es neuropsiquiatra infantil y psicoterapeuta familiar, es profesor titular, docente de Psicodinámica del desarrollo y de las relaciones familiares de la carrera de Psicología en la Universidad «La Sapienza» de Roma, director de la Academia de psicoterapia de la familia y director responsable de la revista «Terapia Familiare». Es autor de numerosos ensayos; en 1999 publicó, en la misma colección, «La crisis de la pareja».
Claudio Angelo es neuropsiquiatra infantil y psicoterapeuta, didacta y supervisor de la Academia de psicoterapia de la familia de Roma, trabaja en el servicio psiquiátrico del hospital de Bolzano (Italia). Junto a Maurizio Andolfi ha publicado «Tiempo y mito en la psicoterapia familiar» (Turín, 1987).
Paola D’Atena es profesora asociada de Psicología social en la facultad de Psicología de la Universidad «La Sapienza» de Roma y consultora científica de la Academia de psicoterapia de la familia. Entre sus publicaciones recordamos La familia como recurso cognoscitivo (Milán, 1996), ejemplar no traducido.
Tradujo el Lic. Emilio Ricci, psicólogo clínico y de comunidad, terapeuta familiar italo-chileno, formado en la Università degli Studi di Roma «La Sapienza», profesor visitante en la Universidad Católica del Norte y encargado de la Unidad de Terapia Familiar (UTF) de la Escuela de Psicología de la UCN, Antofagasta, Chile.
Texto original publicado por Red Sistémica: «Terapia narrada por las familias» (primera publicación: La terapia narrata dalle famiglie. Una prospettiva di ricerca intergenerazionale, Raffaello Cortina Editore, Milán, 2001; fragmento traducido al español en Perspectivas Sistémicas, n.º 93). Republicado con el acuerdo de la revista.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Andolfi, M., Angelo, C., & D’Atena, P. (2022). La thérapie racontée par les familles. La coupure émotionnelle (Complexe Systémique, trad.). Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/fr_FR/articles/la-therapie-racontee-par-les-familles-la-coupure-emotionnelle (Obra original publicada en 2001 en La terapia narrata dalle famiglie. Una prospettiva di ricerca intergenerazionale, Raffaello Cortina Editore, Milán, 2001; fragmento traducido al español en Perspectivas Sistémicas, n.º 93; republicada en 2022 por Red Sistémica, https://redsistemica.ar/2022/08/01/terapia-narrada-por-las-familias/)
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