Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Family Process · Terapia familiar
Invitar al padre a cada cita, hablarle de otra manera, ayudarle a «estar con» el bebé, mediar entre progenitores que ya no pueden ni verse: 21 profesionales de centros familiares finlandeses describen cómo apoyan la coparentalidad. Marjatta Kekkonen (Finnish Institute for Health and Welfare), Angela Abela (University of Malta) y sus colegas de Jyväskylä y Helsinki identifican tres discursos profesionales y un punto ciego: la criatura.
Traducción no oficial al español de Ways of Supporting Coparenting in Child and Family Services: Discourses of Involvement, Capacity Building and Reconciliation, de Marjatta Kekkonen, Angela Abela, Marja-Leena Böök, Kaisa Malinen, Johanna Moilanen y Anna K. Rönkä, publicado en Family Process (Wiley) (2026), doi: 10.1111/famp.70159, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla se presenta en forma de lista. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Integrar la perspectiva de la criatura en todos los discursos sobre la coparentalidad permite al personal profesional construir un sistema familiar coparental verdaderamente triangular.
Marjatta Kekkonen, Angela Abela, Marja-Leena Böök, Kaisa Malinen, Johanna Moilanen y Anna K. Rönkä
Resumen
En la investigación sobre la parentalidad y las relaciones familiares se ha producido un desplazamiento visible desde las relaciones familiares diádicas —como la relación parentofilial— hacia las triádicas, como la coparentalidad. Del mismo modo, en la investigación sobre el apoyo a las familias se ha reclamado más conocimiento sobre cómo apoyar la coparentalidad de todas las familias. En este estudio nos interesaba saber qué tipo de discursos construye el personal profesional para ayudar a las figuras parentales a ejercer la coparentalidad, especialmente en las primeras etapas de la parentalidad. El contexto del estudio fueron los centros familiares finlandeses, de carácter preventivo y multiprofesional. Los datos se recogieron en cinco entrevistas de grupo focal con profesionales (n = 21) de los servicios de salud, servicios sociales, protección de la infancia y educación y atención a la primera infancia. Las entrevistas se grabaron en audio, se transcribieron literalmente y se seudonimizaron. Al identificar las posiciones profesionales y la doble agencia de las figuras parentales, pudimos distinguir tres formas profesionales de apoyar la coparentalidad: el discurso de la implicación coparental, el discurso del desarrollo de las capacidades coparentales y el discurso en torno a la reconciliación coparental. En cada discurso, el personal profesional recurría a diversas estrategias discursivas para evaluar y promover la coparentalidad en el sistema familiar. La agencia del padre se subrayaba en todos los discursos, pero los derechos de la infancia se abordaban principalmente en torno a la reconciliación coparental. Los resultados se discuten a la luz de la investigación existente sobre el apoyo a la coparentalidad. Como implicaciones prácticas para los servicios a la infancia y la familia, proponemos que el personal profesional saque activamente a colación las cuestiones de coparentalidad, para poder ofrecer así a las familias un apoyo tanto universal como específico. El estudio forma parte del proyecto de investigación Learning to coparent: A longitudinal, cross-national study on construction of coparenting in transition to parenthood (CopaGloba).
La coparentalidad designa la relación entre las figuras parentales y otras personas adultas que comparten la responsabilidad del cuidado y la crianza de una criatura en común. Es, por tanto, un subsistema familiar triádico, distinto de los subsistemas diádicos de la relación parentofilial y de la relación de pareja. La coparentalidad consta de varios componentes interrelacionados: el reparto de tareas, el acuerdo sobre la crianza, el apoyo mutuo frente al socavamiento entre progenitores y la gestión conjunta de la familia (Feinberg 2003). Hock y Mooradian (2013) han precisado los componentes de la coparentalidad del siguiente modo: armonía parental, preservación de los límites, conexión parental y cuidado recíproco. Una relación coparental que funciona bien está asociada positivamente a la adaptación parental y a los resultados en la infancia (Kotila and Schoppe-Sullivan 2015), y protege a las figuras parentales del estrés ligado a la crianza (Durtschi et al. 2017). Los servicios preventivos ofrecen un espacio natural y familiar para recibir apoyo en la coparentalidad. Estos servicios pueden, por ejemplo, intervenir cuando el padre muestra un retraimiento emocional hacia su bebé, ya que se ha demostrado que esto predice la posterior regulación emocional adaptativa de la criatura en la primera infancia (Gallegos et al. 2017). Las figuras parentales primerizas ven las dimensiones de la coparentalidad como una oportunidad de crecimiento y aprendizaje (Ranta et al. 2022), lo que implica la necesidad de recibir apoyo en el espacio preventivo de los servicios.
La investigación (p. ej., Durtschi et al. 2017; Feinberg 2003; Kuersten-Hogan 2017; McHale et al. 2004) considera la coparentalidad una forma muy importante de relación familiar, pero también algo que no funciona bien automáticamente entre quienes acaban de ser madres o padres, como indican, por ejemplo, los conflictos entre progenitores, las conductas de socavamiento y la falta de implicación (Darwiche et al. 2022; Favez et al. 2023; Ranta, Böök, et al. 2024). Por ello, la coparentalidad se considera un objetivo pertinente de la educación parental y la prevención (Feinberg 2003). Una coparentalidad de apoyo no solo beneficia al bebé, sino también a la parentalidad y al bienestar de cada figura parental (Durtschi et al. 2017). La investigación sobre la coparentalidad ha ampliado su foco más allá de las parejas divorciadas, para incluir a las no divorciadas y a las familias en formas y etapas diversas.
La manera en que madres y padres se reparten las responsabilidades de crianza está estrechamente ligada al contexto más amplio de las políticas familiares, los servicios y los valores culturales (Grunow and Evertsson 2019, 2021; Kekkonen, Böök, et al. 2023). Mientras que en muchos países occidentales, sobre todo en los nórdicos, la coparentalidad se valora desde la perspectiva de la igualdad de género, en las culturas familistas y colectivistas, donde a menudo se incluye a la familia extensa, es una fuente de solidaridad familiar y de apoyo social (Kekkonen, Böök, et al. 2023; Rönkä et al. 2026). De forma correspondiente, el apoyo preventivo temprano está condicionado por la política familiar vigente, el contexto sociocultural y las necesidades de las familias. La perspectiva preventiva remite a las prácticas e intervenciones que favorecen relaciones coparentales positivas y cooperativas antes de que los problemas familiares se conviertan en patrones de conducta disruptivos. La prevención busca mejorar la adaptación de las figuras parentales, la calidad de la relación de pareja, la implicación del padre y el desarrollo infantil (Feinberg and Sakuma 2011). Quienes investigan la coparentalidad temprana (Lindroos et al. 2025; Ranta, Paloniemi, et al. 2024) reclaman un trabajo preventivo que promueva la colaboración parental ya antes del nacimiento del bebé y durante los primeros años de la infancia. En los últimos años, un número creciente de programas de intervención familiar se centra en la coparentalidad además de en la parentalidad (Eira Nunes et al. 2021). Sin embargo, el apoyo temprano a la coparentalidad en los servicios preventivos sigue sin estudiarse.
En los países nórdicos, como Finlandia, el apoyo temprano a la coparentalidad está integrado en los centros familiares, que llegan prácticamente a todas las familias. En Finlandia, el centro familiar designa el conjunto de servicios integrados que buscan apoyar y promover la salud y el bienestar de la infancia, de las figuras parentales y de las familias. Los centros familiares ofrecen un apoyo universal, pero también adaptado a las necesidades de cada criatura y de su familia. Servicios como los centros de salud materna e infantil, los servicios sociales para las familias y los servicios de orientación familiar —pero también los servicios preventivos de protección de la infancia y los espacios abiertos de encuentro para las familias— forman parte del centro familiar. En consecuencia, los servicios sanitarios y sociales integrados en los centros familiares proporcionan un apoyo preventivo global en el periodo perinatal y en los primeros años de la infancia, a diferencia de los sistemas de servicios especializados y fragmentados de muchos otros países (Rautaparta-Pennanen et al. 2025; Serapioni 2023).
En este estudio nos centramos en las prácticas clínicas del personal profesional de los servicios a la infancia y la familia de carácter preventivo y de apoyo temprano agrupados en centros familiares. Nos interesaba saber qué tipo de discursos utilizaba este personal para ayudar a las figuras parentales a cooperar en la coparentalidad en la primera etapa de la parentalidad. Más concretamente, nos interesaban las maneras en que profesionales hablan a las figuras parentales para promover la coparentalidad, cómo variaba este discurso profesional en distintos contextos familiares y de servicio, y qué efectos podría tener esta variación de los patrones de habla en las posibilidades de las familias de recibir una ayuda adecuada en su coparentalidad.
El apoyo a la coparentalidad se ha incluido en intervenciones dirigidas a distintos grupos destinatarios, como las personas que esperan un bebé (Feinberg and Sakuma 2011), los sistemas familiares multigeneracionales (Gleeson et al. 2011), las familias frágiles (Carlson and Högnäs 2011), las figuras parentales jóvenes (Eira Nunes et al. 2021; Florsheim and Burrow-Sánchez 2023) o las familias tras el divorcio (Pruett and Donsky 2011). Existen asimismo intervenciones universales, como Family Foundation (FF) y Building Strong Families (BSF; Feinberg and Sakuma 2011), además de otras más focalizadas, como el Lausanne Trialogue Play (LTP) y el Coparenting and Family Rating System (CFRS) (McHale and Jenkins 2023). Apoyar y evaluar la coparentalidad es tarea del personal clínico de los servicios, pero requiere un acuerdo sobre qué se entiende por coparentalidad, qué instrumentos de evaluación utilizar, qué elementos son esenciales en la evaluación y cuáles son los grupos destinatarios (McHale 2011).
En la práctica clínica, el objetivo de las intervenciones ha sido tradicionalmente una única persona cuidadora o la díada parentofilial (McHale and Negrini 2018). Sin embargo, si no se presta atención a la colaboración parental, las consecuencias para la criatura pueden ser imprevisibles e incluso contradictorias, lo que conduce a intervenciones con resultados menos satisfactorios. McHale, Tissot, et al. (2023) señalan que en la práctica habitual de salud mental del bebé la evaluación de la coparentalidad todavía no ha recibido atención y que falta pericia sobre cómo hablar con las figuras parentales de la importancia de la coparentalidad para un desarrollo infantil sano. McHale, Tissot, et al. (2023) sostienen que adoptar un enfoque familiar sistémico y triangular, que incluya a ambas o a todas las personas adultas y a la propia criatura, exige que los servicios tengan en cuenta cuatro funciones: el compromiso, el trabajo en equipo, la presencia o ausencia de conflicto y el foco en la criatura. En cuanto al compromiso, la tarea fundamental es determinar si todos los miembros de la familia están comprometidos y, si no lo están, de qué manera no lo están. Ante una situación de desvinculación, retraimiento o exclusión, un punto de partida es preguntar a cada persona individualmente —sin dar prioridad a las madres— si tiene la oportunidad de un interés, un compromiso y un acceso iguales en la coparentalidad. La evaluación del trabajo en equipo se centra en la cooperación (o su ausencia) entre las personas adultas que ejercen la coparentalidad, no tanto en la simetría o el equilibrio como en la manera en que se consideran mutuamente y reconocen a la otra u otras como miembros plenamente participativos y necesarios del equipo. Evaluar la presencia o ausencia de conflicto supone identificar las diversas formas de falta de respeto entre quienes ejercen la coparentalidad: competición, enfrentamientos verbales, interrupciones y comentarios despectivos sobre la figura coparental ausente en presencia de la criatura. Por último, el foco en la infancia atiende a si las figuras coparentales muestran una sintonía adecuada con la criatura y sus necesidades. El foco en la infancia significa que las personas adultas son capaces de reconocer y validar las aportaciones, las emociones y la interacción de la criatura, de verla con precisión y de ponerse de acuerdo sobre lo que necesita, trabajando en alianza para satisfacer esas necesidades (McHale, Tissot, et al. 2023).
En los países nórdicos, como Finlandia, el apoyo a la coparentalidad está integrado en la oferta de servicios universales agrupada en los centros familiares, donde el personal profesional aborda, por ejemplo, la confianza mutua entre madre y padre, el reparto de responsabilidades, las concepciones compartidas de la crianza y la participación igualitaria en el cuidado infantil. Aunque el concepto de coparentalidad no se utiliza en la práctica clínica, profesionales de estos centros sí reconocen los elementos centrales de la cooperación parental (Kekkonen, Malinen, et al. 2023). Falta, sin embargo, en los servicios familiares finlandeses un enfoque más activo de apoyo a la coparentalidad de todas las familias. También se necesita una conciencia conceptual que permita dejar claro a las familias cuándo las cuestiones abordadas se refieren a la coparentalidad compartida, a diferencia de la relación parentofilial o de la relación de pareja romántica. Un conocimiento y una conciencia más amplios del modelo multidimensional de la coparentalidad llevarían a un enfoque más activo de apoyo a la cooperación parental en todas las familias usuarias de los servicios.
Un enfoque de la coparentalidad centrado en las relaciones triádicas, que incluyan al padre, a la madre y a la criatura, es una práctica esencial en los servicios. Centrarse en las relaciones diádicas significa apoyar la parentalidad o la relación parentofilial, lo que en la práctica a menudo equivale a trabajar con las madres. McHale y Negrini (2018) afirman que es poco probable que la mayor inclusión de los padres en el trabajo clínico, reclamada con frecuencia, llegue a producirse sin comprender la importancia de las relaciones coparentales triádicas. Según McHale y Negrini (2018), trabajar únicamente con el padre o con la madre es insuficiente: se necesita más bien un enfoque coparental triangular. Para ello, es preciso cuestionar las prácticas existentes en el conjunto de los servicios. Es esencial que, en las intervenciones preventivas y en los programas de apoyo, el personal profesional pueda fomentar dinámicas coparentales más sanas, mejorar el bienestar de las figuras parentales y promover un desarrollo positivo de la coparentalidad (Lu et al. 2024). Igualmente importante es promover arreglos coparentales positivos en la familia, incluidas las relaciones entre las figuras parentales y los abuelos y abuelas (Xu et al. 2024), así como centrarse en la cohesión y la alianza coparental de la pareja además de en la satisfacción conyugal y las competencias parentales (Morrill et al. 2010). Esto ilustra el cambio de paradigma en favor de la promoción de la coparentalidad, en el que se transmite a todas las familias, de forma coherente, reiterada y clara, la importancia de implicar a los padres.
Para el desarrollo temprano de la coparentalidad es crucial la manera en que el personal profesional recibe al padre o a la persona progenitora no gestante. Implicar a la otra figura parental en la coparentalidad es más eficaz al principio de la transición a la parentalidad. Evans et al. (2023), en el Reino Unido, mostraron en una revisión sistemática que el papel de las matronas era central, en particular en relación con las familias LGBTQ+. La persona progenitora no gestante podía tener una influencia positiva en la experiencia del parto de las mujeres cuando las matronas confiaban en ella y la alentaban como figura coparental. El International Neonatal Fathers Working Group de la Family Initiative propone que en los cuidados neonatales se preste atención al vínculo entre el padre y el bebé, a las diferencias entre la madre y el padre y al fortalecimiento de la relación coparental (Fisher et al. 2018). Un estudio de Russell y colaboradores (Russell 2019) mostró que la manera en que el personal de enfermería respondía a ambas figuras parentales en familias divorciadas con una criatura con diabetes dependía de su formación, lo que indica que se necesita más formación sobre coparentalidad. En Suecia, se invita a los padres y/o a las personas progenitoras no gestantes a asistir, individualmente o con su pareja, a las visitas posnatales rutinarias con el personal de enfermería de salud infantil, lo que se ha asociado positivamente a una mejor coparentalidad entre los padres que acudían a las visitas de salud infantil periódicas (Wells et al. 2023).
La exclusión de los padres en las prácticas de los servicios puede estar relacionada con las ideas del personal profesional sobre el interés superior de la infancia, sus creencias sobre la parentalidad ideal o sus presupuestos acerca de la parentalidad compartida. Autonen-Vaaraniemi (2022) estudió las actitudes del personal profesional finlandés hacia la paternidad tras el divorcio. Este personal subrayaba la importancia de tratar a madres y padres por igual, con independencia de su género. Sin embargo, lo que para estas personas pesaba más que la igualdad de género entre las figuras parentales era el interés superior de la infancia, que se consideraba mejor garantizado por la continuidad de la crianza a cargo de dos figuras parentales que cooperan y se apoyan mutuamente. Se prestaba escasa atención a la posibilidad de que este tipo de coparentalidad no funcionara bien, por ejemplo en situaciones de alienación parental. Los servicios de salud mental y los servicios sociales para las familias también pueden mantener una cultura y unas prácticas clínicas que excluyen a los padres (Lim et al. 2023). A partir de sus datos interaccionales de encuentros grabados en vídeo en centros de salud infantil de Finlandia, Tiitinen y Ruusuvuori (2015) afirman que el personal de enfermería (al igual que las familias) parte de presupuestos de género al hablar de cuestiones relacionadas con la parentalidad compartida. Así se observa, por ejemplo, en interacciones en las que las responsabilidades parentales de las madres se dan por sentadas y el papel de los padres se trata como algo que no es evidente. Hay también desviaciones respecto de los presupuestos de una parentalidad marcada por el género, por ejemplo cuando el personal de enfermería formula preguntas que invocan presupuestos de una parentalidad compartida más que diferenciada por género. Tiitinen y Ruusuvuori (2015) sostienen que los encuentros en los centros de salud infantil son un espacio no solo para reproducir ideas de la parentalidad marcadas por el género, sino también para tratar esos presupuestos como problemáticos y negociarlos, así como para discutir ideales de parentalidad potencialmente contradictorios. De forma similar, según el equipo australiano de Lim et al. (2023), los paradigmas de evaluación y tratamiento en salud mental del bebé privilegian a menudo la importancia de la relación entre el bebé y la madre. Recomiendan a profesionales que trabajen con todo el sistema familiar, que refleja de forma más completa el entorno interpersonal que da forma a las primeras experiencias del bebé. Identifican varias objeciones que cierran la conversación sobre la implicación de los padres en el trabajo de salud mental del bebé, que van desde la preocupación por su peligrosidad hasta el temor a generar trabajo adicional. Lim et al. (2023) animan a los equipos y a profesionales de la salud mental del bebé a reflexionar en su pensamiento y en sus conversaciones sobre la cultura del servicio y sobre cómo esta incluye o excluye a los padres y a otras personas adultas cuidadoras, por ejemplo mediante los procesos de acogida, las intervenciones terapéuticas predominantes o las maneras de hablar de los padres.
Pese a la investigación relativamente amplia sobre el apoyo a la coparentalidad, la literatura presenta una laguna sobre cómo el personal profesional de los servicios preventivos y de apoyo temprano puede apoyar deliberadamente a todas las familias en su propósito de cooperar en la coparentalidad. Esto nos lleva a plantear la siguiente pregunta de investigación: ¿cómo puede el personal profesional apoyar la coparentalidad en los servicios preventivos y de apoyo temprano para la infancia y la familia?
El contexto de la investigación es un centro familiar finlandés, es decir, un núcleo o red de servicios integrado y multidisciplinar (Serapioni 2023). Incluye servicios preventivos y de apoyo temprano, como los centros de salud materna e infantil, los servicios sociales para las familias, el trabajo familiar y la orientación familiar, así como espacios de encuentro abiertos y de bajo umbral para las familias. Sus profesionales realizan controles de salud infantil, ofrecen apoyo, orientación y asesoramiento en la crianza y fomentan relaciones parentofiliales sanas. Los servicios, basados en el principio de ventanilla única, se ofrecen a todas las familias, incluidas aquellas cuyas figuras parentales están divorciadas o en litigio.
El estudio formaba parte del proyecto de investigación Learning to coparent: A longitudinal, cross-national study on construction of coparenting in transition to parenthood (CopaGloba), centrado en el desarrollo de la coparentalidad a lo largo de la transición a la parentalidad y en los factores que la favorecen o la obstaculizan en la familia, la comunidad, la sociedad en general y la cultura.
En este estudio partimos de la base de que la coparentalidad se construye a través de discursos, en los que el propio lenguaje funciona como herramienta de práctica social y como manera de hacer cosas (Wood and Kroger 2000, 4). Al adoptar un enfoque discursivo, no vemos la coparentalidad simplemente como una cuestión práctica de la vida familiar (Ranta, Paloniemi, et al. 2024), sino como una cuestión de habla y de construcción discursiva de sentido, en la que los enunciados de las personas se consideran acciones con funciones específicas (Wood and Kroger 2000). Nos interesa qué tipo de discursos construye el personal profesional para promover y apoyar la cooperación de las figuras parentales en la coparentalidad. El estudio adopta una posición epistemológica construccionista social. Las opiniones de las personas profesionales entrevistadas, así como nuestras interpretaciones de ellas, reflejan las múltiples realidades construidas que emanan de nuestras interacciones sociales y de nuestros contextos culturales (Berger and Luckmann 1991; Gergen 2014).
Todas las personas firmantes cuentan con una larga experiencia en coparentalidad, parentalidad y servicios familiares, así como en investigación cualitativa. Quien firma en primer lugar tiene un amplio conocimiento de los servicios de los centros familiares y quien firma en segundo lugar destaca por su conocimiento del apoyo a la parentalidad y de los sistemas de servicios familiares a escala internacional, mientras que el resto de la autoría ha investigado la coparentalidad en figuras parentales primerizas, en familias divorciadas y en familias de acogida. Quien firma en último lugar tiene una amplia experiencia en investigación transcultural sobre la coparentalidad durante la transición a la parentalidad.
Los datos se recogieron entre profesionales de centros familiares situados en cuatro municipios1 participantes en Learning to coparent: A longitudinal, cross-national study on construction of coparenting in transition to parenthood (CopaGloba). Quien firma en primer lugar se puso en contacto con centros seleccionados, en los que una persona de contacto local informó a sus profesionales sobre el objetivo, la duración y el contenido de la entrevista, así como sobre el consentimiento. Las personas participantes (n = 21) trabajaban en salud materna e infantil, trabajo familiar, orientación familiar, trabajo social con familias, protección de la infancia, servicios de derecho de familia y educación infantil. Sus puestos correspondían a enfermería de salud pública, trabajo familiar, trabajo social, terapia, protección de la infancia y educación infantil. Dos participantes eran hombres. La edad media era de 47 años, con un rango de 33 a 62 años, y la experiencia profesional iba de tres a 40 años.
Se realizaron cinco entrevistas de grupo focal entre noviembre y diciembre de 2020, por videollamada de Microsoft Teams, ya que en aquel momento la pandemia de covid-19 restringía los contactos presenciales. El formato de videollamada de Teams ofrecía un espacio social neutro y compartido para la conversación libre, pero impedía al equipo investigador mantener contacto visual directo con las personas participantes u observar la interacción no verbal entre ellas. El tamaño de los grupos osciló entre tres y siete personas, lo que permitió a cada participante compartir sus experiencias, conocimientos y reflexiones sobre la coparentalidad, ya que un grupo pequeño es ideal para dar a todas las personas participantes tiempo suficiente para contar sus historias (Tausch and Menold 2016). No obstante, los datos recogidos en línea durante los años de la covid pueden ser menos ricos que los de las entrevistas focales presenciales, porque es más probable que las personas participantes se guarden comentarios e iniciativas espontáneos. Cada entrevista fue realizada por dos personas del equipo investigador, grabada en audio, transcrita literalmente y seudonimizada, hasta formar un texto de 139 páginas en total (Times New Roman 12, interlineado 1,5). La extensión media de las entrevistas era de 28 páginas, con un mínimo de 25 y un máximo de 31 páginas. El proyecto de investigación fue aprobado por el Comité de Ética de Ciencias Humanas de la University of Jyväskylä.
El guion de entrevista constaba de cinco temas: (1) concepciones y reflexiones del personal profesional sobre la coparentalidad; (2) cómo se habla de la coparentalidad en los servicios; (3) el apoyo a las figuras parentales y a las familias en su coparentalidad; (4) la coparentalidad en familias diversas, y (5) los efectos de la pandemia de covid-19 en las familias y la parentalidad. En este estudio utilizamos principalmente los datos relativos a los temas dos y tres, pero examinamos el conjunto de los datos para incluir todas las conversaciones sobre el apoyo a la coparentalidad. El tema 2 incluía, por ejemplo, preguntas como: ¿en qué servicios y de qué maneras se abordan actualmente los temas de coparentalidad?, ¿qué papel desempeña su propia organización en el apoyo a la coparentalidad?, ¿en qué servicios deberían ser más visibles los temas de coparentalidad? El tema 3 abarcaba preguntas como: ¿qué cuestiones hay que tratar con las familias o las figuras parentales en relación con la coparentalidad?, ¿en qué situaciones convendría ofrecer a la familia apoyo en la coparentalidad?, ¿qué tipo de prácticas utiliza para apoyar la coparentalidad? El habla en un grupo focal está ella misma moldeada por el contexto y lo renueva (Heritage and Atkinson 1984; Wood and Kroger 2000).
Las maneras específicas en que el personal profesional habla, usa el lenguaje y conversa con las familias desempeñan un papel central en las citas de los servicios. Por «discurso» entendemos un uso establecido del lenguaje, basado en una tradición particular y aplicado en la interacción y la conversación en un entorno, una comunidad o un ámbito profesional determinados. La manera establecida de usar el lenguaje en los servicios sociales y sanitarios constituye un discurso profesional general, propio de este ámbito (véanse Alasuutari 2010; Alasuutari and Markström 2011). En este estudio nos centramos en las prácticas discursivas profesionales y en su variación en torno al apoyo a la coparentalidad. Buscamos la variación de las prácticas discursivas identificando las posiciones profesionales, que indican maneras específicas de construir la relación entre quien habla y quien escucha (Wood and Kroger 2000).
Así, buscamos en los datos los rasgos que representan las diversas maneras de construir, mediante la conversación, el apoyo profesional a la coparentalidad. Había diferencias en la manera en que el personal profesional hablaba del objeto discursivo, como el apoyo a la coparentalidad, lo que implica que el objeto puede construirse de formas diversas. Las posiciones profesionales se construían «en la red de significados disponibles, que el personal profesional puede adoptar o en la que puede situar a otras personas» (Willing 2024, 160). Además, el personal profesional utilizaba «estrategias discursivas para gestionar un interés en la interacción social» (Willing 2024, 147), por ejemplo estrategias relativas a cómo ve a las figuras parentales, su relación mutua y sus necesidades de apoyo. Asimismo, las agencias de las figuras parentales construidas por el personal profesional tenían un doble carácter, a saber, «lo que hace una persona y lo que se le hace a una persona» (Wood and Kroger 2000, 101): lo primero designa a un agente y lo segundo a un paciente. Las agencias se formaban, además, en la orientación a la acción, concretada en los verbos que el personal profesional empleaba al hablar del apoyo a la coparentalidad. Exploramos en los datos los diversos significados discursivos de la coparentalidad construidos por el personal profesional, en lugar de abordarlos como «habla en interacción», como hace el análisis de la conversación (AC) en entornos institucionales (Wood and Kroger 2000, 21, citando a Schegloff 1989).
Para mejorar la fiabilidad de los resultados recurrimos a la triangulación entre personas investigadoras (Ravitch and Carl 2019): dos personas del equipo realizaron el análisis por fases, y el conjunto del equipo de investigación discutió varias veces los hallazgos hasta llegar a una interpretación común. De manera inductiva y basada en los datos (Ravitch and Carl 2019), quien firma en primer lugar separó individualmente todos los extractos relacionados con la promoción de la coparentalidad y estableció 71 códigos a partir de los datos. Códigos como apoyar a ambas figuras parentales, se invita al padre, necesidades infantiles o desacuerdos sobre la crianza ilustran esta fase. A continuación, quienes firman en primer y tercer lugar agruparon los códigos en subtemas (como padres varones, parentalidad, ambas figuras parentales), lo que puso de manifiesto que el habla del personal profesional ilustraba cómo este entendía e interpretaba las cuestiones planteadas en la conversación. Para analizar esta «acción que se realiza en el habla», se prestó especial atención tanto al contenido como a los recursos y prácticas discursivas utilizados por el personal profesional (Potter and Wetherell 1995; Wood and Kroger 2000). Después, se identificó la construcción de relaciones profesionales de apoyo con las figuras parentales a través de la variación de las posiciones de sujeto del personal profesional. En la fase final, se identificó la agencia de las figuras parentales, ya como agente activo, ya como paciente más pasivo. A continuación examinamos con más detalle las posiciones del personal profesional y las agencias de las figuras parentales.
Buscamos qué tipo de posiciones discursivas adoptaba el personal profesional al hablar de figuras parentales que necesitaban apoyo en la coparentalidad. Por posicionamiento entendemos un conjunto de elecciones discursivas que representan las diversas maneras en que el personal profesional construye la interacción y los encuentros comunicativos con las familias. Según Wood y Kroger (2000), «el posicionamiento se refiere a la constitución de quienes hablan y quienes escuchan de maneras particulares mediante prácticas discursivas, que son al mismo tiempo recursos a través de los cuales quienes hablan pueden negociar nuevas posiciones» (100). Identificamos tres posiciones de sujeto profesionales distintas respecto de las figuras parentales, atendiendo a los verbos específicos que el personal profesional utilizaba en sus relatos de los encuentros con las familias. Una categoría se formaba en torno a verbos relacionados con una comunicación profesional activa: preguntar, escuchar, invitar, conversar, adaptar, filtrar el saber experto, persuadir. El segundo posicionamiento se basaba en verbos vinculados a la intervención: guiar, orientar, aconsejar, servir de modelo, convencer, corregir, mejorar. El tercer posicionamiento construía al personal profesional como quien supervisa los derechos de la infancia, cuida de las necesidades de la criatura, define los derechos de las figuras parentales y les fija responsabilidades o límites.
Exploramos también qué tipo de agencias construía el personal profesional en relación con padres, madres, figuras parentales y criaturas para expresar la necesidad de apoyo y de promoción. Buscamos los actos de habla que expresaban e indicaban por quién se preocupaba el personal profesional en lo relativo a la coparentalidad. Observamos que el personal profesional podía construir a una figura parental como alguien que necesita implicación, ayuda, ánimo y consejo en su coparentalidad, o como alguien que actúa de manera igualmente responsable, competente o implicada en la coparentalidad. Esto responde a la distinción entre agente y paciente propuesta por Wood y Kroger (2000). Identificamos extractos en los que ambas figuras parentales, o solo el padre, se veían como personas que se beneficiarían de la capacidad profesional para adaptar su manera de hablar del embarazo, del cuidado del bebé o de la (co)parentalidad. En la construcción alternativa, los padres y las figuras parentales se veían como agentes coparentales iguales y competentes. Con estas herramientas analíticas procedimos al análisis.
Combinando las posiciones profesionales de comunicación, intervención y supervisión con la dicotomía agente-paciente de la agencia de las figuras parentales, configuramos tres discursos distintos de apoyo a la coparentalidad: un discurso de la implicación coparental, un discurso de las capacidades coparentales y un discurso en torno a la reconciliación coparental (Tabla 1). A continuación examinamos en detalle cada tipo de discurso.
Tabla 1 — Construcción de los discursos relativos al apoyo a la coparentalidad.
Discurso de la implicación coparental. Posición de comunicación: invitar activamente; animar; recibir personalmente; conversar; adaptar la comunicación; filtrar el saber experto; persuadir creando un espacio seguro.
Discurso del desarrollo de las capacidades coparentales. Posición de intervención: orientar; razonar con las figuras parentales; guiar; dar consejos concretos; servir de modelo; convencer, corregir.
Discurso en torno a la reconciliación coparental. Posición de supervisión: actuar con imparcialidad; mediar; promover el acuerdo mutuo; poner límites; supervisar las visitas.
El discurso de la implicación coparental describe cómo el personal profesional se vincula activamente con las figuras parentales —especialmente con los padres— invitándolas, animándolas y adaptando su comunicación. Estas personas profesionales actúan como expertas que buscan familiarizar a madres y padres con los roles parentales y las tareas de la coparentalidad. Los padres aparecen a menudo como ausentes o pasivos, y requieren una atención y una activación especiales para reconocer su papel en la coparentalidad. Este discurso surge cuando los padres empiezan a orientarse a la vez en su nuevo papel parental y en su posición como usuarios de los servicios para la infancia y la familia. El personal profesional percibe con frecuencia a los padres como retraídos o inactivos en distintos contextos y se sitúa como facilitador que acoge e incluye a los padres, sobre todo durante el embarazo, y los considera interlocutores clave junto a las madres.
Bueno, quizá invitamos activamente al padre a la consulta de salud materna (CSM) cada vez, para que pueda sentir que es bienvenido a participar y que no es solo un oyente, sino que también se le pregunta lo que piensa y también se tiene en cuenta cómo lo está llevando, así que estas son las cosas que se pueden desarrollar en la CSM, pero es comprensible que los padres trabajan y a la CSM se va en horario de oficina, así que no siempre es posible venir cada vez. (Katja)
En el discurso de la implicación, la pareja no se interpreta como una unidad indiferenciada, sino que se considera formada por dos personas individuales, identificadas por lo general como una madre y un padre y, en algunos casos, también como figuras parentales del mismo sexo. El personal profesional quiere comunicarse personalmente con ambas. No da por supuesto que una figura parental pueda representar o sustituir a la otra, sino que, apoyándose en el saber experto de que la coparentalidad es por naturaleza una relación entre dos personas adultas que tienen juntas una criatura (un bebé), recibe a ambas. Esto se aplica también a las parejas del mismo sexo. «Si pienso en las parejas del mismo sexo, parecen tener los mismos problemas que las demás familias, así que el sexo de las figuras parentales no importa, porque hablamos de las mismas cuestiones» (Asta). Aunque hablan de las figuras parentales en plural, sus profesionales señalan a los padres como quienes rara vez acuden a los centros de salud infantil; en consecuencia, se espera su participación y se les da la bienvenida en los servicios.
Bueno, yo, yo en mi propio trabajo sí que insisto, ya desde el embarazo, en que quiero ver a la pareja, a los dos, da igual de quién o de qué temas estemos hablando, porque los temas siempre afectan a los dos, si los dos proge…, o en este caso, si el padre está y tiene ganas [de participar]. (Jutta)
Al implicar a los padres en la misma medida que a las madres, el personal profesional busca reforzar y activar la agencia del padre como figura coparental. Al subrayar que ambas figuras parentales pueden acudir a los servicios por igual, abre un espacio propio para que el padre actúe en la coparentalidad de pleno derecho, también como padre del bebé. Sin embargo, la asistencia igualitaria del padre parece entrar en tensión con la pericia profesional en materia de orientación sobre la lactancia. El tartamudeo de la profesional en el siguiente extracto puede indicar que la enfermera de salud pública se sentía algo desbordada en su nueva posición de guía de lactancia ante una figura parental que no amamanta. La profesional duda de que el padre sepa realmente cómo funciona la lactancia para la madre, pero no plantea en la conversación la importancia del papel de la figura parental que no amamanta como apoyo de la madre. Así, ya durante el periodo de lactancia parece surgir una tensión entre la práctica clínica habitual de la lactancia, centrada en la madre, y la decisión de las figuras parentales de compartir sus visitas al centro de salud infantil.
Es un poco difícil pensar si hay alguna diferencia, claro, hay algunas cuestiones prácticas en la lactancia (tartamudea), bueno, también se puede hablar con un padre, y el padre está… puede… (tartamudea)… puede hacerse una idea de cómo funciona, y, y pero yo creo que no hay ninguna gran diferencia entre un padre y una madre. (Katja)
El discurso de la implicación coparental igualitaria se construye en situaciones en las que el personal profesional adapta su comunicación, en particular en relación con los padres. El habla adaptada es necesaria cuando se percibe que los padres parecen tener dificultades para entender la jerga experta utilizada en las consultas. También se adopta una posición de adaptación en situaciones en las que todas las personas presentes (la madre y las profesionales), salvo el padre, son mujeres. Adaptar la formulación indica que se considera que el padre tiene dificultades para seguir la práctica y la conversación clínicas habituales. El personal profesional argumenta que el habla adaptada evita que los padres se sientan incompetentes o torpes. El habla adaptada se produce cuando el personal profesional filtra su pericia usando un lenguaje más sencillo o expresiones más directas. Como lo expresa Kaarina, profesional de enfermería de salud pública:
Con un padre hay que tener un toque un poco distinto, como tengo una larga experiencia de trabajo con personas sobre cómo acercarse [a los padres], qué es importante y significativo para ellos, pues presentas tu mensaje de manera que el otro [el padre] lo entienda de verdad y no tenga que decir: “perdone, no sé de qué me está hablando”.
Adaptar la comunicación también puede significar adoptar la posición de quien preside la reunión y decide el horario de la cita o los turnos de palabra de las figuras parentales (al resolver desacuerdos). Además, el personal profesional puede cuestionar la práctica establecida de contactar en primer lugar con la madre en los asuntos de la criatura y optar por llamar primero al padre. Al contactar con cada figura parental por separado, interpreta que ambas tienen el mismo derecho a participar y a acceder a la pericia y al conocimiento sobre la coparentalidad disponibles en los servicios. Al crear espacios seguros para que las figuras parentales participen en los servicios para la infancia y la familia, el personal profesional prepara el camino para que ambas se impliquen en la coparentalidad.
Otra manera en que el personal profesional apoya la coparentalidad consiste en ayudar a las figuras parentales a comprender su significado y sus retos. En el discurso del desarrollo de las capacidades coparentales, el personal profesional interviene orientando y guiando a las figuras parentales para que compartan sus pensamientos y expectativas. Se las considera motivadas y capaces, pero a menudo se ve a los padres como portadores de ideas erróneas sobre sus tareas coparentales. El personal profesional considera que los padres necesitan fortalecer la relación con su criatura y con su pareja. Anima a ambas figuras parentales a expresar sus emociones, a reconocer las fortalezas de la otra y a hablar de sus objetivos parentales. Se considera a las figuras parentales competentes para hablar de cooperación, del reparto de las tareas domésticas, de la interacción y del reparto del tiempo. Las familias aparecen como expertas en su propia vida familiar, mientras que el personal profesional hace de guía que les señala posibles caminos.
Lo que necesita el bebé en cada etapa del desarrollo y cómo es posible una buena conversación e interacción entre la madre y el padre, y que todo el mundo tenga la misma cantidad de tiempo, pero el tiempo se reparte un poco distinto. No puedes saber [cómo] antes de haber tenido criaturas. Normalmente es importante hablar y preguntar, y no hay una forma equivocada de preguntar, pero tu propia experiencia es importante, y animo a las familias a sacarla para que puedas hablarlo con alguien, ya sea con alguien experto o, ante todo, con la pareja. (Jutta)
La posición profesional de orientación se adopta cuando hay alguna preocupación por la familia. A menudo se identifica a los padres como quienes están desorientados o perdidos en su papel parental y en sus tareas coparentales. Por ello, el personal profesional entabla una conversación sobre todo con el padre, para cambiar sus ideas y supuestos erróneos sobre las relaciones (co)parentales. El padre puede tener ideas equivocadas, como que la relación romántica de la pareja termina con el nacimiento del bebé, que al bebé no le gusta estar en brazos del padre o que no hace falta volver a repartir las tareas domésticas. Los padres también pueden suponer que no tienen ningún papel que desempeñar para aliviar el agotamiento de la madre tras el parto. Esto ocurre especialmente porque la ayuda a domicilio suele dirigirse únicamente a la madre. En el discurso del desarrollo de capacidades, los padres se ven como marginales en el sistema coparental, y al adoptar la posición de orientación el personal profesional busca ayudar al padre a construir relaciones que funcionen en la familia. El discurso del desarrollo de capacidades incluye también interpretaciones sobre la relación entre el padre y el bebé. Se ve al padre como quien tiene dificultades para establecer una relación cercana con su bebé. Se describe a los padres como si abordaran al bebé más bien como un proyecto, que requiere mediciones, seguimiento y un registro de los resultados del desarrollo. El personal profesional intenta animar a los padres a disfrutar del bebé. Por disfrutar entiende «escuchar al bebé», «leerle al bebé» o «estar con el bebé». En cierto modo, pues, el registro minucioso de los padres puede interpretarse como un intento de estar muy cerca de sus bebés, anotando con mucho cuidado sus ritmos de sueño, alimentación y movimiento. En lugar de reforzar los intentos de los padres de vigilar al bebé, el personal profesional escenifica un vínculo cercano con él. De este modo, se reconoce a los padres como cuidadores importantes del bebé. Durante las visitas a domicilio, quien realiza el trabajo familiar propone una interacción entre padre y bebé:
Bueno, yo siempre he hablado de la presencia con los papás, por desgracia es un tema del que se habla a menudo, y cuando estás hablando de una criatura muy pequeña, y un padre dice: “no sé estar con el bebé, ¿qué puedo hacer [con el bebé]?”, y yo le digo: “ve y siéntate en el suelo, el bebé gatea hacia ti y tú lo miras, pero no te pongas a mirar el móvil todo el rato”… je, así es como les hablo a los padres de estar presentes en la vida de los bebés. (Heikki)
El habla sobre las capacidades relacionadas con el bebé se refiere también a situaciones en las que el padre intenta, quiere o simplemente debe ocuparse solo del bebé. Puede tratarse de padres solos o que, por otras razones, son los únicos responsables del bebé. No se los ve como desvalidos, sino como necesitados de orientación y consejos muy concretos en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del bebé. Una profesional recuerda que no necesita prestar especial atención a la capacidad de la madre para cuidar de su bebé, lo que puede indicar que se presupone que las habilidades de cuidado van asociadas de forma natural a las mujeres. Al fin y al cabo, también se considera al padre capaz de cuidar del bebé cuando la persona profesional adopta la posición de guía y de asesoramiento. La orientación a los padres puede referirse al cuidado del bebé: por ejemplo, cambiar pañales, alimentarlo, bañarlo o cambiarle la ropa.
El discurso en torno a la reconciliación coparental se centra en los divorcios conflictivos que implican disputas sobre la coparentalidad, temores de exclusión y preocupación por el bienestar de la criatura. Incluye la reconciliación de la relación coparental, los arreglos de cuidado y las visitas supervisadas. El personal profesional actúa como instancia experta y neutral, escucha a ambas figuras parentales sin tomar partido y busca restablecer un sistema coparental que funcione bien. Su imparcialidad se centra en proteger los derechos de la infancia y en mantener la relación con ambas figuras parentales. Se considera que las figuras parentales tienen el mismo derecho a ver a su criatura y la misma responsabilidad de garantizar que el cuidado cotidiano transcurra sin tropiezos.
Creo que estos temas estaban muy presentes en las citas, y en la mayoría de los casos la conversación giraba en torno a cómo conseguir que la crianza funcione bien después del divorcio, y justamente cómo lograr una parentalidad igualitaria, porque los dos tienen que tener derechos parecidos a estar con sus criaturas. (Emilia)
La coparentalidad en el contexto de un divorcio conflictivo se construye socialmente preguntando, escuchando y guiando a las figuras parentales abiertamente, sin juicios ni ideas preconcebidas. La persona profesional se sitúa como observadora independiente, comprensiva y tolerante, que facilita el diálogo entre figuras parentales enfrentadas. El umbral para participar en el proceso de mediación familiar se rebaja todo lo posible para ambas figuras parentales, y el personal profesional adopta una posición de salvaguarda frente a cualquier eventual intento de controlar el acceso a la criatura. No se permite a ninguna figura parental negar a la otra el derecho a ver a la criatura y a pasar tiempo con ella. Al adoptar posiciones de reconciliación, el personal profesional consulta a ambas figuras parentales, pero en algunos casos se considera que los padres necesitan una atención especial y que se les pongan límites. La reconciliación centrada en el padre tiene lugar cuando se escucha a los padres en caso de divorcio muy disputado o se hace visible la agencia del padre en la vida de la criatura. El personal profesional ayuda a garantizar la posibilidad del padre de pasar tiempo con ella, de tener (por ejemplo, unas vacaciones o un viaje con la criatura sin la presencia ni el control de la otra figura parental [la madre]). El trabajo de mediación busca reforzar el papel del padre en la vida de la criatura tras el divorcio.
Otra forma de reconciliación es la construcción de una relación coparental caracterizada por el cuidado y la crianza compartidos. En el contexto de un divorcio muy duro, el personal profesional facilita el diálogo entre las figuras parentales, que tienden a no ponerse de acuerdo en nada porque viven en «sus propias realidades». Se hace hincapié en la igualdad de derechos de ambas figuras parentales, así como en el derecho de la criatura a ser escuchada. En sus posiciones de promoción y supervisión, el personal profesional repasa cuestiones cotidianas sencillas y concretas de la relación coparental: cómo se comunican, interactúan y se encuentran las figuras parentales para ponerse de acuerdo en los asuntos de la criatura. La reconciliación consiste en buscar un acuerdo sobre la organización del cuidado, de la residencia y de los encuentros con la criatura. Se anima a las figuras parentales a cooperar para hacer posible la relación de la criatura con ambas, a ponerse de acuerdo sobre su cuidado diario —por ejemplo, la preparación de las comidas y las compras—, así como sobre otras tareas y responsabilidades coparentales. Con algunas familias inmigrantes, el personal profesional se sitúa como quien pone límites y restricciones a los padres. Se describe a algunos padres como poseedores de un poder ilimitado para decidir cómo debe organizarse el cuidado de la criatura. En estos casos, el personal profesional adopta una posición firme y deja claro al padre cuáles son los derechos de la infancia. No obstante, subraya que hace falta una actitud especialmente respetuosa al poner límites en familias de orígenes multiculturales. Pueden existir diferencias culturales en cuanto al cuidado y la crianza.
Cuando la relación entre figuras parentales divorciadas o separadas se ha vuelto conflictiva, la persona profesional asume por ley la posición de supervisión. Los servicios de protección de la infancia pueden organizar visitas supervisadas. El personal profesional está obligado a organizarlas conforme a la decisión del tribunal local. No puede iniciar por su cuenta ni por decisión propia el proceso de visitas supervisadas, ni obligar a las figuras parentales a aceptar este arreglo. Sin embargo, se considera que ambas figuras parentales se benefician de las visitas supervisadas cuando sienten preocupación, impotencia o torpeza ante las necesidades de la criatura. La persona profesional garantiza una interacción fluida entre la criatura y la figura parental.
Y, claro, si hay parejas divorciadas que ni siquiera pueden verse aquí, puede pasar que uno de los dos traiga a la criatura antes a la visita y así funciona [….] pero luego un día se llega al punto, llega un día en que ellos [las figuras parentales] pueden verse y esas visitas con la criatura las organizan ellos mismos, juntos, así que este tipo de reflexiones son las que se me vinieron a la cabeza. (Teija)
En el discurso de las visitas supervisadas, el personal profesional se sitúa como apoyo y modelo para la figura parental. Puede servir de modelo y mostrar cómo deberían interactuar las figuras parentales con la criatura, o mediar entre ellas si son incapaces de comunicarse. Su papel es garantizar el derecho de la infancia a mantener una relación segura con ambas figuras parentales. Aun así, se considera que las figuras parentales pueden evolucionar y madurar en su parentalidad y su coparentalidad. De vez en cuando, el personal profesional presencia momentos de alegría y de éxito cuando, tras el inicio de una coparentalidad muy conflictiva, las personas adultas empiezan a cooperar y a ocuparse ellas mismas de las visitas.
Hay algunos momentos puntuales de alegría y de éxito, cuando hay parejas que han traído a la criatura [a la visita supervisada] a horas distintas, porque no pueden verse, y luego llega un día en que pueden volver a verse y pasamos de las visitas supervisadas a los intercambios supervisados de la criatura y [….] luego, al cabo de un tiempo, empiezan a ocuparse ellos mismos de sus visitas, así que así es como se ven estos temas [de coparentalidad] en mi trabajo. (Teija)
El apoyo a las familias abarca las políticas, los servicios y las prácticas destinados a reforzar los roles familiares, las relaciones y el bienestar general mediante diversas formas de ayuda (Churchill et al. 2024; Devaney et al. 2022). La integración de prácticas basadas en la evidencia —como una coparentalidad fundamentada en la investigación— exige que las organizaciones den más voz a las familias, lo que es esencial para garantizar la calidad, la rendición de cuentas y la transparencia de los servicios públicos (Acquah and Thévenon 2020; Jiménez et al. 2024).
Hay cada vez más pruebas de los beneficios de implicar a ambas figuras parentales, o a todas, en la crianza (Evans et al. 2023; Pruett and Donsky 2011). Sin embargo, las prácticas marcadas por el género en los servicios familiares suelen centrarse en las madres, con el riesgo de excluir a las demás figuras parentales (Lim et al. 2023; Tiitinen and Ruusuvuori 2015). Para remediarlo, se han propuesto mejoras específicas en los servicios (Lim et al. 2023; Wells et al. 2023) y se ha realizado una revisión de las prácticas terapéuticas de coparentalidad en la salud mental del bebé y la familia (McHale, Tissot, et al. 2023).
Desarrollar iniciativas que reflejen las necesidades reales de las familias es clave para fomentar una cultura de servicio basada en la evidencia (Mullins et al. 2012). Este proceso exige una reflexión colaborativa con quienes trabajan en primera línea, para sacar a la luz las barreras culturales y organizativas al apoyo parental. Promover modelos innovadores, como la coparentalidad en los centros familiares multiprofesionales, requiere un diálogo activo con profesionales y agentes locales de distintos sectores y disciplinas (Jiménez et al. 2024).
Falta, sin embargo, una visión de conjunto de las prácticas de apoyo a la coparentalidad en los servicios de atención primaria para la infancia y la familia.
Este estudio llena esa laguna y pone de relieve el potencial de los servicios de atención primaria para ofrecer apoyo a la coparentalidad, al identificar tres discursos profesionales principales. El discurso de la implicación coparental remite a la posición comunicativa del personal profesional, que invita, anima, implica y conversa activamente con las figuras parentales, centrándose especialmente en los padres para familiarizarlos con la coparentalidad como acción conjunta de crianza. El discurso del desarrollo de las capacidades coparentales se centra en la idea, el contenido, las preocupaciones y las posibles tensiones de la relación coparental. El personal profesional interviene orientando y guiando a las figuras parentales, en especial a los padres, para que compartan sus pensamientos, experiencias y expectativas sobre la coparentalidad. En el discurso en torno a la reconciliación coparental, el personal profesional adopta una posición experta, imparcial y neutral al comunicarse y reunirse con las figuras parentales, para promover ante todo el acuerdo en torno a la infancia y sus derechos. El contexto de este discurso suele ser la mediación familiar cuando el sistema coparental funciona mal, sobre todo tras un divorcio conflictivo. Estos tres discursos profesionales contribuyen a una nueva comprensión de las formas de apoyar la coparentalidad en los servicios sanitarios y sociales de atención primaria y de apoyo temprano, entre ellos los centros de salud materna e infantil, el trabajo familiar, las visitas a domicilio, la protección de la infancia y la orientación familiar. Apoyar y evaluar la coparentalidad es una tarea que asumen profesionales de la práctica, pero requiere un acuerdo sobre qué se entiende por coparentalidad, qué instrumentos de evaluación utilizar, qué elementos son esenciales en la evaluación y cuáles son los grupos destinatarios (McHale 2011).
En el discurso de la implicación coparental, el foco está en el derecho de ambas figuras parentales a participar en el cuidado conjunto de su descendencia. El discurso concuerda con la tarea de evaluación consistente en implicar a ambas o a todas las figuras parentales en el sistema coparental, propuesta por McHale, Tissot, et al. (2023). Sin embargo, implicar a ambas figuras parentales puede resultar difícil para el personal profesional, como en los servicios neonatales, donde la orientación sobre la lactancia y la crianza se ha considerado tradicionalmente un asunto exclusivo de las madres (Abbas-Dick et al. 2015; Kim et al. 2018; Maycock et al. 2013). Nuestro estudio muestra cómo el personal profesional conversa, adapta y filtra su saber experto, en particular con los padres, para implicarlos, ya que a menudo permanecen en segundo plano. Según McHale, Tissot, et al. (2023), uno o varios miembros de la familia aparecen retraídos o excluidos en las interacciones triangulares con la criatura. Wells et al. (2023) sostienen que los padres se benefician del apoyo de las matronas en los servicios prenatales y posnatales. En el trabajo social, la implicación de los padres se transmite a ambas figuras parentales de forma coherente, reiterada y firme (McHale and Negrini 2018). Aunque en nuestro estudio se abogaba por la participación de los padres, el personal profesional no habló de la idea de un servicio más acogedor para los padres. Sin embargo, también es necesario adaptar las estructuras y prácticas de los servicios a esfuerzos más favorables a los padres, para implicar a cada figura parental individualmente (Fisher et al. 2018) y con independencia de su sexo (Evans et al. 2023). Con todo, el discurso de la implicación de este estudio no evalúa realmente quién más, aparte del padre, participa en la coparentalidad, como propone McHale (2011).
En el discurso del desarrollo de capacidades, se guía y orienta a las figuras parentales para que comprendan la idea, el contenido y las preocupaciones de las relaciones coparentales y encuentren acuerdos ante posibles tensiones. Las parejas se consideran, en su mayoría, capaces de hablar y ponerse de acuerdo sobre la cooperación mutua, el reparto del tiempo, el trabajo doméstico y la responsabilidad compartida del cuidado. Evaluar el trabajo en equipo coparental es crucial, porque el trabajo en equipo es esencial para cada familia y es importante comprender la cooperación (o su ausencia) entre las personas adultas (Favez et al. 2023; McHale, Tissot, et al. 2023).
El discurso del desarrollo de las capacidades coparentales recurre a la reflexión y al razonamiento como herramientas para animar a los miembros de la pareja a compartir, como equipo, sus experiencias, pensamientos y emociones. Aunque se reconoce la pericia de ambas figuras parentales, las conversaciones con los padres los construyen como desvalidos o desorientados en su nuevo papel (co)parental. McHale, Burton, et al. (2023) afirman que centrarse en el trabajo en equipo no consiste tanto en evaluar la simetría como en ver cómo cada figura coparental percibe y reconoce a la otra u otras como miembros plenamente participativos y necesarios del equipo. En nuestro estudio, el discurso del desarrollo de capacidades abarca un habla de apoyo sobre el reparto de las responsabilidades coparentales en el contexto de la vida familiar. Sin embargo, la valoración y el reconocimiento mutuos entre las figuras coparentales no estaban presentes de forma sistemática en el discurso. Centrarse en la alianza coparental, más que en la paternidad o la maternidad, es crucial en un trabajo en equipo coparental de apoyo, ya que el estrés parental de ambos miembros de la pareja está significativamente asociado a la calidad de la relación (Darwiche et al. 2022; Favez et al. 2023; McHale, Tissot, et al. 2023; McHale and Jenkins 2023). En el discurso del desarrollo de las capacidades coparentales de este estudio, la pericia en (co)parentalidad sigue vinculada a las madres, mientras que se considera que los padres requieren un apoyo especial en su incipiente relación con el bebé. Uno de los retos profesionales de la promoción de la coparentalidad tiene que ver con los padres que pasan demasiado deprisa de la alegría y el orgullo de la nueva paternidad al estrés, el retraimiento y la resistencia frente a unos servicios familiares y terapéuticos dominados por mujeres, por temor a «no solo ser escuchados, sino perder su autonomía y su voz» (McHale and Jenkins 2023, 505). Para implicar a los padres, las profesionales necesitan comprender mejor la autodefinición masculina, hecha de separación, autonomía, independencia e individualidad (McHale and Jenkins 2023).
En este estudio, el personal profesional ejercía la mediación en el discurso en torno a la reconciliación coparental, que se construye alrededor del conflicto efectivo entre figuras coparentales en dificultad, divorciadas o separadas. Se sitúa en una posición experta, imparcial y neutral mientras ayuda a las figuras parentales a construir una relación coparental. El discurso de la reconciliación coincide con la tercera tarea de evaluación propuesta por McHale, Tissot, et al. (2023): la necesidad de observar la presencia o ausencia de conflicto entre las personas adultas que ejercen la coparentalidad, así como de identificar las diversas formas de falta de respeto. Una mayor conciencia permite a las figuras parentales distinguir mejor tales conductas y limitarlas o eliminarlas (McHale, Burton, et al. 2023). En nuestro estudio, el discurso de la reconciliación se sitúa predominantemente en los servicios preventivos de protección de la infancia, y se subraya la neutralidad del personal profesional. El habla profesional se centra en mediar y promover el acuerdo mutuo. Se ha reconocido que los servicios preventivos ayudan a las figuras parentales a acordar su colaboración tras el divorcio (Heller 2013), y se han desarrollado técnicas de resolución de problemas para ayudar a las figuras parentales divorciadas a ponerse de acuerdo (Sommers-Flanagan and Barr 2005) sobre el cuidado de la prole. Sin embargo, el riesgo de fracaso de la mediación aumenta si el conflicto entre las figuras parentales es intenso, si tienen problemas de salud mental, si les cuesta asumir la separación, si tienen expectativas poco realistas sobre la coparentalidad o si el conflicto se prolonga (Morris and Halford 2014; Stokkebekk et al. 2021). La prioridad en el discurso de la reconciliación coparental es cómo garantiza el personal profesional el bienestar y la seguridad de la infancia. En nuestro estudio, el discurso de la reconciliación coparental servía para ayudar a figuras parentales divorciadas a establecer una relación segura y afectuosa con su criatura y para aumentar la posibilidad de la figura parental no residente de pasar tiempo con ella. Predomina la perspectiva de los derechos de la infancia, pero también el derecho del padre a una participación igualitaria y a la responsabilidad en la manutención.
El foco en la infancia es también el cuarto pilar de la evaluación de la coparentalidad de McHale, Tissot, et al. (2023), y Feinberg y Sakuma (2011) insisten mucho en él. Según este equipo investigador, lo esencial de una coparentalidad que favorece el crecimiento no es solo que las personas adultas estén de acuerdo y se lleven bien entre sí, sino que muestren una sintonía adecuada con la criatura y sus necesidades. Al reconciliar a las figuras coparentales, hay que prestar atención al trabajo en equipo coparental, que funciona eficazmente cuando figuras parentales muy enfrentadas tras el divorcio formulan objetivos comunes para su criatura (McHale and Jenkins 2023). Al validar las aportaciones, las emociones y las interacciones de la criatura, las personas adultas pueden verla con precisión, ponerse de acuerdo sobre sus necesidades y trabajar en alianza para satisfacerlas (McHale, Burton, et al. 2023). En nuestro estudio, los derechos de la infancia estaban muy presentes en el discurso de la reconciliación. El personal profesional adoptaba posiciones de supervisión, tutela y observación de la criatura si había alguna sospecha de negligencia o maltrato. Además, actuaba como intérprete del punto de vista infantil, en línea con lo que sostienen McHale et al. (2012) y McHale y Negrini (2018): la alianza coparental debe verse con los ojos de la criatura en el caso de las familias divorciadas o de una ausencia prolongada de la otra figura coparental.
En resumen, los discursos identificados muestran cómo el personal profesional puede recurrir a diversas posiciones en su propósito de evaluar y promover la coparentalidad en el sistema familiar. Cabe destacar que todos los discursos subrayan el papel del padre. La agencia infantil solo se hace visible en el contexto del divorcio conflictivo. Integrar la perspectiva de la criatura en todos los discursos sobre la coparentalidad permite al personal profesional construir un sistema familiar coparental verdaderamente triangular, desde antes del nacimiento hasta la adolescencia.
Al valorar los resultados de la investigación, es esencial tener en cuenta la naturaleza de los datos y del análisis del discurso como enfoque. A partir de los tres discursos presentados no es posible concluir de forma definitiva cómo apoya el personal profesional la coparentalidad en su trabajo. Como sostiene Hjelm (2021), ni siquiera un discurso hegemónico puede dilucidar las consecuencias prácticas de las acciones, debido a la naturaleza finita del discurso. Es, pues, imposible decir de forma concluyente por qué alguien hizo lo que hizo examinando únicamente el discurso. En cambio, a partir de este podemos comprender las líneas de acción; en esta investigación, las líneas de acción del personal profesional de los servicios familiares en el apoyo a la coparentalidad en el contexto finlandés. Su conducta está a la vez posibilitada y limitada por el marco social y cultural en el que se inscribe (Hjelm 2021). Los tres discursos, con sus encuentros diferenciados según el género, reflejan también presupuestos de género y otras prácticas culturales de los paradigmas sanitarios, que tienden a cambiar lentamente (Lim et al. 2023; Tiitinen and Ruusuvuori 2015).
Debe tenerse en cuenta también que los resultados proceden de un estudio cualitativo realizado con un número relativamente reducido de participantes, como es habitual en un estudio de análisis del discurso basado en entrevistas. Esto significa que el estudio es muy contextual y que conviene ser prudente al generalizar sus resultados a otros contextos. Es posible, asimismo, que las personas de contacto seleccionaran de algún modo a quienes participaron en el estudio, por ejemplo en función de su interés o su motivación. Cabe señalar una limitación de los datos en cuanto a la diversidad de las familias. Aunque las preguntas de los grupos focales no se limitaban al apoyo a la coparentalidad en familias finlandesas heterosexuales biparentales, el habla del personal profesional versó sobre todo sobre estas familias. Por ello, los discursos pueden no ser trasladables al apoyo a familias más diversas, incluidas las familias multiculturales y LGTBQ+. Además, los discursos se inscriben en contextos socioculturales, valores y normas más amplios, entre ellos la igualdad de género, la prestación de servicios del Estado del bienestar y la regulación de los derechos de la infancia (Grunow and Evertsson 2021; Kekkonen, Böök, et al. 2023; Rönkä et al. 2026). Este estudio se realizó en Finlandia, un país donde la aspiración a la igualdad de género y a la implicación del padre en la crianza es prácticamente la norma. En futuros estudios, convendría replicar las entrevistas de grupo focal con profesionales en otros contextos socioculturales.
A partir de nuestros resultados, formulamos las cinco recomendaciones siguientes para la práctica. En primer lugar, la promoción de la coparentalidad mediante los discursos profesionales de implicación, desarrollo de capacidades y reconciliación puede tener lugar también en las prácticas clínicas rutinarias, y no solo en el marco de intervenciones. Esto es especialmente importante durante la transición a la parentalidad, cuando la coparentalidad está en construcción. Abogamos por un enfoque discursivo más aplicable para la promoción de la coparentalidad en los servicios universales y de apoyo temprano para la infancia y la familia. En segundo lugar, es crucial implicar a los padres y a otras figuras coparentales relevantes en el apoyo a la coparentalidad. Esto supone, a su vez, cambios en los servicios en favor de una asistencia más igualitaria: implicar a los padres en los servicios mediante prácticas dirigidas a ellos y mejorar el conocimiento del personal sobre un entorno clínico acogedor para los padres. Hay que transmitir a ambas figuras parentales, de forma coherente y firme, el mensaje de la implicación de los padres. En tercer lugar, para implicar a todo el equipo parental, es importante preguntar a cada persona individualmente —sin dar prioridad a las madres— si tiene la oportunidad de un interés, un compromiso y un acceso iguales en la coparentalidad (McHale, Tissot, et al. 2023). También deberían tenerse en cuenta en el equipo coparental las figuras coparentales de las familias extensas y multigeneracionales (Gleeson et al. 2011) y de las familias LGBTQ+ (Evans et al. 2023). En cuarto lugar, el discurso del desarrollo de capacidades remite a una manera profesional de abordar a las figuras parentales que tienen dificultades con la coparentalidad. Al plantear activamente las cuestiones de coparentalidad, el personal profesional puede evaluar y promover la relación coparental. Combinando el conocimiento de las dimensiones de la coparentalidad con un enfoque discursivo, puede ofrecer apoyo a las familias cada vez que acuden a los servicios para la infancia y la familia. En quinto lugar, como los divorcios afectan a un número creciente de familias, aumenta la necesidad de un apoyo específico a la coparentalidad. Del mismo modo, las figuras parentales que compiten entre sí, se comunican de forma dañina o hacen comentarios negativos sobre la otra figura parental pueden beneficiarse del apoyo específico que ofrece el centro familiar multiprofesional.
Complexe Systémique: puntos clave
Para una lectura sistémica, el interés del estudio reside en tomarse en serio la tríada y no la díada: la coparentalidad se trata como un subsistema de pleno derecho, distinto de la pareja conyugal y de la relación parentofilial, y la autoría examina cómo el habla profesional la hace existir o no. Los tres discursos son posiciones relacionales, no técnicas: comunicar para implicar, intervenir para desarrollar capacidades, supervisar para reconciliar. El hallazgo más revelador es paradójico. Todos los discursos ponen al padre en el centro, pero a menudo como quien falta, a quien hay que activar o con quien hay que hablar de forma más sencilla, mientras la pericia parental sigue en manos de las madres; y la infancia, vértice del triángulo, solo aparece como sujeto cuando el divorcio se ha vuelto conflictivo. Las limitaciones son claras: 21 profesionales, 19 de ellas mujeres, con entrevistas por videollamada, y un habla centrada en las familias heterosexuales biparentales, en un país donde la igualdad parental es casi una norma. Puede leerse junto con el artículo sobre la pareja en la encrucijada de la conyugalidad y la parentalidad y el artículo sobre los contextos de la nueva paternidad.
Notas del original
1 A principios de 2023, una reforma histórica trasladó la responsabilidad de los servicios de más de 300 municipios a 21 condados autónomos de servicios de bienestar (Wellbeing Services Counties). Los condados son responsables de organizar todos los servicios sanitarios y sociales para la población finlandesa, incluidos los servicios para la infancia y la familia. El personal profesional de este estudio procedía de cuatro de estos condados.
Agradecimientos. Publicación en acceso abierto facilitada por Jyvaskylan yliopisto, en el marco del acuerdo Wiley - FinELib.
Financiación. Este trabajo contó con el apoyo del Research Council of Finland (323492, 323493).
Conflicto de intereses. La autoría declara no tener ningún conflicto de intereses.
Referencias
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Traducción no oficial al español de Ways of Supporting Coparenting in Child and Family Services: Discourses of Involvement, Capacity Building and Reconciliation, de Marjatta Kekkonen, Angela Abela, Marja-Leena Böök, Kaisa Malinen, Johanna Moilanen y Anna K. Rönkä, Family Process, vol. 65 (2026), doi: 10.1111/famp.70159, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (traducción, tabla presentada como lista). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Esta es una traducción del artículo original «Ways of Supporting Coparenting in Child and Family Services: Discourses of Involvement, Capacity Building and Reconciliation», publicado en Family Process (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Kekkonen, M., Abela, A., Böök, M.-L., Malinen, K., Moilanen, J., et Rönkä, A. K. (2026). Ways of Supporting Coparenting in Child and Family Services: Discourses of Involvement, Capacity Building and Reconciliation. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/ways-of-supporting-coparenting-in-child-and-family-services (Obra original publicada en 2026 en Family Process, 65(2) (2026); republicada en 2026 por Family Process, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/famp.70159)
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