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Red Sistémica · Familia y parentalidad

Contextos y circunstancias de la nueva paternidad. En busca del instinto paterno: implicaciones para la terapia familiar

¿Qué es la paternidad? ¿Cómo debe definirse? ¿Cuáles son el rol y la responsabilidad de un padre hoy en día? Partiendo de la constatación de que no existe una respuesta universal, Raúl Medina Centeno sigue las transformaciones del rol paterno a través de la familia tradicional, la modernidad y la postmodernidad, y explora después las paternidades que desbordan la familia nuclear: padres homosexuales, padres después del divorcio, padres solteros, paternidades de la cultura de la pobreza latinoamericana. Añade el relato de su propia experiencia como padre soltero y extrae de ella implicaciones concretas para la terapia familiar.

Autor Raúl Medina CentenoPrimera publicación Perspectivas Sistémicas, n.º 63, septiembre-octubre de 2000Edición Complexe Systémique, con el acuerdo de Red Sistémica

«No existe una manera de ser padre sino muchas, y estas dependen de circunstancias y contextos de las familias.»

Raúl Medina Centeno

Nota de la redacción

El texto publicado en línea por Red Sistémica es una versión de trabajo en la que siguen visibles marcas de revisión: palabras duplicadas, títulos alternativos yuxtapuestos, una sección repetida, algunas notas del autor para sí mismo. Esta edición restituye la versión legible; las decisiones adoptadas se detallan en las notas de edición y no se ha añadido ningún contenido.

Introducción

¿Qué es la paternidad? ¿Cómo debe definirse? ¿Cuáles son el rol y la responsabilidad de un padre hoy en día? En principio, hay que reconocer que en la actualidad es más común ver que los hombres muestran los sentimientos hacia sus hijos abiertamente, frente a generaciones anteriores, y que la relación con su pareja en el aspecto de su crianza es más igualitaria. Este nuevo arquetipo de padre está generando cambios en la vida familiar y desafiando la noción tradicional de masculinidad.

Sin embargo, creo que no existe una respuesta universal a la paternidad, no solo por su condición histórico-cultural, sino también por su complejidad social.

Circunstancias

Ser padre está relacionado con circunstancias específicas que definen y demandan una gran variedad de roles. Por ejemplo, no es lo mismo afrontar la paternidad cuando uno es adolescente que en edad avanzada, o ser padre de un bebé que de un adolescente; no es lo mismo ser padre de uno que de cuatro hijos; no es lo mismo ser padre soltero que con pareja; tampoco ser padre antes que después de un divorcio; no es lo mismo compartir la paternidad dentro de una relación heterosexual que con una pareja del mismo sexo, ni ser padre ocasional que de tiempo completo; no es lo mismo ser padre en México que en Inglaterra; no es lo mismo ser padre de hijos de una sola pareja que de varias parejas, o ser padre de un hijo discapacitado que de un vástago sin problemas físicos; no es lo mismo ser padre de hijos biológicos que adoptivos, o ser padre de una niña que de un niño, etc. Cada una de estas modalidades de ser padre exige diferentes respuestas. La paternidad como discurso envuelve una complejidad social enorme que es imposible concebir como una variable independiente.

Actualmente existe una gran variedad de publicaciones sobre el tema de la paternidad, que está ubicado como problema y tema de análisis de género. Esto es el resultado del aumento de cambios socioeconómicos que han puesto al padre ante una posición de responsabilidad distinta, y del aumento de las cifras de padres solteros, especialmente en países ricos. Actualmente las cifras de padres solteros están aumentando en los países de Occidente por múltiples circunstancias: por decisión propia, por decisión forzada, por una transición lenta, inesperada o repentina. Por otra parte, el tema de la paternidad siempre ha estado latente en los escritos sobre la familia, especialmente en los de corte feminista.

Contextos

Como terapeutas familiares que utilizamos la narrativa sistémica, en términos generales la paternidad hay que entenderla como una interacción social en diferentes direcciones y complejidades; por ejemplo, en la pareja, en la familia nuclear y extensa, en la comunidad y en la cultura. En ese sentido, la nueva paternidad hay que situarla siempre en el contexto social y circunstancial, por lo menos familiar, sobre todo en la forma de vida de las nuevas familias. En consecuencia, es imposible hablar de paternidad o masculinidad sin referirnos por lo menos a sus contrapartes inmediatas: la maternidad y la familia.

También utilizamos como contexto de análisis la tensión entre la modernidad y la postmodernidad. Así, hablaremos de padres tradicionales, de padres modernos y de padres postmodernos. Este marco contextual de análisis nos ha conducido también a reconocer otro tipo de paternidades que se dan en contextos pobres de Latinoamérica, especialmente México.

En este breve trabajo estudiaremos varias maneras de ser padre. Por una parte, analizaremos los cambios del rol paterno como consecuencia de la modernidad, y, por otra, revisaremos algunos discursos alternativos que se refieren a otros tipos de paternidad que están fuera de la familia nuclear.

Al final incluyo una breve reflexión sobre mi experiencia como padre soltero y propongo algunos puntos generales sobre las implicaciones de la nueva paternidad para la terapia familiar.

El padre tradicional

Antes de examinar las nuevas formas de padres surgidas en las últimas décadas, es necesario detenernos por un momento en la familia tradicional y la manera en que se ha expresado la paternidad. En principio, es curioso el origen del término familia, ya que está estrechamente relacionado con una concepción tradicional, pues procede de una palabra latina derivada de famulus (sirviente), que originalmente aludía al lugar donde todos los esclavos y sirvientes vivían bajo un mismo techo; después, el vocablo pasó a designar el hogar donde vivían el señor de la casa, la esposa y sus hijos, así como los sirvientes. Representa lo que comúnmente se conoce como cultura patriarcal tradicional, que parte de un discurso que define los roles dentro de la familia, incluida la paternidad, como si fueran preestablecidos por razones naturales o divinas, por lo que eran asumidos y no eran motivo de reflexión o estudio.

Por múltiples razones, especialmente económicas, en otras clases sociales también el hombre de la casa era el que tenía el poder absoluto y dictaba las reglas y normas de la casa. Esta manera de organización familiar es denominada patriarcal.

El impacto de la modernidad en la paternidad

El movimiento moderno se origina como respuesta al conocimiento tradicional que organizaba la vida cotidiana en la Europa del siglo XVII. Con base en la razón científica, la modernidad se distingue principalmente por su orientación al cambio mediante una cultura de creación de conocimientos y tecnologías que conduzcan a la transformación y el desarrollo de la vida social: lo que comúnmente se conoce como progreso.

Las sociedades modernas basan su desarrollo en la ciencia, la cual ha hecho posible la industrialización, y especialmente la creación de nuevas tecnologías de comunicación. Las sociedades modernas, a la vez, establecen sus cambios sociales mediante la institucionalización de sus organizaciones, entre las cuales se encuentra la familia. De hecho, la familia como institución central de la sociedad moderna es objeto de estudio y reflexión día a día en las sociedades modernas.

Los estudios sociales pioneros sobre la familia aparecen en las primeras cuatro décadas del siglo XX en Europa y Estados Unidos; destacan especialmente los trabajos de los antropólogos y de los sociólogos. La mayoría de los estudios concordaba en que la familia nuclear, en su forma patriarcal, era el eje donde se sostienen las sociedades modernas (Murdock, 1949; Goldthorpe, 1987). El propio Talcott Parsons (1994) situó a la familia nuclear como el tipo de estructura ideal que no entra en conflicto con los requerimientos de la economía industrial. Por otra parte, la mayoría de los estudios sociales también defendía la idea de que la familia nuclear patriarcal cumplía con cuatro funciones básicas: sexualidad, reproducción, socialización y economía (Murdock, 1949).

La pareja complementaria

Teniendo en cuenta esta conceptualización estructural y funcional de la familia, se definían implícitamente los roles parentales que les correspondían al padre y a la madre. Por ejemplo, Parsons (1994) señaló en los años cuarenta que el esposo-padre era quien proveía de los recursos económicos mediante un empleo, mientras que la esposa-madre se quedaba en casa para velar y cuidar de las necesidades emocionales de los miembros de la familia, de modo que describía al esposo como el líder instrumental y a la esposa como el líder expresivo. Tal diferenciación de roles entre la pareja, en opinión de este autor, era imprescindible, «tanto para las necesidades de la propia estructura social como para no establecer una relación de competencia entre la pareja que pudiera minar la solidaridad de la relación de los esposos» (pág. 55).

«El padre, bajo esta tradición, es visto como miembro periférico con relación al cuidado y socialización de los hijos. Y cuando interactúa transmite su rol de proveedor y protector, la persona que es idealmente fuerte y controladora» (Lupton y Barclay, 1997).

La investigación social sobre la familia bajo la teoría estructural-funcionalista dominó durante más de treinta años, e influyó directamente en la generación y el desarrollo de políticas orientadas a estimular la familia nuclear en su forma patriarcal, así como en la creación de nuevos campos de intervención profesional como la terapia familiar sistémica (Medina, 2001).

La pareja simétrica

Más tarde, en 1974, contradiciendo esta idea, Young y Willmott predijeron la aparición de la pareja simétrica en Inglaterra como producto de la modernidad. Hipotetizaron que la tecnología, al cubrir los trabajos más arduos y aburridos, extendería los empleos y labores de las familias de la clase media hacia abajo. Ello llevaría a las mujeres de clase trabajadora a elegir entre trabajo en el hogar o fuera de la casa y aumentaría la elección de carreras ocupacionales, por lo que sería cada día más similar el trabajo de los cónyuges y se generaría una relación entre la pareja más simétrica, sobre todo en las labores del hogar y el cuidado de los hijos.

En este mismo sentido, C. Díaz (1999) señala que hoy en día en España han aumentado considerablemente las familias basadas en la relación simétrica y que han sustituido a la relación patriarcal. Esto se debe principalmente al cambio de comportamiento de las mujeres: su integración en las universidades y el trabajo, el uso de anticonceptivos, la decisión de tener pocos hijos y a avanzada edad.

Asimismo, en Gran Bretaña, J. Lewis (1998) presenta el avance de una interesante investigación, «Matrimonio y cohabitación en dos generaciones», donde señala que de una generación a otra, por una parte, es explícita la negociación en el trabajo del hogar, el cuidado de los hijos, el uso del dinero y del tiempo, y, por otra, se advierte un cambio en el discurso entre la pareja: se habla de tener más «libertad e independencia personal».

Por otro lado, la sobreinformación y la protección en las sociedades modernas es otro de los aspectos que se suman a la generación de nuevos padres. Los hijos en la sociedad actual son sagrados, y su venida a este mundo está altamente planificada, con miras a educar personas de éxito en el futuro (Lupton y Barclay, 1997), por lo que hoy se requiere más inversión de tiempo y de dinero, involucrando con ello más al padre, aunque tengo la ligera sospecha de que esta sobreinformación sobre el «buen» cuidado de los hijos es otro invento de la economía consumista.

La pareja complementaria

Esposo-padre líder instrumental, proveedor y protector; esposa-madre líder expresivo, a cargo de las necesidades emocionales. El padre es aquí un miembro periférico del cuidado y la socialización.

La pareja simétrica

Trabajo de los cónyuges cada vez más similar, negociación cotidiana de las labores del hogar y del cuidado de los hijos. El padre invierte aquí tiempo y descubre sentimientos y responsabilidades inéditos.

Lo esencial

En resumen, en la cultura moderna han aparecido las parejas basadas en la relación simétrica, donde la constante negociación es una práctica cotidiana, especialmente sobre las responsabilidades en el cuidado y la crianza de los hijos. Esto ha generado que los padres inviertan más tiempo en sus hijos y que experimenten, por lo tanto, nuevos sentimientos y responsabilidades paternas que las últimas generaciones no conocieron. Este es, en términos generales, el nuevo padre dentro de la familia nuclear moderna.

El impacto de la postmodernidad en la paternidad

El problema fundamental de esta tradición es considerar los resultados de la investigación ahistóricos y universales, poniendo a sus propias instituciones como norma.

Aunque el concepto de postmodernidad es muy amplio, para los fines del presente trabajo sólo nos referiremos a aquella acepción que establece un marco crítico para la ciencia positiva. La epistemología postmoderna se basa en las siguientes cuatro propuestas.

1

Rescatar los discursos excluidos

Rescata tipos de discurso que el conocimiento científico no incluye.

2

Introducir la reflexión ética

Propone introducir en el quehacer científico la reflexión ético-moral como elemento sustantivo que garantice el respeto a la diversidad y a la diferencia, un aspecto necesario hoy en día por la manera en que algunos grupos usan los productos de la ciencia y abusan de ellos en nombre de la verdad universal y del progreso.

3

Partir de las personas implicadas

Metodológicamente, en términos generales, propone el análisis de un discurso que, en principio, busque respuestas en las explicaciones que dan los actores que construyen su propia realidad local.

4

No todo vale

Porque no todo vale, sitúa el conocimiento en un marco crítico que permita generar nuevas posibilidades de vida.

La postmodernidad ha generado nuevas perspectivas sociales e intenta rescatar, reconocer y valorar otro tipo de discursos y formas de vida que no incluye el discurso dominante. La familia ha sido un objeto de estudio que se ha beneficiado de este nuevo contexto crítico. Así, se ha desmitificado la familia nuclear como la organización normal y universal para reconocer otras formas de vida que también son llamadas familias, lo que produjo «una especie de big bang en la sociología de la familia» (Cheal, 1991, pág. 8). Hoy en día, especialmente en los países ricos, existe una tendencia a hablar de «familias alternativas» (Weeks, Donovan y Heaphy, 1999), diferenciadas por clase, raza, etnia, cultura, historia o preferencias, y se reconocen otros tipos de estructura familiar, como las basadas en la monoparentalidad o las familias de elección. En varios países, especialmente en Europa y Norteamérica, políticamente hoy se acepta una gran diversidad de tipos de familias, como es el ejemplo de las familias monoparentales.

El impacto del movimiento feminista en la nueva paternidad

Probablemente un pensamiento que represente las ideas que defiende la postmodernidad sea el feminismo. De nuevo fueron Young y Willmott en 1974 quienes predijeron que el movimiento feminista influiría en las siguientes generaciones y que se verían afectados los roles tradicionales de la pareja; especialmente el cuidado de los hijos sería un tema fundamental que produciría cambios sustantivos en la cultura patriarcal.

Hoy cabe reconocer que los estudios de las feministas han puesto en evidencia muchos de los mitos construidos sobre la familia nuclear en su forma patriarcal que defendía la sociología estructural-funcionalista. Por ejemplo, el trabajo pionero de Jessie Bernard (1972) demostró que en la unión marital existen dos matrimonios a la vez: el de ella y el de él. Con ello se pone de manifiesto no solo la importancia de las diferencias entre los géneros, sino también, y sobre todo, la relación de poder que ha impuesto el hombre a la mujer en una cultura del hombre y para el hombre.

Más que una denuncia política, creo que la gran contribución de los estudios feministas es haber redefinido el campo de investigación de roles sociales entre los individuos, haciendo posible, de este modo, la inclusión de una gran variedad de estilos de roles que no necesariamente están relacionados con el tipo de sexo, sino con preferencias y prácticas socioculturales. Así, han ofrecido un nuevo marco conceptual donde puede ser explorado lo femenino y lo masculino en su condición histórico-cultural.

La gran variedad de estudios feministas sobre el género influyó directamente en el concepto de masculinidad y produjo nuevos estilos de ser padre. Las relaciones entre la pareja se hicieron más simétricas, y la negociación día a día sobre lo que significa ser padre-hombre y madre-mujer crearon una parentalidad más igualitaria y, en consecuencia, nuevas maneras de ser padre y madre.

Probablemente uno de los aspectos que ha contribuido a generar cambios dramáticos en la estructura y funciones de la familia en los últimos años es el aumento del divorcio. Esto hizo que proliferaran los segundos y terceros matrimonios, y que aparecieran en escena las madres solteras y los padres solteros.

Padres homosexuales

Hay que reconocer que de una generación a otra existen más espacios cotidianos donde se acepta la diversidad y complejidad cultural. Una de las ventajas de ubicar la investigación sobre la paternidad en el marco de los estudios de género es que permite ver y reconocer una gran variedad de formas de ser padre; una de estas variedades son los padres homosexuales.

Hoy las familias basadas en la relación lesbiana o gay son una realidad, las cuales siguen siendo estigmatizadas y no son reconocidas legalmente, por lo que afrontan graves problemas de marginación. Por ejemplo, la falta de una legislación que regule igual que para las parejas heterosexuales los derechos de herencia, las pensiones, el seguro médico y social, los préstamos para vivienda, la inmigración, etc., así como el derecho a la adopción y custodia de los hijos cuando una pareja se separa son problemas actuales.

La paternidad en la relación gay es una realidad que se tiene que reconocer bajo una nueva perspectiva que permita comprenderla a través de los propios actores que la generan día a día, que no tiene que ver con la relación heterosexual. Al respecto, Weeks, Donovan y Heaphy (1999) señalan que la falta de reconocimiento tanto social como legal de la parentalidad basada en la homosexualidad ha generado que este tipo de parejas se enfrente a cuestiones más complejas de obligación, compromiso y responsabilidad hacia los hijos y la propia pareja que las de tipo heterosexual. Por ejemplo, actualmente parejas de lesbianas discuten con amigos gays acerca de la inseminación artificial, concibiendo hijos de esta forma; esto ha creado una serie de cuestiones acerca del rol del padre donador en la coparentalidad, y es, algunas veces, sujeto de discusiones verdaderamente complejas. Este tipo de acuerdos parentales son complejos, en los que están implicados padres biológicos, amantes, ex amantes e incluso toda la familia.

Estos autores muestran ejemplos de esta clase de familia. Analizan el tipo de relación que mantienen los padres gays de una niña de 12 años y dos madres lesbianas que viven cerca (ibíd., pág. 96). En este caso, la hija se refiere a sus papás y a sus mamás, que son quienes componen su grupo familiar.

Actualmente en Inglaterra se ha abierto un debate en el Parlamento sobre el derecho a la adopción de las parejas homosexuales. Uno de los puntos que se argumentan a favor es que los hijos necesitan antes que nada un contexto familiar donde se les respete, escuche, quiera, reconozca y valore, y los padres heterosexuales en el marco de la familia nuclear tradicional no siempre garantizan tal contexto.

Para sorpresa de muchos, el 22 de junio de 2000, en el Parlamento de Navarra (España) se ha aceptado una ley que permite a parejas de gays y lesbianas adoptar niños o niñas. Lo que principalmente se hizo fue reconocer otros tipos de parejas con derecho a la adopción que no necesariamente sean heterosexuales: «la ley foral de Navarra otorga el concepto de pareja estable, que, con independencia de su orientación sexual, es definida como la unión de dos personas mayores de edad que conviven durante un año» (Pastor, 2000).

La paternidad desde la relación homosexual se vive y se construye de forma distinta; este tipo de discurso de relaciones no heterosexuales acerca de responsabilidad, cuidado, socialización, educación, amor y necesidades paternales ha generado nuevas maneras de masculinidad y, con ello, de familia.

El impacto del divorcio en la nueva paternidad

En los últimos años, otro de los aspectos que han contribuido a generar cambios dramáticos en la paternidad es el aumento del divorcio.

En Gran Bretaña, entre 1980 y 1990 se llevó a cabo un debate en torno a la paternidad, especialmente el problema del rol del padre después del divorcio. El aumento del divorcio puso en crisis la paternidad tradicional, sobre todo la que parte de la cultura patriarcal, ya que muchos de los hijos perdían a su padre. La ruptura no era sólo con la esposa, sino también con los hijos, quienes perdían todo contacto afectivo y social con el padre. A pesar de producir una crisis social, tal debate dio como resultado una ley, que denominaron The Children Act 1989, dirigida a redefinir los compromisos y obligaciones de la paternidad después del divorcio, pero que afectó también al papel de la maternidad. En términos generales, se intentaba establecer una nueva concepción de la paternidad.

Aunque en líneas generales ha resultado beneficiosa, C. Smart (1999) señala que esta ley tiene graves deficiencias, ya que la nueva paternidad, a pesar del divorcio, se construye sobre la base de la relación con la ex esposa y no con los hijos, sobre todo cuando estos son menores de edad; así, aparece un nuevo estilo de relación entre los ex cónyuges que afecta sobre todo a la paternidad. «Los nuevos padres son más comunicativos y flexibles» ante indicaciones de la madre referidas a la alimentación, el cuidado, la rutina, la higiene, la enfermedad de los hijos, etc. (ibíd., pág. 103).

Padres solteros

Actualmente, las cifras de padres solteros están aumentando en los países de Occidente por múltiples circunstancias: el divorcio, la emigración por motivos de trabajo, la enfermedad o muerte de la esposa, el abandono al padre y los hijos, etc. Estas circunstancias pueden deberse a una decisión propia o forzada, y pueden caracterizarse por una transición lenta, inesperada o repentina. En los Estados Unidos de Norteamérica, por ejemplo, existen 1,4 millones de padres solteros que se clasifican conforme a la siguiente variedad: padres que tienen esposa pero que están trabajando en otro lugar, padres divorciados que comparten la custodia de los hijos o los tienen a tiempo completo, padres que afrontan una enfermedad severa de su esposa o pareja, y el viudo que se convierte en padre soltero (Davis y Borns, 1998).

Esto ha generado cambios radicales en algunos padres, sobre todo aquellos que han asumido la responsabilidad total de los hijos. En estos padres se ha detectado una nueva sensibilidad que denominamos instinto paterno.

Narrando una experiencia personal: construyendo el instinto paterno

Por extrañas circunstancias, y con la ayuda de mis amigos, esta conferencia sobre la nueva paternidad coincidió con mi condición actual de padre soltero como resultado de la muerte de mi esposa. Soy padre de un niño de cuatro años, Alex, y de una niña de dos, Nicole.

La siguiente narración relata mi experiencia como padre soltero. Aunque no tiene ninguna fundamentación científica, creo que complementa el presente trabajo, ya que, en mi opinión, en algunos temas es imposible desligar el discurso científico de la biografía personal, y en muchos casos tal experiencia no contamina el conocimiento científico, sino que lo enriquece y le da vida.

Es de todos conocida la expresión instinto materno, que evoca una peculiaridad natural femenina sobre la maternidad y a la vez niega la posibilidad de que un hombre pueda tener tal instinto.

En mayo de 1996, el nacimiento de mi hijo Alex me convirtió en padre. En aquel entonces, mi esposa y yo acordamos que seguiría trabajando a tiempo completo fuera del hogar y ella se encargaría del cuidado de Alex en la casa. Esto no significa que no interactuara con él, que no estableciéramos una relación emocional estrecha y que no me hiciera responsable de él en ciertas ocasiones, sobre todo cuando estaba en casa.

Aunque reconocía entre Alex y mi esposa una relación particular (lo amamantó más de ocho meses), durante ese tiempo veía y sentía que compartían un mundo aparte mediante un lenguaje corporal que solo ellos podían entender; por ejemplo, cuando Alex tenía hambre, sed, calor, frío, un cólico, etc. Mi explicación y consuelo de dicho entendimiento entre ellos como padre era que se debía al instinto materno.

Otro de los acuerdos que teníamos era que durante la noche ella se levantaría cuando Alex llorara. Es extraño; pocas veces me daba cuenta de que Alex se despertaba durante la noche (no lo escuchaba), aunque mi esposa me comentaba que a veces Alex se despertaba hasta seis veces. De nuevo mi justificación era el instinto materno.

En febrero de 1998 nació Nicole y seguimos con los acuerdos, aunque mi responsabilidad y tiempo aumentaron, principalmente con mi hijo Alex. Este fue un momento importante en que viví de otra manera mi paternidad. Estaba ante un niño de dos años que se expresaba con una lógica particular que aprendí en mi interacción cotidiana con él.

En junio del mismo año se le diagnosticó a mi esposa cáncer de pecho. Ese fue otro momento en que mi práctica cotidiana como padre cambió radicalmente, pues dediqué más tiempo a mi esposa y a mis hijos. Durante año y medio luchamos juntos en contra de esa enfermedad maligna, aunque el pronóstico cada día era peor y, según los doctores, la muerte, tarde o temprano, era inevitable. Tal circunstancia me llevó a hacerme cargo de mis hijos a tiempo completo y cambió mis responsabilidades como padre radicalmente.

Cada día aprendía algo distinto: desde el cambio de pañales hasta entonar una canción de cuna. Hoy, mis hijos y yo formamos una relación estrecha donde compartimos un lenguaje común. Por ejemplo, durante la noche, aunque esté dormido, escucho cada movimiento de mis hijos, interpreto cuándo están cansados, enfermos, tienen hambre o sed, quieren jugar, dormir o descansar. Aunque, curiosamente, ellos también me escuchan, están al tanto de mí, cosa que explica la naturaleza interactiva de la paternidad.

Por otra parte, he experimentado también cambios radicales en la manera de expresar mis sentimientos hacia ellos; me sorprende ver que una caricia y una palabra que exprese amor son distintas para Alex y para Nicole, y estoy seguro de que no es sólo por la diferencia de edad, sino también por la diferencia de sexo.

Todo ello me hace pensar que ha surgido en mí, probablemente, un instinto paterno.

Esta nueva manera de enfrentarme con mi masculinidad, mediante la práctica paterna, seguro que está relacionada con mi historia personal, es decir, con la madre que siempre estuvo a mi lado cuando era un bebé y un niño y que hoy forma parte de mi identidad como hombre, así como con mis actuales circunstancias, que con la enfermedad de mi esposa y su posterior muerte me hicieron interactuar día a día con mis hijos de forma distinta, descubriendo no solo una forma de vida difícil y agobiante, sino también fascinante, desafiante, interesante y altamente satisfactoria.

Más allá de la modernidad y la postmodernidad: la pobreza y la nueva paternidad en Latinoamérica

La modernidad y la postmodernidad como formas de vida no encuentran un sentido lógico en Latinoamérica. No es posible aplicar la clara evolución de las prácticas paternas tradicionales, modernas y postmodernas de los países anglosajones a una realidad como la latinoamericana. La propia historia de esta región nos hace ver que existe una serie de precondiciones económicas y culturales que hacen de la paternidad un híbrido imposible de categorizar de una sola forma. Especialmente la pobreza ha generado estilos de vida que sitúan a muchas familias en desventaja, creando una dinámica familiar peculiar.

Por ejemplo, el antropólogo Oscar Lewis identificó en los años cincuenta toda una cultura de la pobreza en familias que emigraron del campo a la ciudad como resultado de la miseria. Su investigación, con un estilo metodológico sociobiográfico, pudo reconocer una serie de paternidades sui generis. Por ejemplo, en la familia Sánchez (1997), Jesús Sánchez, a pesar de que ha tenido hijos con cuatro mujeres distintas, cada una de las cuales tenía hijos de matrimonios anteriores, siempre ha tenido un sentido de responsabilidad para sus diversas mujeres e hijos, a ninguno de los cuales abandonó, y expresó siempre un cariño especial hacia ellos. Esta estructura atípica de familia tradicional, que no tiene nada que ver con la familia nuclear moderna o con las familias postmodernas, no hace que Jesús renuncie a su paternidad y exprese su apoyo y amor a sus hijos e hijastros peor que muchos padres que viven en el contexto de una familia nuclear de clase media alta.

Este breve análisis de un tipo de familia mexicana, que desde los años cincuenta hasta la fecha va en aumento, sirve sólo para reflexionar sobre la complejidad social y cultural que envuelve la paternidad, un tema de estudio imposible de analizar como variable independiente y hacer de los resultados de investigación un conocimiento universal y ahistórico.

Implicaciones de la nueva paternidad para la terapia familiar

Tal como hemos visto, no existe una manera de ser padre sino muchas, y estas dependen de circunstancias y contextos de las familias. Este nuevo contexto familiar requiere nuevos terapeutas que vayan más allá del conocimiento tradicional e incorporen en sus conocimientos y prácticas nuevas maneras de ver y tratar a la familia. Con ello queremos decir lo siguiente.

1

No dar nada por sentado

No asumir o dar por sentado un discurso particular de masculinidad, en este caso de paternidad, siempre articulado en torno a la familia nuclear, que peligrosamente organiza de manera implícita nuestras prácticas terapéuticas.

2

Nuevas simbologías de género

Generar nuevas simbologías de género que dibujen genogramas que vayan más allá de la distinción sexual, conduciéndonos a ver nuevos mapas y relaciones.

3

Reconocer la diversidad

Aceptar y reconocer la diversidad de formas de familias y con ello de paternidad, permitiendo así enriquecer la práctica clínica. Aunque también es importante señalar que hay que enfrentar el conocimiento de la nueva diversidad paternal a una reflexión ético-crítica con el objetivo de no hacer del tema un riesgo para los miembros de la familia, porque no siempre todo vale.

4

El contexto terapéutico como campo de investigación

Hacer del contexto terapéutico un campo de investigación empírico excepcional donde se saben explorar y comprender las nuevas formas de padre que están surgiendo día a día, y especialmente nuevas maneras de masculinidad en el contexto de la familia.

5. Hacer de la paternidad un recurso. Entendida la paternidad como una práctica discursiva diversa, encontrar en ella un recurso atractivo para crear cambios hacia todo el sistema familiar. Por ejemplo:

Para reconocer en las familias su propia manera de entender y tratar la paternidad con el fin de comprender la dinámica familiar en torno a este tema.

Para hacer de la nueva paternidad un discurso alternativo que puede conjugarse con nuevas formas de la maternidad, generando en los hijos nuevos estilos de género que posiblemente reproducirán en las siguientes generaciones. Por ejemplo, si queremos hacer de la paternidad un recurso, es necesario analizar cuándo un padre tradicional ha mostrado sentimientos y comportamientos hacia los hijos que han dejado sorprendida a toda la familia, pues estos momentos alternativos pueden ser útiles en la terapia.

Y para explorar con la familia nuevas formas de paternidad con el fin de no solo resolver problemas, sino de generar nuevos estilos de vida a medio y largo plazo.

Nota del original

(*) Trabajo presentado en las V Jornadas internacionales IKAS-DICTIA de terapia familiar, en Bilbao (España), celebradas del 19 al 24 de junio de 2000.

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Texto original publicado por Red Sistémica con el título «Contextos y circunstancias de la nueva paternidad. En busca del instinto paterno. Implicaciones para la terapia familiar» (primera publicación: Perspectivas Sistémicas, n.º 63, septiembre-octubre de 2000). Reproducido con el acuerdo de la revista.

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Cómo citar este artículo

Medina Centeno, R. (2022). Contextos y circunstancias de la nueva paternidad. En busca del instinto paterno: implicaciones para la terapia familiar. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/fr_FR/articles/contextes-et-circonstances-de-la-nouvelle-paternite-a-la-recherche-de-l-instinct-paternel (Obra original publicada en 2000 en Perspectivas Sistémicas, n.º 63, septiembre-octubre de 2000; republicada en 2022 por Red Sistémica, https://redsistemica.ar/2022/06/29/contextos-y-circunstancias-de-la-nueva-paternidad-en-busca-del-instinto-paterno-implicaciones-para-la-terapia-familiar/)

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