Esta versión ha sido traducida del francés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Pareja · Ciclo de vida
En consulta, la pregunta «¿Se ha acabado?» surge a menudo muy pronto. Busca reducir la incertidumbre y convertir una experiencia relacional compleja en un veredicto. Una lectura sistémica invita a frenar ese movimiento: la crisis puede señalar un paso más que un amor agotado.
Un paso, es decir, un momento en el que la pareja debe reorganizar sus reglas, sus fronteras y su manera de estar en pareja. Este encuadre no excusa la violencia ni los abusos, pero ayuda a comprender qué intenta regular la crisis, en qué momento del recorrido aparece y qué opciones de ajuste —o de separación— se vuelven pertinentes.
El concepto de ciclo de vida, utilizado desde los años sesenta y setenta para pensar las transformaciones de las familias y las crisis de transición, ofrece una herramienta de contextualización clínica (Carter & McGoldrick, 1980; Dupont, 2018). No se trata de un guion normativo: es un mapa que ayuda a identificar las tareas evolutivas en juego y los terceros que se activan —familias de origen, iguales, hijos e hijas, trabajo, redes—. Lo esencial es que los miembros de la pareja pueden atravesar la misma etapa a ritmos distintos; una crisis puede ser entonces la expresión de una sincronización difícil más que de una incompatibilidad de fondo.
Desde esta perspectiva, Ivy Daure propone una guía centrada en la trayectoria de la pareja —encuentro, reconocimiento, presentaciones, compromisos, paso a la parentalidad, reencuentro, jubilación—, a la que la entrevista en la que se inspira este texto añade la cuestión de la continuidad del vínculo tras la muerte de uno de los miembros de la pareja (Daure, 2026). Para la práctica profesional, el interés es pragmático: disponer de un lenguaje para situar una crisis y formular hipótesis de trabajo sin reducirla a una prueba de incompetencia amorosa.
El encuentro abre un espacio de proyecciones y de selecciones recíprocas, hoy a menudo mediado por la tecnología. En sesión, volver sobre lo que atrajo a cada miembro de la pareja —semejanza, diferencia fascinante, sensación de seguridad— permite identificar el relato de origen de la pareja: necesidades, ideales, vulnerabilidades. Este regreso no pretende idealizar, sino comprender lo que se prometió implícitamente desde el principio (estabilidad, novedad, reparación, reconocimiento) y lo que, más tarde, se convierte en motivo de conflicto cuando esa promesa implícita deja de cumplirse.
El «nosotros» se vuelve explícito y se dibuja un contrato relacional: exclusividad o no, visibilidad, lugar de las exparejas, grado de compromiso. Las crisis típicas son las de lo implícito: una parte piensa que «es evidente», la otra que «no se ha dicho nada». La intervención consiste a menudo en volver negociable el contrato: aclarar las reglas sin convertir la aclaración en un juicio, y distinguir el acuerdo sobre las reglas (lo que se decide) del acuerdo sobre las emociones (lo que se siente), que no llegan al mismo ritmo.
Presentar a la pareja —amistades, familia, colegas, hijos e hijas en las familias reconstituidas— expone la relación a la evaluación externa. Los conflictos giran en torno a la validación, la lealtad y el miedo al juicio. El equipo terapéutico puede cartografiar a los terceros: quién cuenta, quién amenaza, quién apoya, y cómo el orden de las presentaciones revela alianzas y fronteras. Clínicamente, lo que está en juego no es solo decírselo a los demás, sino aprender a hacer existir la pareja fuera de la burbuja diádica, sin disolverse en las expectativas del entorno.
Estas decisiones inscriben a la pareja en el tiempo: convivencia o no, compra, viaje planificado, pareja de hecho o matrimonio, ajustes profesionales (Daure, 2026). La crisis suele venir de un desfase de sentido: prueba de amor para una parte, amenaza a la libertad para la otra. El trabajo clínico gana al centrarse en las microfronteras de la vida cotidiana —tiempo a solas, dinero, sexualidad, trabajo— más que en un debate a favor o en contra del compromiso. La hipótesis útil suele ser: ¿qué corre el riesgo de perder, o de ganar, cada miembro de la pareja si el compromiso se vuelve más concreto?
El paso a la parentalidad suele jugarse ya en la reflexión: deseo, rechazo, cuestión de un hijo común en una familia reconstituida. Ivy Daure describe el riesgo de escalada en torno a un sí o un no, y el intento de reclutar a quien lleva la terapia como árbitro (Daure, 2019). Esta etapa es tanto más sensible cuanto que, en la pareja contemporánea, la llegada de un hijo o una hija puede constituir una crisis más que un cemento (Neuburger, 2013). El trabajo clínico apunta entonces menos al compromiso técnico que a la comprensión de las necesidades existenciales en tensión: filiación, transmisión, libertad, seguridad, cansancio, miedo a repetir una historia.
Tras años de organización, la pareja debe reencontrarse de otra manera. El reencuentro exige gestos activos: tiempo para los dos, sexualidad renegociada, proyectos comunes. Una crisis frecuente surge cuando un tercero estructurante —pasión, trabajo, red— sustituye la inversión relacional: una parte se ausenta, la otra se siente sola. La intervención busca restaurar rituales y hacer visibles las necesidades de apego: ¿qué es lo que, para cada miembro de la pareja, crea vínculo en el día a día —presencia, palabra, cuerpo, proyecto, humor, ayuda mutua—?
La jubilación intensifica el tiempo compartido y modifica la identidad social. Las diferencias de ritmo, de uso del espacio doméstico y de necesidad de soledad se vuelven más marcadas. El trabajo terapéutico puede seguir siendo muy concreto: rutinas, espacios, actividades, vida social, con el fin de recrear fronteras internas compatibles con una mayor disponibilidad. Una referencia clínica sencilla consiste en evaluar si la jubilación se convierte en un gran reencuentro sostenible o en una exposición prolongada a microconflictos no regulados.
En la entrevista, Ivy Daure subraya que la muerte de un miembro de la pareja no borra mecánicamente la pareja: rituales, objetos, proyectos y promesas pueden mantener un vínculo vivo en la persona superviviente. Los trabajos sobre los vínculos continuos muestran que esta continuidad puede ser adaptativa y no patológica (Klass, Silverman, & Nickman, 1996). La referencia clínica es la flexibilidad: ¿el vínculo ayuda a vivir y a relacionarse, o inmoviliza? Para quienes ejercen la clínica, lo que está en juego suele ser acompañar una forma de lealtad que no prohíba ni la alegría, ni nuevos vínculos, ni la transformación del sentido de la pareja.
Referencia clínica
«¿A qué transición se enfrentan?» sustituye con ventaja a «¿Quién tiene la culpa?»
La guía permite, en primer lugar, situar la crisis. Después, hace visibles las asimetrías de tempo: muchos conflictos tienen que ver con un desacuerdo sobre el «cuándo» —oficializar, convivir, procrear, desacelerar— más que sobre el «qué», y nombrarlas reduce la moralización (Daure, 2019).
Por último, orienta hacia un trabajo sobre las fronteras con los terceros: en cada etapa, un tercero se vuelve central —familias de origen, exparejas, hijos e hijas, trabajo, pasiones, envejecimiento, enfermedad, jubilación—. Leer la crisis como un problema de frontera, demasiado porosa o demasiado rígida, permite proponer intervenciones más operativas: redefinir reglas, restaurar rituales, proteger los tiempos para los dos, aclarar el lugar de las personas cercanas, sostener transiciones simbólicas. Esta postura es coherente con una clínica sistémica que busca menos dirimir quién tiene la culpa que ampliar las posibilidades de elección y de relato (Neuburger, 2013).
El ciclo de vida de la pareja no lo explica todo, pero ofrece una brújula clínica. Ayuda a evitar una conclusión precipitada —«se ha acabado»— planteando una pregunta más operativa: ¿qué pide esta transición? La guía propuesta por Ivy Daure resulta especialmente útil porque se acerca a los momentos clave que relatan las propias parejas y puede utilizarse directamente en la entrevista.
La entrevista con Ivy Daure en la que se inspira este texto puede verse a continuación.
Cómo citar este artículo
Besse, J. (2026, 15 de febrero). Le cycle de vie du couple : une boussole clinique pour accompagner les crises conjugales. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/fr_FR/articles/le-cycle-de-vie-du-couple-une-boussole-clinique-pour-accompagner-les-crises-conjugales
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