Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Family Process · Terapia familiar
Shirley llora, y es su pareja quien busca un pañuelo, enfadado porque la terapeuta, detrás de su pantalla, no puede hacerlo. A la inversa, Becky por fin se siente a gusto recibiendo al terapeuta «en nuestro salón, en zapatillas». Alon Aviram y Yochay Nadan (Universidad Hebrea de Jerusalén) entrevistaron a 18 parejas y a 15 terapeutas sobre la alianza terapéutica por videoconferencia: una cercanía a distancia, hecha de hospitalidad, de cuidado obstaculizado y de rostros vistos muy de cerca.
Traducción no oficial al español de “I miss not being able to offer my couples a box of tissues…”: Couples’ and therapists’ perspectives on the therapeutic alliance with the transition to online couple therapy, de Alon Aviram y Yochay Nadan, publicado en Family Process (Wiley) (2024), doi: 10.1111/famp.12853, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Por ello recomendamos no cerrar los ojos ante el encuadre en línea, sino reconocerlo e invitar a las parejas en terapia a mantener conversaciones colaborativas al respecto.
Alon Aviram y Yochay Nadan
Resumen
El propósito de este estudio es hacer avanzar la teoría sobre las experiencias de las parejas y de profesionales de la terapia que participan en la terapia de pareja en línea y sobre los significados que les atribuyen, con especial atención a la alianza terapéutica. Siguiendo la metodología de la teoría fundamentada constructivista, se realizaron entrevistas en línea en profundidad y semiestructuradas con 36 personas, entre ellas 18 parejas que habían participado en una terapia de pareja en línea por videoconferencia. Además, se entrevistó a 15 terapeutas de pareja y familia en cuatro grupos focales en línea. Nuestro análisis señala tres dimensiones que inciden en la formación de la alianza terapéutica en la terapia de pareja en línea: (1) la cercanía emocional, como vía para establecer un espacio físico o emocional; (2) el cuidado limitado, porque a quien ejerce la terapia le cuesta ofrecer consuelo y seguridad; y (3) el lenguaje corporal, tal como se refleja en la falta de presencia física y en la observación minuciosa del rostro, en dos extremos opuestos de un continuo. Discutimos nuestros resultados desde la perspectiva de la dinámica de cercanía y distancia, según la cual la capacidad de quien ejerce la terapia para regularse depende de las necesidades emocionales de su clientela. Concluimos con implicaciones para la práctica clínica.
En los últimos años, el campo de la terapia familiar y de pareja ha sido testigo de una tendencia creciente al paso de entornos presenciales a entornos en línea (Machluf et al., 2021), lo que plantea interrogantes sobre la influencia del escenario virtual en distintos aspectos de la alianza terapéutica. Si bien la investigación ha explorado diferentes elementos del marco singular de la terapia de pareja en línea, como la telepresencia, la ética y la telesupervisión (Aviram & Nadan, 2022b; de Boer et al., 2021; Hardy et al., 2021), se ha prestado poca atención a la alianza terapéutica en la terapia de pareja en línea. El propósito de este artículo es explorar el concepto de alianza terapéutica en el contexto de la terapia de pareja en línea. Comenzamos examinando el concepto, centrándonos en su papel en el encuadre en línea. A continuación, describimos la metodología que guió nuestra investigación y las tres subcategorías que surgieron de nuestro análisis. Concluimos con una discusión sobre la contribución teórica del estudio y una revisión de las implicaciones clínicas para profesionales que trabajan con parejas en línea.
La alianza terapéutica es un tipo de asociación entre la persona consultante y su terapeuta que permite alcanzar objetivos mediante el trabajo conjunto (Berger, 2017). Aunque el concepto puede rastrearse hasta Sigmund Freud (1949), su significado ha cambiado a medida que la alianza terapéutica evolucionaba a lo largo de los años, tanto en su forma como en su importancia, hasta convertirse en una conceptualización panteórica. Por ejemplo, Rogers (1951) describe como características ideales de una relación terapéutica la aceptación, la empatía, la comprensión y la congruencia, mientras que Bordin (1979) conceptualiza la alianza terapéutica como compuesta por tres componentes: el acuerdo sobre los objetivos, la asignación de tareas y el desarrollo de vínculos.
Lo que comenzó como un constructo analítico ha evolucionado hasta convertirse en una variable integradora y un factor común (Bartle-Haring et al., 2012), y la evidencia muestra que la alianza terapéutica es el factor común con mayor respaldo empírico, tanto en la terapia individual (Flückiger et al., 2018) como en la terapia de pareja y familia (Friedlander et al., 2011). La terapia familiar ha puesto el acento en la alianza terapéutica desde sus inicios. Por ejemplo, el término «acomodación» (joining) describe el proceso por el cual quien ejerce la terapia imita y adopta el estilo, el lenguaje y el modo de funcionar de la familia (Minuchin, 1967). Para poder modificar la estructura de la familia, es preciso establecer la confianza mediante la acomodación. Se ha sostenido que la alianza terapéutica contribuye más al cambio terapéutico en la terapia de pareja y familia que en la terapia individual, debido al impulso combinado que genera la conexión con los miembros de la familia y al efecto dominó sobre todo el sistema relacional (D'Aniello & Fife, 2020).
Un aspecto de la alianza terapéutica está relacionado con la dinámica de cercanía y distancia entre terapeuta y consultante(s). La idea de distancia terapéutica se remonta al trabajo de Mallinckrodt (2010) y de Mallinckrodt et al. (2015), y se define como la capacidad de quien ejerce la terapia para regularse en función de las necesidades emocionales de la persona consultante durante una sesión. Utilizar la distancia terapéutica refuerza el andamiaje de la alianza terapéutica, ya que crea una dinámica de cercanía y distancia entre consultante y terapeuta (Egozi et al., 2021).
Tremain et al. (2020) sugieren que, en el caso de personas con trastornos mentales graves, la alianza terapéutica puede favorecerse mediante intervenciones digitales (intervenciones basadas en la tecnología que proporcionan información y apoyo, así como terapia emocional, decisional, conductual y neurocognitiva para problemas de salud física y mental), pero que dicha alianza puede tener características propias que aún no se han confirmado en entornos digitales. Una alianza terapéutica digital puede aumentar la adherencia y el compromiso con las intervenciones digitales. Aunque la alianza terapéutica parece tener un impacto menor en los resultados de las intervenciones digitales que en las presenciales (Germain et al., 2010), dos revisiones sobre la alianza terapéutica en intervenciones basadas en internet concluyeron que las puntuaciones de alianza de la clientela eran elevadas (Berger, 2017; Simpson & Reid, 2014). Estas revisiones reclaman más investigación para identificar las características propias de la alianza terapéutica en los distintos formatos de tratamiento.
La investigación centrada en la relación terapéutica en el contexto de la terapia de pareja y familia en línea es escasa. En un estudio reciente (Machluf et al., 2021), terapeutas refirieron dificultades para establecer alianzas terapéuticas en línea, pero existen pocos datos sobre la perspectiva de la clientela. Además, no disponemos de ningún dato sobre el efecto del ámbito virtual en la dinámica de cercanía y distancia.
Un corpus creciente de literatura demuestra la importancia de la alianza terapéutica para lograr el compromiso terapéutico en la terapia en línea (Berger, 2017; Simpson et al., 2021), aunque este conjunto de conocimientos no se ha centrado en la terapia de pareja. Además, si bien los estudios relativos a la alianza terapéutica han demostrado la viabilidad de establecer una alianza para legitimar las intervenciones por internet (Cook & Doyle, 2002; Tremain et al., 2020), no han producido una comprensión cualitativa más profunda de los factores que pueden contribuir a construir la alianza terapéutica. El presente estudio pretende empezar a colmar esta laguna aportando nuevas perspectivas sobre los elementos que pueden servir de andamiaje a la alianza terapéutica, a partir de entrevistas con parejas y terapeutas que participan en terapias de pareja en línea. Nuestra exploración inductiva se guió por las siguientes preguntas de investigación: (1) ¿Cuáles son las percepciones, experiencias y significados que los miembros de la pareja atribuyen a la terapia de pareja en línea? (2) ¿Cómo viven, interpretan y perciben los miembros de la pareja la dimensión en línea en el contexto de la alianza terapéutica? Y (3) ¿cómo viven, interpretan y perciben quienes ejercen la terapia de pareja y familia la dimensión en línea en el contexto de la alianza terapéutica?
Este estudio cualitativo empleó el enfoque inductivo, comparativo y ascendente (Glaser & Strauss, 1967) de la metodología de la teoría fundamentada constructivista (en adelante, TFC; Charmaz, 2017). En términos generales, la teoría de la construcción social sostiene que quien investiga y las personas participantes construyen el modelo teórico de forma colaborativa. Esta posición se sitúa entre la realista y la posmoderna, al asumir una «realidad limitada» y, al mismo tiempo, múltiples perspectivas sobre esa realidad (Charmaz, 2017).
Se realizaron entrevistas con 36 personas, que formaban 18 parejas. Las personas participantes se seleccionaron mediante un muestreo intencional basado en criterios (Patton, 2015). El principal criterio de participación en el estudio era que las parejas hubieran asistido a un mínimo de 10 sesiones de terapia de pareja en línea. Además, los criterios de selección especificaban parejas adultas de habla hebrea o inglesa que vivieran en Israel o en el extranjero (israelíes y no israelíes). La captación se realizó a través de los contactos personales del investigador (primer autor), que presentó el estudio a colegas y les pidió que le derivaran posibles personas entrevistadas. Asimismo, se publicó en Facebook un anuncio dirigido a terapeutas para animarles a proponer el estudio a sus consultantes.
En conjunto, no hubo grandes diferencias de edad entre los hombres y las mujeres participantes (edad media de los hombres = 40,7 años; edad media de las mujeres = 38,6 años). Todas las parejas llevaban entre dos y 26 años de relación (media 11,1), diez de ellas estaban casadas (duración media del matrimonio 6,7) y 12 tenían hijos (media 1,7). La mayoría eran parejas de distinto sexo (n = 16). La mayor parte de las personas participantes tenía un título universitario (cuatro doctorados, 17 másteres y 13 licenciaturas), y dos solo tenían estudios secundarios. Las personas participantes eran en su mayoría judías laicas de clase media y media-alta; dos eran judías religiosas y una, musulmana laica. El muestreo era relativamente diverso en cuanto a la ubicación geográfica de las parejas entrevistadas. La mitad de la muestra pasó a la terapia de pareja en línea tras el primer confinamiento en Israel, a principios de 2020, mientras que la otra mitad eligió la terapia de pareja en línea. La mayoría de las parejas siguió la terapia de pareja durante 12 meses, con un máximo de 36 meses y un mínimo de 3 meses. En la primera mitad de la muestra, que pasó a la terapia en línea, la duración del tratamiento incluía un periodo de terapia presencial. Las parejas entrevistadas recibieron tratamiento de terapeutas de pareja con acreditación (n = 15), de profesionales de la psicología clínica (n = 2) y de una persona profesional del trabajo social clínico con licencia (n = 1).
Para adquirir una comprensión profunda del fenómeno estudiado, se optó por un grupo focal que facilitara la discusión y el debate entre miembros homogéneos (Kitzinger, 1995). Este dispositivo ofrece la oportunidad de expresar distintas visiones del mundo y paradigmas (Guba & Lincoln, 1994). En un grupo focal, además, quien investiga promueve o modera una discusión de grupo entre las personas participantes, y no entre ellas y quien investiga.
Entrevistamos a 15 terapeutas de pareja y familia en cuatro grupos focales en línea distintos (de 3 a 6 participantes). Las personas participantes se seleccionaron mediante un muestreo intencional basado en criterios (Patton, 2015). Los criterios de selección especificaban terapeutas de pareja de habla hebrea e inglesa que vivieran en Israel o en el extranjero y que hubieran practicado la terapia de pareja en línea por videollamada. La captación se realizó a través de los contactos personales de los investigadores (ambos autores de este artículo), que presentaron el estudio a colegas pidiéndoles que participaran en un grupo focal. Además, se publicó en Facebook un mensaje dirigido a terapeutas de pareja y familia.
El primer autor realizó entrevistas individuales en línea, en profundidad y semiestructuradas, en hebreo y en inglés, entre septiembre de 2020 y abril de 2021. Cada entrevista comenzaba con la pregunta narrativa: «¿Podría contarme la historia de su terapia de pareja?». La guía de entrevista contenía preguntas relativas a los antecedentes de la persona entrevistada y a su relación de pareja; al motivo o los motivos para iniciar una terapia de pareja; y a las expectativas, sentimientos, pensamientos y preocupaciones antes, durante y después de la terapia. La guía abarcaba los siguientes temas: el uso de la tecnología en la terapia (p. ej., ¿Le preocupaba algo del uso de la tecnología en una terapia de pareja por videoconferencia?), la relación terapéutica (p. ej., ¿Hasta qué punto sintió que se desarrollaba una relación entre ustedes y la persona terapeuta?), la gestión de los desacuerdos y discusiones conyugales en terapia (p. ej., ¿Tuvo discusiones acaloradas con su pareja durante la terapia?) y otros temas planteados por las personas entrevistadas. Las entrevistas, que duraron entre 50 y 90 min (media 67,5 min), se grabaron digitalmente y se transcribieron literalmente.
La recogida de datos tuvo lugar entre noviembre de 2021 y enero de 2022. La guía de entrevista contenía preguntas relativas a la experiencia clínica con la terapia en línea (¿Cómo describiría su experiencia con la terapia en línea?), con la alianza terapéutica (¿Cómo describiría la formación de un vínculo con su consultante?) y con la tecnología necesaria para la terapia en línea en general y para la alianza terapéutica en particular (¿Cómo describiría el efecto de la tecnología en su trabajo clínico?). Los grupos focales, que duraron entre 90 y 120 min (media 105), se grabaron digitalmente y se transcribieron literalmente.
El análisis de los datos siguió los pasos de la TFC, con el objetivo de conceptualizar las experiencias de las personas participantes para desarrollar un modelo teórico fundamentado en los datos sobre la terapia de pareja en línea por videoconferencia (Charmaz, 2017). La recogida y el análisis de los datos se llevaron a cabo de forma simultánea, mediante un proceso circular. El análisis lo realizó principalmente el primer autor con la ayuda del segundo autor, director de investigación del estudio. El primer paso consistió en familiarizarse con los datos (inmersión) leyendo y releyendo las entrevistas. La codificación se hizo línea por línea o incidente por incidente, lo que ayudó a los investigadores a permanecer abiertos a los datos y a buscar en ellos matices. También se codificó buscando acciones en cada frase y utilizando gerundios. Este tipo de codificación abierta reduce la tendencia a categorizar a las personas y permite centrarse en los datos y no en el tipo de persona que los aporta (Charmaz, 2017).
Una vez concluida la fase de codificación inicial, comenzó la fase de codificación focalizada. En esta fase se recurrió al análisis comparativo constante para analizar y comparar los datos recogidos dentro de cada entrevista y entre entrevistas, con el fin de confirmar similitudes y diferencias. Por ejemplo, el código «visita a domicilio» apareció varias veces a lo largo del texto en formatos muy distintos. Algunos lo describían simplemente como una «visita», otros como una visita terapéutica y otros como una visita a domicilio. Este método implicaba descomponer los datos en «incidentes» (Glaser & Strauss, 1967) o «huesos» (Charmaz, 2017) y luego codificar esos «incidentes» en categorías. Las categorías surgieron del lenguaje de las personas participantes y de datos que el investigador identificó como significativos para los fenómenos estudiados. La fusión de los códigos «visita a domicilio» y «la experiencia de acoger» dio lugar a la subcategoría «cercanía emocional». Este proceso se llevó a cabo para cada entrevista y fue seguido de un análisis diádico de cada pareja (Eisikovits & Koren, 2010). Este tipo de análisis aporta mayor claridad al comparar a los miembros de la pareja y afinar los códigos. El análisis de los datos se realizó con ATLAS.ti, un programa de análisis de datos cualitativos y de investigación.
La reflexividad es fundamental en la TFC (Charmaz, 2017). Al llevar a cabo la investigación, el primer autor era consciente del impacto que su identidad de hombre cisgénero israelí casado, padre, trabajador social y terapeuta de pareja en línea tenía en el proceso (Dwyer & Buckle, 2009). Como persona de dentro y miembro de la comunidad de la terapia de pareja en línea, el investigador podía verse afectado por el proceso de investigación; ello exige prestar atención a las percepciones y actitudes en las distintas etapas de la investigación para garantizar que no influyan en los resultados (Bryant & Charmaz, 2019). Un ejemplo de esta dinámica puede encontrarse en el proceso de entrevista, ya que el investigador, que es también clínico, tuvo que velar por mantener los límites entre estas dos posiciones complejas. El segundo autor —un hombre gay cisgénero israelí casado, especializado en terapia de pareja y familia y en investigación en psicoterapia— ejerció como director de investigación del estudio. El primer autor llevó un diario de campo a lo largo de todo el estudio, en el que registró con detalle sus fases. Además, los autores recurrieron a consultas, a sesiones de revisión entre pares (debriefing) y a la reflexión para comprender los conceptos, valores y posicionamientos sociales personales (Patton, 2015). También se empleó el proceso de «puesta entre paréntesis» (Husserl, 1977) para evitar sesgos y supuestos por parte del investigador, explicando un fenómeno en función de su propio sistema de significados.
El Comité de Ética de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Hebrea otorgó la aprobación ética. El estudio se llevó a cabo de acuerdo con las directrices del Comité de Ética: las personas participantes firmaron un formulario de consentimiento informado y se garantizó la confidencialidad durante todo el estudio, en particular mediante el uso de seudónimos y la supresión de todo dato identificativo en el informe final y en este artículo. Además, se dejó claro a las personas participantes que la participación era voluntaria y que podían interrumpirla en cualquier momento y negarse a responder a cualquier pregunta. Como todas las entrevistas se realizaron en línea, se procuró garantizar una seguridad adecuada de la información, y todas las grabaciones, transcripciones y comentarios relativos a las entrevistas se conservaron de forma segura (Janghorban et al., 2014).
En esta sección presentamos una categoría clave identificada en nuestro análisis: la cercanía a distancia. Esta categoría se divide en tres subcategorías relativas a los elementos de cercanía a distancia entre las parejas y quienes ejercen la terapia de pareja entrevistadas en el estudio: la cercanía emocional, el cuidado limitado y el lenguaje corporal.
Una de las formas en que las personas entrevistadas percibieron y construyeron la cercanía a distancia en el contexto de la terapia de pareja en línea fue por su capacidad para crear cercanía emocional. Las personas participantes vincularon en gran medida la creación de cercanía emocional al efecto de «visita a domicilio» de la terapia de pareja en línea. Desde el inicio de la terapia, la cercanía emocional, tal como la describe Becky, una mujer de 42 años con una relación de 16 años, se consideró un aspecto fundamental del proceso:
Entrevistador: Describa su primer encuentro con el terapeuta.
Becky: …Era muy innovador, y sentí que solo eso —poder hacer terapia de pareja sentada en zapatillas (risas)…— creaba intimidad, una ligereza…
Entrevistador: ¿Qué había de íntimo en ello para usted?
Becky: …Supongo que el hecho de estar en nuestro salón fue importante. Lo recibimos en nuestra casa, y fue agradable. Era como una conversación entre amigos… Parecía algo muy poco clínico, muy distinto de ir a la consulta de alguien… Ya habíamos hecho terapia de pareja antes, y allí era como ir al médico. Había una sensación de extrañamiento que hizo que lo dejáramos al cabo de unas pocas sesiones. Si comparo las dos, aquí no hubo ningún extrañamiento… Creo que eso marcó de verdad toda nuestra relación con él a partir de ese momento.
Las palabras de Becky establecen una conexión entre la relación terapéutica que ella y su pareja habían empezado a desarrollar con el terapeuta y el efecto de que esto fuera como una visita a domicilio. Utiliza palabras que subrayan lo personal —nuestro salón, mis zapatillas, nuestra casa—, empleando posesivos para señalar la apropiación del proceso terapéutico (Pennebaker, 2011). El resultado es una mayor intimidad y una alianza terapéutica más sólida. Además, al contrastar una experiencia previa de terapia de pareja presencial, que describió como alienante, con la terapia de pareja en línea, puede que estuviera situando la cercanía emocional y el extrañamiento en los dos extremos de un continuo, creando la sensación de que la terapia de pareja presencial y la terapia en línea se encuentran en polos opuestos del espectro.
Las parejas entrevistadas tendían a comparar y contraponer la terapia presencial y la terapia en línea, pero la realidad de quienes ejercen la terapia no es tan binaria: la terapia en línea es simplemente otra manera de crear cercanía emocional, gracias a que la pareja invita a quien ejerce la terapia a su espacio natural. Este sentimiento lo expresó Sharon, terapeuta de pareja acreditada de 45 años con 12 años de experiencia:
Cuando una pareja viene a verme, soy responsable de su relación de pareja… Es decir, ellos también tendrán una alianza en torno a su relación de pareja. Lo online es maravilloso… Si están en la misma pantalla, esa es la imagen que ven; ven su relación de pareja, en su salón, en su dormitorio. Yo soy extraterritorial respecto a su relación de pareja; me reciben en su casa, lo que crea intimidad entre mí y su relación de pareja, y entre los dos. Eso refuerza muchísimo su capacidad de ser pareja, de verse como pareja…
Sharon expresa un credo profesional: es responsabilidad suya crear una alianza entre ella y la pareja, y entre los dos miembros que forman la pareja. En su opinión, la pantalla es una herramienta para lograrlo, ya que funciona como un espejo de la relación de la pareja en su entorno natural. Este énfasis en el espacio de la relación resulta interesante, pues Sharon plantea dos ideas principales: en primer lugar, se crea una sensación de intimidad entre ella y la pareja, y entre los dos miembros de la pareja, al ser extraterritorial a su relación sin dejar de ser recibida en su casa. En segundo lugar, Sharon señala que la cercanía emocional que se crea, y la imagen de la pareja que ven en su pantalla, contribuyen a empoderar a la pareja. Según las personas entrevistadas, parece que la cercanía emocional puede lograrse de diversas maneras. Es evidente que tanto las parejas como el colectivo terapéutico ven la cercanía emocional como una vía que puede establecerse a través del espacio, ya sea dentro del hogar de la pareja o entre la pareja y quien ejerce la terapia.
Otro elemento de la cercanía a distancia que surgió de las entrevistas, tanto con las parejas como con terapeutas, tiene que ver con la imposibilidad de consolar o de recibir consuelo en momentos de angustia emocional. Curiosamente, este elemento solía simbolizarse con el gesto de ofrecer una caja de pañuelos, un acto bien conocido de quienes ejercen la terapia que significa consuelo y cuidado. Chris, un hombre de 35 años con una relación de 10 años, explica el efecto de este cuidado limitado:
No puedo describir lo frustrante que es. Shirley [su pareja] lloraba de verdad… y yo, automáticamente, me puse a buscarle un pañuelo. Y recuerdo estar muy enfadado… Comprendí que estaba enfadado con nuestra terapeuta. ¿Por qué no le daba ella un pañuelo? ¿Por qué tengo yo ahora que dejar de lado mis sentimientos y volver a ocuparme de Shirley? Fue también un momento en el que de repente comprendí cuánta distancia hay en Zoom. Hasta ese momento nos había funcionado muy bien, pero ese momento fue tan duro que algo se rompió en mi relación con este formato… En conversaciones posteriores con la terapeuta, le dije que temía que algo así volviera a ocurrir…
El incidente que describe Chris es difícil y muy emotivo. La caja de pañuelos representa para él dos ideas. La primera es que está enfadado con la terapeuta por no ofrecer cuidado o compasión, lo que crea una ruptura en su relación. Vista a través de los ojos de Chris, esta ruptura puede representar también lo que se conoce como un fallo empático (Doss et al., 2004) por parte de la terapeuta. En segundo lugar, Chris extiende esta ruptura a su relación con la modalidad de terapia en línea, que limita la medida en que la terapeuta podía ofrecer cuidado. Chris lo vive como un abismo entre él y la terapia en línea como herramienta de cambio.
También terapeutas de pareja se han referido a la caja de pañuelos como símbolo de un cuidado limitado, de una experiencia que falta y del desarrollo de la sintonía con las parejas, tal como reflejan las palabras de Amy, terapeuta con 10 años de experiencia:
Siento que la experiencia [en la terapia en línea] es incompleta, parcial, superficial… No hago ningún preparativo antes de que la gente venga a mi casa, y hay también algo en mi propia acomodación, no solo en la de los pacientes… en la alianza terapéutica, en ese lugar, que realmente facilita mi conexión. No solo cómo se sienten los pacientes, sino también cómo me siento yo en ese lugar, y creo que eso falta… Y desde luego, cuando están en un torbellino o en una tormenta, mi vivencia es muy difícil. Me resulta muy duro no poder acercarles mi silla, no poder darles un pañuelo o un vaso de agua. En cierto modo me siento realmente castrada, sentada en la silla frente a la pantalla sin poder moverme. Es una experiencia muy difícil.
Según Amy, el desarrollo de una alianza terapéutica con las parejas se basa en participar en el acto de acomodarse a ellas y de acogerlas. Describe su vivencia cuando no se dan estas condiciones básicas y la pareja atraviesa una situación emocionalmente difícil: su posición profesional se estanca, lo que dificulta el uso de técnicas terapéuticas como ofrecerles un vaso de agua o una caja de pañuelos. En consecuencia, su capacidad para ofrecer cuidado o para establecer relaciones terapéuticas con su clientela se ve comprometida.
En suma, tanto las parejas como sus terapeutas vivieron una forma de cuidado comprometido, limitado por los rasgos característicos de la modalidad en línea. Los casos de cuidado limitado se pusieron de relieve por la necesidad de una conexión física, ya fuera para recibir (u ofrecer) una caja de pañuelos o un vaso de agua, o para favorecer una sensación de cercanía entre quien ejerce la terapia y su clientela.
Otro elemento de la cercanía a distancia que surgió del análisis fue la convicción de que el lenguaje corporal desempeña un papel importante en su creación. También este fue un tema frecuente en las entrevistas, tanto con las parejas como con terapeutas, cuando hablaban de la falta de presencia corporal, tal como reflejan las palabras de Lizzy, una mujer de 45 años con una relación de 13 años:
Lizzy: Le decía a Benjamin que no sé a qué huele el terapeuta, qué colonia usa ni cuánto mide. No sé si tiene piernas (risas). Por lo que a mí respecta, podría terminar una sesión con nosotros e irse rodando en silla de ruedas. No lo sabría… Hay algo en esto… que dificulta realmente la conexión con él.
Entrevistador: ¿Y cómo es la conexión con él en realidad?
Lizzy: Soy muy ambivalente. Es de verdad un terapeuta maravilloso. Es una persona capaz de mediar entre nosotros… Por otro lado, está [el hecho de que]… no sé si soy capaz de confiar plenamente en él. Ni siquiera hoy.
Lizzy plantea una cuestión crucial en relación con la confianza, ya que establece un vínculo entre la cantidad de información física que puede reunir sobre el terapeuta y su nivel de confianza en él. Curiosamente, señala la ambivalencia inherente a la terapia de pareja en línea. Por un lado, la terapia funciona porque logra mediar entre los miembros de la pareja y ayudarles a mejorar su comunicación; por otro, el terapeuta no es más que una imagen en una pantalla, una «cabeza parlante», frente a una persona de cuerpo entero. La idea de quien ejerce la terapia como un ser subjetivo construido a partir de los datos físicos que la persona consultante puede obtener aparece también en otras entrevistas.
Mientras que a algunas personas entrevistadas les preocupaba más la ausencia física, otras se centraban en la observación minuciosa del rostro. Para Adam, un hombre de 34 años con una relación estable desde hace 5 años, ver a la terapeuta más de cerca de lo que es posible en una consulta compensa la ausencia física:
Entrevistador: ¿Cómo sintió la conexión entre ustedes y la terapeuta?…
Adam: Es una de las cosas que me sorprendieron desde el principio… El hecho de que ella es muy sensible, de que nos conoce y nos siente al margen de lo que digamos… Hay algo en mirar a una persona a los ojos o ver una cara… que es un poco más difícil por Zoom. Pero, por otro lado, la vemos tan de cerca… que de verdad podemos mirarla a los ojos. Y sus ojos hablan de una manera asombrosa. Sabíamos que estaba atenta… cuando nos miraba… A veces se le saltaban las lágrimas de emoción o de tristeza por las historias que le contábamos… La cara de una persona contiene tanta información… Está el lenguaje corporal, que falta… Pero no sentí que faltara algo… Sentí que ese zoom sobre su cara compensaba lo que perdíamos, quizá en cuanto al lenguaje corporal.
Pese a la mediación de la pantalla del ordenador, Adam y su pareja expresan una sensación de cercanía física con la terapeuta, que puede conducir a la formación de una cercanía emocional y de un vínculo emocional. Adam subraya también la importancia de la reciprocidad emocional que se refleja en la autorrevelación de la terapeuta. Mediante las expresiones faciales, pueden compartir emociones y sentimientos, e incluso sincronizarse. Aunque Adam y su pareja reconocen la pérdida de la presencia física, sienten también que esta se ve compensada por el zoom sobre el rostro de la terapeuta.
Volviendo al punto de vista de quienes ejercen la terapia, Anna y Amalia, terapeutas con 23 y 20 años de experiencia respectivamente, desarrollan la subcategoría del lenguaje corporal desde una perspectiva clínica. En una entrevista de grupo focal, aportan ideas sobre cómo centrarse en el rostro de la persona consultante puede compensar la falta de presencia física:
Anna: Otro reto es que vemos una parte del cuerpo y, al mismo tiempo, vemos la cara… Esto también es toda una proeza mágica… Practico la terapia Imago… La cercanía, la mirada… Se mide en centímetros… Exactamente la distancia entre la cara de la madre y la cara del bebé cuando mama. No puedo lograr esa cercanía con los pacientes en la consulta. Solo puedo lograrla en línea… Así que es verdad… El cuerpo se pierde, pero aumentamos enormemente la cercanía.
Amalia: Es verdad, es… íntimo, tal como yo lo veo. Puede ser en la otra punta del mundo, pero es… íntimo… La fuente de la voz también está mucho más cerca… La experiencia del eco es distinta. Hay sonidos de fondo, respiraciones, llanto… De verdad es imposible conseguir esto en la consulta.
Anna: Creo que lo online tiene una gran ventaja en cuanto a los espacios que nos ofrece el medio, y por supuesto la experiencia de dos cuerpos en un mismo espacio es insustituible. Es una experiencia única y mágica.
Amalia: Estoy muy de acuerdo. Quizá podamos decir que son dos experiencias distintas… No hace falta compararlas.
Anna y Amalia expresan, cada una, distintas ventajas de la terapia en línea en cuanto a la proximidad entre consultante y terapeuta y a la posibilidad de acercarse a las expresiones faciales. Como en el caso de las demás subcategorías, ambas abordan la terapia en línea como una herramienta más de su arsenal clínico. Ambas coinciden también en que se trata de un factor que contribuye a la relación terapéutica, del que resulta una cercanía emocional e incluso un sentimiento similar al que existe entre una madre y su hijo. Además, ambas coinciden en que la experiencia de estar en un mismo espacio —juntos como pareja, como en la terapia de pareja tradicional— es única y ofrece ventajas propias.
En suma, el lenguaje corporal es crucial para crear una alianza terapéutica. Tanto terapeutas como parejas hablaron de la falta de presencia física, por un lado, y de la observación minuciosa del rostro, por otro, en extremos opuestos de un continuo: la ausencia del cuerpo se consideraba perjudicial para la alianza terapéutica, mientras que la posibilidad de acercarse al rostro se consideraba un refuerzo de la alianza terapéutica.
Este estudio se propuso explorar cómo las parejas y sus terapeutas viven, interpretan y perciben la dimensión en línea en el contexto de la alianza terapéutica o de la cercanía a distancia. Nuestros resultados pusieron de manifiesto tres dimensiones que favorecen (o perjudican) la alianza terapéutica en la terapia de pareja en línea, desde ambos lados del sofá virtual: la cercanía emocional, el cuidado limitado y el lenguaje corporal. Sin embargo, sostenemos que, aunque aquí se hayan presentado como dimensiones separadas, estos elementos están estrechamente entrelazados y permiten comprender cómo cada parte (consultante o terapeuta) puede trabajar para establecer una alianza terapéutica. Por ejemplo, la experiencia de intimidad puede dar lugar a una percepción positiva de la dimensión del lenguaje corporal —centrarse en el rostro de la otra persona—, mientras que el cuidado limitado puede producir el efecto contrario. Como hemos visto, las parejas entrevistadas tendían a comparar y contraponer la terapia presencial y la terapia en línea. Esto también puede tener implicaciones en cuanto a una fusión entre cercanía emocional y lenguaje corporal, ya que en la sala de terapia una suele informar a la otra. Por último, la imposibilidad de ofrecer cuidado, por ejemplo ofreciendo un pañuelo a la persona consultante, repercute en la capacidad de crear cercanía emocional.
Adoptar una metaposición frente a los resultados de la investigación nos permite contemplar las tres dimensiones identificadas a la luz de la dinámica de cercanía y distancia. A través de la cercanía, se entra en intimidad con la otra persona al penetrar en su espacio privado. En este espacio compartido existe la posibilidad de la hospitalidad: crear un espacio en el que dos o más personas pueden sentirse seguras y a gusto juntas, bajar sus defensas y compartir sus mundos (Panichelli, 2013). Por ejemplo, las personas entrevistadas indicaron que la experiencia de recibir a su terapeuta en casa les hacía sentirse más cerca de esa persona. Además, crear un espacio compartido mediante la hospitalidad permite a la pareja responsabilizarse del encuadre y, por extensión, del espacio terapéutico. La cercanía emocional también puede reducir la ansiedad y crear una sensación de comodidad para ambas partes. En el otro extremo del continuo, en cambio, la distancia puede conducir a un cuidado limitado, que reduce la cercanía entre la pareja y su terapeuta. Desde la perspectiva del concepto de «objeto estable» (Levite & Cohen, 2012), esto puede explicarse por la falta de un objeto de estabilidad para la pareja. Nuestros resultados indican que esto puede provocar rupturas en la alianza, a medida que aumenta la ansiedad y se ve comprometida la sensación de seguridad (Eubanks et al., 2019). También se identifica que el lenguaje corporal afecta a la dinámica de cercanía y distancia de maneras contradictorias. Para algunas parejas y terapeutas, la posibilidad de acercarse a las expresiones faciales aumenta la sensación de cercanía con la persona terapeuta, y viceversa, y refuerza la alianza terapéutica. Para otras, la ausencia de señales no verbales crea distancia, lo que a su vez perjudica la alianza terapéutica.
Nuestros resultados completan y refuerzan hallazgos previos sobre el efecto de las señales no verbales (Downing et al., 2021; Henry et al., 2017). Sin embargo, mientras que los estudios anteriores se centraron en la distancia que crea su ausencia, el presente estudio arroja nueva luz sobre el tema al poner de relieve el eje cercanía/distancia que surge de las preferencias personales de parejas y terapeutas. No está claro, en esta fase, qué influencia tienen las preferencias de terapeutas y consultantes en la distancia o la cercanía, y se requiere más investigación sobre este aspecto. Una posible explicación puede hallarse en las limitaciones de la modalidad. Como la terapia en línea es bidimensional, crea un efecto de mediación entre terapeuta y pareja; la comunicación depende de la tecnología. Debido a las diferencias en el dominio técnico y en la adaptación a los entornos en línea, la percepción de cercanía o distancia puede variar. En nuestro estudio, quienes se adaptaron con éxito al entorno virtual vivieron una alianza terapéutica favorable con su terapeuta. En esta fase, no está claro qué influye en las preferencias de terapeutas y consultantes respecto a la distancia o la cercanía, y se necesita más investigación.
Nuestros resultados conllevan también recomendaciones para la práctica clínica. Nuestra principal recomendación consiste en implicar a las personas consultantes en conversaciones terapéuticas colaborativas sobre la alianza terapéutica en el encuadre en línea. Terapeutas y parejas comparten la responsabilidad de construir una alianza terapéutica, pero a quien ejerce la terapia le corresponde en mayor medida iniciar conversaciones sobre sentimientos, emociones y pensamientos. Entablar conversaciones puede aumentar el nivel de cercanía emocional en el espacio terapéutico y, por tanto, profundizar la relación terapéutica. Esto concuerda con los enfoques colaborativos y posmodernos que conciben la realidad humana como producto de la construcción social y del diálogo (Anderson, 2012; Gergen, 2015). Además, las parejas pueden experimentar una menor sensación de cuidado, lo que puede requerir un mayor esfuerzo por parte de quien ejerce la terapia para corregir o reparar la situación. Preguntas como «¿Cómo sería si estuviera allí con ustedes en persona en este momento?» pueden abrir un diálogo sobre la necesidad de cuidado de las personas consultantes y tener un efecto mediador sobre la sensación de cuidado limitado. Asimismo, se recomienda que, en su diálogo interno y terapéutico, quienes ejercen la terapia se pregunten qué información se recoge (o se pierde) al utilizar tecnologías en línea, para hacer la comunicación no verbal lo más perceptible posible. Puede ser útil integrar el cuerpo en el encuentro terapéutico formulando preguntas relacionadas con la experiencia somática de las personas consultantes, como: Concéntrese ahora en su cuerpo: ¿qué siente cuando le dice estas palabras a su pareja? ¿En qué parte del cuerpo lo siente? Además, las personas terapeutas han abordado la idea de la hospitalidad como medio para crear cercanía emocional; esta idea está relacionada con el concepto de acomodación (joining), de importancia crucial en terapia. Una buena definición de la acomodación, que puede ser útil para el trabajo en línea, es la «penetración» en el mundo de las personas que participan en el diálogo para ver la realidad a través de sus ojos y de las emociones que están viviendo (Andolfi, 1983). Cuando se hace de forma adecuada, la acomodación puede manifestarse formulando preguntas sobre lo que se ve. Por ejemplo: ¿qué es ese dibujo que tiene detrás? ¿En qué habitación se encuentran? ¿Están dormidos sus hijos? Al formular este tipo de preguntas, quien ejerce la terapia puede conocer y experimentar las opiniones, sentimientos y pensamientos de la pareja respecto del acto terapéutico en un encuadre en línea.
Este estudio presenta varias limitaciones. En primer lugar, la muestra relativamente pequeña y homogénea de terapeutas israelíes y de parejas con un alto nivel educativo limita las interpretaciones al discurso dominante de la clase media, lo que hace que las conclusiones sean menos transferibles. En segundo lugar, dado que este análisis se centra en parejas de un contexto social y cultural específico, sus resultados se limitan también al contexto israelí, aunque algunos aspectos puedan aplicarse a otros contextos. En tercer lugar, la captación de participantes se realizó en colaboración con terapeutas israelíes, la mayoría con práctica privada. Su clientela —las personas que participaron en este estudio— puede haber tenido recursos y competencias de afrontamiento distintos de los de otras personas consultantes. Por último, las parejas que empezaron su trabajo de forma presencial y luego pasaron a la terapia en línea pueden haber vivido un efecto distinto sobre su alianza terapéutica que las parejas que solo han hecho terapia en línea. Habida cuenta de estas limitaciones, se necesita más investigación sobre parejas que participan en terapias de pareja en línea en distintos contextos, con muestras más amplias y diversas, así como estudios que examinen el impacto de la alianza terapéutica. Creemos que este tipo de investigación podría ayudar a comprender mejor el fenómeno y a aumentar la transferibilidad de los resultados y de las interpretaciones. Además, cabe esperar que futuras investigaciones afinen nuestra comprensión de las similitudes y diferencias entre la terapia en línea y la terapia presencial.
Este estudio pretendía contribuir a comprender las experiencias y percepciones de las parejas y de profesionales de la terapia que participan en la terapia de pareja en línea, centrándose en el concepto de alianza terapéutica. Nuestro análisis puso de relieve tres aspectos de la alianza terapéutica desde la perspectiva de las parejas y de los equipos terapéuticos entrevistados en el estudio: la cercanía emocional, el cuidado limitado y el lenguaje corporal. Estos aspectos se examinaron a través de la dinámica de cercanía y distancia. Terapeutas y consultantes pueden sentirse más cerca creando cercanía emocional (compartiendo un espacio terapéutico mediante el acto de acoger) o centrándose en el lenguaje corporal (como las expresiones faciales). Por el contrario, parejas y profesionales de la clínica pueden sentirse distantes cuando se produce una ruptura en su alianza, como ocurre ante la ausencia de lenguaje corporal o de pañuelos. No obstante, es importante señalar que los tres aspectos aquí presentados no son nociones fijas, sino constructos flexibles que pueden transformarse a medida que se exploran en terapia. Además, el cambio de entorno terapéutico es importante, tanto para las parejas como para quienes ejercen la clínica (Aviram & Nadan, 2022a).
Por ello recomendamos no cerrar los ojos ante el encuadre en línea, sino reconocerlo e invitar a las parejas en terapia a mantener conversaciones colaborativas al respecto. Ese reconocimiento y esa exploración del aquí y ahora pueden profundizar la cercanía emocional, ofrecer una oportunidad para evitar la experiencia de un cuidado limitado y ayudar a centrarse en la información que aportan las expresiones faciales, reforzando así la alianza terapéutica.
Complexe Systémique: puntos clave
El mérito del estudio es no elegir entre entusiasmo y nostalgia: la misma videoconferencia acerca a unas personas y aleja a otras. La lectura sistémica que propone reside en el desplazamiento del encuadre. Recibir a quien ejerce la terapia en el propio salón convierte a la pareja en anfitriona y, por tanto, en corresponsable del encuadre; Sharon lo expresa a su manera cuando quiere ser «extraterritorial» a la relación que acompaña, al tiempo que es invitada a ella. El momento de la caja de pañuelos muestra el reverso: cuando quien ejerce la terapia ya no puede hacer el gesto de cuidado, es la pareja quien lo asume, y la sesión vuelve a escenificar el reparto de papeles de la pareja. Las recomendaciones son modestas pero útiles: nombrar el encuadre en línea, preguntar «¿cómo sería si yo estuviera allí?», convertir la acomodación en curiosidad por la habitación y por los niños dormidos. Los límites se reconocen: una muestra israelí, con un alto nivel educativo y captada a través de redes de contactos. Para leer junto con la revisión de Lebow y Snyder sobre la terapia de pareja en la década de 2020, que sitúa la videoconferencia entre las novedades del campo, y el artículo sobre la resonancia, acerca de lo que hace quien ejerce la terapia con sus propias emociones en sesión.
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Traducción no oficial al español de “I miss not being able to offer my couples a box of tissues…”: Couples’ and therapists’ perspectives on the therapeutic alliance with the transition to online couple therapy, de Alon Aviram y Yochay Nadan, Family Process, vol. 63 (2024), doi: 10.1111/famp.12853, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Artículo original: «“I miss not being able to offer my couples a box of tissues…”: Couples' and therapists' perspectives on the therapeutic alliance with the transition to online couple therapy», publicado en Family Process (2024) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, tal como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Aviram, A., y Nadan, Y. (2024). “I miss not being able to offer my couples a box of tissues…”: Couples’ and therapists’ perspectives on the therapeutic alliance with the transition to online couple therapy. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/i-miss-not-being-able-to-offer-my-couples-a-box-of-tissues-the-therapeutic-alliance-in-online-couple-therapy (Obra original publicada en 2024 en Family Process, 63(1) (2024); republicada en 2024 por Family Process, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/famp.12853)
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