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Journal of Marital and Family Therapy · Terapia familiar

La experiencia vivida de la separación conyugal ambigua: un estudio fenomenológico

Separarse «para ver las cosas claras»: el consejo circula en los medios de divulgación, pero ¿qué viven en realidad las parejas que lo intentan? Sarah A. Crabtree y Steven M. Harris entrevistaron a veinte personas que se habían separado sin saber si la separación desembocaría en un divorcio o en una reconciliación. Ambigüedad, secreto, soledad, algunos beneficios y, sobre todo, una incertidumbre que se vuelve insoportable: la separación rara vez aporta la claridad esperada.

Autoría Sarah A. Crabtree (Albert and Jessie Danielsen Institute, Boston University, EE. UU.) y Steven M. Harris (Family Social Science, University of Minnesota, EE. UU.)Primera publicación Journal of Marital and Family Therapy, 13 de diciembre de 2019Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de The Lived Experience of Ambiguous Marital Separation: A Phenomenological Study, de Sarah A. Crabtree y Steven M. Harris, publicado en Journal of Marital and Family Therapy (Wiley) (2020), doi: 10.1111/jmft.12419, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Dejar espacio a la incertidumbre puede ayudar a preservar la integridad de la toma de decisiones de una pareja.

Sarah A. Crabtree y Steven M. Harris

Resumen

Durante mucho tiempo, la investigación ha tratado la separación conyugal como una transición lineal que conduce inevitablemente al divorcio. Fuentes de divulgación sugieren que algunas parejas se separan sin tener claro cómo terminará la separación, a menudo para evaluar si divorciarse o seguir casadas. Sin embargo, hasta la fecha no hemos podido localizar ninguna investigación empírica sobre este tipo de separación ambigua. Con una muestra de 20 personas separadas en el momento del estudio, procedentes de distintos lugares de Estados Unidos, este estudio empleó un diseño fenomenológico hermenéutico para indagar en la experiencia de separarse del propio cónyuge cuando la separación se inició sin claridad sobre cómo terminaría. Surgieron seis temas esenciales: (a) nuestra relación se vive como ambigua, (b) la separación es una experiencia privada, (c) la separación es una experiencia solitaria, (d) beneficios de separarse, (e) la separación no es sostenible y (f) el desenlace no está claro. El artículo concluye con una discusión de los hallazgos del estudio y de sus implicaciones.

La investigación se ha interesado desde hace mucho por el matrimonio y el divorcio, pero el divorcio se ha tratado en gran medida como un acontecimiento único, lo que simplifica en exceso un proceso complejo. En los últimos años, algunas investigaciones sobre el divorcio han recurrido a una «perspectiva de transiciones múltiples», desde la cual examinan cómo las transiciones posteriores a un divorcio explican la varianza de los resultados (Amato, 2010, p. 657). Otras han examinado lo que precede al divorcio, como la ideación de divorcio cuando un matrimonio atraviesa dificultades (Hawkins et al., 2017). Estas perspectivas orientadas a los procesos y a las transiciones resultan prometedoras para comprender mejor la disolución conyugal.

La separación conyugal es un fenómeno poco estudiado, vinculado a los procesos y transiciones relacionados con el divorcio. Durante una separación, la pareja sigue legalmente casada, pero su relación queda en suspenso, ya sea legal o informalmente, debido al malestar relacional. Amato (2010) calificó la separación de «estatus socialmente ambiguo: ni del todo casado, ni del todo divorciado» (p. 661). La literatura general sobre el divorcio rara vez ha distinguido, en las muestras de los estudios, a las personas separadas de las que están en proceso de divorcio (p. ej., Sbarra, Smith, & Mehl, 2014). Aunque la investigación previa sugiere que el divorcio es el desenlace más probable (p. ej., Binstock & Thornton, 2003), como afirmó Weiss (1975), «todo divorcio implica una separación, pero lo contrario no es cierto en absoluto» (p. 4). Las estimaciones sugieren que entre el 6% (Vennum et al., 2014) y el 18% (Kitson, 1985) de las parejas estadounidenses que siguen casadas se han separado en algún momento de su matrimonio. Tratar a las personas separadas como si estuvieran divorciándose supone asumir que la separación conduce de forma inevitable y lineal al divorcio, y deja poco margen para examinar otros desenlaces (p. ej., la reconciliación o la separación prolongada), las trayectorias que llevan a esos distintos desenlaces o los elementos propios de la experiencia de separación. Ello implica también que la toma de decisiones conyugal se produce antes de la separación, cuando podría continuar después. Por ejemplo, en una muestra de parejas que habían solicitado el divorcio, Doherty, Willoughby y Peterson (2011) observaron que, en una de cada nueve parejas, ambos cónyuges creían que el matrimonio podía salvarse, y que, en 1 de cada 10 parejas, ambos miembros expresaban interés por servicios de reconciliación, lo que sugiere un camino entre matrimonio y divorcio más complejo de lo que da a entender buena parte de la literatura.

Un pequeño conjunto de trabajos ha conceptualizado y tratado la separación como algo distinto del divorcio y ha examinado sobre todo los predictores de su desenlace y la inestabilidad de los matrimonios reconciliados. Los principales hallazgos sugieren que los desenlaces dependen del acceso a recursos, ya que las personas con menos recursos económicos y sociales han tendido más a permanecer, o a intentar permanecer, en el matrimonio tras una separación (Morgan, 1988; Tumin et al., 2015; Wineberg & McCarthy, 1994). Esto puede ser especialmente relevante en el caso de las mujeres, que tienden a ver la reconciliación con menos buenos ojos (Bloom & Hodges, 1981) pero que tienen más probabilidades de sufrir dificultades económicas tras un divorcio (de Vaus, Gray, Qu, & Stanton, 2017). Ahora bien, seguir en el matrimonio no significa que la pareja haya resuelto sus problemas conyugales. Las personas que se han separado pero han permanecido en su matrimonio refieren mayor inestabilidad y menos felicidad que quienes nunca se separaron (Binstock & Thornton, 2003; Kitson, 1985; Vennum et al., 2014; Wineberg & McCarthy, 1994).

La mayoría de los estudios sobre la separación aparecieron en las décadas de 1980 y 1990, sospechamos que en respuesta al aumento de las tasas de divorcio en Estados Unidos y a los cambios en la vida familiar. En todo el país se aprobaron leyes de divorcio sin culpa, aumentaron la edad media al casarse y el número de parejas en cohabitación, y las normas de género estaban en plena transformación, dentro y fuera de la familia (Cherlin, 2004; Knox, 1980). Desde entonces, muchas cosas han seguido cambiando y han afectado de manera más amplia a las relaciones de pareja, como los efectos de las redes sociales (p. ej., McDaniel & Coyne, 2016) o la legalización federal del matrimonio entre personas del mismo sexo y, posteriormente, del divorcio entre personas del mismo sexo (p. ej., Hoy, 2019), cambios que podrían afectar a los procesos de toma de decisiones conyugales. Los resultados de investigación están situados en su contexto histórico (Chesla, 1995), y no está claro en qué medida estos hallazgos antiguos siguen siendo pertinentes hoy. Además, no hemos encontrado ningún estudio cualitativo sobre la separación. Aunque la investigación cualitativa puede ser valiosa en cualquier momento, Greenstein y Davis (2012) sugieren comenzar por la exploración y la descripción de un fenómeno poco explorado para orientar la investigación posterior. La literatura sobre la separación se apoya principalmente en bases de datos cuantitativas secundarias (p. ej., Binstock & Thornton, 2003; Wineberg & McCarthy, 1994), y es posible que falten variables clave en los análisis, bien porque no estaban disponibles en esas bases de datos, bien porque aún no se han identificado como relevantes para la investigación empírica. Las metodologías cualitativas, en concreto las que privilegian la articulación de la experiencia vivida, podrían ayudar a iluminar aspectos de la separación que la investigación quizá haya pasado por alto y que podrían orientar indagaciones futuras. Dada la escasez de trabajos empíricos en este ámbito, obtener muestras intencionales de personas actualmente separadas, capaces de arrojar luz sobre la experiencia de la separación, resulta imprescindible para hacer avanzar este campo de estudio.

Aunque queda mucho por considerar para seguir explorando la separación y comprender su función en la toma de decisiones conyugal, distinguir tipos de separación parece especialmente decisivo. Es concebible que muchas parejas se separen porque tienen intención de divorciarse; sin embargo, estas separaciones son conceptualmente distintas de las separaciones ambiguas, aquellas que comienzan sin claridad sobre su desenlace porque uno de los cónyuges, o ambos, no tiene claro si seguir casado. Fuentes de divulgación promueven las separaciones ambiguas, a veces llamándolas separaciones de prueba, controladas o gestionadas (p. ej., Lipe, 2010; Raffel, 1999), como ayuda para decidir sobre el futuro de un matrimonio. La investigación ha hecho comentarios sobre las separaciones ambiguas (p. ej., Tumin, Han, & Qian, 2015), pero no hemos podido localizar ningún estudio dedicado a ellas. De hecho, los efectos empíricos de la separación ambigua en las familias y su utilidad para la toma de decisiones conyugal son en gran medida desconocidos. Sospechamos que la falta de claridad sobre el desenlace de una separación podría influir en el modo en que esta se vive. Por ejemplo, las parejas que se divorcian necesitan negociar y definir nuevos términos para su relación (p. ej., Peterson & Hendricksen Christiansen, 2008), pero las parejas en separación ambigua pueden aplazar este tipo de negociaciones debido al posible carácter provisional de sus decisiones. Además, la investigación previa ha documentado los efectos negativos sobre la salud mental de la intolerancia a la incertidumbre (Carleton et al., 2012), y la incertidumbre sobre el futuro de un matrimonio podría contribuir a formas particulares de malestar. Sin embargo, estas posibilidades están en gran medida sin explorar.

El presente estudio

La separación se confunde a menudo con el divorcio y, hasta la fecha, no hemos encontrado literatura empírica sobre la separación conyugal ambigua, pese a que la literatura de divulgación la promueve como estrategia para obtener claridad sobre el futuro de un matrimonio. El propósito de este estudio es hacer avanzar la literatura sobre la separación conociendo la experiencia vivida de las separaciones ambiguas, con el fin de orientar la investigación futura y la práctica clínica con personas y parejas que están decidiendo sobre el futuro de su matrimonio. Mediante métodos cualitativos, este estudio se preguntó: «¿Cuál es la experiencia de estar separado o separada del propio cónyuge cuando la separación se inicia sin claridad sobre cómo terminará, porque uno de los cónyuges o ambos están decidiendo si divorciarse o seguir casados?»

Métodos

Diseño del estudio

Este estudio empleó un diseño de fenomenología hermenéutica. La fenomenología pone el acento en la experiencia vivida y cargada de sentido de un fenómeno (Giorgi, 2010; Wojnar & Swanson, 2007) y aspira a «transformar la experiencia vivida en una expresión textual de su esencia» (van Manen, 1990). La fenomenología hermenéutica parte del carácter interpretativo de la experiencia en sus contextos históricos (Chesla, 1995), de la interacción colaborativa entre quien investiga y las personas participantes, y de la representación de los relatos de las personas participantes tal como los interpreta quien investiga (van Manen, 1990; Wojnar & Swanson, 2007).

Participantes

La muestra estaba formada por 20 personas casadas que, en el momento de las entrevistas, se identificaban como separadas de su cónyuge y cuyas separaciones habían comenzado sin claridad sobre cómo terminarían, tenían 25 años o más y tenían al menos un hijo o una hija en común con su cónyuge. Reconocemos que un fenómeno similar a la separación conyugal ambigua puede darse también en parejas de hecho no casadas, pero optamos por un marco muestral más específico para no confundir experiencias potencialmente singulares. En total, 14 participantes se identificaban como mujeres y 6 como hombres. Su edad media era de 36.4 años y tenían una media de 2.45 hijos. La duración media de la separación era de 5.7 meses, excluyendo a una persona participante que llevaba 9 años separada; las demás llevaban separadas entre 1 y 24 meses. En total, 16 participantes se identificaban como blancas, 1 como negra o afroamericana, 1 como hispana/latinx y 2 como birraciales. En total, 14 participantes (12 mujeres y 2 hombres) habían tomado la iniciativa de la separación. Los ingresos anuales del hogar eran de $19,999 o menos (10%), de $20–39,999 (5%), de $40–59,999 (20%), de $60–79,999 (30%), de $80–99,999 (5%) y de $100,000 o más (30%). Todas las personas participantes estaban en matrimonios entre una mujer y un hombre.

Reclutamiento

Para reclutar la muestra del estudio se utilizaron estrategias de autoselección y de bola de nieve. Para llegar a participantes de distintos orígenes y regiones geográficas, y teniendo en cuenta que puede ser difícil localizar a personas separadas cuando su estado civil es ambiguo, se dirigieron anuncios patrocinados de Facebook a personas usuarias de Estados Unidos que (a) habían indicado como situación sentimental «casado/a» o «separado/a» y (b) tenían 25 años o más. Los anuncios enlazaban con una página de Facebook en la que las posibles personas participantes podían leer más sobre el estudio y acceder a un formulario de consentimiento en línea, responder a preguntas sociodemográficas y facilitar sus datos de contacto para programar la entrevista. Los anuncios se compartieron también en las redes sociales del equipo investigador para ver si sus contactos personales conocían a posibles participantes, pero esta estrategia resultó mucho menos eficaz (n = 3).

Procedimiento de las entrevistas

La primera autora se puso en contacto con las personas interesadas para concertar una entrevista semiestructurada de 60 a 90 minutos por teléfono (n = 18), por videollamada (n = 1) o en persona (n = 1), según la preferencia de cada participante. La pregunta inicial invitaba a las personas participantes a compartir su experiencia de estar separadas de su cónyuge, y le seguían preguntas sobre temas como la naturaleza actual de la relación conyugal, los intentos de reconciliación y si la separación había ayudado, o de qué manera, a obtener claridad sobre el futuro del matrimonio. Las preguntas se plantearon de forma homogénea en todas las entrevistas. Sin embargo, debido al carácter semiestructurado del protocolo y al deseo de seguir el hilo de cada participante, el orden de las preguntas varió. Además, una de las preguntas se refería a cómo concebían las personas participantes la separación antes de separarse y a cómo esa concepción podía haber cambiado a raíz de su propia experiencia; esta pregunta no generó muchas respuestas, por lo que no se planteó en todas las entrevistas. Las personas participantes recibieron como compensación una tarjeta regalo de $25 para una tienda en línea. Todas las entrevistas se grabaron en audio y se transcribieron literalmente.

Codificación y análisis

La primera autora siguió procedimientos de análisis temático inspirados en van Manen (1990), con el objetivo de descubrir temas dentro de las experiencias de las personas participantes y entre ellas. Un tema es un «elemento (motivo, fórmula o recurso) que aparece con frecuencia en el texto» (van Manen, 1990, p. 78) y una «estructura experiencial» que forma parte de la experiencia (p. 79). En conjunto, los temas ofrecen una interpretación de las experiencias de las personas participantes ante un fenómeno y proporcionan descripciones de distintas estructuras experienciales. En primer lugar, la investigadora leyó cada entrevista para obtener una visión global del texto y redactó un enunciado de síntesis que recogiera la esencia general de la experiencia de esa persona. Una segunda lectura permitió identificar y codificar lo que cada frase o grupo de frases revelaba sobre la experiencia de la separación. A cada frase o grupo de frases se le asignó un código que recogía su esencia. En tercer lugar, se leyó cada entrevista con el objetivo de identificar «enunciado(s) o expresión(es) clave [que] parecen particularmente esenciales o reveladores» sobre la experiencia de estar separado o separada del propio cónyuge, y de asignarles códigos (van Manen, 1990, p. 93). Por último, los temas se organizaron en distintos niveles de abstracción. Para determinar los temas esenciales, van Manen (1990) propone preguntarse: «¿Sigue siendo este fenómeno el mismo si, con la imaginación, modificamos o suprimimos este tema del fenómeno?» (p. 107). Los temas que modificarían sustancialmente la esencia del fenómeno, es decir, los más destacados en el conjunto de las experiencias de las personas participantes, se clasificaron como temas esenciales. Los temas de apoyo añadieron complejidad y profundidad dentro de los temas esenciales. Distinguir los temas esenciales de los temas de apoyo fue un proceso iterativo que implicó varias inmersiones adicionales en los datos; se aplicaron ordenaciones teóricas a los datos, que después se revisaron hasta que el conjunto de experiencias estructurales recogió las similitudes entre las experiencias de las personas participantes y las variaciones dentro de ellas.

Fiabilidad

Uno de los pilares de la indagación hermenéutica es explicitar la «preestructura de la comprensión» de quienes investigan (Chesla, 1995, p. 67). Ambas personas autoras son terapeutas de pareja y familia con licencia, han trabajado extensamente con parejas que se plantean el divorcio y han investigado en el ámbito de la toma de decisiones conyugal. Ninguna de ellas ha vivido personalmente una separación conyugal, pero ambas conocen a personas que sí. La autoría no presupone que sea posible una objetividad completa, pero se propuso limitar la medida en que estas experiencias influyeran en el proceso de investigación y en los resultados. Por ello, se emplearon varias estrategias para reforzar la fiabilidad según los criterios establecidos por Lincoln y Guba (1985). Para aumentar la credibilidad, la primera autora se reunió cada 1–2 semanas con el segundo autor para comentar las entrevistas y los temas que surgían de los datos, y para explicitar los supuestos y sesgos personales a medida que aparecían. Para reforzar la consistencia, dos auditorías externas con experiencia en el contenido y en la metodología recibieron cada una dos entrevistas seleccionadas al azar, anonimizadas y codificadas, y evaluaron si la codificación recogía la esencia de las experiencias de las personas participantes. Sus interpretaciones de las entrevistas coincidían estrechamente con las del equipo investigador, y sus comentarios contribuyeron a una reflexión más matizada sobre los temas del estudio y a una formulación más sólida de estos. Por último, para reforzar la confirmabilidad, la primera autora practicó una reflexividad continua (Lincoln, Lynham, & Guba, 2011) documentando ideas teóricas y reflexiones sobre los relatos de las personas participantes, y puso estas notas a disposición de tres especialistas que no participaban en el estudio pero que aportaron su experiencia en el contenido y en la metodología.

Resultados

Todas las personas participantes estaban separadas en el momento de las entrevistas y mencionaron como motivos para separarse el deseo, propio o de su cónyuge, de tener claridad sobre el futuro del matrimonio, la necesidad de pasar un tiempo separados para reducir la intensidad o la frecuencia de las discusiones, y la voluntad de mostrar la seriedad de sus quejas conyugales. Surgieron seis temas esenciales: (a) nuestra relación se vive como ambigua, (b) la separación es una experiencia privada, (c) la separación es una experiencia solitaria, (d) beneficios de separarse, (e) la separación no es sostenible y (f) el desenlace no está claro. A continuación se describen estos temas, junto con los temas de apoyo y citas ilustrativas de las personas participantes.

Tema esencial 1: nuestra relación se vive como ambigua

Uno de los temas más destacados fue el grado de ambigüedad vivido en la relación con el propio cónyuge, ligado a la falta de claridad sobre el estatus de la relación, a la incertidumbre sobre los nuevos límites relacionales, a la medida en que los términos de la separación eran claros o compartidos, y a los efectos de la separación en los demás miembros de la familia.

Un estatus ambiguo

A diferencia del matrimonio y del divorcio, las personas participantes describieron no tener claro qué significaba su estatus de separación, y recurrieron a metáforas como «zona gris», «estar en el limbo», «estar sobre una valla», «estar en una encrucijada» o «vivir en el purgatorio», que implicaban incertidumbre, una sensación de espera y la provisionalidad de ese estatus intermedio. Una mujer resumió así la falta de claridad que sentía: «¿Somos pareja? ¿Somos un matrimonio? ¿Solo estamos… solo estamos saliendo? ¿Dónde estamos? ¿En qué categoría entramos cuando se trata de, no sé, una pareja en general?» (P14).

Límites conyugales ambiguos

La falta de claridad sobre el estatus de la relación se traducía en ambigüedad en las interacciones con el cónyuge. Casi todas las personas participantes refirieron que una de las dos partes, ellas mismas o su cónyuge, tenía más esperanzas de reconciliación mientras la otra se sentía menos segura. Estas dinámicas generaban confusión sobre la manera «correcta» de relacionarse. A veces, los límites parecían poco claros por las señales contradictorias sobre si el cónyuge se inclinaba hacia el divorcio o hacia la reconciliación. Algunas personas hablaron de momentos en que su cónyuge mostraba comportamientos que podían indicar un deseo de reconciliarse, como gestos de afecto, propuestas de pasar tiempo juntos o mensajes coquetos, al tiempo que mantenía la distancia. Un hombre, cuya esposa se había ido de casa unos meses antes, se sentía desconcertado por el comportamiento de ella: «De vez en cuando me daba a entender algo, o me mandaba un mensaje preguntándome si estaba bien, o diciéndome que me quería» (P18). Al mismo tiempo, muchas personas hablaron de intentar reducir la confusión o no enviar señales contradictorias, manteniendo a la vez la cercanía suficiente para dejar abierta la posibilidad de una reconciliación. Un hombre describió lo que sentía al pasar tiempo con su esposa: «No sé muy bien dónde estoy… así que me preocupa darle falsas esperanzas o hacerle creer que las cosas están en un punto distinto del que están» (P20). Dos personas hablaron de intentar reducir la confusión para preservar la integridad de la decisión sobre el futuro del matrimonio: estar demasiado cerca del cónyuge desviaría la atención de los problemas conyugales, que en consecuencia podrían quedar sin resolver. La incertidumbre sobre los límites llegaba incluso a los símbolos públicos del compromiso, como llevar la alianza. Un hombre dijo a propósito de quitarse el anillo: «Empecé a sentirme un poco incómodo [llevando el anillo], hasta el punto de que, cuando ella estaba, yo llevaba el mío y ella no llevaba el suyo. [Los niños] veían que yo llevaba el mío y sabían que ella no llevaba el suyo» (P10).

Los términos de la separación

La relación conyugal se vivía también como ambigua porque los términos de la separación eran difíciles de negociar. Dado que el desenlace no estaba claro, algunas personas participantes no querían hacer cambios que luego fueran difíciles de deshacer. Una mujer dijo: «No hemos querido hacer nada tajante… porque creo que los dos sentíamos que hay demasiadas incógnitas [sobre nuestro futuro]» (P9). Al final, los arreglos fueron diversos. Algunas personas hicieron pocos cambios económicos, mientras que otras se independizaron económicamente. Algunas pasaban tiempo con su cónyuge y sus criaturas juntos, mientras que otras solo pasaban tiempo con sus criaturas sin su cónyuge. Sin embargo, los procesos de negociación de estos términos adoptaron dos formas. Unas pocas personas participantes mantuvieron conversaciones deliberadas con su cónyuge sobre los términos, por lo general sobre el tiempo con las criaturas, la manera de minimizar el impacto en ellas y las finanzas. Solo cinco hablaron de conversaciones deliberadas con su cónyuge sobre si saldrían con otras personas. Aun así, estos acuerdos podían resultar difíciles. Por ejemplo, un hombre y su esposa acordaron poder ver a otras personas. Su esposa, que había tomado la iniciativa de la separación, empezó a salir con alguien, y a él le sorprendió que ella se molestara cuando él decidió tener también una cita: «Salía a regañadientes porque se sentía sola y yo no estaba ahí para ella, aunque preferiría que hubiera sido yo. Y luego se molestó cuando yo quise ver a otra persona» (P20).

Con mayor frecuencia, las personas participantes se basaban en supuestos y creencias sobre lo que significaría la separación y no explicitaban los términos con su cónyuge, lo que generaba más ambigüedad. Por ejemplo, la mayoría consideraba que salir con otras personas sería inapropiado, pero pocas lo habían hablado con su cónyuge. Una mujer dijo: «Soy católica, así que para mí eso sería una violación de nuestro matrimonio. Aunque estemos separados, seguimos siendo personas casadas, y eso va contra las reglas, a mi modo de ver» (P12). Algunas personas participantes llegaron a decir que se divorciarían si se enteraban de que su cónyuge había empezado una relación con otra persona.

Las relaciones familiares

La ambigüedad de la relación de las personas participantes con su cónyuge se extendía a las relaciones con otras personas, en particular con sus hijos e hijas y con la familia extensa. Las personas participantes con criaturas en edad escolar expresaban más preocupación por los efectos en ellas que quienes tenían descendencia adulta. La mayoría deseaba ser sincera sobre la separación, en parte porque un divorcio podría tomar por sorpresa a sus criaturas, al tiempo que trataba de reducir al mínimo el impacto de la separación sobre ellas. Algunas personas participantes pensaban que sus criaturas se habían adaptado bien, pero otras las veían pasarlo mal. Una mujer dijo: «Hemos intentado explicárselo, pero ella es como… solo le dijimos que, por ahora, lo mejor era que él se quedara en otro sitio. Y yo… necesitábamos un respiro, pero ella sigue sin entender todo eso» (P16).

Las personas participantes describieron también ambigüedad en las relaciones con la familia extensa, a la que a menudo percibían como intolerante o desconcertada ante el estatus de la pareja. Un hombre dijo sobre su familia política: «Lo que les molesta es la ambigüedad. “¡Tenéis que tomar una decisión ya!”» (P11). Otras veces, esta ambigüedad tenía que ver con no saber cómo mantener la relación con personas que quizá no formarían parte de su futuro. Una mujer se sentía desconcertada porque su suegra no había respondido a sus intentos de acercamiento: «No logro entender por qué. ¿Qué le he hecho?... Me duele pensar que voy a perder también esa relación» (P16).

Tema esencial 2: la separación es una experiencia privada

Este tema recoge en qué medida las personas participantes daban a conocer su situación. Aunque unas pocas eran más abiertas respecto a su experiencia, la mayoría solo la compartía con un pequeño número de personas de confianza y llevaba la separación con bastante discreción. Una mujer lo expresó así: «Para mí es algo privado, y no es asunto de nadie a menos que yo decida contarlo» (P19). Lo que motivaba principalmente la decisión de mantener la experiencia en privado era la preocupación por la percepción y el juicio de los demás y por los comentarios poco útiles.

La percepción de los demás

El miedo a la percepción ajena, en concreto la preocupación por ser juzgadas por haber «fracasado» en el matrimonio y por convertirse en pasto de habladurías, se traducía en mucha discreción y secretismo en torno a la separación. Una mujer lo expresó así: «No quiero que mis malas noticias se conviertan en el festín de algún chismoso» (P12). Las mujeres, en particular, temían ser juzgadas por no estar a la altura de las expectativas sociales que pesan sobre las esposas. Una mujer describió así su reserva:

Creo que las mujeres ven la separación, al menos en mi caso, como que de alguna manera he fracasado al no ser capaz de hacer que esto funcione. Que es un reflejo de mí como mujer, como madre y como esposa. Que de algún modo he fracasado. Le he fallado a mi marido. Les he fallado a mis hijos. Y, en cierto modo, me he fallado a mí misma. (P1)

Las personas participantes lidiaban a menudo con la ambigüedad de su situación, de modo que intentar explicarla a los demás les resultaba complicado. Una mujer contó que no sabía cómo hablar con su madre: «Quiere saber qué está pasando, y es difícil darle respuestas cuando yo misma no las sé» (P7). Otra mujer describió cómo era ir a la iglesia sin su marido: «Y la gente me mira un poco raro, o me pregunta por [mi marido], y la verdad es que no sé qué decir. Sí, es extraño» (P9).

Las respuestas de los demás

Aunque la mayoría de las personas participantes llevaba la separación con discreción, por lo general se había confiado a un pequeño número de personas. A veces recibían apoyo y ánimo, o ayuda con las criaturas o con el dinero. Sin embargo, la mayoría de los comentarios no reconocía la complejidad de los problemas conyugales, y algunas personas participantes llegaron incluso a sentir la necesidad de proteger a su cónyuge de críticas injustas. Un hombre, que había tomado la iniciativa de la separación, defendía a su esposa: «Lo más probable es que diga: “¡Ay, soy yo! Por favor, no la culpéis, porque de verdad es una persona maravillosa”. Yo también tengo mis defectos» (P11). A veces, los comentarios de los demás animaban a las personas participantes a «pasar página» y a salir con otras personas. Las personas participantes rechazaban en gran medida estas sugerencias. Un hombre dijo: «No creo que eso sea real. No creo que sea verdad. No me lo creo. No creo que pueda olvidarla así como así» (P17). A menudo, las respuestas poco útiles reforzaban los patrones de discreción.

Tema esencial 3: la separación es una experiencia solitaria

Este tema recoge los sentimientos de soledad y de aislamiento de las personas participantes mientras se adaptaban a la vida de personas separadas. Su soledad tenía que ver principalmente con el tiempo pasado lejos de su cónyuge y de sus criaturas, con los recordatorios cotidianos de la separación y de vivir solas, y con el peso de asumir la responsabilidad principal de la crianza.

El tiempo separados

Echar de menos al cónyuge contribuía a los sentimientos de soledad, tristeza, dolor y anhelo de que las cosas fueran de otra manera. Una mujer describió la tensión que sentía ante la ausencia de su marido: «Lo menos difícil es irme a la cama sola por la noche, y lo más difícil es irme a la cama sola por la noche» (P1). A veces, la soledad aparecía a medida que los sentimientos iniciales ligados a los problemas conyugales perdían intensidad. Una mujer, que había tomado la iniciativa de la separación, dijo: «Sí que lo echo de menos. Así que [la separación] me ha dado una especie de sensación de… sí que lo quiero, lo quiero en mi vida, y quiero esforzarme para que eso vuelva a ser posible» (P12). Esta mujer sentía la tentación de invitar a su marido a volver a casa, aunque los problemas conyugales no estuvieran resueltos. La soledad inicial parecía desvanecerse cuando surgía con claridad el deseo de divorciarse. Una mujer quería ahora divorciarse tras haberse separado de un cónyuge que consumía drogas. Comparó su soledad inicial con lo que sintió después:

Los primeros meses fueron los más duros, porque no duermes en la misma cama que esa persona. No compartes tu vida como antes. Te sientes sola, pero ahora soy la persona más feliz del mundo. El tiempo curó las heridas, como dicen. (P2)

Las personas participantes echaban de menos también a sus criaturas, a las que veían menos a causa de la separación. Una mujer se sentía «demasiado sola» cuando su hija se quedaba con su marido (P16). Para un hombre, estar lejos resultaba complicado porque él había tomado la iniciativa de la separación: «Es horrible. Es lo peor que hay, una de las peores cosas que he vivido nunca. Estar separado de mis hijos y de mi mujer… a veces solo quiero estar allí y estar en casa, pero sencillamente no puedo» (P11).

Los recordatorios cotidianos

Los recordatorios de la separación, como encargarse de tareas que solía hacer el otro cónyuge o darse cuenta de que el cónyuge ya no formaba parte de sus rutinas, despertaban sentimientos de soledad. Un hombre describió cómo actuaban estos recordatorios en su vivencia emocional: «Puedo estar trabajando y sentirme normal, estar bien… y en cuanto empiezo a preparar la cena, me doy cuenta de que estoy cocinando solo para mí, y mi estado de ánimo puede cambiar por completo» (P10).

La responsabilidad de la crianza

En 15 de los 17 casos con menores a cargo, eran las mujeres quienes asumían la responsabilidad principal del cuidado durante la separación. Muchas estaban contentas de estar con sus criaturas, pero cuidarlas sin la ayuda diaria de su cónyuge les resultaba pesado y solitario. Una mujer habló de lo difícil que le resultaba cuidar sola de su hija: «No hay horas suficientes en el día, siendo madre, para hacer todas estas cosas por una niña tan pequeña. Simplemente estaría bien tener otro par de manos» (P4). Después sentía vergüenza frente a otras mujeres que parecían llevar mejor la crianza en solitario. Asumir la responsabilidad principal de la crianza suponía también menos tiempo de vida social, lo que aumentaba la sensación de aislamiento. Esto era aún más acusado cuando las personas participantes se mantenían económicamente por sí mismas. Una mujer se sentía agobiada por tener 2–3 trabajos para mantener a sus criaturas: «Estar separada ha afectado a mi situación económica, lo que me obliga a trabajar todo el tiempo. Y trabajar todo el tiempo ha afectado a mi vida social» (P13).

Tema esencial 4: beneficios de separarse

Pese a las dificultades, todas las personas participantes salvo dos identificaron algún beneficio de la separación. En concreto, la separación quitaba presión a la relación, servía de impulso para el cambio, facilitaba la vida cotidiana y propiciaba descubrimientos sobre una misma o uno mismo.

Menos presión sobre la relación

Para algunas personas participantes, la separación supuso un alivio de la tensión de un matrimonio en crisis, con menos discusiones o sentimientos negativos menos intensos. Una mujer contó que antes discutía con su marido por no saber dónde estaba, debido a sus horarios de trabajo y de viajes imprevisibles. Tras la separación, sentía menos necesidad de saber dónde estaba él, lo que a su vez se tradujo en menos discusiones: «Bueno, ya no estoy esperando a que vuelva de un vuelo que llega tarde, ¿sabes?, todas esas cosas me añaden ansiedad al día, así que esto lo está mejorando mucho» (P3). Curiosamente, su vida sexual también mejoró tras la separación. Otro participante dijo que recomendaría una separación, después de que las discusiones frecuentes se apaciguaran al vivir por separado: «A cualquiera que conozca que esté más o menos en esa situación, sí, le diría que sin duda. Haced una separación de prueba. Daos un poco de espacio para calmaros y salir adelante» (P11).

Un impulso para el cambio

Para algunas personas participantes, separarse generó un impulso de cambio positivo en sí mismas, en su cónyuge o en su relación, lo que alimentaba la esperanza de una reconciliación. Por ejemplo, un hombre dijo sobre su esposa: «Ahora está haciendo terapia individual por primera vez, lo que supongo que da quizá esperanza y curiosidad, en plan: ¿podría salir de ahí algo bueno que cambiara la relación?» (P20).

Una vida cotidiana más fácil

Pese a la soledad de estar separadas, vivir por separado simplificaba aspectos de la vida diaria, como no tener que tener en cuenta las preferencias, las rutinas o las necesidades del cónyuge. Una mujer dijo: «Diría que la independencia tiene cierta comodidad en algunos aspectos, como ser quien toma todas las decisiones de la casa. También ha estado bastante bien, sobre todo porque mi marido y yo somos muy distintos» (P9). A una mujer esto la sorprendió: «No lo veía por casa. No iba recogiendo su desorden, no tenía su desorden que recoger, ni le llevaba comida al trabajo. Fue un choque, para serte sincera» (P14). Sin embargo, esta mujer se dio cuenta de que la vida diaria de su cónyuge también se había vuelto más fácil desde la separación. Habían estado separados 8 meses antes de reconciliarse; 2 meses después, él inició otra separación. Ella dijo sobre sus motivos: «No tiene ninguna responsabilidad… Yo me ocupo de los niños todo el tiempo. Creo que simplemente le gusta no tener que pensar en ello» (P14).

Descubrimientos sobre sí

Por último, algunas personas participantes hicieron descubrimientos sobre sí mismas que las fortalecieron, al descubrir capacidades y una resiliencia que antes desconocían. Una mujer descubrió su capacidad de ser independiente:

Me había vuelto bastante dependiente de él, como que siempre leíamos un cuento juntos, siempre hacíamos cosas, como que a veces él me ayudaba cuando yo no podía hacer algo y, por ejemplo, montaba cosas y, sin ir más lejos, hoy, cuando ella tenía un juguete, pensé: ay, él siempre le monta los juguetes… Creo que es sorprendente, porque puedo hacer más de lo que creía. (P7)

A veces, los descubrimientos de las personas participantes sobre sí mismas les aportaban más claridad sobre lo que deseaban para el futuro. Una mujer habló de la conciencia que había adquirido tras iniciar la separación de su marido, que llevaba mucho tiempo consumiendo drogas: «Hacerlo todo yo sola me hizo sentir como, vaya, no necesito a nadie para… ya sabes… lo hice yo sola» (P2).

Tema esencial 5: la separación no es sostenible

Este tema remite a la idea de que la separación era un estatus conyugal insostenible. Las personas participantes coincidieron unánimemente en que no podían seguir separadas indefinidamente, porque la incertidumbre sobre el futuro era demasiado difícil de soportar, ya que generaba ambigüedad e incertidumbre en el presente. La mayoría indicó la necesidad de decidir en un sentido u otro, aunque decidir significara divorciarse; aunque doloroso, esto parecía preferible a vivir en una incertidumbre continua. Muchas personas participantes hicieron comentarios como este: «Por nuestra propia salud mental, tendríamos que separarnos [definitivamente] en algún momento porque, ya sabes, no veo cómo podría aguantar esto a largo plazo» (P3).

El coste emocional de la incertidumbre

Para las personas participantes que estaban decidiendo si divorciarse o reconciliarse, el carácter insostenible de la situación se relacionaba con el coste emocional de su ambivalencia y con los efectos de tener que decidir. Cuando se le preguntó qué era lo más difícil, un hombre habló de no saber cómo decidir sobre el futuro de su matrimonio: «Creo que en parte es la lucha por averiguar qué viene después» (P20). Otra mujer dijo: «Acabemos con esto ya, porque [no saber] me está pasando factura emocionalmente. Y no puedo aguantarlo mucho más» (P1). Para quienes deseaban la reconciliación, esperar a un cónyuge ambivalente y dar sentido a lo que le había pasado al matrimonio resultaba agotador emocionalmente. Un hombre, cuya esposa le daba poca información sobre por qué quería espacio, dedicaba mucha energía a intentar entender su decisión. Describió así su necesidad de una respuesta:

Si esto se alarga demasiado, me temo que llegará un punto en que, si no tengo información que me permita saber hacia dónde vamos… Quiero saber cómo será el futuro, y si no empiezo a ver en qué dirección va esto, voy a empezar a querer una [decisión] clara, en un sentido o en otro. (P10)

Con mayor frecuencia, la tolerancia de las personas participantes a la ambigüedad aumentaba con el tiempo. Describían sentimientos más intensos de tristeza, dolor y confusión al principio, y se adaptaban a vivir con la incertidumbre sobre su estatus conyugal y su futuro, pero solo como algo que había que soportar durante un tiempo. Una mujer lo dijo de forma concisa: «Solo quiero que se acabe» (P12).

La vida en suspenso

Muchas personas participantes describieron el efecto paralizante de no conocer el desenlace de la separación y la sensación de que buena parte de su vida quedaba en suspenso hasta que surgiera una decisión. Se sentían bloqueadas, sin saber hasta qué punto debían ajustar su vida cotidiana a una nueva normalidad quizá pasajera. El ejemplo de un hombre lo refleja bien:

Cuando te separas, la cosa se reduce a que alguien se va a quedar con la sartén. Otra persona va a tener que comprarse una sartén… Entonces, iba a ir a comprarme un juego de ollas y sartenes, y al final le pregunté a ella: «¿Qué hago…, qué vamos a hacer con esto si me gasto todo este dinero en todas estas cosas y luego, dentro de 3 meses, nos reconciliamos, vuelves y ahora tenemos todo por duplicado?». (P10)

Tema esencial 6: el desenlace no está claro

El último tema que surgió fue el papel y la utilidad de la separación en la toma de decisiones de las personas participantes sobre el futuro. A algunas personas participantes la separación las ayudó a ganar claridad; sin embargo, la mayoría seguía sin tener claro el futuro de su matrimonio, no sabía cómo llegar a una decisión clara y temía que la separación hubiera creado una inercia hacia el divorcio.

La separación aportó claridad

Cuatro personas participantes habían llegado a tener claro que querían divorciarse; tres de ellas habían vivido problemas conyugales graves, como el consumo de sustancias del cónyuge o una enfermedad mental grave no tratada, y la cuarta decidió que no quería seguir con un cónyuge que había iniciado varias separaciones. Estas personas hablaron de haber adquirido una nueva perspectiva y de no querer volver a situaciones emocionalmente agotadoras o inseguras. Una mujer dijo sobre el maltrato verbal y emocional que había sufrido: «Minimizas tu propia disfunción. “Bah, no es para tanto”. Y luego llegas incluso al punto de pensar: “He sido yo quien ha provocado esto, ¿sabes? Anoche bebí demasiado”» (P18). Para esta mujer, la separación y la distancia respecto a su cónyuge la ayudaron a «poner la cabeza en su sitio». Sin embargo, ninguna de estas personas había iniciado los trámites de divorcio en el momento de las entrevistas, y un par de ellas parecían relativamente ambivalentes al respecto. Una mujer explicó sus reticencias por sus limitados recursos económicos, y otra mencionó la perspectiva de un proceso judicial emocionalmente agotador, para el que todavía no se sentía preparada. Ninguna de estas personas tenía claro cuándo podría iniciar los trámites legales de divorcio, pero todas deseaban hacerlo con el tiempo.

La separación no ha aportado claridad

La mayoría de las personas participantes, cuyas separaciones habían comenzado por motivos menos graves, como la falta de afecto o los problemas de comunicación, seguía sin tener claro el desenlace de la separación, ya fuera porque ellas mismas dudaban o porque su cónyuge, que estaba deliberando, aún no había llegado a una decisión clara. Para estas personas, la separación no había resuelto la cuestión de si seguir casadas. Ante la pregunta de si la separación la había ayudado a ver más claro el futuro de su matrimonio, una mujer dio la que se convirtió en una respuesta habitual: «No lo sé. De verdad que no. Quiero decir, es todo una situación tan confusa» (P12). Algunas personas pensaban que la separación había añadido confusión y creado nuevos retos a los que hacer frente. Una mujer habló de sus intenciones no cumplidas:

Pensaba que [la separación] iba a ayudar. Pensaba que esta iba a ser la respuesta, que iba a ser justo lo que necesitábamos, y no lo es. No es lo que necesitábamos. Creo que está empeorando las cosas. Ha hecho que nos alejemos y nos distanciemos más el uno del otro. (P16)

Factores en la toma de decisiones

Las personas participantes mencionaron varios factores que influían en lo que pensaban sobre el futuro del matrimonio. Muchas tenían en cuenta los efectos de su decisión en sus hijos e hijas. A veces, las criaturas eran una razón principal para plantearse la reconciliación, como describió este hombre: «Solo estamos intentando sopesar… ¿es peor para ellos que estemos peleándonos? ¿Es peor para ellos que estemos separados?» (P11). Otra mujer solo se planteaba la reconciliación por su hija: «Diría que lo más importante ahora mismo es mi hija y su felicidad, y mantener a la familia unida por su felicidad, pero, a veces, las cosas no salen así, así que…» (P4). Algunas personas consideraban también la disonancia entre sus valores religiosos y culturales y el hecho de plantearse el divorcio. Una mujer, que se había separado por la ira de su marido, dijo:

Soy católica, así que realmente no creo en el divorcio, pero él sí cree en el divorcio. Es bautista, así que para mí es muy difícil. Me daría mucha vergüenza haber fracasado en esto, pero tengo que hacer lo que sea mejor para mí y para mis hijos. (P12)

Muchas personas tenían también en cuenta el dinero. Unos recursos económicos limitados, o la previsión de dificultades económicas tras un divorcio, llevaron a algunas personas participantes a considerar más seriamente la reconciliación o a aplazar un proceso formal de divorcio. Una mujer decidió que quería divorciarse después de que su marido iniciara una segunda separación, pero se sentía dividida a la hora de iniciar los trámites de divorcio porque necesitaba su apoyo económico: «Eso es lo más difícil. Quiero que se acabe oficialmente, pero creo que necesito su ayuda… Y quiero ir tan despacio como él quiera ir, pero es que estoy en plan: “¡Estoy harta!”» (P5). Otra mujer temía el poder que tendría su cónyuge, que era quien percibía los ingresos, si decidía solicitar la custodia exclusiva de sus criaturas: «Me quedaría en un matrimonio desgraciado cien millones de años si eso significara que no me iban a quitar a mis hijos» (P12). En cambio, un hombre habló del lujo de no tener que preocuparse por el dinero: «Somos conscientes de que tenemos la suerte de poder permitirnos divorciarnos» (P11). Por último, algunas personas querían pruebas de los cambios de su cónyuge. Una mujer inició una separación tras enterarse de la infidelidad de su marido. Su decisión sobre si seguir casada dependía principalmente de que él le prometiera que no tendría otra aventura. Dijo: «[Podríamos plantearnos la reconciliación] si él dijera eso… entonces podríamos seguir adelante y tal» (P6). Otras personas se preguntaban si los cambios de su cónyuge serían duraderos. Por ejemplo, un hombre describió problemas sexuales con su esposa que habían mejorado durante la separación, pero no estaba seguro de que el cambio fuera a durar.

Una inercia hacia el divorcio

Pese a estar abiertas a la reconciliación, varias personas participantes no confiaban en poder lograrla y temían que la separación hubiera creado una inercia hacia el divorcio, un desenlace que todavía no estaban preparadas para elegir deliberadamente. Otras, por lo general quienes no habían tomado la iniciativa de la separación, querían reconciliarse pero temían que el divorcio se volviera inevitable mientras esperaban a que un cónyuge indeciso tomara una decisión. Algunas describían esta inercia como una cuestión de tiempo: cuanto más tiempo siguieran separadas, más difícil sería reconciliarse. Una mujer planteó cuánto tiempo podría seguir separada antes de tomar una decisión definitiva: «Creo que lo sabré cuando, si dentro de 6 meses seguimos en el mismo punto que ahora, entonces será el momento de pasar página. Será el momento de cagar – perdón por la expresión – cagar o dejar el orinal» (P1). Otra mujer dijo: «Los días se convierten en meses y… nada cambia, y tienes la sensación de que va a acabar ahí, pero de verdad no quieres que sea así. Si no cambia, sí creo que podría pasar, porque no puedo vivir así» (P7). Otras personas veían esta inercia como resultado de acostumbrarse a vivir por separado. Una mujer se preguntaba si su marido se había acostumbrado demasiado a estar solo como para plantearse la reconciliación: «Empiezas a desarrollar otros hábitos, a hacer las cosas por tu cuenta, y te vuelves independiente. Y creo que eso es lo que le gustó, supongo que simplemente no estar atado» (P14). Una mujer habló de su miedo al divorcio a medida que ella y su marido se distanciaban y pasaban menos tiempo juntos: «Por mucho que no lo quiera, creo que probablemente esto lleva al divorcio. No sé, cuanto más nos alejamos, más riesgo… cuanto más tiempo, también, más riesgo… es como: ¿qué va a pasar ahora?» (P16). Por último, algunas personas participantes veían esta inercia como consecuencia de la falta de soluciones claras para los problemas conyugales. Una mujer habló de su temor a acabar divorciándose porque ella y su marido no sabían cómo resolver los problemas que habían precedido a la separación: «Y es muy duro porque, seguramente parezco un disco rayado, pero de verdad queremos intentar resolverlo. Y siento que no hay ningún manual para nosotros». (P1).

Discusión

El propósito de este estudio era investigar la experiencia, poco estudiada, de la separación conyugal ambigua. En la literatura parece existir un sesgo a favor de la inevitabilidad del divorcio tras la separación, como refleja la manera en que las personas separadas se confunden con las personas en proceso de divorcio en las muestras de los estudios (p. ej., Sbarra, Smith, & Mehl, 2014). Sin embargo, las experiencias de las personas participantes en este estudio sugieren que la separación no siempre comienza con la intención de divorciarse. La toma de decisiones sobre el futuro de un matrimonio parece ir más allá de la decisión de separarse, lo que concuerda con la investigación sobre la ambivalencia ligada a las decisiones de divorcio (Doherty, Willoughby, & Peterson, 2011). El interés por los procesos de toma de decisiones en torno al matrimonio y al divorcio está creciendo (p. ej., Allen & Hawkins, 2017; Hawkins et al., 2017), y la investigación podría beneficiarse de examinar estos procesos en toda una variedad de arreglos, estatus y transiciones conyugales.

Uno de los temas más centrales de las experiencias de las personas participantes fue el grado de ambigüedad que rodeaba la separación. Las personas participantes tenían dificultades para atribuir un significado a su estatus conyugal y describieron distintos grados de incertidumbre sobre cómo relacionarse con su cónyuge o negociar los términos de la separación. Este tema resuena con el concepto de ambigüedad de las fronteras familiares de Boss y Greenberg (1984), que se refiere a la falta de claridad sobre el carácter permanente de una pérdida relacional. Aunque los cambios estructurales en la vida familiar contribuyen a los sentimientos de incertidumbre, la percepción de esos cambios y el significado que se les atribuye son los mejores predictores de la ambigüedad de las fronteras (Carroll, Olson, & Buckmiller, 2007), y unos niveles más altos y periodos más prolongados de ambigüedad de las fronteras se traducen en mayores niveles de estrés (Boss & Greenberg, 1984). Las personas participantes describieron casi por unanimidad la separación como insostenible, y algunas plantearon la hipótesis de que una decisión clara de divorciarse podría aliviar el malestar asociado a la ambigüedad, incluso cuando el divorcio no era el desenlace preferido. La investigación previa ha documentado los efectos perjudiciales para la salud mental de la intolerancia a la incertidumbre (p. ej., Carleton et al., 2012). Aunque la ambigüedad de las fronteras se ha observado también en algunas personas divorciadas (Peterson & Hendricksen Christiansen, 2008), la perspectiva de obtener claridad en medio de una experiencia ambigua podría motivar decisiones de divorciarse. La investigación futura podría estudiar si la ambigüedad de las fronteras y la intolerancia a la incertidumbre explican parte de la ambivalencia de las personas en proceso de divorcio (Doherty, Willoughby, & Peterson, 2011). También podría examinarse si unos límites relacionales y unos términos de separación explícitos influyen en la toma de decisiones. Las transgresiones de límites tácitos, como salir con otras personas, pueden añadir nuevas dificultades que conviene tener en cuenta.

Algunas personas participantes describieron también su preocupación por que la separación hubiera creado una inercia no deseada hacia el divorcio. El modelo de compromiso de Stanley y Markman (1992) examina los desenlaces conyugales en función de si las relaciones avanzan movidas por un compromiso prosocial con la relación o por un compromiso de restricción, es decir, permanecer porque las restricciones para marcharse son demasiado grandes. Denominan a este último «efecto de inercia», que lleva a las parejas a «deslizarse en lugar de decidir» sobre la evolución de su relación, porque marcharse se vuelve más difícil a medida que la pareja se vuelve más interdependiente (Stanley, Rhoades, & Markman, 2006, pp. 503–504). De forma análoga, la separación puede crear un movimiento, o una inercia, hacia el divorcio, porque las restricciones para seguir casados disminuyen aparentemente a medida que las vidas de los cónyuges se entrelazan menos. Algunas personas participantes hablaron de la escasa probabilidad percibida de una reconciliación en función del tiempo o de la adaptación a la vida por separado o, como se ha mencionado antes, del carácter intolerable de una ambigüedad prolongada. En lugar de generar confianza en una decisión de divorciarse, la separación puede llevar a algunas parejas a deslizarse hacia el divorcio, aunque con cierta ambivalencia. El modelo de compromiso de Stanley y Markman (1992) también puede ayudar a entender las razones por las que algunas parejas se reconcilian, así como la insatisfacción y la inestabilidad de los matrimonios reconciliados tras una separación (Binstock & Thornton, 2003; Kitson, 1985; Vennum et al., 2014; Wineberg & McCarthy, 1994). Aunque la mayoría de las personas participantes describió cierto deseo de reconciliación, algunas se sentían inclinadas a seguir casadas debido a otras restricciones, como las dificultades económicas o la previsión de dificultades económicas tras un divorcio. Esto parecía especialmente frecuente entre las mujeres. Aunque resulta curioso dada la holgura económica declarada por la muestra, la investigación sobre el estrés familiar y el afrontamiento (p. ej., Boss, 1992) sostiene que la percepción de los recursos suele ser más determinante en las respuestas al estrés que su presencia real. Además, las mujeres tienen más probabilidades de sufrir dificultades económicas tras un divorcio (de Vaus et al., 2017), y la investigación previa sobre la separación respalda la idea de que las personas con menos recursos económicos y sociales tienen más probabilidades de seguir casadas o de intentar una reconciliación (Morgan, 1988; Tumin et al., 2015; Wineberg & McCarthy, 1994). Puede que la percepción de restricciones o la previsión de dificultades, económicas o de otro tipo, motive las decisiones de seguir casadas. La investigación futura podría estudiar si las trayectorias de las parejas que se reconcilian por un compromiso de restricción difieren de las de aquellas que se reconcilian por un compromiso prosocial con la relación. Estas últimas podrían estar más dispuestas a trabajar en los problemas que precedieron a la separación, reduciendo así la inestabilidad conyugal posterior en comparación con las parejas que se reconcilian por restricciones.

Las personas participantes describieron también que mantenían la separación en una relativa discreción por preocupación por la percepción ajena y por recibir comentarios poco útiles. Las mujeres parecían especialmente preocupadas por no estar a la altura de las expectativas sociales o por que los demás vieran las dificultades de su matrimonio como reflejo de su incapacidad para mantener sana su relación, lo que concuerda con investigaciones previas que muestran que las mujeres tienden a sentirse más responsables de mantener la buena salud de una relación (Baum, 2007). La preocupación de las personas participantes por los comentarios ajenos concuerda también con hallazgos previos sobre la utilidad de las respuestas de las personas de confianza. Las personas que han confiado a otras sus problemas conyugales o de pareja han señalado como respuestas menos útiles dar demasiados consejos o consejos inútiles, hablar demasiado de sí mismas, ser demasiado críticas con el cónyuge o la pareja de quien se confía, mostrarse demasiado sentenciosas o críticas, y sugerir a quien se confía que ponga fin a la relación (Lind Seal, Doherty, & Harris, 2016). En conjunto, estos matices de la discreción sugieren que parece persistir un estigma duradero en torno a los problemas conyugales, en parte quizá desproporcionadamente marcado por el género, pese a los indicios de que la población estadounidense acepta cada vez más el divorcio (Dugan, 2017). Sin embargo, la discreción de las personas participantes plantea también interrogantes sobre la prevalencia de la separación ambigua, difícil de rastrear porque la separación no implica necesariamente un cambio legal del estado civil.

Por último, los temas del estudio cuestionan la utilidad de la separación para decidir si seguir casados, tal como la promueven las fuentes de divulgación (p. ej., Lipe, 2010; Raffel, 1999). Las personas que se plantean el divorcio desean obtener claridad y confianza sobre el futuro de un matrimonio, pero a menudo les cuesta lograrlo (Harris, Crabtree, Bell, Allen, & Roberts, 2017), y, a juzgar por las experiencias de las personas participantes, la separación no solía aportar esa claridad. Algunas incluso refirieron que separarse había aumentado su confusión. Sin embargo, cuatro participantes habían llegado a desear el divorcio, y tres de ellas mencionaron como centrales en su decisión problemas graves, como el abuso de sustancias de su cónyuge o problemas de salud mental no tratados. Quienes se separaron por motivos menos graves tenían, en general, menos claro lo que querían, o bien su deseo de reconciliación iba acompañado de incertidumbre sobre las soluciones. Aunque el tamaño de nuestra muestra y nuestra metodología no permiten generalizar, estos patrones podrían merecer atención en el futuro a la relación entre los problemas conyugales y la utilidad de la separación para la toma de decisiones conyugal.

Implicaciones clínicas

Quienes ejercen la terapia ocupan una posición privilegiada para ayudar a las personas que dudan sobre el futuro de su matrimonio a lograr claridad en su toma de decisiones, y estos hallazgos pueden orientar ese trabajo. En primer lugar, se necesita más investigación para determinar si la separación está indicada y cuándo, y el personal terapéutico debería ser prudente a la hora de alentar una separación con fines de toma de decisiones conyugal hasta que esto se comprenda mejor. En segundo lugar, conviene tener presente que la incertidumbre puede prolongarse más allá de la decisión de separarse. Si quien acompaña a la pareja comparte el supuesto de que la separación conduce inevitablemente al divorcio, puede alentar prematuramente el divorcio y los procesos de disolución. Dejar espacio a la incertidumbre puede ayudar a preservar la integridad de la toma de decisiones de una pareja. Por último, si una pareja se separa, la persona terapeuta puede ayudarla a formular un plan que limite la inercia hacia un desenlace no deseado. A las parejas puede resultarles útil explicitar límites más claros para reducir la ambigüedad y negociar deliberadamente los términos que, de otro modo, podrían recaer de forma desproporcionada sobre uno de los cónyuges, como las responsabilidades de crianza.

Limitaciones

Este estudio no está exento de limitaciones. Nuestra muestra era relativamente homogénea, lo que puede deberse al reclutamiento de participantes mediante anuncios en redes sociales. Más del 75% de las personas participantes se identificaban como blancas y el 70% como mujeres. Podrían surgir temas distintos con muestras más diversas en cuanto a origen étnico-racial y género, o con personas que no utilizan la red social que empleamos para el reclutamiento. Además, todas las personas participantes estaban en matrimonios entre una mujer y un hombre. No excluimos deliberadamente a personas en matrimonios entre personas del mismo sexo, pero no logramos localizar a ninguna para este estudio. Además de la estrategia de reclutamiento elegida, esto puede deberse al criterio de que las personas participantes estuvieran casadas y al tiempo relativamente corto durante el cual las parejas del mismo sexo han podido casarse legalmente. Asimismo, datos recientes sugieren que las personas divorciadas de un matrimonio entre personas del mismo sexo pueden temer que sus experiencias resulten ilegibles debido a supuestos heteronormativos (Hoy, 2018), y es posible que las personas separadas en matrimonios del mismo sexo temieran un estigma añadido. Llegar a poblaciones ocultas plantea dificultades (Ellard‐Gray, Jeffrey, Choubak, & Crann, 2015), y la idea, expresada por las personas participantes, de que la separación es una experiencia privada apunta al carácter oculto de las personas separadas en general. La investigación debería tenerlo en cuenta en futuros intentos de localizar participantes, en especial a quienes pertenecen a poblaciones marginadas. El carácter transversal de los datos constituye también una limitación. La mayoría de las personas participantes indicó que la separación no les había ayudado a tener más claro el futuro del matrimonio, pero el desenlace de sus separaciones sigue siendo, en última instancia, desconocido. Recoger datos en varios momentos podría iluminar cómo evolucionan las separaciones ambiguas y los procesos de toma de decisiones asociados, y cómo se viven a lo largo del tiempo.

Líneas de investigación futura

De este estudio surgieron varias posibilidades para hacer avanzar la literatura sobre la separación conyugal. En primer lugar, podría ser útil obtener datos sobre la prevalencia de las separaciones ambiguas, ya que se desconoce el porcentaje de separaciones que comienzan sin claridad sobre cómo terminarán. La investigación sobre la separación y el divorcio debería preguntar por la intención con la que se produjo la separación, incluso a las personas en proceso de divorcio o ya divorciadas, ya que esto podría ayudar a comprender las distintas trayectorias que siguen las parejas hasta llegar a la decisión de divorciarse. Quienes comienzan con una separación ambigua y luego se divorcian podrían relatar cómo llegaron a su decisión, lo que podría arrojar luz sobre los umbrales de tolerancia a la ambigüedad, la falta de claridad sobre cómo resolver los problemas conyugales u otros factores que condujeron a su decisión, como unos límites relacionales poco claros. Puede que algunas parejas, en realidad, se «deslicen» hacia el divorcio sin la convicción de que el divorcio sea de verdad la mejor opción (Stanley, Rhoades, & Markman, 2006, p. 505), y la inercia creada por la separación podría explicar parte de su ambivalencia respecto al divorcio. Esta investigación se beneficiaría también de muestras más diversas, que incluyan a participantes en matrimonios entre personas del mismo sexo. También podría ser valioso estudiar si la separación ambigua se vive de manera diferente en parejas de hecho no casadas que, quizá, no afrontan las mismas restricciones legales para separarse pero han asumido un grado similar de compromiso en la relación. Por último, dada la idea extendida de que las separaciones ayudan a tomar decisiones y el papel potencial de la persona terapeuta para ayudar a las parejas a discernir si seguir casadas, podría ser importante evaluar las actitudes del personal terapéutico respecto a las separaciones ambiguas.

Complexe Systémique: puntos clave

El mérito del estudio es poner nombre a una situación que la clínica encuentra a menudo sin darle un estatus: separarse «para pensar», ni ruptura ni reconciliación. El concepto de ambigüedad de las fronteras de Pauline Boss arroja luz sobre lo que está en juego: fronteras familiares difusas, roles en suspenso, criaturas y familia política que ya no saben a qué atenerse. Tres lecciones para quienes ejercen la terapia. No prescribir la separación como herramienta de decisión: aquí rara vez aporta claridad, salvo cuando hay problemas graves (adicción, maltrato, enfermedad mental no tratada). No leer la separación como un divorcio anunciado, a riesgo de empujar al sistema hacia un desenlace que no ha elegido. Ayudar más bien a la pareja a explicitar los términos del entretanto (criaturas, dinero, otras relaciones), puesto que es lo que queda implícito lo que alimenta la deriva hacia la ruptura. La asimetría de género merece también atención: son sobre todo las mujeres quienes se quedan con las criaturas y temen el juicio social. La muestra es pequeña, reclutada en Facebook, mayoritariamente blanca y femenina, y entrevistada en un único momento. Puede leerse junto con el artículo de Robert Neuburger sobre la separación de pareja y el artículo sobre la pérdida ambigua y los rituales.

Notas del original

Este proyecto fue financiado por la Robert E. Keane Fellowship in Ambiguous Loss y el Minnesota Couples on the Brink Project. La autoría presentó esta investigación en el congreso anual de 2018 de la American Association for Marriage and Family Therapy.

La línea de copyright de este artículo se modificó el 4 de abril de 2020, después de su publicación original en línea.

Referencias

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Traducción no oficial de The Lived Experience of Ambiguous Marital Separation: A Phenomenological Study, de Sarah A. Crabtree y Steven M. Harris, Journal of Marital and Family Therapy, vol. 46, n.o 3 (2020), doi: 10.1111/jmft.12419, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Esta es una traducción del artículo original «The Lived Experience of Ambiguous Marital Separation: A Phenomenological Study», publicado en Journal of Marital and Family Therapy (2020) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.

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Cómo citar este artículo

Crabtree, S. A., y Harris, S. M. (2020). The Lived Experience of Ambiguous Marital Separation: A Phenomenological Study. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/the-lived-experience-of-ambiguous-marital-separation-a-phenomenological-study (Obra original publicada en 2019 en Journal of Marital and Family Therapy, 46(3), 385-398 (2020); republicada en 2020 por Journal of Marital and Family Therapy, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/jmft.12419)

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