Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Journal of Marital and Family Therapy · Terapia familiar
¿Cómo puede una comunidad opinar sobre una terapia que nunca ha experimentado? Caitlin Edwards, Kendal Holtrop y Andrea Wittenborn, de la Michigan State University, trasladan a la investigación clínica la prueba de visionado (theater testing), nacida en la investigación publicitaria, y exponen sus seis etapas. Su ejemplo: ocho grupos en línea en los que personas consultantes LGBTQIA+ de la terapia de pareja focalizada en las emociones comentaron vídeos de formación.
Traducción no oficial al español de Using Theater Testing to Inform Community-Engaged Cultural Adaptation in Couple and Family Therapy Research, de Caitlin Edwards, Kendal Holtrop y Andrea Wittenborn, publicado en Journal of Marital and Family Therapy (Wiley) (2026), doi: 10.1111/jmft.70116, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para la lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
La prueba de visionado es un método fundamental para llevar a cabo investigación con participación comunitaria.
Caitlin Edwards, Kendal Holtrop y Andrea Wittenborn
Resumen
Los equipos de investigación que desean recurrir a métodos con participación comunitaria para adaptar culturalmente una intervención de terapia de pareja y familiar se enfrentan a menudo a un dilema: cómo recoger opiniones significativas de una comunidad destinataria sobre la adaptación de una intervención que quizá le resulte desconocida. La prueba de visionado puede ofrecer un medio útil para resolver esta dificultad. Se trata de un enfoque innovador que permite a miembros de la población destinataria experimentar elementos de la intervención en cuestión, con el fin de obtener opiniones informadas y concretas. Este artículo ofrece una descripción detallada de la prueba de visionado, una serie de etapas concretas para llevarla a cabo y un análisis exhaustivo de los puntos de decisión y las consideraciones pertinentes para aplicarla a la investigación sobre adaptación cultural. Presentamos también un caso ilustrativo que describe el uso de la prueba de visionado para adaptar culturalmente la terapia de pareja focalizada en las emociones con miembros de comunidades LGBTQIA+.
La adaptación cultural de las intervenciones terapéuticas es necesaria debido a la brecha mundial en el tratamiento de la salud mental (Heim and Kohrt 2019) y a la mayor eficacia de los tratamientos adaptados para poblaciones diversas (Hall et al. 2019; Soto et al. 2018). La prueba de visionado (theater testing) constituye una metodología potencialmente útil para la investigación con participación comunitaria destinada a adaptar y ajustar culturalmente las intervenciones. Su uso como método de adaptación cultural puede apoyarse en el marco de seis etapas del National Cancer Institute (NCI 2004). Este artículo ofrecerá un panorama de la investigación sobre adaptación cultural en terapia de pareja y familiar, describirá cómo puede aplicarse la prueba de visionado como herramienta de adaptación cultural y presentará un caso ilustrativo, extraído de un estudio reciente sobre la adaptación de la terapia de pareja focalizada en las emociones (EFCT) a las relaciones de personas lesbianas, gais, bisexuales, trans, queer o en cuestionamiento, intersexuales y asexuales, entre otras (LGBTQIA+) (Edwards et al. 2025b), para poner de relieve los puntos clave para los equipos de investigación interesados en utilizar la prueba de visionado.
La adaptación cultural es la modificación sistemática de un EBT para tener en cuenta los valores y las creencias culturales de las personas consultantes, aumentar su pertinencia y mejorar los resultados (Bernal et al. 2009; Lee et al. 2008; Wiltsey Stirman et al. 2019). Los EBT contribuyen a la prevención y al tratamiento de los problemas relacionales y de salud mental; sin embargo, los estudios suelen reclutar muestras de personas blancas, heterosexuales, cisgénero y de ingresos medios o altos, y luego generalizan los resultados a personas consultantes con identidades marginadas (Spengler et al. 2020). Esta falta de inclusividad en la investigación mantiene las desigualdades en salud mental, pese a que los EBT tienen como objetivo reducir la inequidad en el tratamiento y pese a que se ha documentado que cada terapeuta, a título individual, adapta culturalmente las intervenciones de forma habitual (p. ej., Allan et al. 2022; Pepping et al. 2017).
En sentido amplio, la adaptación cultural abarca la identidad (p. ej., raza, etnicidad, situación migratoria, situación de discapacidad, identidades sexuales y de género, y orientaciones religiosas y espirituales) y el contexto (p. ej., experiencia histórica, nivel socioeconómico, entorno geográfico y estructura familiar; Holtrop et al. 2025). Se han utilizado varios enfoques metodológicos para orientar la investigación sobre adaptación cultural. En concreto, entre los métodos empleados para alcanzar consensos y situar en el centro las experiencias en primera persona con el fin de orientar la adaptación cultural figuran los estudios Delphi (p. ej., Lu et al. 2020), los grupos focales (p. ej., J. Parra‐Cardona et al. 2009; Watson‐Singleton et al. 2019), las entrevistas individuales (p. ej., Ramaiya et al. 2017) y los estudios de métodos mixtos (p. ej., Holtrop et al. 2018; Kohrt et al. 2022).
El objetivo principal del diseño, la difusión y la implementación de los EBT es proporcionar un tratamiento terapéutico óptimo y eficaz (Portney 2020). Quienes investigan intervenciones recurren a menudo a modelos para esclarecer el proceso de optimización de un EBT; por ejemplo, el modelo Obesity‐Related Behavioral Intervention Trials (ORBIT) para el desarrollo de tratamientos conductuales (Powell et al. 2021) describe fases iterativas guiadas por un propósito que orientan la recogida de la evidencia necesaria para respaldar tanto la eficacia como la efectividad de las intervenciones. En el modelo ORBIT, la adaptación de la intervención suele producirse después de que una intervención no adaptada haya demostrado ser eficaz, y la intervención se perfecciona a continuación para una nueva población (Powell et al. 2021).
La adaptación de la intervención forma parte inherente del diseño de un tratamiento (Powell et al. 2021), ya que puede ser necesario modificar las intervenciones para garantizar su eficacia en contextos diferentes o con poblaciones diferentes (Movsisyan et al. 2019). De hecho, revisiones sistemáticas y metaanálisis previos indican que los EBT culturalmente adaptados son más eficaces que los EBT no adaptados (Hall et al. 2019; Soto et al. 2018).
Existen varios puntos de decisión importantes al llevar a cabo una investigación sobre adaptación cultural, entre ellos determinar si la adaptación cultural está justificada y qué EBT debe adaptarse (Holtrop et al. 2025). También es esencial elegir un marco de adaptación cultural. Hay muchos ejemplos de estos marcos. Así, en el Cultural Sensitivity Framework, Resnicow et al. (1999) describen adaptaciones de estructura superficial (p. ej., ajustar los materiales y los métodos de la intervención a las características observables de la población) y de estructura profunda (p. ej., modificar elementos de proceso de una intervención para que se correspondan con la visión del mundo de la persona consultante). También es crucial documentar todas las adaptaciones. Una herramienta útil para documentar los motivos, el proceso y los resultados de las adaptaciones es el Framework for Reporting Adaptations and Modifications Expanded (Wiltsey Stirman et al. 2019). Por último, deben realizarse después estudios piloto y de viabilidad para garantizar la aceptabilidad, la viabilidad, la prueba de concepto, la eficacia y la efectividad de la intervención (Holtrop et al. 2025).
Otra consideración clave de diseño al emprender una adaptación cultural es el grado en que los miembros de la población destinataria participarán en este trabajo. Los modelos de adaptación difieren en cuanto a la necesidad de incluir explícitamente a miembros de la comunidad (p. ej., véase Planned Adaptation; Lee et al. 2008, frente a Assessment, Decision, Adaptation, Production, Topical Experts‐Integration, Training, and Testing [ADAPT‐ITT]; Wingood and DiClemente 2008). Sin embargo, numerosas voces especializadas en adaptación cultural defienden que los miembros de la comunidad destinataria deben participar a lo largo de todo el proceso de adaptación cultural para respetar su autonomía, tener en cuenta su resiliencia y situar en el centro los contextos multifacéticos de la población, en lugar de correr el riesgo de centrarse en los déficits y perpetuar una mayor subordinación (Domenech‐Rodríguez and Bernal 2012; Domenech‐Rodríguez and Wieling 2005). Por ello, los enfoques participativos y con participación comunitaria se consideran ampliamente centrales en el proceso de adaptación cultural (p. ej., Holtrop et al. 2025; Substance Abuse and Mental Health Services Administration 2022). Un enfoque útil para reforzar los esfuerzos de adaptación cultural mediante los principios de la investigación con participación comunitaria es la incorporación de la prueba de visionado.
La prueba de visionado tiene sus raíces en la investigación publicitaria de las décadas de 1940 y 1950, cuando se utilizaba para evaluar el poder persuasivo de los anuncios de radio (Batra et al. 1996). Más tarde se convirtió en un método habitual para evaluar anuncios de televisión y campañas de servicio público, a menudo como técnica de pretest al servicio de la evaluación formativa (Bartholomew et al. 2006; NCI 2004). Desde entonces se ha utilizado en distintos campos, como la salud pública (p. ej., Biello et al. 2021), la terapia familiar (p. ej., Holtrop et al. 2018) y la salud conductual (p. ej., Burlew et al. 2023).
Aunque los detalles metodológicos concretos varían (p. ej., véase Batra et al. 1996), el formato tradicional consiste en invitar a miembros del público destinatario a ver una versión provisional de un producto mediático, como un anuncio de televisión (NCI 2004). Sin embargo, suele haber un elemento de engaño o de «camuflaje», ya que a las personas participantes se les dice que opinarán sobre un programa de televisión u otro elemento mediático, pero no sobre el verdadero objeto de la prueba, con el fin de simular un contexto de visionado real (Atkin and Freimuth 2013, p. 66; véase también NCI 2004). Las personas participantes se exponen luego de manera sistemática al anuncio sometido a prueba durante el programa de televisión que sirve de señuelo. Se recogen datos para medir el recuerdo, la preferencia de marca u otras variables de interés (Atkin and Freimuth 2013; Batra et al. 1996; NCI 2004).
La prueba de visionado se ha descrito como una forma de prueba de usabilidad (Salazar et al. 2020), un enfoque destinado a evaluar si un producto puede ser utilizado con facilidad y eficacia por un grupo destinatario (Dumas and Redish 1999). Un rasgo definitorio de la prueba de usabilidad es que sitúa en el centro la experiencia de las personas usuarias, implicándolas a lo largo de todo el proceso de desarrollo y evaluación y dejando que sus necesidades guíen las decisiones de diseño (Dumas and Redish 1999). Por estas razones, la prueba de visionado resulta muy adecuada como método para orientar los esfuerzos de adaptación cultural con participación comunitaria.
La prueba de visionado se ha aplicado a la investigación sobre intervenciones en el trabajo seminal de Wingood y DiClemente (2008), que desarrollaron un marco sistemático para adaptar intervenciones basadas en la evidencia a nuevas poblaciones, conocido como modelo ADAPT‐ITT. Este modelo se concibió originalmente para orientar la adaptación de intervenciones sobre el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) (Wingood and DiClemente 2008), pero es ampliamente aplicable a la investigación sobre intervenciones en diversos campos y con distintos objetivos de adaptación (p. ej., Holtrop et al. 2018). ADAPT‐ITT establece una serie de ocho fases para guiar el proceso de investigación sobre la adaptación: (1) evaluación, (2) decisión, (3) adaptación, (4) producción, (5) personas expertas en la materia, (6) integración, (7) formación y (8) prueba.
La prueba de visionado es una parte integral del modelo ADAPT‐ITT que tiene lugar durante la fase 3 (Wingood and DiClemente 2008). Para orientar los esfuerzos de adaptación, se recluta a miembros de la nueva población destinataria para un grupo de prueba, durante el cual participan en segmentos clave de la intervención original. De este modo, la prueba de visionado es un enfoque activo de pretest que simula lo que las personas participantes vivirían durante la intervención. Favorecer una experiencia in vivo de la intervención refuerza el proceso de adaptación y constituye un punto fuerte destacado de este método (Wingood and DiClemente 2008). También puede invitarse al personal de la entidad y a otras partes interesadas a asistir a la prueba y observarla. Después de cada segmento de la intervención, las personas asistentes responden a breves cuestionarios destinados a recoger su opinión sobre la adecuación del material, sus críticas a los elementos de la intervención original y sus sugerencias de añadidos pertinentes para la nueva población destinataria. Quienes facilitan la sesión utilizan luego las respuestas a los cuestionarios para dirigir un debate de grupo sobre los elementos de la intervención, primero con las personas participantes de la población destinataria y después invitando a intervenir al personal de la entidad y a las partes interesadas. Los datos se analizan para identificar temas comunes sobre cómo debería adaptarse la intervención original para responder mejor a las necesidades de la nueva población destinataria (Wingood and DiClemente 2008). Es importante señalar que la prueba de visionado puede dar lugar tanto a adaptaciones de estructura superficial como de estructura profunda (véase Resnicow et al. 1999).
La prueba de visionado se ha utilizado en varios estudios que buscaban desarrollar o adaptar intervenciones diversas. Una parte considerable de estos trabajos se ha centrado en la investigación sobre el VIH (p. ej., Burlew et al. 2023; Lopez et al. 2025), probablemente por la influencia de Wingood y DiClemente (2008) en este campo. También se han logrado avances importantes en la extensión de la prueba de visionado a las intervenciones de salud conductual y mental, en gran parte gracias a aplicaciones recientes del modelo ADAPT‐ITT en estos ámbitos. Por ejemplo, se utilizó para reforzar iniciativas de investigación participativa destinadas a apoyar la salud psicológica y el bienestar del profesorado nativo americano del programa Head Start en Estados Unidos (Wilson et al. 2023) y para aprovechar un modelo de intervención entre pares con el fin de mejorar los servicios de salud mental para jóvenes en Sierra Leona (Freeman et al. 2024). También se han llevado a cabo aplicaciones destacables en la investigación sobre intervenciones de pareja y familia. El conjunto más destacado de estos trabajos se ha centrado en la adaptación de intervenciones de parentalidad para distintas poblaciones, como madres y padres jóvenes que salen del sistema de protección a la infancia al alcanzar la mayoría de edad (Holtrop et al. 2018), familias hmong estadounidenses (Zhou et al. 2018) y personas cuidadoras de adolescentes LGBTQ+ en acogimiento familiar (Salazar et al. 2020). Además, Edwards et al. (2025a) utilizaron la prueba de visionado para adaptar una intervención de pareja basada en la evidencia a las relaciones LGBTQIA+. Pese a estos esfuerzos, la prueba de visionado sigue estando infrautilizada en la investigación sobre intervenciones de pareja y familia.
Los marcos de adaptación cultural son importantes para orientar el diseño general de los estudios, pero las metodologías para llevar a cabo etapas concretas de la investigación sobre adaptación cultural están menos desarrolladas. La prueba de visionado es un método prometedor para el proceso de adaptación cultural, en particular para quienes investigan desde un compromiso con el enfoque de investigación participativa. En este apartado explicaremos cómo puede aplicarse la prueba de visionado a la investigación sobre adaptación cultural siguiendo las seis etapas descritas por el NCI (2004): (1) planificar la prueba de visionado, (2) elaborar el cuestionario, (3) reclutar a las personas participantes, (4) preparar la prueba de visionado, (5) realizar la prueba de visionado y (6) analizar la prueba de visionado. Para ilustrar este proceso de forma más completa, presentaremos también un estudio de caso, basado en el trabajo de Edwards et al. (2025a), que muestra la aplicación de la prueba de visionado para adaptar una intervención de terapia de pareja a las relaciones LGBTQIA+.
Al planificar la prueba de visionado, el equipo investigador debe determinar el propósito del estudio, su calendario y su presupuesto, a quién reclutar y el lugar del pretest (NCI 2004). La etapa de planificación es importante para garantizar que la prueba cumpla los objetivos del estudio y pueda realizarse de manera viable con los recursos disponibles. Una ventaja central de la prueba de visionado es que permite a las personas usuarias potenciales exponerse al material en cuestión y reaccionar ante él (Batra et al. 1996). En este sentido, la prueba de visionado es una herramienta fundamental para determinar si los componentes de una intervención resultan atractivos, comprensibles y culturalmente pertinentes para sus posibles personas usuarias (Bartholomew et al. 2006).
Aplicada a la investigación sobre adaptación cultural, la prueba de visionado implica comprender cómo debe ajustarse una intervención para responder a las necesidades de la población destinataria y cómo la experiencia vivida de esta población puede orientar ese ajuste (Wingood and DiClemente 2008). Por ello, identificar la población destinataria y seleccionar la intervención que se va a adaptar son componentes importantes de la etapa de planificación.
Las adaptaciones culturales están indicadas cuando poblaciones marginadas sufren desigualdades en salud, encuentran obstáculos para acceder a los tratamientos existentes o presentan factores de riesgo culturalmente específicos (Holtrop et al. 2025). La presencia de estos factores puede ayudar a identificar una población destinataria para los esfuerzos de adaptación cultural, pero solo si representantes de esa población participan en el proceso de toma de decisiones y ratifican esa decisión (Holtrop et al. 2025). También es beneficioso que los miembros del equipo de investigación sobre adaptación cultural tengan un vínculo con la población elegida (Gonzalez et al. 2021), ya que un vínculo compartido puede favorecer la confianza (Andoh‐Arthur 2019). Conocer la intervención elegida puede facilitar la adaptación cultural, pues quien investiga dispone de más elementos para evaluar tanto las adaptaciones de estructura superficial (p. ej., los materiales proporcionados a la población destinataria) como las de estructura profunda (p. ej., la integración de factores culturales) (Resnicow et al. 1999).
De acuerdo con las buenas prácticas, la intervención que se va a adaptar debe contar con un corpus de evidencia que establezca su eficacia (Domenech‐Rodríguez and Bernal 2012; Holtrop et al. 2025). La selección de la intervención entre los EBT disponibles debe basarse en su pertinencia para la población destinataria y para sus necesidades de salud mental existentes (Barrera et al. 2013). La adecuación es un aspecto clave de esta decisión, ya que la pertinencia cultural, la aceptabilidad, la capacidad y la viabilidad son consideraciones fundamentales (Domenech‐Rodríguez and Bernal 2012; Holtrop et al. 2025; Wingood and DiClemente 2008).
A partir de estas determinaciones centrales pueden abordarse otras consideraciones de planificación. El equipo investigador debe tener en cuenta el acceso de las personas participantes al transporte, el tiempo y el coste de los desplazamientos, así como su capacidad para utilizar la tecnología cuando proceda. La prueba de visionado se realiza tradicionalmente de forma presencial (NCI 2004; Wingood and DiClemente 2008), por lo que hay que tener en cuenta el acceso de las personas participantes al transporte, el tiempo de desplazamiento y los costes que supone asistir. Es necesario encontrar un lugar con espacio suficiente para acoger la prueba. Al mismo tiempo, el equipo investigador debe ser sensible a las cuestiones de seguridad y conocer los lugares en los que las personas participantes se sienten cómodas (p. ej., véase Baumann et al. 2011). Cuando la prueba se realiza en línea, es importante probar previamente las plataformas de recogida de datos y demás tecnología para garantizar su facilidad de uso para la población destinataria, así como verificar el funcionamiento general de los procedimientos. Hay que prever una compensación adecuada para las personas participantes y un tiempo suficiente para la recogida de datos.
El estudio descrito en este caso ilustrativo tenía como objetivo ofrecer recomendaciones en primera persona sobre cómo podría adaptarse la EFCT (Johnson and Greenberg 1985; Johnson 2019) para tener en cuenta las experiencias vividas propias de las personas que se identifican como LGBTQIA+ y mantienen relaciones de pareja. La EFCT es un tratamiento con respaldo empírico para el malestar en la pareja que ha mostrado resultados positivos significativos (Doss et al. 2022; Spengler et al. 2024), entre ellos la recuperación del malestar relacional (Johnson et al. 1999). Hay evidencia de que quienes practican la EFCT trabajan habitualmente con relaciones LGBTQIA+ (Allan et al. 2022; Edwards et al. 2025a), y algunos artículos conceptuales (Allan and Johnson 2017; Hardtke et al. 2010) describen el uso de la EFCT con parejas gais y lesbianas. Sin embargo, hasta la fecha solo una investigación limitada ha documentado el uso de la EFCT con relaciones LGBTQIA+ (Edwards et al. 2025b). Dado que las personas que se identifican como LGBTQIA+ y tienen una relación de pareja acceden menos a los EBT que las personas heterosexuales (Alencar Albuquerque et al. 2016), es esencial adaptar los EBT para tener en cuenta las experiencias vividas propias de estas personas consultantes.
Se eligió adaptar la EFCT por dos razones. En primer lugar, la EFCT es uno de los modelos de terapia de pareja más investigados y eficaces (Doss et al. 2022). Pese a ello, la investigación sobre la EFCT ha privilegiado históricamente hasta hoy las identidades y relaciones blancas, heterosexuales y cisgénero (Spengler et al. 2024). Aunque la investigación contemporánea ha empezado a corregir esta desigualdad (véase Allan et al. 2022; Guillory 2021; Hattori 2014; Nightingale et al. 2019; Tseng et al. 2025), la escasa inclusión de muestras diversas en la investigación sobre la EFCT, como las personas que se identifican como LGBTQIA+, representa una limitación importante si se quiere que este EBT sea generalizable a distintas poblaciones. De hecho, hasta la fecha no se ha llevado a cabo ningún proceso empírico (p. ej., ADAPT‐ITT) para adaptar la EFCT a la identidad o al contexto cultural de la persona consultante. En segundo lugar, las estrategias y conductas de apego están influidas por el contexto sociocultural (Dunbar et al. 2022). Por ejemplo, Dunbar et al. (2022) observaron que las madres negras que preparan a sus hijas e hijos para afrontar los prejuicios combinando un alto apoyo emocional y una supresión moderada de su propia reacción de angustia tienen un apego seguro con ellos, a diferencia de lo observado en las familias blancas.
Al atender a las demás consideraciones de planificación, optamos por realizar la prueba de visionado en línea por varias razones. En primer lugar, teníamos previsto reclutar a escala mundial, ya que existen centros y comunidades de EFT en 39 países. En segundo lugar, los vídeos de formación que mostramos eran fácilmente accesibles en línea. En tercer lugar, las reuniones en línea resultaban más accesibles para las personas participantes.
En las primeras etapas del diseño de un pretest, también es importante elaborar el cuestionario o las preguntas de entrevista que se administrarán (NCI 2004). Para ello, el equipo investigador debe tener claro su objetivo operativo y las variables concretas que desea evaluar; el éxito de la prueba de visionado depende de que las variables pertinentes estén bien identificadas y bien medidas (Batra et al. 1996). En la prueba de visionado tradicional se formulan preguntas sobre el programa visionado para recoger las reacciones de las personas participantes (p. ej., lo que les gustó y lo que no les gustó del programa), para evaluar si son capaces de identificar y recordar las ideas principales presentadas en el material y para identificar lo que pensaron y sintieron mientras lo veían; también pueden incluirse preguntas específicas para el público al que se dirige (NCI 2004).
Los estudios de adaptación cultural suelen ocuparse de la aceptabilidad y la adecuación de la intervención (p. ej., Zubieta et al. 2020), y la prueba de visionado es especialmente adecuada para evaluar estos constructos. Por ejemplo, al elaborar las preguntas del estudio, podría preguntarse a las personas participantes qué les gustó (y qué no) de la intervención, qué ideas o estrategias les parecieron más pertinentes (y menos pertinentes) y si se ven utilizando alguna de las herramientas descritas en la intervención. Las preguntas también pueden ajustarse a determinados elementos del material y a las características del público destinatario (NCI 2004). Esto permite a quienes investigan la adaptación cultural obtener opiniones sobre componentes concretos de la intervención (p. ej., la modalidad en línea, las actividades experienciales, las interacciones con los miembros del grupo y la asignación de tareas para casa), siempre que esos componentes se administren como parte de la prueba, y preguntar expresamente a las personas participantes por sus experiencias en tanto miembros de la población destinataria.
Este proceso de toma de decisiones implicará determinar si los datos cuantitativos, los datos cualitativos o algún tipo de estrategia multimétodo o de métodos mixtos permitirán alcanzar mejor los objetivos del estudio. Las normas tradicionales de la prueba de visionado implican el uso de varios métodos, como encuestas cuantitativas y grupos focales (NCI 2004). El procedimiento descrito por Wingood y DiClemente (2008) consiste en administrar a las personas participantes un cuestionario con preguntas cerradas y abiertas y utilizar después las respuestas para guiar un debate de grupo sobre la intervención. Además, los estudios de adaptación cultural previos que han recurrido a la prueba de visionado han utilizado enfoques diversos (p. ej., Holtrop et al. 2018; Lopez et al. 2025; Singer et al. 2024); hay, por tanto, amplio margen para emplear distintos enfoques de recogida de datos al realizar una prueba de visionado.
Al elaborar el cuestionario se aplican también otras consideraciones. En primer lugar, es fundamental que el equipo investigador tenga en cuenta el grado de comodidad o incomodidad que pueden sentir las personas participantes al hablar de determinada información, en particular quienes tienen identidades marginadas. En segundo lugar, las personas participantes pueden estar deseosas de dar su opinión y tender a adentrarse en terrenos ajenos al alcance del estudio. Para evitar esta deriva, las preguntas deben ser concretas. En lugar de preguntar, por ejemplo, si la intervención les resultó útil, las preguntas deben centrarse específicamente en los elementos pertinentes de la intervención (p. ej., el contenido, los ejemplos en vídeo, el estilo de enseñanza y el debate de grupo). Si se utiliza una entrevista semiestructurada para la recogida de datos, estas preguntas concretas podrían incluirse en la guía de entrevista como preguntas de seguimiento o de profundización que ayuden a reconducir la entrevista cuando sea necesario (véase Edwards et al. 2025a). También es muy importante probar el cuestionario antes de iniciar la recogida de datos, de modo que puedan mejorarse las preguntas propensas a suscitar respuestas irrelevantes (NCI 2004). En tercer lugar, puede ser útil orientar a las personas participantes sobre el aspecto o los aspectos concretos de su identidad multifacética en los que se centran los esfuerzos de adaptación cultural. Por ejemplo, una prueba de visionado destinada a adaptar una intervención de parentalidad para personas cuidadoras latinas querría centrar la recogida de datos en las experiencias de las personas participantes más relacionadas con su pertenencia al grupo destinatario, las personas cuidadoras latinas, y menos en otras identidades. Ofrecer pistas que inciten a responder desde esta perspectiva puede ser una estrategia útil para obtener los datos más pertinentes (p. ej., «¿Qué estrategias de crianza presentadas eran, o no eran, pertinentes para sus necesidades como persona cuidadora latina?»). Este es otro ámbito en el que la prueba previa es muy importante.
Antes de elaborar el cuestionario, nos reunimos para debatir y definir los objetivos operativos del estudio. En términos generales, nuestro objetivo era aumentar la pertinencia cultural de la EFCT para las relaciones LGBTQIA+. Más concretamente, queríamos comprender cómo quienes practican la EFCT podrían integrar cada vez más las experiencias vividas propias de las personas LGBTQIA+ en las intervenciones de la EFCT. Por ejemplo, pretendíamos comprender de qué modo podría beneficiar a las personas participantes integrar las experiencias de estrés de minorías (p. ej., Frost and Meyer 2023) en el ciclo de interacción negativo (es decir, los patrones de interacción dañinos que refuerzan las atribuciones negativas y la desconexión en las relaciones; Johnson 2019).
Recogimos datos cualitativos mediante grupos focales. Los grupos focales se han utilizado tradicionalmente en la investigación sobre adaptación cultural (p. ej., Scott and Rhoades 2014) y en contextos activistas (Kozol 1985; Madriz 2003), y ofrecen varias ventajas metodológicas, como un equilibrio entre amplitud y profundidad de la información y una comprensión más profunda de los significados coconstruidos (Krueger and Casey 2015). En concreto, pedimos a las personas participantes que vieran segmentos de un vídeo de formación en EFCT que mostraba el trabajo con parejas del mismo sexo y que dieran después su opinión mediante una entrevista estructurada.
Para elaborar el protocolo de entrevista, seguimos el modelo de desarrollo de cuestionarios para grupos focales expuesto por Krueger y Casey (2015). Comenzamos por identificar las preguntas clave que debían plantearse tras el visionado de cada segmento de vídeo. Por ejemplo, una pregunta clave se centraba en cómo integrar el debate sobre experiencias comunes de los hombres gais en el interés de la EFCT por identificar los obstáculos a la conexión al rastrear el ciclo de interacción negativo. En concreto, preguntamos: «A veces, en terapia, hablamos de los obstáculos a la conexión; por ejemplo, en este fragmento ven a Tim hablar de su experiencia como hombre gay y de cómo eso le lleva a la necesidad de ser ferozmente independiente. ¿Cómo habló la terapeuta de los obstáculos a la conexión en relación con la identidad de Tim y Andrew como hombres gais? ¿Qué más se podría hacer?». Después elaboramos las preguntas generales de apertura, destinadas a predisponer a las personas participantes a pensar en sus experiencias de la EFCT desde la perspectiva de su identidad como miembros de comunidades LGBTQIA+. Por ejemplo, la primera pregunta de apertura era: «¿Cómo describiría su experiencia de la EFCT desde la perspectiva de su identidad LGBTQIA+?». Estas preguntas estaban pensadas a la vez para evocar el aspecto de la identidad en el que deseábamos que se centraran las personas participantes y para señalar un aspecto concreto de la EFCT que habíamos identificado como modificable.
Todas las preguntas se elaboraron con personas con experiencia en la investigación y la práctica clínica de la EFCT que se identificaban como miembros de comunidades LGBTQIA+, para garantizar que recogieran elementos concretos de la EFCT y fueran culturalmente pertinentes. Las preguntas se revisaron de forma iterativa a lo largo del tiempo para garantizar que resultaran a la vez cómodas y adecuadas para las personas participantes. Tras la elaboración inicial de las preguntas, probamos el protocolo de entrevista con especialistas del ámbito académico que se identificaban como LGBTQIA+.
La persona que firma en primer lugar se reunió además individualmente con cada participante antes del grupo focal para hablar de la posible incomodidad que podían sentir debido a experiencias históricas de discriminación en el contexto de la investigación y al carácter delicado de la recogida de datos. Abordó a fondo con cada participante la confidencialidad y la privacidad. También animó a las personas participantes a escribirle por correo electrónico sobre cualquier reflexión que no hubieran tenido tiempo de compartir durante la prueba o que les hubiera resultado demasiado incómoda para compartirla en grupo.
Otra etapa importante de la prueba de visionado es el reclutamiento (NCI 2004). La literatura publicitaria subraya la importancia de definir con claridad el mercado destinatario para poder reclutar a personas representativas de esa población (Batra et al. 1996). Es decir, para que una prueba de visionado ofrezca un indicador válido de usabilidad, deben participar personas que representen a la población usuaria potencial real (Dumas and Redish 1999). Los procedimientos originales, que se basaban en una exposición amplia y en datos de cuestionarios, empleaban a menudo muestras grandes, de varios cientos de personas (Batra et al. 1996), aunque pautas más recientes sugieren que basta con menos participantes (p. ej., n = 50; NCI 2004). Al abordar el reclutamiento, el equipo investigador debe determinar también quién apoyará los esfuerzos de reclutamiento (p. ej., una agencia de reclutamiento o una alianza con una organización comunitaria) y cómo se incentivará a las personas participantes, y posiblemente también a las entidades colaboradoras en el reclutamiento, por su esfuerzo (NCI 2004).
En un estudio de adaptación cultural, el reclutamiento también debe comenzar por delimitar con claridad la población destinataria (Heim et al. 2021). A continuación, el equipo investigador debe determinar de quién recogerá los datos que orientarán la adaptación. Aunque las adaptaciones culturales pueden orientarse a partir de fuentes diversas, como informantes culturales (p. ej., Abi Ramia et al. 2018), personas expertas en la materia (p. ej., Edwards et al. 2025b), especialistas del ámbito académico y la literatura existente (p. ej., Pentel et al. 2020), la prueba de visionado está pensada específicamente para recoger datos de miembros del público destinatario (Batra et al. 1996; Dumas and Redish 1999; Wingood and DiClemente 2008). Esta característica es un punto fuerte importante del uso de la prueba de visionado para la adaptación cultural. Sin un proceso de pretest, hay especialistas que advierten que «las personas que han desarrollado productos complejos pero nunca han observado sistemáticamente cómo las personas usuarias los instalan, aprenden a manejarlos o los utilizan encuentran que observar una prueba de usabilidad es fascinante, impactante, a veces humillante y doloroso, pero invariablemente revelador» (Dumas and Redish 1999, p. 89). Por ello, las personas destinatarias previstas (p. ej., participantes potenciales, profesionales de los servicios o personal de las entidades) deberían participar en la prueba de visionado. Antes del reclutamiento, las características de las personas participantes previstas deben operacionalizarse en criterios de inclusión y de exclusión.
Una implicación comunitaria culturalmente pertinente y receptiva, iniciada en una fase temprana del proceso de investigación, es fundamental para favorecer el reclutamiento y la permanencia de personas procedentes de comunidades marginadas (Cunningham‐Erves et al. 2023). Esta colaboración mejora la comprensión de las prioridades de la comunidad por parte del equipo investigador, garantiza la pertinencia cultural y genera confianza (London et al. 2022). Muchas poblaciones destinatarias de la investigación sobre adaptación cultural tienen identidades o situaciones marginadas que pueden ponerlas en riesgo. Por ejemplo, Baumann et al. (2011) describieron cómo las personas cuidadoras latinas de su proyecto de adaptación cultural se vieron afectadas negativamente por el sentimiento antiinmigración y las redadas continuas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos. Aunque a veces se ha calificado a las poblaciones marginadas de difíciles de alcanzar, la literatura sostiene que estas poblaciones son perfectamente alcanzables si los métodos de investigación convencionales se ajustan para responder a las necesidades y a las realidades contextuales de estos grupos (p. ej., Aliyas et al. 2023). Por tanto, en la prueba de visionado deberían aplicarse estrategias de reclutamiento culturalmente adecuadas, como las que propone la literatura sobre adaptación cultural. Entre los ejemplos figuran las derivaciones de boca en boca por parte de participantes anteriores (J. R. Parra‐Cardona et al. 2014), las conversaciones presenciales con profesionales de la salud y con personas que dan acceso a la comunidad (Gonzalez et al. 2021) o el marketing en redes sociales adaptado culturalmente (Simenec et al. 2023).
Además, a diferencia de las grandes muestras que suelen buscarse en la prueba de visionado de origen publicitario (véase Batra et al. 1996), sus aplicaciones a la investigación sobre intervenciones se centran por lo general en muestras más pequeñas. Wingood y DiClemente (2008) indican una muestra de n = 15. Otros estudios de adaptación cultural que han recurrido a la prueba de visionado han reclutado igualmente muestras más pequeñas, de entre 8 (Breslow et al. 2024) y 112 personas (MacEntee et al. 2022). Estas muestras reducidas no pretenden ser amplias ni representativas; en la investigación mediante prueba de visionado, las muestras pequeñas y focalizadas buscan incluir deliberadamente a personas que comparten las identidades de la población destinataria y lograr una comprensión en profundidad de sus experiencias vividas.
Las prácticas de investigación éticas estipulan también una compensación equitativa para las personas participantes (Różyńska 2022), ya que una compensación justa favorece la participación en el estudio. Una compensación inadecuada puede explotar a las personas económicamente desfavorecidas, crear obstáculos a la participación y, potencialmente, socavar la diversidad y la inclusividad de los resultados de la investigación. Dada la injusticia histórica que han sufrido las comunidades marginadas, es especialmente importante ofrecer una remuneración adecuada por la participación (McCracken 2020). Además, una remuneración justa reconoce el tiempo y el esfuerzo de las personas participantes, fomenta la confianza y favorece una participación informada y voluntaria (Różyńska 2022). Las pautas éticas subrayan que la compensación debe ser razonable y no coercitiva, de modo que los incentivos económicos no influyan indebidamente en las personas participantes (Różyńska 2022).
La sigla LGBTQIA+ designa una amplia gama de identidades y experiencias; esto implicaba de por sí que la población seleccionada era a la vez muy variable y claramente definida como minorías sexuales o de género. Para acceder a personas consultantes de la EFCT que se identificaran como LGBTQIA+, previmos reclutar a terapeutas de EFCT que actuaran como personas de enlace con la comunidad (gatekeepers, es decir, mediadoras que facilitan un acceso basado en la confianza a los contextos del estudio y a las personas participantes; Andoh‐Arthur 2019). Ello requirió varios métodos de reclutamiento. Difundimos el estudio en la lista de distribución queer de la EFCT, en la lista de distribución del International Centre for Excellence in Emotionally Focused Therapy (ICEEFT) y en grupos queer de Facebook dedicados a la EFCT. Contactamos con quienes dirigen los centros y las comunidades de EFCT y les pedimos que difundieran la información del estudio; además, escribimos por correo electrónico a todas las personas terapeutas de países anglófonos que figuraban en el directorio del ICEEFT. La persona que firma en primer lugar recurrió también a sus contactos en la EFCT para dirigirse a terapeutas de EFCT que trabajan con comunidades LGBTQIA+.
Se incluyó en el estudio a las personas participantes que (a) se identificaban como miembros de comunidades LGBTQIA+, (b) habían completado al menos seis sesiones de EFCT con una pareja de más de un año y (c) tenían al menos 18 años. Se excluyó a quienes presentaban una psicosis activa o sufrían violencia en la pareja. También se excluyó a quienes habían tenido ideación suicida con intención en el mes anterior al estudio, y se les proporcionaron recursos de atención en crisis. Para garantizar una compensación adecuada, entregamos a cada participante una tarjeta regalo de 100 $.
Para asegurarnos de que las personas participantes pudieran comprender las preguntas y aportar opiniones pertinentes, la persona que firma en primer lugar realizó un pretest con cinco especialistas del ámbito académico que se identificaban como LGBTQIA+. Estas personas opinaron sobre la estructura de las preguntas, el desarrollo del estudio y los aspectos de la EFCT que se mostraban.
Antes de realizar la prueba de visionado, deben hacerse preparativos adicionales para garantizar su correcta administración. El equipo investigador debe tomar decisiones sobre el material que se presentará en la prueba. Por ejemplo, ¿se mostrará a las personas participantes una versión provisional del material, en una fase de elaboración temprana, o algo más parecido al producto acabado (Batra et al. 1996)? ¿Y cuánta exposición al material se necesita para obtener resultados significativos (Batra et al. 1996)? También hay que asegurarse de que el material esté listo para su presentación. Esto incluye comprobar que los materiales audiovisuales estén preparados, que todo el equipo técnico funcione correctamente y que las personas participantes puedan ver y oír el contenido (NCI 2004). Conviene asegurarse asimismo de que todo el personal de la prueba entienda su función y haya tomado las disposiciones necesarias para asistir. Para facilitar la preparación del pretest, se recomienda celebrar una sesión de ensayo antes de la primera prueba, a fin de probar los procedimientos y resolver los problemas detectados (NCI 2004).
El equipo investigador debe tomar varias decisiones sobre el contenido de la intervención que desea mostrar. En primer lugar, ¿en qué fase de la adaptación cultural se presentará la intervención? Wingood y DiClemente (2008) describen el uso de la intervención original en su procedimiento de prueba de visionado, mientras que otros equipos (p. ej., MacEntee et al. 2022) han mostrado versiones adaptadas. Según la fase de la investigación y las adaptaciones culturales existentes de la intervención elegida, cada método responde a preguntas de investigación diferentes. Quienes buscan comprender qué adaptar en una intervención para un grupo cultural concreto, y cómo hacerlo, podrían mostrar la intervención original y adaptarla después a partir de las opiniones de las personas participantes. Por ejemplo, Biello et al. (2021) pidieron a hombres que tienen sexo con hombres (HSH) su opinión sobre el prototipo de la aplicación MyChoices antes de adaptarla. En cambio, quienes desean calibrar la aceptabilidad preliminar de una intervención adaptada pueden optar por mostrar contenidos ya ajustados. Por ejemplo, MacEntee et al. (2022) utilizaron entrevistas con informantes clave y grupos focales para evaluar las perspectivas de las partes interesadas sobre el acceso a los servicios de jóvenes en situación de calle y sobre cómo podrían adaptarse las intervenciones actuales para hacerlas más accesibles.
El equipo investigador también debe decidir qué aspectos de la intervención se mostrarán durante la prueba de visionado (NCI 2004). Es importante comprender qué aspectos del modelo pueden ser importantes para el grupo destinatario. También es necesario mostrar los aspectos de la intervención que son modificables, manteniendo al mismo tiempo los componentes centrales del modelo, de acuerdo con las buenas prácticas de la investigación sobre adaptación cultural (Bernal et al. 2009; Holtrop et al. 2025; Resnicow 2000). Wingood y DiClemente (2008) indican que deben mostrarse los componentes centrales de una intervención para que las personas participantes comprendan bien su propósito y su proceso. Como parte de estas decisiones, hay que considerar también si todo el contenido seleccionado debe presentarse de una sola vez o por segmentos, con recogidas de datos en varios momentos de la prueba.
Otra consideración es la forma en que se realizará la demostración. La investigación original sobre la prueba de visionado se centra en el visionado de medios audiovisuales (NCI 2004), mientras que Wingood y DiClemente (2008) destacan las ventajas de una aplicación experiencial de la intervención. En general, además de una demostración en directo, in vivo, existen muchas opciones creativas para presentar una intervención. Por ejemplo, MacEntee et al. (2022) optaron por realizar películas para su prueba de visionado con el fin de mostrar el papel de las personas pares acompañantes en su intervención adaptada. Kazemi et al. (2018) realizaron una demostración en directo de una aplicación diseñada para reducir el consumo de alcohol de riesgo de quien la usa, mientras que los HSH del estudio de Biello et al. (2021) descargaron una aplicación de prevención del VIH y dieron su opinión en tiempo real mientras la utilizaban.
Como parte de la preparación del pretest, decidimos utilizar segmentos de vídeo del DVD de formación en EFCT The EFT Path to Secure Connection: Working Successfully with Same‐Sex Couples (Reel Concepts for Susan Johnson Inc. 2011) para presentar la intervención. En el momento de este estudio, la adaptación de la EFCT a las personas y relaciones LGBTQIA+ se encontraba en sus primeras fases. Por ello, optamos por mostrar una aplicación original y manualizada de la EFCT (es decir, una versión disponible lo más pertinente posible para nuestra población destinataria) en lugar de pilotar una adaptación no manualizada de la EFCT para dicha población. Esta decisión estaba justificada por la fase de la investigación y por nuestras preguntas de investigación.
Nuestras actividades de preparación incluyeron también la selección de dos segmentos de la intervención de EFCT para mostrarlos durante la prueba de visionado. Para orientar esta decisión, de acuerdo con las pautas establecidas en la investigación sobre adaptación cultural (Bernal et al. 2009; Holtrop et al. 2025), identificamos los procesos centrales de la EFCT que debían permanecer inalterados (p. ej., el rastreo del ciclo negativo, el tango de la EFT; Johnson 2019), así como los elementos que podían adaptarse para tener en cuenta las experiencias vividas propias de los miembros de comunidades LGBTQIA+. Decidir qué segmentos mostrar fue un proceso difícil, porque el trabajo en EFCT es dinámico, no lineal y evoluciona con el tiempo; por tanto, no se deja encapsular fácilmente en un breve segmento de intervención. En consulta con terapeutas y especialistas en investigación de la EFCT, optamos por mostrar 20 min del inicio del tratamiento (es decir, la etapa uno) y 20 min de una fase posterior (es decir, la etapa dos), con la esperanza de que las personas participantes no perdieran el interés y, al mismo tiempo, vieran lo suficiente de la sesión para hacer comentarios fundamentados. Elegimos cada segmento porque mostraba fidelidad al modelo de la EFCT y ponía de relieve aspectos propios de la comunidad de hombres gais (p. ej., la dificultad para conectar emocionalmente debido a la necesidad de ser ferozmente independiente) y de la comunidad lesbiana (p. ej., la «muerte de la cama lésbica»). Además, cada segmento mostraba un paso clave de cada etapa de la EFCT.
Decidimos realizar la prueba de visionado con vídeos y no con demostraciones en directo por varias razones. En primer lugar, el uso del vídeo está en consonancia con la investigación inicial sobre la prueba de visionado (NCI 2004). En segundo lugar, el uso de vídeos existentes garantizaba que la intervención se mostrara con fidelidad. En tercer lugar, el uso de vídeos era más viable y eficiente en recursos que programar demostraciones en directo, sobre todo porque realizamos varias sesiones de prueba.
Para preparar la prueba de visionado, la persona que firma en primer lugar probó todos los materiales audiovisuales. A continuación modificamos la manera de presentar el estudio (es decir, indicamos que las grabaciones de formación se habían realizado a mediados de la década de 2000 y que probablemente no representaban una experiencia queer «moderna») y añadimos una pausa de 5 min entre el debate sobre la grabación de la etapa uno y la proyección de la grabación de la etapa dos. Aun con estos esfuerzos, tuvimos dificultades técnicas al proyectar el vídeo que luego hubo que resolver, lo que subraya todavía más la importancia de preparar la prueba en condiciones lo más parecidas posible al entorno real de la prueba.
Para que una sesión de prueba de visionado tenga éxito, el equipo investigador debe propiciar una experiencia que combine la calidez y la cortesía hacia las personas participantes con la aplicación de un protocolo organizado y estructurado. Las pautas (NCI 2004) sugieren ayudar a las personas participantes a instalarse, empezar puntualmente y comenzar agradeciéndoles su asistencia, presentando a las personas investigadoras y creando una expectativa positiva respecto de la prueba. La reactividad de las personas participantes es una preocupación durante la prueba de visionado, ya que pueden actuar o responder a las preguntas de manera distinta en el entorno de la prueba que en condiciones normales (Batra et al. 1996). Aunque se ha propuesto el engaño como medio para evitar la reactividad, este tiene implicaciones éticas (Batra et al. 1996). En este sentido, puede ser útil insistir ante las personas participantes en que interesa conocer sus percepciones y en que no hay respuestas correctas o incorrectas (NCI 2004); la recogida discreta de datos de observación (con el consentimiento de las personas participantes) también puede ser eficaz (Batra et al. 1996). En general, todos los esfuerzos razonables que ayuden a las personas participantes a sentirse cómodas y a gusto durante la sesión son importantes al realizar la prueba de visionado.
A continuación, el equipo investigador distribuirá los instrumentos de recogida de datos y dará de antemano las instrucciones pertinentes (p. ej., evitar hablar durante la demostración; NCI 2004). Después, las personas participantes se exponen al material de prueba. Hay que asegurarse de que el material se presente tal como estaba previsto y estar en condiciones de resolver cualquier problema que surja. También hay que velar por que las personas participantes se mantengan implicadas y sigan las instrucciones dadas (NCI 2004). Durante la demostración, las personas participantes deberían interactuar con el material de la forma más real posible (Dumas and Redish 1999). Una vez presentado el material, el equipo investigador debe asegurarse de haber recibido todos los datos (p. ej., cuestionarios recogidos, encuestas en línea enviadas; NCI 2004). Al final de la sesión, es importante agradecer a las personas participantes su tiempo y su esfuerzo y entregarles la compensación acordada. Las pautas de la prueba de visionado recomiendan que la sesión no dure más de 1 h 15 min (NCI 2004).
Wingood y DiClemente (2008) recomiendan invitar a participar en la prueba de visionado tanto al grupo destinatario como a las partes interesadas clave. Por ejemplo, MacEntee et al. (2022) incluyeron a profesionales de la salud, a profesionales de los servicios comunitarios y a la juventud destinataria en una serie de pruebas de visionado. Además, las pautas de la prueba de visionado (Wingood and DiClemente 2008) sugieren que las personas participantes respondan a breves cuestionarios con preguntas cerradas y abiertas para recoger sus reacciones sobre la idoneidad de la intervención para el grupo destinatario. Idealmente, las preguntas llevarían a las personas participantes a valorar el material, el contenido y la forma de aplicación de la intervención, así como a identificar otros materiales o actividades que aumentarían su pertinencia cultural y su eficacia. Las respuestas a los cuestionarios dan pie después a un debate de grupo entre las partes interesadas clave y la población destinataria, centrado en elaborar ideas para adaptar la intervención (Wingood and DiClemente 2008).
El equipo investigador debe decidir si resulta más eficaz recoger todos los datos al final de la prueba o en varios momentos entre los segmentos de la intervención. Para ello, conviene tener en cuenta la complejidad de la intervención elegida, la capacidad de las personas participantes y los objetivos de la investigación. Otras consideraciones son cómo recoger datos de calidad y pertinentes que respondan a la pregunta de investigación y no a otros elementos de la intervención (p. ej., factores relacionados con la persona terapeuta), cómo organizar el proceso de recogida de datos para que tenga éxito y cómo reconducir y centrar a las personas participantes. Por ello, los protocolos de entrevista y los cuestionarios deben elaborarse cuidadosamente y probarse antes de su aplicación, y el equipo investigador debe estar bien formado en los procesos de recogida de datos.
Las observaciones del equipo investigador son también una fuente de datos potencialmente importante en la prueba de visionado (Dumas and Redish 1999). Por ello, conviene tanto observar como registrar la conducta verbal y no verbal de las personas participantes. Estas observaciones pueden orientar la forma de aplicar la intervención elegida, ya que las normas culturales pueden influir en quién la aplica y en el proceso de aplicación (Soto et al. 2018). Por ejemplo, Biello et al. (2021) observaron a las personas participantes mientras interactuaban con la aplicación MyChoices, lo que llevó a introducir modificaciones en la aplicación con la esperanza de aumentar el uso de la PrEP entre los HSH.
Realizamos en total ocho grupos de prueba de visionado, cada uno de entre 105 y 142 min de duración (M = 122). Como ya se había llevado a cabo una investigación sobre la adaptación de la EFCT a las relaciones LGBTQIA+ con personas expertas en la materia (Edwards et al. 2025a), los grupos de prueba incluyeron únicamente a personas de la población destinataria. En cuanto todo el mundo se había conectado a la reunión virtual, presentábamos el estudio y pedíamos a las personas participantes que se presentaran. Después describíamos el propósito y la naturaleza del estudio y recordábamos la confidencialidad. A continuación exponíamos los procedimientos del grupo focal y de la prueba de visionado e introducíamos normas de grupo (p. ej., respetar los turnos de palabra) para guiar la conversación. También hablábamos de estrategias para gestionar el malestar, como hacer una pausa, apagar la cámara o mantener una conversación de cierre con la persona investigadora después del grupo focal.
Tras la introducción al grupo focal, seguíamos el protocolo de entrevista semiestructurada y preguntábamos a las personas participantes por su experiencia general de la EFCT, por si habían hablado de sus experiencias de estrés de minorías con su terapeuta de pareja y por cómo su terapeuta había creado seguridad en la terapia en relación con su identidad como minorías sexuales o de género. Entre los ejemplos de preguntas de profundización figuraban: «¿Cómo encontró a su terapeuta de EFCT?» y «¿Cómo han influido las experiencias de discriminación en sus relaciones de pareja?». Como parte del protocolo de entrevista, se invitaba a las personas participantes a pensar específicamente en sus identidades LGBTQIA+ en relación con estas preguntas de investigación.
A continuación proyectábamos los dos segmentos seleccionados del vídeo de la intervención de EFCT. El primer segmento consistía en el rastreo del ciclo de interacción negativo en la etapa uno con una pareja de dos hombres gais. Planteábamos entonces las siguientes preguntas: «Sabemos que conocer la identidad aumenta la seguridad en terapia. ¿Cómo perciben la manera en que esta terapeuta crea seguridad para esta pareja? ¿Qué más podría hacer?» y «A veces, en terapia, hablamos de los obstáculos a la conexión; por ejemplo, en este fragmento ven a Tim hablar de su experiencia como hombre gay y de cómo eso le lleva a esta necesidad de ser ferozmente independiente. ¿Cómo habló la terapeuta de los obstáculos a la conexión en relación con la identidad de Tim y Andrew como hombres gais? ¿Qué más podría hacer?». Había una pausa de 5 min entre este debate y el visionado del segmento de la etapa dos, centrado en la reimplicación de la persona que se retira, con una pareja de dos mujeres lesbianas. Tras el segundo segmento, preguntábamos por las reacciones generales, por lo que las personas participantes habían observado en la manera en que la terapeuta abordaba la sexualidad lésbica, y lo siguiente: «A veces, en terapia, hablamos de cómo el miedo influye en una conexión más profunda en las relaciones. Por ejemplo, en el fragmento han visto a Janey hablar de cómo su miedo le impide recibir los cuidados de su pareja, Kelly. ¿Cómo creen que la terapeuta manejó la conversación sobre el miedo, teniendo en cuenta que el miedo es una experiencia vivida habitual de los miembros de comunidades LGBTQIA+?».
Cuando las personas participantes se desviaban del tema, la persona que firma en primer lugar las reconducía hacia las preguntas. Por ejemplo, algunas mencionaron haber hablado de traumas pasados en terapia individual, pero no en terapia de pareja. La persona que firma en primer lugar validaba estas experiencias y volvía a centrar a las personas participantes en sus experiencias de la EFCT. También nos centramos en observar y registrar las declaraciones verbales y las conductas no verbales de las personas participantes.
La literatura sobre la prueba de visionado indica que el análisis de los datos se realiza en dos pasos: tabular las respuestas y buscar patrones (NCI 2004). Cuando se analizan datos cualitativos, utilizar un marco analítico cualitativo concreto puede facilitar la búsqueda sistemática de patrones o temas. Si se emplean métodos mixtos, múltiples o cuantitativos, suele ser más fácil responder a las preguntas de investigación con datos descriptivos que con estadística inferencial (Dumas and Redish 1999; NCI 2004). Al analizar los datos, el equipo investigador puede considerar (NCI 2004): (a) qué se ha aprendido, (b) si la reacción de las personas participantes fue favorable, (c) si el material de intervención mostrado cumplió los objetivos deseados, (d) los puntos fuertes y débiles del material mostrado y (e) qué resultados son los más destacados. Responder a estas preguntas permite comprender las experiencias de las personas participantes y determinar si el material es adecuado y eficaz o si requiere nuevas revisiones (NCI 2004).
Analizar los datos de una prueba de visionado para orientar adaptaciones culturales implica algunos puntos de decisión propios. Como los datos de una prueba de visionado pueden ser voluminosos, una tarea principal del análisis es reducir la cantidad de datos. Por ello, el análisis implica volver a la intención del estudio y excluir la información superflua e irrelevante. Quienes investigan la adaptación cultural deben decidir qué datos son pertinentes para los objetivos del estudio y cuáles pueden dejarse de lado sin comprometer la validez ni el rigor del estudio. Además, deben tratar de comprender los datos en relación con las cuestiones de fidelidad a la intervención. En general, las adaptaciones culturales de las intervenciones preservan los componentes centrales de la intervención (Holtrop et al. 2025; Resnicow et al. 1999; Wiltsey Stirman et al. 2019), salvo que datos pertinentes indiquen claramente lo contrario (Wiltsey Stirman et al. 2019). Las personas participantes en la prueba de visionado pueden formular recomendaciones que no son coherentes con los componentes centrales del modelo (Wingood and DiClemente 2008) o sugerir modificaciones que reducirían la fidelidad al modelo (Wiltsey Stirman et al. 2019). Quienes se especializan en adaptación cultural deben sopesar cuidadosamente el peso de la evidencia empírica sobre los componentes centrales y los mecanismos de cambio de la intervención, junto con las percepciones de las personas participantes, a la hora de decidir si introducir en la intervención cambios coherentes o incoherentes con la fidelidad a partir de los datos de la prueba. Corresponde a quienes investigan la adaptación cultural modificar la intervención de manera coherente con la fidelidad al modelo, o bien justificar que cambiar componentes centrales de una intervención mejoraría de forma notable la pertinencia cultural o no menoscabaría la eficacia del tratamiento (Wiltsey Stirman et al. 2019).
Al prepararnos para analizar los datos de nuestra prueba de visionado, nos resultó difícil discernir qué información era significativa y estaba relacionada con la pregunta de investigación y qué información era significativa pero ajena al proyecto en curso. Por ello dedicamos tiempo adicional a examinar qué datos eran pertinentes para la modificación de la EFCT y cuáles no guardaban relación con la pregunta de investigación. Por ejemplo, muchas personas participantes contaron cómo la persona que les atiende en terapia adapta el modelo; de hecho, una persona participante explicó lo importante que había sido que su terapeuta abordara cómo el racismo influye en su ciclo de interacción negativo. Aunque esta información es importante, quedaba fuera del alcance del proyecto de investigación en curso.
Algunas personas participantes insistieron en recomendaciones que no se ajustaban a los componentes centrales de la EFCT. Por ejemplo, dos de ellas defendieron con firmeza que la terapia debería ofrecer psicoeducación sobre las relaciones sanas y sobre las conductas que podrían considerarse «normales» en una relación de pareja. Sin embargo, la EFCT es un modelo experiencial y no incorpora explícitamente la psicoeducación (Johnson 2019). Por tanto, añadirla a los pasos y las etapas de la EFCT sería incoherente con la fidelidad al modelo. Otras personas participantes sugirieron que quienes practican la EFCT podrían preguntar específicamente cómo la experiencia del miedo ligado a la identidad LGBTQIA+ influye en el ciclo de interacción negativo, lo que concuerda con el proceso de evaluación y de preguntas evocadoras central en la EFCT; esta adaptación se consideraría coherente con la fidelidad, puesto que se centra en integrar experiencias externas en el ciclo de interacción negativo.
En definitiva, los datos de nuestra prueba de visionado aportaron varias recomendaciones para ajustar la EFCT, entre ellas adaptaciones de estructura superficial destinadas a hacer corresponder mejor la intervención con las características de las relaciones LGBTQIA+ (p. ej., incluir una sesión específicamente dedicada a hablar de cómo la identidad de género y sexual influye en la dinámica de la relación) y adaptaciones de estructura profunda destinadas a ajustar mejor la intervención a las experiencias vividas de las personas LGBTQIA+ (p. ej., hablar de cómo las experiencias de miedo ligadas a la identidad influyen en el ciclo de interacción negativo). El conjunto completo de adaptaciones recomendadas se presenta y se analiza en Edwards et al. (2025a).
Para quienes investigan en terapia de pareja y familiar y se dedican a la adaptación cultural, la prueba de visionado ofrece un enfoque útil para implicar a los miembros de la comunidad destinataria en el proceso de adaptación. En este artículo hemos descrito la planificación, la realización y la evaluación de la prueba de visionado para la investigación sobre adaptación cultural siguiendo el marco de seis etapas del NCI (2004). Al utilizar la prueba de visionado, es esencial comenzar con una etapa de planificación que incluya la clarificación del propósito de la adaptación, la población destinataria, el calendario, el presupuesto y el lugar de la prueba (etapa 1). Además, el equipo investigador debe asegurarse de evaluar de la mejor manera todas las variables pertinentes al elaborar los cuestionarios o las preguntas de entrevista (etapa 2) y prestar una atención cuidadosa al reclutamiento de la población destinataria (etapa 3). Todos los procedimientos y materiales deben prepararse de forma comprensible y accesible para las personas participantes (etapa 4). Idealmente, al realizar la prueba, el equipo investigador establecerá una buena relación con las personas participantes y se asegurará de que la intervención se muestre de manera «real» (etapa 5). Por último, al analizar los datos, es esencial que los métodos analíticos permitan evaluar los puntos fuertes y débiles, así como toda la información pertinente relacionada con la adaptación de la intervención (etapa 6). También es importante señalar que las etapas descritas no son necesariamente lineales y que puede haber un movimiento fluido entre ellas, sobre todo en las primeras fases. Posteriormente, la intervención adaptada debería someterse a pruebas de fidelidad y a una evaluación empírica más amplia, como ensayos de eficacia y de efectividad, de acuerdo con el modelo ORBIT (Powell et al. 2022).
Aunque el estudio de caso descrito constituye un buen ejemplo del uso de la prueba de visionado para orientar los esfuerzos de adaptación cultural, recomendamos algunas modificaciones acordes con el marco del NCI (2004). En primer lugar, creemos que los segmentos de vídeo utilizados pudieron ser demasiado largos. Cada segmento duraba unos 20 min, lo que hizo que las pruebas duraran 122 min de media, más que los 75–90 min recomendados en la literatura (NCI 2004; Wingood and DiClemente 2008). En segundo lugar, la recogida de datos podría haberse reforzado ofreciendo a las personas participantes varias formas de dar su opinión, como un cuestionario o una encuesta cuantitativa. Por último, aunque nuestro estudio se realizó en línea, las personas participantes señalaron dificultades para mantener la atención y participar en línea, lo que indica que un lugar físico y una demostración presencial podrían haber mejorado la recogida de datos.
La prueba de visionado es un método fundamental para llevar a cabo investigación con participación comunitaria. En términos generales, los objetivos de la investigación con participación comunitaria son situar en el centro y dar protagonismo a las comunidades infrarrepresentadas, así como desarrollar y difundir intervenciones culturalmente adecuadas que impulsen cambios en las políticas y contribuyan a trasladar los resultados de la investigación a la implementación comunitaria (Oetzel et al. 2018). La investigación con participación comunitaria es intrínsecamente colaborativa: en ella se comparten la confianza, la alianza y los recursos para mejorar los resultados en la comunidad (Oetzel et al. 2018). La prueba de visionado ofrece en concreto un enfoque pertinente para utilizar datos generados por la comunidad y por la población destinataria con el fin de orientar la adaptación cultural y contribuir a garantizar la pertinencia cultural de una intervención.
Hemos mostrado que la prueba de visionado tiene una amplia aplicación en la investigación sobre adaptación cultural. Esta flexibilidad se refleja también en los tipos de estudios que pueden recurrir a ella, desde la investigación doctoral (p. ej., Edwards et al. 2025a) hasta estudios con financiación nacional (p. ej., MacEntee et al. 2022) y otras investigaciones financiadas mediante subvenciones (p. ej., Holtrop et al. 2018). La prueba de visionado puede utilizarse asimismo a lo largo de todo el proceso de adaptación de una intervención, en función de las preguntas de investigación planteadas. Por ejemplo, Biello et al. (2021) la utilizaron hacia el final del desarrollo de una aplicación para garantizar su usabilidad, mientras que en nuestro caso la utilizamos en una fase temprana para que las comunidades LGBTQIA+ ocuparan un lugar central en la adaptación de la EFCT.
Aunque hemos aplicado la prueba de visionado a la adaptación cultural de una intervención basada en la evidencia, su carácter flexible podría permitir extender y generalizar este método a otros temas de investigación sobre intervenciones. Por ejemplo, podría ampliarse su uso al estudio de la implicación y la permanencia. Es decir, se podría exponer a las personas participantes a elementos de la intervención que se considera que influyen en la implicación y la permanencia, y recoger después datos mediante el informe de las propias personas participantes (p. ej., preguntas sobre los factores que hicieron más o menos probable que asistieran o que volvieran a la sesión de prueba) o mediante la observación (p. ej., porcentaje de participantes que vuelven a una sesión de seguimiento), con el fin de orientar adaptaciones posteriores de las estrategias de implicación y permanencia de la intervención. Además, aunque en nuestros ejemplos de prueba de visionado nos hemos centrado en mostrar elementos específicos de la intervención (p. ej., las etapas de la EFCT), también es concebible que una prueba de visionado presente elementos no específicos para obtener de las personas participantes opiniones concretas e informadas sobre otros tipos de intervención o ámbitos terapéuticos, como los factores comunes. En términos generales, la prueba de visionado ofrece a quienes investigan en terapia de pareja y familiar un método útil para implicar a las comunidades destinatarias en el proceso de investigación.
Complexe Systémique: puntos clave
Se trata de un artículo metodológico, no de un estudio de resultados: no dice si la EFCT adaptada funciona mejor, sino cómo dar la palabra a las personas concernidas antes de modificar un modelo. Desde un punto de vista sistémico, su interés reside en desplazar la pregunta de la eficacia en general al sentido para un grupo determinado, y en convertir a las personas consultantes en socias del diseño y no en meros sujetos de ensayo. El pasaje más útil para la clínica es la tensión entre fidelidad y pertinencia cultural: la petición de psicoeducación se descarta porque contradice un modelo experiencial, mientras que la pregunta sobre el miedo ligado a la identidad encaja con facilidad en el ciclo de interacción negativo. Esta distinción entre el núcleo de un modelo y lo que puede moverse se aplica a cualquier adaptación en sesión. El equipo reconoce los límites: sesiones de dos horas en línea, vídeos de mediados de la década de 2000, una única modalidad de recogida de datos. Cabría añadir que es el equipo investigador quien decide qué forma parte del núcleo, lo que reintroduce parte de la asimetría que el método pretende reducir. Puede leerse junto con el artículo sobre lo que las personas consultantes LGBTQ+ dijeron de la otrificación en la EFCT y el artículo sobre la adaptación cultural de la EFCT en Uganda.
Notas del original
Agradecimientos. Este trabajo fue financiado en parte por la subvención inicial anual del Sexual and Gender Minority Health Consortium de la Michigan State University.
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Traducción no oficial de Using Theater Testing to Inform Community-Engaged Cultural Adaptation in Couple and Family Therapy Research, de Caitlin Edwards, Kendal Holtrop y Andrea Wittenborn, Journal of Marital and Family Therapy, vol. 52, n.o 2 (2026), doi: 10.1111/jmft.70116, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Esta es una traducción del artículo original «Using Theater Testing to Inform Community-Engaged Cultural Adaptation in Couple and Family Therapy Research», publicado en Journal of Marital and Family Therapy (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Edwards, C., Holtrop, K., y Wittenborn, A. (2026). Using Theater Testing to Inform Community-Engaged Cultural Adaptation in Couple and Family Therapy Research. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/using-theater-testing-to-inform-community-engaged-cultural-adaptation-in-couple-and-family-therapy-research (Obra original publicada en 2026 en Journal of Marital and Family Therapy, 52(2), e70116 (2026); republicada en 2026 por Journal of Marital and Family Therapy, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/jmft.70116)
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