Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Journal of Marital and Family Therapy · Terapia familiar
¿Por qué quedarse después de una infidelidad? El equipo de Erica A. Mitchell entrevistó a once mujeres que siguieron en su relación tras descubrir una aventura. Sus relatos dibujan un recorrido en cuatro etapas, desde su postura antes del descubrimiento hasta la reconstrucción de la confianza: disculpas que solo cuentan si van seguidas de actos, un círculo de confidentes elegido con cuidado, límites que renegociar y experiencias de terapia muy dispares.
Traducción no oficial al español de Staying Together After Infidelity: An Exploration of the Decision‐Making Process of Recovery From the Perspective of the Injured Partner, de Erica A. Mitchell, Kristina S. Brown, Jewel Spencer y Kayla Harris, publicado en Journal of Marital and Family Therapy (Wiley) (2026), doi: 10.1111/jmft.70110, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de listas; no se reproduce la información complementaria en línea. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Una disculpa por sí sola, sin ninguna acción ni cambio de comportamiento, no era suficiente.
Erica A. Mitchell, Kristina S. Brown, Jewel Spencer y Kayla Harris
Resumen
La infidelidad afecta a un número considerable de personas, con consecuencias potencialmente devastadoras. Muchas personas deciden seguir con su pareja tras una infidelidad, pero la investigación sobre los procesos de toma de decisiones en la recuperación de una aventura desde la perspectiva de la persona herida es escasa. El presente estudio explora este fenómeno mediante entrevistas semiestructuradas con 11 personas heridas (es decir, que no tuvieron una aventura) que decidieron seguir con su pareja tras vivir una infidelidad. Se identificaron nueve temas principales: (a) postura ante la infidelidad, (b) compartirlo con otras personas, (c) razones para quedarse, (d) disculpa, (e) apoyo social, (f) expectativas sobre la intimidad sexual, (g) reconstrucción de la confianza, (h) terapia y (i) otros recursos. Estos hallazgos amplían la investigación existente sobre la recuperación tras una aventura al dar voz de forma deliberada a las experiencias de toma de decisiones de las personas heridas. Se analizan consideraciones para profesionales de la clínica que trabajan con personas y parejas, como comprender las razones para seguir en la relación y renegociar los límites de la relación.
La infidelidad afecta a un número considerable de relaciones. Estudios recientes con muestras amplias y representativas de todo Estados Unidos estiman que un 13%–40% de las personas incurren en una infidelidad (p. ej., Harrison 2024; O'Connor and Canevello 2019). Una de las razones de esta variabilidad son las distintas formas de definir la infidelidad. En el presente estudio utilizamos la definición descrita por Blow y Hartnett (2005, pp. 191–192): un acto sexual y/o emocional realizado por una persona dentro de una relación comprometida, cuando dicho acto se produce fuera de la relación principal y constituye una ruptura de la confianza y/o una vulneración de normas acordadas (explícitas e implícitas) por uno o ambos miembros de esa relación en lo relativo a la exclusividad romántica/emocional o sexual.
Tras el descubrimiento de una infidelidad, la persona herida (es decir, la que no tuvo la aventura) puede experimentar diversos síntomas de malestar emocional y psíquico, como depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático (Bird et al. 2007; Gordon et al. 2004). También se describen un trauma de apego vinculado a la infidelidad y el deseo de mantener una distancia física con la pareja (Apostolou et al. 2022; Warach and Josephs 2019). Es importante comprender la perspectiva de las personas heridas, ya que la decisión de seguir juntos tras la infidelidad suele recaer en ellas. De hecho, muchas veces se presiona a la persona herida para que perdone y la relación pueda seguir adelante. Esto puede suponer una responsabilidad enorme, sobre todo en un momento en que la persona herida puede sentirse desbordada por emociones diversas que dificultan su capacidad de tomar decisiones a largo plazo sobre la relación.
La literatura constata también que la calidad de la relación disminuye tras una infidelidad y que aumenta la probabilidad de sufrir violencia en la pareja (p. ej., Kaighobadi et al. 2009; Previti and Amato 2004). Más del 50% de las personas heridas pondrán fin a su relación después de una aventura (Allen and Atkins 2012), y la infidelidad es uno de los motivos de divorcio más citados (Amato and Previti 2003). Aunque la literatura ha documentado las consecuencias de la infidelidad para las personas heridas, se sabe menos sobre su proceso de toma de decisiones y sobre lo que influye en la decisión de seguir en la relación tras una infidelidad. Dado que la decisión de quedarse suele partir de la persona herida, comprender mejor este proceso de toma de decisiones puede beneficiar el proceso terapéutico al aportar una visión adicional de esta perspectiva singular, centrada en la reparación y la recuperación.
Comprender mejor esta perspectiva singular también puede influir en los modelos de tratamiento. Los modelos conceptuales existentes sobre la recuperación tras una aventura se han elaborado a partir de las perspectivas de personas que se identifican como heridas o como implicadas (es decir, la persona que tuvo la aventura). Por ejemplo, Olson et al. (2002) identificaron un modelo en tres etapas de las experiencias posteriores a la infidelidad: (a) montaña rusa, (b) moratoria y (c) reconstrucción de la confianza. De forma similar, los hallazgos de Bird y su equipo (2007) revelaron tres fases en el proceso de sanación: (a) buscar ayuda experta, (b) recuperar una sensación de control, aumentar la apertura emocional y reconstruir la confianza, y (c) consolidar el perdón. Abrahamson et al. (2012) identificaron cuatro componentes de la recuperación: (a) la motivación para seguir juntos, (b) valorar los gestos de amabilidad, (c) dar sentido a la aventura y (d) recurrir al apoyo social. Los estudios de eficacia realizados hasta la fecha han mostrado algunas mejoras en los resultados individuales y relacionales de las personas heridas; sin embargo, el tamaño de las muestras ha sido muy reducido, lo que dificulta generalizar los resultados (p. ej., Atkins et al. 2010; Gordon et al. 2004). La investigación existente tampoco nos ha ayudado a entender cómo viven de forma específica las personas heridas y las implicadas el paso por cada una de las etapas descritas. Un estudio anterior exploró el proceso de recuperación desde la perspectiva de cada miembro de una misma relación. Ambos miembros valoraban de forma similar (a) la importancia de una comunicación frecuente, (b) un enfoque deliberado para reconstruir la seguridad y la confianza y (c) la importancia del perdón. De manera específica para las personas heridas, pero no necesariamente para las implicadas, pasar más tiempo juntos era un mecanismo para reconstruir la confianza y recuperar la cercanía, algo esencial en las etapas intermedias de cada uno de los modelos presentados. Para las personas heridas también era esencial que la persona implicada tomara la iniciativa en el proceso de recuperación y que la aventura fuera un tema abierto de conversación (Mitchell et al. 2022). Esta petición refuerza el propósito del presente estudio: la presión y la responsabilidad que a menudo recaen sobre la persona herida. Así pues, estos hallazgos inspiraron el presente estudio para seguir ampliando este importante trabajo, profundizando en la comprensión del proceso de recuperación desde la perspectiva exclusiva de personas heridas que decidieron seguir en su relación actual.
Comprender la recuperación tras una aventura desde la perspectiva singular de las personas heridas es esencial para orientar el trabajo con quienes acuden a terapia tras una infidelidad. Aunque la mayor parte de la investigación procede de las perspectivas tanto de personas heridas como implicadas (p. ej., Abrahamson et al. 2012; Bird et al. 2007; Olson et al. 2002), este estudio pretende ampliar la literatura actual sobre la experiencia de la infidelidad en consulta desde la perspectiva singular y exclusiva de la persona herida. En concreto, buscamos comprender (1) la decisión de la persona herida de seguir en la relación y (2) los procesos de toma de decisiones en la recuperación. Esta investigación pretende dar voz a la experiencia de esta población e identificar los factores que intervienen en la decisión de seguir juntos y en el proceso de recuperación tras una aventura. El objetivo es ofrecer a profesionales de la clínica una comprensión más profunda de esta perspectiva poco explorada para mejorar la intervención clínica.
El presente estudio utiliza un enfoque fenomenológico cualitativo para profundizar en la comprensión de la experiencia de la infidelidad específicamente desde la perspectiva de la persona herida. Gracias a la estructura de la entrevista y a la posibilidad de formular preguntas de profundización, los hallazgos pueden generalizarse mejor a esta población clínica. Varios estudios previos sobre la infidelidad han utilizado esta metodología (p. ej., Abrahamson et al. 2012; Mitchell et al. 2021, 2022; Bird et al. 2007; Olson et al. 2002). La investigación obtuvo la aprobación del Comité de Ética Institucional (Institutional Review Board) de Adler University. Este proyecto de investigación se llevó a cabo en el marco de un curso de posgrado. El estudiantado del curso podía elegir entre participar en el proyecto o realizar un trabajo equivalente para cumplir los requisitos del curso. Todo el estudiantado optó por participar en el proyecto de investigación, aunque solo una estudiante (la tercera autora) siguió formando parte del equipo de investigación una vez terminado el curso.
Dado que este estudio se centra en las personas heridas, los criterios de participación fueron (a) identificarse como la persona herida, (b) haber mantenido la relación en la que se produjo la infidelidad (tal como la definen Blow y Hartnett 2005 al principio de este artículo) y (c) que el descubrimiento de la infidelidad se hubiera producido al menos 2 años antes. Incluimos este plazo para garantizar que las participantes pudieran hablar con fiabilidad del proceso de recuperación, reduciendo a la vez la probabilidad de que la participación en el estudio reactivara su malestar. Conforme a la aprobación del IRB, las participantes se reclutaron por correo electrónico y a través de grupos de Facebook a los que pertenecían el estudiantado y la docente del curso, sin incluir sus perfiles personales. La definición de infidelidad utilizada en el presente estudio figuraba en los correos y publicaciones de reclutamiento.
Durante el semestre en que se impartió el curso respondieron cinco participantes. En los meses siguientes se reclutó a dos participantes más. Tras constatar que aún no se había alcanzado la saturación de datos, la segunda autora llevó a cabo un reclutamiento adicional que permitió sumar cuatro participantes más al año siguiente. En total hubo 11 respuestas a las publicaciones y correos de reclutamiento que cumplían los criterios de inclusión. De las 11 participantes, ocho se reclutaron a través de Facebook, una por correo electrónico, una a través de «una amiga» y otra dijo «me derivaron». Se entrevistó a las 11 participantes. El análisis posterior confirmó que se había alcanzado la saturación (es decir, en las entrevistas ya no surgía información nueva), por lo que se puso fin al reclutamiento.
Como parte del consentimiento informado, las participantes respondieron a preguntas sociodemográficas abiertas. Todas las personas heridas se identificaron como mujeres; diez se identificaron como heterosexuales y una dejó en blanco la orientación sexual. El descubrimiento de la aventura se produjo entre 2 y 18 años antes de la entrevista, con una media de 6 años (moda de 3 y mediana de 5). Las participantes también aportaron información sobre su pareja (es decir, la persona implicada). Todas las parejas implicadas eran hombres; una participante indicó además «mujer» en su respuesta, ya que su relación actual la incluye a ella como persona herida, a la persona implicada y a la mujer «extramatrimonial» en una relación poliamorosa. Nueve participantes identificaron a su pareja como heterosexual y dos dejaron en blanco la orientación sexual de su pareja. Siete participantes tienen hijos e hijas, y cuatro de ellas aportaron a la relación actual hijos de relaciones anteriores. Las participantes residían en ocho estados distintos de Estados Unidos: una en el campo, tres en un pueblo, cuatro en zonas residenciales periurbanas y tres en la ciudad. Los ingresos anuales individuales de la persona herida iban de «25 000 dólares o menos» a «de 100 000 a 150 000 dólares», y los ingresos anuales del hogar, de «75 000 a 100 000 dólares» a «más de 200 000 dólares». En la tabla 1 se ofrecen más datos sociodemográficos.
Tabla 1 — Datos sociodemográficos de las personas heridas (n = 11) y de las parejas implicadas (n = 11).
Nota: La edad de las personas heridas oscilaba entre 32 y 71 años, con una media de 45; la de las parejas implicadas, entre 35 y 71 años, con una media de 47.
La guía de entrevista incluía un guion de apertura y preguntas exploratorias elaboradas en el curso de posgrado por el grupo de 4 estudiantes y la docente (es decir, la segunda autora). Las preguntas se definieron a partir de una revisión de la literatura actual y de la identificación de las lagunas existentes en la comprensión del proceso de recuperación tras una aventura desde la perspectiva de las personas heridas. Preguntas como «¿Qué fue lo que más necesitó de su pareja mientras reconstruían su relación?» y «¿Qué le resultó más útil en su recuperación y en su decisión de seguir en la relación?», así como «¿Qué le resultó menos útil en su recuperación y en su decisión de seguir en la relación?», se centraban específicamente en lo que se necesitaba para la recuperación desde la perspectiva exclusiva de la persona herida. También se incluyeron preguntas sobre recomendaciones para terapeutas. Se preguntó a las participantes por las distintas etapas del proceso de toma de decisiones:
Las personas entrevistadoras solo disponían del correo electrónico de la participante, a la que se referían por el seudónimo que había elegido. La participante y la persona entrevistadora acordaban por correo electrónico una hora para el encuentro, junto con un recordatorio sobre la necesidad de preservar la privacidad durante toda la entrevista, sobre todo porque todas las entrevistas se realizaron por Zoom conforme a la normativa HIPAA, proporcionado por la universidad de la segunda autora. Todas las entrevistas se realizaron de forma individual entre la participante y estudiantes del curso o asistentes de investigación de la segunda autora.
Las participantes podían optar por saltarse una pregunta, limitar su respuesta o apagar la cámara si así lo preferían. Cada participante respondió a todas las preguntas según su propio nivel de comodidad, y todas decidieron mantener la cámara encendida. Las entrevistas y las transcripciones las realizó el estudiantado, y tres asistentes de investigación de la segunda autora llevaron a cabo entrevistas adicionales tras el curso. El estudiantado de posgrado del equipo de investigación participó en las entrevistas y en la transcripción, y la segunda autora devolvió las transcripciones a las participantes para su verificación (member checking) a fin de confirmar su validez. Posteriormente no se introdujo ningún cambio en las transcripciones.
Este estudio nació como un proyecto de una asignatura optativa sobre la infidelidad impartida por la segunda autora. El equipo de investigación completo incluía a una experta docente colaboradora en el área temática, a una docente responsable del curso y a ocho estudiantes. Dos docentes, una estudiante de doctorado y una estudiante de máster firman el presente artículo. Ofrecemos información sobre la posición social de cada autora para situar el contexto de la investigación y del análisis ante quien lee y como parte de la epoché a lo largo del proceso cualitativo. La primera autora es una mujer blanca, cisgénero, terapeuta matrimonial y familiar con licencia. Ha trabajado en la clínica con parejas que han vivido una infidelidad y ha realizado otras investigaciones, incluidos estudios cualitativos, sobre este tema. La segunda autora es una mujer blanca, cisgénero, terapeuta matrimonial y familiar con licencia. Ha impartido asignaturas optativas específicas sobre la infidelidad, que la abordan a través de las distintas identidades y de las cuestiones relativas a la persona del terapeuta (self-of-the-therapist). También ha trabajado en la clínica con parejas que siguen juntas y que se separan, así como con personas que han sido la parte implicada, la herida o ambas. La tercera autora es una mujer negra, cisgénero, que trabaja como terapeuta matrimonial y familiar con licencia en consulta privada y fue estudiante del curso. Trabaja en la clínica en formatos conjuntos e individuales, abordando dificultades del sistema familiar relacionadas con la reparación de la confianza, la comunicación y las implicaciones de los cambios en los límites de la relación. La cuarta autora es una mujer blanca, con discapacidad, cisgénero y veterana del ejército, que trabaja como terapeuta matrimonial y familiar con licencia. Empezó a participar en este proyecto como estudiante de segundo año de máster, en un programa de trabajo y estudio, realizando entrevistas y codificando los temas, y siguió contribuyendo como estudiante de doctorado.
Con el objetivo de identificar patrones en los procesos de toma de decisiones de las participantes, se utilizó el análisis temático (Braun and Clarke 2006) combinado con la epoché para garantizar la coherencia en la interpretación de los hallazgos. Siguiendo los principios del análisis temático (Braun and Clarke 2006, 2021), las autoras leyeron varias veces cada una de las entrevistas para familiarizarse con los datos. La primera autora y dos autoras estudiantes utilizaron un proceso de codificación línea por línea para captar la esencia de las experiencias vividas por las participantes. En reuniones periódicas en las que la segunda autora actuaba como auditora interna, las autoras revisaron los 35 códigos resultantes y los agruparon en temas a partir de las perspectivas de las participantes sobre sus propias experiencias. Aunque reconocemos las características compartidas por nuestras participantes, por ejemplo, el hecho de que ocho de ellas se identificaran como profesionales clínicas de la salud mental, decidimos deliberadamente no examinar los datos en busca de similitudes o diferencias en función de este rasgo. Lo proponemos, en cambio, como línea de investigación futura en la discusión.
Las autoras revisaron, definieron y nombraron los temas para determinar su relevancia. Utilizaron técnicas de puesta entre paréntesis (bracketing), como la escritura de un diario a lo largo de todo el proyecto y en especial durante el análisis de los datos, para reducir la influencia de los sesgos individuales sobre el equipo y los hallazgos. Aunque las autoras hablaron de sus experiencias profesionales de formación y trabajo en torno a la infidelidad, no hablaron de sus experiencias personales de infidelidad. El equipo se reunió con regularidad para avanzar en el análisis y resolver las diferencias en los códigos y los temas. Por ejemplo, el tema de las expectativas sobre la intimidad sexual se denominó originalmente «expectativas», pero algunas personas del equipo lo consideraron demasiado amplio. En consecuencia, el equipo volvió a revisar las transcripciones codificadas y determinó que las descripciones de las participantes se centraban más en las expectativas en torno a la intimidad, por lo que el tema se revisó para especificar la intimidad sexual. La persona encargada de la auditoría externa codificó de forma independiente cada una de las entrevistas y se incorporó a las reuniones del equipo de investigación a medida que los temas se iban afinando y organizando cronológicamente a partir de las descripciones que las participantes hacían de su experiencia de la infidelidad. Cuando había desacuerdo, la segunda autora intervenía como auditora interna y el equipo avanzaba hacia un consenso.
Cada participante eligió su propio seudónimo; a continuación se presenta a cada una (por orden alfabético), incluyendo su situación de pareja, la información sobre la revelación de la infidelidad y cualquier antecedente de infidelidad en su relación o en su familia de origen.
Amy lleva 6 años casada y se enteró de la infidelidad de su marido hace algo más de 2 años. No tiene constancia de ninguna infidelidad en su familia de origen, y «el primer matrimonio de mi marido se rompió tras la infidelidad de su exmujer». Amy no ha vivido ninguna infidelidad en una relación anterior.
Crystal lleva casi 18 años casada; se enteró de la infidelidad de su marido por primera vez hace 3 años y de nuevo un año después. Tras la revelación de la infidelidad, Crystal y su marido decidieron juntos invitar a la otra mujer a formar parte de su relación y de su familia, y los tres llevan juntos los últimos dos años y medio. No ha habido ninguna infidelidad en las relaciones anteriores de Crystal, en las de su marido ni en su familia de origen.
Emma lleva 13 años casada y se enteró de la infidelidad de su marido hace 3 años. Cuando se le preguntó por su familia de origen, contó que, antes de que sus padres se divorciaran, «mi madre engañó a mi padre varias veces. Mi padre siempre la perdonaba, pero puede que él también la engañara». En la familia de su marido no se ha revelado ninguna infidelidad, y sus suegros llevan 50 años juntos. Emma vivió una infidelidad en su relación anterior, en la que descubrió que su pareja la había engañado durante toda la relación, de casi 3 años.
Hope lleva 12 años casada y descubrió la infidelidad de su marido a los 3 años de matrimonio. No tiene experiencia directa de infidelidad en su pasado. Se enteró de la infidelidad de su madre siendo ya adulta, aunque ahora la ha relacionado con las discusiones de sus padres durante su infancia: «¡Todo empezaba a encajar!». Los padres de su marido se separaron, pero siguieron viviendo juntos los últimos 7 años de su matrimonio. Durante ese tiempo, ambos tuvieron relaciones que no se revelaron hasta que sus hijos fueron adultos, aunque el marido de Hope recuerda haber sospechado.
Jade lleva más de 6 años casada y se enteró de la infidelidad de su marido hace menos de 5 años. Aunque sus padres siguen casados, contó que, cuando tenía 8 años, su madre «engañó sexualmente a mi padre» y que «poco después supe de una relación emocional que mi padre mantenía con [una] mujer que vivía en otro estado». Los padres de su marido estuvieron separados durante 7 años y se divorciaron cuando él tenía 14. «Durante esos 7 años, cada uno tuvo otras relaciones, pero no se las mostraron a sus hijos hasta que fueron mayores». Jade contó que no había vivido ninguna infidelidad en una relación anterior.
KJ lleva más de 20 años casada con su segundo marido y se enteró de la infidelidad de este hace tres años. KJ reveló que ella «tuvo dos encuentros sexuales al final de mi primer matrimonio». Contó que su «padre tenía relaciones sexuales con prostitutas durante su matrimonio con mi madre» y que su suegra «me dijo que había visto a su marido besar a otra mujer. Cree que pudieron tener una relación, pero él lo negó».
Laurie lleva 39 años casada y descubrió la infidelidad hace 18 años. No sabe de ninguna infidelidad en su propia familia de origen ni en sus relaciones de noviazgo anteriores. Reveló que «mi marido me engañó después de 21 años de matrimonio». Tanto el padre como la madre de su marido tuvieron aventuras durante su matrimonio, entre ellas una relación de larga duración de la madre que «toda la familia conocía y, sin embargo, nadie la abordó».
Maggie lleva 6 años casada, pero 11 años con su marido. Se enteró de su infidelidad «hace algo más de 6 años». No vivió ninguna infidelidad en relaciones anteriores ni en su familia de origen. Maggie contó que, cuando murió su cuñado, se descubrió la infidelidad de este. Su marido se enfadó mucho, sobre todo porque «me echaba en cara lo que te hice, pero mira lo que hacía él, era mucho peor». Maggie contó que «sentí casi como otra traición cuando me enteré de esto, porque [mi cuñado] había sido un gran apoyo cuando descubrí la infidelidad de mi marido».
El marido de Maria falleció hace 2 años; ella contó que la infidelidad se descubrió 6 años antes. Maria recuerda que «llevaba probablemente 3 meses notando que algo iba mal». Al principio se fue de casa, pero afirmó que «nos esforzamos mucho por seguir juntos». No tiene conocimiento de ninguna infidelidad en ninguna de las dos familias y no ha vivido ninguna infidelidad en relaciones anteriores.
May lleva 15 años casada y la aventura se descubrió hace más de 2 años. Habló de un antiguo novio que la engañó y contó que su madre tuvo una aventura durante su relación con su padre. La madre de su marido fue engañada tanto por el padre de este como, más tarde, por su padrastro. May contó: «Sigo con el corazón roto; mi marido dice que se debió a su infancia».
Molly lleva 12 años con su pareja y descubrió la segunda infidelidad hace 9 años. Describió antecedentes familiares de infidelidad: su abuelo materno fue infiel, lo que llevó al divorcio, y su madre engañó a su padre, lo que también acabó en divorcio. Anteriormente, Molly había tenido «varias relaciones sentimentales en las que me engañaron. … Yo sí fui infiel emocionalmente … [pero] … me aseguré de cortar con él antes de acostarme con la nueva persona. Esa “nueva persona” es ahora mi pareja». La madre de la pareja de Molly también tuvo una aventura que acabó en divorcio. Con esta historia compartida, ella creía que habían «acordado que esas situaciones estaban mal y que, en definitiva, destruían familias que queríamos».
A partir de las entrevistas de estas participantes se identificaron nueve temas principales: (a) postura ante la infidelidad, (b) compartirlo con otras personas, (c) razones para quedarse, (d) disculpa, (e) apoyo social, (f) expectativas sobre la intimidad sexual, (g) reconstrucción de la confianza, (h) terapia y (i) otros recursos. Mediante un mapa temático (véase la figura 1; Braun and Clarke 2006), los temas se organizaron cronológicamente siguiendo la línea temporal de la relación en la experiencia de la infidelidad: (1) antes del descubrimiento: postura ante la infidelidad (tema a); (2) descubrimiento: compartirlo con otras personas y razones para quedarse (temas b y c); (3) después del descubrimiento: disculpa, apoyo social y expectativas sobre la intimidad sexual (temas d, e y f); y (4) recuperación: reconstrucción de la confianza, terapia y otros recursos (temas g, h e i). Reconocemos que la línea temporal de las experiencias no siempre es lineal: es solo una forma de organizar los temas identificados tal como los describieron las participantes. Por ejemplo, la disculpa no es necesariamente un hecho único que ocurre antes de reconstruir la confianza, sino que puede formar parte de forma continuada de la reconstrucción de la confianza en la relación. Siguiendo la tradición de la investigación cualitativa, se utilizarán citas literales a modo de ejemplo.

Para la mayoría de las participantes, las decisiones que tomaron realmente tras la infidelidad de su pareja difirieron mucho de su postura previa o de cómo imaginaban que reaccionarían. Antes de descubrir la aventura, las participantes describían la infidelidad como algo en general inaceptable en su propia relación. Crystal contó: «No estaba de acuerdo con eso. Hacer las cosas a espaldas de alguien no está bien». De forma similar, Hope se describió como «una persona ferozmente leal». Pese a estos puntos de vista firmes sobre la infidelidad, las participantes no habían hablado explícitamente de ellos con su pareja antes de la revelación de la aventura. KJ afirmó: «Así que mi postura es que no debería pasar nada que ponga en peligro la relación. Pero no sé si alguna vez lo dije en voz alta». Todas las participantes coincidieron, al reflexionar, en que estas creencias no se habían expresado abiertamente en sus relaciones antes del descubrimiento de la infidelidad.
Al mismo tiempo, las participantes reconocieron lo frecuente que es la infidelidad, a pesar de sus propias experiencias previas con ella y debido a ellas. Estas experiencias previas eran personales, a través de la familia de su pareja o en su propia familia de origen, tal como se describe en sus presentaciones. Jade dijo:
Así que, aunque me gustaría decir que si alguna vez me pasara nunca seguiría con esa persona, simplemente no es muy realista. Lo había visto en tantas relaciones, algunas salen adelante y otras no. Creo que simplemente tenía una postura abierta sobre [la infidelidad].
Durante la fase de descubrimiento, las personas heridas decidían con quién compartir el descubrimiento de la infidelidad y, en última instancia, identificaban las razones por las que decidían seguir en su relación actual. Describimos aquí las diversas experiencias de las participantes en relación con el descubrimiento de la infidelidad, para aportar contexto adicional a esta fase del proceso de recuperación. Algunas participantes, como Amy, se enteraron por casualidad: «mientras tenía su teléfono, recibí un mensaje. O, mejor dicho, lo recibió él, que básicamente decía “¿me estás dejando?”». Otras participantes sospechaban del comportamiento de su pareja y buscaban información de forma deliberada, como contó KJ:
Llevaba bastante tiempo con una sensación rara, como una, simplemente una sensación de ansiedad. Empecé a notar que mi marido hablaba mucho de esa persona y que interactuaba mucho con ella en las redes sociales. Conseguí entrar en su correo y me quedó bastante claro que había estado mintiendo sobre muchas de sus interacciones.
Las participantes también describieron reacciones diversas al descubrir la infidelidad. Amy describió su reacción como «… muy fuerte, en plan, eso no se hace. Fue un shock». Otras dijeron que su primera reacción fue poner fin a la relación. Por ejemplo, Maggie explicó: «Cuando me enteré, cuando estaba, supongo, lo llamaré simplemente “subida a mi pedestal”, pensaba: no voy a seguir con alguien que ha hecho esto». Crystal necesitó ese tiempo, además de una opción para irse (quedarse en casa de su mejor amiga), para tomar su decisión: «después de pensarlo, decidí quedarme en casa y trabajarlo». Los temas siguientes son importantes en el proceso de toma de decisiones de la persona herida para seguir en la relación.
Las participantes describieron experiencias diversas sobre a quién contarle la aventura, si es que se lo contaban a alguien. Algunas decidieron no contárselo a nadie y, hasta donde sabían, su pareja tampoco se lo contó a nadie. Las razones iban desde consejos desacertados hasta el miedo a no recibir apoyo en su decisión final, pasando por la vergüenza ante el cambio de mirada de los demás sobre ellas y su relación. Las participantes que decidieron contarlo fueron selectivas, como explicó KJ: «No se lo conté a nadie de mi familia. Todavía no se lo he contado a nadie de mi familia». Otras describieron el proceso de compartir su experiencia, como siguió contando KJ: «Solo se lo conté a una amiga de forma intencionada. Otra amiga me llamó justo en mitad de un día horrible, notó que algo iba mal y me derrumbé y me eché a llorar».
Algunas participantes recibieron mucho apoyo de las personas con quienes decidieron compartirlo, como describió Crystal: «Mi mejor amiga y mi madre fueron mis mayores apoyos». Cuando otras personas se enteraban de la infidelidad, las participantes describieron algunas de las respuestas recibidas como poco comprensivas en general, sobre todo durante su proceso de toma de decisiones tras el descubrimiento. La variedad de respuestas recibidas influyó mucho en la experiencia de apoyo social de las personas heridas durante el proceso de recuperación; esto se describe con más detalle en un subtema posterior de la recuperación, el «apoyo social».
Las participantes identificaron diversas razones para querer seguir con su pareja, entre ellas la duración de la relación y la historia compartida. Para KJ, esto formó parte de su decisión de quedarse: «Cuando estás casada, hay muchísimas cosas que te unen, y romper todo eso es, es enorme, ¿no?». Para otras, la imagen que tenían de su pareja las motivaba a quedarse, porque creían que no volvería a ocurrir. Por ejemplo, Emma describió a su pareja como alguien que «siempre había sido digno de confianza». Las participantes estaban dispuestas a quedarse si creían que la aventura había sido algo puntual, como describió Crystal: «De verdad sentía que había sido algo de una sola vez… sentía que no iba a volver a pasar».
Las participantes también señalaron que la solidez que percibían en su relación era una razón para quedarse. Hope contó: «antes de todo esto, nunca habíamos tenido ningún tropiezo importante entre nosotros, simplemente somos muy compatibles en muchos aspectos». La decisión incluía sopesar cómo había sido la relación hasta entonces y el deseo de la persona herida de que la infidelidad no definiera ni moldeara su relación futura. Las participantes también contaron que creían que la experiencia podía ser una oportunidad para redefinir su relación de cara al futuro. Además, las personas heridas contaron que se quedaron por los hijos e hijas que tenían en común con su pareja. May dijo: «Siempre he pensado que, cuando hay hijos, hay que intentar que funcione si es posible. Tenemos un hijo juntos. Le quiero». Existía la creencia de que el impacto negativo del divorcio sobre su sistema familiar sería mayor si ponían fin a la relación que si seguían juntos y trabajaban en ella.
Tras la fase inicial de descubrimiento, y en consonancia con los modelos presentados, la disculpa, el apoyo social y las expectativas sobre la relación fueron partes importantes de la experiencia vivida por las personas heridas en su proceso de toma de decisiones. Se pidió a las participantes que reflexionaran sobre las decisiones que tomaron a corto plazo tras descubrir la aventura y sobre cómo esas experiencias contribuyeron a su elección final de seguir en la relación.
La disculpa de la persona implicada es algo de lo que la mayoría de las participantes habló como una parte importante del proceso de recuperación tras la aventura. Las disculpas se describieron como «necesarias pero no suficientes» para la sanación de muchas personas heridas. Muchas participantes describieron la disculpa de su pareja como decisiva tras el descubrimiento, como explicó KJ:
Durante mucho tiempo, mi marido no fue capaz de disculparse de una forma que pareciera real. Creo que su vergüenza le impedía enfrentarse de verdad a lo destrozada que me había dejado su comportamiento, y por eso durante muchísimo tiempo le costó mucho asumirlo de verdad, pero cuando fue capaz de hacerlo, fue muy sanador. Así que la disculpa fue importante.
Otra participante, Crystal, contó que recibió disculpas tanto de su marido como de la mujer con la que este tuvo la aventura: «Eh, con mi marido fue difícil porque nunca ha sido de pedir perdón ni de decir que se ha equivocado. Y ella, ella se disculpó mucho».
Aunque las participantes describieron la disculpa de su pareja como útil, también reconocieron que una disculpa por sí sola, sin ninguna acción ni cambio de comportamiento, no era suficiente. Las participantes coincidieron en que las palabras no bastaban al reflexionar sobre su decisión de quedarse. Amy explicó:
No sé cuántas veces me pidió perdón. Y yo ahí sentada pensando «pedir perdón no lo arregla». Así que la disculpa, sí, pero fueron más los actos de arrepentimiento y la disposición a acompañarme donde yo necesitaba estar. Eso tuvo más peso.
Otra participante, Maggie, se hizo eco de este sentimiento:
Creo que, en cuanto a las disculpas, sí, estuvo bien que se disculpara, pero eso no habría sido, no habría bastado si solo hubiera dicho: «Ay, siento mucho haber hecho eso. Vale, pasemos página». Eso no habría funcionado. Así que creo que estuvo bien oír el arrepentimiento y saber, ya sabes, que esto no era algo que fuera a volver a pasar.
Las participantes también reconocieron que la disculpa no siempre ayudaba, porque no sabían si podían fiarse de su sinceridad. Sus dudas se centraban en el hecho de que su pareja les había mentido mientras tenía la aventura. Les costaba creer que la disculpa fuera sincera, sobre todo si no iba acompañada de arrepentimiento o de actos. Este fue un factor importante en la reconstrucción de la confianza a medida que la relación continuaba.
Las participantes describieron distintos grados de apoyo social tras el descubrimiento de la aventura y cómo este influyó en su decisión de seguir en la relación. Un hilo común en las experiencias de apoyo social de las participantes era la ausencia o presencia de juicio. Dicho de otro modo, la mayoría de las participantes contó que el hecho de percibir o no un juicio sobre la infidelidad o sobre la persona implicada por parte de su red social influía mucho en a quién decidían recurrir, si es que recurrían a alguien. Esta decisión influía después directamente en el apoyo que recibía la persona herida. Como se ha descrito antes, algunas participantes tuvieron un apoyo social muy limitado porque decidieron no hablar de la aventura con otras personas. Las repercusiones de la aventura, entre ellas el miedo a que se las juzgara a ellas, a su pareja y las decisiones que tomaran sobre seguir en la relación, fueron consideraciones importantes, como describió KJ:
En realidad no tenía mucho grupo de apoyo. Creo que porque sentía mucha pena y vergüenza por ello, y la sensación de ser tonta, de que debería haberlo sabido, de que debería haber hecho muchas cosas de otra manera. No quería que la gente pensara mal de él.
Las participantes que sí revelaron la aventura a otras personas, o que eligieron con cuidado a quién contárselo, describieron haber recibido mucho apoyo útil. Emma dijo: «Solo hablé de ello con una amiga. Hablé con ella durante bastante tiempo. No tuve mucho apoyo en lo peor de la crisis, aparte de esa amiga». Otra participante, Maria, describió el apoyo que recibió de varias personas de su vida:
Creo que el apoyo de mis amistades fue muy importante, así que todas, todas las personas con las que pude hablar por teléfono y que me cogían el teléfono, sobre todo mi amiga [nombre]. Estaba dispuesta a escucharme todos los días si quería hablar con ella, y también la gente del trabajo.
Todas las participantes contaron que tener aunque solo fuera una persona de apoyo era esencial para su propio proceso de recuperación, porque les ofrecía un espacio de comprensión y empatía sin juicio. Además, las participantes consideraron que, por parte de la familia y las amistades, el apoyo era más útil que los consejos no solicitados. Laurie dijo: «no deberías meter tus propios sentimientos en ello … simplemente ofrecer apoyo en el sentido de estar ahí para la persona … lo menos útil [era] cuando la gente me decía que lo dejara». Molly aportó una perspectiva singular sobre el apoyo social. Contó que la falta de apoyo fue una de las razones por las que siguieron juntos: «Creo que eso probablemente influyó muchísimo en que al final volviéramos… él es mi sistema de apoyo».
Tras el descubrimiento de la infidelidad, las participantes describieron la necesidad de renegociar las expectativas en su relación, sobre todo en torno a la intimidad sexual. Por ejemplo, algunas participantes vivieron un parón en su relación sexual, como describió Amy: «Eh, no teníamos ninguna. No quería que me tocara». Otras, como Maggie, vivieron mejoras en la relación sexual:
Creo que al principio el sexo era diferente. Era más como, era más íntimo, si tiene sentido. No era simplemente «Vale, hecho. Lo que sea». Era más como, simplemente más conexión. Así que creo que, en las primeras etapas de volver a estar juntos, ayudó a reconstruirlo de esa manera, aumentando la conexión y mostrando de verdad amor a través de, ya sabes, de la intimidad física.
Tan importante como mantener relaciones íntimas era, según describieron las participantes, el diálogo en torno a la intimidad. Por ejemplo, Amy contó: «Nunca fue en plan “ay, tenemos que volver a tener sexo o esto no va a funcionar”. No era así, fue definitivamente una [conversación] gradual… “vale, ahora mismo no estoy tan cerrada a eso”». Aunque la atención se centraba en la intimidad romántica y física, algunas participantes reconocieron que la intimidad en todos los ámbitos de su relación era esencial para recuperar la conexión de cara al futuro. La oportunidad de mejorar su relación no es solo recuperación, sino también una razón para quedarse.
Una vez que las participantes decidieron quedarse y trabajar en su relación, describieron el proceso de recuperación como importante para confirmar su decisión de seguir con su pareja. El foco principal, común a todas las participantes, era la reconstrucción de la confianza. Además, se preguntó a las participantes por recursos concretos, como la terapia, que contribuyeron a su decisión de quedarse.
Las participantes describieron la capacidad de sanar y recuperar la confianza en la relación como esencial para la recuperación. En conjunto, las personas heridas sentían que no siempre era fácil en la práctica. A menudo se presupone que el objetivo o foco principal es que la persona herida aprenda a confiar de nuevo en su pareja. Pero eso por sí solo no basta. También necesitan aprender a confiar en sí mismas. Por ejemplo, aprender a confiar en que resistirán el impulso de controlar cada movimiento de su pareja, como describió Maria:
Tuve que soltar, ¿sabes? Tienes que soltar y simplemente decir … si dice que va a jugar al tenis, voy a confiar en que eso es lo que está haciendo. Siempre había una vocecita dentro de mí que me decía que quizá debería seguirle, o quizá debería llamarle para ver cómo va, quizá llame al club para ver si de verdad va allí y cosas así, pero más o menos me resistí a eso porque no quería verme en la situación de tener que ser como una detective.
Las participantes también contaron que les resultó útil estar dispuestas a desarrollar acciones y acuerdos concretos (o «reglas») dentro de su relación. Por ejemplo, Emma describió:
Restablecer reglas y el nivel de comodidad respecto a las relaciones con el otro sexo. No me siento cómoda con que tenga una relación estrecha con alguien del trabajo, y necesitaba hablar con él de sus límites en el trabajo, porque trabaja sobre todo con mujeres.
También era importante que la persona implicada desempeñara un papel activo para ayudar a la persona herida a reconstruir esa confianza. Por ejemplo, Jade contó: «me dijo que podía mirar su teléfono, aunque no lo hice. Que yo me abstuviera de hacerlo le demostraba que confiaba en él, y que él me diera acceso me demostraba que podía confiar en él». La comunicación también fue clave para la recuperación. Molly dijo: «hubo muchísimas conversaciones largas, hablando hasta tarde por la noche de lo que queríamos de nuestra relación y de hacia dónde veíamos que iba».
La disposición de ambos miembros de la pareja a comprender qué había llevado a la aventura se describió como una parte importante de la decisión de seguir en la relación y de la reconstrucción de la confianza. En concreto, explorar el contexto de la relación en el que se produjo la aventura era una oportunidad para comprender lo que estaba pasando y cómo evitar que se produjeran aventuras en el futuro. Maggie contó: «el hecho de que él actuara fue parte de lo que me hizo decir: “Vale, me quedo”». Otra parte importante de la comunicación para la persona herida era asegurarse de que la persona implicada escuchaba de verdad y atendía a sus preocupaciones sobre la relación. Crystal lo describió como una parte importante de la reconstrucción de la confianza: «Diría que las dos primeras cosas que me vienen a la cabeza son la confianza y sentirme escuchada. Necesito saber que puedo confiar en ti y necesito saber que me escuchas». En general, las participantes lo describían como la sensación de que la persona implicada respondía a sus preocupaciones. Esto podía darse tanto en el momento, en la respuesta de la persona implicada a lo que se compartía, como fuera de ese momento, cuando la persona herida observaba cómo actuaba la persona implicada en respuesta a sus preocupaciones. Las participantes también hablaron de recursos de apoyo que contribuyeron a su decisión de seguir en la relación.
Se preguntó a las participantes si habían ido a terapia y, a quienes habían ido, por su experiencia de la terapia como parte del proceso de recuperación tras la aventura. En general, las participantes relataron experiencias de terapia muy dispares: a algunas les resultó útil y a otras no tanto. Ocho participantes fueron a terapia: tres solo a terapia de pareja y cinco a terapia de pareja e individual. De las participantes que incluyeron la terapia en su proceso de recuperación, tres contaron que su pareja (implicada) también fue a terapia individual. La mitad (n = 4) de las participantes que fueron a terapia de pareja no la consideraron útil. Laurie describió su frustración con su experiencia de terapia de pareja: «en la primera sesión, él quiso saber qué había pasado. … luego, una vez que se lo contamos, dijo: bien, ahora ya no volveremos a hablar de esto». May, en cambio, consideró que para ella no era el momento: «Creo que la gente tiene que hacer terapia individual y recomponerse antes de poder juntarse y hacer algo de trabajo de pareja».
Otras participantes consideraron la terapia esencial en el proceso de recuperación. Hope describió a su terapeuta de pareja como «clave total» y dijo que fue esencial para establecer límites y «reconstruir ese marco de seguridad para nosotros». Esta participante describió las formas en que su terapeuta apoyaba facetas importantes del proceso de recuperación tras la aventura, tal como reflejan los hallazgos del presente estudio. Por ejemplo, trabajar deliberadamente con la pareja en la reconstrucción de la seguridad, ya que en la clínica se sabe que es una parte importante de la reconstrucción de la confianza. De las que no fueron a terapia, una participante dijo que, en retrospectiva, le habría gustado ir, mientras que otras, como Molly, describieron una falta de acceso: «De verdad que no hay muchos recursos en nuestra zona. Vivimos en una comunidad bastante rural».
Más de la mitad (n = 6; 54%) de las participantes contaron que leyeron diversos libros durante el proceso de recuperación. May lo describió como un impulso de leer «todo lo que tenga que ver con entenderle a él hasta entenderme a mí». La tabla 2 recoge los libros mencionados expresamente por las participantes.
Tabla 2 — Libros recomendados para la recuperación tras una infidelidad (por orden alfabético).
Los libros marcados con un asterisco fueron recomendados por más de una participante.
Las participantes describieron otros recursos, además de la terapia y los libros, como una parte importante de su proceso de recuperación. Por ejemplo, escuchar The Dr. Laura Show con la Dra. Laura Schlessinger, las charlas TED de Esther Perel y la radio cristiana. May dijo que la radio cristiana «ayuda mucho escucharla cuando estoy … pasándolo mal», mientras que otras participantes describieron la importancia de la espiritualidad en general a lo largo del proceso de recuperación. Otros recursos eran más propios de cada participante. Por ejemplo, Laurie habló tanto de la importancia de la «terapia canina» (es decir, pasar tiempo con su perro) como de su grupo de mujeres de toda la vida (no centrado en la infidelidad) en su iglesia.
Este estudio fenomenológico exploró las experiencias vividas por personas heridas que decidieron seguir en la relación tras descubrir una infidelidad. Aunque cada persona vive la recuperación tras una aventura de forma individual, las personas heridas, como grupo, comparten un conjunto singular de experiencias que la investigación apenas ha explorado como fenómeno propio. Este estudio pretendía dar voz a sus experiencias vividas en relación con la decisión de seguir en la relación actual y con sus procesos de toma de decisiones en la recuperación. Los presentes hallazgos orientan el trabajo con quienes buscan terapia individual o de pareja tras una aventura.
Las participantes describieron varios factores que influyeron en su decisión de seguir en la relación actual: una larga historia en común, experiencias compartidas, tener hijos e hijas en común, la creencia en la fidelidad futura (es decir, «algo de una sola vez») y la oportunidad de construir una relación mejor de cara al futuro. Las participantes de este estudio se sorprendieron de su decisión final de seguir con su pareja, dada su postura general previa de que la infidelidad es inaceptable en una relación. En la clínica se puede normalizar esta sorpresa al trabajar con una persona herida a la que también le sorprende su propia decisión de seguir en la relación y que quizá se sienta insegura al respecto. Sin embargo, muchas de las razones identificadas para seguir en la relación acabaron siendo más importantes para ellas que la forma en que habían previsto reaccionar si descubrían una infidelidad en su propia relación. Para profesionales de la clínica que trabajan con personas heridas que quieren seguir en su relación, comprender las razones de ese deseo es crucial. Aunque la decisión de quedarse no suele ser un proceso lineal, las participantes describieron factores importantes en la relación en el periodo inmediatamente posterior al descubrimiento de la aventura, antes de que pudiera empezar el proceso de recuperación.
Al igual que estudios previos sobre la recuperación tras una aventura, nuestros hallazgos subrayan la importancia de la disculpa de la persona implicada, de una comunicación continuada y de la presencia de apoyo social como elementos esenciales para reconstruir la confianza en la relación (p. ej., Abrahamson et al. 2012; Mitchell et al. 2021, 2022; Olson et al. 2002). Las personas heridas de este estudio insistieron en la necesidad de una disculpa acompañada de un cambio de comportamiento para que tuviera un efecto real. Sin presenciar un cambio de comportamiento, las participantes dijeron que no podían confiar en la disculpa de su pareja tras la traición de la aventura. Es un hallazgo importante que conviene destacar, en particular para profesionales de la clínica que trabajan con personas implicadas. La disculpa es mucho más que las palabras «lo siento», aunque se digan innumerables veces: consiste en actuar o en cambiar el propio comportamiento para ofrecer la garantía de que la infidelidad no volverá a ocurrir en el futuro. En consulta se puede explorar deliberadamente qué forma ha adoptado la disculpa, si la ha habido, hasta el momento en que la persona o la pareja llega a consulta. Además, quien ejerce la terapia puede propiciar en la consulta un espacio estructurado y seguro para que la disculpa tenga lugar.
Aunque la comunicación continuada es esencial para la recuperación (p. ej., Mitchell et al. 2022; Olson et al. 2002), esta comunicación será diferente en cada relación. Es esencial fijar expectativas y límites específicamente en torno a la comunicación sobre la aventura. Por ejemplo, inmediatamente después del descubrimiento de la aventura, una persona herida puede necesitar hablar constantemente de ella. O las parejas que buscan terapia al principio del proceso de recuperación pueden optar por hablar de la aventura solo durante las sesiones. Asimismo, las parejas con hijos e hijas pueden acordar no hablar de la aventura donde la descendencia pueda oír la conversación. En terapia conviene facilitar activamente estas conversaciones para ayudar a cada pareja a decidir los límites y las expectativas de comunicación concretos que mejor se adapten a sus miembros y a su relación.
Otro límite de comunicación importante que hay que fijar es el relativo a con quién, si acaso con alguien, hablarán de la aventura los miembros de la pareja. En consonancia con nuestros hallazgos, investigaciones previas han señalado que el apoyo social es un factor importante en la recuperación tras una aventura (p. ej., Abrahamson et al. 2012), y las participantes de este estudio subrayaron la importancia de un apoyo social de calidad. Aunque las personas heridas pueden tender a revelar la infidelidad a otras personas por rabia o por el deseo de hacer daño a la persona implicada, esto puede tener consecuencias posteriores para la relación (p. ej., una mala relación entre la persona a la que se lo contaron y la persona implicada). Otras personas heridas pueden sentir una enorme vergüenza por la aventura y decidir, por tanto, no revelársela a nadie. Esto podría estar relacionado con la percepción, previa al descubrimiento, de la infidelidad como algo inaceptable, lo que hacía difícil contar a otras personas que la habían vivido y que estaban decidiendo, o al menos planteándose, seguir con su pareja. Al igual que facilitar el diálogo sobre los límites de comunicación en general, este es otro aspecto delicado del proceso de recuperación en el que la terapia debería tener un papel activo. Por ejemplo, revisar con la persona herida la lista de personas a las que se plantea contárselo y cuáles serían las posibles ventajas e inconvenientes de contárselo a cada una de ellas.
Desde la perspectiva singular de las personas heridas de este estudio, las participantes describieron experiencias muy diferentes a la hora de decidir a quién contárselo y en cuanto al tipo de respuesta y de apoyo que recibieron de las personas a las que hablaron de la aventura. Como parte del proceso de toma de decisiones, se anima a las personas heridas a pensar en lo que necesitan y en quién responderá de forma útil. Por ejemplo, algunas personas heridas señalaron que el hecho de que alguien les dijera que dejaran a su pareja no les ayudaba ni a ellas ni a su proceso de recuperación. Al revelar la aventura, es legítimo que las personas heridas hagan saber a sus personas de apoyo lo que necesitan y reconozcan que lo que necesitan probablemente cambiará con el tiempo. En terapia se puede ayudar a las personas heridas a desarrollar su capacidad de pedir lo que necesitan a su red de apoyo. Otra consideración importante para las parejas con hijos e hijas es la decisión de qué contarles sobre la aventura, si es que se les cuenta algo. Es una decisión compleja con muchos factores que considerar (p. ej., la edad de la descendencia; posibles cambios en las condiciones de vida de la familia, como una mudanza), y la terapia puede acompañar en esta decisión. Centrarse en este proceso quedaba fuera del alcance del presente estudio.
Las participantes reconocieron que antes de la aventura no habían hablado explícitamente con su pareja de sus expectativas sobre los límites de la relación, pero que tras el descubrimiento entendieron que esa conversación era crucial. La infidelidad, o la «traición de los límites de la relación», adopta formas distintas en cada relación, por lo que los límites de la relación deberían definirse con claridad y ser acordados por (todos) sus miembros. Se anima a las parejas a hablar explícitamente de sus límites y a elaborar un «contrato» relacional que defina la fidelidad y la infidelidad, así como la monogamia y la no monogamia (Brown et al. 2023). Además, las parejas pueden programar revisiones periódicas del contrato relacional e introducir cambios cuando sea necesario. Por ejemplo, a medida que la relación evoluciona con el tiempo y la pareja atraviesa transiciones vitales (p. ej., tener hijos, un nuevo empleo, una mudanza), puede que también haya que modificar los límites del contrato relacional. Para las parejas que viven una infidelidad, puede ser necesario renegociar este contrato con más frecuencia para garantizar la seguridad —en particular la de la persona herida— durante el proceso de recuperación. Por ejemplo, algo que antes era aceptable en la relación, como una reunión a solas con alguien del trabajo, puede dejar de serlo tras una aventura, o al menos durante un tiempo, hasta que pueda restablecerse la confianza. A medida que las personas heridas identifican lo que necesitan para sentirse seguras durante este periodo tumultuoso, los nuevos límites pueden repercutir en otros aspectos de la vida de la pareja, para bien y para mal, que habrá que renegociar.
La investigación previa ha incluido la búsqueda de ayuda experta en los modelos de recuperación tras una aventura (p. ej., Bird et al. 2007). Las personas heridas de este estudio relataron experiencias diversas en relación con la terapia. Aunque la terapia puede ser útil para la recuperación tras una aventura, a muchas personas que ejercen la terapia de pareja les resulta difícil trabajar con la infidelidad (p. ej., Barraca and Polanski 2021), a menudo por falta de formación específica para trabajar con este complejo motivo de consulta. Por ello, se anima a terapeutas a formarse o a completar su formación sobre cómo trabajar eficazmente con quienes consultan por cuestiones de infidelidad. Por ejemplo, la Couples and Intimate Relationships Topical Interest Network de la American Association for Marriage and Family Therapy (AAMFT) organiza webinarios y formaciones sobre distintos aspectos de las relaciones íntimas, entre ellos la infidelidad.
También es importante que quien ejerce la clínica sea consciente de las cuestiones relativas a su propia persona como terapeuta (self-of-the-therapist) que puede activar el trabajo con la infidelidad, y que busque supervisión o apoyo entre colegas cuando sea necesario. Además, la infidelidad es un acontecimiento traumático, por lo que quienes trabajan con personas que la han vivido deberían dar prioridad también a su propio autocuidado. Aunque la terapia de pareja puede ser útil para la recuperación tras una aventura, también puede resultar inaccesible para muchas personas que la necesitan debido a diversas barreras (p. ej., ubicación, coste, tiempo, cuidado de los hijos e hijas). Para quienes viven en zonas (p. ej., rurales) con acceso limitado a terapeutas de pareja (y más aún a terapeutas con formación para trabajar con la infidelidad), la telesalud puede ofrecer una opción viable para recibir apoyo, sobre todo ahora que se ha convertido en una opción mucho más extendida.
Para algunas personas heridas, los recursos en línea o comunitarios también pueden ser útiles en su proceso de recuperación. Tras el descubrimiento de una aventura, las personas heridas suelen buscar ayuda desesperadamente. La dificultad está en encontrar ayuda y recursos «buenos» que apoyen el proceso de recuperación y no dañen aún más su bienestar o la relación. Abogamos por la creación de un centro de referencia de recursos para la recuperación tras una aventura: una colección de recursos recomendados por personas heridas y validados por profesionales con amplia formación en el trabajo de recuperación tras una aventura. Un ejemplo es la tabla 2, que recoge los libros recomendados por nuestras participantes y que después validarían especialistas. Estos recursos también podrían ser útiles para terapeutas de pareja que trabajan con la infidelidad, ya que este tipo de apoyo puede tanto ampliar su propio conocimiento y comprensión de la infidelidad como enriquecer el trabajo que se realiza en terapia. La existencia de un centro de referencia de este tipo podría aliviar la carga de tener que validar los recursos por cuenta propia y ofrecer una biblioteca ya preparada entre la que elegir para responder mejor a las necesidades de cada persona en consulta.
Una particularidad de este estudio es que la mayoría (n = 8) de las 11 participantes compartían una identidad profesional como profesionales de la salud mental (p. ej., LMFT y psicólogas). Entre las consideraciones importantes figuran no solo las identidades de todo el equipo de investigación, cuyos miembros ejercen también, sin excepción, la terapia sistémica, sino también los métodos de reclutamiento. Al revisar las fuentes de reclutamiento, solo tres participantes procedían de grupos de Facebook específicamente destinados a profesionales de la clínica, aunque las tres respuestas que solo indicaban «Facebook» podrían corresponder a un grupo de este tipo, al igual que las demás fuentes de derivación. Aunque estos factores pueden haber introducido un sesgo de reclutamiento hacia profesionales de la salud mental, también sería interesante comprender por qué una participante decidió participar en el presente estudio. Por ejemplo, puede que en profesionales de la clínica exista una «vocación» de compartir experiencias que reflejan las que presentan quienes acuden a consulta. Las autoras sopesaron la opción de analizar por separado a estas ocho participantes, pero, como investigadoras feministas, sintieron la responsabilidad de compartir la experiencia de todas las participantes. En su lugar, lo señalamos como recomendación para la investigación futura.
Además, la mayoría de las participantes eran blancas (n = 9) y, en el momento de participar, se identificaban como heterosexuales (n = 10). Señalamos asimismo que no todas las participantes indicaron su propia orientación sexual (n = 10) o la de su pareja (n = 9). Una estrategia de reclutamiento revisada para responder a estas limitaciones podría llegar a una muestra más diversa de participantes y de sus parejas. Aunque los hallazgos son útiles para el trabajo clínico con esta población, la capacidad de generalización es limitada, ya que las distintas identidades y sus intersecciones no están bien representadas.
El presente conjunto de datos contiene más elementos que merecen una exploración adicional. Aunque podría considerarse una limitación de este estudio que 8 de las 11 participantes sean profesionales de la clínica, se trata también de una línea de investigación futura, sobre todo porque 5 de ellas (63%) recurrieron a la terapia. Curiosamente, ninguna de las participantes dijo haber recurrido a la terapia específicamente para decidir sobre el futuro de la relación, sino como una herramienta más para la recuperación. Es posible que profesionales de la clínica no sientan la necesidad de hacer su propia terapia de la misma manera que las personas sin formación clínica, ya que cuentan con sus propios conocimientos y su experiencia profesional, así como con redes sociales entre colegas (p. ej., Jade describió a sus compañeras y compañeros de psicología como una fuente de apoyo). También se mencionaron barreras de acceso a la terapia, y una exploración más profunda del proceso de decisión de iniciar una terapia tras el descubrimiento de una infidelidad podría ser una línea de investigación futura. Un relato singular de esta investigación es la experiencia de Crystal, en la que se decidió conjuntamente invitar a la persona con la que se tuvo la aventura a formar parte de la relación. Comprender mejor este proceso de toma de decisiones puede aportar más información sobre la adaptación de las estructuras relacionales, p. ej., el poliamor o la no monogamia consensuada, como forma de transitar el proceso de recuperación.
El proceso de toma de decisiones de la persona herida para seguir en la relación actual es complejo. Aunque la atención se centra mucho en las necesidades específicas de la persona herida, es importante equilibrarla con la responsabilidad de tomar la decisión de mantener la relación. En última instancia, un proceso de recuperación exitoso exige un esfuerzo deliberado tanto de la persona herida como de la implicada para que la relación funcione. Barraca y Polanski (2021) sostienen que la infidelidad es «uno de los problemas más dañinos y difíciles de tratar en terapia de pareja» (p. 910), aludiendo a su impacto de largo alcance en todas las personas afectadas por ella. Seguir explorando no solo los factores de riesgo, sino también comprender más a fondo el proceso de recuperación y las perspectivas singulares (p. ej., personas heridas frente a implicadas), puede contribuir aún más a la literatura sobre la infidelidad y orientar el trabajo clínico con este complejo motivo de consulta.
Complexe Systémique: lo esencial
Lo que llama la atención en estos once relatos es la distancia entre la postura previa («nunca me quedaría») y la decisión realmente tomada, y el hecho de que esa postura nunca se hubiera expresado dentro de la pareja. Desde un punto de vista sistémico, la infidelidad aparece menos como la transgresión de una regla que como la revelación de una regla que había permanecido implícita: de ahí el valor de un «contrato» relacional que se haga explícito y se renegocie. Se desprenden tres referencias clínicas. Las disculpas solo reparan si van seguidas de actos, y la sesión puede ofrecer un marco seguro para formularlas. El círculo de confidentes es una elección: la vergüenza aísla, pero una revelación hecha desde la rabia crea alianzas duraderas contra la persona implicada. Por último, la confianza que hay que reconstruir es doble: en el otro y en una misma, para no convertirse en detective de la propia vida. Los límites son claros: once mujeres, casi todas blancas y heterosexuales, ocho de las cuales trabajan ellas mismas en salud mental, y un único punto de vista, el de la persona herida. El caso de Crystal, en el que la otra mujer se integra en una tríada, apenas se explora. Puede leerse junto con el artículo sobre los cinco comportamientos que reparan la confianza tras una infidelidad y el artículo sobre las seis formas de intimidad en la pareja.
Notas del original
Agradecimientos. Estamos inmensamente agradecidas a Yolanda Casillas, Anna Coyne, Samantha Jones, Katie Roach y Justin Sato por realizar las entrevistas a las participantes, y a Aubrey Reynolds, que se encargó de la auditoría externa.
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Traducción no oficial al español de Staying Together After Infidelity: An Exploration of the Decision‐Making Process of Recovery From the Perspective of the Injured Partner, de Erica A. Mitchell, Kristina S. Brown, Jewel Spencer y Kayla Harris, Journal of Marital and Family Therapy, vol. 52, n.o 1 (2026), doi: 10.1111/jmft.70110, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (traducción al español, tablas presentadas en forma de listas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Esta es una traducción no oficial al español del artículo original «Staying Together After Infidelity: An Exploration of the Decision‐Making Process of Recovery From the Perspective of the Injured Partner», publicado en Journal of Marital and Family Therapy (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial, tal como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Mitchell, E. A., Brown, K. S., Spencer, J., et Harris, K. (2026). Staying Together After Infidelity: An Exploration of the Decision‐Making Process of Recovery From the Perspective of the Injured Partner. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/staying-together-after-infidelity-an-exploration-of-the-decision-making-process (Obra original publicada en 2025 en Journal of Marital and Family Therapy, 52(1), e70110 (2026); republicada en 2026 por Journal of Marital and Family Therapy, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/jmft.70110)
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