Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Research on Language and Social Interaction · Pareja

La culpa se vuelve pensable: historia interaccional de la terapia tras una pérdida ambigua

Tras un aborto decidido a raíz de unas pruebas genéticas en Polonia, una mujer llega a llamarse a sí misma «un monstruo». Bernadetta Janusz, que llevó la terapia de pareja, y Anssi Peräkylä siguen a lo largo de dieciséis sesiones cómo se pone en palabras la culpa: atribuida primero a otros y vuelta después contra una misma, acaba siendo nombrada, pensada y tolerada.

Autoría Bernadetta Janusz (Department of Family Therapy and Psychosomatics, Jagiellonian University Medical College, Cracovia, Polonia) y Anssi Peräkylä (Faculty of Social Sciences, University of Helsinki, Finlandia)Primera publicación Research on Language and Social Interaction, 3 de julio de 2026Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Guilt becomes thinkable: Interactional history of therapy after ambiguous loss, de Bernadetta Janusz y Anssi Peräkylä, publicado en Research on Language and Social Interaction (Taylor & Francis) (2026), doi: 10.1080/08351813.2026.2616199, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de listas; los fragmentos de transcripción y las figuras se reproducen como imágenes, en su versión original. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

una historia interaccional a través de la cual la culpa llegó a ser percibida, nombrada y tolerada

Bernadetta Janusz y Anssi Peräkylä

Resumen

Este estudio analiza la historia interaccional de una terapia de pareja tras un aborto que suscitó sentimientos de culpa que la pareja tematizó y sobre los que reflexionó a lo largo de la terapia. El estudio se centra en (1) los cambios en la organización de las secuencias mediante las cuales se aborda la culpa y (2) el cambio longitudinal en las expresiones de culpa a lo largo del proceso terapéutico. Durante las fases inicial e intermedia de la terapia, las personas participantes se aproximaron a su culpa con cautela y de forma indirecta. Hacia el final del proceso terapéutico, invocaron el tema de la culpa de manera más directa y menos cautelosa. Al comienzo del proceso terapéutico, la pareja externalizaba su culpa quejándose de que otras personas la culpaban. Más tarde, esta culpabilización externa se transformó en una intensa autoinculpación. A medida que avanzaba la terapia, la autoinculpación se volvió menos intensa, pues la pareja adoptó una postura más reflexiva ante su culpa. Los datos están en polaco.

Al implicar una serie de encuentros entre las mismas personas participantes, la psicoterapia podría ofrecer un ámbito paradigmático para el análisis longitudinal de la conversación (Deppermann & Pekarek Doehler, 2021; Pekarek-Doehler et al., 2018). El enfoque de la historia interaccional (véase Deppermann & Haddington, 2026) se aplica desde hace más de una década en los estudios de análisis de la conversación (AC) sobre psicoterapia (Voutilainen et al., 2011; Peräkylä, 2012; Bercelli et al., 2013; Muntigl, 2013; Voutilainen et al., 2018; Deppermann & Gubina, 2026). Los estudios existentes tienen un doble foco, en el tema y en la secuencia: muestran cómo cambia, a lo largo de varias sesiones, la manera en que las personas participantes hablan de un tema dado en el contexto de un tipo específico de secuencia. En el presente estudio mostramos además cómo cambia con el tiempo la organización secuencial de la conversación sobre la culpa durante el proceso de una terapia de pareja.

Identificamos un contexto secuencial recurrente de la conversación sobre la culpa. Identificar una secuencia recurrente nos permite comparar los segmentos que surgen en distintas sesiones (véase Schegloff, 1993). Además, nuestro trabajo examina las maneras en que las personas participantes remiten a sus conversaciones anteriores (véase, por ejemplo, Betz & Deppermann, 2018) y verbalizan su propia comprensión del proceso de cambio en psicoterapia. Así, nuestro estudio contribuye al conocimiento sobre las historias interaccionales al abordar tanto la cuestión de la comparabilidad como la perspectiva émica de las personas participantes (Deppermann & Pekarek Doehler, 2021).

La culpa es una emoción negativa orientada hacia uno mismo que surge cuando una persona percibe que su conducta transgrede normas morales o causa daño a otras personas (Yang et al., 2010; Yu et al., 2020). A diferencia de la vergüenza, se entiende que la culpa se centra en una conducta específica, de modo que no se generaliza como ocurre cuando se tiene una imagen negativa de todo el propio yo (Tangney & Dearing, 2002). En las pérdidas perinatales, la culpa también puede intensificar el duelo. En las madres, la culpa y el duelo suelen ser más intensos que en los padres (Duncan & Cacciatore, 2015).

Analizamos el proceso terapéutico de una pareja que decidió abortar tras unas pruebas genéticas. Examinamos el cambio en su vivencia de la culpa tal como se expresaba en su conversación. El aborto provocó una fuerte culpa en la esposa. Nuestros datos proceden de Polonia, un país con dos discursos sociales muy contrapuestos y en competencia sobre el aborto: el provida (antiaborto) y el proelección. Debido a estas visiones enfrentadas en el contexto social, el aborto tras pruebas médicas puede considerarse complicado y ambiguo.

A efectos del presente análisis, la pérdida ambigua se define como «una pérdida que permanece poco clara y sin resolución» (Boss & Yeats, 2014, p. 2), una pérdida que genera ambivalencia y ansiedad (Boss, 2022). Esta investigación se inscribe en el ámbito de la pérdida ambigua debido a la complejidad de la decisión de la madre y el padre cuando consideraron el aborto tras las pruebas genéticas, y a la incertidumbre posterior sobre si habían tomado la decisión correcta. El objetivo del trabajo terapéutico con la pérdida ambigua es desarrollar la capacidad de la pareja para albergar simultáneamente dos ideas opuestas, como que la pérdida se ha producido y que no tienen claro qué es lo que han perdido. Esto significa que comprender la propia vivencia de estados mentales posiblemente divergentes o contradictorios requiere lo que se denomina una capacidad de mentalización.

La mentalización se define como la interpretación activa que una persona hace de sus propias acciones y de las de los demás en términos de estados mentales (Allen et al., 2008; Fonagy et al., 2002). Se basa en la capacidad de observar el propio estado mental y el de otra persona, y de reflexionar sobre ellos. Una mentalización eficaz ayuda a las personas a vivir situaciones con fuerte carga emocional sin verse desbordadas por sus emociones ni bloquearlas (Slade, 2005). En los procesos terapéuticos que investigamos, un cambio clave observable a lo largo del tiempo fue el aumento de la mentalización.

Como es habitual en los estudios de análisis de la conversación, nuestro problema de investigación se formuló durante el análisis del material, guiado por los datos. Este artículo intenta determinar cómo cambia la conversación sobre la culpa a lo largo de la terapia.

Metodología

Participantes

La pareja que participó en nuestra investigación decidió abortar debido a un trastorno genético. Ambos cónyuges tenían entre 30 y 40 años y una criatura de tres años. Como la esposa presentaba síntomas de estrés traumático y atravesaba una crisis general, la pareja fue derivada al centro terapéutico. Las consultas de terapia de pareja comenzaron un mes después del aborto. Al principio, la pareja atribuyó los síntomas de la esposa a las dificultades que había encontrado con personal médico que defendía abiertamente posturas antiaborto.

La terapeuta era una mujer de casi cincuenta años. Su enfoque de la terapia del duelo se basaba en la teoría del apego. Esta orientación teórica interpreta los sentimientos ligados a la pérdida, incluido el duelo, como una forma de ansiedad de separación provocada por la ruptura de un vínculo de apego (Middleton et al., 1993). Esta terapia busca mejorar la regulación del afecto estableciendo la relación con las personas fallecidas como un objeto del self internalizado (Schore, 2015) y restaurar la mentalización para reducir la activación tanto del sistema de apego como de la respuesta traumática (Allen et al., 2008). La terapeuta es también la primera autora de este artículo. En la clínica, los procesos terapéuticos se graban en vídeo de forma rutinaria. La distancia analítica de la terapeuta respecto a los datos se vio facilitada por el breve intervalo entre la terapia y el proceso de investigación, ya que solo transcurrieron unos pocos años entre el final de la terapia y el comienzo del análisis de los datos.

Métodos

Aplicando el AC (Robinson et al., 2024), describimos la organización secuencial de la acción (por ejemplo, cómo los enunciados adyacentes responden unos a otros) y la creación de comprensiones intersubjetivas. La primera autora visionó las 16 sesiones de terapia. Reunió los segmentos que contenían referencias verbales al embarazo, a la criatura perdida y al procedimiento médico del aborto, y el resultado fue un conjunto de datos de 33 segmentos, que después se transcribieron y tradujeron. Estos segmentos eran frecuentes en la primera y la segunda sesión, y reaparecieron después en las sesiones 9 a 14 así como en la sesión 16. En las demás sesiones, la conversación de la pareja trató temas como sus familias de origen, la salud mental de la esposa y sus elecciones profesionales, y las relaciones de la pareja con sus amistades.

Tras el análisis inicial de los datos junto con quien firma en segundo lugar, la primera autora subtituló en inglés 26 segmentos, que ambas personas firmantes analizaron después de forma intensiva. La selección conjunta final de los segmentos que se iban a analizar respondió a nuestro foco analítico: las referencias a un feto, al embarazo o a una criatura en el contexto de la culpabilización, el castigo o la culpa. Como es típico en los estudios de análisis de la conversación, el análisis fue inductivo. El problema de investigación final se fue construyendo gradualmente a lo largo del proceso analítico.

La etapa inicial del análisis fue longitudinal. Para ello, comparamos segmentos de distintas fases de la terapia y descubrimos que la conversación sobre su culpa se transformaba gradualmente. Durante la segunda etapa, el análisis fue secuencial: investigamos cómo surgía la culpa como tema y cómo se transformaba dentro de cada segmento. La tercera etapa del análisis fusionó los enfoques secuencial y longitudinal, al explorar cómo se transformaba durante la terapia la organización secuencial de la conversación sobre la culpa junto con su contenido temático.

Pese al marco de participación triádico de las sesiones de terapia de pareja, este análisis se centra en la transformación de la culpa de la esposa, porque tanto la intensidad de su culpa como su transformación fueron más profundas. Sin embargo, no diferenciamos analíticamente entre los dos miembros de la pareja. Así, cuando el marido contribuía activamente a la sesión (como en el fragmento 1), consideramos a la pareja como una sola unidad. Este estudio fue aprobado por el Comité de Ética de la Investigación del Jagiellonian University Medical College (decisión n.º 118.0043.1.128.2024). Las personas participantes dieron además su consentimiento informado por escrito para el uso de los datos en este estudio.

Resultados

Comenzamos presentando una visión de conjunto de nuestros resultados y pasamos después a un análisis detallado de casos que muestran la dinámica resumida en esa visión de conjunto. Durante la terapia, la transformación de la conversación sobre la culpa afectó tanto a la organización secuencial de la conversación como a su contenido. Observamos que en las nueve primeras sesiones (de 16), la conversación sobre la culpa seguía un patrón de cuatro pasos secuenciales, que se describe en la tabla 1. A partir de la novena sesión, la conversación incorporó formas secuenciales más diversas. En cuanto al contenido, la pareja habló primero de otras personas que la culpaban por el aborto y pasó después a una fuerte posición de autoinculpación. Finalmente, hacia el final de la terapia, la pareja adoptó una posición en la que aceptaba y mentalizaba los conflictos morales y existenciales, así como la culpa que se derivaba de su decisión de abortar.

Tabla 1 — El patrón secuencial de la conversación sobre la culpa en las nueve primeras sesiones

  • Acción previa. Manifestación de malestar por parte de la pareja, legible como culpa: conversación sobre el embarazo y las decisiones, interpretable como derivada de una culpa subyacente.
  • Intervención de la terapeuta. Pregunta desambiguadora de la terapeuta: pone en primer plano los aspectos de la vivencia de la pareja potencialmente ligados a la culpa que pueden leerse en su conversación previa.
  • Respuesta. Expresión de culpa por parte de la paciente
  • Tercera posición. Respuesta mentalizadora de la terapeuta: indagación de la dinámica de la culpa

En la tabla 1 resumimos los aspectos clave de nuestros resultados: el patrón secuencial que facilitó la conversación sobre la culpa en las nueve primeras sesiones.

A continuación presentaremos seis fragmentos de nuestros datos que muestran cómo el proceso terapéutico transforma la representación de la culpa. Los tres primeros fragmentos siguen el patrón secuencial descrito en la tabla 1 (sesiones 1 a 9), mientras que los tres últimos presentan patrones secuenciales más diversos (sesiones 9 a 16).

Comienzo del proceso: la culpa se externaliza

Durante la primera sesión, la pareja habló de cómo se sentía condenada por otras personas por haber abortado. También criticó al personal sanitario por no haberle ofrecido la ayuda que habría necesitado. Al comienzo del fragmento 1, el marido afirma que siente que nadie considera justificada su decisión. En el fragmento, las cuatro fases de la conversación sobre la culpa están separadas por subtítulos. Para la transcripción se adoptan los símbolos estándar de transcripción jeffersoniana (Jefferson, 2004), complementados con las anotaciones de acciones corporales de Mondada (2018). Además, las líneas objeto de análisis van acompañadas de glosas.

Fragmento 1 [sesión 1].
Figura. Fragmento 1 [sesión 1].
(continuación)
Figura. (continuación)

Fase 1: una manifestación de malestar legible como culpa. En las líneas 01–06, el marido se queja del dolor que le causó la condena de su decisión y termina su enunciado afirmando: «al fin y al cabo no hemos hecho nada malo» (línea 6). Con esta aserción formulada en negativo, el marido contrarresta posibles afirmaciones de que sí han hecho algo malo. Su defensa puede leerse como reflejo de su posible culpa.

Fase 2: pregunta desambiguadora de la terapeuta. Mediante una pregunta dirigida a ambos cónyuges en las líneas 09–11, la terapeuta intenta explorar con cautela lo que podía implicar el malestar descrito por el marido. Se refiere a la reacción de la pareja ante las presiones sociales como «tanta incertidumbre» (líneas 11–13) y se alinea cuidadosamente con la afirmación del marido de no haber hecho nada malo («que ustedes no lo sientan así»; líneas 10–11).

Fase 3: expresión de culpa por parte de la paciente. En respuesta a la pregunta de la terapeuta, la esposa toma el turno con una inspiración (línea 12). El enunciado propiamente dicho comienza en la línea 14, inmediatamente después de que la terapeuta termine su pregunta. El marido responde con un chasquido en la línea 15, pero cede el turno. La descripción de la terapeuta de tanta incertidumbre (línea 13) parece reconocerse de inmediato como dirigida a la esposa, ya que ella responde con una repetición en la línea 14 y produce un largo relato en el que caracteriza las fuentes de la incertidumbre (líneas 14–39). Yuxtapone a las personas cercanas, que no cuestionan la decisión de la pareja (líneas 14–17), y la sensación de una amenaza procedente de muchas direcciones: que alguien pudiera decirle que era un monstruo (líneas 24–27).

La palabra «monstruo» surge tras una búsqueda (indicada por las vocalizaciones vacilantes de la línea 27), y su prosodia —un contorno entonativo alto-bajo y el alargamiento de las vocales— parece transmitir que calificar a la esposa de monstruo no es más que una de las maneras posibles de describir el posible mensaje de esas otras personas sin nombre. La manera en que la esposa pronuncia «monstruo» tiene cierta ligereza: no se toma en serio esta acusación cuando habla de ella. La esposa continúa después su relato de la culpabilización, caracterizándola como una presión persistente, como si alguien estuviera todo el tiempo sentado sobre sus hombros (línea 38).

Fase 4: respuesta mentalizadora de la terapeuta. En su respuesta en tercera posición, la terapeuta indaga la dinámica de la vivencia de la esposa preguntándole, en las líneas 40 y 42, si empezó a sentir ansiedad solo después de su regreso a Polonia. De este modo, la terapeuta se orienta hacia la ansiedad de la pareja como un estado mental subjetivo que tiene su propio curso temporal (Allen et al., 2008).

Una intensa autoinculpación

En la sesión 2, la culpa se construyó de otro modo: en la conversación de la esposa surgió una intensa autoinculpación. Esto ocurrió hacia el final de la sesión, como muestra el fragmento 2. Su fuerte exclamación de culpa en la línea 56 («soy un MONSTRUO») es el punto final de su descripción de la relación sensorial entre ella y su bebé no nacido, coconstruida por la esposa y la terapeuta. En este fragmento, el signo @ indica una voz llorosa, es decir, una cualidad de la voz que indica que la persona está al borde del llanto; «shih» indica lo que Hepburn (2004) denominó un resoplido nasal («snorty sniff»), y «skuh» corresponde a un sorbido húmedo.

Fragmento 2 [sesión 2].
Figura. Fragmento 2 [sesión 2].
(continuación)
Figura. (continuación)
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Figura. (continuación)

Fase 1: una manifestación de malestar legible como culpa. Inmediatamente antes de este segmento, las personas participantes estaban hablando de la intensa tristeza del marido cuando se produjo la expulsión del feto muerto. La esposa sugiere que el marido se despidió entonces del bebé y precisa que ella se había despedido antes, cuando el bebé dejó de moverse en su vientre (línea 2).

En respuesta a las preguntas de la terapeuta (línea 7), la esposa confirma que los movimientos del feto cesaron en el hospital, tras la administración de la medicación que induce el aborto. En las líneas 18–31, la esposa vuelve a la diferencia entre su propia vivencia y la de su marido en el momento de la expulsión del bebé, y expresa que para ella «era solo cosa del cuerpo», mientras que para él «era cosa de la mente» (línea 19).

Parece haber cierta ambigüedad en la descripción que la esposa hace de su propia vivencia. Por un lado, la caracteriza como indiferente («solo cosa del cuerpo», líneas 18–19) y, por otro, la describe como abrumadora («mi mente ya no funcionaba entonces», líneas 21–22). En las líneas 28 y 30, señala que el marido no tuvo contacto físico con el bebé (es decir, no lo sintió). En otras palabras, da a entender su propia vivencia de sentir al feto, así como de sentir el cese de los movimientos del bebé (véase la línea 2) mientras estaba en su vientre.

Fase 2: pregunta desambiguadora de la terapeuta. En la línea 33, la terapeuta se centra en el enunciado de la esposa y desplaza el foco del marido a la esposa. Con el inicio de turno «o sea, se podría decir», presenta su enunciado como una formulación, una inferencia a partir de lo que la esposa ha dicho antes (cf., Antaki, 2008); a continuación, señala que la esposa lo sintió «a él» (el bebé no nacido) más (línea 33) que su marido. Mediante esta formulación, la terapeuta explicitó lo que implicaba el enunciado de la esposa.

Tras repetir lo que el marido había dicho justo antes del fragmento sobre «despedirse» (líneas 34–35), la terapeuta observa de forma bastante vacilante (con la construcción en subjuntivo «podría ser») que podría haber una conexión entre la vivencia del marido (despedirse de alguien a quien no conocía) y la vivencia de la esposa de sentir más a su bebé (línea 33). Al enunciado de la terapeuta le sigue un largo silencio (línea 38) y una profunda inspiración de la esposa (línea 39), que posiblemente muestra el procesamiento cognitivo o emocional de la afirmación de la terapeuta.

Fase 3: expresión de culpa por parte de la paciente. Finalmente, la esposa responde en la línea 40 diciendo: «Bueno, sí, bueno, porque nos sentíamos el uno al otro». Colabora así con la reorientación que hace la terapeuta de la conversación hacia la vivencia sensorial que la esposa tuvo del bebé no nacido; pero, mediante las referencias personales «nos» y «el uno al otro», introduce también la vivencia del bebé en el mundo referencial.

Tras una conversación intermedia en la que reflexionó sobre la incapacidad biológica del feto para sentirla (datos no mostrados), la esposa volvió en la línea 64 al tema de sentirse mutuamente, aludiendo ahora al carácter traumático (línea 66) de esa vivencia. Crea un contraste entre la intimidad física (sentirse mutuamente) y el conocimiento anticipado de las consecuencias de su decisión («no va a nacer»; línea 67). La fuerte emoción negativa que suscita este contraste se transmite, por ejemplo, por el volumen alto de la voz de la esposa al pronunciar «NO VA A NACER» (línea 67), así como por la repetición rítmica de la expresión de la línea 68 «TODO TODO el tiempo» (cf., Setting, 1994). La esposa se refiere a esta vivencia diciendo que es una «pesadilla», palabra que pronuncia dos veces (línea 68).

Tras una breve pregunta aclaratoria (línea 72) y una respuesta breve («sí», línea 53), la esposa concluye describiendo su vivencia de pesadilla mediante la expresión dramatizadora de la culpa «que soy un monstruo» (línea 73). Su voz se vuelve llorosa y niega con la cabeza. Cuando afirma que es un monstruo (línea 73), utiliza como autocategorización el mismo sustantivo que había empleado en el fragmento 1 al describir cómo podrían categorizarla otras personas (véase el fragmento 1, línea 19). El reciclaje del sustantivo indica la continuidad entre ambas sesiones, que implica al menos una similitud en las emociones y en su formulación, si no la conciencia de estar reinvocando una categorización anterior.

Fase 4: respuesta mentalizadora de la terapeuta. La terapeuta responde a la exclamación de la esposa pidiéndole que confirme que se sentía así (línea 75). Esta petición específica de confirmación parece producirse para animar a seguir hablando, pero la pregunta transmite también un cambio de perspectiva epistémica. Así, mientras la esposa relata la vivencia de pesadilla de que es un monstruo (línea 73), la terapeuta pone en primer plano el carácter subjetivo de esa vivencia, es decir, que la esposa sintió algo.

El ritmo lento y el volumen bajo de las líneas 75 y 80 contribuyen a la impresión de que la terapeuta habla con calma, transmitiendo posiblemente un esfuerzo por calmar a la esposa. Al responder, la esposa adopta la perspectiva epistémica subjetivada, pasando de «ser» a «sentirse como» (línea 76). En las líneas 80–81, la terapeuta indaga el origen de la vivencia de la esposa preguntándole si ese sentimiento era algo que ella misma había empezado a sentir o si procedía de lo que decían otras personas.

Esta pregunta refleja la orientación de la terapeuta hacia la historia interaccional: invoca de forma observable la conversación de la sesión anterior (véase el fragmento 2, en el momento en que la categoría monstruo se presentó como procedente de la manera en que otras personas juzgaban a la esposa). Al responder que no está segura (línea 82), la esposa parece adoptar una posición de no saber más mentalizada; está abierta a aceptar la posibilidad de que el sentimiento pueda surgir de ella misma. Esto indicaría un cambio importante en su vivencia de la culpa, es decir, una transformación desde la vivencia de ser culpada por otras personas hasta el reconocimiento de su propia autoinculpación.

Hacia una postura más reflexiva ante la culpa

Durante las sesiones 3 a 8, la pareja habla repetidamente de sus autoacusaciones y de sus vivencias de ser culpada por otras personas. Sin embargo, la palabra «culpa» no se pronuncia hasta la sesión 9. Aproximadamente a mitad de esa sesión, la esposa pregunta a la terapeuta qué podría suponer estar curada. Durante su larga respuesta, la terapeuta anima a la pareja a explorar sus pensamientos y fantasías asociados a sus elecciones en torno al aborto diciendo: «eso puede suscitar sentimientos distintos y creo (…) que ya no están ustedes en lucha con los médicos polacos ni con el Estado polaco ni con nadie que les obligue a seguir defendiendo su decisión».

Al referirse a los «médicos polacos» y al «Estado polaco», la terapeuta alude a la conversación de la primera sesión (fragmento 1), en la que la pareja se quejaba de tener que defenderse frente a quienes la culpaban. Como muestra el fragmento 3, líneas 01–04, la terapeuta prolonga su enunciado planteando una pregunta retórica sobre si la esposa podría alcanzar una sensación de seguridad que le diera libertad para reflexionar sobre su decisión.

Fragmento 3 [sesión 9].
Figura. Fragmento 3 [sesión 9].
(continuación)
Figura. (continuación)
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Figura. (continuación)

A la intervención de la terapeuta en las líneas 01–04 le sigue un silencio de 4 segundos en la línea 05. La terapeuta continúa después su intervención (líneas 06–08) diciendo que no se sabe si esa seguridad para compartir pensamientos sobre la decisión de la esposa acabará conduciendo a la curación, pero que lo principal es alcanzar una libertad interior.

Sigue un largo silencio, durante el cual la esposa respira de forma audible (líneas 09–13). Finalmente, en la línea 14, la esposa inicia un turno. En lugar de abordar la libertad interior en un plano general, describe sus sentimientos. Con un enunciado algo complejo, observa que su rabia contra su destino tiene dos caras: la primera, más simple, se refiere al hecho de que su criatura estaba enferma, y la segunda, a haber tenido que decidir abortar (líneas 14–21). Al describir la otra cara, la esposa detiene el avance de su enunciado en la línea 19. Tras el marcador de recepción de la terapeuta (línea 20) y una pausa de 3 segundos (línea 21), la esposa reinicia su enunciado afirmando que quizá también esté enfadada sobre todo por haber tenido que tomar la decisión (de abortar).

La terapeuta recibe las reflexiones de la esposa con una señal de continuidad (línea 24) y de nuevo se produce un largo silencio. Este silencio se rompe con la inspiración de la esposa (línea 26) y su espiración (línea 28). Estas perturbaciones prolongadas y excesivas en el habla de la esposa indican a la vez la lucha y lo laborioso que resulta abordar la delicada cuestión de sus decisiones (Lerner, 2013). Por último, en la línea 30, la esposa afirma que posiblemente alberga «cierto sentimiento de culpa» por haber tomado la decisión. La terapeuta recibe esta revelación de culpa con un «mm-hm» pronunciado suavemente (línea 31; la cualidad de la voz se indica con signos @), y la esposa continúa entonces afirmando que la culpa podría provocar su ansiedad ante la posibilidad de tener una segunda criatura (líneas 33–35).

El segmento anterior es el primer momento del proceso terapéutico en que el tema de la culpa se enuncia explícitamente. Surge durante el turno de varias unidades de la esposa, un habla autorreflexiva pero emocional y laboriosa, que se produce secuencialmente como respuesta a la larga intervención de la terapeuta, en la que esta anima a la esposa a reflexionar libremente sobre sus pensamientos relacionados con su decisión. Tras la revelación de la culpa, la esposa continúa con el tema de un posible embarazo posterior, aludiendo a la posibilidad de que su próxima criatura no estuviera sana. La parte final de esa conversación se presenta en las líneas 01–02 del fragmento 4.

Fragmento 4 [sesión 9].
Figura. Fragmento 4 [sesión 9].
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Figura. (continuación)

Fase 1: una manifestación de malestar legible como culpa. En el contexto de la conversación previa, la expresión idiomática de la esposa —traducida aquí como «no se puede escapar del destino» (línea 1)— alude a la posibilidad de tener otra criatura con un trastorno congénito. La esposa continúa en la línea 2 expresando resignación («para qué»). Su turno termina con un sonido alargado y un contorno entonativo plano, que sugieren continuación. Tras la señal de continuidad de la terapeuta (línea 3), la esposa sorbe, pronuncia «pero» y vuelve a sorber, pero no continúa su enunciado (línea 4).

Tras otra señal de continuidad de la terapeuta (línea 6), la esposa permanece en silencio y luego suspira de forma audible (línea 8). Su malestar o su dificultad para encontrar las palabras con que expresar sus preocupaciones se transmiten mediante la interrupción de su enunciado, los suspiros y los sorbidos. La esposa expresa la preocupación de que las cosas no vayan bien en un posible próximo embarazo. Aunque no articula las razones por las que anticipa que algo malo va a ocurrir, lo dice sobre el telón de fondo de sus reflexiones anteriores acerca de su culpa, que produce su ansiedad ante la idea de volver a quedarse embarazada (fragmento 3, líneas 31–33).

Fase 2: pregunta desambiguadora de la terapeuta. Planteando una pregunta que transmite a la vez una formulación (p. ej., Antaki, 2008; Weiste & Peräkylä, 2013) y una interpretación (véase Bercelli et al., 2008), la terapeuta vuelve a lo que la esposa dijo en la línea 1, sugiriendo primero que el fatalismo de la esposa puede ser consecuencia de que se siente culpable (líneas 10–11) y proponiendo después que la esposa puede esperar ser castigada (línea 13). Al vincular culpa y destino, la terapeuta reinvoca así los temas de la culpa y de la ansiedad ante el embarazo que la esposa había revelado unos momentos antes (fragmento 3, líneas 31–33). La terapeuta intensifica además estos temas al introducir la idea de castigo.

Fase 3: expresión de culpa por parte de la paciente. La esposa empieza a asentir intensamente cuando la terapeuta llega al final de la primera cláusula de su pregunta con la palabra «culpable» (winna, línea 11). La esposa sigue asintiendo durante toda la elaboración de la terapeuta (línea 12), su reformulación de la pregunta (línea 14) y el silencio que sigue (línea 15). Durante este silencio, las comisuras de la boca y las cejas de la esposa muestran rasgos de llanto, que comienzan con la palabra «castigo» (kara) en la línea 13. El asentimiento continuo de la esposa transmite la confirmación de lo que la terapeuta ha sugerido sobre la culpa y el castigo (líneas 10 a 13). Al confirmar asintiendo enfáticamente en lugar de hacerlo verbal o vocalmente, la esposa parece considerar el tema en discusión como algo indecible.

En la línea 18, la esposa toma el turno. Con su enunciado, producido en un tono extremadamente agudo y con voz de llanto, confirma y desarrolla lo que la terapeuta sugirió entre las líneas 10 y 14, revelando que no puede detener los sentimientos que la terapeuta describió. Al caracterizar su relación con sus sentimientos (no puede detenerlos), la esposa, como hablante, se distancia de sus sentimientos propiamente dichos. Esta distancia constituye una incipiente postura mentalizadora ante la culpa.

Tras los marcadores de recepción de la terapeuta (líneas 19 y 20), la esposa amplía su enunciado con un incremento en las líneas 22 y 23 en el que formula los sentimientos (ser una «persona terrible» que hizo una «cosa terrible»). La cualidad de su voz sigue siendo llorosa; las palabras que expresan su autoinculpación están marcadas por un tono agudo (líneas 22 y 23). La esposa formula ahora las fuentes de su culpa y del castigo esperado: sus carencias extremas. Sin embargo, por otro lado, mediante el atenuador jakimś, jaka («algo así como») en las líneas 22 y 23, expresa que las categorías persona terrible y cosa terrible podrían no ser plenamente aplicables, sino más bien aproximaciones a lo que vive.

Fase 4: respuesta mentalizadora de la terapeuta. En la conversación ordinaria, la autoinculpación haría pertinente un acuerdo o un desacuerdo, siendo este último la opción preferida (Speer, 2019). La terapeuta, sin embargo, recibe la afirmación autoinculpatoria de la esposa en la línea 24 pidiendo una confirmación. Así, en lugar de mostrar acuerdo o desacuerdo, la petición de confirmación de la terapeuta se centra explícitamente en cómo piensa la esposa sobre sí misma. La terapeuta refuerza la postura mentalizadora que había surgido en el turno anterior de la esposa reformulando «ser algo así como una persona terrible» (la autodescripción de la esposa en la línea 22) como «tener esos pensamientos sobre usted misma» (línea 24). Cuando la terapeuta no reformula el contenido concreto de los sentimientos autoacusatorios de la esposa, sino que se refiere a ellos como «esos pensamientos», la pregunta ya no trata de si la esposa es o no un monstruo, sino que se centra en sus pensamientos. La esposa confirma asintiendo (líneas 24–25), tras lo cual la terapeuta pregunta si los pensamientos se han vuelto ahora más intensos (línea 26). La esposa responde primero negativamente —dando a entender así que lleva algún tiempo sintiendo que es un monstruo— y formula después su falta de voluntad de hablar de esos pensamientos porque son «totalmente inútiles» (línea 28).

La transformación de la culpa, tal como se observa en los tres fragmentos, se resume en la figura 1, especialmente en la fila 3, que muestra la transformación de la expresión de la culpa en la pareja a lo largo del tiempo. En el fragmento 1, la acusación se atribuye a otras personas; en el fragmento 2, la autoinculpación se expresa de forma no atenuada y emocional; el fragmento 4 presenta una fuerte autoinculpación expresada en el marco de una mentalización incipiente. Además, las expresiones de culpa de la pareja están arraigadas en sus contextos secuenciales. La expresión de la culpa es una respuesta a las preguntas desambiguadoras de la terapeuta (fila 2 de la tabla 1), que a su vez responden a la conversación previa de la pareja sobre el malestar que siente por el aborto (fila 1 de la tabla 1).

La transformación de la conversación sobre la culpa en los fragmentos 1, 2 y 4.
Figura 1. La transformación de la conversación sobre la culpa en los fragmentos 1, 2 y 4.

Es importante señalar que la conversación sobre el malestar es diferente en los tres fragmentos. En el fragmento 1, el marido se defiende de la culpa que, según percibía, otras personas les atribuían, mientras que en el fragmento 2 la esposa describe la falta de relación sensorial del marido con el feto abortado, en contraste con su propia vivencia de llevarlo en su vientre. Por último, en el fragmento 4, la esposa alude al temible «destino» que proyecta una sombra ominosa sobre su posible futuro embarazo.

Las preguntas desambiguadoras de la terapeuta tratan los relatos previos como si hubieran implicado tres factores que siguen sin explicitarse. El primero es el sentimiento de incertidumbre causado por las actitudes de otras personas (fragmento 1). El segundo es la estrecha conexión sensorial de la esposa con el bebé no nacido (fragmento 2). El tercero es su expectativa de ser castigada (fragmento 4). Al articular y explicar estas cuestiones, la terapeuta invita a la pareja a reflexionar sobre sus vivencias relacionadas con la culpa. La pareja responde a su invitación expresando directamente su vivencia de ser culpada o de ser culpable. Mediante sus intervenciones mentalizadoras (fila 4), la terapeuta transforma las aserciones de la paciente en atribuciones de procesos o estados mentales a la paciente. Hemos mostrado cómo la paciente adoptó la perspectiva mentalizada que le ofrecía la terapeuta. En el fragmento 2, esto ocurre al permitir a la pareja asumir una postura de no saber, mientras que en el fragmento 4 la perspectiva mentalizadora se refleja en que la esposa expresa su preferencia por no hablar de una culpa omnipresente. Resumiendo la organización interaccional representada en la figura 1, puede verse que las descripciones de las vivencias relacionadas con la culpa se transforman tanto localmente, dentro de la secuencia, como longitudinalmente, a lo largo de las sesiones (cf., Peräkylä, 2019).

La culpa reconocida y aceptada

Un punto de inflexión en la conversación sobre la culpa se produce en la sesión 9, de la que procede el fragmento 4. Después de que la esposa admita la omnipresencia de la culpa en su mundo mental (véase el fragmento 4), su culpa se aborda de forma abierta y directa, de modo que ya no es necesaria la entrada cautelosa y escalonada en la conversación sobre la culpa. Las personas participantes cambian asimismo su manera de hablar de la culpa, a medida que muestran cada vez más su aceptación de su carácter inevitable. Este cambio puede considerarse, de hecho, un resultado de la interacción terapéutica.

A continuación presentamos tres fragmentos que ilustran el cambio que se produjo durante su terapia de pareja. El cambio implica nuevas percepciones, comprensiones y procesos emocionales asociados a la culpa, tal como se expresan en la conversación de la pareja. En estos fragmentos, las personas participantes muestran también su conocimiento del proceso de su propio cambio.

El fragmento 5 forma parte de la conversación de cierre de la sesión 9, de la que procede el fragmento 4. Este resumen incluye el estímulo de la terapeuta, dirigido principalmente a la esposa, a reconocer y aceptar sus sentimientos de culpa. La terapeuta subraya la universalidad de la culpa y su peso en esta familia. Cuando la esposa responde por fin, transmite que el comentario de la terapeuta le ha dado una nueva comprensión.

Fragmento 5 [sesión 9].
Figura. Fragmento 5 [sesión 9].
(continuación)
Figura. (continuación)

En las líneas 01–04, la terapeuta se refiere a «nosotros» como quienes se vuelven culpables. Al dar a entender que todo el mundo es culpable, la terapeuta invita a la esposa a incluirse entre quienes son culpables. La partícula final nie puede traducirse en este contexto como «¿verdad?» en la línea 04, y esto deja inequívocamente claro que la terapeuta busca la respuesta de la esposa. Sin embargo, la esposa permanece en silencio (véase la línea 05) y suspira de forma audible (línea 06); durante su silencio y su suspiro, mira a la terapeuta. La terapeuta responde a la falta de respuesta verbal de la esposa con una salvedad en las líneas 07–09 (datos no mostrados). Durante la extensa respuesta de la esposa (líneas 11–18), esta se muestra de acuerdo, con vacilación, y desarrolla el comentario de la terapeuta. La esposa transmite que la comprensión de la culpa que ha sugerido la terapeuta es distinta de la suya hasta entonces: para ella, la culpa había sido algo así como una cuestión judicial (línea 14), mientras que la terapeuta sugiere ahora otra perspectiva, una culpa que se opone a la inocencia e implica muchos aspectos y elecciones de la vida (líneas 14–15, 18). La esposa señala que esta nueva comprensión de la culpa no resta importancia a su gravedad, pero cambia la carga que el sentimiento de culpa le impone. Concluye su elaboración en la línea 23 volviendo a lo que había planteado en la línea 11: antes no había concebido la culpa de esta manera.

El fragmento 6, tomado de la sesión 10, muestra con más claridad esta nueva manera de hablar. Al comienzo de la sesión, la esposa afirma que la conversación sobre la culpa de la sesión anterior se le había quedado en la cabeza. Poco antes del fragmento, la terapeuta preguntó si la culpa podía seguir alimentando el miedo de la esposa a un próximo embarazo. Tras la confirmación de la esposa, la terapeuta pregunta si la pareja comparte un sentimiento de culpa o si solo la esposa siente culpa. La esposa señala con bastante firmeza que solo ella la siente. A continuación, emprende una descripción reflexiva de su culpa, cuya parte principal se presenta más abajo. Las personas participantes pueden hablar ahora de la culpa con naturalidad, sin la cautelosa secuencia preparatoria descrita en los fragmentos 1, 2 y 4.

Fragmento 6 [sesión 10].
Figura. Fragmento 6 [sesión 10].

La esposa describe dos vivencias completamente distintas: la aceptación de su decisión de abortar y su culpa como madre. Al construir el conflicto entre ambas vivencias, la esposa subraya los dos polos: aunque es «plenamente consciente» (línea 01) de estar de acuerdo con su decisión, la «culpa de madre» está ahí po prostu («simplemente», línea 03).

Tras los marcadores de recepción de la terapeuta (líneas 04, 05), la esposa sigue reflexionando (datos no mostrados). En las líneas 30–32, la esposa resume estas reflexiones, formulando de nuevo los motivos de su culpa: «algo ha ocurrido en contra de este curso natural y yo fui agente de ello». Así, la esposa define los motivos concretos de su culpa (véase Tangney & Dearing, 2002), sin extenderla ya a todo su yo (como hacía en el fragmento 2 al afirmar que es «un monstruo» y «una persona terrible»).

Tras su marcador de recepción y un silencio de 10 segundos, la terapeuta produce una valoración optimista de lo que la esposa acaba de decir, apreciando su capacidad de nombrar y describir cómo vive la culpa (líneas 35–36). La terapeuta transmite así aceptación e incluso aliento, que responden de forma observable a la postura autocrítica transmitida por lo que la esposa había dicho antes. La esposa recibe la apreciación de la terapeuta asintiendo (líneas 36 y 37) y diciendo «mm-hm» (línea 38). Sin embargo, como muestra el fragmento 7, solo tras otro silencio de 10 segundos toma la esposa el turno en la línea 40 y desarrolla su respuesta a la valoración de la terapeuta. Describe la transformación gradual de su culpa, no solo creando su propia descripción metafórica de este proceso, sino también ilustrándola con sus gestos.

Fragmento 7: sesión 10; continuación directa del fragmento 5.
Figura. Fragmento 7: sesión 10; continuación directa del fragmento 5.

En las líneas 40–41 y 43–44, la esposa responde a la apreciación que la terapeuta hace de su reflexión sobre la culpa afirmando que «solo ahora» ha empezado a reconocerla (línea 40), aunque se ha ido desarrollando en ella «con el tiempo» (línea 41) y «poco a poco» (línea 43). La esposa describe entonces metafóricamente este proceso, en las líneas 43 y 44, como uno en el que «se van abriendo estas tapas superpuestas». Con sus gestos, representa el proceso (figuras 2 a 5): al pronunciar las palabras «estas superpuestas» (te kolejne), muestra con las manos una especie de cubierta o tapa (figura 2) y la abre (figura 3). Repite este gesto de apertura con mayor amplitud al pronunciar la palabra tapas (figuras 4 y 5). En la línea 49, reformula su descripción del cambio que se produce en ella observando: «poco a poco, en algún lugar dentro de mí, se va nombrando». Aunque el enunciado de la esposa es indicativo de su percepción mental del cambio y de su capacidad de verbalizarlo, describe también su vivencia a lo largo de todo el proceso terapéutico, que es una historia interaccional a través de la cual la culpa llegó a ser percibida, nombrada y tolerada.

Véase la línea 44 del fragmento 7.
Figura 2. Véase la línea 44 del fragmento 7.
Véase la línea 44 del fragmento 7.
Figura 3. Véase la línea 44 del fragmento 7.
Véase la línea 44 del fragmento 7.
Figura 4. Véase la línea 44 del fragmento 7.
Véase la línea 44 del fragmento 7.
Figura 5. Véase la línea 44 del fragmento 7.

Conclusión

Este análisis ha presentado una transformación en la conversación de las personas participantes sobre la culpa durante el proceso de una terapia de pareja tras un aborto. Nuestro análisis pone de relieve tres facetas de este cambio: el contexto referencial de la culpa, la expresión interaccional de la culpa y la secuencia en la que se produce la conversación sobre la culpa. Los resultados se resumen en la tabla 2.

Tabla 2 — Transformación del contexto referencial, de la expresión y de la secuencia.

  • Transformación del contexto referencial. Culpa externalizada – > Autoinculpación intensa – > Autoinculpación mentalizada – > Aceptación del conflicto que genera culpa
  • Transformación de la expresión. Distanciamiento de la emoción – > Desbordamiento de la emoción – > Emoción regulada
  • Transformación de la secuencia. Tematización escalonada de la culpa – > Tematización directa de la culpa

En este estudio, como en estudios anteriores sobre las historias interaccionales en psicoterapia (véase Voutilainen et al., 2018), seguimos un hilo temático (Schegloff, 2007) a lo largo de varias sesiones terapéuticas. Exploramos la transformación de la comprensión que la paciente tenía de un tema emocionalmente significativo durante la terapia. En los estudios anteriores, el tipo de contexto secuencial en el que se producía la evolución temática seguía siendo el mismo (Voutilainen et al., 2011). En cambio, en nuestro trabajo mostramos un cambio en la organización secuencial de la conversación sobre un mismo tema, desde una aproximación escalonada y cautelosa a la culpa hasta su tematización abierta. En la primera mitad del proceso terapéutico, la trayectoria de la conversación sobre la culpa se iniciaba con la conversación de la pareja, que podía leerse como relacionada con la culpa pero no la expresaba ni la abordaba abiertamente. La terapeuta respondía a esta conversación planteando preguntas desambiguadoras, que invitaban a respuestas en las que afloraba la vivencia relacionada con la culpa. Estas respuestas implicaban la liberación de emociones intensas; durante la última parte del proceso terapéutico, las personas participantes abordaron su culpa de forma más directa. La terapeuta podía entonces introducir el tema de la culpa en sus preguntas sin trabajo preparatorio, y la esposa tendía a hablar de ella por iniciativa propia. Parece que la estructura secuencial que facilitaba la conversación sobre la culpa en la primera mitad de las sesiones de terapia ya no era necesaria.

En la historia interaccional que hemos descrito, la terapeuta facilitó la expresión de la culpa, primero mediante intervenciones cautelosas que conducían a desambiguar la culpa y, hacia el final del proceso, abriendo el diálogo sobre las distintas dimensiones de la pérdida y sobre la relación de la madre y el padre con su decisión. Por tanto, una parte clave del proyecto terapéutico no solo favoreció que la culpa se expresara más abiertamente, sino que también permitió a la pareja reconocer los aspectos distintos y conflictivos de su vivencia.

Este análisis ha mostrado también cómo las respuestas mentalizadoras de la terapeuta a las expresiones de culpa de la pareja calmaron a la paciente y, en consecuencia, le permitieron adoptar una postura más reflexiva ante su culpa. La organización escalonada de la conversación sobre la culpa parece contribuir a lo que Asen y Fonagy (2021) denominaron «mentalización equilibrada». Consideraban importante la alternancia entre la mentalización cognitiva y la emocional. En la parte inicial de la historia interaccional, la mentalización equilibrada de la culpa se logró mediante dos desplazamientos. El primero fue de afirmaciones generales con fuerte carga emocional sobre el mundo o sobre uno mismo (la manifestación de malestar de la pareja, legible como culpa) a emociones nombradas abiertamente (la expresión de culpa por parte de la paciente). El segundo fue de las emociones a las reflexiones (de la expresión de culpa por parte de la paciente a la respuesta mentalizadora de la terapeuta y a la conversación de la paciente que esta suscita). Esta organización escalonada de la conversación sobre la culpa facilitó desplazamientos dinámicos entre emociones y cognición. Como consecuencia, se logró una manera más integrada de afrontar la culpa.

La estructura secuencial de la conversación y los cambios longitudinales están entrelazados de forma inseparable. Desde una perspectiva más general de historia interaccional, sugerimos que establecer un tema, que puede ser delicado o aterrador, como pertinente para un conjunto concreto de participantes en un tipo específico de encuentro permite abordar ese tema de forma más directa y menos cautelosa en las interacciones posteriores.

Aunque la terapia de pareja implicaba a dos personas consultantes, nuestro análisis de los datos se centró predominantemente en una de ellas: la esposa. Ello se debió a que la expresión de su culpa y de su duelo era claramente más marcada que la del marido. En general, se considera que la reacción de duelo de una madre, debido a su vínculo físico con la criatura perdida (Watson et al., 2019), es más intensa que el duelo del padre (cf., Duncan & Cacciatore, 2015). No obstante, en estudios futuros esperamos seguir de forma longitudinal la coordinación de la actuación interaccional de ambos cónyuges.

Nuestro estudio contribuye también al análisis de las emociones en la conversación. Los estudios anteriores sobre la emoción en la interacción (véase Robles & Weatherall, 2021) han adoptado por lo general un diseño «sincrónico»: explorar la organización interaccional de las manifestaciones emocionales tal como surgen en momentos concretos. Al igual que Heritage y Lindström (2012), adoptamos la perspectiva de la historia interaccional para describir el cambio de una emoción a lo largo del tiempo.

También es importante reconocer que la culpa no se ha abordado en los estudios de AC anteriores sobre las emociones. Mediante el AC, mostramos que la expresión de la culpa en la pareja cambió a lo largo de la historia interaccional. Al comienzo del proceso terapéutico, lo que expresaban estaba más cerca de la vergüenza que de la culpa, en la medida en que la pareja albergaba una imagen negativa generalizada de todo su yo, codificada en autoatribuciones como monstruo y persona terrible. Hacia el final del proceso, el foco de la autoatribución negativa se desplazó hacia una acción específica (cf., Tangney & Dearing, 2002) —la decisión de abortar—, que la esposa consideraba a la vez justificada y mala. Resulta llamativo que el pleno reconocimiento de la culpa y su relativización fueran de la mano. También es interesante observar que el desplazamiento gradual desde la sensación de ser culpada y la vergüenza hacia una expresión emocional más directa y libre de la culpa estuvo acompañado de la adopción, por parte de la pareja, de una postura mentalizadora ante ella.

Con sus acciones, las personas participantes mostraron que entendían la terapia como un proceso de cambio que abarcaría varios encuentros. Las preguntas de la terapeuta se nutrían de las interacciones anteriores y, tras experimentar un cambio importante en su comprensión de la culpa, la esposa contrastó su comprensión anterior con su recién alcanzada conciencia de la culpa y acabó caracterizando todo el proceso de cambio. Según Deppermann y Pekarek Doehler (2021), un reto clave para el análisis longitudinal de la conversación es lograr una perspectiva émica del cambio en la interacción. Este cambio puede permanecer oculto, ya que «las personas no suelen mostrar que ellas u otras están haciendo algo “de otra manera” en un momento dado respecto a como lo hacían antes» (Deppermann & Pekarek Doehler, 2021, p. 134). La psicoterapia puede constituir un entorno en el que las y los pacientes se orientan a veces de forma manifiesta hacia cambios que en otros contextos permanecerían ocultos. Esto es sin duda lo que ocurrió en nuestro estudio.

Complexe Systémique: puntos clave

Este estudio muestra a cámara lenta lo que el trabajo clínico hace a menudo sin darse cuenta: preparar el terreno para que un afecto indecible se vuelva decible. Durante nueve sesiones, la culpa nunca llega de frente. Pasa por una secuencia de cuatro pasos: una manifestación ambigua de malestar, una pregunta que la desambigua, una confesión y, después, una respuesta que convierte la confesión en un estado mental que explorar («tener esos pensamientos sobre usted misma») en lugar de una verdad sobre el yo. Solo una vez trazado este camino puede la culpa nombrarse directamente, y puede la esposa distinguir un acto que asume de una identidad condenada. Para la práctica sistémica, el interés es doble. La culpa aparece primero como un fenómeno relacional y social, atribuido a un personal médico hostil y a un debate nacional polarizado, antes de asumirse en primera persona. Y el encuadre de pareja sirve de contenedor, aunque el análisis deja al marido casi fuera de plano, como reconoce la propia autoría. Los límites son los de un caso único, analizado por la propia terapeuta. Puede leerse junto con el análisis de las reivindicaciones de control en la terapia de pareja y el artículo sobre la pérdida ambigua y los rituales.

Notas del original

Declaración de intereses. La autoría no ha declarado ningún posible conflicto de intereses.

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Traducción no oficial al español de Guilt becomes thinkable: Interactional history of therapy after ambiguous loss, de Bernadetta Janusz y Anssi Peräkylä, Research on Language and Social Interaction, vol. 59, n.o 3 (2026), doi: 10.1080/08351813.2026.2616199, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (traducción, tablas presentadas como listas). Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Esta es una traducción no oficial al español del artículo original «Guilt becomes thinkable: Interactional history of therapy after ambiguous loss», publicado en Research on Language and Social Interaction (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial y presentación adaptada para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Janusz, B., y Peräkylä, A. (2026). Guilt becomes thinkable: Interactional history of therapy after ambiguous loss. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/guilt-becomes-thinkable-interactional-history-of-therapy-after-ambiguous-loss (Obra original publicada en 2026 en Research on Language and Social Interaction, 59(3), 339-362 (2026); republicada en 2026 por Research on Language and Social Interaction, https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/08351813.2026.2616199)

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