Traducción asistida por IA

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Family Process · Terapia familiar

Investigar lo que practicamos—el paradigma de la investigación familiar sistémica: parte 2

Cuando los dos miembros de una pareja rellenan el mismo cuestionario de satisfacción, sus respuestas no son independientes; sin embargo, la mayoría de los análisis estadísticos procede como si lo fueran. A partir de esta constatación, cuatro especialistas de Noruega trazan un programa: una investigación familiar sistémica que pone a prueba la interdependencia de las observaciones, combina métodos en lugar de elegir bando y pide a quienes investigan que den cuenta de su propia posición. Lo asientan en los cinco pilares de la terapia sistémica integradora de Pinsof y Lebow.

Autoría Kristoffer Whittaker, Jan Stokkebekk, Lennart Lorås y Terje Tilden (University of Oslo, Modum Bad Research Institute, Bufetat, Western Norway University of Applied Sciences)Primera publicación Family Process, 1 de septiembre de 2023Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Researching what we practice—The paradigm of systemic family research: Part 2, de Kristoffer Whittaker, Jan Stokkebekk, Lennart Lorås y Terje Tilden, publicado en Family Process (Wiley) (2023), doi: 10.1111/famp.12921, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

El estudio de la interdependencia de las observaciones es el eje de toda investigación que quiera examinar a dos o más personas vinculadas entre sí.

Kristoffer Whittaker, Jan Stokkebekk, Lennart Lorås y Terje Tilden, a partir de Kenny et al.

Resumen

Este es el segundo de dos artículos dedicados a las preferencias ideológicas y filosóficas en la manera de relacionarse con la investigación y de llevarla a cabo en el campo de la terapia sistémica de pareja y familia (CFT). Para subrayar la necesidad de que el campo de la CFT sistémica se base en el mejor conocimiento disponible, en el primer artículo defendemos las ventajas de aplicar los principios de la práctica basada en la evidencia y, en el presente artículo, exponemos los fundamentos del contenido de un programa de investigación en terapia familiar sistémica que salvaguarde la multiplicidad metodológica. La necesidad de una investigación sistémica multimetodológica se reconoce también a partir de los relatos autorreflexivos de quienes firmamos este artículo sobre cómo superamos los obstáculos para adquirir competencias y profundizar nuestra comprensión de los métodos cuantitativos. Sostenemos, por tanto, que la reflexividad transmetodológica es necesaria y defendemos una preferencia por la multiplicidad metodológica que incluya la competencia estadística en lo relativo a la interdependencia de las observaciones (es decir, la no independencia), y sostenemos además que ambos son componentes cruciales de un programa de investigación sistémica.

INTRODUCCIÓN

La terapia sistémica1 de pareja y familia (CFT) y la ciencia de la familia constituyen un campo multidisciplinar que surgió de una rica miríada de ideas inspiradas en la cibernética, la física, el teatro, el cine y la literatura, además de en diversos enfoques de psicoterapia (Lebow, 2017). Junto a profesionales del trabajo social, de la psicología y de la psiquiatría, también han hecho aportaciones la sociología, la antropología, la ingeniería, la biología y las ciencias de la comunicación. Sostenemos que, a diferencia de campos académicos monodisciplinares como la psicología y la medicina (psiquiatría), la CFT sistémica y la ciencia de la familia todavía no se consideran una disciplina académica por derecho propio. Así lo refleja la miríada de trayectorias profesionales de quienes se identifican con la CFT sistémica y la practican. Así pues, nuestra disciplina no ha obtenido aún un «hogar académico» tradicional, ni dispone de un programa de investigación integral con fundamentos sistémicos o centrados en las relaciones. En consecuencia, no existe una pléyade de «voces científicas» que promuevan con eficacia la legitimidad del amplio e integral campo de la CFT sistémica. Aunque ya se han propuesto programas de investigación sistémica, como el paradigma científico de la psicología de la familia (Pinsof & Lebow, 2005), tenemos la impresión de que solo unas pocas personas han atendido estas propuestas. En las últimas dos décadas se han producido grandes avances en los métodos de investigación, incluida una amplia gama de métodos de investigación cualitativos y cuantitativos y de enfoques de métodos mixtos (Friedlander et al., 2021). Nos encontramos, por tanto, en mejores condiciones que nunca para examinar procesos relacionales complejos. Dados estos avances, creemos que el paradigma científico de la psicología de la familia debería actualizarse. En este segundo de dos artículos publicados en Family Process sobre las preferencias ideológicas y filosóficas en la manera de relacionarse con la investigación y de llevarla a cabo en el campo de la CFT sistémica, presentamos los fundamentos, los supuestos metafísicos y las implicaciones de esta actualización. Adoptar esta versión actualizada del paradigma permitiría aplicar métodos de investigación sistémica pertinentes que coinciden con los objetivos de multitud de organizaciones que promueven los intereses de la terapia sistémica en todo el mundo (por ejemplo, International Family Therapy Organization [IFTA], American Family Therapy Association [AAFT], European Family Therapy Association [EFTA]) (Lyness, 2020; Northey, 2009). Todas las organizaciones de terapia familiar comparten un compromiso que hace hincapié en estándares de formación científicos y rigurosos y, en algunos países, el trabajo de terapeuta familiar es una profesión establecida, mientras que en otros se siguen haciendo esfuerzos para obtener su reconocimiento y una habilitación legal (Borcsa et al., 2013; Józefik et al., 2013; Lee et al., 2013; Moloney, 2013; Northey, 2009; Relvas et al., 2013; Wagenaar & Baars, 2012; Welter-Enderlin, 2005). La EFTA formula estos esfuerzos como el empeño en «lograr el reconocimiento de la terapia familiar y sistémica como una forma diferenciada y con base científica de práctica psicoterapéutica, y garantizar estándares rigurosos de formación y de práctica profesional en toda Europa» (EFTA Training Standards, sección 2.1). Alcanzar estos estándares de la EFTA implicaría, en primer lugar, apoyarse en los principios comunes, los manuales reconocidos, los factores comunes y las normas de la investigación en psicoterapia.

Además, Alan Carr (2013, p. 196) sugiere que el primer paso para promover la terapia familiar como profesión consiste en:

desarrollar una infraestructura de investigación que permita generar y utilizar evidencia científica para orientar la práctica de la terapia familiar y convencer de su valor a quienes financian los servicios públicos de salud. Los pasos siguientes consisten en crear una estructura de carrera profesional y establecer un contexto que favorezca la introducción de un registro oficial.

Nuestro propio interés en promover un nuevo paradigma de investigación sistémica es doble: tenemos trayectorias profesionales diferentes (en el trabajo social y en la psicología clínica), pero compartimos la convicción de que es necesario promover en nuestro campo un enfoque de científico-practicante sistémico o de local clinical scientist (Stricker & Trierweiler, 1995). En consecuencia, el local clinical scientist se dedica a buscar, con base científica, los datos emergentes que se consideran pertinentes para su propia práctica clínica o la de sus colegas, con el fin de respaldar y orientar las decisiones clínicas (Lebow, 2014). A partir de nuestra experiencia con métodos cuantitativos, cualitativos y mixtos, consideramos oportuno abogar por la multiplicidad metodológica, aunque algunas de las personas que firmamos este artículo tenemos un conocimiento particular de los métodos cuantitativos (KJW y TT), mientras que otras (JS y LL) tienen mayor competencia en métodos cualitativos. Además, quienes figuran en primer lugar en la autoría (KJW y JS) han experimentado la importancia de la autorreflexividad; la alienación que sintieron en sus indagaciones científicas como estudiantes de máster y de doctorado fue una revelación que les movilizó para superar las limitaciones metodológicas con las que se encontraron en el campo de la CFT. Por ejemplo, la necesidad detectada de un enfoque de métodos mixtos llevó a una de estas dos personas a formarse de manera autodidacta en métodos cuantitativos durante un máster en terapia familiar que, en aquel momento, se centraba sobre todo en métodos cualitativos. Limitaciones como esta en el uso de metodologías heterogéneas ilustran nuestra preocupación de fondo por nuestro campo, que privilegia sobre todo los proyectos estudiantiles cualitativos. Esta experiencia incluyó también la autorreflexividad, que les llevó a darse cuenta —con perplejidad— del aparente escaso interés y de la escasa pericia a la hora de descubrir los fundamentos relacionales de cómo se produce el cambio en la CFT sistémica. Así pues, a partir de nuestra propia experiencia y de nuestras inquietudes, y en sintonía con los objetivos de las organizaciones de terapia familiar antes mencionadas, en este artículo pretendemos promover la idea de un nuevo paradigma de investigación sistémica. Esta idea se presentó por primera vez en talleres internacionales (EFTA en 2022 e IFTA en 2023), donde fue muy bien acogida. En este segundo de dos artículos promoveremos en particular la multiplicidad, incluido el uso de métodos cuantitativos y la aplicación de la reflexividad transmetodológica, para fomentar la transparencia ética y la reflexión sobre el posicionamiento de quien investiga.

Una hoja de ruta para lograrlo —como se sugería en el primero de los dos artículos— son los principios de la práctica basada en la evidencia (EBP) (American Psychological Association, 2006). La adhesión a estos principios garantizaría que el campo de la CFT sistémica se construya sobre el terreno profesional y científico que comparte con el resto de la comunidad psicoterapéutica. En segundo lugar, adherirse a los estándares internacionales (IFTA/EFTA) supondría identificar, desarrollar y aplicar enfoques de investigación adaptados a la mayor complejidad y amplitud de la CFT sistémica. Estos enfoques metodológicos no serían pertinentes exclusivamente para nuestro campo, ya que también podrían aplicarse a otras ramas de la investigación en psicoterapia. Por ejemplo, dado que nuestro objeto de interés son principalmente las relaciones familiares, el enfoque de investigación cuantitativa recomendado consiste en análisis estadísticos a nivel diádico y no exclusivamente a nivel individual (Friedlander et al., 2021). Puesto que la psicoterapia es, por definición, relacional, estos métodos deberían ser también de gran pertinencia para quienes examinan otras relaciones en psicoterapia, como la alianza entre cliente y terapeuta o el desarrollo de las relaciones entre las personas que asisten a una terapia de grupo (Kivlighan, 2021; Kivlighan et al., 2016). Sin embargo, todavía carecemos de estándares internacionales para un programa científico que integre ciencia y práctica en la formación en CFT sistémica, similar al modelo científico-practicante de la formación de posgrado en psicología (modelo de Boulder) (Raimy, 1950). Si no se hace más en los programas de formación en materia de estándares y de desarrollo de profesionales competentes que combinen ciencia y práctica, existe el riesgo de que la investigación en CFT sistémica la lleven a cabo profesionales de otros ámbitos con un conocimiento limitado del campo de la CFT sistémica.

Una perspectiva sistémica de la CFT se centra en las relaciones entre las personas y en los contextos en los que interactúan en mayor medida que en la realidad intrapsíquica de los individuos (que es la norma en la investigación tradicional en psicoterapia). Esto demuestra que las preguntas de investigación sistémicas (Carr, 2010) y, en consecuencia, los métodos adecuados pueden diferir de las preguntas de la investigación en psicoterapia orientada al individuo. Por esta razón, consideramos crucial que quienes practican la CFT sistémica participen en la investigación, en parte para abordar preguntas de investigación pertinentes y en parte para asegurarse de que los resultados de esos estudios sean comprensibles y útiles para su aplicación clínica. Además, para animar a quienes practican la CFT sistémica a interesarse por llevar a cabo investigaciones, debería existir un programa educativo viable de formación y certificación. Creemos que cuanto más adaptado esté un programa de formación científica a la práctica cotidiana de la clínica sistémica, más probabilidades habrá de que las personas que se incorporen a él se conviertan en investigadoras e investigadores de orientación sistémica. Quizá el punto de partida más accesible para que una persona clínica se inicie en la investigación sea el uso de un diseño de investigación orientada a la práctica (POR) (Castonguay & Muran, 2015), que integra la investigación como parte natural de la práctica clínica. En él se aplica un feedback sistemático, como la monitorización rutinaria de resultados (ROM) (Tilden & Wampold, 2017), en parte con fines clínicos y en parte para recoger datos de investigación cuantitativos. Debido a la mayor amplitud que supone estudiar sistemas (díadas, grupos, familias y organizaciones), un programa de investigación de este tipo necesita apoyarse en múltiples marcos teóricos (por ejemplo, la teoría de los sistemas familiares, la teoría de la resiliencia, la teoría del apego, la psicología del desarrollo) para mejorar nuestra comprensión de los procesos relacionales complejos. Además, como muchos procesos humanos son tanto intrapsíquicos como sistémicos, estos sistemas deben formar parte de la comprensión de una teoría de sistemas integral, en línea con la Teoría General de Sistemas (von Bertalanffy, 1968) y la actual teoría de los sistemas familiares (FST) (Priest, 2021). Como sostiene Priest (2021), una teoría de los sistemas familiares no solo requiere el respaldo de la investigación, sino que debe proporcionar la base de las hipótesis y de las preguntas de investigación futuras. Por ejemplo, investigar científicamente cómo interactúan los procesos sistémicos contribuirá, en consecuencia, al desarrollo de la teoría como parte crucial de la investigación sistémica y de la integración entre investigación y práctica. Así pues, la investigación es necesaria como componente del desarrollo de la infraestructura teórica de la CFT sistémica, para captar un ethos holístico reconociendo los sistemas intrapsíquicos e interpersonales como mutuamente interdependientes (Priest, 2021; von Bertalanffy, 1968). Sin embargo, en una sociedad orientada al individuo, resulta difícil traducir los conceptos intrapsíquicos y revelarlos como procesos relacionales, por ejemplo transmitiendo estos fenómenos en un lenguaje relacional y desarrollando evaluaciones validadas de estos procesos relacionales o biopsicosociales (por ejemplo, pasar de la resiliencia de los individuos a la resiliencia familiar) (Walsh, 2016). Wampler y Patterson (2020) sugieren que estos procesos relacionales deberían (a) evocar la interacción interpersonal en lugar de condiciones intrapsíquicas, (b) centrarse en la interacción entre individuos en las relaciones familiares (es decir, integrantes de la familia en sentido amplio) y (c) ser aplicables a la familia en su conjunto y a distintos subsistemas, situaciones familiares, culturas y etapas del ciclo vital, así como a las interacciones entre terapeutas y clientes. Muchos de los constructos utilizados en la CFT sistémica describen una interacción diádica. Por ejemplo, el conflicto interparental evoca la relación diádica entre las figuras parentales. Utilizar explícitamente el constructo «conflicto familiar interparental» podría ayudar a ampliar nuestra manera de pensar el constructo (Stokkebekk, 2022). Del mismo modo, el constructo de «base segura» remite a la relación diádica entre una figura parental y su hijo o hija. Sin embargo, aplicar el constructo «la familia como base segura» podría ayudar a ampliar nuestro pensamiento (Wampler & Patterson, 2020). Como este debate toca fácilmente la escisión entre profesionales con orientación individual y profesionales con orientación relacional, nuestro objetivo aquí es evitar adoptar una postura de «o lo uno o lo otro». Preferimos alentar la ampliación de nuestras nociones tradicionalmente consideradas de orientación individual para que puedan entenderse también desde una perspectiva sistémica, y viceversa, lo que puede abarcar todos los sistemas en todos los niveles (Priest, 2021; von Bertalanffy, 1968).

Con referencia a los principios de la EBP (American Psychological Association, 2006), los enfoques metodológicos deben responder a las preguntas de investigación y evaluar qué métodos son los más adecuados para contestarlas. Por lo tanto, la preferencia inicial de quien investiga por determinados diseños y metodologías de investigación no debería influir en este proceso. Al contrario, es importante tener una mentalidad abierta y una visión de conjunto de los métodos y diseños de investigación existentes para planificar y optimizar un estudio. A menudo un único enfoque no basta, y puede ser necesario utilizar una combinación de métodos diferentes en distintas fases de un estudio para abordar diferentes aspectos de la pregunta de investigación (para un ejemplo de una serie de estudios de este tipo, remitimos al proyecto de doctorado de una de las personas firmantes [KJW], que examinó los procesos y resultados de pacientes con antecedentes de trauma infantil que recibían CFT sistémica; Whittaker et al., 2021; Whittaker, Johnson, et al., 2022; Whittaker, Stänicke, et al., 2022). Por ello, en la investigación sistémica multidimensional se necesita autorreflexividad, lo que significa que quien investiga debe ser críticamente consciente de su propio posicionamiento y de sus prejuicios, y de cómo estos pueden influir en el fenómeno estudiado (Davies & Harré, 1990; Stokkebekk, 2022; Stokkebekk et al., 2021).

LA INVESTIGACIÓN COMO PARADIGMA Y COMO PROGRAMA

Un paradigma de investigación familiar sistémica debería basarse en una filosofía de la ciencia que asuma la necesidad de la multiplicidad para descubrir y explorar la complejidad y los fundamentos relacionales de los fenómenos de interés. Con ello queremos decir que los diseños y métodos de investigación que se pretende aplicar en los proyectos se apoyan en los supuestos subyacentes de quien investiga acerca de los fenómenos estudiados, como la supuesta interdependencia de las observaciones (por ejemplo, cómo las respuestas de integrantes de una familia dependen unas de otras) (Kenny et al., 2020), en el momento de seleccionar un método estadístico adecuado.

El campo de la CFT sistémica ha estado lleno de debates epistemológicos sobre los supuestos filosóficos pertinentes para la investigación y la práctica clínica (Hoffman, 1985; Lorås & Sundelin, 2018). Nuestra contribución a este debate pretende responder a la necesidad de un programa de investigación sistémica. Estos debates de paradigma se han centrado en la teoría general de sistemas y en las ideas sistémicas. Las diferencias de opinión se refieren a si un sistema debe considerarse una entidad o una metáfora y a cómo aplicar la teoría cibernética a la práctica y a la investigación (Wampler & McWey, 2020).

La premisa subyacente de la teoría general de sistemas (GST) es que un sistema es un todo unificado formado por partes interrelacionadas, en el que un cambio en una parte del sistema afecta al resto del sistema (von Bertalanffy, 1968). Una versión actualizada de la GST de especial pertinencia para nuestro campo es la versión de la teoría de los sistemas familiares (FST) propuesta por Priest (2021). La FST invita a centrarse tanto en la relación entre las partes de un sistema como en cada una de las partes que lo componen. La incorporación de la cibernética ha proporcionado un complemento importante a la GST, ya que se propone descubrir cómo utilizan los sistemas los bucles de retroalimentación. La investigación anterior en terapia familiar seguía los supuestos del pensamiento cibernético de primer orden, que quizá refleja un paradigma de investigación (pos)positivista, según el cual los sistemas y la información son observables. Le siguió un giro de segundo orden en la concepción de la cibernética, en el que se hacía hincapié en la imposibilidad de concebir a quien investiga o a quien hace terapia como independiente del sistema objeto de su estudio o tratamiento (Howe & Von Foerster, 1974). Así, el foco no estaba en los patrones, sino en los sistemas de significado y en cómo se construía el significado. Esto hizo que el constructivismo y la construcción social cobraran pertinencia como paradigma de investigación que ponía la reflexividad de quien investiga por encima de todo. Como dijo Hoffman (1993) en una frase célebre: «No “descubrimos” el mundo de ahí fuera, sino que, por el contrario, lo “inventamos”» (p. 390). En términos generales, este giro corre paralelo a un movimiento de las ciencias sociales hacia el construccionismo social en general y de alejamiento de una versión mecanicista de la teoría de sistemas. Aunque la observación de patrones seguía considerándose un punto de partida importante, el énfasis se desplazó hacia la exploración de cómo esos patrones eran moldeados por la construcción de significado y por las creencias y relatos de integrantes de la familia. Dallos y Urry (1999) proponen un giro cibernético de tercer orden que, en nuestra opinión, se asemeja a un paradigma de investigación del realismo crítico (Pocock, 2015; Tilden et al., 2022), con su examen crítico del impacto de la sociedad en las familias. Cabe sostener que la cibernética de tercer orden presenta una «visión neutral de los problemas», en la medida en que reconoce la influencia perniciosa de factores que escapan al control de la familia. En efecto, la patología se considera inevitable cuando, por ejemplo, las minorías étnicas sufren abusos racistas y discriminación, o cuando se considera que la pobreza y las privaciones despojan a las personas de su amor propio y fomentan una sensación de impotencia. Las familias se consideran microcosmos que reproducen, en lugar de causar, estas desigualdades y opresiones (Dallos & Urry, 1999, p. 173).

En consonancia con el giro de tercer orden de la cibernética, Pinsof y Lebow (2005) propusieron el paradigma científico de la psicología de la familia como alternativa al paradigma dominante del constructivismo/construccionismo social, y resumieron su postura de la siguiente manera:

La posición constructivista interactiva y la noción de un conocimiento científico progresivo, pero parcial o incompleto, tienen varias implicaciones pragmáticas. La cuantificación no implica necesariamente objetividad. Es una herramienta que nos ayuda a comprender y manipular la realidad, pero no confiere una objetividad inherente al conocimiento que genera. En consecuencia, este paradigma incorpora métodos tanto cuantitativos como cualitativos. No son incompatibles. Al contrario, dentro de este paradigma, mantienen una relación circular y reiterativa. Generan tipos de conocimiento algo diferentes, pero compatibles, que son complementarios y se enriquecen mutuamente. (p. 8)

Como ya hemos mencionado, abogamos por revisar los principios que Pinsof y Lebow (2005) denominan paradigma científico de la psicología de la familia, como fundamento sólido para un desarrollo ulterior. Desde su propuesta inicial, se han producido avances significativos en metodología de la investigación que son pertinentes para la CFT sistémica, como los progresos en metodologías cualitativas, cuantitativas y mixtas. Dos enfoques importantes que defenderemos aquí son la reflexividad transmetodológica (procedente de la metodología cualitativa) y la interdependencia de las observaciones (también conocida como no independencia de las observaciones en la metodología cuantitativa) (Kenny et al., 2020). En primer lugar, la aplicabilidad de los enfoques de investigación con métodos mixtos hace de la autorreflexividad una competencia de investigación transmetodológica, pertinente tanto en los enfoques cuantitativos como en los cualitativos. La reflexividad es el proceso de reflexionar críticamente sobre la propia posición como persona investigadora (Lincoln et al., 2018). Aunque la reflexividad se aplica sobre todo en la metodología cualitativa, también se ha propuesto como competencia general de investigación (Finlay, 1998) y se ha calificado de vital en la metodología cuantitativa (Jamieson et al., 2023). Además, la reflexividad posicional también se considera un principio importante de la práctica sistémica en general (Lini & Bertrando, 2022; Stokkebekk et al., 2022). Sostenemos que la reflexividad obliga a quienes investigan a asumir no solo su elección del problema de investigación (por ejemplo, sus diversos sesgos de adhesión), sino también a las personas a las que implican en el proceso de investigación. Posicionarse como persona investigadora sistémica (y multimetodológica) exige también transparencia en la elección de la metodología y en las decisiones que se toman a lo largo del proceso de investigación. A nuestro juicio, la investigación sistémica futura debería ser, por norma, una empresa de investigación multimetodológica. Así, la investigación sistémica se describe como una «ciencia de la complejidad» en la que «el enfoque sistémico es un marco metateórico o paradigmático para la investigación con métodos múltiples» (Schiepek, 2020, p. 12).

En segundo lugar, dado que nuestro objetivo principal es el estudio del mundo recíproco de las relaciones humanas, consideramos necesario adoptar explícitamente el supuesto de la interdependencia de las observaciones. En términos prácticos, la interdependencia (Kenny et al., 2020) implica que las personas que se encuentran en la misma circunstancia, como integrantes de una misma familia que acuden conjuntamente a terapia, dependerán unas de otras a medida que atraviesan los procesos terapéuticos. A la inversa, es probable que personas desconocidas entre sí que acuden a terapia individual atraviesen los procesos terapéuticos de manera independiente unas de otras. Como sostienen Kenny et al. (2020), el estudio de la interdependencia de las observaciones es el eje de toda investigación que quiera examinar a dos o más personas vinculadas entre sí. Hasta donde sabemos, este enfoque de la investigación relacional no se ha aplicado de forma sistemática en ningún programa de investigación en terapia sistémica de pareja y familia, lo que consideramos una grave omisión. La interdependencia de las observaciones debe ser comprendida por todas las personas que investigan en este campo, independientemente de su preferencia metodológica, y aplicada además estadísticamente por quienes utilizan métodos cuantitativos. En cuanto a esto último, al analizar datos cuantitativos recogidos en contextos de CFT sistémica deberían aplicarse métodos estadísticos que permitan poner a prueba las correlaciones supuestas (es decir, una prueba de la interdependencia de las observaciones) (Kenny et al., 2020). Lo ilustraremos con uno de los instrumentos de resultados más utilizados en terapia de pareja, la Revised Dyadic Adjustment Scale (RDAS) (Busby et al., 1995). Este cuestionario lo cumplimentan normalmente ambos miembros de una díada y aborda su satisfacción subjetiva con la relación. Aunque podemos suponer que el grado de correlación entre las evaluaciones de los cónyuges en un instrumento de este tipo apenas es objeto de controversia, la posible reciprocidad de las puntuaciones no puede tratarse con los análisis multivariantes tradicionales (Kenny et al., 2020). Estos análisis, cuando se aplican a la psicoterapia, se basan en supuestos arraigados en lo que podría llamarse un paradigma de la psicología orientado al individuo (es decir, el supuesto de la independencia de las observaciones). En consecuencia, aunque hubiera consenso sobre qué medidas de resultado deberían utilizarse en la investigación y la práctica con parejas y familias, los resultados de esas evaluaciones tendrían un valor limitado si se basaran en el supuesto de la independencia de las observaciones. En el mejor de los casos, una investigación guiada por ese supuesto aplicaría métodos de análisis de resultados que solo podrían mostrar cómo cambian los individuos de un momento a otro (y normalmente solo en dos momentos), de acuerdo con el enfoque nomotético (es decir, con el objetivo de hacer predicciones generales sobre la población) (Beltz et al., 2016). Estos métodos no pueden revelar cómo cambian los sistemas familiares a lo largo del tiempo y, por tanto, tienen un interés limitado más allá de ilustrar la eficacia general de los tratamientos.

EL PARADIGMA DE LA INVESTIGACIÓN FAMILIAR SISTÉMICA

Una versión del paradigma científico de la psicología de la familia (Pinsof & Lebow, 2005) fue presentada como los cinco pilares por Pinsof et al. (2018) en Integrative Systemic Therapy: Metaframeworks for problem solving with individuals, couples, and families. Esta versión del paradigma científico de la psicología de la familia nos ha parecido adecuada como fundamento epistemológico y ontológico de lo que hemos denominado el paradigma de la investigación familiar sistémica.

Dado que el interés principal de quienes hacen investigación sistémica es la interdependencia del objeto observado (por ejemplo, la interacción entre integrantes de la familia), esto implica incluir explícitamente esta comprensión, sea cual sea la elección de los enfoques metodológicos. En consecuencia, debería aplicarse una prueba estadística de la interdependencia de las observaciones cuando proceda, y/o debería explorarse la interdependencia en los sistemas familiares prestando atención, por ejemplo, a las posiciones de sí y del otro de los agentes sociales en el marco de una indagación metodológica cualitativa. Por ello, deberían recogerse datos tanto cualitativos como cuantitativos de todas las personas participantes que se consideren directamente implicadas o afectadas por los fenómenos estudiados. Así se garantizaría que se atienden nuestros dos objetivos (es decir, la reflexividad transmetodológica y la interdependencia de las observaciones). Por consiguiente, sostendremos que estos objetivos requieren un énfasis explícito en el paradigma de la investigación familiar sistémica.

Como complemento adicional al paradigma de la psicología de la familia, hemos optado por sustituir el término «psicología» por «sistémica». El primer término connota que el paradigma tiene una propensión hacia la realidad intrapsíquica del individuo, mientras que el segundo subraya el vínculo entre la investigación y los conceptos sistémicos. Sin embargo, esto no impide que la investigación sistémica estudie a individuos, sino que subraya que debe incluir una perspectiva sistémica en línea con la GST y la FST (Priest, 2021; von Bertalanffy, 1968). Subrayamos también que la investigación sistémica equivale a una indagación compleja que requiere un enfoque multimetodológico. Quien investiga es el nexo de la investigación en muchos aspectos de la indagación, en los que la conciencia metodológica, la aplicabilidad de una metodología pertinente y la autorreflexividad son cruciales. Por ello hemos acuñado el término reflexividad transmetodológica para referirnos a la conciencia reflexiva constante de la posicionalidad y de las decisiones de quien investiga (Finlay, 2003). Además, todos los métodos de investigación están sujetos a interpretaciones cargadas de poder y de posicionalidad. Utilizar métodos diferentes es una manera de poner de relieve esta cuestión y también de abrir el camino a una posición alternativa frente a las problemáticas (y no reflexivas) «pretensiones de objetividad y neutralidad de la gran mayoría de quienes investigan con métodos cuantitativos» (Nightingale, 2003, p. 79).

El paradigma de la investigación familiar sistémica propone métodos aplicables al examen de relaciones de cualquier grado de cercanía, incluidas las relaciones entre colegas y entre iguales. No obstante, se prefiere el término familia en vista de los temas y fenómenos de los que se ocupan quienes ejercen la terapia de pareja y familia. Un ejemplo de este tipo de temas es el abuso intrafamiliar y cómo afecta, en la edad adulta, a las relaciones sentimentales cercanas de las personas que han sobrevivido a ese trauma. Al explorar estos temas, pueden ponerse a prueba hipótesis fundadas en teorías sistémicas. De este modo, el paradigma de la investigación familiar sistémica puede potencialmente confirmar, refutar o seguir desarrollando la teoría de los sistemas familiares (Priest, 2021) como marco pertinente para comprender los fenómenos relacionales. En el apartado siguiente presentaremos con más detalle los supuestos en los que se basa el paradigma de la investigación familiar sistémica.

LOS CINCO PILARES

Las teorías centrales (es decir, la epistemología y la ontología) propuestas como los cinco pilares por Pinsof et al. (2018) en Integrative Systemic Therapy: Metaframeworks for problem solving with individuals, couples, and families pueden considerarse una integración de la FST (Priest, 2021) y de las perspectivas del movimiento posmoderno. Dentro de este marco se han reconciliado las diferencias entre visiones enfrentadas: se han moderado algunas de las posturas construccionistas sociales más radicales, a menudo asociadas al posmodernismo, y se ha alineado la FST con los valores de la sociedad actual. Los cinco pilares conceptuales explican por qué se priorizan determinadas teorías o estrategias de tratamiento y proporcionan la base de la multiplicidad de marcos que componen la terapia sistémica integradora (Pinsof et al., 2018). Proponemos ampliar estos cinco supuestos metafísicos con los principios de la interdependencia de las observaciones y de la reflexividad transmetodológica para sustentar el paradigma propuesto de investigación familiar sistémica.

El pilar epistemológico se refiere a cómo se obtiene el conocimiento de la realidad (es decir, a su postura epistemológica): el reconocimiento de que existe una realidad objetiva, pero que solo es parcialmente accesible para cualquier individuo (Pinsof et al., 2018). Así, reconocemos la existencia de una realidad objetiva, pero el mundo tal como lo conocemos siempre se percibe y se comprende a través de la lente de la subjetividad. La realidad objetiva, aunque en última instancia incognoscible, puede entenderse así como un proceso intersubjetivo continuo que da lugar a aproximaciones cognitivas del entorno que permiten al organismo interactuar con él y manipularlo físicamente (Pinsof & Lebow, 2005). Como se ha indicado, esta postura epistemológica, con su énfasis en el aspecto social del conocimiento de la realidad, tiene puntos en común con la perspectiva posmoderna. Sin embargo, la modera al reconocer la existencia de una realidad objetiva que puede ser, al menos en parte, cognoscible. En consecuencia, desde un punto de vista puramente posmoderno, como terapeuta no habría interés en las estructuras psicológicas subyacentes (por ejemplo, la teoría estructural) (Marcus, 1999). En el plano científico, no se investigarían variables latentes como la ansiedad o la depresión; solo interesarían el significado y la estructura de los relatos de clientes e informantes. Desde la perspectiva de la crítica posmoderna, el lenguaje da forma a la experiencia que llamamos realidad. Este ámbito de interés da, por tanto, preferencia al lenguaje como medio de transmitir significado y de estructurar la realidad; de ahí que el lenguaje haya sido el objeto de la investigación (Priest, 2021). Según el pilar epistemológico, no habría sujeción al tipo de limitaciones que se derivan de adherirse a una perspectiva estrictamente posmoderna. A través de la lente del pilar epistemológico, como terapeuta y como persona de ciencia se puede tener interés tanto por los relatos como por las estructuras psicológicas subyacentes, sin sacrificar lo uno por preferencia hacia lo otro. Por extensión, puede sostenerse que el pilar epistemológico favorece la integración al reconocer los beneficios de las perspectivas múltiples. Así, el pilar epistemológico se asemeja a la postura epistemológica subyacente a los paradigmas del pragmatismo (Maarouf, 2019) y del realismo crítico (Patomäki & Wight, 2000), ya que estos permiten aplicar una variedad de métodos para recoger y analizar datos. Por tanto, la investigación y la práctica basadas en el pilar epistemológico no son una empresa de «o lo uno o lo otro»; en lo que respecta a la selección de los métodos de indagación, el pilar epistemológico abraza la multimodalidad (Pinsof et al., 2018). Sin embargo, sostenemos que el pilar epistemológico (es decir, el reconocimiento de la realidad como dependiente de lo interpersonal) respalda también el concepto de reflexividad transmetodológica (Finlay, 2003), y subrayamos su importancia. Por tanto, esto plantea la necesidad de ser transparente sobre la contribución de quien investiga a la indagación y a la producción de conocimiento. Sostenemos así la necesidad de una reflexividad transmetodológica en cuanto a las decisiones metodológicas de quien investiga; los relatos autorreflexivos sobre la adhesión y los sesgos respecto a los fenómenos estudiados son vitales para garantizar la validez de la investigación.

Esta perspectiva sobre la investigación tiene algo en común con movimientos del campo de la psicoterapia, que avanza perceptiblemente hacia la integración (Norcross et al., 2013; Oddli & Kjøs, 2021) y, por tanto, más allá de décadas de debate sobre qué modelos de terapia son los más eficaces. Sostendríamos que el pilar epistemológico y las posturas epistemológicas afines (por ejemplo, el pragmatismo [Maarouf, 2019] y el realismo crítico [Patomäki & Wight, 2000]) se están convirtiendo de hecho en la piedra angular de todas las terapias relacionales y sistémicas contemporáneas. En consecuencia, en lo que respecta a la labor científica, propondríamos que las perspectivas descritas sugieren que ningún marco teórico único puede captar todos los matices de los sistemas relacionales. Por extensión, sugerimos que los diseños de métodos mixtos, aunque dependen de la pregunta de investigación planteada, son más ventajosos que los diseños de método único. Además de aplicarse varios métodos dentro de un mismo estudio (es decir, de forma fusionada), los métodos también pueden aplicarse de forma secuencial (por ejemplo, un estudio cuantitativo que se apoya en un estudio cualitativo). Por ejemplo, algunos proyectos de investigación se basan en un diseño exploratorio inicial (por ejemplo, la investigación-acción y la indagación etnográfica o cualitativa) que puede llevar a generar hipótesis susceptibles de ponerse a prueba estadísticamente según un diseño explicativo (por ejemplo, el modelado multinivel; Bolger & Laurenceau, 2013). A la inversa, otros proyectos de investigación se basan a menudo en un diseño explicativo inicial (por ejemplo, un diseño de contraste estadístico de hipótesis) que puede dar lugar a la necesidad de una indagación exploratoria posterior de los fenómenos estudiados (por ejemplo, el análisis de casos desviados; Seawright & Gerring, 2008). En la investigación sistémica, los principales fenómenos de interés (es decir, lo intersubjetivo) suelen ser de tal complejidad que varios métodos (es decir, varias perspectivas) desplegados conjuntamente son más adecuados para examinar esas complejidades (es decir, múltiples perspectivas subjetivas).

El pilar ontológico de la IST vincula el paradigma de la investigación familiar sistémica con la GST (von Bertalanffy, 1950, 1968) y con la cibernética (Wiener & von Neumann, 1949), que sirven para describir la interacción entre las personas. La documentación empírica que hace Priest (2021) de la investigación que respalda estas teorías, tal como la propone en su versión de la FST, sustenta la lógica del pilar ontológico. Desde esta perspectiva, todos los aspectos de la vida humana, ya se refieran al individuo, a la familia o a la sociedad en su conjunto, pueden concebirse como un sistema compuesto de subsistemas. Más de un sistema o subsistema puede influir en otro sistema o subsistema. «El todo es siempre más que la suma de sus partes», un axioma atribuido a veces a Aristóteles, resulta acertado para describir esta postura ontológica. Los sistemas están organizados de tal manera que los límites y el poder importan, y la conducta solo puede comprenderse en el contexto de los sistemas. La retroalimentación de los sistemas (por ejemplo, la ROM [Tilden & Wampold, 2017] y la comunicación verbal y/o no verbal) proporciona la información necesaria para comprender la relación entre subsistemas (por ejemplo, una familia y sus integrantes). Dentro de los sistemas pueden coexistir una fuerza que impulsa hacia la morfogénesis (es decir, el cambio) y una atracción hacia la homeostasis. El pilar ontológico orienta la investigación realizada dentro del paradigma de la investigación familiar sistémica hacia el examen de esas fuerzas impulsoras: cómo las personas estrechamente unidas se influyen mutuamente dentro de sus entornos sociales (por ejemplo, la influencia de la satisfacción de las figuras parentales con su relación sobre la conducta externalizante de su descendencia). Sin embargo, no solo se influyen mutuamente integrantes de la familia; quienes investigan también interactúan con el sistema observado y forman parte de él. Por ello, esto exige prestar una atención reflexiva a cómo, en cuanto que equipo investigador, somos influidos por el sistema familiar que estudiamos y cómo influimos en él. Scotland (2012, en Bager-Charleson & McBeath, 2020) plantea una cuestión clave cuando afirma que «es imposible emprender cualquier forma de investigación sin comprometerse (a menudo implícitamente) con posiciones ontológicas y epistemológicas» (p. 10). Por ejemplo, si se adopta una posición de realismo crítico, que como autoría alentamos, esto implica una «ontología estratificada» que permite la coexistencia de enfoques de investigación cuantitativos y cualitativos. Sin embargo, la ontología del realismo crítico implica también un punto de vista crítico y reflexivo y una sensibilidad ética hacia las personas y hacia los recursos que extraen de su realidad social (Price & Martin, 2018). El autoposicionamiento de quien investiga como «testigo neutral» corre siempre el riesgo de otrificar a las personas con etiquetas y conceptos que las alienan de las restricciones inherentes al contexto de su realidad social. Esto subraya la necesidad de la autorreflexividad y de dar cuenta reflexivamente de los puntos de vista y las etiquetas utilizados y de su aplicabilidad para captar a las personas en el contexto de su realidad social.

El pilar de la secuencia descompone la relación entre subsistemas y sistemas en secuencias y sitúa así los fenómenos de interés (por ejemplo, los patrones de reciprocidad) en la dimensión del tiempo (Pinsof et al., 2018). Al definir la conducta como secuencias, podemos identificar y abordar patrones recursivos de pensamiento, emoción y conducta. Los fenómenos que buscamos comprender cuando investigamos están inscritos en esas secuencias. Por ejemplo, cuando intentamos explorar cómo influye el malestar psíquico en la satisfacción de pareja, una posible línea de indagación es cómo los pensamientos, emociones y conductas depresivos pueden estar inscritos en las interacciones de una pareja (es decir, en secuencias). Además, puede movernos el interés por estudiar cómo las intervenciones terapéuticas se proponen cambiar o modificar esas secuencias para aliviar tanto el malestar individual como el relacional.

El pilar de la restricción se inspira en el concepto de explicación cibernética de Bateson (1972), según el cual un acontecimiento resulta del cese de una restricción (por ejemplo, la influencia del acontecimiento A restringe la aparición del acontecimiento B; Pinsof et al., 2018). Esto contrasta con las explicaciones causales, que proponen que el acontecimiento B se produce como consecuencia de que se produzca el acontecimiento A. En lo que respecta a la terapia, las restricciones pueden concebirse como «algo» que impide a un sistema consultante (por ejemplo, una familia) resolver el problema que presenta en terapia (es decir, una restricción al cambio). El pilar de la restricción da prioridad a las explicaciones cibernéticas sobre las explicaciones causales porque favorecen las preguntas sobre restricciones (por ejemplo, ¿qué impide a esta pareja tener un matrimonio satisfactorio?). Las preguntas sobre restricciones facilitan de forma inherente una comprensión circular y sistémica del cambio (por ejemplo, la satisfacción conyugal de la pareja está restringida por las secuelas negativas de un trauma pasado).

Esta teoría del cambio se conoce también como la teoría de las restricciones (Breunlin, 1999). El pilar de la restricción orienta el proceso de formulación de hipótesis propio tanto de la terapia como de la investigación en cuanto a qué componen las restricciones y dónde se sitúan (por ejemplo, en el individuo, en la díada de pareja, en la díada o tríada parentofilial, o en el nivel de la comunidad local y/o de la sociedad, etc.). Las restricciones pueden manifestarse en cualquier punto de un sistema y van desde un trastorno genético que restringe la capacidad de un individuo para descomponer aminoácidos esenciales y provoca un desarrollo cognitivo gravemente obstaculizado (nivel individual) hasta una aventura no revelada que crea distancia emocional en la relación de una pareja (nivel diádico), o el efecto perjudicial para las comunidades locales de la falta de una atención sanitaria asequible (nivel social). En todos estos ejemplos, cabe postular que eliminar o modificar la restricción específica resolvería directamente el problema presentado o permitiría aplicar estrategias dirigidas a él (por ejemplo, restringir la fenilalanina en la dieta, revelar la aventura y cambiar la política gubernamental).

El pilar de la restricción tiene un valor inmenso a la hora de diseñar un proyecto de investigación, sobre todo si se pretende identificar particularidades de las familias, como los factores asociados a la falta de respuesta a la terapia, ya que incita a formular las preguntas de investigación como explicaciones cibernéticas. El pilar de la restricción favorece también directamente la implicación de informantes para identificar restricciones. Esta postura intencional, junto con los pilares epistemológico y ontológico, significa que la investigación es un proyecto de colaboración entre quien investiga y quien informa. Esto puede ser más evidente en los métodos cualitativos; sin embargo, también es pertinente cuando se utilizan métodos cuantitativos. Así ocurre especialmente en lo que se ha denominado investigación orientada a la práctica (POR; Castonguay & Muran, 2015) cuando se aplica la ROM (Tilden & Wampold, 2017). En la POR, los roles de investigación y de clínica se solapan a menudo y las interacciones entre quien investiga y la persona consultante o informante son frecuentes. Por consiguiente, la investigación guiada por la teoría de las restricciones (Breunlin, 1999) puede tener implicaciones prácticas: puede facilitar el desarrollo de estrategias para mejorar la calidad de vida de las personas cuya respuesta a la terapia y/o a las intervenciones comunitarias no ha sido óptima, identificando las restricciones a la terapia y mejorando así los resultados.

El pilar de la causalidad subraya la influencia recursiva que subsistemas y sistemas ejercen unos sobre otros (es decir, su supuesta interdependencia). Básicamente, la teoría de sistemas se basa en la noción de influencias sistémicas y mutuas, más que en la causalidad lineal. Por esta razón, la investigación sistémica supone un alejamiento de la investigación positivista, que a menudo reduce y aísla los fenómenos de interés para permitir el análisis de asociaciones predictivas o causales unidireccionales. La noción sistémica de que «cada parte de un sistema ejerce una influencia mutua sobre cada una de las partes asociadas del sistema» podría considerarse, no obstante, una simplificación. Desde el punto de vista de la investigación, tal afirmación teórica puede considerarse una cuestión empírica que plantea la pregunta: «¿Es necesariamente así?». Una comprensión teórica alternativa de la causalidad, respaldada por el pilar ontológico, sostiene que los subsistemas y sistemas no ejercen necesariamente todos la misma influencia sobre otros subsistemas y sistemas, sino que pueden mostrar sistemas y subsistemas con una influencia desigual entre sí (es decir, el poder importa; Minuchin, 1982; Pinsof & Lebow, 2005). En nuestro campo, la CFT sistémica, esta causalidad diferencial (Pinsof, 1995) se ha supuesto, con razón, desde hace mucho tiempo, pero solo en la última década se ha convertido en objeto de indagación sistemática (Friedlander et al., 2021; Whittaker, Johnson, et al., 2022). El pilar de la causalidad nos recuerda que nos interesa investigar si los subsistemas y sistemas se influyen mutuamente y de qué manera. Al fundar nuestra investigación en el pilar de la causalidad y, por extensión, al evaluar la supuesta interdependencia de las observaciones (es decir, una prueba de no independencia en la metodología cuantitativa; Kenny et al., 2020), estamos en condiciones de poner a prueba empíricamente las hipótesis generadas por la teoría de los sistemas familiares (Priest, 2021) sobre cómo cambian los sistemas a lo largo del tiempo. Del mismo modo, podrían complementarse las pruebas cuantitativas de no independencia con entrevistas en profundidad para triangular métodos (Fielding, 2012) y explorar así los vínculos entre las asociaciones estadísticas (por ejemplo, los efectos actor y pareja; Kenny et al., 2020) y la construcción de significado desde diferentes posiciones de sujeto sobre los procesos relacionales (por ejemplo, el posicionamiento de sí/del otro, la teoría del posicionamiento; Stokkebekk, 2022; Stokkebekk et al., 2019, 2021, 2022).

IMPLICACIONES PARA LA INVESTIGACIÓN SISTÉMICA

Las partes 1 y 2 de «Researching What We Practice» han abordado varios aspectos singulares de la investigación en el campo de la terapia familiar sistémica. A continuación analizaremos sus implicaciones para nuestros futuros esfuerzos de investigación.

Como se sugería en la parte 1, quienes practican e investigan desde un enfoque sistémico deberían adherirse a los principios de la EBP (American Psychological Association, 2006). Esto podría tender un puente sobre la brecha entre ciencia y práctica al mejorar el diálogo entre profesionales de la clínica y de la investigación. Esta mejora del diálogo podría verse facilitada por la incorporación de evaluaciones frecuentes de las personas consultantes mediante la ROM, instaurando así una cultura de POR. Además, la participación en la investigación debería incorporarse también a la formación del estudiantado, de modo que el trabajo clínico y la investigación se perciban como inseparables, optimizando así la traslación de los hallazgos de la investigación a la práctica clínica. En consecuencia, la investigación sistémica se sumará a los estándares unificados de la investigación en psicoterapia. Además, en el primer artículo abordamos retos específicos del campo sistémico relacionados con voces que reivindican la preferencia por determinadas metodologías de investigación (por ejemplo, el construccionismo social) que rehúyen otras escuelas de pensamiento. Nuestra respuesta consiste, en parte, en reconocer que esas diferencias de ideología y de filosofía de la ciencia representan la diversidad de nuestro campo, pero sigue en pie el reto de gestionar esa diversidad sin crear una mayor polarización en el campo, por ejemplo entre quienes prefieren los diseños de investigación cualitativos o cuantitativos con exclusión de los demás. A este respecto, sugerimos que la aplicación de los principios de la EBP podría garantizar un reconocimiento equitativo de todas las metodologías de investigación y fuentes de conocimiento. La EBP implica además la adhesión a estándares metodológicos establecidos, comunes a todo el campo de la psicoterapia, como que la elección del diseño de investigación dependa de lo que mejor pueda responder a la pregunta de investigación y no de la preferencia ideológica de quien investiga. La EBP puede incluir así lo que se considera singular de la investigación sistémica. En consecuencia, adherirse a aspectos de la EBP como unas directrices comunes para quienes practican e investigan desde un enfoque sistémico ayudaría también a salvar las brechas profesionales de nuestro campo.

Dada nuestra crítica de que algunas figuras destacadas de la investigación y la terapia sistémicas parecen ser selectivas en su elección del diseño y de las fuentes de conocimiento, abogamos por una mayor conciencia de los supuestos subyacentes y de cómo se relacionan con la selección de los métodos de investigación. Por esta razón, consideramos oportuno proponer un programa de investigación sistémica que incluya orientación y formación para quienes practican e investigan desde un enfoque sistémico. Este programa debería apoyarse en las valiosas aportaciones del Scientific Paradigm of Family Psychology de Pinsof y Lebow (2005) y de Integrative Systemic Therapy: Metaframeworks for problem solving with individuals, couples, and families de Pinsof et al. (2018). Sobre la base de estas obras, concluimos que los cinco pilares constituyen la filosofía de la ciencia preferible. A partir de nuestra experiencia clínica y de investigación, este enfoque sistémico integrador nos parece muy útil, ya que promueve la aplicabilidad de los cinco pilares como filosofía de la ciencia y sirve para integrar visiones y métodos enfrentados en un enfoque científico coherente de la investigación en CFT. Además de sus notables aportaciones, sugerimos que también es necesario que quienes hacen investigación sistémica muestren (a) reflexividad transmetodológica y (b) maneras de captar la interdependencia de las observaciones como fenómenos de interés singulares en la terapia sistémica.

COMENTARIOS FINALES

En resumen, nuestros dos artículos abordan principios centrales de la ontología y la epistemología de la terapia familiar sistémica que afectan tanto a la práctica clínica como a la investigación. Nos mueve la preocupación de que algunos sectores del campo sistémico solo se relacionen con determinados elementos del diseño de investigación y de las fuentes de conocimiento que resultan ideológicamente preferidos. Consideramos esta perspectiva y esta práctica desequilibradas y alejadas de los principios de la EBT que deberían guiar la práctica y la investigación en psicoterapia en general. Creemos que tales desviaciones podrían perjudicar a todo el campo de la terapia familiar sistémica. Por esta razón, sugerimos que los principios de la EBP se apliquen como brújula general, sea cual sea el paradigma preferido. Además, proponemos un paradigma y un programa de investigación sistémica construidos sobre las aportaciones de Pinsof y Lebow (2005) y de Pinsof et al. (2018), y complementados con la metodología singular para captar los objetivos sistémicos de la interdependencia de las observaciones (Kenny et al., 2020) y con nuestro propio enfoque de reflexividad transmetodológica. El paradigma y el programa que proponemos pueden utilizarse como fundamento teórico y como guía práctica para llevar a cabo investigación en terapia familiar sistémica. Se apoyan en décadas de logros del campo y están actualizados y en consonancia con los avances científicos generales, tanto si se prefiere un enfoque cualitativo como cuantitativo o una combinación de ambos. Esta inclusividad con respecto a los métodos y las ideas puede incentivar la colaboración más allá de las fronteras ideológicas y las tradiciones y contrarrestar así la dicotomía existente en nuestro campo mediante el reconocimiento de las diferencias bajo un mismo paraguas de principios comúnmente reconocidos y aceptados.

Complexe Systémique: puntos clave

Esta segunda parte se sostiene mejor que la primera, porque deja atrás la polémica en favor de un argumento genuinamente sistémico. Su núcleo es la interdependencia de las observaciones: analizar las puntuaciones de dos cónyuges como si procedieran de dos personas desconocidas aplica a una pareja los supuestos de una psicología del individuo y condena a medir individuos que cambian en lugar de un sistema que cambia. La causalidad circular, tan fácilmente invocada, se convierte aquí en una hipótesis que hay que poner a prueba, con la útil idea de «causalidad diferencial»: cada cual influye en cada cual, pero no con el mismo peso. La «reflexividad transmetodológica» pide a quienes investigan con métodos cuantitativos lo que quienes investigan con métodos cualitativos ya se preguntan: decir desde dónde hablan. El programa sigue siendo, no obstante, un esbozo: más allá del ejemplo de la escala de ajuste diádico, los cinco pilares se describen más de lo que se ponen a prueba, y la cibernética de tercer orden se convoca con bastante rapidez. Para leer junto con la primera parte, que expone su marco polémico, y con el artículo sobre la causalidad circular, que este texto convierte en una cuestión de método.

Notas del original

Kristoffer Whittaker y Jan Stokkebekk contribuyeron por igual a este estudio.

1 Cabe señalar que no existe en nuestro campo de estudio una definición común unificada de «sistémico», ya que su significado puede ir de lo radical a lo moderado (Friedlander et al., 2021).

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Traducción no oficial al español de Researching what we practice—The paradigm of systemic family research: Part 2, de Kristoffer Whittaker, Jan Stokkebekk, Lennart Lorås y Terje Tilden, Family Process, vol. 62 (2023), doi: 10.1111/famp.12921, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

El artículo original, «Researching what we practice—The paradigm of systemic family research: Part 2», se publicó en Family Process (2023) bajo licencia CC BY 4.0. Esta versión es una traducción no oficial de Complexe Systémique, realizada con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página.

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Cómo citar este artículo

Whittaker, K., Stokkebekk, J., Lorås, L., & Tilden, T. (2023). Researching what we practice—The paradigm of systemic family research: Part 2. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/researching-what-we-practice-the-paradigm-of-systemic-family-research-part-2 (Obra original publicada en 2023 en Family Process, 62(3) (2023); republicada en 2023 por Family Process, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/famp.12921)

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