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Journal of Marital and Family Therapy · Terapia familiar

«No estoy aquí para enseñarte a ser gay»: experiencias de otrificación de personas consultantes LGBTQ+ en la terapia de pareja focalizada en las emociones

Hablar de la identidad queer en terapia de pareja, ¿es una forma de reconocerla o de convertirla en un problema? Treinta y cinco personas LGBTQ+ en terapia de pareja focalizada en las emociones vieron vídeos de formación y describieron su propia terapia. Sus respuestas divergen, y eso es lo que da valor al estudio: según el caso, la otrificación nace de la insistencia o del silencio, de una sorpresa fuera de lugar o de una conversación que se queda en la superficie.

Autoría Caitlin Edwards, Lekie Dwanyen, Andrea Wittenborn y Robert Allan (Human Development and Family Studies, Michigan State University, East Lansing, Míchigan, EE. UU.)Primera publicación Journal of Marital and Family Therapy, 6 de mayo de 2026Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de “I'm Not Here to Teach You How to Be Gay:” LGBTQ+ Client Experiences of Othering in Emotionally Focused Couple Therapy, de Caitlin Edwards, Lekie Dwanyen, Andrea Wittenborn y Robert Allan, publicado en Journal of Marital and Family Therapy (Wiley) (2026), doi: 10.1111/jmft.70141, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

No existe una respuesta correcta para manejar los matices de las preferencias de las personas consultantes en cuanto a hablar de la identidad y a la revelación de la identidad de quien ejerce la terapia; esta conversación no tiene una talla única.

Caitlin Edwards, Lekie Dwanyen, Andrea Wittenborn y Robert Allan

Resumen

Pese al énfasis creciente en abordar las intersecciones entre la identidad de las personas consultantes y la de terapeutas para mejorar los resultados terapéuticos, las personas en terapia que tienen identidades marginadas siguen viviendo experiencias de otrificación. La otrificación es un proceso que genera marginación y desigualdad a partir de una identidad grupal preconcebida, implica la construcción hegemónica de la pertenencia y la no pertenencia y suele conllevar tanto estereotipación como racialización. Este artículo da cuenta de la experiencia de otrificación de personas lesbianas, gais, bisexuales, trans, queer/en cuestionamiento y más (LGBTQ+) atendidas en terapia de pareja focalizada en las emociones (EFCT), tanto en su propia terapia como al participar en un estudio de investigación sobre la adaptación de la EFCT a la experiencia vivida singular de las comunidades LGBTQ+. Este estudio recurrió al análisis de casos negativos en el marco de un análisis temático (AT) para desarrollar tres temas: (1) comprender frente a sobredimensionar la identidad, (2) formar a quien ejerce la terapia y (3) profundizar las conversaciones sobre la identidad.

Palabras clave: terapia de pareja focalizada en las emociones, LGBTQ+, otrificación

La investigación existente documenta los resultados positivos de la psicoterapia culturalmente sensible, incluida la terapia de pareja (Ellis et al. 2022; Hall et al. 2019; Soto et al. 2018). Un aspecto inherente a la terapia culturalmente sensible es la integración de las identidades de las personas consultantes y de terapeutas (Davis et al. 2018; Pettyjohn et al. 2020). Pese a la investigación que respalda una orientación multicultural del trabajo terapéutico (p. ej., Jennings and Sprankle 2023; Owen et al. 2014), las personas consultantes con identidades marginadas siguen viviendo la otrificación en terapia. La otrificación es un proceso multidimensional mediante el cual un endogrupo dominante se centra de manera reduccionista en las características «carentes» de un exogrupo, lo que conduce a la discriminación y la marginación (Jensen 2011). Para comprender mejor esta brecha persistente entre la promesa de la práctica culturalmente sensible y las realidades que afrontan las personas consultantes, este artículo da cuenta de las experiencias de otrificación de personas lesbianas, gais, bisexuales, trans, queer/en cuestionamiento y más (LGBTQ+) atendidas en terapia de pareja focalizada en las emociones (EFCT), tanto en su propia terapia como en el contexto de su participación en un estudio de investigación (Edwards et al. 2025).

1 Identidad de terapeutas y de personas consultantes

Tanto terapeutas como personas consultantes aportan a la terapia sus propias identidades diferenciadas; estas identidades interactúan a lo largo de la terapia y crean así una combinación de perspectivas, culturas y experiencias potencialmente concordantes (Pettyjohn et al. 2020). La identidad de la persona consultante y la de terapeutas influyen, por ejemplo, en la alianza terapéutica (es decir, una relación de colaboración con consenso en torno a los objetivos y tareas de la terapia [Cruwys et al. 2023]). Una identidad social compartida predice tanto la alianza de trabajo como la percepción de la persona consultante sobre la utilidad de la terapia (Cruwys et al. 2023), mientras que la competencia terapéutica para manejar las diferencias raciales y étnicas depende del género tanto de la persona consultante como de quien ejerce la terapia (Kivlighan et al. 2019); al parecer, a terapeutas se les escapan las intersecciones de opresión que viven las mujeres racializadas (Kivlighan et al. 2019). La identidad influye también en la percepción que las personas consultantes tienen de la competencia terapéutica: las personas consultantes de minorías raciales y étnicas consideran que terapeutas de minorías raciales/étnicas muestran más autenticidad y competencia cultural (Phillip and Maimon 2023).

Además, tener una identidad marginada influye en el uso de la terapia, ya que las personas con identidades históricamente marginadas son más reticentes a iniciar una terapia (Jones 2024) y las personas consultantes de minorías raciales/étnicas la abandonan antes (Zeber et al. 2017). Por ello, quienes ejercen la terapia con personas cuyas identidades difieren de las suyas (p. ej., terapeutas cisgénero que trabajan con personas trans) pueden encontrarse con retos singulares, vivir aprendizajes imprevistos y necesitar desarrollar conocimientos y habilidades esenciales que sostengan su capacidad de llevar a cabo un trabajo terapéutico eficaz (McGeorge et al. 2021; Salpietro et al. 2019). Uno de los aspectos de los conocimientos y habilidades necesarios para manejar la complejidad de la identidad de terapeutas y personas consultantes en terapia es la capacidad de conceptualizar cómo interactúan las identidades.

1.1 Modelos y marcos

Varios marcos pueden ayudar a terapeutas a conceptualizar las interacciones entre su identidad y la de las personas consultantes, entre ellos la interseccionalidad (Crenshaw 1989), la orientación multicultural (MCO; Davis et al. 2018; Owen 2013; Owen et al. 2011) y el modelo ADDRESSING de Hays (2024). La interseccionalidad (Crenshaw 1989) concibe las experiencias vividas como multifacéticas, dinámicas y subjetivamente influidas por la posición social de las personas, es decir, su proximidad a las ventajas y desventajas estructurales derivadas de sus identidades entrecruzadas. Este marco reconoce también la proximidad a la marginación sistémica (p. ej., pobreza, encarcelamiento de una persona cuidadora, separación familiar forzada) como un elemento central de la posición social y va más allá de la identidad individual. Una mirada interseccional pone de relieve cómo la pertenencia percibida a un grupo expone a las personas y a las relaciones a formas singulares y complejas de discriminación y sesgo (Crenshaw 1989). Puesto que la comprensión que cada persona tiene de sus identidades es única, su experiencia del sesgo y la discriminación será también, de manera inherente, única (Crenshaw 1989).

El marco de la orientación multicultural (MCO; Davis et al. 2018; Owen 2013) propone maneras de estar con las personas consultantes. Los tres pilares de la MCO son la humildad cultural, la comodidad cultural y las oportunidades culturales. La humildad cultural refleja la capacidad de terapeutas para establecer relaciones igualitarias con las personas consultantes manteniendo la autoconciencia y una actitud no defensiva respecto de su propia capacidad de orientarse hacia el otro. La comodidad cultural es el grado de comodidad genuina de terapeutas para mantener conversaciones multiculturales en terapia, y las oportunidades culturales reflejan las acciones terapéuticas para explorar la identidad cultural (Davis et al. 2018; Owen 2013). La investigación muestra que terapeutas con altos niveles de humildad y comodidad culturales —que además aprovechan las oportunidades culturales— obtienen mejores resultados terapéuticos (Davis et al. 2018; Owen et al. 2016).

El modelo ADDRESSING pone de relieve las normas y los sistemas culturales que otorgan o niegan privilegios y permite comprender la diversidad dentro del grupo (Hays 2024). El acrónimo puede ayudar a terapeutas a evaluar cómo sus identidades pueden influir en la relación terapéutica y cómo las personas consultantes pueden experimentar el mundo en función de sus identidades entrecruzadas: Age/generation (edad/generación), Developmental/other Disability (discapacidad del desarrollo u otra), Religion/spirituality (religión/espiritualidad), Ethnicity/racial identity (etnicidad/identidad racial), SES (nivel socioeconómico), Sexual orientation (orientación sexual), Indigenous heritage (herencia indígena), National origin (origen nacional) y Gender (género) (Hays 2024). ADDRESSING anima a terapeutas a (1) realizar autoevaluaciones continuas sobre cómo la identidad moldea el trabajo terapéutico, (2) prestar atención a las desigualdades estructurales arraigadas en el sistema de salud mental, (3) abordar la opresión sistémica y (4) centrarse en las fortalezas de las personas consultantes (Hays 2024). Aunque numerosos modelos y marcos ayudan a terapeutas a conceptualizar y abordar cómo interactúan las identidades de la persona consultante y de quien ejerce la terapia a lo largo del proceso, a una gran parte de terapeutas se les pueden escapar oportunidades culturales (Davis et al. 2018) o pueden, sin querer, decir o hacer algo que otrifique a la persona a la que atienden.

2 La otrificación

En términos generales, la otrificación es un proceso que genera marginación y desigualdad a partir de una identidad grupal preconcebida (Powell and Menendian 2016) e implica la construcción hegemónica de la pertenencia y la no pertenencia (Akbulut and Razum 2022). La otrificación se produce cuando se atribuyen a una persona o a un grupo, de manera sistemática o interpersonal, rasgos que se viven como foráneos, indeseables o ajenos (Milkavcic and LeBlanc 2014), y suele conllevar tanto estereotipación como racialización (Powell and Menendian 2016). Para otrificar, un endogrupo tiene que concebir la identidad como dicotómica, creando así un exogrupo (Akbulut and Razum 2022). De hecho, la otrificación presupone que la sociedad está formada por grupos reales y distinguibles y, por tanto, da por sentado que existen diferencias genuinas entre grupos (Akbulut and Razum 2022).

2.1 La otrificación en psicoterapia

Lamentablemente, la otrificación se produce en terapia, ya que las formas en que el poder y la opresión existen en la consulta reflejan las formas en que estas dinámicas se despliegan en el contexto sociocultural más amplio (Moodley 2009). Terapeutas que invalidan y descentran las voces marginadas fuera de la consulta pueden reproducir estos procesos con las personas a las que atienden, mientras que quienes sintonizan enfáticamente con las experiencias de opresión y marginación de las personas consultantes probablemente lo hagan también fuera de la terapia (Kuo et al. 2022). El acto de otrificación por parte de terapeutas repercute negativamente en el acceso a un tratamiento de calidad y, por tanto, agrava las desigualdades de salud existentes (Bhugra et al. 2023).

La otrificación es a menudo un proceso complejo que depende tanto de las personas implicadas como del contexto (Powell and Menendian 2016). Puede haber aspectos de una persona que sean otrificados (p. ej., la condición de discapacidad), mientras otros aspectos de su identidad son acogidos (p. ej., la raza). De hecho, la otrificación se produce cuando un aspecto no deseado de la identidad social es visible, pero también está devaluado en ese contexto (Powell and Menendian 2016). La otrificación también puede producirse de manera involuntaria o por desconocimiento, por parte de terapeutas que no son conscientes de cómo la identidad influye en el trabajo terapéutico. Por ello, el uso de modelos y marcos para comprender cómo interactúan la identidad de la persona consultante y la de quien ejerce la terapia es necesario para limitar las experiencias de otrificación.

2.2 Microagresiones

Las microagresiones (es decir, experiencias interpersonales comunes y breves que transmiten mensajes denigrantes sobre un grupo de personas a partir de sesgos y creencias inconscientes [Sue et al. 2022]) son una forma habitual de otrificación. Las microagresiones pueden ser verbales o no verbales, suelen ser indirectas, pueden producirse en situaciones en las que existen explicaciones alternativas para un rasgo o un comportamiento y es más probable que ocurran cuando las personas fingen no advertir las diferencias (Sue et al. 2022). Quienes perpetúan microagresiones suelen adoptar una visión individualista de los rasgos y comportamientos de las personas, negando así el impacto sistemático, cognitivo y conductual de la raza, la etnicidad, el género, la orientación sexual, la condición de discapacidad y la religión/espiritualidad (Sue et al. 2022). Existen varios tipos de microagresiones, entre ellos los microinsultos (menosprecios sutiles), los microataques (ofensas manifiestas) y las microinvalidaciones (es decir, la negación de la experiencia de una persona, en especial de la marginación y la opresión [Sue et al. 2022]). Cuando se producen microagresiones en terapia, se asocian a peores resultados para las personas consultantes (Davis et al. 2016). Por ejemplo, las personas trans en terapia refieren una falta de respeto hacia su identidad de género (p. ej., el uso de un género equivocado), la confusión entre identidad sexual e identidad de género y un énfasis excesivo en la disforia de género como diagnóstico, lo que repercute negativamente en los resultados de la terapia (Morris et al. 2020).

3 El presente estudio

El presente artículo forma parte de un estudio más amplio cuyo objetivo era comprender las experiencias de personas consultantes LGBTQ+ en EFCT y sus recomendaciones para adaptar la EFCT. En el transcurso de este proceso, las personas participantes hablaron de experiencias en terapia que afirmaban su identidad, así como de experiencias que vivieron como otrificantes. Este artículo describe lo que las personas participantes relatan sobre el hecho de sentirse otrificadas tanto en su propia terapia como al participar en este estudio.

3.1 La EFCT

La EFCT (Johnson 2019) es un enfoque de tratamiento relacional ampliamente investigado y basado en la evidencia (Spengler et al. 2022). La EFCT integra elementos de la teoría de sistemas, de los métodos experienciales y de la terapia familiar humanista, y se fundamenta en la teoría del apego (Johnson 2019). Las intervenciones asociadas a la EFCT buscan favorecer una mayor sintonía emocional entre los miembros de la pareja, reducir los patrones de interacción destructivos y reforzar los vínculos de apego (Johnson 2019).

3.1.1 La EFCT con poblaciones diversas

La literatura empírica que describe la EFT aplicada a poblaciones diversas es limitada. La EFCT «pura» se ha estudiado con parejas iraníes (p. ej., Ahmadi et al. 2014; Najafi et al. 2015), parejas taiwanesas (Tseng et al. 2024) y parejas heterosexuales afroamericanas (Nightingale 2019). Sin embargo, han empezado a surgir artículos tanto conceptuales (p. ej., Allan and Johnson 2016; Guillory 2021) como empíricos para colmar estas lagunas. Por ejemplo, Allan et al. (2022) describen adaptaciones culturales generales de la EFCT, Hattori (2014) ilustra una EFCT culturalmente adaptada con parejas japonesas y Edwards et al. (2025) documentan las recomendaciones de terapeutas de EFCT para su uso con personas y relaciones LGBTQ+.

4 Métodos

4.1 Diseño del estudio

Este estudio se diseñó inicialmente para recoger información de personas atendidas en EFCT que se identificaban como miembros de las comunidades LGBTQ+ sobre cómo adaptar la EFCT para tener en cuenta sus experiencias vividas singulares. Estos resultados principales se describen en Edwards et al. (2025). Este artículo se centra específicamente en el tema imprevisto de la otrificación, que surgió tanto cuando las personas participantes hablaron de sus experiencias personales de EFCT como cuando participaron en el propio proceso del estudio: las pruebas de visionado («theater testing»).

4.1.1 Grupos focales de prueba de visionado

La prueba de visionado es un método de recogida de datos desarrollado en el ámbito de los estudios de mercado para obtener la opinión de participantes sobre productos, servicios y anuncios (National Cancer Institute 2004). Consiste en que un pequeño grupo de participantes seleccionados interactúe con materiales audiovisuales o hable sobre ellos (National Cancer Institute 2004). En los estudios de mercado, la prueba de visionado suele combinarse con grupos focales (National Cancer Institute 2004). El uso de grupos focales de prueba de visionado permite recoger un abanico de opiniones y experiencias y comprender por qué las personas participantes en el grupo focal piensan y sienten lo que piensan y sienten sobre el material audiovisual (Hodock 1980; Whitehill King et al. 1993). En los estudios de mercado, esto ofrece al equipo investigador la oportunidad de introducir cambios para vender mejor el producto o el servicio (Atkin and Freimuth 2013).

Cuando se utiliza en la investigación sobre intervenciones, la prueba de visionado con grupos focales consiste en que el público destinatario de la intervención observe y comente su impacto, su viabilidad y el potencial de cambios culturalmente pertinentes (Wingood and DiClemente 2008). En concreto, la prueba de visionado puede utilizarse para recoger las voces y experiencias en primera persona de grupos culturales concretos, a fin de determinar cómo aumentar la pertinencia cultural de una intervención (Wingood and DiClemente 2008). Entre las adaptaciones culturales surgidas del uso de la prueba de visionado figuran un mayor énfasis en el autocuidado de los síntomas del VIH en Tailandia (Khumsaen and Stephenson 2017) y el desarrollo de una aplicación de prevención del VIH para hombres que tienen sexo con hombres (HSH; Goldenberg et al. 2015).

4.2 Reclutamiento y participantes

El estudio se difundió entre abril y octubre de 2023 a través de la lista de correo queer de EFCT, la lista de correo del International Centre for Excellence in Emotionally Focused Therapy (ICEEFT) y grupos queer de EFCT en Facebook. También se contactó con responsables de centros de EFCT y con personas organizadoras comunitarias, a quienes se pidió que compartieran la información sobre el estudio con sus redes locales de EFCT. Todas las personas terapeutas de países anglófonos que figuraban en el directorio del ICEEFT recibieron invitaciones por correo electrónico. Los anuncios incluían detalles sobre la finalidad del estudio, sus procedimientos, su carácter voluntario y la compensación.

Para poder participar, las personas debían: (1) identificarse como miembros de las comunidades LGBTQ+, (2) haber completado un mínimo de seis sesiones de EFCT con una pareja con la que mantuvieran una relación desde hacía al menos 1 año y (3) tener 18 años o más. Se excluyó a quienes atravesaban una psicosis activa, violencia en la pareja o ideación suicida. Las personas que refirieron ideación suicida durante la selección fueron derivadas a la línea de crisis 988 y a los recursos de apoyo locales pertinentes.

Participaron en total 35 personas que se identificaban como LGBTQ+. La mayoría se identificaba como blanca (71%) y procedía de Estados Unidos (89%). El resto residía en Bélgica (3.67%), Canadá (3.76%) y Australia (3.76%). Dos personas participantes se identificaron como multirraciales, dos como asiáticas, dos como negras y dos prefirieron no especificar su raza. Tres se identificaron como hispanas, latinas/latinx o de origen español: dos se identificaron como mexicanas, mexicoamericanas o chicanas/chicanx, y una como brasileña. Siete personas participantes indicaron que trabajaban en el ámbito de la terapia; cuatro de ellas tenían formación específica en EFCT, seis tenían un máster y una, un doctorado. La mayoría de las personas participantes (95%) expresó satisfacción con la EFCT. Otros datos sociodemográficos (p. ej., edad, ingresos anuales) se recogen en Edwards et al. (2025).

4.3 Procedimientos de recogida de datos

La recogida de datos comenzó tras la aprobación del IRB de la Michigan State University (n.º 8915). Una semana antes de cada sesión de grupo focal, las personas participantes recibieron un correo electrónico con el orden del día y los objetivos, la guía de entrevista, un enlace a la reunión de Microsoft Teams y enlaces al formulario de consentimiento y al cuestionario sociodemográfico. Se envió un correo recordatorio 24 h antes de la sesión prevista. Los grupos focales duraron entre 105 y 142 min, con una duración media de 122 min (véase Edwards et al. (2025) para más detalles sobre la metodología).

Conforme a las recomendaciones de Krueger y Casey (2015) para la realización de grupos focales, estos comenzaron con una serie de preguntas iniciales sobre cómo las personas participantes habían encontrado a su terapeuta de EFCT y cómo esta persona había favorecido una sensación de seguridad. A continuación, las personas participantes vieron dos fragmentos de los vídeos de formación en EFCT The EFT Path to Secure Connection: Working Successfully with Same‐Sex Couples (Reel Concepts for Susan Johnson Inc. 2011). El primer fragmento se centraba en la identificación de los ciclos de interacción negativos con una pareja de hombres gais, y el segundo mostraba cómo volver a implicar a un miembro de la pareja que se retira, con una pareja de mujeres lesbianas. En ambas sesiones aparecía la misma terapeuta experta en EFCT, formadora y supervisora, que demostraba la EFCT con fidelidad al modelo. Estos vídeos ilustraban las prácticas estándar de la EFCT, pero no incorporaban las estrategias socioculturales utilizadas habitualmente con poblaciones marginadas. Por tanto, aunque los vídeos modelaban una EFCT eficaz y «pura», no tenían el objetivo explícito de reflejar prácticas terapéuticas culturalmente sensibles o afirmativas.

4.4 Análisis de los datos

Las transcripciones de los grupos focales las generó Microsoft Teams y se utilizaron después para el análisis de los datos. Antes del análisis, la persona que firma en primer lugar revisó cada transcripción mientras escuchaba la grabación de audio correspondiente y corrigió los errores de transcripción. Se emplearon procedimientos analíticos flexibles e inductivos para dar cuenta de la riqueza que surgía dentro de los datos. Todos los datos se analizaron mediante los procedimientos del AT, un método de seis pasos para analizar datos cualitativos. Los seis pasos (Braun and Clarke 2006) son: (1) familiarizarse con los datos, (2) generar códigos iniciales, (3) identificar posibles temas, (4) revisar esos temas, (5) definir y nombrar los temas y (6) redactar el informe final.

Para iniciar la familiarización, la persona que firma en primer lugar escuchó cada grabación de grupo focal tomando notas y después leyó cada transcripción cuatro veces, como se recomienda para permitir una implicación profunda con los datos (Saldana 2021). La toma de notas también contribuyó a este proceso al documentar las principales conclusiones de cada grupo y las primeras impresiones sobre los datos. Después se generaron códigos iniciales identificando palabras clave, conceptos, frases breves y códigos in vivo (las palabras exactas de las personas participantes) esenciales para las preguntas de investigación principales.

A continuación, para identificar posibles temas, la persona que firma en primer lugar empezó por identificar patrones, ideas recurrentes y posibles categorías que pudieran organizar los códigos clave. Siguió una codificación latente, que se utiliza para interpretar significados y conceptos más profundos y subyacentes a partir del contexto de los datos (Saldana 2021). Los códigos latentes se indexaron después mediante un procedimiento estandarizado en Microsoft Word. Durante la codificación surgieron varios temas destacados que no se habían previsto explícitamente en el diseño original del estudio. Estos temas se incorporaron en las rondas sucesivas de análisis y de generación de temas mediante un proceso iterativo de depuración de códigos y redacción de memorandos. La aparición de estos resultados suscitó una reflexión frecuente sobre la finalidad original del estudio, dado que en la investigación cualitativa pueden surgir resultados imprevistos (Creswell and Poth 2018).

Por ello, la segunda, la tercera y la cuarta personas firmantes realizaron auditorías internas y externas para reforzar la fiabilidad del estudio. La tercera persona firmante llevó a cabo auditorías internas de la trazabilidad de los datos, que garantizaron la coherencia entre los datos existentes (grabaciones de audio, transcripciones, notas de quien firma en primer lugar) y los temas y subtemas finales. Todo el equipo de autoría realizó auditorías externas para comprobar que la presentación final de los resultados se ajustaba a los objetivos del estudio, a sus métodos y a las declaraciones de las personas participantes. Así se garantizó que los códigos, los temas y el informe final se mantuvieran lo más cerca posible de las perspectivas de las personas participantes, en especial el tema emergente e imprevisto de la otrificación. Estos procesos favorecieron la reflexividad investigadora y ayudaron a gestionar posibles supuestos y sesgos a lo largo del proceso de investigación.

4.4.1 Fiabilidad

La credibilidad de la investigación cualitativa se evalúa en función de la claridad con que se presentan los datos y los métodos de investigación (Hadi and José Closs 2016). Para aumentar la transparencia de este estudio, el equipo de autoría ofreció una descripción detallada de los procedimientos de investigación y pruebas de triangulación (es decir, el uso de múltiples fuentes de datos para desarrollar una comprensión completa del tema [Hadi and José Closs 2016]), incluidas las notas y los memorandos elaborados por la persona que cofacilitaba el grupo focal. Para verificar la exactitud de las transcripciones, se envió a cada participante por correo electrónico una copia de sus respuestas para que la revisara (es decir, una comprobación con participantes o member checking). La comprobación con participantes permite que estas personas confirmen si sus perspectivas se han representado con exactitud, lo que ayuda a quien investiga a garantizar la autenticidad del relato de sus experiencias (Creswell and Poth 2018). Tres participantes revisaron sus transcripciones y confirmaron que sus opiniones estaban reflejadas con exactitud, y otras dos personas compartieron notas que habían tomado durante las sesiones del grupo focal.

Al inicio de este proyecto, el equipo de autoría no esperaba encontrar que hablar de la identidad hiciera que las personas participantes se sintieran otrificadas; la investigación existente respalda firmemente la integración de la identidad en el proceso terapéutico, en especial con personas consultantes LGBTQ+ (Neff 2024). Por ello, este artículo se centra en el análisis de casos negativos, que implica el análisis y la inclusión deliberados de datos que no se ajustan a las predicciones teóricas o a los patrones esperados (Hanson 2017; Miles et al. 2019). El análisis de casos negativos aumenta la fiabilidad y el rigor de la investigación cualitativa, ya que supone una investigación completa de los factores que podrían explicar los datos inesperados y permite al equipo investigador revisar sus supuestos teóricos (Hanson 2017; Miles et al. 2019).

4.4.2 Posicionamiento del equipo de autoría

La persona que firma en primer lugar, blanca, pansexual, poliamorosa, agénero, de presentación femenina y procedente de un entorno de clase media baja, llevó diarios reflexivos a lo largo de todo el proyecto para examinar cómo sus identidades sociales moldeaban la producción y la interpretación del conocimiento. Dado que organizó y dirigió todos los grupos focales, su posicionamiento probablemente influyó en el proceso de investigación. La coincidencia entre sus identidades y las de muchas de las personas participantes pudo facilitar la conexión, animando a las personas participantes a expresarse con más apertura y permitiendo recoger datos más ricos. En conjunto, las cuatro personas firmantes representan identidades diversas, y todas comparten intereses de investigación en la práctica basada en la evidencia y en las terapias sistémicas culturalmente sintonizadas.

5 Resultados

Las personas participantes compartieron comentarios complejos y matizados sobre lo que observaron en los vídeos y sobre sus propias experiencias de EFCT, de los que surgió el tema imprevisto de la otrificación. Todas las personas participantes señalaron que habían buscado específicamente terapeutas con experiencia de trabajo con las comunidades LGBTQ+. Sin embargo, el grado en que deseaban que sus identidades LGBTQ+ se integraran en la EFCT variaba, lo que llevó a algunas de ellas a sentirse otrificadas. De hecho, las formas en que se hablaba de la identidad —o no se hablaba de ella—, tanto en la terapia como en los vídeos de formación, se vivieron de maneras complejas. Del análisis de casos negativos surgieron tres temas relacionados con esta experiencia de otrificación: (1) comprender frente a sobredimensionar la identidad, (2) formar a quien ejerce la terapia y (3) profundizar las conversaciones sobre la identidad.

5.1 Tema 1: comprender frente a sobredimensionar la identidad

Todas las personas participantes coincidieron en que quien ejerce la terapia debe tener experiencia de trabajo con las comunidades LGBTQ+; para ellas era importante que su terapeuta entendiera lo que significa no ser heterosexual o no ser cisgénero. Sin embargo, algunas personas participantes cisgénero explicaron que, si su terapeuta hablara de su identidad sexual, se sentirían otrificadas: vivirían su identidad como sobredimensionada, lo que crearía una comparación entre las relaciones heterosexuales/cisgénero y las relaciones LGBTQ+ y significaría que su relación no estaba «al mismo nivel que cualquier otra relación» (P15). Al crearse esta comparación, las personas participantes contaban que tenían la sensación de que sus terapeutas no sabían nada de las relaciones LGBTQ+ o de que existía una diferencia inherente y problemática entre sus relaciones y las relaciones heterosexuales/cisgénero.

De hecho, varias personas participantes señalaron que, si su terapeuta hablara de su identidad sexual, eso significaría que su relación era anormal. P2 explicó que la terapia no era un espacio para «señalar» el género o la sexualidad, porque «solo quería ser como todo el mundo». Por tanto, la ausencia de conversación sobre la sexualidad significaba que eran «básicamente como todo el mundo» (P11). Hablar de la identidad haría que las personas participantes «se sintieran diferentes» (P11). Esto estaba directamente ligado a la sensación de seguridad en la relación terapéutica, como explica P8: «[nuestra sexualidad] no era un tema, y así es como sentía seguridad, porque no era nada». P7 lo resumió así: «Creo que [nunca] se ha mencionado, y eso se siente como una aceptación total».

Además, varias personas participantes expresaron que la identidad LGBTQ+ no tenía relación con el motivo de consulta. Dieron varias razones: se sentían lo bastante seguras en su identidad lesbiana como para que no les pareciera pertinente (p. ej., P7, P16, P17), su identidad queer era plenamente aceptada por su pareja (p. ej., P27, P28), sus motivos de consulta eran experiencias sin relación con la marginación LGBTQ+ (p. ej., P7, P8, P11, P12, P14, P24), o porque gestionar las dificultades de una relación interracial era prioritario (p. ej., P12, P13, P14). Por eso, a algunas personas participantes les resultó difícil ver el vídeo de formación de la primera etapa, en el que la terapeuta habla abiertamente de la identidad gay masculina. Para P4, «[la terapeuta] convirtió el hecho de que fueran gais en un problema, y el problema era la seguridad y la vulnerabilidad…. No conviertas el ser gay en un problema. Si es un problema… no deberías estar atendiendo a una pareja gay».

Por otro lado, dos personas participantes no cisgénero observaron que centrarse en la identidad de género hasta el punto de excluir el motivo de consulta e ignorar otras facetas de la identidad de una pareja también resultaba otrificante. P27 explicó su propia experiencia en EFCT: «…se dio por sentado que mi ser trans era un problema, sobre todo un problema en mi apego con los demás. En mi sesión individual, [quien nos hacía terapia] se centró por completo en mi identidad trans». (P27). La pareja de P27 (P28), que se identificaba como persona no binaria, explicó además cómo este énfasis terapéutico en la identidad trans resultaba otrificante: «Me dolió mucho que [quien nos hacía terapia] ni siquiera reconociera mi identidad [no binaria]. Y ni a mí ni a mi pareja nos pareció que [nuestras sesiones individuales] tuvieran que ver con nuestra relación». Centrarse en la identidad —en ciertas identidades— en lugar de en lo que las personas consultantes consideran pertinente amplificó la sensación de ser otrificadas y amplificó las experiencias de marginación.

5.2 Tema 2: formar a quien ejerce la terapia

Las personas participantes solían buscar terapeutas con experiencia LGBTQ+ para no tener que formarles sobre las identidades y experiencias LGBTQ+; como dijo P20, contar con terapeutas que conocen la experiencia vivida de ser LGBTQ+ significaba no tener que «dar todas las malditas explicaciones». Por ello, tener la responsabilidad de enseñar a terapeutas sobre las comunidades LGBTQ+ se percibía como algo que se exige de forma rutinaria a las personas marginadas y como una de las principales vías por las que se sentían otrificadas. P35 explicó: «Estoy pagando para formar [a quien me hace terapia] sobre algo que es bastante razonable esperar que ya sepa. No creo que eso se le exigiera a gente que no pertenece a una minoría». La necesidad de formar a quien ejerce la terapia sobre las comunidades LGBTQ+ llevó también a las personas participantes a hablar de la falta de seguridad que implica que la persona terapeuta aprenda sobre sus identidades durante la terapia. Por ejemplo, P24 afirmó: «No sentiría tanto apoyo… teniendo que explicar lo que es ser queer». P3 lo resumió de forma concisa: «No estoy aquí para enseñarte a ser gay».

Varias personas participantes indicaron que era importante que quien ejerce la terapia aprendiera, pero también que se asegurara de que el foco siguiera puesto en la experiencia de la persona consultante y no en su propio aprendizaje. Esto fue especialmente claro para quienes observaron que la terapeuta del vídeo de formación repetía varias veces que no se le había ocurrido una experiencia especialmente común entre los hombres gais (ser hiperindependientes para evitar que se les considere femeninos). El foco de la terapia se desplazó de la relación de la pareja consultante a la propia experiencia de la terapeuta asimilando información nueva. P31 señaló: «Creo que lo verdaderamente otrificante es que alguien reaccione con mucho asombro ante algún aspecto de tu identidad o de tu experiencia». Esto subrayaba que la sexualidad de las personas participantes y, por tanto, partes inherentes de sí mismas eran otras, extrañas, ajenas, y que no podían esperar seguridad de terapeutas que las otrificaban. La constatación de esta falta de seguridad enfadó a algunas personas participantes, como explicó P14:

La respuesta [de la terapeuta] me sentó mal… [el cliente del vídeo de formación] contó que había sido un chico gay joven, lo cual tenía otras implicaciones, y cualquier emotividad se atribuía a la feminidad. Lo cual tenía una connotación muy negativa. Y cuando la terapeuta dijo “Nunca había pensado en eso”… yo pensé… eso deberías saberlo. [Sé que] esto se grabó a principios de los 2000 y que la formación de terapeutas sobre la identidad queer simplemente no existía. Sigue sin existir… pero ¿nunca se te había ocurrido?

Por otro lado, algunas personas participantes señalaron que era importante que quien ejerce la terapia mostrara apertura para aprender de las personas a las que atiende. P15, P16, P17, P21 y P22 mencionaron que la curiosidad genuina de su terapeuta por sus experiencias vividas era significativa y generaba seguridad. Esta dualidad —la idea de que es importante que terapeutas aprendan, y también que no verbalicen ese aprendizaje ante las personas consultantes, sobre todo cuando se refiere a la identidad sexual o de género— subraya la complejidad de cómo y cuándo las personas consultantes LGBTQ+ se sintieron otrificadas.

5.3 Tema 3: hablar de la identidad y profundizar en ella

Las personas participantes señalaron también que, en algunas circunstancias, ayudaba que quien ejerce la terapia hablara abiertamente de las identidades LGBTQ+. P16 y P17 contaron que su terapeuta les preguntó por sus pronombres y abordó su propia identidad al comienzo de la terapia, lo que generó una sensación de comodidad y seguridad. Además, todas las personas participantes que se identificaban como no blancas indicaron que hablar de cómo la raza y la etnicidad influían en las dinámicas de su relación era esencial para garantizar la seguridad en la relación terapéutica. Todas las personas participantes que consideraron importante hablar de la identidad subrayaron que esta no debía abordarse de manera superficial, sino que hacía falta una conversación más profunda sobre la identidad y sus implicaciones.

Profundizar en la conversación sobre la identidad implicaba, en parte, que la persona terapeuta debía ir más allá de los estereotipos. De hecho, al ver el vídeo de formación, P11 señaló lo importante que es la elección de las palabras cuando se habla de una identidad que la persona terapeuta no comparte con quienes consultan: «… [la terapeuta] ni siquiera dijo es como [sic] si fueras un extraño en tierra extraña. Dijo: “eres un extraño en tierra extraña”. Pensé: no puedes hablar de verdad de la experiencia de una persona queer si no eres queer». El énfasis en el lenguaje, en cómo la persona terapeuta formula afirmaciones sobre la identidad, subraya la importancia de hacer preguntas y de trabajar desde una posición de no saber, en la que las personas consultantes son las expertas.

La importancia de hacer preguntas, de utilizarlas para profundizar, se puso de relieve cuando las personas participantes señalaron momentos en los que la terapeuta experta podría haber profundizado en la conversación sobre la identidad en los vídeos de formación: «…estaban hablando de roles de género, y [la terapeuta] habla de los hombres en general. Había muchísimas oportunidades para reflejar y situar su sexualidad y su relación dentro del marco del apego» (P34). P1 señaló que la terapeuta experta no profundizó en la conversación sobre la salida del armario, lo que le impidió tanto comprender al cliente de forma más profunda como permitir que la pareja hablara de cómo habían creado en su relación la seguridad suficiente para que uno de ellos saliera del armario en el trabajo por primera vez. Varias personas participantes señalaron que se trataba de una omisión crucial, ya que salir del armario puede ser un rito de paso para las personas LGBTQ+, cargado a la vez de alegría y de miedo.

Aunque la terapeuta del vídeo de formación sí habló de la dualidad entre la «opresión externa» y la consiguiente experiencia de opresión interna, «faltaba cierta profundidad en la manera en que [la terapeuta] respondía a esos dos elementos» (P31). P30 lo desarrolló así:

…al principio pensé qué fuerte que decidiera sacar el tema de los mensajes sobre la masculinidad… está nombrando esa otra fuerza igual que nombra las fuerzas internas y las fuerzas del apego que están en juego. Y luego, en cuanto se llegó al momento en que aquello quedaba fuera de lo que ella podía comprender… reduccionista es la palabra perfecta, como intentar devolverlo a un lugar donde ella lo entiende y donde se trata de una elección puramente individual y de una dinámica puramente individual.

De hecho, uno de los hombres gais del vídeo de formación de la primera etapa mencionó que podía «quedar potencialmente destruido» si salía del armario. P11 se fijó en ello y observó: «Eso era algo tan importante, tan fuerte emocionalmente de decir. Y [la terapeuta experta] lo repitió, pero no fue a ninguna parte con ello». La falta de profundidad, la falta de profundización, generó la sensación de ser otrificadas. Además, la incapacidad de sostener las complejidades de la interseccionalidad en la relación no solo se observó en los vídeos de formación, sino que también se vivió en las propias experiencias de EFCT de las personas participantes. P35, que se identificaba como persona de género fluido, explicó que no podía llevar a terapia todo su ser ni todos los matices de su relación:

…en el coche, de vuelta a casa, hablamos de… ¿queremos simplemente dejar de intentar que [nuestra terapeuta] entienda mi género? Es que había tantísimas capas que simplemente [dejamos estar]…. Dejaremos que nos trate como a una pareja cis/hetero y veremos si funciona así…. Creo que sacamos más de las sesiones siguientes, después de dejar estar [nuestros] matices.

La falta de profundización en la identidad, la incapacidad de sostener la complejidad y la normalización del hecho de tratar a las personas consultantes «igual que a cualquier pareja hetero» (P21) dejaron a algunas personas participantes con la sensación de ser extrañas, anormales y otrificadas, mientras que otras deseaban que sus identidades no eclipsaran la finalidad de la terapia.

6 Discusión

El presente estudio documenta, mediante el análisis de casos negativos, el hallazgo imprevisto de la otrificación vivida por miembros de las comunidades LGBTQ+ en EFCT. Las personas participantes contaron que el porqué, el cuándo y el cómo se hablaba —o no se hablaba— de la identidad LGBTQ+ influía en su experiencia tanto de la terapia como del visionado de los vídeos de formación. En concreto, describieron que hablar de la identidad podía indicar que quien ejercía la terapia confundía su identidad sexual con su motivo de consulta; que la manera de hablar de la identidad podía indicar que las personas consultantes tenían que dedicar tiempo a formar a su terapeuta sobre experiencias comunes en las comunidades LGBTQ+; y que, si se iba a hablar de la identidad, la conversación debía centrarse en profundizar la comprensión de las experiencias vividas de la persona consultante. Estos resultados sugieren que hablar de la identidad LGBTQ+ es algo matizado e interseccional, ya que existe una diversidad de opiniones sobre lo que cada persona (y cada relación) prefería.

Las preferencias de las personas participantes en cuanto a hablar de su identidad sexual ponen de relieve aspectos esenciales de la terapia culturalmente sensible, entre ellos el valor de un diálogo abierto para determinar las preferencias de las personas consultantes sobre el foco de la sesión y la importancia de ajustar el tratamiento a su visión del mundo. Adaptarse a las preferencias de las personas consultantes reduce el abandono y mejora los resultados (Swift et al. 2018), y las personas consultantes prefieren terapeutas que recurren a la conversación abierta para adaptar la terapia a sus necesidades singulares (Di Malta et al. 2025). Además, utilizar modelos, métodos e intervenciones terapéuticas acordes con los valores, creencias y supuestos de las personas consultantes (es decir, con su visión del mundo) es a la vez un principio central de la humildad cultural (Mosher et al. 2017) y una vía para generar una atención culturalmente segura (Wright et al. 2021).

La investigación respalda el uso del broaching en terapia (Chang and Berk 2009; Sanders Thompson and Alexander 2006; Zhang and Burkhard 2008; Zhang and McCoy 2008). El broaching designa una apertura constante y un compromiso con la exploración, junto con las personas consultantes, de las cuestiones de diversidad, cultura, identidad, poder, privilegio y opresión (Day‐Vines et al. 2020; Pettyjohn et al. 2020). El broaching comprende varias dimensiones: intraconsejo (es decir, el reconocimiento de las similitudes y diferencias entre profesional y persona consultante), intraindividual (es decir, el reconocimiento de la naturaleza interseccional de la identidad), intracultural (es decir, el reconocimiento de posibles problemas surgidos en el endogrupo de quien ejerce la terapia) e intercultural (es decir, el reconocimiento, por parte de terapeutas, de los aspectos de la opresión que influyen en el malestar de la persona consultante [Day‐Vines et al. 2020]). La investigación sobre los resultados del broaching respalda una mayor credibilidad profesional, una autorrevelación más rica de las personas consultantes, una mayor probabilidad de que vuelvan, una alianza de trabajo reforzada y mejores resultados terapéuticos (Chang and Berk 2009; Sanders Thompson and Alexander 2006; Zhang and McCoy 2008). Las personas consultantes consideran más competentes culturalmente a terapeutas que practican el broaching (Allen 2024), en especial las personas consultantes LGBTQ+ (Quiñones et al. 2015).

No existe una respuesta correcta para manejar los matices de las preferencias de las personas consultantes en cuanto a hablar de la identidad y a la revelación de la identidad de quien ejerce la terapia; esta conversación no tiene una talla única. Aunque a terapeutas que abordan la identidad se les considera más competentes culturalmente y la investigación existente respalda el broaching (Chang and Berk 2009; Sanders Thompson and Alexander 2006; Zhang and Burkhard 2008; Zhang and McCoy 2008), también corren el riesgo de dañar la relación terapéutica. Por ejemplo, la relación terapéutica puede resentirse cuando se habla de raza con personas consultantes que adoptan actitudes de daltonismo racial (Allen 2024), y quienes abordan la condición de discapacidad se arriesgan a aumentar el malestar de las personas consultantes, que pueden sentirse juzgadas (Anderson 2024). Por ello, recomendamos tanto apoyarse en la investigación al explicar por qué se considera importante hablar de las identidades de las personas consultantes y de terapeutas como avanzar despacio, pedir consentimiento, comprobar con las personas consultantes de qué se sienten cómodas hablando y seguir su iniciativa.

Modelos basados en la investigación, como el marco de la interseccionalidad (Crenshaw 1989), permiten a terapeutas considerar cómo múltiples identidades entrecruzadas pueden influir en las experiencias vividas de las personas consultantes, al tiempo que las implican en sus propias perspectivas sobre las cuestiones de privilegio y desventaja que repercuten de manera singular en su vida cotidiana. El modelo ADDRESSING (Hays 2024) y otros similares pueden complementar estos marcos, permitiendo a terapeutas evaluar y reconocer las experiencias estructurales que perpetúan el sesgo y la discriminación, sin alejarse de las realidades vividas de las parejas, a las que se deja compartir si la marginación puede afectar a su salud como personas y como sistema de pareja, y cómo. Estos marcos no solo aumentan la conciencia, el conocimiento y la humildad respecto de experiencias distintas de las nuestras, sino que también permiten examinar los supuestos y comportamientos habituales que, intencionadamente o no, pueden perpetuar microagresiones en terapia y, en última instancia, comprometer los resultados de las personas consultantes (Davis et al. 2016).

Un adagio de la terapia es «encontrarse con las personas consultantes allí donde están». Estos resultados indican que es importante que terapeutas acompañen a las personas consultantes en la etapa de desarrollo identitario en la que se encuentran. La identidad designa el sentido continuo de sí de una persona, definido por sus características físicas, psicológicas e interpersonales individuales, así como por sus afiliaciones y roles sociales, y que deriva del sentimiento de que los propios recuerdos, creencias y valores pertenecen al yo (American Psychological Association 2022). Existen diversos modelos de desarrollo identitario (p. ej., Bishop et al. 2020) que describen cómo los miembros de las comunidades LGBTQ+ comprenden e integran su identidad no heterosexual/no cisgénero. Por ejemplo, uno de los modelos más detallados del desarrollo de la identidad lesbiana, gay y bisexual fue descrito por Cass (1979).

Cass (1979) sostiene que la identidad se adquiere mediante procesos de desarrollo y cambio conductual, y que la estabilidad reside en la interacción entre la persona y su entorno. Las personas pueden tener identidades públicas y privadas y, a medida que avanza el desarrollo, estos aspectos de la identidad se integran y se vuelven más congruentes. Este modelo comprende seis etapas, desde la confusión (es decir, el reconocimiento de que la información no heterosexual es personalmente pertinente y experiencias de incongruencia en la visión de sí), pasando por una tercera etapa denominada tolerancia (es decir, un contacto creciente con otras personas que se identifican como no heterosexuales), hasta una sexta etapa denominada síntesis (es decir, la posibilidad de valorar de forma flexible e idiográfica tanto a personas LGBTQ+ como heterosexuales, así como la aceptación de una identidad no heterosexual como una parte de la multitud de aspectos del yo [Cass 1979]). Puede producirse un cierre identitario si las reacciones propias y ajenas ante el reconocimiento o la revelación de la identidad se perciben como negativas.

Pese a la amplia aceptación temprana del modelo de Cass, han surgido críticas importantes que cuestionan un enfoque lineal por etapas del desarrollo identitario (p. ej., Horowitz and Newcomb 2002). Entre estas críticas figuran los límites de un modelo de desarrollo unidireccional con un punto final, que no permite conceptualizar las identidades según esquemas más complejos que incluyan identidades en evolución continua, iterativas y moldeadas por contextos de desarrollo, socioculturales, interpersonales e históricos (D'Augelli 1994; Diamond 2006). Otra crítica es que el modelo de Cass y otros modelos tempranos de desarrollo se elaboraron principalmente a partir de muestras comunitarias pequeñas compuestas sobre todo por hombres gais adultos blancos. Bishop et al. (2020), por ejemplo, constataron el valor de los enfoques interseccionales y de curso vital para el desarrollo de la identidad sexual y señalaron una variación considerable en el momento y el ritmo de los hitos del desarrollo entre participantes lesbianas, gais y bisexuales. Al realizar una revisión sistemática de la evidencia de la investigación longitudinal sobre el desarrollo de la identidad de género, Fisher et al. (2025) encontraron que pueden observarse patrones de desarrollo distintos según las medidas y los constructos de identidad de género que se utilicen. Desde la perspectiva del apego, las partes del yo que constituyen la identidad sexual o de género pueden quedar escindidas o reprimidas en función del contexto sociocultural y de la experiencia vivida. Explorar estas partes de sí en terapia puede no ser seguro para las personas consultantes, que pueden necesitar un broaching constante y sutil por parte de terapeutas para tener un modelo de cómo hablar de sus identidades con seguridad. También es posible que varias de las personas participantes que señalaron no desear que la identidad se integrara en la terapia hayan cerrado la puerta a un mayor desarrollo identitario.

Considerar la identidad como inscrita en contextos socioculturales y dimensiones sociales (Margi and McQueen 2023) permite considerar cómo afecta el cierre identitario a las relaciones y describir posibles razones para incluir la identidad en el trabajo terapéutico relacional. Por ejemplo, aunque sea adaptativa, la ocultación de la identidad (es decir, la tendencia a mantener en privado la propia orientación sexual y las relaciones románticas con personas del mismo sexo (Mohr and Kendra 2011]) se asocia negativamente con la satisfacción en la relación (Guschlbauer et al. 2019; Pepping et al. 2019) y positivamente con el malestar psicológico (McIntyre et al. 2021; Riggle et al. 2017). Por tanto, aumentar la satisfacción en la relación y reducir el malestar implica de manera inherente la integración identitaria para los miembros de las comunidades LGBTQ+, lo que respalda aún más que terapeutas de EFCT integren la conversación sobre la identidad.

Además, las experiencias de estas personas participantes subrayan la importancia de que terapeutas utilicen el marco MCO y, en concreto, la humildad cultural. De hecho, terapeutas que incorporan la humildad cultural a su trabajo tienen la motivación de aprender de otras personas a lo largo de su vida, examinan críticamente su propia conciencia cultural, ponen el acento en el respeto interpersonal, se centran en construir alianzas de colaboración con las personas consultantes que aborden los desequilibrios de poder y adoptan una postura orientada hacia el otro que les permite aceptar información cultural nueva (Mosher et al. 2017). Las personas participantes de este estudio señalaron que la terapeuta de los vídeos de formación no siempre practicaba la humildad cultural, y esto se apreciaba especialmente en cómo examinaba su propia conciencia cultural y aceptaba información cultural nueva. Estas experiencias ponen de relieve la importancia de estar plenamente presentes cuando las personas consultantes comparten información cultural nueva para nosotros como terapeutas, y también de cómo procesamos esa información cultural en el momento. Esto exige una reflexión en el momento sobre cómo se responde, verbal y no verbalmente, a la nueva información cultural.

6.1 Limitaciones

Aunque este estudio aporta información importante sobre cómo viven la otrificación las personas consultantes LGBTQ+, no puede describir todas las formas posibles en que esta puede producirse. Esto puede ser especialmente cierto en el caso de participantes que conviven con identidades interseccionales y otras identidades marginadas, como la raza, la etnicidad, la clase o la condición de discapacidad, entre otras. De hecho, la mayor parte de esta muestra se identificaba como blanca y tenía más de 30 años, lo que limita la generalización a miembros de las comunidades LGBTQ+ más jóvenes y a personas racializadas. Otra limitación de este estudio es que los dos primeros grupos focales no pudieron ver los vídeos por problemas técnicos. Aunque podían oír el audio, es posible que se perdieran información que solo podía captarse viendo la grabación o que su atención fluctuara más. Las personas participantes también hicieron varias afirmaciones basadas en suposiciones sobre lo que mejor convendría a determinados grupos dentro del paraguas LGBTQ+ (p. ej., hombres gais, mujeres lesbianas). Por ello, conviene señalar que las personas participantes solo pueden hablar de sus propias experiencias vividas, pese a sus afirmaciones más generales. Por último, las personas participantes hablaron desde su propia experiencia en terapia. Como no entrevistamos ni evaluamos a ninguna de las personas terapeutas de EFCT que derivaron a sus consultantes al estudio, no podemos tener la certeza de si reaccionan ante una EFCT «pura» o ante una versión adaptada.

7 Implicaciones para la formación y la práctica de la EFCT

Los resultados de este estudio respaldan un cambio en la manera en que terapeutas de EFCT utilizan algunas microhabilidades de la EFT (p. ej., reflejos empáticos, validación, respuesta evocadora, intensificación, conjetura empática y coreografía de encuentros de implicación) para evitar la otrificación. Por ejemplo, las personas participantes subrayaron la importancia de hacer preguntas en lugar de apoyarse en el reflejo y la síntesis. El uso de preguntas permite a las personas consultantes elegir en relación con su experiencia; por tanto, puede estar justificado un desplazamiento hacia las preguntas evocadoras en lugar de los reflejos evocadores al trabajar con personas consultantes que tienen identidades marginadas. De hecho, las personas participantes señalaron la importancia y el profundo impacto de la curiosidad terapéutica para aumentar la seguridad.

Un aspecto indispensable de la puesta en práctica tanto de la humildad cultural como del broaching es la formación de terapeutas. Una formación de calidad puede mejorar la comodidad terapéutica con el broaching (Askren 2022) y con el uso del marco MCO (Davis et al. 2018), en especial en el contexto de la supervisión (Winkeljohn Black et al. 2025). Por ello, recomendamos encarecidamente a terapeutas de EFCT que busquen formaciones y supervisión centradas tanto en el broaching como en el marco MCO (Davis et al. 2018). Además de la formación en modelos de humildad cultural, los resultados de este estudio sugieren también que terapeutas de EFCT podrían beneficiarse de un mayor conocimiento de modelos complementarios basados en la investigación (p. ej., interseccionalidad, ADDRESSING) para tener presentes las posibles experiencias de las personas consultantes que viven con múltiples identidades marginadas entrecruzadas. Es esencial que terapeutas de EFCT se sientan a gusto hablando de su propia identidad y de la de las personas consultantes, practiquen la humildad cultural, aprovechen las oportunidades culturales y creen la seguridad suficiente para permitir la reparación cuando se producen rupturas relacionadas con la otrificación.

Las personas participantes en este estudio consideran que la otrificación puede evitarse si terapeutas dan testimonio de manera intencionada de las experiencias de marginación y opresión de las personas a las que atienden. Abordando las experiencias de las personas consultantes con humildad cultural y evitando imponer los valores de quien ejerce la terapia, es menos probable que las personas consultantes LGBTQ+ se sientan otrificadas. Por último, las competencias y guías terapéuticas mencionan a menudo la integración del desarrollo identitario en el proceso terapéutico (p. ej., Ratts et al. 2016). Dado el vínculo entre apego y desarrollo identitario, es importante que terapeutas de EFCT conozcan estos modelos y los integren en su trabajo terapéutico con personas consultantes LGBTQ+.

Los resultados de este estudio respaldan firmemente la importancia de que terapeutas integren de manera intencionada la identidad de las personas consultantes dentro de un marco multicultural. Comenzar la terapia con una conversación mínima sobre la identidad puede ayudar a terapeutas a mantener la atención en la preferencia de cada persona consultante sobre si su identidad sexual o de género debe incorporarse al tratamiento. Cuando se aborda la identidad, conviene emprender una exploración a la vez amplia y profunda, para que resulte significativa y pertinente para la experiencia de la persona consultante.

Complexe Systémique: puntos clave

El estudio tiene el mérito de publicar lo que contradice sus propias hipótesis: el equipo esperaba que hablar de la identidad ayudara, y algunas de las personas entrevistadas vivieron lo contrario. Desde una perspectiva sistémica, el hallazgo dibuja un atolladero conocido: nombrar la identidad puede otrificar («eres diferente»), y callarla también («no existes»). De ello no se desprende ninguna regla de contenido; lo que ayuda es la metacomunicación, es decir, preguntar a la pareja si quiere que estas cuestiones entren en la sesión, cuándo y cómo, y después seguir su respuesta. El tema de formar a quien ejerce la terapia es igual de útil: el asombro visible vuelve a centrar la sesión en el aprendizaje de la persona profesional y convierte a la persona consultante en objeto de estudio. Por último, la crítica de un vídeo de formación de principios de los 2000, protagonizado por una experta, recuerda que los modelos también se transmiten a través de sus puntos ciegos. Los límites son reales: una muestra mayoritariamente blanca y de más de 30 años, dos grupos privados de las imágenes y ninguna voz de las personas terapeutas implicadas. Para leer junto con las recomendaciones sobre la EFT para relaciones del mismo sexo y del mismo género y la entrevista sobre el trabajo con personas queer y neurodivergentes.

Notas del original

Agradecimientos. Este trabajo se financió en parte con la subvención semilla anual del Sexual and Gender Minority Health Consortium de la Michigan State University.

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Traducción no oficial al español de “I'm Not Here to Teach You How to Be Gay:” LGBTQ+ Client Experiences of Othering in Emotionally Focused Couple Therapy, de Caitlin Edwards, Lekie Dwanyen, Andrea Wittenborn y Robert Allan, Journal of Marital and Family Therapy, vol. 52 (2026), doi: 10.1111/jmft.70141, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

El artículo original, «“I'm Not Here to Teach You How to Be Gay:” LGBTQ+ Client Experiences of Othering in Emotionally Focused Couple Therapy», se publicó en Journal of Marital and Family Therapy (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Edwards, C., Dwanyen, L., Wittenborn, A., y Allan, R. (2026). “I'm Not Here to Teach You How to Be Gay:” LGBTQ+ Client Experiences of Othering in Emotionally Focused Couple Therapy. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/i-m-not-here-to-teach-you-how-to-be-gay-lgbtq-client-experiences-of-othering (Obra original publicada en 2026 en Journal of Marital and Family Therapy, 52, e70141 (2026); republicada en 2026 por Journal of Marital and Family Therapy, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/jmft.70141)

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