Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Family Relations · Familia
En Gales, casi todas las adopciones prevén un intercambio de cartas con la madre y el padre biológicos a través de los servicios sociales. Sin embargo, ocho años de seguimiento de 96 familias muestran que este contacto se apaga: con más de una cuarta parte de las madres biológicas nunca llega a iniciarse, a menudo se interrumpe por el camino, y el niño o la niña puede vivir el silencio como un nuevo rechazo.
Traducción no oficial al español de Adoptive parents' experiences of birth parent contact in the years after placement, de Edward Janes, Amy L. Paine, Sally Holland y Katherine H. Shelton, publicado en Family Relations (Wiley) (2025), doi: 10.1111/fare.70032, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla se presenta en forma de lista. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
quienes diseñan las políticas y quienes intervienen en la práctica no deberían favorecer una forma concreta de contacto, sino considerar qué es lo mejor para cada niño o niña.
Edward Janes, Amy L. Paine, Sally Holland y Katherine H. Shelton
Resumen
Objetivo. Analizamos datos longitudinales procedentes de familias adoptivas para examinar los cambios en la naturaleza y la vivencia del contacto indirecto con la madre y el padre biológicos.
Antecedentes. La adopción puede ofrecer estabilidad a niños y niñas que no pueden permanecer al cuidado de su familia biológica. El contacto indirecto entre la infancia adoptada y su familia biológica puede ser beneficioso, pero una mala aplicación puede resultar desestabilizadora.
Método. Utilizamos datos de encuestas y entrevistas de un estudio longitudinal prospectivo con familias adoptivas en Gales. Se recurrió a un análisis descriptivo para caracterizar el contacto y las necesidades de apoyo. Un análisis temático permitió examinar por qué el contacto cambiaba con el tiempo.
Resultados. El contacto indirecto disminuyó con el tiempo. Entre los temas principales figuraban las percepciones y vivencias del contacto por parte de las familias adoptivas, su percepción de la familia biológica y experiencias dispares con los servicios, que influían en la búsqueda de apoyo profesional para el contacto.
Conclusión. El estudio pone de manifiesto el compromiso de las familias adoptivas con el contacto, pero aporta nuevas claves sobre por qué el contacto indirecto puede ser difícil de mantener. También examinamos estos resultados junto a la investigación sobre el contacto directo, en la que las familias adoptivas señalaban un contacto más duradero, pero con otro tipo de dificultades.
Implicaciones. Las familias adoptivas y biológicas deberían recibir apoyo al poner en marcha el contacto indirecto y cuando este flaquea. Debería darse prioridad a resolver, familia por familia, los problemas de aplicación.
La Adoption and Children Act (2002) introdujo un nuevo marco para la adopción y, con algunas modificaciones menores, establece el marco jurídico vigente de la adopción en Inglaterra y Gales. Antes de la década de 1980, muchos niños y niñas adoptados habían sido entregados voluntariamente por sus progenitores (Neil et al., 2013; Talbot et al., 2024), aunque a menudo a causa del estigma y de las presiones sociales de la época (Joint Committee on Human Rights, 2022). Con el cambio de milenio la situación había cambiado considerablemente, ya que la mayoría de los menores cuyo plan de permanencia es la adopción han sido separados de su familia biológica (denominada en este artículo familia de nacimiento) por encontrarse en riesgo grave de sufrir daños. Entre estos riesgos figuran el maltrato, la negligencia o la exposición a problemas familiares, como el consumo de sustancias o la violencia doméstica (Selwyn et al., 2019).
Para estos niños y niñas, el tribunal avala la adopción cuando la reunificación con la familia biológica o el acogimiento con familiares o personas allegadas no pueden responder a sus necesidades. Una vez que el tribunal ha aprobado el plan de adopción, se dicta una orden de acogimiento preadoptivo (Placement Order). Diez semanas después de que el niño o la niña se haya trasladado a su familia adoptiva, las personas que van a adoptar pueden, con el acuerdo de la autoridad local, solicitar una orden de adopción (Adoption Order). Cuando se dicta la orden de adopción, la orden de acogimiento queda revocada y la plena responsabilidad parental pasa a la familia adoptiva (Meakings et al., 2021). En el momento de la orden de adopción definitiva también puede dictarse una orden de contacto (Contact Order), que convierte en obligación legal los acuerdos de contacto pactados entre la familia biológica y la adoptiva, aunque no hay constancia de que se hayan impuesto acuerdos contra la voluntad de la familia adoptiva (Public Law Working Group, 2024).
Los derechos de los niños y niñas adoptados han quedado consagrados en la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño (CDN; Doughty et al., 2019; United Nations, 1989). Un principio central de la Convención es que el interés superior del niño es primordial (artículo 3), lo que permite separar a un menor de su familia biológica en caso de negligencia o maltrato. Una vez bajo tutela, la infancia tiene derecho a mantener una relación y un contacto directo con su familia biológica «salvo si ello es contrario al interés superior del niño» (artículo 9, CDN; United Nations, 1989). Debe proporcionársele un cuidado alternativo que respete su cultura y su origen (artículo 20). Ello favorece el desarrollo de una identidad que refleje una historia de vida y a sus familias biológica y adoptiva. Además, el artículo 21 establece varias garantías en el proceso de autorización de la adopción. Otro derecho importante reconocido por la CDN es el del artículo 12, que establece el derecho del niño a expresar su opinión y a que esta se tenga «debidamente en cuenta en función de la edad y madurez del niño» (United Nations, 1989). Esto incluye los procedimientos judiciales, como la decisión de separarlo de su familia biológica, su adopción y cualquier acuerdo de contacto con la familia biológica.
Al igual que la CDN, entre los cambios fundamentales introducidos por la Adoption and Children Act (2002) figuraba situar el interés superior del niño en el centro de la adopción, pero la ley también detalla el derecho de la familia biológica a recurrir la orden de adopción si puede demostrarse un cambio sustancial en las circunstancias de los progenitores biológicos. La ley establece asimismo la responsabilidad legal de prestar apoyo a la adopción a las familias adoptivas (Doughty et al., 2019). Los intentos de conciliar estos derechos en conflicto han dado lugar a una regulación cada vez mayor, que el personal profesional se ha esforzado por aplicar en su trabajo. Estos esfuerzos pretenden garantizar que las personas adoptadas, en la infancia y en la edad adulta, prosperen, al tiempo que se busca reducir los efectos negativos sobre las madres y los padres biológicos cuyos hijos e hijas son adoptados desde el sistema de protección (Neil et al., 2013).
Los estudios sobre adopciones en Inglaterra y Gales han constatado que la mayoría de los acogimientos salen adelante (Selwyn et al., 2019), y una comparación entre distintos tipos de medidas judiciales de protección o de acogimiento indica que la adopción es beneficiosa para el niño o la niña, para la familia adoptiva y para la sociedad (Clifford et al., 2022). La edad a la que se produce la separación es especialmente importante. Una adopción temprana en una familia afectuosa y estable puede permitir abordar las dificultades antes de que tengan un efecto duradero, y el apoyo al menor y a la familia adoptiva es importante cuando los efectos de la adversidad temprana son más acusados. Aunque esto sugiere que la adopción es una buena opción de permanencia para muchos niños y niñas que no pueden vivir con su familia biológica, su evolución sigue siendo menos favorable que la de la población infantil general: hay datos de que la infancia adoptada tiene más probabilidades de presentar dificultades socioemocionales, de salud mental y académicas (Anthony et al., 2019; Brown et al., 2017), así como de situarse en el rango clínico de trastornos mentales y del neurodesarrollo (DeJong et al., 2016).
Los efectos de la adversidad previa a la tutela sobre el desarrollo infantil están documentados; estas experiencias se han asociado con complejidades médicas en algunos niños y niñas adoptados (Talbot et al., 2024) y con un abanico de problemas conductuales y emocionales (Paine et al., 2021). En los casos extremos, las dificultades que pueden atravesar las familias adoptivas al afrontar las secuelas psicológicas de la adversidad temprana pueden aumentar el riesgo de ruptura del acogimiento. Las estimaciones de rupturas incluyen un 3,2 % a lo largo de un periodo de 12 años (Selwyn et al., 2019), y un 7% y un 5% en Inglaterra y Gales, respectivamente, según el Adoption Barometer de 2023 (Adoption UK, 2024a, 2024b). Estos estudios señalan también un gran número de familias adicionales en crisis o en riesgo de estarlo. Sigue abierto, sin embargo, el debate sobre la variabilidad de los resultados de la adopción y sobre el papel relativo y diferenciado que desempeñan, en la salud y el bienestar infantiles, las experiencias de adversidad, el tiempo pasado bajo tutela y las vivencias en la nueva familia adoptiva. De hecho, todos estos factores pueden influir en el desarrollo de los niños y niñas y en su adaptación psicológica en el contexto de su familia adoptiva (Lo et al., 2023).
La práctica del trabajo social en el Reino Unido conlleva una expectativa de apertura que incluye que la familia adoptiva informe al niño o la niña de su experiencia singular de adopción (Jones, 2016; MacDonald & McSherry, 2011). Esta apertura permite que la comunicación dentro de la familia adoptiva sobre la adopción evolucione en las distintas etapas del desarrollo (Wrobel et al., 2003). Al principio, desde edades tempranas, las familias adoptivas proporcionan información sobre la historia de vida acorde con la edad y el nivel de comprensión, y esta información evoluciona en paralelo al desarrollo psicológico y físico. Para ello, la mayoría recibe de profesionales del trabajo social materiales sobre la historia de vida con fotografías e información. Según Wrobel et al. (2003), esta apertura puede permitir a la persona adoptada construir un relato personal de su historia de vida que beneficia a su identidad adoptiva. Por el contrario, la falta de comunicación sobre la familia biológica, debida a veces a que la propia familia adoptiva dispone de poca información que compartir, puede hacer que al niño o la niña le cueste construir un relato (Grotevant et al., 2017). Lo et al. (2024) identificaron el anhelo de más contacto y el cuestionamiento del contacto existente como subtemas frecuentes de las vivencias negativas del contacto con la familia biológica en un grupo de adolescentes adoptados «desestabilizados». Ambos estudios examinaron cómo estas dificultades para formar una identidad adoptiva afectaban a la adaptación a la nueva familia, a las relaciones con los miembros de la familia biológica y adoptiva, y a la percepción de sí mismos como personas adoptadas.
Apoyar el contacto entre la familia adoptiva y la biológica es otro elemento clave de la apertura. Además de permitir compartir novedades con el niño o la niña, el contacto indirecto puede sentar las bases de un reencuentro con la familia biológica en la edad adulta, cuando la persona adoptada pueda decidir por sí misma si desea una relación y de qué tipo. La investigación longitudinal con infancia adoptada ha constatado que la mayoría de quienes mantienen algún tipo de contacto están satisfechos con sus acuerdos de contacto, frente a la insatisfacción de quienes no tienen ninguno (Neil et al., 2013). Quienes están satisfechos con el contacto son también quienes tienen más probabilidades de prosperar (Lo et al., 2023; Neil et al., 2013). En conjunto, al explorar el camino de la confidencialidad a la apertura, Jones (2016) constató que la comunicación dentro de la familia adoptiva y el contacto con la familia biológica no ponen en riesgo la estabilidad de la familia adoptiva. Al contrario, pueden actuar como factor de protección, con beneficios como el bienestar, la adaptación a la vida con la familia adoptiva y el desarrollo de una identidad adoptiva.
Pese a los datos que indican que el contacto puede ser beneficioso, ha habido preocupación por que un contacto problemático pueda suponer un riesgo adicional para familias al borde de la ruptura. Jones (2016) ha defendido la necesidad de considerar las circunstancias de cada niño o niña caso por caso al sopesar los posibles riesgos y beneficios del contacto, y Neil (2018) sostuvo que este enfoque puede ayudar a decidir si el contacto es adecuado, con qué miembros de la familia y mediante qué tipo de contacto. En una revisión sistemática de Boyle (2017), se constató que el contacto planificado de forma individual para un menor concreto favorecía el desarrollo de la identidad y ayudaba a reducir los sentimientos de pérdida y ansiedad. Entre los riesgos asociados al contacto figuraban que la madre o el padre biológicos no participaran en él, que rechazaran al niño o la niña, y la posibilidad de que el maltrato continuara. Boyle (2017) constató también que las experiencias positivas de contacto pueden llevar a idealizar a la familia biológica, de modo que algunos niños y niñas pueden culparse a sí mismos, o culpar a su familia adoptiva, de haber sido separados de ella.
Existen múltiples formas de contacto, que pueden resultar difíciles de gestionar y mantener. Neil et al. (2013) constataron que en el 81% de las familias se había establecido algún tipo de contacto con un familiar biológico adulto, pero con menos del 30% de los padres. Dieciséis años después, el contacto con cualquier familiar biológico adulto había caído por debajo del 60%, y hasta el 38,5 % en el caso de la madre biológica y el 15,4 % en el del padre biológico. En circunstancias excepcionales, cualquier forma de contacto puede considerarse inadecuada para algunos niños y niñas por sus experiencias tempranas, pero para el resto se han propuesto múltiples explicaciones de por qué el contacto sigue siendo limitado.
Una de las explicaciones principales se refiere al contacto indirecto (conocido en el Reino Unido como «letterbox contact», contacto por buzón), que sigue siendo la forma de contacto predominante en Inglaterra y Gales. El contacto por buzón suele consistir en una correspondencia escrita según unos plazos acordados, en la que la autoridad local actúa como intermediaria entre la familia adoptiva y la biológica para garantizar que la dirección del niño o la niña siga siendo confidencial (Goodwin et al., 2025; Neil, 2018). Aunque la mayoría de las familias adoptivas apoyan el contacto, otras tienen sentimientos ambivalentes o negativos que pueden reflejar insatisfacción con el contacto por buzón (Selwyn et al., 2019). Neil (2018) ha sostenido también que algunas familias adoptivas están menos comprometidas con el contacto, de modo que la falta de respuesta de la familia biológica se interpreta como falta de interés por el niño o la niña y basta para que pongan fin al contacto. Al mismo tiempo, las entrevistas de Neil (2006) con madres y padres biológicos sugerían que valoraban recibir cartas, pero que responderlas les resultaba emocionalmente difícil porque les recordaba al hijo o la hija que les habían retirado.
Los estudios han atribuido también las dificultades del contacto a la falta de apoyo profesional a las familias adoptivas y biológicas (MacDonald & McSherry, 2011). Un trabajo posterior de MacDonald (2017a) exploró la dinámica relacional entre la familia adoptiva y la biológica, la importancia de que ambos grupos sean reconocidos como figuras parentales legítimas y el papel de profesionales del trabajo social a la hora de ayudarles a negociar el contacto en el interés superior del niño o la niña. Cabe destacar que las tasas de contacto son mucho más altas en Irlanda del Norte, donde existe a la vez una presunción a favor del contacto directo y la mayoría de las familias adoptivas recibe apoyo (MacDonald, 2017b), lo que sugiere que uno de estos factores, o ambos, son consideraciones importantes.
En conjunto, esta literatura muestra que la infancia adoptada y sus familias afrontan a menudo los efectos duraderos de la adversidad temprana. De manera más general, se enfrentan a un conjunto singular de retos en relación con la construcción de vínculos con la familia adoptiva, el mantenimiento de lazos con la familia biológica y el desarrollo de una identidad que integre ambas partes de su historia de vida. También queda claro que el contacto puede ser beneficioso para el niño o la niña, pero que pueden surgir problemas relacionados con la idoneidad del tipo de contacto elegido y con la capacidad o la disposición de las personas adultas para sostenerlo. Esto ha hecho que pasen a primer plano preocupaciones relativas a cuestiones éticas, a la identidad y el bienestar infantiles, y a las expectativas y emociones de las familias biológicas y adoptivas. Esta compleja cuestión toca aspectos que están en el corazón de la experiencia adoptiva, y esta investigación pretende ampliar la base empírica sobre los obstáculos y los logros de los acuerdos de contacto.
Este artículo se centra en el contacto por buzón, que fue la forma de contacto predominante señalada por las personas encuestadas en un estudio longitudinal sobre infancia adoptada, y examina cómo y por qué cambian con el tiempo los niveles de contacto por buzón con la madre y el padre biológicos. Artículos anteriores del Wales Adoption Cohort Study sobre las relaciones y el contacto con hermanos y hermanas biológicos han mostrado que las familias adoptivas suelen estar motivadas para mantener el contacto con los hermanos que no viven en la misma familia adoptiva, pero han puesto de relieve que el contacto con los progenitores biológicos se percibía a menudo como más complicado (Meakings et al., 2017, 2021). De forma más general, la investigación ha prestado poca atención al contacto con los progenitores biológicos, pese a que las tasas de contacto son bajas (Neil et al., 2013), a su posición como figuras potencialmente clave en la vida del niño o la niña antes de la adopción y a su papel tan destacado en los motivos por los que la mayoría de los menores pasan a estar bajo tutela (Meakings et al., 2016). Empleamos un enfoque de métodos mixtos para presentar resultados del Wales Adoption Cohort Study, en el que se volvió a contactar con las familias adoptivas a lo largo de un periodo de 8 años. Examinamos la experiencia de las personas adoptantes en el mantenimiento de los acuerdos de contacto por buzón.
De los 96 niños y niñas sobre los que informaron sus familias adoptivas en la primera oleada de la encuesta, 47 (49%) eran niñas (tabla 1). Pasaron una media de 522,9 días (SD = 611.75, rango 0 a 2,344) con su familia biológica, y el 41,2 % fue separado al nacer. Pasaron una media de 537,1 días (SD = 285.74, rango 203 a 1,401) bajo tutela y fueron acogidos con vistas a la adopción a una edad media de 2,4 años (SD = 2.20, rango 0 a 9). Veintinueve (30%) fueron adoptados como parte de un grupo de hermanos, y el 55% vivía con otros niños o niñas (es decir, con otros menores adoptados o con hijos e hijas biológicos de la familia).
Tabla 1 — Características principales del niño o la niña, de la familia adoptiva y del acogimiento.
Nota: INT = entrevista; W1 = oleada 1; W2 = oleada 2; W3 = oleada 3; W4 = oleada 4; W5 = oleada 5; W6 = oleada 6.
En el momento de la adopción, las personas adoptantes tenían una edad media de 40,6 años (SD = 6.99, rango 22 a 62), y la mayoría (99%, n = 94) eran británicas blancas. La mayoría tenía pareja (87%, n = 84) y el 13% (n = 12) adoptó en solitario. Algo más de la mitad de las personas encuestadas tenía un empleo remunerado a tiempo completo o parcial (n = 72, 54,2 %). Su nivel educativo era sustancialmente superior a la media del Reino Unido: el 37% tenía estudios de posgrado y el 12% contaba con unos ingresos anuales superiores a 75 000 £ (Office for National Statistics, 2019).
Revisamos los expedientes de trabajo social de todos los niños y niñas acogidos con vistas a la adopción en Gales entre el 1 de julio de 2014 y el 31 de julio de 2015 (N = 374) para determinar la representatividad de las 96 familias del estudio. La muestra era representativa en cuanto al género de los menores y a las experiencias de maltrato y negligencia. Sin embargo, a las familias que habían acogido grupos de hermanos (30% en la oleada 1) se les pidió que informaran sobre el hermano o la hermana de más edad, lo que dio como resultado una edad ligeramente superior a la edad media en el momento del acogimiento que figura en los expedientes (véase Meakings et al., 2017, para más detalles).
El Wales Adoption Cohort Study (Meakings et al., 2017) es un estudio longitudinal prospectivo de métodos mixtos con una muestra de niños y niñas acogidos con vistas a la adopción entre el 1 de julio de 2014 y el 31 de julio de 2015. El estudio pretende comprender las necesidades de apoyo, iniciales y continuadas, y las vivencias de estos menores y de sus familias adoptivas. Se pidió a los equipos de adopción de las autoridades locales de todo Gales que enviaran cartas en nombre del equipo de investigación a todas las familias con las que habían acogido a un niño o una niña con vistas a la adopción. Las 96 familias que devolvieron el cuestionario inicial a los 5 meses del acogimiento formaron el panel del estudio. Se hizo un seguimiento longitudinal del panel en otros cinco momentos. Se entrevistó a una submuestra de familias adoptivas, procedentes de 40 hogares, a los 9 meses del acogimiento.
El Comité de Ética de la Investigación de la Universidad de Cardiff concedió la autorización ética para el estudio. Las jefaturas de los servicios de infancia autorizaron el acceso a los datos de trabajo social de las autoridades locales y el contacto con los equipos de trabajo social. Se obtuvo el consentimiento informado de todas las familias participantes mediante cartas de invitación distribuidas por los equipos de trabajo social de las autoridades locales.
Utilizamos los datos de seis oleadas de cuestionarios y de una serie de entrevistas cualitativas para comprender cómo y por qué cambiaba el contacto con la madre y el padre biológicos.
Los cuestionarios se cumplimentaron en seis momentos (aproximadamente a los 5, 21, 36, 48, 60 y 96 meses del acogimiento, respectivamente). El número de respuestas osciló entre 96 en la primera oleada de recogida de datos y 63 en la oleada 5 (tabla 1). Los cuestionarios los cumplimentó la madre (mínimo en la oleada 1, 87,5 %; máximo en la oleada 3, 95,9 %), el padre o la persona progenitora no binaria. Los análisis de abandono no mostraron diferencias en las características sociodemográficas (género del menor, edad en el momento de la adopción, edad de quienes adoptan, situación de pareja, nivel educativo, situación laboral, ingresos y origen étnico) entre quienes participaron en la oleada 1 y en la oleada 6 del estudio (todas las ps > .05).
El cuestionario de la oleada 1 se realizó a los 5 meses del acogimiento. Se pidió a las familias que «indicaran los acuerdos de contacto que se habían pactado», con opciones de respuesta para contacto directo, indirecto o ausencia de contacto. La oleada 2 incluía una pregunta sobre el tipo de contacto que se había producido desde el inicio del acogimiento, y todas las oleadas posteriores incluían preguntas sobre el contacto mantenido en los últimos 12 meses. Las oleadas 3, 4, 5 y 6 incluían preguntas abiertas que pedían a las personas encuestadas «describir su experiencia del contacto. Señalen, si pueden, los beneficios o dificultades encontrados». En las oleadas 1 y 2 se preguntó a quienes adoptaban si «¿han tenido hasta ahora alguna necesidad de apoyo para gestionar el contacto?» y por la naturaleza del apoyo necesario. Todas las oleadas salvo la 6 recogieron datos sobre si se estaba recibiendo apoyo.
Las personas participantes (n = 40) procedían de las 96 familias que habían cumplimentado el cuestionario en la oleada 1 y habían aceptado ser contactadas para una entrevista. Las entrevistas tuvieron lugar 9 meses después de la llegada del niño o la niña a la familia adoptiva. Una persona del equipo de investigación entrevistó a las madres y los padres en el domicilio familiar durante unas 2 horas. Las entrevistas fueron semiestructuradas; el equipo elaboró un guion de preguntas clave sobre los motivos para adoptar, el proceso de adopción (preparación, valoración, asignación, encuentro con el niño o la niña), la vida familiar y el apoyo. Se añadían preguntas complementarias en función de las respuestas. Se analizaron los datos relativos a las opiniones y vivencias de quienes adoptaban sobre los acuerdos de contacto, su visión de la familia biológica, las circunstancias por las que el menor pasó a estar bajo tutela, el apoyo recibido de los servicios sociales en relación con el contacto y si buscarían apoyo en el futuro. Puede obtenerse más información sobre el guion de la entrevista dirigiéndose a la persona que firma en último lugar.
El artículo fue concebido por KHS y ALP. EJ identificó los datos potencialmente pertinentes de las seis oleadas de cuestionarios y de la serie única de entrevistas, y la autoría al completo (EJ, ALP, SH y KHS) acordó el contenido que debía incluirse en el análisis. EJ analizó las respuestas a la encuesta del conjunto de la muestra de 96 familias. El análisis descriptivo inicial se centró en la diversidad de la muestra. Se analizó la evolución del volumen de contacto por buzón a lo largo del tiempo y se comparó con los planes de contacto de la oleada 1.
Dada la cantidad de datos y el carácter longitudinal del estudio, se incluyeron los datos de las entrevistas de las familias que habían cumplimentado los seis cuestionarios (n = 18). Utilizamos también la información recogida en los Child Assessment Reports (CAR), expedientes de trabajo social que contienen información sobre las características de todos los niños y niñas acogidos con vistas a la adopción, así como datos sobre la familia adoptiva y el acogimiento. De las 18 entrevistas, 15 (83,3 %) se realizaron con madres, y 11 (61,1 %) se referían a niños varones. Trece de las personas entrevistadas adoptaron en pareja heterosexual (72,2 %), tres adoptaron en solitario (16,7 %) y dos en pareja del mismo sexo (11,1 %). Cuatro de las adopciones fueron acogimientos de grupos de hermanos (22,2 %). Los detalles completos de la submuestra de entrevistas figuran en la tabla 1.
Los datos de las entrevistas y las respuestas abiertas a las preguntas de la encuesta se examinaron mediante análisis temático. EJ extrajo a NVivo (Lumivero, 2017) las respuestas a preguntas concretas de las entrevistas transcritas y a las preguntas abiertas de los seis cuestionarios para realizar el análisis temático (Braun & Clarke, 2006). Se efectuaron búsquedas por palabras clave en las transcripciones para identificar otros fragmentos pertinentes del conjunto de las entrevistas, que también se extrajeron. Los datos se ordenaron por familia y se analizaron por orden cronológico para aumentar las posibilidades de identificar estabilidad o cambio longitudinal en cada familia. Dos personas codificadoras, EJ y SY, analizaron todos los datos de forma independiente; empezaron leyendo y releyendo todo el material para familiarizarse con los datos. Se aplicaron códigos para ayudar a identificar la información pertinente y hacer aflorar los temas emergentes y recurrentes en los datos codificados. Tras completar un subconjunto de la primera entrevista, ambas se reunieron para debatir los primeros temas emergentes y resolver discrepancias, lo que orientó la continuación del análisis. Estas reuniones se repitieron con regularidad en las primeras fases del análisis y se espaciaron después, a medida que disminuían las discrepancias.
Este enfoque dio lugar a una comprensión compartida del conjunto de datos y permitió definir los parámetros de cada tema y elaborar un relato coherente. Este relato sustentó las decisiones de la autoría en la selección de los temas clave, y las citas se asignaron a esos temas para ilustrar los datos. Cuando se incluyen citas en el texto, las familias adoptivas se identifican con letras por orden alfabético, según el orden en que se citan por primera vez en el apartado de resultados. Hemos destacado los estudios de caso longitudinales de tres familias en las que determinados temas reaparecían en varios momentos. Estos estudios de caso se suman a los datos del conjunto de la muestra que se presentan a lo largo del texto. EJ dirigió la redacción del artículo, y ALP, SH y KHS perfeccionaron y revisaron el manuscrito.
Este apartado se centrará en primer lugar en el nivel de contacto por buzón entre el niño o la niña adoptados y su familia biológica, empezando por los planes de contacto, para examinar después si esos planes se materializaron y si el contacto había cambiado con el tiempo, y por qué. El análisis temático dio lugar a un concepto organizador central: un contacto por buzón logrado es posible si las familias adoptivas, las familias biológicas y profesionales del trabajo social se implican y se comprometen, pero surgen dificultades tanto en los aspectos prácticos del contacto por buzón como en la manera en que estos grupos colaboran a lo largo del tiempo. Dentro de este concepto organizador se identificaron tres temas principales: las percepciones y vivencias del contacto por buzón por parte de las familias adoptivas; su visión de la familia biológica y de los motivos por los que el niño o la niña pasó a estar bajo tutela; y las experiencias de acceso al apoyo, que podían influir en la búsqueda de apoyo para el contacto en el futuro.
En la oleada 1 de recogida de datos, todas las familias adoptivas salvo una (99%) tenían pactado un contacto con la familia biológica en el momento en que el niño o la niña llegó a su familia adoptiva. En cada una de las 95 familias se especificaba que se trataba de contacto por buzón. Ningún menor había tenido contacto directo, aunque en la oleada 2 tres madres biológicas se habían reunido con una persona adoptante (sin el niño o la niña) desde el inicio del acogimiento, y en la oleada 5 una madre biológica se había reunido con una madre adoptiva en los 12 meses anteriores. A lo largo del estudio se observó una tendencia a la baja del contacto por buzón entre la familia adoptiva y la biológica. En el caso de las madres biológicas, el contacto cayó del 73,7 % en la oleada 2 al 53,5 % en la oleada 6. En el de los padres biológicos, el contacto aumentó inicialmente del 46,5 % (oleada 2) al 48,5 % (oleada 4), antes de caer al 36,6 % en la oleada 6.
Muchas familias estaban dispuestas al principio a comprometerse con el contacto y «no les preocupaba demasiado una carta dos veces al año» (madre A, entrevista). Algunas reconocían además los beneficios a largo plazo y que «si le ayuda cuando sea mayor, merece la pena; si ayuda a los padres a sanar, también está bien» (madre B de un niño o niña de <5 años en el momento de la adopción, oleada 4), de modo que muchas seguían comprometidas con el contacto varios años después del acogimiento. Un padre que respondió al cuestionario de la oleada 5 reafirmaba el compromiso: «buscaremos y fomentaremos activamente el contacto a medida que [el niño o la niña] crezca» (padre C, oleada 5). Este esfuerzo parecía percibirse como valioso para la relación continuada y para los beneficios a largo plazo para el niño o la niña:
La madre biológica de nuestra hija escribe una carta al año y manda tarjetas varias veces. Nosotros escribimos una carta al año y creemos que este acuerdo es muy positivo, que beneficia a su madre biológica y que beneficiará a nuestra hija en el futuro. (madre D de una niña acogida sin hermanos, oleada 5)
Aunque muchas familias reconocían los beneficios para sus hijos e hijas y para la familia biológica, el contacto podía ser más difícil para las propias personas adoptantes: una de ellas sentía que cada carta era «un recordatorio constante de que es adoptado» (madre E de un niño o niña de <12 meses en el momento de la adopción, oleada 4). Otra sentía a veces que había «robado» a su hijo a sus padres biológicos, aunque «cada vez menos cuanto más tiempo pasa conmigo, así que todo bien» (madre adoptiva en solitario F, entrevista). Había también ejemplos de disonancia cognitiva: algunas familias lidiaban con la contradicción de actuar para mantener el contacto en beneficio del niño o la niña creyendo al mismo tiempo que les perjudicaba. Estos sentimientos respecto al contacto, y sus efectos variables en el menor adoptado, en la familia adoptiva y en la familia biológica, son, por supuesto, más complejos de lo que pueden sugerir citas aisladas tomadas en un único momento. Examinar la evolución de las actitudes y vivencias a lo largo del tiempo en nuestra muestra principal nos permitió comprender los sentimientos encontrados que suscita este aspecto de la experiencia adoptiva. El estudio de caso 1 detalla las vivencias de una madre adoptiva (madre G) que valoraba la importancia de un contacto positivo con la madre biológica para el niño y se esforzó por mantener el contacto por buzón, aunque le resultaba personalmente difícil. El contacto positivo hizo también que el niño planteara cada vez más preguntas sobre sus orígenes que resultaban difíciles de responder, lo que generó en la familia adoptiva la inquietud de que la adolescencia pudiera ser un momento en que el niño tuviera dificultades con su historia de vida y culpara a la familia adoptiva.
Una dificultad frecuente del contacto por buzón era la falta de implicación de la familia biológica. También variaba el interés de los propios niños y niñas. A algunos les gustaba «recibir fotos y una carta» (madre H de un niño o niña de <5 años en el momento de la adopción, oleada 6), mientras que otros «de momento no quieren ningún contacto, él dice que nosotros somos sus padres» (madre I de un niño de >5 años en el momento de la adopción, W6). Para los niños y niñas deseosos de recibir cartas, la disminución o la pérdida del contacto con el tiempo, por falta de respuesta de la familia biológica, podía vivirse como un rechazo. Este rechazo percibido influía también en la opinión de algunas familias adoptivas sobre los beneficios del contacto, y una madre hablaba de «cartas en ambos sentidos entre la madre biológica y nosotros, pero desde que la madre biológica dejó de escribir mi hija está afectada y se siente rechazada otra vez… Es demasiado doloroso para mi hija» (madre J de una niña de >5 años en el momento de la adopción, oleada 6). Una vez interrumpido el contacto, estas familias se mostraban reacias a «retomarlo por miedo a que ella vuelva a cortarlo y eso sea [aún] más dañino» (madre K, oleada 6).
Surgían también dificultades por comportamientos inapropiados de la familia biológica, como cartas que no podían compartirse con el niño o la niña en ese momento, el envío de «dinero, y los servicios sociales nos lo hicieron llegar, 20 £, me sentí incómoda con eso» (madre L, oleada 2), o la publicación de «publicaciones en YouTube y Facebook sobre la carta: ¡tiene una orden judicial de silencio que se lo prohíbe! ¡Es muy frustrante!» (madre M de un niño o niña de <5 años en el momento de la adopción, oleada 4). Al parecer, este uso de las redes sociales no se había resuelto en la siguiente oleada de recogida de datos, ya que la madre señalaba que «de hecho queremos cortar todo contacto con la madre biológica porque creemos que nuestra carta se está usando de forma inapropiada» (madre M, oleada 5) para intentar encontrar al niño o la niña.
El niño había pasado a estar bajo tutela a los 6 meses por negligencia, ya que se había valorado que la madre era incapaz de prestarle los cuidados básicos y, según los informes, además se negaba a colaborar con los servicios. Había también problemas familiares más amplios: conflicto entre los progenitores, violencia en el hogar y temores sobre el comportamiento del padre. El niño fue adoptado por una pareja que no tenía otros hijos ni hijas, biológicos o adoptados.
La familia adoptiva se esforzó por construir una relación positiva con la madre biológica desde el inicio de la adopción. En parte lo atribuían al contacto por buzón y a que la madre biológica les había escrito «una carta preciosa, y nosotros le respondimos con otra carta preciosa, y la verdad es que eso ha hecho que el buzón sea un poco más fácil» (entrevista), pero también eran conscientes de que su hijo podría leer la carta cuando fuera adulto:
Sí que puse que le deseaba lo mejor… Le escribí una carta que me enorgullecería que él leyera cuando tenga 18 años, porque pensé: bueno, podría decir esto, esto y esto, pero eso dice algo de nosotros como padres… Quiero hacerlo lo mejor posible por él. (entrevista)
Esta actitud positiva continuó, y en oleadas posteriores la familia expresaba su esperanza de que el contacto ayudara al niño a construir «una imagen de la continuidad de su historia de vida, que le ayude en el futuro» (oleada 4). En la quinta oleada de recogida de datos el contacto seguía siendo regular, y el niño se implicaba cada vez más:
Le enseñé sus tarjetas de cumpleaños poco después de su cumpleaños. Quiso escribir una carta a su familia biológica (siempre le he pedido que haga un dibujo al pie de mi carta escrita a máquina. (oleada 5)
Aunque era positivo para el niño, el contacto por buzón resultaba más difícil para la familia adoptiva. Contaban que «no es agradable, porque te recuerda que no, que no es tuyo» (entrevista), y este sentimiento persistió: más adelante decían que era «físicamente difícil, es el único momento del año en que siento que es adoptado» (oleada 4). El contacto logrado había suscitado además preguntas difíciles de responder:
Más preguntas sobre por qué no lo querían, por qué no pudieron quedárselo. Pide más detalles «¡porque ya soy mayor!». No le gustó que la madre biológica firmara «mamá» en la tarjeta. Preguntó si tenían otros hijos que sí se hubieran quedado. Preguntó si estaría bien conocerlos algún día. (oleada 6)
Esto se vinculaba a una inquietud más amplia por el futuro y por cómo acompañarían a un adolescente que intentara dar sentido a su vida y a su identidad adoptiva. Sin embargo, reconocían que el contacto podía hacerlo posible:
Tenemos un álbum de fotos precioso… Cada foto tiene algo escrito detrás. Y te quiero y mamá te quiere, pero cuando lo pones en contexto y piensas, bueno, en realidad vamos a ser nosotros los que lo acostemos cada noche. Cuando tenga 14 y 15 años y seamos las peores personas del mundo… cuando se sienta un poco perdido con todo esto, si le sirve de algún consuelo, pues estupendo. Tiene una cronología que no creo que muchos [niños y niñas adoptados] tengan o vayan a tener nunca, así que tenemos que aguantarnos. (entrevista)
Las familias adoptivas coincidían ampliamente en que la decisión de separar a su hijo o hija de la familia biológica era correcta, pero los sentimientos hacia la madre y el padre biológicos variaban. Muchas sentían compasión por madres biológicas que no habían maltratado a sus hijos, pero que habían sido «incapaces de ser lo bastante fuertes para criarlo en la familia complicada en la que estaba ella… pero parecía que de verdad quería lo mejor para él» (madre N de un niño de >5 años en el momento de la adopción, entrevista), y sentían «una verdadera tristeza porque no pueden tenerlo, no pueden mantenerlo a salvo» (madre F, entrevista). También se reconocía que muchos progenitores biológicos habían sufrido a su vez adversidades, como haber pasado parte de su infancia bajo tutela o tener problemas de salud mental que afectaban a su capacidad para cuidar de un niño o una niña:
Solo teníamos la información que [la trabajadora social] nos ha contado, en el sentido de que, ya sabes, no son capaces de cuidar de sus hijos, no porque sean malas personas… no son espontáneos, no saben responder a la necesidad. Si les dices que hay que cambiarle el pañal a la niña a las 10 y a las 12, eso lo pueden hacer. Pero si de repente se pone a llorar, se quedan en plan: ¿y por qué llora? Y no saben muy bien qué hacer. (madre O de una niña de <12 meses en el momento de la adopción, entrevista)
La desaprobación de la familia biológica aparecía también en los comentarios de varias familias. Para una minoría, tenía su raíz en sus propias dificultades, profundamente personales, para tener hijos:
Ahí estaba yo, queriendo un hijo e intentando desesperadamente tener un bebé, y ahí estaba ella sin preocuparse por los suyos; creo que eso fue lo que me tocó. Sus prioridades no eran sus hijos, sus prioridades eran el alcohol y las drogas. Cuando leí el perfil de [niña] decía que su madre biológica era maltratadora y, por los estereotipos, automáticamente piensas: ay, una chica joven que se ha descarriado, pero descubrir que era alguien de mi edad, que debería ser responsable, me pareció bastante… no le importaba. (madre A de una niña de >5 años en el momento de la adopción, entrevista)
Cuando se preguntó a una madre si esperaba que la carta llegara a la familia biológica, su respuesta resignada fue que esperaba que «sí [llegue a los padres biológicos], dependiendo de [si] él está en la cárcel por pegarle a ella en la calle, y ella puede que esté en la cárcel por robar en tiendas… De verdad quiero que la reciban, de verdad. Me da pena» (madre P, entrevista).
Algunas familias intentaban, al parecer, conciliar estas posiciones divergentes. Una madre reflexionaba sobre el hecho de que la madre biológica no se hubiera opuesto a la adopción: «la respetaría más si hubiera luchado… cuando él sea mayor podré decirle: mira, ella te quería, te deseaba, pero no era la persona adecuada para cuidarte» (madre Q de un niño de <12 meses en el momento de la adopción, entrevista), aunque también se compadecía de la infancia de la madre, pasada ella misma bajo tutela. Para estas familias adoptivas era «muy difícil estar enfadada y a la vez sentir compasión por [la familia biológica], porque uno de los dos sentimientos siempre intenta pesar más que el otro» (madre Q, entrevista). El estudio de caso 2 recoge las actitudes cambiantes de una madre que adoptó en solitario a tres niños y niñas de dos familias biológicas (madre R) hacia los distintos progenitores.
En esta familia había tres menores adoptados, dos de ellos hermanos biológicos. La madre adoptiva cría en solitario. El niño o la niña que forma parte de este estudio había sido separado de su hogar a los 4 meses tras sufrir negligencia, maltrato emocional y violencia de género.
La madre adoptiva contaba que había intentado mantener el contacto con la familia biológica. Escribió una carta de adaptación a petición de la trabajadora social, que consideraba que «sería muy bueno para los padres biológicos saber que [el niño o la niña] está bien, porque falta mucho para la carta oficial» (entrevista). Sin embargo, hubo problemas porque la familia biológica enviaba «grandes cantidades de dinero. Les informé de que lo ahorraría para [el niño o la niña] y no se lo entregaría; [el] dinero disminuyó» (oleada 4). La familia recibió también mensajes inapropiados:
[La trabajadora social] la había leído… me dijo: «Yo que tú no se la enseñaría a [la criatura], guárdala en su caja de recuerdos». La carta decía: «Tengo ganas de verte cuando tengas edad para volver a casa». Guardaré la carta, no la voy a tirar, pero no la van a ver hasta dentro de mucho, mucho tiempo, quizá a los 18. (entrevista)
En la oleada 6, la familia biológica ya no respondía al contacto, y a la madre adoptiva le preocupaba que fuera «bastante doloroso, como un rechazo, para [la criatura] no tener noticias de sus padres dos veces al año como se había acordado» (oleada 6). La madre adoptiva se mostraba mayoritariamente comprensiva, porque reconocía que la familia biológica no sentiría que hubiera «nada malo en la manera en que estaban criando a [la criatura]» (entrevista) y se sentiría tratada injustamente:
Es terrible, porque viven con eso y les duele, y tienen que vivir con ello el resto de su vida y siempre sienten que es una injusticia… nunca lo entienden, porque no saben lo que es criar bien, nadie se lo dice nunca. (entrevista)
La actitud de esta misma madre adoptiva hacia la familia biológica del tercer niño o niña era notablemente distinta: veía al otro padre biológico como manipulador, violento y alcohólico. Sentía compasión por la difícil infancia de la madre biológica y su trayectoria con los servicios sociales, pero le costaba conciliarlo con el enfado y la desaprobación ante el hecho de que la madre pudiera tener una y otra vez hijos que luego le retiraban:
Son [los] padres biológicos, pero fueron irresponsables, son muy cortos, ¿es culpa suya? No. ¿Los criaron bien a ellos? No. ¿Es culpa suya? No. Pero la mayoría de la gente sabe distinguir entre el bien y el mal. La madre biológica de [la criatura] acaba de tener otro bebé que le han quitado en el hospital… ¿han cambiado? No. (entrevista)
La madre adoptiva tenía opiniones firmes sobre la familia biológica, pero quería ayudar a su hijo o hija a «entender por qué es adoptado sin juzgar, es lo más difícil del mundo» (entrevista). Sabía que era importante, por si algún día decidía buscar a su familia biológica, pero tampoco tenía claro cómo hacerlo:
A veces he dicho cosas y he pensado que quizá no debería haberlas dicho. Pero, por otro lado, creo que no siempre se les puede tratar entre algodones… Creo que [la criatura] necesita saberlo, porque si no lo verá todo de color de rosa y el peligro es que acabe con el corazón destrozado, porque su madre biológica nunca va a cambiar y esa es la verdad, ella tuvo elección. Mira, deja a esta pareja que no para de dejarte embarazada y que es un peligro para todos esos niños, y podrás mantener unida a la familia, ¿y qué hizo? Volver con él, una y otra y otra y otra vez. (entrevista)
El tercer tema se refiere a si las familias adoptivas se sentían capaces de buscar apoyo para el contacto por buzón. Sus percepciones dependían no solo de sus experiencias previas de acceso al apoyo para el contacto, sino también de sus logros y dificultades para obtener servicios que respondieran a las necesidades de la familia, y de su relación con profesionales del trabajo social y con las entidades.
En las oleadas 1 y 2, más de una cuarta parte de las familias adoptivas señalaba necesitar apoyo profesional para el contacto (27,3 % y 28,7 %, respectivamente), proporción que bajó al 8,7 % en la oleada 6. La mayoría de las familias que buscaban apoyo necesitaban ayuda para redactar las primeras cartas a la familia biológica. Profesionales del trabajo social les aconsejaban sobre el tono y el contenido, por ejemplo «si eso era lo adecuado o no, o sea, no dar información… no decir a qué colegio va» (padre C, entrevista). También les daban «ejemplos de lo que no hay que decir» (padre C, entrevista) y «modelos de cartas que me ayudaron a saber qué incluir. También me ayudó a pensar en cómo la recibirían los padres biológicos» (madre adoptiva S de un niño o niña acogido con sus hermanos, oleada 2). Las familias adoptivas agradecían este apoyo y hablaban de trabajadoras sociales que les habían «devuelto la fe, y nos hemos apoyado muchísimo en ella, ¿sabes?, para que nos ayude» (madre T, entrevista). Se convertían en personas clave a las que las familias se sentían cómodas acudiendo en busca de apoyo y orientación para el contacto futuro y otras necesidades. Un padre sabía que podía recurrir a su trabajadora social ante problemas urgentes:
Ha sido muy útil todo el tiempo… Creo que si tuviéramos un problema serio o una pregunta delicada, o si en el futuro le pasa algo a la madre biológica de [el niño o la niña], que se muriera o algo así… por el estilo de vida de la madre biológica, eso podría ser un problema en el futuro, y simplemente necesito saber que hay alguien ahí que podría ayudarme con lo que tenga que hacer. (padre U de un niño o niña de >5 años en el momento de la adopción, entrevista)
Como ya se ha mencionado, solo una minoría de familias había recibido apoyo para contactar con la familia biológica. Esto se reflejaba también en las respuestas abiertas: muchas no necesitaban apoyo en ese momento, pero sabían que «si necesitara acudir a ella, sé que estaría ahí» (madre O, entrevista), y la disminución de la necesidad de apoyo para el contacto con el tiempo puede deberse simplemente a que se sentían más cómodas escribiendo las cartas y ya no necesitaban ayuda. Aunque el contacto se estableció con éxito en muchas familias y se prestó apoyo profesional para redactar las cartas cuando hizo falta, hubo ejemplos de dificultades. Varias familias señalaban que se había establecido el contacto por buzón, pero una de ellas no había recibido «ninguna información sobre cómo, qué, dónde se escribe la carta, y tengo que enviarla este mes» (madre V, oleada 2), y a otra le habían prometido «apoyo y ayuda con el contacto por buzón, pero no ha llegado ninguna ayuda, ni siquiera los datos de adónde enviar la carta» (madre W de un niño o niña de >5 años en el momento de la adopción, oleada 2).
En ocasiones, estos problemas con el contacto formaban parte de una cuestión más amplia; por ejemplo, el plan de apoyo se había extraviado, con el resultado de que el «contacto aún no está organizado porque se perdieron los documentos, así que necesitaba consejo sobre cómo escribir la carta, ya que no se envía ningún documento ni información de apoyo hasta que el acuerdo esté cerrado» (madre X, oleada 2). Fue el caso de una familia que se había puesto en contacto con la autoridad local para «decir, más o menos… hemos firmado este acuerdo de buzón, no sé si funciona o no» (padre Y de un niño o niña acogido con sus hermanos, entrevista), y a la que tampoco «se le había dado ningún plan formal… Nos siguen prometiendo una copia del contrato y todavía no ha llegado» (padre Y, oleada 1). En la oleada 4 seguían en la misma situación: habían «establecido el buzón, pero no funciona bien».
La relación de las familias adoptivas con profesionales del trabajo social se consideraba también importante. Muchas familias relataban experiencias positivas, caracterizadas por profesionales que se aseguraban de que la familia adoptiva estuviera plenamente informada de la historia de vida del niño o la niña y de que «ya sabes, esto significa esto, esto y esto» (madre R, entrevista), así como de las consecuencias para su bienestar futuro. Otras hablaban de profesionales que iban «mucho más allá de lo que les tocaba… buscando la mejor familia para [el niño]» (madre G, entrevista), o que adoptaban un enfoque discreto que hacía que la familia se sintiera capaz de pedirles apoyo para el contacto si lo necesitaba:
Vino en una semana, pero simplemente, ya sabes, se tomó un café, vio a [la niña o el niño] y dijo: está claro que va bien, coge el teléfono si necesitas cualquier otra cosa. Y luego creo que siguió [haciendo] todas las demás partes formales que tenía que hacer, pero muchas veces solo se pasaba diez minutos. (madre Z de un niño o niña de <12 meses en el momento de la adopción, entrevista)
Esto contrastaba con las familias que se sentían mal apoyadas por las entidades de adopción y sus profesionales. A un padre le preocupaba que se le hubiera ocultado deliberadamente información sobre el niño o la niña hasta que se aprobó la adopción, lo que le dejaba «entre la espada y la pared, porque ¿qué vas a hacer? ¿De verdad vas a ir a devolver a los niños…? Es un lugar en el que no se debe poner a nadie» (padre Y de un niño o niña acogido con sus hermanos, entrevista). Las familias con relaciones menos positivas tenían menos probabilidades de sentir que podían acudir a su profesional de referencia en busca de apoyo cuando quisieran. En un caso, el padre tenía la impresión de que su trabajadora social se había dado cuenta de que no la llamaría y «se sentó tan tranquila en mi sofá diciéndome que sabe que no la vamos a llamar, y que tampoco llamaríamos a [nadie más del equipo]» (padre Y, entrevista). El estudio de caso 3 detalla las dificultades que afrontó otra familia (madre N), no solo en la puesta en marcha del contacto, sino también en su relación con una profesional que, a su juicio, había permitido un contacto inapropiado por parte de la familia biológica.
El niño fue separado de su familia biológica a los 3 años, tras una valoración, por sospechas de negligencia por parte de los progenitores y por exposición a drogas y alcohol durante el embarazo. Entre los problemas familiares más amplios figuraban el conflicto entre los progenitores, la violencia doméstica y el comportamiento controlador del padre, así como la ruptura de la pareja. Lo adoptó una persona sola que no tenía otros hijos ni hijas.
En la oleada 1, la madre adoptiva deseaba mantener buenos lazos con la familia biológica, pero seguía «esperando [los] datos de adónde debe ir este buzón. Tiene que llegar a tiempo para las tarjetas de Navidad de los hermanos. Tengo que estar persiguiéndolos» (oleada 1). Pese a su actitud proactiva, estos problemas seguían sin resolverse en la oleada 6, 8 años después del acogimiento, con un contacto todavía «con retrasos. Parece que no hay ningún sistema». Esta falta de un sistema de contacto estandarizado dio lugar a procedimientos al margen del plan acordado, y la madre adoptiva señaló una mala práctica de la profesional encargada de buscar familia para el niño, que le había hecho llegar una carta perturbadora:
La profesional que buscó la familia nos mandó una tarjeta de Navidad del padre que no está en el plan, una tarjeta de Navidad del padre, su nueva pareja y el medio hermano. Por suerte, mi trabajadora social [de adopción] estaba aquí en ese momento… y dijo: «Ah, eso no está en el plan, ¿verdad?». Le dije que no, y me dijo: «¿Qué quieres hacer con ella?». Le dije: «No lo sé, dímelo tú, estoy hecha un manojo de nervios». (entrevista)
Cuando la madre preguntó por qué se le había hecho llegar la carta, la respuesta de la profesional fue: «Pensamos que [al niño] le gustaría». Esta relación clave se había ido tensando cada vez más; la madre describía a la profesional como «sentenciosa» (entrevista) y no como alguien de confianza a quien acudir en busca de apoyo:
Perdone, tengo que decirlo con educación, digámoslo así: la solicitud al juzgado estuvo a punto de presentarse hace bastantes meses porque necesitábamos que saliera de nuestras vidas. No ha sido una experiencia útil. (entrevista)
Este artículo ha presentado resultados del Wales Adoption Cohort Study sobre la evolución de los niveles de contacto por buzón entre el niño o la niña adoptados y su familia biológica, y ha examinado los posibles motivos por los que el contacto puede flaquear con el tiempo. Los resultados son pertinentes para quienes diseñan las políticas de adopción y para profesionales de Inglaterra y Gales, que se rigen por la Adoption and Children Act (2002). También deberían ser de interés e importancia para el resto del Reino Unido y para los países en los que la función principal de la adopción es la separación no voluntaria de menores considerados en riesgo de sufrir daños, aunque existen diferencias de política y de práctica, en particular en lo que respecta a la preferencia por el contacto directo con la familia biológica en Irlanda del Norte (MacDonald, 2017b). Aunque son menos pertinentes para los países en los que la adopción implica principalmente la renuncia aparentemente voluntaria a un hijo o una hija, los resultados siguen teniendo relevancia práctica cuando las familias biológicas, las familias adoptivas y los servicios desean garantizar la apertura, la comunicación y el contacto.
Nuestra investigación, que comprende seis cuestionarios y una serie de entrevistas realizados a lo largo de un periodo de 8 años, identificó tendencias descendentes similares a las halladas en el estudio Contact After Adoption, de 16 años de duración (Neil et al., 2013). Constatamos que el contacto por buzón con la familia biológica se había pactado en todas las familias salvo una de las 96, pero que nunca llegó a iniciarse con más de una cuarta parte de las madres biológicas y con casi la mitad de los padres biológicos.
Hubo diversos motivos por los que el contacto por buzón disminuyó o cesó. Los resultados de estudios anteriores (Goodwin et al., 2025; MacDonald & McSherry, 2011; Neil, 2018; Neil et al., 2013; Selwyn et al., 2019) incluían sentimientos negativos de las familias adoptivas respecto al contacto, por recordarles que su hijo o hija adoptivo no era biológicamente suyo, así como experiencias difíciles al enfrentarse a un contacto inapropiado o a la falta de respuesta. Estas experiencias podían reforzar los sentimientos negativos hacia la familia biológica en relación con la negligencia, el maltrato y otros problemas familiares a los que sus hijos e hijas habían estado expuestos antes de la adopción. Estos estudios señalaban también que, si bien muchas familias valoraban el apoyo recibido para redactar las cartas, una minoría significativa refería problemas iniciales para poner en marcha el contacto y, en ocasiones, el plan de apoyo más amplio. El presente estudio coincide con estos resultados, y el carácter longitudinal de los datos permite examinar varios años después los efectos de las experiencias relatadas por las familias en las primeras oleadas de recogida de datos.
Muchas familias reconocían los beneficios esperados del contacto para su hijo o hija. Constatamos que seguían comprometidas con hacer funcionar el contacto por buzón varios años después de la adopción, y a veces a pesar de que las respuestas de la familia biológica se volvían cada vez más irregulares e imprevisibles. En ocasiones, solo cuando el contacto cesaba por completo expresaban la opinión de que no debía retomarse, y para algunas esta postura se basaba en la convicción de que eso respondía al interés superior de su hijo o hija. Para una de las personas encuestadas (madre J), citada en este artículo, su hija se había sentido rechazada por la pérdida del contacto, y retomarlo suponía arriesgarse al mismo rechazo, algo que le resultaba inaceptable.
Hubo también indicios de que el contacto por buzón puede iniciarse y seguir funcionando bien. En consonancia con MacDonald y McSherry (2011), esto parecía partir de que las familias biológica y adoptiva reconocieran que el contacto era por el bien del niño o la niña: la familia adoptiva escribía pronto para asegurar a la familia biológica que el menor se estaba adaptando, y todas las partes mantenían una comunicación constructiva. Una vez sentadas estas bases, había indicios de que el contacto por buzón podía convertirse en algo positivo para las personas encuestadas, que esperaban que ello aumentara la probabilidad de que el niño o la niña tuviera una relación positiva con su familia biológica de mayor. Profesionales tenían también un papel clave mediante el asesoramiento, una actitud servicial y el intercambio abierto de información sobre el menor al principio del acogimiento. Ello permitía que se desarrollara la confianza en esas personas como alguien que podría ayudar ante futuros problemas de contacto.
El análisis permitió también comprender la identidad de las personas encuestadas como madres y padres adoptivos. En las primeras oleadas de recogida de datos, compartían sus sentimientos respecto al contacto. A algunas familias les recordaba que su hijo o hija no era biológicamente suyo y les hacía sentirse culpables al pensar en lo vivido por la familia biológica. La investigación previa ha explorado la relación dinámica entre la familia adoptiva y la biológica, y cómo el contacto puede vivirse como una amenaza para la familia adoptiva (MacDonald, 2017a). Sin embargo, aunque en algunos casos este sentimiento nunca llegó a resolverse del todo, su papel parental se volvió más seguro, como lo demuestra su actitud protectora hacia su hijo o hija ante un contacto inapropiado de la familia biológica o intentos de esta por encontrarlo. También les inquietaba la formación de la identidad adoptiva de su hijo o hija, y algunas familias ya tenían dificultades para responder a preguntas que percibían como incómodas. Para ellas, esto presagiaba un futuro en el que el niño o la niña tendría dificultades con su historia de vida e incluso podría culparles si consideraba que se habían tomado malas decisiones sobre el contacto con la familia biológica. En la sexta oleada de recogida de datos no estaba claro si este temor a una relación futura difícil y a una posible inestabilidad familiar se había hecho realidad, pero una nueva oleada de recogida de datos con las personas adoptadas en la adolescencia podría investigarlo.
Por último, es importante señalar que todo el contacto, previsto y efectivo, adoptó la forma de contacto por buzón (indirecto). El predominio del contacto por buzón refleja la práctica actual en Inglaterra y Gales. Al considerar los puntos fuertes y las dificultades del contacto por buzón, puede contrastarse con Irlanda del Norte (MacDonald, 2017b) y Australia (Ward et al., 2022), donde existe una exigencia legal de adopciones abiertas y de contacto. En estos países se presta mucha más atención al contacto directo; estos estudios señalaban que más del 80% de los niños y niñas tenían encuentros presenciales con su familia biológica. El contacto también tenía más probabilidades de mantenerse a largo plazo que en nuestro estudio sobre el contacto por buzón, y aportaban ejemplos de relaciones positivas. Había, sin embargo, problemas similares relacionados con regalos inapropiados, escasa implicación y ausencias a los encuentros. Además, Ward et al. (2022) pusieron de relieve el contacto directo con progenitores biológicos que habían maltratado al niño o la niña antes de su separación de la familia, y aportaron ejemplos de continuación del maltrato emocional y físico durante los encuentros, y MacDonald (2017b) señaló cómo las familias adoptivas podían sentirse impotentes para hacer frente a estas dificultades cuando el contacto era una obligación legal.
Este estudio aporta nuevos datos de que el contacto por buzón puede ser un elemento positivo de la vida familiar tras la adopción. Sin embargo, mantener el contacto a largo plazo sigue siendo un reto, y hay mucho que aprender de las familias adoptivas y biológicas que desarrollan una relación de colaboración. Profesionales y servicios tienen también un papel clave, tanto para construir relaciones con las familias adoptivas de modo que pedir apoyo tras la adopción se normalice, como para apoyar a las familias biológicas, a las que escribir cartas al niño o la niña puede resultar difícil tanto en lo práctico como en lo emocional. Nuestros resultados sugieren que la infancia adoptada puede sentirse rechazada cuando el contacto por buzón se va apagando y cesa, y que las familias adoptivas se muestran entonces reacias a retomarlo si se presenta la ocasión. Por ello es importante no solo avanzar hacia un enfoque en el que profesionales intervengan si los acuerdos de contacto por buzón llegan a un punto muerto, sino también que adopten una actitud más proactiva y revisen periódicamente los acuerdos de contacto de todas las adopciones. Como se detalla más adelante, las guías de práctica vigentes en Gales indican que hoy se espera de los servicios este enfoque proactivo.
El Wales Adoption Cohort Study cuenta con una muestra relativamente pequeña de 96 familias adoptivas, pero su enfoque longitudinal, con seis oleadas de cuestionarios y una serie de entrevistas, ha permitido un examen en profundidad de los cambios a lo largo de un periodo de 8 años. Como es habitual en la investigación longitudinal, se han perdido participantes con el tiempo, aunque los resultados del análisis de abandono no sugieren una pérdida de representatividad entre las oleadas 1 y 6. No está claro si esta pérdida es aleatoria o si refleja que la adopción va bien o se ha vuelto difícil, dos situaciones que podrían afectar al tiempo de que disponen las familias para responder o a su disposición a compartir sus vivencias.
El artículo ha presentado cifras cuantitativas relativas al contacto con la familia biológica, tanto previsto como efectivo, a medida que avanzaba la adopción. Todo el contacto, previsto y efectivo, fue por buzón, lo que posiblemente refleja el enfoque de las políticas y la práctica galesas durante ese periodo. Cada oleada de recogida de datos incluía preguntas sobre otras formas de contacto que variaban en su forma y su enfoque; por ejemplo, la oleada 6 solo incluía preguntas sobre el contacto a través de las redes sociales, mientras que las oleadas 4 y 5 preguntaban si el niño o la niña participaba en la redacción de cartas. Por ello no se presentaron estos resultados específicos, pero las preguntas siguen siendo pertinentes, sobre todo porque las redes sociales se han convertido en una forma de comunicación fundamental para la infancia. Nuevas oleadas de recogida de datos aumentarían las posibilidades del estudio longitudinal para esclarecer otros temas relacionados con el contacto. Además, también se preguntó a las personas encuestadas por su satisfacción con el apoyo profesional recibido para el contacto. Estos resultados no se presentaron debido al reducido número de familias que recibían ayuda; de nuevo, esto podría ser objeto de futuros estudios que evalúen los tipos de apoyo ofrecidos a las familias adoptivas.
El presente estudio se centró exclusivamente en las vivencias de las familias adoptivas. Lo ideal sería que futuros trabajos abarcaran las opiniones y vivencias de las familias biológicas, de los niños y niñas y de profesionales del trabajo social, para obtener una visión más completa de las ventajas y los inconvenientes del contacto por buzón y del papel del apoyo para hacerlo posible. Los trabajos de Neil y su equipo (2006, 2013) han demostrado el valor de dar voz a estos distintos grupos y de triangular los datos. Aunque algunas familias adoptivas atribuyen la ruptura del contacto a una falta de interés de la familia biológica por el niño o la niña, la investigación de Neil et al. (2013) ha puesto de relieve explicaciones alternativas, como la dificultad emocional de comunicarse con un hijo o una hija a quien se echa profundamente de menos, así como la dificultad práctica de escribir cartas sin apoyo. Además, nuevas oleadas de recogida de datos en nuestra cohorte podrían incluir a las propias personas adoptadas. Ello sería coherente con el artículo 12 de la CDN (United Nations, 1989), que reconoce el derecho del niño a ser escuchado en todo asunto que le afecte y a que su opinión se tenga en cuenta. Implicar en esta investigación a los niños, niñas y jóvenes del estudio de cohorte sería especialmente valioso en este momento, ya que todos se acercan ya a la adolescencia o están en ella.
Por último, aunque el enfoque longitudinal permite examinar la evolución del contacto a lo largo del tiempo, las dificultades que afrontaron algunas familias y el contacto por buzón que otras mantuvieron, las vivencias de las familias de nuestro estudio deben entenderse en el contexto de que cumplimentaron la primera oleada de cuestionarios en 2016. Las familias que se encuentran hoy al principio de su recorrido adoptivo pueden tener vivencias notablemente distintas de las de nuestro estudio, moldeadas, al menos en parte, por los cambios de política en Gales. En particular, en 2014 el Gobierno galés estableció un enfoque propio de la adopción, mediante el artículo 170 de la Social Services and Well-being Act (Welsh Government, 2014), que introdujo el artículo 3A en la Adoption and Children Act (2002).
El National Adoption Service resultante se creó para dar coherencia a la prestación de servicios y mejorar las vivencias de las familias adoptivas. Las encuestas Adoption Barometer de una organización benéfica del Reino Unido (Adoption UK, 2024a, 2024b) muestran que esta estrategia ha logrado mejorar la satisfacción con los servicios. Desde la formación inicial Preparation to Adopt hasta la valoración y más allá, las personas que se preparan para adoptar reciben hoy formación, información y apoyo sobre los posibles acuerdos de contacto que podrían establecerse respecto a un futuro hijo o hija. Su actitud ante el contacto con las personas importantes para el niño o la niña forma parte ahora de su informe de valoración como futura familia adoptiva. El National Adoption Service también ha publicado varias guías de buenas prácticas (Good Practice Guides) con recomendaciones claras para reforzar modelos de práctica coherentes en todo Gales. Su guía sobre el contacto (National Adoption Service, n.d.) detalla la necesidad de que el plan de apoyo especifique no solo el contacto acordado tras la adopción, sino también cómo se tomó la decisión, incluido si se consideró el contacto directo y los riesgos que se identificaron. La guía detalla asimismo las comprobaciones que deben realizarse tras el acogimiento, las medidas que deben adoptarse si el contacto acordado no se produce y la necesidad de revisar periódicamente los acuerdos de contacto, reconociendo que otras formas de contacto pueden resultar adecuadas a medida que evolucionan las necesidades del niño o la niña. En conjunto, se orienta a las entidades y a sus profesionales hacia una implicación más proactiva en el apoyo al contacto en respuesta a necesidades cambiantes. Cabe señalar, no obstante, que estas guías de buenas prácticas no son obligatorias, aunque los indicadores nacionales de rendimiento introducidos recientemente sobre los distintos tipos de acuerdos de contacto permitirán recoger datos cuantitativos sobre las tendencias.
Este estudio longitudinal investigó la evolución del contacto por buzón entre las familias adoptivas y la familia biológica. Los resultados indican que un número considerable de planes de contacto no llegan a ponerse en marcha, pero también que el contacto efectivo flaquea y cesa en muchas familias. Se examinan los motivos, pero el enfoque longitudinal también permitió compartir ejemplos en los que el contacto por buzón se mantuvo hasta 8 años después de la adopción. Las dificultades del contacto en algunas familias, así como los logros en otras, pueden servir para orientar el apoyo y garantizar que el contacto sea duradero y beneficioso para el niño o la niña. Considerados junto a los estudios sobre los beneficios y las dificultades del contacto directo, nuestros resultados se suman a los datos que indican que quienes diseñan las políticas y quienes intervienen en la práctica no deberían favorecer una forma concreta de contacto, sino considerar qué es lo mejor para cada niño o niña.
Complexe Systémique: puntos clave
Este seguimiento a largo plazo recuerda que la adopción no cierra un sistema: conecta dos. La carta anual, transmitida por una autoridad local que mantiene la dirección en secreto, se convierte en el único hilo entre la familia adoptiva y la familia biológica, y cada silencio adquiere valor de mensaje: el niño o la niña puede leerlo como un rechazo, la familia adoptiva como falta de interés, cuando a veces refleja el dolor o la impotencia de la madre o el padre biológicos. Los testimonios muestran también lealtades compartidas (una tarjeta firmada «mamá»), una parentalidad adoptiva que se consolida protegiendo al niño o la niña, y profesionales que forman parte del sistema, para bien o para mal. Para la práctica clínica, el estudio invita a trabajar el contacto como una relación viva, que debe revisarse con regularidad, más que como una cláusula administrativa. Sus límites son claros: solo se oye la voz de las familias adoptivas, en su mayoría madres, blancas y con un alto nivel educativo, sin la de los niños y niñas ni la de la familia biológica; el contacto estudiado es únicamente por carta, y las reformas galesas recientes no se evalúan. Puede leerse junto con el artículo sobre el trabajo sistémico con familias cuyos hijos e hijas están bajo tutela y el artículo sobre la pérdida ambigua.
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Traducción no oficial al español de Adoptive parents' experiences of birth parent contact in the years after placement, de Edward Janes, Amy L. Paine, Sally Holland y Katherine H. Shelton, Family Relations, vol. 74, n.º 5 (2025), doi: 10.1111/fare.70032, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tabla presentada en forma de lista). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Traducción no oficial del artículo original «Adoptive parents' experiences of birth parent contact in the years after placement», publicado en Family Relations (2025) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido y maquetado por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Janes, E., Paine, A. L., Holland, S., y Shelton, K. H. (2025). Adoptive parents' experiences of birth parent contact in the years after placement. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/adoptive-parents-experiences-of-birth-parent-contact-in-the-years-after-placement (Obra original publicada en 2025 en Family Relations, 74(5), 2487-2506 (2025); reeditada en 2025 por Family Relations, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/fare.70032)
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