Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Journal of Family Therapy · Terapia familiar
En Noruega, cuando se retira la custodia de un niño o una niña, un servicio distinto de la protección infantil, la orientación familiar, se encarga de acompañar a su madre o a su padre. Ellen Syrstad y Ottar Ness entrevistaron a seis madres y padres y a siete terapeutas de este servicio. Frente a la protección infantil, las familias siguen instrucciones que no comprenden; cuando se las recibe con curiosidad, vuelven a explorar su propia historia.
Traducción no oficial al español de “It is not just about doing or saying the right things”: Working systemically with parents whose children are placed in public care, de Ellen Syrstad y Ottar Ness, publicado en Journal of Family Therapy (Wiley) (2021), doi: 10.1111/1467-6427.12339, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Una forma de colaboración tan dialógica implicará necesariamente compartir el poder.
Ellen Syrstad y Ottar Ness
Resumen
Este artículo explora las posibilidades de un enfoque sistémico en el apoyo a madres y padres cuyos hijos e hijas han sido puestos bajo tutela pública. Se basa en un estudio cualitativo que entrevistó a seis progenitores que habían recibido apoyo de los Servicios de Orientación Familiar de Noruega (FCS) y a siete terapeutas familiares de orientación sistémica de los FCS. Ambos grupos fueron entrevistados de forma individual y en grupos focales. Los resultados sugieren que las familias se sintieron menos juzgadas por el equipo terapéutico de los FCS que por el personal técnico de los CPS. Aunque pudiera resultar exigente, el equipo terapéutico sistémico consideró útil este enfoque para ayudar a las familias a desarrollar su capacidad de agencia y a dar sentido a su vida, ya que a estas les costaba ejercer esa agencia y comprender por qué sus hijos e hijas habían sido acogidos. El artículo concluye que los enfoques sistémicos pueden ser útiles en estos casos, combinados, cuando sea necesario, con las intervenciones de protección infantil adecuadas.
Puntos clave
La manera en que los servicios públicos apoyan y ayudan a las familias tras la retirada de la custodia de sus hijos ha llegado al debate político en Noruega, sobre todo desde que varias madres y padres llevaron sus casos ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH). Además, los Servicios de Protección Infantil (CPS) noruegos han sido criticados por la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño por no salvaguardar los intereses de las familias tras el acogimiento de los niños y niñas y por prestar poca atención a su regreso después del acogimiento.
El apoyo a las familias tras la separación de sus hijos se ha considerado insuficiente en Noruega (Slettebø, 2013) y en otros países occidentales (Morgan et al., 2019; Schofield et al., 2011). Las explicaciones de esta falta de apoyo se han centrado en el argumento de que los CPS tienen una difícil doble responsabilidad: acoger a los niños y niñas en contra de la voluntad de sus progenitores y ofrecer después apoyo a esas mismas personas (Schofield et al., 2011). Esta situación tan exigente llevó a la clase política noruega a decidir que los Servicios de Orientación Familiar (FCS), dependientes del Estado, asistieran a los CPS como servicio de apoyo complementario para estas familias. La Ley noruega de Protección Infantil obliga a los CPS a apoyar a las familias. Según la ley, los CPS tienen la responsabilidad legal de reunir al niño o la niña con sus progenitores, salvo que la reunificación no responda a su interés superior. Sin embargo, no existen directrices oficiales para este trabajo. Los FCS ofrecen a las familias un servicio voluntario, no regulado por la ley. El objetivo de su mandato es ayudar a las familias a elaborar la pérdida de la custodia de sus hijos y apoyarlas en su nuevo papel de madres y padres que visitan. La mayoría de las prácticas terapéuticas empleadas en los FCS noruegos se inspiran en los enfoques de la terapia familiar sistémica. Los FCS se rigen por la Ley noruega de Orientación Familiar y ocupan, por tanto, una posición distinta y más independiente que los CPS, sin ninguna capacidad de decisión en estos casos.
Varios estudios han descrito las interacciones entre las familias y los CPS como difíciles una vez que aquellas pierden la custodia de sus hijos en favor de la tutela pública. En un estudio realizado en Estados Unidos, Sykes (2011) mostró cómo las madres desarrollaban estrategias para evitar que se las etiquetara como malas madres. Estas estrategias daban lugar a una colaboración poco productiva: el personal técnico se frustraba porque las familias asumían poca responsabilidad por lo que, a su juicio, habían infligido a sus hijos, mientras que estas gastaban su energía en defenderse. En un estudio sueco, Höjer (2011) constató que las familias describían una experiencia de impotencia frente a los CPS, junto con la sensación de ser castigadas por la negligencia que, según los CPS, habían infligido a sus hijos.
Un aspecto central del contexto de la relación entre los CPS y las familias son las relaciones de poder. Según Foucault (1980), el poder es relacional y se hace visible cuando se ejerce. En consecuencia, a Foucault le interesaba cómo se produce el poder, cómo opera y cuáles son sus estrategias o técnicas, más que quién lo ejerce (Brown, 2007; Guilfoyle, 2003). Un estudio canadiense sobre las experiencias de madres y padres con los CPS identificó dos tipos de relación entre las familias y los CPS: una en la que las familias percibían que los CPS usaban el poder como control y otra en la que percibían que lo usaban como apoyo (Dumbrill, 2006). Cuando el poder se percibía como control, las familias parecían tender a combatirlo abiertamente o a «jugar» con él, fingiendo colaborar. Cuando lo percibían como apoyo, era más probable que colaboraran con los CPS. En una revisión exploratoria, Toros et al. (2018) constataron que la asimetría de la relación de poder entre profesionales y familias parecía menos acuciante si los CPS se centraban en las fortalezas y los recursos de las familias en lugar de hacerlo únicamente en sus carencias. En suma, la investigación previa ha mostrado que el poder y el control desempeñan un papel importante en la relación entre las familias y el personal técnico de los CPS.
La investigación también ha sostenido que los CPS no tienen suficientemente en cuenta el contexto y las condiciones de vida de las familias cuando interpretan sus comportamientos tras la retirada de un hijo o una hija. Las madres y los padres del estudio comparativo de Schofield et al. en cuatro países de Europa occidental (2011) expresaron que los CPS esperaban un comportamiento racional en plena crisis tras la pérdida de sus hijos, algo que percibían como una expectativa poco realista. En un estudio realizado en Nueva Zelanda, Hyslop y Keddell (2018) mostraron cómo la pobreza generaba dinámicas familiares difíciles que los CPS interpretaban como cuidados inadecuados. Estas confusiones y malentendidos ponen de relieve la necesidad de una comprensión contextual para interpretar los comportamientos de las familias y sus interacciones con los CPS; por ello, se ha recomendado la terapia familiar sistémica como enfoque para apoyar a quienes han perdido la custodia de sus hijos (Morgan et al., 2019).
Actualmente coexisten varios modelos bajo la denominación general de «terapia familiar sistémica» (Boston, 2000; Lorås et al., 2017), como la terapia centrada en soluciones (De Shazer, 1985), la terapia colaborativa (Anderson y Gehart, 2007; Anderson y Goolishian, 1988), la terapia narrativa (White y Epston, 1990) y los procesos reflexivos (Andersen, 1991). Una de las ideas principales de la terapia familiar sistémica es que los problemas no deben entenderse como cuestiones individuales, sino como procesos relacionales y circulares que han de percibirse en su contexto (Bateson, 1972), y que la realidad no es fija, sino que se crea y se mantiene a través de las interacciones sociales (Anderson y Goolishian, 1992). Una posición terapéutica basada en una perspectiva construccionista social implica, por tanto, una posición de no saber (Anderson y Goolishian, 1988), en la que la duda y la incertidumbre pueden explorarse con seguridad (Mason, 1993, 2019).
En suma, los estudios han mostrado que las interacciones entre las familias y los CPS tras el acogimiento de un niño o una niña suelen ser difíciles. Estas interacciones parecen menos difíciles cuando el personal técnico se centra en las fortalezas de las familias y usa su poder de manera que se perciba como apoyo y no como control (Dumbrill, 2006; Toros et al., 2018). Por ello, se ha propuesto la terapia familiar sistémica como un enfoque prometedor para las familias cuyos hijos e hijas están bajo tutela pública (Munro, 2010). Algunos estudios británicos sobre los enfoques sistémicos dentro de los CPS han mostrado que el personal técnico parece inclinarse por explicaciones causales lineales (Bingle y Middleton, 2019) y que, en contextos de desequilibrio de poder, es importante reflexionar sobre distintas explicaciones (Watson, 2019). Sin embargo, se sabe menos sobre la terapia familiar sistémica en colaboración con las familias tras la pérdida de sus hijos. El propósito de este estudio es explorar la experiencia de madres, padres y terapeutas con un enfoque sistémico en los FCS y discutir el potencial de un apoyo sistémico a las familias tras la pérdida de sus hijos. Así, abordamos las siguientes preguntas de investigación: ¿cómo viven las familias su posición de personas usuarias en los FCS noruegos frente a los CPS? ¿Qué tipo de dificultades encuentra el equipo terapéutico de los FCS cuando trabajan con familias cuyos hijos e hijas están bajo tutela pública?
Este artículo se basa en un estudio cualitativo de investigación sobre la práctica, situado en una epistemología construccionista social que parte de la idea de que las realidades sociales de las personas se negocian a través del lenguaje, las relaciones y la cultura (Gergen, 2015). El objetivo del estudio es explorar diversas versiones y perspectivas, más que ofrecer resultados definitivos. La investigación desde una perspectiva construccionista social sustituye la idea de algo que se «revela» por la idea de algo que se «construye» mediante el lenguaje en prácticas relacionales (McNamee, 2010). El proceso de investigación se convirtió así en una forma de cocrear conocimiento con las personas entrevistadas, en la que nos influimos mutuamente.
Se reclutó para el estudio a seis madres y padres con experiencia en los FCS y a siete terapeutas familiares con experiencia en el apoyo a familias en los FCS, ya fuera de forma individual o en grupos de pares. De las seis personas progenitoras, una era hombre y cinco mujeres; de las siete personas terapeutas, dos eran hombres y cinco mujeres. Todo el equipo terapéutico tenía formación en terapia familiar sistémica. Para encontrar participantes con experiencia en los servicios de apoyo de los FCS, el equipo terapéutico se reclutó a través de una persona clave que trabajaba en la elaboración de directrices nacionales para este apoyo, y las familias a través de una persona clave de una organización independiente que apoya a este tipo de familias.
El Centro Noruego de Datos de Investigación (Norwegian Centre for Research Data) concedió la aprobación ética para realizar el estudio. Todas las personas participantes dieron su consentimiento informado. Se garantizó el anonimato en todas las fases del estudio. Para anonimizar a las personas participantes, hemos utilizado sistemáticamente pronombres femeninos en nuestro informe. La participación en el estudio era voluntaria y cualquiera podía retirarse sin dar explicaciones. Nadie lo hizo. Pero es importante tener en cuenta que a las familias pudo resultarles difícil retirarse del estudio, ya que podría haberse entendido como una debilidad personal o una falta de control.
Para generar los datos, realizamos dos grupos focales con madres y padres y dos grupos focales con terapeutas. Las personas participantes también fueron entrevistadas individualmente para profundizar en los temas surgidos en los grupos focales. El proceso de entrevistas con los dos grupos tuvo lugar entre junio y diciembre de 2016. Nos inspiramos en un diseño de grupos focales en varias etapas, en el que los mismos grupos se entrevistan varias veces (Hummelvoll, 2008). Al seguir a las personas participantes a lo largo del tiempo, tanto ellas como nosotros, el equipo investigador, tuvimos la oportunidad de explorar ciertos temas en profundidad y de registrar aquellos que queríamos seguir explorando. Los grupos focales son útiles porque permiten que surjan debates, que se compartan reflexiones y que el grupo desarrolle ideas (Piercy y Hertlein, 2011). En este estudio, ello dio lugar a ideas prácticas para mejorar las relaciones entre los FCS y las familias, que habrían sido difíciles de desarrollar mediante entrevistas individuales. Después, las entrevistas individuales ofrecieron la oportunidad de explorar con más detalle los temas o fenómenos que las personas participantes proponían, sin las interrupciones propias de un grupo focal.
Como punto de partida para todas las entrevistas, elaboramos un guion de entrevista semiestructurada. Los temas del guion incluían las experiencias de las familias con los FCS, su necesidad de ayuda y las experiencias del equipo terapéutico con este grupo de familias. El guion tenía un diseño «evolutivo» para ambos grupos. Esto significa que, a partir de las experiencias de la primera entrevista, se añadían nuevas preguntas a la siguiente (Stewart y Shamdasani, 2015).
Para analizar los datos transcritos, utilizamos un análisis temático construccionista, un método para organizar y construir temas dentro de un conjunto de datos (Braun y Clarke, 2006). El análisis se realizó de forma simultánea al proceso de entrevistas, lo que permitió analizar el material en cada etapa. Tras leer varias veces las transcripciones, se utilizaron las preguntas de investigación para identificar temas preliminares en el material empírico procedente de las entrevistas y los grupos focales con madres, padres y terapeutas. Se identificaron elementos significativos, como citas y descripciones de temas, que luego se clasificaron en categorías provisionales para cada grupo. Después intentamos vincular temas de los dos conjuntos de datos. Uno de esos vínculos era el relato de las familias que seguían órdenes de los CPS que no comprendían y la experiencia del equipo terapéutico con la falta de agencia de las familias. A través de este proceso de análisis temático paso a paso, se identificaron cuatro temas: (1) familias que intentan estar a la altura de un ideal sin comprender ese ideal, (2) los dilemas del equipo terapéutico cuando las necesidades de las familias chocaban con el enfoque sistémico, (3) la experiencia de las familias de no ser vistas como un fracaso y (4) relatos de construcción de sentido y de reencuentro con los hijos e hijas.
El propósito de este estudio es investigar las experiencias del equipo terapéutico en el apoyo a familias cuyos hijos e hijas fueron puestos bajo tutela pública, así como las experiencias de las familias que recibieron apoyo de terapeutas familiares de orientación sistémica. El primer y el tercer resultado se basan en las experiencias de las familias, mientras que el segundo y el cuarto se basan en las del equipo terapéutico.
Las madres y los padres describieron cómo intentaban estar a la altura de un ideal de parentalidad sin saber qué aspecto tenía ese ideal en la práctica. Decían que no comprendían por qué los CPS habían puesto a sus hijos bajo tutela pública, que sentían una pérdida de poder en su relación con los CPS, pero que aun así elegían colaborar con ellos como estrategia para asegurarse de ver a sus hijos con más frecuencia y aumentar sus posibilidades de recuperarlos. Según describían esta colaboración, seguían instrucciones que no comprendían o con las que no estaban de acuerdo. Una de las madres contó que siempre tenía en mente a los CPS cuando se enfrentaba a pequeñas decisiones de la vida cotidiana, como qué regalo comprar para su hijo o cuánto pagar por un par de zapatos para ella. Temía que todas esas pequeñas decisiones pudieran cuestionarse cuando más adelante se evaluara su capacidad de cuidado. Otra madre había vivido el regreso de sus hijos. Su experiencia era que «No se trata solo de hacer o decir lo correcto. Tienes que entender por qué». En el último grupo focal, una de las madres reflexionó sobre el hecho de que tantas madres y padres no comprendieran por qué sus hijos habían sido puestos bajo tutela pública. Pensaba que esa reacción podía tener que ver con protegerse, porque comprender significaría abrir la puerta a la angustia. Estos ejemplos muestran cómo las familias se guiaban por lo que percibían como exigencias de los CPS. Pero esta colaboración entre las familias y los CPS no conducía necesariamente a una mayor comprensión, por su parte, de por qué sus hijos habían sido acogidos; tampoco parecía reducir su sentimiento de impotencia frente a los CPS.
El equipo terapéutico habló de distintos dilemas que surgían al trabajar con familias cuyos hijos habían sido acogidos. Uno de ellos era que, en los FCS, las terapeutas percibían que las familias hacían poco por desarrollar su agencia en la propia vida o por «asumir una posición de experticia», la posición a la que aspira el enfoque sistémico. El equipo terapéutico señaló también que las familias expresaban no ser conscientes de su necesidad de ayuda. Según el equipo, los relatos de las familias contenían muchas experiencias de pérdida, sobre todo en relación con los CPS. Una de las terapeutas dijo que era fácil verse desbordada por esos relatos y empezar a intentar arreglar las cosas en su lugar. A otra terapeuta le preocupaba no convertir a las familias en víctimas de un sistema. Decía: «Si las tratamos como víctimas, me temo que no avanzarán». Verse como víctima puede tener paralelismos con la falta de control que se siente sobre la propia vida. Algunas de las terapeutas consideraban que esa falta de control podía estar relacionada con la posición que se había asignado a las familias en su colaboración con los CPS. Una terapeuta dijo: «Están acostumbradas a ir a sitios porque otra persona cree que deben ir. Cuando vienen aquí, nadie cree que deban hacer nada en particular». Otra terapeuta lo completó así: «Mi experiencia es que las madres y los padres buscan lo que creen que yo quiero que respondan, en lugar de intentar entender por qué».
Varias de las historias parentales relatadas por las terapeutas, y contadas por las propias madres y padres en los grupos focales, podían parecer inverosímiles. Una madre contó que olvidó poner servilletas en la mesa durante una supervisión de una persona técnica de los CPS y que eso llevó a que su hijo fuera acogido. Otra contó que su hija llamó a la policía y le mostró un moratón que supuestamente le había hecho su madre. Según la madre, la hija se había pintado ese moratón ella misma, y la policía lo borró lavándolo. Aun así, los CPS acogieron a la hija. En un debate del grupo de terapeutas, una de ellas (que había trabajado antes en los CPS) dijo que le costaba creer los relatos de las familias porque ya le habían mentido varias veces. Otra terapeuta dijo que la veracidad de los relatos no era lo importante: lo más importante era que, como terapeutas, los reconocieran. Sin embargo, estas experiencias planteaban un dilema: ese reconocimiento podía dificultar la colaboración con los CPS, más preocupados por encontrar «la verdad».
Las madres y los padres describieron el encuentro con los FCS como algo distinto del encuentro con los CPS. Sentían menos juicio y control por parte de los FCS. Una de las madres lo describió así: «No éramos solo una familia fracasada». Añadió que percibía que los CPS buscaban sus debilidades en lugar de sus recursos. La misma madre contó que el hecho de haber sufrido una grave negligencia y abusos en su infancia se había utilizado en su contra para argumentar que no había aprendido ni vivido unos buenos cuidados. En los FCS, en cambio, se encontró con un enfoque guiado por la curiosidad y por preguntas sobre cómo había sido vivir esos abusos. Esas preguntas, decía, nunca se las habían planteado los CPS. Una madre lo describió así: «Cuando los CPS han sacado todo lo negativo que pueden encontrar sobre mí a lo largo de varios procesos judiciales, no quiero explorar mi historia con los CPS». Pero, aunque las familias parecían preferir los FCS, su relación con los CPS seguía siendo importante para ellas, sobre todo por la capacidad de decisión de ese organismo.
Varias de las terapeutas consideraban importante explorar los relatos de las familias en lugar de cuestionar su contenido. Cuando una madre o un padre contaba una historia, la terapeuta trataba ese relato como el que esa persona había elegido contar. Su tarea consistía entonces en explorar el relato con ella. Una de las terapeutas dijo: «Esta exploración puede darse con más facilidad si las familias sienten que ya no necesitan convencerte de lo terriblemente mal que las han tratado». Otro argumento que la misma terapeuta utilizó para mostrar la importancia de reconocer los relatos de las familias fue que estas ya se habían topado con la incredulidad de los CPS (y de otros sistemas). Decía: «Creo que se encuentran con mucha gente que no cree sus historias. Espero que podamos ofrecerles algo distinto: saber que llegan a un lugar donde se sienten acogidas y escuchadas de otra manera». La misma terapeuta explicó cómo, en tres casos, había recorrido con las familias un proceso que empezó con su necesidad de comprender y terminó en una historia de éxito: el regreso de sus hijos. En los tres casos se había centrado en explorar los relatos de las familias a partir de principios sistémicos.
Este estudio explora la diferente posición de persona usuaria en relación con los FCS, frente a la que se ocupa en relación con los CPS, e investiga las experiencias de terapeutas familiares de orientación sistémica en el apoyo a familias cuyos hijos e hijas están bajo tutela pública. A partir de nuestros resultados, discutiremos las posibilidades de un enfoque sistémico en el apoyo a las familias. También discutiremos los resultados en relación con los dos tipos de poder de Dumbrill (2006) —el poder como control y el poder como apoyo — y con las nociones de Mason (2019) sobre el conocimiento seguro o incierto. El poder y el conocimiento son elementos esenciales de los enfoques sistémicos basados en perspectivas construccionistas sociales (Brown, 2007; Guilfoyle, 2003).
Los CPS representan un contexto en el que el equilibrio de poder entre el personal técnico y las personas usuarias está descompensado, sobre todo cuando las familias pierden la custodia de sus hijos en favor de la tutela pública. Las madres y los padres de nuestro estudio describieron sentimientos de pérdida de poder. Esa pérdida de poder parecía agravarse cuando relataban que no comprendían por qué los CPS habían puesto a sus hijos bajo tutela pública. Al igual que en estudios anteriores, esta falta de comprensión podría interpretarse como fruto de la necesidad de las familias de proteger su identidad de buenas madres y buenos padres en un contexto como el de los CPS, en el que pueden experimentar una impotencia total (Schofield et al., 2011; Syrstad y Slettebø, 2020). Pero también puede entenderse como la manifestación de una comunicación disfuncional entre las familias y los CPS (Höjer, 2011; Sykes, 2011). Este tipo de colaboración puede entenderse como una forma de poder sobre, tal como la describe Dumbrill (2006), y podría contribuir aún más a limitar el proceso de construcción de sentido de las familias con el personal técnico, que las deja con una sensación de insuficiencia y de pérdida de poder (Syrstad y Ness, 2019). En tales situaciones, Dumbrill (2006) observó que las familias tendían a luchar contra la autoridad percibida o a entrar en colaboración con ella porque consideraban inútil luchar. Las familias de este estudio dieron la misma explicación sobre su disposición a colaborar con los CPS.
Este desequilibrio de poder y la posición habitual de las familias, que siguen las órdenes de las autoridades, fue una de las explicaciones que dio el equipo terapéutico de que no asumieran la agencia en su propia vida o, como lo expresaban las terapeutas, de su tendencia a apoyarse en opiniones expertas. Esto podría entenderse como una privación del estatus de persona experta, ya sea porque los CPS las etiquetaban como «no lo bastante buenas» o porque ellas mismas se etiquetaban como «familias fracasadas». Nelson (2001) sostuvo que, si alguien es desvalorizado, ello puede llevarle a desconfiar de sus propios juicios y opiniones. Según el equipo terapéutico, las familias expresaban a menudo no ser conscientes de su necesidad de ayuda y no comprendían por qué se les habían retirado sus hijos. Esta falta de conciencia y de comprensión se reflejaba también en un estudio anterior (Schofield et al., 2011). Para quienes hacen terapia sistémica resulta difícil trabajar con familias que no asumen la agencia o una posición de experticia, ya que su propio objetivo es colaborar en la creación de comprensión (Anderson y Goolishian, 1988, ).
Las descripciones que hacían las familias de sus encuentros con los FCS eran distintas. Contaban que se sentían valoradas porque los FCS se centraban más en sus recursos que en sus carencias. Los estudios han mostrado que los enfoques profesionales centrados en los recursos de las familias favorecen un mejor clima de colaboración (Toros et al., 2018). Las familias de nuestro estudio describieron que les resultaba más fácil abrirse sobre temas difíciles que consideraban poco adecuados para compartir con los CPS, porque su experiencia era que esos temas podían utilizarse fácilmente en su contra en el siguiente juicio, lo que las colocaba en una especie de situación sin salida («Catch 22»), como la describieron Ross et al. (2017). La conceptualización del poder en la terapia familiar sistémica puede tener paralelismos con la descripción que hace Dumbrill (2006) de la segunda forma de poder, que las familias describieron en este estudio: el poder con. Cuando las familias del estudio de Dumbrill (2006) percibían que los CPS usaban su poder para apoyar (poder con), era más probable que quisieran colaborar con los CPS.
Los resultados de este estudio indican que las relaciones de poder son distintas en los CPS y en los FCS. Los dos sistemas tienen además mandatos diferentes. Dentro de su mandato, los FCS pueden practicar la terapia familiar sistémica sin el mismo papel de control y evaluación que el personal técnico de los CPS. Según Guilfoyle (2003), pueden usar su poder para ayudar a las familias a construir sentido en un clima en el que resulta más fácil ganarse su confianza. En un clima así, es más fácil explorar la propia situación y la propia posición para asumir un papel más activo en la propia vida. Sin embargo, el equipo terapéutico de los FCS consideraba problemático que varias familias no parecieran asumir la agencia en su propia vida y quizá no quisieran ser tratadas como expertas. Järvinen y Mik-Meyer (2012) sostienen que es importante no imponer a las personas usuarias una agencia o una posición de experticia que no son capaces de asumir. Järvinen y Mik-Meyer añaden que esto es especialmente cierto para los grupos marginados, que no tienen las condiciones previas ni la familiaridad necesarias para ocupar esa posición de experticia.
Además de representar un contexto de desequilibrio de poder, los CPS representan también un contexto cuyo mandato general es proteger a la infancia de situaciones de riesgo. La eliminación del riesgo suele ir unida a la necesidad de llegar a un «conocimiento seguro», en el que el personal técnico de los CPS se posiciona como «experto» (Mason, 2019). Esta dinámica refleja el debate del equipo terapéutico de este estudio, en el que se planteaban si era importante buscar una «verdad» en estos casos o si siquiera existe una «verdad». Por un lado, es importante establecer los hechos en casos en los que, por ejemplo, un niño o una niña sufre abusos (Mason, 2019). Por otro, este foco en el riesgo puede llevar a menudo a situar a madres y padres como factores de riesgo en la vida de sus hijos (Featherstone et al., 2018), lo que, como describieron las familias de nuestro estudio, puede dificultar la construcción de alianzas y de una colaboración constructiva entre los CPS y las familias. Para construir esa alianza, el equipo terapéutico de nuestro estudio afirmaba que debía reconocer los relatos de las familias.
Estudios anteriores han señalado una tensión entre los enfoques sistémicos y los enfoques de los CPS, cuyo personal técnico parece inclinarse por explicaciones lineales (Bingle y Middleton, 2019; Watson, 2019) que a menudo se construyen sobre «verdades» concretas acerca de la realidad. Mason (2019) sostuvo que algunas explicaciones lineales eran necesarias en los CPS, pero añadió que, si sus prácticas se basaban principalmente en un conocimiento entendido como «hechos» o «certeza segura», el personal técnico podía acabar fácilmente en una posición de encierro, sin ningún espacio para el diálogo. Esta preocupación también la planteó Munro (2010), quien añadió que tales prácticas podían conducir a una simplificación y estandarización del conocimiento y a un aprendizaje organizativo limitado. Desde una perspectiva construccionista social, el papel del personal técnico de los CPS implica contribuir, en su trabajo, a la creación de conocimiento, pero no se trataba de un proceso del que mostrara conciencia en el estudio de Langsrud et al. (2017).
Aunque los aspectos de poder y de control de los CPS conllevan la necesidad de un conocimiento seguro, los estudios han mostrado que es importante reflexionar sobre la propia posición de poder en contextos de desequilibrio de poder (Watson, 2019). Si no se reflexiona sobre el poder, los CPS pueden perder legitimidad y confianza. La confianza es especialmente importante para los CPS, ya que sus decisiones son cuestionadas constantemente por los medios de comunicación y a través del sistema judicial para proteger a personas usuarias vulnerables. Para que las familias puedan dar sentido a su situación una vez que sus hijos han sido puestos bajo tutela pública, este estudio indica que es importante que los CPS construyan alianzas con ellas. Según Anderson y Goolishian (1992), para que las familias construyan sentido, quien hace terapia tiene que colaborar con ellas en lugar de convencerlas de una determinada manera de entender el mundo. Una forma de colaboración tan dialógica implicará necesariamente compartir el poder (Dumbrill, 2006) y pasar a una posición de apertura a la comprensión de los fenómenos desde distintas perspectivas (Mason, 2019). Este podría ser un enfoque valioso en el apoyo a las familias, ya que este estudio ha mostrado que, cuando se acogen sus relatos con curiosidad, es más probable que sigan explorándolos en lugar de aferrarse a sus «verdades» y «perspectivas» preexistentes como parte de una lucha con los CPS. Siguiendo este argumento, sugerimos que sería útil que el personal técnico de los CPS adoptara una posición más colaborativa y fuera más allá del tipo de patrones de comunicación disfuncionales que hemos descrito. Una vía podría ser la formación en terapia familiar sistémica, o que el apoyo a las familias lo asuman profesionales distintos de quienes intervinieron en la retirada del niño, la niña o los hermanos. Otra propuesta podría ser hacer lo que describen Van de Vijver y Harvey (2019): crear un equipo que incluya a la vez terapeutas familiares y personal técnico, de modo que una parte pueda centrarse en la seguridad y la otra mostrarse más curiosa.
Este estudio muestra que, en estos casos, el sentimiento de impotencia de las familias frente a los CPS las llevaba a plegarse a sus exigencias e instrucciones incluso cuando no las comprendían o no estaban de acuerdo con ellas. Sin embargo, el estudio muestra que la participación de las familias en la exploración de sus propios relatos abre oportunidades que podrían ayudarlas a comprender mejor su situación. El estudio sugiere, no obstante, que es importante no empujar a las familias hacia una agencia que todavía no están preparadas para asumir; un diálogo colaborativo que les ayude a construir una mejor comprensión puede ser un paso previo importante.
El estudio incluye también una discusión sobre si entender el conocimiento como algo fijo o como algo construido socialmente es decisivo para la manera de abordar los relatos de las familias. Dentro del mandato de los CPS, podría resultar difícil adoptar un enfoque en el que el conocimiento se entienda como construido socialmente. Muchas familias a las que se les ha retirado la custodia de sus hijos reciben muy poca atención por parte del Estado (Morgan et al., 2019; Schofield et al., 2011; Slettebø, 2013). Así, una de las conclusiones de este estudio podría ser que otros países deberían desarrollar servicios para estas familias, como los FCS noruegos, a fin de maximizar las posibilidades de un apoyo significativo.
Nuestro estudio muestra las dificultades que encuentran los CPS para construir una colaboración eficaz con las familias cuyos hijos e hijas están bajo tutela pública y pone de manifiesto la necesidad de seguir investigando cómo lograrla de la mejor manera. No obstante, creemos que nuestro estudio de las experiencias de las familias tanto con los CPS como con los FCS nos aporta información útil sobre su necesidad de apoyo, útil también para orientar la manera en que los CPS se acercan a las familias en tales situaciones. Sugerimos que una mayor comprensión del poder y del conocimiento en los CPS en estos casos podría allanar el camino hacia un mejor diálogo con familias vulnerables. Ello podría responder a algunas de las críticas que los CPS noruegos han recibido de la ONU y del TEDH. Por último, proponemos que la investigación futura estudie cómo puede aplicarse un enfoque sistémico con estas familias dentro del contexto de los CPS.
Complexe Systémique: puntos clave
Es un estudio de tamaño modesto, pero valioso por la pregunta que plantea: ¿qué le ocurre a una madre o a un padre cuando la institución que le retiró a su hijo es también la encargada de ayudarle? Noruega respondió separando las funciones: el control para la protección infantil, el apoyo para la orientación familiar. El estudio muestra lo que esta separación hace posible. Ante el poder como control, las familias obedecen sin comprender; ante una escucha curiosa que renuncia a decidir qué es verdad, vuelven a explorar su historia. Para la práctica clínica, la lección es doble: reconocer el relato antes de discutirlo y no exigir demasiado pronto una posición de experticia a una persona a la que la institución ha descalificado. Una lectura sistémica invita a ver el par institución-familia como un sistema en el que la impotencia se coproduce. Los límites son claros: una muestra pequeña reclutada a través de personas clave, ninguna voz de los servicios de protección infantil y ningún efecto medido del apoyo. Para leer junto con el artículo sobre la protección infantil y el maltrato institucional y el artículo sobre el paso de la intervención experta a la conversación colaborativa.
Referencias
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Traducción no oficial al español de “It is not just about doing or saying the right things”: Working systemically with parents whose children are placed in public care, de Ellen Syrstad y Ottar Ness, Journal of Family Therapy, vol. 43, n.o 3 (2021), doi: 10.1111/1467-6427.12339, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Este es el artículo original «“It is not just about doing or saying the right things”: Working systemically with parents whose children are placed in public care», publicado en Journal of Family Therapy (2021) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido al español por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: traducción no oficial, adaptada para su lectura en línea, como se indica al principio de esta página.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Syrstad, E., y Ness, O. (2021). “It is not just about doing or saying the right things”: Working systemically with parents whose children are placed in public care. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/working-systemically-with-parents-whose-children-are-placed-in-public-care (Obra original publicada en 2021 en Journal of Family Therapy, 43(3), 458-468 (2021); republicada en 2021 por Journal of Family Therapy, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/1467-6427.12339)
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