Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
The Family Journal · Familia
Cincuenta años después de la guerra colonial portuguesa, ¿qué queda del trauma de los excombatientes en sus familias? Un equipo de la Universidade Autónoma de Lisboa entrevistó por separado al veterano, a su esposa y a un hijo o una hija adultos en 32 familias, y después reunió los tres relatos en un genograma. Lejos de una transmisión automática, surgen cinco perfiles, del más destructivo al más protector.
Traducción no oficial al español de Living with a Veteran with Trauma: Impact on Family Functioning Using the Genogram as a Research Tool, de Rute Brites, Odete Nunes, João Hipólito, Tânia Brandão, António Correia y Cristina Nunes, publicado en The Family Journal (SAGE) (2026), doi: 10.1177/10664807261415864, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las cinco tablas se presentan en forma de listas; los cuatro genogramas se reproducen con sus leyendas traducidas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Los miembros de la familia se esfuerzan por cuidar al veterano, teniendo en cuenta su sufrimiento y su vulnerabilidad.
Rute Brites, Odete Nunes, João Hipólito, Tânia Brandão, António Correia y Cristina Nunes
Resumen
Aunque el impacto psicológico de la guerra en los veteranos, en particular el desarrollo del trastorno de estrés postraumático (TEPT), está bien documentado, los efectos a largo plazo en sus familias se han estudiado menos. La investigación sugiere que el trauma de los veteranos puede alterar las relaciones y contribuir a un trauma secundario/intergeneracional dentro de la familia.
Este estudio utiliza genogramas para explorar cómo los síntomas de TEPT vividos por los veteranos han influido en las relaciones familiares a lo largo del tiempo, y para descubrir patrones de impacto intergeneracional y sistémico en familias de veteranos de la Guerra de Ultramar portuguesa.
Se utilizó un enfoque cualitativo con entrevistas semiestructuradas a 32 familias (cada una compuesta por un veterano, su cónyuge y al menos un hijo o una hija adultos) (n = 100). Los datos se sintetizaron en genogramas para cartografiar visualmente la estructura familiar, la calidad de las relaciones y los patrones de malestar psicológico. A continuación se realizó un análisis transversal entre familias para identificar temas relacionales comunes.
Las familias se agruparon en cuatro grupos principales de impacto: impacto negativo máximo, impacto negativo limitado, ausencia de impacto e impacto protector. Estas clasificaciones reflejan variaciones en el funcionamiento familiar, los síntomas de salud mental y los patrones relacionales. En algunas familias, el trauma del veterano parecía afectar a varios subsistemas, mientras que en otras las cónyuges desempeñaban un papel amortiguador/protector. Se identificó un quinto grupo, sin un patrón coherente.
Los resultados subrayan la complejidad y la variabilidad de la transmisión del trauma dentro de las familias, poniendo de relieve tanto la vulnerabilidad como la resiliencia. El uso de genogramas resultó eficaz para captar las dinámicas sistémicas. Estos resultados subrayan la importancia de adoptar un enfoque sistémico familiar en el tratamiento clínico de los veteranos afectados por TEPT y sugieren vías para futuras investigaciones.
Palabras clave: veteranos de guerra, funcionamiento familiar, genograma, trauma secundario, teoría sistémica
El impacto de los conflictos armados en la salud mental del personal militar está documentado científicamente. Los estudios con veteranos de guerra han demostrado un riesgo significativamente mayor de desarrollar problemas de salud mental, como ansiedad, depresión y trastorno de estrés postraumático (TEPT) (p. ej., Dekel et al., 2014; Ginzburg et al., 2010; Rahnejat et al., 2022; Selimbašić et al., 2019). En el contexto portugués se observó un patrón similar en lo que respecta a los veteranos de la Guerra de Ultramar.
La Guerra de Ultramar (o Guerra do Ultramar) (1961–1974) se refiere al conflicto militar en las colonias portuguesas de África (Angola, Mozambique y Guinea), durante el cual se debatió el derecho de Portugal a estar presente en África. Esta guerra enfrentó a Portugal con los movimientos independentistas que luchaban por la liberación de estas colonias (Cunha et al., 2022). Las condiciones climáticas extremas, la existencia de tres teatros de operaciones distintos y alejados del territorio portugués y la inferioridad numérica de los portugueses hicieron de esta guerra una guerra muy difícil (Tavares, 2005).
Los estudios han mostrado que estos veteranos tienden a presentar problemas psicológicos como el trastorno de estrés postraumático (Hipólito et al., 2017; Maia et al., 2011) y depresión y ansiedad clínicamente significativas (Ferrajão & Oliveira, 2015; Pereira et al., 2012).
Los problemas asociados al trauma de guerra no se limitan a las personas directamente afectadas, sino que deben considerar todos los sistemas convulsionados por la violencia de la experiencia y sus consecuencias (Catani, 2010; Galovski & Lyons, 2004; Papero, 2017). Por lo general afectan al funcionamiento interpersonal, en particular a las relaciones familiares. Davidson y Mellor (2001) señalan como efecto principal un funcionamiento familiar poco saludable, que se materializa en las dificultades de la familia para adoptar respuestas emocionales adecuadas y resolver los problemas con eficacia, tanto dentro como fuera de la familia.
En el plano conyugal, varios estudios indican que este tipo de acontecimientos traumáticos, y en particular sus consecuencias psicológicas, tienen un impacto negativo en las relaciones de pareja (Dekel et al., 2023; Itzhaky et al., 2017; Lambert et al., 2012; Taft et al., 2011). Por ejemplo, los estudios mostraron que los problemas de salud mental asociados a la exposición a la guerra contribuyen a dificultades en la intimidad y la comunicación conyugales (Cook et al., 2004), y en el ajuste, la satisfacción y la estabilidad de la pareja (Dekel & Goldblatt, 2008; Itzhaky et al., 2017; Maddah et al., 2024; Pereira et al., 2020). Algunos estudios llegaron a destacar tasas más elevadas de violencia y agresión física en las parejas (Savarese et al., 2001; Taft et al., 2011).
Existen relativamente pocos estudios sobre los efectos de la guerra en la descendencia de los veteranos, y los resultados han sido algo inconsistentes. La investigación indica que el trauma de los veteranos puede repercutir en sus hijos e hijas, provocando un aumento del malestar (Dekel & Goldblatt, 2008; Zerach et al., 2017), una reducción del bienestar psicológico (Ruscio et al., 2002), un incremento de la ansiedad y la depresión (Leen-Feldner et al., 2011) y una peor salud mental con mayor exposición a acontecimientos vitales negativos (Collins, 2018; Kalmijn, 2018).
Aunque muchos estudios destacan consecuencias negativas para la salud mental de la descendencia de los veteranos, como un mayor riesgo de dificultades psicológicas debido a la exposición de sus padres a la guerra (Castro-Vale et al., 2019; Dias & Sales, 2009), algunos estudios informan de resultados diferentes. Por ejemplo, Davidson y Mellor (2001) no encontraron diferencias significativas en los síntomas de estrés postraumático ni en la autoestima entre la descendencia de veteranos con TEPT y la de civiles sin TEPT. Estas variaciones pueden deberse a diferencias metodológicas, ya que los estudios clínicos tienden a informar de resultados más significativos (Kalmijn, 2018). La considerable heterogeneidad de los efectos psicológicos descritos sugiere un proceso complejo y multifacético de traumatización secundaria en la descendencia de los veteranos (Davidson & Mellor, 2001).
Originalmente, el trauma secundario describía el desarrollo, en una persona, de síntomas similares al TEPT tras oír hablar del trauma de otra, incluso sin experiencia de primera mano (Figley, 1983). Sin embargo, el término se ha ampliado hasta abarcar una gama más amplia de respuestas emocionales. En este sentido amplio, designa cualquier malestar transmitido por una persona traumatizada a quienes la rodean, y no solo los síntomas que reproducen el TEPT (Galovski & Lyons, 2004).
Una comprensión más amplia del trauma secundario reconoce la complejidad del modo en que se vive el trauma. Las primeras investigaciones sugerían que los hijos y las hijas absorben directamente el dolor de sus progenitores y lo llevan consigo hasta la edad adulta (Kalmijn, 2018; Rosenheck, 1986). Sin embargo, estudios posteriores revelan un impacto más indirecto. Las madres y los padres que luchan contra un trauma pueden tener dificultades para crear un entorno familiar seguro y estable, lo que conduce a una traumatización secundaria en su descendencia (Yehuda et al., 1998). Resultados más recientes llegaron a sugerir que las madres pueden ser una fuente principal de esta transmisión indirecta y destacaron la importancia de la relación conyugal para amortiguar el proceso de traumatización (Bachem et al., 2018; Yehuda & Lehrner, 2018).
Estos resultados ponen de relieve la interconexión dentro de las familias. El trauma de uno de sus miembros puede afectar a todo el sistema familiar. El vínculo entre progenitores e hijos, la relación de pareja e incluso las interacciones de la o el cónyuge con la descendencia pueden verse afectados. Dada esta complejidad, el presente estudio cualitativo pretende explorar las dinámicas familiares mediante genogramas. Los genogramas, utilizados tradicionalmente en la práctica clínica de la terapia familiar, se han aplicado recientemente en la investigación para explorar las dinámicas familiares. Esta herramienta permite un examen detallado de los patrones relacionales y de las influencias intergeneracionales, lo que mejora nuestra comprensión de los procesos familiares complejos (Wendt & Crepaldi, 2008), como se detalla en la sección de método. Al examinar estos genogramas, esperamos identificar los patrones relacionales disfuncionales que puedan contribuir a la comprensión del proceso de trauma secundario.
Este estudio adopta a la vez la teoría sistémica familiar (FST) y el Enfoque Centrado en la Persona (PCA) aplicado a la familia.
A pesar de la escasa evidencia empírica, la FST se aplica cada vez más para abordar y tratar problemas relacionados con el TEPT tanto a nivel individual como familiar (Monson et al., 2021; Rando & Thompson-Holland, 2022), un enfoque que concuerda con el creciente consenso entre algunos especialistas que abogan por adoptar un modelo de tratamiento relacional en contextos de TEPT (McWey, 2022; Smedley & Nelson-Goff, 2025); del mismo modo, el modelo humanista del PCA también se ha utilizado para comprender los procesos traumáticos y su tratamiento (Joseph, 2004; Joseph, 2021; Murphy et al., 2019). Estos modelos constituyen aportaciones teóricas modestas a la comprensión del TEPT. Sin embargo, su enfoque y sus métodos interrelacionales los hacen útiles y adecuados para el presente estudio.
Tanto la FST como el PCA subrayan el arraigo del individuo en las relaciones y la importancia de comprender las intrincadas dinámicas de estas interacciones para lograr una comprensión global de su funcionamiento.
La FST considera la familia como «un conjunto de elementos unidos por un conjunto de relaciones, en relación continua con el entorno externo, que mantienen su equilibrio interno a lo largo de un complejo proceso de desarrollo, con crisis regulares que exigen un reajuste flexible de todas las reglas que regulan el funcionamiento del sistema familiar» (Sampaio, 1984, p. 67). El PCA adopta una postura fenomenológica respecto del sistema familiar, reconociendo que cada individuo ocupa un mundo fenomenológico único que comprende dominios experienciales tanto internos como externos. El dominio interno abarca sus experiencias de las dinámicas intrapsíquicas, mientras que el dominio externo abarca sus experiencias de las respuestas del sistema familiar a lo que percibe que vive en ambos dominios (Levant, 1978).
De acuerdo con un enfoque fenomenológico de la recogida de datos, profundizamos en la noción de «concepto de familia», que remite a la conciencia y la conceptualización que un individuo tiene de sus experiencias familiares interpersonales. Abarca las experiencias vividas por el individuo, entrelazadas con el significado que les atribuye (Van der Deen, 1969). En consecuencia, optamos por realizar entrevistas individuales a los tres miembros de la familia nuclear y, después, consolidar la información en un único genograma familiar.
El equipo de investigación estaba formado por personas con experiencia clínica en el tratamiento de veteranos de la Guerra de Ultramar, unida a una experiencia investigadora en el estudio del TEPT en veteranos y en otras poblaciones. Dos integrantes del equipo tenían además la cualificación de terapeutas familiares y aportaban experiencia en el uso del genograma. Las entrevistas las realizaron profesionales de la psicología y del trabajo social empleados por la institución del estudio, la Liga dos Combatentes, que presta servicios a los veteranos y a sus familias. Su conocimiento previo de estas familias orientó la selección del material de recogida de datos. Cada profesional entrevistó a todos los miembros de una misma familia. Solo la relación de confianza previa entre profesionales, veteranos y sus familias permitió que la entrevista tuviera lugar, dada la sensibilidad del tema. Además, dada la edad de las personas participantes (veteranos y sus parejas), se consideró que las entrevistas eran el método más adecuado para recoger información sobre la historia familiar, las relaciones y los acontecimientos significativos. A lo largo de todo el proceso de recogida de datos, las personas entrevistadoras se reunieron periódicamente con el equipo de investigación para aclarar dudas sobre las preguntas abiertas.
En el estudio participaron 32 familias portuguesas de veteranos de la Guerra de Ultramar, incluidos los propios veteranos, sus cónyuges y sus hijos e hijas adultos (100 participantes en total). Dado que la Guerra de Ultramar tuvo lugar entre 1961 y 1974, los veteranos participantes tenían al menos 68 años (Mage veteranos = 74.39, SD = 4.04, min = 68, max = 83; Mage cónyuges = 70.97, SD = 5.46, min = 59, max = 80). Su descendencia adulta tenía entre 30 y 54 años (Mage = 43.62, SD = 6.17).
Procedentes de las tres ramas de las fuerzas armadas —el ejército de tierra, la marina y la fuerza aérea—, estos veteranos pasaron una media de 24 meses en misión, en Angola, Mozambique, Guinea o la India.
En un primer momento, las familias se identificaron a partir de las bases de datos de socios de la institución (de todo el país). Se dio prioridad a las familias intactas con hijos o hijas adultos y con antecedentes de TEPT del veterano. Posteriormente, se contactó con estas familias por teléfono para conocer su disposición a participar. Cuando los tres miembros de la familia estaban disponibles, se programaban entrevistas individuales. Se incluyeron todas las familias que aceptaron participar y con las que fue posible concertar los encuentros.
El estudio fue aprobado por el Comité de Ética del CIP – Centro de Investigação em Psicologia (aprobación 15/2021). Asimismo, se llevó a cabo una evaluación de impacto relativa a la protección de datos. No hubo compensación de ningún tipo por participar en el estudio. Se obtuvo el consentimiento informado de todas las personas participantes.
Empleamos un guion de entrevista semiestructurada, denominado historia clínica familiar, que facilitó la posterior construcción de los genogramas familiares. Este enfoque nos permitió recoger información detallada sobre la historia de la familia, sus relaciones y sus patrones de interacción, ofreciendo una comprensión global del sistema familiar desde varias perspectivas individuales. Las entrevistas duraron entre 30 y 107 min, con una duración media de 46 min. Esta variación puede deberse a que varios profesionales realizaron las entrevistas con distintas familias. El estilo de entrevista de cada profesional pudo hacer que algunas personas participantes se sintieran lo bastante cómodas como para expresarse con mayor extensión. Además, algunas personas participantes relataron sus experiencias con gran detalle, lo que dio lugar a entrevistas más largas.
Se recogieron historias clínicas individuales para obtener una comprensión profunda de los acontecimientos vitales de las personas participantes, las dinámicas familiares, los acontecimientos significativos y otros aspectos relevantes del funcionamiento familiar. Ello permitió también obtener los datos necesarios para construir el genograma de cada familia.
La recogida de datos la llevaron a cabo profesionales (de la psicología y del trabajo social) del Centro de Apoyo Médico, Psicológico y Social de la Liga dos Combatentes, una institución que presta apoyo al personal militar portugués en varias regiones del país. Estos profesionales comprobaron cuáles de sus socios cumplían los criterios de inclusión del estudio (la disposición de los tres miembros de la familia a participar, la continuidad del matrimonio hasta la actualidad y la ausencia en el veterano de trastornos cognitivos con repercusiones en el habla y la memoria). Todas las personas participantes firmaron un consentimiento informado por escrito.
Se recogieron datos exhaustivos sobre la historia médica familiar y las dinámicas relacionales mediante entrevistas semiestructuradas con los veteranos, sus cónyuges y sus hijos e hijas adultos (en persona o por Zoom). Las entrevistas, guiadas por un guion abierto, buscaban reconstruir las historias de vida individuales, identificando su desarrollo, su trayectoria educativa, profesional y relacional, los datos clínicos (trastornos, enfermedades, hospitalizaciones), los tipos de comunicación, las relaciones entre subsistemas, a saber, el conyugal (reparto de tareas, roles, intimidad, comunicación y relación de pareja), el parental (relación entre progenitores e hijos, estilos de crianza) y el fraterno (posición en la fratría, relación entre hermanos y hermanas), las etapas del desarrollo familiar, los cambios en la vida familiar, los secretos y tabúes, los rituales y la vida cotidiana, así como las funciones y roles, la jerarquía y el liderazgo. Las preguntas abiertas de la entrevista se planteaban en un orden emergente, guiado por las respuestas de las personas participantes. Por ejemplo: «Hábleme de la historia de su familia», «¿Cómo era la relación entre usted y sus hijos?» y «¿Cómo se repartían las tareas en su pareja?». Las grabaciones de audio de las entrevistas se transcribieron con Happy Scribe.
Una persona del equipo de investigación elaboró los genogramas: solo conoció el contenido de las entrevistas una vez transcritas y no participó en ninguna de ellas. Tras la transcripción, volvió a escuchar las entrevistas y las releyó varias veces antes de crear cada genograma.
Aunque es ante todo un instrumento clínico, el genograma ya ha sido reconocido como herramienta científica de recogida de datos, concretamente en la investigación cualitativa con familias (Wendt & Crepaldi, 2008). Es una herramienta de evaluación y de intervención que permite verificar legados simbólicos familiares significativos, tanto recibidos como transmitidos de generación en generación, que constituyen un mapa del patrimonio relacional de la familia (Krüger & Werlang, 2008). Con una estructura idéntica a la de un árbol genealógico, permite reunir información cualitativa sobre las dinámicas familiares, los procesos de comunicación, las relaciones establecidas y el análisis de los equilibrios y desequilibrios familiares (Nascimento et al., 2005).
Un genograma facilita dos tipos de análisis distintos según dos ejes de visualización posibles. El eje horizontal se centra en el examen de los patrones actuales de interacción personal y familiar y en el modo en que cada miembro de la familia afronta las crisis y los desafíos. El eje vertical o transgeneracional, en cambio, señala los roles, las funciones y el grado de autonomía (Carr, 2006; Penso & Costa, 2008). Estos análisis transgeneracionales buscan también descifrar los valores culturales, las creencias y los comportamientos transmitidos a lo largo de las generaciones (Rogers & Durkin, 1984; Sexton et al., 2003).
La elaboración y el análisis de los genogramas siguieron las pautas en tres pasos de Puhlman et al. (2023): (1) codificación de las entrevistas; (2) construcción del genograma; y (3) análisis transversal de los genogramas entre familias.
La codificación de las transcripciones de las entrevistas tenía como objetivo encontrar y comprender la calidad de las relaciones familiares. Se utilizó un enfoque inductivo (guiado por los datos), que permitió identificar elementos concretos de las entrevistas capaces de reflejar los procesos relacionales representados en los genogramas. Aunque la validación por parte de las personas entrevistadas no era factible, puesto que cada genograma se construyó a partir de tres entrevistas distintas, se realizó un análisis comparativo de la información recogida.
Los genogramas se construyeron con el programa Genopro (https://genopro.com/), en un proceso de tres fases. En primer lugar, se creó la estructura del genograma de cada familia para comprender su composición y su organización básica (identificación de los miembros, formación y disolución de relaciones, hijos e hijas nacidos o adoptados, fallecimientos, entre otros). En la segunda fase, los procesos relacionales identificados se incorporaron a los genogramas con líneas de colores, mediante los signos disponibles o creados. Se utilizaron líneas rojas con distintos patrones de discontinuidad para codificar las relaciones negativas, como el desacuerdo, la hostilidad, el conflicto o la violencia. Se utilizaron líneas verdes con varios patrones de discontinuidad para codificar las relaciones positivas, como la amistad o la armonía. Se emplearon líneas negras para codificar otros tipos de relación (distancia o indiferencia/apatía) y formas para codificar situaciones específicas (cuadrados de colores para diversas enfermedades, símbolos específicos para problemas como el alcoholismo o las dependencias, entre otros). En la tercera fase, el equipo revisó los genogramas para confirmar su exactitud.
En el análisis transversal de los genogramas, todos ellos se analizaron visualmente en conjunto, con el objetivo de identificar dinámicas relacionales comunes a las distintas familias y de identificar «temas» en torno a ellas. Este proceso de análisis ofrece un modelo más complejo, dinámico y holístico para estudiar el funcionamiento familiar en el contexto de una pregunta de investigación específica (Puhlman et al., 2023), en este caso concreto, examinar el impacto del trauma de guerra del veterano (síntomas de TEPT) en los miembros de la familia nuclear y en las relaciones familiares.
Los temas utilizados en esta codificación fueron la presencia o ausencia de síntomas de malestar psicológico en el veterano, su cónyuge y/o su descendencia; el tipo de relaciones predominantes (negativas, positivas o ambas); y la dirección de las relaciones negativas (el eje horizontal indica dificultades entre el veterano y su esposa, y el eje vertical, dificultades entre miembros de varias generaciones). Estos temas permitieron agrupar a las familias y servirán para describir los resultados.
Para garantizar la coherencia de la codificación entre familias, todos los genogramas fueron elaborados por una sola persona del equipo de investigación. Esta persona no había tenido contacto previo con las personas participantes y aplicó un conjunto estandarizado de criterios relacionales derivados del programa Genopro y de la guía de entrevista. Aunque no pudo calcularse la fiabilidad entre codificadores debido al enfoque de codificación única, la exactitud y la coherencia se garantizaron mediante sesiones de revisión en equipo. Durante estas sesiones, el equipo de investigación contrastó cada genograma con las transcripciones y discutió los patrones relacionales ambiguos o complejos hasta alcanzar un consenso. En caso de información contradictoria entre las entrevistas individuales de una misma familia, aplicamos una regla de convergencia, adoptando las características relacionales descritas por al menos dos miembros de la familia, de acuerdo con una estrategia de triangulación. Este enfoque pretendía preservar la integridad de cada perspectiva, dando prioridad a los datos corroborados.
El análisis de los patrones relacionales presentes en los genogramas nos permitió agrupar a la mayoría de las familias en cuatro «grupos» principales, en función del impacto de los síntomas de TEPT del veterano en los miembros de la familia y en las relaciones: el grupo de «impacto negativo máximo», el grupo de «impacto negativo limitado», el grupo «sin impacto» y el grupo de «impacto protector». Cuatro familias no encajaban en ninguno de esos grupos. Se reunieron en un quinto grupo, denominado «grupo de vulnerabilidad específica y resiliencia parcial», que remite a familias con patrones y dinámicas particulares.
El primer grupo, que denominamos «impacto negativo máximo», incluye cuatro familias. Este grupo reúne a las familias en las que predominan las llamadas relaciones negativas (las líneas rojas del genograma). Estas relaciones de conflicto y/o violencia pueden observarse tanto en el eje horizontal, en lo que respecta al subsistema conyugal (la pareja formada por el veterano y su esposa), como en el eje vertical, en ambos subsistemas parentales (la relación del veterano y de su esposa con sus hijos e hijas). Se encuentran síntomas de mala salud mental en ambos miembros de la pareja (p. ej., TEPT, depresión, ansiedad) y, en algunos casos, en su descendencia (p. ej., ansiedad, depresión, ideación suicida). La tabla 1 muestra las principales características de cada una de estas familias (figura 1).

Tabla 1 — Descripción de las familias pertenecientes al grupo de «impacto negativo máximo» (n = 4)
Familia (relaciones y síntomas: eje horizontal, eje vertical; otros aspectos relevantes)
A continuación se presentan algunos extractos que ilustran las dinámicas familiares descritas:
Veterano7: «Antes de ir al ejército nunca me enfadaba con ella. Nunca. Era totalmente distinto. Cuando volví del ejército, se acabó… ya estaba contaminado y… luego… hasta que llegó un momento… quise matar a mi hija pequeña y… a mi mujer. Y fue entonces cuando… cuando empecé a ir al psiquiatra» (J., 75 años)Esposa del veterano5: «mi marido siempre tuvo uno, yo digo que es porque vino de ultramar, ¿no?, esas reacciones que tenía, o sea, por cualquier cosa me pegaba, a veces cuando los niños necesitaban un bofetón no se lo daba y otras veces, pobrecitos, no hacían nada y se llevaban una paliza…» (M.I., 76 años)Hija del veterano5: «Ahora, de verdad, muy malos recuerdos de la infancia. Muy malos. Malísimos. Y creo que he borrado de verdad la mayor parte de mi cerebro, porque… no tengo ningún momento de alegría. Cuando veía a mi padre jugar, hasta parecía bueno. Era… como si cambiara. Pero… una o dos horas después, ya era el… padre malo. Ah… Y mi madre dice que no era así. Me lo dijo una vez, incluso… antes de que yo lo conociera, antes de que se fuera a la guerra, no era así. Pero… eso solo lo puede decir ella. Ah… pero, bueno, siempre fue esa persona… Él es el jefe. Él lo hace, todo lo que dice tiene que hacerse y punto». (C., 52 años)
El segundo grupo, el de «impacto negativo limitado», incluye nueve familias. En este grupo, parecen haber sido específicamente las relaciones del veterano las afectadas por el trauma existente. Aunque hay relaciones conflictivas en el subsistema conyugal, entre el veterano y su esposa, y en el subsistema parental del veterano (su relación con sus hijos e hijas), las relaciones de la esposa con la descendencia siguen siendo positivas (líneas verdes/más finas). Los problemas de salud mental se identifican sobre todo en el veterano. Desde la infancia, los hijos y las hijas han reconocido el impacto negativo del trauma de su padre en las relaciones familiares, especialmente en las relaciones de su padre en general. La tabla 2 presenta la descripción de estas nueve familias (figura 2).

Tabla 2 — Descripción de las familias pertenecientes al grupo de «impacto negativo limitado» (n = 9)
Familia (relaciones y síntomas: eje horizontal, eje vertical; otros aspectos relevantes)
Presentamos ahora algunos extractos de miembros de las familias de este grupo:
Veterano3: «Creo que hubo un fallo en mi falta de paciencia con ellos y en que prestaba más atención a mí mismo o al mundo exterior que a ellos (…) la guerra, no digo que estuviera siempre sobre la mesa, pero yo siempre andaba dándole vueltas, tengo una gran dificultad conmigo mismo porque estoy hablando con la gente y siempre estoy viendo los lugares de la guerra en los que estuve y todo…». (F., 74 años)Esposa del veterano1: «Pero él siempre estaba fuera. Iba aquí o allá, o trabajaba y… se ganaba la vida allí. No pasaba mucho tiempo en casa (…) Siempre ponía su trabajo por delante. Nunca a su familia (…). Pero ahora, si le llevamos la contraria en algo, viene y dice “no, pero deberías hacer esto” o cualquier otra cosa, o… ¡está loco! (…) A veces reacciono, a veces digo cosas, a veces me callo ¡y él se enfurruña! (B., 68 años)Hijo del veterano2: «Cuando se enfadaba, perdía el control y fácilmente perdía los… No era algo que… rompiera todo en casa, ni que pegara a nadie, ni que maltratara a nadie, ni que fuera violento, no. Era… era esa cosa, era agitación…». (P., 49 años)
El tercer grupo, designado como «sin impacto», incluye cinco familias. En estas familias, los genogramas muestran un predominio de relaciones positivas (líneas verdes/finas) entre los miembros, tanto en el subsistema conyugal como en el subsistema parental. Los miembros de la familia refieren no haber sentido a lo largo de los años el impacto de las consecuencias de la experiencia de guerra del veterano en el funcionamiento familiar. Reconocen la existencia de diversos problemas en uno o varios miembros, pero relacionados con otros factores (vitales) distintos de la guerra. La tabla 3 describe las características de estas familias (figura 3).

Tabla 3 — Descripción de las familias pertenecientes al grupo «sin impacto» (n = 5)
Familia (relaciones y síntomas: eje horizontal, eje vertical; otros aspectos relevantes)
Algunos extractos de las entrevistas permiten comprender la dinámica familiar positiva:
Veterano6: «nuestra organización como pareja, creo que es buena. Lo que hace falta es que nos entendamos y que haya comprensión por ambas partes (…). Ahora está un poco enfadada, está un poco enfurruñada (…), a veces me molesto porque no pide ayuda». (M., 77 años)Esposa del veterano8: «Nuestra relación siempre ha sido muy buena, gracias a Dios. Muy buena. Porque en casa yo me encargaba de todo, además de trabajar fuera me encargaba de todo. Mis hijos, tanto el uno como el otro, eran maravillosos, nunca nos dieron ningún problema». (M. F., 80 años)Hijo del veterano4: «Mi padre es más tolerante que mi madre, pero mi padre llega a puntos en que he llegado a la conclusión de que ya no merece la pena discutir, porque él sigue a lo suyo y yo no tengo ninguna posibilidad, no hay ninguna posibilidad…». (A.J., 46 años)
El cuarto grupo se ha designado como de «impacto protector». Es el más numeroso de los cuatro grupos, con 10 familias. En estas familias hay un claro predominio de relaciones de buena calidad o positivas (líneas verdes/finas) en los distintos subsistemas familiares. Aunque los miembros de la familia reconocen las consecuencias de la experiencia traumática de guerra del veterano y su sufrimiento, lo que observamos es una dinámica de protección hacia él. Los miembros de la familia se esfuerzan por cuidar al veterano, teniendo en cuenta su sufrimiento y su vulnerabilidad. La tabla 4 describe las principales características de estas familias (figura 4).

Tabla 4 — Descripción de las familias pertenecientes al grupo de «impacto protector» (n = 10)
Código de familia (relaciones y síntomas: eje horizontal, eje vertical; otros aspectos relevantes)
Estos son algunos extractos de las entrevistas con este grupo:
Veterano9: «Aparte de las pequeñas cosas de educación que a veces tienen los padres con los hijos, claro, pero es una familia estupenda, la relación con ellos es excelente, con mis hijos es excelente… en ese aspecto todo va bien, todo va bien».Esposa del veterano10: «él me está hablando y yo le digo: “Venga, hombre, habla, que te sienta bien hablar”, y a veces voy a buscar las fotos y ahí estamos mirando las fotos del ejército. Llora cuando ve ciertas cosas y yo le digo “llora, que te sienta bien llorar”, entonces llora y me habla…». (E., 65 años)Hija del veterano11: «Tiene apoyo, y allí hay otras personas que ha conocido que también estuvieron en ultramar, así que parece que todos hablan el mismo idioma. Y a él le gusta. Y está el encuentro anual con los compañeros; mi hermana y yo fuimos con mis padres, nunca habíamos ido a un encuentro y a él le gustó mucho que fuéramos (…) Y todavía hoy, por desgracia… cuando hay visitas y dejan sus cosas guardadas… mi padre puede que registre el bolso de la persona para ver si tiene dinero, sí. Tenemos que estar atentos, porque ya lo sabemos, y el nieto, mi hijo, también, así que tenemos que estar atentos a eso». (A., 42 años)
Las cuatro familias restantes se incluyeron en un quinto grupo, el «grupo de vulnerabilidad específica y resiliencia parcial». Estas familias presentan dinámicas diferentes y no encajan en ninguno de los grupos descritos. En dos de ellas predominan las relaciones positivas, pero los distintos elementos del sistema muestran síntomas de malestar psicológico. Se reconocen los cambios de comportamiento del veterano tras el acontecimiento traumático (agresividad, conductas extrañas). En las otras dos familias, la relación entre el veterano y su esposa es positiva, pero existe un distanciamiento relacional entre el veterano y su descendencia. En una de estas familias, la hija describió síntomas de sufrimiento (intento de suicidio). La tabla 5 muestra las características de estas familias.
Tabla 5 — Familias que no pertenecen a los grupos anteriores (n = 4)
Código de familia (relaciones y síntomas: eje horizontal, eje vertical; otros aspectos relevantes)
El presente estudio examinó las dinámicas familiares mediante genogramas para identificar los patrones relacionales predominantes. Los resultados muestran una variabilidad considerable en el modo en que las familias responden a la presencia prolongada de un miembro (el veterano) con TEPT. Como describen Figley y Kiser (2013), las familias pueden situarse a lo largo de un continuo que va de la prosperidad a la dificultad y el fracaso, una observación que concuerda estrechamente con nuestros datos.
En un pequeño subconjunto de familias, el impacto de los síntomas de TEPT parecía especialmente grave. Leshem et al. (2023) subrayan el papel de las «relaciones con una fuerte carga emocional con una persona traumatizada» (p. 2) como facilitadoras de la transmisión del trauma. Esto ayuda a explicar el clima relacional observado en estas familias. Estos sistemas pueden sufrir un estrés crónico debido a la acumulación de vulnerabilidades y a las exigencias constantes del cuidado de un familiar en situación de malestar (Papero, 2017).
En estas familias, pocas «barreras de contención» parecían limitar la propagación del malestar. Los síntomas de trauma secundario (o al menos síntomas psicopatológicos) eran evidentes en las esposas de los veteranos y, en algunos casos, en su descendencia. Este patrón concuerda con estudios anteriores que documentan la elevada prevalencia de síntomas de TEPT entre los veteranos de guerra (Rahnejat et al., 2022; Selimbašić et al., 2019) y sus efectos perturbadores en el funcionamiento familiar (Bensimon & Afota Assaf, 2025; Catani, 2010; O’Toole et al., 2018). Zerach et al. (2017) informaron igualmente de que el TEPT parental, ya sea de la madre o del padre, puede afectar negativamente a la salud mental de los hijos y las hijas. Además, varios estudios han mostrado que la exposición de las esposas a los síntomas de su marido puede influir de forma significativa en la evolución de su descendencia (Shrira, 2015; Yehuda & Lehrner, 2018), dado su papel central en la gestión de las dificultades del veterano (Maddah et al.,2024; Norris et al., 2024).
En conjunto, estos resultados ponen de relieve el importante papel de las madres en los procesos de «contagio» que caracterizan a estas familias. Como han mostrado Bachem et al. (2018), cuando las esposas carecen de recursos internos suficientes, pueden desarrollar a su vez síntomas, lo que aumenta la vulnerabilidad de sus hijos e hijas. A la inversa, en las familias que solo muestran un impacto negativo limitado, las esposas actuaban a menudo como amortiguadores protectores, preservando a la descendencia del malestar y manteniendo la estabilidad relacional global, incluso cuando las relaciones del veterano estaban deterioradas.
En cambio, la mayoría de las familias de este estudio solo experimentaron efectos negativos mínimos, y algunas mostraron patrones adaptativos o protectores. En estos hogares, los familiares apoyaban al veterano de maneras que atenuaban los efectos del TEPT en la familia. Thompson-Hollands et al. (2022) destacan el impacto significativo de la familia en las trayectorias del TEPT de los veteranos. Aunque estudios anteriores han subrayado la importancia de incluir a las familias en el tratamiento clínico (Laws et al., 2018; Thompson-Hollands et al., 2021), nuestros resultados indican que estos procesos protectores también pueden desarrollarse de forma natural en las interacciones familiares cotidianas.
Según Papero (2017), se considera que una familia está bien adaptada al trauma cuando se satisfacen las necesidades de sus miembros. Figley y Kiser (2013) describieron las características de estas familias: aceptan el factor estresante; lo reconocen como un problema familiar; están orientadas a las soluciones y no a los problemas; tienen una gran tolerancia mutua; expresan su compromiso y su afecto de forma clara y directa; se comunican de manera abierta y eficaz; muestran una gran cohesión familiar y roles familiares flexibles; mantienen su estructura y sus rutinas; utilizan los recursos de manera eficiente; confían en sus capacidades de afrontamiento y comparten un sistema de creencias común. Las familias protectoras de nuestro estudio parecen encarnar muchas de estas características, lo que sugiere que su capacidad de adaptación les permitió afrontar con más eficacia los síntomas del veterano.
El apoyo social dentro de la familia es un factor de protección bien establecido frente a los síntomas de TEPT, tanto en población civil (Ozer et al., 2003; Zalta et al., 2021) como militar (Xue et al., 2015). En la misma línea, Blais et al. (2021) observaron que el apoyo recibido en el hogar atenúa significativamente la gravedad del TEPT a largo plazo en los veteranos, lo que concuerda con las experiencias de las familias protectoras de nuestro estudio.
En conjunto, los perfiles familiares identificados en este estudio —desde el impacto negativo máximo hasta el funcionamiento protector— reflejan la evidencia empírica más amplia que muestra que las familias varían mucho en su capacidad para afrontar el trauma. Se sabe que un funcionamiento familiar desadaptativo o conflictivo intensifica los síntomas de TEPT y mantiene el malestar relacional (p. ej., Dorrington et al., 2019; Milenković et al., 2013). Estos patrones se parecen mucho a los observados en nuestros grupos de «impacto negativo máximo» e «impacto negativo limitado», en los que el alto nivel de conflicto, la reactividad emocional y los patrones relacionales rígidos parecían agravar los efectos del trauma.
La investigación sobre familias expuestas a la guerra o a traumas interpersonales ha identificado perfiles relacionales distintos, como seguro, neutro, discrepante o inseguro/negativo, cada uno con implicaciones diferentes para la adaptación y la transmisión intergeneracional (Punamäki et al., 2018). Este marco se corresponde con la diversidad encontrada en nuestro estudio. Algunas familias mostraban dinámicas predominantemente disfuncionales; otras presentaban climas positivos o «sin impacto»; y un subconjunto mostraba una adaptación protectora basada en la cohesión y en la construcción compartida de sentido.
La investigación sobre el trauma familiar y del desarrollo muestra además que la calidad de la comunicación, la cohesión y la flexibilidad son determinantes clave de que el trauma se propague o permanezca contenido dentro de un sistema familiar. La evidencia metaanalítica indica que una cohesión elevada y una comunicación abierta predicen menos síntomas de TEPT y una mayor resiliencia en la población joven, mientras que el conflicto y la desvinculación aumentan la vulnerabilidad (Ye et al., 2023). Estos resultados refuerzan nuestra observación de que un buen funcionamiento relacional puede atenuar los efectos del trauma de los veteranos, como pone de manifiesto el grupo de «impacto protector».
Por último, los estudios centrados en las respuestas parentales al trauma muestran cómo ciertos comportamientos específicos, como la sobreprotección, la evitación emocional o una comunicación incoherente, pueden aumentar el riesgo de que los hijos y las hijas desarrollen síntomas de estrés postraumático (Afzal et al., 2023). Esta literatura ayuda a contextualizar a las familias de nuestro grupo de «vulnerabilidad específica y resiliencia parcial», en el que los esfuerzos de cuidado coexistían con comportamientos que transmitían el malestar, lo que daba lugar a una adaptación desigual entre los miembros de la familia.
En conjunto, estos resultados subrayan que la variabilidad identificada en nuestros cinco grupos de familias refleja patrones sistémicos más amplios descritos en la literatura sobre el trauma. Ponen de relieve, además, la importancia de evaluar no solo la sintomatología individual, sino también el clima relacional, los procesos de comunicación y las estructuras relacionales intergeneracionales cuando se analiza cómo el trauma moldea el funcionamiento familiar a lo largo del tiempo.
A pesar de la importante contribución de este estudio, hay limitaciones que deben reconocerse. Las entrevistas con los miembros de cada familia fueron realizadas por un solo profesional, lo que puede haber sesgado en cierta medida la información recogida.
Los datos se recogieron individualmente de cada miembro de la familia, y los genogramas se construyeron a partir de esta información. Sin embargo, no fue posible conocer la percepción de las familias sobre la exactitud con la que el genograma representaba la dinámica familiar. Aunque los genogramas pueden cartografiar eficazmente los patrones relacionales y la historia familiar, puede que no capten la profundidad de los procesos psicológicos.
Las entrevistas fueron realizadas por distintos profesionales, cada uno con su propio estilo de retroalimentación a lo largo de la entrevista. Esto puede haber contribuido a la gran variación en la duración de las entrevistas. Aunque la guía de entrevista era la misma para todo el equipo, las distintas formas de retroalimentación pueden haber dado lugar a enfoques diferentes de la entrevista, permitiendo a algunas personas participantes expresarse con más profundidad que otras.
Como los datos se recogieron de forma retrospectiva, décadas después de los acontecimientos traumáticos de la Guerra de Ultramar, las dinámicas familiares relatadas pueden estar influidas por percepciones actuales, reconstrucciones de experiencias pasadas o una memoria selectiva. Esto introduce un posible sesgo de recuerdo, en particular en los relatos de los procesos relacionales a lo largo del tiempo. Aunque intentamos minimizar este problema entrevistando por separado a los tres miembros de cada familia nuclear y contrastando sus relatos durante la construcción del genograma, reconocemos que los relatos retrospectivos pueden limitar la exactitud de las interpretaciones temporales y causales.
Este estudio pone de relieve la importancia de las dinámicas familiares a lo largo de la vida del veterano como factor de protección frente al impacto del TEPT a lo largo de toda la vida. Subraya la necesidad de considerar el TEPT como un problema de la familia y no solo del individuo, ayudando a la familia a implicarse en el tratamiento como un objetivo familiar compartido (Shepherd-Banigan et al., 2023) y mejorando el buen pronóstico del tratamiento. Incorporar la teoría sistémica familiar como enfoque terapéutico para las personas con TEPT pone de relieve la importancia de implicar a todos los miembros de la familia en la intervención. Implicar a toda la familia permite abordar el impacto colectivo de las dinámicas alteradas, de modo que cada miembro pueda contribuir positivamente a la trayectoria familiar, lo que puede aumentar la eficacia de la intervención (Senecal et al., 2022).
Más allá de su importancia, los resultados sugieren varias aplicaciones terapéuticas concretas para orientar a los y las profesionales de la clínica que trabajan desde perspectivas centradas en la persona o sistémicas. Los genogramas utilizados en este estudio pueden servir a la vez como herramientas de evaluación y como instrumentos terapéuticos que facilitan la construcción conjunta de sentido en las sesiones. Desde una perspectiva sistémica, cartografiar visualmente los patrones relacionales intergeneracionales permite a las familias expresar ciclos relacionales arraigados y explorar de forma colaborativa patrones de interacción alternativos.
Quienes ejercen la clínica pueden servirse de estos patrones para orientar sus intervenciones, teniendo en cuenta el perfil de impacto familiar identificado en este estudio. En las familias que experimentan un impacto negativo, una intervención sistémica puede centrarse en reducir la reactividad emocional y reforzar los límites entre subsistemas. En el marco de la PCT, el trabajo terapéutico puede apoyar estos objetivos ofreciendo un clima terapéutico que favorezca la seguridad emocional de quienes históricamente han carecido de ella, permitiendo a los veteranos, a sus cónyuges y a su descendencia explorar libremente la experiencia vivida del trauma y sus consecuencias en las relaciones.
En las familias que funcionan de manera protectora o adaptativa, el equipo terapéutico puede reforzar los procesos de resiliencia existentes reconociendo explícitamente ante la familia estas «fortalezas». Este enfoque es coherente con los principios de la PCT, que destacan la valoración organísmica y la facilitación del crecimiento, así como con los enfoques sistémicos que conciben la resiliencia como algo que emerge de patrones relacionales adaptativos y no solo de rasgos individuales.
Por último, las tipologías ahora identificadas pueden ayudar a ajustar el momento y la intensidad de la implicación familiar. Por ejemplo, las familias con patrones de alto conflicto podrían beneficiarse de sesiones individuales antes de iniciar un trabajo conjunto, mientras que las familias protectoras podrían movilizar sus recursos de apoyo existentes desde el principio. Tanto la PCT como la FST destacan la importancia de respetar el grado de preparación, la autonomía y la capacidad de cambio de la familia, principios que pueden guiar el ritmo y la preparación de las intervenciones.
Teniendo en cuenta el conjunto de resultados e implicaciones, se necesita más investigación longitudinal con familias de personas con TEPT, con el fin de profundizar en el conocimiento de los factores individuales y relacionales que conducen (o no) al desarrollo de síntomas de malestar psicológico en los miembros de la familia a lo largo de su ciclo vital.
Complexe Systémique: puntos clave
El interés del estudio es tanto metodológico como clínico: convertir el genograma, una herramienta de consulta, en un instrumento de investigación cruzando tres relatos separados de una misma familia. El resultado contradice la idea de una transmisión inevitable del trauma de guerra. Una minoría de familias concentra la violencia y el malestar a lo largo de varias generaciones; en otras, solo el veterano carga con el conflicto, mientras la esposa mantiene vínculos positivos con los hijos y las hijas; y el grupo más numeroso se organiza para proteger al veterano. Para la práctica sistémica, la enseñanza es doble: leer el TEPT como un asunto familiar y advertir el papel amortiguador, a menudo silencioso, que desempeña la esposa, lo que invita a apoyarla en lugar de verla solo como cuidadora. Los límites son reales: relatos retrospectivos recogidos cincuenta años después, genogramas codificados por una sola persona y una familia «protectora» que también puede ser una familia en la que la guerra sigue siendo tabú. Para leer junto con el artículo sobre el TEPT parental vivido por los hijos y las hijas de familias militares y el artículo sobre el genograma como herramienta de investigación con familias.
Notas del original
Consideración para su publicación. Este manuscrito contiene material original e inédito y no está siendo considerado para su publicación en ningún otro medio. Los datos primarios no han sido publicados previamente ni aceptados para su publicación.
Declaración de conflictos de intereses. Los autores y las autoras declararon no tener ningún posible conflicto de intereses en relación con la investigación, la autoría y/o la publicación de este artículo.
Financiación. La autoría declaró haber recibido el siguiente apoyo financiero para la investigación, la autoría y/o la publicación de este artículo: este trabajo contó con el apoyo de la Fundação para a Ciência e a Tecnologia (Grant No. UID/06317/2023; DOI https://doi.org/10.54499/UID/0, UID/4345/2020).
Notas. Consideración para su publicación. Este manuscrito contiene material original e inédito y no está siendo considerado para su publicación en ningún otro medio. Los datos primarios no han sido publicados previamente ni aceptados para su publicación.
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Traducción no oficial al español de Living with a Veteran with Trauma: Impact on Family Functioning Using the Genogram as a Research Tool, de Rute Brites, Odete Nunes, João Hipólito, Tânia Brandão, António Correia y Cristina Nunes, The Family Journal, vol. 34, n.º 2 (2026), doi: 10.1177/10664807261415864, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (texto traducido al español, tablas presentadas en forma de listas). Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Traducción no oficial al español del artículo original «Living with a Veteran with Trauma: Impact on Family Functioning Using the Genogram as a Research Tool», publicado en The Family Journal (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Brites, R., Nunes, O., Hipólito, J., Brandão, T., Correia, A., y Nunes, C. (2026). Living with a Veteran with Trauma: Impact on Family Functioning Using the Genogram as a Research Tool. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/living-with-a-veteran-with-trauma-family-functioning-and-the-genogram-as-a-research-tool (Obra original publicada en 2026 en The Family Journal, 34(2), 380-395 (2026); republicada en 2026 por The Family Journal, https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/10664807261415864)
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