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Teoría sistémica

Cuanto más cambia, ¿más sigue igual?

No siempre. La morfogénesis, o cómo un sistema humano crea formas que ningún plan había previsto.

Por Yara Doumit Terapeuta familiar e interventora sistémica · Formadora y responsable pedagógica en Complexe Systémique

La sesión de terapia familiar apenas ha comenzado cuando una adolescente hace una revelación explosiva. En pocos instantes, toda la dinámica del hogar se tambalea. ¿Por qué algunas familias parecen condenadas a repetir los mismos guiones generación tras generación, mientras que otras se reinventan tras un acontecimiento decisivo?

Detrás de estas situaciones se esconde un concepto procedente de la biología: la morfogénesis.

En este artículo exploraremos qué es la morfogénesis, cómo ilumina la evolución de los sistemas humanos —individuos, familias, organizaciones— y de qué manera esta noción resuena con la paradoja «Cuanto más cambia, más sigue igual» y puede enriquecer nuestra práctica clínica o de acompañamiento.

Parte 1

¿Qué es la morfogénesis?

En biología, la morfogénesis designa el conjunto de procesos que determinan la forma y la estructura de un organismo en desarrollo. El término procede del griego morphê (forma) y génesis (creación): literalmente, la creación de las formas. Por morfogénesis una célula fecundada se convierte en embrión y después en un organismo complejo, o una semilla da origen a un árbol entero.

Fritjof Capra, físico y pensador de la sistémica, ilustra este fenómeno: la forma de la hoja de una planta o la estructura de un hueso no surge de un plan preestablecido, sino de la interacción compleja entre los genes, las células y el entorno. Dicho de otro modo, la forma nace de la relación. No se trata de un simple ensamblaje de piezas, sino de un proceso dinámico en el que cada componente influye en los demás hasta hacer surgir propiedades nuevas.

Por extensión, también se habla de morfogénesis en ámbitos distintos de la biología, por ejemplo para describir la formación de las ciudades o el desarrollo del conocimiento. En psicología y en ciencias humanas, la morfogénesis designa de forma más amplia el proceso por el cual emergen nuevas estructuras, nuevos esquemas o nuevas formas de organización en el seno de los sistemas humanos.

Parte 2

¿Equilibrio o cambio?

Todo sistema, ya sea biológico o social, busca mantener cierto equilibrio. En sistémica se habla de morfostasis para describir las fuerzas que mantienen la estabilidad de un sistema, su statu quo, y de morfogénesis para describir, por el contrario, las fuerzas de cambio que lo llevan hacia nuevas formas.

Morfostasis

Las fuerzas de conservación. Protegen la identidad y la coherencia del sistema. Sin ellas, se desintegra.

Morfogénesis

Las fuerzas de transformación. Hacen surgir formas nuevas. Sin ellas, el sistema se paraliza y ya no puede adaptarse.

Ambas dinámicas coexisten de forma permanente. Los equipos de terapia familiar comprobaron muy pronto que las familias en dificultad oscilan entre estos dos polos. Ante la crisis provocada por la adolescencia de un hijo o una hija, una familia puede intentar volver al equilibrio anterior reforzando las reglas existentes o, por el contrario, aprovechar el caos para hacer emerger reglas nuevas y roles nuevos, más adaptados.

Humberto Maturana mostró cómo los sistemas vivos, al alejarse de su punto de equilibrio, crean nuevas estructuras, lo que llevó a la terapia a ver la crisis no como un peligro sino como una oportunidad de cambio.

Ilya Prigogine

«Si con las moléculas son posibles distintos regímenes, en las comunidades humanas son posibles regímenes mucho más variados y numerosos». El potencial de transformación de un sistema humano es inmenso una vez que sale de su zona de confort.

En el acompañamiento del cambio, esta idea conduce a revalorizar el papel de la inestabilidad. En lugar de evitar la crisis a toda costa, quien ejerce la terapia o la intervención sistémica puede utilizarla de manera constructiva. Una paradoja conocida en terapia breve estratégica consiste incluso en prescribir el síntoma, es decir, en amplificar provisionalmente el desequilibrio para provocar una reorganización saludable del sistema.

Lejos de un caos destructor, la morfogénesis es aquí un caos constructor: una fase de transición en la que el antiguo orden se disgrega en vista de un orden nuevo.

Parte 3

Emergencia: el todo es más que la suma de las partes

La morfogénesis va de la mano de la noción de emergencia. Se dice que una propiedad es emergente cuando aparece en el nivel global de un sistema sin estar directamente inscrita en sus elementos de base. Ninguna persona de un equipo posee por sí sola la cultura de la organización y, sin embargo, una cultura común emerge de las interacciones entre todas ellas.

Los trabajos de la psicóloga Esther Thelen sobre el desarrollo infantil ofrecen un ejemplo elocuente. Thelen mostró que competencias como la marcha resultan de la interacción de múltiples factores —maduración neurológica, experiencias vividas, entorno social— sin que exista un plan director único. El desarrollo de un bebé es así «el producto emergente de numerosas interacciones locales y descentralizadas en tiempo real». La niña o el niño construye sus nuevas habilidades a partir del conjunto de sus interacciones, en lugar de seguir un programa predefinido paso a paso.

1
Interacciones locales

Cada elemento del sistema actúa en su nivel, sin visión de conjunto ni plan director.

2
Bucles que se refuerzan

Estas acciones se responden, se repiten, y algunas configuraciones se estabilizan.

3
Una forma global inédita

Aparece una propiedad en el nivel del todo: una cultura, una competencia, un modo de relación.

En sistémica se entiende, pues, que un cambio duradero no puede imponerse simplemente desde fuera, pieza a pieza: debe emerger desde dentro del sistema, a lo largo de los bucles de interacción entre sus elementos. También es imposible predecir con exactitud qué forma adoptará un sistema humano al evolucionar, del mismo modo que no se puede adivinar la silueta exacta de una hoja a partir únicamente del ADN. Para quien ejerce la práctica, esto invita a la humildad y a la curiosidad: la transformación de una persona o de un grupo depara a menudo sorpresas que ningún plan podía anticipar por completo.

Parte 4

Identidad e invariantes: el arte de cambiar sin perderse

Si el cambio es necesario, ¿cómo puede un sistema evolucionar sin perder su identidad profunda? Maturana y Varela introdujeron el concepto de autopoiesis para describir la capacidad de los sistemas vivos de producirse y mantenerse a sí mismos. Un sistema autopoiético —una persona, una familia— se autoorganiza permanentemente para conservar su integridad, a la vez que intercambia con su entorno. Como dicen Maturana y Varela, estos sistemas «producen su identidad; se distinguen a sí mismos de su entorno».

Esto no implica inmovilidad, todo lo contrario. Maturana distingue la organización de un sistema, las relaciones esenciales que definen su naturaleza, de su estructura, sus componentes concretos y su disposición. El descubrimiento clave es que la estructura puede cambiar conservando la organización.

Cambiar de forma sin dejar de ser uno mismo

Una persona puede transformar muchos de sus comportamientos y creencias sin dejar de sentirse «ella misma». Una empresa puede modificar su funcionamiento sin dejar de ser fiel a su misión fundamental. Mientras se preserve la organización de base, la forma puede variar.

En cambio, si los cambios estructurales superan ciertos límites y alteran la organización de base, el sistema puede perder su identidad: es la transformación identitaria radical, a veces hasta la desintegración. Pensemos en una persona que ya no se reconoce tras una conmoción vital demasiado extrema, o en una organización cuya cultura se ha vuelto irreconocible tras una reestructuración total.

En la práctica, acompañar la morfogénesis consiste, pues, en encontrar el equilibrio entre novedad y continuidad: ¿qué se puede cambiar sin alterar la base identitaria que permite a la persona consultante, o al sistema, sentirse coherente?

Lo que hay que retener

Acompañar un sistema no es corregir un síntoma aislado. Es crear las condiciones de una reorganización de conjunto.

La noción de morfogénesis invita a concebir el cambio como un proceso orgánico de emergencia más que como una transformación impuesta. En la práctica, esto significa acompañar a los sistemas humanos —familias, equipos, individuos— no corrigiendo un síntoma aislado, sino creando las condiciones de una reorganización global: introducir una perturbación constructiva, favorecer la autoorganización, sostener la inestabilidad transitoria y anclarse en los recursos identitarios estables.

Este enfoque, iluminado por las ciencias de la vida y la sistémica, nos compromete con una postura de acompañamiento humilde, que facilita metamorfosis duraderas en lugar de actuar como técnica del cambio.

Referencias para profundizar
  • Bateson, G. (1972). Steps to an ecology of mind: Collected essays in anthropology, psychiatry, evolution, and epistemology. Chandler Publishing.
  • Capra, F. (1996). The web of life: A new scientific understanding of living systems. Anchor Books.
  • Maturana, H. R., & Varela, F. J. (1980). Autopoiesis and cognition: The realization of the living. D. Reidel Publishing.
  • Archer, M. S. (Éd.). (2013). Social morphogenesis. Springer.
  • Hayes, A. M., & Andrews, L. A. (2020). A complex systems approach to the study of change in psychotherapy. BMC Medicine, 18(1), 197.
Para profundizar
Cómo citar este artículo

Doumit, Y. (2025). Plus ça change, plus c’est la même chose ? Pas toujours. Complexe Systémique. https://www.complexe-systemique.com

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