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Contemporary Family Therapy · Terapia familiar

Estudiar la sincronía no verbal en la terapia de pareja: observar la sincronía implícita de posturas y movimientos

Cuando dos terapeutas atienden a una pareja, ¿quién imita la postura de quién y qué cambia eso en la alianza? En Jyväskylä, el equipo de Petra Nyman-Salonen y Jaakko Seikkula filmó nueve sesiones de una terapia de pareja y codificó, al segundo, las posturas y los gestos compartidos. El resultado es un esquema de observación fiable y un hallazgo inesperado: la sincronía afecta también a las personas que la observan.

Autoría Petra Nyman-Salonen, Virpi-Liisa Kykyri, Markku Penttonen, Jukka Kaartinen y Jaakko Seikkula (Departamento de Psicología, Universidad de Jyväskylä, Finlandia); Anu Tourunen (Gerontology Research Center, Facultad de Ciencias del Deporte y de la Salud, Universidad de Jyväskylä); Virpi-Liisa Kykyri (Facultad de Ciencias Sociales/Psicología, Universidad de Tampere, Finlandia)Primera publicación Contemporary Family Therapy, 25 de noviembre de 2020Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Studying Nonverbal Synchrony in Couple Therapy—Observing Implicit Posture and Movement Synchrony, de Petra Nyman-Salonen, Anu Tourunen, Virpi-Liisa Kykyri, Markku Penttonen, Jukka Kaartinen y Jaakko Seikkula, publicado en Contemporary Family Therapy (Springer) (2021), doi: 10.1007/s10591-020-09555-5, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de listas; los apéndices no se reproducen. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Observar la sincronía no verbal puede tener, por tanto, efectos opuestos, según el contexto y según cómo interprete esa sincronía no verbal quien la observa.

Petra Nyman-Salonen, Anu Tourunen, Virpi-Liisa Kykyri, Markku Penttonen, Jukka Kaartinen y Jaakko Seikkula

Resumen

La investigación sobre la sincronía no verbal (coordinación de movimientos) en psicoterapia ha suscitado recientemente un interés creciente. Se ha demostrado que la sincronía no verbal está relacionada con la alianza terapéutica y con los resultados. Sin embargo, la investigación sobre la sincronía no verbal en terapia de pareja sigue siendo escasa. En este estudio examinamos en detalle el proceso terapéutico de una pareja y creamos un esquema de codificación para describir la sincronía de posturas y de movimientos. En este estudio de caso, observamos que la relación entre la sincronía no verbal y la alianza terapéutica era compleja. A lo largo del proceso terapéutico, la cantidad de sincronía no verbal varió, al igual que las evaluaciones de la alianza por parte de las personas participantes. En terapia de pareja, la sincronía no verbal podría afectar tanto a las personas implicadas en ella como a las personas que la observan. En una de las sesiones, casi todas las sincronías se produjeron entre la clienta y uno de los terapeutas, y todas las personas salvo la clienta evaluaron la alianza como más débil. En este estudio de caso había dos terapeutas presentes, y se constató que la sincronía entre los coterapeutas era importante para las evaluaciones de la alianza del cliente. Cuando había más sincronía entre los terapeutas, él evaluaba la alianza como más sólida. Curiosamente, la sincronía entre los coterapeutas parecía alcanzar su máximo en las sesiones que seguían a sesiones con una alianza más débil, como si los terapeutas hicieran implícitamente un esfuerzo conjunto por reforzar la alianza. Se presenta un breve episodio de una sesión para ilustrar los resultados. Nuestro esquema de codificación permite estudiar la sincronía no verbal (sincronía de posturas y de movimientos) en terapia de pareja y combinar los resultados de la investigación con otros datos temporalmente precisos obtenidos en las sesiones. Se necesita más investigación para validar el método.

Palabras clave: Sincronía no verbal, Sincronía postural, Sincronía de movimientos, Terapia de pareja, Mimetismo, Alianza

Introducción

La sincronía no verbal es la tendencia de las personas participantes a sincronizar implícitamente sus conductas entre sí durante la interacción. La sincronía no verbal se ha estudiado con diversos métodos (cf. Bavelas et al. 1986; Bernieri et al. 1988; Cornejo et al. 2017; Kimura y Daibo 2006), con terminologías distintas (coordinación interpersonal, sincronía conductual, sincronía interpersonal, mimetismo, emparejamiento, alineamiento, etc.) y en contextos diferentes, entre ellos la psicoterapia (Altmann et al. 2019; Ramseyer y Tschacher 2011).

En psicoterapia, se ha demostrado que la sincronía no verbal está relacionada con el resultado terapéutico: cuanta más sincronía hay entre terapeuta y paciente, mejor es el resultado (Ramseyer y Tschacher 2011). Cuanta más sincronía de movimientos de cabeza hay, mejor es el resultado global de la terapia, mientras que una mayor sincronía de movimientos de la parte superior del cuerpo se relaciona con mejores evaluaciones de las sesiones (Ramseyer y Tschacher 2014). Investigaciones anteriores han mostrado que hay más sincronía no verbal en las sesiones que el equipo terapéutico o una persona experta externa evalúan como de alta calidad (Nagaoka y Komori 2008).

Recientemente, Ramseyer (2020) mostró que la relación de la sincronía no verbal con la alianza y con los resultados no es tan directa como habían sugerido las investigaciones nomotéticas realizadas con muestras grandes (es decir, Ramseyer y Tschacher 2011, 2014). Un estudio de la variación intraindividual (es decir, desde una perspectiva idiográfica) en un número limitado de casos terapéuticos mostró que las sesiones caracterizadas por pocos avances estaban marcadas por una sincronía elevada, y que las y los pacientes que mostraban niveles más altos de sincronía a lo largo de las sesiones tendían a referir más problemas interpersonales (Ramseyer 2020). Del mismo modo, Paulick et al. (2018) mostraron que la mayor cantidad de sincronía no verbal entre terapeuta y paciente se asociaba a pacientes que no mejoraban, mientras que un nivel intermedio de sincronía no verbal se asociaba a la mejoría y los niveles bajos de sincronía, al abandono. Estos resultados son importantes, ya que muestran que es demasiado simplista pensar que más sincronía es siempre mejor en el contexto de la psicoterapia.

Curiosamente, la investigación sobre la sincronía no verbal en terapia de pareja sigue siendo escasa, pese a la importancia que se concede a prestar atención a los patrones de comunicación no verbal en las parejas (Gottman y Porterfield 1981). Se ha demostrado que la sincronización de las conductas de inmediatez (es decir, dirección de la mirada, apertura corporal, distancia, contacto físico y posición del cuerpo), de las que se dice que regulan la intimidad entre los miembros de la pareja, es más frecuente en las parejas satisfechas (Julien et al. 2000).

La disposición a interactuar o a implicarse en el proceso de terapia de pareja se ha estudiado con el Body Formation Coding System, que evalúa la implicación en el plano triádico entre terapeuta y pareja (de Roten et al. 1999). El método se centra en cómo las personas participantes incluyen o excluyen a las demás en la terapia de pareja, es decir, cómo se giran hacia otra persona o se apartan de ella, o se inclinan hacia delante o hacia atrás. No estudia la sincronía como tal. De Roten et al. (1999) observaron que la alianza terapéutica no estaba relacionada con ningún tipo de patrón de exclusión o inclusión en las formaciones corporales; más bien, se daba una buena alianza terapéutica cuando las personas participantes se implicaban unas con otras de forma predecible, creando patrones de implicación recurrentes.

Cabe señalar que la relación entre la alianza y el resultado es, en general, más compleja en terapia de pareja que en psicoterapia individual (cf. Friedlander et al. 2011); la relación entre las evaluaciones de la alianza y el resultado también puede diferir, incluso sin la complejidad añadida de la sincronía no verbal. Según algunos estudios con parejas heterosexuales, la evaluación de la alianza por parte del hombre de la pareja está más fuertemente relacionada con el resultado que las evaluaciones de la mujer (Bourgeois et al. 1990; Symonds y Horvath 2004).

El System for Observing Family Therapy Alliance, en adelante SOFTA (Friedlander et al. 2006), es un método desarrollado para observar las alianzas en terapia familiar y de pareja. El método se centra en un abanico de conductas, entre ellas conductas no verbales, como marcadores de la alianza. El esquema de codificación no incluye la sincronía de la conducta no verbal, salvo la sincronía postural, es decir, la imitación implícita de posturas, que el SOFTA considera un signo de contacto emocional y de un sentido compartido del propósito dentro de la familia.

Se ha demostrado que la sincronía postural (también llamada congruencia o reflejo especular) en psicoterapia está relacionada con la sintonía (rapport) entre terapeuta y paciente (Tickle-Degnen y Rosenthal 1990; Trout y Rosenfeld 1980); se ha observado una mayor sincronía postural en los momentos de gran sintonía de una sesión de terapia (Sharpley et al. 2001). También se ha demostrado que la sincronía postural está relacionada con la empatía: cuando quien ejerce de terapeuta imita la postura de la persona en tratamiento, se le atribuye más empatía (Maurer y Tindall 1983). En estudios de caso de procesos psicoterapéuticos, se ha mostrado que la sincronía postural se produce de manera implícita (Davis y Hadiks 1994) y en momentos importantes de una sesión de terapia (Raingruber 2001).

A la luz de la investigación sobre la sincronía no verbal en psicoterapia y del SOFTA, así como de la investigación sobre la sincronía postural, parece plausible que la sincronización no verbal implícita entre las personas participantes en una terapia de pareja pueda estar asociada a la alianza terapéutica.

La sincronía no verbal, un pegamento prosocial

La influencia de la sincronía no verbal en las relaciones se ha estudiado ampliamente en diversos campos de investigación (cf. Chartrand y Lakin 2013). Para el presente estudio son pertinentes los hallazgos de dos campos: la investigación sobre la sincronía no verbal, o coordinación de movimientos entre participantes, y la investigación sobre el mimetismo, es decir, la imitación implícita de movimientos físicamente similares. Un metaanálisis sobre la sincronía no verbal mostró que tiene un efecto positivo sólido sobre las relaciones (Vicaria y Dickens 2016). Una revisión de la investigación sobre el mimetismo llegó a una conclusión similar, al mostrar que el mimetismo tiene efectos prosociales (Chartrand y Lakin 2013): favorece la simpatía (Chartrand y Bargh 1999) y la sintonía (Lakens y Stel 2011) y aumenta cuando el objetivo de las personas participantes es vincularse con otras (Lakin y Chartrand 2003).

El mimetismo se ha relacionado también con la empatía. Las personas más empáticas tienden a imitar implícitamente más a los demás (Chartrand y Bargh 1999; Sonnby-Borgström 2002; Sonnby-Borgström y Jönsson 2003). La tendencia a imitar a otras personas se ha denominado una forma primitiva o corporal de empatía (de Waal 2007), en la que imitar la conducta de otra persona genera una mejor comprensión de su experiencia (Chartrand y Lakin 2013). Se ha sugerido que, mediante la imitación implícita, se intenta sintonizar con el estado interno de la otra persona (Chartrand y Lakin 2013; Davis y Hadiks 1994; Stel y Vonk 2010). A partir de su estudio de caso, Raingruber (2001) sugirió que, en psicoterapia, terapeutas intentan comprender a la persona usuaria y «estar con» ella, y desarrollar un sentimiento mutuo de conexión sincronizando su conducta no verbal con la de esa persona.

Se han propuesto dos marcos teóricos sobre la sincronía no verbal (es decir, la coordinación de movimientos). Baimel et al. (2015) sugirieron que la sincronía no verbal nos prepara para entrar en el mundo mental de los demás y mejora nuestra comprensión de las otras personas mediante diversos procesos cognitivos. Koole y Tschacher (2016) desarrollaron el modelo de sincronía interpersonal de la sincronía no verbal en psicoterapia, en el que fundamentan la alianza terapéutica en la sincronía o coordinación no verbal entre terapeuta y paciente. Según su planteamiento, la sincronía no verbal facilita la comprensión de las experiencias y emociones de la otra persona mediante el acoplamiento de los cerebros de terapeuta y paciente, lo que con el tiempo puede mejorar la capacidad de regulación emocional de las y los pacientes.

Aquí estudiamos la sincronía no verbal en terapia de pareja, un contexto en el que los patrones de sincronía no verbal son más complejos, ya que implica a múltiples participantes y múltiples relaciones, es decir, la relación entre los cónyuges (lealtad), la relación entre la clientela y el o los terapeutas y, en este caso, la relación entre los dos terapeutas participantes. Esto introduce un aspecto novedoso en la sincronía no verbal: quienes no participan en la sincronía no verbal pero la observan también pueden verse afectados por ella. Abordamos esta cuestión en nuestro estudio investigando las asociaciones de los patrones de sincronía no verbal observados con las evaluaciones de la alianza terapéutica por parte de las personas participantes.

Métodos empleados para estudiar la sincronía no verbal

Nuestro objetivo era estudiar la sincronía no verbal, en especial la imitación implícita de posturas y movimientos, a partir de vídeos auténticos de terapia de pareja. Para elegir el método de investigación, se evaluaron los métodos empleados anteriormente para estudiar la sincronía no verbal. En estudios previos se han utilizado dos métodos principales: la observación y la diferenciación automatizada de fotogramas.

La observación es el método más utilizado (cf. Hall et al. 1995). Requiere que personas evaluadoras formadas valoren la presencia de conductas predefinidas, que constituyen el esquema de codificación. La metodología de la observación varía: las personas evaluadoras pueden (1) nombrar la conducta no verbal más frecuente dentro de un intervalo de tiempo determinado, por ejemplo de 30 s (cf. Davis y Hadiks 1994; LaFrance 1985); o (2) evaluar el número de conductas predefinidas en un segmento de interacción (cf. Bernieri et al. 1988). También pueden recurrir a valoraciones conductuales, es decir, la conducta se evalúa con un cuestionario de evaluación con escala de Likert (véase Bavelas et al. 1986, un artículo metodológico detallado sobre los métodos observacionales utilizados en la investigación sobre el mimetismo). La frecuencia o la aparición de las conductas no verbales en el momento exacto en que se producen no suele codificarse, lo que da más peso a la valoración de quien observa. Son excepciones los estudios sobre la conducta no verbal realizados por Davis y Hadiks (1990, 1994), en los que codificaron por separado las posturas de terapeutas y de clientes; esos estudios no examinaron la sincronía no verbal entre participantes.

Los datos observacionales suelen dar lugar a datos nominales, más difíciles de analizar. Louwerse et al. (2012) presentaron un método para calcular la sincronía no verbal de datos observacionales nominales mediante el análisis de recurrencia cruzada. Este análisis revela la dinámica temporal de los datos observacionales y compara la recurrencia de las conductas entre dos participantes (es decir, la sincronía).

Todos los métodos observacionales comparten el inconveniente de requerir mucho tiempo y personas evaluadoras formadas. Para abreviar el proceso de observación de los datos, se han utilizado métodos automatizados de análisis de vídeo (cf. Nagaoka y Komori 2008; Ramseyer y Tschacher 2011, 2014). Estos métodos automatizados de diferenciación de fotogramas, como el análisis de la energía del movimiento (MEA, por sus siglas en inglés), registran como movimiento el cambio de píxeles entre fotogramas de vídeo. Con estos métodos se estudian todos los movimientos dentro de regiones de interés predefinidas (por ejemplo, la cabeza y el tronco). La sincronía se calcula después a partir de esos cambios de píxeles. La estimación de la sincronía de movimientos no verbales remite, por tanto, a cualquier tipo de movimiento simultáneo dentro de la región de interés. No se tiene en cuenta la apariencia física ni la forma del movimiento. Con este método, hay sincronía de movimientos de cabeza incluso cuando una persona niega con la cabeza y la otra asiente. En el contexto de la psicoterapia, entendida como un proceso de construcción de sentido, esto resulta algo extraño.

Para comprobar si los métodos automatizados producen realmente resultados satisfactorios, Fujiwara y Daibo (2014) compararon un método automatizado de detección de conductas no verbales con la codificación tradicional y con los métodos de valoración conductual. Encontraron que el método automatizado se correlacionaba con la codificación tradicional y con las valoraciones conductuales. Concluyeron que los métodos automatizados son potencialmente más valiosos, ya que son rentables y reducen la necesidad de formar a personas evaluadoras cualificadas. Para una revisión amplia de los métodos utilizados en el estudio de la sincronía interaccional, véase Kimura y Daibo (2006).

Aunque el método tradicional de observación requiere más tiempo, se eligió para este estudio porque hasta la fecha ningún método automático ha sido capaz de identificar en vídeo la imitación de posturas y movimientos similares (mimetismo). Los métodos automatizados disponibles no son adecuados para analizar sesiones tan largas como las sesiones de psicoterapia estudiadas, y suelen utilizar servidores que no son lo bastante seguros para garantizar la privacidad de la pareja en terapia. Por tanto, no podía utilizarse ningún método que almacenara los datos en un servidor externo a la universidad. Los métodos de diferenciación de fotogramas se descartaron porque no permiten distinguir entre movimientos similares y no similares dentro de la región de interés y no captan los casos de sincronía postural estática.

Otro aspecto importante era que el esquema de codificación desarrollado aquí debía registrar la sincronía no verbal de las conductas en el momento exacto en que se producían en la sesión. Esto era importante porque uno de los objetivos era utilizar los datos observacionales en combinación con otros datos temporalmente exactos obtenidos en la sesión, como las reacciones del sistema nervioso autónomo o el diálogo hablado. Los métodos de diferenciación de fotogramas no suelen utilizarse con tal precisión temporal; por eso no se tuvieron en cuenta (las ventanas temporales suelen ser de unos 10 s). Era necesario desarrollar un esquema de codificación de la sincronía de posturas y movimientos para utilizarlo en el contexto de la terapia de pareja.

Síntesis

A partir de la investigación previa, puede concluirse que la sincronía no verbal influye en la relación entre las personas participantes. En el contexto de la terapia de pareja, la sincronía no verbal se ha estudiado poco. Según la investigación anterior y los modelos teóricos de la sincronía no verbal, la sincronía postural y el mimetismo facilitan la comprensión de los demás y generan simpatía y sintonía entre las personas participantes.

Se eligió el método observacional pese a que requiere mucho tiempo, porque los métodos de diferenciación de fotogramas pierden aspectos cualitativamente importantes de la sincronía no verbal. En el presente estudio, observamos un proceso de terapia de pareja e informamos en detalle de sus resultados; durante el desarrollo, se observaron también otros casos de terapia de pareja.

Los objetivos de la investigación eran: (1) desarrollar un esquema de codificación para examinar la sincronía no verbal (en especial la imitación implícita de conductas no verbales de apariencia física similar) en el contexto de la terapia de pareja, mediante la observación cualitativa de sesiones de terapia; y (2) investigar cómo se relacionaban los patrones de sincronía no verbal observados con la alianza terapéutica en el proceso terapéutico de una pareja. Un breve episodio seleccionado de una sesión ilustrará un caso de sincronía no verbal.

Método

Diseño, participantes y selección de los datos

Los datos analizados aquí se seleccionaron de un conjunto de datos recogidos en el proyecto de investigación Relational mind in events of change in multiactor therapeutic dialogues de la Universidad de Jyväskylä (Seikkula et al. 2015). La terapia se llevó a cabo en un entorno natural de terapia de pareja con dos terapeutas presentes. La presencia de dos terapeutas es la forma habitual de trabajar en terapia de pareja en ese centro. La terapia no estaba manualizada; se utilizaron enfoques narrativos y dialógicos. La terapia no incluía ninguna intervención corporal. Las sesiones de terapia se grabaron con seis cámaras. Cuatro cámaras enfocaban el rostro de las personas participantes (una para cada participante) y dos cámaras grababan el cuerpo entero de las díadas, siendo una díada la pareja y la otra los terapeutas. En este estudio se utilizaron los vídeos que mostraban el cuerpo entero de las cuatro personas participantes en pantalla dividida.

Dado que uno de los objetivos del proyecto de investigación era estudiar la sincronía de las reacciones del sistema nervioso autónomo, estas reacciones se registraron en las personas participantes en la segunda y en la sexta sesión. Para ello, se colocaron monitores de frecuencia cardiaca en el pecho de cada participante, dos electrodos de conductancia cutánea en la palma de la mano no dominante de cada participante y un cinturón de tela para medir la frecuencia respiratoria alrededor de la parte inferior del pecho de cada participante. El equipo de medición de la conductancia cutánea estaba fijado a la silla en la que se sentaba cada participante, por lo que restringía los movimientos del brazo no dominante a un radio de unos 25 cm alrededor de la silla. Como el objetivo del proyecto de investigación era estudiar las reacciones autónomas de las personas participantes y el interés por examinar la sincronía no verbal entre ellas surgió solo después de iniciadas las terapias, ni los terapeutas ni la pareja sabían que se analizarían sus movimientos corporales.

Cada sesión de terapia duró aproximadamente 90 min. La alianza terapéutica se monitorizó con la Session Rating Scale (SRS), que se entregó tanto a la pareja como a los terapeutas después de cada sesión (Duncan et al. 2003). La SRS es una medida de autoinforme analógica visual que utiliza una escala de tipo Likert. Es una escala de medición de la alianza desarrollada a partir de la teoría de la alianza de Bordin (1979), que destaca el vínculo relacional y el acuerdo sobre objetivos y tareas. Se utilizó la versión ultrabreve de la SRS, que consta de cuatro ítems que reflejan los cuatro aspectos distintos de la alianza (Duncan et al. 2003). La escala «Relación» evalúa el enunciado «Sentí / No sentí que se me escuchaba, comprendía y respetaba» y la escala «Objetivos y temas» evalúa el enunciado «Trabajamos o hablamos / No trabajamos ni hablamos de aquello sobre lo que yo quería trabajar o hablar». La escala «Enfoque o método» pide valorar la sesión en relación con el enunciado «El enfoque terapéutico es / no es adecuado para mí». El cuarto ítem valora la sesión en su conjunto en relación con el enunciado «Faltó algo en la sesión de hoy» frente a «En conjunto, la sesión de hoy fue adecuada para mí». Es importante señalar que la pareja evaluó a los coterapeutas como equipo, mientras que los terapeutas evaluaron la alianza en relación con ambos cónyuges simultáneamente.

El procedimiento de investigación fue aprobado por el Comité de Ética de la Universidad de Jyväskylä, y todas las personas participantes dieron su consentimiento informado por escrito para participar en el proyecto de investigación. El diseño y la recogida de datos corrieron a cargo de Kaartinen, Kykyri, Penttonen, Tourunen y Seikkula. El esquema de codificación fue desarrollado por la primera autora, Nyman-Salonen.

Para desarrollar el presente esquema de codificación, se examinó el proceso terapéutico de una pareja. Se eligió a esta pareja porque los vídeos de su terapia estaban disponibles para el análisis cuando comenzó el desarrollo del esquema de codificación. El proceso constó de diez sesiones, nueve de las cuales (sesiones 2–10) se analizaron. Lamentablemente, la primera sesión se excluyó del análisis por problemas técnicos en la grabación de vídeo. En dos de las sesiones analizadas (sesiones 2 y 6), tanto los terapeutas como la pareja llevaban el equipo de medición del sistema nervioso autónomo.

El caso

La pareja acudió a terapia por problemas de lealtad en su relación; además, el marido se había comportado anteriormente de forma violenta con su esposa. Se recomendó la terapia de pareja; no hubo violencia durante el tiempo en que la pareja estuvo en terapia. La esposa estaba embarazada al comienzo del proceso terapéutico y el bebé nació a mitad de él. El bebé estuvo presente en algunas de las sesiones analizadas. La mayor parte del tiempo, el bebé estaba en una silla de coche para bebés en el suelo, pero si empezaba a llorar durante la sesión, la madre o el padre la tomaba en brazos. Los dos terapeutas, ambos hombres, que trabajaban con esta pareja eran terapeutas de pareja y de familia con experiencia.

El procedimiento: análisis cualitativo de las grabaciones para el desarrollo del esquema de codificación

Para iniciar el desarrollo del esquema de codificación observacional, la primera autora observó sistemáticamente las sesiones grabadas en vídeo antes mencionadas. Lo hizo sin sonido, para que el diálogo no influyera en la interpretación de la conducta no verbal. Los vídeos mostraban el cuerpo entero de las personas participantes en pantalla dividida; no se utilizaron los vídeos de las expresiones faciales, porque nuestro interés era estudiar la sincronía no verbal de las posturas y los movimientos corporales de las personas participantes. Además, las expresiones faciales podrían haber influido en la interpretación de la conducta no verbal. En los vídeos de cuerpo entero, las expresiones faciales no se veían con claridad debido a la distancia entre la cámara y las personas participantes y a la disposición de la pantalla dividida, que mostraba tanto a la pareja como a los terapeutas. En el programa utilizado para la observación, la pantalla que mostraba las grabaciones tenía que ser bastante pequeña para que quienes observaban pudieran ver a las cuatro personas participantes a la vez y detectar así la sincronía no verbal.

El objetivo era examinar los casos de sincronía no verbal, es decir, los momentos en que una persona participante imitaba implícitamente las posturas o los movimientos de otra. El análisis cualitativo pretendía crear un esquema de codificación categorial. Como el objetivo era crear un método replicable que otras personas pudieran utilizar, se tomaron notas específicas sobre la definición precisa de las distintas categorías de imitación implícita. Esto significaba que el criterio más importante de la sincronía no verbal era la similitud física de las posturas y los movimientos imitados implícitamente. Así se minimizaba el sesgo de observación, al reducir la cantidad de valoración que se exigía a quienes observaban. Durante el proceso de observación, se tomaron decisiones sobre lo que debía incluirse en el esquema de codificación y lo que debía excluirse, y se debatieron con otras personas observadoras (véase «Fiabilidad interevaluadores» más abajo). Por ejemplo, se debatió la presencia del bebé en las sesiones, antes mencionada; se decidió conjuntamente cómo tener en cuenta su presencia durante las observaciones. Las observaciones se realizaron con el programa Noldus Observer (se utilizaron dos versiones, 11.5 y 12.5, debido a una actualización del software durante el proceso de investigación; www.noldus.com).

Fiabilidad interevaluadores

Se comprobó la fiabilidad interevaluadores del método. La primera autora evaluó todas las sesiones. Otras cuatro personas observadoras (en adelante, «evaluadoras»), estudiantes de grado del departamento de Psicología, evaluaron dos sesiones cada una (la sesión 3 fue evaluada por la autora y dos evaluadoras, la sesión 6 por la autora y otras dos evaluadoras, y la sesión 10 por todas las evaluadoras). Todas las evaluadoras recibieron formación en el uso del método observacional y observaron las sesiones sin sonido. La formación comenzó con una presentación del método y del esquema de codificación, tras lo cual las evaluadoras observaron por parejas 10 min de una sesión de terapia y comentaron el método observacional entre ellas y con la primera autora. Después de la observación, los resultados de las dos parejas se compararon con las observaciones de la primera autora y se debatieron los desacuerdos. A continuación, las evaluadoras observaron una sesión de forma individual; las observaciones se comentaron después, primero por parejas y luego con la primera autora. Si las evaluadoras se encontraban con casos poco claros, los anotaban para comentarlos durante las observaciones. Algunos casos poco claros se produjeron cuando el bebé estaba en el regazo de uno de los progenitores; se acordó que debía compararse la apariencia física global del progenitor, es decir, cómo tenía los brazos y las piernas durante ese tiempo, con las posturas de las demás personas participantes para comprobar si había sincronía postural.

La fiabilidad interevaluadores se obtuvo con el programa Noldus Observer (versión 12.5), a partir de la frecuencia y la secuencia de las conductas observadas en intervalos de tiempo de 3, 2, 1 y 0,5 s. El programa Observer calcula la fiabilidad interevaluadores por pares, un índice de concordancia y el porcentaje de acuerdos, así como la kappa de Cohen, la rho de Pearson y el índice de prevalencia (que indica en qué medida el número de acuerdos en una variable es mayor que en otra).

Análisis estadístico

Se realizó un análisis estadístico para examinar si la frecuencia de las conductas de sincronía no verbal difería entre sesiones y si llevar el equipo de medición influía en la frecuencia de la sincronía no verbal (el equipo de medición solo se llevó en la segunda y en la sexta sesión). El análisis se realizó con ecuaciones de estimación generalizadas (GEE) con un modelo log-lineal de Poisson no paramétrico. Las GEE son una extensión del modelo lineal general, pero son adecuadas para datos longitudinales (las mismas personas participantes en un diseño de medidas repetidas) cuando los casos no son independientes (Wang 2014). El análisis estadístico se realizó con IBM SPSS Statistics, versión 24.

Análisis cualitativo de los patrones de sincronía no verbal y de la alianza terapéutica

El proceso terapéutico se analizó primero por separado en cuanto a los patrones de sincronía no verbal y a las evaluaciones de la alianza de las personas participantes en la SRS. Después, se triangularon las observaciones de los patrones de sincronía de posturas y movimientos en las sesiones y las evaluaciones de la alianza.1 Se presenta un episodio que ilustra cómo se manifestó la sincronía postural en la sesión.

Resultados

En primer lugar, se describirá el proceso cualitativo de desarrollo del esquema de codificación y se presentará la fiabilidad interevaluadores obtenida con él. En segundo lugar, se mostrarán los estadísticos descriptivos de las sincronías no verbales. En tercer lugar, se presentará el análisis estadístico realizado sobre los datos obtenidos al comparar las sincronías no verbales entre sesiones. En cuarto lugar, se presentará el análisis cualitativo del proceso terapéutico que triangula las sincronías de posturas y movimientos observadas con las evaluaciones de la alianza de las personas participantes. Por último, se presentará un episodio de una sesión en el que se produce una sincronía postural entre dos de las personas participantes.

Proceso de observación cualitativa para el desarrollo del esquema de codificación

La primera observación cualitativa fue que las personas participantes en las sesiones de terapia de pareja permanecían bastante quietas. Se observaron principalmente gestos ligados al habla, asentimientos, cambios de postura, movimientos de brazos y orientación de la mirada. Se observaron dos categorías principales de sincronía: la sincronía postural y la sincronía de movimientos.

La sincronía postural y la sincronía de movimientos se separaron en dos categorías distintas por sus diferencias temporales. La sincronía postural, en la que una persona imitaba la postura de otra participante, era un evento de estado, es decir, tenía una duración y se prolongaba durante un tiempo hasta que una de las personas participantes abandonaba la postura compartida. En cambio, la imitación de movimientos se consideró un evento puntual, del que solo se calculó la frecuencia.

Las categorías se elaboraron con más detalle. La sincronía postural se definió como la situación en que dos o más participantes comparten una postura similar del tronco, las piernas y los brazos. El criterio más importante era que la posición física del cuerpo y de las extremidades fuera similar. La sincronía postural no se limitaba a las imágenes especulares de las posturas de las demás personas, ya que también se incluyeron las posturas congruentes (el brazo y la pierna derechos de la persona A coinciden con el brazo y la pierna derechos de la persona B). La investigación previa indicaba que la diferencia percibida entre ambas no es relevante para la persona participante (Raingruber 2001).

Se definió que había sincronía de movimientos cuando dos o más participantes hacían un movimiento similar con la misma parte del cuerpo dentro de un intervalo de 3 s. El intervalo utilizado en la investigación sobre el mimetismo varía de 3 a 8 s (Chartrand y Lakin 2013). Se eligió un intervalo de 3 s basándose en investigaciones que muestran que los intervalos de mimetismo más cortos se perciben más fácilmente como mimetismo (Bailenson et al. 2004) y tras un debate con un investigador sénior del ámbito de la neurociencia, Markku Penttonen.

La sincronía de movimientos se subdividió además en subcategorías según las partes del cuerpo implicadas: cabeza, brazo, mano, tronco y piernas. Se creó una categoría denominada «otros» porque algunos movimientos sincronizados eran funcionales (por ejemplo, recoger algo o suspirar) y no encajaban en las subcategorías de partes del cuerpo. El criterio más importante de la sincronía de movimientos era que la forma del movimiento realizado por dos, tres o cuatro participantes fuera similar. La similitud se definió estableciendo que los movimientos sincronizados de las personas participantes debían empezar en la misma posición, tener una forma similar y terminar en la misma posición. Por ejemplo, los movimientos de cabeza en los que una persona participante asentía, es decir, bajaba y subía la barbilla, y la otra solo bajaba la barbilla, no se consideraron sincronía de movimientos de cabeza, porque el final del movimiento era distinto. El tamaño del movimiento no se definió con precisión, pero el movimiento tenía que ser visible a simple vista para quien observaba para poder incluirse.

Las subcategorías se crearon principalmente para poder examinar las sesiones con mayor detalle y no se utilizaron aquí para pruebas estadísticas. El esquema de codificación y las definiciones se muestran en la tabla 1.

Tabla 1 — Esquema de codificación para observar la sincronía no verbal

  • Sincronía postural. Dos o más participantes están en una postura similar de brazos y piernas, por ejemplo con ambos brazos sobre los reposabrazos, las manos orientadas en una dirección similar y las piernas cruzadas.
  • Sincronía de movimientos de cabeza. Dos o más participantes hacen el mismo movimiento de cabeza dentro de un intervalo de 3 s, por ejemplo asentir.
  • Sincronía de movimientos de brazo. Dos o más participantes hacen el mismo movimiento con los brazos (del hombro a la mano), cuyo punto culminante se produce dentro de un intervalo de 3 s, por ejemplo tocarse la cara con las manos.
  • Sincronía de movimientos del tronco. Dos o más participantes hacen el mismo movimiento con el tronco dentro de un intervalo de 3 s, por ejemplo estirar el tronco.
  • Sincronía de movimientos de mano. Dos o más participantes hacen el mismo movimiento con las manos dentro de un intervalo de 3 s, por ejemplo darse palmadas en los muslos.
  • Sincronía de movimientos de piernas. Dos o más participantes hacen el mismo movimiento con las piernas dentro de un intervalo de 3 s, por ejemplo cruzar las piernas.
  • Sincronía de otros movimientos. Dos o más participantes hacen un movimiento similar dentro de un intervalo de 3 s que no encaja en las categorías anteriores; por ejemplo, dos participantes intentan recoger algo del suelo.

La estructura de sujetos del método difería de la de métodos anteriores (véase la tabla 2). Durante las observaciones, se constató que la sincronía se producía en díadas, tríadas e incluso en una tétrada de participantes. Se decidió utilizar las distintas combinaciones de participantes como agrupaciones de sincronía. Así, a partir de las cuatro personas participantes se crearon seis díadas: la pareja (A B), los terapeutas (T1 T2) y cada uno de los terapeutas con cada uno de los miembros de la pareja (T1 A, T1 B, T2 A y T2 B). Además, se crearon cuatro tríadas: los terapeutas y uno de los miembros de la pareja (T1 T2 A y T1 T2 B), y uno de los terapeutas y la pareja (T1 A B y T2 A B), y, por último, una tétrada que incluía a todas las personas participantes (T1 T2 A B). Estas combinaciones se utilizaron como sujetos. Así pues, la sincronía se codificó únicamente para los grupos de sincronía (por ejemplo, T2 A en sincronía postural) y no se utilizó la codificación individual (por ejemplo, T2 asiente).

Tabla 2 — Agrupaciones de sincronía

  • A B. La pareja; A sentada a la derecha y B a la izquierda.
  • T1 T2. Los terapeutas; T1 sentado a la izquierda y T2 a la derecha.
  • T1 A. Terapeuta 1 y clienta A (sentados frente a frente).
  • T1 B. Terapeuta 1 y cliente B (sentados en diagonal).
  • T2 A. Terapeuta 2 y clienta A (sentados en diagonal).
  • T2 B. Terapeuta 2 y cliente B (sentados frente a frente).
  • T1 A B. Terapeuta 1, clienta A y cliente B.
  • T2 A B. Terapeuta 2, clienta A y cliente B.
  • T1 T2 A. Los terapeutas y la clienta A.
  • T1 T2 B. Los terapeutas y el cliente B.
  • T1 T2 A B. Todas las personas participantes.

Fiabilidad interevaluadores de la codificación de las sesiones

La fiabilidad interevaluadores de la codificación de las sesiones se obtuvo con el programa Noldus Observer, versión 12.5. Los resultados se calcularon con ventanas de tolerancia de 3, 2, 1 y 0,5 s. Aquí se presentan los resultados de la ventana de tolerancia de 1 s. El índice de concordancia global fue de 0.85, el porcentaje de acuerdo fue del 84,5 %, la kappa de Cohen fue de 0.84 (p < 0.001), la kappa máxima de Cohen fue de 0.95 y la rho de Pearson fue de 0.99 (p < 0.001). El índice de prevalencia fue de 0.9. Estos resultados muestran que la fiabilidad interevaluadores fue casi perfecta (Landis y Koch 1977). Los resultados correspondientes con una ventana de tolerancia de 0,5 s fueron 0.7, 71,2 %, 0.7, 0.93 y 0.98, todos ellos también muy elevados.

Estadísticos descriptivos de la sincronía de posturas y de movimientos

Durante las nueve sesiones analizadas, la frecuencia de las distintas sincronías no verbales varió. La sincronía postural se produjo de media 30.22 veces por sesión (SD 10.63; mín = 13, máx = 47) y la sincronía de movimientos, 93.78 veces (SD 29.30; mín = 55, máx 152). La media, la desviación estándar, los valores mínimo y máximo y el valor total de la sincronía postural por grupo de sincronía para el conjunto de las nueve sesiones se presentan en la tabla 3; los datos de la sincronía de movimientos se presentan en la tabla 4.

Tabla 3 — Sincronía postural por grupo de sincronía a lo largo de nueve sesiones

  • T1T2. M 4.22; SD 6.20; Mín 0; Máx 20; Suma 38.
  • T1A. M 0.00; SD 0.00; Mín 0; Máx 0; Suma 0.
  • T1B. M 6.22; SD 4.41; Mín 1; Máx 16; Suma 56.
  • T2A. M 11.44; SD 8.23; Mín 0; Máx 22; Suma 103.
  • T2B. M 5.44; SD 5.23; Mín 0; Máx 16; Suma 49.
  • AB. M 2.22; SD 2.28; Mín 0; Máx 6; Suma 20.
  • T1T2A. M 0.00; SD 0.00; Mín 0; Máx 0; Suma 0.
  • T1T2B. M 0.22; SD 0.44; Mín 0; Máx 1; Suma 2.
  • T1AB. M 0.00; SD 0.00; Mín 0; Máx 0; Suma 0.
  • T2AB. M 0.44; SD 0.73; Mín 0; Máx 2; Suma 4.
  • T1T2AB. M 0.00; SD 0.00; Mín 0; Máx 0; Suma 0.

N = 9. T1 terapeuta 1, T2 terapeuta 2, A clienta y B cliente

Tabla 4 — Sincronía de movimientos por grupo de sincronía a lo largo de nueve sesiones

  • T1T2. M 30.44; SD 12.3; Mínimo 12; Máximo 52; Suma 274.
  • T1A. M 6.89; SD 3.3; Mínimo 2; Máximo 13; Suma 62.
  • T1B. M 9.33; SD 3.61; Mínimo 2; Máximo 14; Suma 84.
  • T2A. M 22.11; SD 13.08; Mínimo 6; Máximo 41; Suma 199.
  • T2B. M 9.67; SD 4.64; Mínimo 3; Máximo 18; Suma 87.
  • AB. M 6.22; SD 4.79; Mínimo 1; Máximo 14; Suma 56.
  • T1T2A. M 1.56; SD 1.67; Mínimo 0; Máximo 5; Suma 14.
  • T1T2B. M 1.89; SD 2.26; Mínimo 0; Máximo 6; Suma 17.
  • T1AB. M 2.78; SD 2.17; Mínimo 0; Máximo 6; Suma 25.
  • T2AB. M 1.56; SD 2.83; Mínimo 0; Máximo 9; Suma 14.
  • T1T2AB. M 1.33; SD 1.73; Mínimo 0; Máximo 5; Suma 12.

N = 9. T1 terapeuta 1, T2 terapeuta 2, A clienta y B cliente

Las tablas 3 y 4 indican que, para algunas agrupaciones de sincronía, hubo sesiones en las que no se produjo ninguna sincronía. El examen cualitativo revela que la sincronía postural se produjo sobre todo entre el terapeuta 2 y la clienta (A), entre el terapeuta 2 y el cliente (B), entre el terapeuta 1 y el cliente (B) y entre los coterapeutas (tabla 3). La sincronía de movimientos se produjo sobre todo entre los coterapeutas y entre el terapeuta 2 y la clienta (A) (tabla 4). Las sincronías de movimientos consistían sobre todo en asentimientos de cabeza (59% de todas las sincronías de movimientos). Cabe destacar que la sincronía no verbal entre los miembros de la pareja no era tan frecuente. Todas las frecuencias de sincronía postural y de movimientos por grupo de sincronía para cada sesión se presentan en el apéndice 1.

Análisis estadístico

La diferencia de sincronía no verbal entre sesiones

Las diferencias en las frecuencias de posturas y movimientos por sesión se calcularon mediante GEE y un modelo log-lineal de Poisson. Se consideró que los residuos de Pearson con un valor absoluto superior a 2.0 se desviaban significativamente del modelo estimado.

La sincronía postural fue significativamente superior a la media estimada en las sesiones 2 y 9 (residuo de Pearson 2.506 y 3.052, respectivamente) e inferior a la media estimada en la sesión 3 (residuo de Pearson − 3.133). La sincronía de movimientos fue superior a la media estimada en la sesión 10 (residuo de Pearson 6.012) e inferior a la media estimada en las sesiones 2 y 6 (residuo de Pearson − 4.004 y − 3.282, respectivamente). En las sesiones 2 y 6, las personas participantes llevaban un equipo de medición del sistema nervioso autónomo que restringía el movimiento de su mano no dominante. En las sesiones en las que el bebé estaba en el regazo de uno de los progenitores (sesiones 3, 6, 7 y 10), la cantidad de sincronía no difirió de la de las demás sesiones (salvo la sincronía postural en la sesión 3 y la sincronía de movimientos en la sesión 6). En las demás sesiones, ninguna frecuencia de sincronía postural o de movimientos fue superior o inferior a las medias estimadas.

Análisis cualitativo del proceso terapéutico

El análisis cualitativo del proceso terapéutico comenzó con el examen de las frecuencias de sincronía postural y de movimientos en las sesiones (figs. 1 y 2) y de las evaluaciones de la alianza terapéutica de las personas participantes en las sesiones (fig. 3). Después, las sincronías no verbales se contrastaron con las evaluaciones de la alianza.

Sincronía postural por grupo de sincronía y por sesión. Esta figura muestra las sincronías posturales por grupo de sincronía en cada sesión observada (2–9)
Fig. 1. Sincronía postural por grupo de sincronía y por sesión. Esta figura muestra las sincronías posturales por grupo de sincronía en cada sesión observada (2–9)
Frecuencias de sincronía de movimientos por grupo de sincronía y por sesión. Esta figura muestra la suma de todas las sincronías de movimientos por grupo de sincronía en cada sesión observada (2–9)
Fig. 2. Frecuencias de sincronía de movimientos por grupo de sincronía y por sesión. Esta figura muestra la suma de todas las sincronías de movimientos por grupo de sincronía en cada sesión observada (2–9)
Puntuaciones SRS de las personas participantes por sesión. Esta figura muestra las evaluaciones de la alianza de las personas participantes en cada sesión (1–9), realizadas con la Session Rating Scale (SRS).
Fig. 3. Puntuaciones SRS de las personas participantes por sesión. Esta figura muestra las evaluaciones de la alianza de las personas participantes en cada sesión (1–9), realizadas con la Session Rating Scale (SRS). Se presenta la suma de las puntuaciones de cada participante en cada sesión. Para mayor claridad de la figura, el eje y empieza en la puntuación 25 y no en 0

Sincronía no verbal

La sincronía postural (fig. 1) se produjo principalmente en díadas, y solo rara vez entre tres personas. Tres díadas tuvieron más sincronía postural que cualquiera de las demás: los coterapeutas (todas las sesiones salvo la 3 y la 6), el cliente (B) y el terapeuta 1 (todas las sesiones salvo la 6), y la clienta (A) y el terapeuta 2 (de la sesión 4 a la 9). El terapeuta 2 estuvo también en sincronía con el cliente en la mayoría de las sesiones (salvo en la sesión 6). Parecía que el terapeuta 2 participaba más en la sincronía postural que el terapeuta 1. Al comienzo de la terapia, la clienta no estaba en sincronía postural con nadie salvo con su marido. A medida que avanzaba la terapia, se implicó más activamente en las sincronías no verbales, y ella y el terapeuta 2 estuvieron en sincronía postural con bastante frecuencia. La sincronía postural entre los miembros de la pareja no era tan frecuente, pero se produjo en las sesiones 2, 3, 5, 8, 9 y 10.

Las sincronías de movimientos por grupo de sincronía en las sesiones se muestran en la fig. 2. Las sincronías de movimientos presentadas son la suma de todos los tipos de sincronía de movimientos, es decir, de cabeza, brazo, mano, piernas, tronco y otros. Una gran parte de las sincronías de movimientos en general eran sincronías de movimientos de cabeza, es decir, asentimientos. A lo largo del proceso terapéutico hubo sincronía de movimientos en díadas, tríadas e incluso en la tétrada. La sincronía de movimientos en general, así como las sincronías triádicas y tetrádicas, se produjeron con mayor frecuencia hacia el final del proceso terapéutico (sesiones 8, 9 y 10). La sesión 6 se diferenció de todas las demás en cuanto a la cantidad de sincronía postural y de movimientos, ya que fue la que menos sincronía tuvo. Los coterapeutas, así como el terapeuta 2 y la clienta, mostraron la mayor cantidad de sincronía de movimientos a lo largo de todo el proceso terapéutico.

La alianza terapéutica

Las puntuaciones de la alianza (SRS) evaluadas por los terapeutas y por la pareja variaron de una sesión a otra. La figura 3 muestra la suma de las puntuaciones SRS de cada participante por sesión. La primera sesión se incluye en la figura aunque no estuviera disponible para el análisis de la sincronía no verbal. Todas las personas participantes evaluaron que la alianza de la primera sesión era débil; la clienta, en particular, la evaluó como extremadamente débil.

Al examinar el proceso en su conjunto, parecía que la alianza mejoraba de la sesión 2 a la 5; sin embargo, la alianza se evaluó como más débil en la sesión 6. Después de la sesión 6, las evaluaciones de las personas participantes divergieron. Las evaluaciones de la clienta fueron estables a partir de la sesión 2, con solo una ligera mejora en las dos últimas sesiones, mientras que las evaluaciones del cliente cambiaban de una sesión a otra. Los terapeutas parecían coincidir sobre la alianza de la sesión 1 a la 6, tras lo cual sus evaluaciones difirieron; es decir, cuando uno de los terapeutas evaluaba la alianza como más sólida que en la sesión anterior, el otro la evaluaba como más débil. Las evaluaciones de la alianza del cliente y del terapeuta 1 fueron notablemente similares a partir de la sesión 3 y solo difirieron en la última sesión.

Triangulación de las sincronías no verbales y de las evaluaciones de la alianza terapéutica

Al comienzo del proceso terapéutico, los terapeutas evaluaron la alianza como débil (sesiones 1 a 3). En la segunda sesión, los coterapeutas estuvieron con frecuencia en sincronía postural y, en la tercera, tuvieron más sincronía de movimientos que en la sesión anterior. Una interpretación posible es que los terapeutas trabajaran en el plano corporal, es decir, de forma no verbal, para establecer una base segura para la terapia. La sexta sesión también fue evaluada por todas las personas participantes como de alianza más débil; cabe destacar que en esa sesión no hubo sincronía postural entre los terapeutas y que la sincronía de movimientos entre los coterapeutas no fue tan frecuente como en otras sesiones. La sincronía postural de la sexta sesión se dio casi por completo entre el terapeuta 2 y la clienta. Esta díada concentró también la mayor parte de la sincronía de movimientos en esa misma sesión.

Es interesante señalar que, cuando las sesiones habían sido evaluadas como de alianza más débil (la sesión 1 por todas las personas participantes y la sesión 6 por todas salvo la clienta), los coterapeutas se sincronizaron más entre sí en la sesión siguiente. Es como si hicieran un esfuerzo conjunto, encarnado, por reforzar la alianza creando sintonía entre ellos, comunicando así posiblemente a la pareja que les interesaba lo que se estaba tratando. La clienta, que participó en la mayoría de las sincronías de la sesión 6, no evaluó la alianza como más débil en esa sesión. Pero, en conjunto, la clienta evaluó todas las sesiones de una manera tan estable que resultaba difícil interpretar sus patrones de sincronía no verbal y sus evaluaciones.2

Al comparar las evaluaciones individuales de la alianza con las sincronías no verbales, se constató que el cliente evaluó la alianza como más sólida en las sesiones 2, 5, 7, 9 y 10, en las que hubo sincronía postural entre los coterapeutas.3 En la cuarta sesión, la clienta evaluó la alianza como ligeramente más sólida; en esa sesión, empezó a tener más sincronía postural, principalmente con el terapeuta 2. Antes de esa sesión, había estado en sincronía postural sobre todo con su marido.

En las sesiones en las que el cliente y el terapeuta 1 evaluaron la alianza como más débil, la clienta estuvo en sincronía de movimientos con el terapeuta 2 (sesiones 3, 6 y 8). En esas sesiones, estas sincronías de movimientos eran principalmente asentimientos de cabeza, mientras la clienta hablaba activamente y el terapeuta 2 respondía.

En las sesiones en las que los coterapeutas evaluaron en sentidos opuestos (sesiones 7, 8, 9 y 10), no se apreciaba ningún patrón claro en las sincronías no verbales. Hacia el final de la terapia, tanto las sincronías de movimientos como las posturales fueron más frecuentes e implicaron a más participantes; al mismo tiempo, las personas participantes evaluaron la alianza como más sólida.

Un episodio de sesión que ilustra la sincronía postural

El pasaje siguiente es un breve episodio de la segunda sesión de terapia que muestra cómo se produjo la sincronía postural durante el diálogo. Antes de este episodio, se había hablado de una discusión que había tenido la pareja. La clienta había sentido que el cliente no le había sido leal a ella ni a su familia. Sentía, más bien, que él había sido leal a su familia de origen, ya que no la defendía de las críticas que su familia le dirigía. Justo antes de este episodio, el terapeuta 1 había confrontado al cliente preguntándole si sentía que su familia de origen lo abandonaría si se ponía del lado de su esposa, y él admitió que al principio sería difícil. La sincronía postural se señala en cursiva en la transcripción, debajo del diálogo hablado, con corchetes que indican el momento exacto en que se produjo. Las convenciones de transcripción se explican en el «Apéndice 3». Se utilizan los seudónimos «John» y «Lisa» para la pareja. El terapeuta 1 es T1 y el terapeuta 2 es T2.4

((T2 está en la misma postura que John))

T2: sí

T1: pero es posible (1) de alguna manera lo que tú piensas (.) Lisa que (.).hh que si: y al parecer cuando John ha tenido experiencias continuas de que esa familia (.) no lo sujeta (1) de que lo abandona de distintas maneras (.) distintos miembros de la familia ahí (.) ahí pasan cosas de las que no se habla etcétera es muy
[((T2 abandona la postura compartida con John))
(1).hh como incierto (.).hh que precisamente esta (.) incertidumbre (.) arrastra ((gesticula)) en esa dirección

Lisa: mmm yo-
[((T2 adopta la misma postura que John))

T1: que qu-que de alguna manera uno tendría como que comprobar si todavía hay algo (.) a lo que agarrarse y luego cuando: (.) estás (.) o sea esto es una tontería pero (.) la gente hace

Lisa: mm

T1: y siente tonterías (.) que cuando estás tú (.) que estás ahí (.) los niños que están
[((T2 abandona la postura compartida))
ahí (.) así que (.) así que es como (.) entre comillas evidente
[((T2 adopta la postura de John))

Lisa: ¿mmm? ((levanta la vista))

T1: ¿p-puede ser que vaya más o menos así?

Lisa: sí

T1: de forma ilógica pero (.) de algún modo en su ilogicidad (.) comprensible
[((John abandona la postura compartida con T2))

Lisa: mmm (1) yo sí que pensaba de alguna manera que en cierto modo viene de ahí (1) como de esa especie de (.) anhelo de una familia o (.) como anhelo del amor de esa familia o algo así (1)

T2: ((suspiro profundo, carraspea))
[((ambos terapeutas cambian de postura))

En este episodio, el terapeuta 2 entró en sincronía postural con el cliente y salió de ella. Podría interpretarse que el terapeuta 2 mostraba empatía hacia el cliente mientras el terapeuta 1 hablaba de sus actos e intentaba darles sentido junto con la clienta. El dispositivo con dos terapeutas presentes permitía que uno de ellos abordara temas difíciles mientras el otro podía empatizar en el plano físico con el otro miembro de la pareja. Curiosamente, cuando el terapeuta 1 estaba a punto de terminar su turno de palabra, el cliente abandonó la postura compartida con el terapeuta 2, como si comunicara a los demás que estaba conforme con el comentario del terapeuta. El terapeuta 2 se movió mucho en este episodio, lo que también podría interpretarse como un signo de incomodidad sobre qué postura adoptar en la situación. Después de este episodio, siguieron hablando de la violencia que se había producido en la pareja y de su impacto en la confianza entre ambos.

Discusión

El objetivo de este estudio era crear un esquema de codificación para observar la sincronía no verbal en terapia de pareja, centrado en las imitaciones implícitas de conductas no verbales idénticas, con un registro temporalmente preciso de las conductas. Se eligió la observación como método, ya que los métodos de diferenciación de fotogramas no permitirían discernir la similitud de los movimientos, aunque la observación requiere mucho tiempo y depende de la pericia de quienes observan. El análisis cualitativo dio lugar a dos categorías principales: la sincronía postural y la sincronía de movimientos (mimetismo). Se ha demostrado que la sincronía postural está relacionada con la sintonía (Sharpley et al. 2001) y con la empatía percibida de terapeutas (Maurer y Tindall 1983), y que la sincronía de movimientos (es decir, el mimetismo) aumenta la simpatía y la sintonía (Chartrand y Lakin 2013) y está relacionada con la empatía (Sonnby-Borgström y Jönsson 2003). Nuestro interés era ver si estas conductas de sincronía no verbal, de las que se ha demostrado que influyen en las relaciones, afectaban también a las evaluaciones de la alianza terapéutica de las personas participantes en terapia de pareja.

Dado que el esquema de codificación se desarrolló a partir de resultados de investigaciones anteriores, es un método teóricamente fundamentado para estudiar la sincronía no verbal en psicoterapia. Los modelos teóricos de Baimel et al. (2015) y de Koole y Tschacher (2016) han sugerido que la sincronía no verbal ayuda a comprender a los demás; sin embargo, este tema requiere más investigación, sobre todo en el contexto de la terapia de pareja.

La precisión temporal era importante porque otro de los objetivos era utilizar el esquema de codificación junto con información procedente de otras modalidades de la psicoterapia, como el diálogo. De hecho, el esquema de codificación ya se ha utilizado en relación con el diálogo y las reacciones corporales de las personas participantes en dos estudios cualitativos (Kykyri et al. 2019; Nyman-Salonen et al. 2020). Cuando el esquema de codificación se utiliza en investigación cualitativa, resulta muy informativo para quien investiga y observa las sesiones. Incluso ver las sesiones sin escuchar el diálogo permite a quien observa hacerse una idea del clima de la sesión. Con los métodos automatizados, esta información tácita se pierde.

Crear un esquema de codificación no fue una tarea sencilla. Era esencial que las definiciones de las categorías observadas fueran inequívocas para que las personas observadoras hicieran observaciones similares. Se obtuvo una fiabilidad interevaluadores excelente para el esquema de codificación. Esto se debió en parte a las definiciones concretas de las categorías de sincronía no verbal, basadas en la apariencia física exacta de las conductas no verbales de las personas participantes. Esto redujo el sesgo de observación, ya que exigía una valoración menos subjetiva.

Durante el desarrollo, se observó un proceso de terapia de pareja. La pareja había acudido a terapia por problemas de lealtad en la relación, y había antecedentes de violencia interpersonal en la pareja. El caso se eligió de un conjunto de datos recogido en el proyecto de investigación Relational Mind. El conjunto de datos incluía casos de terapia de pareja con dos terapeutas presentes en cada sesión; en algunas de las sesiones se registraron las reacciones del sistema nervioso autónomo de las personas participantes. En el caso de terapia de pareja estudiado aquí, hubo menos sincronía de movimientos en las sesiones en las que las personas participantes llevaban el equipo de medición del sistema nervioso autónomo, que restringía los movimientos de la mano no dominante. Esto indica que, aunque el dispositivo de investigación se diseñó para ser lo más natural posible, el equipo de medición sí restringió los movimientos de las personas participantes e influyó en los patrones de movimiento no verbal de las sesiones. La cantidad de sincronía no verbal difirió entre sesiones y entre las díadas implicadas. No pudo discernirse ningún patrón global claro, salvo que la sincronía de movimientos era más frecuente hacia el final del proceso terapéutico y que en ella participaban todas las personas.

La terapia de pareja como contexto hace que el estudio de la sincronía no verbal resulte apasionante, ya que hay múltiples relaciones presentes, a saber, la relación entre los cónyuges y la relación entre el o los terapeutas y cada uno de los cónyuges por separado. La sincronía no verbal entre los miembros de la pareja puede indicar el grado de satisfacción con su relación (Julien et al. 2000), mientras que la sincronía entre terapeuta y cliente puede indicar empatía (Maurer y Tindall 1983) o sintonía (Sharpley et al. 2001). La sincronía entre los miembros de la pareja en el caso estudiado aquí no fue muy considerable, lo cual era de esperar, ya que tenían dificultades en su relación. Como había dos terapeutas presentes, había cuatro díadas terapeuta-cliente posibles que podían sincronizarse. Distintas díadas terapeuta-cliente se sincronizaron en distintas sesiones. La sincronía no verbal pudo observarse tanto entre quienes participaban en la conversación como entre quienes escuchaban. Esto ya se había demostrado en un estudio de caso microanalítico sobre la formación de alianzas en terapia de pareja (Kykyri et al. 2019). Con dos terapeutas presentes, también se produjo sincronía no verbal entre los coterapeutas. La sincronía no verbal entre los coterapeutas podría interpretarse como un signo de que los terapeutas estaban en sintonía o se apoyaban mutuamente en la tarea que tenían entre manos.

En este caso de terapia de pareja, ambos terapeutas sincronizaron sus posturas con la del cliente. Puede que ambos terapeutas reconocieran implícitamente5 la importancia de conectar con el cliente debido a su historia de dificultades interpersonales, incluida la violencia. Según estudios recientes, las y los pacientes con quienes terapeutas se sincronizan más tienden a referir más problemas interpersonales (Ramseyer 2020). Esto concuerda bien con el caso estudiado aquí. Una gran cantidad de sincronía no verbal entre terapeuta y cliente se ha relacionado también con la ausencia de mejoría (Paulick et al. 2018). Se ha sugerido que terapeutas redoblan sus esfuerzos con estas personas. Esto también podría aplicarse al caso estudiado aquí. Sin embargo, la investigación previa sobre la sincronía no verbal en psicoterapia se ha realizado en contextos de psicoterapia individual, lo que dificulta extraer conclusiones para el contexto de la terapia de pareja. Un aspecto que también podría haber influido en la sincronía no verbal es que ambos terapeutas eran hombres. Puede que les resultara más fácil sincronizarse implícitamente con el cliente.

En este caso, el otro terapeuta se sincronizó también implícitamente con la clienta, posiblemente con el objetivo de mantenerla implicada en el proceso terapéutico y animarla a hablar de sus sentimientos y pensamientos sobre la relación. Algo importante: parecía que los terapeutas compensaban las sincronías no verbales y se ocupaban de que ambos cónyuges participaran en la sincronía no verbal con ellos. Podría tratarse de un medio implícito y no verbal de prevenir el desarrollo de una alianza dividida, en la que uno de los cónyuges siente que la terapia es beneficiosa pero el otro no.

La presencia de dos terapeutas en el estudio de caso permitió investigar cómo gestionaban el proceso terapéutico en el plano corporal. Los coterapeutas sincronizaban sus posturas entre sí, sobre todo al principio del proceso terapéutico, y la sincronía de movimientos entre los terapeutas (principalmente en forma de asentimientos) fue frecuente a lo largo de todo el proceso. Además, los dos terapeutas parecían adoptar implícitamente posiciones diferentes durante las sesiones. En el conjunto del proceso terapéutico, uno de los terapeutas trabajaba más en el plano corporal, sincronizándose con las demás personas participantes, mientras que el otro se mantenía más pasivo en su conducta corporal. Sin embargo, las posiciones de los terapeutas también podían cambiar rápidamente durante las sesiones, de modo que el terapeuta más pasivo se implicaba activamente en la sincronía no verbal mientras el otro estaba menos activo. Los patrones dependían del reparto de tareas entre los terapeutas, de los temas tratados y de las personas que participaban en la conversación.

En este estudio de caso, el episodio elegido para ilustrar la sincronía postural mostraba el reparto de tareas entre los terapeutas. Mientras uno de ellos hablaba del cliente e intentaba dar sentido a sus motivaciones junto con la clienta, el otro sincronizaba sus posturas con el cliente, empatizando así con él, ya que el cliente podía sentirse amenazado al ser objeto de examen.

En este estudio de caso, la sexta sesión destaca en la investigación del proceso terapéutico. Se observó menos sincronía no verbal entre todas las personas participantes, y casi todas las sincronías observadas se dieron entre la clienta y uno de los terapeutas. No puede descartarse que el equipo de medición del sistema nervioso autónomo que llevaban las personas participantes influyera en la cantidad de sincronía de movimientos. Sin embargo, investigaciones anteriores sobre esta sesión concreta han mostrado que la clienta planteó la amenaza del divorcio (Itävuori et al. 2015). Parece probable que tratar temas difíciles influyera en las sincronías no verbales: cuando la clienta sacó este tema difícil, uno de los terapeutas respondió, señalando con su sincronía que le interesaba escuchar lo que ella tenía que decir, mientras que las demás personas participantes no reaccionaron sincronizándose de forma no verbal. Todas las personas participantes salvo la clienta evaluaron esta sesión como de alianza más débil que la sesión anterior.

En cuanto a la relación entre la sincronía no verbal y la alianza, los resultados del análisis cualitativo fueron dispares: participar en la sincronía no verbal no siempre se relacionaba con evaluar la alianza como más sólida, y observar a otras personas en sincronía llevaba a veces a quien observaba a valorar la alianza como más débil y, otras veces, como más sólida.

La clienta evaluó la alianza de la sexta sesión con la misma solidez que la de las demás sesiones (mientras las demás personas la evaluaban como más débil). Como se ha mencionado, en esa sesión participó activamente en la sincronía postural y de movimientos con uno de los terapeutas; de hecho, la mayoría de las sincronías no verbales de esa sesión se produjeron entre la clienta y uno de los terapeutas. El hecho de que la mayoría de las sincronías de esa sesión se produjeran en una sola díada podría verse como una división en la conducta de sincronía no verbal. Curiosamente, todas las personas salvo la clienta evaluaron la alianza de esa sesión como más débil, incluso el terapeuta que participaba en la sincronía no verbal con ella. No obstante, por precaución, hay que decir que las evaluaciones de la alianza de la clienta se mantuvieron bastante estables a lo largo de todo el proceso terapéutico, mientras que las del cliente cambiaron de una sesión a otra.

Un ejemplo opuesto de cómo observar a otras personas sincronizarse afectaba a las evaluaciones de la alianza es que, en las sesiones en las que los coterapeutas estaban con frecuencia en sincronía postural, el cliente evaluó la alianza como más sólida. La sincronía postural entre los coterapeutas podría haberse percibido como un signo de sintonía entre ellos; o bien podría haber creado una impresión general de empatía que quizá afectó al cliente. Observar la sincronía no verbal puede tener, por tanto, efectos opuestos, según el contexto y según cómo interprete esa sincronía no verbal quien la observa; es decir, puede verse como algo positivo, como una actitud empática, o puede hacer que quien observa se sienta al margen.

Un aspecto que debe tenerse en cuenta al interpretar las medidas de la alianza es que la pareja evaluó a los coterapeutas como equipo y que los terapeutas evaluaron la alianza en relación con ambos cónyuges simultáneamente; por tanto, no fue posible ver si habría habido diferencias en la alianza con respecto a uno de los cónyuges o a uno de los terapeutas. Se necesita más investigación con una medida de la alianza más específica que evalúe la alianza de cada relación por separado, ya que las alianzas divididas se han asociado al abandono de la terapia (por ejemplo, Muñiz de la Peña et al. 2009). Sería interesante ver cómo afectan los patrones de sincronía no verbal diádica a las evaluaciones de la alianza según se participe en la sincronía o solo se observe.

Un resultado interesante fue que parecía haber un pico de sincronía entre los coterapeutas en la sesión que seguía a una sesión evaluada como de alianza más débil. Investigaciones anteriores han mostrado que puede haber una gran cantidad de sincronía no verbal entre terapeuta y pacientes que no mejoran, lo que quizá indica que terapeutas redoblan sus esfuerzos con esas personas (Paulick et al. 2018). Aquí, parecía que el trabajo corporal implícito y conjunto de los terapeutas (sincronía no verbal) aumentaba cuando la alianza había sido más débil en la sesión anterior. Puede que esto desempeñara un papel importante para facilitar el proceso terapéutico y favorecer la alianza.

En este proceso terapéutico, la sincronía de movimientos aumentó hacia el final de la terapia; al mismo tiempo, mejoraron las evaluaciones de la alianza de las personas participantes. La sincronía de movimientos podría verse como un indicio de que todas las personas participantes estaban implicadas activamente en el proceso terapéutico, y esto se reflejó en la alianza.

Al valorar los resultados, hay que recordar que la terapia realizada era una terapia verbal, que privilegiaba las palabras y el diálogo, y que no se utilizó ninguna intervención corporal deliberada. Los datos de investigación se seleccionaron para el análisis a partir de un conjunto de sesiones de un proyecto de investigación que estudiaba la sincronía de las reacciones del sistema nervioso autónomo. Los terapeutas conocían este objetivo de investigación, pero no sabían que se analizaría su conducta corporal manifiesta, en especial la sincronía no verbal. Todas las sincronías fueron implícitas y no se utilizaron como intervenciones.

Implicaciones clínicas

Hay que ser prudentes al proponer implicaciones clínicas a partir de esta investigación, ya que se trata de un único estudio de caso y los resultados fueron dispares. No obstante, terapeutas de pareja podrían utilizar el esquema de codificación en supervisión o en la formación en terapia de pareja, ya que un aspecto importante es que quien ejerce la terapia de pareja tome conciencia de los patrones de sincronía no verbal en las sesiones.6 Grabar en vídeo podría ser útil, ya que no siempre es posible percibir los patrones de sincronía no verbal durante las sesiones. Como no es una práctica habitual contar con dos terapeutas, quienes realizan terapia de pareja en solitario deberían ser conscientes de sus interacciones no verbales con cada cónyuge. Puede que haya una mayor inclinación a estar en sincronía no verbal con uno de los cónyuges, lo que podría contribuir a una división no verbal.

Suponemos que la sincronía no verbal funciona probablemente mejor cuando se produce de manera implícita y no deliberada. La conducta no verbal influye en el clima de la sesión y puede interpretarse fácilmente de forma negativa si la persona en terapia siente que se utiliza a propósito. Sin embargo, cuando quien ejerce de terapeuta tiene una mayor conciencia general de la conducta no verbal, es posible mantener una receptividad no verbal hacia uno de los cónyuges mientras se habla con el otro.

Limitaciones

Las limitaciones de este estudio son las siguientes: (1) el esquema de codificación requiere personas evaluadoras formadas y mucho tiempo. Lamentablemente, no se encontró ningún método automatizado para describir la sincronía postural estática y la sincronía de movimientos similares (mimetismo) que pudiera utilizarse en sesiones tan largas como las de este estudio de caso y que fuera lo bastante seguro para utilizarlo con casos auténticos de psicoterapia. En el futuro, el esquema de codificación podría servir para crear soluciones informatizadas y parcialmente automáticas de detección de la imitación implícita de posturas y movimientos. También sería interesante comparar la sincronía no verbal obtenida con el esquema de codificación con las puntuaciones de sincronía no verbal obtenidas con métodos de diferenciación de fotogramas, para ver en detalle en qué difiere su definición de la sincronía no verbal. (2) El proceso de desarrollo del esquema de codificación comenzó con la observación detallada de un proceso de terapia de pareja. Esta postura idiográfica podría verse como un inconveniente, ya que quizá solo muestre una sincronía no verbal representativa de este caso concreto, y no permite hacer ninguna generalización sobre la sincronía no verbal en terapia de pareja. Sin embargo, la investigación idiográfica (Ramseyer 2020) en psicoterapia individual y el estudio de caso de terapia de pareja presentado aquí han mostrado que la relación entre la sincronía no verbal y la alianza es más compleja de lo que había mostrado la investigación nomotética anterior. En el futuro, se necesitarán análisis con más casos de terapia de pareja y un conjunto de datos más amplio para comprobar la generalizabilidad de los resultados. (3) La exclusión de la primera sesión de terapia podría verse como una limitación. Se debió a un problema técnico en la grabación, en la que solo aparecía la pareja y no los terapeutas. Es una lástima, ya que la primera sesión suele ser muy importante para crear la alianza. (4) En algunas sesiones estaba presente un bebé, lo que podía influir en el proceso de observación. Sin embargo, en las sesiones en las que el bebé estaba en el regazo de uno de los progenitores, no hubo una diferencia considerable en la cantidad de sincronía postural o de movimientos con respecto a las sesiones en las que esto no ocurría. La elevada fiabilidad interevaluadores también contradecía esta interpretación, ya que mostraba que la presencia del bebé no influía en el proceso de observación. Este fue, por tanto, un aspecto ventajoso de recurrir a personas observadoras en lugar de a un método automatizado de diferenciación de fotogramas; no habría sido posible utilizar los vídeos con un método así, porque el bebé en el regazo habría invadido las regiones de interés, generando datos erróneos. (5) Una limitación para la generalizabilidad podría ser el recurso a dos terapeutas. Sin embargo, esta es la forma en que siempre se realiza la terapia de pareja en el Psychotherapy Training and Research Centre de la Universidad de Jyväskylä. Uno de los motivos para recurrir a dos terapeutas es que esto previene las alianzas divididas. En este caso, ambos coterapeutas eran hombres, y es posible que los resultados hubieran sido distintos si los coterapeutas hubieran sido de sexos diferentes. (6) Si las frecuencias de sincronía no verbal obtenidas con el esquema de codificación se utilizaran únicamente para la investigación cuantitativa, sería necesario incluir una condición de pseudosincronía. La pseudosincronía consiste en crear un conjunto de datos barajado con el que se comparan las sincronías no verbales reales. Esto ayuda a establecer si la sincronía no verbal se produce por encima del nivel del azar; sin la condición de pseudosincronía, no es posible establecerlo. La pseudosincronía se excluyó principalmente por la escasa cantidad de datos de este estudio de caso, que impedía barajar los puntos de datos para crear un conjunto de datos sustituto según el procedimiento presentado por Louwerse et al. (2012). Además, la estructura de sujetos de las agrupaciones de sincronía limitaba las opciones de análisis estadístico. Se necesita más investigación con un conjunto de datos más amplio que permita los cálculos de pseudosincronía.

Estudiar el proceso psicoterapéutico observando la conducta no verbal en vídeos de terapia de pareja puede ser una tarea abrumadora. Para quien desee emprender un proceso de investigación similar, consideramos importante que el fenómeno estudiado esté bien establecido en la investigación anterior o sea algo que terapeutas de pareja destaquen a partir de su experiencia clínica. Elegir la observación como método de investigación hace imprescindible contar con un buen equipo que trabaje de forma conjunta, ya que la replicabilidad de las observaciones es crucial para que la investigación tenga validez científica.

Conclusión

En conclusión, está claro que la sincronía no verbal en terapia de pareja es un ámbito poco estudiado, ya que este estudio es uno de los primeros sobre el tema. El sistema de codificación creado aquí es replicable en otros contextos terapéuticos. Puede utilizarse cuando hay características en los vídeos que impiden el uso de métodos automatizados de diferenciación de fotogramas (como problemas de iluminación o factores perturbadores presentes en el vídeo). También podría utilizarse en supervisión o en la formación en psicoterapia para aumentar la conciencia de terapeutas sobre su conducta no verbal.

Este estudio de caso mostró que la terapia de pareja es un sistema complejo que hace posibles numerosas constelaciones de sincronía no verbal entre las personas participantes. Habitualmente, la sincronía no verbal se produce en díadas, pero como en el caso de terapia de pareja estudiado aquí había cuatro personas participantes presentes, fue posible incluso una sincronía triádica y tetrádica, algo que los métodos actuales aún no han podido estudiar.

En terapia de pareja, la sincronía no verbal afectó no solo a las personas participantes implicadas en ella, sino también a las que no lo estaban. Esto sugiere que la relación entre la sincronía no verbal y la alianza en terapia de pareja es más compleja de lo que ha mostrado la investigación anterior sobre psicoterapia individual.

En general, es importante investigar más la sincronía no verbal en terapia de pareja, tanto desde una postura idiográfica como nomotética, ya que el estudio presentado aquí sugiere que la sincronía no verbal influye en la relación entre terapeuta y paciente; la relación es un aspecto importante de la alianza terapéutica, que puede influir en el resultado de la terapia.

Apéndices

Apéndice 1

Frecuencias de sincronía postural y de movimientos por sesión y por grupo de sincronía

Véanse las tablas 5 y 6.

Tabla 5 Sincronías posturales por sesión y por grupo de sincronía

  • Sesión · 2 · 3 · 4 · 5 · 6 · 7 · 8 · 9 · 10
  • T1T2 · 20 · 0 · 1 · 4 · 0 · 4 · 1 · 5 · 3
  • T1A · 0 · 0 · 0 · 0 · 0 · 0 · 0 · 0 · 0
  • T1B · 3 · 2 · 6 · 6 · 1 · 7 · 8 · 7 · 16
  • T2A · 0 · 1 · 12 · 11 · 22 · 15 · 21 · 17 · 4
  • T2B · 16 · 7 · 3 · 1 · 0 · 6 · 2 · 11 · 3
  • AB · 4 · 2 · 0 · 6 · 0 · 0 · 1 · 5 · 2
  • T1T2A · 0 · 0 · 0 · 0 · 0 · 0 · 0 · 0 · 0
  • T1T2B · 1 · 0 · 0 · 0 · 0 · 0 · 0 · 1 · 0
  • T1AB · 0 · 0 · 0 · 0 · 0 · 0 · 0 · 0 · 0
  • T2AB · 0 · 1 · 0 · 2 · 0 · 0 · 0 · 1 · 0
  • T1T2AB · 0 · 0 · 0 · 0 · 0 · 0 · 0 · 0 · 0
  • Suma diádica · 43 · 12 · 22 · 28 · 23 · 32 · 33 · 45 · 28
  • Suma triádica · 1 · 1 · 0 · 2 · 0 · 0 · 0 · 2 · 0
  • Suma tetrádica · 0 · 0 · 0 · 0 · 0 · 0 · 0 · 0 · 0
  • Suma post. · 44 · 13 · 22 · 30 · 23 · 32 · 33 · 47 · 28

Sesiones 2–9. Díadas terapeuta 1 y terapeuta 2, terapeuta 1 y clienta A, terapeuta 1 y cliente B, terapeuta 2 y clienta A, terapeuta 2 y cliente B, y la pareja A y B. Tríadas coterapeutas y clienta A, coterapeutas y cliente B, terapeuta 1 y los cónyuges, terapeuta 2 y los cónyuges. Tétrada todas las personas participantes

Tabla 6 Sincronías de movimientos por sesión y por grupo de sincronía

  • Sesión · 2 · 3 · 4 · 5 · 6 · 7 · 8 · 9 · 10
  • T1T2 · 17 · 32 · 31 · 27 · 12 · 44 · 33 · 26 · 52
  • T1A · 2 · 8 · 8 · 13 · 5 · 6 · 4 · 6 · 10
  • T1B · 11 · 14 · 8 · 11 · 6 · 2 · 11 · 12 · 9
  • T2A · 11 · 41 · 6 · 12 · 33 · 8 · 25 · 28 · 35
  • T2B · 13 · 3 · 18 · 10 · 4 · 7 · 9 · 12 · 11
  • AB · 1 · 3 · 7 · 13 · 2 · 2 · 6 · 8 · 14
  • T1T2A · 0 · 1 · 0 · 5 · 0 · 2 · 1 · 2 · 3
  • T1T2B · 0 · 1 · 0 · 6 · 0 · 1 · 1 · 5 · 3
  • T1AB · 0 · 3 · 2 · 4 · 0 · 1 · 4 · 6 · 5
  • T2AB · 0 · 1 · 0 · 1 · 0 · 1 · 1 · 1 · 9
  • T1T2AB · 0 · 0 · 2 · 0 · 0 · 3 · 1 · 5 · 1
  • Suma diádica · 55 · 101 · 78 · 86 · 62 · 69 · 88 · 92 · 131
  • Suma triádica · 0 · 6 · 2 · 16 · 0 · 5 · 7 · 14 · 20
  • Suma tetrádica · 0 · 0 · 2 · 0 · 0 · 3 · 1 · 5 · 1
  • Suma · 55 · 107 · 82 · 102 · 62 · 77 · 96 · 111 · 152

Sesiones 2–9. Díadas terapeuta 1 y terapeuta 2, terapeuta 1 y clienta A, terapeuta 1 y cliente B, terapeuta 2 y clienta A, terapeuta 2 y cliente B, y la pareja A y B. Tríadas coterapeutas y clienta A, coterapeutas y cliente B, terapeuta 1 y los cónyuges, terapeuta 2 y los cónyuges. Tétrada todas las personas participantes

Apéndice 2

Correlaciones no paramétricas de rangos de Spearman con intervalos de confianza por bootstrap para calcular la relación entre la alianza en las sesiones y las sincronías no verbales observadas

Véanse las tablas 7, 8 y 9.

Tabla 7 Correlaciones de las puntuaciones SRS del cliente B con los grupos de sincronía no verbal postural y de movimientos

  • SRS del cliente B: relación; Sincronía postural de los coterapeutas: 0.71*
    [0.18, 0.95]; Sincronía de movimientos de T2 y la clienta A: − 0.58
    [− 0.96, 0.25]; Sincronía de movimientos de T2 y el cliente B: 0.33
    [− 0.32, 0.84]; Sincronía de movimientos de T1, T2 y la clienta A: 0.22
    [− 0.56, 0.77]
  • SRS del cliente B: objetivos y temas; Sincronía postural de los coterapeutas: 0.84**
    [0.56, 0.92]; Sincronía de movimientos de T2 y la clienta A: − 0.28
    [− 0.88, 0.59]; Sincronía de movimientos de T2 y el cliente B: 0.44
    [− 0.29, 0.88]; Sincronía de movimientos de T1, T2 y la clienta A: 0.50
    [− 0.97, 0.98]
  • SRS del cliente B:
    enfoque y método
    ; Sincronía postural de los coterapeutas: 0.89**
    [0.6, 0.97]; Sincronía de movimientos de T2 y la clienta A: − 0.30
    [− 0.93, 0.65]; Sincronía de movimientos de T2 y el cliente B: 0.45
    [− 0.46, 0.95]; Sincronía de movimientos de T1, T2 y la clienta A: 0.55
    [− 0.71, 0.95]
  • SRS del cliente B: global; Sincronía postural de los coterapeutas: 0.68*
    [0.00, 0.99],; Sincronía de movimientos de T2 y la clienta A: − 0.37
    [− 0.91, 0.33]; Sincronía de movimientos de T2 y el cliente B: 0.89**
    [0.73, 0.95]; Sincronía de movimientos de T1, T2 y la clienta A: 0.10
    [− 0.55, 0.81]
  • SRS del cliente B: suma de las subescalas; Sincronía postural de los coterapeutas: 0.92**
    [0.71, 0.99]; Sincronía de movimientos de T2 y la clienta A: − 0.42
    [− 0.93, 0.56]; Sincronía de movimientos de T2 y el cliente B: 0.60
    [− 0.12, 0.97]; Sincronía de movimientos de T1, T2 y la clienta A: 0.28
    [− 0.58, 0.86]

Los valores entre corchetes indican un intervalo de confianza del 95% para cada correlación. Para facilitar la lectura, solo se presentan los grupos de conductas de sincronía no verbal y/o las puntuaciones individuales de la SRS que incluyen correlaciones significativas
*Indica p < 0.05
**Indica p < 0.01

Tabla 8 Correlaciones de las puntuaciones SRS del terapeuta 1 con los grupos de sincronía no verbal postural y de movimientos

  • SRS de T1: relación; Sincronía postural de los coterapeutas: 0.78*
    [0.43, 0.97]; Sincronía postural del terapeuta 1 y el cliente B: 0.69*
    [− 0.21, 0.96]; Sincronía de movimientos de los coterapeutas: 0.10
    [− 0.72, 0.74]; Sincronía de movimientos de T2 y el cliente B: 0.70*
    [0.00, 0.95]; Sincronía de movimientos de T2, la clienta A y el cliente B: 0.26
    [− 0.21, 0.66]
  • SRS de T1: objetivos y temas; Sincronía postural de los coterapeutas: − 0.13
    [− 0.73, 0.81]; Sincronía postural del terapeuta 1 y el cliente B: − 0.84*
    [− 0.96, − 0.56]; Sincronía de movimientos de los coterapeutas: − 0.76*
    [− 0.97, − 0.18]; Sincronía de movimientos de T2 y el cliente B: − 0.21
    [− 0.75, 0.65]; Sincronía de movimientos de T2, la clienta A y el cliente B: − 0.68*
    [− 0.95, − 0.29]
  • SRS de T1: enfoque y método; Sincronía postural de los coterapeutas: 0.31
    [− 0.77, 0.98]; Sincronía postural del terapeuta 1 y el cliente B: 0.76*
    [0.30, 0.91]; Sincronía de movimientos de los coterapeutas: 0.62
    [0.00, 0.92]; Sincronía de movimientos de T2 y el cliente B: 0.19
    [− 0.86, 0.89]; Sincronía de movimientos de T2, la clienta A y el cliente B: 0.48
    [− 0.12, 0.85]
  • SRS de T1: global; Sincronía postural de los coterapeutas: 0.31
    [− 0.77, 0.98]; Sincronía postural del terapeuta 1 y el cliente B: 0.76*
    [0.30, 0.91]; Sincronía de movimientos de los coterapeutas: 0.62
    [0.00, 0.92]; Sincronía de movimientos de T2 y el cliente B: 0.19
    [− 0.86, 0.89]; Sincronía de movimientos de T2, la clienta A y el cliente B: 0.48
    [− 0.12, 0.85]

Los valores entre corchetes indican un intervalo de confianza del 95% para cada correlación. Para facilitar la lectura, solo se presentan los grupos de conductas de sincronía no verbal y/o las puntuaciones individuales de la SRS que incluyen correlaciones significativas
*Indica p < 0.05
**Indica p < 0.01

Tabla 9 Correlaciones de las puntuaciones SRS del terapeuta 2 con los grupos de sincronía no verbal postural y de movimientos

  • SRS de T2: relación; Sincronía postural de los coterapeutas: − 0.16
    [− 0.90, 0.63]; Sincronía postural del terapeuta 1 y el cliente B: 0.73*
    [0.56, 0.98]; Sincronía postural de la clienta A y el cliente B: − 0.05
    [− 0.56, 0.55]; Sincronía de movimientos de T1, T2 y la clienta A: 0.27
    [− 0.46, 0.93]
  • SRS de T2: objetivos y temas; Sincronía postural de los coterapeutas: − 0.70*
    [− 0.9, − 0.25]; Sincronía postural del terapeuta 1 y el cliente B: − 0.43
    [− 0.81, 0.08]; Sincronía postural de la clienta A y el cliente B: − 0.08
    [− 0.89, 0.65]; Sincronía de movimientos de T1, T2 y la clienta A: − 0.29
    [− 0.84, 0.34]
  • SRS de T2: enfoque y método; Sincronía postural de los coterapeutas: 0.47
    [− 0.74, 0.93]; Sincronía postural del terapeuta 1 y el cliente B: 0.83**
    [0.58, 0.93]; Sincronía postural de la clienta A y el cliente B: 0.25
    [− 0.43, 0.83]; Sincronía de movimientos de T1, T2 y la clienta A: 0.75*
    [0.29, 0.98]
  • SRS de T2: global; Sincronía postural de los coterapeutas: 0.61
    [0.00, 0.91]; Sincronía postural del terapeuta 1 y el cliente B: 0.18
    [− 0.57, 0.84]; Sincronía postural de la clienta A y el cliente B: 0.71*
    [0.11, 0.98]; Sincronía de movimientos de T1, T2 y la clienta A: 0.18
    [− 0.49, 0.76]

Los valores entre corchetes indican un intervalo de confianza del 95% para cada correlación. Para facilitar la lectura, solo se presentan los grupos de conductas de sincronía no verbal y/o las puntuaciones individuales de la SRS que incluyen correlaciones significativas
*Indica p < 0.05
**Indica p < 0.01

Apéndice 3

Convenciones de transcripción

Complexe Systémique: puntos clave

Este estudio de caso da cuerpo, literalmente, a una idea familiar para la práctica sistémica: en terapia de pareja, la relación terapéutica nunca es cosa de dos. Una postura compartida entre un terapeuta y la clienta puede sostenerla a ella y dejar al cliente al margen; la sintonía silenciosa de los dos coterapeutas, en cambio, parece tranquilizar al cliente, que entonces valora la alianza como más sólida. Los coterapeutas parecen además, sin saberlo, intensificar su sincronía después de una sesión difícil y repartirse los papeles: uno pregunta, el otro acompaña físicamente a la persona sometida a examen. Para la práctica, el interés es doble: un esquema sencillo para revisar los propios vídeos en supervisión y una invitación a detectar las alianzas divididas que se forman también a través del cuerpo. Los límites son los de un caso único, con dos terapeutas hombres, una pareja marcada por la violencia en la pareja, un equipo de medición que entorpecía los gestos y ninguna comparación con el azar. Para leer junto con el artículo sobre la coterapia en el Diálogo Abierto y el artículo sobre la alianza terapéutica en la terapia de pareja en línea.

Notas del original

1 La relación de la sincronía postural y de movimientos con la alianza terapéutica se calculó también mediante intervalos de confianza por bootstrap (95%) para las correlaciones no paramétricas entre las conductas de sincronía no verbal por sujeto y las medidas de la alianza de la sesión (SRS). Se utilizaron las subescalas (Relación, Objetivos y temas, Enfoque o método, y Global) y la suma de las subescalas. Los resultados figuran en el «Apéndice 2».

2 Se calcularon correlaciones no paramétricas de rangos de Spearman con intervalos de confianza por bootstrap para analizar la relación entre la alianza en las sesiones y las conductas observadas. Para facilitar la lectura, en las tablas del «Apéndice 2» solo se incluyen los grupos de sincronía no verbal y las puntuaciones SRS con correlaciones significativas. No hubo correlaciones significativas entre las evaluaciones SRS de la clienta y los patrones de sincronía no verbal.

3 Esta relación se confirmó con el análisis correlacional de las frecuencias de sincronía no verbal y las evaluaciones de la alianza terapéutica del cliente, que puede verse en la tabla 7 del «Apéndice 2».

4 La transcripción fue traducida por uno de los terapeutas.

5 Dado que la terapia era una terapia verbal y privilegiaba los métodos dialógicos, no se utilizó deliberadamente ninguna intervención de base corporal.

6 Se podría empezar por centrarse solo en reconocer las sincronías posturales, que se han relacionado con la empatía (Maurer y Tindall 1983) y se han encontrado en momentos importantes de la sesión de terapia (Raingruber 2001); después, se podría pasar a observar la sincronía de movimientos. El manual del esquema de codificación puede solicitarse a la primera autora.

Agradecimientos. Doy las gracias a quienes supervisaron mi trabajo, Prof. Juha Holma y Prof. Wolfgang Tschacher, por sus valiosos comentarios sobre el manuscrito, y a Joona Muotka por su ayuda estadística. El proyecto de investigación Relational mind in events of change in multiactor therapeutic dialogues fue financiado por la Academia de Finlandia (Human Mind Research Program 2013–2016) con la subvención n.º 265492 (incluidos el diseño del proyecto de investigación y la recogida de datos). El desarrollo del método presentado aquí fue financiado por el Departamento de Psicología de la Universidad de Jyväskylä, en Finlandia; la finalización del manuscrito fue financiada por la Fundación Kone.

Financiación. Financiación de acceso abierto proporcionada por la Universidad de Jyväskylä (JYU).

Referencias

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Traducción no oficial al español de Studying Nonverbal Synchrony in Couple Therapy—Observing Implicit Posture and Movement Synchrony, de Petra Nyman-Salonen, Anu Tourunen, Virpi-Liisa Kykyri, Markku Penttonen, Jukka Kaartinen y Jaakko Seikkula, Contemporary Family Therapy, vol. 43, n.o 1 (2021), doi: 10.1007/s10591-020-09555-5, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tablas presentadas en forma de listas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Traducción no oficial del artículo original «Studying Nonverbal Synchrony in Couple Therapy—Observing Implicit Posture and Movement Synchrony», publicado en Contemporary Family Therapy (2021) bajo licencia CC BY 4.0. Traducida y maquetada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Nyman-Salonen, P., Tourunen, A., Kykyri, V.-L., Penttonen, M., Kaartinen, J., y Seikkula, J. (2021). Studying Nonverbal Synchrony in Couple Therapy—Observing Implicit Posture and Movement Synchrony. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/studying-nonverbal-synchrony-in-couple-therapy (Obra original publicada en 2020 en Contemporary Family Therapy, 43(1), 69-87 (2021); republicada en 2021 por Contemporary Family Therapy, https://link.springer.com/article/10.1007/s10591-020-09555-5)

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