Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Human Systems · Terapia familiar
¿Por qué dos criaturas de la misma familia se llevan tan mal, o se apoyan con tanta fuerza? En la Universidad de Roehampton, un equipo filmó a tres díadas fraternas mientras jugaban y entrevistó a sus madres con las herramientas del modelo dinámico-maduracional del apego de Patricia Crittenden. En cada familia, uno de los hijos o hijas despierta en la madre una amenaza arraigada en su propia historia, y la relación fraterna se organiza en torno a ese punto sensible.
Traducción no oficial al español de Exploring the triadic parent–child–sibling relationship: How do mothers’ view of their children impact sibling relationships?, de Hannah Drzymala, Ben Grey y Nancy Fowler, publicado en Human Systems (SAGE) (2023), doi: 10.1177/26344041221145619, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de listas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
La dinámica de una relación puede servir para «apuntalar» problemas o desequilibrios de otra.
Hannah Drzymala, Ben Grey y Nancy Fowler
Resumen
El funcionamiento del subsistema fraterno suele pasarse por alto en la investigación sobre las relaciones de apego, pese a su potencial tanto amenazante como protector. Con un enfoque de casos múltiples, este estudio se propuso construir teoría sobre el modo en que la relación materno-filial y la visión que la madre tiene de cada uno de sus hijos e hijas influyen en la relación fraterna. Se evaluó a tres familias mediante la Meaning of the Child Interview, un método de análisis del discurso parental en una entrevista semiestructurada destinado a comprender la relación entre progenitor y menor, y mediante un procedimiento de juego libre entre hermanos. El estudio mostró cómo, en las relaciones con más dificultades, el niño o la niña representaba una amenaza o un desafío particular para la madre, y cómo su acomodación a ello influía en la dinámica de la relación fraterna. Puede reclutarse a un miembro de la fratría para que cuide del otro y alivie las exigencias que pesan sobre la madre, o para que se alíe con ella contra el otro; o bien la fratría puede apoyarse mutuamente para compensar lo que falta en la relación con la figura parental. Todo ello estaba influido además por desafíos sistémicos más amplios que afectaban tanto a la infancia como a la madre, como el conflicto parental o el asentamiento en un nuevo país.
Palabras clave: apego, inicios de historias (story stems), relaciones fraternas, parentalidad, relaciones entre progenitores e hijos, Parent Development Interview, estudio de caso para la construcción de teoría, mentalización
La teoría del apego ofrece una comprensión interpersonal del pensamiento, los sentimientos y el comportamiento humanos, pero en ocasiones se le ha reprochado estar demasiado centrada en la díada materno-filial. Ese enfoque descuida la red de relaciones en la que se sitúan la figura parental y el niño o la niña (Dubois-Comtois and Moss, 2008), así como la importancia de los triángulos relacionales para dar sentido a la interacción familiar (Dallos et al., 2016). Puede considerarse que cada miembro de la familia pertenece a múltiples subsistemas del sistema familiar más amplio. Entre ellos se cuentan el subsistema conyugal, el subsistema coparental y el subsistema fraterno, además del subsistema parento-filial (Pinel-Jacquemin and Zaouche Gaudron, 2012). Todos ellos interactúan e influyen continuamente unos en otros en forma de relaciones triádicas: por ejemplo, la pareja parental y su hijo o hija, o dos hermanos y una figura parental (Crittenden & Dallos, 2009). Por hermanos puede entenderse a menores con parentesco biológico o que han convivido durante un periodo significativo, como en el caso de los hermanastros. La relación fraterna existe dentro del sistema familiar y funciona, por tanto, en conexión con el sistema de cuidados y con la relación conyugal (Farnfield, 2009), lo que hace problemático estudiarla de forma aislada.
La teoría del apego es una teoría evolutiva que explica cómo la infancia se sirve de la proximidad y el apoyo de las figuras parentales para sobrevivir y gestionar el peligro del entorno. El Modelo Dinámico-Maduracional del Apego y la Adaptación de Crittenden (DMM: Crittenden et al., 2021a) da a la teoría del apego un enfoque explícitamente sistémico, por su atención explícita a las influencias sistémicas más amplias del entorno en torno a las cuales niños y niñas organizan su estrategia de apego (Crittenden et al., 2014), y por la función sistémica de la conducta de apego (Dallos et al., 2019). El apego no es simplemente una función de la relación diádica, sino que refleja la respuesta del niño o la niña a la compleja red de relaciones en la que se sitúa.
Las estrategias de apego configuran no solo el comportamiento, sino también la manera en que se asimila la información sobre uno mismo y sobre el contexto procedente de los sentidos (Crittenden & Landini, 2011). La infancia aprende a apoyarse en la información que le ayuda a mantenerse a salvo y a descartar la que es irrelevante o potencialmente peligrosa. Más concretamente, en entornos previsiblemente amenazantes, se organizan estrategias de tipo A en torno a la cognición: la información procedente del exterior sobre lo que quieren las figuras de autoridad, con el fin de prevenir el rechazo, una respuesta punitiva o la retirada de los cuidados intentando adaptarse a las figuras parentales o complacerlas. En situaciones de amenaza más imprevisible, se organizan estrategias de tipo C en torno al afecto, las señales internas de activación, en particular los sentimientos de ira, miedo y deseo de consuelo, que se exageran para que las personas cuidadoras se muestren más previsiblemente atentas y protectoras. En entornos más seguros y confortables, donde puede permitirse una respuesta más lenta e integrada que recurre a procesos corticales superiores, los patrones de tipo B integran cognición y afecto, las señales internas de activación y las predicciones externas sobre cómo podrían responder las figuras de apego (Crittenden et al., 2021a).
A medida que el niño o la niña madura, el desarrollo le ofrece cada vez más opciones, y los patrones de apego pueden volverse cada vez más sofisticados y capaces de gestionar entornos complejos. En la edad adulta, influyen en la manera en que madres y padres procesan la información sobre el peligro, no solo para sí, sino también para proteger y criar a su descendencia (Crittenden et al., 2021b). Sin embargo, esto no ocurre necesariamente de manera uniforme, ya que cada hijo o hija puede suscitar respuestas de amenaza distintas en la figura parental, en función de la historia y del contexto sistémico en que se desarrollan estas relaciones. Por ejemplo, el orden de nacimiento y los cambios en la relación conyugal pueden suscitar respuestas diferentes en la figura parental (Crittenden & Dallos, 2009; Grey & Farnfield, 2017a).
Pese a su potencial sistémico, la investigación sobre las relaciones fraternas con el DMM ha sido limitada. Crittenden utilizó la evaluación CARE-index con díadas progenitor-bebé y hermano-bebé y observó que los hijos e hijas de madres maltratadoras tenían una probabilidad significativamente mayor de maltratar a sus hermanos bebés (Crittenden, 1984). Dos estudios basados en el DMM han examinado si los hermanos comparten las mismas estrategias de apego. Farnfield (2017) evaluó 30 díadas fraternas con la DMM School-age Assessment of Attachment y encontró que el 80% compartía un patrón seguro (B) o inseguro (A o C). Sin embargo, al examinar más concretamente las estrategias de apego, constató que era poco probable que la fratría compartiera estrategias A o C normativas, asociadas a contextos relativamente libres de peligro. No obstante, el 30% compartía estrategias A superiores, que surgen en contextos de amenaza grave, lo que sugiere que, a medida que aumenta el peligro, hay menos estrategias adaptativas disponibles para las díadas fraternas (Farnfield, 2017). Del mismo modo, Kozlowska y Elliott (2017) encontraron que solo seis de veintiséis grupos fraternos compartían la misma estrategia de apego.
Otras investigaciones basadas en el apego, ajenas al DMM, han hallado que la concordancia del apego entre hermanos puede repercutir en la propia relación fraterna, ya que las díadas que compartían un patrón de apego se percibían como más cálidas entre sí. Las representaciones compartidas de su entorno y de sus figuras de apego predecían mejor la calidad de la relación fraterna que la seguridad del apego individual (Kriss et al., 2014).
La capacidad de un niño o una niña para mentalizar (dar un sentido adecuado a la vida mental propia y ajena) se ha relacionado con su estrategia de apego y con los cuidados parentales, y parece influir en la relación fraterna (Luyten & Fonagy, 2014; Paine et al., 2021). En el juego, una mentalización de nivel superior, asociada a las estrategias B, puede verse como la integración de la información generada externamente y de la generada internamente, y como la capacidad de ser creativo, de recurrir al humor y de reparar las relaciones (Farnfield & Onions, 2022). Paine et al. (2021) encontraron que las díadas fraternas con una relación más positiva utilizaban más lenguaje de estados internos, más referencias a la cognición y compartían más humor durante el juego. El uso de lenguaje de estados internos durante el juego también se ha asociado negativamente con la cantidad de conflicto observada en las díadas fraternas, y el lenguaje de estados internos durante el conflicto se asoció negativamente con el antagonismo en la relación, lo que indica de nuevo que la mentalización parece influir en la calidad de las relaciones fraternas (Howe et al. 1998, 2002).
Varios estudios han constatado que los cuidados maternos influyen en las relaciones fraternas. El disfrute materno del rol parental se ha relacionado con conductas más prosociales y afectuosas entre hermanos, mientras que la negatividad y la depresión maternas se han asociado a un aumento de la hostilidad y el conflicto fraternos (Brody et al., 1986; Lemery and Goldsmith, 2003; Jenkins et al., 2012). El uso por parte de las madres de una orientación positiva para entrenar las habilidades sociales con los hermanos se asoció negativamente con el conflicto fraterno, mientras que una implicación autoritaria se vinculó a un aumento de dicho conflicto (Chen, 2019). La vivencia emocional de la parentalidad, la relación con el otro progenitor, así como el estado de salud mental y la calidad de las relaciones individuales con cada hijo o hija, influyen en la hostilidad, la cooperación, el conflicto y las conductas afectuosas entre hermanos (Brody et al., 1986; Lemery and Goldsmith, 2003; Jenkins et al., 2012).
Cabe destacar que madres y padres no siempre tratan por igual a sus hijos e hijas, y que ello puede influir en cómo se tratan entre sí. Quienes percibían tener más conflicto con su madre que su hermano o hermana presentaban más conflictos fraternos (Shanahan et al., 2008). Pauker et al. (2017) encontraron que, cuando quien ocupaba el lugar de mayor estaba en desventaja, mostraba niveles más altos de comprensión social hacia su hermano o hermana que cuando la figura favorecida era la mayor e interactuaba con una persona menor desfavorecida. El equipo autor sugirió que se debía a que quien es mayor observa la interacción de la figura parental con el resto de la fratría y aprende de ella. Este resultado concuerda con el estudio de Crittenden (1984), según el cual los hijos e hijas de figuras parentales clasificadas como sensibles en su evaluación CARE-index con sus bebés mostraban la mayor sensibilidad con sus hermanos bebés.
Estos resultados indican que la sensibilidad materna diferencial puede influir en el conflicto, la calidez, la sensibilidad y la comprensión social entre hermanos, y que el orden de nacimiento del hermano o la hermana desfavorecida también puede influir en estos factores. Sin embargo, la metodología predominantemente cuantitativa de estos estudios abstrae factores generales de su contexto sistémico particular, por lo que no permite examinar cómo interactúan ni inferir los procesos concretos mediante los cuales esto podría ocurrir. Al analizar las relaciones en este nivel local, con la información triádica, sistémica y contextual intacta, este estudio se pregunta cómo y de qué manera los cuidados maternos y, en particular, las percepciones maternas del hijo o la hija influyen en las relaciones fraternas.
Para esta investigación se eligió un diseño de estudio de casos múltiples, por tratarse de un enfoque cualitativo, exploratorio y orientado a la construcción de teoría. La metodología del estudio de caso permite examinar de forma holística cómo funcionan las relaciones en su entorno real y analizar en profundidad qué factores influyen en ellas (Diaz, 2009). La mayor parte de la investigación previa en este ámbito ha sido cuantitativa y se ha centrado en un aspecto específico de los cuidados, o en la influencia de la experiencia de cuidado sobre un aspecto concreto de la relación fraterna, como el conflicto. Este estudio pretendía colmar esa laguna comprendiendo cómo funcionan las relaciones de cuidado individuales y cómo funciona la relación fraterna, para teorizar sobre el modo en que se vinculan.
Cada caso se examinó de forma individual, y se elaboró la formulación correspondiente sobre cómo la relación parento-filial y la visión que la figura parental tiene de cada hijo o hija influían en la relación fraterna. A continuación se realizó una comparación cruzada de los casos y de la investigación previa, a partir de la cual se construyó una teoría sobre cómo la relación parento-filial y la visión parental del hijo o la hija influyen en la relación fraterna.
En cada familia se recogieron dos evaluaciones: una Meaning of the Child Interview (MotC) y un vídeo de juego libre entre hermanos.
La MotC es una evaluación del discurso parental basada en el DMM, elegida por su capacidad de arrojar luz tanto sobre la relación parento-filial como sobre su contexto sistémico (Grey & Farnfield, 2017a,b). Utilizó una versión modificada de la Parent Developmental Interview (PDI: Aber et al., 1985) con preguntas que abordan el contexto sistémico de la parentalidad. La codificación de una MotC produce una evaluación del riesgo relacional y de los patrones de cuidado, así como de la capacidad de la figura parental para mentalizar respecto a su hijo o hija. Los patrones parentales de cuidado se refieren a cómo podrían ser vividos por el niño o la niña: los patrones sensibles evidencian relaciones mutuamente placenteras; los patrones controladores muestran una necesidad de cambiar al niño o la niña, de un modo que puede vivirse como intrusivo; los patrones no responsivos indican una retirada psicológica de la figura parental. A las entrevistas se les asigna también una categoría de riesgo en función del grado de sensibilidad (Grey and Farnfield 2017b). El discurso de la MotC se analizó cualitativamente para comprender cómo ve la figura parental a cada uno de sus hijos e hijas, su capacidad para adoptar su perspectiva, su implicación en el funcionamiento reflexivo y cómo funciona la relación parento-filial (Grey & Farnfield, 2017a).
Aunque la MotC no evalúa el apego, la entrevista plantea preguntas que exploran la crianza de la figura parental y su relación con sus propios padres, y puede aportar información pertinente sobre su estrategia de apego y sobre cómo esta puede estar orientando sus cuidados. Estas preguntas se codificaron con el método DMM de análisis del discurso adulto relacionado con el apego (Crittenden & Landini, 2011). Aunque esta sección relativamente breve no permite la especificidad de una Adult Attachment Interview (AAI) completa, utilizado de este modo cualitativo para la formulación de casos, este análisis ha resultado fructífero en estudios con una metodología similar (Dallos et al., 2020; Grey et al., 2021). Las entrevistas se realizaron por Zoom debido a las restricciones relacionadas con la COVID.
Se pidió a las madres que filmaran a sus hijos e hijas jugando a la vez en la misma habitación durante 10-15 min. Aunque el contexto de esta investigación, en plena pandemia de COVID, lo hacía necesario, la presencia de la madre en el juego fraterno resultó útil, dado que el objetivo de la investigación era evaluar la influencia de la relación materno-filial sobre la fraterna. La duración real de los vídeos osciló entre 6 y 18 min. Los vídeos se codificaron con constructos procedentes de las dos evaluaciones basadas en el DMM que valoran la función relacional del comportamiento: el Infant CARE-index (Crittenden 2010) y la Child Attachment and Play Assessment (CAPA: Farnfield, 2016).
El CARE-index evalúa cómo funcionan dentro de la relación los patrones de comportamiento del bebé y de la persona cuidadora. Ofrece una comprensión de la calidad de la relación diádica, así como del riesgo dentro de la relación (Crittenden, 2010). En la codificación de un CARE-index se examinan siete aspectos del comportamiento: expresión facial, expresión vocal, posición y contacto corporal, activación y afecto, alternancia de turnos, control y elección de la actividad (Crittenden, 2010). Estos aspectos del comportamiento se aplicaron al vídeo de juego fraterno para obtener una codificación del patrón de comportamiento de cada menor y una puntuación de sincronía diádica. La sincronía diádica se refiere al nivel de cooperación y sensibilidad dentro de una díada, que hemos representado de forma categórica como colaborativa, gestionada, con dificultades y en crisis. En todos los casos, uno de los dos (normalmente, aunque no siempre, el o la mayor) parecía tener más poder en la relación y dirigía a menudo el juego, mientras el otro respondía y se adaptaba para mantenerse en la interacción. Para recogerlo, aplicamos de forma tentativa tanto los constructos de cuidado/parentales del CARE-index (sensibilidad, falta de respuesta y control) como los patrones infantiles (cooperación, dificultad, pasividad y complacencia). Cada uno se explica con más detalle más adelante, en contexto. Dada esta adaptación, todas estas categorías se utilizan solo por analogía y de forma cualitativa, para poner de relieve aspectos importantes de la interacción diádica.
Como el Infant CARE-index se diseñó para utilizarse con figuras parentales y bebés, fueron necesarios los constructos de la CAPA, concebida para niñas y niños de tres a once años, a fin de comprender mejor el comportamiento de cada menor y la calidad de su juego, y de considerar cómo las estrategias de autoprotección pueden influir en la relación fraterna (Farnfield, 2016).
La CAPA utiliza inicios de historias narrativas que generan estrés para evaluar la estrategia de apego autoprotectora de la infancia. Jugar libremente con el hermano o la hermana no se considera lo bastante estresante como para permitir una evaluación completa del apego. Sin embargo, constructos de evaluación de la CAPA, como la naturaleza del juego, la gestión de la activación y las conductas de apego significativas (Farnfield & Onions, 2022), eran visibles en el vídeo de juego fraterno; se examinó cómo funcionaban diádicamente y se asignó una estrategia de apego tentativa.
Se reclutó a tres familias para el estudio mediante un muestreo de conveniencia (Tabla 1). Los criterios de participación eran que las madres tuvieran exactamente dos hijos o hijas de entre tres y nueve años y residieran en el Reino Unido. Se excluyó a las familias consideradas vulnerables por contar con intervención de protección de la infancia, apoyo en salud mental infantil o apoyo significativo por discapacidad, dado que nos centrábamos en el desarrollo normativo. Aunque no establecimos ninguna condición respecto a los padres, dos de las madres eran familias monoparentales (una desde hacía poco tiempo; la otra vivía con el padre de sus hijos).
Tabla 1. Composición de las familias participantes.
Este estudio recibió la aprobación ética de la Universidad de Roehampton. Todas las madres y padres dieron su consentimiento. La información que permitía la identificación personal se ha suprimido, o se ha alterado de forma irrelevante para el análisis, a fin de proteger la identidad de las personas participantes.
El análisis inicial lo realizó quien firma el artículo en primer lugar, pero, para integrar múltiples perspectivas, ambos procedimientos fueron codificados por separado por otras personas formadas en la codificación, y su análisis se incorporó a las formulaciones de los casos (en coherencia con la metodología cualitativa del estudio). La formación y la acreditación en los procedimientos de apego exigen una enseñanza formal del proceso de codificación y un tiempo considerable de análisis de vídeos y entrevistas de práctica. La codificación y las formulaciones de los casos fueron revisadas después por el resto de la autoría y corregidas mediante discusión.
El objetivo era considerar explicaciones e interpretaciones alternativas de los datos y seleccionar la que mejor se ajustara. La codificación de los procedimientos de apego se basa en la identificación de discrepancias en el discurso hablado y en el comportamiento grabado, y en una interpretación de su significado psicológico (Crittenden & Landini, 2011). Aunque muchas citas individuales o momentos de interacción, si no la mayoría, admiten múltiples interpretaciones, normalmente es posible identificar un patrón común a lo largo de toda la transcripción o el vídeo, teorizado como reflejo de una probable organización subyacente del apego. Este proceso se apoya en la formación, en las pruebas de fiabilidad de quienes codifican y en una formulación de casos que integra múltiples perspectivas, un proceso que no puede hacerse del todo visible en la selección de extractos y ejemplos que ilustran los resultados siguientes.
La familia de Pearl está formada por Pearl (la madre), Bree (9) y Ben (7). Bree y Ben viven con Pearl a tiempo completo. Pearl se separó del padre de Bree y Ben durante su embarazo de Ben. Ambos ven a su padre con regularidad.
Tablas 2 y 3
Tabla 2. Resultados de la entrevista y de la observación en vídeo: familia de Pearl.
Tabla 3. Resultados de sincronía relacional/riesgo según la MotC y el CARE-index fraterno.
Consideramos que Pearl utilizaba una estrategia C, lo que sugiere que da prioridad a la información afectiva sobre cómo se siente cuando intenta predecir el peligro y garantizar su propia seguridad y la de su descendencia. Nuestra clasificación indicaría que Pearl puede haber vivido a los demás como imprevisibles, e incluso engañosos: no puede saber con certeza cómo responderán las figuras clave de su vida a sus peticiones de cuidado o de protección. Intentar «averiguar» a partir de señales externas qué la mantendrá a salvo no le ha funcionado. Ello implicaría que Pearl se apoya en sus propias señales internas de miedo, ira y malestar, y las amplifica en sus relaciones para hacerlas más previsibles y su mundo más seguro.
Nuestro análisis de su discurso sobre los cuidados sugiere que Pearl traslada esto a su manera de cuidar y que Bree y Ben pueden vivirla como intrusiva, o incluso controladora. Desde el punto de vista de Pearl, sin embargo, al sentirse incapaz de prever el comportamiento de los demás o de confiar en ellos, la suya es una estrategia de cuidado dirigida por la figura parental, en la que necesita asegurarse de que no se alejen demasiado de ella en su separación e individuación, hasta el punto de quedar sin poder brindarles una protección adecuada.
El problema de este patrón, que George y Solomon (2008) denominaron «protección cercana», es que al niño o la niña solo le quedan dos opciones: plegarse a lo que quieren las figuras parentales y obedecer, perdiendo en el proceso el sentido de sí, o enfrentarse a ellas para preservar su propia identidad. A nuestro juicio, Bree parecía responder implicando a su madre en una lucha, con despliegues tanto de coquetería como de ira para mantener la atención de Pearl; en esencia, combatía el fuego con fuego, utilizando una estrategia basada en el afecto (C) similar a la de su madre.
En cambio, consideramos que Ben tomaba la vía alternativa: intentar ajustarse a lo que se espera de él. Se le veía hacer todo lo posible por cuidar de su madre y actuar correctamente, a partir de lo que deducía de la perspectiva de ella, al tiempo que inhibía su afecto negativo (por lo que podría decirse que utilizaba una estrategia de apego A+). Sin embargo, esto no siempre le funciona: en la MotC y en el CARE-index fraterno estimamos que su hermana y su madre tenían hacia él expectativas que, por su nivel de desarrollo, no podía cumplir, lo que probablemente contribuía a sus elevados niveles de ansiedad, evidentes en el vídeo. Por ejemplo, Pearl llamaba a Ben «mi pequeño salvador», invitándolo a asumir un rol cuasi parental (su «consuelo»):
Cuando él está, cuando cualquiera de nosotros está sensible, es el que mejor abraza, o sea, yo voy y él lo recibe (…) Lo llamo mi pequeño salvador. Porque es fuerte. Es un niño fuerte. Es mi pequeño salvador. Eso es lo que me gusta. Sí, también es mi consuelo.
Sin embargo, cuando no es capaz de satisfacer esa necesidad, Pearl expresa hostilidad hacia él y se refiere a él como un «pequeño cabroncete».
En su MotC, la visión que Pearl tiene de Bree es más positiva que la que tiene de Ben. Según nuestro análisis, sus relatos mostraban más conciencia de quién es Bree como individuo, y ella misma señalaba su tendencia a ver a Bree como mayor de nueve años, pero no concedía a Ben un margen similar y lo juzgaba con más dureza por cualquier comportamiento negativo. Puede deberse a que Pearl recurre a representaciones de los hombres basadas en experiencias de rechazo crónico por parte de figuras masculinas clave de las que dependió en el pasado. Su padre, su hermano y su exmarido le fallaron gravemente. Su padre no estaba disponible para ella y, de niña, se vio arrastrada de forma triangulada a su conflicto con su madre. Su discurso sugería que Pearl vivía a su hermano como el bebé favorito, lo que alimentaba su sensación de rechazo por parte de sus padres. Como un eco de ese rechazo anterior, su exmarido la dejó cuando estaba embarazada de Ben. El efecto combinado de todo ello puede hacer que Ben sea, de por sí, una figura más amenazante para Pearl que Bree, por compartir con ellos la condición masculina y, por extensión, la capacidad de rechazarla o abandonarla.
En algunos momentos de su discurso sobre él, Ben llega incluso a confundirse como individuo con ellos, y esto parecería influir en la manera en que Pearl lo cría, aunque ella es en cierta medida consciente de ello:
Ben me recuerda a Derek, el padre, cuando me cuenta historias de cómo era de niño, y a mi hermano pequeño. Mi hermanito, Greg. Así que, cuando me enfado, a veces grito «Greg» en lugar de «Ben». Porque es tal cual, ahhh, así que, a ellos es a quienes me recuerda.
El discurso de Pearl nos sugiere que recluta a Bree como aliada contra Ben. Esto puede ayudarla a sentirse validada en su frustración hacia Ben, y más segura frente a la amenaza que él representa para ella, porque siente que Bree está de su lado. Por ejemplo, en la interpretación que hace la persona codificadora del relato de Pearl que sigue, se da por sentado que Ben es «el malo» y Bree se alía con mamá mediante el uso de la palabra «nosotras»:
Bree, ella le dirá, [pone la responsabilidad en Bree] Ben no se lava las manos para nada. (…). A Bree eso la saca totalmente de quicio. Le grita literalmente y yo me quedo, ni siquiera me ha dado tiempo a regañarle [deja que su hija asuma el rol parental] pero luego ella empieza a pegarle un poco [minimiza la contribución negativa de Bree], eh, porque no se mantiene limpio. Pero bueno, se nota que es porque le preocupa que se ponga enfermo y cosas así. [Exculpa la agresividad de Bree]
Aquí, a nuestro juicio, el comportamiento negativo de Bree, pegar a su hermano, se minimiza y se exculpa porque actuaba de manera parental y Ben era quien estaba en falta.
La relación fraterna se codificó como en crisis, por lo que parecía una clara falta de empatía, de cualidad lúdica, y cierta hostilidad en el juego fraterno observado. En el vídeo vimos a Bree despreciar y hacer daño a su hermano, intentar sistemáticamente ganarle. Parte de su comportamiento podía verse también como una provocación que lo llevaba al colapso de su estrategia de complacer a los demás, en el que sus sentimientos negativos, habitualmente inhibidos, emergen de repente de forma desregulada. Por ejemplo, en el siguiente extracto de interacción, según la persona codificadora, cuyos comentarios figuran en negrita, Ben intenta cooperar y adopta un aire alegre y «feliz» que enmascara signos de ansiedad, hasta que todo le desborda y rompe el juego:
«Coge una carta, cógela», dice él, con voz cantarina [La voz está extrañamente desconectada del contenido. Esto sugiere que puede estar funcionando para inhibir la ira y mantener el juego]. Él mira la carta, ella se la arrebata [Resulta intrusivo; no le deja espacio para jugar su turno] con cara seria. «¡BREE, no puedes verla!», dice él en voz alta, sonriendo [su postura tensa sugiere que finge una alegría que no siente] e intentando recuperarla; la recupera y luego dice: «Me toca una nueva». «Pero yo no la he visto, la has quitado demasiado rápido», dice ella; él coge una y luego la devuelve. Bree dice en voz alta: «¡No puedes, no-o!», intentando impedir que coja una. «¡Bree, esa es mala!», dice él en voz alta. «¡Sí, te ha tocado una mala!», dice ella sonriendo [parece burlona]. Él sale corriendo del encuadre. Hablan a la vez y luego Bree se ríe. Él vuelve, hablando en voz alta y aguda. «¡Me toca una nueva!», sonriendo [Disfrute fingido; en realidad no se lo está pasando bien, como indican tanto el contexto como la tensión de su cuerpo]; luego se le cae la cara, emite un quejido, coge su ficha y la tira. «Ya no jugamos», dice en tono más bajo, [voz enfadada/triste, indicios de protesta en la voz y en el rostro: colapso de la estrategia]. «¡Sí, porque te están grabando, te están grabaaaando!», dice ella en voz alta y cantarina [se burla de él y lo pone en su sitio].
Al aliarse con la visión negativa que su madre tiene de Ben, es probable que Bree encuentre a Pearl más disponible para ella, ya que ambas conectan en la negatividad hacia Ben. Esta puede ser una de las razones por las que Pearl mostró más sensibilidad hacia Bree en nuestro análisis de su entrevista sobre la parentalidad.
En el juego libre que observamos, respaldado por nuestro análisis del discurso de Pearl sobre los cuidados, las diferencias en la visión que Pearl tiene de Bree y de Ben parecen configurar la relación fraterna al generar competición y triangulación. Bree, a quien puede considerarse la hija favorecida, adopta la visión negativa que su madre tiene de Ben y obtiene cuidado y atención para sí aliándose con ella. Pearl, por su parte, puede validar su visión negativa de Ben atrayendo a Bree a su lado. Ben intenta minimizar el rechazo mediante la conformidad y la complacencia hacia ambas, pero por el momento la estrategia no parece funcionarle, al menos a juzgar por lo que observamos. Bajo la presión de su madre y de su hermana, se veía a Ben perder su capacidad de gestionar sus sentimientos difíciles, que se vuelven temporalmente disruptivos y confirman así la visión negativa que su madre y su hermana tienen de él.
La familia de Jessie está formada por Jessie (la madre), Betty (7) y Sophie (4). Jessie está casada con el padre de sus hijas, que vive con ellas.
Tablas 4 y 5.
Tabla 4. Resultados de la entrevista y de la observación en vídeo: familia de Jessie.
Tabla 5. Sincronía relacional/riesgo según la MotC y el CARE-index fraterno.
En su infancia, Jessie tuvo que esforzarse mucho para ser vista, y recibió poco consuelo o protección. Su madre padecía epilepsia y Jessie tenía que cuidarla durante y después de las crisis, cuando se encontraba en un estado mental alterado. Su discurso sobre este tema sugiere que se trata de un trauma que sigue repercutiendo en sus relaciones, pese a sus esfuerzos por dejarlo atrás. En su juventud, Jessie empezó a autolesionarse y a restringir la alimentación, lo que probablemente servía para poner de relieve sus propias necesidades, que de otro modo podrían haber pasado desapercibidas. Ya adulta, Jessie sigue suscitando cuidado y atención a través de sus enfermedades y dificultades. En cierta medida, esto orienta también su percepción de sus hijas. Jessie idealiza sus cualidades de cuidadoras, pero vive sus demandas como muy agotadoras, y por eso rechaza con ira sus señales de necesidad y de vulnerabilidad:
No es tan grave cuando estás teniendo un día de madre de mierda, pero cuando sientes «ahora mismo lo estoy bordando»: les he comprado zumo de manzana, tengo las patatas fritas, tengo el puto pastel de carne y yo en plan «me estoy esforzando de verdad», eh, y, o sea, y de algún modo lo empeora porque yo pensaba, bueno, está muy bien que se vayan a jugar juntas, ¿sabes?, y, o sea, y quiero que no vengan siempre a mí, en plan, sin «¿Mami, tú lo puedes arreglar?», así que todo eso lo empeora, porque piensas «¡Joder, si ahora mismo no me hubiera estado esforzando, esforzando ahora mismo, me habría quedado tan tranquila!»
Jessie parece tener una representación de su hija ideal como una «mujer fuerte e independiente» que «piensa por sí misma» y, por tanto, necesita menos a sus padres. Sus hijas y las exigencias que le plantean pueden recordarle su trauma infantil de cuidar a su madre enferma, lo que a veces hace que cuidar de ellas le resulte amenazante. Nuestro análisis sugeriría que, cuando se siente amenazada, su respuesta de apego consiste en mostrarse más vulnerable para que los demás la protejan, lo que en esos momentos puede incluir a sus hijas, restando en cierta medida importancia a la necesidad que ellas tienen de su madre.
Esta representación de la hija que desea parece configurar la percepción que Jessie tiene de sus hijas y sus interacciones con ellas. Le encanta que Sophie exprese su ira y sea fiera, pero desdeña la empatía y la tristeza de Betty, que se ven como una debilidad:
Ella (Sophie) es fiera, eso es lo que es, (…) Es muy, eh, independiente. Es muy, eh, muy distinta de Betty, Betty es muy… si Betty molesta a alguien (…). Betty se pone muy, muy ansiosa y le preocupa mucho. A Sophie, si le dices: «Has disgustado a tu hermana, tu hermana se está disgustando, ¿sabes?, a lo mejor deberías pedirle perdón», ella hace en plan «N-ya». En plan: «Bueno, la he cabreado, ya se las apañará».
Vimos que Sophie utilizaba una estrategia C, organizando su comportamiento en torno a sus propios sentimientos. Esto le permite ser la hija «fiera» que su madre desea, pues despliega su ira, suavizada por conductas «monas» y desarmantes que apaciguan a su madre si esta se siente desbordada. Consideramos que Betty utilizaba una estrategia de inversión de roles (A3). Esto sugiere que inhibe lo que quiere y siente para complacer a su madre o facilitarle las cosas, de modo que su madre pueda estar más disponible para ella. Este rol de cuidadora puede haber estado influido por el parto difícil de Betty y por la depresión posparto que vivió Jessie.
Jessie adopta una postura parental predominantemente dirigida por las hijas, al ofrecer percepciones de ellas que justifican un enfoque de «no intervenir». Jessie no necesitaba proteger a Betty porque Sophie era capaz de hacerlo:
Un niño cogió una de sus espadas y entonces, en plan, le dio un pinchazo a Betty, (…) yo pensé: «ay, Dios, será mejor que vaya a…», ¿sabes? No, no, no, ni siquiera tuve que hacer nada porque Sophie estaba ahí con su espada de goma diciendo: «¡No le pinches a mi hermana con eso!» (se ríe) y amenazándolo. Y yo en plan: «Madre mía, niña, eres…» (…) tiene chispa, es de verdad una pequeña fierecilla con mucho carácter, y eso es lo que me encanta.
En otros momentos consideramos que esta interacción tenía una cualidad de inversión de roles, ya que mamá evita enfadar a Sophie porque Betty adopta un papel aparentemente parental de pacificadora:
Sophie quería un yogur… uno de los sabores era el favorito de Betty, y Betty estaba en plan, eh… yo estaba en plan, le estaba diciendo a Sophie, bueno, en plan «no es justo, porque si coges ese, es el favorito de Betty, mientras que a ti te gustan los dos»… Solo recordé que no podía fastidiarla, porque empezó a gritar, y Betty dijo: «ay, no pasa nada, a mí también me gusta el otro». Así que yo: «¡vale, gracias!».
La visión que Jessie tiene de sus hijas parece configurar los roles que desempeñan en su relación mutua. En el vídeo de juego, el comportamiento de Betty hacia Sophie se percibió como de naturaleza controladora: en la práctica, actuaba como una madre mandona. Repetía a Sophie las órdenes de su madre cuando Sophie no hacía caso. Mamá no reforzaba sus palabras, y este tipo de incoherencias hacia Sophie puede contribuir a lo que vimos como un patrón de apego de Sophie más guiado por el afecto, que se apoya en sus propios sentimientos internos y no en los pronunciamientos externos de las personas adultas como guía para mantenerse a salvo. Aunque el papel de Jessie como persona que graba puede exagerarlo, la rapidez con que Betty interviene para compensar sugiere un patrón habitual de interacción familiar:
«¡Sí, así que yo soy tu bebé!». «Mmm», dice Betty, rodeando con el brazo a Sophie, que mastica su pan ruidosamente como un bebé. «¡Mira, puedes ser mi mascota!», dice Betty [propone algo distinto, ayuda a ambas a encontrar una actividad que les guste],«Vale, venga», dice Sophie. «Hagamos como si esto fuera mi cuenco y esto mi comida de mascota», dice Sophie fuera de cámara. «¡Estamos de acuerdo en cosas, de acuerdo!», dice Betty, ilustrando sus palabras señalando con el dedo. «¡Aquí tienes tu correa!», dice Betty acercándose a Sophie. «Soph, Sophie, pero tienes que venir aquí, cariño», dice mamá, «porque si no, no te ven en la cámara». «¡Sophie, ven aquí!», dice Betty con voz gritona y gruñona [Aspectos negativos de la relación que emergen cuando intenta imponer los deseos de mamá].
Es probable que el empeño de Betty en mantener la paz contribuya a su comportamiento sensible con su hermana y a su razonable sincronía diádica. Según este análisis, Betty necesita mostrarse en cierta medida receptiva con Sophie para garantizar una dinámica fluida que complazca a su madre. Sophie coopera en cierta medida con Betty para mantener su atención y su cuidado. El apoyo mutuo disponible en la relación fraterna permite que las niñas exijan menos a su madre, lo que le permite funcionar mejor, pero el sistema depende en exceso de que Betty inhiba su necesidad de consuelo y apoyo.
Proponemos que Sophie encarna la representación que Jessie tiene de la hija «ideal» que le habría gustado ser en su infancia. Por el contrario, Betty representa las cualidades empáticas que Jessie teme por su asociación con su trauma infantil de cuidadora, que ella ha relacionado con sus problemas de salud mental. Estas visiones contribuyen a que Jessie trate de forma diferente a sus hijas, lo que repercute en la dinámica de la relación fraterna: Betty asume el papel de mediadora y de ayudante de su madre para aliviar las dificultades de esta con la crianza y dejarle espacio para estar psicológicamente disponible para ella. Un riesgo de esta dinámica es que Betty interiorice la tendencia de su madre a favorecer a Sophie y crea que no es tan digna del favor materno.
La familia de June está formada por June (la madre), Sadie (9) y Tim (7). June se separó del padre de Sadie y Tim, David, durante el último año. Tim y Sadie viven con June y ven a David con regularidad. La familia de June vive en el Reino Unido desde hace 4 años, tras emigrar desde Australia.
(Tablas 6 y 7).
Tabla 6. Resultados de la entrevista y de la observación en vídeo: familia de June.
Tabla 7. Resultados de sincronía relacional/riesgo según la MotC y el CARE-index fraterno.
June vivió a sus padres como exigentes y distantes de manera incoherente. Respondió alternando el esfuerzo por cumplir sus expectativas con despliegues periódicos de ira para conseguir y mantener su atención. June trabajó en terapia la elaboración de sus experiencias infantiles, pero sigue afectada por la pérdida de su hermana mayor, que la cuidó durante su infancia, y que intenta sin éxito «archivar», dejar atrás. Esto puede estar relacionado con el miedo de June al abandono, que, según sugiere nuestro análisis, proyecta sobre Sadie y Tim, aunque con cierta conciencia de ello:
Siento que sus niveles de ansiedad son bastante, que son bastante altos. Y por tanto, me imagino que es, ya sabes, «¿qué podría hacer mamá para que esto desaparezca? ¿Se levantaría y se iría?» (…) eso es algo de lo que soy consciente en mí misma. Era, sin duda tengo como, eh, miedos al abandono, y todo eso. (…) Me imagino que eso es algo que ellos también podrían plantearse. Si es verdad o es una proyección mía, no lo sé.
June comprende bien a Sadie y a Tim, pero siente cierta frustración porque no cumplen sus expectativas, y necesita tenerlos cerca. A nuestro juicio, la necesidad era más evidente en su relación con Tim, mientras que la frustración era más patente con Sadie, lo que podría explicar las diferencias entre las estrategias de ambos. La consecuencia probable sería que la necesidad que June tiene de Tim ha llevado a este a inhibir su propio deseo de consuelo para garantizar que se satisfaga el de ella. Sadie, en cambio, parece librar una lucha característica de la estrategia C para asegurarse de que sus sentimientos se vean y se atiendan, y no queden sumergidos bajo las expectativas de su madre.
Sadie parece recordar a June a su propia madre, que podía ser crítica y controladora, y la describe como «mala»; la hace sentirse manipulada y, por ello, más reactiva hacia Sadie. June se siente culpable por estas reacciones e intenta, a nuestro juicio, compensarlas dando a Sadie lo que quiere. Esta incoherencia puede perpetuar la lucha con Sadie y reforzar su estrategia C.
El exmarido de June estuvo ausente de forma intermitente a lo largo de su relación, ya que su carrera le exigía viajar con frecuencia. Esto puede haber contribuido a que June vea a Tim como pacificador y reparador, y a que se apoye en él como el «hombre» de la casa que «negociará la paz» entre ella y Sadie. Nuestro análisis sugeriría que la visión algo invertida en cuanto a roles que June tiene de Tim lo ha llevado a mostrarse más maduro o «adulto» en su relación con su hermana. Sin embargo, no lo vimos adoptar un rol de cuidador, quizá porque June es lo bastante receptiva con Tim y con Sadie como para que esto resulte menos necesario que en la familia de Jessie. En el vídeo de juego, Tim parecía reservado y lógico en su interacción con su hermana. Intentaba ponerle límites claros. Ella respondía con conductas coercitivas, alternando despliegues intrusivos, coquetos y airados hacia él, hasta que él se retiró de la interacción y la dejó jugar sola durante el resto del vídeo.
Por este motivo, consideramos que la naturaleza de esta interacción se recogía mejor asignando a Tim el patrón «parental» no responsivo y a Sadie el patrón «infantil» reactivo de dificultad/protesta, pese a que Tim es el menor. Este patrón parece habitual, ya que June describió un incidente similar en su entrevista, en el que Sadie intentaba engatusar a Tim para que la ayudara:
No le estaba pidiendo ayuda. Le estaba diciendo que la ayudara. Eh. Y él decía que no, y no sé muy bien por qué. Porque yo, yo, a lo mejor por cómo se lo pedía, estaba siendo muy mandona y un poco mala, y diciendo: «Tienes que ayudarme, tienes que ayudarme», si no, ya sabes, «no te doy un caramelo» o lo que fuera que estaba, no sé lo que estaba diciendo. Y él simplemente se fue, y dijo que no la iba a ayudar, y ella se enfadó muchísimo.
June se describía como incoherente y a veces pasiva con Sadie y Tim, y afirmaba que no le gusta intervenir en sus conflictos. Esto puede haber contribuido a la dificultad de ambos para resolver sus conflictos, evidente en el vídeo, lo que contribuyó a su menor sincronía diádica. La visión que mamá tiene de Tim como un tierno protector puede ser acertada desde su perspectiva, y quizá con Sadie en otros contextos, pero eso no significa que él disponga de las herramientas necesarias para resolver el conflicto con Sadie. A nuestro juicio, Sadie utiliza un patrón afectivo C para asegurarse de seguir siendo visible para su madre, y de que su madre siga disponible para ella. Esto probablemente la llevaría a implicar también a Tim en una lucha, pero tanto el vídeo como los ejemplos de June sugerirían que Sadie va demasiado lejos y lo frustra hasta el punto de que él se retira, probablemente para inhibir sus sentimientos negativos. Así, su estrategia puede mejorar las cosas con mamá, pero suscita molestia e irritación en Tim. Al final del vídeo, Sadie se quedaba sola y triste, cantando muy fuerte, como si intentara llamar a alguien para que volviera a su lado.
Otras cuestiones sistémicas pueden contribuir a una relación fraterna que parece más pobre de lo que cabría esperar dada la sensibilidad de su madre. La familia emigró dos veces durante la primera infancia de Sadie y Tim, y hubo conflicto entre la pareja parental, dos circunstancias que impidieron a ambos progenitores disponer de espacio para sostener la comunicación y la cooperación de Sadie y Tim entre sí. Hubo muchas discusiones en el hogar antes de la separación de la pareja parental el año anterior, lo que parece tener eco en la dificultad actual de la fratría para gestionar el conflicto.
La preocupación de June por el abandono puede estar contribuyendo al patrón de crianza levemente ansioso que observamos. A nuestro juicio, Tim es más capaz que Sadie de tranquilizarla, pues ha organizado una estrategia A en la que minimiza sus propias necesidades y está disponible para ayudar a su madre en sus conflictos con su hermana. Sadie suscita en June la sensación de ser controlada, lo que le recuerda a su madre. June reacciona ante Sadie cuando algo la activa, pero después se siente culpable e intenta compensarlo dándole lo que quiere, lo que contribuye a perpetuar el ciclo. Sadie trata a Tim de forma parecida, pero como él no es su figura de apego, su comportamiento resulta intrusivo y molesto hasta el punto de que él se retira y se separa de ella, igual que se han separado su madre y su padre.
En este estudio ninguna díada fraterna compartía un patrón de apego común, lo que concuerda con investigaciones previas que indican que es poco probable que los grupos fraternos compartan estrategias de apego cuando no están expuestos a niveles elevados de peligro (Kozlowska and Elliott, 2017; Farnfield, 2017) o, a la inversa, de seguridad (Kriss et al., 2014). Kriss et al. (2014) sugirieron que las díadas fraternas con patrones de apego discordantes tenían más probabilidades de mantener relaciones competitivas u hostiles, como vimos también en este estudio, porque no se veían reflejadas en el otro miembro de la fratría ni compartían una comprensión de su entorno. Estas diferencias en las estrategias de apego podrían explicarse, en nuestro estudio, por las representaciones diferenciales que las madres tienen de cada hijo o hija, que dan a cada menor una amenaza o un desafío distinto en torno al cual organizarse.
Sin embargo, nuestros resultados sugieren un panorama más complejo, ya que, aunque se observó un trato diferencial en todos los casos, la fratría de las familias de Pearl y de June mantenía relaciones más conflictivas que la de Jessie, donde la relación fraterna parecía compensar lo que faltaba en la relación parento-filial. Esto sugiere que es importante examinar no solo la presencia de un trato preferente o de estrategias de apego distintas, sino el significado que ello tiene para cada miembro de la fratría y para sus figuras parentales, y las respuestas que cada cual organiza en torno a ello.
En cada familia encontramos un trato diferencial de la fratría configurado por las representaciones de amenaza de la madre, tal como se desarrollaron en su respectiva infancia. Uno de los hijos o hijas se percibía como una amenaza mayor para la madre y se hablaba de él o ella de forma más negativa. Es notable que Pearl y Jessie compartieran un patrón de apego con la hija a la que veían de forma más positiva. Esto lleva a preguntarse si compartir una estrategia de apego con el hijo o la hija puede ayudar a la figura parental a comprenderle, a mentalizar respecto a él o ella y a ofrecerle cuidados más sensibles.
La relación de la madre con el hijo o la hija se asociaba a representaciones de apego infantiles más amenazantes, lo que daba lugar a un conflicto que se desbordaba hacia la relación fraterna. Así ocurría en las familias de Pearl y de June. En la familia de Pearl, Ben se asociaba a una representación negativa de rechazo, y su hermana se sumaba a la hostilidad de su madre hacia él. En la familia de June, Sadie recordaba a su madre, June, la experiencia de haber sido controlada por su propia madre en la infancia, lo que parecía ser la causa de más conflicto entre ellas. En ambos casos, la fratría tenía conflictos que no se resolvían en los vídeos de juego. Esto concuerda con la investigación que ha relacionado las percepciones infantiles de las diferencias en la calidez materna y en la cantidad de conflicto con la madre con niveles más altos de antagonismo y conflicto fraternos (Shanahan et al., 2008).
Pearl y June eran madres solas, y ambas refirieron conflictos con el padre de sus hijos e hijas. En el caso de June, la separación era relativamente reciente. Unas relaciones coparentales menos solidarias y más conflictivas se han asociado a menos calidez y más conflicto fraternos (Volling et al., 2002; Poortman and Voorpostel, 2009). La fratría de estas dos familias mantenía relaciones conflictivas. Sería inapropiado extraer de ello generalizaciones globales, salvo para subrayar la importancia de examinar el sistema familiar más amplio y el nivel de apoyo al investigar el funcionamiento del subsistema fraterno, incluso más allá del enfoque triádico de nuestro estudio actual.
La información sistémica de este estudio se ve limitada por la falta de datos de los padres, que solo se incluyeron indirectamente a través del análisis del discurso de la madre sobre ellos. También fue significativa la ausencia de evaluaciones formales del apego, tanto de las figuras parentales como de la infancia, en lugar de las cuales se utilizaron procedimientos diádicos y relacionales. Ello nos proporcionó más información sobre los procesos interactivos entre las figuras parentales y sus hijos e hijas, y dentro de la fratría, pero ofreció información menos fiable sobre el apego infantil. Además, no puede afirmarse que una breve evaluación basada en el juego capte todos los aspectos de la relación fraterna, y nuestras inferencias a partir de ella pueden no contar toda la historia.
Sorprendentemente, todas las madres estudiadas utilizaban estrategias A+ o C+, estrategias del DMM asociadas a niveles más altos de peligro, y dos de ellas presentaban marcadores de trauma o duelo no resueltos. Esto es coherente con la investigación que indica una elevada proporción de inseguridad del apego en poblaciones normativas (Baldoni et al., 2018). No obstante, las relaciones fraternas pueden ser más positivas y cooperativas en familias en las que las figuras parentales han vivido menos traumas y tienen mayores capacidades de funcionamiento reflexivo. Como en toda investigación basada en estudios de caso, la teoría debe tratarse con cautela, ligada en cierta medida a su contexto local, y necesita investigarse y desarrollarse en contextos nuevos y distintos.
Este estudio utilizó un enfoque cualitativo innovador para examinar cómo influye la relación parento-filial en la relación fraterna. Nuestro análisis sugirió que aspectos clave de las relaciones fraternas que observamos parecían cumplir una función para cada menor en su relación con su madre (la figura parental estudiada). Estos desafíos tenían su origen en la propia experiencia infantil de la madre, en la que el hijo o la hija representaba una amenaza o un desafío específico al que su historia temprana y más reciente la había hecho sensible. Esto podría sugerir que los modelos lineales de «transmisión» del apego (Van IJzendoorn, 1995), centrados exclusivamente en las asociaciones entre los patrones de apego de la figura parental y del hijo o la hija, y en factores mediadores abstractos, pueden descuidar el modo en que representaciones específicas del apego pueden ejercer poderosas influencias sistémicas. La dinámica de una relación puede servir para «apuntalar» problemas o desequilibrios de otra. Las estrategias de apego están inextricablemente ligadas al contexto en que surgen (Baim et al., 2022), y los modelos estáticos de la relación entre el apego infantil y el adulto pueden pasar por alto cómo distintos aspectos de un sistema familiar, del contexto social y de la historia personal pueden interactuar entre sí de formas clínicamente relevantes.
Por ejemplo, los problemas en la relación fraterna pueden ser el precio que pagan hijos e hijas para hacer más llevadera la relación con su madre, de la que dependen para sobrevivir (como en las familias de Pearl y de June), o, a la inversa, la relación fraterna puede reclutarse para compensar lo que pueda faltar en la relación parento-filial (como parece ocurrir en la familia de Jessie). Sostenemos que nuestro estudio ha demostrado el valor de adoptar un enfoque basado en casos, ya que la importancia de amenazas específicas y locales en la historia de las figuras parentales o de la familia, a la hora de configurar la naturaleza de las relaciones fraternas, puede pasar fácilmente desapercibida en la investigación basada en grupos que trabaja con la relación entre variables generalizadas e impersonales. Ello puede conducir a una comprensión empobrecida de la naturaleza sistémica de las dificultades familiares.
Complexe Systémique: puntos clave
He aquí un estudio que toma en serio lo que la teoría del apego ha dejado de lado durante mucho tiempo: la fratría y el triángulo que forma con la figura parental. Solo tres familias, pero observadas de cerca. En la de Pearl, el hijo le recuerda a los hombres que la abandonaron, y la hija mayor se convierte en aliada de la madre contra su hermano. En la de Jessie, la pequeña, fiera, encarna a la hija ideal, mientras que la mayor calma a todo el mundo y se borra. En la de June, el hijo al que se asigna el papel de «hombrecito de la casa» acaba retirándose ante una hermana que exige existir. La lección clínica es sistémica en sentido fuerte: un síntoma fraterno puede ser el precio que pagan hijos e hijas para hacer soportable la relación con la figura parental, y la historia de esta se reactualiza en el reparto de los roles. Los límites son los de una muestra pequeña sin entrevistas a los padres, vídeos filmados por las madres durante la pandemia y clasificaciones que el propio equipo califica de tentativas. Para leer junto con el artículo sobre el vínculo fraterno, un punto ciego de la clínica, y el artículo sobre el rastreo de las circularidades a través del apego.
Notas del original
aLas estrategias C+ y A+ representan estrategias DMM de nivel superior no especificadas, desarrolladas en condiciones más amenazantes.
Declaración de conflictos de intereses. La autoría declaró no tener ningún conflicto de intereses potencial en relación con la investigación, la autoría o la publicación de este artículo.
Financiación. La autoría no recibió apoyo financiero para la investigación, la autoría o la publicación de este artículo.
Referencias
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Traducción no oficial al español de Exploring the triadic parent–child–sibling relationship: How do mothers’ view of their children impact sibling relationships?, de Hannah Drzymala, Ben Grey y Nancy Fowler, Human Systems, vol. 3, n.o 2 (2023), doi: 10.1177/26344041221145619, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (traducción al español, tablas presentadas en forma de listas). Ni la autoría ni la editorial son responsables de esta traducción; prevalece la versión original.
Este es el artículo original «Exploring the triadic parent–child–sibling relationship: How do mothers’ view of their children impact sibling relationships?», publicado en Human Systems (2023) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Drzymala, H., Grey, B., et Fowler, N. (2023). Exploring the triadic parent–child–sibling relationship: How do mothers’ view of their children impact sibling relationships?. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/exploring-the-triadic-parent-child-sibling-relationship (Obra original publicada en 2023 en Human Systems, 3(2), 92-111 (2023); republicada en 2023 por Human Systems, https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/26344041221145619)
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