Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Human Systems · Terapia familiar

Rastrear las circularidades – Una invitación a explorar los patrones relacionales

El «rastreo» (tracking), es decir, el seguimiento paso a paso de una secuencia de interacciones, suele considerarse una técnica de evaluación heredada de los enfoques estratégicos. Rudi Dallos, Suzy MacKechnie y Rebecca Stancer lo convierten en una herramienta colaborativa: dibujar con la familia el ciclo de una discusión y luego «calentarlo» o «enfriarlo» según las estrategias de apego en juego. Dos situaciones, la de un adolescente autista y su madre y la de una joven con anorexia y sus padres, muestran cómo el patrón de un solo episodio puede iluminar el de toda la familia.

Autoría Rudi Dallos (Department of Clinical Psychology, University of Plymouth, UK); Suzy MacKechnie (Aconbury North, CAMHS, UK); Rebecca Stancer (Institute of Education, University of Plymouth, UK)Primera publicación Human Systems, 6 de mayo de 2025Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Tracking circularities – An invitation to explore relational patterns, de Rudi Dallos, Suzy MacKechnie y Rebecca Stancer, publicado en Human Systems (SAGE) (2025), doi: 10.1177/26344041251337008, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

El propósito del rastreo no es señalar a las familias sus errores o en qué se están equivocando, sino invitarlas a reflexionar con nosotros y a hacer sus propios descubrimientos.

Rudi Dallos, Suzy MacKechnie y Rebecca Stancer

Resumen

Este artículo revisita una técnica familiar de la terapia familiar, el «rastreo», que a menudo se considera parte de la primera fase de la terapia familiar y se asocia especialmente con los enfoques estratégicos. Sostenemos que es coherente con los enfoques constructivistas de la terapia familiar y que puede emplearse de forma colaborativa para coconstruir y enriquecer las narrativas relacionales. Se integran ideas de la teoría del apego y de la neurobiología para mostrar que las circularidades también están influidas por los estados emocionales y la activación fisiológica de los miembros de la familia. Se emplea un enfoque de terapia narrativa del apego (ANT, por sus siglas en inglés) para describir cómo puede entenderse y emplearse el rastreo para promover cambios en múltiples niveles, incluidas las relaciones de apego. Se anima a las familias a adoptar una posición de «observador» respecto a sus relaciones y, a su vez, a convertirse en autoras de sus interacciones al contemplar cómo pueden elegir nuevas vías de acción. Se describen, con ejemplos clínicos, los detalles del procedimiento para llevar a cabo el rastreo con personas y familias.

Palabras clave: rastreo, terapia familiar, posición de observador, circularidades, narrativa

La gente piensa, piensa, piensa… La gente tiene infinitas maneras de explicar su existencia. Si quieres comprender el comportamiento humano, observa lo que las personas hacen, no lo que dicen (Bowen, 1972, p. 306).

Las familias describen a menudo la sensación de estar atascadas, de dar vueltas en círculo o de sentirse atrapadas en patrones repetitivos de discusiones, conflictos y escaladas. Esto suele ir asociado a sentimientos de impotencia y desesperanza. Del mismo modo, esta sensación de «atasco» afecta también a quienes ejercemos la terapia, ya que podemos sentirnos «atascados» en nuestro trabajo con una pareja o una familia e incapaces de ayudarles a salir de estos patrones de acción repetitivos, angustiosos y dolorosos. Pensar las dificultades de las familias en términos de tales ciclos repetitivos de acciones —las circularidades— fue un rasgo central de las primeras terapias sistémicas (Breunlin and Schwartz, 1986; Errington, 2022; Burnham, 2006; Haley and Richeport-Haley, 2004). Estas circularidades se conceptualizaban como patrones que se perpetúan a sí mismos y que funcionan sobre la base de la retroalimentación mutua de las acciones de cada miembro de la familia. Una «circularidad» puede considerarse una descripción más que una entidad «real», y todas las circularidades son únicas; sin embargo, como terapeutas, podemos percibir algunas semejanzas generales con otras familias (Bowen, 1978; Dallos and Draper, 2025). Del mismo modo, las familias se comparan con otras familias, con sus propias familias de origen y con expectativas moldeadas por la cultura. Empleamos el rastreo para explorar las circularidades como parte de una invitación a las familias a adoptar una «posición de observador» respecto a sus propias relaciones. Las invitamos a poder tomar decisiones, a convertirse en autoras y no en espectadoras de sus patrones relacionales (Errington, 2022).

El rastreo de secuencias, que se originó en la primera terapia familiar de primer orden para describir las circularidades «desde fuera», puede emplearse en un enfoque colaborativo de segundo orden (Bowen, 1978). En lugar de algo que hacemos a las familias, se convierte en una invitación a emprender con nosotros una exploración mutua y en una ayuda para «engrosar las narrativas» de alternativas a los problemas (White and Epston, 1990), recurriendo a la reflexividad relacional y a la mentalización (Fonagy and Luyten, 2018).

Una posición de observador: crear nuevas comprensiones y emociones

Al inicio de la terapia, oímos a menudo relatos de los miembros de la familia sobre acontecimientos de su vida presentados como inevitables, como si fueran espectadores de los hechos y apenas tuvieran elección sobre ellos. Como hemos visto, esto puede deberse en parte a la sensación de que los intentos de cambiar las cosas no han funcionado y han sido inútiles. Lo que fomentamos, por tanto, es una posición de observador sistémica que implica buscar patrones relacionales y reflexionar sobre nuestras propias contribuciones al mantenimiento de esos patrones. El rastreo implica pensar en múltiples niveles de análisis: los patrones de acción actuales, la dinámica de las relaciones actuales, los factores históricos, incluidos los apegos transgeneracionales, y cómo todo ello está a su vez moldeado por contextos culturales y sociales más amplios. Por lo general, en las familias y en las relaciones las cosas suceden deprisa.

Edwin y Suzy

Edwin (17 años) vivía con su madre, Suzy, su hermano menor, un medio hermano y su padrastro, Dave. El padre de Edwin y su madre, Suzy, se habían separado cuatro años antes, y Edwin intentaba mantener el contacto con él, a diferencia de su hermano menor, que se había vinculado más con su padrastro, Dave. Edwin tenía un diagnóstico de autismo, tenía mucha capacidad en lo académico y algunos amigos cercanos. Suzy describía interacciones en escalada a las que llamaba «crisis» (meltdowns), que parecían implicar que Suzy anticipaba un estallido de ira y que Edwin se sentía ignorado o incomprendido por su madre. Tenían una cualidad de persecución-distanciamiento que se ha descrito en el trabajo con familias y también con parejas (Johnson, 2018; Watzlawick et al., 1974) y en la que puede verse a ambos atrapados en un ciclo de creencias, acciones y sentimientos que se mantienen mutuamente (Figura 1):

Un ciclo en escalada: ciclo de persecución-distanciamiento.
Figura 1. Un ciclo en escalada: ciclo de persecución-distanciamiento.

Watzlawick et al. (1974) propusieron la idea de que estos patrones implican una «puntuación» de los acontecimientos: tales ciclos se alimentan de patrones de creencias y acciones que se entrelazan mutuamente y se mantienen a sí mismos. Las terapias narrativas añadieron que crean historias que sitúan a cada persona en posiciones restringidas. El rastreo consiste en animar a las personas a tomar distancia, ir más despacio y empezar a ver los patrones en los que se encuentran y, sobre todo, a alejarse de un pensamiento reactivo y contingente como: «Tengo que retirarme porque Edwin va a perder los nervios», «Mamá me saca de quicio porque no me escucha».

Emociones y circularidades

Además de percepciones entrelazadas, estos patrones relacionales también están impregnados de emoción y se mantienen por ella. Una razón importante por la que resulta tan difícil salir de ellos es que tanto Edwin como Suzy se activan emocionalmente de forma muy negativa y se repliegan en la «lucha-huida» (Van der Kolk, 2014). En estos estados fisiológicos las personas se vuelven menos capaces de pensar, de mentalizar, de sentir curiosidad y de intentar comprender la perspectiva de la otra persona (Porges, 2009). Suzy contaba que vivía con miedo a las crisis y que se quedaba paralizada cuando empezaban. Edwin era menos capaz de expresar con palabras cómo se sentía, pero lo mostraba enfadándose y alterándose cuando su madre le pedía que se fuera a su habitación a calmarse. Un aspecto central de nuestro uso del rastreo es ayudar a las personas a ir más despacio, empezar a sentirse seguras y reducir su activación negativa. Este es también un aspecto fundamental para establecer una relación terapéutica positiva o una base segura (Bowlby, 2005; Wampold, 2015).

Cocrear una base segura y estrategias de apego autoprotectoras

La teoría del apego sugiere que, a partir de nuestras experiencias infantiles con nuestras madres, padres o personas cuidadoras, desarrollamos patrones característicos para intentar satisfacer nuestras necesidades de apego (Ainsworth et al., 1978; Crittenden, 2006; Dallos, 2006; Wampold, 2015). Pueden distinguirse dos patrones centrales: desactivante (evitativo), hiperactivante (ansioso-ambivalente) o una mezcla equilibrada de ambos. Sin embargo, existen muchas variantes de estos patrones, incluidos patrones mixtos desequilibrados, y cada uno de ellos puede verse también como un continuo más que como una tipología. En lugar de considerar estas estrategias como entidades fijas, pueden verse como patrones de adaptación en forma de intenciones cargadas de emoción, con implicaciones para nuestras «elecciones» actuales y futuras (Crittenden and Dallos, 2009; Dallos, 2006, Vetere and Dallos, 2008). En el ejemplo anterior, Suzy había desarrollado desde su infancia una estrategia desactivante que consistía en intentar desconectarse y ocultar sus sentimientos. Edwin parecía responder con una estrategia más hiperactivante para atraer la atención de su madre (Dallos and Vetere, 2009). Estas estrategias parecían contribuir a que Edwin se sintiera abandonado e ignorado, y a que Suzy se sintiera desbordada y atacada. Por desgracia, sus acciones parecían agravar los patrones de la otra persona, de modo que cuanto más intentaba Suzy establecer cierta distancia, más abandonado se sentía Edwin, y cuanto más protestaba él, más desbordada se sentía Suzy. Estas interacciones se alimentan también de nuestros recuerdos: por ejemplo, Suzy era sensible a las expresiones de ira porque le recordaban a su padre autoritario, que solía gritarle cuando era niña. Los padres de Edwin se habían divorciado y, cuando se producían discusiones con su madre, es posible que recordara que su padre los había dejado.

Modelos operativos de la relación y de la familia

La teoría del apego, aunque útil, se centra de forma restringida en las relaciones diádicas que hemos tenido con nuestros progenitores para formar nuestros «modelos operativos internos». Pero también nos influyen las relaciones triádicas de nuestras familias (Dallos, 2023): los papeles que desempeñamos entre nuestros progenitores y también lo que observamos de nuestros padres, madres, padrastros, madrastras, etc., en cuanto a cómo pasaban el tiempo juntos, tomaban decisiones, se mostraban afecto y, sobre todo, cómo resolvían las dificultades y los momentos de conflicto en su relación. Por ejemplo, puede que Suzy recordara haber sentido peligro y ansiedad cuando sus propios padres discutían y quisiera evitarlo ahora con su marido, David, que no estaba de acuerdo con ella sobre cómo manejar a Edwin. Algunas niñas y niños desarrollan el papel de intentar mediar en los conflictos de sus progenitores, o de retirarse y volverse autosuficientes. Es posible que en Edwin se activaran los recuerdos de las discusiones entre su padre y Suzy y de la marcha de su padre. Pueden desarrollarse guiones correctivos y replicativos sobre las maneras en que se desea que la relación actual se parezca o se diferencie de lo que se ha observado (Byng-Hall, 1985; Dallos, 2019). En el caso de Suzy, quizá se tratara del deseo de evitar los conflictos a toda costa en su familia actual. En el de Edwin, de protestar en lugar de quedarse callado ante la amenaza de abandono.

Ajustar el proceso de rastreo a las estrategias de apego preferidas: calentar o enfriar

Las familias difieren en su capacidad de implicarse en el rastreo y de aprovecharlo. Algunas dan detalles de los acontecimientos, se detienen en el momento y el lugar exactos en que ocurrieron las cosas y en quién estaba presente, con un estilo relativamente poco emocional e intelectual (Ainsworth et al., 1978). Lo que sentían las personas está en gran medida ausente de sus relatos. En cambio, otras familias empiezan a hablar de un acontecimiento de forma muy cargada emocionalmente, saltan de un episodio a otro, tienen dificultades para mantenerse centradas en el episodio que han elegido y se lanzan rápidamente a reproches y acusaciones mutuos. De hecho, lograr que se centren en un solo episodio, en lugar de en una mezcla borrosa de muchos, suele ser un primer reto que exige una persistencia suave. Con el primer grupo, del que puede decirse en términos generales que presenta patrones desactivantes, nuestro enfoque consiste, una vez delimitadas las etapas de un episodio, en invitar a reflexionar sobre lo que cada persona y las demás sentían o podían haber sentido, para «calentar» su narrativa. En cambio, los patrones hiperactivantes se benefician de un «enfriamiento», centrado en la comprensión, las explicaciones y la aclaración del orden y las causas de los acontecimientos (Crittenden et al., 2014; Dallos, 2006). Si, por el contrario, nos centramos en los sentimientos, puede producirse una escalada, como «echar gasolina al fuego», de modo que quizá ni siquiera lleguen a terminar de describir una secuencia antes de desviarse para describir otros agravios.

El proceso de rastreo

El formato general del rastreo es, a grandes rasgos, el siguiente:

  • Identificar con la persona, la pareja, la familia, etc.,… un acontecimiento, episodio o patrón positivo o difícil.
  • Localizar un ejemplo reciente de este patrón…. Mantener el foco específicamente en este episodio
  • Pedir a un miembro de la familia que se ofrezca a describir el patrón
  • Empezar por las ACCIONES… mantener el foco en ellas hasta completar la descripción del episodio
  • Invitar a los demás miembros de la familia a comentar el patrón…. Hablar de las diferencias y los acuerdos
  • COMO TERAPEUTA, formular: si es más útil centrarse en la elaboración de: sentimientos – patrón desactivante; cogniciones – estrategias hiperactivantes
  • Hablar de los PENSAMIENTOS y SENTIMIENTOS implicados / identificarlos.
  • Dirigir el foco hacia la parte crítica y difícil del patrón, por ejemplo, el estallido de ira, el conflicto, la crítica, etc.
  • Explorar las conexiones transgeneracionales… patrones similares o diferentes en sus historias familiares.
  • ¿Considerar qué patrones alternativos de acciones, pensamientos y sentimientos podrían ser posibles?
  • Escenificar: representar o experimentar distintas maneras posibles de manejar los momentos críticos

Empezar a rastrear episodios

Enmarcar la actividad

Preguntamos a los miembros de la familia si estarían dispuestos a emprender juntos, con nosotros, una exploración de lo que realmente sucede en su vida en común. Podemos decirles que no buscamos culpar ni juzgar, sino solo obtener con ellos una imagen más completa de lo que ocurre, y que, una vez que tengamos una imagen clara de lo que sucede en una situación, podremos pasar a examinar otras más adelante. También explicamos que a menudo ya están haciendo cosas positivas y útiles en esas secuencias, pero que se vuelven invisibles, de modo que ralentizar el proceso y centrarse en un incidente concreto puede revelar lo que «están haciendo bien» y no solo lo que quizá quieran cambiar.

Muchas familias están muy angustiadas y ansiosas por llegar a los problemas, pero también podemos preguntar si les parecería bien empezar con un ejemplo agradable o con un momento en que lograron evitar que una dificultad fuera a más. Este «rastreo positivo» es importante sobre todo cuando se considera que un niño o una niña es el foco de las dificultades, ya que empezar con un episodio problemático puede vivirse como una forma de culparle y avergonzarle. El foco se fija en esa criatura, con la inferencia de que es en gran medida la causa de las dificultades; así, la situación puede empezar a volverse aversiva para ella (Dallos, 2005, 2019). Empezar con un ejemplo positivo puede servir también para reducir el riesgo de instaurar un marco «saturado de problemas», en el que la conversación puede quedar centrada en los problemas y en una enumeración de otras dificultades. Además, la investigación en teoría de la atribución (Kelley, 1973) y en análisis de la conversación (O’Reilly, and Lester, 2019) muestra que, cuando hablamos de nuestros problemas, las personas tendemos a adoptar un foco externo defensivo. Intentamos atribuir lo ocurrido a acontecimientos externos, a otras personas, etc. En cambio, es más probable que aceptemos o incluso reivindiquemos la responsabilidad cuando algo ha salido bien. Centrarse en acontecimientos positivos puede servir para «activar» un sentido de agencia propia —un locus de control interno— que puede favorecer una conversación sobre cómo los miembros de la familia habían logrado ejercer influencia para que ocurrieran acontecimientos positivos. Una vez que se ha establecido un sentido de agencia, es más probable que las familias estén dispuestas a pensar en cómo ejercer influencia para cambiar lo que sucede en secuencias más problemáticas. Asimismo, centrarse en acontecimientos positivos puede vivirse como algo validante y servir para calmar la activación emocional de los miembros de la familia, de modo que sean más capaces de pensar y de resolver problemas (Porges, 2009; Siegel and Solomon, 2003). Esto se relaciona a su vez con la construcción de una relación terapéutica positiva o de la base segura (Dallos, 2006).

Sin embargo, para algunas familias empezar con un éxito puede no parecer apropiado y dar la impresión de que no las escuchamos. Este puede ser el caso, en particular, de las familias con estrategias de apego hiperactivantes. Pueden necesitar desesperadamente que comprendamos lo mala que es la situación. Si parece que lo evitamos, pueden activarse y agitarse más en un intento de convencernos. Escuchar su malestar puede ayudar a regular y calmar la emoción negativa, de modo que sean posibles más pensamiento y reflexión.

¿Identificar el episodio?

Una parte clave del rastreo es centrarse en un episodio o incidente concreto. Esto puede resultar difícil, ya que a menudo las personas están muy activadas, alteradas, enfadadas, etc., y sus relatos de los problemas saltan de un incidente a otro. Esto significa que no son capaces de elaborar una historia coherente sobre los problemas, en el sentido de poder comprender la secuencia de los acontecimientos y cómo se desarrollaron a lo largo del tiempo. A menudo no son capaces de sostener una narrativa relacional o sistémica que les permita ver las dificultades en términos de sus respuestas mutuas. Las personas también pueden sentirse algo irritadas si mantenemos el foco en un solo incidente, porque quieren que comprendamos lo mal que van las cosas en general y en distintos contextos.

Localizar un ejemplo reciente de este patrón…. Mantener el foco específicamente en este episodio

Suele ser más manejable pedir a un miembro de la familia que se ofrezca a describir cómo ve el patrón. De nuevo, es importante pedir permiso a los demás miembros y asegurarles que todo el mundo tendrá la oportunidad de dar su versión de los hechos. En esta fase es importante mantener el foco en las acciones, aclarando de nuevo que más adelante examinaremos los sentimientos, pensamientos e intenciones de cada persona. Este foco en las acciones es necesario porque la actividad puede desviarse, por ejemplo, hacia afirmaciones y acusaciones sobre intenciones negativas y culpas.

El rastreo es una actividad multisensorial. Es esencial que el rastreo se dibuje y se comparta visualmente con la familia. Hay varias maneras de hacerlo, por ejemplo, en un rotafolio, una pizarra blanca, una pantalla de ordenador, etc. Las niñas y los niños suelen ser de gran ayuda como artistas, y el rastreo puede representarse de diversas formas.

Ejemplo: Edwin y Suzy

Describieron una circularidad en la que Edwin había invitado a un amigo, Jack, a pasar la noche y, tras un buen día de monopatín y natación, Edwin esperaba que su amigo se quedara otra noche. Por desgracia, la madre del amigo llamó para explicar a Suzy que había habido un fallecimiento en la familia, por lo que no podía quedarse. Cuando Edwin y su amigo volvieron, Suzy tuvo que explicárselo y percibió que se estaba agitando, así que lo mandó arriba a ducharse. Él dio después un portazo e hizo ruido por toda la casa, lo que se describió como una crisis.

Mientras describía esta secuencia, Suzy comentó espontáneamente: «Me doy cuenta de que, justo en el momento en que Edwin necesita que le ayude a entender sus sentimientos, lo mando lejos». Añadió que una psicóloga clínica le había aconsejado que era muy importante que madres y padres de niños con autismo les ayudaran a comprender y nombrar sus emociones. Esto suponía el riesgo de que se culpara a sí misma en ese momento, y tuvimos cuidado de hablar de los distintos factores que influían en ella y en la comprensión de la familia. Clave en ello era el «discurso del autismo», según el cual a estos niños y niñas les resulta difícil comprender las emociones. A pesar del consejo que había recibido, en el calor del momento respondió de una manera que no fue tan útil. Más tarde se reveló también que otros factores influían en esta parte crítica del ciclo. Por ejemplo, era sensible al conflicto por su propia infancia y quería evitar ser dura con sus hijos, especialmente con Edwin, porque lo veía vulnerable. También sentía que Dave (el padrastro de Edwin) criticaba su «blandura» con Edwin, y quería evitar el conflicto con Dave (Figura 2).

Una circularidad que describe una «crisis».
Figura 2. Una circularidad que describe una «crisis».

Identificar los aspectos críticos del patrón

Una vez trazada visualmente la serie de acciones, podemos pensar con la familia qué destaca como momentos críticos. Suelen ser puntos del ciclo en los que el proceso empieza a encaminarse hacia una escalada negativa. De hecho, a veces alguien de la familia comenta, incluso antes de que hayamos terminado de trazar el patrón, que es ahí donde empieza a «torcerse», o que podría haber hecho algo de otra manera. Una vez trazada una secuencia, resulta tentador dejarse llevar y hacer suposiciones sobre lo que nosotros consideramos los aspectos críticos de una secuencia. El propósito del rastreo no es señalar a las familias sus errores o en qué se están equivocando, sino invitarlas a reflexionar con nosotros y a hacer sus propios descubrimientos. Tenemos que reflexionar sobre hasta qué punto puede ser útil o no para la familia que ofrezcamos alguna orientación. En algunos casos, los miembros de la familia pueden estar muy estresados, ansiosos, enfadados y convencidos de que están fracasando. Ofrecer sugerencias puede inhibir su capacidad de reflexionar, y existe el riesgo de que el rastreo se convierta en un proceso confuso y aversivo. Puede empezar a instalar en ellos la sensación de que se trata de un ejercicio para evaluar su competencia y buscar culpables.

Nuestra aportación y nuestra pericia son un componente importante para ayudarles. Es útil abordarlo de dos maneras: una consiste en preguntar si desean algún comentario o consejo por nuestra parte sobre lo que vemos como algunos de los momentos clave o críticos de su patrón. No es infrecuente que surjan comprensiones espontáneas, como en el caso de Suzy, que reflexionó de inmediato que lo había «mandado lejos».

Identificar las cogniciones y los sentimientos que subyacen a cada una de las acciones

Una vez descritos los patrones de acción, podemos examinar juntos los pensamientos, explicaciones y sentimientos subyacentes de cada miembro de la familia. Esto puede favorecerse preguntando qué pensó y sintió cada miembro en las distintas etapas del ciclo y también qué pensó y sintió ante las acciones de los demás. Por ejemplo, cuando preguntamos qué podía haber sentido Edwin, Suzy comentó que probablemente estaba decepcionado. Durante la sesión se volvió hacia Edwin para preguntárselo y él confirmó que «sí, estaba decepcionado». Pero también hablamos de cómo ella sentía ansiedad ante las crisis y era sensible al conflicto por su propia historia infantil con un padre autoritario. Esto puede dar cabida a creencias más amplias sobre la crianza y la vida familiar, así como a conversaciones transgeneracionales, entre otras cosas sobre cómo las expectativas están moldeadas por las experiencias de la infancia.

Intenciones

Lo que también emerge al emprender este análisis son las suposiciones que los miembros de la familia hacen sobre los estados internos y las intenciones de los demás. A menudo son primarias, en el sentido de que las personas se ven a sí mismas como obligadas a reaccionar ante las intenciones de la otra persona. Suzy consideraba que Edwin no podía gestionar sus sentimientos debido a su diagnóstico de autismo. Con frecuencia, las suposiciones sobre las intenciones ajenas se han vuelto negativas, como «intenta intimidarme», «quiere ganarme la partida» o «me manipula» (o a otras personas de la familia). Otra variante es la atribución de que la persona es desconsiderada e irreflexiva porque no tiene en cuenta mis sentimientos. Una acusación frecuente que oímos de adolescentes es que sus progenitores no les escuchan. En una afirmación así puede anidar la suposición de que a sus progenitores no les importan lo suficiente como para escucharles, o de que están absortos en sus propias necesidades.

A medida que surgen estas acusaciones, es probable que las personas se pongan a ofrecer justificaciones y también a formular contraacusaciones. Esto puede aportar información nueva, pero existe el riesgo de que derive en ciclos negativos de contraacusaciones. Puede ser útil recurrir a aspectos de las preguntas circulares o a invitaciones a la mentalización. Por ejemplo: ¿qué crees que diría tu hija?, ¿cómo explicaría lo que está haciendo y cuáles eran sus intenciones? Esto puede adelantarse a esas suposiciones y permitir que los demás miembros de la familia expresen sus ideas y sentimientos de una manera menos reactiva y más productiva.

Invariablemente, este análisis se volverá también reflexivo en lo personal para nosotros. Por ejemplo, al escuchar a Suzy, RD recordó momentos en los que había sido poco sensible con sus propios hijos y momentos en los que, de niño, se había sentido decepcionado y defraudado por sus padres. También recordó cuánto había echado de menos a su propio padre, que se había marchado, y se preguntó si Edwin estaba dolido y enfadado por haber perdido a su padre y tener poco contacto con él. Es posible aprovechar estas reflexiones personales y compartirlas con las familias. A veces preguntamos a las familias si les gustaría saber algo de nuestras propias experiencias. A veces lo agradecen, pero también puede haber momentos en que están claramente tan desbordadas por su propio malestar que oír hablar de otras personas puede resultarles una distracción.

Explorar las emociones y sus vínculos con las estrategias de apego

Los patrones están también cargados de contenido emocional, y podemos explorar cómo se sentían las personas en determinados puntos del ciclo. Las respuestas iniciales pueden ser bastante restringidas, por ejemplo, que se sentían enfadadas, intimidadas, humilladas, etc. En términos de apego, estos son los aspectos de protesta de nuestra respuesta emocional. A medida que hablamos de las emociones, puede ser posible ampliar y engrosar esta conversación para considerar las emociones más «suaves» y vulnerables que también pudieron estar presentes. Por ejemplo, una tristeza porque las cosas son difíciles o una sensación de pérdida de lo cercana y cálida que solía ser la relación en el pasado. Esto puede permitir que surjan nuevas narrativas sobre la relación y ofrecer una imagen menos destructiva de sus relaciones. Por ejemplo, Edwin pudo compartir con su madre que estaba decepcionado porque su amigo no se quedaba a dormir, y no solo enfadado con ella por mandarlo arriba. Del mismo modo, Suzy pudo explicar que lamentaba que estuviera decepcionado y llegó a sugerir que quizá podría organizar otro día para que su amigo viniera.

Guiones correctivos y replicativos

John Byng-Hall (1985) describió que no solo desarrollamos estrategias de apego a partir de nuestra experiencia infantil, sino también un conjunto de intenciones sobre lo que queremos repetir y cambiar de esas experiencias. Por ejemplo, Suzy parecía tener, en relación con Edwin, un guion correctivo de no mostrarle ira de la manera en que ella la había vivido con sus padres, militares autoritarios. A veces puede ser útil sacar a la luz estos guiones en presencia de la familia mientras hablamos. Byng-Hall (1985) sugirió también que necesitamos improvisar y adaptar nuestros guiones a las circunstancias actuales. El trabajo con adolescentes y sus progenitores puede ilustrar su importancia, ya que es frecuente que chicas y chicos adolescentes comenten: «Ay, mamá, eso era en tus tiempos, para nuestra generación es distinto…». Los detalles comentados pueden ser muy significativos, pero conviene mantener en el foco la intención positiva que hay detrás de las acciones de madres y padres.

Una discusión detallada de los guiones correctivos y replicativos puede constituir una actividad aparte, aunque conectada, con madres y padres.

Intentos de reparación

El apego seguro o «equilibrado» puede verse como una confianza implícita en que las cosas acabarán arreglándose. En los sistemas familiares inseguros parecen darse dos procesos: se evita el conflicto y, si llega a producirse, diversos procesos defensivos interfieren con la reparación. Puede negarse, minimizarse, cambiarse de tema, o puede instalarse un distanciamiento lento y angustioso sin una resolución final. En casos extremos pueden aparecer «síntomas» como forma de comunicar lo que está implícitamente prohibido. Por el contrario, en los sistemas hiperactivantes pueden expresarse emociones intensas, pero con tal fuerza y con un vagabundeo tan caótico de un tema a otro que no surge ninguna claridad sobre lo que salió mal y lo que ayudará en el futuro. De nuevo, en casos extremos puede haber gritos excesivos, lágrimas, etc., hasta que las personas se detienen por agotamiento. O, lo que es más peligroso, puede desembocar en un enfrentamiento físico o en violencia.

En el rastreo es importante examinar qué intentos de reparación ha habido, si los ha habido, y qué ocurrió. ¿Se percibieron, se aceptaron, se reconocieron, se desestimaron…? Los intentos explícitos pueden señalarse cuando las personas dicen que pidieron disculpas o dijeron «lo siento», pero también pueden ser más indirectos, por ejemplo, ofrecerse a ayudar, preparar «una taza de té» o hablar en un tono más suave. Es importante explorar los posibles intentos que han pasado desapercibidos, pero también indagar qué habría ayudado o habría sido aceptable. Con frecuencia, el problema puede ser que la reparación no fue del tipo «adecuado» o incluso que una disculpa, como decir «lo siento», se percibió como poco sincera. Cuando las personas sienten que han intentado una reparación y ofrecido una disculpa, pero han sido rechazadas, esto puede ser muy destructivo, al suscitar sentimientos de dolor, humillación y, a veces, una retirada o el deseo de vengarse y devolver el daño (Johnson, 1998; Vetere and Dallos, 2003).

Con el rastreo entramos y salimos de conversaciones sobre el pasado, con el foco puesto en la dinámica que se despliega en el propio proceso de rastreo. Así, también es posible reflexionar sobre lo que podría ayudar a la reparación: ahora, en la sesión.

Considerar cursos de acción alternativos

A medida que avanza el rastreo, las familias pueden empezar a contemplar distintas formas de relacionarse, de responder, y conectar con experiencias anteriores, quizá olvidadas, en las que las cosas habían ido bien. A medida que avanzamos, aprovechamos las ocasiones para validarlas y apoyarlas y para connotar positivamente sus intenciones, con especial atención a los guiones correctivos y replicativos. Que las familias puedan hacerlo, y en qué medida, depende también de lo seguras que se sientan en la sesión con nosotros y entre sí. Considerar alternativas es un proceso delicado y no exento de cierto riesgo de que las familias se sientan culpadas. Un enfoque que puede ser útil es preguntarles si desean alguna idea o consejo por nuestra parte sobre lo que podrían intentar cambiar. Puede plantearse como un experimento: no se trata de «corregirles», sino de probar algo diferente para ver qué diferencia puede marcar, si es que marca alguna. Si es evidente que la familia sigue muy activada, puede ser mejor explicar que podremos volver más adelante a hacerles sugerencias y que pensaremos en las cosas de aquí a la próxima vez que nos veamos. Uno de los peligros que hay que evitar es dejarse arrastrar por un exceso de urgencia. El rastreo es útil para dar cierto espacio al pensamiento y la reflexión.

Sin embargo, si los miembros de la familia piden sugerencias o formulan las suyas propias, podemos hablar de ellas. A veces la respuesta es: «eso ya lo hemos intentado», lo que puede explorarse para aclarar mejor qué no funciona o para indagar por qué no funcionó.

Escenificación

Considerar un cambio respecto al patrón problemático puede utilizarse como «tarea para casa», de modo que la familia pruebe algo nuevo en casa o en una situación como salir juntos. Es útil invitarles a tomar notas de lo que ocurre y hablar de quién podría ser la persona que observa y toma notas. También es posible intentar escenificar una circularidad, o centrarse en una parte de ella, en la sesión. Utilizamos la escenificación en el ejemplo anterior con Edwin y Suzy, en el que hicieron un breve juego de roles en el que Suzy reconocía sus sentimientos de «decepción» y Edwin pudo decir que eso le hacía sentirse mejor. Experimentar con el cambio de aspectos del patrón es sumamente importante. De lo contrario, existe el riesgo de que el rastreo siga siendo una actividad algo abstracta e intelectual. Las circularidades en las familias están impregnadas de sentimientos y son reacciones encarnadas de unas personas ante otras. Cuando participamos en una escenificación, también podemos sentir lo distinto que es hacerlo de otra manera. Zimmerman (2018) describe la importancia de ayudar a las personas a vivir en las sesiones «momentos de desenlace único» que permitan pasar de un concepto abstracto a una experiencia encarnada de las excepciones a los problemas. También es probable que se revele más información, por ejemplo, que decir «lo siento» puede sentirse falso y que el contacto físico o algo de humor podrían sentar mejor. Por ejemplo, Edwin agradeció que Suzy le dijera que comprendía su decepción, ¡pero agradeció todavía más su ofrecimiento de que su amigo volviera pronto! Cuando realizamos una escenificación con la familia, esta ofrece además un testimonio mutuo de cómo las cosas pueden ser diferentes. Por ejemplo, Dave pudo ser testigo de una diferencia en la manera de responder al comportamiento de Edwin y convino en que reconocer sus sentimientos resultaba muy útil.

Ejemplo de caso

Otro ejemplo es una viñeta compuesta a partir de experiencias de trabajo con jóvenes con trastornos de la conducta alimentaria, que muestra el uso del rastreo tanto de los problemas como de las excepciones, así como el uso de los guiones replicativos y correctivos (Figura 3).

Sarah y su familia.
Figura 3. Sarah y su familia.

Sarah empezó a restringir la comida tras volver a la escuela después de los confinamientos por la COVID. Competía en danza a un alto nivel y, al principio, su madre y su padre pensaron que su cambio en la alimentación estaba relacionado con su preparación física de cara a una competición. Sarah ingresó rápidamente en una unidad de hospitalización tras empezar a restringir de forma grave la comida y la bebida. Ambos progenitores quedaron «descolocados», ya que Sarah era una alumna brillante y siempre había parecido capaz e independiente. El tratamiento hospitalario de Sarah duró varios meses y las visitas de la familia al hospital estuvieron limitadas por las restricciones de la COVID. Sarah recuperó peso y la terapia familiar comenzó poco después de su alta hospitalaria. Las primeras sesiones con ambos progenitores exploraron su propia crianza utilizando aspectos de la Parent Development Interview (Dallos and Grey, 2024). Estas sesiones, y las cartas terapéuticas que las resumían, ayudaron a establecer una relación de confianza con el equipo de terapia familiar, en la que se afirmaron las buenas intenciones y la competencia de ambos progenitores, y se reconocieron y honraron los múltiples acontecimientos vitales estresantes que la familia había vivido recientemente. Los «patrones de apego desactivantes» parecían una forma útil de conceptualizar el estilo de apego predominante de ambos progenitores. John había estado en un internado desde muy pequeño y describía cómo una actitud de «estoicismo» ante las emociones había caracterizado su infancia. Liz había vivido a su familia de origen como personas con un enfoque «práctico» de las dificultades y se describía a sí misma como «no muy de té y compasión». Ambos recordaban haber sido «buenos» de niños, para no ser una carga para sus progenitores. Un «guion correctivo» de querer «estar ahí» para sus propios hijos e hijas era importante para ambos.

Las siguientes sesiones familiares incluyeron a toda la fratría y empezaron a rastrear los patrones en torno a la comida que les hacían sentir que «daban vueltas en círculo». El momento crítico de uno de los patrones típicos era cuando Liz se angustiaba porque Sarah escondía la comida y luego la rechazaba (Figura 4).

Sarah y Liz: rastreo y guiones correctivos y replicativos.
Figura 4. Sarah y Liz: rastreo y guiones correctivos y replicativos.

En una sesión de terapia familiar con toda la familia, la circularidad anterior surgió del rastreo. En el ciclo, Liz identificó cómo al principio se esforzaba mucho por mantener la calma y apoyar a Sarah cuando esta tenía dificultades para comer. Esconder la comida parecía una manera en que Sarah señalaba su malestar, pero no de forma abierta. «Arreglárselas solo» había sido «adaptativo» para la pareja parental en su infancia, y para Sarah en el contexto de múltiples factores de estrés familiares (tener un hermano con conductas desafiantes, el fallecimiento de un tío y una experiencia de riesgo vital de John con la COVID durante la pandemia). La madre y el padre podían ver que «arreglárselas solo» tenía sus límites frente a la cantidad de estrés que habían vivido como familia. Liz contaba que se sentía desbordada y pensaba: «No consigo llegar a ella, estoy fracasando como madre», y acababa enfadándose con Sarah. Lisa intervenía y le decía a Sarah que «comiera y dejara de disgustar a mamá». El enfado y la angustia de su madre y de su hermana reforzaban la tendencia de Sarah a ocultar su propio malestar y su dificultad con la comida, y a sentirse una carga. John trabajaba muchas horas y consideraba a Liz «capaz y con las cosas bajo control», de modo que no estaba presente cuando se producía este ciclo. Liz había intentado protegerle de sus dificultades, ya que consideraba que el cuidado del hogar y la crianza eran su principal responsabilidad en el matrimonio. Ambos habían llegado a estar bastante agotados, distantes y un poco resentidos el uno con el otro, y John se sentía cada vez más desesperanzado e impotente. Ambos podían ver cómo este patrón era un círculo vicioso que favorecía el trastorno alimentario.

Ir más despacio e indagar sobre los sentimientos, las intenciones y los significados —o «calentar»— durante el rastreo permitió que la angustia creciente de Liz y de Sarah se expresara y se comprendiera con más claridad. John y Liz empezaron a dar prioridad al tiempo y a las conversaciones en pareja, dedicando tiempo a pasear juntos, y John «se hizo cargo» por completo de la comida en algunos momentos para apoyar a Sarah con la alimentación y que Liz pudiera recargar fuerzas o tomarse un respiro. El equipo de terapia familiar compartió ideas sobre cómo la anorexia pone a prueba a las madres y los padres más cariñosos y entregados, con la esperanza de ayudar a Liz a recuperar su sentimiento de ser una madre capaz y la legitimidad de no limitarse a «arreglárselas sola», y de permitir que John sintiera que estaba contribuyendo. John y Liz encontraron palabras para empatizar más con la lucha de Sarah («no eres tú, es el trastorno alimentario»), y esto creó una oportunidad para que la familia empezara a reflexionar sobre la experiencia de que un ambiente más seguro y tranquilo podía ser más propicio para comer, como se ilustra a continuación (Figura 5).

Cambios en las relaciones familiares tras el rastreo y las sesiones familiares posteriores.
Figura 5. Cambios en las relaciones familiares tras el rastreo y las sesiones familiares posteriores.

Este trabajo se desarrolló en un contexto multidisciplinar que incluía una terapia individual para Sarah. El recorrido de la familia con la anorexia siguió teniendo altibajos, y el rastreo tanto de los ciclos problemáticos como de las interacciones positivas se repitió a lo largo de muchas sesiones, construyendo poco a poco la experiencia y la conciencia de la familia de que sus interacciones eran una parte importante de este recorrido.

Discusión

Este proceso de rastreo de los momentos y encuentros difíciles en nuestras relaciones más cercanas puede estratificarse y ajustarse para responder a las necesidades evolutivas y estratégicas de los miembros de la familia en las distintas fases del trabajo terapéutico. Por ejemplo, podemos empezar con una exploración más conductual y orientada a la acción de la secuencia de interacciones. A veces esto basta para resolver problemas de forma eficaz. El simple hecho de «externalizar» una secuencia de conductas dibujando la circularidad en una hoja grande de papel puede bastar para que las personas «vean» lo que podrían hacer de otra manera para lograr un resultado distinto y más deseable. Esta exploración puede promover la cooperación y el reconocimiento de objetivos y deseos compartidos. Exploramos los significados explícitos e implícitos inscritos en la secuencia de actos y acciones. Para los miembros de la familia que privilegian las comprensiones semánticas, este puede ser un buen terreno para construir la confianza en el proceso terapéutico. Para quienes tienen dificultades para pensar en sus propias acciones en los momentos difíciles, puede ofrecer un contexto más tranquilo en el que centrarse y estar presentes en las conversaciones.

El rastreo no es simplemente una actividad puntual para recoger información. Lo utilizamos a lo largo de sesiones repetidas y volvemos a él como apoyo visual, una especie de memoria con las familias, para reflexionar sobre sus dinámicas y comentar los cambios que han intentado introducir. Sostenemos que puede ser un enfoque rico y flexible, capaz de incorporar una variedad de enfoques sistémicos, entre ellos las terapias narrativas y también la teoría del apego. Puede emplearse para ayudar a elaborar las narrativas de las familias no solo semánticamente, en términos de los significados que se atribuyen a las acciones de los miembros de la familia, sino también como una reflexión sobre las dinámicas emocionales que moldean igualmente las acciones y la comprensión. Esto conecta asimismo con la neurociencia contemporánea y con las teorías del trauma, en el sentido de que el rastreo puede ayudar a las personas a empezar a integrar aspectos fragmentados y desconectados de su experiencia. Por último, podemos ver el rastreo como una ayuda para que las familias reflexionen sobre maneras más constructivas de gestionar los conflictos y las desarrollen: comprometerse con la reparación. ¿Cómo reparamos los malentendidos y los fallos de comunicación en las familias?

El rastreo es solo una parte del trabajo con una familia. Siempre hay muchas otras vías importantes que puede ser pertinente explorar. Sin embargo, con frecuencia podemos ver en un ejemplo de rastreo un microcosmos de las partes más significativas de las experiencias de una familia. En los momentos fugaces de las interacciones podemos empezar a comprender y a presenciar cómo están moldeadas por corrientes profundas de la historia familiar. Por ejemplo, la «decepción» de Edwin quizá no tuviera que ver solo con que su amigo no se quedara otra noche, sino con la sensación de verse «defraudado» una vez más, como le había ocurrido con la marcha de su padre. Además, en realidad no había podido hablar de ello, ya que su madre necesitaba consolidar su nueva relación con su padrastro, Dave. No siempre es necesario explorar estas posibilidades para promover algunos cambios positivos, pero a veces pueden ayudar a los miembros de la familia a comprender mejor lo que puede estar moldeando las acciones que se suceden momento a momento entre ellos. El patrón de un episodio concreto puede reflejar el patrón del conjunto de la familia (Bateson, 1980).

Complexe Systémique: lo esencial

El artículo devuelve su lugar a un gesto antiguo: seguir, paso a paso, lo que sucedió en un episodio concreto. Su fuerza consiste en convertirlo en un trabajo compartido, dibujado en la pizarra con la familia, que sitúa a cada persona en una «posición de observador» en lugar de sentarla en el banquillo. Dos aportaciones merecen la atención de la clínica. En primer lugar, el ajuste a las estrategias de apego: con las familias que cuentan su historia sin emoción, el relato se «calienta» preguntando qué sentía cada persona; con las que se desbordan, se «enfría» volviendo al orden de los acontecimientos. En segundo lugar, el consejo de empezar a veces por un episodio que salió bien, para no poner en el punto de mira al niño o la niña designados. Cabe lamentar que los ejemplos sigan siendo breves y que el vínculo entre neurobiología y circularidad se afirme más de lo que se demuestra. Pero la lección es valiosa: el detalle de una discusión revela a menudo la historia de toda la familia, del mismo modo que la «decepción» de Edwin remite a la marcha de su padre. Para leer junto con el artículo sobre la causalidad circular y el artículo sobre la reformulación relacional en la terapia familiar basada en el apego.

Notas del original

Declaración de conflictos de intereses. La autoría declaró no tener ningún posible conflicto de intereses en relación con la investigación, la autoría o la publicación de este artículo.

Financiación. La autoría no recibió apoyo financiero para la investigación, la autoría o la publicación de este artículo.

Referencias

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Traducción no oficial de Tracking circularities – An invitation to explore relational patterns, de Rudi Dallos, Suzy MacKechnie y Rebecca Stancer, Human Systems, vol. 5, n.o 3 (2025), doi: 10.1177/26344041251337008, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Esta es una traducción del artículo original «Tracking circularities – An invitation to explore relational patterns», publicado en Human Systems (2025) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.

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Cómo citar este artículo

Dallos, R., MacKechnie, S., et Stancer, R. (2025). Tracking circularities – An invitation to explore relational patterns. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/tracking-circularities-an-invitation-to-explore-relational-patterns (Obra original publicada en 2025 en Human Systems, 5(3), 171-187 (2025); republicada en 2025 por Human Systems, https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/26344041251337008)

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