Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Journal of Marital and Family Therapy · Parejas

«Uno puede tener todo tipo de buenas intenciones, pero a veces, en la vida cotidiana, las cosas salen de otra manera»: los acuerdos de cambio en la vida cotidiana de las parejas

¿Qué ocurre, una vez terminado el programa, con los acuerdos de cambio que las parejas en dificultades establecen en una intervención de pareja en línea? El equipo de Aarhus siguió a seis parejas danesas con hijos durante siete meses después del programa OurRelationship. Según cómo se vivan, estos acuerdos se convierten en contratos que generan culpa, en marcas de una comprensión compartida o en reveladores de una carga relacional que recae sobre todo en las mujeres.

Autoría Nanna Fensman Lassen, Hanne Nørr Fentz y Tea Trillingsgaard (The Couple and Family Research Unit, Developmental Psychology, Department of Psychology and Behavioral Sciences, Aarhus University, Dinamarca); Klaus Nielsen (Research Unit for Practice-Based Learning and Centre for Qualitative Method Development, Department of Psychology and Behavioral Sciences, Aarhus University, Dinamarca)Primera publicación Journal of Marital and Family Therapy, 29 de septiembre de 2026Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de “One Can Have All Sorts of Good Intentions but Sometimes in Everyday Life, It Turns Out Differently”: Change Agreements in Couples' Everyday Lives, de Nanna Fensman Lassen, Hanne Nørr Fentz, Klaus Nielsen y Tea Trillingsgaard, publicado en Journal of Marital and Family Therapy (Wiley) (2026), doi: 10.1111/jmft.70179, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las notas y las declaraciones de final de artículo se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

En este sentido, los AC hacen visible quién toma la iniciativa, quién se retira y quién carga con la responsabilidad de la reparación.

Nanna Fensman Lassen, Hanne Nørr Fentz, Klaus Nielsen y Tea Trillingsgaard

Resumen

Las intervenciones de pareja en línea se utilizan cada vez más para apoyar a las parejas que atraviesan un malestar relacional. Sin embargo, se sabe poco sobre cómo las parejas integran los elementos de la intervención en su vida cotidiana. Este estudio cualitativo longitudinal examinó cómo parejas con hijos en situación de malestar integran los acuerdos de cambio elaborados en el programa en línea OurRelationship. Se incluyeron en el estudio seis parejas (12 personas participantes). Los datos consistieron en una sesión de coaching y en dos rondas de entrevistas individuales realizadas entre 3 y 6 semanas y entre 6 y 7 meses después de finalizar el programa. Mediante un análisis fenomenológico interpretativo longitudinal, identificamos tres formas principales en que las parejas vivieron, interpretaron y utilizaron los acuerdos de cambio: (1) como contratos instrumentales, (2) como expresiones de comprensión mutua y (3) como medio de hacer visible la responsabilidad relacional, incluidas posibles asimetrías de género. Los resultados sugieren que los acuerdos de cambio no se trasladan directamente a la vida cotidiana de las parejas y que sus consecuencias evolucionan con el tiempo. Se discuten las implicaciones para profesionales, para el diseño de intervenciones y para las teorías del cambio relacional.

Palabras clave: procesos de cambio, análisis fenomenológico interpretativo longitudinal, estudio cualitativo longitudinal, intervención de pareja en línea, ourrelationship, malestar relacional

1 Introducción

En los últimos años, el campo de la terapia de pareja ha asistido a un aumento sustancial del desarrollo y la difusión de intervenciones de pareja en línea (Bradbury and Bodenmann 2020). Estas intervenciones han surgido en parte como respuesta a una brecha bien documentada entre el gran número de parejas que atraviesan un malestar relacional y la proporción relativamente pequeña que busca o recibe una terapia de pareja presencial tradicional (Doss et al. 2003; Johnson et al. 2002; Trillingsgaard et al. 2019). Intervenciones en línea como OurRelationship (OR), Power of Two, ePREP y Hold Me Tight ofrecen alternativas accesibles, flexibles y rentables a la terapia de pareja tradicional (Doss et al. 2022). Estos programas pueden ser opciones especialmente atractivas e importantes para parejas que se enfrentan a barreras económicas, logísticas o psicológicas para acudir a terapia de pareja, como el estigma social, las limitaciones de horario, los costes elevados, las dudas sobre la fiabilidad de la persona terapeuta o la escasa disponibilidad de profesionales clínicos con la formación y la cualificación necesarias (Hubbard and Anderson 2022).

Un creciente corpus de investigación indica que las intervenciones de pareja en línea pueden favorecer mejoras en la satisfacción y el funcionamiento de la relación (Carr 2025). Este artículo se centra en el programa en línea OR de 8 semanas, que se basa en la terapia de pareja conductual integradora (Integrative Behavioral Couple Therapy, IBCT) y es actualmente el programa de autoayuda en línea para parejas más estudiado (Doss et al. 2023). OR se desarrolló como intervención secundaria: está pensado para ayudar a las parejas que atraviesan un malestar relacional, pero antes de que esos problemas se agraven y requieran la intervención de una persona terapeuta de pareja (Doss et al. 2013). Esta distinción ayuda a situar OR dentro del continuo más amplio que va de la educación relacional a la intervención terapéutica (Myers‐Walls et al. 2011).

Ensayos controlados aleatorizados realizados en Estados Unidos por el equipo que desarrolló el programa demuestran mejoras sostenidas en la satisfacción con la relación autoinformada, niveles reducidos de conflicto de pareja y mejoras en la salud mental y física de las personas participantes (Doss et al. 2016; Doss et al. 2019; Roddy et al. 2021; Roddy et al. 2020). Los efectos positivos sobre la satisfacción con la relación y sobre los conflictos de comunicación se han replicado en muestras de otras culturas (Fentz et al. 2025; Trillingsgaard, Hansen, et al. 2025). Además, se han observado beneficios en los resultados emocionales y conductuales de los hijos e hijas (Doss et al. 2020) y en poblaciones vulnerables, como parejas con bajos ingresos, minorías étnicas y población veterana (Doss et al. 2020; Georgia Salivar et al. 2020; Georgia Salivar et al. 2018; Hatch et al. 2022; Le et al. 2020; Mitchell et al. 2023).

Sin embargo, la mayoría de los estudios se centran en la eficacia del tratamiento y ofrecen una visión limitada de cómo las parejas integran los elementos de la intervención en la vida cotidiana, sobre todo desde una perspectiva longitudinal. Comprender cómo se viven, se interpretan y se utilizan los elementos de la intervención dentro de las prácticas en curso de las relaciones de pareja es una dimensión importante, aunque poco explorada, de la investigación sobre intervenciones de pareja. Esto es crucial, ya que es en la vida cotidiana donde tales cambios pueden y deben marcar una diferencia significativa. El presente estudio pretende cubrir esta laguna centrándose específicamente en los acuerdos de cambio (AC) de las parejas elaborados en el módulo final del programa en línea OR.

1.1 Contextualizar los acuerdos de cambio en el campo de la terapia de pareja conductual

Los AC son compromisos concretos y realizables que cada miembro de la pareja formula inicialmente de forma individual a través de las actividades del programa OR. Después, los AC se discuten y se acuerdan en una conversación estructurada entre ambos miembros de la pareja para orientar los cambios de comportamiento en la comunicación, la reconciliación y las preocupaciones centrales que las parejas eligen abordar en OR (Doss et al. 2013). Ejemplos habituales de AC son pedir tiempos muertos durante los conflictos, mantener conversaciones estructuradas de tipo hablante‐oyente, expresar emociones hasta entonces no dichas, tomar la iniciativa de la reconciliación tras una discusión y planificar citas regulares en pareja.

En OR, estos AC se formulan después de que las parejas hayan trabajado los módulos Observar y Comprender. Los módulos Observar y Comprender guían a las parejas para identificar una o dos preocupaciones centrales en su relación y desarrollar una comprensión más profunda y matizada de los patrones relacionales que las mantienen. Estos módulos ponen el acento principalmente en la aceptación emocional y la comprensión mutua (Doss et al. 2013). El tercer módulo, Responder, se orienta hacia acciones conductuales concretas y se centra en las soluciones y el cambio positivo, con el objetivo de ayudar a las parejas a traducir las comprensiones de los dos primeros módulos en cambios de comportamiento concretos (Doss et al. 2013).

En la historia más amplia de la terapia de pareja conductual, las estrategias explícitas de cambio de comportamiento han desempeñado desde hace mucho un papel central. La terapia de pareja conductual tradicional (Traditional Behavioral Couple Therapy, TBCT) pone el acento en la modificación directa de los comportamientos negativos o indeseables de los miembros de la pareja mediante técnicas conductuales tradicionales como el entrenamiento en comunicación, la resolución de problemas y la activación conductual (Jacobson and Margolin 1979). Estas estrategias buscaban mejorar el funcionamiento de la relación aumentando los intercambios positivos y reduciendo los patrones negativos de interacción mediante cambios de comportamiento acordados mutuamente.

Según una teoría conductual más reciente y orientada al contexto (Christensen et al. 2020), estas estrategias se basan en principios de cambio de comportamiento gobernado por reglas (Skinner 1966), en los que las personas regulan sus acciones siguiendo reglas, prescripciones y acuerdos sobre cómo deberían comportarse en situaciones concretas. Aunque históricamente la TBCT ha demostrado una eficacia considerable (Hahlweg and Markman 1988), surgieron dudas sobre la durabilidad y la generalización de los cambios de comportamiento que se basan principalmente en la adhesión a reglas explícitas. Por ejemplo, aunque un metaanálisis informó de un tamaño del efecto global grande para la TBCT (d = 0.95) (Hahlweg and Markman 1988), las tasas de cambio clínicamente significativo han sido más modestas: el 54,7 % de las parejas experimentó una mejora fiable tras el tratamiento, y el 35,3 % logró a la vez una mejora fiable y el paso al rango sin malestar (Jacobson et al. 1984). Además, los estudios sugieren que los beneficios del tratamiento pueden disminuir con el tiempo, con resultados a largo plazo dispares (Christensen et al. 2006; Hahlweg and Markman 1988; Jacobson et al. 1984). En los contextos emocionalmente complejos y situacionalmente variables de la vida cotidiana en pareja, las prescripciones conductuales gobernadas por reglas pueden ser difíciles de mantener de forma constante (Christensen et al. 2020).

La IBCT se desarrolló en parte como respuesta a estas inquietudes (Jacobson and Christensen 1996). A diferencia de las terapias de pareja conductuales o cognitivas tradicionales, la IBCT pone el acento en la aceptación emocional y la comprensión mutua entre los miembros de la pareja como objetivos principales, por encima de la reestructuración cognitiva o el cambio de comportamiento. No obstante, las intervenciones conductuales tradicionales y el desarrollo de la tolerancia pueden introducirse como estrategias secundarias una vez establecida una aceptación suficiente entre los miembros de la pareja (Christensen et al. 2020).

Así, la IBCT pone más el acento en el cambio moldeado por las contingencias (Christensen et al. 2020; Skinner 1966). Desde esta perspectiva, se supone que los nuevos patrones de interacción surgen gradualmente a medida que los miembros de la pareja desarrollan una comprensión más profunda el uno del otro y siguen respondiendo a sus comportamientos recíprocos, y no mediante la adhesión a reglas conductuales o a prescripciones de acciones concretas en situaciones particulares. Un ensayo clínico aleatorizado sugiere que, si bien la TBCT puede ayudar a las parejas a lograr mejoras tempranas relativamente rápidas en la satisfacción de pareja, estas mejoras parecen estancarse más adelante en el tratamiento. En cambio, las parejas en IBCT pueden experimentar mejoras más lentas pero más graduales a lo largo del tratamiento, con beneficios que alcanzan el mismo nivel que en la TBCT pero se mantienen más estables en el tiempo (Christensen et al. 2004; Christensen et al. 2006).

OR se basa en los principios de la IBCT (Doss et al. 2013), en particular en su énfasis en facilitar que los miembros de la pareja comprendan los patrones de interacción, a menudo negativos o destructivos, y en fomentar respuestas empáticas y la aceptación mutua (Doss et al. 2016). Al mismo tiempo, el programa incorpora elementos estructurados destinados a ayudar a las parejas a traducir esas comprensiones en cambios de comportamiento concretos (Doss et al. 2013). El módulo Responder ilustra esta integración al invitar a las parejas a formular AC explícitos sobre cómo abordarán en adelante las situaciones difíciles o los patrones de interacción destructivos de su relación.

Esto plantea preguntas importantes sobre cómo las parejas viven, interpretan y utilizan estos AC en su vida cotidiana a lo largo del tiempo. Por un lado, los acuerdos formulados en colaboración pueden ayudar a los miembros de la pareja a traducir nuevas comprensiones en prácticas relacionales realizables. Por otro, los acuerdos explícitos también pueden propiciar una orientación más gobernada por reglas hacia el cambio relacional, en la que cada miembro de la pareja vigila, evalúa o intenta imponer el cumplimiento de los comportamientos acordados.

Un estudio previo sugiere que el módulo Responder puede desempeñar un papel importante en el mantenimiento de los efectos del programa (Roddy et al. 2017). En su evaluación de una versión breve de OR que excluía el módulo Responder, y por tanto los AC, Roddy et al. (2017) constataron que, aunque las parejas mostraban inicialmente una mejora, estos beneficios se habían disipado en gran medida en el seguimiento a los 3 meses. La autoría planteó que la omisión del módulo Responder y de los AC podría haber limitado la capacidad de las parejas para traducir las comprensiones del programa en cambios concretos en su vida cotidiana. Sin embargo, el menor tiempo del que disponían las parejas para centrarse en sus preocupaciones relacionales, desarrollar una mayor comprensión mutua y practicar respuestas más empáticas también puede haber contribuido a estos resultados. En consecuencia, los procesos que explican estos hallazgos siguen sin estar claros, y se necesita un examen más profundo antes de poder extraer conclusiones.

1.2 Una perspectiva de la vida cotidiana inspirada en la psicología crítica

Para explorar cómo los miembros de la pareja viven, interpretan y utilizan los AC elaborados en el módulo Responder, el presente estudio se inspira teóricamente en la psicología crítica (Dreier 2008; Holzkamp 1998). Desde esta perspectiva, las intervenciones terapéuticas no se entienden como acontecimientos aislados, confinados a las sesiones o a la participación en el programa (Mackrill 2008). Al contrario, sus significados y consecuencias se constituyen en relación con la conducción de la vida cotidiana de los miembros de la pareja. El concepto de conducción de la vida cotidiana se refiere a la actividad continua mediante la cual las personas organizan, integran y construyen su vida diaria «día tras día», coordinando y gestionando las diversas —y a veces contradictorias— exigencias que encuentran, a la vez que amplían sus posibilidades de acción (Holzkamp 1998).

Esta perspectiva subraya que la vida cotidiana no es algo que simplemente les sucede a los miembros de la pareja. Al contrario, se les considera sujetos situados que participan activamente en diversas prácticas sociales y las configuran desde una posición situada, en primera persona. Así, participar en un programa de autoayuda en línea no se reduce a lo que ocurre durante las sesiones en línea o dentro del programa. Su significado se constituye más bien en los contextos más amplios de la vida cotidiana en los que viven los miembros de la pareja al margen de su participación en el programa.

La participación es un concepto clave en este marco teórico. Significa que «pensamos en los sujetos humanos como ya implicados en una práctica social de la que tenemos una comprensión más o menos común» (Dreier 2008, 30). Como señala Dreier (2015, 127), «intervenir» significa «venir, estar o hallarse entre» y «interponerse como influencia, por ejemplo para modificar, resolver o impedir una acción, un argumento, etc.». Así, intervenir como terapeuta, como coach o mediante una intervención en línea es convertirse en una influencia potencial entre muchas otras cosas que ya están teniendo lugar en la conducción de la vida cotidiana de los miembros de la pareja.

1.3 El presente estudio

Esta perspectiva sobre las intervenciones y la vida cotidiana motiva el presente estudio, guiado por las siguientes preguntas de investigación:

  • ¿Cómo viven, interpretan y utilizan los miembros de la pareja, en su vida cotidiana, los AC que acuerdan en el módulo Responder de OR?
  • ¿Qué tipos de consecuencias tienen a lo largo del tiempo las distintas formas de vivir, interpretar y utilizar los AC?

Al examinar cómo los miembros de la pareja viven, interpretan y utilizan los AC más allá del contexto estructurado de la intervención, el estudio pretende contribuir a una mejor comprensión de cómo los esfuerzos de cambio relacional iniciados en una intervención de pareja en línea estructurada se mantienen, se reconfiguran o se ponen en cuestión en la conducción continua de la vida cotidiana.

2 Método

El presente estudio es un estudio cualitativo longitudinal destinado a obtener una comprensión en profundidad de las experiencias, las interpretaciones y el uso de los AC por parte de las parejas. Los datos consisten en entrevistas individuales semiestructuradas con cada una de las 12 personas participantes que completaron el programa OR. Se optó por entrevistas individuales para permitir que las personas participantes expresaran malestar, ambivalencia o perspectivas críticas que, de otro modo, podrían callar en presencia de su pareja (Cerchiaro 2023; Throsby and Gill 2004; Zarhin 2018).

Se invitó a las personas participantes a dos entrevistas, aproximadamente entre 3 y 6 semanas (T2) y entre 6 y 7 meses (T3) después de completar OR. Además de estas entrevistas, los datos de las cinco sesiones de coaching realizadas con cada pareja como parte del programa OR también nutrieron el análisis. La quinta sesión de coaching (T1) se analizó en profundidad porque se centraba en la formulación de los AC por parte de las parejas, mientras que las demás sesiones aportaron material contextual. En la figura 1 se presenta una visión general del diseño del estudio.

Diseño del estudio. T1 = momento 1 (quinta sesión de coaching); T2 = momento 2 (entrevistas individuales realizadas entre 3 y 6 semanas después de finalizar el programa); T3 = momento 3 (entrevistas indivi
Figura 1. Diseño del estudio. T1 = momento 1 (quinta sesión de coaching); T2 = momento 2 (entrevistas individuales realizadas entre 3 y 6 semanas después de finalizar el programa); T3 = momento 3 (entrevistas individuales realizadas entre 6 y 7 meses después de finalizar el programa); OR = OurRelationship (Doss et al. 2013).

En el artículo, T1 se refiere a la quinta sesión de coaching, T2 a la primera entrevista individual y T3 a la última entrevista individual con la persona participante.

2.1 Participantes

Las personas participantes se reclutaron a partir de un ensayo controlado aleatorizado más amplio de tres brazos que estudiaba la autoayuda para parejas con hijos (Trillingsgaard, Fentz, et al. 2025; Trillingsgaard et al. 2026). Tras una evaluación inicial, las parejas que cumplían los criterios se asignaron aleatoriamente a OR, a biblioterapia (BibT) o a lista de espera. Tras el periodo de espera, las parejas de la condición de lista de espera eligieron entre OR y BibT. De las 374 parejas del ECA más amplio de tres brazos, 111 se asignaron a la lista de espera, de las cuales 90 iniciaron posteriormente una intervención e hicieron una elección; 77 eligieron OR (70 con coaching y 7 sin él) y 13 eligieron BibT (siete con coaching y seis sin él). Las 65 parejas que completaron OR con coaching constituyeron el grupo de reclutamiento del presente estudio cualitativo.

Dado el diseño idiográfico y longitudinal, nos propusimos incluir cinco parejas para permitir un examen en profundidad de las trayectorias individuales y de pareja, y reclutamos una pareja adicional como margen frente a posibles abandonos. De las 13 parejas contactadas, seis (46,2 %) aceptaron participar y siete (53,8 %) lo rechazaron. Las seis parejas participantes (12 personas) aportaron datos en tres momentos previstos, lo que permitió un análisis longitudinal a nivel individual, de pareja y entre parejas, manteniendo a la vez un enfoque idiográfico en profundidad (Smith and Osborn 2015).

Las parejas se evaluaron inicialmente y se consideraron elegibles si cumplían al menos uno de los siguientes criterios: (1) Uno o ambos miembros de la pareja informaban de al menos un acto de agresión física o psicológica durante conflictos en los últimos 3 meses. (2) Un miembro de la pareja puntuaba al menos 1 desviación típica (SD) (lo que indica niveles graves de baja satisfacción con la relación) o ambos miembros 0.5 SD por debajo de la media de la población danesa en satisfacción con la relación (medida con el Couple Satisfaction Index, CSI‐4; véase Leth‐Nissen et al. 2024 para las normas danesas).

Otros requisitos de elegibilidad eran: que ambos miembros de la pareja tuvieran 18 años o más, que convivieran desde hacía al menos 6 meses, que tuvieran al menos un hijo o hija menor de 18 años viviendo en el hogar, que pudieran leer y comprender el danés y que tuvieran acceso a internet y a una tableta, un ordenador o un teléfono inteligente. Se excluyeron las parejas en las que uno o ambos miembros informaban de un divorcio o una separación en curso, mantenían una relación extramatrimonial o superaban el umbral de cribado de riesgo suicida. También se excluyeron las parejas en las que los actos de agresión física habían provocado lesiones o miedo en los últimos 3 meses.

Participaron seis parejas heterosexuales; cinco estaban casadas. Las mujeres tenían entre 32 y 50 años (M = 40.50) y los hombres entre 34 y 51 años (M = 41.83). Las parejas tenían entre 1 y 3 hijos o hijas (M = 2) y vivían en cuatro municipios de Dinamarca. Todas las personas participantes eran blancas/caucásicas y habían completado la escolaridad obligatoria. El nivel educativo iba de la formación profesional a la educación superior de ciclo largo, y 11 de las 12 personas participantes tenían empleo.

Todas las personas participantes tomaron parte en las sesiones de coaching. Cinco parejas completaron ambas entrevistas individuales; una pareja (Sarah y Michael) no participó en la entrevista de seguimiento. Tras OR, a tres parejas se les ofreció terapia de pareja como parte del modelo de atención escalonada. Sarah y Michael rechazaron la oferta, mientras que Fred y Maya, y Jane y John la aceptaron. Ninguna había comenzado la terapia de pareja en el momento de las entrevistas.

2.2 Procedimiento

Todas las entrevistas las realizó la persona que firma en primer lugar, que no había intervenido previamente en el coaching, el reclutamiento ni el cribado de las personas participantes. Esta separación de funciones pretendía favorecer la apertura de las personas participantes. Las entrevistas T2 se realizaron entre el 30 de octubre de 2024 y el 2 de julio de 2025, y las entrevistas T3 entre octubre de 2025 y enero de 2026. Todas las entrevistas se realizaron en línea por Zoom y duraron entre 31 y 77 min.

Guiones de entrevista distintos para T2 y T3 abordaban las experiencias e interpretaciones de OR y de los AC por parte de las personas participantes, su uso en la vida cotidiana, los cambios y las dificultades percibidos, y los significados y consecuencias atribuidos a los AC. Las entrevistas se llevaron a cabo como diálogos flexibles y exploratorios, lo que permitía profundizar en las cuestiones planteadas por las personas participantes. Se grabaron y se transcribieron literalmente. Las citas se tradujeron del danés al inglés preservando el sentido y la intención comunicativa de las declaraciones de las personas participantes.

2.3 Reflexividad

Cabe señalar que N.F.L., H.N.F. y T.T. participan en el estudio de investigación más amplio sobre OR en el que se basa el presente estudio. Además, H.N.F. y T.T. son responsables de la introducción de OR en Dinamarca y de la traducción y adaptación cultural del programa al contexto danés. NFL se incorporó al proyecto después del estudio piloto, pero también participa en investigaciones relacionadas con OR. En cambio, KN no tiene ninguna vinculación formal ni informal con OR ni con intervenciones relacionadas.

Esta implicación de N.F.L., H.N.F. y T.T. en OR puede considerarse, por un lado, una posible limitación, pero también puede verse como una fuente de comprensión única y profunda del fenómeno estudiado (Kvale and Brinkmann 2015). En cualquier caso, el compromiso profesional de la autoría con OR exigió una atención reflexiva continua a lo largo de todo el proceso de investigación. Procuramos que nuestras precomprensiones se examinaran críticamente y pudieran ser cuestionadas, matizadas y revisadas a la luz de los relatos de las personas participantes. En el proceso analítico se tuvo especial cuidado en mantener la apertura a perspectivas que no coincidían con nuestros supuestos previos, entre ellas nuestro hallazgo de que los AC pueden hacer visible la responsabilidad relacional y revelar posibles asimetrías de género.

Gestionar las propias precomprensiones es intrínsecamente complejo y, desde un punto de vista hermenéutico, no es posible ni deseable eliminarlas por completo (Gadamer 2007). Manteniendo una conciencia explícita de nuestras precomprensiones e implicando a una persona coinvestigadora que no compartía estos supuestos, procuramos adoptar una postura crítica y reflexiva a lo largo de todo el proceso de investigación.

2.4 Enfoque analítico

El análisis se realizó mediante el análisis fenomenológico interpretativo longitudinal, una versión longitudinal del análisis fenomenológico interpretativo (Interpretative Phenomenological Analysis, IPA; Smith et al. 2009). El IPA se fundamenta en la fenomenología, la hermenéutica y la idiografía, y busca ofrecer una comprensión en profundidad, orientada al caso, de la construcción subjetiva de sentido (Smith and Osborn 2015). Su enfoque idiográfico resultaba muy adecuado para examinar cómo los miembros de la pareja viven, interpretan y utilizan los AC en su vida cotidiana.

El enfoque longitudinal nos permitió examinar cómo las personas participantes interpretaban sus experiencias y su uso de los AC a lo largo del tiempo (Farr and Nizza 2019), atendiendo tanto a la continuidad como al cambio (Wanat et al. 2025). En coherencia con el compromiso idiográfico del IPA, el análisis se realizó primero a nivel de cada participante. El relato de cada participante se analizó longitudinalmente a través de T1, T2 y T3. El proceso analítico consistió en una lectura atenta, línea por línea, de las transcripciones, en anotaciones iniciales detalladas y en la elaboración de temas experienciales anclados en las propias palabras y expresiones de las personas participantes. Para cada participante se prestó especial atención a cómo los temas experienciales se desarrollaban, se mantenían o cambiaban con el tiempo. Conceptualizamos estas evoluciones como «formas» de vivir, interpretar y utilizar los AC.

Tras los análisis a nivel individual, los relatos de ambos miembros de la pareja se pusieron en común a nivel de pareja. Este análisis examinó cómo las experiencias, interpretaciones y usos de los AC de cada miembro de la pareja se relacionaban entre sí y se influían mutuamente, conservando a la vez la especificidad del relato de cada cual. Por último, realizamos un análisis entre parejas para identificar formas compartidas y divergentes de vivir, interpretar y utilizar los AC en las seis parejas. Este proceso nos permitió identificar patrones entre parejas, preservando a la vez el detalle idiográfico de las trayectorias individuales y de pareja.

La persona que firma en primer lugar realizó el análisis longitudinal principal. El resto de la autoría contribuyó mediante la revisión y discusión de las transcripciones, las interpretaciones preliminares y los temas experienciales. Parte del material y de las interpretaciones emergentes se discutió también con colegas con experiencia en investigación cualitativa y familiar, para examinar y afinar críticamente el análisis.

3 Resultados

En el conjunto de los datos, identificamos tres formas principales en que las parejas vivieron, interpretaron y utilizaron los AC: (1) como contratos instrumentales, (2) como expresiones de comprensión mutua y (3) como medio de hacer visible la responsabilidad relacional. Estas formas no se excluyen mutuamente. Aunque algunas parejas se ajustaban principalmente a una de ellas, las personas participantes también destacaron otras formas en distintos momentos de los datos. A continuación, presentamos relatos detallados de algunos ejemplos ilustrativos para garantizar la profundidad y la riqueza analíticas, mientras que otros ejemplos se presentan más brevemente para destacar la variación entre participantes y parejas. En línea con las recomendaciones del IPA, todas las parejas están representadas en el análisis, lo que refleja la ventaja de una muestra reducida para equilibrar profundidad y amplitud (Smith and Osborn 2015).

3.1 Los acuerdos como contratos instrumentales: «Simplemente no he sido capaz de cumplir esa tarea»

El caso del uso que hacen Kia y Carl de los AC sobre la intimidad física, los tiempos muertos y el tiempo sin pantallas es un ejemplo ilustrativo de un uso de los AC gobernado por reglas e instrumental. Kia y Carl son una pareja de unos cuarenta años con tres hijos, y ambos trabajan a tiempo completo. En el programa OR eligieron trabajar dos preocupaciones centrales: la principal preocupación de Carl era la naturaleza de su relación, que describía como el deseo de que fueran «más una pareja romántica que socios prácticos». La preocupación central de Kia tenía que ver con su comunicación, en particular con un patrón recurrente caracterizado por un desajuste entre lo que ella quería decir y la interpretación de Carl. Sentía que Carl interpretaba a menudo su comunicación como una crítica personal, aunque su intención no fuera crítica. Decidieron juntos varios AC, entre ellos AC sobre aumentar la intimidad física, recurrir a tiempos muertos y pasar más tiempo juntos sin pantallas. Kia, por ejemplo, se comprometió a expresar a diario su aprecio por Carl mediante gestos de afecto físico como abrazos y besos.

En la primera entrevista con Carl, este enmarcó explícitamente sus AC con conceptos tomados de su vida laboral, comparándolos con indicadores clave de rendimiento (Key Performance Indicators, KPI)1:

… se podría decir que es casi como fijarse un KPI a uno mismo, ¿no? Y un KPI así tiene que ser medible. Y no son solo unos y ceros. Tiene que haber algo cuantitativo, ¿no? Así que… creo que así es como funcionamos, ¿sabes?

(Carl, T2)

Además de los KPI, Carl utilizó también otros conceptos de su vida laboral al hablar de sus AC relativos a una mayor intimidad física, en concreto abrazos, besos y caricias en la relación. Por ejemplo, subrayó que estos AC debían ser específicos, medibles, atractivos, realistas y acotados en el tiempo (SMART, por sus siglas en inglés),2 aunque estos términos no los proporcionaba el programa OR:

[…] Tengo mandos que dependen de mí (en el trabajo) […] Si no hacen sus objetivos lo bastante específicos o lo bastante SMART, no lo conseguirán […] Con mi objetivo de más intimidad física […] me he asegurado de que sea realista y alcanzable para ambas partes. He dialogado sobre ello para que mi parte interesada —Kia— esté implicada en todo el objetivo. Y me he fijado un calendario, con un hito: para julio debería poder notar un mayor nivel de compromiso y una sensación en Kia que diga: «Esto en realidad está bastante bien y es emocionante»

(Carl, T2)

En este sentido, los abrazos, los besos y las caricias de su relación se transformaron en entidades medibles, y la lógica de optimización de su vida laboral (y de la de ella) impregnó su manera de afrontar las dificultades de la relación. Esta lógica buscaba reducir la complejidad e instrumentalizar las expresiones físicas de afecto, como los abrazos y los besos. En la segunda entrevista de seguimiento, Carl seguía subrayando la importancia de tener AC medibles, realistas y específicos, manteniendo así la convicción de que los cambios en su relación debían estar moldeados por lógicas instrumentales y orientadas a la optimización:

Sigo pensando que la comparación es pertinente, porque así es como hacemos las cosas en el trabajo […] Si quieres que algo cambie, «¿qué tenemos que cambiar mañana para conseguir algo más adelante?», entonces tienes que concretarlo… Tienes que tener unos hitos y demás.

(Carl, T3)

Si bien esta lógica hacía que los AC fueran significativos y motivadores para Carl, tuvo consecuencias distintas para Kia. En su primera entrevista, Kia describió cómo los AC podían vivirse como «contratos» y «reglas»:

… tenemos un acuerdo… y en el trabajo yo no diría sin más: «Ahora voy a hacer algo completamente distinto de lo que acordamos»; cumplo el contrato que he firmado; creo que eso es también lo que está en juego aquí: que sé que esto es a lo que me he comprometido… Estas son las reglas que tenemos, los acuerdos […] Me da una sensación de seguridad. Porque así sé lo que tengo que cumplir.

(Kia, T2)

Aunque al principio Kia vivió sus AC específicos y medibles como algo tangible, seguro y útil, esto cambió con el tiempo. En la entrevista de seguimiento describió cómo no estar a la altura de los AC intensificaba sus sentimientos de culpa y de insuficiencia:

Creo que al principio fue bien, y los dos cumplíamos bien los acuerdos que habíamos hecho. Y luego… sí… La verdad es que en estos últimos meses no ha sido así. Tengo que reconocer que no he… O sea, el acuerdo que teníamos, que yo le mostrara más afecto físico, y todo eso de cuidar nuestra relación romántica… Simplemente no he sido capaz de cumplir esa tarea […] Me siento culpable todo el tiempo por eso […] Simplemente me siento insuficiente, ¿sabes?

(Kia, T3)

Así, la vivencia de Kia de sus AC cambió con el tiempo. La forma contractual de utilizar los AC hizo al principio que parecieran tangibles; sin embargo, con el tiempo, el carácter normativo de los AC intensificó la sensación de culpa y de insuficiencia de Kia. Es importante señalar que, en el caso de Kia y Carl, los AC basados en reglas no se referían solo a besos y abrazos, sino también, por ejemplo, a tiempo sin pantallas por la noche antes de acostarse para aumentar el tiempo que pasaban juntos. Kia expresó también culpa por no cumplir este AC, así como su AC sobre besos y abrazos, lo que sugiere que el contenido concreto de los AC puede importar menos que la manera en que se viven, se interpretan y se utilizan en la vida cotidiana.

Kia no fue la única participante que expresó emociones negativas relacionadas con el incumplimiento de los AC cuando estos se veían como reglas que había que seguir. Sarah también experimentó emociones negativas cuando no logró cumplir sus AC basados en reglas. Sarah y Michael son una pareja de unos cuarenta años con dos hijos, y ambos trabajan a tiempo completo. Eligieron trabajar en OR una preocupación central que describieron en el programa como un «problema de confianza».

Sarah y Michael elaboraron varios AC. Por ejemplo, Sarah se comprometió a avisar a Michael con antelación cuando quisiera hablar de cuestiones delicadas o relacionadas con la pareja, ya que a él estas conversaciones le resultaban especialmente difíciles. También aceptó recurrir a tiempos muertos cuando fuera necesario, dudar menos a la hora de hacerle preguntas a Michael y estar más atenta y receptiva cuando él compartiera sus pensamientos y experiencias. Los AC de Michael se centraban en ser «más transparente sobre lo que hago, con quién lo hago y cuándo». En la entrevista con Sarah, ella describió cómo intentó utilizar algunos de los AC en su vida cotidiana sin éxito, y cómo eso la dejó triste y decepcionada:

Intenté tener una conversación con él cuando terminó el programa. Usé algunas de esas técnicas que habíamos acordado: invitarle a la conversación, dejar que él decidiera cuándo tenerla, decirle cuál era mi propósito con la conversación, etcétera. Y aun así, él simplemente soltó: «¡Oh, no!». O sea, no llevábamos mucho de conversación cuando se volvió distante y frío… como un muro por el que simplemente resbalas, ¿sabes? Y yo… no me sentí escuchada en absoluto, nada […] Tendría que haber usado una de las técnicas siguientes que habíamos planeado: eso de parar la conversación y decir simplemente: «tiempo muerto». Pero no lo hice… O sea, me caí en uno de esos agujeros emocionales y me puse muy triste y decepcionada.

(Sarah, T2)

Sarah parece entender los AC como un conjunto de reglas que seguir, y cuando no consigue seguir con éxito estos AC basados en reglas —y cuando utilizarlos no provoca la respuesta esperada en su pareja—, expresa tristeza y decepción.

Además de aumentar los sentimientos de tristeza y decepción en algunas parejas, los AC también pueden intensificar la polarización existente entre los miembros de la pareja. El uso que hacen Maya y Fred de sus AC sobre estrategias de comunicación puede ilustrar este problema. Son una pareja de unos treinta años con tres hijos, y ambos trabajan a tiempo completo. En el programa eligieron centrarse en una preocupación central a la que llamaron «comunicación enfadada». Maya y Fred elaboraron varios AC, sobre todo relativos a estrategias de comunicación concretas, como recurrir a tiempos muertos, aplicar la técnica hablante–oyente y mantener un tono de voz neutro durante los conflictos.

En la entrevista, Maya describió cómo los AC ‐ y no estar a la altura de ellos ‐ alimentaban a veces los conflictos y aumentaban la polarización entre ella y su pareja, Fred. Lo explicó así: «…se convierte simplemente en otra forma más de que él me acuse» (Maya, T3). Esto sugiere otra variante del uso instrumental de los AC, en la que se convierten en combustible para conflictos preexistentes en la relación, sobre todo cuando los miembros de la pareja no logran cumplir o seguir dichos acuerdos. Así, los AC pueden vivirse, interpretarse y utilizarse como reglas que hay que seguir, lo que da lugar a consecuencias no deseadas, como un aumento de los sentimientos de culpa, de la tristeza o de la polarización en la relación.

3.1.1 Consecuencias de los acuerdos como contratos instrumentales

Cuando los AC se enmarcan en lógicas instrumentales y orientadas a la optimización, su significado puede desplazarse hacia un criterio de evaluación con el que cada miembro de la pareja se evalúa a sí mismo. Cuando el afecto, el tiempo sin pantallas y las técnicas de comunicación se convierten en algo que hay que entregar conforme a un contrato, la dinámica relacional corre el riesgo de reorganizarse en torno al rendimiento y el cumplimiento. El AC establece un estándar y, con él, la posibilidad de no alcanzarlo. Los AC pueden así intensificar, en lugar de aliviar, los sentimientos de culpa existentes. Cuando los AC se entienden como contratos que hay que cumplir, las dificultades relacionales corren el riesgo de individualizarse y vivirse como un fracaso personal.

Además, las lógicas de optimización tienden a reducir la complejidad relacional. Al aislar comportamientos concretos como objetivos de mejora, corren el riesgo de pasar por alto las condiciones afectivas, relacionales y contextuales que dan sentido a esos comportamientos. El afecto, el tiempo sin pantallas y la comunicación pueden entonces quedar atrapados en la obligación, en lugar de ser expresiones auténticas de atención, comprensión o afecto. Aunque esto pueda generar en algunos casos un cambio de comportamiento a corto plazo, también puede introducir una presión que socava la propia intimidad que se pretende reforzar. Así, las formas instrumentales de utilizar los AC pueden intensificar la autoevaluación crítica y la polarización entre los miembros de la pareja.

3.2 Los acuerdos como comprensión mutua: «Tenemos un nivel de conciencia completamente distinto»

Para algunas parejas, los AC estaban estrechamente asociados a una comprensión mutua de lo que era importante o valioso para la otra persona y para la relación. De este modo, los AC ofrecían un medio de poner en práctica esa comprensión compartida. Como resultado, las parejas interpretaban y utilizaban los AC de forma más flexible, y no como reglas que había que seguir al pie de la letra, y el acento no estaba en comportamientos concretos, sino en la conciencia de los valores, las heridas y los deseos fundamentales de la otra persona. La manera en que Dan y Sophie utilizan su AC sobre los tiempos muertos lo ilustra. Dan y Sophie son una pareja con un hijo, y ambos trabajan a tiempo completo. En OR eligieron centrarse en una preocupación central que describieron como «una falta de comunicación que lleva a malentendidos y conflictos». Elaboraron varios AC, por ejemplo tomarse tiempos muertos durante los conflictos. Para Dan y Sophie, estos AC eran menos una regla que seguir que una manera de expresar una nueva comprensión de las necesidades del otro. Dan lo explicó así:

… Si Sophie necesitaba 10 minutos, antes yo habría sido de los que simplemente decían: «¡No, ahora!». Y eso no ayuda… Pero ahora, como lo hemos hablado, quizá es un poco más aceptable. Así que: «Sí, tómate tus 10 minutos, pero también tenemos que resolverlo…» […] Haber hablado las cosas hace que tengamos un nivel de conciencia completamente distinto sobre la otra persona […] ese es para mí el gran punto de inflexión.

(Dan, T2)

Dan subrayó que lo que había cambiado era la conciencia que tenía de su pareja. Afirmó que no eran los acuerdos en sí, sino su vínculo con una mayor comprensión mutua, lo que les hacía posibles nuevas maneras de actuar y de relacionarse. La pareja de Dan, Sophie, destacó una experiencia similar con los AC:

Persona entrevistadora: ¿Puede pensar en una situación concreta en la que usted, o Dan, haya utilizado ese acuerdo?

Sophie: Conscientemente no, creo. O sea, es más bien algo que de alguna manera se queda un poco en el subconsciente, o es como «se ha plantado una semilla», si se puede decir así. Y uno es un poco consciente de ello, pero no en el sentido de que yo saque literalmente una herramienta y diga: «acuérdate de esta regla».

(Sophie, T3)

Como señaló Sophie, su comprensión mutua no se basaba en una lógica rígida y normativa ni prescribía cada acción; más bien orientaba su atención hacia lo que habían priorizado juntos. Dan respaldaba esta forma de utilizar los AC: «O sea, creo que está bastante bien que los tengamos. Pero no es que alguna vez necesitemos de verdad imponerlos y decir: “acuérdate, tenemos este acuerdo y tal”». (Dan, T3).

La importancia de anclar estrechamente los AC en una comprensión mutua es también clave en la manera en que Annie y James utilizaron sus AC sobre cuestiones de planificación. Annie y James son una pareja con dos hijos, y ambos trabajan a tiempo completo. En OR eligieron centrarse en una preocupación central que describieron como «perder la conexión como pareja y sentir soledad dentro de la relación». La preocupación central de Annie era sentirse menos sola con los asuntos prácticos y la carga mental de gestionar las exigencias de la vida familiar. A James, en general, le costaba mantener una visión de conjunto de las tareas cotidianas, lo que le dificultaba llevar la cuenta de las tareas prácticas del día a día en casa. Al mismo tiempo, quería apoyar a Annie para que tuviera más «espacio mental», y para que ambos tuvieran más tiempo y energía para «simplemente disfrutar de ser pareja».

Annie y James acordaron comprar una pizarra blanca y convinieron en que, cada vez que él le preguntara por cuestiones prácticas o de planificación (por ejemplo, qué iban a cenar), ella podía responder simplemente «mira la pizarra», en lugar de tener que cargar ella sola con toda esa información. Annie explicó que, desde que hicieron este acuerdo, James ya no se molestaba cuando ella no le daba una respuesta inmediata, y ella ya no se sentía frustrada por sus preguntas sobre los asuntos prácticos del día a día:

Persona entrevistadora: ¿Qué cree que es distinto ahora, ya que él no se enfada?

Annie: Creo que es porque lo hemos hablado. Acordamos que estaba bien que yo dijera eso […] Él entendió que es para que yo no tenga que llevarlo en la cabeza… e ir por ahí esperando a que me lo pregunte. Porque habíamos acordado que él fuera simplemente a mirarlo.

(Annie, T2)

Esto ilustra cómo los AC pueden funcionar principalmente como materialización de una comprensión mutua entre los miembros de la pareja y como medio para orientarse y construir un terreno común en la gestión de posibles situaciones de conflicto en la vida cotidiana. En el caso de Annie y James, el uso de una pizarra blanca y la comprensión mutua asociada a ella aumentaron con el tiempo su responsabilidad compartida en los asuntos prácticos del hogar. Como se ha ilustrado más arriba, Annie utilizaba al principio la pizarra como algo a lo que podía remitir, mientras que, en la segunda entrevista de seguimiento, James se había convertido en el miembro de la pareja encargado de escribir en la pizarra los menús de la cena y de visualizar sus planes y tareas pendientes. En este sentido, los AC pueden utilizarse como materializaciones de una comprensión mutua ya desarrollada, y servir como una manera de poner en práctica esa comprensión en la vida cotidiana de la pareja.

3.2.1 Consecuencias de los acuerdos como comprensión mutua

Cuando los AC se viven, se interpretan y se utilizan como expresiones de comprensión mutua, sus consecuencias tienen menos que ver con el cumplimiento conductual y más con la reorientación relacional, la sintonía y la comprensión. En lugar de funcionar como contratos o reglas que hay que imponer, los AC se convierten en orientaciones compartidas que transforman la manera en que cada miembro de la pareja interpreta las acciones del otro.

Es importante señalar que los AC anclados en la comprensión mutua también pueden evolucionar con el tiempo. Como ilustra el uso de la pizarra blanca por parte de Annie y James, lo que empezó como un marcador simbólico de conciencia redistribuyó gradualmente la responsabilidad práctica y mental. De este modo, los AC no solo pueden reflejar una nueva comprensión, sino también materializarla y extenderla a lo largo del tiempo. Sus consecuencias pueden ser, por tanto, acumulativas: pueden consolidar nuevos significados, servir de andamiaje a nuevas prácticas e inscribir un sentido de orientación compartida en el tejido mismo de la vida cotidiana.

3.3 Los acuerdos pueden hacer visible la responsabilidad relacional: «¿Somos uno o dos quienes estamos implicados en esto?»

En algunas parejas, el uso de los AC en la vida cotidiana reveló un reparto desigual de la responsabilidad relacional entre sus miembros. La manera en que Jane y John utilizan sus AC sobre estrategias de comunicación es un ejemplo de ello. Jane y John son una pareja de unos cuarenta años con un hijo. Él trabaja a tiempo completo, mientras que ella estuvo sin empleo durante el periodo del estudio. En OR eligieron trabajar una preocupación central que definieron como «una falta de sintonía en su comunicación». Como parte de OR, formularon varios AC relacionados con esta preocupación. Jane se comprometió a respetar la necesidad de John de tomarse tiempos muertos y a comunicarse «de una manera más concisa y precisa». John, por su parte, se comprometió a mostrar más paciencia al escucharla, a aceptar los cambios de planes y a retomar la conversación tras un tiempo muerto para volver a implicarse en la comunicación.

En una entrevista con Jane, esta describió cómo se sentía la única responsable de mantener sus AC, mientras que su pareja, John, dedicaba la mayor parte de su tiempo y energía a su vida laboral:

Jane: …también soy yo la que tiene que decir: «Teníamos un acuerdo, ¿no?» […] y luego simplemente se queda en nada. Así que no funciona si el acuerdo no es realmente un acuerdo. Así que siento un poco que tengo que ser yo la que lo dirige todo. Y entonces no funciona, creo, si no es una responsabilidad compartida entre los dos […] Entonces siento un poco como: ¿somos uno o dos quienes estamos implicados en esto?

Persona entrevistadora: Y cuando empieza a pensar eso, ¿qué tipo de sentimiento le produce?

Jane: Pues una especie de inseguridad sobre nuestros cimientos, la verdad.

(Jane, T2)

Sentirse la principal responsable de poner en práctica los AC dejó a Jane con una sensación de soledad y de incertidumbre sobre su grado de compromiso mutuo con la relación. Su pareja, John, también reflexionó sobre su AC de tomarse un tiempo muerto durante los conflictos. En su primera entrevista explicó que no había utilizado el acuerdo, afirmando que: «no ha habido tiempo para ello […] he estado muy ocupado en el trabajo» (John, T2). Desde la perspectiva de John, la responsabilidad desigual asociada a los AC se explica en gran medida por las diferencias en su vida laboral —él está ocupado con su trabajo, mientras que Jane no trabaja en este momento—, pero también por lo que él percibía como necesidades de conversación diferentes. En sus palabras: «cuando Jane iba a trabajar, donde hablaba todo el día, de todos modos nunca agotaba su cupo de conversación». (John, T2).

Para Jane, sin embargo, la responsabilidad desigual adquiría un significado marcadamente distinto. En lugar de reflejar diferencias prácticas en las circunstancias cotidianas o necesidades de conversación diferentes, interpretaba la falta de implicación de John con los AC como señal de que la dejaban sola cargando con el trabajo emocional y relacional de la pareja, y como indicio de un compromiso limitado por parte de él. Jane no fue la única en describir la experiencia de un reparto desigual de la responsabilidad a la hora de poner en práctica los AC en la vida cotidiana de la pareja. Sarah explicó de forma similar que la responsabilidad de llevar a cabo los cambios que habían acordado durante OR acabó recayendo en ella:

…no conseguimos sentarnos y construir ese espacio. O sea… [larga pausa] y además se vuelve difícil porque está muy claro que a Michael le ha costado participar en […] cuando le cuesta averiguar lo que siente y ponerlo en palabras, tiene que esforzarse más que yo para estar en esto. Y por eso también acabo siendo yo la que tiene que aguantar y asumir la responsabilidad, si tiene que ser de esta manera estructurada.

(Sarah, T2)

Esto resulta especialmente interesante porque Sarah y Michael abordaron la cuestión de la responsabilidad de mantener y poner en práctica los AC durante su quinta sesión de coaching. En aquel momento, Michael afirmó: «estoy bastante seguro de que puedo hacer estos cambios […] no creo que sea responsabilidad de ella» (Michael, T1), y Sarah expresó igualmente que se imaginaba que sería «moderadamente fácil» (Sarah, T1) poner en práctica los AC en su vida cotidiana. Esto sugiere un desajuste entre las expectativas iniciales de las parejas sobre la facilidad con que podrían aplicar sus AC en la vida cotidiana y las mayores dificultades que experimentaron después al intentar llevarlos a cabo.

Además, desde la perspectiva de Sarah, el reparto desigual de la responsabilidad relacional estaba estrechamente relacionado con las dificultades de Michael para identificar y expresar sus emociones. El propio Michael estaba en parte de acuerdo con esta interpretación. Cuando se le preguntó por los AC en la primera entrevista, explicó:

Probablemente no los hemos seguido de verdad. Creo que no […] Bueno, en realidad no hemos hablado de nuestra relación… no desde que terminó el programa, la verdad […] para mí está asociado a cierto nerviosismo ponerme a hacerlo.

(Michael, T2)

Esto ilustra cómo los intentos de poner en práctica AC específicos o estructurados en la vida cotidiana pueden sacar a la luz asimetrías relacionales subyacentes, ya que los miembros de la pareja difieren en sus capacidades, motivaciones, necesidades y disposición emocional para implicarse en las prácticas que los AC presuponen.

3.3.1 Consecuencias de los acuerdos que hacen visible la responsabilidad relacional

Cuando los AC hacen visible la responsabilidad relacional, sus consecuencias pueden poner de relieve asimetrías en la relación. En esos casos, el intento de poner en práctica los AC revela quién carga con la responsabilidad principal de sostener la relación en la vida cotidiana. Como sugieren las reflexiones de Jane, cargar con la responsabilidad principal de mantener los AC puede hacer surgir dudas sobre si el compromiso con la relación es realmente compartido: «¿somos uno o dos quienes estamos implicados en esto?». La consecuencia no es, por tanto, solo una frustración momentánea, sino una incertidumbre más fundamental sobre los cimientos mismos de la relación.

Al mismo tiempo, la revelación de una responsabilidad desigual puede influir en la manera en que los miembros de la pareja viven sus AC. Como ilustra el ejemplo de Sarah, las técnicas en sí no simplemente «fracasan». Más bien, la dificultad de ponerlas en práctica hace visible que es ella quien prepara, inicia, estructura e intenta las conversaciones de pareja y también las reparaciones. Esta visibilidad puede intensificar emociones negativas como la tristeza y la decepción, no solo porque la conversación prevista fracasa, sino porque la responsabilidad de que salga bien parece recaer de forma desproporcionada en uno de los miembros de la pareja.

Es importante señalar que la responsabilidad desigual que se hace visible a través de los AC puede ser interpretada de manera distinta por cada miembro de la pareja. Por ejemplo, John explicaba el desequilibrio principalmente en términos de diferencias prácticas en su vida cotidiana y en sus necesidades de comunicación, mientras que Jane lo vivía como una sensación de estar sola en el mantenimiento de la relación y como una falta de compromiso mutuo. Estas interpretaciones divergentes ilustran cómo el significado de la responsabilidad relacional se negocia dentro de la pareja y se inscribe en interpretaciones más amplias de las circunstancias de la vida cotidiana y de las capacidades emocionales.

Los AC concebidos inicialmente como compromisos mutuos pueden convertirse así en tareas relacionales adicionales que gestionar. Cuando a uno de los miembros de la pareja le cuesta implicarse —ya sea por prioridades que compiten entre sí, por incomodidad o por dificultades para expresar sus emociones—, el otro puede sentirse obligado a compensar. De este modo, los AC pueden amplificar desequilibrios en la carga mental y emocional ya presentes en la relación. Cabe destacar que, en ambos casos, la persona de la pareja que sentía cargar con la responsabilidad principal de aplicar, iniciar y sostener los AC era la mujer.

Es importante señalar que estas consecuencias no se derivan necesariamente de los AC en sí, sino de las dinámicas relacionales en las que se introducen. Cuando no existe una disposición o una capacidad relativamente simétrica para implicarse, los AC pueden hacer más explícitas las desigualdades existentes. En este sentido, los AC hacen visible quién toma la iniciativa, quién se retira y quién carga con la responsabilidad de la reparación. Esta visibilidad puede abrir posibilidades de renegociar la responsabilidad relacional o bien intensificar las experiencias de aislamiento y desequilibrio dentro de la relación.

4 Discusión

El presente estudio es un estudio cualitativo longitudinal que examina cómo las parejas vivieron, interpretaron y utilizaron en su vida cotidiana los AC que elaboraron en el programa en línea OR. En el conjunto de los datos, identificamos tres formas principales distintas en que las parejas vivieron, interpretaron y utilizaron los acuerdos: (1) como contratos instrumentales, (2) como expresiones de comprensión mutua y (3) como medio de hacer visible la responsabilidad relacional. En conjunto, estas formas muestran que los significados y las consecuencias de los AC están insertos en las prácticas de la vida cotidiana y pueden cambiar considerablemente con el tiempo. En algunos casos, AC que al principio se vivieron como útiles se convirtieron después en criterios de evaluación con los que los miembros de la pareja juzgaban sus propios desempeños y los del otro como éxitos o fracasos. En otros casos, AC que empezaron como expresiones simbólicas de una comprensión compartida evolucionaron gradualmente hasta convertirse en prácticas cotidianas arraigadas, como ilustra el uso de una pizarra blanca por parte de Annie y James para coordinar las responsabilidades domésticas. Estos cambios a lo largo del tiempo muestran que los significados y las consecuencias de los elementos de una intervención (como los AC concretos para parejas) quizá no puedan comprenderse plenamente en el momento en que se formulan y se negocian como parte de una intervención. Sus significados y consecuencias siguen evolucionando, más bien, a medida que se enfrentan con el tiempo a las complejidades materiales, emocionales y relacionales de la vida cotidiana.

Estos resultados tienen implicaciones para la manera de conceptualizar los procesos de cambio en las intervenciones de pareja. Adoptar una perspectiva de psicología crítica nos permitió ver cómo los AC no son simples herramientas para promover comportamientos deseados, sino que se insertan en las maneras en que las parejas coordinan, organizan y negocian su vida cotidiana. Por ejemplo, varias personas participantes reformularon los AC con el lenguaje de su vida laboral, lo que muestra cómo otras prácticas sociales pueden impregnar las relaciones íntimas. Al centrarse en la conducción de la vida cotidiana, el análisis pone de relieve el carácter contextualmente inserto del cambio relacional y hace visible cómo las personas participantes transforman activamente los elementos de la intervención en función de las preocupaciones y exigencias de su vida cotidiana. Así, el cambio relacional puede entenderse no simplemente como la adhesión a reglas conductuales (Jacobson and Margolin 1979) ni como la aparición gradual de nuevos patrones de interacción a través de las respuestas continuas de cada miembro de la pareja al otro (Christensen et al. 2020), sino como un proceso mediante el cual los elementos de la intervención adquieren sentido a medida que se viven, se interpretan y se utilizan continuamente dentro de las prácticas sociales que constituyen la vida cotidiana de las parejas. Esta perspectiva amplía las concepciones existentes del cambio en las intervenciones de pareja al desplazar la atención de qué se anima a cambiar a las parejas hacia cómo los esfuerzos de cambio pasan a formar parte de la conducción de la vida cotidiana de las parejas.

Los resultados también tienen implicaciones para el diseño y la implementación de las intervenciones de pareja en línea. Ayudar a las parejas a formular AC realistas, significativos y tangibles sigue siendo importante. Sin embargo, los presentes hallazgos sugieren que esto por sí solo puede ser insuficiente. El diseño de las intervenciones también podría beneficiarse de ayudar a las parejas a reflexionar sobre cómo pueden vivirse, interpretarse y utilizarse los AC una vez terminado el programa, y sobre cómo las distintas maneras de relacionarse con los AC pueden tener consecuencias diferentes para cada miembro de la pareja y para la relación en su conjunto. Esta toma de conciencia podría incorporarse de varias maneras. Por ejemplo, las intervenciones en línea podrían incluir ejemplos de casos, demostraciones en vídeo o ejercicios de reflexión que muestren las distintas maneras en que las parejas pueden vivir, interpretar y utilizar los AC en la vida cotidiana. Este tipo de contenidos podría ayudar a las parejas a reconocer formas tanto flexibles como más rígidas de relacionarse con los AC y favorecer una adaptación y un ajuste continuos a lo largo del tiempo. Del mismo modo, las sesiones de refuerzo, los contactos de seguimiento o la integración con la terapia de pareja en línea o tradicional podrían ofrecer ocasiones para revisar no solo el contenido de los AC, sino también cómo se viven, se interpretan y se utilizan en el contexto de la vida cotidiana a lo largo del tiempo.

Los presentes hallazgos invitan también a considerar el papel del contenido de los AC. Aunque el foco principal de este estudio ha sido cómo se viven, se interpretan y se utilizan los AC en la vida cotidiana, quedan preguntas sobre si algunos ámbitos pueden ser especialmente sensibles a la manera en que los AC se entienden y se ponen en práctica después. Esto puede ser especialmente pertinente en ámbitos como la intimidad física, el afecto y la sexualidad, que investigaciones anteriores han identificado como muy importantes para muchas parejas y a menudo poco abordados en la terapia de pareja (Eldridge et al. 2022).

Por un lado, permitir que las parejas formulen AC relativos a la intimidad puede representar una fortaleza particular de intervenciones como OR. El formato estructurado ofrece ocasiones para expresar deseos, preocupaciones y necesidades que de otro modo podrían quedar sin decir. Para algunas parejas, hablar de estas cuestiones dentro de una intervención de autoayuda puede resultar menos estigmatizante y más accesible que abordarlas en una terapia de pareja tradicional (Hubbard and Harris 2020; Hubbard and Anderson 2022). Además, el propio proceso de formular y discutir los AC puede ayudar a los miembros de la pareja a desarrollar una comprensión más profunda, y posiblemente una aceptación, de los deseos, necesidades e intenciones del otro.

Por otro lado, los AC relacionados con la intimidad pueden ser especialmente vulnerables a usos instrumentales, evaluativos o gobernados por reglas. Cuando el afecto, la sexualidad o la intimidad física se traducen en objetivos u obligaciones medibles, los AC pueden vivirse como exigencias de rendimiento más que como expresiones de un cuidado y una conexión genuinos. Es importante señalar, sin embargo, que los presentes hallazgos sugieren que estas dificultades no surgen principalmente por aquello de lo que tratan los AC, sino por cómo se viven, se interpretan y se utilizan en la vida cotidiana. Dinámicas similares aparecieron en una variedad de AC distintos, como las estrategias de comunicación, el tiempo sin pantallas y los esfuerzos por pasar más tiempo juntos. Así, aunque algunos ámbitos puedan ser especialmente sensibles, las dificultades parecen estar estrechamente ligadas a la manera en que los AC se integran en las prácticas cotidianas de las parejas. Esto sugiere que el diseño de las intervenciones no debería centrarse solo en ayudar a las parejas a formular AC, sino también en favorecer maneras flexibles, reflexivas y orientadas al sentido de utilizarlos.

Otro punto importante de discusión se refiere al posible reparto de la responsabilidad relacional según el género. En los casos aquí presentados, la responsabilidad de iniciar y sostener las prácticas asociadas a los AC parecía recaer principalmente en las mujeres de la pareja. Aunque el presente estudio no permite extraer conclusiones más amplias sobre patrones de género, este hallazgo coincide con investigaciones anteriores que sugieren que, en las relaciones heterosexuales, las mujeres asumen a menudo una parte desproporcionada del trabajo emocional (McQueen 2023), cognitivo (Daminger 2019) y relacional que implica el mantenimiento de la relación de pareja (Doucet 2018; Duncombe and Marsden 1995; Twamley and Faircloth 2024).

Si estas dinámicas de género no se abordan, la responsabilidad desigual en el mantenimiento de la relación puede entenderse como una cuestión de motivación, necesidad, competencia o compromiso individuales, y no como un patrón relacional, cultural y estructural (Haavind 1994; Lindvåg and Thoresen 1994; Smoliak et al. 2025). Hacer visibles los patrones de género de la responsabilidad relacional no solo es importante desde el punto de vista analítico, sino que también puede ofrecer a los miembros de la pareja —en particular a quienes cargan con una parte desproporcionada del trabajo relacional— nuevas maneras de comprender las expectativas y presiones implícitas en torno al cuidado y la responsabilidad en las relaciones románticas de la sociedad occidental contemporánea. Estas comprensiones pueden, a su vez, abrir posibilidades de renegociar las prácticas cotidianas y contribuir así al cambio relacional.

La atención a los patrones de género de la responsabilidad relacional podría ponerse en práctica de distintas maneras. Las parejas y quienes ejercen de coach podrían, por ejemplo, conocer el saber basado en la investigación sobre los patrones de género, inspirado en este estudio y en trabajos del campo de la cultura parental contemporánea (Faircloth 2013; Lee et al. 2023; Twamley and Faircloth 2024). Cabe señalar que todas las parejas de este estudio eran parejas con hijos que hacen frente a las limitaciones cotidianas de combinar la vida en pareja y la crianza. Como muestra Faircloth (2020), las parejas con hijos se enfrentan a barreras culturales, materiales y físicas fuertemente marcadas por el género frente a los ideales de relaciones de pareja románticas igualitarias.

Además, investigaciones anteriores sugieren que las intervenciones de pareja en línea pueden crear oportunidades para que miembros de la pareja inicialmente menos motivados (los hombres) se impliquen más en el abordaje de las dificultades relacionales (Lassen et al. 2025). Las intervenciones en línea pueden, por tanto, interactuar con los patrones existentes de responsabilidad e implicación relacional y, potencialmente, transformarlos al mismo tiempo. Por un lado, las prácticas de intervención que exigen a los miembros de la pareja iniciar conversaciones, seguir los progresos o sostener un diálogo reflexivo pueden correr el riesgo de cargar con una responsabilidad adicional a quien ya se orienta al cuidado relacional. Por otro lado, el formato estructurado de los programas en línea también puede crear oportunidades para que quienes tienen menos costumbre de implicarse en el diálogo relacional participen de nuevas maneras.

Para profesionales y quienes diseñan programas, estos hallazgos ponen de relieve la importancia de atender a cómo se reparte dentro de la pareja la responsabilidad de implicarse en las tareas de la intervención. Abordar explícitamente cómo comparten los miembros de la pareja la responsabilidad de iniciar y sostener las conversaciones relacionales puede ayudar a evitar que las prácticas de intervención refuercen inadvertidamente las asimetrías existentes, a la vez que se ayuda a ambos miembros de la pareja a asumir un papel activo en el cambio relacional.

En resumen, los hallazgos del estudio señalan la importancia de mantener un doble foco, tanto en la investigación como en la práctica: atender al contenido de los elementos de la intervención y examinar al mismo tiempo los procesos mediante los cuales se viven, se interpretan y se utilizan en la vida cotidiana. Sin esta perspectiva orientada a la práctica social, existe el riesgo de que las intervenciones pongan demasiado el acento en qué deberían cambiar las parejas y subestimen la importancia de cómo se viven, se interpretan y se utilizan los esfuerzos de cambio en la vida cotidiana de las parejas. Atender a estos procesos puede reforzar tanto la comprensión teórica del cambio relacional como la pertinencia práctica de las intervenciones de pareja en línea.

4.1 Limitaciones y fortalezas del estudio

Conviene señalar algunas limitaciones del estudio. En primer lugar, el estudio refleja una priorización metodológica deliberada de la profundidad sobre la amplitud. Al centrarse en un número reducido de casos y examinarlos en detalle en varios momentos, el análisis ofrece una visión rica de cómo las parejas viven, interpretan y utilizan los AC en su vida cotidiana. Sin embargo, la muestra, pequeña y relativamente homogénea, limita la medida en que pueden captarse las variaciones en un abanico más amplio de parejas y contextos sociales. Todas las personas participantes formaban parejas heterosexuales coparentales, blancas/caucásicas, que habían completado la escolaridad obligatoria, y 11 de las 12 tenían empleo. Futuras investigaciones podrían partir de estos hallazgos para examinar cómo se relacionan las distintas maneras de utilizar los AC con los resultados relacionales a más largo plazo en muestras más amplias y diversas, incluidas parejas de entornos socioeconómicos más desfavorecidos y de orígenes raciales, étnicos o familiares diversos.

En segundo lugar, es importante señalar que N.F.L., H.N.F. y T.T. participan en la implementación y el estudio más amplios del programa OR en Dinamarca, y que H.N.F. y T.T. han desempeñado un papel central en la introducción de la IBCT y de OR en Dinamarca. Aunque esta implicación ha aportado un valioso conocimiento contextual y facilitado el acceso, también puede haber moldeado nuestras precomprensiones. A lo largo del proceso de investigación se procuró mantener la reflexividad y la transparencia en relación con estas posiciones.

Junto a estas limitaciones, este estudio presenta varias fortalezas importantes. Una de las fortalezas del enfoque cualitativo longitudinal es su capacidad para hacer visibles perspectivas imprevistas. A lo largo del proceso analítico se tuvo especial cuidado en mantener la apertura a perspectivas que no coincidían con nuestros supuestos previos. Así lo ilustra el hallazgo del posible reparto según el género de la responsabilidad de iniciar y sostener los AC.

Además, el diseño longitudinal y las entrevistas repetidas con ambos miembros de la pareja permitieron examinar cómo evolucionaban con el tiempo las experiencias, las interpretaciones y el uso de los AC por parte de las parejas, en lugar de basarse únicamente en relatos retrospectivos recogidos en un solo momento. Además, las transcripciones de las sesiones de coaching aportaron información sobre cómo se formularon y discutieron inicialmente los AC durante la intervención. Por último, al centrarse en un único elemento de la intervención y no en el programa en su conjunto, el estudio contribuye a una comprensión más detallada de cómo los elementos de la intervención pasan a formar parte de la conducción de la vida cotidiana de las parejas.

5 Conclusión

Este estudio muestra que los AC no se trasladan directamente de la intervención a la vida cotidiana. Al contrario, se interpretan, se negocian y se transforman continuamente dentro de las prácticas relacionales de las parejas. Las tres formas identificadas de vivir, interpretar y utilizar los AC —como contratos instrumentales, como comprensión mutua y como medio de hacer visible la responsabilidad relacional— muestran que sus significados y consecuencias varían con el tiempo y según los contextos. Estos hallazgos subrayan la importancia de complementar el foco en el contenido de las intervenciones con la atención a la manera en que este se integra en la vida cotidiana. Ayudar a las parejas a reflexionar sobre cómo se viven, se interpretan y se utilizan los AC puede ser fundamental para favorecer un cambio relacional significativo y duradero.

Complexe Systémique: lo esencial

El estudio desplaza la pregunta habitual que se plantea a los programas de pareja: ya no «¿funciona la intervención?», sino «¿qué pasa en la vida cotidiana con lo que se acordó en la sesión?». Un mismo acuerdo, un tiempo muerto o un gesto de afecto, puede convertirse en un contrato que hay que cumplir, que transforma el afecto en indicador de rendimiento y alimenta la culpa; o en una marca de comprensión mutua, que orienta la atención sin prescribir nada; o incluso en un revelador de quién, en la pareja, carga con el trabajo relacional. En las dos parejas afectadas, eran las mujeres. Para la práctica sistémica, la lección es doble. Un acuerdo no es una solución, sino un elemento nuevo introducido en un sistema que lo retomará a su manera: hay que hacer después un seguimiento de lo que se hace con él. Y la pregunta «¿quién sostiene el acuerdo?» es una vía de entrada a las asimetrías de género y a las lealtades de la pareja. Los límites residen en una muestra muy pequeña y homogénea y en un equipo implicado en el programa que estudia. Para leer junto con el artículo sobre la alianza terapéutica en la terapia de pareja en línea y el artículo sobre las trayectorias tras una terapia de pareja breve para madres y padres.

Notas del original

1 Un indicador clave de rendimiento (Key Performance Indicator, KPI) es un valor cuantificable y medible que las organizaciones utilizan para seguir y evaluar sus avances hacia la consecución de objetivos estratégicos, financieros y operativos concretos.

2 SMART es un acrónimo que corresponde a Specific, Measurable, Attractive, Realistic y Time‐Bound (específico, medible, atractivo, realista y acotado en el tiempo). Un objetivo SMART reúne todos estos criterios. Los objetivos SMART se utilizan en distintos contextos, sobre todo en el ámbito laboral.

Declaración ética. Tras OR, se invitó a las personas participantes a tomar parte en el presente estudio cualitativo, y dieron su consentimiento informado. Las citas se presentan con seudónimos, y los detalles identificativos se han omitido o modificado. Las personas participantes no recibieron compensación por las entrevistas. El estudio fue aprobado por el Comité de Ética de la Investigación de la Universidad de Aarhus (ID del proyecto BSS‐2024‐018‐S2).

Agradecimientos. Queremos expresar nuestro sincero agradecimiento a todas las personas participantes que compartieron generosamente sus experiencias e hicieron posible este estudio. También agradecemos a quienes ejercieron de coach, a Styrk Familierne (ONG) y a los municipios colaboradores su implicación en el proyecto. Queremos dar las gracias a Lea Tangelev Greve por su atenta lectura del manuscrito y por sus comentarios reflexivos y muy competentes durante el proceso de escritura. Por último, damos las gracias calurosamente a Agnes Andenæs, Hanne Haavind y Marit Råbu por su generoso compromiso intelectual, por su genuino interés en el material empírico y los análisis presentados en este artículo y por compartir valiosas reflexiones que ayudaron a reforzar el trabajo. Samfonden y Trygfonden financiaron esta investigación.

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Traducción no oficial al español de “One Can Have All Sorts of Good Intentions but Sometimes in Everyday Life, It Turns Out Differently”: Change Agreements in Couples' Everyday Lives, de Nanna Fensman Lassen, Hanne Nørr Fentz, Klaus Nielsen y Tea Trillingsgaard, Journal of Marital and Family Therapy, vol. 52, n.o 4 (2026), doi: 10.1111/jmft.70179, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (declaraciones agrupadas en las notas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Traducción no oficial del artículo original «“One Can Have All Sorts of Good Intentions but Sometimes in Everyday Life, It Turns Out Differently”: Change Agreements in Couples' Everyday Lives», publicado en Journal of Marital and Family Therapy (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido y maquetado por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Lassen, N. F., Fentz, H. N., Nielsen, K., y Trillingsgaard, T. (2026). “One Can Have All Sorts of Good Intentions but Sometimes in Everyday Life, It Turns Out Differently”: Change Agreements in Couples' Everyday Lives. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/one-can-have-all-sorts-of-good-intentions-but-sometimes-in-everyday-life-it-turns-out (Obra original publicada en 2026 en Journal of Marital and Family Therapy, 52(4), e70179 (2026); republicada en 2026 por Journal of Marital and Family Therapy, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/jmft.70179)

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