Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Journal of Marital and Family Therapy · Terapia familiar
¿Hay que adaptar una intervención que funciona antes de saber si funciona peor? Un equipo californiano se plantea esta pregunta a propósito del saboreo relacional, un protocolo breve que invita a revivir con detalle un momento de conexión positiva con una persona cercana. Para las personas cuidadoras asiático-estadounidenses, nativas hawaianas y de las islas del Pacífico, atrapadas entre la piedad filial, la aculturación y la reticencia a pedir ayuda, la herramienta parece prometedora. El artículo sopesa las razones para adaptarla y para no hacerlo, y propone después un enfoque participativo en cinco fases.
Traducción no oficial al español de Systemic Intervention Through Relational Savoring: Cultural Considerations for Working With Asian American Families, de Frances Haofei Li, Elayne Zhou, Hans Oh y Jessica L. Borelli, publicado en Journal of Marital and Family Therapy (Wiley) (2025), doi: 10.1111/jmft.70080, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Es esencial no aferrarse demasiado a la suposición de que la versión adaptada culturalmente es necesaria o será mejor.
Frances Haofei Li, Elayne Zhou, Hans Oh y Jessica L. Borelli
Resumen
El saboreo relacional (RS, por sus siglas en inglés) es una intervención breve, accesible y basada en las relaciones, guiada por principios sistémicos. El RS puede beneficiar a las familias asiático-estadounidenses, nativas hawaianas y de las islas del Pacífico (AANHPI) que atraviesan dificultades relacionales. Los lazos familiares suelen ser protectores para los grupos AANHPI, pero el estrés asociado a la aculturación puede impedir que las familias aprovechen este recurso. El RS ha demostrado su eficacia para aumentar el bienestar y la calidad de las relaciones, pero aún no se ha probado con familias AANHPI. El RS puede encajar bien con valores culturales relevantes para las comunidades AANHPI, como la interconexión, y al mismo tiempo superar barreras gracias a su enfoque basado en las fortalezas. Este artículo describe el proceso de toma de decisiones seguido para adaptar el RS a las familias AANHPI y subraya el papel de la retroalimentación de la comunidad. Un enfoque iterativo y riguroso es esencial para determinar si se necesita una adaptación y para identificar los objetivos de cambio apropiados. Es importante señalar que mejorar la sensibilidad cultural del RS contribuye a nuestro objetivo de promover el florecimiento y de abordar las desigualdades en salud entre las familias desatendidas.
Palabras clave: asiático-estadounidenses, personas cuidadoras, adaptación cultural, saboreo relacional, terapia sistémica
La población asiático-estadounidense, nativa hawaiana o de las islas del Pacífico (AANHPI)1 crece con rapidez y, sin embargo, hay indicios de que muchas de estas personas languidecen más que las de otros grupos etnorraciales (Oh 2023). Esto resulta preocupante a la luz de hallazgos que sugieren que las personas AANHPI tienden a infrautilizar los servicios de apoyo formales, lo que pone de relieve una brecha asistencial crítica (Abe‐Kim et al. 2007). Abordar estas desigualdades en el tratamiento exige intervenciones meditadas y culturalmente sensibles. Un enfoque sistémico puede situar de manera singular a profesionales de la práctica y de la investigación para responder a las necesidades diversas y complejas de esta población.
En este artículo subrayamos la importancia de un enfoque sistémico en el tratamiento de la clientela AANHPI, centrándonos en las personas cuidadoras AANHPI. A continuación, presentamos una intervención emergente y prometedora, el saboreo relacional (RS; Borelli 2024), y describimos sus mecanismos y fundamentos teóricos. Después exploramos las consideraciones que subyacen a la adaptación cultural, sopesando los argumentos a favor y en contra de la adaptación, así como los procesos recomendados para evaluar y llevar a cabo una adaptación dentro de la comunidad AANHPI. Además de su aplicabilidad al RS, las ideas aquí expuestas pueden servir para orientar la reflexión sobre la adaptación de intervenciones sistémicas y de otras intervenciones basadas en las fortalezas para los grupos AANHPI.
Como enfoque que conceptualiza la dinámica entre individuos como parte de un sistema interpersonal interconectado (Dallos y Draper 2015), la SFT puede tener una pertinencia particular para las comunidades que priorizan valores culturales en torno a la interdependencia (es decir, concebir el yo como interdependiente de los demás y valorar la armonía interpersonal; Markus y Kitayama 1991), como muchas comunidades AANHPI. Estos valores culturales favorecen una identificación más fuerte con un endogrupo amplio (por ejemplo, la familia o el grupo racial o étnico) y una distinción menos nítida entre el yo y el grupo. Las prácticas de SFT pueden utilizarse para movilizar las fortalezas grupales ya existentes de la clientela AANHPI, orientando a cada persona hacia su conexión positiva dentro del sistema familiar.
Las SFT se han aplicado con población AANHPI, como inmigrantes sudasiáticos en Estados Unidos (Rastogi 2007), y con familias asiáticas, como la población chino-singapurense (Sim et al. 2017). Sin embargo, hasta donde sabemos, la eficacia de las SFT con familias AANHPI solo se ha documentado en estudios de caso. Por ejemplo, Rastogi (2007) aplicó una terapia familiar focalizada en las emociones (Johnson y Lee 2005) a dos familias indio-estadounidenses, teniendo en cuenta su interconexión y su compromiso con las relaciones intergeneracionales. Tras la intervención, ambas familias mostraron resolución de conflictos y mejora de sus relaciones, al tiempo que honraban y mantenían sus valores. Aunque todavía no disponemos de pruebas empíricas de eficacia, el ajuste entre los valores culturales y las SFT sugiere un enfoque prometedor para las familias AANHPI.
El RS (Borelli 2024) es una intervención sistémica breve, adaptable y accesible en la que la persona interventora ayuda a quien consulta a reflexionar sobre un momento de conexión positiva con otra persona y a volver a vivirlo. El RS se considera una intervención sistémica en la medida en que sus objetivos terapéuticos principales son resultados relacionales y familiares (cercanía, satisfacción con la relación, sensibilidad interpersonal), y los persigue ayudando a las personas a centrarse en momentos de estrecha conexión interpersonal. Se considera que el RS alcanza estos resultados a través de cuatro mecanismos de cambio (Borelli, Smiley et al. 2020): (1) cultivar emociones positivas y extraer sentido de las relaciones; (2) promover la mentalización (es decir, la capacidad de comprender los estados mentales propios y ajenos; Luyten et al. 2020); (3) aumentar la conciencia de las conductas sensibles; y (4) incrementar la vulnerabilidad en las relaciones. Para una figura que ilustra los mecanismos de cambio y los resultados esperados del RS, véase Borelli, Smiley et al. (2020).
Las terapias sistémicas pueden implicar el trabajo con varios miembros de la familia (por ejemplo, la terapia familiar funcional; Sexton y Alexander 2003) o con una sola persona (por ejemplo, la terapia narrativa; Cowley y Springen 1995), siempre que el foco se mantenga en las relaciones. Del mismo modo, aunque el RS se diseñó originalmente para su aplicación individual, se ha adaptado para su uso con díadas y grupos a fin de ajustarse mejor a las necesidades de distintas poblaciones. Sea cual sea la modalidad de aplicación, el RS se centra en el contexto relacional más amplio de la persona y busca reforzar las cualidades de las relaciones en el sistema relacional en su conjunto. Por ejemplo, en una versión del RS diseñada para personas cuidadoras (Borelli 2024), la persona interventora guía a quien consulta para que se centre en un momento en el que brindó un cuidado sensible (es decir, un cuidado que respondió de forma apropiada y eficaz a una necesidad; por ejemplo, cuando el cuidador consuela a su hijo después de que este se haya asustado). Además, diversos estudios han mostrado que aplicar el RS a madres y padres puede repercutir positivamente en los resultados infantiles, lo que indica que las intervenciones de RS pueden beneficiar a ambos miembros de la díada formada por la figura parental y su hijo o hija (Blackard 2024). En otra versión del RS, diseñada para agentes de salud comunitaria que trabajan con población latina, la persona interventora guía a quien consulta para que saboree momentos en los que apoyó a su comunidad (Arcos et al. 2023; Zhou et al. en revisión).
El RS puede ser aplicado por personal paraprofesional (personas sin título de grado), como agentes de salud comunitaria (Borelli, Yates, et al. 2020) o estudiantado de grado en funciones de asistencia de investigación (Borelli et al. 2023), con altos niveles de fidelidad (Borelli, Perzolli, et al. 2024). El proceso de formación para aplicar el RS incluye 4 h de formación teórica, prácticas grabadas, revisión y retroalimentación, certificación y reuniones semanales de consulta. El RS admite diversos métodos de aplicación accesibles, como las visitas domiciliarias (Borelli et al. 2023), la administración por internet (Burkhart et al. 2015), las sesiones de terapia de grupo (Ansarifar et al. 2025) y un formato basado en una aplicación (Nguyen et al. 2025). Los ensayos de investigación sobre el RS autoadministrado resultan prometedores en cuanto a su impacto a corto plazo (Borelli et al. 2014; Burkart et al. 2015) y a su aceptabilidad, y presentan un alto potencial de difusión (Nguyen et al. 2025).
La intervención de RS consta de tres etapas: ejercicio de atención plena, selección del recuerdo y reflexión sobre el recuerdo (Borelli 2024). El RS comienza con un breve ejercicio de atención plena (respiración pautada) para facilitar un estado de calma y preparar a la persona para implicarse en el proceso reflexivo. A continuación, la persona interventora ayuda a quien consulta a evocar recuerdos relacionales ricos en contenido de apego o de conexión positiva, e identifica el más adecuado para saborear. Junto con la persona, la persona interventora selecciona un recuerdo concreto que contenga (1) contenido de apego, incluido el momento en que quien cuida actúa como base segura (desde la cual quien recibe los cuidados puede explorar entornos nuevos) o como refugio seguro (al que quien recibe los cuidados puede volver en busca de consuelo; Bowlby 1983) y (2) emocionalidad positiva y conexión emocional, para evitar que las emociones negativas «estropeen» el proceso de saboreo. Si la persona elige un recuerdo que implica emociones negativas intensas, la persona interventora la guía para seleccionar otro recuerdo. En la etapa final de reflexión sobre el recuerdo, la persona interventora suscita la reflexión de quien consulta en cinco ámbitos: reflexión sensorial, reflexión emocional, construcción de sentido, orientación al futuro y divagación mental abierta. Al igual que en la etapa de selección del recuerdo, si el proceso de reflexión empieza a centrarse en aspectos negativos de la interacción, la persona interventora redirige a quien consulta hacia los momentos positivos de conexión.
El RS se basa en los postulados teóricos de la psicología positiva (Seligman et al. 2005), que reconocen el papel central de las emociones positivas en la adaptación y el funcionamiento. La teoría de ampliación y construcción de Fredrickson sostiene que las emociones positivas, estrechamente ligadas a las relaciones positivas, amplían las perspectivas y favorecen el crecimiento y la resiliencia (Fredrickson 2004). Mientras que las intervenciones psicológicas tradicionales se dirigen principalmente a los síntomas, las intervenciones de psicología positiva reconocen la presencia de patología y buscan reforzar las emociones y experiencias positivas (Magyar‐Moe 2009). Quienes aplican el RS se apoyan en recuerdos relacionales positivos para promover la reflexión, el crecimiento y la apertura a la intervención. El RS se guía también por la teoría del apego (Bowlby 1983), según la cual las primeras interacciones con las figuras de apego (es decir, las principales personas cuidadoras en los primeros años) moldean los modelos operativos internos (es decir, las representaciones mentales del propio yo y de las figuras de apego; MOI). Estos MOI ayudan a interpretar la información procedente de las interacciones sociales a través del prisma de las experiencias previas. El RS pretende facilitar una atención deliberada a los recuerdos relacionales positivos, ampliando la información disponible para los MOI y favoreciendo la apreciación de los aspectos positivos de las relaciones (Borelli 2024).
Además de basarse en la psicología positiva y en la teoría del apego, el RS concuerda estrechamente con los principios de la teoría sistémica y de diversas terapias familiares. En primer lugar, el RS se centra en los momentos de conexión dentro de las relaciones. En segundo lugar, de acuerdo con los principios de la teoría sistémica, el RS refleja el principio sistémico de que el cuidado es recíproco, ya que aspira a mejorar la capacidad de recibir cuidados aumentando la conciencia de proporcionarlos (y viceversa). En tercer lugar, al igual que la terapia de pareja focalizada en las emociones (Greenberg y Johnson 1988), el RS destaca la importancia de las necesidades de apego en las relaciones y el papel de las emociones en la configuración de las conductas de apego. El RS guía a las personas para que expresen emociones vulnerables relacionadas con sus necesidades de apego ante sus personas significativas, con el fin de fortalecer sus relaciones. En consonancia con los enfoques sistémicos basados en las fortalezas (por ejemplo, la terapia narrativa; Cowley y Springen 1995), el RS también pone el acento en seguir las conductas relacionales positivas y en reducir la atención prestada a las negativas.
El RS ha acumulado pruebas de su eficacia y efectividad en más de dos docenas de estudios realizados en diversos contextos y poblaciones, muchos de ellos por equipos de investigación independientes, y cumple los criterios para ser considerado un tratamiento psicológico con una sólida base empírica (Chambless y Hollon 1998; Tolin et al. 2015). El RS es eficaz cuando se aplica a personas a lo largo de todo el ciclo vital (por ejemplo, Smiley et al. 2024) y en distintos contextos relacionales (madres y padres, parejas adultas; Burkhart et al. 2015). El RS es eficaz para potenciar la emoción positiva (Borelli et al. 2023), los estados fisiológicos (Borelli et al. 2019), los resultados relacionales (Borelli et al. 2014), la crianza adaptativa (Ansarifar et al. 2025; Borelli et al. 2023; Smiley et al. 2024) y la reactividad emocional infantil (Blackard 2024). Quienes desarrollaron el RS han expresado su interés en evaluar la intervención en cuanto a su ajuste a distintos grupos culturales, así como su deseo de adaptarla para aumentar la congruencia cultural (Borelli 2024). Hasta la fecha, la investigación sobre el RS se ha centrado en adaptar la intervención para que sea culturalmente congruente con las familias latinas, modificando el lenguaje, incluyendo metáforas locales y pasando a la terapia de grupo y a la telesalud a partir de la retroalimentación de miembros de la comunidad (por ejemplo, Borelli, Zhou, et al. 2024). La investigación no ha evaluado la efectividad del RS con personas AANHPI, pese a su ajuste a los valores de las comunidades AANHPI. Por ello, examinar el ajuste cultural con personas AANHPI es un objetivo importante para quienes investigan el RS. Las pruebas aportadas por más equipos independientes y por estudios metaanalíticos reforzarán aún más la base empírica del RS.
Aunque el sistema familiar suele ser el contexto más inmediato e influyente de la persona, la estructura y el contenido de las relaciones familiares están también entretejidos con valores, creencias y prácticas culturales. Es decir, según la teoría ecológica de sistemas (TES) de Urie Bronfenbrenner (1992), las personas (y sus identidades y estilos de apego) existen dentro de sistemas proximales y distales interconectados, que actúan sobre ellas. Además, una revisión reciente de la teoría de Bronfenbrenner propuso reconocer la cultura como parte del microsistema, subrayando que la cultura es indisociable de las prácticas cotidianas (Vélez‐Agosto et al. 2017).
Si solo se considera el microsistema, y por tanto solo se interviene en este nivel, pueden pasarse por alto procesos más amplios que inciden en el bienestar de las familias, lo que limita la utilidad de las intervenciones. Así pues, las SFT deben ser sensibles a los contextos y experiencias culturales más amplios de las personas para apoyar con mayor eficacia tanto el bienestar individual como el familiar, en particular en los grupos racial-étnicamente minorizados (REM), so pena de que quienes ejercen la terapia familiar sistémica subestimen la importancia de las influencias culturales en el bienestar. Al mismo tiempo, les advertimos contra la sobrevaloración del papel de la cultura en la presentación clínica de las personas consultantes. Instamos a quienes ejercen la terapia a practicar la autorreflexión para evitar suposiciones dañinas al trabajar con clientela REM, como «culpar a la cultura» (es decir, atribuir en exceso los problemas que presenta la persona a influencias culturales) y las generalizaciones según las cuales la clientela REM requiere intrínsecamente enfoques de tratamiento distintos de los de la clientela blanca (es decir, hacer adaptaciones automáticas basadas en experiencias previas con clientela REM o suponer que las intervenciones no son aceptables ni pertinentes para ella).
En las dos últimas décadas, la terapia familiar sistémica se ha ido alejando de manera constante de nociones de competencia cultural que, sin pretenderlo, «clasifican, categorizan y definen a los “otros”» (Knudson‐Martin et al. 2020, 619). En su lugar, profesionales de la clínica practican la sintonía sociocultural en la aplicación de las terapias, que, según señalaron Knudson‐Martin et al. (2020), incluye varias características: foco relacional, pensamiento de tercer orden, responsabilidad hacia la equidad y atención matizada al contexto. En línea con esta visión, el RS mantiene un foco relacional al suscitar los momentos clave de conexión de quien consulta. Esto permite que las narrativas y los contextos de la persona ocupen el centro de la escena, la capacita para implicarse en esas experiencias y explorarlas, y permite a la persona terapeuta comprender mejor cómo interpreta y vive esa persona sus lazos interpersonales.
El RS ofrece también a quienes ejercen la terapia la oportunidad de crear un espacio para el pensamiento de tercer orden, en el que se invita a las personas consultantes a imaginar qué futuros podrían ser posibles dentro de sus sistemas familiares y más allá como resultado de las decisiones relacionales tomadas en el presente (Knudson‐Martin et al. 2020). El RS puede promover un cambio de tercer orden más allá del microsistema. Algunas versiones adaptadas del RS han integrado valores culturales de las comunidades latinas, poniendo el acento en la justicia social y el cambio social, tanto dentro de la propia intervención de RS como de forma complementaria (Arcos et al. 2023; Borelli 2024). El RS se ha aplicado a agentes de salud comunitaria y por medio de ellos; estos esfuerzos han reforzado aún más la capacidad de cambio de este personal esencial, a la vez que han trasladado la pericia a las comunidades. Cuando se ha aplicado a agentes de salud comunitaria, las narrativas del RS han incluido debates sobre sistemas jurídicos, judiciales y sanitarios más amplios, así como sobre modelos sociales de salud (es decir, la creación de condiciones óptimas para la salud más allá de la medicación y el tratamiento de los síntomas, mediante el cuidado comunitario, la ayuda mutua, etc.) (Zhou et al. en revisión). Así, contextos ecológicos más amplios pueden impregnar las experiencias de RS, en particular en la construcción de sentido de experiencias interpersonales significativas y en la orientación al futuro; es decir, una interacción interpersonal puede estar inserta en dinámicas sistémicas más amplias, y la acción futura puede ser también una respuesta colectiva (por ejemplo, acción sociopolítica, cuidado colectivo, autenticidad cultural, etc.). Por último, el RS es accesible, flexible, rentable y abierto, y exige una carga de formación reducida (Borelli, Perzolli, et al. 2024), lo que permite a quienes ejercen la terapia estar atentos a la equidad y al contexto.
A continuación, exploramos las necesidades clínicas de las familias AANHPI, las consideraciones sobre si adaptar o no el RS para responder a ellas y la importancia de los métodos de investigación participativa basada en la comunidad (CBPR) para guiar los procesos de recogida de información y de implementación.
Las comunidades AANHPI se identifican como el grupo étnico de más rápido crecimiento en Estados Unidos y, sin embargo, la salud mental de esta población se ha pasado por alto y la investigación correspondiente ha estado infrafinanciada (Hall y Yee 2012). Las personas cuidadoras AANHPI, es decir, quienes cuidan de niños, niñas o personas mayores, se enfrentan a un riesgo elevado de resultados de salud desfavorables debido al estrés del cuidado (Pinquart y Sörensen 2005), a influencias socioculturales (Misra et al. 2021) y a barreras sistémicas (Zane et al. 2005) para acceder al apoyo. Aunque el estrés del cuidado no es exclusivo de las personas AANHPI, puede ser mayor que en otros grupos (National Alliance for Caregiving NAC & AARP. 2020).
Un valor cultural identificado con frecuencia en los grupos AANHPI es el familismo, según el cual los miembros de la familia son interdependientes y el bienestar de la familia se considera más importante que el del individuo (Y. Choi et al. 2021). En las comunidades chinas en particular, el valor cultural de la piedad filial implica el deber de deferencia, respeto y cuidado hacia las figuras parentales y las personas mayores. No es de extrañar que aproximadamente el 24% de las personas AANHPI vivan en hogares multigeneracionales, frente al 13% de la población blanca (Cohn et al. 2022), y que a veces cuiden simultáneamente hacia abajo (es decir, de la juventud) y hacia arriba (es decir, de las personas mayores) (National Alliance for Caregiving NAC & AARP. 2020).
Las creencias culturales sobre la familia pueden ser un arma de doble filo: si bien el apoyo familiar protege frente al estrés (Corona et al. 2017), las actitudes interdependientes se asocian a un mayor estigma hacia la salud mental (Zhou et al. 2022), y una mayor adhesión a la piedad filial se vincula con más estrés y un peor bienestar (Dong y Xu 2016). En relación con ello, la estructura familiar y la proximidad física favorecen que se dedique más tiempo al cuidado en los hogares AANHPI, y el cuidado informal aumenta la probabilidad de sufrir agotamiento emocional y otras dimensiones del desgaste profesional (Gérain y Zech 2021). Además, muchas personas cuidadoras AANHPI describen el cuidado familiar como un valor y un rol cultural compartidos sobre los que tienen poco control (Pharr et al. 2014). La falta de elección en el cuidado se asocia a un mayor estrés y a una peor salud física (Schulz et al. 2012). Así, el arraigo cultural del cuidado y la importancia de las relaciones familiares aportan a las comunidades AANHPI tanto interconexión familiar como cargas más pesadas que soportar. No sorprende, por tanto, que las personas cuidadoras familiares AANHPI presenten depresión relacionada con la carga del cuidado (Liang y Dong 2020). Las personas cuidadoras AANHPI refieren tasas de depresión más altas que las personas cuidadoras blancas (Pinquart y Sörensen 2005), peores relaciones con las personas a las que cuidan y un mayor estrés emocional derivado del cuidado que otros grupos (National Alliance for Caregiving NAC & AARP. 2020).
Muchas personas cuidadoras AANHPI deben, además, cuidar en un contexto de inmigración, lo que complica la dinámica familiar y aumenta sus necesidades de salud mental. La mayoría (71%) de las personas adultas AANHPI en Estados Unidos son inmigrantes (Budiman y Ruiz 2021) y se enfrentan tanto al estrés de la inmigración como a los retos continuos de adaptarse a una nueva cultura. Este proceso de aculturación no solo afecta a la persona, sino que sacude todo el sistema familiar (Portes y Rumbaut 1996). Inmigrar y adaptarse a un nuevo entorno resulta especialmente disruptivo para la juventud que atraviesa periodos evolutivos o de transición clave, y se asocia a dificultades de adaptación (Juang et al. 2012). Por ejemplo, las discrepancias en las actitudes educativas y en la percepción de las conductas de la juventud (por ejemplo, considerar la autonomía como normativa o como disruptiva) pueden contribuir al conflicto intrafamiliar (Ho 2014). También hay indicios de que las madres AANHPI nacidas en el extranjero refieren más estrés que las nacidas en Estados Unidos (Nomaguchi y House 2013). Así, el estrés aculturativo y los conflictos intrafamiliares resultantes tensan las relaciones cercanas y agravan los riesgos psicopatológicos, eclipsando los momentos de conexión en las familias AANHPI.
Aunque las personas cuidadoras AANHPI pueden experimentar un malestar considerable a causa del cuidado, diversos factores obstaculizan su capacidad para buscar apoyo y acceder a él. De hecho, los grupos AANHPI infrautilizan los servicios psicológicos en comparación con la población general (Abe‐Kim et al. 2007). Además, quienes sí buscan atención suelen presentar tasas de abandono más altas que la población blanca (Green et al. 2020). Múltiples barreras estructurales agravan estas desigualdades, como el acceso limitado a un seguro de salud, la falta de servicios multilingües y la escasez de profesionales con competencia cultural (Zane et al. 2005). Por ello, las personas cuidadoras AANHPI tienden a recurrir más al apoyo informal que otros grupos racial-étnicos (Chow et al. 2010). Además, los grupos AANHPI, al igual que otros grupos REM en Estados Unidos, experimentan y expresan un mayor estigma hacia las enfermedades mentales que la población blanca estadounidense (Misra et al. 2021). El estigma hacia la salud mental disuade aún más de buscar ayuda y provoca una infrautilización de la atención tradicional en salud mental (Clement et al. 2015). Abordar estos desafíos multifacéticos es imprescindible para garantizar que las personas AANHPI reciban la atención en salud mental que necesitan y merecen. Estas desigualdades ponen de relieve la necesidad apremiante de intervenciones culturalmente aceptables y accesibles para abordar los problemas de salud mental a los que se enfrentan las comunidades AANHPI.
Dado el fuerte énfasis cultural en los lazos familiares de muchas personas cuidadoras AANHPI, las relaciones constituyen un objetivo de intervención prometedor. Aplicar las intervenciones directamente a las personas cuidadoras AANHPI requiere menos recursos que las SFT en las que participan varios miembros de la familia y, aun así, puede tener efectos en cascada sobre todo el sistema. El RS puede ser especialmente adecuado para las personas cuidadoras AANHPI porque aborda varias barreras clave (por ejemplo, el estigma, el desajuste cultural y la accesibilidad) que históricamente han obstaculizado la búsqueda de ayuda y el uso de tratamientos en la población AANHPI. Es decir, el RS puede no ser estigmatizante gracias a su foco general en las fortalezas relacionales y las conexiones positivas (Borelli 2024), ser culturalmente congruente por su capacidad de evocar y reforzar valores culturales que destacan la importancia de los vínculos familiares, y ser accesible por su flexibilidad de aplicación (es decir, quién lo aplica y cómo). Sin embargo, ningún trabajo ha explorado explícitamente el ajuste de esta intervención a la población AANHPI, en gran medida heterogénea. En la sección siguiente, examinamos consideraciones teóricas y prácticas pertinentes que pueden orientar la reflexión sobre la adaptación del RS para esta población.
Para aprovechar plenamente el RS al servicio de las familias AANHPI, una consideración importante es si pueden ser necesarias adaptaciones del RS para la clientela AANHPI. Por una parte, existen diferencias culturales en diversas orientaciones entre las culturas AANHPI y otras culturas (por ejemplo, individualismo frente a colectivismo; Schimmack et al. 2005). Por otra parte, debemos tener cuidado de no atribuir en exceso las diferencias individuales a la cultura, ya que ello puede generar un trato diferenciado de las personas de distintos grupos culturales (Causadias et al. 2018). Además, una adaptación formal del manual del RS puede no dar cuenta de la gran variabilidad que existe dentro de los propios grupos AANHPI. Por ejemplo, aunque gran parte de la investigación psicológica y epidemiológica agrupa a las personas procedentes de Vietnam y Laos en una misma categoría general, el Sudeste Asiático, sus valores culturales, sus ingresos y sus resultados de salud son diferentes, lo que pone de relieve la heterogeneidad dentro de este grupo (Kochhar y Cilluffo 2018).
Existen varios marcos que pueden orientar la adaptación cultural de los tratamientos basados en la evidencia (EBT). Por ejemplo, Lau (2006) propuso el marco de adaptación cultural selectiva y dirigida para comprender la generalizabilidad de los EBT y determinar si las adaptaciones están justificadas para poblaciones diversas. Selectiva indica que las adaptaciones culturales de los tratamientos deben realizarse con criterio. Las adaptaciones pueden estar justificadas si la evidencia empírica sugiere diferencias entre grupos en (a) los factores contextuales de riesgo y de resiliencia o (b) la respuesta al tratamiento. Dirigida indica que deben utilizarse datos para fundamentar los objetivos concretos de las adaptaciones. Ambos componentes del enfoque de Lau subrayan la importancia de utilizar la evidencia empírica para guiar las decisiones y los procesos de adaptación. Otra investigación, de Hall et al. (2019), identificó varios tipos de adaptaciones culturales realizadas por profesionales de la clínica para su clientela asiática y AANHPI: adaptaciones culturales destinadas a reforzar la construcción de la alianza y la credibilidad terapéutica, como el «regalo» (por ejemplo, concebir la terapia centrada en un objetivo culturalmente relevante como un «regalo»); una concepción interdependiente del yo (por ejemplo, una terapia centrada en los sistemas familiares y los contextos sociales); y la atención a las formas indirectas o no verbales de comunicación cultural. Aun subrayando la necesidad de futuras investigaciones, planteamos varias consideraciones sobre la posible adaptación del RS para las familias AANHPI.
Una razón para no adaptar una intervención sería que ya fuera coherente con los valores del grupo cultural destinatario. Como se ha señalado, el RS refleja varios de los valores centrales de las comunidades AANHPI (Smith et al. 2019), al apoyarse en la existencia de las personas en contextos relacionales, en el dar y recibir cuidados, en el énfasis en el afecto positivo ligado a las relaciones interpersonales y en un enfoque basado en las fortalezas y no estigmatizante. El RS puede ser congruente con la piedad filial, de modo que las personas consultantes estarían más dispuestas a resignificar positivamente el cuidado como una actividad que honra a las figuras parentales. En cambio, podrían mostrarse más reticentes a hablar con la persona interventora de los aspectos negativos del cuidado por temor a faltar al respeto a sus figuras parentales. Puede que la piedad filial refleje, en última instancia, una conexión profunda con las propias figuras parentales que, en determinadas circunstancias, puede servir de base sólida para el RS. Por último, aunque no por ello menos importante, el RS también puede salvar el problema de accesibilidad al que se enfrentan con frecuencia las personas AANHPI, gracias a su flexibilidad en cuanto a modalidades de aplicación (presencial, visita domiciliaria, por internet, en una aplicación).
Otra consideración, a menudo infravalorada, es que las adaptaciones culturales pueden producir efectos similares, o incluso iatrogénicos, en comparación con la intervención original. Se necesitan pruebas rigurosas para determinar si las adaptaciones del RS aportarían beneficios adicionales con respecto a su forma original. Los metaanálisis revelaron que, si bien la terapia cognitivo-conductual (TCC) adaptada culturalmente resultaba eficaz en los grupos REM, incluidas las personas AANHPI, para aliviar diversos síntomas de salud mental como la depresión (por ejemplo, Huey et al. 2023), solo un puñado de estudios (por ejemplo, W. C. Hwang et al. 2015) halló que las versiones adaptadas culturalmente eran más eficaces que los tratamientos estándar de TCC. De hecho, un gran número de estudios que pusieron a prueba la efectividad de la TCC adaptada culturalmente se realizaron sin un punto de comparación (Huey et al. 2023). Dicho de otro modo, las pruebas que respaldan la validez incremental de las adaptaciones culturales de algunos EBT son escasas y provisionales. La difusión de adaptaciones debería fundamentarse en pruebas que muestren una menor efectividad en la población destinataria. Las adaptaciones cuya validez incremental no esté demostrada pueden comprometer la fidelidad del RS y reducir su efectividad.
Es importante señalar que las intervenciones no se aplican en el vacío. Las personas que las aplican son, en sí mismas, una parte importante del resultado de la terapia. Por ello, se necesitan estudios para determinar si la adaptación formal de la intervención o la formación de cada profesional en sensibilidad cultural puede ser más eficaz para abordar las diferencias interculturales. En el caso del RS, sigue sin estar claro si deben introducirse adaptaciones formales en el manual de tratamiento para ajustarlo a las necesidades de las familias AANHPI. Las adaptaciones culturales formales pueden entrañar el riesgo de «otrificar» a los grupos REM, acentuando las fronteras entre grupos desde una perspectiva de «endogrupo» frente a «exogrupo» (Lekas et al. 2020). Como enfoque alternativo, Huey et al. (2023) señalaron la importancia de formar a profesionales de la clínica para que sean más sensibles culturalmente a nivel personalizado, en lugar de introducir una adaptación general de los manuales de tratamiento que se aplique a personas diversas. Esto es análogo a la lógica de formar profesionales con apoyo empírico en lugar de desarrollar tratamientos con apoyo empírico. Del mismo modo que el tratamiento psicológico no es un proceso de «talla única», las adaptaciones de las intervenciones pueden ser más eficaces si se realizan (1) en función de las circunstancias particulares de cada persona consultante y de cada sesión, y (2) de forma colaborativa, partiendo de la base de que las personas consultantes son expertas en su propia experiencia vivida. La formación destinada a aumentar la humildad cultural de cada profesional, es decir, la curiosidad y la apertura para aprender sobre los demás (por ejemplo, sobre otras orientaciones de su clientela) y la autorreflexión y la conciencia (por ejemplo, de los propios supuestos y sesgos clínicos), puede dar lugar a un enfoque más personalizado y eficaz.
En cambio, adaptar el RS para su uso con clientela AANHPI puede ser útil debido a diferencias en la percepción de los enfoques de saboreo y de las emociones positivas, que podrían traducirse en una menor implicación o efectividad en esta clientela. La mayoría de las intervenciones de saboreo se desarrollaron desde una perspectiva occidental y se pusieron a prueba en poblaciones blancas, lo que plantea interrogantes sobre su aplicabilidad a las culturas orientales (Smith et al. 2019). De hecho, la efectividad de determinadas prácticas de psicología positiva varía según la cultura: prácticas como expresar gratitud resultaron menos eficaces para la clientela AANHPI que para la clientela blanca, mientras que los efectos de realizar actos de amabilidad son equivalentes (Ng y Ong 2022). A la luz de estos hallazgos, proponemos las siguientes consideraciones, que apuntan a una posible necesidad de adaptaciones.
El RS adopta el enfoque de saboreo consistente en compartir con los demás (Bryant y Veroff 2007), una estrategia que implica compartir y celebrar una experiencia positiva con otras personas, lo que a su vez amplifica las emociones positivas asociadas al recuerdo (Gable et al. 2004). En el RS, la persona consultante comparte el recuerdo elegido con la persona interventora. Esta estrategia de saboreo puede ser menos eficaz para algunas personas AANHPI (Smith et al. 2019), ya que estudios previos hallaron que las personas adultas coreanas eran menos propensas a compartir acontecimientos positivos por temor a que la envidia dañara sus relaciones sociales (Choi et al. 2019), lo que podría limitar la medida en que aprovechan el hecho de compartir experiencias positivas con los demás. Las adaptaciones del RS pueden abordar esta diferencia cultural en la disposición a compartir experiencias positivas con los demás. Por ejemplo, la persona interventora podría presentar la razón de compartir experiencias de apego positivas como una forma de fortalecer la conexión social y no de celebrar un éxito individual, minimizando así el temor a la envidia. El RS también podría complementar el enfoque de saboreo basado en compartir con los demás con el de contar las bendiciones (Emmons y McCullough 2003), un enfoque de saboreo concebido para cultivar la gratitud hacia los aspectos positivos, fomentando la satisfacción de la persona en relación con el recuerdo saboreado.
El protocolo actual del RS aborda formalmente la coexistencia de emociones positivas y negativas en relación con los recuerdos saboreados. La persona interventora suscita los recuerdos disponibles para saborear en la intervención pidiendo a quien consulta que evoque recuerdos con un fuerte foco emocional positivo (selección del recuerdo) y que después se centre en uno de ellos en la fase de reflexión sobre el recuerdo. Para disponer de recuerdos aptos para el saboreo en el RS, la persona presta atención intencionadamente a los detalles de su experiencia positiva y construye un recuerdo duradero asociado a ella, lo que Bryant y Veroff (2007) denominan construcción de recuerdos. Los recuerdos aptos para el saboreo en el RS contienen a menudo emociones negativas (por ejemplo, ansiedad, miedo), porque los momentos conmovedores en las relaciones de apego pueden estar precedidos por emociones negativas.
Se necesitan pruebas empíricas que indiquen si el enfoque actual de abordaje de las emociones es suficiente para las personas AANHPI, que perciben las emociones positivas de forma distinta que las personas blancas. Las personas blancas tienden a percibir las emociones positivas como predominantemente positivas, mientras que las personas de Asia oriental las perciben de forma más dialéctica, reconociendo la posible coexistencia de aspectos negativos en sus experiencias (Uchida y Kitayama 2009). Por ejemplo, un dicho chino del Tao Te Ching afirma: «福兮祸所伏, 祸兮福所倚», que significa que lo positivo se esconde en lo negativo y que lo negativo se apoya en lo positivo (Laozi [ca. 400 a. C., Tao Te Ching]). Al reconocer esta interconexión, las personas de Asia oriental parecen más propensas a atenuar las emociones positivas (Miyamoto y Ma 2011). La investigación futura debería examinar si el enfoque actual del RS respecto de las emociones concuerda con las sensibilidades culturales de las personas AANHPI, o si puede hacerse más para desarrollar prácticas culturalmente sintonizadas.
Si la evidencia sugiere la necesidad de una adaptación, la construcción de un relato dialéctico de los recuerdos positivos, que reconozca y acepte la coexistencia de emociones negativas, puede ser más congruente con la percepción de las emociones de las personas AANHPI. El RS podría adaptarse para admitir de forma más explícita recuerdos que contengan una mezcla de experiencias emocionales. En segundo lugar, en el RS, la persona interventora ayuda a menudo a quien consulta a reconocer la emoción negativa y a dejarla a un lado para permitir un procesamiento más profundo de la emoción positiva (Borelli 2024). Manteniendo la emoción positiva como foco central, quienes aplican el RS podrían incorporar dichos y metáforas culturales que describan la interacción entre emociones positivas y negativas, para hacer tomar conciencia de su coexistencia, a la vez que facilitan la aceptación de las emociones negativas. Por último, las posibles adaptaciones podrían preparar a quienes aplican el RS para abordar emociones negativas, como la culpa, que coexisten con las positivas.
Otra consideración que subyace a las posibles adaptaciones del RS reside en las diferencias culturales en la expresión emocional. En comparación con la población blanca estadounidense, la población asiático-estadounidense (AA) mostró una menor expresividad emocional (expresiones verbales o no verbales de las emociones percibidas) y una modificación emocional más frecuente (expresión intencionada de otras emociones junto con las emociones percibidas o en lugar de ellas; H. S. Hwang y Matsumoto 2012). Estas diferencias pueden atribuirse a influencias culturales como las reglas de expresión (Ekman y Friesen 1969), a influencias familiares como la socialización emocional (Saw y Okazaki 2010) o a diferencias individuales como la motivación para preservar la relación (H. S. Hwang y Matsumoto 2012). Diversas adaptaciones pueden ser adecuadas para abordar estas diferencias. Podría dedicarse más tiempo al principio a construir la relación de confianza, con el fin de preparar adecuadamente el terreno para hablar de emociones y relaciones. El manual podría incluir una sección sobre las diferencias culturales en la expresión de las emociones (por ejemplo, la población hmong estadounidense mostró menos sonrisas no Duchenne al expresar alegría; Tsai et al. 2002), de modo que quienes aplican el RS pudieran ajustar sus expectativas sobre el tipo de expresiones emocionales que cabe observar.
Además, la aculturación puede producirse a ritmos diferentes en los distintos miembros de una familia; puede surgir un desajuste de conductas, valores e identidades entre generaciones (Ho 2014), lo que sugiere la necesidad de adaptar el RS para que tenga en cuenta los desajustes de aculturación dentro de las familias. Las brechas de aculturación pueden incluir diferencias en el dominio de la lengua, en la adhesión a las creencias culturales tradicionales y en el sentimiento de pertenencia. Las brechas de aculturación predicen un aumento de los conflictos culturales intergeneracionales (Portes y Rumbaut 2006), que a su vez predicen resultados psicológicos desfavorables en todo el sistema familiar (Bamaca‐Colbert et al. 2019). En el caso de las personas cuidadoras AANHPI, los desajustes entre los valores tradicionales del cuidado y una mayor aculturación pueden incluso moldear la percepción del cuidado y de la carga que supone (Guo et al. 2019). Los posibles factores de estas diferencias pueden estar relacionados con características personales, como las motivaciones (individualistas vs. colectivistas) y la percepción de las emociones positivas (únicamente positivas vs. dialécticas; Smith et al. 2019), así como con aspectos sistémicos, como las diferencias intergeneracionales en valores, conductas y aculturación.
Otra posible razón para adaptar el RS es que, aunque se ha demostrado su eficacia en muestras diversas con representación de participantes AANHPI (por ejemplo, Pereira et al. 2021), los ingredientes activos del RS pueden diferir según la cultura. Por ejemplo, algunas personas pueden encontrar más relevante el aspecto «relacional» del RS, al centrarse en un momento de interconexión, mientras que otras pueden encontrar más relevante el aspecto de «saboreo», al atender a una experiencia positiva, apreciarla y amplificarla. Del mismo modo, algunas personas pueden encontrar más significativo el proceso inicial de evocar muchos recuerdos, mientras que otras pueden encontrar más impactante el proceso posterior de sumergirse en un solo recuerdo. Algunas pueden valorar el proceso de centrarse en la experiencia pasada, mientras que otras pueden valorar la parte de mirar hacia el futuro. Una parte importante del desarrollo de una forma de RS atenta a las necesidades de las personas cuidadoras AANHPI consiste en comprender qué funciona específicamente para la población AANHPI, sin suponer que será similar a lo que funciona para la población general.
En conjunto, varias características del RS pueden tener resonancia cultural para la clientela AANHPI, mientras que otras pueden ser peor acogidas. Por ello, puede resultar fructífero explorar y poner a prueba adaptaciones culturales del RS con esta muestra aún no estudiada. A continuación, proponemos un marco de investigación basado en la investigación participativa, centrado en la aceptabilidad, la accesibilidad y la efectividad del RS para mejorar los resultados buscados en las comunidades AANHPI.
Aunque la sensibilidad de una intervención a los contextos y las identidades de las personas parece aportar beneficios potenciales importantes (por ejemplo, aceptabilidad, efectividad, implicación), la decisión de introducir o no adaptaciones para su uso con poblaciones concretas es delicada y debe tomarse con cuidado. Como hemos expuesto, las suposiciones inexactas sobre las necesidades de las comunidades desatendidas que determinan los tipos de atención que reciben o no pueden causar daños inmediatos y duraderos. En esta sección, examinamos los pasos que pueden darse para fundamentar el proceso de determinar si están indicadas adaptaciones culturales y, en caso afirmativo, cómo deben llevarse a cabo.
Para quienes investigan sin pertenecer a la población destinataria o trabajan con un grupo especialmente poco estudiado, los métodos cualitativos, como las entrevistas y los grupos focales, pueden permitir escuchar con más atención las narrativas de las personas participantes. En concreto, los equipos de investigación pueden adoptar un marco CBPR (Parra‐Cardona et al. 2023) para facilitar la toma de decisiones sobre la adaptación y garantizar que las comunidades estén representadas en el proceso de investigación. Un enfoque CBPR puede contribuir a la posible adaptación y aplicación del RS en muestras AANHPI; comienza con el diseño del estudio y se extiende a todas las etapas de la investigación. Exponemos varios pasos generales hacia el objetivo último de aplicar el RS a personas cuidadoras AANHPI de manera accesible y aceptable, apoyándonos en el Formative Method for Adapting Psychotherapy (FMAP; W. C. Hwang 2009), que consta de cinco fases: (1) generación de conocimiento basada en la comunidad con las partes interesadas pertinentes; (2) integración del conocimiento ascendente con el conocimiento descendente; (3) proceso iterativo de retroalimentación y revisión con las partes interesadas; (4) puesta a prueba de la adaptación; (5) finalización de la adaptación.
En el corazón de la CBPR están las alianzas, en las que los equipos de investigación trabajan para construir de forma intencionada la confianza con las organizaciones comunitarias. En los contextos de investigación, las relaciones con la comunidad suelen quedar relegadas a un segundo plano, como un mecanismo de reclutamiento que facilita la recogida de datos y la retención de participantes. Sin embargo, la traslación, la difusión y la implementación de los resultados de investigación también pueden beneficiarse profundamente de la inclusión de las voces de la comunidad. Una alianza comunitaria cuidadosamente desarrollada es especialmente importante para llevar a cabo investigaciones con grupos desatendidos, muchos de los cuales mantienen relaciones tensas o de desconfianza con las instituciones educativas o de investigación (Di Bari et al. 2007). Las alianzas comunitarias pueden mejorar el acceso a lo que la investigación suele considerar grupos «de difícil acceso» y reducir la posibilidad de infligir nuevos daños a comunidades ya vulnerables. En particular, se ha observado que las comunidades AANHPI se muestran especialmente reticentes, en comparación con otros grupos racial-étnicos, a participar en investigaciones, y también refieren tasas más bajas de compensación justa (Liu et al. 2019). Al seleccionar una entidad comunitaria asociada, los equipos de investigación pueden buscar organizaciones accesibles, no estigmatizantes y que hayan invertido recursos y tiempo en construir relaciones duraderas con la comunidad local. Sin embargo, no todas las organizaciones al servicio de la comunidad desempeñan funciones iguales o similares, aunque compartan algunas de las características descritas, y debe evaluarse su idoneidad. Entre los posibles lugares de interés para aplicar el RS a personas cuidadoras AANHPI figuran iglesias, templos, bibliotecas, centros de salud comunitarios, escuelas, centros extraescolares y otras organizaciones al servicio de la comunidad. La construcción de relaciones puede, por tanto, adoptar formas distintas según el grupo, en función de los lugares o las personas culturalmente relevantes. Por ejemplo, las iglesias son centros culturales y sociales para gran parte de la población coreano-estadounidense, y a la población nativa hawaiana se puede llegar a través de figuras de mediación cultural autóctonas. Aun así, es importante subrayar que no todos los miembros de un grupo étnico responden necesariamente a las mismas estrategias de construcción de relaciones o de reclutamiento.
Otros estudios de desarrollo de intervenciones basadas en la comunidad han tenido éxito al incorporar a miembros de la comunidad y de la población destinataria en el desarrollo y la aplicación del estudio. Baker et al. (2018), por ejemplo, desarrollaron una intervención de prevención de la violencia para hombres negros jóvenes en la adultez emergente, aplicada por barberos en barberías; su CAB estaba compuesto por barberos y propietarios de barberías, cuyo papel fue crucial en la aplicación y la implementación de la intervención. Dado el objeto del presente artículo, los equipos de investigación deberían reclutar a personas representativas de la muestra destinataria (por ejemplo, personas cuidadoras AANHPI) y/o a partes interesadas pertinentes (por ejemplo, agentes de salud comunitaria o de servicios insertos en barrios predominantemente AANHPI o en enclaves culturales o étnicos) para formar un consejo asesor comunitario (CAB) (remunerado). Dada la novedad de esta intervención con poblaciones AANHPI, así como la heterogeneidad de los grupos AANHPI, puede ser necesario comenzar los esfuerzos de introducción y estudio del RS con un único grupo étnico, e incluso precisarlo más según el estatus de aculturación u otras características compartidas. Especificar con exactitud el grupo de interés puede aumentar la probabilidad de reunir un CAB relativamente representativo. La entidad comunitaria asociada puede aportar una visión adicional sobre los posibles resultados que conviene abordar, en particular para los miembros de la comunidad con menos recursos, y sobre qué esfuerzos comunitarios o de investigación anteriores han dado fruto y cuáles no. Ello puede permitir a los equipos de investigación maximizar el impacto de su estudio y optimizar la asignación de sus recursos, minimizando al mismo tiempo el posible daño de su implicación en la comunidad.
Antes de adaptar el RS, es necesario evaluar primero la aceptabilidad y la eficacia del RS estándar entre las personas cuidadoras AANHPI. Examinar la efectividad de la intervención original evita la suposición habitual de que los grupos REM requieren modificaciones o adaptaciones sin fundamento basadas en diferencias culturales. El CAB orientaría las consideraciones de reclutamiento en esta etapa (por ejemplo, dónde reclutar, lenguaje utilizado, encuadre y comentarios sobre los materiales de reclutamiento). Una adaptación temprana sencilla, la traducción de los materiales de reclutamiento y de los manuales de intervención, puede ser ya necesaria según la población destinataria y sus necesidades lingüísticas. Las personas interventoras, idealmente insertas en la propia comunidad, pueden aplicar una ronda de RS a las personas participantes, ya sea de forma presencial en un lugar accesible o de forma virtual, y recoger después valoraciones preliminares de aceptabilidad y comentarios cualitativos mediante entrevistas individuales. Dos hallazgos pueden respaldar adicionalmente la adaptación: (1) el impacto del RS en el bienestar, la relación y la satisfacción de las personas participantes AANHPI es menor que en otros grupos racial-étnicos y/o (2) los comentarios cualitativos señalan barreras específicas o reticencias de las personas participantes respecto del contenido del RS.
Tras un ciclo completo de RS, los equipos de investigación deberían comparar la eficacia de la intervención para modificar las dimensiones de interés previamente evaluadas en otros grupos, y comparar los tamaños del efecto para determinar si el RS funciona tan bien con participantes AANHPI como con las muestras anteriores. Para examinar las barreras y los factores facilitadores de la aplicación del RS, los equipos de investigación también pueden plantearse formar un grupo focal con las personas interventoras. Tras presentar al grupo los materiales de la intervención, deberían recogerse sus comentarios sobre las posibles barreras y los factores facilitadores para la aplicación del tratamiento, la implicación y la implementación. Los equipos de investigación deben contar con introducir modificaciones continuas y mantener la flexibilidad en esta etapa. En esta etapa, deberían reflexionar detenidamente sobre los recursos tangibles que la comunidad podrá conservar una vez concluido el estudio (por ejemplo, un manual de formación, un taller grabado, etc.).
Si los equipos de investigación concluyen que se necesitan adaptaciones, el siguiente objetivo debería ser sintetizar los comentarios de las personas participantes y presentar los resultados al CAB para identificar los posibles objetivos de adaptación y el grado en que puede adaptarse la intervención de RS. Más concretamente, las adaptaciones pueden referirse a las estructuras superficiales y/o a las estructuras profundas de una intervención (Resnicow et al. 1999). Resnicow et al. (1999) subrayan que la estructura superficial contribuye a la aceptación de los mensajes o a la viabilidad, mientras que la estructura profunda contribuye a la relevancia o a un impacto más amplio de la intervención. En esta etapa, es probable que al menos un rasgo superficial, la lengua, ya se haya implementado. Otros rasgos superficiales pueden incluir contenidos de la intervención como imágenes culturales (por ejemplo, extraídas de la gastronomía, las tradiciones o las expresiones idiomáticas) que pueden contribuir a la aceptabilidad de la intervención gracias a elementos reconocibles y a un «ajuste» global con la cultura destinataria. Muchas adaptaciones de intervenciones se detienen aquí sin profundizar en los rasgos profundos, que se amplían para considerar los sistemas que se entrecruzan, actúan sobre los comportamientos de salud y contribuyen a ellos (por ejemplo, valores, normas y percepciones culturales). Si bien es posible que las adaptaciones superficiales relativas al ajuste cultural basten en algunos casos, también es importante considerar los rasgos de estructura profunda de la intervención, como su modo de aplicación y de implementación, para maximizar su viabilidad, su fidelidad y su perdurabilidad en la población destinataria.
Debe alcanzarse un equilibrio importante para garantizar que el RS sea sensible a las culturas y a cada persona consultante sin perder su núcleo. Los enfoques mencionados buscan reforzar la sensibilidad cultural. Al mismo tiempo, destacamos tres componentes centrales del RS que deberían mantenerse en todas las adaptaciones: (1) la selección del recuerdo, (2) la reflexión sobre el recuerdo en cinco pasos y (3) el foco en un recuerdo positivo con un fuerte contenido de apego. Las adaptaciones del manual del RS pueden potenciarse seleccionando de manera intencionada a personas interventoras bien ajustadas a la población destinataria y permitiendo una aplicación flexible en lugar de una adhesión estricta al guion. Este enfoque aprovecha la lengua y el conocimiento cultural de personas con vínculos profundos con la comunidad, lo que permite una implementación más personalizada y eficaz.
Una vez finalizadas las adaptaciones del RS, los equipos de investigación pueden dar el paso, a menudo omitido, de comparar la intervención estándar u original con la versión adaptada culturalmente. En esta etapa, es esencial no aferrarse demasiado a la suposición de que la versión adaptada culturalmente es necesaria o será mejor para la muestra concreta, y menos aún para las personas AANHPI en general. Hasta donde sabemos, no se ha realizado ningún ensayo controlado aleatorizado (ECA) que compare el RS adaptado culturalmente con la versión original del RS. Sin embargo, un reto importante es precisar los efectos en subgrupos étnicos asiáticos concretos. Por ejemplo, lo que es eficaz para la población chino-estadounidense puede no serlo para la población nativa hawaiana. Es decir, una adaptación para la población AANHPI puede no responder a las necesidades de un subgrupo étnico concreto. Los equipos de investigación pueden plantearse realizar un ensayo de un solo brazo o de varios brazos que compare el RS estándar, el RS adaptado culturalmente y/o un grupo de control. Una vez concluido el estudio, pueden volver a trabajar con el CAB para determinar las mejores vías y formatos de difusión de los resultados de investigación (por ejemplo, feria comunitaria, artículo de prensa, entrada de blog, vídeo animado en redes sociales, recurso digital) y colaborar con miembros destacados del CAB o con entidades comunitarias asociadas en la redacción de artículos científicos u orientados a las políticas públicas.
El RS tiene un potencial considerable para potenciar las fortalezas de las personas cuidadoras AANHPI y responder a sus necesidades clínicas apremiantes, gracias a sus vínculos con las teorías sistémicas y a su foco relacional y basado en las fortalezas. A medida que el campo de la SFT avanza hacia una mayor sensibilidad cultural, ofrecemos estas consideraciones como un medio para hacer avanzar la disciplina. Aunque nuestros comentarios se centran en el RS, muchas de las consideraciones aquí sugeridas podrían aplicarse a otras intervenciones centradas en los sistemas que resulten prometedoras para su adaptación o integración en esta población. El trabajo futuro con el RS podría ampliar su potencial para producir un cambio de tercer orden, teniendo en cuenta sistemas y contextos ecológicos más amplios, más allá de la familia o de las comunidades inmediatas.
Complexe Systémique: puntos clave
El interés de este artículo va más allá de la comunidad a la que se dirige. En primer lugar, recuerda que una intervención puede ser sistémica sin reunir a toda la familia: al trabajar solo con la persona cuidadora sobre un momento de cuidado logrado, apunta al bucle relacional, ya que recibir y dar cuidados se responden mutuamente. En segundo lugar, plantea una pregunta que la práctica intercultural suele esquivar: adaptar un protocolo puede «otrificar» a un grupo, fijar la cultura como explicación y diluir lo que hace eficaz el enfoque. De ahí una prudencia metódica: poner a prueba primero la versión estándar, escuchar a la comunidad, distinguir los ajustes superficiales (lengua, imágenes) de los de estructura profunda (quién la aplica y cómo) y conservar el núcleo (selección del recuerdo, reflexión guiada, contenido de apego). Para la práctica cotidiana, la indicación más útil es quizá esta: más que manuales culturales, cultivar la humildad cultural en cada terapeuta y acoger los recuerdos en los que la alegría se mezcla con la culpa en lugar de dejarlos a un lado. La propuesta sigue siendo teórica: todavía no se dispone de datos con estas familias. Puede leerse junto con el artículo sobre la adaptación cultural del saboreo relacional y el artículo sobre la terapia focalizada en las emociones con parejas chinas.
Notas del original
1 La población asiático-estadounidense de Estados Unidos presenta una gran diversidad en cuanto a país de origen. Por ello, en el presente artículo utilizamos la expresión «asiático-estadounidense, nativa hawaiana o de las islas del Pacífico (AANHPI)» para reflejar la amplia diversidad de la comunidad.
Agradecimientos. Expresamos nuestra gratitud a las personas y familias que han compartido su tiempo, sus experiencias y sus perspectivas al participar en nuestros estudios sobre el saboreo relacional.
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Traducción no oficial de Systemic Intervention Through Relational Savoring: Cultural Considerations for Working With Asian American Families, de Frances Haofei Li, Elayne Zhou, Hans Oh y Jessica L. Borelli, Journal of Marital and Family Therapy, vol. 51, n.º 4 (2025), doi: 10.1111/jmft.70080, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial son responsables de esta traducción; prevalece la versión original.
Esta es una traducción no oficial al español del artículo original «Systemic Intervention Through Relational Savoring: Cultural Considerations for Working With Asian American Families», publicado en Journal of Marital and Family Therapy (2025) bajo licencia CC BY 4.0. Traducida por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Li, F. H., Zhou, E., Oh, H., y Borelli, J. L. (2025). Systemic Intervention Through Relational Savoring: Cultural Considerations for Working With Asian American Families. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/systemic-intervention-through-relational-savoring-cultural-considerations (Obra original publicada en 2025 en Journal of Marital and Family Therapy, 51(4) (2025); republicada en 2025 por Journal of Marital and Family Therapy, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/jmft.70080)
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