Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Journal of Marital and Family Therapy · Terapia familiar

«La otra parte problemática y yo»: relatos paralelos de parejas parentales separadas en conflictos prolongados

¿Qué dicen las madres y los padres separados que llevan más de dos años en conflicto sobre la otra figura parental y sobre su propio lugar? El equipo de Jan Stokkebekk en Bergen leyó en paralelo los relatos de cinco padres y cinco madres. Cada relato construye «la otra parte problemática», y la cooperación se vuelve imposible. De ahí una propuesta: apostar por la parentalidad paralela y la resiliencia de cada hogar en lugar de reconciliar a la pareja parental.

Autoría Jan Stokkebekk, Anette Iversen y Ragnhild Hollekim (Department of Health Promotion and Development, University of Bergen, Noruega); Ottar Ness (Department of Education and Lifelong Learning, Norwegian University of Science and Technology, Trondheim, Noruega)Primera publicación Journal of Marital and Family Therapy, 9 de enero de 2021Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de “The troublesome other and I”: Parallel stories of separated parents in prolonged conflicts, de Jan Stokkebekk, Anette Iversen, Ragnhild Hollekim y Ottar Ness, publicado en Journal of Marital and Family Therapy (Wiley) (2021), doi: 10.1111/jmft.12474, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de listas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Por ello, sostenemos que el deber primordial de las madres y los padres no es la coparentalidad. Su deber es, sencillamente, ejercer la parentalidad.

Jan Stokkebekk, Anette Iversen, Ragnhild Hollekim y Ottar Ness

Resumen

Este estudio cualitativo pretende explorar cómo las parejas parentales que no conviven y se encuentran en un conflicto prolongado construyen a la otra figura parental y a sí mismas. Se entrevistó a diez madres y padres de cinco parejas parentales. Se utilizó un diseño analítico diádico, en el que los relatos de conflicto de cada progenitor se analizaron en paralelo con los de su copartícipe en la crianza. A partir de la teoría del posicionamiento, la identidad propia como madre o padre surgió como contraposiciones implícitas en las líneas argumentales, que construyen a la otra figura parental como «la otra parte problemática». En los resultados destacaron dos tipologías de líneas argumentales conflictivas: las líneas argumentales de violación de la confianza, que posicionan a la otra figura parental en relación con acontecimientos traumáticos del pasado, y las líneas argumentales sobre quién es la parte mala, que posicionan a la otra figura parental como una figura coparental desleal o como una figura parental disfuncional. Los resultados indican que los conflictos prolongados hacían imposible encontrar posiciones disponibles para la cooperación. Sostenemos que quienes ejercen la terapia familiar deberían ayudar a cada hogar a promover la resiliencia de la infancia y de la familia, en lugar de proseguir los esfuerzos por resolver conflictos crónicos.

INTRODUCCIÓN

Los conflictos prolongados entre progenitores tras la separación y el divorcio dan testimonio de las complejidades y los desafíos inherentes a la interdependencia mutua de la coparentalidad (Kelly, 2007). Tras la disolución del matrimonio, se espera que las madres y los padres curen sus heridas, encuentren nuevas posiciones como figuras parentales, construyan nuevas alianzas como colegas en la crianza y como equipos sólidos y eficaces, y coordinen y compartan la responsabilidad de la educación de sus hijos e hijas (Emery et al., 1991). El aumento de las expectativas respecto a la parentalidad (Hollekim et al., 2016), unido a un giro hacia la igualdad de género en la crianza tras la separación y el divorcio (Braver & Lamb, 2018), ha incrementado la dependencia, la complejidad y la presión que pesan sobre la coparentalidad (Mahrer et al., 2018).

Aunque la mayoría de las parejas parentales consiguen resolver sus diferencias, se estima que entre el 10% y el 15% mantienen conflictos prolongados 2 años después de la separación y que entre el 9% y el 18% siguen en un conflicto de alta a moderada intensidad 6 años después del divorcio (Hetherington, 2002). Además, aunque las trayectorias de la mayoría de las parejas coparentales separadas muestran una reducción del nivel de conflicto, se identifica un subgrupo de alta conflictividad caracterizado por conflictos crónicos intensificados o persistentes (Drapeau et al., 2009). A menudo se alude a estas parejas divorciadas en función del nivel y la continuidad del conflicto, y se considera que se encuentran en un conflicto enquistado, duradero o de alta intensidad (Anderson et al., 2010), o en conflictos marcados por el odio interparental (Smyth & Moloney, 2019). En este artículo nos centramos en madres y padres que no conviven y se hallan en un conflicto prolongado. Al emplear el término prolongado, subrayamos que el foco está en parejas parentales que permanecen en conflictos angustiosos más allá de los 2 años posteriores a la separación y el divorcio, y que no han logrado resolver sus conflictos o sus dificultades de coparentalidad acudiendo a orientación, mediación o servicios ordenados judicialmente.

Las madres y los padres en conflicto prolongado suelen posicionarse como víctimas, porque su experiencia de alta conflictividad incluye una desconfianza generalizada (Rød et al., 2013). Las necesidades y los deseos de las figuras coparentales en conflicto prolongado a menudo se excluyen mutuamente. Por ejemplo, mientras una figura parental quiere mantener el vínculo para tener influencia en el otro hogar y recibir tranquilidad respecto a sus preocupaciones sobre su hijo o hija, la otra quiere levantar un muro para protegerse de la intromisión y la crítica. Quienes ven desestimadas sus preocupaciones sobre su hijo o hija o se exponen a críticas hostiles por parte de la otra figura coparental suelen, como consecuencia, considerar que esta no merece su consideración ni su respeto (Francia et al., 2019).

Según el nivel de implicación y el nivel de conflicto, la literatura sobre el posdivorcio suele describir tres tipologías de coparentalidad: conflictiva, cooperativa y paralela (Ahrons & Rodgers, 1987). Las figuras coparentales en conflicto tienen un alto nivel de implicación y un alto nivel de conflicto. Las parejas parentales cooperativas se consideran el «ideal de coparentalidad» por sus bajos niveles de conflicto y sus altos niveles de implicación solidaria, con capacidad para resolver problemas y tomar decisiones conjuntas (Emery, 1999). Las figuras coparentales en paralelo tienen una interacción mínima entre hogares y un bajo nivel de conflicto. Además, tienen un bajo nivel de implicación, no porque sus interacciones sean cooperativas, sino porque minimizan y evitan las interacciones (Sullivan, 2008). La parentalidad paralela es la situación de coparentalidad más frecuente tras el divorcio, y representa al menos el 40% de los tipos de coparentalidad posteriores al divorcio (Hetherington, 2002).

Pese a los numerosos esfuerzos de profesionales por resolver las disputas, algunas parejas parentales presentan conflictos destructivos, duraderos y en escalada, que se ponen de relieve en el contexto de la terapia, la mediación o los procedimientos judiciales (Smyth & Moloney, 2019). Aunque algunas parejas parentales permanecen en conflicto, el discurso de la parentalidad cooperativa suele ser dominante en el sistema profesional, con la creencia de que la coparentalidad cooperativa es una condición necesaria para una parentalidad exitosa tras la separación (Sullivan, 2008). Así, quienes ejercen la terapia familiar a menudo adoptan una posición paralela a la de la mediación familiar al connotar a las madres y los padres separados como figuras coparentales mientras ayudan a familias en conflicto (Lebow & Rekart, 2007). La relación entre las figuras parentales pasa a escena, mientras que el funcionamiento de cada hogar, las dificultades de crianza y la calidad de las relaciones entre hijos e hijas y figuras parentales quedan entre bastidores, por emplear los términos de Goffman (1971). Estos últimos son factores importantes que, según se ha constatado, amortiguan el riesgo y promueven una adaptación saludable y la resiliencia en las familias en conflicto (Becher et al., 2019). Algunos autores y autoras critican el supuesto de que la resolución del conflicto y el objetivo de una coparentalidad cooperativa son las únicas respuestas adaptativas para mejorar el ajuste familiar en el contexto de los conflictos parentales posteriores al divorcio (Nielsen, 2018; Stokkebekk et al., 2019; Sullivan, 2008). Las intervenciones que promueven la parentalidad cooperativa y que mantienen alto el nivel de implicación tienden también a mantener alto el nivel de conflicto (Sullivan, 2008). Es la exposición frecuente al conflicto o la implicación continua en él, y no el nivel de conflicto en sí, lo que se asocia con peores resultados para la infancia (Cummings & Davies, 2010). Las madres y los padres en alta conflictividad varían en su capacidad para proteger a sus hijos e hijas, y tanto la infancia como las figuras parentales varían en su forma de afrontar el conflicto familiar (Stokkebekk et al., 2019).

Este estudio responde a la demanda de un mayor conocimiento sobre cómo las madres y los padres que han superado los 2 años tras la separación se construyen y se posicionan en un conflicto prolongado (Francia et al., 2019; Smyth & Moloney, 2019). Además, estas aportaciones podrían ayudar a quienes ejercen la terapia familiar a conceptualizar qué modalidad de coparentalidad se adapta mejor a cada pareja parental y, al mismo tiempo, a apoyar a las madres y los padres en conflicto prolongado y a sus familias. En el contexto del conflicto parental prolongado, la teoría del posicionamiento (Davies & Harré, 1990) constituyó el marco teórico de este estudio. El posicionamiento y otros conceptos de la teoría del posicionamiento han demostrado su utilidad para deconstruir la construcción de significado en el contexto de los conflictos sociales (Harré & Slocum, 2003).

MARCO TEÓRICO

La teoría del posicionamiento es un marco procedente de la psicología social y discursiva que examina los marcos normativos en los que las personas viven su vida, en relación con los «derechos» y los «deberes» a los que se sienten vinculadas cuando interactúan (Davies & Harré, 1990). La teoría del posicionamiento consiste en una tríada de conceptos que interactúan: posiciones del yo y de los demás, líneas argumentales y actos de habla. Las líneas argumentales discursivas pueden considerarse normas y pautas de desarrollo establecidas en la vida social que son «expresables en un conjunto laxo de convenciones narrativas» (Harré & Moghaddam, 2003, p. 6). Las construcciones de lo que significa ser madre o padre implican un posicionamiento reflexivo, inherente al discurso parental sobre la vida familiar. Tan y Moghaddam (1995, p. 389) definen el posicionamiento reflexivo como «un proceso mediante el cual una persona se posiciona, intencionada o involuntariamente, en las historias personales que se cuenta a sí misma a medida que se despliegan». Las personas varían en su «poder de posicionamiento»; algunos autoposicionamientos pueden ser deliberados o forzados por terceros (personas/instituciones), y el posicionamiento de los demás también puede ser deliberado o impuesto (Davies & Harré, 1990). Las figuras parentales en conflicto suelen recurrir a un posicionamiento estratégico al hablar con una tercera parte (por ejemplo, un servicio de terapia familiar) para «ganar la superioridad moral». Se trata, pues, de asegurarse de que lo que dice o hace la parte contraria (la otra figura parental) se interprete según una línea argumental que convenga a la propia causa. Por ejemplo, si una figura parental adopta una posición de defensora del niño o la niña/portavoz, la otra puede intentar resistirse a esta estrategia, viéndola como un ataque a su posición preferida de figura parental en pie de igualdad. La posición de defensa de la criatura puede pertenecer a una línea argumental del «bienestar del niño o la niña», que plantea las necesidades de la criatura como la obligación parental primordial; así, el conocimiento sobre la criatura se convierte en una habilidad de posicionamiento y en un recurso de poder viable. La posición de figura parental en pie de igualdad puede consistir en afirmar que se forma parte de una línea argumental de género sobre la igualdad de derechos parentales, mientras que una custodia desigual se presenta como prueba de una práctica parental discriminatoria. Así, mientras una figura parental puede plantear preocupaciones sobre el bienestar de la criatura y la falta de habilidades parentales, la otra puede expresar su preocupación por el sabotaje de la custodia. Hablar de la otra figura parental implica también actos de habla que pueden oírse como una súplica (una necesidad de protección) o como un abuso (una acusación hostil contra la otra parte). Así, los actos de habla remiten a los casos en que un enunciado o una acción pueden tener efectos diferentes según cómo se interpreten. Las múltiples líneas argumentales conflictivas que entran en juego en los casos de conflicto prolongado posterior al divorcio suelen situar a la terapia familiar en la posición de una instancia judicial obligada a fallar, a dar legitimidad a preocupaciones igualmente importantes y viables dentro de una familia.

Las figuras coparentales en conflicto pueden sentirse forzadas a ocupar posiciones de sujeto por la otra figura coparental, y su capacidad de contraposicionarse se refleja en cómo consiguen enmarcar sus propias acciones y las de la otra figura coparental dentro de líneas argumentales discursivas preferidas. La falta de elección deliberada es a menudo lo que hace que un conflicto resulte irresoluble. Impugnar la línea argumental que se está desplegando y tener el poder de rechazar el posicionamiento de los demás manteniendo una línea argumental dominante se denomina posicionamiento de segundo orden (Harré & Lagenhove, 1999).

Las posiciones iniciales que se ofrecen o se imponen en una situación social se denominan posicionamiento de primer orden. En algunos casos, el posicionamiento establece un patrón complementario o antagónico de derechos y deberes. Una figura parental queda posicionada con el derecho y el deber de «cuidar», mientras que los niños y las niñas quedan posicionados como «obligados a aceptar ser cuidados». En otros casos, el posicionamiento establece un conjunto complementario o antagónico de atributos morales y psicológicos. Alguien puede quedar posicionado como «indigno de confianza y malintencionado». Otra persona puede quedar posicionada como «amable y digna de confianza».

La teoría del posicionamiento describe dos formas de conflicto social, en las que las personas en conflicto (1) comparten una historia pero, al adoptar posiciones contrarias, utilizan esa línea argumental para alimentar un conflicto, o bien (2) han adoptado líneas argumentales irreconciliables en las que «no hay ningún puente discursivo de una a otra» (Harré & Slocum, 2003, p. 112). Por ejemplo, las figuras parentales pueden coincidir en posicionar a su hijo o hija como víctima de un conflicto parental. Así, también harían valer su autoridad parental («En nombre del niño o la niña») como forma de elevar su propia posición legítima en el conflicto (Johnston & Roseby, 2009). Sin embargo, las madres y los padres suelen presentar líneas argumentales irreconciliables sobre cómo se produce y quién tiene la culpa del malestar de su hijo o hija. El objetivo del presente estudio es comprender cómo las parejas que no conviven y se encuentran en un conflicto prolongado se construyen y se posicionan a sí mismas y a la otra figura parental en relatos paralelos sobre su relación. Se exploran las siguientes preguntas de investigación:

  1. ¿Qué líneas argumentales surgen cuando las parejas separadas en conflicto prolongado hablan de su relación coparental?
  2. ¿Qué posiciones del yo y de la otra parte se construyen al hablar de la relación coparental conflictiva?
  3. ¿Qué significa para el deber de la parentalidad que las madres y los padres separados estén en un conflicto prolongado?

MÉTODOS

Diseño cualitativo

Este estudio es un estudio cualitativo que pretende explorar las construcciones parentales de la vida familiar desde la premisa epistemológica de un paradigma de investigación constructivo (Creswell & Miller, 2000). En este estudio, cuyo propósito es estudiar la construcción de significado en parejas parentales separadas en conflicto prolongado, se eligió un diseño cualitativo con entrevistas individuales exploratorias. Además, se aplicó un marco analítico diádico, que combina las aportaciones sobre cómo cada figura parental en conflicto prolongado se posiciona a sí misma y a la otra, en el contexto de relatos paralelos sobre su relación. La ventaja de las entrevistas individuales en un marco analítico diádico (paralelo) es que permite combinar las reflexiones de cada persona (posicionamiento reflexivo) con un conocimiento triangulado del posicionamiento relacional respecto a la otra figura parental. Otra alternativa habría sido entrevistar a las parejas juntas o grabar sesiones de terapia de pareja, en las que el posicionamiento interaccional del yo y de la otra parte se haría evidente en su diálogo. Sin embargo, un inconveniente de este diseño sería que las reflexiones de las figuras parentales (su relato del posicionamiento propio y ajeno en el conflicto) podrían resultar menos visibles.

Ética de la investigación

La aprobación ética para realizar el estudio fue concedida por el Comité Regional de Ética Médica y Sanitaria de Noruega (proyecto n.º 2016/1915). Para proteger la identidad de las personas participantes, se han modificado los nombres, y en el análisis no se indican el número de hermanos y hermanas, el género ni la edad de los niños y las niñas. El primer autor trabajaba como terapeuta familiar en el lugar de reclutamiento como parte de las obligaciones de una beca de doctorado, pero no había tenido ninguna implicación clínica previa con las personas participantes.

Reclutamiento de las personas participantes

Las madres y los padres se reclutaron en un programa de terapia familiar orientado a la resiliencia, organizado por un servicio de orientación familiar de Noruega con el fin de fortalecer a la infancia y a sus figuras parentales separadas en conflicto prolongado. Se admitió en el programa a las figuras parentales que cumplían los siguientes criterios de inclusión: (1) haber experimentado conflictos o problemas de coparentalidad durante más de 2 años después de la separación; (2) no haber logrado resolver su conflicto posterior al divorcio o sus dificultades de coparentalidad acudiendo a los tribunales, a terapia o a servicios de mediación; y (3) que una o ambas figuras parentales consideraran su relación coparental actual conflictiva, estancada, angustiosa y/o irresoluble. Diecisiete figuras parentales dieron su consentimiento para participar en el estudio y fueron entrevistadas durante 2017 y 2018. Las entrevistas las realizó el primer autor después de la admisión y antes del inicio de la terapia, ya fuera en el domicilio de las personas participantes (por elección propia) o en la consulta del servicio de orientación familiar. Cada figura parental fue entrevistada a solas, y cada entrevista duró entre 60 y 90 min. Se aplicó una guía de entrevista semiestructurada con preguntas abiertas, como (1) descripciones de la familia, (2) modalidades de convivencia, (3) opiniones de las personas informantes sobre las relaciones interparentales y otras relaciones familiares, (4) opiniones sobre las necesidades respecto a los servicios de orientación familiar y (5) fortalezas familiares y esperanzas de futuro para la vida familiar. Cada entrevista se grabó en audio y se transcribió literalmente.

Para los fines de este estudio, solo se utilizaron las entrevistas en las que participaron ambas figuras parentales (de cada díada parental). Así, la muestra final de este artículo consta de 10 entrevistas individuales de cinco parejas parentales separadas (cinco padres y cinco madres). Por término medio, llevaban 6 años viviendo en hogares separados. Los hogares eran de clase media. Una o ambas figuras parentales tenían un título universitario, y una o ambas tenían una nueva pareja con la que convivían. Las cinco parejas separadas tenían 10 hijos e hijas biológicos (ocho niñas y dos niños), con una edad media de 13 años (11-16). En el momento de la entrevista, siete de ellos vivían con una de sus figuras parentales (cuatro con su padre y tres con su madre) y veían a la otra cada dos fines de semana o con menos frecuencia, mientras que tres tenían un régimen de custodia compartida y pasaban el mismo tiempo con ambas figuras parentales.

Análisis de los datos

Este estudio explora las posiciones reflexivas de cinco parejas parentales divorciadas en conflicto prolongado. Para analizar las transcripciones de las entrevistas, aplicamos un análisis temático reflexivo (Braun & Clarke, 2019) complementado con un análisis discursivo de los conflictos sociales desde la perspectiva de la teoría del posicionamiento.

En primer lugar, todas las transcripciones se leyeron y releyeron sin ningún intento de analizar el texto. En la siguiente etapa analítica, centramos nuestra atención en las líneas argumentales de las figuras parentales, que se hacían visibles en el texto. Al leer las transcripciones, nos preguntamos analíticamente qué líneas argumentales dominantes surgen cuando las figuras parentales hablan de la otra figura coparental. Por ejemplo, la línea argumental dominante de Brian surgió como «la traición y la destrucción de un hombre de familia nuclear». En su relato, los actos de habla sobre la otra figura parental aparecían como resentimientos («no tenía derecho a romper la familia»), que posicionaban a su expareja como un agente maligno responsable de infligir daño. Así, se presenta a sí mismo como víctima del divorcio, y se hace evidente su identidad social preferida como hombre de familia nuclear. Las líneas argumentales dominantes que aparecen en cada transcripción se codificaron en paralelo como línea argumental del padre y de la madre, en cada una de las cinco parejas parentales.

En la última etapa analítica, nos preguntamos: ¿qué posiciones del yo adoptan las figuras parentales al hablar de la otra figura coparental, y cómo posicionan a esta? Además, anotamos quién tenía y quién no tenía «poder de posicionamiento» en las líneas argumentales, como sugieren Harré y Slocum (2003, p. 114), para comprender cómo algunas de las líneas argumentales del conflicto se vuelven más dominantes y ponen en entredicho la cooperación parental. Esta etapa final ofrece aportaciones útiles para debatir qué significa para la parentalidad que las figuras parentales separadas estén en un conflicto prolongado.

RESULTADOS: LAS LÍNEAS ARGUMENTALES DEL CONFLICTO COMO «RELATOS DE LA OTRA PARTE PROBLEMÁTICA Y YO»

En primer lugar, presentaremos cinco líneas argumentales paralelas (tabla 1) que surgieron al analizar 10 entrevistas de cinco parejas parentales en conflicto prolongado. Las líneas argumentales se presentan con extractos de las entrevistas, con lo que cada figura parental dice sobre su relación con la otra figura coparental y con los relatos de cómo se posicionaba a sí misma y a la otra. Para proteger la identidad de las personas participantes, hemos modificado sus nombres. Además, no hemos facilitado ninguna información sobre el número de hermanos y hermanas, la descripción de la personalidad, el género ni la edad de los niños y las niñas. También nos hemos asegurado de no incluir ninguna información sensible sobre la salud de los hijos e hijas de las personas participantes. En segundo lugar, describiremos nuestro hallazgo de una línea argumental general, o un modo específico de posicionamiento reflexivo, denominado «relatos de la otra parte problemática y yo», que aparecía en diferentes líneas argumentales. Por último, presentaremos dos tipologías de líneas argumentales del conflicto y las posiciones asociadas a ellas.

Tabla 1 — Líneas argumentales paralelas de la otra parte problemática y yo

  • Parejas parentales: John y Mary; Línea argumental del padre: «Ser acusado falsamente»; Línea argumental de la madre: «Ser víctima de violencia»
  • Parejas parentales: Stig y Mette; Línea argumental del padre: «La manipuladora invasiva»; Línea argumental de la madre: «El padre enfadado en un hogar muy, muy lejano»
  • Parejas parentales: Brian y Karen; Línea argumental del padre: «La traición y la destrucción de un hombre de familia nuclear»; Línea argumental de la madre: «El exmarido amargado que me culpa de todo»
  • Parejas parentales: Adam y Hilde; Línea argumental del padre: «No ser aceptado como padre separado»; Línea argumental de la madre: «La maternidad como responsabilidad y la paternidad a prueba»
  • Parejas parentales: Roger y Margaret; Línea argumental del padre: «El padre agotado que se niega a tender más puentes entre la madre y los hijos»; Línea argumental de la madre: «El golpe de Estado del padre y el desmantelamiento de una madre a la que se dan órdenes, se ignora y se mantiene a oscuras»

Las líneas argumentales de John y Mary

La línea argumental de John: «ser acusado falsamente»

John cuenta cómo ha sido acusado injustamente de violencia. Posiciona a la otra figura parental como una «ex» y una «adversaria» instrumental y estratégica en todo su trato con él. Su discurso es una acusación. En su relato, Mary planeó divorciarse de él para quedarse con la casa y obtener la custodia legal de su hijo o hija. La presenta como alguien indigno de confianza y con problemas de salud mental, y al hacerlo se presenta a sí mismo como cuerdo y digno de confianza. A su juicio, Mary lo posiciona injustamente como conflictivo. Describe que «si tenemos un conflicto, ella tiene una ventaja que puede utilizar, y si consiguen etiquetarte como de alta conflictividad, uno puede perder el acceso al niño». Con esta afirmación, concibe la situación como una estrategia de género femenina, ya que «si hay conflicto, entonces pueden reducir el régimen de visitas, y a veces se convierte en un juego de conflicto, aunque no haya conflictos. Se podría decir que se abusa del conflicto o que alguien QUIERE un conflicto». En esta descripción, se sitúa a sí mismo como alguien atacado, y a ella como quien tiene ventaja por haber etiquetado estratégicamente su situación como de alta conflictividad.

La línea argumental de Mary: «ser víctima de violencia»

Mary describe sus dificultades para reconstruir la confianza y establecer una relación coparental con alguien que, según afirma, la maltrató. Explica que no es capaz de ver a su expareja en persona. Mary no sabe muy bien cómo describir su relación; podría explicar sus dificultades de muchas maneras. Aun así, considera que conflicto podría ser una descripción buena y pertinente. El conflicto empezó «algún tiempo antes de divorciarnos». Al describir cómo afecta el conflicto a su vida, recurre al posicionamiento reflexivo y se plantea preguntas como: «¿Cómo es vivir con ello? Podría decirse que afecta a toda mi vida». Describe cómo está siempre en alerta: «Me preocupa que el conflicto pueda surgir por cualquier tontería, ¿sabes?». Habla de un «gran conflicto que lo sobrevuela todo» y que da lugar a «pequeños conflictos». Además, habla de un «nosotros» cuando se refiere al conflicto. Por consiguiente, considera que el conflicto les pertenece como pareja parental.

Las líneas argumentales de Stig y Mette

La línea argumental de Stig: «la manipuladora invasiva»

Stig explica que su expareja es invasiva y exigente, y que eso le lleva a cortar todo contacto con ella. En su opinión, esto es lo que provoca el conflicto y la razón por la que apenas hay cooperación. Cuenta que su expareja lo traicionó y puso fin al matrimonio tras conocer a otra persona. En lugar de mostrarse humilde durante la separación, a él le pareció exigente. A su juicio, ella no tenía derecho a exigir nada ni a inmiscuirse en su vida después de haber puesto fin a su matrimonio. En su discurso, su expareja aparece como una intrusa maligna que intenta imponerle su voluntad, lo que le obliga a protegerse. Lo explica así: «Recibía correos varias veces por semana, varios correos al día, ¿y sobre qué? ¡Quería que comprara leche desnatada en lugar de semidesnatada, porque era más sana para los niños!». Con esta afirmación, reivindica la igualdad de género como figura parental, al declarar: «Soy tan padre como tú eres madre». También describe su resistencia a lo que considera afirmaciones falsas de que está «amargado». Explica que, a su parecer, es al revés: «En su cabeza, yo estoy muy amargado y no lo dejo estar, pero la verdad es que es al revés: ¡es ella la que no me deja en paz! Porque intenta controlar cómo debo comportarme con los niños».

La línea argumental de Mette: «el padre enfadado en un hogar muy, muy lejano»

Mette describe en un tono neutro que apenas hablan y que cooperar se ha vuelto cada vez más difícil. Explica que a las criaturas les costó que su padre se mudara. Ese paso provocó dificultades en su vida cotidiana, por ejemplo para participar en actividades deportivas después del colegio. Habla desde la posición del yo como madre y explica cómo es la situación para las criaturas. Explica que las modalidades de residencia de sus criaturas y la elección del distrito escolar constituyen una parte importante de su conflicto. «Es más fácil estar en esta casa», argumenta desde una posición de madre, al describir los dos hogares: la casa en la que ella vive es «fácil», y la de su exmarido es estresante, con una fratría numerosa. También describe cómo «su hijo desapareció», pasando mucho tiempo desplazándose entre dos hogares, y que recurrió a la ayuda de profesionales para obtener el permiso del padre para cambiar las modalidades de residencia. Esto hizo que su expareja la acusara de manipular a las criaturas para que vivieran de forma más permanente en su casa, y «eso había empeorado las cosas». Mette cuenta que su vida es estresante, porque sabe que las criaturas están expuestas a la ira de su padre y a que él la denigre como poco fiable y manipuladora. Al decir esto, declara también: «Sabemos que, si alguien habla mal de alguien a quien quieres, eso duele». Sin embargo, se siente más vulnerable por no saber, y señala su negativa a cooperar y su incapacidad para verla en persona. Cree que él está amargado y enfadado porque ella lo dejó, y dice que «solo me culpa a mí; no asume ninguna responsabilidad. Dice que incumplo todos nuestros acuerdos, y yo lo veo al revés. Recibo muchas acusaciones, e intento responder con calma». Lo posiciona como agresor y, al «mantener la calma», se ve a sí misma como una pacificadora que evita avivar el conflicto.

La línea argumental de Brian y Karen

La línea argumental de Brian: «la traición y la destrucción de un hombre de familia nuclear»

Brian cuenta que siempre vivió su relación con su expareja como difícil, tanto antes como después del divorcio. Al describir su relación actual con ella, la excluye explícitamente de su manera de ver el mundo y dice: «¡ya no existe!». Insiste en su necesidad de protegerse de cualquier contacto con ella. Describe lo difícil que ha sido para él, incluso muchos años después del divorcio, y que su psicóloga o psicólogo le ha aconsejado evitar el contacto con su expareja como estrategia de autocuidado. Describe que la decisión de su mujer de «romper la familia» fue muy difícil para él y para las criaturas. Habla de su identidad preferida como hombre de familia nuclear, incluso muchos años después del divorcio.

Según recuerda, siempre tuvo algunas dudas sobre su relación, y eso lo deprimió. Describe cómo se hizo realidad su peor temor, es decir, que ella nunca lo había querido y que «ella confirmó» que nunca lo había querido. En su relato traumático, ofrece una descripción de traiciones superpuestas. Habla de los sacrificios que ha hecho para mantener unida a la familia: «Yo cargué con toda la culpa; la culpa era de mi depresión y de mi ansiedad». Cuando habla de sus esfuerzos por salvar el matrimonio, se posiciona como un mártir. Estratégicamente, «se culpó a sí mismo» de los errores, pero se sentía excluido, ya que «nunca hablábamos de nosotros». Cuenta que siempre le ha encantado la sensación de formar parte de una familia nuclear. Abandonado por su mujer y solo a la hora de hacer sacrificios «por el bien superior de la familia», se siente con derecho a una posición de víctima, con el derecho a culpar a su expareja.

La línea argumental de Karen: «el exmarido amargado que me culpa de todo»

Karen relata que siempre le ha resultado difícil su relación con su exmarido. Siempre sintió que tenía que ser la fuerte y la responsable de la relación. Con esta afirmación, posiciona a la otra figura parental como débil e irresponsable. Cuenta cómo la depresión y los cambios de humor le afectaban a él, a su relación y a la vida familiar. Relata que a él le costó mucho adaptarse al divorcio; esa dificultad tuvo un efecto negativo en su relación coparental y en el bienestar de sus criaturas. Describe cómo algunas de las criaturas han sentido lástima por su padre y la han culpado a ella por dejarlo. A otras les ha costado escucharle hablar mal de ella. Como resultado, ha habido dificultades relacionales entre las criaturas y sus figuras parentales, especialmente con su padre.

En su opinión, la separación se volvió difícil porque él no quería poner fin a la relación. Con esta consideración, se refiere a sí misma como la agente que decidió terminar la relación. Describe que él se presentaba en su piso a todas horas: «intentó por todos los medios hacerme cambiar de opinión. Así que tuve que rechazarlo una y otra vez, rechazarlo y rechazarlo, hasta que más o menos entendió que iba en serio». Cuenta que él se mostraba amenazante, enfadado y autocompasivo. Luego explica que hubo un cambio, tras el cual él rechazó cualquier contacto con ella. Recibe algunos mensajes de texto con acusaciones hostiles, y relata que, cuando se cruzan por la calle, él la ignora y «la trata como si fuera aire». Lo describe como difícil, pero lo peor es cuando las criaturas están delante. Explica: «Puedo soportarlo, pero no me gusta que lo haga cuando están los niños». Con esta afirmación, se posiciona como una madre protectora.

La línea argumental de Adam y Hilde

La línea argumental de Adam: «no ser aceptado como padre separado»

Adam posiciona a su expareja como ganadora y a sí mismo como perdedor. Presenta a su expareja como ganadora porque se ha quedado con la casa familiar. Desde su punto de vista, ha perdido el contacto con sus criaturas debido al apego que sienten por la casa familiar, que las lleva a resistirse a pasar la noche con él en su nuevo piso. Siente que su expareja no ha hecho nada para apoyar sus esfuerzos por estar con sus criaturas. Explica que ella «les dice que está bien quedarse con sus abuelos en lugar de intentar convencerlos de que vengan a mi casa y estén conmigo para que yo pueda ser padre de verdad». Se siente impotente, porque su expareja está más capacitada para comunicarse con las criaturas y para tratar las cuestiones de custodia en la mediación familiar. Su principal preocupación es la soledad y verse excluido del contacto con sus criaturas.

Siente que su ex es la figura parental dominante, que se aprovecha de él al esperar que se ocupe del cuidado de sus criaturas en su antiguo hogar. Explica que esto le ha llevado a «plantarse» y a decirle: «No puedo pasar tiempo en una casa en la que ya no vivo, cocinar y fregar los platos […] además de pagar la pensión completa». Siente que su expareja lo explota y lo posiciona como el sirviente de la familia. Aunque paga una pensión de alimentos completa, ella espera que se ocupe de sus criaturas en su antiguo hogar.

La línea argumental de Hilde: «la maternidad como responsabilidad y la paternidad a prueba»

Hilde cuenta que el equipo de terapia de pareja al que acudían estaba muy preocupado por su nivel de conflicto cuando aún estaban casados. Explica que la «incompetencia relacional» de su expareja siempre ha causado dificultades, tanto en su matrimonio como en la relación de él con sus criaturas. En su opinión, la reticencia de sus hijos e hijas adolescentes a quedarse en el piso de su padre tras la separación se debe a que él no reconoce que necesitan tiempo para adaptarse. Al explicar cómo él no superó esta prueba de la paternidad, Hilde se posiciona como testigo pericial de sus fracasos previsibles, por «ser demasiado impaciente» o por «no saber gestionar sus previsibles rechazos», a la vez que afirma desearle éxito. En la línea argumental «de la paternidad a prueba», se posiciona como espectadora externa. Por contraste, subraya que su competencia como madre es el reverso de la incompetencia del padre. Siente que está completamente sola como madre y que él no quiere asumir su parte de responsabilidades, y utiliza el «pago completo de la pensión de alimentos» como excusa.

Hilde cuenta que sigue preocupándose por su expareja, aunque él «elige estar enfadado y ser hostil» con ella. Al hablar de «elegir», se refiere a su reacción como elecciones individuales (descontextualizadas) más que como algo relacionado con sus propios actos o con la naturaleza de su relación. Además, describe que «si tenéis hijos juntos. ¡Entonces os importáis de verdad! […] O al menos eso cabría esperar. Al menos es algo que yo espero. ¡A mí él me importa de verdad!». Explica que ha intentado convencerle muchas veces, «pero él cree que intento burlarme de él o algo así (risas)». Así, al intentar adoptar una posición de figura coparental que se preocupa, se refiere a un deber moral de las figuras parentales de preocuparse la una por la otra. Además, al decir que «al menos eso cabría esperar», confirma que su ex rechaza su posición de persona que se preocupa por él. Sin embargo, justifica su derecho a ser reconocida como alguien que se preocupa, ya que las figuras coparentales «deberían» preocuparse la una por la otra. Además, al reírse, muestra una postura según la cual la protesta de él le parece ridícula. Es decir, considera inválida la protesta de Adam contra la posición, que ella misma se ha atribuido, de persona que se preocupa por él.

La línea argumental de Roger y Margaret

La línea argumental de Roger: «el padre agotado que se niega a tender más puentes entre la madre y los hijos»

Roger cuenta que fue él quien decidió divorciarse y que esperaba problemas. Acordaron un régimen de custodia compartida, pero al cabo de un tiempo las criaturas quisieron pasar más tiempo con él. Entonces sintió que recaían sobre él todas las responsabilidades de cuidado y que los conflictos con su expareja, y entre ella y las criaturas, le estaban pasando factura. Al hablar de la necesidad de apoyo adicional de su expareja, la presenta como una carga. Describe que realiza «tareas innecesarias» para ayudar a la madre a pasar tiempo con las criaturas. Al decir que «tiene en cuenta sus capacidades», la posiciona como una «madre discapacitada» con incapacidades que él debe compensar. Con esta afirmación, se posiciona como un padre capaz y a la madre como incapaz, en estos términos: «Son las pequeñas cosas las que faltan. Falta una relación, cómo decirlo, para ver a tus hijos como es debido, como madre».

Describe que su expareja le llama a menudo para quejarse y le enumera todos sus errores. Insiste en la necesidad de protegerse de sus quejas y en que él, como padre a tiempo completo, no puede seguir apoyándola. Para defender su condición de padre a tiempo completo, explica que no tolera en absoluto sus críticas. Con esta afirmación, da a entender que ella no tiene derecho a quejarse, puesto que él tiene más responsabilidad y es «más padre» de lo que ella es madre. Como única «figura parental a tiempo completo», rechaza el derecho de ella a recibir información sobre las criaturas y lo describe como una carga. Insiste en que no obstaculiza el contacto, en que ella es bienvenida para ver a las criaturas en su antiguo hogar: «Le he propuesto que venga aquí con regularidad, unos días fijos a la semana, para llevarlos a las actividades deportivas y esas cosas. Pero siempre es complicado, siempre hay problemas». Demuestra su disposición a implicarla como madre, presentando como una invitación sus propuestas de compartir la carga del cuidado en su domicilio.

La línea argumental de Margaret: «el golpe de Estado del padre y el desmantelamiento de una madre a la que se dan órdenes, se ignora y se mantiene a oscuras»

Margaret habla de su dificultad para establecer una relación de cooperación que funcione. Describe que prefiere hablar y cree que es necesario discutir las cosas como madre y padre para llegar a acuerdos. Considera que, en lugar de que se la invite a dialogar como figura coparental, la han bombardeado con correos electrónicos.

Cuenta que su exmarido tiene la estrategia de no implicarla en la toma de decisiones relativas a las criaturas y que ocultarle información forma parte de esa estrategia. Lo explica así: «Me dejan totalmente a oscuras y percibo que… a veces pienso que me oculta información a propósito». Además, describe cómo él aprovecha los conflictos «entre madre e hijos» para ponerse del lado de las criaturas en contra de ella. Ha intentado decirle a su expareja que deje de ignorarla como madre. Le ha dicho que está mal «que tú, como padre, hables con los niños y luego, en función de lo que dicen, decidas cómo van a ser las cosas, y en el mejor de los casos a mí se me informa». Siente que su expareja le impide el acceso a la información de primera mano y que adopta la posición de defensor de las criaturas. Siente que él se aprovecha de su recién adquirida posición y establece una alianza con las criaturas en contra de ella. El efecto es que su autoridad parental queda desmantelada, y el derecho a tomar decisiones conjuntas en nombre de las criaturas ya no se le reconoce como madre. En su opinión, él ha vulnerado sus acuerdos anteriores y ha sentado las bases de cambios drásticos en las modalidades de residencia de las criaturas. Aunque tienen los mismos derechos de custodia según el acuerdo escrito, las criaturas viven con su padre. Describe como muy estresante no saber si las criaturas se presentarán y respetarán los acuerdos de custodia.

Las líneas argumentales del conflicto como «relatos de la otra parte problemática y yo»

A lo largo de las cinco líneas argumentales paralelas surge una línea argumental dominante y general. Hemos denominado este modo específico de hablar, o línea argumental general del conflicto, «relatos de la Otra Parte Problemática y yo». Esta línea argumental general del conflicto consiste en posicionar a la otra figura parental como agresora y a la propia como víctima. Al hablar de la relación conflictiva, la mayoría de las figuras parentales posicionan a la otra figura coparental como «la otra parte problemática», y las «posiciones del yo» de las figuras parentales aparecen a menudo implícitamente como contraposiciones. Este enfoque es una forma de posicionamiento deliberado de «la otra parte problemática» como agente, y la autopresentación del «yo como figura parental» requiere ser deconstruida. Así, «al tomar posición sobre el comportamiento de otra persona, las personas también se “dramatizan” a sí mismas» (Harré & Langenhove, 1991, p. 403).

En los relatos de las figuras parentales aparecieron dos tipologías de líneas argumentales dominantes sobre la otra parte problemática: las violaciones traumáticas de la confianza y las líneas argumentales irreconciliables sobre quién es la parte mala. En las líneas argumentales de violaciones traumáticas de la confianza, la otra parte problemática se contempla a partir de acontecimientos traumáticos del pasado. En estas líneas argumentales, el foco está en acontecimientos traumáticos (por ejemplo, el trauma de las rupturas familiares o episodios de maltrato o de falsas acusaciones) que posicionan a la otra figura parental como transgresora y a la propia como víctima legítima. Aquí se recurre al imaginario cultural sobre la importancia de la familia nuclear (por ejemplo, en la línea argumental de Stig y Mette) para subrayar el efecto destructivo de las rupturas familiares, o para poner de relieve actos delictivos (por ejemplo, acusaciones de violencia familiar o acusaciones de haber sido acusado falsamente en las líneas argumentales de Stig y Mette), lo que refuerza la condición de víctima legítima. En las líneas argumentales irreconciliables sobre quién es la parte mala, se posiciona a la otra parte problemática como una figura coparental desleal o como una figura parental disfuncional. Por ejemplo, en la línea argumental de Adam, este se presenta como víctima de una figura coparental desleal (Hilde) que se niega a apoyar sus esfuerzos como padre separado. Hilde posiciona a Adam como un mal padre, que no supera la prueba de la paternidad. Roger presenta a Margaret como una «discapacitada» que representa una carga tanto para él como para sus criaturas. Margaret habla del efecto de desmantelamiento que tiene sobre la maternidad el hecho de que la otra figura coparental «le dé órdenes, la ignore y la mantenga a oscuras». En estas líneas argumentales, el «yo como figura parental» se autoposiciona como una buena figura parental, o como alguien a quien la otra parte problemática obstaculiza o niega una coparentalidad cooperativa. Además, las figuras parentales se posicionaban como predominantemente dispuestas o reacias a participar en una coparentalidad cooperativa, con el efecto de un posicionamiento forzado como pareja parental no cooperativa (véase la tabla 2). Las figuras parentales cuya autorrepresentación dominante era la de estar dispuestas a cooperar hablaban de cómo la otra parte problemática hacía imposible la parentalidad conjunta mediante actos de hostilidad, denigración y sabotaje. Sin embargo, a menudo, en una línea argumental paralela, una figura parental predominantemente reacia se mostraba poco dispuesta a implicarse en una coparentalidad conjunta, por la necesidad de protegerse de la intromisión y la crítica. El resultado era entonces un posicionamiento forzado como pareja no cooperativa.

Tabla 2 — Matriz yo/otra parte de la disposición a la cooperación

  • Autoposicionamiento; Figura parental 1: Dispuesta; Figura parental 2: Reacia
  • Derechos; Figura parental 1: Influir en la otra parte y/o recibir apoyo en la crianza.; Figura parental 2: Autonomía en la crianza
  • Obligaciones hacia la otra parte; Figura parental 1: No hostilidad; Figura parental 2: No intromisión y no crítica
  • Posicionamiento de la otra parte; Figura parental 1: Ser posicionada por la otra parte como pareja parental no cooperativa; Figura parental 2: Posicionar a la otra parte como pareja parental no cooperativa

Sin embargo, a diferencia de los discursos en los que la otra parte problemática se presenta como única responsable de la dinámica del conflicto, algunos otros posicionamientos eran más matizados y menos hostiles (por ejemplo, la línea argumental de Mary). Aunque Mary adoptó una posición de víctima de violencia (posicionando a su exmarido como maltratador), también se refirió a una relación conflictiva de la que ambas figuras parentales eran responsables. Al hablar del conflicto, se refiere a un «nosotros», lo que confirma que el conflicto les pertenece como pareja parental.

DISCUSIÓN

Nuestros resultados muestran que las figuras parentales en conflicto posicionan a la otra figura coparental como la otra parte problemática, siendo implícita la contraposición del yo como figura parental. La teoría del posicionamiento resultó útil para deconstruir las autoposiciones de las figuras parentales en conflicto prolongado. Analizaremos cómo las diferentes tipologías de líneas argumentales del conflicto pueden crear obstáculos para reposicionar a la pareja hacia una coparentalidad cooperativa. Además, abordaremos el deber de la parentalidad y el riesgo de colonizar a las familias en conflictos enquistados con ideales profesionales de coparentalidad.

La otra parte problemática y yo

Nuestros resultados llaman la atención sobre el hecho de que, en una coparentalidad conflictiva, la otra parte problemática es a la vez un medio y un obstáculo para cumplir el deber de la parentalidad y para llegar a ser yo como figura parental. La otra figura parental es un medio porque poder influir en ella es una de las formas de cumplir el propio deber de velar por el bienestar del niño o la niña. Además, ser figura parental en una coparentalidad conflictiva supone un obstáculo para cumplir el propio deber con el esfuerzo conjunto de la otra figura parental. De ello se deduce que el acto de influir en la otra figura parental se convierte en una carga para esta. Además, cuando las figuras parentales en conflicto importan expectativas y esperanzas del discurso de la cooperación, la falta de respuesta de la otra parte se convierte en una carga estresante.

Posicionarse como víctima legitimada de acontecimientos traumáticos causados por la otra parte problemática valida la necesidad de protección y, por tanto, lo que proponemos denominar violaciones traumáticas de la confianza se convierte en un obstáculo para la cooperación parental. Haber sufrido una transgresión y carecer de toda oportunidad de reconciliación y de perdón dificulta el cambio de posición, ya que hacerlo implicaría la amenaza de deslegitimar las transgresiones pasadas y la pérdida del derecho a seguir reivindicando la herida como víctima justificada (Elizabeth, 2019). Además, las violaciones traumáticas de la confianza dificultan el restablecimiento de la confianza. Francia et al. (2019) constataron, en una revisión sistemática sobre progenitores en alta conflictividad, que en estas relaciones coparentales es patente una desconfianza generalizada. Holiday (1988) afirma que, para poder comunicarse, debe existir cierto nivel de confianza, como condición moral.

Nuestro estudio muestra que las figuras parentales varían en su capacidad para obtener «poder de posicionamiento» y para negociar las circunstancias familiares, y que sus vulnerabilidades derivadas del conflicto prolongado suelen ser divergentes. Algunas figuras parentales están posicionadas de forma desigual con respecto a su hijo o hija, y su repertorio de poder de posicionamiento depende de su respectiva relación con la criatura (Dallos & Vetere, 2012); por ejemplo, una figura parental puede tener la ventaja de un mayor acceso a sus criaturas que la otra. Al pasar más tiempo con la criatura, la figura parental «empoderada» puede adoptar una posición de «única representante legítima de la criatura» o de «figura parental experta/conocedora» frente a la figura parental «aislada/inexperta» (Jevne, 2017). Este obstáculo de la desigualdad posicional de poder concuerda con las condiciones morales de justicia que deben darse para poder comunicarse (Holiday (1988); es decir, si exigimos que se nos escuche, debemos reconocer el derecho de la otra parte a ser escuchada. Por ello, Holiday (1988) sostiene también que las convenciones de un lenguaje deben establecerse mediante el respeto común a los procedimientos sociales; no pueden establecerse mediante la fuerza o el poder. Las relaciones parentales asimétricas y conflictivas pueden dar lugar a una figura parental desempoderada que depende más de la otra. La figura parental desempoderada puede sentirse presionada a someterse, a lo que se suma la falta de confianza. Verse desempoderada en una posición de desigualdad, sentirse menospreciada e incapaz de reposicionarse puede alimentar la ira y el resentimiento que encienden la dinámica del conflicto (Elizabeth, 2019).

En algunas líneas argumentales es inherente una ambigüedad de los intereses coparentales, que se convierte en un obstáculo para la coparentalidad cooperativa. Algunas figuras parentales (es decir, en la línea argumental de Brian y Karen) expresan el deseo de protegerse de la implicación de la otra parte problemática y, al mismo tiempo, desean estar implicadas y participar en la toma conjunta de decisiones sobre las criaturas entre ambos hogares. Así, a las figuras parentales les resulta estresante recibir mensajes confusos de la otra parte, que expresa a la vez el deseo de que se la deje en paz y el de estar implicada. Esta circunstancia puede crear una «paradoja problemática» o un «doble vínculo» que dificulta la comunicación (Cronen et al., 1982). Bateson (2000) sostiene que la comunicación implica una reflexividad sobre dos niveles de significado: un nivel "relacional" y un nivel de "contenido", y que se produce una paradoja cuando ambos niveles se «confunden». Así, yo como figura parental puedo percibir como confusos los mensajes contradictorios de la otra parte: ¿significan que desea estar implicada (con el metamensaje de la cooperación) o que desea que se la deje en paz (con el metamensaje de la desvinculación)? La primera connotación del mensaje implica el riesgo de recibir acusaciones de intromisión, y la segunda, el de recibir acusaciones de sabotear la toma conjunta de decisiones. Cronen et al. (1982, p. 18) sostienen que los dobles vínculos (o «bucles paradójicos», en el vocabulario de la autoría) solo se vuelven problemáticos si las personas (y sus sistemas) carecen de ciertas concepciones estables «desde las que examinar y operar sobre los dilemas de la interpretación y la acción». Así, cuando las figuras parentales forman parte de patrones de conflicto en los que cualquier acción que implique a «la otra parte problemática» puede reforzar el conflicto, sigue habiendo un doble vínculo mientras se entienda en el marco de un problema interparental. Quienes ejercen la terapia familiar deben reconocer el posicionamiento de punto muerto de las figuras parentales no cooperativas (véase la tabla 2). Sin duda, la terapia familiar puede mostrar a las figuras parentales la inutilidad de la intromisión al intentar «asomarse por encima» del muro o «derribarlo», solo para descubrir que la otra figura parental lo refuerza aún más, y cómo esto forma parte de un ciclo de conflicto (Cottyn, 2009). Sostenemos que una «solución» requiere un cambio de segundo orden en la construcción de significado (Watzlawick et al., 1974). Un cambio de segundo orden se produce cuando hay una transformación cualitativa en el modo de funcionar del sistema familiar o un cambio de marco tal que se modifica el propio conjunto de reglas que rigen la estructura de ese sistema; por ejemplo, reencuadrando «cómo se entiende un problema». En lugar de intentar aumentar la capacidad de cooperación de las figuras parentales, el objetivo podría ser modificar en profundidad lo que significa funcionar como una familia con dos hogares. Desde una perspectiva clínica, la terapia podría trabajar con cada hogar por separado para ayudarle a redefinir qué es un hogar separado adaptativo y resiliente (Stokkebekk et al., 2019). Reencuadrado de este modo, el conflicto familiar podría interpretarse como una amenaza psicosocial (un riesgo) para el funcionamiento de una familia con dos hogares, más que como un problema interparental diádico que hay que resolver. Redefinir el riesgo derivado del conflicto prolongado como una «amenaza psicosocial crónica» sitúa el acento de la construcción de significado y del afrontamiento en cada hogar por separado (por ejemplo, la resiliencia de la infancia y de la familia).

El deber primordial «en el ser y el llegar a ser» de una figura parental

Nuestro estudio indica que las figuras parentales en conflicto prolongado tienen cerrado el acceso a una línea argumental de coparentalidad cooperativa. En consecuencia, no hay posiciones de cooperación disponibles que puedan adoptar. Sin duda, la cooperación requiere la disposición a influir en la otra parte y a dejarse influir por ella. Por ello, sostenemos que el deber primordial de las madres y los padres no es la coparentalidad. Su deber es, sencillamente, ejercer la parentalidad. Este enfoque sigue el argumento según el cual es necesario subrayar el deber parental de dar y el derecho de la infancia a recibir un cuidado afectuoso (Sclater & Piper, 2019). Por consiguiente, reconocer el deber de la parentalidad implica también reconocer una parentalidad autónoma en ambos hogares. En consecuencia, aceptar la imposibilidad de intervenir en las prácticas de crianza de la otra parte o en la vida familiar de cada hogar por separado es una premisa importante para no seguir alimentando la dinámica del conflicto. En los casos en que la infancia corra riesgo de maltrato y negligencia, debe notificarse a las autoridades competentes (por ejemplo, los servicios de protección de la infancia) para una evaluación más detenida.

Podría argumentarse que en la terapia familiar domina un discurso de coparentalidad cooperativa, en el que la constitución de un equipo coparental se plantea como una condición previa y una necesidad general para una adaptación satisfactoria de la familia separada (Sclater & Piper, 2019). Por ello, al promover el ideal de la coparentalidad cooperativa, los equipos profesionales corren el riesgo de adoptar una posición colonizadora en las familias separadas con conflictos prolongados (Rober & Seltzer, 2010). Adoptar una posición colonizadora significa utilizar el propio poder como profesional para importar conceptos ajenos o insensibles a las costumbres, los recursos y las capacidades de la familia (Rober & Seltzer, 2010). Promover la implicación cooperativa puede ahondar aún más el conflicto y convertirse así en una solución que causa el problema (Watzlawick et al., 1967). Una alternativa a la coparentalidad cooperativa es un modelo de coparentalidad paralela «con gestión del conflicto» y orientado a la resiliencia, que reconoce la coexistencia de dos hogares autogobernados y autónomos (Amato et al., 2011). La parentalidad paralela implica un estilo de coparentalidad desvinculado, sensible y proactivo ante el riesgo de escalada del conflicto entre figuras parentales enfrentadas. A diferencia de la coparentalidad cooperativa, la parentalidad paralela no supone el derecho esperado a implicarse en los asuntos cotidianos del otro hogar. Cada figura parental asume la responsabilidad de su propia práctica de crianza y de su relación con su hijo o hija sin consultar a la otra ni implicarla. Así, la comunicación entre las figuras parentales se reduce al mínimo. Una parentalidad paralela satisfactoria requiere un acuerdo parental claro y detallado, actualizado y evaluado con regularidad. Además de las responsabilidades legales de las figuras parentales y del régimen de custodia, los acuerdos deben especificar también un intercambio de información adecuado y centrado en la criatura (solo contenidos apropiados y centrados en ella, y la modalidad elegida: correo electrónico, mensaje de texto, teléfono), con disposiciones que precisen el contacto y que establezcan que, cuando se requiera una decisión conjunta, esta se tomará. Por ejemplo, las figuras parentales pueden discrepar sobre tratamientos médicos; una de ellas puede retener el pasaporte de la criatura, o pueden discrepar sobre la elección del colegio, etc. Los acuerdos también deben establecer cómo y cuándo deben resolver las cuestiones con la ayuda de una tercera parte. En algunos casos, esto implica mediación, una coordinación de parentalidad o procedimientos judiciales. Recomendamos que, en terapia familiar, se pida a las figuras parentales que dispongan de un plan de parentalidad adecuado y actualizado antes de la admisión.

Un modelo de parentalidad paralela aplicado a un marco de resiliencia infantil y familiar podría ser una reorientación prometedora para la terapia familiar a la hora de ayudar a estas familias (Walsh, 2016). La implicación de la criatura (McIntosh & Chisholm, 2008) en la terapia familiar podría reforzar su capacidad de afrontamiento, y las intervenciones paralelas en cada hogar podrían promover la calidad de la crianza y de las relaciones entre hijos e hijas y figuras parentales (Sandler et al., 2017). Proponemos que la terapia familiar desplace el foco de la resolución de los problemas de la relación coparental hacia la ayuda a cada figura parental en conflicto prolongado para amortiguar el riesgo y promover la resiliencia de su hijo o hija. Este enfoque concuerda con investigaciones que indican que las relaciones entre figuras parentales y jóvenes pueden no verse afectadas cuando madres y padres divorciados ejercen una coparentalidad conflictiva, y que recomendar formas alternativas de coparentalidad (por ejemplo, la paralela) podría responder mejor a las necesidades de las figuras parentales y de la juventud (Beckmeyer et al., 2019). Kelly (2007) sostiene que la infancia parece desarrollarse bien con figuras parentales que ejercen una parentalidad paralela sin conflicto, siempre que haya una crianza adecuada en ambos hogares y acuerdos parentales bien articulados.

Fortalezas y limitaciones del estudio

La evaluación de las fortalezas y limitaciones de un estudio cualitativo debe realizarse en el contexto de los procedimientos de validez pertinentes que se hayan empleado. El estudio aplicó procedimientos de validez, como sugieren Creswell y Miller (2000, p. 126), adecuados a los supuestos del paradigma constructivista del equipo investigador. En primer lugar, la descripción densa, rica derivada del análisis diádico de cinco líneas argumentales paralelas ofrece una amplia oportunidad de mostrar las complejidades y de evaluar la credibilidad (aparente) de los resultados presentados. En segundo lugar, la trayectoria del primer autor como terapeuta familiar experimentado, con una implicación prolongada en el campo de estudio, puede aportar credibilidad gracias a conocimientos fundamentales. Sin embargo, estas ideas preconcebidas de terapeuta también podrían «nublar» y limitar nuevas perspectivas sobre el fenómeno, lo cual es crucial en un diseño de investigación exploratorio. Por ello, para mejorar la calidad del proceso de investigación exploratoria, se procuró aumentar la conciencia de posibles ideas preconcebidas y de construcciones alternativas. Así, el desarrollo de los temas analíticos y de los resultados fue evaluado y cuestionado críticamente por coautoras y coautores de distintas trayectorias profesionales y por un grupo de investigación interdisciplinar afiliado. Por último, se buscó evidencia refutatoria presentando líneas argumentales y resultados alternativos (por ejemplo, la línea argumental de Mary).

Preguntas para futuras investigaciones

Sería interesante explorar en futuras investigaciones cómo posicionan a sus hijos e hijas las figuras parentales inmersas en un conflicto, a fin de conocer mejor cómo su autoposicionamiento como figuras parentales se relaciona con su comprensión de la infancia.

Complexe Systémique: puntos clave

El estudio extrae su fuerza de su diseño: se escucha por separado a ambos miembros de cada pareja parental, y sus relatos se leen en paralelo. En cada lado toma forma «la otra parte problemática» y, con ella, una posición del yo como buena figura parental, como víctima o como alguien a quien se le impide ejercer. En términos sistémicos, el equipo redescubre el doble vínculo: cada intento de influir en el otro hogar refuerza el muro que intenta franquear, y la insistencia profesional en la cooperación se convierte en una solución que mantiene el problema. La propuesta es un cambio de segundo orden: dejar de tratar el conflicto como un problema de la pareja parental que hay que resolver y reencuadrarlo como una amenaza crónica que cada hogar aprende a amortiguar, con una parentalidad paralela enmarcada por un plan preciso. Una reserva resulta esencial: solo cinco parejas, y relatos de violencia que una lectura desde el posicionamiento no puede evaluar; el propio artículo recuerda que el riesgo de maltrato corresponde a otras instancias. Para leer junto con el artículo sobre las relaciones sociales en los divorcios de alta conflictividad y el artículo sobre el apoyo a la coparentalidad.

Notas del original

Financiación. Este estudio está financiado por la Office for Children, Youth and Family Affairs (Bufetat), Noruega.

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Traducción no oficial al español de “The troublesome other and I”: Parallel stories of separated parents in prolonged conflicts, de Jan Stokkebekk, Anette Iversen, Ragnhild Hollekim y Ottar Ness, Journal of Marital and Family Therapy, vol. 47, n.o 1 (2021), doi: 10.1111/jmft.12474, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tablas presentadas en forma de listas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Este es el artículo original «“The troublesome other and I”: Parallel stories of separated parents in prolonged conflicts», publicado en Journal of Marital and Family Therapy (2021) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Stokkebekk, J., Iversen, A., Hollekim, R., y Ness, O. (2021). “The troublesome other and I”: Parallel stories of separated parents in prolonged conflicts. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/the-troublesome-other-and-i-parallel-stories-of-separated-parents-in-prolonged-conflicts (Obra original publicada en 2021 en Journal of Marital and Family Therapy, 47(1), 52-68 (2021); republicada en 2021 por Journal of Marital and Family Therapy, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/jmft.12474)

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