Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Family Relations · Familia

Normas contemporáneas de crianza y coordinación coparental: explorar los relatos de madres y padres de adolescentes

Estar presentes, empujar hacia el éxito, dejar espacio a la autonomía: ¿cómo viven las madres y los padres de adolescentes las normas de la crianza intensiva y cómo se reparten la tarea? Mediante entrevistas por separado a ambos miembros de seis parejas suizas francófonas, el equipo de Gaëlle Venard saca a la luz una «complementariedad» que a menudo deja la carga mental en manos de las madres.

Autoría Gaëlle Venard (Universidad de Lausana y Université Libre de Bruxelles), Elli-Anastasia Lamprianidou, Cindy Eira Nunes y Stijn Van Petegem (Université Libre de Bruxelles), Maria del Rio Carral y Grégoire Zimmermann (Universidad de Lausana), Suiza y BélgicaPrimera publicación Family Relations, 22 de diciembre de 2025Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Contemporary parenting norms and coparenting coordination: Exploring narratives of parents of adolescents, de Gaëlle Venard, Elli-Anastasia Lamprianidou, Cindy Eira Nunes, Maria del Rio Carral, Stijn Van Petegem y Grégoire Zimmermann, publicado en Family Relations (Wiley) (2026), doi: 10.1111/fare.70075, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Las personas participantes solían anteponer el ideal del trabajo en equipo a las preocupaciones por la equidad en el reparto de tareas, lo que sugiere una interiorización de las normas de género en torno a los roles y las responsabilidades parentales.

Gaëlle Venard, Elli-Anastasia Lamprianidou, Cindy Eira Nunes, Maria del Rio Carral, Stijn Van Petegem y Grégoire Zimmermann

Resumen

Objetivo. Este estudio examinó cómo las figuras parentales de adolescentes dan sentido a su crianza a la luz de las normas contemporáneas y qué significados atribuyen a su coordinación coparental.

Antecedentes. Las expectativas contemporáneas sobre la crianza hacen hincapié en satisfacer tanto las necesidades emocionales como las físicas de hijas e hijos, y a menudo se guían por consejos de especialistas y por recomendaciones difundidas por los medios. Durante la adolescencia, estas normas también pueden entrar en conflicto con la necesidad evolutiva de autonomía, lo que genera posibles tensiones en la relación parentofilial y en la coordinación entre quienes ejercen la coparentalidad. Además, pueden afectar de forma distinta a madres y padres debido a los roles de género predominantes, lo que influye en cómo coordinan y reparten las responsabilidades dentro de la relación coparental.

Método. Se realizaron doce entrevistas individuales a madres y padres de adolescentes (seis parejas), que se analizaron mediante un análisis temático reflexivo dentro de un marco socioconstructivista.

Resultados. Se elaboraron tres temas principales: «adhesión a las expectativas sociales sobre los roles parentales», «la evolución del vínculo entre progenitores y adolescente» y «¿trabajo en equipo con sesgo de género?». Mientras que los temas primero y segundo se refieren a cómo las figuras parentales dan sentido a su parentalidad contemporánea, el tercero tiene más que ver con la coordinación dentro de la pareja.

Conclusión. Las figuras parentales adoptan las normas de la crianza intensiva al tiempo que se esfuerzan por respetar la autonomía de sus adolescentes. La coordinación dentro de la relación coparental tiende a reflejar roles complementarios más que igualitarios, lo que puede plantear dificultades, en particular para las madres. Pese a estas dinámicas, ambos miembros de la pareja aspiran a funcionar como un equipo cohesionado.

Implicaciones.

Este estudio arroja luz sobre cómo los factores de nivel macro, entre ellos las normas prescriptivas de crianza y las normas de género, configuran las prácticas coparentales durante la adolescencia. También ofrece pistas a profesionales de la clínica para tener mejor en cuenta las necesidades y expectativas propias de cada género dentro de la relación coparental.

INTRODUCCIÓN

Desde mediados de la década de 1970, la noción de «crianza» ha pasado de percibirse como algo intuitivo e instintivo a entenderse como una responsabilidad que requiere orientación experta (Faircloth, 2023; Lee et al., 2024). En la sociedad occidental contemporánea se espera cada vez más que las familias satisfagan todas las necesidades emocionales y físicas de sus hijas e hijos, ciñéndose estrechamente a las recomendaciones de especialistas (Lee et al., 2024). Estas expectativas se ven además reforzadas y perpetuadas por diversos medios de comunicación (p. ej., Miller, 2018). Este ideal dominante de crianza se considera ampliamente la manera «correcta» de criar (Faircloth, 2023). Aunque se reconoce de forma general que tales ideales pueden ser poco realistas, inalcanzables e incluso perjudiciales, el marco de la crianza intensiva sigue desempeñando un papel central en la forma en que las figuras parentales construyen sus identidades, sus valores y sus prácticas (Faircloth, 2021). En este contexto también han proliferado los consejos dirigidos a las familias sobre el desarrollo, los logros y la seguridad de adolescentes (Darling & Steinberg, 2017; Lee, 2023). Sin embargo, existe una notable carencia de investigación cualitativa sobre cómo las figuras parentales de adolescentes dan sentido a su papel y sobre las expectativas y normas que rodean unas prácticas de crianza que pueden entrar en conflicto con la necesidad de autonomía de sus adolescentes. Además, dado que la coordinación entre las figuras parentales puede influir notablemente en las conductas de crianza (Feinberg et al., 2007), parece crucial examinar cómo se adoptan estas normas de crianza dentro de la relación coparental. Este estudio pretende explorar las perspectivas de quienes ejercen la coparentalidad, reconociendo que la crianza es una experiencia compartida y que las dinámicas coparentales merecen un examen atento (Eisikovits & Koren, 2010). Al examinar cómo madres y padres dan significado a sus experiencias de crianza y coparentalidad durante la adolescencia y cómo las construyen, buscamos comprender mejor cómo las prácticas de crianza se ven teñidas por factores de nivel macro, entre ellos las normas prescriptivas de crianza y las expectativas de género asociadas a la parentalidad.

Criar adolescentes en la era de la crianza intensiva

La adolescencia es una etapa del desarrollo caracterizada por desafíos específicos tanto para adolescentes como para sus familias (Smetana & Rote, 2019). Este periodo se define por un deseo creciente de independencia y autonomía (Smetana & Rote, 2019; Smetana et al., 2015). De hecho, el desarrollo de la autonomía se convierte en una tarea central de esta etapa, ya que adolescentes empiezan a pasar más tiempo fuera de casa y muestran una mayor inclinación a la experimentación y a la exploración de distintas alternativas identitarias (Smetana & Rote, 2019; Smetana et al., 2015; Zimmer-Gembeck et al., 2018; Zimmermann et al., 2017). No obstante, aunque la influencia del grupo de pares adquiere cada vez más peso durante la adolescencia (Rageliene, 2016), numerosos equipos de investigación subrayan que las figuras parentales siguen desempeñando un papel crucial al brindar apoyo a lo largo de este periodo del desarrollo (Pinquart, 2017; Smetana & Rote, 2019; Zimmermann et al., 2017). El principal reto parental consiste, pues, en dosificar su implicación en la vida de su adolescente para favorecer un desarrollo sano, dejando al mismo tiempo el espacio necesario para un crecimiento independiente (Smetana & Rote, 2019; Van Petegem et al., 2013).

Sin embargo, lograr este equilibrio puede resultar especialmente difícil dadas las normas contemporáneas de crianza, que a menudo exigen una elevada implicación emocional, física y económica (Lee et al., 2024). La literatura sociológica denomina este enfoque «crianza intensiva», que exige a las familias invertir esfuerzos considerables para asegurar el éxito futuro de sus hijas e hijos (Hays, 1996; Lee et al., 2024). La crianza intensiva implica poner a la criatura en el centro y aumentar su capital social mediante actividades extraescolares enriquecedoras (Lareau, 2018), así como dedicarse a la «salvaguarda del estatus» (p. ej., mediante un fuerte compromiso con la escolaridad) para ayudar a hijas e hijos a alcanzar una posición social igual o superior a la de sus progenitores (Milkie & Warner, 2014, p. 3). Se basa en la creencia de que los resultados de hijas e hijos dependen de la aportación parental (Martin & Leloup, 2020). Estas normas, a menudo inalcanzables, se ven reforzadas por especialistas, así como por los medios tradicionales y por plataformas de redes sociales como Instagram y los foros en línea (Scheibling & Milkie, 2023). En este contexto, las figuras parentales suelen sentir la presión de ajustarse a estos estándares para que se las considere una «buena madre» o un «buen padre» (Hays, 1996; Wall, 2010).

Ahora bien, estas normas pueden resultar contraproducentes y favorecer en realidad más formas de implicación negativas que positivas. De hecho, investigaciones previas con figuras parentales de adolescentes sugieren que la adhesión a estos ideales y la presión social para ser una figura parental perfecta se asocian con una crianza sobreprotectora, que consiste en brindar más protección de la que requiere la etapa de desarrollo de la persona adolescente (Thomasgard et al., 1995), y con una crianza controladora, que consiste en presionar e inmiscuirse en el espacio emocional y psicológico de la persona adolescente induciendo ansiedad y culpa para imponer la obediencia (Lamprianidou, Eira Nunes, et al., 2025; Venard et al., 2024). Esto plantea preguntas sobre cómo se manifiestan estas normas en la vida cotidiana de las familias, que intentan desenvolverse ante las exigencias de una crianza intensiva que requiere una alta implicación parental, lo que puede chocar con las necesidades evolutivas de adolescentes que quizá busquen más independencia respecto de sus progenitores.

Dimensiones de género de la crianza intensiva

Además, estas expectativas de crianza difieren para madres y padres, y las dimensiones de género son especialmente evidentes en la noción original de «maternidad intensiva» (Hays, 1996). Una ideología de crianza intensiva suele ir acompañada de una concepción esencialista de la parentalidad, según la cual las madres estarían intrínsecamente más capacitadas que los padres para la crianza (Forbes et al., 2020). Así, las normas de la crianza intensiva y las expectativas asociadas recaen de manera desproporcionada sobre las madres, a quienes se sigue considerando la figura parental «naturalmente» más capaz (Hays, 1996; Ennis, 2014). La investigación ha mostrado ampliamente que la crianza intensiva está estrechamente vinculada a las madres y apela a sus emociones e inseguridades en torno a su papel parental (Verniers et al., 2022; Wall, 2010). Por lo general, a las madres se les exige más que a los padres que supervisen y potencien el desarrollo emocional y cognitivo de sus hijas e hijos mediante tareas de cuidado adicionales (Wall, 2010). En sus análisis comparativos de publicaciones de las blogueras y los blogueros más destacados sobre maternidad y paternidad en Estados Unidos y Canadá, Scheibling y Milkie (2023) mostraron que garantizar el éxito de hijas e hijos a través de la educación y de las actividades extraescolares sigue considerándose en gran medida un deber materno. En consecuencia, las madres tienden a pasar más tiempo con sus adolescentes (Mastrotheodoros et al., 2019; Phares et al., 2009) y a sentir una mayor presión para encarnar el ideal de la «madre perfecta» durante este periodo del desarrollo (Venard et al., 2024).

Aunque cada vez se anima más a los padres a asumir roles de cuidado y a dedicar más tiempo a atender directamente a sus hijas e hijos (Dermott, 2008; Harrington, 2011; McGill, 2014), los padres pueden enfrentarse a otros tipos de presión. Tradicionalmente se ha esperado de ellos que ejercieran como cabeza de familia, que tomaran las decisiones principales y que fueran la figura disciplinaria encargada de fijar las normas y de hacerlas cumplir (Summers et al., 1999). Shirani et al. (2012) observaron que, aunque los padres suelen soportar menos presión social que las madres y participan más a menudo en los aspectos lúdicos de la crianza, experimentan no obstante un estrés considerable relacionado con su papel de proveedores económicos, considerado un aspecto central de su responsabilidad paterna. En relación con ello, hallazgos recientes de Lamprianidou, Eira Nunes, et al. (2025) sugieren que la paternidad actual implica desenvolverse entre múltiples expectativas sociales, a veces contradictorias. Mediante un enfoque centrado en la persona, identificaron un amplio grupo de padres (65,1 %) que mostraba una sensibilidad moderada a las normas de la crianza intensiva. Pero también identificaron un perfil específico de padres (casi el 25% de su muestra) caracterizado por una fuerte adhesión tanto a la crianza intensiva como a creencias esencialistas. Los padres de este perfil mostraban niveles más elevados de implicación inadecuada, en particular de crianza sobreprotectora y controladora. Este hallazgo puede reflejar los mensajes contradictorios dirigidos a los padres en las sociedades occidentales, que promueven a la vez el ideal del «nuevo padre» implicado y centrado en sus hijas e hijos y mantienen las expectativas tradicionales del padre como principal sostén económico (Kangas et al., 2019).

En consecuencia, tanto madres como padres se encuentran con culturas de crianza que acentúan las distinciones de género en los roles y prácticas parentales (Eira Nunes et al., 2025). Mientras que socialmente se espera a menudo que las madres asuman la responsabilidad principal de gestionar el desarrollo educativo y socioemocional de sus hijas e hijos, los padres tienden a considerarse figuras de apoyo cuya implicación parental se mide por sus aportaciones económicas o por el tiempo de calidad, más que como igualmente responsables del trabajo cotidiano de cuidado (Brugeilles & Sebille, 2015; Le Moal, 2024; Scheibling & Milkie, 2023; Shirani et al., 2012). Hasta donde sabemos, todavía no se ha estudiado cómo las parejas se desenvuelven ante las normas de la crianza intensiva y las expectativas de género dentro de la relación parental durante la adolescencia. Por ello, este estudio pretende explorar cómo madres y padres de adolescentes pueden interiorizar estos estándares y dar sentido a sus prácticas, así como cómo se negocian estos roles y expectativas dentro de la relación coparental.

Atravesar la adolescencia en coparentalidad

Desde una perspectiva sistémica, la relación coparental refleja una dinámica relacional propia que debe distinguirse de la implicación individual de cada figura parental en prácticas de crianza concretas. Esta relación coparental también está moldeada por normas de género interiorizadas y por creencias compartidas sobre los roles parentales (Minuchin, 1974). La coparentalidad se define como la «actividad compartida que llevan a cabo las personas adultas responsables del cuidado y la educación de niñas y niños» (McHale & Irace, 2011, p. 16). Feinberg et al. (2012) identificaron cinco dominios interrelacionados de la coparentalidad: (a) el acuerdo sobre la crianza implica alinear los puntos de vista parentales sobre la disciplina, las expectativas, la moral y las necesidades emocionales; (b) el apoyo coparental incluye la valoración mutua de las capacidades parentales y la toma conjunta de decisiones, mientras que el socavamiento coparental implica críticas y reproches; (c) la división del trabajo se refiere al reparto de las tareas cotidianas de crianza; (d) la gestión conjunta se centra en establecer normas, explícitas o implícitas, para las interacciones familiares; y (e) la cercanía coparental mide el grado en que la coparentalidad ha aumentado la intimidad y ha fortalecido la relación de pareja. Abundante investigación ha mostrado que la calidad de la relación coparental predice las prácticas de crianza y el desarrollo infantil (Bonds & Gondoli, 2007; Carlson & Högnäs, 2011). En lo que respecta específicamente a la adolescencia, investigaciones previas han mostrado que la toma de decisiones compartida y la implicación parental conjunta pueden proteger a adolescentes de incurrir en conductas de riesgo (Riina & McHale, 2014). Además, la cooperación coparental favorece una crianza que apoya la autonomía, lo que en última instancia anima a adolescentes a una formación sana de la identidad (Albert Sznitman et al., 2019). A la inversa, la investigación ha mostrado que una relación coparental deficiente —marcada por el conflicto o la triangulación— puede socavar la calidad de la crianza. En tales casos, cuando una figura parental implica a la hija o al hijo en sus tensiones con la otra, es más probable que adolescentes presenten desajustes psicosociales (Zimmermann et al., 2022).

Como se ha mencionado, tanto las prácticas de crianza como las coparentales van más allá de la relación entre progenitores, pues están moldeadas en gran medida por las expectativas sociales y las normas culturales (Minuchin, 1974). Aunque estas normas e ideales no dictan estrictamente la conducta, proporcionan marcos simbólicos que orientan la manera en que las figuras parentales organizan sus acciones y razonamientos (Faircloth, 2021, 2023). Este trasfondo cultural puede crear contradicciones entre los ideales que se defienden en las relaciones de pareja —como la igualdad, la intimidad y la independencia— y las expectativas puestas en los roles parentales, que a menudo priorizan una visión muy marcada por el género del cuidado y destacan en particular un modelo intensivo de maternidad (Faircloth, 2021). En consecuencia, el género suele desempeñar un papel importante en la configuración de las dinámicas coparentales y de los niveles de implicación. Por ejemplo, como a menudo se considera que las mujeres saben especialmente de cuidados y de crianza, ello puede generar a veces conflictos con sus parejas, a quienes puede costar hacer valer su influencia (Allen & Hawkins, 1999; Stamp, 1994). No obstante, ambos miembros de la pareja pueden desempeñar un papel activo en la configuración de su implicación. A este respecto, Autret y van Eeden-Moorefield (2024) ofrecieron una visión matizada de la implicación parental al subrayar su complejidad y destacar el papel activo de los padres, cuestionando así el énfasis predominante en el papel de las madres que suele encontrarse en estudios anteriores. Por ejemplo, hombres y mujeres justifican la escasa implicación de los padres como algo más «práctico» debido a condiciones culturales y estructurales, como unos permisos parentales limitados (Calarco et al., 2021). Además, Eira Nunes et al. (2025) sugirieron que los valores de igualdad de género de las madres pueden facilitar la calidez de los padres y una coparentalidad colaborativa, o verse facilitados por ellas. En suma, es esencial explorar cómo las normas de género y de crianza configuran la coparentalidad, el reparto de responsabilidades y la implicación, examinando así cómo madres y padres interpretan las disparidades de género (en tiempo y esfuerzo) en la crianza de adolescentes y les dan sentido.

El presente estudio

Ante la creciente presencia de una ideología de «crianza intensiva» en los medios tradicionales y en las redes sociales (Lee et al., 2024), este estudio explora la manera en que las figuras parentales suizas dan sentido a sus experiencias de crianza y coparentalidad contemporáneas. En Suiza, donde las estructuras familiares tradicionales siguen muy extendidas, la mayoría de las parejas con hijas o hijos menores de 25 años están casadas, y son las madres quienes asumen principalmente las tareas domésticas y de cuidado (Federal Statistical Office, 2019, 2024). Este contexto invita a examinar cómo las normas de crianza y de género configuran las experiencias de madres y padres de adolescentes.

Partiendo de un marco construccionista social, según el cual las experiencias y las prácticas se coproducen y reproducen socialmente a través del lenguaje y de las interacciones sociales, adoptamos una metodología de investigación cualitativa (Biggerstaff, 2012). Realizamos entrevistas semiestructuradas con cada miembro de seis parejas parentales (es decir, 12 personas en total) y llevamos a cabo un análisis temático de contenido combinado con un análisis diádico para responder a dos preguntas principales: (a) ¿Cómo describen las figuras parentales su papel en la crianza de adolescentes en el contexto de la crianza intensiva, teniendo en cuenta las crecientes necesidades de autonomía de sus adolescentes, los significados que atribuyen a la crianza y sus opiniones sobre la «figura parental perfecta»? (b) ¿Cómo dan sentido a su coordinación coparental, en particular en lo que respecta al reparto cotidiano de las tareas parentales y domésticas? Este método nos permitió recoger datos cualitativos ricos y profundos mediante un enfoque indirecto, lo que facilitó la aparición de comprensiones más matizadas de las experiencias vividas por las personas participantes (del Rio Carral, 2014).

MÉTODO

Reclutamiento de participantes

Los datos analizados consistieron en 12 entrevistas individuales semiestructuradas con una muestra de madres y padres suizos francófonos (véase la Tabla 1), que incluía una pareja del mismo sexo y cinco parejas de distinto sexo (Nmadres = 7, Npadres = 5). Cada participante tenía al menos una hija o un hijo adolescente (dos chicas, cuatro chicos) de entre 14 y 17 años (Medad = 15.67, SD = 1.21), que no era necesariamente quien había nacido primero. Las edades de las figuras parentales oscilaban entre 42 y 60 años (Medad = 48.08, SD = 5.44). La mayoría estaban casadas (N = 10); una madre y un padrastro convivían en pareja de hecho. La mitad de la muestra tenía estudios superiores (al menos de grado) y la otra mitad había cursado un aprendizaje (es decir, formación profesional). Dada la sensibilidad cultural en torno a las cuestiones económicas, no se pidió a las personas participantes que indicaran sus ingresos. Todas residían en los alrededores de una ciudad de tamaño medio. Al centrarse en un número reducido de participantes, este estudio garantizó una exploración en profundidad del contexto y de las percepciones propias de cada figura parental.

Tabla 1 — Características de las personas participantes.

  • Pareja 1. Auguste (H, 46, escritor, tasa de empleo 100%) y Christelle (M, 50, ama de casa, tasa de empleo n/a). Adolescente: H, 15; número de descendientes: 3.
  • Pareja 2. Pierre (H, 52, ingeniero, 100%) y Kate (M, 45, traductora, 80%). Adolescente: H, 17; número de descendientes: 3.
  • Pareja 3. Fabien (H, 48, recursos humanos, 100%) y Ariana (M, 49, asistente administrativa/ama de casa, 30%). Adolescente: H, 17; número de descendientes: 2.
  • Pareja 4. Patrick (H, 42, consultor informático, 100%) y Déborah (M, 42, profesora de manualidades, 100%). Adolescente: H, 14; número de descendientes: 3.
  • Pareja 5. David (H, 43, decorador, 100%) y Monique (M, 47, decoradora, 100%). Adolescente: M, 15; número de descendientes: 4.
  • Pareja 6. Christine (M, 53, profesora, 100%) y Chantal (M, 60, técnica quirúrgica, 60%). Adolescente: M, 16; número de descendientes: 2.

Nota: H = hombre; M = mujer.

Tres parejas se reclutaron mediante un muestreo en bola de nieve, iniciado a través de la red personal de la primera autora y de sus contactos en su comunidad local. Otras dos parejas se identificaron al azar a partir de un estudio cuantitativo previo sobre crianza, en el que las personas participantes podían dejar sus datos de contacto para investigaciones posteriores. Una pareja más se contactó a través de participantes iniciales. Entre los criterios de elegibilidad figuraba tener al menos una hija o un hijo adolescente de entre 14 y 17 años. Nos centramos en figuras parentales de adolescentes que cursaban el último año de la escolaridad obligatoria o los 2 primeros años de la secundaria posobligatoria (es decir, el bachillerato de vía académica, conocido en Suiza como «gymnase»), ya que se trata, en general, de un periodo de transición en el que la juventud adolescente gana más independencia, sobre todo en el ámbito escolar. Como el objetivo del estudio era explorar la crianza de forma más amplia en la sociedad contemporánea, identificarse con la «crianza intensiva» no formaba parte de los criterios de inclusión. Antes de la recogida de datos, se informó a las personas participantes de los objetivos del estudio y de la participación de su pareja mediante una hoja informativa. Este documento precisaba también su derecho a retirarse en cualquier momento y el tratamiento confidencial de sus datos, incluido el uso de seudónimos para garantizar el anonimato. A continuación se obtuvo el consentimiento informado por escrito de todas las personas participantes. Se recogió información sociodemográfica básica (edad, profesión, estado civil, número de hijas e hijos, región de residencia) mediante un cuestionario. A partir de esta información pudimos considerar distintos tipos de configuraciones coparentales, que reflejaban variaciones en el nivel socioeconómico y en la tasa de empleo de las madres. El estudio fue aprobado por el Comité de Ética de la Universidad de Lausana.

Recogida de datos

La reflexividad es un componente clave de la investigación cualitativa: exige a quien investiga considerar cómo su trayectoria y sus experiencias moldean su perspectiva. En este estudio, cabe señalar que la primera autora es una mujer sin hijos, psicóloga y doctoranda, cuya perspectiva se nutre de su propia adolescencia difícil y de su contacto con diversos enfoques de crianza en el contexto de una familia divorciada. Esta trayectoria personal ha impulsado su interés por comprender cómo los estándares contemporáneos de crianza influyen en la crianza durante la adolescencia, en particular desde la perspectiva de madres y padres.

Antes de realizar las entrevistas semiestructuradas, se elaboró una guía de entrevista que permitiera a las personas participantes explorar y expresar sus experiencias relacionadas con la crianza, la parentalidad y su papel dentro de la pareja parental. Esta guía de entrevista (véase el Apéndice en el material complementario) incluía preguntas abiertas sobre temas como la vida cotidiana, el reparto de las tareas parentales y domésticas, su percepción de las exigencias de la crianza, la coparentalidad, la vida profesional y las posibles presiones sociales vinculadas a la parentalidad. Al utilizar un amplio abanico de preguntas abiertas, nos aseguramos de que las personas participantes pudieran plantear y desarrollar temas que fueran más allá del ámbito predefinido. Por ejemplo, preguntar cómo es un «día típico» les permitía abordar los aspectos organizativos, parentales y coparentales de forma más fluida (del Rio Carral, 2014). Se realizó una primera entrevista piloto con el padre de una chica adolescente para evaluar la calidad de la guía de entrevista. Esta entrevista se excluyó del análisis, ya que la guía se revisó después para mejorar su claridad. Todas las entrevistas las realizó la primera autora, para mantener la coherencia en el estilo de entrevista y garantizar una interpretación cohesionada de los temas entre participantes.

Una vez que una pareja aceptaba participar, se programaban entrevistas individuales con cada miembro en un lugar de su elección, como su domicilio, su lugar de trabajo o una cafetería cercana. Las entrevistas en el domicilio se realizaban cuando la persona participante estaba sola o en una habitación aparte, de modo que ni hijas e hijos ni la pareja pudieran oír la conversación ni interrumpir la entrevista. Se pidió a cada participante que no hablara de la entrevista con su pareja hasta que ambos miembros la hubieran completado, para que el desarrollo de la primera entrevista no influyera en la segunda. Utilizamos el mismo conjunto de preguntas con ambos miembros de la pareja, con independencia de sus respuestas individuales. Para preservar la confidencialidad, no se informó a las personas participantes de si sus relatos coincidían con los de su pareja.

Las entrevistas duraron aproximadamente 1 hora (entre 35 minutos y 1 hora y 39 minutos) y se grabaron en audio con el consentimiento de cada participante. Cada entrevista se transcribió luego literalmente, eliminando todos los datos personales identificables para garantizar la confidencialidad.

Realizar entrevistas por separado con cada miembro de la pareja permitió a las personas participantes expresar experiencias y opiniones que quizá no se atreverían a compartir en presencia de la otra persona, lo que favoreció relatos francos y personales (Esterberg, 2002). Desde un punto de vista socioconstructivista, tal como expone Reczek (2014), las entrevistas por separado facilitan la exploración de puntos de vista tanto similares como distintos, y arrojan luz sobre cómo las perspectivas individuales configuran colectivamente el equipo parental. También ofrecen una comprensión más rica y desde múltiples ángulos de las dinámicas familiares, captando interpretaciones matizadas, incluso contradictorias, de la coparentalidad (Reczek, 2014).

Análisis de datos

Las transcripciones de las entrevistas se analizaron primero mediante un análisis temático reflexivo (Braun & Clarke, 2019), una variante específica del análisis temático muy utilizada en psicología. El análisis temático reflexivo ofrece un método riguroso y sistemático para codificar datos cualitativos, en el que los temas se consideran coconstruidos activamente por quien investiga en la «intersección de los datos, el proceso analítico y la subjetividad» (Braun & Clarke, 2019, p. 594). Este método resulta especialmente adecuado para explorar experiencias complejas y multifacéticas como la crianza de adolescentes, ya que asume la naturaleza a la vez subjetiva e interpretativa de los datos. Al poner el acento en la reflexividad de quien investiga, este enfoque garantiza que el análisis se mantenga fiel a las perspectivas de las personas participantes y abierto a patrones y temas más amplios dentro del conjunto de datos (Braun & Clarke, 2021). Los relatos de las personas participantes se analizaron de forma inductiva, empezando por la creación de códigos semánticos, que después se agruparon en subtemas compartidos y en temas generales según sus similitudes y diferencias semánticas. En un último paso, estos temas se revisaron críticamente y se perfeccionaron, garantizando su coherencia y pertinencia. Tras identificar los temas y subtemas, realizamos un análisis diádico para examinar las coincidencias y divergencias entre los relatos de cada miembro de la pareja en estos temas (Reczek, 2014). En algunos casos, las figuras parentales ofrecieron relatos divergentes, que se interpretaron no como fallos metodológicos sino como indicio del carácter intrínsecamente complejo y subjetivo de la coparentalidad. Al mantenerse la misma estructura de entrevista con independencia de las respuestas de la pareja, estas diferencias enriquecieron el análisis al revelar puntos de vista tanto convergentes como contrastantes dentro de las parejas.

La primera autora codificó sistemáticamente los datos con el programa NVivo 14 (QSR International, 2023) y siguió un riguroso protocolo de codificación única validado mediante la consistencia intracodificadora (Kawamoto et al., 2023); además, la segunda y la tercera autoras codificaron de forma independiente tres entrevistas, de modo que la mitad de las entrevistas fue objeto de doble codificación para reforzar la fiabilidad del análisis (Church et al., 2019). Esta codificación colaborativa se enriqueció con reuniones periódicas para discutir los códigos, temas y subtemas iniciales, garantizando un enfoque riguroso del análisis temático reflexivo. Las otras tres personas firmantes contribuyeron a elaborar el protocolo de investigación, identificar los temas clave y dar forma a la discusión de los resultados, al tiempo que aportaron una supervisión basada en su experiencia en psicología del desarrollo y de la familia, en análisis cualitativo y en estudios de género, lo que garantizó un marco analítico sólido y completo. Para asegurar el rigor de los hallazgos, la investigadora principal siguió los criterios de Lincoln y Guba (1985) de credibilidad, transferibilidad, fiabilidad y confirmabilidad. La credibilidad se reforzó mediante una inmersión profunda en los datos y prácticas de memorandos reflexivos. Una descripción densa del proceso de investigación favoreció la transferibilidad, y las sesiones de revisión entre pares reforzaron tanto la credibilidad como la fiabilidad. La confirmabilidad se garantizó mediante un diario reflexivo, que documentaba las reacciones personales de la investigadora y atenuaba posibles sesgos, manteniendo así la distancia adecuada respecto de los relatos de las personas.

RESULTADOS

Mediante el análisis temático reflexivo se identificaron tres temas principales. Mientras que los temas «adhesión a las expectativas sociales sobre los roles parentales» y «la evolución de la relación entre progenitores y adolescente» iluminan sobre todo la primera pregunta de investigación, la segunda pregunta se aborda en el tema «¿trabajo en equipo con sesgo de género?».

Adhesión a las expectativas sociales sobre los roles parentales

Este tema explora cómo las figuras parentales describen sus roles y cómo esas construcciones se relacionan con expectativas sociales más amplias. Al examinar lo que priorizan como madres y padres y cómo imaginan a la «figura parental perfecta» en el contexto actual, comprendemos mejor las formas en que se relacionan con las normas contemporáneas y se adaptan a ellas. El subtema «disponibilidad emocional y física» pone de relieve la importancia que conceden a estar presentes —física y emocionalmente— para sus hijas e hijos, así como la culpa que experimentan cuando sienten que no llegan. El segundo subtema, «expectativas parentales de desarrollo y éxito», profundiza en las altas expectativas que mantienen, que a menudo reflejan las visiones sociales sobre las responsabilidades de la crianza.

Disponibilidad emocional y física

Cuando se les preguntaba por su visión del papel parental y por lo que significa ser una «buena madre» o un «buen padre», las personas participantes subrayaban con frecuencia la importancia de estar presentes, emocional y físicamente, para sus adolescentes. Esta expectativa la compartían tanto madres como padres, que insistían en la importancia de mantener una presencia parental en casa y organizar sus rutinas en consecuencia. Por ejemplo, Fabien, padre de dos, especialmente atento a la salud mental de sus adolescentes, expresó esta prioridad: «Entonces, para mí, lo más importante es de verdad, como decía antes, no es necesariamente la actividad, sino la presencia, para que sepan que estamos disponibles». Su esposa, Ariana, se hizo eco de este sentir al hablar de su organización diaria: «En lo que no cedo es en que no quiero estar ausente, en realidad. No quiero que me echen de menos, eso es». Del mismo modo, Christelle, madre de tres que no trabaja fuera de casa, subrayó el valor de estar físicamente presente:

También puedo incluir a mi marido, de hecho estamos muy, los rodeamos bien, así que no estamos siempre encima de ellos, pero creo que tienen esa presencia en casa, como yo no trabajo fuera, pues es verdad que siempre tienen una referencia que está ahí, que está presente.

Paralelamente, quienes sentían que no estaban lo bastante presentes solían experimentar sentimientos de culpa. Por ejemplo, David, padre de cuatro, expresó este sentimiento cuando se le preguntó si sentía que hacía demasiado o no lo suficiente: «No lo suficiente, está claro. Me gustaría estar un poco más, pero bueno, hemos elegido nuestra vida de jefes y autónomos, así que cuando hay que trabajar, se trabaja, y entonces se trabaja mucho». En la misma línea, Fabien expresó su frustración por no estar tan presente e implicado como le gustaría:

Y no lo suficiente, sí, porque siempre nos gustaría estar más presentes para los hijos, sobre todo los fines de semana. Bueno, en lo que es el colegio, es verdad que volvemos de un día, estamos, no, no tenemos necesariamente la energía que tenemos por la mañana.

Esta preocupación por estar disponibles emocional y físicamente refleja una expectativa social contemporánea más amplia. Muchas de las personas participantes contrastaban su enfoque con su propia educación y recordaban que sus progenitores habían estado menos presentes o implicados emocionalmente durante su adolescencia. Se refieren a este tipo de crianza desimplicada como «de la vieja escuela», ya no vigente ni adecuada. Por ejemplo, Monique, madre de cuatro, recordó que sus padres apenas se habían implicado en su desarrollo emocional: «Estaban presentes, pero nada implicados en… Nunca me preguntaron cómo estaba viviendo mi adolescencia, cómo, no, era de verdad». La manera en que se comportaban sus propios progenitores rara vez es, por tanto, un punto de referencia, y toman distancia remitiéndose a los estándares actuales de atención emocional.

Expectativas parentales de desarrollo y éxito

Más allá de las expectativas sobre sí mismas, muchas figuras parentales formulaban también exigencias concretas para sus hijas e hijos, en particular en cuanto a la participación en actividades extraescolares, como el deporte y la música, que se consideraban esenciales para un desarrollo logrado. Estas expectativas parentales reflejaban su deseo de dotar a sus hijas e hijos de herramientas para su éxito futuro. Por ejemplo, Pierre, padrastro y padre de tres, subrayó el papel de la familia a la hora de ampliar las perspectivas de hijas e hijos: «El papel de los padres está en abrirles la mente a cosas que pueden ser importantes para otros, que existen al lado de lo que ellos hacen». Su esposa, Kate, se hizo eco de esta opinión, subrayando su empeño en acercar a su hijo a experiencias culturales:

No lee nada. Así que una vez, en las vacaciones de verano, le doy un libro para leer y él se aviene y lo respeta. Y luego tengo un abono al teatro de [lugar] y cada año lo llevo a tres o cuatro funciones y sabe que tiene que venir. No hay discusión.

Su pareja, sin embargo, adoptaba una postura más equilibrada y señalaba la importancia de ajustar las expectativas a la etapa de desarrollo de la persona adolescente. De manera similar, Chantal se mostraba firme en que sus dos hijas practicaran un deporte y una actividad musical: «En todo caso, dije que al menos tenían que tener un instrumento y un deporte». Su pareja, Christine, estaba de acuerdo y destacaba los beneficios cognitivos de estas actividades:

Había algunas cosas que yo insistía en que hiciera, como, bueno, eso era Chantal, más la música. Y luego el deporte. Creo que si quieres estudiar bien, si quieres que tu cerebro esté bien irrigado, el deporte es justo lo que necesitas.

Cuando sus adolescentes no cumplían estas expectativas, las figuras parentales experimentaban a menudo culpa y autorreproche. Patrick, padre de tres, reflexionó sobre la decisión de su hijo de dejar el piano: «Creo que no lo empujé lo suficiente con la música. Dejó el piano, pero eso es tan típico». Del mismo modo, Ariana se sentía culpable por la escasa participación de su hijo en el deporte y la música, y se comparaba con otras familias:

Cuando oyes a amistades contarte que sus hijos, bueno, les va genial en el colegio, que están inscritos en el conservatorio o que hacen un montón de deporte y de actividades, y que con el tuyo no es necesariamente así, sí. No te sientes una gran madre.

Su marido, Fabien, compartía estas preocupaciones y este autorreproche ante la falta de implicación de su hijo en actividades extraescolares, se preguntaba por su propia responsabilidad y se comparaba con otras familias. Aun así, Ariana atemperaba su culpa relativizando y subrayando que lo más importante para ella es que su hijo se sienta bien consigo mismo.

En resumen, los roles parentales están teñidos por expectativas sociales que definen lo que significa ser una buena figura parental y que insisten en la importancia de ofrecer experiencias y oportunidades diversas para preparar a hijas e hijos para el futuro. Estas expectativas suelen ser rígidas, idealizadas y a veces contradictorias, lo que crea una presión considerable para ajustarse a ellas. Esta tensión pone de relieve la desconexión entre los ideales sociales —arraigados en discursos y valores— y las realidades vividas de la crianza. Al esforzarse por conciliar estos ideales con sus propias prácticas, las figuras parentales pueden percibir que no llegan, lo que alimenta un sentimiento de culpa omnipresente. Esta brecha entre los estándares sociales y la autopercepción parental subraya el carácter complejo y a menudo difícil de la crianza moderna de adolescentes.

La evolución de la relación entre progenitores y adolescente

Otro tema clave en los relatos de las figuras parentales fue el carácter cambiante de su relación con sus hijas e hijos adolescentes. Al reconocer los cambios en su comportamiento, admitían la necesidad de dar un paso atrás para favorecer su autonomía. Este tema se examina a través de tres subtemas: «buscar el equilibrio adecuado», en el que describían su ambivalencia a la hora de confiar en las capacidades de su adolescente; «poner límites», que destaca su implicación en la educación y la orientación profesional de su adolescente, aun cuando fomentan su autonomía e independencia; y «crear momentos compartidos», que subraya la importancia de los rituales familiares para los vínculos y la conexión a medida que la persona adolescente se vuelve más independiente.

Buscar el equilibrio adecuado

Los relatos parentales pusieron de relieve una ambivalencia entre fomentar la autonomía de hijas e hijos y ajustarse a las normas de la crianza intensiva, que priorizan una implicación parental considerable. En consecuencia, describían un cambio notable en la relación con su adolescente, caracterizado por una tendencia creciente a concederle más autonomía, lo que les exige confiar en su capacidad de actuar de forma responsable. Monique, como muchas otras personas entrevistadas, señaló que su hija pasa ahora gran parte de su tiempo sola y que ya no se siente capaz de controlar cómo gestiona su tiempo libre:

Ahora tienen una esfera privada. No es como con los pequeños, ahora hay que dejarlos en su cuarto, dejarlos tranquilos, que gestionen su tiempo, que gestionen su vida, y a la vez mantener el diálogo, ¿eh?

Su marido, David, subrayó la importancia de dejar a adolescentes libertad para crecer, sin dejar de estar disponible para apoyarles si es necesario: «Hay que soltar. Tienen que poder evolucionar por sí mismos. Es lo que decía antes: darles las herramientas y luego estar ahí si hay un problema». Kate se hizo eco de este sentir, en particular al reconocer que desconoce lo que hace su hijo durante el día: «Sinceramente, durante el día no sé lo que hace, no sé dónde está en este momento».

Sin embargo, este deseo de conceder más independencia generaba a menudo una sensación de ambivalencia respecto del papel parental. Pierre, la pareja de Kate, reconoció la dificultad constante de encontrar el equilibrio adecuado entre control y autonomía:

Sí, claro, siempre es difícil poner el cursor en el sitio justo. Y a veces ves que has soltado un poco demasiado, y a veces ves que tienes que darte un respiro. Pero es un trabajo que siempre está en marcha.

De manera similar, Christelle y su pareja, Auguste, tenían dificultades para fijar límites adecuados, sobre todo en lo relativo a los estudios y a las responsabilidades domésticas:

Bueno, por un lado me gustaría que fueran más autónomos, pero por otro me digo que aquí. Tendría que ser más, eh, directiva y a la vez no debería serlo demasiado, porque creo que ya tienen tanto… es cuestión de encontrar el equilibrio, pero de momento todavía no lo he encontrado. (Christelle, 50)

En conjunto, las figuras parentales expresaban una confianza creciente en sus adolescentes, a quienes reconocían cada vez más como personas responsables e independientes, al tiempo que intentaban equilibrar esa confianza con una orientación y una estructura adecuadas.

Poner límites

Según los relatos de las figuras parentales, aunque apoyaban la autonomía de su adolescente, también subrayaban la importancia de mantener límites claros, sobre todo en torno al uso del teléfono móvil, las salidas y las responsabilidades escolares. Estas normas, aunque a menudo flexibles y sujetas a negociación con la persona adolescente, se consideraban necesarias para orientar su conducta. Por ejemplo, Patrick explicó cómo se regula el uso del teléfono en su casa: «El teléfono, en algunas aplicaciones, le avisa de que “has alcanzado tu límite de tiempo”, y puede pedir más. A veces viene a pedirme una hora extra, y se la doy si es fin de semana». En cambio, su esposa Déborah adoptaba una postura más estricta, preocupada por la merma de la capacidad de atención debida al uso de la tecnología y por su posible repercusión en los estudios: «Así que sí, yo pongo las normas, pero Patrick en realidad las quita [risas]. Cuando yo estoy en casa, hay normas». Patrick precisó además que lo que le preocupa va más allá del tiempo de pantalla y se extiende a los contenidos consultados: «Para ella, el ordenador no es bueno, pero a mí me preocupa más cómo lo usan que decir simplemente que no». Del mismo modo, David imponía la norma de poder acceder en cualquier momento al contenido del teléfono de su hija para asegurarse de que hiciera un uso adecuado: «Una norma es que podemos tener acceso todo el tiempo, que me pueda enseñar el contenido de su teléfono».

En cuanto a las salidas, las figuras parentales procuraban mantener un marco estructurado sin restringir por completo la libertad de su adolescente. Por ejemplo, Chantal y Christine permitían a su hija salir una vez cada fin de semana para que sus estudios no se resintieran. La hora de vuelta era flexible, como explicaba Chantal: «Les damos una hora para volver, y a veces nos mandan un mensaje pidiendo una prórroga. Entonces lo hablamos y decidimos si sí o si no». Este enfoque refleja una tendencia a negociar las normas: adolescentes y figuras parentales fijan los límites de forma colaborativa.

El éxito escolar y las perspectivas profesionales futuras, sin embargo, seguían siendo un ámbito de gran preocupación parental. Muchas de las personas entrevistadas se sentían responsables de «asegurar» el futuro de sus hijas e hijos y decían que les costaba renunciar al control en lo académico. Patrick, por ejemplo, consideraba el rendimiento escolar de su hijo como un requisito para poder mantener cierto nivel de vida: «Intenta que te vaya bien en el colegio para que puedas tener un trabajo que te permita mantener la vida que tenías de pequeño». Déborah subrayaba igualmente el valor de los estudios: «Si hemos llegado hasta aquí, es porque hemos trabajado. Los niños están acostumbrados a cierto nivel de vida, y quiero que mantengan ese nivel». Muchas figuras parentales decían sentirse legitimadas para ser más directivas en este terreno si percibían problemas, aunque eso a veces les llevaba a dudar de sus decisiones. Kate, por ejemplo, contó que había dejado que su hijo decidiera si repetía curso, pero más tarde cuestionó esa decisión: «No debería haberle dado a elegir, porque no tenía la madurez». En conjunto, las figuras parentales mostraban distintos grados de preocupación por el futuro de su adolescente, pero coincidían unánimemente en la importancia de poner límites y de orientar las elecciones académicas y profesionales.

Crear momentos compartidos

A medida que sus adolescentes ganaban autonomía y pasaban más tiempo con sus pares, las figuras parentales subrayaban la importancia de mantener rutinas familiares, como las comidas compartidas, como medio para sostener interacciones regulares y cuidar la relación en este periodo crítico del desarrollo. Por ejemplo, Christine describió una tradición arraigada en su hogar: «Los fines de semana tenemos una tradición: el viernes por la noche es noche de pizza. Así que sabemos que el viernes por la noche todo el mundo tiene que estar para la pizza». Este ritual tenía más importancia para Christine que para su pareja, Chantal, que insistía menos en reunirse para comer: «A mi mujer le gustaría que estuviéramos alrededor de la mesa todo el tiempo. Yo no obligo a nadie a comer, pero no hago otra comida para quien no le gusta lo que se sirve».

Algunas figuras parentales introdujeron nuevos rituales en respuesta a la creciente independencia de su adolescente. Por ejemplo, Kate explicó: «Hace poco instauramos una noche en familia en la que todo el mundo está presente y todo el mundo participa. […] En cambio, el resto de las noches son un caos». Del mismo modo, Fabien señaló la importancia de las comidas compartidas como momentos de conexión: «Pero está claro, cuando viene a comer y estamos todos a la mesa, para nosotros es un, es, es normal, no hay teléfono para nadie, es un momento que pasamos juntos, hablamos». Al preservar estos momentos compartidos, las figuras parentales buscaban mantener vínculos significativos con sus adolescentes, pese a la reducción del tiempo pasado en común. Estas rutinas servían también de marco estructurante en un contexto de creciente independencia y autonomía.

¿Trabajo en equipo con sesgo de género?

El último tema se centró en los relatos de las personas entrevistadas sobre cómo se organizaban las tareas de cuidado dentro de la pareja y cómo se repartían (o no) las responsabilidades relativas a la educación de sus adolescentes. Aunque todas las figuras parentales expresaban su compromiso con una crianza colaborativa en beneficio de sus hijas e hijos adolescentes, sus roles estaban a menudo moldeados por las normas de género tradicionales. Este tema se despliega en tres subtemas. El primero, «mamá como gestora de la familia», subraya el papel principal que desempeñan las madres en la organización familiar y la carga mental que a menudo soportan. Pese a ello, las parejas describían con frecuencia sus roles como complementarios, aunque delicados, idea que se explora en «complementariedad parental e inequidad». Por último, «formar un equipo coherente» subraya que, pese a las diferencias de roles, las figuras parentales se esforzaban en general por apoyarse mutuamente y por mantener conversaciones conjuntas sobre la educación y la crianza de sus hijas e hijos, lo que favorecía un enfoque unificado.

Mamá como gestora de la familia

El primer subtema pone de relieve la carga mental que soportan las madres y su papel central en la gestión de la familia. En todas las entrevistas, las madres aparecían sistemáticamente como las principales organizadoras, garantes del buen funcionamiento del hogar. Monique se ocupaba de la escolaridad de sus hijas e hijos y de la organización de las actividades familiares. Monique comentó: «La organización del tiempo libre en familia es 100% cosa mía». Su marido no mencionó la gestión del tiempo en familia, pero, al preguntársele, admitió que Monique también se encargaba en gran medida de la educación de sus hijas e hijos: «Es sobre todo mi mujer quien se ocupa, yo siempre estoy cerca, pero sí, es ella quien se encarga. Las reuniones con el profesorado también, yo he ido a una o dos, pero es un rollo». Era además una responsabilidad pesada, como recuerda Kate, que describe cómo a veces la despierta en mitad de la noche.

La severidad surgió también como una cuestión relacionada: a las madres se las veía con frecuencia como más exigentes que a los padres a la hora de hacer cumplir las normas. Por ejemplo, durante una entrevista, Kate se dio cuenta de que tenía expectativas más altas en cuanto a buenos modales, mientras que su pareja, Pierre, percibía la crianza como un proceso más instintivo. Él sugirió que la presión que sentía Kate podía deberse a sus propias expectativas personales: «Pero claro, sí, uno puede sentirse presionado. Pero creo que a menudo es la propia persona la que siente esa presión». No obstante, todas las madres reconocían su postura más estricta, como ilustra Déborah, a quien tanto ella misma como su pareja, Patrick, identificaban como la principal encargada de hacer cumplir las normas. En suma, a las madres se las veía en general como coordinadoras de las actividades familiares, guardianas de las rutinas y principales encargadas de hacer cumplir las normas.

Complementariedad parental e inequidad

En la mayoría de las entrevistas, las figuras parentales mencionaban la «complementariedad» al describir su coordinación, refiriéndose a cómo equilibraban y coordinaban sus distintos enfoques de crianza. Por lo general, una de las dos personas asumía un papel más estricto y la otra uno más permisivo, lo que creaba una dinámica equilibrada descrita a menudo como una estrategia de «poli bueno, poli malo». Por ejemplo, para Patrick y Déborah, esta complementariedad se consideraba beneficiosa, como señaló Patrick: «La dualidad es muy importante para mí. Que nos complementemos bien, y eso es algo que hacemos muy bien, creo, con Déborah». Del mismo modo, Christine, pareja de Chantal, observó lo siguiente: «Pues yo soy el poli bueno y Chantal es el poli malo, por su temperamento». Este ejemplo, procedente de una pareja del mismo sexo, indica que este reparto de roles puede trascender las expectativas de género tradicionales. Sin embargo, tanto padres como madres reconocían la posible dificultad de esta dinámica, como señaló Auguste: «Es difícil. Mi mujer piensa que no soy lo bastante estricto, y es difícil no asignarle el papel de policía a uno mientras el otro hace de simpático». Esto ilustra cómo pueden surgir tensiones cuando a una de las figuras parentales se le asigna sistemáticamente el papel de «poli malo».

La complementariedad se extendía también al reparto tradicional de las tareas domésticas y de crianza: las madres asumían por lo general una mayor responsabilidad, algo que a menudo justificaban tanto ellas como sus parejas por estar menos implicadas que estas en la esfera profesional. Esta priorización de la familia sobre la carrera solía empezar con el nacimiento de las criaturas y persistía hasta la adolescencia. Monique decía sentirse a veces desbordada por este arreglo: «Yo gestiono todo en casa —la logística, la colada, las comidas—, pero a veces se me hace muy pesado encargarme sola de las aficiones y del tiempo libre de la familia». También mencionó discusiones ocasionales con su marido a causa de este desequilibrio:

Me gustaría un poco de ayuda a veces. Tengo crisis en las que le digo que estoy harta, entonces organiza algo, y funciona dos o tres semanas antes de que se le vuelva a olvidar, y se lo tengo que decir otra vez.

Algunas parejas, sin embargo, describían una organización más flexible, día a día. Por ejemplo, Patrick mencionó la responsabilidad compartida en la preparación de las comidas del mediodía: «Va bien, los dos lo hacemos con naturalidad, según quién esté disponible. Ahora mismo suelo ser yo, porque estoy en casa a mediodía, mientras que ella trabaja más». Incluso en estas situaciones, las madres conservaban no obstante un papel de dirección, como precisó Déborah, la esposa de Patrick: «Bueno, siempre tengo que decirle que meta tal plato en el horno a tal hora o… así que preparo las comidas con antelación». Esto ilustraba los límites del concepto de complementariedad para algunas figuras parentales y ponía de manifiesto cómo, incluso en arreglos flexibles, las madres conservaban a menudo la supervisión principal de la logística familiar.

Formar un equipo coherente

Pese a las dificultades de coordinación de los roles parentales mencionadas a veces en las entrevistas, las figuras parentales se esforzaban en general por formar un equipo coherente y solidario en su labor de crianza. De hecho, aunque a veces les costaba complementarse, seguía habiendo un claro énfasis en la importancia de formar un equipo parental. Muchas personas entrevistadas subrayaban la importancia de presentar un frente unido ante sus hijas e hijos, aun cuando en privado discreparan sobre ciertas cuestiones. Christine describió este enfoque:

El marco puede ser flexible, pero tiene que mantenerse coherente. Y si no estamos de acuerdo, mi mujer y yo hemos aprendido a no criticarnos nunca delante de los niños. Aunque no estemos de acuerdo, lo resolvemos juntas.

Del mismo modo, Patrick reconoció que, aunque no siempre compartía el entusiasmo de su esposa Déborah por ciertas actividades, apoyaba sus iniciativas: «Quería ir al museo el sábado, y al principio yo no tenía ganas. Pero aun así la animé, y encontré la manera de motivar también a los críos: “Venga, vamos, que va a estar bien”».

Las figuras parentales subrayaban también la importancia de hablar conjuntamente de las estrategias educativas para ofrecer un apoyo unificado a sus adolescentes. David explicó su enfoque colaborativo a la hora de fijar normas: «Casi ninguna decisión importante se toma de forma unilateral. Siempre estamos los dos. Cuando mi mujer dice algo, yo la respaldo, y viceversa, así hay coherencia. Al menos, lo intentamos». Kate y Pierre insistían igualmente en las conversaciones frecuentes sobre las decisiones de crianza, como señaló Kate: «Siempre le pido su opinión y, aunque no siempre la siga, valoro lo que aporta». Pierre coincidía y añadía: «Todo es cuestión de trabajo en equipo». Sin embargo, cuando no estaban de acuerdo, a veces surgía el conflicto, como en el caso de Fabien y Ariana. Fabien explicó que su enfoque más diplomático socavaba en ocasiones la postura más estricta de Ariana, lo que generaba fricciones: «Al intervenir a posteriori, la he saboteado un poco. Eso es lo que me reprocha».

En conclusión, según los relatos de las personas participantes, aunque el género configuraba el reparto de las responsabilidades parentales, las parejas se esforzaban constantemente por mantener un equipo parental coherente y solidario. Al procurar que sus roles se complementaran, aspiraban a ofrecer un entorno estable y coherente a sus hijas e hijos adolescentes.

DISCUSIÓN

La investigación previa sobre crianza, coparentalidad y crianza intensiva se ha centrado en gran medida en las primeras etapas de la parentalidad, a menudo con énfasis en las dinámicas de género dentro de las parejas (Faircloth, 2021). Los estudios con figuras parentales de adolescentes y sobre la tensión entre la concesión de autonomía y la crianza intensiva se han basado principalmente en métodos cuantitativos (p. ej., Lamprianidou, Eira Nunes, et al., 2025; Venard et al., 2024). Solo unos pocos estudios han recurrido a enfoques cualitativos para examinar cómo las madres y los padres interpretan sus experiencias y prácticas y les dan sentido, y cómo ello resuena con las normas contemporáneas de crianza (p. ej., Lamprianidou, Venard, et al., 2025), lo que limita nuestra comprensión de esta cuestión durante esta etapa del desarrollo. Además, las dinámicas que configuran la coparentalidad durante la adolescencia, así como las formas matizadas en que se manifiestan las dinámicas de género en esta etapa, siguen estando en gran medida poco exploradas. Para colmar estas lagunas, nuestro estudio ofrece una exploración cualitativa en profundidad de los relatos de parejas parentales, centrada en sus concepciones convergentes y divergentes de la crianza y la coparentalidad. Mediante un análisis temático reflexivo y un análisis diádico, identificamos tres temas centrales que recogen las perspectivas de las figuras parentales. El primer tema, «adhesión a las expectativas sociales sobre los roles parentales», refleja sus puntos de vista sobre su papel en la crianza de adolescentes, influido por las expectativas vinculadas a la crianza intensiva. El segundo tema, «la evolución de la relación entre progenitores y adolescente», refleja la dinámica cambiante entre figuras parentales y adolescentes, ya que en estas relaciones adquiere especial relieve la necesidad de conciliar un sentimiento de cercanía y los dictados de una ideología de crianza intensiva con la concesión de autonomía e independencia. Por último, «¿trabajo en equipo con sesgo de género?» explora cómo las parejas se desenvuelven en sus roles coparentales, entre la colaboración y la influencia de las normas de género tradicionales. En conjunto, este estudio aporta elementos para comprender la compleja interacción entre las expectativas sociales, la evolución de las relaciones entre progenitores y adolescentes y la coordinación marcada por el género dentro de las relaciones coparentales, y contribuye a una comprensión más rica de los factores que configuran las prácticas de crianza y las experiencias de parentalidad durante la adolescencia.

En primer lugar, pusimos de relieve cómo las figuras parentales daban sentido a su papel cuando sus hijas e hijos entraban en la adolescencia, un papel moldeado por la adhesión a las normas intensivas contemporáneas y por la evolución de la relación con su adolescente. Muchas subrayaban la importancia de estar presentes en casa y atentas al bienestar de su adolescente, con rutinas cotidianas a menudo organizadas para garantizar que al menos una figura parental estuviera disponible en casa. Curiosamente, las personas entrevistadas señalaban a menudo que su enfoque difería del de sus propios progenitores, que por lo general concedían menos importancia a estar disponibles física y emocionalmente. Este cambio refleja la aparición de normas contemporáneas de crianza que priorizan las necesidades emocionales y físicas de la criatura y que hoy se han vuelto en gran medida normativas (Lee et al., 2024; Scheibling & Milkie, 2023). Sin embargo, aunque la intención de estar disponibles suele ser bienintencionada, puede convertirse en una carga para las familias e incluso resultar contraproducente durante la adolescencia. En efecto, cuando la implicación parental no se ajusta a la creciente necesidad de autonomía de la persona adolescente, puede vivirse como intrusiva, sobreprotectora y controladora, y suscitar conflictos y tensiones en la relación parentofilial (Van Petegem et al., 2020; Venard et al., 2023). Curiosamente, esta preocupación por implicarse parecía compartida por madres y padres, lo que pone de relieve que las normas de la crianza intensiva afectan a ambas figuras parentales (Lee et al., 2024; Lamprianidou, Eira Nunes, et al., 2025).

Además de la importancia concedida a la presencia emocional y física, las figuras parentales formulaban también expectativas concretas para sus adolescentes y para sí mismas, como fomentar la participación en actividades como el deporte o el aprendizaje de un instrumento musical, tal como pone de relieve el subtema «expectativas parentales de desarrollo y éxito». Estas expectativas se corresponden con el deseo de preparar a su hija o hijo para convertirse en una persona adulta brillante y exitosa, como refleja el concepto de «cultivo concertado» (concerted cultivation) (Lareau, 2018). El cultivo concertado designa un estilo de crianza, especialmente extendido en las familias occidentales, que implica esfuerzos deliberados y organizados para cultivar los talentos, las destrezas y las capacidades de hijas e hijos (Lareau, 2018). Nuestros resultados, junto con estudios previos (p. ej., Wall, 2010), vinculan estos esfuerzos parentales a una atención centrada en el desarrollo cognitivo, que con frecuencia implica adoptar los consejos de especialistas. Además, esta implicación puede reflejar a menudo el deseo parental de ofrecer a sus adolescentes oportunidades de las que quizá carecieron en su día (Wuyts et al., 2015). De hecho, en tales casos, las figuras parentales pueden albergar expectativas especialmente altas para su hija o hijo, ya sea porque quieren que triunfe allí donde ellas no pudieron, ya sea porque ven sus logros como reflejo de su propio éxito parental (Wuyts et al., 2015). Cuando sentían que no estaban a la altura de estas expectativas, solían expresar sentimientos de culpa o de desajuste, eco de presiones sociales más amplias ligadas a las normas de crianza y a las dinámicas de comparación social (Lee et al., 2024; Wall, 2010). Así, esta ambivalencia respecto de sus propias prácticas de crianza ilustra cómo la ideología de la crianza intensiva puede suscitar autoevaluaciones tanto positivas como negativas, lo que influye en cómo juzgan su manera de criar adolescentes en comparación con su propia educación.

En cuanto a la evolución de las relaciones entre progenitores y adolescentes, aunque se insiste en la presencia parental y en animar a seguir participando en las actividades familiares, muchas figuras parentales mostraban también su apoyo a la autonomía de sus adolescentes. Teniendo en cuenta su etapa de desarrollo, tendían a respetar su espacio personal y a confiar en sus adolescentes, lo que resulta beneficioso para el desarrollo adolescente (Smetana & Rote, 2019). Sin embargo, ciertos ámbitos, como los estudios y el uso del teléfono móvil, seguían bajo control parental (p. ej., Lamprianidou, Venard, et al., 2025), lo que refleja la preocupación parental por el rendimiento y el desarrollo cognitivo de hijas e hijos. De hecho, las figuras parentales expresaban a menudo su inquietud por la merma de la capacidad de atención debida al uso de la tecnología y por su posible repercusión en los estudios. Según sus relatos, su papel consiste en garantizar que sus hijas e hijos mantengan cierto nivel de vida, y a menudo vinculan las elecciones profesionales con el bienestar general y la satisfacción vital (Can, 2023). Además, las desigualdades en el empleo y la precariedad laboral también llevan a las familias a implicarse más activamente en las cuestiones educativas (Van Petegem et al., 2024). No obstante, por respeto a la autonomía de su adolescente, las normas se discutían a menudo y se reevaluaban con regularidad, algo típico de este periodo del desarrollo (Smetana & Rote, 2019). El hecho de que a menudo se dejara a adolescentes gestionarse por su cuenta y, al mismo tiempo, se les empujara a destacar en los estudios podría reflejar también el contexto social más amplio en el que crecen. En efecto, aunque Suiza se caracteriza por un fuerte énfasis en la autonomía individual, mantiene al mismo tiempo altas expectativas de logro y éxito, como refleja el marco de Hofstede Insights, que analiza las culturas nacionales según dimensiones clave como el individualismo y la orientación al rendimiento (Norgesklubben, 2018).

Otra dimensión relacionada con la evolución de la relación entre progenitores y adolescentes era la importancia que las figuras parentales concedían a los momentos compartidos, en particular a las comidas en común. Estas reuniones familiares pueden servir para mantener los vínculos y facilitar el intercambio de ideas, y a menudo constituyen una piedra angular de los sistemas familiares (Wolin & Bennett, 1984). Pueden representar también un momento en el que se hacen visibles ciertas normas de crianza, sobre todo a través del cuidado que suelen dedicar las madres a que todo el mundo disfrute de la experiencia y coma algo a la vez sano y apetecible (Brenton, 2017; Le Moal, 2024). La investigación sugiere que las rutinas estructuradas desempeñan un papel crucial en el desarrollo infantil al favorecer las habilidades sociales y las mejoras conductuales mediante entornos estables que permiten practicar y perfeccionar las habilidades emergentes (Spagnola & Fiese, 2007). Además, participar en rutinas familiares constantes y previsibles parece reforzar las relaciones parentofiliales y contribuir a una mayor concordancia en las percepciones que los miembros de la familia tienen de la calidad de sus relaciones (Boat et al., 2025). Estos distintos relatos, vinculados a nuestra primera pregunta de investigación, reflejan una transformación en curso de la manera en que las figuras parentales conciben lo que es ser una buena madre o un buen padre. Muchas parecen haber interiorizado unos estándares de crianza intensiva que promueven a la vez una fuerte implicación y el proceso gradual de «soltar» recomendado durante la adolescencia.

Aunque tanto madres como padres están moldeados por las normas de la crianza intensiva, la manera en que desempeñan sus roles sigue siendo marcadamente distinta, y al abordar nuestra segunda pregunta de investigación, sobre la coordinación parental dentro de las parejas, surgen varios puntos importantes. En primer lugar, como sugieren nuestros resultados, el discurso contemporáneo sobre la igualdad en las tareas parentales y domésticas entre los miembros de la pareja, aunque cada vez más presente, todavía no se traduce plenamente en la crianza de adolescentes, en consonancia con los hallazgos sobre las primeras etapas de la parentalidad (Faircloth, 2021). Pese a la creciente implicación de los padres y a su deseo expreso de estar presentes, que confirma las concepciones contemporáneas de la paternidad —según las cuales se espera que los padres se impliquen más que antes en la crianza (p. ej., Dermott, 2003, 2008)—, las madres hablan a menudo de su responsabilidad parental de otra manera y tienden a tomar la iniciativa para definir el enfoque general de la familia, sobre todo a la hora de fijar las normas familiares y hacerlas cumplir. Este papel materno de gestión contrasta con la visión tradicional de los padres como principales responsables de las decisiones y guardianes de la familia (Collier & Sheldon, 2008; Silverstein & Auerbach, 1999) y refleja una reconfiguración contemporánea de los roles parentales. En línea con investigaciones previas (Blair-Loy & Jacobs, 2003; Scheibling & Milkie, 2023), la mayoría de los padres parecían renegociar su «esquema de devoción al trabajo», que antes limitaba su compromiso y su implicación emocional en la vida familiar. Este cambio cuestiona la imagen tradicional de los padres como emocionalmente distantes (Silverstein & Auerbach, 1999). A menudo se les sitúa como «ayudantes» o como la figura parental «divertida» (Brugeilles & Sebille, 2015; Le Moal, 2024). De hecho, las madres entrevistadas asumen también un importante papel de coordinación, lo que refleja su centralidad persistente en la vida familiar y la carga mental que soportan en consecuencia. El concepto de carga mental —que abarca la gestión de los horarios familiares, el recuerdo de las citas y la organización de las tareas domésticas— ilustra con fuerza el «hacer género» (doing gender), caracterizado por la puesta en escena y el refuerzo continuos de las normas de género a través de las interacciones cotidianas y las prácticas sociales (Daminger, 2019; Haupt & Gelbgiser, 2024; West & Zimmermann, 1987). Así, el patrón de «mamá como gestora de la familia» persistiría a través de este trabajo cognitivo a menudo tácito, que suele considerarse un deber implícito de las madres (Daminger, 2019; Faircloth, 2021) y que refuerza el estereotipo de las mujeres como naturalmente aptas para los roles de cuidado (Forbes et al., 2020). Al asumir estas responsabilidades, las madres representan roles socialmente prescritos, ligados a expectativas culturalmente definidas de feminidad, y perpetúan así dinámicas de género dentro de la familia (Forbes et al., 2020). Paralelamente, pese a las buenas intenciones, a los padres puede costarles implicarse más, ya que algunos relataron conflictos internos entre su papel tradicional de contención y su deseo de estar más presentes (Barbeta-Viñas & Cano, 2017; véase también Meeussen et al., 2020). Por último, la manera en que las madres conciben su responsabilidad parental puede llevarlas a implicarse más, con el riesgo de sobrecompensar en sus esfuerzos por cumplir su papel de cuidado. De hecho, en esta línea, varios estudios muestran que las madres tienden a ser, en promedio, más sobreprotectoras que los padres (p. ej., Venard et al., 2023, 2024).

En este contexto, los relatos de las personas participantes pusieron de relieve una dinámica de complementariedad más que de estricta equidad o igualdad entre los miembros de la pareja. En efecto, complementariedad parece el término más preciso para describir esta dinámica, con un patrón frecuente en el que la madre adopta un papel más estricto y el padre un enfoque más flexible a la hora de aplicar las decisiones. Este término puede servir para justificar la persistencia de una división desigual del trabajo, que puede limitar la implicación de los padres a los aspectos más agradables de la parentalidad (Brugeilles & Sebille, 2015). Además, aunque las figuras parentales suelen atribuir el reparto desigual de los cuidados a la menor implicación profesional de las madres, la investigación muestra que, en las coparentalidades heterosexuales, se sigue esperando de forma desproporcionada que las mujeres gestionen las responsabilidades parentales y domésticas. La implicación de los padres en el cuidado de hijas e hijos depende en gran medida de los horarios laborales de ambos miembros de la pareja, mientras que el cuidado que prestan las madres solo depende en parte de su situación laboral (Gaunt & Deutsch, 2024). Este desequilibrio se hizo especialmente visible durante la pandemia de COVID-19 (Garcia, 2022) y es especialmente marcado cuando las figuras parentales sostienen creencias esencialistas que presentan el cuidado materno como biológicamente insustituible (Gaunt & Deutsch, 2024).

Desde una perspectiva coparental, los beneficios de la complementariedad tienen sus límites. Las disparidades en ciertos ámbitos —por ejemplo, cuando una de las figuras parentales se siente sin apoyo o percibe un reparto desigual de las responsabilidades— pueden contribuir al conflicto coparental (Feinberg, 2003; Feinberg et al., 2012). Así se observó especialmente en situaciones en las que uno de los miembros de la pareja no hacía cumplir una norma de forma sistemática o no contribuía a las tareas organizativas. De hecho, los desajustes en el reparto de responsabilidades pueden volverse problemáticos cuando hay una brecha entre las expectativas de las figuras parentales y la percepción que tienen de sus roles en el cuidado de hijas e hijos (Feinberg, 2003). Como indica la investigación previa, este desajuste puede asociarse con un mayor riesgo de depresión y con un menor ajuste conyugal en ambos miembros de la pareja (Frisco & Williams, 2003). Además, la rigidez en este reparto de roles también puede dificultar la capacidad de la familia para adaptarse a las transiciones o al estrés (Feinberg, 2003).

Es importante señalar que, aunque a veces les cueste complementarse de forma equitativa, las figuras parentales insistían con fuerza en la importancia de formar un equipo parental unido. Cabe destacar que las personas participantes solían anteponer el ideal del trabajo en equipo a las preocupaciones por la equidad en el reparto de tareas, lo que sugiere una interiorización de las normas de género en torno a los roles y las responsabilidades parentales (Calarco et al., 2021). Subrayaban la importancia del apoyo mutuo para construir un equipo coparental cohesionado, lo que se asocia con el ajuste de las figuras parentales y de sus hijas e hijos, en particular con una mayor competencia parental percibida y con menos problemas de conducta en adolescentes (Floyd & Zmich, 1991). En cuanto a la gestión conjunta, aunque podían formarse alianzas entre la persona adolescente y la figura parental más permisiva, las figuras parentales expresaban su deseo de evitar los conflictos entre ellas delante de sus hijas e hijos, lo que resulta beneficioso para adolescentes (Grych et al., 2004). Este estudio saca así a la luz beneficios y retos coparentales específicos de las prácticas de crianza contemporáneas, como equilibrar la división del trabajo y alcanzar un consenso sobre las estrategias de crianza.

Nuestros resultados globales sobre los roles parentales y la coordinación dentro de la relación coparental se sitúan en el contexto específico de Suiza, un país caracterizado por una fuerte competitividad económica y por un enfoque tradicionalmente conservador de la política familiar (Norgesklubben, 2018). La prosperidad económica permite a las familias practicar y sostener el cultivo concertado, al tiempo que se pone el acento en la autonomía y la competitividad, como se ha señalado. Sin embargo, las políticas familiares, como el permiso parental para los padres y el acceso a servicios de cuidado infantil, siguen siendo limitadas. En consecuencia, son las madres quienes se encargan con más frecuencia de las tareas domésticas (60% de las madres frente al 6% de los padres) y del cuidado de hijas e hijos (48% de las madres frente al 6% de los padres; Federal Statistical Office, 2019, 2024). Aunque los padres dicen implicarse más que sus propios progenitores, las madres siguen considerándose las principales cuidadoras, lo que refuerza la complementariedad en la coordinación entre ambas figuras parentales y limita una implicación igualitaria.

Por último, consideramos importante destacar los puntos fuertes del análisis diádico para comprender la pareja parental. En primer lugar, como expusieron Eisikovits y Koren (2010), este método recoge la experiencia subjetiva de cada persona sin perder de vista el contexto diádico más amplio. También ofrece una comprensión más matizada y compleja de cómo se despliegan las dinámicas dentro de la pareja. De hecho, al analizar lo que se expresa tanto individualmente como en tanto que pareja, es posible examinar el contenido en los planos personal y relacional. En este estudio, aunque los roles parecían a menudo establecidos, las figuras parentales compartían en general un relato común y coconstruían sus representaciones de la parentalidad. Así, aunque las normas y los rituales suelen establecerse en común, cada figura parental puede matizar su sentido y su validez. Además, aunque críen juntas a la misma hija o al mismo hijo, pueden interpretar de manera distinta sus roles parentales y atribuir significados diferentes a su coordinación parental.

Implicaciones prácticas

Examinar los relatos de las figuras parentales aporta elementos valiosos para comprender los procesos de crianza y de coparentalidad durante la adolescencia. Nuestros hallazgos revelan que tanto madres como padres pueden experimentar una tensión entre las normas contemporáneas en torno a la parentalidad y la necesidad de apoyar la autonomía de su adolescente durante este periodo del desarrollo. Dado que se sabe que la culpa y la presión repercuten negativamente en la crianza (Venard et al., 2024; Wall, 2010), es crucial explorar estrategias que ayuden a las familias a afrontar eficazmente estos retos. Además, la presente contribución ofrece elementos valiosos sobre las dinámicas coparentales, que pueden ayudar a profesionales de la clínica a desarrollar intervenciones más personalizadas y eficaces que tengan en cuenta tanto estas dinámicas coparentales como el género parental. En efecto, los resultados de este estudio subrayan la importancia de comprender las dinámicas de género, de abordar el papel de los contextos sociales y culturales y de abogar por el cambio social. Aunque las figuras parentales comparten a menudo valores fundamentales y una identidad familiar común —por ejemplo, a través de los rituales familiares—, ámbitos clave como la división del trabajo y los acuerdos sobre la crianza requieren atención para mejorar las dinámicas coparentales. Como señalaron Feinberg et al. (2012), las cuestiones no resueltas en estos ámbitos pueden obstaculizar la cooperación y la satisfacción dentro de la relación coparental, lo que a la larga puede traducirse en estrategias de crianza poco adecuadas (p. ej., Albert Sznitman et al., 2019). Además, las normas sociales interiorizadas pueden acentuar las discrepancias entre los miembros de la pareja y generar frustración cuando uno de ellos percibe como inadecuada la complementariedad de sus roles. Por ello, es esencial que la o el terapeuta aborde estas dinámicas para favorecer una relación coparental más equilibrada y solidaria. Asimismo, la aplicación de políticas más favorables a las familias podría ayudar a atenuar las disparidades que suelen surgir en la transición a la parentalidad (de Laat et al., 2023; Faircloth, 2021). Por ejemplo, la introducción de permisos parentales retribuidos, generosos e intransferibles tanto para las madres como para los padres favorecería un reparto de los cuidados y ayudaría a cuestionar los roles de género tradicionales. Medidas complementarias, como la flexibilidad laboral y el acceso a servicios de cuidado infantil asequibles y de calidad, pueden aliviar aún más las presiones profesionales y económicas que soportan las familias, en particular las madres (de Laat et al., 2023).

Limitaciones e investigación futura

Aunque este estudio cualitativo contribuye a profundizar en nuestra comprensión de cómo las figuras parentales perciben su papel ante las normas contemporáneas de crianza y de cómo dan sentido a su coordinación dentro de la pareja coparental, deben mencionarse varias limitaciones. En primer lugar, la muestra estaba compuesta por madres y padres suizos residentes en una misma zona de Suiza. La investigación futura debería entrevistar a figuras parentales de distintos contextos socioculturales, en los que puede haber visiones diferentes de las relaciones entre progenitores y adolescentes y de la coparentalidad (Lansford, 2022; Norgesklubben, 2018). Además, nuestra muestra incluía cuatro parejas de progenitores biológicos, una pareja de familia reconstituida y una pareja del mismo sexo. Aunque creemos que esta composición refleja fielmente la diversidad de las familias suizas, reconocemos la posibilidad de un sesgo de muestreo. Así, mientras algunos estudios muestran que la implicación de los padrastros es en general similar a la de los padres (Adamsons et al., 2007), otros muestran que se implican menos (Schwartz & Finley, 2006). En cuanto a las parejas del mismo sexo, aunque nuestro caso concreto no lo reflejara necesariamente, la investigación sugiere que el reparto de tareas en estas parejas es en general más igualitario que en las parejas de distinto sexo (Goldberg, 2013), lo que puede haber influido en nuestros hallazgos sobre la coordinación parental. Por último, este estudio no tuvo en cuenta el género de la persona adolescente y abordó las prácticas de crianza de forma más general. Aunque algunos estudios solo encuentran diferencias menores en función del género (Endendijk et al., 2016), otros sugieren que los enfoques parentales varían a menudo según el género de la persona adolescente (Mesman & Groeneveld, 2018). Por ejemplo, en el ámbito de la sexualidad, las figuras parentales tienden a adoptar actitudes más restrictivas con las hijas que con los hijos (Endendijk et al., 2020), aunque los hallazgos en este terreno siguen siendo dispares y dependientes del contexto (Lamprianidou, Venard, et al., 2025).

Desde un punto de vista metodológico, aunque las entrevistas individuales aportan valiosas perspectivas personales, presentan ciertas limitaciones (Reczek, 2014). Las entrevistas realizadas con un miembro de la familia pueden influir involuntariamente en las respuestas de las personas entrevistadas después, ya que las interacciones previas pueden introducir sesgos e influir en los relatos personales. Este riesgo de contaminación podría restringir la autenticidad y la fiabilidad de los datos, limitando así la capacidad de las entrevistas individuales para captar plenamente dinámicas familiares complejas. Además, las entrevistas individuales no permiten captar dinámicas relacionales que podrían observarse en la interacción directa entre las personas. La investigación futura podría beneficiarse de entrevistas diádicas o familiares que incluyan a adolescentes, lo que permitiría construir un relato familiar colectivo. Un enfoque así podría revelar perspectivas divergentes o complementarias dentro de la familia y mejorar la comprensión de las dinámicas familiares cotidianas.

CONCLUSIÓN

Las expectativas sociales en torno a la crianza tienen cada vez más presencia en los medios y pueden influir en cómo las parejas parentales hablan de sus roles y de su coordinación. En nuestro estudio adoptamos un enfoque socioconstructivista para comprender mejor estas cuestiones. Los hallazgos revelan que las figuras parentales mantienen ciertas expectativas sobre sí mismas y sobre sus hijas e hijos que se ajustan a las normas de la crianza intensiva. Además, se mostraban sensibles a la autonomía de su adolescente, salvo en los estudios y las redes sociales, ámbitos en los que la atención sigue siendo mayor. En cuanto al significado que atribuyen a su coordinación parental, nuestros hallazgos indican que ven su familia más como complementaria que como igualitaria, lo que puede conllevar dificultades, en particular para las madres. No obstante, el deseo de formar un equipo cohesionado prevalece sobre otras preocupaciones. En conjunto, las figuras parentales coconstruyen su papel parental, guiadas por las normas sociales y por sus interacciones con su pareja y con su adolescente.

Complexe Systémique: puntos clave

Lo que las madres y los padres llaman «complementariedad», quien practica la terapia sistémica lo reconocerá como una relación complementaria en el sentido de Bateson: una persona hace de «poli malo», la otra de «poli bueno», y el reparto puede quedar fijado. El valor del estudio reside en sus entrevistas por separado: cada miembro de la pareja cuenta a su manera la historia del mismo equipo, y la diferencia se convierte en material clínico. Muestra la carga mental de las madres, un ideal de equipo que encubre la desigualdad, la culpa que produce la crianza intensiva y una coalición silenciosa cuando un padre suaviza, a posteriori, una norma fijada por la madre. La pareja del mismo sexo recuerda que la complementariedad no es solo una cuestión de género. En las sesiones se pueden cuestionar estos roles, rituales como la comida compartida y el espacio que se deja a la autonomía de la persona joven. Los límites son claros: seis parejas de la Suiza francófona, reclutadas en parte a través de la red de la primera autora, sin la voz de adolescentes, y declaraciones traducidas del francés al inglés. Puede leerse junto con el artículo sobre la pareja entre conyugalidad y parentalidad y el estudio de Lausana sobre la terapia de pareja breve para madres y padres.

Notas del original

Agradecimientos. Publicación en acceso abierto facilitada por la Universite de Lausanne, en el marco del acuerdo Wiley - Universite de Lausanne a través del Consortium Of Swiss Academic Libraries.

Referencias

Adamsons, K., O'Brien, M., & Pasley, K. (2007). An ecological approach to father involvement in biological and stepfather families. Fathering, 5(2), 129–147. https://doi.org/10.3149/fth.0502.129

Albert Sznitman, G., Van Petegem, S., & Zimmermann, G. (2019). Exposing the role of coparenting and parenting for adolescent personal identity processes. Journal of Social and Personal Relationships, 36(4), 1233–1255. https://doi.org/10.1177/0265407518757707

Allen, S. M., & Hawkins, A. J. (1999). Maternal gatekeeping: Mothers' beliefs and behaviors that inhibit greater father involvement in family work. Journal of Marriage and the Family, 61(1), 199–212. https://doi.org/10.2307/353894

Autret, M., & van Eeden-Moorefield, B. (2024). An autoethnographic dialogue with motherhood literature. The Qualitative Report, 29(1), 1–25. https://doi.org/10.46743/2160-3715/2024.6290

Barbeta-Viñas, M., & Cano, T. (2017). Toward a new model of fatherhood? Discourses on the process of paternal involvement in urban Spain. Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 159(159), 13–29. https://doi.org/10.5477/cis/reis.159.13

Biggerstaff, D. (2012). Qualitative research methods in psychology. In G. Rossi (Ed.), Psychology: Selected papers (pp. 175–206). InTech.

Blair-Loy, M., & Jacobs, J. A. (2003). Globalization, work hours, and the care deficit among stockbrokers. Gender & Society, 17(2), 230–249. https://doi.org/10.1177/0891243202250777

Boat, A. A., Hirano, K. A., & Roehlkepartain, E. (2025). Parent and adolescent perceptions of parent–child developmental relationships: The role of family routines. Family Relations, 74(1), 395–411. https://doi.org/10.1111/fare.13107

Bonds, D. D., & Gondoli, D. M. (2007). Examining the process by which marital adjustment affects maternal warmth: The role of coparenting support as a mediator. Journal of Family Psychology, 21(2), 288–296. https://doi.org/10.1037/0893-3200.21.2.288

Braun, V., & Clarke, V. (2019). Reflecting on reflexive thematic analysis. Qualitative Research in Sport, Exercise and Health, 11(4), 589–597. https://doi.org/10.1080/2159676X.2019.1628806

Braun, V., & Clarke, V. (2021). One size fits all? What counts as quality practice in (reflexive) thematic analysis? Qualitative Research in Psychology, 18(3), 328–352. https://doi.org/10.1080/14780887.2020.1769238

Brenton, J. (2017). The limits of intensive feeding: Maternal foodwork at the intersections of race, class, and gender. Sociology of Health & Illness, 39(6), 863–877. https://doi.org/10.1111/1467-9566.12547

Brugeilles, C., & Sebille, P. (2015). Fathers' and mothers' involvement in parental tasks: An unequal division. In A. Régnier-Loilier (Ed.), The contemporary family in France: Partnership trajectories and domestic organization (pp. 203–225). INED Editions. https://doi.org/10.1007/978-3-319-09528-8_10

Calarco, J. M., Meanwell, E., Anderson, E. M., & Knopf, A. S. (2021). By default: How mothers in different-sex dual-earner couples account for inequalities in pandemic parenting. Socius, 7. https://doi.org/10.1177/23780231211038783

Can, A. (2023). Examination of parents' opinions on the career expectations of their children. Journal of Career Review, 2(1), 12–22. https://doi.org/10.5281/zenodo.1043557520

Carlson, M. J., & Högnäs, R. S. (2011). Coparenting in fragile families: Understanding how parents work together after a nonmarital birth. In J. P. McHale & K. M. Lindahl (Eds.), Coparenting: A conceptual and clinical examination of family systems (pp. 81–103). American Psychological Association. https://doi.org/10.1037/12328-004

Church, S. P., Dunn, M., & Prokopy, L. S. (2019). Benefits to qualitative data quality with multiple coders: Two case studies in multi-coder data analysis. Journal of Rural Social Sciences, 34(1), Article 2. https://egrove.olemiss.edu/jrss/vol34/iss1/2

Collier, R., & Sheldon, S. (2008). Fragmenting fatherhood: A socio-legal study. Bloomsbury Publishing.

Daminger, A. (2019). The cognitive dimension of household labor. American Sociological Review, 84(4), 609–633. https://doi.org/10.1177/0003122419859007

Darling, N., & Steinberg, L. (2017). Parenting style as context: An integrative model. In L. P. Nucci, D. Narváez, & T. Krettenauer (Eds.), Interpersonal development (pp. 161–170). Routledge. https://doi.org/10.4324/9781351153683-8

de Laat, K., Doucet, A., & Gerhardt, A. (2023). More than employment policies? Parental leaves, flexible work and fathers' participation in unpaid care work. Community, Work & Family, 26(5), 562–584. https://doi.org/10.1080/13668803.2023.2271646

del Rio Carral, M. (2014). Focusing on “a day in the life”: An activity-based method for the qualitative analysis of psychological phenomena. Qualitative Research in Psychology, 11(3), 298–315. https://doi.org/10.1080/14780887.2014.902525

Dermott, E. (2003). The ‘intimate father’: Defining paternal involvement. Sociological Research Online, 8(4), 28–38. https://doi.org/10.5153/sro.859

Dermott, E. (2008). Intimate fatherhood. Routledge.

Eira Nunes, C., Lamprianidou, E.-A., Zimmer-Gembeck, M. J., & Van Petegem, S. (2025). The relations between parents' gender equality values and (co)parenting: Examining actor-partner effects in an Australian community sample. Journal of Family Issues, 46(1), 3–25. https://doi.org/10.1177/0192513X241236552

Eisikovits, Z., & Koren, C. (2010). Approaches to and outcomes of dyadic interview analysis. Qualitative Health Research, 20(12), 1642–1655. https://doi.org/10.1177/1049732310376520

Endendijk, J. J., Groeneveld, M. G., Bakermans-Kranenburg, M. J., & Mesman, J. (2016). Gender-differentiated parenting revisited: Meta-analysis reveals very few differences in parental control of boys and girls. PLoS One, 11(7), Article e0159193. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0159193

Endendijk, J. J., van Baar, A. L., & Deković, M. (2020). He is a stud, she is a slut! A meta-analysis on the continued existence of sexual double standards. Personality and Social Psychology Review, 24(2), 163–190. https://doi.org/10.1177/1088868319891310

Ennis, L. R. (2014). Intensive mothering: The cultural contradictions of modern motherhood. Demeter Press.

Esterberg, K. (2002). Qualitative methods in social research. McGraw.

Faircloth, C. (2021). When equal partners become unequal parents: Couple relationships and intensive parenting culture. Families, Relationships and Societies, 10(2), 231–248. https://doi.org/10.1332/204674319X15761552010506

Faircloth, C. (2023). Intensive parenting and the expansion of parenting. In E. Lee, J. Bristow, & C. Faircloth (Eds.), Parenting culture studies (pp. 33–67). Springer International Publishing. https://doi.org/10.1007/978-3-031-44156-1_2

Federal Statistical Office. (2019). Population and households statistics – Results 2019. https://www.bfs.admin.ch/bfs/en/home/statistiken/wirtschaftliche-soziale-situation-bevoelkerung/einkommen-verbrauch-vermoegen/haushaltsbudget.html

Federal Statistical Office. (2024). Gender equality in Switzerland. https://genderequality.bfs.admin.ch/en/

Feinberg, M. (2003). The internal structure and ecological context of co-parenting: A framework for research and intervention. Parenting: Science and Practice, 3(2), 95–131. https://doi.org/10.1207/S15327922PAR0302_01

Feinberg, M. E., Brown, L. D., & Kan, M. L. (2012). A multi-domain self-report measure of co-parenting. Parenting: Science and Practice, 12(1), 1–21. https://doi.org/10.1080/15295192.2012.638870

Feinberg, M. E., Kan, M. L., & Hetherington, E. M. (2007). The longitudinal influence of coparenting conflict on parental negativity and adolescent maladjustment. Journal of Marriage and Family, 69(3), 687–702. https://doi.org/10.1111/j.1741-3737.2007.00400.x

Floyd, F. J., & Zmich, D. E. (1991). Marriage and the parenting partnership: Perceptions and interactions of parents with mentally retarded and typically developing children. Child Development, 62(6), 1434–1448. https://doi.org/10.2307/1130817

Forbes, L. K., Donovan, C., & Lamar, M. R. (2020). Differences in intensive parenting attitudes and gender norms among U.S. mothers. The Family Journal, 28(1), 63–71. https://doi.org/10.1177/1066480719893964

Frisco, M. L., & Williams, K. (2003). Perceived housework equity, marital happiness, and divorce in dual-earner households. Journal of Family Issues, 24(1), 51–73. https://doi.org/10.1177/0192513X02238520

Garcia, R. (2022). Exploring the domestic division of labor when both parents are involuntarily working from home: The effects of the UK COVID pandemic. Gender, Work & Organization, 29(4), 1065–1081. https://doi.org/10.1111/gwao.12796

Gaunt, R., & Deutsch, F. M. (2024). Mother's instinct? Biological essentialism and parents' involvement in work and childcare. Sex Roles, 90(2), 267–279. https://doi.org/10.1007/s11199-024-01451-8

Goldberg, A. E. (2013). “Doing” and “undoing” gender: The meaning and division of housework in same-sex couples. Journal of Family Theory & Review, 5(2), 85–104. https://doi.org/10.1111/jftr.12009

Grych, J. H., Raynor, S. R., & Fosco, G. M. (2004). Family processes that shape the impact of interparental conflict on adolescents. Development and Psychopathology, 16(3), 649–665. https://doi.org/10.1017/S0954579404004717

Harrington, B., Van Deusen, F., & Humberd, B. (2011). The new dad: Caring, committed, and conflicted. Boston College Center for Work and Family.

Haupt, A., & Gelbgiser, D. (2024). The gendered division of cognitive household labor, mental load, and family–work conflict in European countries. European Societies, 26(3), 828–854. https://doi.org/10.1080/14616696.2023.2271963

Hays, S. (1996). The cultural contradictions of motherhood. Yale University Press.

Kangas, E., Lämsä, A. M., & Jyrkinen, M. (2019). Is fatherhood allowed? Media discourses of fatherhood in organizational life. Gender, Work and Organization, 26(10), 1433–1450. https://doi.org/10.1111/gwao.12352

Kawamoto, M., Koizumi, M. & Yoshikane, F. (2023). Proposal of a qualitative content analysis process for a solo researcher. Libri, 73(2), 139–152. https://doi.org/10.1515/libri-2022-0068

Lamprianidou, E.-A., Eira Nunes, C., Antonietti, J.-P., & Van Petegem, S. (2025). Intensive parenting among mothers and fathers: Identifying profiles and examining differences in parental involvement. Journal of Family Psychology, 39(5), 675–686. https://doi.org/10.1037/fam0001283

Lamprianidou, E.-A., Venard, G., del Rio Carral, M., Zimmermann, G., & Van Petegem, S. (2025). When sexting becomes “sexteen”: Exploring parental representations and regulations of adolescent sexting. Sexuality & Culture, 29(3), 1232–1259. https://doi.org/10.1007/s12119-025-10321-8

Lansford, J. E. (2022). Annual research review: Cross-cultural similarities and differences in parenting. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 63(4), 466–479. https://doi.org/10.1111/jcpp.13539

Lareau, A. (2018). Unequal childhoods: Class, race, and family life. In D. B. Grusky & J. Hill (Eds.), Inequality in the 21st century (pp. 444–451). Routledge. https://doi.org/10.4324/9780429499821-75

Lee, E. (2023). Experts and parenting culture. In E. Lee, J. Bristow, & C. Faircloth (Eds.), Parenting culture studies (pp. 69–97). Springer International Publishing. https://doi.org/10.1007/978-3-031-44156-1_3

Lee, E., Bristow, J., Faircloth, C., & Macvarish, J. (2024). Parenting culture studies. Palgrave Macmillan. https://doi.org/10.1007/978-3-031-44156-1_15

Le Moal, F. (2024). Mealtime emotion work: Gendered politics of care and power at the table. Journal of Marriage and Family, 86(4), 838–866. https://doi.org/10.1111/jomf.12975

Lincoln, Y. S., & Guba, E. G. (1985). Naturalistic inquiry. Sage.

Martin, C., & Leloup, X. (2020). La parentalisation du social [The parentalization of the social]. Lien social et Politiques, 85, 5–18. https://doi.org/10.7202/1073739ar

Mastrotheodoros, S., Van Der Graaff, J., Deković, M., Meeus, W. H. J., & Branje, S. J. T. (2019). Coming closer in adolescence: Convergence in mother, father, and adolescent reports of parenting. Journal of Research on Adolescence, 29(4), 846–862. https://doi.org/10.1111/jora.12417

McGill, B. S. (2014). Navigating new norms of involved fatherhood: Employment, fathering attitudes, and father involvement. Journal of Family Issues, 35(8), 1089–1106. https://doi.org/10.1177/0192513X14522247

McHale, J. P., & Irace, K. (2011). Coparenting in diverse family systems. In J. P. McHale & K. M. Lindahl (Eds.), Coparenting: A conceptual and clinical examination of family systems (pp. 15–37). American Psychological Association.

Meeussen, L., Van Laar, C., & Van Grootel, S. (2020). How to foster male engagement in traditionally female communal roles and occupations: Insights from research on gender norms and precarious manhood. Social Issues and Policy Review, 14(1), 297–328. https://doi.org/10.1111/sipr.12060

Mesman, J., & Groeneveld, M. G. (2018). Gendered parenting in early childhood: Subtle but unmistakable if you know where to look. Child Development Perspectives, 12(1), 22–27. https://doi.org/10.1111/cdep.12250

Milkie, M. A., & Warner, C. H. (2014). Status safeguarding: Mothers' work to secure children's place in the social hierarchy. In L. R. Ennis (Ed.), Intensive mothering: The cultural contradictions of modern motherhood (pp. 65–88). Demeter Press.

Miller, C. C. (2018, December 25). The relentlessness of modern parenting. The New York Times. https://www.nytimes.com/2018/12/25/upshot/the-relentlessness-of-modern-parenting.html

Minuchin, S. (1974). Familles et thérapie de la famille [Families and family's therapy]. Éditions Desclée de Brouwer.

Norgesklubben. (2018). Culture and workplace values in Switzerland and the Nordics. https://www.norgesklubben.ch/culture-and-workplace-values-in-switzerland-and-the-nordics/

Phares, V., Fields, S., & Kamboukos, D. (2009). Fathers' and mothers' involvement with their adolescents. Journal of Child and Family Studies, 18, 1–9. https://doi.org/10.1007/s10826-008-9200-7

Pinquart, M. (2017). Associations of parenting dimensions and styles with externalizing problems of children and adolescents: An updated meta-analysis. Developmental Psychology, 53(5), 873–892. https://doi.org/10.1037/dev0000295

QSR International. (2023). NVivo (Version 14) [Computer software]. https://www.qsrinternational.com/nvivo-qualitative-data-analysis-software

Rageliene, T. (2016). Links of adolescents' identity development and relationship with peers: A systematic literature review. Journal of the Canadian Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 25(2), 97–105.

Reczek, C. (2014). Conducting a multi family member interview study. Family Process, 53(2), 318–335. https://doi.org/10.1111/famp.12060

Riina, E. M., & McHale, S. M. (2014). Bidirectional influences between dimensions of coparenting and adolescent adjustment. Journal of Youth and Adolescence, 43, 257–269. https://doi.org/10.1007/s10964-013-9940-6

Scheibling, C., & Milkie, M. A. (2023). Shifting toward intensive parenting culture? A comparative analysis of top mommy blogs and dad blogs. Family Relations, 72(2), 495–514. https://doi.org/10.1111/fare.12824

Schwartz, S. J., & Finley, G. E. (2006). Father involvement, nurturant fathering, and young adult psychosocial functioning: Differences among adoptive, adoptive stepfather, and nonadoptive stepfamilies. Journal of Family Issues, 27(5), 712–731. https://doi.org/10.1177/0192513X05284003

Shirani, F., Henwood, K., & Coltart, C. (2012). Meeting the challenges of intensive parenting culture: Gender, risk management and the moral parent. Sociology, 46(1), 25–40. https://doi.org/10.1177/0038038511416169

Silverstein, L. B., & Auerbach, C. F. (1999). Deconstructing the essential father. American Psychologist, 54(6), 397–407. https://doi.org/10.1037/0003-066X.54.6.397

Smetana, J. G., Robinson, J., & Rote, W. M. (2015). Socialization in adolescence. In J. E. Grusec & P. D. Hastings (Eds.), Handbook of socialization: Theory and research ( 2nd ed., pp. 66–84). The Guilford Press.

Smetana, J. G., & Rote, W. M. (2019). Adolescent–parent relationships: Progress, processes, and prospects. Annual Review of Developmental Psychology, 1(1), 41–68. https://doi.org/10.1146/annurev-devpsych-121318-084903

Spagnola, M., & Fiese, B. H. (2007). Family routines and rituals: A context for development in the lives of young children. Infants & Young Children, 20(4), 284–299. https://doi.org/10.1097/01.IYC.0000290352.32170.5a

Stamp, G. H. (1994). The appropriation of the parental role through communication during the transition to parenthood. Communication Monographs, 61(2), 89–112. https://doi.org/10.1080/03637759409376327

Summers, J. A., Raikes, H., Butler, J., Spicer, P., Pan, B., Shaw, S., Langager, M., McAllister, C., & Johnson, M. K. (1999). Low-income fathers' and mothers' perceptions of the father role: A qualitative study in four early head start communities. Infant Mental Health Journal, 20(3), 291–304. https://doi.org/10.1002/(SICI)1097-0355(199923)20:3%3C291::AID-IMHJ6%3E3.0.CO;2-G

Thomasgard, M., Metz, W. P., Edelbrock, C., & Shonkoff, J. P. (1995). Parent-child relationship disorders. Part I. Parental overprotection and the development of the Parent Protection Scale. Journal of Developmental & Behavioral Pediatrics, 16(4), 244–250. https://doi.org/10.1097/00004703-199508000-00006

Van Petegem, S., Antonietti, J. P., Eira Nunes, C., Kins, E., & Soenens, B. (2020). The relationship between maternal overprotection, adolescent internalizing and externalizing problems, and psychological need frustration: A multi-informant study using response surface analysis. Journal of Youth and Adolescence, 49(2), 162–177. https://doi.org/10.1007/s10964-019-01126-8

Van Petegem, S., Vansteenkiste, M., & Beyers, W. (2013). The jingle–jangle fallacy in adolescent autonomy in the family: In search of an underlying structure. Journal of Youth and Adolescence, 42, 994–1014. https://doi.org/10.1007/s10964-012-9847-7

Venard, G., Brito, V. P., Eeckhout, P., Zimmermann, G., & Van Petegem, S. (2023). Quand le parent veut trop bien faire: État de la littérature sur le phénomène de surprotection parentale [When the parent wants to do too well: State of art on the phenomenon of parental overprotection]. Psychologie Française, 68(2), 247–260. https://doi.org/10.1016/j.psfr.2021.11.001

Venard, G., Zimmermann, G., Antonietti, J.-P., Nunes, C. E., & Van Petegem, S. (2024). Parenting under pressure: Associations between perceived social pressure and parental involvement among mothers and fathers. Journal of Child and Family Studies, 33(12), 3813–3825. https://doi.org/10.1007/s10826-024-02945-5

Verniers, C., Bonnot, V., & Assilaméhou-Kunz, Y. (2022). Intensive mothering and the perpetuation of gender inequality: Evidence from a mixed methods research. Acta Psychologica, 227, Article 103614. https://doi.org/10.1016/j.actpsy.2022.103614

Wall, G. (2010). Mothers' experiences with intensive parenting and brain development discourse. Women's Studies International Forum, 33(3), 253–263. https://doi.org/10.1016/j.wsif.2010.02.019

West, C., & Zimmerman, D. H. (1987). Doing gender. Gender & Society, 1(2), 125–151. https://doi.org/10.1177/0891243287001002002

Wolin, S. J., & Bennett, L. A. (1984). Family rituals. Family Process, 23(3), 401–420. https://doi.org/10.1111/j.1545-5300.1984.00401.x

Wuyts, D., Vansteenkiste, M., Soenens, B., & Assor, A. (2015). An examination of the dynamics involved in parental child-invested contingent self-esteem. Parenting, 15(2), 55–74. https://doi.org/10.1080/15295192.2015.1020135

Zimmer-Gembeck, M. J., Van Petegem, S., & Collins, W. A. (2018). Development of autonomy. In J. Stein (Ed.), Reference module in neuroscience and biobehavioral psychology (pp. 66–79). Elsevier.

Zimmermann, G., Antonietti, J.-P., Sznitman, G. A., Van Petegem, S., & Darwiche, J. (2022). The French version of the coparenting inventory for parents and adolescents (CI-PA): Psychometric properties and a cluster analytic approach. Journal of Family Studies, 28(2), 652–677. https://doi.org/10.1080/13229400.2020.1749714

Zimmermann, G., Carvalhosa, M. B., Sznitman, G. A., Van Petegem, S., Baudat, S., Darwiche, J., Antonietti, J.-P., & Clémence, A. (2017). Conduites à risque à l'adolescence: Manifestations typiques de construction de l'identité? [Risk behaviors in adolescence: Typical developmental manifestations of identity construction]. Enfance, 2(2), 239–261. https://doi.org/10.4074/S0013754517002051

Traducción no oficial al español de Contemporary parenting norms and coparenting coordination: Exploring narratives of parents of adolescents, de Gaëlle Venard, Elli-Anastasia Lamprianidou, Cindy Eira Nunes, Maria del Rio Carral, Stijn Van Petegem y Grégoire Zimmermann, Family Relations, vol. 75, n.o 1 (2026), doi: 10.1111/fare.70075, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Este es el artículo original «Contemporary parenting norms and coparenting coordination: Exploring narratives of parents of adolescents», publicado en Family Relations (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido al español por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: traducción no oficial, adaptada para su lectura en línea, como se indica al principio de esta página.

Leer el artículo original

Cómo citar este artículo

Venard, G., Lamprianidou, E.-A., Eira Nunes, C., del Rio Carral, M., Van Petegem, S., y Zimmermann, G. (2026). Contemporary parenting norms and coparenting coordination: Exploring narratives of parents of adolescents. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/contemporary-parenting-norms-and-coparenting-coordination-exploring-narratives-of-parents (Obra original publicada en 2025 en Family Relations, 75(1), 277-300 (2026); republicada en 2026 por Family Relations, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/fare.70075)

Carrito

Su carrito está vacío.