Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Family Relations · Familia

«El padre liminal»: un estudio cualitativo sobre las experiencias de hombres con un padre encarcelado

Seis hombres de entre 30 y 66 años describen lo que el encarcelamiento de su padre provocó en sus vidas. A través de tres entrevistas de orientación psicoanalítica con cada uno de ellos, el equipo de Senan Tuohy-Hamill saca a la luz un padre «liminal», ni del todo presente ni del todo ausente, un dolor mantenido a distancia, un estigma duradero y la necesidad de crecer demasiado deprisa.

Autoría Senan Tuohy‐Hamill y John O’Connor (School of Psychology, Trinity College Dublin), Paul Murphy (New Directions – Supporting the Families of Prisoners, Dublín), IrlandaPrimera publicación Family Relations, 10 de agosto de 2026Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de “The Liminal Father”: A qualitative study exploring men's experiences of paternal imprisonment, de Senan Tuohy‐Hamill, John O’Connor y Paul Murphy, publicado en Family Relations (Wiley) (2026), doi: 10.1111/fare.70224, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla se presenta en forma de lista. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

El encarcelamiento del padre puede vivirse como un tipo de pérdida que tiñe con fuerza la vida emocional y la trayectoria de los hijos varones a medida que se hacen adultos.

Senan Tuohy‐Hamill, John O’Connor y Paul Murphy

Resumen

Objetivo. Este estudio exploró la experiencia vivida de crecer con un padre encarcelado, desde la perspectiva de los hijos ya adultos.

Antecedentes. La investigación previa ha mostrado que el encarcelamiento del padre tiene un impacto significativo en el bienestar emocional de los hijos que se quedan fuera. Sin embargo, hay poca investigación que examine las implicaciones a largo plazo de esta experiencia desde la perspectiva del hijo adulto.

Método. En esta investigación cualitativa participaron seis hombres de entre 30 y 66 años, con tres entrevistas de aproximadamente una hora por participante, guiadas por principios psicoanalíticos. Los datos recogidos y analizados incluían el contenido verbal, las respuestas emocionales y la comunicación no verbal, considerados en relación con el contexto del encuentro relacional entre la persona entrevistadora y la entrevistada.

Resultados. Se identificaron cuatro temas: «El padre liminal: la ausencia dolorosa y la presencia psicológica»; «Custodiar el interior: lidiar con el dolor emocional y las estrategias de distanciamiento»; «Empujados a los márgenes: afrontar el estigma carcelario y elaborar el rechazo social»; y «Salir adelante a pulso: perder la inocencia y crear sentido». Los participantes describieron los efectos de onda, de oleada e incluso de tsunami del encarcelamiento de su padre. Esto incluía la manera en que vivieron a su padre como una presencia liminal durante el encarcelamiento y después de él, su recurso a procesos psicológicos autoprotectores o defensivos y el modo en que incorporaron esta experiencia a su sentido de sí mismos o a su identidad en construcción.

Conclusión. El encarcelamiento del padre puede vivirse como un tipo de pérdida que tiñe con fuerza la vida emocional y la trayectoria de los hijos varones a medida que se hacen adultos.

Implicaciones. Las visitas en prisión deberían favorecer más el vínculo entre padre e hijo, por ejemplo aumentando las oportunidades de contacto fuera de la sala de visitas.

La literatura reconoce ampliamente que el encarcelamiento del padre tiene efectos en cadena sobre la vida de la infancia y de las familias que se quedan fuera (p. ej., Arditti & Johnson, 2022; Besemer et al., 2019; Breen, 2008; Gilani, 2020; Lee & Wildeman, 2021; Luk et al., 2023; Murray & Farrington, 2008; Poehlmann-Tynan & Turney, 2021; Venema et al., 2022; Zhang & Flynn, 2025), y se considera una experiencia adversa en la infancia (Felitti et al., 1998) que conduce a una mayor sensación de amenaza, a la hipervigilancia y a relaciones sociales disfuncionales (Miller et al., 2011). Según las estadísticas de Children of Prisoners Europe (2021), unos 680 000 niños y niñas están separados de su padre a causa de su encarcelamiento en Europa, lo que indica que un número considerable de menores corre el riesgo de sufrir malos resultados de salud física y mental a largo plazo. Estos resultados pueden estar influidos por las expectativas y normas en torno a la paternidad, ya que a menudo son los estándares y expectativas de origen cultural sobre quién es un padre y qué hace los que determinan cómo vive la infancia su ausencia.

Normas y prácticas de la paternidad

Es importante esbozar brevemente una comprensión de las normas y prácticas de la paternidad para considerar cómo el hecho de no cumplirlas, a causa del encarcelamiento, influye en el bienestar emocional de la criatura. Estas normas pueden variar y van desde las masculinidades del sustento económico, quizá asociadas a la masculinidad hegemónica, hasta masculinidades más afectivas y de cuidado, que implican estar presente, apoyar a la madre e implicarse más emocionalmente que los padres de generaciones anteriores (Dermott, 2014; Hanlon, 2012). Cuando los padres no están a la altura de los estándares de su descendencia, moldeados por las expectativas sociales y culturales, la infancia puede vivirlo como algo traumático (Brown-Weinstock et al., 2023). Los padres biológicos pueden no llegar a ganarse el estatus de «padre» a ojos de su descendencia si no cumplen con las obligaciones que se esperan de ellos (Brown-Weinstock et al., 2023). A menudo se presenta a los padres como esenciales para el bienestar de su descendencia (Randles, 2020), lo que refleja una ideología esencialista de género vinculada a la expectativa de ciertos comportamientos y prácticas. Sin embargo, esta visión esencialista no está bien fundamentada (Randles, 2020) y no presta atención a los factores más amplios de raza, clase y marginación en las consecuencias de tener un padre encarcelado. Pero lo que parece importar aquí es que la sociedad y las familias a menudo presentan o ven al padre como esencial para el bienestar de la criatura, lo que a su vez influirá en la manera de vivir su ausencia por encarcelamiento, sea o no el padre realmente esencial para el desarrollo infantil.

Aunque las concepciones culturales de la paternidad tienden a ver a los padres cada vez más implicados en la vida de su descendencia, esto no siempre se refleja en las prácticas reales de la paternidad (Dermott, 2014). Es probable que la tensión que genera esta contradicción acentúe el dolor de la separación del padre a causa del encarcelamiento, ensanchando la distancia entre los ideales y la realidad. Incluso en los padres que desean implicarse más y asumir un papel más de cuidado, los roles parentales más tradicionales pueden tender a imponerse, agravados por factores sociales más amplios como las exigencias laborales y unas opciones de permiso de paternidad deficientes (Miller, 2010), lo que sugiere que los padres siguen construyendo su identidad paterna en torno a la idea central de ser proveedores.

La paternidad no puede entenderse al margen de las construcciones de la masculinidad y de cómo estas se entrelazan con las concepciones del cuidado. Los padres (y los hombres en general) heredan modelos de masculinidad hegemónica, centrados en la asertividad, la agresividad, el estoicismo y la dominación sobre las mujeres (Connell & Messerschmidt, 2005). Los padres han mostrado la posibilidad de adoptar versiones más cuidadoras de la masculinidad (Miller, 2010), que pueden verse obstaculizadas por fuerzas sociales más amplias. Hanlon (2012), a partir de una serie de entrevistas en profundidad con hombres de Irlanda para explorar su idea del «cuidado», señaló la tensión entre las expectativas de tener empleo y ser productivos y, al mismo tiempo, implicarse en el cuidado. Esta lucha por equilibrar las normas hegemónicas con las normas del cuidado, y la manera en que los padres la resuelven, afecta a su implicación en la crianza (Petts et al., 2018). Teniendo en cuenta las normas dominantes de masculinidad y paternidad, en las que se aprecia una tensión, se entiende que los padres encarcelados ausentes puedan herir doblemente a la descendencia que se queda fuera, ya que «fallan» en dos frentes: ser proveedores e implicarse emocionalmente. El encarcelamiento limita drásticamente las oportunidades de los padres de estar a la altura de las versiones tradicionales o modernas de la masculinidad y la paternidad, lo que aumenta la probabilidad de que la infancia viva la separación del padre como dolorosa por su incapacidad para proveer tanto en lo emocional como en lo económico, lo que da lugar a toda una serie de experiencias difíciles.

Consecuencias del encarcelamiento parental para la infancia

Tras el encarcelamiento de la madre o del padre, la infancia puede sufrir numerosas dificultades, como depresión, conductas agresivas, retraimiento y regresión (Murray, 2005), aumentos significativos de las conductas agresivas y de las dificultades de atención cuando el padre está encarcelado (Geller et al., 2012), y alteraciones de su desarrollo académico y cognitivo (Fox et al., 2023; Haskins, 2016). También aumenta el riesgo de quedarse sin hogar en la infancia (Wildeman, 2013), así como la perturbación de procesos clave del desarrollo en la relación entre progenitor y criatura (Arditti, 2016).

Una revisión exploratoria de las perspectivas de la juventud sobre el encarcelamiento parental (Zhang & Flynn, 2025) describió una serie de experiencias difíciles, como la separación y la falta de un contacto significativo, la parentificación, el secreto o el no compartir los sentimientos, el estigma y los estereotipos, y la sensación de impotencia. Aunque 12 de los artículos revisados se centraban específicamente en la experiencia de la infancia con un padre encarcelado, ningún estudio se centraba específicamente en la experiencia de los hijos varones. Domżalska (2022) señaló las siguientes reacciones emocionales de la infancia ante el encarcelamiento de su madre o de su padre: pesar, ira, tristeza y vergüenza, así como sentimientos ambivalentes respecto al contacto. La investigación indica que la infancia debe aprender a gestionar sentimientos de secreto, vergüenza y estigma en respuesta al encarcelamiento parental (McGinley & Jones, 2018).

En cuanto al impacto específico de un padre encarcelado, un estudio con 35 menores (19 de ellos varones) halló tasas elevadas de estrés postraumático, síntomas internalizantes y externalizantes, pérdida ambigua y ambigüedad de límites (Bocknek et al., 2009). La teoría de la pérdida ambigua (Boss, 1999) sostiene que la incertidumbre o la falta de información sobre si una persona querida está presente o ausente, viva o muerta, puede ser traumatizante para las familias, que deben vivir con la «paradoja de la ausencia y la presencia» (Boss, 2007, p. 105). La ambigüedad de límites se define como «un estado en el que los miembros de la familia no tienen clara su percepción de quién está dentro o fuera de la familia y de quién desempeña qué roles y tareas dentro del sistema familiar» (Boss & Greenberg, 1984, p. 536). Esto puede provocar una alteración de la dinámica familiar y, en consecuencia, disfunción y estrés (Dyer et al., 2012).

La ausencia del padre por encarcelamiento tiene implicaciones para el desarrollo a más largo plazo: el encarcelamiento paterno en la primera infancia predice conductas de transgresión de normas en la adolescencia (Del Toro et al., 2023). Estos hallazgos se reflejan en las investigaciones de Bradshaw et al. (2021) y de Turney (2022), que ilustran la asociación entre el encarcelamiento paterno y las dificultades emocionales y conductuales. Una revisión de Herreros-Fraile et al. (2023), que documentó también el impacto negativo del encarcelamiento paterno en los resultados de la infancia, subrayó la importancia de la etapa del desarrollo: en la primera infancia (de 0 a 6 años) se observan más dificultades cognitivas y escolares, entre los 6 y los 11 años, más dificultades internalizantes y externalizantes, y en la adolescencia, más conductas de riesgo.

Además de explorar esta experiencia desde la perspectiva de la infancia mientras se produce, varios estudios la han examinado de forma retrospectiva, entrevistando a personas adultas y pidiéndoles que reflexionen sobre el impacto que tuvo en su infancia el encarcelamiento de su madre o de su padre (p. ej., Deacon, 2023; Kautz, 2017; Luther, 2015). Deacon (2023) halló que la infancia había tenido experiencias negativas de visitas en prisión y un contacto de calidad insuficiente con el progenitor encarcelado, y que se sentía juzgada y recibía un apoyo insuficiente. Kautz (2017) se centró en las implicaciones emocionales del encarcelamiento, que incluían incredulidad y negación, confusión, miedo, tristeza, ira, impotencia, ambivalencia y aceptación. King et al. (2024), en su estudio sobre personas adultas con progenitores encarcelados, describieron cómo lidiaban con la pérdida ambigua, negociaban el estigma y daban sentido a sus experiencias. Luther (2015) halló que la resiliencia de menores con un progenitor encarcelado se ve favorecida por contar con el apoyo social adecuado de otras personas que se preocupan por ellos.

Otros factores que favorecen la resiliencia y una adaptación positiva en la infancia son unos cuidados sensibles y receptivos, relaciones estrechas con las personas cuidadoras y buenas relaciones con otras personas adultas de su sistema (Johnson & Arditti, 2023), en línea con los hallazgos de Weidberg (2017, que incluía también a pares que brindan apoyo entre los factores de resiliencia) y de Luther (2015). Cuando la criatura forma parte de un grupo social, este media en el impacto del encarcelamiento paterno, sostiene su desarrollo prosocial a lo largo de la infancia y la adolescencia y amortigua el estigma y los estereotipos (Bradshaw et al., 2024). En conjunto, buena parte de la investigación previa ha examinado el impacto de tener un padre encarcelado durante la infancia, incluido el impacto a corto plazo o más inmediato de su ausencia sobre la criatura y la familia, sin considerar necesariamente los impactos en profundidad y a más largo plazo.

Efectos específicos del encarcelamiento paterno en los niños varones

La investigación expuesta hasta aquí se ha centrado en la experiencia de la infancia, sin diferenciar por género. Sin embargo, un padre encarcelado puede tener significados y connotaciones particulares, así como efectos específicos, en los niños varones. La separación por encarcelamiento parental es un fuerte predictor de conductas antisociales posteriores en los niños varones, así como de un aumento de los problemas internalizantes (Murray, 2005; Murray & Farrington, 2008); lo primero se reflejaba ya en las observaciones clínicas de Sack (1977) sobre seis familias, en las que los niños empezaron a mostrar conductas agresivas y antisociales en el contexto del encarcelamiento de su padre. La interpretación del autor era que estos niños se identificaban con los aspectos «negativos» de su padre como forma de afrontar su pérdida y de mantener la relación con un padre ahora ausente. El encarcelamiento paterno tiene efectos sobre los problemas de atención y la agresividad de los niños varones, más allá de sus efectos en las niñas (Geller et al., 2012), y aumenta además su probabilidad de ser acusados de delincuencia (Olsen, 2022).

Marcos teóricos utilizados para comprender los efectos del encarcelamiento parental

Una revisión exhaustiva de los efectos del encarcelamiento parental en la infancia (Murray & Farrington, 2008) mostró que, al considerar los mecanismos que conducen a resultados adversos en la infancia, se recurre a diversas perspectivas teóricas, entre ellas las teorías del trauma y del apego, las teorías del aprendizaje social y las teorías del estigma y del etiquetado.

Sin embargo, esta revisión no menciona la teoría psicoanalítica, aunque existe una rica literatura que examina el papel del padre en el desarrollo infantil. La teoría psicoanalítica ofrece una perspectiva singular para considerar la experiencia de tener un progenitor encarcelado, en particular un padre. Permite profundizar en la experiencia vivida del encarcelamiento parental al privilegiar la producción de conocimiento que tiene lugar en un encuentro relacional, sin imponer en exceso categorías ni intentar cuantificar lo que dice la persona participante (Kvale, 1999). Lo hace sin renunciar a un nivel de análisis e interpretación, de reflexión sobre la manera en que se recogen los datos, y cuestiona la validez del conocimiento presentado (Kvale, 1999). Por eso es una perspectiva adecuada para explorar la experiencia de tener un padre encarcelado, ya que probablemente arrojará luz sobre aspectos de esta experiencia de la infancia afectada que hasta ahora no se habían abordado.

Una visión psicoanalítica del papel del padre

En su revisión del impacto de la ausencia del padre desde una perspectiva psicoanalítica, Jones (2007) expuso las funciones clave del padre para la criatura en desarrollo: servir como otra figura de apego, facilitar la separación y la individuación, integrarse como parte del self de la criatura, ofrecer una función de contención a la díada madre-criatura, ayudar a regular los impulsos agresivos y sexuales, y desarrollar la capacidad de la criatura para tolerar y manejar múltiples relaciones. Con su ausencia, es probable que estos procesos y funciones se vean afectados. La ausencia del padre puede conducir al «hambre de padre» (Herzog, 2013), un estado en el que puede darse un intenso anhelo inconsciente de una figura paterna junto con la sensación de un vacío en el mundo interno. Esto puede coexistir con la experiencia de una «herida paterna» (Miller, 2013). Afecta a los hijos varones de un modo particular, ya que carecen de un modelo de cómo ser hombre en el mundo, lo que puede acarrear dificultades en las relaciones íntimas y en la formación de una autoestima positiva (Balcom, 1998), en el desempeño de sus roles de género y en el paso por umbrales clave del desarrollo, como la adolescencia, la primera edad adulta y, con el tiempo, la paternidad (Miller, 2013). Ya adultos, tienden a responder a esta pérdida de dos maneras: mediante el repudio, la renegación y la negación de su padre y de lo que representa, o mediante la sobreidentificación con el padre idealizado (Balcom, 1998).

El presente estudio

Los estudios previos han explorado el impacto de un padre encarcelado desde la perspectiva del apego y el trauma (p. ej., Poehlmann-Tynan et al., 2017) o de la estigmatización y la presión económica (p. ej., McGinley & Jones, 2018; Shaw, 2023), o bien han examinado la experiencia desde la perspectiva de la infancia que atraviesa la pérdida ambigua y la ambigüedad de límites (p. ej., Bocknek et al., 2009). La investigación ha tendido a centrarse en las experiencias de la infancia (en el momento o de forma retrospectiva) o en resultados conductuales, emocionales, sociales y cognitivos generales. Sin embargo, pocas investigaciones han explorado la experiencia específica, para el hijo adulto, de haber crecido con un padre encarcelado. Sabemos que el encarcelamiento del padre puede tener efectos perjudiciales en el desarrollo infantil, con efectos particulares en el niño varón en desarrollo. Sin embargo, la investigación previa ha tendido a explorar esta cuestión desde una perspectiva cognitiva o explícita, que privilegia el significado manifiesto sobre el latente, mediante encuestas, escalas, observaciones o entrevistas breves. Ha tendido a centrarse en el impacto más inmediato, en la infancia, del padre encarcelado ausente. La pregunta que plantea esta investigación es: ¿cómo afecta la ausencia de un padre por encarcelamiento al desarrollo del hijo, a su mundo interno y a sus relaciones consigo mismo y con los demás, cuando reflexiona sobre ello en la edad adulta? Se interesa por el impacto a medio y largo plazo de esta experiencia. Este estudio se centra en la construcción de sentido de estos participantes y utiliza un enfoque psicoanalítico con varias entrevistas para acceder a los significados implícitos y a los patrones relacionales que subyacen a esta experiencia.

MÉTODO

Participantes

Los participantes no se reclutaron a través de un servicio u organización concretos. El reclutamiento estaba abierto a personas residentes tanto en el Reino Unido (incluida Irlanda del Norte) como en la República de Irlanda, dadas sus similitudes culturales, su proximidad geográfica y su lengua común. La investigación se difundió mediante foros en línea, carteles en la universidad, redes sociales y diversas organizaciones de apoyo a familias de personas presas. Podían participar quienes cumplieran los siguientes criterios: (a) ser hombres adultos que hubieran vivido la ausencia de su padre (que era adulto en el momento del encarcelamiento) durante la infancia o la adolescencia por un periodo de al menos un año, (b) residir en el Reino Unido o en Irlanda, y (c) estar dispuestos a participar en tres entrevistas de una hora. El umbral de ausencia paterna se fijó en un año, ya que una ausencia más prolongada parece contribuir a aumentar los efectos negativos en la infancia que se queda fuera (Swisher & Shaw-Smith, 2015), y un año constituye un periodo significativo en el desarrollo infantil. En total, seis personas manifestaron su interés en participar. Para preservar el anonimato, se les asignaron seudónimos: Robert, Ben, Fiachra, Glen, Paul y Harry. Sus edades oscilaban entre los 30 y los 66 años. Dos participantes residían en el Reino Unido y el resto en Irlanda. Aunque ninguno de ellos fue reclutado a través de un servicio, refirieron antecedentes de consumo abusivo de drogas y alcohol, pasado y actual, experiencias de múltiples traumas, dificultades de salud mental e ideación suicida.

De los seis, Ben y Glen aún tenían a su padre con vida. Antes del encarcelamiento, los padres de todos los participantes salvo uno (Glen) vivían en el hogar y mantenían una relación de pareja con la madre. Tras el encarcelamiento, los padres de Robert, Fiachra y Harry se separaron, mientras que los de Ben y Paul siguieron juntos. Dos participantes no tenían hijos propios (Robert y Ben). Fiachra tiene tres hijos varones, Glen tiene dos hijastros, Paul tiene dos hijos, uno de ellos fallecido, y Harry tiene tres hijos. Véase la tabla 1 para una descripción del momento y de la edad en que se produjo el encarcelamiento. En el caso de algunos participantes, su padre fue encarcelado en varias ocasiones.

Tabla 1 — Momento y edad del encarcelamiento.

  • Participante: Robert; Edad cuando encarcelaron al padre: 2 años; Duración del encarcelamiento: 2 años; Delito del padre: agresión
  • Participante: Ben; Edad cuando encarcelaron al padre: 14 años; Duración del encarcelamiento: 4 años; Delito del padre: posesión de drogas
  • Participante: Fiachra; Edad cuando encarcelaron al padre: 8 años; Duración del encarcelamiento: 5 años; Delito del padre: abusos sexuales y maltrato físico
  • Participante: Glen; Edad cuando encarcelaron al padre: 12–13 años; Duración del encarcelamiento: 3,5 años; Delito del padre: delito de drogas
  • Participante: Paul; Edad cuando encarcelaron al padre: 9 años; Duración del encarcelamiento: 1,5 años; Delito del padre: delito de traición
  • Participante: Harry; Edad cuando encarcelaron al padre: 12 años; Duración del encarcelamiento: 2 años; Delito del padre: incitación a la deslealtad

En el momento de las entrevistas, Robert estaba soltero, Ben mantenía una relación estable, Fiachra estaba divorciado, Paul nunca se había casado, pero estaba separado de la madre de sus hijos, y Harry mantenía una relación estable (no con la madre de sus hijos).

Consideraciones éticas

El estudio recibió la aprobación del comité de ética de la investigación de la universidad. A cada participante se le ofreció la posibilidad de una sesión de cierre con un asesor clínico (psicólogo clínico titulado y tercer autor del artículo). Sin embargo, ninguno la aprovechó. Al final del proceso se les facilitó también una lista de recursos de apoyo. Se obtuvo el consentimiento informado de cada participante al inicio del estudio, así como su consentimiento para que la investigación se publicara en una revista académica.

Entrevistas y procedimiento

El enfoque utilizado en este estudio fue cualitativo, guiado por el formato de la consulta psicoanalítica (Cartwright, 2004; Holmes, 2013; Kvale, 1999) y sustentado en diversas teorías psicoanalíticas que se han interesado por la manera en que surge el material en el contexto de una consulta abierta. Consistió en tres entrevistas de aproximadamente una hora, espaciadas a lo largo de un intervalo de 3 a 15 semanas. Se ha demostrado que las entrevistas cualitativas repetidas facilitan la sintonía y la confianza, generan reflexividad, contribuyen a obtener datos más matizados y hacen que la investigación sea más ética, ya que aumentan el cuidado de quien investiga hacia las personas participantes (Goyes & Sandberg, 2025). Las entrevistas múltiples permiten crear un espacio liminal en el que pueden coconstruirse nuevos significados (De Luca Picione & Valsiner, 2017). Las entrevistas se realizaron combinando modalidades y en varios contextos: presencialmente y en línea, en la universidad y, en algunos casos, en el domicilio de los participantes o en un lugar cercano. Un medio en línea también puede suscitar sentimientos intensos (Eichenberger & Boswell, 2024; Sayers, 2021), lo que lo hacía adecuado para este estudio. Se utilizaron entrevistas tanto en línea como presenciales para mejorar la accesibilidad y respetar las preferencias de los participantes. No obstante, la modalidad preferida era la presencial, ya que los entornos en línea pueden evocar menos una conexión emocional profunda y difícilmente reproducen la experiencia presencial (Maroti et al., 2026).

Una vez que los participantes manifestaban su interés, recibían una hoja informativa y un formulario de consentimiento para revisarlos y firmarlos antes de la primera entrevista. En la primera entrevista se les informaba del objetivo de la investigación y de que habría tres entrevistas abiertas sin un formato predeterminado. A continuación se les pedían datos sociodemográficos. Después se les animaba a hablar de cualquier pensamiento o sentimiento que les viniera a la mente en relación con el tema de la investigación. Se utilizaban preguntas para orientar la exploración cuando los participantes parecían bloqueados. Las notas sobre pensamientos, sentimientos e impresiones se tomaban inmediatamente después de cada entrevista, pero no durante ella. En la segunda entrevista se preguntaba a los participantes si habían reflexionado sobre el material de la primera y se les invitaba a seguir compartiendo lo que les viniera a la mente. Se utilizaban preguntas y comentarios para favorecer la exploración. Por ejemplo: «¿Cómo os afectó a ti y a la familia el encarcelamiento de tu padre?» o «Cuéntame más sobre cómo viviste esta experiencia en la infancia». Sin embargo, es importante señalar que proporcionar indicaciones y preguntas estandarizadas no es coherente con la epistemología de esta investigación (es decir, un conocimiento producido relacionalmente, único en cada encuentro): estas surgieron de forma orgánica en cada entrevista. De manera similar a la idea de la entrevista activa (Holstein & Gubrium, 1995), este método concibe el conocimiento como algo que se crea en una interacción concreta entre el investigador y el participante. El conocimiento no está esperando dentro del participante a que las preguntas adecuadas lo extraigan, sino que se produce de forma colaborativa. Se presta atención al proceso por el que se llega al significado y al conocimiento. Por último, en la tercera entrevista se pedía a los participantes que reflexionaran sobre el proceso de investigación y sobre lo que había supuesto hablar de este tema en profundidad, así como sobre cualquier otra cosa que les viniera a la mente y que aún no hubieran compartido. Cuando era necesario, se les entregaba una hoja de cierre y se les ponía en contacto con el asesor clínico. Lo ideal era que entre una entrevista y otra transcurrieran de una a dos semanas, aunque no siempre fue posible por las circunstancias de los participantes.

Los datos recogidos incluían el contenido verbal, las respuestas emocionales y la comunicación no verbal, así como las reacciones de transferencia y contratransferencia, es decir, los sentimientos y reacciones que se despiertan tanto en la persona entrevistada como en el investigador. El investigador principal realizó las entrevistas y redactó el artículo. El segundo coautor desempeñó un papel decisivo en el análisis y la interpretación de los datos recogidos.

Análisis

El análisis tuvo una orientación psicoanalítica (Cartwright, 2004; Holmes, 2013; Kvale, 1999). El objetivo principal del formato de entrevista era permitir analizar significados implícitos, dinámicas relacionales y procesos intrapsíquicos a los que quizá no se tendría acceso con otros formatos de entrevista. El análisis se basa en varios supuestos teóricos (Cartwright, 2004): (a) la construcción del significado, (b) el carácter asociativo del material de la entrevista, (c) el contexto y (d) las impresiones incipientes de transferencia y contratransferencia. La construcción del significado se refiere a la manera en que el significado se coconstruye en torno a un tema determinado en un encuentro relacional. El carácter asociativo de la entrevista se refiere a la manera en que los pensamientos y los afectos suelen estar vinculados entre sí, a menudo de forma inconsciente. El contexto es fundamental para la interpretación; en este caso, el formato de entrevista centra la atención en un tema concreto y facilita la expresión de las asociaciones en torno a él. El contexto se refiere a cómo vive el entrevistador la entrevista en la sala (es decir, cómo se oyen las cosas en el momento frente a cómo se oyen al escuchar una grabación), así como a la manera en que el contexto de la entrevista (es decir, cualquier factor interno y externo) influye en la forma en que un participante se comunica y en la forma en que se le comprende. Puede entenderse como el contexto familiar, social y cultural en el que está inserto el participante, así como el contexto singular de la entrevista. Por último, las impresiones de transferencia y contratransferencia se refieren al uso de los estados afectivos del entrevistador para dar sentido al material de la entrevista, incluso en el breve lapso de las entrevistas disponibles.

El análisis constó de las siguientes etapas, tal como las describe Cartwright (2004). Antes, durante y después de cada entrevista se prestó una atención minuciosa a los estados afectivos (Holmes, 2013) y a las percepciones (ya que podían señalar material significativo). Por ejemplo, el entrevistador percibió un fuerte sentimiento de tristeza al escuchar a un participante hablar de forma distante de experiencias difíciles de su infancia. Aunque el participante no parecía sentir tristeza al contarlo, el entrevistador advirtió ese sentimiento de tristeza (una reacción contratransferencial) y se preguntó si apuntaba a un material potencialmente significativo: quizá una tristeza no atendida y no elaborada. Este método de poner en relación las impresiones contratransferenciales significativas con el material verbal se utilizó con todos los participantes, con el apoyo de un diario reflexivo y de supervisión individual y grupal. Después, la familiarización con el material de las entrevistas se produjo mediante la transcripción, la escucha repetida y la lectura repetida de las transcripciones. A lo largo de este proceso se buscaron narrativas centrales, lo que implicó una exposición repetida a la totalidad del material de las entrevistas y su puesta en relación con las impresiones significativas de contratransferencia y transferencia. Por último, se exploró la representación interna del mundo de la persona entrevistada y la manera en que el self ha interiorizado ciertas experiencias y figuras clave, lo que abre una ventana a sus procesos intrapsíquicos. A lo largo de todo el proceso de investigación (entrevistas, análisis y redacción) se llevó un diario reflexivo para documentar los pensamientos y sentimientos que surgían y señalar cualquier sesgo del investigador (Cartwright, 2004). La supervisión grupal e individual fue decisiva para desarrollar y precisar los temas emergentes mediante la discusión de los pensamientos, sentimientos e impresiones suscitados durante las entrevistas y el proceso de análisis. Este desarrollo de los temas surgió de lecturas repetidas de las transcripciones y de la consulta de las notas tomadas antes y después de cada entrevista, tanto de forma individual como en supervisión. Se prestó especial atención a las palabras o expresiones significativas y evocadoras, a los mensajes o narrativas centrales que emergían en los relatos de los participantes y entre ellos, y a la relación que se iba desarrollando entre entrevistador y entrevistado (Cartwright, 2004), con curiosidad por cualquier pensamiento o sentimiento suscitado por esta relación (es decir, la transferencia y la contratransferencia). Por ejemplo, si una idea, un sentimiento o una narrativa surgían repetidamente a lo largo del análisis, se anotaban como posible tema emergente, que luego se contrastaba con los relatos de otros participantes, se discutía en supervisión y se comparaba con los pensamientos e impresiones iniciales anotados en el diario reflexivo.

Reflexividad

Para minimizar el sesgo del observador (Cartwright, 2004), el investigador principal puso entre paréntesis sus motivaciones, intereses y experiencias vitales (Tufford & Newman, 2012), señalando que había trabajado anteriormente en un entorno penitenciario con padres, por lo que tenía un interés natural por las dinámicas entre padre e hijo y por la manera en que el encarcelamiento las afecta. Asimismo, el investigador principal se interesaba por la masculinidad y por cómo se manifiesta o cambia con el tiempo. Como investigador varón con una figura paterna, abordaba esta investigación desde una perspectiva interna en algunos aspectos, pero permanecía fuera de ella por sus experiencias vitales (es decir, su padre nunca estuvo encarcelado ni ausente). El sesgo del observador se mitigó mediante supervisión individual y grupal, así como mediante el uso de un diario reflexivo. Para tener presente su propio interés por la relación con su padre y cómo podía teñir el proceso de investigación, siguió una terapia personal regular durante todo el estudio, con el fin de tomar mayor conciencia de estos conflictos y sentimientos personales y ponerlos entre paréntesis.

RESULTADOS

En cada participante, el impacto de haber crecido con un padre encarcelado se reflejaba en una serie de experiencias intrapsíquicas e interpersonales. Tanto si los participantes se identificaban con su padre como si se desidentificaban de él, este parecía rondar o dictar sus vidas de diversas maneras. Al vivir la falta de una base segura en el hogar, los participantes parecían perdidos en el mundo, en sus márgenes, en busca de un lugar de seguridad psicológica. Los participantes describieron la necesidad de salir adelante a pulso frente al impacto psicológico de la ausencia de su padre, de crecer deprisa, y de haber perdido en ese proceso la inocencia de su infancia. Tanto el contenido como el proceso de las entrevistas se utilizaron para fundamentar el análisis, lo que llevó a identificar cuatro temas principales, que se exponen a continuación. Sin embargo, se presentan principalmente datos verbales, ya que es importante anclar los temas en lo que los participantes dijeron realmente, para garantizar que sus voces estén representadas adecuadamente. La interpretación de estas citas, en relación con la investigación y la teoría pertinentes, se ofrecerá en la Discusión.

Tema 1: El padre liminal: la ausencia dolorosa y la presencia psicológica

Este tema transmite la presencia del padre en la vida de cada participante, de la persona que fue, que podría haber sido o que debería haber sido, una imagen persistente que parecía rondar sus vidas en el presente. El padre parecía ocupar un espacio liminal en los relatos de los participantes: un estado de ambigüedad provocado por su condición de preso. Los participantes describieron sus esfuerzos por dar sentido a la ausencia de su padre y al efecto que tuvo en su trayectoria vital singular; algunos se identificaban con quien su padre era en el mundo, incluidos los actos por los que fue condenado, o se desidentificaban de él. Algunos participantes describieron una imagen más benévola que quizá no siempre reflejaba a su padre en su totalidad.

Los participantes hablaron de su padre de maneras diversas. Robert ofreció una descripción rica de su padre: contó cómo lo mantenía muy presente en su mente y a menudo lo utilizaba como guía: «A menudo recurro a él para tomar decisiones. ¿Cómo lo haría él? ¿Por qué reaccionó así?» (Robert, entrevista 1). Pero al mismo tiempo subrayaba que había «ido en la dirección contraria» a la de su padre, «intentando romper ese ciclo» (Robert, entrevista 3). Robert tendía a centrarse en las cualidades admirables de su padre y destacaba lo especial de la relación que tenían: «Estaba muy apegado a él, aunque no pudiera verlo mucho» (Robert, entrevista 1). Sin embargo, también se distanciaba de los peores aspectos de su padre, algo que se reflejaba en su uso de la segunda persona al describir su «reactividad o agresividad, eso no te gusta, en cierto modo lo odias» (Robert, entrevista 1).

Fiachra describía una imagen negativa de su padre, un «maltratador» que, aunque «[hizo] las paces en su propia cabeza, nunca intentó reparar nada con respecto a su familia» (Fiachra, entrevista 2). Fiachra veía a su padre como «lo contrario de todo lo que yo era o llegué a ser. Que no era alguien a quien pudiera admirar ni del que pudiera decir: ese es mi padre» (Fiachra, entrevista 3). Fiachra tendía a destacar sus propias cualidades positivas, pero no mencionaba sus defectos, como si intentara subrayar todas las maneras en que no había sido moldeado por el legado de su padre. Esto parecía influir en cómo quería que sus propios hijos lo vieran: «Y recuerdo una conversación con ellos… ¿alguna vez habéis oído a alguien decir algo malo de mí? Y dijeron: no, nunca, y yo les dije: bueno, a lo mejor eso os dice algo de… quién soy y de mi carácter» (Fiachra, entrevista 2).

Paul, como Robert, advertía las similitudes entre él y su padre, aunque parecía verlas con más ambivalencia. Al principio expresó un juicio severo sobre las personas que dejan atrás sus responsabilidades familiares cuando hacen un trabajo peligroso: «¿por qué coño te casas, tío? Podríamos acabar muertos… y es egoísta por tu parte tener una familia y dedicarte a eso» (Paul, entrevista 1). Sin embargo, en la tercera entrevista reconoció que «claro que, por otro lado, yo abandoné a mi familia», presentándolo como algo que hizo para proteger a sus hijos de acabar «dañados y jodidos» (Paul, entrevista 3) y reconociendo cómo sus actos reflejaban el abandono de la familia que atribuía a su padre cuando este fue a prisión, cuando «[ellos] deberían haber sido la prioridad» (Paul, entrevista 1). Quizá por eso, y por su falta de «instinto paternal» (Paul, entrevista 3), parecía intentar impedir la transmisión de una paternidad disfuncional, algo que también se reflejaba en Harry: «había aspectos en los que sentía que mi crianza me había dañado y no quería imponérselos a [mis hijos]» (Harry, entrevista 3). Su experiencia de haber tenido un padre ensombrecía su actitud hacia la paternidad.

Los participantes contaron cómo se volvieron «salvajes» (Harry), «destructivos» (Robert), «violentos» (Ben) y «antipolicía» (Glen), reflejando algunas de las conductas y actitudes más antisociales de su padre. Parecía que la mayoría de los participantes podía ver ecos de su padre en sí mismos, pese a su relativa ausencia en sus vidas: «Creo que la crianza es mucho más fundamental que la naturaleza. Sin embargo, hay muchas cosas que reflejan esa especie de… transmisión genética de él a mí, que es una locura» (Glen, entrevista 1). Quisieran o no los participantes que la presencia (o la ausencia) de su padre los influyera, lo hizo, aunque fuera como algo de lo que alejarse: «Era totalmente el polo opuesto de todo lo que yo defiendo» (Fiachra, entrevista 1). Los participantes parecían describir a su padre como una guía, tanto de lo que había que hacer como de lo que no: «Vi lo que es lo contrario de la libertad cuando a mi padre lo metieron en el talego en [la prisión]… y pensé… a la mierda, yo ahí no voy» (Paul, entrevista 1).

Los participantes vivían una mezcla de sentimientos hacia la presencia de su padre y hacia su papel de «padre». Glen y Harry, aunque se encontraban en etapas vitales y edades distintas, con un padre vivo y otro fallecido, se relacionaban ambos con su padre no como un padre, sino como un «tío raro» (Glen, entrevista 1) o como un «extraño» con una «distancia enorme» entre ellos (Harry, entrevista 1). En el caso de Harry, esa relación de «extraño» empezó en el momento del encarcelamiento, cuando describió el abismo que acababa de abrirse entre ellos, sabiendo «que vas a salir de esa sala [de visitas] y él no va a venir contigo» (Harry, entrevista 1). No consiguió salvar esa distancia tras el encarcelamiento, señalando la «distancia enorme entre [ellos]» y reconociendo que «una vez roto ese vínculo… nunca se repararía» (Harry, entrevista 1).

Glen vivía una relación ambivalente con su padre: decía que lo «respetaba como hombre» (Glen, entrevista 1), que «[le cae] bien de una manera rara» (Glen, entrevista 1), pero que era una «persona horrible» (Glen, entrevista 3) a cuya «sombra» (Glen, entrevista 1) se sintió durante sus años de juventud. Robert expresaba una ambivalencia similar, hecha de sentimientos contradictorios de ira y de amor: «Sabiendo algunas de las cosas que le hizo a mi familia, probablemente es la única persona a la que pegaría… [se ríe] y luego le daría un abrazo» (Robert, entrevista 2). Incluso Fiachra, pese a «[culparlo] de la ruptura familiar» (Fiachra, entrevista 1), reconocía cómo su padre había influido en su trayectoria vital: «¿Me ha ayudado mi padre? Sí, muchísimo, pero de maneras que él nunca sabría» (Fiachra, entrevista 2).

La presencia del padre disminuyó cuando empezó el encarcelamiento, y los participantes recordaban cómo percibían sentimientos de pérdida y de distancia al visitarlo: «Lo más raro del mundo es sentarte con tu padre… y luego irte otra vez. No tienes ese contacto, todo eso ya se ha ido, todo lo que teníais» (Harry, entrevista 1). Las barreras físicas o mamparas, que hacían que «no te dejaran pasar al otro lado para darle un abrazo» (Ben, entrevista 2), impedían vivir físicamente la presencia del padre. Paul contó que su padre estaba «siempre en una jaula» cuando lo visitaban y que tenían que usar «el teléfono y hablar sin más a través de él» (Paul, entrevista 1). Su presencia parecía desvanecerse o hacerse más difícil de alcanzar, aunque pudieran verlo y hablar con él: «Era casi como si mi padre hubiera muerto, pero no me dejaran llorarlo» (Ben, entrevista 1). Era como si el hecho de estar enjaulado se extendiera también a los participantes, de modo que, en cierto sentido, padre e hijo estaban ambos «tras los barrotes», incapaces de llegar de verdad el uno al otro. Parecía que los sentimientos de pérdida y de distancia mencionados, ejemplificados por los barrotes de la jaula carcelaria, seguían constriñendo la relación entre padre e hijo incluso después del encarcelamiento, imponiendo entre ambos una distancia que, para algunos participantes, parecía insalvable. Los participantes hablaron de no poder relacionarse plenamente con su padre: la jaula representaba la barrera psicológica que ahora se alzaba entre ellos.

Tema 2: Custodiar el interior: lidiar con el dolor emocional y las estrategias de distanciamiento

Este tema transmite el proceso de distanciamiento que los participantes utilizaban respecto de su mundo emocional interno y las maneras en que se protegían de lo que resultaba demasiado doloroso de vivir. Este distanciamiento o desconexión se producía de distintas formas. Los participantes describieron cómo afectaba a sus relaciones íntimas, llevándolos a distanciarse de los demás o a enredarse en relaciones disfuncionales. Parecía que, en ocasiones, los participantes querían resguardarse tras un muro psicológico protector, algo que se revelaba tanto en la manera de relatar sus experiencias como en la manera en que se los vivía en el encuentro relacional de la entrevista. Sin embargo, hubo momentos en que los participantes pudieron reconocer este proceso y tocar un dolor emocional que parecía enterrado desde hacía mucho tiempo.

Este tema quizá se resume mejor en la idea de la «fortaleza de la soledad» (Paul, entrevista 2), en referencia al refugio de Superman, lejos de las exigencias de la civilización, donde nada puede hacerte daño: «Tengo esa capacidad única de, como, apartar las cosas, meterlas en una caja, empujarlas al fondo y dejarlas ahí hasta que esté listo para ocuparme de ellas, o no» (Paul, entrevista 2). Con algunos participantes, el entrevistador sentía a veces que chocaba contra la muralla de una fortaleza, allí donde no podían ir más lejos cuando se les preguntaba más, y aludían al «muro de ladrillo dentro de mi cabeza. Es que no quiero ir más allá de ese punto» (Ben, entrevista 2). En otros, este bloqueo era más sutil, como la tendencia de Paul a reírse cada vez que nos acercábamos a temas emocionalmente difíciles: «No sé cómo expresarme aquí, no sé qué estoy… tienes que darme una pista, orientarme hacia algo a lo que pueda apuntar [risa leve]» (Paul, entrevista 3), o la tendencia de Glen a tomarse con humor y ligereza la conversación sobre los actos por los que su padre fue condenado: «Si no me río de mis putas experiencias vitales, en algún momento me voy a poner a llorar» (Glen, entrevista 2). Ben comentó que la entrevista parecía un interrogatorio: «Siento que quizá encajaría mejor en una sala blanca… También me ha interrogado bastante la poli, y esto se parece mucho más a eso que a una entrevista con un periodista» (Ben, entrevista 3). Esto suscitó en el entrevistador fuertes sentimientos de culpa, así como una mayor cautela a la hora de indagar más allá del «muro de ladrillo».

Los participantes hablaron de las consecuencias de distanciarse de su mundo interno. Robert mencionó que, al principio de su edad adulta, «[se] ingresó en una planta de psiquiatría», y señaló que «si te lo guardas todo, no eres más que una gran botella de cristal y al final estalla» (Robert, entrevista 1). También Paul reconocía cómo reprimía su vida emocional: «El problema es que, cuando tienes tantas de estas cajitas de Pandora compartimentadas, un día van a tener que reventar» (Paul, entrevista 2). Parecía que, con esta distancia interior, venía la necesidad de presentarse de una manera que no siempre reflejaba la experiencia interna: «Y a veces nos creemos a nosotros mismos cuando ponemos caras, ese es parte del problema» (Ben, entrevista 3). Esta autoprotección parecía extenderse a las relaciones íntimas, en las que la dependencia emocional se describía como amenazante y restrictiva: «No puedo… sentar la cabeza, no puedo… Me subía por las putas paredes» (Paul, entrevista 1). Robert habló de su propia desconfianza hacia las relaciones y la vinculó con su miedo a encarnar los comportamientos de su padre: «No estoy… en una relación… no querría el control que tendría una mujer», por miedo a «[reaccionar] quizá igual [que su padre]» (Robert, entrevista 2).

El formato de las entrevistas confrontó a los participantes con el grado de distancia y de silencio que habían interpuesto entre ellos y sus dolorosas experiencias tempranas. Hablar extensamente de sí mismos parecía reducir esa distancia: «Me estás empujando hacia las partes incómodas en las que no quiero pensar. El propio silencio puede hacer eso» (Ben, entrevista 3). Fiachra se dio cuenta, durante las entrevistas, de que «había reprimido tantísimas cosas», de que había «compartimentado» (Fiachra, entrevista 2) sus experiencias, pero solo tomaba conciencia de su alcance al hablar con el entrevistador. Los participantes contaron cómo habían «borrado» (Robert, entrevista 1) o «bloqueado» (Paul, entrevista 1) recuerdos dolorosos, a veces «[queriendo] que pasara el tiempo» y «[queriendo] que eso fuera un recuerdo lejano» (Harry, entrevista 2). La necesidad de distanciarse de las experiencias dolorosas parecía llevar a los participantes a «construir [sus] propias jaulas» (Harry, entrevista 2), lo que indica que esta distancia y esta desconexión tenían un coste restrictivo.

Ofrecer un espacio para hablar de la experiencia del encarcelamiento de su padre, aunque difícil, parecía importante para que los participantes dieran voz a algo que antes no habían articulado o de lo que no eran conscientes: «Estar al otro lado de la mesa hablando tanto es duro… cuando choqué con esos muros, fue la primera vez que me di cuenta de verdad de que el muro era casi totalmente impenetrable» (Ben, entrevista 3). Aunque vivieran el espacio para hablar como incómodo o amenazante, los participantes parecían querer articular sus experiencias para que «otro chaval no esté sentado… aquí, como yo ahora, dentro de 20 años, hablando con alguien como tú y diciendo exactamente lo mismo» (Ben, entrevista 3). Los participantes parecían querer superar ese muro defensivo y contribuir a un cambio positivo para las personas que atraviesan una experiencia similar: «Si estas cosas se siguen barriendo debajo de la alfombra, si se relegan a la historia y nunca se rasca en ellas, nunca llegará un momento en que la gente sepa quizá afrontarlo con más soltura» (Harry, entrevista 2). La necesidad de mantener la distancia fue cambiando a medida que aumentaba la distancia respecto de la infancia: «Pasas por esas etapas en las que quizá lo borras y lo apartas. Y luego, un día, simplemente tienes que hablar de ello» (Robert, entrevista 2).

Tema 3: Empujados a los márgenes: afrontar el estigma carcelario y elaborar el rechazo social

Este tema describe las maneras en que los participantes se sentían alienados, desapegados y aislados de los demás. Los participantes describieron cómo se vieron empujados a los márgenes de las cosas, algo que vivían a la vez como una imposición y como algo que abrazar. La sombra del encarcelamiento de su padre y la experiencia de estigma resultante pesaron sobre su infancia y se prolongaron en la edad adulta. Con ello vino una sensación de desconfianza y de recelo, arraigada en sus propias experiencias de haber sido rechazados.

Los participantes hablaron de sentirse alienados de la sociedad, ya fuera por elección o por haber sido empujados a los márgenes, sobre todo tras el encarcelamiento de su padre. Sin embargo, para algunos, esa sensación de estar «en el borde de la vida» (Harry, entrevista 2) era anterior al encarcelamiento de su padre: «nunca hubo normalidad como familia» (Glen, entrevista 2), algo relacionado con el modo de vida general de la familia, dictado por la influencia del padre: «Todos los que más o menos conocíamos vivían fuera de lo que llamas una vida normal… no éramos normales» (Ben, entrevista 1). Esto se amplificó aún más tras el encarcelamiento, cuando los participantes describieron cómo se los «etiquetó» y se los «condenó al ostracismo» (Ben, entrevista 1) injustamente y se los convirtió en «parias» (Harry, entrevista 1), en lugar de vérseles por lo que eran.

Algunos participantes tomaron el camino «salvaje» (Robert, entrevista 1) tras el encarcelamiento de su padre y abrazaron su lugar en los márgenes: «Me… pusieron una etiqueta y yo mismo… me la creí. La gente daba por hecho que iba a ser como mi padre. Así que empecé a comportarme como él, aunque nunca lo había hecho hasta ese momento» (Ben, entrevista 1).

El entrevistador advirtió que se sentía como un «extraño» con respecto a las experiencias de los participantes de vivir en los márgenes, como si se lo situara como alguien convencionalmente de dentro, perteneciente a la sociedad «normal», que no lo entendería necesariamente: «Lo raro es que, probablemente desde tu perspectiva, [los padres ausentes] no serían algo normal» (Robert, entrevista 3). Esta sensación de ser «el otro» frente a los participantes parecía apuntar a una vivencia sentida de lo que había supuesto para ellos sentirse convertidos en «otros» tras el encarcelamiento de su padre.

Paul y Harry se sintieron fuertemente estigmatizados por ser hijos de presos políticos: «Teníamos manifestantes delante del colegio dándonos caña durante el juicio de mi padre… Éramos unos putos críos» (Paul, entrevista 3). Harry contó cómo su vida «quedó bajo escrutinio y cayó en el descrédito», pese a ser un niño que «nunca había hecho nada malo. Y de repente todo en ti está mal… de repente eres persona non grata» (Harry, entrevista 1). Paul compartía un sentimiento similar: «De verdad siento que nunca he encajado en la sociedad normal» (Paul, entrevista 1). Respondieron alejándose de esos lugares estigmatizados: «Me hice a la mar hacia los 17… fue una buena manera de poner distancia entre ese sitio y yo» (Harry, entrevista 2). Paul habló de periodos de pertenencia en los que encontraba grupos en los márgenes de la vida: «La escena punk siempre fue muy acogedora» (Paul, entrevista 1). Tanto Harry como Paul describieron haber encontrado espacios en los que pudieron desarrollar un sentido de sí mismos fuera de los límites de los juicios ajenos, en lugar de ser «soportados» y «aguantados» (Harry, entrevista 2) por quienes los rodeaban: «Empiezas a descubrir que no eres ese pequeño cabrón irlandés asqueroso al que esa gente le grita» (Harry, entrevista 2). Sin embargo, Harry seguía sintiendo que cargaba con ese peso del estigma: «Lo arrastras toda la vida… y por mucho que quieras soltarlo, no puedes evitar quedarte con una parte» (Harry, entrevista 1). Esto dejaba a Harry «siempre a la defensiva… algo que [le] ha acompañado hasta hoy» respecto de lo que los demás pudieran decir o pensar de él, debido al legado del encarcelamiento de su padre, un sentimiento que Ben compartía al expresar su miedo a «la sensación de volver a ser diferente» (Ben, entrevista 2).

Ben habló de cómo se sentía varado entre dos mundos, sin sentirse en casa en ninguno: «Pero aquí tengo la sensación constante de que todavía tengo que interpretar a esta persona de dos partes… Me encanta ser un don nadie, una cara entre millones de personas, lo hace todo mucho más fácil» (Ben, entrevista 1). Ben quería escapar de su historia y sentía que mudarse físicamente al extranjero era la manera de hacerlo, pero en el momento de las entrevistas se sentía «completamente perdido», como si estuviera «en el espacio» (Ben, entrevista 3).

Estas experiencias de ser empujados a los márgenes iban acompañadas de una mayor «desconfianza hacia cualquiera que tenga autoridad» (Ben, entrevista 1) y de un desencanto respecto de personas a las que antes habían admirado: «Supongo que quiero decir que los ves como figuras paternas, pero no son figuras paternas» (Robert, entrevista 2). Paul reconocía que «no era sano estar solo», pero también se «desencantaba muy rápido» cuando se relacionaba con los demás (Paul, entrevista 3). Parecía que los participantes esperaban algo más de las personas a las que admiraban, tanto en la infancia como en la edad adulta, y algunos tuvieron que afrontar la decepción del desencanto: «Fue muy decepcionante darme cuenta de que esa gente no era más que distintas versiones de un gilipollas» (Ben, entrevista 1).

Sin embargo, no todos los participantes se sentían empujados a los márgenes.1 La «red de personas» receptiva de Glen (Glen, entrevista 2) y su abuelo, «que era como [su] padre» (Glen, entrevista 1), parecían amortiguar la sensación de aislamiento social que impregnaba los relatos de otros participantes, algo que se reflejaba en su sentimiento actual de pertenencia: «Solo tengo gente que de verdad me apoya, me quiere y aporta algo positivo a mi vida» (Glen, entrevista 2). Aunque Ben se sentía varado entre dos mundos, había encontrado un lugar de pertenencia en su relación estable: «Siempre había puesto un muro entre yo y prácticamente todos los demás hasta que conocí a mi novia; ella me ayudó a derribar todo eso» (Ben, entrevista 2). Aunque Robert se sentía a veces el «bicho raro» de su comunidad cuando era niño, siguió viviendo allí, señalando que «es la calle a la que siempre vuelves, por alguna razón», y que ahora se sentía «cerca de la gente» (Robert, entrevista 1); sin embargo, seguía desconfiando de las relaciones íntimas.

En contraste con sus primeras experiencias de verse empujados a los márgenes, algunos participantes parecían ponerle remedio a medida que crecían. Fiachra insistía mucho en la importancia de sus propios hijos y de crear un entorno afectuoso y acogedor: «Siempre he intentado asegurarme de que les daba lo que necesitaban cuando lo necesitaban. Y probablemente sea por la mala relación que tuve con mi padre, que no he querido eso para ellos» (Fiachra, entrevista 2). Con los participantes que habían encontrado su lugar en el mundo, el entrevistador percibía fuertes sentimientos de satisfacción: «He echado el ancla ahí, lo he hecho todo y estoy construyendo cosas, y creo que estoy llevando una vida bastante buena» (Harry, entrevista 2). Por el contrario, en quienes seguían a la deriva o no acababan de asentarse, un destello de soledad y de incertidumbre impregnaba sus relatos: «Sí, perdido, ahora mismo perdido. Perdido sobre quién soy» (Ben, entrevista 3).

Tema 4: Salir adelante a pulso: perder la inocencia y crear sentido

Este tema describe la necesidad que tenían los participantes de salir adelante a pulso frente al impacto del encarcelamiento de su padre. Refleja también las dificultades que encontraron para hacerlo y lo que se esperaba de ellos en ese proceso. Para la mayoría, el encarcelamiento de su padre fue un acontecimiento que les cambió la vida y alteró de forma irrevocable el sistema familiar: «Como familia, saltamos por los aires», y la vida familiar quedó sin «cierta sustancia, le faltaba un marco» (Harry, entrevista 1). En ese vacío, salir adelante a pulso parecía la única manera de afrontarlo, y los participantes sentían que habían «crecido muy deprisa» (Fiachra, entrevista 1). Ben sentía que «tenía que dar un paso al frente o las cosas iban a empeorar» (Ben, entrevista 2). Algunos participantes lo afrontaron llevando una «fachada» (Ben, entrevista 2), recurriendo a la violencia, «[borrándolo] durante mucho tiempo» (Robert, entrevista 1) o volviéndose ferozmente «independientes» y convirtiéndose en el «hombre de la casa» (Paul, entrevista 3).

Esto llevó a algunos participantes a sentir la necesidad de asumir el papel de su padre, un papel que a veces se ponía en cuestión cuando el padre volvía: «empezó a hacer de figura paterna autoritaria… Yo he sido el hombre de la casa, yo he sido el que ha mantenido esto en pie aquí mientras tú estabas dentro» (Paul, entrevista 1). También Ben demostró a su padre que «ya no era el mismo chaval que había dejado cuando se fue cuatro años antes» mostrándose «violento con él» (Ben, entrevista 2). La dinámica cambió también con respecto a sus madres y a sus hermanos. Glen contó que se sentía como un «salvador» con respecto a su madre, a la que veía como una «mujer seriamente vulnerable» (Glen, entrevista 2). Tanto Ben como Fiachra sentían la necesidad de ser el «protector» (Fiachra, entrevista 1) de sus hermanos menores: «Yo tenía que ser el más loco, así la gente me dejaba en paz a mí y dejaba en paz a mi hermano, y teníamos ese nivel de protección» (Ben, entrevista 2). Los participantes describieron una pérdida de la inocencia infantil y una exposición brusca a las penalidades de la vida adulta: «Desde pequeño era consciente de cosas raras», como «recorrer una tienda con ella pensando que no tenemos mucho dinero» (Glen, entrevista 3). Harry recordaba que «alguien miraba fotos mías del colegio de aquella época y decía: dejaste de sonreír, solo ponías una mueca a la cámara, no había sonrisa… En esa situación creces deprisa» (Harry, entrevista 1).

Este deseo de salir adelante a pulso frente al dolor del encarcelamiento de su padre y a su efecto en la familia significaba que la vulnerabilidad era algo que había que reprimir. Los participantes hablaban a menudo con naturalidad de experiencias tempranas difíciles, recordando los hechos pero no las emociones. Pero detrás de esa fachada «tranquila y serena» (Robert, entrevista 1), asomaban destellos de vulnerabilidad, como cuando a Harry se le saltaron las lágrimas al hablar de las injusticias del mundo, vinculándolas con su propia experiencia de niño inocente expulsado de la inocencia sin que se le pidiera opinión: «a la gente la arrastran a cosas a las que no tiene ningún deseo de que la arrastren o sobre las que no tiene ningún control. ¿Sabes?, para mí ese es el asunto» (Harry, entrevista 1). Este sentimiento de injusticia, de «¿por qué a mí?», resonaba en las descripciones de Paul y de Fiachra sobre cómo los apartaron de su entorno familiar, a Paul a un centro de internamiento de menores y a Fiachra a un centro de acogida, sin que pudieran opinar: «Sentía que le había pasado a mi padre y me había pasado a mí, ¿por qué? No lo entendía» (Paul, entrevista 2); «nadie me dio nunca la oportunidad de poder responder» (Fiachra, entrevista 3). Los participantes, por necesidad, tuvieron que salir adelante a pulso y crecer antes de tiempo. No sentían que tuvieran elección: «¿Qué otra cosa vas a hacer? No había nadie más para ayudar» (Ben, entrevista 2).

Parecía que este salir adelante a pulso era necesario para los participantes y los moldeó de manera profunda: «Sin duda tuvo un impacto enorme en cómo me moldeé, en cómo me formé y en quién soy ahora» (Fiachra, entrevista 2). Pese a carecer de esa «cuna familiar en la que volver a acomodarse» (Harry, entrevista 2), todos los participantes mostraban alguna forma de resiliencia, lo que suscitaba en el entrevistador notables sentimientos de admiración. Esta resiliencia se reflejaba en la manera en que habían asumido sus experiencias tempranas y en cómo estas orientaban su actitud ante la vida: «¿Me molesta? No. Me hizo quien soy y lo que soy, y capaz de ser bastante filosófico con la vida, ¿sabes?, que no todo consiste en tener las mejores oportunidades del mundo, ¿sabes?, que vas a tener que apañarte con lo que tienes» (Harry, entrevista 1).

Los participantes parecían tomar el control de las circunstancias de su vida y empezar a moldearlas de maneras que tuvieran sentido para ellos, tomando deliberadamente un camino diferente, decididos a marcar la diferencia para personas en situaciones similares (aunque más tarde esto les produjera desencanto): «Quiero que tengan lo que yo no tuve, supongo, que es alguien que luche por ellos. Y por eso entré en [la profesión]. Y en cierto modo también por eso acabé quemado» (Ben, entrevista 2). Algunos participantes encontraron maneras de seguir saliendo adelante a pulso en su vida adulta: a través del trabajo, en el caso de Harry: «Tendía, ya sabes, a enterrarme en eso y a quedar… envuelto en ello… absorbido por el trabajo» (Harry, entrevista 2). En el caso de Robert, era la búsqueda de justicia en nombre de su padre lo que parecía ayudarle a sobrellevar todo aquel dolor, aunque reconocía que esa búsqueda no lo arreglaría todo necesariamente: «Tiendes a bloquear otras cosas, como mirar fotos de él u oír historias entretanto… porque sientes que ha habido una injusticia, así que… piensas que si consigues justicia… todo irá bien. Es una de esas cosas: probablemente no» (Robert, entrevista 3).

Salir adelante a pulso tenía sus costes. Era como si los participantes tuvieran que atravesar sus experiencias tempranas y tomar suficiente distancia para poder enfrentarse por fin al dolor que habían dejado de lado: «Años atrás nunca hubo un momento en que me sintiera… cómodo para hablar de ello. En aquel momento lo tenía demasiado cerca» (Harry, entrevista 2). La estrategia de Ben de ser el fiable y el independiente, aunque le fue útil en sus primeros años, pareció volverse en su contra en la edad adulta: vivió ideación suicida y adicción, algo que le provocó una escisión interna: «Siempre he sentido que he estado mintiendo un poco a todo el mundo, porque finjo que todo está bien, que todo va genial, pero sigo sufriendo problemas de adicción, sigo luchando con los mismos problemas de salud mental que tenía de niño; simplemente los enterré bajo una falsa historia de éxito» (Ben, entrevista 1).

Sin embargo, algunos veían el hecho del encarcelamiento de su padre como un mal necesario. Ben contó que «la cárcel fue lo mejor que [le] pudo pasar [a mi padre], porque le dio tiempo para reflexionar sobre todos los problemas sobre los que necesitaba reflexionar, y salió de allí siendo una persona completamente distinta» (Ben, entrevista 1). Para Fiachra, apartar a su padre del entorno familiar era una necesidad para su seguridad, debido a «los abusos que sufrían [sus] hermanas» (Fiachra, entrevista 1). Glen compartió su valoración sincera del encarcelamiento de su padre: «En cierto modo siempre sentí que probablemente estaban haciendo lo correcto al encerrarlo» (Glen, entrevista 1), y Harry también señaló que «en algunos aspectos, [estaban] mejor sin él» (Harry, entrevista 3).

DISCUSIÓN

Los cuatro temas («El padre liminal», «Custodiar el interior», «Empujados a los márgenes» y «Salir adelante a pulso») parecen reflejar el cambio significativo que se produjo en el mundo psicológico de los participantes tras el encarcelamiento de su padre, tanto en la manera en que lo afrontaron durante la infancia como en la forma en que alteró su modo de relacionarse consigo mismos y con los demás más adelante, en la edad adulta. El padre liminal se refiere al espacio que el padre ocupaba en la frontera entre presencia y ausencia durante su encarcelamiento y después de él, así como a la manera en que los participantes se identificaban o se desidentificaban con su padre. Custodiar el interior describe cómo se protegían los participantes de experiencias internas dolorosas. Empujados a los márgenes describe las maneras en que los participantes se sentían al margen de la vida. Por último, Salir adelante a pulso ilustra cómo afrontaron los participantes el encarcelamiento de su padre: creciendo pronto, reprimiendo su vulnerabilidad y perdiendo en el proceso su inocencia. En conjunto, estos temas indican que los participantes parecían vivir a su padre como una presencia liminal durante su encarcelamiento y después de él. Su encarcelamiento los obligó a habitar un espacio en los márgenes de las cosas, moldeó las maneras en que se protegían del dolor emocional y creó la necesidad de salir adelante a pulso frente a la conmoción de esta experiencia. Los hallazgos se discutirán en relación con la investigación previa y con la manera en que amplían nuestra comprensión de las experiencias de los hijos varones ante el encarcelamiento del padre.

Los hallazgos amplían la investigación previa sobre la pérdida ambigua (p. ej., Bocknek et al., 2009; King et al., 2024), el estigma (p. ej., McGinley & Jones, 2018), el afrontamiento de emociones intensas (p. ej., Kautz, 2017), el crecer deprisa o la parentificación (p. ej., Zhang & Flynn, 2025) y la resiliencia o el «salir adelante a pulso» (p. ej., Johnson & Arditti, 2023). Por ejemplo, aunque la investigación y la teorización previas sobre la pérdida ambigua han mostrado lo doloroso que resulta para las familias lidiar con la paradójica «presencia-ausencia» de un progenitor encarcelado (Bocknek et al., 2009; Boss, 1999; King et al., 2024), los hallazgos de esta investigación revelan cómo es la experiencia interna de atravesar esta pérdida desde la perspectiva del hijo, así como el modo en que acaba moldeando el desarrollo de su identidad. Empujados a los márgenes se relaciona con la investigación previa sobre la pérdida de vínculos sociales y la imposición del estigma (p. ej., Breen, 2008; McGinley & Jones, 2018; Zhang & Flynn, 2025). Mientras que la investigación previa examina la experiencia del estigma en el momento en que se produce para la familia y la criatura, los presentes hallazgos describen cómo el estigma se vivía como algo impuesto a los participantes, como una condena de prisión propia, una condena cuyas ondas aún los atravesaban hoy y que dejaba a algunos en un estado de entremedias. De este modo, el estigma estaba íntimamente ligado a la liminalidad de su padre. La relación entre padre e hijo quedó en cierto modo relegada a los márgenes, al tiempo que adquiría una importancia creciente en la vida mental de los participantes y en el desarrollo de su estructura de carácter, lo que ilustra la paradoja de la ausencia-presencia mencionada anteriormente. En este proceso creció la desconfianza hacia los demás, en particular hacia quienes ostentan autoridad, en línea con los hallazgos de Miller et al. (2011), según los cuales las experiencias tempranas adversas pueden conducir a una mayor vigilancia ante la amenaza, a la desconfianza y a relaciones sociales disfuncionales.

Simultáneamente a estos cambios interpersonales se producía un cambio intrapersonal, en la medida en que afecta a la experiencia que la persona tiene de sí misma y a su relación consigo misma, así como a la relación entre las partes del self. Custodiar el interior refleja cómo se defendían los participantes del dolor emocional del encarcelamiento de su padre, algo que se transformó en una estrategia general de defensa frente a las emociones dolorosas. Quizá como manera de gestionar la intensidad de estas experiencias tempranas, los participantes recurrían a diversos procesos defensivos, como el aislamiento del afecto (recordar los hechos, pero no la emoción de los acontecimientos tempranos), la idealización y la desvalorización (poner a su padre en un pedestal o verlo como la fuente de todos sus problemas; Freud, 1966) o la identificación con el agresor (Ferenczi, 1988; Howell, 2014). Esto refleja las observaciones de Sack (1977) sobre las conductas agresivas de los hijos de padres encarcelados. Como muchos participantes estuvieron expuestos a las conductas violentas o antisociales de su padre antes del encarcelamiento, es probable que ello suscitara una angustia a la que respondieron alineándose con esos rasgos de su padre, sobre todo en sus primeros años, o, en otros casos, idealizándolo (Frosh, 2012). Asimismo, ese sentimiento de identificarse con aspectos de su padre pudo servir para salvar la distancia y la angustia que suscitaba su encarcelamiento.

Es posible que los participantes heredaran ciertos guiones de masculinidad de su padre y de la cultura en general (Connell & Messerschmidt, 2005). Ese sentimiento de identificarse con aspectos de su padre pudo llevarlos a preferir los modos de afrontar las emociones descritos más arriba, alineados con una versión más hegemónica de la masculinidad, que inhibían su capacidad de expresar y sentir plenamente el dolor de sus experiencias tempranas; sin embargo, en algunos este guion empezó a modificarse con la edad, lo que permitió que surgiera una relación distinta y más expresiva con las emociones, que quizá refleje una masculinidad más afectiva y de cuidado (Miller, 2010).

El padre liminal y Salir adelante a pulso apuntan a nuevas maneras de comprender cómo es esta experiencia. Los participantes parecían vivir una sensación persistente de pérdida ambigua (Bocknek et al., 2009; Boss, 1999, 2007; King et al., 2024) en respuesta al encarcelamiento de su padre y a sus efectos en cadena sobre su vida. El encarcelamiento empujó a su padre a un espacio liminal que cambió la dinámica entre padre e hijo, una liminalidad que parecía perdurar después del encarcelamiento. Los participantes tenían la sensación de una pérdida poco clara: su padre quedaba reducido al espacio restringido de la sala de visitas y ya no era una presencia física en su vida cotidiana. Era como si cada participante hubiera llorado algo (Baker, 2001; Berzoff, 2003; Freud, 1917; Kernberg, 2010) cuando su padre entró en prisión: las expectativas de una relación ideal entre padre e hijo, un cambio en la imagen de su padre (ahora un «delincuente»), un cambio en su presencia física tangible. Su padre existía ahora en un espacio transicional, y los participantes tenían que lidiar con el «enigma de la presencia ausente» (Taiana, 2014). También ellos quedaban situados en un estado de entremedias, en las fronteras de su vida anterior, como muestra Empujados a los márgenes.

Parece que, aunque su padre siguiera con vida, el encarcelamiento mató una parte de él o de su relación en la mente de los participantes, lo que dio lugar a una experiencia de pérdida y de duelo. Lo que les quedó fue una especie de «herida paterna» (Miller, 2013), una huella dolorosa de su ausencia que reverberaba hasta la edad adulta. Una herida paterna puede definirse como un «conflicto interiorizado y no resuelto entre padre e hijo» (Diamond, 2007, p. 161), provocado por la ausencia física o emocional del padre. Otra manera de verlo es que la liminalidad del padre le impidió ganarse el estatus de «padre» a ojos de sus hijos, al no cumplirse ciertas expectativas de implicación y de presencia (Brown-Weinstock et al., 2023). La incapacidad del padre para implicarse y proveer, según las normas dominantes de paternidad y masculinidad (Dermott, 2014; Hanlon, 2012; Randles, 2020), pudo influir en estos sentimientos de pérdida. El carácter ambiguo y socialmente sancionado de la pérdida parecía dejar a los participantes con esta herida interna, a la que respondían mediante procesos defensivos como los descritos más arriba, así como mediante el repudio, la renegación, la idealización y la sobreidentificación (Balcom, 1998).

La sutil presencia del padre parecía tener implicaciones interpersonales, sobre todo en las relaciones íntimas, e influía en la manera de relacionarse con los demás (Jones, 2007), así como en su miedo a ser a su vez padres disfuncionales. Algunos habían conseguido superar estos miedos y mantenían relaciones estables, mientras que otros parecían más reacios a establecer esos vínculos. El miedo al enredo emocional, una baja autoestima o la necesidad de ser el protector o el salvador caracterizaban los relatos de los participantes, lo que influía en su manera de transitar las relaciones íntimas (Balcom, 1998). Sin la presencia de un padre, la capacidad de tolerar y manejar múltiples relaciones parecía volverse más difícil para los participantes (Jones, 2007).

Sin embargo, estas maneras de responder pudieron ser también formas de elaborar esta pérdida y de implicarse en el proceso de duelo. Como han mostrado Baker (2001) y Kernberg (2010) en su descripción psicoanalítica de la pérdida, el duelo suele implicar una interiorización progresiva de la relación entre el self y el otro (en este caso, la relación entre padre e hijo), un vínculo interno que se mantiene a lo largo de la vida y puede moldear la orientación vital, la formación de la identidad y los valores. Al igual que en las observaciones de Fraiberg et al. (1975) sobre la manera en que madres y padres pueden trasladar experiencias relacionales pasadas a sus encuentros con su descendencia, los participantes de este estudio parecían llevar consigo este vínculo interno con su padre y utilizarlo como guía para sus relaciones y sus filosofías de vida, tanto de lo que había que hacer como de lo que había que evitar. El padre, pese a su ausencia, parece quedar interiorizado en el mundo psicológico de los participantes (Jones, 2007).

En este contexto, Salir adelante a pulso representa cómo los participantes, empujados más allá de un umbral hacia un espacio psicológico oscuro y desconocido tras el encarcelamiento de su padre, lidiaron con este desconcertante cambio interiorizando la relación «perdida» con su padre y dejando que influyera en la formación de su identidad y en lo que consideraban significativo en la vida (King et al., 2024). Para algunos, esto significó identificarse con él y casi ocupar su lugar en el sistema familiar (p. ej., Ben, Paul, Glen). Para otros, significó utilizarlo como guía interna para transitar las relaciones y las dificultades de la vida (p. ej., Robert). O bien significó utilizar esta imagen paterna interna como símbolo negativo frente al cual definirse (p. ej., Fiachra). Quizá esta incorporación del padre al mundo interno y al sentido de identidad en desarrollo permitió a los participantes mantener un vínculo afectivo con él. Parece que la presencia-ausencia del padre acompañó a los participantes durante el resto de su vida, como si «la sombra del objeto [padre] cayera sobre el yo [hijo]» (Freud, 1917).

Un punto fuerte de esta investigación fue el uso de varias entrevistas, en línea con los hallazgos de Goyes y Sandberg (2025). Permitió que se desarrollara más confianza entre entrevistador y participante y, por tanto, aumentó la riqueza y los matices de los datos disponibles para el análisis. Una limitación es quizá que todos los participantes procedían de familias nucleares de tipo occidental, lo que pudo influir en su experiencia del encarcelamiento de su padre, en comparación con los sistemas de parentesco en los que muchas personas adultas comparten la responsabilidad del cuidado de la infancia.

La investigación futura debería considerar el impacto de la etapa vital en la elaboración de esta experiencia. Podría ser que la etapa del desarrollo vital (Erikson, 1994) influyera en la manera en que los participantes dan sentido a esta experiencia. En este estudio quedó claro que algunos participantes se encontraban en una fase temprana de su elaboración, mientras que otros ya habían alcanzado cierta paz con ella. Parece muy probable que el impacto de la ausencia del padre en los participantes de este estudio, así como en los hombres en general cuyo padre estuvo encarcelado durante un periodo prolongado y clave de su infancia, esté relacionado también con el contexto familiar y social más amplio en el que se produjo, incluida la capacidad de la familia para elaborar la pérdida y la disponibilidad de experiencias compensatorias y sustitutivas. Asimismo, los distintos tipos de delito pudieron influir en la experiencia del encarcelamiento del padre (p. ej., abusos frente a encarcelamiento político), lo que justifica explorar el impacto del tipo de delito en la experiencia vivida de los hijos. En este estudio, algunos participantes (p. ej., Harry y Paul) sentían que su padre había sido encarcelado injustamente, lo que pudo dar lugar a una experiencia cualitativamente distinta de tener un padre encarcelado, frente a la de Fiachra, cuyo padre había cometido abusos sexuales, que suelen conllevar una mayor carga de estigmatización (Harper et al., 2024).

Implicaciones

Las implicaciones para profesionales de la clínica que trabajan con hijos y familias afectados por el encarcelamiento del padre son las siguientes: (a) el encarcelamiento provoca un cambio fundamental en la relación entre padre e hijo, vivido como una pérdida que puede tener efectos a largo plazo, por lo que comprender el impacto de este cambio es esencial para entender cómo se relaciona esta población con su vida emocional y con los demás; (b) los hijos de personas presas pueden recurrir a diversos procesos defensivos para gestionar el dolor emocional y mantener el vínculo con su padre, pero estos procesos también pueden inhibir la expresión de su vulnerabilidad y su confianza, lo que implica que se necesita más tiempo para construir una relación terapéutica; y (c) el estigma (y la sensación de alienación que conlleva) se prolonga en la vida adulta, lo que sugiere que, para quienes trabajan clínicamente con esta población, es importante explorar los ecos del estigma en el presente, así como abordar el estigma y la sensación de desconexión de los demás desde la infancia, quizá procurando incluir a estos hijos en grupos sociales en los que sientan que pertenecen (Bradshaw et al., 2024). Por ejemplo, servicios para familias de personas presas como Care After Prison (s. f.) y Bedford Row Family Project (2021) ofrecen actualmente apoyo a los miembros de la familia. Estos servicios podrían plantearse ampliar su ámbito de actuación para incluir grupos sociales específicos para hijos e hijas de personas presas, centrados en actividades compartidas que permitan establecer relaciones significativas entre pares y que aborden el estigma, la soledad y las dificultades emocionales, con la facilitación de profesionales de la clínica con formación específica.

Las prisiones también podrían beneficiarse de favorecer más la relación entre padre e hijo, para mitigar la sensación de pérdida que viven los hijos que se quedan fuera. Esto podría incluir hacer las prisiones más acogedoras para la infancia y permitir más contacto entre los padres encarcelados y sus hijos. Un proyecto teatral realizado en 2024 en la prisión de Mountjoy, en Dublín, ofreció a hombres privados de libertad, algunos de ellos padres, la oportunidad de crear y representar un espectáculo para ilustrar sus experiencias de opresión y su deseo de romper el ciclo del trauma para su propia descendencia (Ruane & Dyas, 2024). Este proyecto (dirigido específicamente a hombres privados de libertad) les permitió acceder a un estado de vulnerabilidad que les permitió conectar más profundamente con sus familias. Es un ejemplo de otra manera de facilitar las visitas: ¿podrían las criaturas más pequeñas participar en los proyectos en los que participan sus padres o asistir a ellos? ¿Hay margen para que proyectos innovadores como el descrito favorezcan el fortalecimiento de los vínculos entre padre e hijo?

La política actual del Servicio Penitenciario Irlandés establece que las personas presas tienen derecho a una visita presencial por semana, pero la realidad es bastante distinta (Chambers, 2023). El Servicio Penitenciario Irlandés debería esforzarse por garantizar el cumplimiento de su política y de los requisitos legales. También podría cambiarse la naturaleza de las visitas en prisión, por ejemplo ampliando y extendiendo programas como Parenting Inside, impartido por Bedford Row Family Project (2021), con el énfasis puesto en ofrecer la oportunidad de que se produzcan experiencias que favorezcan el desarrollo entre los padres encarcelados y sus hijos (p. ej., juego físico, actividades conjuntas, contacto físico y conexión adecuados para reducir la sensación de liminalidad del padre). Quienes trabajan con estas familias, en particular con los hijos, deberían considerar el papel del modelado emocional, del reconocimiento y de la denominación de las emociones para ayudar a estos hijos a transitar los sentimientos profundos y contradictorios que suscita el encarcelamiento de su padre.

Conclusión

En conclusión, esta investigación se propuso explorar la experiencia vivida de crecer con un padre encarcelado, desde la perspectiva de los hijos ya adultos. Mediante un enfoque cualitativo de orientación psicoanalítica, se identificaron cuatro temas centrales: El padre liminal, Custodiar el interior, Empujados a los márgenes y Salir adelante a pulso. A través de los relatos de los participantes, la sensación de pérdida precipitada por el encarcelamiento de su padre se propagó por toda su vida, orientando sus decisiones y sus valores a medida que se hacían adultos, además de tener otros efectos diversos, como los efectos persistentes del estigma y la necesidad de defenderse de los aspectos dolorosos de esta experiencia.

Este estudio subraya la necesidad de prestar más atención a la manera en que el encarcelamiento paterno puede vivirse como una sensación de pérdida continua para los hijos que se quedan fuera, de un modo que va más allá de una simple experiencia de pérdida ambigua y que parece, en cambio, configurar profundamente su manera característica de estar en el mundo, como muestra la forma en que los participantes describieron que utilizaban a su padre como modelo tanto de lo que había que hacer como de lo que había que evitar, y cómo su sutil presencia seguía rondando su mente en el presente. Conociendo los impactos profundos y duraderos del encarcelamiento paterno, parece importante que los hijos de padres encarcelados tengan la oportunidad de reducir la liminalidad de la presencia de su padre. Esto podría lograrse mediante cambios en las prácticas penitenciarias que permitan un mayor contacto y una mayor implicación con el padre encarcelado, de un modo que le permita conservar parte de su papel en el sistema familiar y, por tanto, su papel de «padre» para su hijo, aunque sea de forma modificada. Nuestro estudio aporta una comprensión nueva y más profunda de cómo es la experiencia del encarcelamiento paterno desde la perspectiva del hijo adulto, y ofrece otra perspectiva para valorar el impacto del encarcelamiento paterno en los hijos varones.

Complexe Systémique: puntos clave

El artículo arroja luz sobre una población poco visible en consulta: hombres adultos que piden ayuda por una adicción, una depresión o dificultades de pareja sin relacionar espontáneamente su historia con el encarcelamiento de su padre. La noción de padre liminal amplía la pérdida ambigua descrita por Boss y, desde una lectura sistémica, recuerda que el ausente sigue organizando el sistema: identificaciones y contraidentificaciones, parentificación del hijo convertido en el «hombre de la casa», miedo a repetir el patrón con los propios hijos. Para la práctica se desprenden tres orientaciones: explorar el vínculo con el padre encarcelado incluso cuando parece cerrado, dar a las defensas (humor, muros, desapego) el tiempo que requieren y trabajar con los ecos actuales del estigma. Las propuestas sobre las visitas en prisión y los grupos de pares interesan también a los servicios que acompañan a las familias. Los límites son los de un estudio con seis participantes cuyas vidas estuvieron marcadas por múltiples traumas, en un contexto irlandés y británico en el que los delitos de los padres van de la posesión de drogas a los abusos sexuales y las condenas políticas; la interpretación se apoya en gran medida en la contratransferencia de un único investigador. Para leer junto con la revisión sobre la terapia relacional tras el encarcelamiento y el artículo sobre la nueva paternidad.

Referencias

Arditti, J. A. (2016). A family stress-proximal process model for understanding the effects of parental incarceration on children and their families. Couple and Family Psychology: Research and Practice, 5(2), 65–88. https://doi.org/10.1037/cfp0000058

Arditti, J. A., & Johnson, E. I. (2022). A family resilience agenda for understanding and responding to parental incarceration. American Psychologist, 77(1), 56–70. https://doi.org/10.1037/amp0000687

Baker, J. E. (2001). Mourning and the transformation of object relationships: Evidence for the persistence of internal attachments. Psychoanalytic Psychology, 18(1), 55–73. https://doi.org/10.1037/0736-9735.18.1.55

Balcom, D. A. (1998). Absent fathers: Effects on abandoned sons. The Journal of Men's Studies, 6(3), 283–296. https://doi.org/10.1177/106082659800600302

Bedford Row Family Project. (2021). Parenting inside. https://www.bedfordrow.ie/parenting-inside/

Berzoff, J. (2003). Psychodynamic theories in grief and bereavement. Smith College Studies in Social Work, 73(3), 273–298. https://doi.org/10.1080/00377310309517686

Besemer, K. L., Dennison, S. M., Bijleveld, C. C. J. H., & Murray, J. (2019). Effects of parental incarceration on children: Lessons from international research. In J. M. Eddy & J. Poehlmann-Tynan (Eds.), Handbook on children with incarcerated parents: Research, policy, and practice ( 2nd ed., pp. 65–81). Springer International Publishing AG. https://doi.org/10.1007/978-3-030-16707-3_6

Bocknek, E. L., Sanderson, J., & Britner, P. A. (2009). Ambiguous loss and posttraumatic stress in school-age children of prisoners. Journal of Child and Family Studies, 18, 323–333. https://doi.org/10.1007/s10826-008-9233-y

Boss, P. (1999). Ambiguous loss: Learning to live with unresolved grief. Harvard University Press.

Boss, P. (2007). Ambiguous loss theory: Challenges for scholars and practitioners. Family Relations, 56(2), 105–111. https://doi.org/10.1111/j.1741-3729.2007.00444.x

Boss, P., & Greenberg, J. (1984). Family boundary ambiguity: A new variable in family stress theory. Family Process, 23(4), 535–546. https://doi.org/10.1111/j.1545-5300.1984.00535.x

Bradshaw, D., Bornica, I., Griffin, S. M., McMahon, G., & Muldoon, O. T. (2024). ‘Sins of their fathers’: Social groups parental incarceration and positive psychological outcomes across time in the US and UK. Journal of Community & Applied Social Psychology, 34(2), Article e2769. https://doi.org/10.1002/casp.2769

Bradshaw, D., Creaven, A.-M., & Muldoon, O. T. (2021). Parental incarceration affects children's emotional and behavioural outcomes: A longitudinal cohort study of children aged 9 to 13 years. International Journal of Behavioral Development, 45(4), 310–316. https://doi.org/10.1177/0165025421995918

Breen, J. (2008). Prisoners' families and the ripple effects of imprisonment. Studies: An Irish Quarterly Review, 97(385), 59–71.

Brown-Weinstock, R., Gold, S., Edin, K., & Nelson, T. (2023). Earning the role: Father role institutionalization and the achievement of contemporary fatherhood. Social Problems, 72(3), 895–911. https://doi.org/10.1093/socpro/spad022

Care After Prison. (n.d.). Family support. http://careafterprison.ie/family-support/

Cartwright D. (2004). The psychoanalytic research interview: Preliminary suggestions. Journal of the American Psychoanalytic Association, 52(1), 209–242. https://doi.org/10.1177/00030651040520010501

Chambers, A. (2023, November 30). “Children don't deserve this”: Visiting an imprisoned parent is “traumatising.” The Journal. https://www.thejournal.ie/calling-time-children-trauma-visiting-prisons-6236113-Nov2023/

Children of Prisoners Europe. (2021). Number of children separated from an imprisoned father. https://childrenofprisoners.eu/facts_and_figures/children-separated-from-father/

Connell, R. W., & Messerschmidt, J. W. (2005). Hegemonic masculinity: Rethinking the concept. Gender & Society, 19(6), 829–859.

De Luca Picione, R., & Valsiner, J. (2017). Psychological functions of semiotic borders in sense-making: Liminality of narrative processes. Europe's Journal of Psychology, 13(3), 532–547. https://doi.org/10.5964/ejop.v13i3.1136

Deacon, K. (2023). Dual liminars: Teenagers and young people with a family member in prison. British Journal of Criminology, 63(3), 748–764. https://doi.org/10.1093/bjc/azac055

Del Toro, J., Fine, A., & Wang, M. T. (2023). The intergenerational effects of paternal incarceration on children's social and psychological well-being from early childhood to adolescence. Development and Psychopathology, 35(2), 558–569. https://doi.org/10.1017/S0954579421001693

Dermott, E. (2014). Intimate fatherhood: A sociological analysis. Routledge.

Diamond, M. J. (2007). My father before me: How fathers and sons influence each other throughout their lives. Norton.

Domżalska, A. (2022). Fathers' imprisonment as perceived by their children. In Forum Pedagogiczne (Vol. 12, No. 2, pp. 335–353). Uniwersytet Kardynała Stefana Wyszyńskiego w Warszawie.

Dyer, W. J., Pleck, J. H., & McBride, B. A. (2012). Imprisoned fathers and their family relationships: A 40-year review from a multi-theory view. Journal of Family Theory & Review, 4(1), 20–47. https://doi.org/10.1111/j.1756-2589.2011.00111.x

Eichenberger, A., & Boswell, N. (2024). Transference in teletherapy: A case discussion. American Journal of Psychiatry Residents' Journal, 19(4), 18–19. https://doi.org/10.1176/appi.ajp-rj.2024.190407

Erikson, E. H. (1994). Identity and the life cycle. W.W. Norton & Company.

Felitti, V. J., Anda, R. F., Nordenberg, D., Williamson, D. F., Spitz, A. M., Edwards, V., Koss, M. P., & Marks, J. S. (1998). Relationship of childhood abuse and household dysfunction to many of the leading causes of death in adults: The Adverse Childhood Experiences (ACE) Study. American Journal of Preventive Medicine, 14(4), 245–258. https://doi.org/10.1016/s0749-3797(98)00017-8

Ferenczi, S. (1988). Confusion of tongues between adults and the child: The language of tenderness and of passion. Contemporary Psychoanalysis, 24(2), 196–206. https://doi.org/10.1080/00107530.1988.10746234

Fox, M. P., Moore, R. L., & Song, X. (2023). Entwined life events: The effect of parental incarceration timing on children's academic achievement. Advances in Life Course Research, 55, Article 100516. https://doi.org/10.1016/j.alcr.2022.100516

Fraiberg, S., Adelson, E., & Shapiro, V. (1975). Ghosts in the nursery. A psychoanalytic approach to the problems of impaired infant-mother relationships. Journal of the American Academy of Child Psychiatry, 14(3), 387–421. https://doi.org/10.1016/s0002-7138(09)614424

Freud, A. (1966). The ego and the mechanisms of defence. Karnac Books.

Freud, S. (1917). Mourning and melancholia. The Standard Edition of the Complete Psychological Works of Sigmund Freud, 14(1914–1916), 237–258.

Frosh, S. (2012). A brief introduction to psychoanalytic theory. Palgrave Macmillan.

Geller, A., Cooper, C. E., Garfinkel, I., Schwartz-Soicher, O., & Mincy, R. B. (2012). Beyond absenteeism: Father incarceration and child development. Demography, 49, 49–76. https://doi.org/10.1007/s13524-011-0081-9

Gilani, A. A. (2020). The effects of fathers' imprisonment on children: Risks and challenges. Indian J. Criminology, 48(2), 57–70.

Goyes, D. R., & Sandberg, S. (2025). Trust, nuance, and care: Advantages and challenges of repeat qualitative interviews. Qualitative Research, 25(2), 330–349. https://doi.org/10.1177/14687941241246159

Hanlon, N. (2012). Masculinities, care and equality: Identity and nurture in men's lives. Springer.

Harper, C. A., Rumney, P. N., & Sackey, D. A. (2024). Are sex offending allegations viewed differently? Exploring the effect of offense type and conviction status on criminal stigmatization. Sexual Abuse, 36(1), 33–58. https://doi.org/10.1177/10790632231154168

Haskins A. R. (2016). Beyond boys' bad behaviour: Paternal incarceration and cognitive development in middle childhood. Social Forces, 95(2), 861–892. https://doi.org/10.1093/sf/sow066

Herreros-Fraile, A., Carcedo, R. J., Viedma, A., Ramos-Barbero, V., Fernández-Rouco, N., Gomiz-Pascual, P., & Del Val, C. (2023). Parental incarceration, development, and well-being: A developmental systematic review. International Journal of Environmental Research and Public Health, 20(4), Article 3143. https://doi.org/10.3390/ijerph20043143

Herzog, J. (2013). Father hunger: Explorations with adults and children. Routledge. https://doi.org/10.4324/9780203779620

Holmes, J. (2013). Using psychoanalysis in qualitative research: Countertransference-informed researcher reflexivity and defence mechanisms in two interviews about migration. Qualitative Research in Psychology, 10(2), 160–173. https://doi.org/10.1080/14780887.2011.586451

Holstein, J. A., & Gubrium, J. F. (1995). The active interview. Sage Publications. https://doi.org/10.4135/9781412986120

Howell, E. F. (2014). Ferenczi's concept of identification with the aggressor: Understanding dissociative structure with interacting victim and abuser self-states. American Journal of Psychoanalysis, 74(1), 48–59. https://doi.org/10.1057/ajp.2013.40

Johnson, E. I., & Arditti, J. A. (2023). Risk and resilience among children with incarcerated parents: A review and critical reframing. Annual Review of Clinical Psychology, 19(1), 437–460. https://doi.org/10.1146/annurev-clinpsy-080921-081447

Jones, K. A. (2007). Assessing the impact of father-absence from a psychoanalytic perspective. Psychoanalytic Social Work, 14(1), 43–58. https://doi.org/10.1300/J032v14n01_03

Kautz, S. (2017). Adolescent adaptation to parental incarceration. Child & Adolescent Social Work Journal, 34(6), 557–572. https://doi.org/10.1007/s10560-017-0493-5

Kernberg, O. (2010). Some observations on the process of mourning. International Journal of Psychoanalysis, 91(3), 601–619. https://doi.org/10.1111/j.1745-8315.2010.00286.x

King, K., Whiting, P., Toone, D., & Blount, T. (2024). How adult children of incarcerated parents experience ambiguous loss. Family Process, 63(4), 2347–2366. https://doi.org/10.1111/famp.13000

Kvale, S. (1999). The Psychoanalytic Interview as qualitative research. Qualitative Inquiry, 5(1), 87–113. https://doi.org/10.1177/107780049900500105

Lee, H., & Wildeman, C. (2021). Assessing mass incarceration's effects on families. Science, 374(6565), 277–281. https://doi.org/10.1126/science.abj7777

Luk, M. S. K., Hui, C., Tsang, S. K. M., Fung, Y. L., & Chan, C. H. Y. (2023). Physical and psychosocial impacts of parental incarceration on children and adolescents: A systematic review differentiating age of exposure. Adolescent Research Review, 8(2), 159–178. https://doi.org/10.1007/s40894-022-00182-9

Luther, K. (2015). Examining social support among adult children of incarcerated parents. Family Relations, 64(4), 505–518. https://doi.org/10.1111/fare.12134

Maroti, D., von Below, C., & Werbart, A. (2026). Psychodynamic teletherapy: The Past, the present and the future. Journal of Contemporary Psychotherapy, 56, 61–68. https://doi.org/10.1007/s10879-025-09688-4

McGinley, M., & Jones, C. (2018). Growing up with parental imprisonment: Children's experiences of managing stigma, secrecy and shame. Practice, 30(5), 341–357. https://doi.org/10.1080/09503153.2018.1450497

Miller, E. D. (2013). Why the father wound matters: Consequences for male mental health and the father-son relationship. Child Abuse Review, 22(3), 194–208. https://doi.org/10.1002/car.2219

Miller, G. E., Chen, E., & Parker, K. J. (2011). Psychological stress in childhood and susceptibility to the chronic diseases of aging: Moving toward a model of behavioral and biological mechanisms. Psychological Bulletin, 137(6), 959–997. https://doi.org/10.1037/a0024768

Miller, T. (2010). Making sense of fatherhood: Gender, caring and work. Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/CBO9780511778186

Murray, J. (2005). The effects of imprisonment on families and children of prisoners. In A. Liebling & S. Maruna (Eds.), The effects of imprisonment (pp. 442–492). Willan.

Murray, J., & Farrington, D. P. (2008). The effects of parental imprisonment on children. In M. Tonry (Ed.), Crime and justice: A review of research (Vol. 37, pp. 133–206). University of Chicago Press.

Olsen, R. F. (2022). Paternal imprisonment and adolescent boys' charge rates. European Journal of Criminology, 19(5), 1122–1147. https://doi.org/10.1177/1477370820941421

Petts, R. J., Shafer, K. M., & Essig, L. (2018). Does adherence to masculine norms shape fathering behavior? Journal of Marriage and Family, 80(3), 704–720.

Poehlmann-Tynan, J., Burnson, C., Runion, H., & Weymouth, L. A. (2017). Attachment in young children with incarcerated fathers. Development and Psychopathology, 29(2), 389–404. https://doi.org/10.1017/S0954579417000062

Poehlmann-Tynan, J., & Turney, K. (2021). A developmental perspective on children with incarcerated parents. Child Development Perspectives, 15(1), 3–11. https://doi.org/10.1111/cdep.12392

Randles, J. (2020). Role modeling responsibility: The essential father discourse in responsible fatherhood programming and policy. Social Problems, 67(1), 96–112. https://doi.org/10.1093/socpro/spy027

Ruane, L., & Dyas, G. (2024). What we're made of. Kazoo Independent Publishing Services.

Sack, W. H. (1977). Children of imprisoned fathers. Psychiatry, 40(2), 163–174. https://doi.org/10.1080/00332747.1977.11023929

Sayers, J. (2021). Online psychotherapy: Transference and countertransference issues. British Journal of Psychotherapy, 37(2), 223–233. https://doi.org/10.1111/bjp.12624

Shaw, M. (2023). Financial strain, the transference of stigma, and residential instability: A qualitative analysis of the long-term effects of parental incarceration. Family Relations, 72(4), 1773–1789. https://doi.org/10.1111/fare.12763

Swisher, R. R., & Shaw-Smith, U. R. (2015). Paternal incarceration and adolescent well-being: Life course contingencies and other moderators. The Journal of Criminal Law & Criminology, 104(4), Article 7.

Taiana, C. (2014). Mourning the dead, mourning the disappeared: The enigma of the absent–presence. International Journal of Psychoanalysis, 95(6), 1087–1107. https://doi.org/10.1111/1745-8315.12237

Tufford, L., & Newman, P. (2012). Bracketing in qualitative research. Qualitative Social Work, 11(1), 80–96. https://doi.org/10.1177/1473325010368316

Turney, K. (2022). Chains of adversity: The time-varying consequences of paternal incarceration for adolescent behaviour. Journal of Quantitative Criminology, 38, 159–196. https://doi.org/10.1007/s10940-020-09485-3

Venema, S. D., Haan, M., Blaauw, E., & Veenstra, R. (2022). Paternal imprisonment and father–child relationships: A systematic review. Criminal Justice and Behavior, 49(4), 492–512. https://doi.org/10.1177/00938548211033636

Weidberg, F. (2017). Giving children of imprisoned parents a voice. Educational Psychology in Practice, 33(4), 371–386. https://doi.org/10.1080/02667363.2017.1336703

Wildeman, C. (2013). Parental incarceration, child homelessness, and the invisible consequences of mass imprisonment. The ANNALS of the American Academy of Political and Social Science, 651(1), 74–96. https://doi.org/10.1177/0002716213502921

Zhang, M. J., & Flynn, C. (2025). How do children describe their experiences of parental imprisonment: A qualitative scoping review. Children and Youth Services Review, 169, Article 108085. https://doi.org/10.1016/j.childyouth.2024.108085

Traducción no oficial de “The Liminal Father”: A qualitative study exploring men's experiences of paternal imprisonment, de Senan Tuohy‐Hamill, John O’Connor y Paul Murphy, Family Relations, publicación anticipada en línea (2026), doi: 10.1111/fare.70224, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tabla presentada en forma de lista). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Esta es una traducción del artículo original «“The Liminal Father”: A qualitative study exploring men's experiences of paternal imprisonment», publicado en Family Relations (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción de Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.

Leer el artículo original

Cómo citar este artículo

Tuohy-Hamill, S., O’Connor, J., et Murphy, P. (2026). “The Liminal Father”: A qualitative study exploring men's experiences of paternal imprisonment. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/the-liminal-father-a-qualitative-study-of-men-s-experiences-of-paternal-imprisonment (Obra original publicada en 2026 en Family Relations, publicación anticipada en línea, e70224 (2026); republicada en 2026 por Family Relations, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/fare.70224)

Carrito

Su carrito está vacío.