Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Australian and New Zealand Journal of Family Therapy · Terapia familiar

«Probablemente mi pene es demasiado pequeño»: un estudio autoetnográfico colaborativo

¿Qué le ocurre a una pareja cuando el pasado sexual de uno de sus miembros entra en su presente? Dos investigadores, vinculados a instituciones noruegas y danesas, se observan a sí mismos durante un largo periodo, a través de la escritura y el diálogo. Lo que describen se parece menos a los celos que a una sensación de insuficiencia, a imágenes que se imponen al cuerpo, a la vergüenza y a una ambivalencia entre apertura y protección, que la teoría de los sistemas familiares y el doble vínculo de Bateson ayudan a leer.

Autoría Lennart Lorås (Department of Welfare and Participation, Western Norway University of Applied Sciences, Bergen, Noruega); Jacob Cilius Vinsten Christiansen (UCL University College, Odense, Dinamarca)Primera publicación Australian and New Zealand Journal of Family Therapy, 8 de septiembre de 2026Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de ‘My Penis is Probably Too Small’: A Collaborative Autoethnographic Study, de Lennart Lorås y Jacob Cilius Vinsten Christiansen, publicado en Australian and New Zealand Journal of Family Therapy (Wiley) (2026), doi: 10.1002/anzf.70096, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para la lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Por tanto, el silencio no debería entenderse necesariamente como ausencia de significado, sino como una adaptación relacional.

Lennart Lorås y Jacob Cilius Vinsten Christiansen

Resumen

En la literatura, el pasado sexual de la pareja suele abordarse a través del concepto de celos, planteados por lo general como inquietudes relacionadas con la rivalidad, la amenaza o la inseguridad en la relación. Aunque esta perspectiva ha aportado conocimientos valiosos, quizá no capte por completo cómo se viven y se negocian estas experiencias en la vida relacional cotidiana. Para abordarlo, la pregunta de investigación que guio el estudio fue: ¿cómo vivimos y damos sentido a las maneras en que el pasado sexual de nuestras parejas da forma a nuestras relaciones íntimas? Se combinó un diseño autoetnográfico colaborativo con el análisis fenomenológico interpretativo. Seis textos reflexivos extensos, completados con conversaciones dialógicas continuas entre los investigadores, constituyeron la base del análisis. Se identificaron cuatro categorías interrelacionadas: (1) vivirse como insuficiente («quedarse corto»); (2) imágenes intrusivas y malestar corporal; (3) vergüenza y autorregulación, y (4) ambivalencia entre apertura y autoprotección. Los resultados sugieren que las dificultades relacionadas con el pasado sexual de la pareja no son principalmente expresiones de celos o de inseguridad en la relación, sino que reflejan procesos relacionales y regulatorios que implican la experiencia corporal, la imaginación, la vergüenza y la negociación de la intimidad y de la seguridad emocional. A partir de perspectivas fenomenológicas, del concepto de doble vínculo de Bateson y de la teoría de los sistemas familiares, el estudio pone de relieve cómo los esfuerzos por protegerse a uno mismo y proteger la relación pueden contribuir al mismo tiempo a mantener la presencia vivencial del pasado. Los resultados subrayan la importancia de entender el pasado sexual de la pareja como un fenómeno corporal y relacional, situado en el marco de concepciones culturales más amplias de la intimidad y de la apertura emocional.

Puntos clave

  • Las dificultades relacionadas con el pasado sexual de la pareja pueden entenderse mejor como fenómenos relacionales y regulatorios que únicamente como celos.
  • El malestar corporal, la vergüenza y las imágenes intrusivas pueden condicionar la manera en que se negocia la intimidad en relaciones por lo demás estables.
  • Los esfuerzos de los miembros de la pareja por protegerse y por protegerse mutuamente pueden mantener, sin quererlo, la presencia emocional del pasado.
  • La teoría de los sistemas familiares ofrece un marco útil para entender estas experiencias como procesos relacionales circulares y no como problemas individuales.

1 Introducción

Desde hace tiempo se reconoce que el pasado sexual de la pareja puede ser una fuente de tensión en las relaciones íntimas (Elphinston et al. 2013). La investigación ha abordado a menudo estas experiencias a través del prisma de los celos, poniendo el acento en las inquietudes relacionadas con la rivalidad, la amenaza o el miedo a la pérdida. En esta literatura, las reacciones ante la historia sexual de la pareja se presentan con frecuencia como expresiones de inseguridad o de posesividad, y se entienden como distorsiones cognitivas o emocionales que pueden cuestionarse o corregirse (Wurmser and Jarass 2008). Aunque estos trabajos han aportado conocimientos importantes, quizá no capten por completo la complejidad de cómo se vive y se negocia el pasado sexual de la pareja en la vida relacional cotidiana.

Un concepto que ha suscitado atención es el de los celos retroactivos, que designa un malestar persistente relacionado con las experiencias románticas o sexuales pasadas de la pareja (Osorio 2025). La investigación destaca los pensamientos intrusivos, las imágenes repetitivas y la dificultad para desprenderse de escenas imaginadas que implican el pasado de la pareja (Elphinston et al. 2013). Aunque ofrece descripciones valiosas de patrones cognitivos recurrentes, esta literatura ha conceptualizado el fenómeno sobre todo en términos individuales, con el riesgo de descuidar sus dimensiones relacionales, corporales y afectivas.

Desde la perspectiva de los sistemas familiares, las relaciones íntimas están insertas en procesos relacionales más amplios. Las experiencias relacionadas con el pasado sexual de la pareja no son acontecimientos intrapsíquicos aislados, sino que surgen dentro de dinámicas circulares continuas entre los miembros de la pareja (Bateson 1972; Priest and Lorås 2026). Los sentimientos de inseguridad pueden condicionar la comunicación, la revelación y la negociación de la cercanía emocional. El retraimiento, una sintonía alterada o el silencio protector pueden funcionar como intentos de preservar el equilibrio, al tiempo que sostienen las mismas experiencias que buscan regular. Así, las experiencias individuales y los procesos relacionales se constituyen mutuamente, en lugar de estar separados causalmente.

El significado asociado al pasado sexual de la pareja se forma a través del diálogo y de la anticipación del diálogo. La apertura, el silencio, la evitación y la protección son logros relacionales más que estados individuales. Lo que se dice, lo que queda sin decir y la manera en que se reciben las revelaciones contribuyen a la negociación continua de la intimidad y de la seguridad. La importancia de las experiencias pasadas surge de la construcción compartida de sentido dentro de la relación, y está a la vez condicionada por contextos socioculturales más amplios y por los discursos sobre la intimidad, el género y la autoestima.

En muchas sociedades occidentales contemporáneas, la apertura y la revelación suelen presentarse como indicadores de autenticidad y de salud relacional (Giddens 1992). Al mismo tiempo, las construcciones dominantes de la masculinidad pueden vincular la valía personal a la comparación y al rendimiento. Estos relatos condicionan la manera en que las parejas negocian lo que debe compartirse, lo que queda en el ámbito privado y la forma de expresar la vulnerabilidad. Las experiencias relacionadas con el pasado sexual de la pareja son, por tanto, a la vez personales, relacionales y socioculturalmente situadas. Estas tensiones se hacen evidentes cuando los ideales de apertura chocan con los límites corporales de la tolerancia. Aunque la revelación suele presentarse como necesaria para la intimidad, también puede superar la capacidad afectiva y provocar una desestabilización. El concepto de doble vínculo de Bateson ofrece un marco para entender estos dilemas, en los que la apertura y la autoprotección pueden vivirse como igualmente importantes y, sin embargo, difíciles de conciliar (Bateson et al. 1956; Bateson 1972). Estas tensiones no tienen por qué entenderse como fijas o irresolubles, sino que pueden ir cambiando a medida que los miembros de la pareja negocian distintas maneras de equilibrar apertura, protección y seguridad emocional. Aquí, el concepto no se utiliza en un sentido patológico, sino como una descripción fenomenológica de tensiones relacionales vividas.

Pese al creciente interés por las dimensiones relacionales y corporales de la intimidad, siguen haciendo falta estudios en profundidad que exploren cómo se vive desde dentro el pasado sexual de la pareja. Pocas investigaciones han examinado cómo se despliegan estas experiencias como fenómenos relacionales vividos, o cómo se inscriben en el diálogo, en la regulación mutua y en la negociación de la cercanía en las relaciones de larga duración.

Por ello, este estudio explora cómo se vive el pasado sexual de la pareja dentro de las relaciones íntimas, prestando atención a su inscripción relacional y sociocultural. Al centrarse en la experiencia vivida, pretende arrojar luz sobre las dinámicas relacionales y dialógicas mediante las cuales el pasado sexual de la pareja da forma a la intimidad presente. La pregunta de investigación que lo guía es: ¿cómo vivimos y damos sentido a las maneras en que el pasado sexual de nuestras parejas da forma a nuestras relaciones íntimas?

2 Metodología

Este estudio adoptó un enfoque autoetnográfico colaborativo cualitativo, fundamentado teóricamente en la fenomenología y la hermenéutica. El análisis se llevó a cabo mediante el análisis fenomenológico interpretativo (IPA, por sus siglas en inglés). El objetivo era desarrollar una comprensión interpretativa de cómo las percepciones del pasado sexual de la pareja pueden afectar a las relaciones íntimas. Se prestó especial atención a cómo se viven e interpretan estas experiencias en contextos relacionales. Los datos se generaron mediante un proceso colaborativo que incluyó textos reflexivos individuales y posteriores conversaciones dialógicas entre los investigadores.

2.1 Diseño de la investigación y material de datos

El estudio se realizó en el marco de la autoetnografía colaborativa (CAE, por sus siglas en inglés). La CAE es un enfoque de investigación cualitativa en el que varias personas investigadoras generan material autobiográfico sobre un tema común y participan conjuntamente en la exploración interpretativa de ese material (Ngunjiri et al. 2010). En lugar de tratar los relatos personales como narraciones aisladas, el enfoque pone de relieve cómo las experiencias vividas adquieren sentido a través del diálogo y de su inscripción en contextos socioculturales más amplios (Chang et al. 2014). En este sentido, la CAE puede entenderse como una forma de autoetnografía de orientación social, en la que las experiencias individuales se examinan en relación con influencias relacionales, culturales y contextuales.

El objetivo de un estudio autoetnográfico no es alcanzar un conocimiento objetivo y positivista sobre los fenómenos en cuestión. Por el contrario, esta perspectiva impulsa a quien investiga hacia reflexiones más profundas sobre esos fenómenos y busca dejar que emerja una forma de autenticidad más amplia en el tratamiento de los resultados (Svensson and Brandt 2023). El enfoque autoetnográfico se preocupa menos por transmitir información sobre los fenómenos y más por evocarlos, y por lo que se siente al estar vivo en el mundo como ser humano que vive el fenómeno en cuestión (Bochner and Ellis 2022). Esto se debe a que los aquí y ahora que observamos empiezan y terminan en nosotros (Foerster 1962) o, al menos, así ocurre en la práctica de nuestras descripciones de reflexiones en este artículo. Esto significa también que, al presentar el material autoetnográfico que producimos, nos apartaremos de las formas de escritura estandarizadas y legitimadas en las ciencias. La habitual mirada en tercera persona, la perspectiva objetivadora y el lenguaje neutro (Bochner and Ellis 2022) serán sustituidos por un lenguaje en primera persona impregnado de sentimientos y de experiencias.

Dentro de este marco metodológico, los investigadores exploraron sus propias experiencias vividas en relación con la pregunta de investigación del estudio: ¿cómo vivimos y damos sentido a las maneras en que el pasado sexual de nuestras parejas da forma a nuestras relaciones íntimas? La experiencia personal se abordó como una fuente de conocimiento legítima y valiosa desde el punto de vista analítico, examinada de manera reflexiva e interpretada en relación con los contextos relacionales y socioculturales. Dado que el fenómeno estudiado concierne a experiencias inscritas en relaciones íntimas, la CAE se consideró especialmente adecuada, porque permitía explorar las experiencias individuales en diálogo con otra persona familiarizada tanto con el fenómeno como con el proceso de construcción de sentido.

La doble posición de ser a la vez participantes e investigadores exigió una atención particular durante el proceso analítico. Los textos reflexivos iniciales se escribieron desde dentro de la experiencia vivida del fenómeno. Durante el análisis posterior, nos desplazamos hacia una posición más interpretativa. Mediante el proceso de IPA y nuestras conversaciones dialógicas, los relatos personales se revisaron, se compararon y se cuestionaron. Se examinaron en relación con los patrones emergentes y con contextos relacionales y socioculturales más amplios. Esto no suprimió nuestra implicación personal, ni es eso lo que se pretende en la CAE. Más bien, nos permitió distinguir entre vivir el fenómeno e interpretar esas experiencias como material de investigación.

El material empírico estuvo formado por seis textos reflexivos autoetnográficos escritos. Cada autor produjo tres reflexiones extensas, lo que dio un total de seis textos. Las reflexiones tenían entre 10 y 15 páginas aproximadamente y se escribieron en distintos momentos a lo largo de un periodo prolongado. Este espaciamiento temporal permitió volver sobre las experiencias y reinterpretarlas a medida que la comprensión evolucionaba.

El proceso de generación del material fue iterativo y dialógico. Cada texto reflexivo fue seguido de conversaciones entre los autores en las que se exploraban conjuntamente las experiencias, las respuestas emocionales y las interpretaciones emergentes. Estas conversaciones funcionaron como espacios reflexivos en los que se negociaban significados y se examinaban supuestos. Lo que surgía de estos intercambios alimentaba las siguientes rondas de escritura reflexiva, lo que dio al proceso un carácter cíclico y recursivo.

En nuestra escritura reflexiva, ambos autores partieron de un conjunto común de preguntas abiertas que funcionaban como puntos de entrada y no como una estructura fija. Estas preguntas ayudaron a anclar las reflexiones, al tiempo que permitían que surgieran temas nuevos e imprevistos.

  • ¿De qué manera se vive esto como un problema?
  • ¿Qué temo que pueda contener la historia sexual de mi pareja?
  • ¿Por qué es esto importante para mí?
  • ¿Qué tipo de historias temo oír?
  • ¿Qué creo que esas historias podrían hacerme a mí y a la relación?

En el conjunto de los textos reflexivos, los autores recurrieron a una amplia gama de material vivencial, que incluía sensaciones corporales, reacciones emocionales, diálogos internos, interacciones relacionales y reflexiones sobre las normas culturales relativas a la sexualidad, la intimidad y la masculinidad. De acuerdo con los principios autoetnográficos, la escritura oscilaba entre descripciones detalladas de momentos vividos y pasajes más reflexivos en los que las experiencias se situaban en contextos relacionales y culturales más amplios.

El conjunto completo de textos reflexivos constituyó el material empírico del IPA posterior. De este modo, la CAE funcionó como estrategia principal de generación de datos, mientras que el IPA proporcionó el marco analítico a través del cual se examinó el material en profundidad. La combinación de CAE e IPA permitió prestar atención tanto a las cualidades idiográficas de la experiencia vivida como a los procesos relacionales y dialógicos mediante los cuales los significados se fueron desarrollando y afinando.

2.2 Participantes y posición de los investigadores

El estudio fue realizado por dos investigadores varones, ambos casados y que viven en relaciones íntimas estables. Uno de ellos (LL) lleva más de 10 años casado con su pareja y tiene una hija con su pareja actual y un hijo o una hija de una relación anterior de larga duración que se prolongó 12 años. El otro investigador (JCVC) lleva más de 10 años casado con su pareja y tiene dos descendientes con su pareja actual y tres de un matrimonio anterior que duró 11 años.

Estas experiencias vitales anclaron las reflexiones en estructuras familiares complejas y en relaciones íntimas de larga duración, lo que dio acceso a experiencias relacionadas con la intimidad, el compromiso, la parentalidad y la continuidad relacional, metodológicamente pertinentes para la pregunta de investigación. Además, la posición de los investigadores como hombres en relaciones heterosexuales de larga duración situaba sus experiencias en contextos relacionales y socioculturales particulares, incluidas concepciones más amplias de la intimidad, la sexualidad y la masculinidad. Al mismo tiempo, esta posición exigía conciencia reflexiva y transparencia metodológica, ya que las experiencias examinadas eran a la vez personales y profundamente relacionales.

2.3 Análisis fenomenológico interpretativo

El análisis se llevó a cabo mediante el IPA, que se fundamenta en la fenomenología, la hermenéutica y un enfoque idiográfico de la experiencia vivida (Smith et al. 2022). La fenomenología busca explorar cómo se viven y se experimentan las experiencias, con especial énfasis en el significado subjetivo y en el mundo de la vida. La hermenéutica ofrece un marco interpretativo en el que la comprensión se desarrolla mediante un movimiento continuo entre las partes y el todo, mientras que la idiografía da prioridad al análisis en profundidad de casos particulares frente a la generalización (Lorås 2025).

El IPA se consideró especialmente adecuado porque el material empírico consistía en extensos textos reflexivos semejantes a relatos personales longitudinales, lo que permitía una exploración detallada de experiencias corporales, emocionales y relacionales a lo largo del tiempo. De acuerdo con la orientación idiográfica del IPA, el análisis procuró mantenerse cerca de la experiencia vivida, reconociendo al mismo tiempo el carácter interpretativo de la comprensión.

El análisis siguió los siete pasos del IPA (Smith et al. 2022). En el paso 1, cada texto reflexivo se leyó repetidamente para desarrollar una comprensión global y cercana a la experiencia del material. En el paso 2, se elaboraron comentarios exploratorios centrados en aspectos descriptivos, lingüísticos e interpretativos. En el paso 3, estos comentarios se condensaron en códigos cercanos a la experiencia. En el paso 4, se identificaron los temas emergentes en cada texto. En el paso 5, se exploraron las conexiones entre los temas, que se afinaron y se organizaron jerárquicamente. En el paso 6, se repitió el mismo proceso con los textos siguientes, con apertura tanto a las similitudes como a las diferencias. En el paso 7, se examinaron los patrones presentes en el conjunto del material y se desarrollaron mediante movimientos repetidos entre las partes y el todo, conforme al círculo hermenéutico.

El análisis se desarrolló a través del diálogo entre los investigadores, y las interpretaciones se cuestionaron, matizaron y revisaron continuamente. De este modo, el análisis estuvo a la vez fundamentado individualmente y desarrollado de forma dialógica.

2.4 Consideraciones éticas

El estudio planteaba consideraciones éticas particulares, porque los investigadores examinaban sus propias experiencias relacionadas con sus relaciones íntimas y su vida familiar. Esto significaba también que sus parejas estaban presentes indirectamente en el material. Aunque el estudio se centraba en las experiencias y reflexiones de los propios investigadores, sus parejas aparecían inevitablemente en el trasfondo de los relatos. Por esta razón, el artículo no revela ninguna información sobre la historia sexual de las parejas. El foco analítico se mantuvo, en cambio, en cómo los investigadores vivían estas experiencias y les daban sentido, y en cómo se inscribían en procesos relacionales. Al mismo tiempo, los autores reconocen que las experiencias examinadas son intrínsecamente relacionales y que las perspectivas representadas son necesariamente parciales. La intención no era describir las experiencias de las parejas, sino explorar cómo los propios investigadores vivían y negociaban estos fenómenos en el seno de relaciones íntimas en curso.

Ambos investigadores conservaron el pleno control sobre sus propios textos y podían, en cualquier momento, retirar o revisar el material que vivieran como demasiado vulnerable o potencialmente gravoso para sus relaciones personales. Las consideraciones éticas se entendieron, por tanto, como parte integrante del proceso de investigación y no como una etapa metodológica aislada.

Se prestó una atención ética particular a la posición de nuestras parejas, ya que nuestros relatos implicaban inevitablemente experiencias situadas en nuestras relaciones íntimas. Ambas parejas fueron informadas del estudio y de su enfoque, y consintieron que utilizáramos experiencias relacionadas con nuestras relaciones como material de investigación. Por ello se tuvo cuidado de evitar toda revelación innecesaria de información identificable o íntima que les concerniera.

3 Resultados

Los resultados que siguen presentan un IPA de cómo se vive y se entiende el pasado sexual de la pareja en las relaciones íntimas. El análisis se basa en un trabajo minucioso e idiográfico con los textos reflexivos y atiende a cómo se articula el significado a través del lenguaje, las imágenes, el afecto, la experiencia corporal y los procesos relacionales. En el conjunto del material, el pasado no aparece principalmente como un conocimiento factual sobre relaciones anteriores. Se hace presente, más bien, en la vida relacional cotidiana de los participantes a través de la imaginación, las respuestas corporales, la autoevaluación, el diálogo y los procesos de regulación relacional. En consecuencia, el análisis se centra menos en los acontecimientos históricos en sí y más en cómo se viven y se entienden estas experiencias dentro de las relaciones íntimas. Se identificaron cuatro patrones vivenciales interrelacionados: (1) vivirse como insuficiente («quedarse corto»); (2) imágenes intrusivas y malestar corporal; (3) vergüenza y autorregulación, y (4) ambivalencia entre apertura y autoprotección. Estos patrones no representan temas separados o aislados, sino distintos aspectos de un campo vivencial compartido a través del cual el pasado sexual de la pareja se hace presente en la relación. Aunque se pueden distinguir analíticamente, los patrones se vivieron como estrechamente interconectados y en influencia mutua, y reflejan procesos continuos de autoevaluación, regulación emocional y negociación relacional.

3.1 Vivirse como insuficiente («quedarse corto»)

En los textos reflexivos, el pasado sexual de la pareja se describe como algo que se convierte en punto de comparación a partir del cual los participantes se evalúan continuamente. La experiencia se articula menos como miedo a perder la relación y más como una evaluación constante de la propia suficiencia en un ámbito vivido como central para la autoestima, la identidad masculina y el valor relacional. La sexualidad aparece como un terreno en el que la comparación parece inevitable y en el que la insuficiencia percibida se vive como definitiva y no como circunstancial. Lo que está en juego no es principalmente la conducta o el esfuerzo, sino el yo como tal y lo que uno es capaz de ofrecer en la relación. En las reflexiones de Lennart, esta experiencia se formula con un lenguaje de imposibilidad e irreversibilidad:

No tengo miedo de que me deje. Tampoco tengo miedo de que nuestra relación esté en peligro. Lo que me inquieta es que no puedo ofrecerle lo que probablemente podían ofrecerle algunos de los hombres con los que estuvo antes. Uno de ellos parecía un dios griego. No puedo darle los recuerdos que ha tenido con otros; eso será imposible. Y eso duele, porque me importa muchísimo ser lo mejor posible para ella en los ámbitos importantes de la vida.

Aquí, la historia sexual se sitúa como un espacio temporal cerrado al que no se puede entrar y que no se puede modificar. Lennart vuelve una y otra vez a lo que no puede cambiarse, sustituirse ni compensarse. A diferencia de otros ámbitos de la vida en los que el desarrollo y el esfuerzo se viven como algo con sentido, la sexualidad se describe como resistente a la mejora. Por tanto, la comparación no se vive como un desafío que pueda afrontarse mediante el crecimiento o la adaptación, sino como una asimetría fija entre pasado y presente. Estas comparaciones no se viven como meras evaluaciones privadas, sino como algo que influye en la manera de posicionarse dentro de la relación y de sentir la propia importancia para la pareja.

El dolor que se expresa en estas reflexiones no está relacionado principalmente con un fracaso en el presente, sino con la vivencia de una limitación estructural. La suficiencia se evalúa con criterios situados en un pasado al que Lennart no tiene acceso. Esto confiere a la experiencia una cualidad existencial, en la que el yo se mide con un estándar imaginado con el que no es posible confrontarse directamente.

Jacob describe una experiencia muy próxima, pero pone más énfasis en su carácter procesual:

Cuando me siento inseguro de mí mismo, los pensamientos ocupan más espacio. Me retraigo, estoy menos presente, menos en sintonía. Y ese retraimiento hace que me sienta todavía peor hombre para ella, y entonces me vuelvo aún más inseguro de mi propia capacidad.

Aquí, la insuficiencia se despliega a través de la interacción en lugar de quedar confinada a la experiencia interior. El retraimiento funciona a la vez como respuesta a la inseguridad y como algo que la confirma. Los intentos de autoprotección refuerzan al mismo tiempo la sensación de insuficiencia. La menor presencia y la menor sintonía se viven como algo que afecta a la relación y alimentan un proceso en el que la inseguridad y la distancia relacional se refuerzan mutuamente.

Es importante señalar que las experiencias positivas del presente no regulan por completo la inseguridad. Incluso cuando la relación se describe como estable y significativa, la presencia imaginada de parejas anteriores sigue funcionando como un punto de referencia silencioso con el que se evalúa el yo. Esta comparación se vive como algo que influye en la manera de negociar la cercanía, la sintonía y la disponibilidad emocional en la vida relacional cotidiana. Ambos autores distinguen explícitamente esta experiencia de los celos. Como lo describe Jacob:

Mucha gente diría probablemente que son celos, pero no me parece exacto. Los celos tienen otro tono. Lo que yo siento es dolor e inseguridad, y ocurre en mi cuerpo, aquí y ahora.

Esta orientación sitúa el fenómeno principalmente en la relación con uno mismo y no en una rivalidad relacional. La experiencia central no es el miedo a perder a la pareja, sino la sensación de no estar del todo a la altura en un ámbito vivido como profundamente ligado a la identidad y al valor relacional. De este modo, el pasado sexual de la pareja se convierte en un espejo en el que se evalúa el yo, lo que da a la experiencia una presencia persistente y cargada emocionalmente que se entreteje en la negociación cotidiana de la intimidad y del vínculo.

3.2 Imágenes intrusivas y malestar corporal

Un segundo resultado central concierne a la manera en que el pasado sexual de la pareja se vive a través de imágenes intrusivas acompañadas de un marcado malestar corporal. Estas experiencias no se describen como reflexiones o recuerdos, sino como imágenes vívidas que se imponen a la conciencia y generan respuestas físicas inmediatas. Las experiencias se despliegan principalmente en el plano de la percepción y del afecto, e influyen en la manera en que se viven la intimidad y la cercanía emocional en el presente. Jacob distingue con cuidado entre pensar y ver:

No lo vivo principalmente como pensamientos, sino como imágenes de mi pareja en una interacción sexual con otro hombre. A veces lo veo desde fuera, a veces a través de los ojos de él, a veces a través de los ojos de ella.

Esta distinción es importante desde el punto de vista analítico. Los pensamientos implican cierta distancia y la posibilidad de una regulación cognitiva, mientras que las imágenes son inmersivas y difíciles de mantener a distancia. La experiencia se describe como visualmente inmediata y afectivamente absorbente, y arrastra a Jacob a escenas imaginadas que le resulta difícil interrumpir o de las que le cuesta desprenderse.

Los cambios repetidos de perspectiva también son significativos. Jacob no ocupa una posición de observación estable, sino que se desplaza entre distintos puntos de vista dentro de la escena imaginada. A veces observa desde fuera, mientras que en otros momentos ocupa la posición del rival imaginado o la de su pareja. Estos desplazamientos sugieren una forma de inestabilidad vivencial en la que la frontera entre observador y participante se difumina. Por tanto, las imágenes no permanecen como una representación distante de acontecimientos pasados, sino que se convierten en un espacio en el que el yo se ve implicado una y otra vez. Jacob profundiza en el carácter involuntario y corporal de la experiencia:

Las imágenes vienen sin mi consentimiento. Las descripciones concretas las desencadenan y, una vez que están ahí, tenerlas duele. No es solo incómodo, es doloroso. Aunque sé que fue hace muchos años, ocurre ahora, en mi cuerpo.

Las imágenes se describen como algo que llega sin ser invitado. Al mismo tiempo, la experiencia es intensamente corporal. El malestar no se describe principalmente como una incomodidad emocional, sino como una forma de dolor corporal que se despliega en el momento presente. Aunque los acontecimientos pertenecen al pasado, se viven como experiencias corporales inmediatas. De este modo, la distancia temporal entre pasado y presente se difumina, y el pasado resurge en forma sensorial y afectiva.

Lennart describe un proceso afín, formulado en términos de persistencia y de saturación mental:

Ocupa muchísimo espacio en mi mente. Gasto mucha energía mental intentando entender por qué esto tiene tanto poder sobre mí. Interfiere en mi capacidad de relajarme en la vida cotidiana, porque las imágenes vuelven incluso cuando nada externo las ha desencadenado.

Aquí, la reflexión se moviliza como estrategia de regulación. Lennart intenta dar sentido a la experiencia mediante el análisis y el examen de sí mismo. Sin embargo, este esfuerzo no conduce a una resolución. Al contrario, la reflexión parece mantener la preocupación, aun cuando representa un intento de recuperar el equilibrio emocional y de preservar la calidad de la relación. Lennart reflexiona también sobre el carácter paradójico de este proceso:

A menudo me digo que, si pudiera entender por qué esto me afecta tan profundamente, quizá podría por fin soltarlo. En cierto modo, creo que sigo dándole vueltas porque quiero proteger lo que tenemos y no dejar que estas reacciones interfieran en nuestra relación. Pero a veces siento que cuanto más intento entenderlo, más espacio ocupa y más difícil me resulta simplemente estar presente con ella.

Desde el punto de vista analítico, estos relatos sugieren que, cuando las experiencias no pueden integrarse fácilmente en relatos compartidos ni simbolizarse a través del diálogo, la imaginación se convierte en un medio principal de producción de sentido. Las imágenes no se limitan a representar el pasado, sino que dan forma activamente a la experiencia afectiva y corporal presente. Así, el pasado sexual de la pareja se hace presente en la vivencia a través de escenas imaginarias recurrentes que siguen influyendo en cómo se siente y se vive la relación a lo largo del tiempo.

3.3 Vergüenza y autorregulación

La vergüenza aparece como un afecto central que regula tanto la experiencia interior como la comunicación relacional. En los textos reflexivos, la vergüenza se dirige principalmente hacia uno mismo y hacia las propias reacciones de los participantes, y no hacia la pareja o su historia sexual. Así, la vergüenza no concierne solo a las imágenes intrusivas en sí, sino también al hecho de que estas reacciones se produzcan. De este modo, la vergüenza funciona como una respuesta de segundo orden que condiciona la manera en que la experiencia primaria se interpreta, se contiene y se comunica. Jacob reflexiona sobre cómo la vergüenza se extiende con el tiempo:

Al principio sentía vergüenza por tener estos pensamientos intrusivos sobre el pasado sexual de mi pareja. Más tarde empecé a sentir vergüenza también por examinarlos.

Esta progresión temporal es significativa desde el punto de vista analítico. Al principio, la vergüenza se dirige a las imágenes intrusivas y a las reacciones emocionales que suscitan. Con el tiempo, sin embargo, se desplaza hacia el propio proceso de reflexión. Intentar comprender la experiencia se convierte en algo que también se vive como cuestionable o excesivo, lo que estrecha progresivamente el espacio de indagación. Jacob continúa:

Me parece egocéntrico, casi narcisista, como si tuviera que creer que mis sentimientos son excepcionalmente importantes. Me descubro bromeando sobre ello o quitándole importancia cuando hablo con colegas.

Aquí, la vergüenza funciona como una forma de autorregulación. El humor y la minimización permiten mencionar la experiencia, limitando al mismo tiempo su seriedad. Al presentar la cuestión en un tono más ligero o irónico, Jacob reduce el riesgo de parecer excesivamente preocupado o emocionalmente vulnerable. Al mismo tiempo, estas estrategias restringen las posibilidades de explorar la experiencia con mayor profundidad.

Cuando la propia reflexión se convierte en fuente de vergüenza, resulta difícil elaborar un relato coherente. La experiencia permanece en parte sin articular y, por tanto, es difícil integrarla en una comprensión compartida. En este sentido, la vergüenza regula no solo la exposición emocional, sino también el espacio interpretativo en el que puede construirse el significado.

Lennart describe cómo la vergüenza se extiende también al ámbito relacional:

Ella se vuelve cautelosa con lo que comparte, porque tiene miedo de cómo pueda reaccionar yo. Eso significa que partes de su pasado, que quizá sí importan para nuestra relación, quedan sin decir.

En el ejemplo anterior, la vergüenza no queda confinada al plano individual, sino que empieza a dar forma a la propia relación. La anticipación de la reacción de la pareja conduce a una mayor cautela respecto de lo que se revela. Ciertas experiencias quedan sin decir no porque carezcan de importancia, sino porque se perciben como potencialmente desestabilizadoras. El silencio aparece así como una adaptación relacional y no como un indicio de que el pasado haya perdido relevancia. Aunque se vivan como protectoras, estas adaptaciones pueden limitar al mismo tiempo las posibilidades de diálogo y de construcción compartida de sentido. Lennart reflexiona sobre cómo esta cautela mutua fue delimitando poco a poco lo que podía decirse dentro de la relación:

Con el tiempo, me di cuenta de que los dos nos volvimos más prudentes. Ella evitaba ciertos temas porque no quería hacerme daño, y yo evitaba preguntar porque tenía miedo de lo que oír más pudiera hacerme. De una manera extraña, los dos intentábamos proteger nuestra relación, pero eso también significaba que algunas cosas quedaban flotando entre nosotros sin que llegáramos nunca a hablar realmente de ellas.

Desde el punto de vista analítico, la vergüenza parece cumplir una doble función. Por un lado, protege contra la sobrecarga emocional al limitar la medida en que se explora o se comunica el material perturbador. Por otro, esta función protectora puede contribuir al mismo tiempo a mantener precisamente las dinámicas que mantienen viva la experiencia. Al restringir la reflexión y el diálogo, la vergüenza ayuda a preservar las condiciones en las que el pasado sexual de la pareja sigue presente en la vivencia. Así, la vergüenza influye en la manera en que se negocian a lo largo del tiempo la vulnerabilidad, la apertura y la cercanía emocional.

3.4 Ambivalencia entre apertura y autoprotección

El cuarto resultado concierne a una ambivalencia persistente entre los ideales de apertura y la necesidad de autoprotección emocional. En los textos reflexivos, ambos autores expresan un fuerte compromiso con la honestidad, la transparencia y la madurez relacional. Al mismo tiempo, describen límites vivenciales claros respecto de lo que se sienten capaces de oír o tolerar. La apertura aparece, por tanto, a la vez como un valor relacional y como una posible fuente de desestabilización psicológica. Jacob introduce esta tensión describiendo una reacción corporal inmediata:

A veces pienso que quizá debería oírlo todo, verlo todo como una película, y acabar de una vez. Pero si me imagino a ella contándome experiencias sexuales importantes, mi cuerpo reacciona inmediatamente. Me dan ganas de salir corriendo de casa.

Aquí, la ambivalencia se vive menos como una incertidumbre cognitiva y más como una tensión entre exigencias vivenciales contrapuestas. Por un lado, Jacob expresa el deseo de confrontar plenamente el pasado, con la esperanza de que saber más le permita cerrar el asunto o resolverlo. Por otro, la situación imaginada suscita un fuerte impulso corporal de retirada. El cuerpo reacciona antes de que la reflexión tenga tiempo de organizar la experiencia, lo que indica que los límites de la apertura no son solo psicológicos, sino también corporales. Jacob continúa:

Odio la idea de que haya cosas de las que mi mujer no pueda hablar y, al mismo tiempo, me aterra lo que pueda pasar dentro de mí si lo hace.

Esta formulación ilustra cómo la curiosidad y el miedo coexisten en el mismo campo vivencial. La apertura sigue resultando atractiva porque se asocia con la intimidad, la honestidad y la confianza relacional. Al mismo tiempo, las posibles consecuencias emocionales de esa apertura se viven como difíciles de regular. La tensión persiste, por tanto, como un dilema continuo en lugar de resolverse en una elección clara. Las preguntas sobre lo que puede compartirse y sobre cómo podrían recibirse esas revelaciones siguen activas incluso cuando determinadas conversaciones no tienen lugar.

Lennart formula una tensión similar con el lenguaje del control:

Abrirme a recibir sus experiencias es como abrir una puerta a algo que no puedo controlar. No puedo renunciar a mi mujer ni a nuestra relación, y no puedo renunciar a las imágenes que pueden aparecer si oigo algo que me desborda.

Aquí, la apertura se vive como arriesgada precisamente porque la retirada no es una opción viable. La posibilidad de que ciertas revelaciones generen imágenes intrusivas intensifica el riesgo percibido de oír más sobre el pasado. En consecuencia, la apertura se convierte en algo que debe negociarse continuamente y no en algo que pueda simplemente alcanzarse. Lennart reflexiona también sobre esta tensión:

Me preocupa que algunas cosas, una vez oídas, no puedan desoírse. Me encuentro atrapado entre el deseo de una apertura total y el deseo de protegerme a mí y a nuestra relación de algo que podría volverse difícil de sobrellevar. A veces siento que intento mantener el equilibrio entre dos cosas igual de importantes, pero que no siempre es fácil conciliar.

Desde el punto de vista analítico, estos relatos sugieren que la apertura y la autoprotección no se viven como valores opuestos, sino como bienes relacionales en competencia, ambos vividos como importantes. La ambivalencia no funciona, por tanto, como simple indecisión, sino como una condición persistente dentro de la relación. Los ideales de apertura, las experiencias de vergüenza, las imágenes intrusivas y los sentimientos de insuficiencia interactúan de tal manera que resulta difícil integrar plenamente el pasado sexual de la pareja en una comprensión narrativa compartida. Ciertas conversaciones pueden aplazarse, suavizarse o quedarse en lo anticipado sin llegar a producirse. Lejos de indicar un fracaso relacional, estos procesos reflejan intentos continuos de equilibrar la vulnerabilidad y la seguridad emocional. Al hacerlo, contribuyen a mantener la presencia del pasado como algo que sigue influyendo en la manera en que se viven la intimidad y la cercanía a lo largo del tiempo.

4 Discusión

El presente estudio ha explorado cómo afecta el pasado sexual de la pareja a las relaciones íntimas mediante una autoetnografía colaborativa y un IPA. Los resultados sugieren que estas experiencias no tienen que ver principalmente con un conocimiento factual de acontecimientos pasados, sino con la manera en que el pasado se hace presente en la vivencia a través de imágenes corporales, la autoevaluación, una regulación basada en la vergüenza y una ambivalencia persistente. En lugar de quedar confinados a la experiencia individual, estos procesos se inscriben en los esfuerzos continuos por negociar la intimidad y mantener la seguridad emocional en la relación. En esta discusión, los resultados se interpretan en diálogo con las perspectivas fenomenológicas, el concepto de doble vínculo de Bateson y la teoría de los sistemas familiares.

Un patrón central del conjunto de los resultados es que los participantes distinguieron explícitamente sus experiencias de los celos. En lugar de orientarse hacia un rival o hacia una amenaza percibida para la relación, el malestar se dirigía hacia dentro, hacia el propio yo. Las experiencias de «quedarse corto» reflejaban perturbaciones de la confianza corporal en uno mismo en un ámbito estrechamente ligado a la identidad, la intimidad, la masculinidad y el valor relacional. La sexualidad se vivía como un terreno en el que el esfuerzo y el desarrollo ofrecían pocas posibilidades de corrección, lo que hacía la comparación especialmente dolorosa. El pasado funcionaba como un punto de referencia temporal cerrado con el que se evaluaba el yo presente, lo que producía una vivencia de limitación existencial más que de insuficiencia circunstancial. Estas experiencias también pueden reflejar concepciones culturales más amplias de la masculinidad y de la suficiencia sexual, en las que el valor relacional y la autoestima quedan estrechamente vinculados a la comparación y al rendimiento.

Desde la perspectiva de los sistemas familiares, estas experiencias pueden entenderse como parte de procesos circulares continuos y no como acontecimientos intrapsíquicos aislados (Priest and Lorås 2026). Los sentimientos de insuficiencia contribuían al retraimiento y a una menor sintonía, lo que a su vez afectaba a la cercanía relacional y reforzaba la sensación inicial de insuficiencia. La experiencia individual y las dinámicas relacionales aparecían así como mutuamente constitutivas y no como causalmente lineales. Es importante señalar que el malestar parecía mantenerse mediante patrones de anticipación, comparación y adaptación mutua que influían en la manera de negociar la intimidad y la disponibilidad emocional a lo largo del tiempo.

Los resultados destacaron además las imágenes intrusivas y el malestar corporal como modos centrales a través de los cuales el pasado se hacía presente. Estas experiencias se resistían a la regulación cognitiva y se vivían como inmediatas y corporales, aunque estuvieran vinculadas a acontecimientos ocurridos mucho tiempo atrás. Desde un punto de vista fenomenológico, esto subraya la primacía del cuerpo vivido en la construcción de sentido (Merleau-Ponty 1962). El pasado no se encontraba principalmente como memoria narrativa, sino como reviviscencia sensorial. Los intentos de manejar estas experiencias mediante la reflexión y el análisis ofrecían a veces una contención a corto plazo, al tiempo que mantenían la preocupación.

En el marco de los sistemas familiares, las imágenes intrusivas, la reflexión y el retraimiento pueden entenderse como estrategias regulatorias orientadas a preservar el equilibrio emocional (Priest 2025). Sin embargo, estas respuestas también pueden contribuir a mantener los patrones que sostienen el malestar. Esto ilustra un principio sistémico fundamental: las estrategias que favorecen la estabilidad a corto plazo pueden generar rigidez y una menor capacidad de adaptación a lo largo del tiempo. Además, cuando las experiencias son difíciles de integrar en relatos compartidos o de simbolizar a través del diálogo, la propia imaginación puede convertirse en un escenario principal de construcción de sentido, lo que permite que las conversaciones anticipadas y las escenas imaginadas adquieran un poder emocional considerable. Una perspectiva del apego puede completar esta comprensión sistémica al llamar la atención sobre la regulación interpersonal de la activación emocional (Mikulincer et al. 2003; Vetere and Dallos 2008). Los procesos de apego implican buscar no solo la proximidad y la seguridad, sino también la regulación del afecto en las relaciones significativas. Desde esta perspectiva, el retraimiento, la cautela y los esfuerzos por controlar la exposición a informaciones potencialmente perturbadoras pueden entenderse como intentos de regular la activación emocional preservando al mismo tiempo la seguridad relacional. Es importante señalar que estas respuestas no tienen por qué constituir patrones relacionales fijos. A medida que la activación emocional se vuelve más tolerable, también pueden ampliarse las posibilidades de reflexión, de diálogo y de formas alternativas de negociar la cercanía y la protección.

La vergüenza apareció como un regulador especialmente poderoso tanto de la experiencia interior como de la comunicación relacional. Es importante señalar que la vergüenza se dirigía hacia las propias reacciones de los participantes y no hacia sus parejas o el contenido de su historia sexual. Desde una perspectiva sistémica, la vergüenza puede entenderse como un mecanismo que regula la exposición y protege contra la ruptura relacional (Priest and Lorås 2026). En este sentido, la vergüenza cumplía también una función reguladora social y relacional. Influía no solo en la manera en que los participantes se relacionaban con sus propias reacciones, sino también en lo que podía expresarse, preguntarse o responderse dentro de la relación. La anticipación del malestar de un miembro de la pareja podía llevar al otro a ser más cauteloso a la hora de revelar, mientras que la vergüenza por las propias reacciones podía, de manera similar, restringir las preguntas y el diálogo. La regulación se producía, por tanto, entre los miembros de la pareja tanto como dentro de cada uno. Sin embargo, al restringir la reflexión y el diálogo, la vergüenza puede mantener al mismo tiempo el silencio y la distancia, preservando así la presencia vivencial del pasado. Por tanto, el silencio no debería entenderse necesariamente como ausencia de significado, sino como una adaptación relacional. Los miembros de la pareja parecían emprender esfuerzos mutuos para protegerse de la sobrecarga emocional, lo que ilustra cómo la vulnerabilidad y la protección pueden quedar estrechamente entrelazadas.

En el conjunto del material se hizo evidente una ambivalencia persistente entre los ideales de apertura y la necesidad de autoprotección emocional. Los participantes describieron un fuerte compromiso con la honestidad, la transparencia y la madurez relacional, al tiempo que se topaban con claros límites corporales respecto de lo que podían tolerar. Esta ambivalencia se asemeja a una estructura del tipo doble vínculo, en la que exigencias relacionales contrapuestas se viven como necesarias y a la vez difíciles de conciliar (Bateson 1972). Es importante señalar que esto no se entiende en un sentido patológico, sino como una descripción fenomenológica de una tensión relacional vivida.

Desde la perspectiva de los sistemas familiares, esta ambivalencia puede entenderse como una tensión entre procesos de pertenencia e individualidad (Priest 2025; Priest and Lorås 2026). El deseo de apertura y de cercanía reflejaba una necesidad de conexión, mientras que la necesidad de autoprotección reflejaba una necesidad paralela de autonomía y de seguridad emocional. Cuando estos procesos se volvían rígidos o se polarizaban, el pasado sexual de la pareja seguía activo en la vivencia en lugar de integrarse en un sentido compartido. Las cuestiones de qué debía hablarse, cuánto debía revelarse y qué podía quedar sin decir parecían negociarse continuamente, incluso cuando determinadas conversaciones nunca llegaban a producirse. Ciertas conversaciones permanecían en lo anticipado sin llegar a producirse, mientras que otras se suavizaban o se aplazaban. Lejos de reflejar un fracaso relacional, estos procesos parecían representar intentos continuos de equilibrar apertura y protección dentro de la relación.

Por tanto, puede ser más fecundo entender las dificultades relacionadas con el pasado sexual de la pareja como fenómenos relacionales y regulatorios que únicamente como expresiones de celos o de inseguridad. La teoría de los sistemas familiares ofrece un lenguaje para comprender cómo se mantienen estas experiencias mediante procesos circulares, mientras que las perspectivas fenomenológicas iluminan cómo viven y sienten estos procesos las personas implicadas. Al prestar atención a la corporalidad, el diálogo, el silencio y la regulación mutua, el presente estudio pone de relieve cómo el impacto del pasado sexual de la pareja se configura conjuntamente dentro de las relaciones íntimas y se sitúa en concepciones culturales más amplias de la intimidad, la sexualidad y la apertura emocional.

4.1 Posibles limitaciones

Deben tenerse en cuenta varias limitaciones del presente estudio. En primer lugar, el uso de la CAE implica una cercanía inherente entre investigadores y datos, que puede haber condicionado aquello a lo que se prestó atención y la manera en que se interpretaron las experiencias. En consonancia con la orientación idiográfica del IPA, los resultados no pretenden ser generalizables, sino transferibles a contextos en los que puedan estar presentes dinámicas relacionales similares.

En segundo lugar, el proceso dialógico e iterativo mediante el cual se produjeron los textos reflexivos implica que los datos no son independientes en el sentido convencional. Sin embargo, esta interdependencia era coherente con los compromisos epistemológicos y metodológicos del estudio.

Otra limitación concierne al alcance relacional del material. Aunque el fenómeno estudiado es intrínsecamente relacional, el análisis se basa exclusivamente en las experiencias e interpretaciones de los propios investigadores. En consecuencia, las perspectivas de sus parejas no están representadas directamente. Futuros estudios que incorporen múltiples voces dentro de las relaciones íntimas podrían ofrecer una comprensión más completa de cómo se negocia y se entiende el pasado sexual de la pareja en los sistemas relacionales.

Por último, el estudio pone en primer plano las experiencias de hombres en relaciones heterosexuales de larga duración, situadas en concepciones culturales particulares de la intimidad, la sexualidad, la apertura y la masculinidad. La investigación futura podría explorar cómo se viven fenómenos similares en función de distintos géneros, orientaciones sexuales, contextos culturales y configuraciones relacionales.

4.2 Implicaciones para la práctica y la investigación

Los resultados tienen varias implicaciones para la práctica clínica y relacional. En primer lugar, puede ser más útil entender las dificultades relacionadas con el pasado sexual de la pareja como fenómenos relacionales y regulatorios que únicamente como expresiones de celos o de distorsión cognitiva. Estas experiencias implican malestar corporal, vergüenza y procesos de autoevaluación que influyen en la intimidad y en la cercanía emocional. En segundo lugar, las imágenes intrusivas y el malestar corporal se resistían a menudo a la tranquilización cognitiva o a la reformulación racional. Por ello, el trabajo terapéutico puede beneficiarse de centrarse en la regulación del afecto, la conciencia corporal y la tolerancia a la activación emocional, en lugar de apoyarse exclusivamente en el insight o en la reconstrucción narrativa. En tercer lugar, la vergüenza parecía restringir la reflexión y el diálogo, limitando las posibilidades de construcción compartida de sentido. Por tanto, a quienes ejercen la práctica clínica les puede resultar útil atender no solo a lo que se dice, sino también a lo que queda sin decir debido a los esfuerzos por protegerse a uno mismo o proteger la relación.

Por último, la práctica clínica debería ser prudente a la hora de promover los ideales de apertura total como intrínsecamente terapéuticos. Desde la perspectiva de los sistemas familiares, el trabajo terapéutico puede centrarse más bien en ayudar a las parejas a negociar formas de apertura que sean emocionalmente tolerables y relacionalmente sostenibles. Sin embargo, los patrones relacionales descritos en este estudio no deben entenderse como fijos. Una mayor conciencia de cómo los miembros de la pareja regulan mutuamente la vulnerabilidad, la protección y la cercanía emocional puede abrir posibilidades para desarrollar nuevas maneras de responderse. En la terapia de pareja, esto puede implicar identificar los patrones circulares en los que el malestar, el retraimiento, la cautela y el silencio protector se refuerzan mutuamente, ayudando a la vez a ambos miembros de la pareja a explorar los significados y las intenciones protectoras que subyacen a estas respuestas. En lugar de centrarse principalmente en el contenido de las imágenes intrusivas, la atención terapéutica también puede dirigirse a las situaciones relacionales en las que esas imágenes se vuelven especialmente perturbadoras. Explorar lo que ocurre entre los miembros de la pareja antes, durante y después de estas experiencias puede ayudar a identificar secuencias interaccionales que impliquen inseguridad, vergüenza, autoevaluación, retraimiento o intentos de protección. Por tanto, puede prestarse especial atención a cómo la vergüenza y la activación emocional condicionan lo que puede preguntarse, revelarse y responderse dentro de la relación. En lugar de resolver el pasado en sí, el trabajo terapéutico puede ayudar a las parejas a desarrollar una comprensión compartida de cómo el pasado cobra sentido en el presente y a negociar maneras de relacionarse con él que permitan una mayor flexibilidad a lo largo del tiempo.

Desde el punto de vista de la investigación, futuros estudios podrían explorar cómo viven estas dinámicas y cómo responden a ellas las propias parejas. Los estudios que incluyan múltiples voces dentro de las relaciones íntimas podrían ofrecer una comprensión más rica de cómo se negocian a lo largo del tiempo la vulnerabilidad, la protección y la intimidad. La investigación futura también podría examinar cómo condicionan estas experiencias las concepciones culturales más amplias de la intimidad, la sexualidad, la masculinidad y la apertura emocional.

4.3 Comentarios finales

El presente estudio ofrece una descripción, fundamentada fenomenológicamente, de cómo el pasado sexual de la pareja da forma a la intimidad presente. Al combinar la CAE con el IPA, muestra cómo estas experiencias se viven en la intersección del cuerpo, la relación con uno mismo y los procesos relacionales en curso. Los resultados sugieren que el malestar no está impulsado principalmente por el conocimiento factual del pasado, sino por la manera en que este se encarna, se imagina y se regula dentro de las relaciones íntimas.

A partir de la teoría de los sistemas familiares y del concepto de doble vínculo de Bateson (1972), el análisis pone de relieve cómo los intentos de manejar el malestar pueden a la vez estabilizar y restringir la intimidad. Prestar atención a estas dinámicas subraya la importancia de la regulación relacional, del diálogo y de los límites de la apertura para comprender cómo se negocia la intimidad a lo largo del tiempo.

Los resultados indican que el pasado sexual de la pareja puede afectar a muchas relaciones íntimas, pese a la escasa atención que ha recibido en la literatura. En términos más generales, señalan la importancia de cómo negocian las parejas lo que puede decirse, lo que sigue siendo difícil de articular y cómo se elaboran los significados del pasado en la vida relacional en curso.

En las sociedades occidentales contemporáneas, donde la monogamia serial es habitual, las relaciones anteriores siguen formando parte del paisaje relacional. Comprender su impacto exige, por tanto, prestar atención no solo a la experiencia individual, sino también a los contextos relacionales y socioculturales en los que la intimidad se cocrea y se renegocia continuamente.

Complexe Systémique: puntos clave

El interés del artículo reside en un desplazamiento: lo que suele clasificarse como «celos retroactivos» se convierte en un proceso relacional, y no en una distorsión que haya que corregir en uno de los miembros de la pareja. Dos investigadores se exponen en primera persona y describen una sensación de insuficiencia, imágenes que se imponen al cuerpo, una vergüenza dirigida a sus propias reacciones y una ambivalencia duradera entre el deseo de saberlo todo y el miedo a oír. La lectura sistémica es explícita: el retraimiento, la cautela y el silencio protector, adoptados para preservar la pareja, mantienen la presencia del pasado, y la compañera, anticipando el malestar, calla a su vez. Para la práctica clínica, la lección es doble: desconfiar del ideal de la transparencia total y trabajar sobre la secuencia interaccional que rodea a las imágenes más que sobre su contenido. Los límites están en el diseño: dos hombres, dos parejas heterosexuales y la voz de las parejas ausente. Puede leerse junto con el artículo sobre el doble vínculo en la pareja y el artículo de Carlos Sluzki sobre las historias de vergüenza y humillación.

Notas del original

Agradecimientos. Durante la preparación de este trabajo, los autores utilizaron un asistente de IA generativa (Claude, Anthropic) en junio de 2026 como apoyo para la redacción, la corrección lingüística y la localización y el formato de las referencias. Tras utilizar esta herramienta, los autores revisaron y editaron el contenido según fue necesario, cotejaron todas las fuentes con las publicaciones originales y asumen plena responsabilidad por el contenido de la publicación. Todo el contenido intelectual, los argumentos y la redacción final son de los propios autores. Hogskulen pa Vestlandet. Publicación en acceso abierto facilitada por Hogskulen pa Vestlandet, en el marco del acuerdo Wiley - Hogskulen pa Vestlandet a través de SIKT.

Financiación. Los autores no tienen nada que declarar.

Conflictos de intereses. Los autores declaran no tener conflictos de intereses.

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Traducción no oficial de ‘My Penis is Probably Too Small’: A Collaborative Autoethnographic Study, de Lennart Lorås y Jacob Cilius Vinsten Christiansen, Australian and New Zealand Journal of Family Therapy, vol. 47, n.o 3 (2026), doi: 10.1002/anzf.70096, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Esta es una traducción del artículo original «‘My Penis is Probably Too Small’: A Collaborative Autoethnographic Study», publicado en Australian and New Zealand Journal of Family Therapy (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.

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Cómo citar este artículo

Lorås, L., et Christiansen, J. C. V. (2026). ‘My Penis is Probably Too Small’: A Collaborative Autoethnographic Study. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/my-penis-is-probably-too-small-a-collaborative-autoethnographic-study (Obra original publicada en 2026 en Australian and New Zealand Journal of Family Therapy, 47(3), e70096 (2026); republicada en 2026 por Australian and New Zealand Journal of Family Therapy, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1002/anzf.70096)

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