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Child & Family Social Work · Trabajo social

El posicionamiento de niñas y niños ante los conflictos parentales cuando viven en dos hogares

Cuando madres y padres separados discuten sin violencia pero sin tregua, ¿qué hace la infancia que se desplaza entre dos hogares? A partir de 14 relatos recogidos en Finlandia, Leena Autonen-Vaaraniemi y Aino Ritala-Koskinen describen cuatro maneras de situarse frente al conflicto, desde el retiro elegido hasta el equilibrio leal, y los pequeños actos cotidianos mediante los cuales estas niñas y estos niños realizan un auténtico trabajo moral.

Autoría Leena Autonen-Vaaraniemi y Aino Ritala-Koskinen (Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Tampere), FinlandiaPrimera publicación Child & Family Social Work, 29 de julio de 2026Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Children's Positioning in Relation to Parental Conflicts When Living in Two Homes, de Leena Autonen-Vaaraniemi y Aino Ritala-Koskinen, publicado en Child & Family Social Work (Wiley) (2026), doi: 10.1111/cfs.70253, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Las microprácticas cotidianas de niñas y niños no son meras estrategias prácticas de afrontamiento, sino también esfuerzos moralmente cargados por preservar la equidad y la estabilidad emocional en la vida familiar tras el divorcio.

Leena Autonen-Vaaraniemi y Aino Ritala-Koskinen

Resumen

Este estudio examina cómo se posicionan las niñas y los niños que viven en dos hogares ante los conflictos cotidianos, de nivel bajo o moderado, entre sus madres y padres divorciados, y qué tipos de microprácticas adoptan para gestionar estas situaciones. Los datos consisten en entrevistas y relatos escritos de 14 participantes residentes en Finlandia de entre 8 y 33 años, que han vivido durante la infancia en dos hogares tras la separación parental. Se identifican cuatro formas de posicionamiento ante los conflictos parentales: fuera de forma activa, fuera de forma pasiva, en medio de forma involuntaria y en medio en equilibrio activo. Los resultados muestran que la infancia negocia activamente su posicionamiento y adopta diversas microprácticas, que implican razonamiento moral, para afrontar los conflictos parentales. El estudio desplaza la atención de la cooperación parental o de los regímenes de custodia hacia el trabajo moral y práctico cotidiano de niñas y niños. Subraya asimismo la necesidad de enfoques centrados en la infancia para apoyar mejor a las familias en proceso de divorcio y a sus hijos e hijas.

1 Introducción

La infancia que vive en dos hogares y la complejidad de su vida cotidiana aparecen cada vez con más frecuencia en los servicios de protección a la infancia, especialmente en los litigios por la custodia. Un reto clave para quienes ejercen el trabajo social consiste en garantizar que las figuras parentales separadas sean capaces de reconocer y priorizar las necesidades de sus hijos e hijas con independencia de sus propios conflictos (Sudland 2023). El objetivo de este artículo es contribuir al conocimiento existente examinando cómo la infancia que vive en dos hogares se orienta y se posiciona ante los conflictos de sus madres y padres, y subrayar la importancia de las microprácticas cotidianas (como cambiar de hogar, pedir dinero o repartir el tiempo con cada figura parental) para su bienestar.

La necesidad de comprender la vida de la infancia en régimen de doble residencia ha crecido a medida que la residencia compartida tras el divorcio y la separación parental se ha vuelto más frecuente. En el contexto europeo, casi el 20% de las niñas y los niños con madre y padre separados vive un tiempo igual o casi igual con ambos. Suecia encabeza esta tendencia con un 42,5 %, seguida de Finlandia con un 23,8 % (Hakovirta et al. 2023). En Finlandia, el número de acuerdos de residencia compartida confirmados oficialmente se ha más que duplicado en la última década (THL 2023), y muchas familias establecen estos arreglos sin confirmación oficial.

Existen diferencias notables entre los países europeos, tanto en las normas relativas a los roles parentales adecuados tras la separación como en los marcos jurídicos. En algunos países, la residencia compartida a partes iguales es la opción preferente y, cuando madre y padre no se ponen de acuerdo, puede ser el primer modelo de crianza que se considera (por ejemplo, en Bélgica, Alemania y España). En otros, la residencia compartida solo puede aplicarse por mutuo acuerdo entre las figuras parentales (Fernández-Rasines 2017; Hakovirta et al. 2023; Vanassche et al. 2017). En Finlandia, la residencia compartida se incorporó a la ley en 2019 como una de las opciones para organizar el alojamiento de la infancia tras la separación parental, siempre que ambas figuras parentales estuvieran de acuerdo (Parliament of Finland (Eduskunta) 2019; Amendment on the Act on Child Custody and Right of Access, 190/2019).

Se ha demostrado que la residencia compartida tiene muchos efectos positivos tanto para niñas y niños como para sus madres y padres separados. Se ha asociado con una mejor coparentalidad, menos conflictos interparentales (Augustijn et al. 2023) y un mayor bienestar socioemocional y psicológico de la infancia (por ejemplo, Steinbach 2019). Por otra parte, buena parte de la infancia que alterna entre los hogares parentales se encuentra en medio de los conflictos cotidianos de sus madres y padres separados, lo que puede suponerle una carga e introducir imprevisibilidad en su vida. Estas niñas y estos niños deben afrontar la incertidumbre cotidiana mientras se orientan entre los conflictos de las figuras parentales. Investigaciones recientes han empezado también a conceptualizar las transiciones entre los hogares parentales como situaciones relacionales y no meramente logísticas (Saini and Chung 2026; Smyth et al. 2026). Para comprender mejor el punto de vista de la propia infancia, abordamos su afrontamiento en el plano de las microprácticas cotidianas, una perspectiva que rara vez se ha utilizado en los estudios sobre la infancia (por ejemplo, Løvschal-Nielsen et al. 2018; Wentzel Winther 2015).

Las investigaciones previas sobre el bienestar infantil tras la separación parental sugieren que el éxito de la residencia compartida depende de la calidad de la relación entre las figuras parentales (por ejemplo, Steinbach and Augustijn 2022). Diversas personas expertas e investigadoras del ámbito psicosocial de la infancia han subrayado el papel de una buena relación parental y de la capacidad de cooperar (por ejemplo, Augustijn 2021; Turunen 2017). En el contexto del derecho de familia nórdico, la residencia compartida no se recomienda en situaciones de disputas parentales persistentes y de alto nivel de conflicto interparental (Morbech et al. 2024; Norlén 2023; Turunen 2017).

En los países donde la residencia compartida tiene prioridad en las decisiones judiciales, también se ha vuelto más frecuente en los divorcios contenciosos cuando se considera que responde al interés superior de la infancia (Fernández-Rasines 2017; Vanassche et al. 2017). Recientemente, sin embargo, la necesidad de una cooperación parental incuestionable se ha puesto cada vez más en duda, y se concede mayor importancia a la buena relación entre cada figura parental y sus hijos e hijas (Nielsen 2017; Steinbach and Augustijn 2022). Dado que la residencia compartida se ha extendido en muchos países y se considera cada vez más un modo de vida habitual para la infancia tras el divorcio (Bergström et al. 2019; Hakovirta et al. 2023; Steinbach 2019; Vanassche et al. 2017), el foco de la investigación debería desplazarse igualmente hacia un examen más matizado de la residencia compartida que tenga en cuenta el conflicto interparental y el bienestar infantil (Morbech et al. 2024, 368).

Este artículo examina los conflictos parentales posteriores a la separación desde la perspectiva de las niñas y los niños que viven alternativamente con ambas figuras parentales. Utilizamos las expresiones «infancia que vive en dos hogares» e «infancia que alterna entre los hogares parentales» para referirnos al movimiento constante que caracteriza la vida cotidiana de estas niñas y estos niños, que van y vienen entre la casa de su madre y la de su padre. Nos interesa especialmente cómo se posicionan ante los conflictos de sus madres y padres. La perspectiva de la infancia es importante porque se sabe poco sobre cómo vive y relata los conflictos parentales posteriores a la separación. El conocimiento cotidiano de la infancia ofrece una aportación nueva e importante a los debates sobre los regímenes de residencia tras el divorcio y sobre las familias separadas.

Nuestras preguntas de investigación son las siguientes: ¿cómo se posicionan las niñas y los niños que viven en dos hogares ante los conflictos de sus madres y padres, y qué tipo de razonamiento moral está implícito en esos posicionamientos? ¿Qué tipos de microprácticas adoptan para afrontar las incertidumbres que surgen de los conflictos con los que se encuentran en su vida cotidiana?

2 Revisión de la literatura

2.1 Las experiencias de la vida cotidiana de la infancia

El interés de la investigación por las experiencias cotidianas de la infancia que vive en dos hogares ha aumentado en los últimos años, y la mayoría de los estudios recurren a enfoques cualitativos (por ejemplo, Berman 2018, 2019; para una visión de conjunto, véanse Birnbaum and Saini 2015; Haugen 2010; Johnsen et al. 2018; Kitterød and Lidén 2021; Linnavuori and Stenvall 2020; Merla and Nobels 2026; Smart 2004). Como aspectos positivos de vivir en dos hogares, niñas y niños destacan la posibilidad de mantener una relación cercana con ambas figuras parentales, así como amistades y actividades de ocio en los dos hogares (Berman 2018; Birnbaum and Saini 2015; Smart 2004). El bienestar infantil está estrechamente ligado a la flexibilidad y la cooperación parentales, en particular cuando madres y padres escuchan a sus hijos e hijas y cuentan con su participación en la toma de decisiones sobre la organización de la residencia (Berman 2018, 2019; Birnbaum and Saini 2015; Kitterød and Lidén 2021; Linnavuori and Stenvall 2020; Smart 2004). Al mismo tiempo, vivir en dos hogares puede volverse difícil y pesado por las mudanzas continuas, las distintas normas de cada casa o la añoranza de la figura parental ausente (Birnbaum and Saini 2015; Haugen 2010).

Pocos estudios cualitativos han abordado el conflicto parental en el contexto de la doble residencia desde la perspectiva de las experiencias de la infancia, y el conflicto rara vez ha sido el foco central del análisis (Berman 2018; Johnsen et al. 2018; Sadowski and McIntosh 2016; Smart et al. 2001). Los resultados disponibles sugieren que el conflicto parental, tal como lo vive la infancia, puede socavar su bienestar cuando vive en dos hogares. Niñas y niños describen el conflicto entre sus madres y padres como angustiante y dicen sentirse en medio de ambos, sobre todo cuando la comunicación entre las figuras parentales es mala o cuando los conflictos son persistentes o no se resuelven (Johnsen et al. 2018; Sadowski and McIntosh 2016). En tales situaciones, la infancia puede intentar proteger a sus progenitores de una escalada del conflicto reprimiendo sus propios sentimientos y necesidades, y el conflicto parental se asocia a sentimientos de inseguridad (Berman 2018; Sadowski and McIntosh 2016). La investigación sugiere además que el conflicto parental en el contexto de la vida en dos hogares puede tener consecuencias duraderas para el bienestar emocional y la sensación de seguridad de la infancia (Johnsen et al. 2018).

2.2 Conflicto parental y bienestar infantil

La investigación sobre la infancia que vive en dos hogares ha estado dominada por estudios cuantitativos que comparan el bienestar infantil en doble residencia con el de la residencia única u otras formas familiares (por ejemplo, Aasen Nilsen et al. 2017; Bergström et al. 2019; Brons and Poortman 2026; Fransson et al. 2016; Rissanen 2016). Los resultados sugieren que la doble residencia se asocia a resultados positivos para la infancia (por ejemplo, Bergström et al. 2019; Nielsen 2017).

El conflicto parental se ha examinado como un factor asociado al bienestar infantil. Los resultados son dispares en cuanto a si la doble residencia aumenta la exposición de la infancia al conflicto parental. Algunos estudios sugieren que el contacto frecuente con ambas figuras parentales puede aumentar el riesgo de presenciar conflictos (Jevne and Andenæs 2017; Turunen 2017), mientras que otros no observan una mayor implicación, o incluso señalan niveles más bajos de arrastre hacia las disputas interparentales (Holt et al. 2024). Existe, no obstante, un amplio consenso en que un conflicto parental intenso y persistente puede anular los posibles beneficios de la doble residencia (Mahrer et al. 2018).

El conflicto parental suele conceptualizarse a lo largo de un continuo que va de bajo a alto. Los niveles bajos permiten la cooperación a pesar de las diferencias de estilo educativo. Los niveles moderados se caracterizan por la ira y una comunicación deficiente, y los niveles altos implican violencia física o psicológica como rasgo definitorio de las situaciones de alta conflictividad (Nielsen 2017). La investigación muestra de forma sistemática que el conflicto interparental intenso o violento supone graves riesgos para el ajuste psicológico de la infancia, sea cual sea el régimen de residencia (Harold and Sellers 2018). Algunos estudios sugieren que la continuidad de la relación entre cada figura parental y la criatura puede ser protectora cuando existe conflicto parental, pero no es muy intenso ni violento (Bergström et al. 2014; Berman and Daneback 2022). Por ejemplo, Sandler et al. (2013) constataron que la salud mental de la infancia estaba más estrechamente relacionada con la calidad de la crianza y con el reparto de las pernoctaciones entre ambas figuras parentales que con el nivel de conflicto interparental.

La investigación previa se ha basado en gran medida en indicadores cuantitativos, centrados en las dinámicas de coparentalidad y en los regímenes de residencia. Los estudios cualitativos han examinado las experiencias de la infancia que vive en dos hogares, pero el conflicto parental no ha sido el foco central del análisis. Este estudio aborda esa laguna examinando cualitativamente las experiencias de la infancia que vive en dos hogares y situando el conflicto parental en primer plano. Esta perspectiva es importante para identificar las maneras en que niñas y niños afrontan estas situaciones y para reconocer las circunstancias en las que necesitan apoyo.

2.3 Posicionamiento y razonamiento moral de la infancia

Un argumento típico de la investigación sobre el divorcio parental construye a la infancia como víctima sin capacidad de acción. Esto ha llevado a la investigación a buscar narrativas alternativas, prestando atención a los propios relatos de niñas y niños y analizando cómo pueden posicionarse ante el divorcio y los conflictos parentales (por ejemplo, Smart 2006; Smart et al. 2001; Stokkebekk et al. 2019).

En su estudio pionero, Smart et al. (2001) abren las maneras en que la infancia vive la infancia tras el divorcio. En su estudio de seguimiento, Smart (2006) examina con mayor profundidad los relatos de la infancia y su posicionamiento ante el divorcio de sus madres y padres. El estudio agrupa los relatos según los ejes de la estructura y la emoción, y muestra que los relatos infantiles son complejos y contradictorios, e incluyen narrativas que van del afrontamiento, la supervivencia y el crecimiento personal a historias de culpa, victimización, soledad y retraimiento. Smart (2006) reflexiona también sobre las disposiciones éticas de la infancia en cuanto a cómo deberían comportarse las personas adultas entre sí y con sus hijos e hijas, y llevar a cabo el divorcio «de la manera adecuada». Este aspecto ético se analiza más ampliamente en el estudio anterior de Smart et al. (2001), donde se identifican las éticas de la equidad, el cuidado y el respeto en el razonamiento moral de la infancia sobre los dilemas de la vida familiar tras el divorcio.

Más recientemente, Stokkebekk et al. (2019) estudiaron en un contexto nórdico las posiciones de la infancia en familias divorciadas con conflictos prolongados. Su análisis identifica tres posiciones infantiles: mantener el equilibrio (relato del conflicto familiar), mantener la distancia (relato de la figura parental problemática) y seguir adelante con la vida. Estas posiciones pueden leerse como expresiones de la resistencia de la infancia frente a las amenazas a su bienestar y a su dignidad.

El presente estudio se apoya en esta línea de investigación y la amplía, centrándose en la infancia que vive en dos hogares en situaciones de conflicto bajo y moderado, en cómo se posiciona ante los conflictos de sus madres y padres y en qué tipo de razonamiento moral interviene en ese posicionamiento.

3 Compromisos teóricos y metodológicos

Nuestro enfoque para estudiar cómo la infancia que vive en dos hogares se posiciona ante los conflictos de sus madres y padres a través de microprácticas cotidianas se basa en tres ángulos: (1) los estudios sociales de la infancia, (2) la teoría del posicionamiento y (3) las microprácticas cotidianas.

3.1 Estudios sociales de la infancia

Siguiendo los estudios sociales de la infancia, basamos nuestro estudio en el conocimiento y la capacidad de acción de niñas y niños (James et al. 1998). Utilizamos el concepto de «conocimiento de la infancia» para referirnos a las experiencias cotidianas de la infancia desde su propia posición social. Esta perspectiva subraya que el conocimiento de la infancia debe abordarse desde su posición social y preguntando a las propias niñas y a los propios niños (Mayall 2008). La investigación sobre los procesos de divorcio se ha centrado principalmente en perspectivas unidireccionales, de arriba abajo, en las que madres y padres se consideran agentes activos y la infancia se ve como receptora pasiva de las decisiones parentales (Maes et al. 2012). En este estudio abordamos la vida de la infancia que alterna entre los hogares parentales de abajo arriba, desde su propia perspectiva. Conocemos los debates críticos sobre las definiciones anteriores de la capacidad de acción infantil, que han tendido a valorizar al sujeto discursivo, agente y competente (Abebe 2019; Raithelhuber 2016; Valentine 2011), y somos también sensibles a la vulnerabilidad y la dependencia de la infancia.

3.2 Teoría del posicionamiento

Utilizamos elementos de la teoría del posicionamiento para analizar los relatos de la infancia sobre sus experiencias cotidianas de vivir en dos hogares en relación con los conflictos de sus madres y padres separados. Según Rom Harré (2015), «la idea raíz de la teoría del posicionamiento es que la manera en que las personas […] actúan está determinada en cierta medida por creencias compartidas, y a veces disputadas, sobre cómo se distribuyen entre las partes interesadas los derechos y deberes de realizar determinados tipos de actos» (pp. 321–322). El orden moral y los derechos y deberes (a menudo poco claros) de la crianza en residencia compartida constituyen una tarea compleja (Harré 2015) en la que la infancia debe tomar posición. Para gestionar su vida cotidiana, las niñas y los niños que viven en dos hogares necesitan posicionarse ante los conflictos parentales posteriores a la separación que viven. Desde el punto de vista de la teoría del posicionamiento, la infancia que vive en dos hogares no ocupa pasivamente roles dados en los que interactúa con sus madres y padres separados en conflicto. Al contrario, negocia activamente sus posiciones, un proceso que implica nociones sobre quién es y qué puede hacer (Burr 1995; Davies and Harré 1990). Según Jevne (2017), las posiciones son de naturaleza relacional. En el posicionamiento reflexivo, una persona se posiciona a sí misma, y en el posicionamiento interactivo, lo que una persona dice posiciona a la otra.

La teoría del posicionamiento se ha utilizado en estudios anteriores sobre contextos posteriores a la separación para examinar las perspectivas parentales sobre el conflicto familiar (por ejemplo, Jevne 2017; Jevne and Andenæs 2017), cómo se posiciona al niño o la niña tras la separación en las entrevistas a madres víctimas y en los documentos judiciales (Bruno 2018) y las perspectivas de la infancia sobre el conflicto familiar (Stokkebekk et al. 2019). En este estudio, la teoría del posicionamiento se aplica en el plano de las microprácticas cotidianas de la infancia, prestando atención a las dimensiones morales presentes en sus relatos.

3.3 Microprácticas cotidianas

Nos centramos en el autoposicionamiento de la infancia en el plano de la vida cotidiana. Por microprácticas entendemos las rutinas cotidianas y los actos aparentemente menores que pueden no parecer significativos por sí solos, pero que, en conjunto, tienen sentido para las experiencias y el bienestar de niñas y niños (Flores and Mason 2024; Jung and Zimmerman 2024). Los conflictos de madres y padres están inscritos en las rutinas cotidianas de la organización de la residencia y pueden generar incertidumbre e imprevisibilidad en la vida de la infancia que alterna entre dos hogares. Nos interesa cómo se orienta la infancia en estas situaciones y qué tipos de microprácticas adopta para gestionar las incertidumbres que los conflictos generan en su vida cotidiana. Las microprácticas cotidianas de la infancia solo se han estudiado ocasionalmente en investigaciones anteriores (por ejemplo, Løvschal-Nielsen et al. 2018; Wentzel Winther 2015). Sostenemos que analizar el posicionamiento de la infancia en el plano de las rutinas cotidianas es la mejor manera de captar sus puntos de vista sobre los conflictos parentales posteriores a la separación.

4 Datos, análisis y consideraciones éticas

Los datos consisten en entrevistas cualitativas y relatos escritos de experiencias infantiles de doble residencia tras el divorcio parental en Finlandia. El conjunto de datos comprende 14 participantes: siete niñas, niños y adolescentes de entre 8 y 17 años a quienes se entrevistó (cuatro chicas y tres chicos) y siete relatos escritos aportados por participantes de entre 12 y 33 años (todas mujeres).

Reclutar participantes fue difícil porque no existía una forma directa de llegar a la infancia que vive en dos hogares. Por ello, se recurrió a múltiples canales. Las personas entrevistadas se reclutaron principalmente mediante un muestreo en bola de nieve limitado, mientras que los relatos escritos se recogieron mediante una invitación abierta a escribir en línea, difundida en un foro de debate anónimo y de acceso público dirigido a la juventud, y a través de redes de ONG que apoyan a las familias tras el divorcio.

Todas las personas entrevistadas vivían en dos hogares en el momento de la recogida de datos, mientras que los relatos escritos incluían tanto narraciones contemporáneas como retrospectivas de la infancia. El tiempo transcurrido desde el divorcio parental oscilaba entre 1 y 26 años, y la mayoría de los relatos se referían a divorcios más recientes.

Las entrevistas fueron semiestructuradas y se centraron en las experiencias de la vida cotidiana en dos hogares. Los relatos escritos se recogieron mediante una invitación abierta a escribir en la que se pedía a las personas participantes que describieran sus experiencias de vivir en dos hogares. Las entrevistas y los relatos escritos se analizaron como un único conjunto de datos. Se reconocieron las diferencias entre entrevistas y relatos escritos, pero no se utilizaron para estructurar el análisis.

La mayoría de las personas participantes describió el ir y venir entre hogares como parte de una vida cotidiana normal y dijo estar, en general, satisfecha con el arreglo. Como este artículo se centra en las experiencias infantiles de los conflictos parentales en la vida cotidiana, las descripciones de rutinas diarias sin tropiezos quedan en segundo plano. Los relatos se referían principalmente a niveles moderados o bajos de conflicto, y el material no incluía experiencias de violencia parental.

Nuestros datos se recogieron entre 2014 y 2016, antes de que la residencia compartida entrara en la legislación finlandesa en 2019 (Parliament of Finland (Eduskunta) 2019; Amendment on the Act on Child Custody and Right of Access, 190/2019). Durante la recogida de datos, la residencia compartida ya era una forma habitual de organizar el alojamiento de la infancia tras el divorcio parental. Aunque nuestros datos no son recientes, los consideramos pertinentes en el tiempo, porque las cuestiones a las que se enfrenta la infancia en su vida cotidiana en dos hogares siguen siendo relevantes. Como los datos fueron extremadamente difíciles de recoger y agradecemos profundamente a todas las niñas, niños y jóvenes que compartieron con el equipo de investigación sus experiencias de vivir en dos hogares, consideramos valioso analizarlos a fondo.

Nuestro análisis de las descripciones de la infancia avanzó por capas y de forma progresivamente más profunda. En primer lugar, identificamos las unidades temáticas de datos más amplias en las que niñas, niños y jóvenes describían sus prácticas cotidianas de vida en dos hogares. En segundo lugar, buscamos en esas unidades seleccionadas descripciones de los conflictos parentales. En tercer lugar, analizamos con más detalle esas descripciones, centrándonos en las distintas microprácticas que la infancia adopta en situaciones de conflicto parental. En particular, analizamos las acciones, interacciones y experiencias, momento a momento, que describían (Flores and Mason 2024), así como los derechos, deberes y razonamientos morales implícitos en ellas (Smart et al. 2001, 84–104). Como resultado, establecimos cuatro maneras distintas en que la infancia se posiciona ante los conflictos de sus madres y padres. Estas formas de posicionamiento no representan tipologías estáticas, sino patrones analíticamente distinguibles que pueden solaparse y cambiar según el contexto, las relaciones y las situaciones. Nuestro proceso de investigación fue dialógico y sensible a los datos. Trabajamos por separado, discutimos en común nuestros hallazgos, volvimos a los datos y continuamos el debate hasta alcanzar una comprensión compartida. En nuestro análisis prestamos especial atención a las situaciones en las que era probable que surgieran conflictos (por ejemplo, Haugen 2010, 116–117). De este modo, nos aseguramos de identificar también las señales débiles de las experiencias infantiles de los conflictos.

Como subraya la teoría del posicionamiento, la identificación de argumentos y posiciones es un proceso interpretativo en el que interviene el encuadre propio de quien analiza. Somos conscientes de que las posiciones y categorías analíticas desarrolladas en este estudio son construcciones y no representaciones directas de los relatos de las personas participantes. El análisis estuvo moldeado por nuestra formación disciplinar en trabajo social, así como por nuestro compromiso con los estudios de familia y los estudios de la infancia, que orientaron tanto la lectura de los datos como la elaboración de las categorías analíticas.

Para la obtención de los datos seguimos las directrices de ética de la investigación vigentes en Finlandia (Tampere University, 2026, Ethics Committee of the Tampere Region; Finnish National Board on Research Integrity TENK 2019). En el momento de la recogida de datos, para este tipo de diseño de investigación no se exigía ni podía obtenerse un dictamen de un comité de ética. Las directrices más importantes que hemos seguido se refieren al consentimiento informado, incluido el acuerdo voluntario de las personas participantes menores de edad y de sus tutores legales cuando la persona participante es menor, y a la protección del anonimato de las personas participantes (por ejemplo, Elliot 2005, 134–150). Las cuestiones éticas específicas de este estudio se referían a la realización de entrevistas con menores y al uso de material escrito recogido de niñas, niños y adolescentes. Las experiencias de doble residencia tras la separación parental pueden ser un tema delicado para la infancia. Cuando las personas sujeto de la investigación son menores, quien investiga debe respetar con especial cuidado el principio del derecho a la autodeterminación y a la participación voluntaria. Se requiere un enfoque sensible de la investigación debido al desequilibrio de poder entre la persona adulta que investiga y la persona menor. En el caso de las personas menores de este estudio, se obtuvo tanto de las figuras parentales como del propio niño o niña el permiso para participar en las entrevistas y para utilizar los datos obtenidos. Se informó a las personas participantes de la finalidad del estudio, del papel del equipo de investigación y de cómo se utilizaría la información que aportara cada niña o niño. También se les informó de que podían retirarse del estudio en cualquier momento durante las entrevistas.

En la presentación de los resultados, los relatos de participantes menores de 18 años se denominan relatos infantiles, mientras que las aportaciones de personas participantes adultas se denominan narraciones retrospectivas de la infancia. Se utilizaron seudónimos para todas las personas participantes. Las citas se identifican mediante el seudónimo, el género y la edad en el momento de la entrevista o de la escritura.

5 Resultados: cuatro formas de posicionarse ante los conflictos parentales

Como resultado de nuestro análisis, constatamos que la infancia que vive en dos hogares se posicionaba fuera o en medio de los conflictos de sus madres y padres. El posicionamiento puede ser de naturaleza activa, pasiva o involuntaria. Identificamos cuatro formas de posicionamiento: (1) posicionamiento activo fuera de los conflictos parentales, (2) posicionamiento pasivo fuera de los conflictos parentales, (3) posicionamiento involuntario en medio de los conflictos parentales y (4) equilibrio activo en medio de los conflictos parentales. A través de estos posicionamientos, niñas y niños adoptan distintas microprácticas en las situaciones cotidianas en las que necesitan gestionar los efectos del conflicto parental o protegerse de ellos. En los apartados siguientes exploramos con más detalle cada forma de posicionamiento.

5.1 Posicionamiento activo fuera de los conflictos parentales

La primera forma de posicionamiento identificada consiste en que niñas y niños se sitúan de manera activa y consciente fuera de los conflictos de sus madres y padres. Afirmaban que no querían tomar parte en esos conflictos y que, por tanto, intentaban evitarlos. Al hablar de las ventajas y dificultades de vivir en dos hogares y de la relación conflictiva entre su madre y su padre, Kaisa describió así su reacción:

Persona entrevistadora: ¿Qué se siente, de verdad, cuando tus padres no se llevan bien?

Kaisa: Pues se siente bastante mal. Cuando cada uno critica al otro, no les gusta escuchar las críticas contra el otro… de vez en cuando mamá me dice dile a tu padre esto y aquello, y luego otra vez al revés.

Persona entrevistadora: ¿Y qué haces en situaciones así?

Kaisa: Pues intento no escuchar y eso; me entra por un oído y me sale por el otro (Kaisa/chica/15).

Kaisa da un ejemplo de posicionamiento activo fuera de los conflictos de su madre y su padre mediante la adopción de una micropráctica de retirada física. A menudo niñas y niños no quieren oír ni ver discutir a sus madres y padres, e intentan protegerse no escuchando, retirándose a su habitación o saliendo de casa. Suelen considerar inaceptable que sus madres y padres hablen mal el uno del otro en su presencia.

El distanciamiento mental es otra micropráctica que utiliza la infancia que vive en dos hogares cuando se posiciona activamente fuera de los conflictos de sus madres y padres. En la entrevista de Samuli, los conflictos parentales surgieron repetidamente, y en el siguiente fragmento reflexionó sobre las maneras de afrontarlos:

Persona entrevistadora: Imaginemos que Matti, que tiene tu misma edad, estuviera aquí con nosotros. ¿Qué le contarías sobre este tipo de organización de la vida?

Samuli: Pues, por lo menos, se podría decir que el divorcio no es el fin del mundo. Se puede sobrevivir si mantienes la cabeza fría e intentas a veces entender también a tus padres. Y vale la pena decir sin rodeos lo que quieres. O sea, con quién quieres vivir. Esto de alternar entre las casas de los padres no es para nada una mala opción; también puedes ser casi una familia completa (Samuli/chico/16).

Posicionarse activamente fuera de los conflictos parentales en el plano mental le resulta útil a Samuli. En esta micropráctica son importantes no perder los nervios, expresar la propia opinión y actuar con sensatez. Este posicionamiento implica tanto el derecho del niño o la niña a tener sus propias opiniones como el deber que percibe de comprender a sus madres y padres en situaciones difíciles.

La acción física es la tercera micropráctica que identificamos entre las niñas y los niños que se posicionan activamente fuera de los conflictos de sus madres y padres. En la práctica cotidiana, la acción física se manifiesta en la gestión autónoma y activa de sus propios asuntos, incluido el desplazamiento entre los dos hogares. Kaisa describió cómo cambiaba de hogar por su cuenta, sin la ayuda de su madre y su padre en conflicto:

Persona entrevistadora: Vale. Entonces, claro, tienes un microcoche, así que vas de una casa a otra tú sola, ¿no?

Kaisa: Sí.

Persona entrevistadora: ¿Y estos cambios de casa también los haces completamente sola?

Kaisa: Sí, meto mis cosas en el maletero y me voy.

Persona entrevistadora: ¿Cada cuánto cambias de casa?

Kaisa: Cambio cada semana. Es bastante rápido (Kaisa/chica/15).

Desvincularse de la madre y el padre y del hogar de la infancia, y abrazar una vida independiente centrada en las amistades, las aficiones, los estudios y los desplazamientos autónomos, son procesos entrelazados. Los conflictos de madres y padres pueden empujar a la juventud a independizarse. En su descripción, Kaisa muestra con orgullo su capacidad para arreglárselas sola cuando la persona entrevistadora le pregunta si hace los cambios de casa de forma completamente autónoma.

5.2 Posicionamiento pasivo fuera de los conflictos parentales

La segunda manera en que la infancia que vive en dos hogares se posiciona ante los conflictos de sus madres y padres es quedando pasivamente fuera de ellos. Esto significa que las figuras parentales enfrentadas pueden «olvidarse» de su hijo o hija porque están centradas en sus propios asuntos. En consecuencia, a la infancia no le queda más remedio que responsabilizarse de sus propios asuntos, incluso cuando quizá aún no ha llegado el momento de hacerlo.

Un ejemplo de cómo la infancia afronta el hecho de ser desatendida por sus madres y padres enfrentados es la micropráctica de la acción autónoma. Debido a los conflictos parentales y a las dificultades persistentes de comunicación, la infancia se ve obligada a aprender a hacer frente a muchas cuestiones de la vida sin el cuidado parental. En el siguiente fragmento, Sini, una joven adulta, aconseja microprácticas adecuadas a partir de su propia experiencia:

Persona entrevistadora: ¿Qué le dirías a Kerttu, que tiene tu misma edad, sobre este tipo de organización de la vida?

Sini: [Una] semana es un periodo corto y una buena duración para empezar, pero a la larga ya no es necesariamente buena. Aprende a cuidar de ti; puede que tus padres no tengan fuerzas suficientes para hacerlo, y no se acordarán de todo, sobre todo si no se hablan. Búscate una buena amiga o un buen amigo, y no lo sueltes. No te quedes sola. Por lo menos, eso es lo que hice yo (Sini/chica/18).

En su relato, Sini presenta la micropráctica de verse obligada a cuidar de sí misma de forma autónoma como una solución cuando madre y padre no tienen capacidad para cuidar de su hija o hijo en pleno conflicto. Aconseja además a la juventud en la misma situación que encuentre una buena amistad con quien hablar de estas cuestiones. Al mismo tiempo, expresa, como regla moral, el deber de madres y padres de cuidar de sus hijos e hijas, de no dejar a la infancia sola y de comunicarse entre sí.

Niñas y niños también pueden encontrarse posicionados como miembros olvidados de la familia a causa de los conflictos parentales. En su entrevista, Annika, una niña de 10 años, describió cómo los conflictos parentales minaban la capacidad de su madre y su padre para coordinar su organización cotidiana. En consecuencia, le costaba gestionar sola las rutinas diarias, y relacionó estas experiencias con el acoso que sufría en la escuela:

Bueno, probablemente el acoso empezó cuando al principio no siempre me acordaba de si tenía que ir a casa de mamá o de papá (Annika/niña/10).

La descripción de Annika ofrece un ejemplo de posicionamiento en el que la niña queda sola a causa de los conflictos de su madre y su padre. Está perdida y es incapaz de adoptar una micropráctica adecuada sobre cómo actuar. El posicionamiento de Annika como olvidada se vincula con el deber moral de madres y padres de ocuparse de las transiciones de sus hijos e hijas de un hogar a otro cuando no son capaces de gestionarlas por su cuenta.

5.3 Posicionamiento involuntario en medio de los conflictos parentales

La tercera manera en que la infancia que alterna entre dos hogares se posiciona respecto de los conflictos de sus madres y padres consiste en verse arrastrada involuntariamente al centro de ellos. Este posicionamiento también puede implicar ser víctima de un conflicto en el que la niña o el niño, de un modo u otro, se convierte involuntariamente en un medio o instrumento del conflicto parental.

En el posicionamiento involuntario, una persona menor puede convertirse en mensajera entre su madre y su padre y verse arrastrada al centro de sus conflictos porque estos no quieren comunicarse entre sí. Por ejemplo, cuando Kaisa habló de la relación de su madre y su padre y de sus conflictos, describió lo siguiente:

Persona entrevistadora: ¿Alguna vez has pensado que podrías decirles a tus padres que no eres su mensajera?

Kaisa: Sí, se lo he dicho muchas veces, pero… a veces sigue pasando… pero no es para tanto, porque los mensajes que tengo que pasar no son tan importantes. Solo, por ejemplo, algo como que Arttu [hermano pequeño] tiene, digamos, un cumpleaños o algo así (Kaisa/chica/15).

Kaisa expresa una especie de micropráctica adaptativa para transmitir mensajes entre su madre y su padre. Las figuras parentales transmiten a través de la hija la información sobre sus asuntos, evitando así encontrarse. Kaisa siente que los mensajes que tiene que llevar han sido bastante menores, y se adapta a esta tarea, aunque expresa la regla moral según la cual madres y padres deberían hablar de las cosas entre sí y no a través de sus hijos e hijas.

En el posicionamiento involuntario, la persona menor también puede acabar siendo empujada de un lado a otro entre su madre y su padre cuando estos no logran negociar entre sí para responder a sus necesidades. La micropráctica que le queda es ir de una figura parental a otra pidiendo dinero para los artículos cotidianos que necesita. En el siguiente fragmento, Eija, una mujer joven, describió su posicionamiento en su relato escrito de la infancia:

Si le pedía a mamá algo extra (por ejemplo, el chándal de un equipo deportivo), me contestaba «Pídeselo a tu padre», y viceversa. [Mis] padres apenas se trataban (Eija/mujer/33, vivió en dos hogares de los 10 a los 17 años).

El relato de Eija pone de relieve cómo la mala relación entre su madre y su padre se prolongó mucho después del divorcio y cómo una persona menor puede ser utilizada como instrumento del conflicto cuando las figuras parentales no consiguen llegar a un acuerdo. Este posicionamiento tiene su origen en la conducta no cooperativa de madre y padre, que vulnera la regla moral según la cual la infancia no debe ser utilizada como instrumento en el conflicto parental.

En nuestro análisis surgió también el posicionamiento involuntario como desencadenante del conflicto parental. En estas situaciones, la infancia que vive en dos hogares no sabe qué micropráctica adoptar. Kaisa describió cómo los retrasos cotidianos más corrientes en los horarios, o el simple hecho de pasar tiempo con su padre, pueden desencadenar discusiones:

Persona entrevistadora: ¿Por qué discutes con tu madre?

Kaisa: Pues es que mamá cree que estoy más del lado de papá cuando hay un conflicto entre ellos, y entonces fue como que explotó. Se suponía que tenía que ir a casa después del entrenamiento, pero el entrenamiento se alargó muchísimo; creo que duró como una hora más. Papá tenía un partido justo después, así que no podía llevarme a casa. Y entonces mamá empezó a gritarme, diciendo que tendría que haber vuelto a casa igualmente aunque papá no pudiera llevarme… Se enfadó muchísimo por eso.

Persona entrevistadora: ¿Es algo que surge a menudo entre tu madre y tú?

Kaisa: Sí, bastante a menudo mamá se enfada por cosas que hacemos papá y yo. Muchas veces es como que, o sea, no hay realmente ningún motivo (Kaisa/chica/15).

La descripción de Kaisa muestra cómo la infancia puede verse arrastrada inesperadamente al centro de los conflictos parentales en su vida cotidiana por casi cualquier motivo. En la práctica, distintas situaciones cotidianas pueden activar el conflicto parental, y la infancia tiene que sufrir las consecuencias. En el razonamiento de Kaisa, madre y padre no deberían discutir sin un motivo real.

5.4 Equilibrio activo en medio de los conflictos parentales

Como cuarta forma de posicionamiento de la infancia ante los conflictos de sus madres y padres, identificamos el equilibrio activo en medio de los conflictos parentales. Niñas y niños prevén las situaciones en las que pueden surgir conflictos parentales e intentan evitarlos adoptando activamente distintas microprácticas.

Un ejemplo de este tipo de micropráctica consiste en sopesar qué alternativa de residencia es la mejor para evitar el conflicto parental. En su relato escrito, Elsa describió cómo acabó viviendo en dos hogares por ser la mejor opción, aunque tenía muchos pros y contras:

Vivir en dos hogares es, por supuesto, siempre muy difícil. Sin embargo, suele ser preferible a un solo hogar donde habría peleas todo el tiempo. Por eso prefiero vivir en dos hogares que en uno, aunque no siempre tenga fuerzas para trasladarme con mis cosas de un sitio a otro. Lo malo de vivir en dos hogares es que resulta pesado y complicado, sobre todo al principio. Tienes que organizar tu vida de otra manera para tener fuerzas para mudarte un fin de semana sí y otro no a casa de la otra figura parental (Elsa/chica/17).

Elsa vive la vida en dos hogares como algo complicado y pesado, pero también como una solución mejor que vivir bajo el mismo techo que una madre y un padre que se pelean. Para ella, las peleas no forman parte de la vida familiar deseada.

Como otra manera de evitar el conflicto parental, niñas y niños pueden adoptar activamente una micropráctica de equilibrio del tiempo. Un reparto desigual del tiempo con cada figura parental puede ser uno de los motivos del conflicto parental. En su relato escrito, Mari describe la relación entre su madre y su padre como marcada por la hostilidad y la agitación emocional. En el siguiente fragmento, reflexiona sobre cómo intentó repartir su tiempo a partes iguales entre ambos:

Al principio intenté vivir una semana en una casa y luego una semana en la otra. Buscaba una sensación de equidad y de regularidad en la organización, y ambas cosas eran muy importantes para mí. Al final, no pude con ello (Mari/chica/21, vivió en dos hogares de los 17 a los 19 años).

Mari describió cómo repartía su tiempo a partes iguales entre su madre y su padre para evitar conflictos. Expresó el deber moral de la hija o el hijo de tratar por igual a ambas figuras parentales. Al final, esta micropráctica de equilibrio del tiempo le resultó demasiado difícil de cumplir.

Expresar lealtad es el tercer ejemplo de micropráctica que la infancia adopta para mantener activamente el equilibrio en medio de los conflictos de sus madres y padres. Niñas y niños se esfuerzan por mantener una buena relación con ambas figuras parentales. En consecuencia, equilibran los deseos de su madre y su padre con sus propias necesidades. En su relato escrito, Mari dio un ejemplo de cómo la infancia expresa su lealtad a una madre y un padre enfrentados manteniendo el equilibrio para no tomar partido:

Sería muy bueno que mis padres pudieran comunicarse entre ellos sobre los asuntos que me conciernen. Es difícil encontrarte en una situación en la que tienes que elegir entre tus padres. Yo no elijo bando, aunque mi padre me animó a hacerlo. Suponía que mamá se sentiría herida, aunque no solía decirlo directamente (Mari/chica/21, vivió en dos hogares de los 17 a los 19 años).

Mari describió cómo se esperaba de ella que eligiera entre su madre y su padre, y mencionó que su padre quería formar una alianza con ella. Para Mari era moralmente importante no tomar partido, para poder seguir siendo leal a ambos y no herirlos.

Otro ejemplo de cómo la infancia muestra lealtad consiste en cambiar de hogar para responder a las necesidades de su madre y su padre. Por ejemplo, niñas y niños pueden asumir la responsabilidad del bienestar psíquico de una figura parental tras un divorcio. En el siguiente fragmento, Mari escribió cómo, tras el divorcio conflictivo de su madre y su padre, probó muchas formas distintas de residencia antes de acabar viviendo en dos hogares como la mejor solución para equilibrar las necesidades de ambos:

Durante mucho tiempo había estado más unida a mi padre, y vivir con mi madre se me hacía difícil. Mi padre había dejado a mi madre, que estaba triste y amargada por ello. Me habría sentido mal si me hubiera ido a vivir con mi padre. No quería dejar a mi madre viviendo sola en una casa grande (Mari/chica/21, vivió en dos hogares de los 17 a los 19 años).

En este ejemplo, Mari antepuso las necesidades de su madre a las suyas propias, al tiempo que mantenía el equilibrio entre ambas figuras parentales. Durante mucho tiempo, Mari había estado más unida a su padre que a su madre. Pese a ello, eligió su forma de residencia en función del bienestar de su madre y se sentía culpable por querer dejarla. Mari mostró lealtad hacia su madre y su padre, pero al mismo tiempo esta situación vulneraba la regla moral según la cual son las madres y los padres quienes son responsables de sus hijos e hijas, y no a la inversa.

En nuestro estudio, la infancia que vive en dos hogares describía cómo repartía su tiempo de forma equitativa entre las figuras parentales y expresaba equidad e igual amor hacia ambas. Niñas y niños pueden temer que decidir dónde quieren vivir provoque un conflicto entre su madre y su padre. Esto significa que anteponen las necesidades de sus madres y padres a las suyas propias.

6 Discusión

En este artículo hemos examinado cómo la infancia que vive en dos hogares se posiciona ante el conflicto parental posterior al divorcio en situaciones de conflicto bajo y moderado, a diferencia del interés predominante de la investigación por las situaciones de alta conflictividad. Nos interesaban en particular las microprácticas que adopta la infancia y su razonamiento moral al hacer frente a los conflictos parentales. Nuestros resultados amplían y profundizan la comprensión del posicionamiento de la infancia, desde el de víctima hacia una forma de posicionamiento más situacional y moralmente reflexiva, presente en la vida cotidiana de la infancia que vive en dos hogares. Nuestros hallazgos respaldan además la visión de niñas y niños como agentes activos frente a los conflictos cotidianos de sus madres y padres separados (por ejemplo, Jevne 2017; Miller et al. 2017; Stokkebekk et al. 2019).

Las formas de posicionamiento infantil que encontramos en niveles bajos y moderados de conflicto parental se parecen mucho a las identificadas por Stokkebekk et al. (2019) en situaciones prolongadas de alta conflictividad, pero describimos las posiciones de la infancia según otros ángulos analíticos. En Stokkebekk et al. (2019), las posiciones se derivan de relatos diferenciados, como el del conflicto familiar o el de la figura parental problemática, mientras que en el presente estudio el posicionamiento se organiza según la ubicación de la niña o el niño fuera o en medio del conflicto parental y según las formas de capacidad de acción infantil (activa, pasiva o involuntaria). Mientras que Stokkebekk et al. (2019) interpretan las posiciones de la infancia como formas de resistencia sana, presentándolas como maneras ingeniosas de gestionar las amenazas al bienestar y a las relaciones en el seno del conflicto familiar e inscribiéndolas en relatos diferenciados, el presente estudio aborda estas posiciones sin una lente predefinida. Aquí, las posiciones se examinan en función de cómo las configuran la ubicación de la infancia respecto del conflicto parental y las diversas formas de capacidad de acción, incluidas las formas constreñidas e involuntarias. En conjunto, estos estudios ofrecen una comprensión más rica de cómo se orienta la infancia en los conflictos parentales.

Nuestros hallazgos sobre las microprácticas de la infancia aportan nuevas perspectivas sobre cómo el posicionamiento se negocia continuamente en relación con el conflicto parental y se ve moldeado por el contexto situacional y la edad. Aunque niñas y niños pueden buscar activamente maneras de distanciarse del conflicto, su capacidad para hacerlo es desigual, y también pueden quedar posicionados involuntariamente dentro de él. Al mismo tiempo, la infancia demuestra una habilidad considerable para gestionar las relaciones familiares, mantener el equilibrio entre su madre y su padre y responder a exigencias contrapuestas de maneras que a menudo anteponen las necesidades de los demás a las propias. Estos hallazgos concuerdan con la idea de que el posicionamiento no es fijo, sino que cambia con el tiempo y se renegocia en las prácticas cotidianas y en las interacciones sociales (Burr 1995).

El razonamiento moral de la infancia está profundamente entrelazado con su posicionamiento y con las microprácticas que adopta. Cuando niñas y niños que viven en dos hogares relatan su vida cotidiana, comentan al mismo tiempo los derechos y deberes que tienen tanto madres y padres como hijos e hijas en la vida cotidiana posterior al divorcio. Siguiendo a Smart et al. (2001), constatamos que la infancia razona sobre la equidad, el cuidado y el respeto de maneras que reflejan expectativas de trato igualitario, de responsabilidad parental y de lealtad en las relaciones familiares. Nuestros hallazgos muestran que las microprácticas cotidianas de la infancia no son meras estrategias prácticas de afrontamiento, sino también esfuerzos moralmente cargados por preservar la equidad y la estabilidad emocional en la vida familiar tras el divorcio.

El razonamiento moral de la infancia no es neutro, sino que refleja su dependencia de sus madres y padres, su necesidad de mantener esas relaciones y su limitado poder para influir en la situación. Debido a la desigual relación de poder entre figuras parentales e hijos e hijas, la infancia no puede negociar plenamente su posicionamiento, y su capacidad para resistirse a él o modificarlo sigue siendo limitada. Esto es especialmente evidente en el caso de la infancia de menor edad, que dispone de menos medios para adoptar distintas microprácticas y tiene más probabilidades de quedar en una posición pasiva. Al mismo tiempo, estas relaciones de poder también configuran y constriñen el razonamiento moral de la infancia, limitando su capacidad para influir en el conflicto parental.

Este estudio tiene ciertas limitaciones. El número de participantes era reducido y los datos presentan un sesgo de género, porque el método de bola de nieve y una invitación abierta a escribir no permitían al equipo de investigación influir en la composición de la muestra, lo que limita la generalización de los resultados. Nuestros datos se recogieron varios años antes de este análisis, lo que puede restarles actualidad. El amplio abanico de edades de las personas participantes, que incluye relatos actuales y retrospectivos, puede haber influido en la manera de interpretar y relatar las experiencias. A pesar de estas limitaciones, nuestros resultados sugieren que situaciones y experiencias similares son habituales hoy en la vida cotidiana de la infancia que vive en dos hogares.

Dado que la residencia compartida y la vida en dos hogares se han vuelto más frecuentes y ampliamente aceptadas como forma oficial de residencia tras el divorcio parental (Hakovirta et al. 2023), es necesario comprender mejor este tipo de organización de la vida. Las situaciones de alta conflictividad representan la punta del iceberg de los conflictos posteriores a la separación, y han recibido una atención considerable. Cabe suponer que algún tipo de conflicto parental forma parte habitual de la vida familiar posterior a la separación para buena parte de la infancia. Cuando viven en dos hogares, niñas y niños se encuentran con estos conflictos como parte de su vida cotidiana.

A quienes intervienen con familias les proponemos que el apoyo se centre en las experiencias de la infancia, sus microprácticas cotidianas y su razonamiento moral, y no únicamente en el conflicto parental, las dificultades de cooperación o los litigios por la custodia. Comprender cómo se posiciona la infancia y cómo se orienta en los conflictos parentales puede ayudar a profesionales a reconocer mejor su impacto en la vida de niñas y niños y a responder con mayor eficacia. Coincidimos con Eikrem and Andenæs (2025, 8) en que las preguntas sobre la capacidad de acción y las estrategias de afrontamiento de la niña o el niño son pertinentes a la hora de evaluar las intervenciones. Las distintas formas de posicionamiento de la infancia requieren enfoques variados para abordar los distintos niveles de conflicto parental y para apoyar el bienestar infantil en la vida cotidiana entre dos hogares.

Autorización para reproducir material de otras fuentes

Este manuscrito no incluye ningún material reproducido de otras fuentes.

Complexe Systémique: puntos clave

El estudio desplaza la mirada de forma útil: lejos de los casos de alta conflictividad que ocupan a tribunales y servicios, se fija en las fricciones corrientes que atraviesan la vida de buena parte de la infancia en residencia compartida, y en lo que esas propias niñas y esos propios niños hacen con ellas. Las cuatro posiciones descritas, fuera o en medio, activa, pasiva o involuntaria, ofrecen un marco sencillo para las conversaciones clínicas: ¿dónde se sitúa la niña o el niño en el conflicto, y de cuánto margen dispone? Se reconocen la triangulación, el papel de mensajero, la lealtad dividida y, en el caso de Mari, una parentificación silenciosa, cuando la hija elige dónde vivir para proteger a la figura parental más frágil. El valor clínico reside en tomar en serio las microprácticas, los trayectos, los mensajes, el reparto del tiempo, como soluciones que la infancia ha encontrado, con sus costes, y no como meros detalles logísticos. Los límites son claros: catorce relatos, casi todos de chicas y mujeres, recogidos hace unos diez años, y un abanico de edades muy amplio. Para leer junto con el artículo sobre los relatos paralelos de madres y padres separados en conflicto prolongado y el artículo sobre el posicionamiento de la infancia en una atmósfera de secreto.

Notas del original

Agradecimientos. La autoría no tiene nada que señalar. Publicación en acceso abierto facilitada por Tampereen yliopisto ja Tampereen ammattikorkeakoulu, en el marco del acuerdo Wiley - FinELib.

Financiación. La autoría no recibió financiación específica para este trabajo.

Declaración ética. En el momento de la recogida de datos, para este tipo de diseño de investigación no se exigía ni podía obtenerse un dictamen de un comité de ética. El estudio se llevó a cabo de conformidad con las directrices nacionales de ética de la investigación y con los principios éticos.

Consentimiento. Se obtuvo el consentimiento informado de todas las personas participantes incluidas en el estudio. Se obtuvo el consentimiento parental para la participación de niñas y niños en el estudio.

Conflicto de intereses. La autoría declara no tener conflictos de intereses.

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Traducción no oficial al español de Children's Positioning in Relation to Parental Conflicts When Living in Two Homes, de Leena Autonen-Vaaraniemi y Aino Ritala-Koskinen, Child & Family Social Work, publicación anticipada en línea (2026), doi: 10.1111/cfs.70253, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (traducción al español). Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Este artículo es una traducción no oficial al español del artículo original «Children's Positioning in Relation to Parental Conflicts When Living in Two Homes», publicado en Child & Family Social Work (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Autonen-Vaaraniemi, L., y Ritala-Koskinen, A. (2026). Children's Positioning in Relation to Parental Conflicts When Living in Two Homes. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/children-s-positioning-in-relation-to-parental-conflicts-when-living-in-two-homes (Obra original publicada en 2026 en Child & Family Social Work, Early View (2026); republicada en 2026 por Child & Family Social Work, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/cfs.70253)

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