Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Australian and New Zealand Journal of Family Therapy · Terapia familiar
¿Por qué algunas separaciones parecen resistirse a cualquier intervención? Inger Kristin Heggdalsvik, Lennart Lorås y Vibeke Samsonsen reunieron en grupos focales a 24 profesionales noruegos de la orientación familiar y de la protección a la infancia. A la luz de los «problemas perversos» (wicked problems) de Rittel y Webber, el conflicto parental de alta intensidad aparece como un problema sin definición estable ni solución definitiva, que conviene analizar antes de actuar.
Traducción no oficial al español de High Conflicts as Wicked Problems from the Perspective of Family Counsellor and Child Welfare Services in Norway, de Inger Kristin Heggdalsvik, Lennart Lorås y Vibeke Samsonsen, publicado en Australian and New Zealand Journal of Family Therapy (Wiley) (2022), doi: 10.1002/anzf.1494, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Por tanto, resulta más fructífero facilitar una nueva comprensión y generar opciones para gestionar el problema, en lugar de resolverlo.
Inger Kristin Heggdalsvik, Lennart Lorås y Vibeke Samsonsen
Resumen
Este artículo explora la comprensión y las experiencias que tienen las y los profesionales de los servicios noruegos de orientación familiar y de protección a la infancia sobre los conflictos parentales de alta intensidad. Los datos se analizaron mediante un análisis temático reflexivo de cuatro entrevistas de grupo focal con un total de 24 profesionales. Utilizamos los problemas dóciles y los problemas perversos como marco teórico de referencia para discutir cómo pueden entenderse los casos de conflicto de alta intensidad. El análisis muestra que la complejidad de estos conflictos y las experiencias que suscitan ponen a prueba a los equipos profesionales en sus evaluaciones y en la elaboración de soluciones. Concluimos que la naturaleza de la complejidad, la imprevisibilidad y la inestabilidad de los conflictos de alta intensidad encaja en el marco de los problemas perversos.
Puntos clave
Cuando las madres y los padres se separan y viven en un clima de conflicto de alta intensidad, tanto ellos como sus hijas e hijos sufren a menudo graves consecuencias emocionales (Gurman, Lebow, & Snyder, 2015; Snyder, Castellani, & Whisman, 2006). Los efectos del conflicto conyugal en la adaptación infantil están bien documentados (Cummings & Davies, 2002). Smyth y Moloney (2019) sostienen que los casos de conflicto de alta intensidad figuran entre los desafíos más complejos que deben afrontar los equipos profesionales. A diferencia de las rupturas amistosas, las familias casi perpetúan el conflicto, y este parece no tener fin (Sheehan, 2018). Varios estudios señalan la necesidad de diferenciar entre distintos grados y tipos de conflicto para comprender mejor estos casos y ofrecer las intervenciones más adecuadas (Birnbaum & Bala, 2010; Helland & Borren, 2015; Helland et al., 2020; Johnston, 1994).
Se sostiene que el significado de «conflicto» es vago y no está lo bastante definido como para servir de base a la distinción entre conflicto constructivo y destructivo. Diferenciar entre estilos de conflicto constructivos y destructivos en las figuras parentales es fundamental para predecir resultados positivos o negativos en los niños y niñas implicados (Cummings, Goeke-Morey, & Papp, 2016; Davies & Cummings, 1998; Reynolds, Houlston, Coleman, & Harold, 2014). Sheehan (2018) distingue dos facetas del conflicto posterior a la separación: los motivos sobre los que se desarrolla el conflicto y los procesos relacionales mediante los cuales se ha generado y mantenido.
Se han elaborado distintos modelos de proceso y marcos para abordar el continuo de factores que influyen en el conflicto y la discordia entre progenitores, y la forma en que estos influyen de manera significativa en el desarrollo infantil (Cummings & Davies, 2002; Cummings, Goeke-Morey, & Papp, 2016; Polak & Saini, 2015). La investigación sobre el funcionamiento parental y la etiología del maltrato infantil suele centrarse en tres ámbitos, identificados como tales: (1) los recursos de las figuras parentales, (2) las características de niñas y niños, y (3) las fuentes contextuales de factores de riesgo y de protección. El conocimiento de los patrones de relación tras el divorcio y de sus distintas trayectorias, de la evolución del conflicto de alta intensidad y de los factores de protección en la adaptación infantil a un conflicto parental duradero subraya la necesidad de un enfoque amplio cuando los equipos profesionales se encuentran con niños, niñas y sus familias. Por consiguiente, se sabe que distinguir una parentalidad deficiente y disfuncional del maltrato emocional infantil es difícil (Sudland & Neumann, 2020; Wolfe & McIsaac, 2011).
Si queremos comprender las trayectorias del conflicto y tener en cuenta el riesgo que representan, debemos examinar más de cerca la naturaleza de un conflicto (Drapeau et al., 2009). Con un énfasis marcado en el conflicto y en su posible resolución, los equipos profesionales corren el riesgo de pasar por alto la necesidad de desarrollar ciertas competencias para comprenderlo. El énfasis recae entonces en el continuo del conflicto, en lugar de comprender su trasfondo contextual y construir a su alrededor una estructura de posible contención (Sheehan, 2018). Por consiguiente, si se espera que los equipos profesionales comprendan el conflicto, necesitan comprender el contexto en el que se produce y los patrones que lo perpetúan (Lorås, 2021). Esto concuerda con una comprensión sistémica, según la cual las dificultades humanas (de individuos, parejas y familias) deben situarse en un marco contextual en el que se evalúe la naturaleza de las relaciones implicadas (Capra & Luisi, 2016). Así, la descripción que cada persona hace del problema interaccional tiene poco o ningún sentido si no se evalúan y tienen en cuenta las relaciones entre quienes intervienen en él. Distintas personas entenderán y explicarán el conflicto de manera diferente, por ejemplo ofreciendo descripciones contrapuestas. Por tanto, no es apropiado considerar el conflicto de alta intensidad como una «verdad» objetiva de la que se espera que todo el mundo tenga una comprensión común.
La literatura científica (Anderson et al., 2010; Haddad, Phillips, & Bone, 2016; Johnston, 1994; Kosher & Katz, 2022; Smyth & Moloney, 2019; Stokkebekk, Iversen, Hollekim, & Ness, 2021) muestra una gran variedad terminológica a la hora de describir el conflicto parental. Coleman (2014) califica las disputas conyugales prolongadas de conflictos intratables, caracterizados por la escalada, las interacciones hostiles, la carga afectiva y un cambio de cualidad a lo largo del tiempo. Típicamente, se asocian a ciclos de alta y baja intensidad y a un carácter destructivo, a menudo costoso en términos humanos y económicos, y pueden volverse omnipresentes y afectar a aspectos cotidianos de la vida de las partes enfrentadas (Coleman, Vallacher, Nowak, & Bui-Wrzosinska, 2007). En este artículo utilizamos el término «conflicto de alta intensidad» como designación colectiva de los conflictos parentales duraderos y de tal intensidad que constituyen un factor de riesgo importante para la adaptación infantil.
Ningún fenómeno (como el conflicto de alta intensidad) puede explorarse y examinarse sin un conjunto de teorías orientadoras, factores contextuales y perspectivas. Estos elementos son como un conjunto de supuestos o de lentes a través de los cuales miramos aquello que nos interesa (Sheehan, 2018). Pueden utilizarse diversas perspectivas teóricas para arrojar luz sobre el conflicto de alta intensidad. Algunos ejemplos son la teoría de los sistemas familiares (Priest, 2021), la teoría del apego y las narrativas de apego (Bowlby, 1973), la teoría de las emociones (Ben-Ze’ev, 2000), la teoría del conflicto (Coleman, Deutsch, & Marcus, 2014) y la teoría del trauma (Akhtar, 2017).
Para comprender el conflicto de alta intensidad, hemos elegido el análisis de los problemas dóciles y perversos de Rittel y Webber (1973). Por consiguiente, los problemas dóciles y perversos servirán como marco teórico de referencia para explorar nuestros datos. Los problemas perversos se caracterizan por carecer de claridad en sus objetivos y soluciones, por lo que resultan difíciles de resolver debido a su naturaleza compleja e interconectada. A diferencia de los problemas dóciles, los problemas perversos no pueden tratarse como un sistema de fases enumeradas: comprender el problema o la misión, recopilar información, analizarla, sintetizarla y, por último, elaborar una solución. Debido al contexto social dinámico en el que surgen los problemas perversos, el enfoque por esquemas no funciona, ya que no se puede comprender un problema sin conocer su contexto. No se puede primero comprender y después resolver el problema, porque no hay soluciones en el sentido de respuestas definitivas y objetivas (Rittel & Webber, 1973). Las posibles soluciones dependen de cómo se enmarque el problema.
El establecimiento y la delimitación del espacio de soluciones y de las medidas de desempeño constituyen la parte perversa de un problema. Los problemas perversos se caracterizan por la implicación de múltiples partes interesadas que pueden tener visiones del mundo radicalmente distintas y marcos diferentes para comprender el problema. Las restricciones a las que está sometido el problema y los recursos necesarios para resolverlo pueden cambiar con el tiempo, o bien el problema puede no resolverse nunca de forma definitiva. Los problemas perversos aparecen en cualquier ámbito en el que intervengan partes interesadas con perspectivas diferentes. Las soluciones habituales ya no parecen funcionar; puede no haber acuerdo sobre la naturaleza del problema y, desde luego, no existe una visión clara de qué intervenciones podrían resolverlo. Existen interdependencias complejas que pueden revelar o crear nuevos problemas cuando se intenta resolver algún aspecto del problema perverso (Rittel & Webber, 1973).
Este estudio se llevó a cabo en Noruega, donde los servicios públicos dirigidos a la infancia y la familia se organizan en el marco general del Estado de bienestar. Noruega es un país con un fuerte componente de control, en el que los servicios públicos tienen autoridad para realizar intervenciones invasivas en la vida familiar (Helland, Pedersen, & Skivenes, 2022). Al igual que Australia, Noruega es uno de los pocos países que imponen la mediación obligatoria cuando los progenitores se separan, en el marco del artículo 51 de la Ley de la Infancia (Children Act, 1981). El sistema de protección a la infancia tiene un alcance más amplio que los sistemas de protección infantil de otros países occidentales más liberales (para descripciones más detalladas, véase Heggdalsvik & Samsonsen, 2022; Samsonsen, 2016). A partir de la experiencia y la comprensión del conflicto de alta intensidad por parte de profesionales de los servicios de orientación familiar (FCS) y de los servicios de protección a la infancia (CWS), la pregunta de investigación de este artículo es: ¿cómo comprenden y viven, en términos de complejidad, el conflicto de alta intensidad las y los profesionales de los servicios de orientación familiar y de protección a la infancia?
Se eligió un enfoque cualitativo para captar la comprensión y las experiencias de las y los profesionales de los FCS y CWS noruegos ante el conflicto de alta intensidad. Por consiguiente, se optó por un enfoque cualitativo basado en el análisis temático reflexivo (AT) (Braun & Clarke, 2006, 2019; Clarke & Braun, 2018).
El reclutamiento buscaba obtener una muestra estratégica y heterogénea, rasgo característico de los estudios cualitativos (Thagaard, 2013). Una muestra estratégica significa que las personas participantes se eligieron en función de características o cualificaciones estratégicas con respecto a las preguntas de investigación y a las perspectivas teóricas del estudio (Thagaard, 2013).
Se entrevistó a veintidós mujeres y dos hombres. La experiencia de las personas participantes en los FCS y CWS era variada. Para preservar su anonimato, hemos utilizado seudónimos en la presentación de los resultados.
Los resultados presentados en este artículo se basan en datos empíricos procedentes de cuatro entrevistas de grupo focal realizadas en enero de 2020. Hubo dos entrevistas de grupo focal con participantes de los FCS y dos con participantes de los CWS, con un total de 24 personas participantes. Se envió a la dirección de los distintos servicios una solicitud con información sobre el estudio. Para asegurarnos de arrojar luz sobre la pregunta de investigación, se pidió a los servicios que propusieran informantes cuyo trabajo cotidiano incluyera el conflicto parental.
Las entrevistas fueron realizadas por quienes firman en primer y tercer lugar en las oficinas de los distintos servicios. Todas duraron aproximadamente 90 minutos e incluyeron una breve pausa. Fueron grabadas y transcritas por una persona externa inmediatamente después de su realización.
Se presentaron a las personas informantes ocho tarjetas de preguntas1 organizadas en dos temas principales. En cada grupo, una de ellas se encargaba de formular las preguntas de las tarjetas en orden cronológico. Se indicó a las personas participantes que no miraran la tarjeta siguiente antes de que el grupo focal hubiera acordado que la pregunta en curso se había discutido por completo. Los temas principales tenían los dos encabezados siguientes: (1) ¿Qué obstaculiza y qué favorece una cooperación constructiva entre los CWS y los FCS en los casos de conflicto parental enquistado? y (2) ¿Cómo es la práctica de colaboración entre los FCS y los CWS en las situaciones en que los servicios están preocupados por la situación de cuidado de niñas y niños?
Se plantearon a las personas participantes las siguientes preguntas: (1) ¿Qué caracteriza sus encuentros con niños, niñas y familias en estas situaciones? (2) Los niños y niñas que viven en familias con un conflicto parental enquistado pueden verse afectados por dos leyes: la Ley de la Infancia y la Ley de Protección a la Infancia. ¿Qué piensan al respecto? Experiencias, si las hay. (3) ¿Qué experiencias tienen en relación con la notificación de situaciones preocupantes sobre niñas y niños? ¿Qué circunstancias activan, a su juicio, su deber de notificar? ¿Pueden comentar qué evaluaciones preceden a una notificación de preocupación? ¿Pueden expresar qué evaluaciones realizan antes de tales comunicaciones? (4) ¿Tienen reflexiones o sugerencias sobre lo que pueden hacer los FCS y los CWS para ayudar a los niños y niñas que viven con un conflicto parental enquistado que genera preocupación?
El análisis se basa en las transcripciones de lo que las y los profesionales de los FCS y CWS debatieron en relación con las preguntas planteadas. Se hizo hincapié en el contenido de las evaluaciones y reflexiones del personal de orientación familiar y de los equipos de protección a la infancia. Inspirándonos en el AT, las intervenciones se leyeron detenidamente varias veces y se analizaron (Braun & Clarke, 2006, 2019; Clarke & Braun, 2018). Para aumentar la credibilidad de los datos y captar los temas, la primera persona firmante de este artículo trabajó los datos por separado antes de reunirse varias veces con la tercera persona firmante para leerlos y discutirlos conjuntamente. Un criterio clave para seleccionar un tema fue su relevancia en relación con la pregunta de investigación general (Braun & Clarke, 2006).
El AT no está ligado a un enfoque teórico o epistemológico concreto y ofrece, por tanto, una flexibilidad considerable. Seguimos cuatro pasos inspirados en el AT (Braun & Clarke, 2019): (1) Familiarización con los datos: la primera persona firmante leyó y releyó el conjunto de datos varias veces, anotando las ideas iniciales sobre posibles temas. (2) A partir de las ideas y temas provisionales del primer paso, la segunda fase consistió en codificar sistemáticamente las características interesantes del material. (3) El tercer paso consistió en identificar y nombrar temas entre los numerosos códigos del material, que fueron: (a) una definición poco clara del conflicto de alta intensidad, (b) agendas contrapuestas que generan estrés en el sistema familiar, (c) ser profesional y trabajar con el conflicto de alta intensidad, (d) la demanda de más conocimientos y recursos, y de un enfoque transdisciplinar. (4) El cuarto paso consistió en la preparación del «informe» escrito, en este caso el artículo. La primera persona firmante se encargó del primer borrador de las distintas secciones y lo envió a las otras dos personas firmantes para recabar sus comentarios y observaciones.
Todos los procedimientos se llevaron a cabo de conformidad con la Declaración de Helsinki de 1975, revisada en 2000 (World Medical Association, 2013). Este estudio fue aprobado en 2019 por el Centro Noruego de Datos de Investigación (n.º 981003). Todas las personas participantes firmaron un formulario de consentimiento y recibieron copia de las autorizaciones del proyecto de investigación. Se informó a todas las personas informantes de su derecho a retirarse del proyecto en cualquier momento sin necesidad de dar explicaciones. Todas las transcripciones se anonimizaron.
Cada resultado se ilustra con citas de las personas participantes. Al tratarse de entrevistas de grupo focal, nuestras preguntas suscitaron debates entre las personas participantes. Sin embargo, las entrevistas no se caracterizaron por los desacuerdos, sino por reflexiones que reflejan los encabezados de los distintos temas. Por ello, hemos decidido mostrar solo extractos breves de las transcripciones.
Las personas informantes subrayaron lo difícil que resulta desglosar y concretar el fenómeno del conflicto de alta intensidad. En general, tenían claro que el término «conflicto de alta intensidad» tiene múltiples facetas: «Son los casos con los que más nos cuesta trabajar» (FCS1). Afirmaron que los términos utilizados para describir el fenómeno son los de los servicios profesionales y no estaban seguras de que las madres y los padres comprendieran el término ni de cómo los veían y clasificaban como progenitores los equipos profesionales. Señalaron también una gran variación en la forma en que evolucionan los conflictos en las distintas familias, pero la complejidad era un término clave. Las historias difieren, y a menudo hay detrás de los conflictos parentales una larga historia con otros problemas. Con frecuencia, las discusiones entre progenitores acaban siendo muy detalladas, lo que dificulta a la persona profesional interpretar de qué tratan las situaciones. Esto último llevó a señalar lo fácil que es quedar atrapado en el conflicto y convertirse en intermediario y, en consecuencia, el riesgo real de no poder hacer nada.
Las personas informantes problematizaron también otro aspecto del trabajo con el conflicto de alta intensidad: la posibilidad de que la propia etiqueta «conflicto de alta intensidad» plantee dificultades: «El conflicto de alta intensidad se convierte en la definición del problema; en cierto modo nos detiene, y no sabemos cómo manejarlo» (FCS4). Al etiquetar una situación como conflicto de alta intensidad, aumenta el riesgo de perder de vista a los niños y niñas implicados y la probabilidad de clasificar la situación como un «caso de conflicto de alta intensidad» y no como un «caso de negligencia infantil». También se discutió el riesgo de que los servicios queden paralizados por el conflicto, lo que puede hacer que niñas y niños no reciban ayuda porque nadie se atreve a implicarse con la familia debido a la etiqueta de conflicto de alta intensidad.
En los cuatro grupos hubo consenso en que los niños y niñas expuestos a un conflicto parental de alta intensidad duradero están en situación de riesgo. Los conflictos causan un estrés intenso y se describen como estresantes para todas las personas implicadas. Durante los conflictos, los equipos profesionales describieron a niñas y niños confundidos, siempre en tensión y que pierden fácilmente la concentración en su vida cotidiana. Una persona informante empleó la expresión «equilibristas extremadamente hábiles» (FCS4) para describirlos. Se señalaron varios dilemas como ejemplos del daño que el conflicto de alta intensidad inflige a la infancia. Se observaba a niñas y niños en medio del conflicto parental, y a los equipos profesionales les preocupaban sus sentimientos y sus expresiones de la necesidad de ser leales a ambos progenitores. Otro dilema es la experiencia de un alto grado de negligencia en muchas familias en conflicto de alta intensidad, porque niñas y niños sienten que no se les ve. A veces hay que acogerlos fuera de la familia porque no existe otra solución. Este dilema suscitó la reflexión de si es justo que los equipos profesionales consideren una medida de acogimiento por falta de medidas suficientes. Otro dilema es el tiempo valioso en la vida de un niño o una niña frente al tiempo que dedican los equipos profesionales a sus intentos de ayudar: «Así que en realidad pensamos que estos niños tienen que soportar bastante mientras nosotros, como profesionales, intentamos encontrar medidas que funcionen, y eso es un dilema, sí» (CWS2).
En los cuatro grupos focales hubo consenso en que los equipos profesionales perciben a las madres y los padres como vulnerables y propensos a malinterpretar. A menudo, como resultado, los progenitores afirman que la persona profesional toma partido por uno de ellos en el conflicto. Se describe a los progenitores como personas que reivindican sobre todo sus propias necesidades y se ven a sí mismas como la parte agraviada en el conflicto. Una de las personas informantes lo expresó así: «Es una locura que no vean cuánto daña y destruye el conflicto». En el curso del debate, reflexionaron sobre lo que ellas y ellos, como profesionales, pueden hacer para que los progenitores comprendan lo dañinos que son estos conflictos para sus hijas e hijos. Por otro lado, una persona informante planteó otro aspecto: la mayoría de los progenitores en conflicto de alta intensidad están en crisis y negocian sobre lo más vulnerable y precioso de su vida. Y esta negociación se da con la persona por la que sienten mayor desprecio, lo que probablemente no es un buen punto de partida para ejercer una parentalidad reflexiva.
Además de con niñas, niños y progenitores, los equipos profesionales también tenían experiencia de trabajo con la familia extensa y las redes de las personas usuarias. Estas experiencias les ayudaron a ver los conflictos desde una perspectiva más amplia: «Es como si el propio conflicto tuviera una función en la familia» (CWS3). Otras personas informantes subrayaron la experiencia de fuertes fuerzas familiares más allá de los progenitores. Los abuelos y abuelas de ambos lados estaban a menudo implicados. En algunas familias, es como si fueran árboles genealógicos en conflicto entre sí, a menudo con varias «ramas rotas». En su trabajo, los equipos profesionales experimentan a veces avances en una etapa, pero en la reunión siguiente la situación ha cambiado y expresan una sensación de retroceso. A menudo tienen la fuerte impresión de que hay otras fuerzas en torno a los progenitores que no están físicamente presentes en la sala, pero que ejercen una gran influencia entre bastidores.
Las y los profesionales expresaron una mezcla de sentimientos al describir su experiencia de trabajar con el conflicto parental de alta intensidad: impotencia, desánimo, parálisis de la acción, agotamiento, y problemas que nunca terminan, sino que se convierten en otros nuevos en las distintas etapas de la vida de niñas y niños. Subrayaron la experiencia de verse fácilmente arrastrados a la «línea de alta tensión» (CWS2). Darse cuenta de repente de que estaban atrapados en medio del conflicto los llevó a pensar que su contribución podía incluso estar empeorándolo. Este tipo de situaciones se describieron como las más difíciles.
Los equipos profesionales destacaron el tiempo como una dimensión. Trabajar con estos conflictos lleva tiempo y hay varios elementos que evaluar y tener en cuenta. Es fácil confundirse y es necesario reflexionar regularmente sobre lo que está ocurriendo. Las personas informantes eran conscientes del riesgo de verse arrastradas al conflicto y pasar a formar parte de él, lo que pone en entredicho sus esfuerzos por trabajar de forma sistemática. Las reflexiones sobre su propio agotamiento se trasladan a reflexiones sobre cómo deben de vivir estos conflictos los niños y niñas implicados. Las personas informantes comentaron que algunos conflictos nunca llegan a su fin. Entonces se recuerdan lo siguiente: «Así que, cuando el conflicto de los padres nos devora, no debemos olvidar a los niños» (CWS2).
Las personas informantes destacaron varias preguntas reflexivas pertinentes a la hora de evaluar los conflictos. En primer lugar, plantearon la cuestión general de cuál es la mejor manera de evaluar estos casos. Otro desafío es decidir en qué nivel se encuentran los conflictos, qué opciones tienen para ayudar a las distintas familias y cuál es la mejor manera de trabajar con cada familia. Una pregunta clave era también qué es lo más importante en un caso de conflicto de alta intensidad y cómo reducir el conflicto como punto de partida de su labor. Las personas informantes debatieron qué es realmente «ayudar» cuando se trabaja con estas familias. También reflexionaron sobre cómo medir las posibles mejoras en una familia. Otra cuestión debatida fue la forma en que el sistema profesional permite que las situaciones de conflicto de alta intensidad, a menudo descritas por las personas participantes como «material pesado», se prolonguen demasiado. Reflexionaron sobre experiencias de casos que impregnan sus sistemas durante largos periodos. En varias ocasiones vivieron casos que vuelven. Se planteó la pregunta de si alguna vez es posible afirmar que se ha tenido éxito. Una de las personas informantes preguntó: «¿Dedicamos demasiado tiempo a buscar la verdad?» (CWS3). Más allá de todas las preguntas planteadas durante las entrevistas, coincidieron en que dedican mucho tiempo a intentar comprender el núcleo de los distintos conflictos y en que rara vez encuentran soluciones rápidas.
Una descripción general de uno de los grupos focales fue la importancia de la estructura y los métodos. Las personas informantes pidieron también más investigación sobre las estructuras y métodos ya establecidos. Ante la dificultad de ayudar a niñas, niños y progenitores cuando estos han llegado a un conflicto de alta intensidad enredado, debatieron varios ámbitos de mejora de su trabajo. Se hizo hincapié en los factores de prevención en distintos niveles. Las personas informantes de los CWS señalaron la falta de servicios de apoyo adecuados. Todas apuntaron a la necesidad de un mayor conocimiento en la sociedad, en general, de los procesos de ruptura entre progenitores. También señalaron la necesidad de que los equipos profesionales adquieran más conocimientos sobre el conflicto parental de alta intensidad enquistado y sobre cómo trabajar con estas familias, así como de desarrollar una comprensión más compartida entre profesionales.
Todas las personas informantes coincidieron en la importancia y la necesidad de la colaboración transdisciplinar, en general, en torno a las familias con un conflicto de alta intensidad entre progenitores. No obstante, sus experiencias y reflexiones lo expresaban así: «Eso es lo que resulta tan difícil: qué podemos hacer, cómo podemos lograr algo, cómo podemos conseguir una colaboración constructiva, qué queremos realmente con la colaboración, qué deseamos realmente lograr» (FCS4). Las personas informantes señalaron expectativas poco claras respecto a los servicios de los demás, fronteras difusas entre servicios y diferencias de mandatos y competencias, con dificultades para encontrar el punto de solapamiento adecuado sin saber muy bien qué hacen los otros servicios ni cómo colaborar. Por otro lado, subrayaron el valor de la colaboración para no perder de vista a niñas y niños.
Otro aspecto mencionado fue que las familias acuden a servicios colaborativos para obtener la ayuda más adecuada, pero el dilema es que niñas y niños no pueden recibirla. Los progenitores inmersos en un conflicto de alta intensidad perjudicial para sus hijas e hijos pueden rechazar cualquier ayuda del servicio de orientación, ya que es voluntario. Los servicios pueden haber vivido anteriormente que los progenitores concluyan que la ayuda no les sirve porque no ven cambios en el comportamiento. Otro aspecto eran los progenitores que rechazan más ayuda en casos en los que los CWS deberían actuar y argumentar ante el tribunal que un niño o una niña necesita una medida de acogimiento debido al conflicto de alta intensidad. Se planteó la pregunta de qué les queda a los niños y niñas implicados en un conflicto de alta intensidad si los FCS y los CWS no pueden ayudarles.
Este estudio pretendía comprender cómo las y los profesionales de los FCS y CWS entienden y viven los conflictos de alta intensidad en términos de complejidad. Los problemas dóciles y perversos se utilizan como marco teórico de referencia. Aunque los FCS y los CWS tienen mandatos distintos y se rigen por leyes diferentes, su comprensión profesional y sus evaluaciones son cruciales para la infancia. En línea con estudios anteriores, este estudio muestra también que los equipos profesionales consideran difícil el conflicto de alta intensidad (Black et al., 2016; Jevne & Andenaes, 2017; Saini, Black, Godbout, & Deljavan, 2019; Sudland & Neumann, 2020). También parecen quedar fácilmente «atrapados» en el sistema conflictivo de los progenitores. En su empeño por no formar parte del conflicto parental ni tomar partido, se enfrentan al desafío de desarrollar nuevas soluciones. Describieron cómo pueden manifestarse sentimientos de impotencia, desánimo, parálisis de la acción y agotamiento tras haber luchado por resolver el problema. Entre las cuestiones señaladas: (1) a los equipos profesionales les resultan difíciles los relatos constantes destinados a sostener la propia comprensión del conflicto de cada progenitor; (2) ante el proceso relacional, a menudo les resulta complejo abordar el conflicto; (3) los relatos suelen diferir, y el punto de partida para comprender el conflicto pone en entredicho las soluciones profesionales en los casos de conflicto de alta intensidad.
Las descripciones teóricas de los problemas perversos pueden ser útiles para discutir cómo abordar los casos de conflicto de alta intensidad que implican a niñas y niños. Ello se debe a que el rasgo distintivo de los problemas perversos no son solo las diferencias en la definición del problema, sino también las distintas perspectivas sobre cómo buscarle soluciones (Rittel & Webber, 1973). Cuando se aborda un problema complejo y perverso, pueden identificarse diversas interpretaciones y respuestas y, aunque cada versión del problema contiene un elemento de verdad, ninguna capta el problema en su totalidad (Harris, Brown, & Russell, 2010). Lo que hay, más bien, son distintas comprensiones de la «verdad». Actuar sobre una parte del problema puede generar problemas en otra parte, debido a los objetivos internamente contrapuestos de los progenitores. Esto puede entenderse como la naturaleza circular del problema (Stratton et al., 2009). Desde una comprensión circular, los cambios en un punto del sistema del problema repercuten recíprocamente en los miembros y las partes del sistema. Por consiguiente, incluso un pequeño cambio modificará todo el sistema (Schjødt, 1989). Una comprensión sistémica resuena en muchos aspectos con la cuestión de cómo enmarcar los problemas perversos. Sin embargo, inmersos en un conflicto intratable, la mayoría de los progenitores lo entienden en términos lineales y no tienen interés en una comprensión que los incluya a la vez como parte del problema y de la solución, ni están abiertos a ella (Lorås & Tyskø, 2019). Para ellos, es la otra parte la que tiene que cambiar.
Nuestros resultados muestran, en línea con Van Lawick y Visser (2015), que niñas y niños quedan a menudo atrapados entre dos progenitores con una comprensión muy diferente del conflicto. Con este punto de partida divergente, un desafío adicional es la tendencia del conflicto a la escalada (Coleman, Deutsch, & Marcus, 2014). Si se mira el conflicto de alta intensidad desde una perspectiva de riesgo, que es responsabilidad de los CWS, sopesar la adaptación de un niño o una niña frente a sus progenitores como sistema autónomo plantea un desafío a los equipos profesionales. Una cuestión central es cómo abordar cada familia respetando la comprensión diferente que cada progenitor tiene del conflicto y, al mismo tiempo, ofrecer apoyo y seguridad a niñas y niños (Fluke, Corwin, Hollinshead, & Maher, 2016). Aunque su hijo o hija esté en situación de riesgo, los progenitores en conflicto de alta intensidad no parecen beneficiarse de la terapia ni de servicios similares ofrecidos por profesionales, sino que parecen resistirse al cambio aun cuando el conflicto es perjudicial para todas las personas implicadas. La teoría de los sistemas familiares (Priest, 2021) puede ayudar a comprender cómo afectan los conflictos de alta intensidad al sistema principal en el que se producen. En los casos de conflicto de alta intensidad, este sistema está formado principalmente por la pareja rota. La teoría de los sistemas familiares predice y explica cómo interactúan las personas dentro de un sistema (incluso un sistema de pareja rota) y en qué se diferencian las interacciones internas del sistema de las externas. El sistema responde al estrés interno y externo modificando sus procesos de delimitación de fronteras basados en reglas (Priest, 2021). Desde esta comprensión, la pareja difícilmente estará abierta a propuestas de solución de profesionales ajenos a su sistema, aunque no consiga gestionar el conflicto por sí misma.
Si un problema se enmarca como problema perverso, no habrá soluciones rápidas, ya que el problema principal es cómo definir su causa (Rittel & Webber, 1973). Nuestro estudio apunta a una definición poco clara, lo que concuerda con los problemas perversos. Los problemas rara vez se sitúan cómodamente en una sola persona, disciplina u organización, lo que dificulta atribuir responsabilidades (Harris, Brown, & Russell, 2010). Una definición y una comprensión poco claras del concepto pueden poner en entredicho la manera en que los equipos profesionales exploran el conflicto de alta intensidad. También complica los debates entre profesionales, al dar por sentado que todos entienden el concepto de la misma manera. Las interpretaciones poco claras, o hechas dentro del marco del propio servicio, pueden convertir el concepto en un arma de doble filo. Existe la posibilidad de que la propia etiqueta indique una especie de tipología que funcione como profecía autocumplida, incluso antes de que los equipos profesionales hayan conocido a cada niño, niña y familia en su singularidad.
Las personas participantes pidieron más investigación sobre métodos útiles para trabajar con el conflicto de alta intensidad. Sin embargo, tratar de identificar el enfoque teórico «correcto» no parece útil para ninguna de las partes implicadas. La investigación también lo respalda, ya que parece haber pocas diferencias entre los distintos enfoques terapéuticos; la mayoría parecen tener el mismo efecto (Wampold & Imel, 2015). Por consiguiente, lo que importa más es cómo trabajan los equipos profesionales con los progenitores o cómo colaboran con los distintos actores implicados. La naturaleza de los problemas perversos es la multicausalidad. El problema, por tanto, cambia constantemente y es imprevisible. Por tanto, resulta más fructífero facilitar una nueva comprensión y generar opciones para gestionar el problema, en lugar de resolverlo. No hay una única solución. En el trabajo con casos de conflicto de alta intensidad, las y los profesionales defienden enfoques distintos para abordar el problema. En términos sistémicos, siempre existe un multiverso de comprensiones y posibilidades para cada problema (Maturana & Varela, 1987). Por otro lado, el hecho de que haya niñas y niños en riesgo exige actuar, y los equipos profesionales tienen la obligación de prevenir las dificultades de adaptación infantil. Se necesitan evaluaciones sucesivas en situaciones en las que las soluciones rara vez son estables en el tiempo.
La complejidad, la imprevisibilidad y la inestabilidad de los conflictos de alta intensidad encajan en el marco de los problemas perversos. Un aspecto importante es la comprensión y la interpretación del fenómeno por parte de los equipos profesionales. Devaney y Spratt (2009) sostienen que las cuestiones de protección infantil son problemas perversos, complejos y poco susceptibles de resolverse, lo que permite a los equipos profesionales centrarse en lograr mejores resultados para la infancia. Defendemos que los casos de conflicto de alta intensidad se entiendan y enmarquen de la misma manera. Ante un problema perverso, los equipos profesionales implicados deben ser conscientes de su multicausalidad y de sus interdependencias. En cuanto a las consecuencias del conflicto de alta intensidad para niñas, niños, progenitores y familias implicadas, defendemos, en línea con Harris, Brown y Russell (2010), la necesidad de una indagación crítica abierta que reconozca las paradojas mencionadas en este artículo. En lugar de buscar nuevos conocimientos, métodos y soluciones, los equipos terapéuticos podrían beneficiarse de interpretar el conflicto de alta intensidad como un fenómeno complejo y perverso.
En este artículo, un estudio cualitativo de las experiencias y la comprensión que tienen los equipos profesionales de los conflictos de alta intensidad se ha interpretado y analizado en clave de problemas perversos. Al utilizar los problemas perversos como lente teórica, nuestra intención ha sido aportar una herramienta analítica que ayude a los equipos profesionales a evaluar el conflicto de alta intensidad de forma más amplia antes de «precipitarse en las familias» y tener de repente la sensación de quedar atrapados en el conflicto. Al sostener que el conflicto de alta intensidad es un tipo de problema que no tiene una solución correcta, subrayamos la importancia de dedicar tiempo a analizarlo antes de entrar en una situación familiar. Dada la complejidad del fenómeno, esto es válido con independencia de los marcos contextuales de los distintos países. Teoría y práctica forman un todo, y una de nuestras intenciones con este artículo es contribuir a suscitar reflexiones analíticas pertinentes tanto para profesionales de la práctica como para la investigación. Esperamos que el artículo sirva de trampolín para un debate más amplio sobre la comprensión y el análisis del fenómeno del conflicto de alta intensidad, tanto para profesionales de la práctica como para estimular nuevas investigaciones.
En el AT rara vez es práctico, o deseable, respaldar cada observación analítica con citas de los datos (Braun & Clarke, 2019). Por consiguiente, la búsqueda de patrones y conexiones en los datos puede reducir la presencia de las voces singulares de las personas informantes. Esto puede implicar que un marco contextual individual no siempre quede claramente expresado en una discusión de conjunto. Una debilidad evidente de este estudio es que el grupo participante estaba formado por 22 mujeres y solo dos hombres. Aunque el género no es relevante para la pregunta de investigación, la distribución está desequilibrada. Una selección más equilibrada quizá habría mostrado otros resultados. No obstante, en los servicios representados en este estudio predominan de hecho las mujeres. Los resultados son, por tanto, pertinentes. La diferencia entre las evaluaciones realizadas en las entrevistas de grupo focal y las que se hacen en la práctica constituye, por supuesto, una limitación de este estudio.
Complexe Systémique: puntos clave
La aportación del artículo reside menos en sus datos, cuatro grupos focales con 24 profesionales, que en el desplazamiento que propone: dejar de tratar el conflicto parental de alta intensidad como un problema que hay que resolver y reconocerlo como un problema perverso en el sentido de Rittel y Webber, sin definición estable ni solución definitiva. Esta lectura aporta alivio, ya que permite que la comprensión y la gestión del problema prevalezcan sobre la búsqueda del método adecuado o de la verdad. Quien lea desde una perspectiva sistémica encontrará referencias familiares: la función del conflicto en la familia extensa, las «ramas rotas» de los árboles genealógicos y, sobre todo, el riesgo de que los servicios se vean arrastrados al sistema conflictivo hasta convertirse en uno de sus engranajes. La propia etiqueta de «conflicto de alta intensidad» puede actuar como profecía autocumplida y hacer desaparecer al niño o la niña del campo de visión. Persisten límites: no se recogen las voces de progenitores ni de niñas y niños, la muestra es casi exclusivamente femenina y las sugerencias prácticas siguen siendo generales. Puede leerse junto con el estudio sobre las relaciones sociales en los casos de divorcio de alta conflictividad en Noruega y el artículo sobre el pensamiento de la complejidad.
Notas del original
1 Las tarjetas se elaboraron en formato de 6 × 6, cada una con una pregunta distinta.
Financiación. Este proyecto de investigación contó con el apoyo de la Western Norway University of Applied Sciences.
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Traducción no oficial al español de High Conflicts as Wicked Problems from the Perspective of Family Counsellor and Child Welfare Services in Norway, de Inger Kristin Heggdalsvik, Lennart Lorås y Vibeke Samsonsen, Australian and New Zealand Journal of Family Therapy, vol. 43, n.o 2 (2022), doi: 10.1002/anzf.1494, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Traducción no oficial del artículo original «High Conflicts as Wicked Problems from the Perspective of Family Counsellor and Child Welfare Services in Norway», publicado en Australian and New Zealand Journal of Family Therapy (2022) bajo licencia CC BY 4.0. Traducida y maquetada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Heggdalsvik, I. K., Lorås, L., y Samsonsen, V. (2022). High Conflicts as Wicked Problems from the Perspective of Family Counsellor and Child Welfare Services in Norway. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/high-conflicts-as-wicked-problems-from-the-perspective-of-family-counsellor-and-child-welfare (Obra original publicada en 2022 en Australian and New Zealand Journal of Family Therapy, 43(2), 275-288 (2022); republicada en 2022 por Australian and New Zealand Journal of Family Therapy, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1002/anzf.1494)
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