Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Journal of Solution Focused Practices · Debate

TBCS 2.0: la nueva generación de la terapia breve centrada en soluciones ya ha llegado

Este artículo pretende consolidar la evolución de la terapia breve centrada en soluciones (TBCS) a lo largo de la última década. Concluyo que ya hemos asistido a la llegada de una especie de nueva forma de TBCS, firmemente centrada en las descripciones y aún más sencilla que la TBCS original desarrollada por Steve de Shazer, Insoo Kim Berg y sus colegas. Esta nueva forma sigue siendo sin duda TBCS en cuanto a las prioridades y el enfoque de quienes la originaron, pero también ha dejado atrás muchos elementos heredados, durante el desarrollo inicial, de las tradiciones anteriores de la terapia familiar y la terapia breve. Se propone el nombre «TBCS 2.0» para ayudar a evitar la confusión con las formas anteriores, sin dejar de sostener que no se trata de una terapia nueva, sino de una evolución importante de la práctica existente.

Autoría Mark McKergow, Centre for Solutions Focus at Work, EdimburgoPrimera publicación en Journal of Solution-Focused Brief Therapy, 2016Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de SFBT 2.0: The Next Generation of Solution-Focused Brief Therapy Has Already Arrived, de Mark McKergow, publicado en Journal of Solution-Focused Brief Therapy (2016), doi: 10.59874/001c.75089, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para la lectura en línea, con la adición de intertítulos, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Será imposible ponerla a prueba si no hacemos una distinción desde el principio.

Mark McKergow

Advertir un cambio que ya está ocurriendo

En la terapia breve centrada en soluciones (TBCS) se plantea a menudo la pregunta «¿cómo se daría cuenta de que el milagro ha ocurrido?». No es en absoluto lo mismo que preguntar cómo hacer que el milagro ocurra: se parece más a teletransportarse al futuro y explorar la diferencia que el milagro produce en la vida cotidiana. Conduce a una conversación sobre advertir el cambio, más que sobre esforzarse por conseguirlo partiendo de cero; sobre descubrir que el cambio ya está ocurriendo, como paso previo para construir sobre él.

Sugiero que los signos de un cambio así en nuestra propia práctica son cada vez más perceptibles. En este artículo esbozaré esos signos y explicaré por qué creo que muestran que ya avanzamos en nuevas direcciones. Por tanto, este artículo no es una llamada a la acción. No propongo una nueva forma de TBCS: intento dar más claridad y forma a lo que está ocurriendo, y propongo que ha llegado el momento de reconocer y aprovechar estos desarrollos en lugar de fingir que seguimos todos en la misma página que a principios de los años noventa. Estas últimas versiones ya están publicadas, pero no se señalan claramente como nuevas.

Que existan distintas formas de TBCS bajo una misma bandera puede generar confusión entre quienes se inician, e incluso entre profesionales con más experiencia que ven ideas y métodos diferentes bajo un mismo nombre.

Como estas versiones más recientes siguen siendo inconfundiblemente TBCS, no sería apropiado intentar darles un nombre nuevo. Sin embargo, la diferencia es ya lo bastante grande como para que merezca la pena establecer una distinción. A la manera de las grandes nuevas versiones de un programa informático, propongo «TBCS 2.0» como título provisional.

En este artículo intentaré describir las diferencias e innovaciones entre la TBCS 2.0 y lo que podríamos llamar TBCS 1.0, la versión «original». Ni siquiera esta resulta fácil de precisar en detalle, dado que Steve de Shazer insistió en muchas ocasiones en que «no hay ortodoxia». Sin embargo, estas distinciones son cada vez mayores y más importantes, y el campo corre el riesgo de volverse aún más confuso.

TBCS 1.0

La TBCS surgió gradualmente durante la segunda mitad de los años ochenta a partir de un amplio programa de investigación empírica en el Brief Family Therapy Center (BFTC) de Milwaukee, bajo la dirección de Steve de Shazer, Insoo Kim Berg y sus colegas. De Shazer y Berg estaban muy influidos por el enfoque de terapia breve del Mental Research Institute (MRI) de Palo Alto, y se propusieron desarrollarlo en su propio centro. De hecho, John Weakland, pilar del MRI, fue a la vez supervisor y amigo íntimo de Steve de Shazer hasta su muerte en 1995. Este trasfondo es importante para entender cómo se utiliza inicialmente el lenguaje en la TBCS, como veremos.

Durante la primera mitad de los años ochenta, el equipo del BFTC desarrolló sus ideas sobre la terapia breve; Steve de Shazer publicó dos libros (de Shazer, 1982, 1985) que se basaban en la idea de encontrar patrones y desarrollar ideas a partir de los métodos ericksonianos (por ejemplo, la «técnica de la bola de cristal»), elaborando intervenciones que podían verse como «llaves maestras» para desbloquear los casos. Las primeras huellas de la TBCS tal como la conocemos aparecieron en un artículo clave de 1986 (de Shazer et al., 1986) y se consolidaron en el libro de 1988 Clues: Investigating Solutions in Brief Therapy (de Shazer, 1988). Gale Miller, a quien el BFTC había incorporado como observador e investigador, pasó un tiempo en el Center en 1984 y de nuevo a partir de 1989. Afirma que la práctica cambió notablemente durante ese periodo:

Gale Miller, citado en McKergow (2009, p. 79)

Hay que tener en cuenta que en 1984 no hacían terapia centrada en soluciones, hacían algo muy parecido al primer libro de Steve (de Shazer, 1982); yo lo llamaba terapia ecosistémica. Estaba muy influida por el Grupo de Palo Alto (el Mental Research Institute)… [En 1989] descubrí que era un lugar muy, muy diferente. Se notaba que habían dado un giro radical hacia la práctica centrada en soluciones, con otro tipo de supuestos, mucho menos sistémica, dedicando mucho menos tiempo a elaborar intervenciones ingeniosas, mucho menos tiempo a cartografiar dificultades o problemas; estaba mucho más centrada en las soluciones y era más fluida.

Muchas personas que practican en todo el mundo recuerdan haber empezado su práctica centrada en soluciones leyendo Clues, que contenía los ingredientes principales de la TBCS (aunque no con el mismo equilibrio entre los elementos: se pone mucho más énfasis en construir excepciones, y las conversaciones en torno a una solución hipotética se reservan para los casos en los que no se encuentra ninguna excepción). Steve de Shazer escribió después dos libros que trataban menos del «cómo hacerlo» que de intentar aportar cierto rigor intelectual a sus hallazgos (de Shazer, 1991, 1994). A principios de los años noventa el enfoque empezaba a afianzarse internacionalmente, y la creación de la European Brief Therapy Association (EBTA) en 1994 ofreció un lugar donde quienes lo practicaban podían reunirse, compartir y desarrollarse.

Entre los desarrollos de los años noventa y de la década de 2000 figuran una mayor atención a la investigación (y la elaboración de un protocolo de investigación de la EBTA para intentar aclarar qué contaba como TBCS a efectos de investigación), así como la aplicación de las ideas de la TBCS a nuevos ámbitos de la terapia y de la vida (escuelas, organizaciones, trabajo social, prisiones, etc.). Durante la primera década de los 2000 se publicaron cientos de estudios (Macdonald, 2011), y en 2012 Cynthia Franklin coordinó una obra colectiva de referencia publicada por Oxford University Press (Franklin, Trepper, McCollum, & Gingerich, 2012). El segundo capítulo de este libro (Trepper et al., 2012) se titula «Solution Focused Brief Therapy Treatment Manual» y ofrece una buena descripción de lo que podríamos llamar la «TBCS clásica».

  • Cambio previo a la sesión;
  • Objetivos (preferiblemente pequeños);
  • Pregunta del milagro;
  • Preguntas de escala;
  • Construcción de soluciones y excepciones;
  • Preguntas de afrontamiento (si procede o es necesario);
  • Pausa, elogios sobre las fortalezas y los recursos;
  • Tareas (diseñadas por la persona consultante o experimento sugerido por quien hace la terapia).

Este resumen servirá de punto de referencia para lo que sigue. No creo que contenga nada controvertido como descripción general de la práctica.

Desarrollos emergentes

Durante la década de 2000 y en la de 2010 han ido surgiendo en el campo de la TBCS algunos desarrollos interesantes que, a mi juicio, amplían y modifican el manual de tratamiento de la TBCS 1.0 clásica expuesto más arriba. Muchos de estos desarrollos los mencionan, sin demasiada ceremonia, Shennan e Iveson (2011), y también otras obras del equipo de BRIEF y de otras fuentes (Iveson, George, & Ratner, 2011; Iveson & McKergow, 2016; Ratner, 2014; Ratner, George, & Iveson, 2012). Sin embargo, en algunos casos me temo que quienes firman esos trabajos no se han esforzado lo suficiente por distinguir sus propias innovaciones de la práctica establecida. Resumiría las distinciones así:

  • Del lenguaje de la acción al lenguaje de la descripción;
  • De las preguntas a las «salas» y las «herramientas»;
  • De los objetivos a las mejores esperanzas y el proyecto común;
  • Futuros preferidos y escalas: las mismas preguntas, otros fines;
  • De las excepciones a las ocasiones: un enfoque más claro de las conversaciones sobre el pasado y el presente;
  • Desprenderse de las herencias de la terapia familiar;
  • El cierre de la sesión: sin tareas, ni siquiera acciones, y con un resumen más apreciativo.

Examinemos cada uno de estos puntos por separado.

Del lenguaje de la acción al lenguaje de la descripción

Desde sus inicios, la terapia breve del modelo del MRI valoraba la información descriptiva específica y concreta (véase Weakland & Fisch, 1992, para un resumen posterior, que también indica que Steve de Shazer asistió a uno de los primeros talleres de terapia breve del MRI en 1972). El enfoque del MRI, que supuso una auténtica ruptura de paradigma en salud mental, consiste en considerar estos problemas no como algo situado «dentro» del paciente, sino como una especie de resultado de los patrones de comunicación entre la persona consultante y quienes la rodean. Centrarse en información descriptiva específica y concreta es una manera de no dejarse arrastrar hacia la formulación de hipótesis psicológicas internas y de centrarse, en cambio, en las interacciones: quién hace qué, con quién, cuándo y en qué orden.

En el modelo del MRI, esta es la clave para encontrar maneras de romper el patrón que mantiene el estado problemático y abrir la puerta a que ocurra algo diferente, diseñando una intervención conductual. Una vez que algo diferente SÍ está ocurriendo, se puede aconsejar a la persona consultante que haga más de eso para favorecer el nuevo y mejor patrón de conducta.

Este interés por el lenguaje específico se traslada a la TBCS 1.0. De hecho, De Shazer y su equipo titularon deliberadamente su artículo fundamental Brief Therapy: Focused Solution Development en referencia a la contribución anterior del MRI (Weakland, Fisch, Watzlawick, & Bodin, 1974), como forma de indicar que ambos enfoques estaban relacionados. Sin embargo, ese detalle concreto se refiere ahora mucho más a lo que la persona consultante quiere, al día después del milagro, a lo que funciona, etc., que al patrón del problema. Los propósitos generales de evitar las hipótesis mentalistas y de centrarse en lo específico siguen presentes, así como el interés por reunir información con el objetivo de diseñar intervenciones o asignar tareas.

Si examinamos ahora el reciente «giro descriptivo» que describen Shennan e Iveson, encontramos el mismo interés por la información descriptiva específica y concreta. Sin embargo, ahora ese detalle no sirve para que quien hace la terapia diseñe intervenciones, sino mucho más para que la persona consultante lo diga, lo escuche y responda a él. En todo caso, el nivel de detalle es incluso mayor que antes: por ejemplo, el caso del «abrazo» que relatan Iveson y McKergow (2016), en el que describir un abrazo de cinco segundos lleva otros tantos minutos. (Quienes lean con más atención habrán notado que el título de su artículo, Brief Therapy: Focused Description Development, remite deliberadamente a los dos artículos mencionados en el párrafo anterior, de nuevo como homenaje a un enfoque en evolución).

El objetivo de la terapia cambia aquí. Quien hace la terapia no busca reunir información para diseñar intervenciones. Su papel consiste más bien en ayudar a la persona consultante a ampliar los detalles de sus descripciones, que se van llenando cada vez más de pequeños elementos concretos que podrían sugerirse fácilmente como acciones para ella. Cuando la persona consultante habla, por ejemplo, del día después del milagro, quien hace la terapia fomentará una conversación más detallada sobre ella y quienes la rodean (un eco muy consciente del MRI de hace medio siglo), pero en términos de detalles de lo que la persona quiere y no de los patrones del problema. Algunas preguntas muy sencillas pueden ayudar, como

  • ¿Cuáles serían los primeros pequeños signos que notaría de que [X] empieza a ocurrir? ¿Qué más?
  • ¿Quién sería la primera persona en notar que [X] está ocurriendo? ¿Qué notaría que le indicara que [X] está ocurriendo? ¿Qué más?

Obsérvese que aquí [X] no tiene por qué ser específico: puede ser una simple reformulación de las mejores esperanzas, o incluso solo «esto» en la conversación. Estas preguntas ayudan a volver detalladas las cosas, incluso a partir de puntos de partida muy brumosos y poco claros.

Así, el papel de quien hace la terapia pasa de clasificar detalles (para determinar los detalles pertinentes para el diseño de la intervención) a ampliarlos (para ayudar a la persona consultante a sumergirse en sus descripciones de futuros, pasados y presentes mejores). El vocabulario se desplaza del «hacer» al «notar». Parece que Steve de Shazer e Insoo Kim Berg intuyeron parte de este cambio de énfasis ya en 1992, en su artículo Doing Therapy: A Post-Structural Re-Vision (de Shazer & Berg, 1992), donde abordan la idea de los cambios gramaticales durante la sesión. Sin embargo, quizá no captaron entonces todas las consecuencias de un cambio así. Este nuevo papel interviene también en muchas de las otras distinciones que expondré a continuación.

De las preguntas a las «salas» y las «herramientas»

Las preguntas siempre han estado en el centro de la TBCS. De hecho, los vídeos originales producidos por el BFTC, que muestran a Steve de Shazer e Insoo Kim Berg trabajando, llevan rótulos para ayudar a quien los ve a seguir lo que ocurre en la sesión. Los rótulos dicen «Pregunta del milagro», «Pregunta de escala», etc. El foco está en la pregunta. Hoy existen incluso libros que recopilan cantidades enormes de «preguntas centradas en soluciones», incluso libros sobre «1001 preguntas centradas en soluciones» (Bannink, 2010), como si una pregunta por sí sola pudiera estar «centrada en soluciones». (Cualquier pregunta puede formularse de infinidad de maneras distintas, y solo algunas de ellas podrían estar centradas en soluciones).

Por supuesto, estas preguntas son un elemento importante de la práctica centrada en soluciones. Sin embargo, su finalidad no es simplemente ser formuladas, sino iniciar una sección de la entrevista o sesión, o construir a partir de ella. Una pregunta del milagro y una sola respuesta pueden hacer avanzar un poco, pero la verdadera sustancia está en lo que ocurre después: la ampliación de las respuestas en descripciones a lo largo de la conversación.

La pregunta del milagro o la pregunta de escala no es simplemente una pregunta, sino el comienzo de un fragmento de conversación mucho más largo. Por eso tiene sentido centrarse en estos bloques de conversación, más que en las preguntas aisladas, como elementos diferenciados. Así, una conversación sobre el «futuro preferido» es una pregunta del milagro MÁS todas las preguntas de seguimiento sobre los primeros pequeños signos de que el milagro ha ocurrido, quién más podría notarlo, qué notaría, qué ocurre después, qué diferencia supone, para quién, etc.

Chris Iveson ha hablado de la metáfora de una «galería de arte» para la conversación terapéutica. Esta galería de arte tiene una serie de «salas» con distintas cosas que mirar y examinar. Entre esas salas podrían figurar:

Taquilla

Obtener de la persona consultante algunas mejores esperanzas, una «entrada» para seguir adelante con el trabajo.

Galería del futuro preferido

Un conjunto de cuadros o descripciones de un futuro mejor para la persona consultante y sus allegados (palabra inadecuada), en el que estas mejores esperanzas se han hecho realidad.

Galería de las ocasiones

Un conjunto de cuadros o imágenes de ocasiones del pasado o del presente que conectan con este futuro preferido (que pueden construirse con una escala de 1 a 10).

Tienda de regalos

La última sala, que puede presentar una serie de cuadros o imágenes de N+1, piezas más pequeñas o signos, a lo largo del camino, de que se está progresando.

Las cuatro salas de la galería de arte centrada en soluciones, según Chris Iveson (figura 1 del artículo original).

De forma parecida a la Galería de las ocasiones, Adam Froerer, de la Mercer University, habla de una Sala de los recursos (Froerer, 2017), donde se reúnen distintos elementos de la vida de la persona consultante que muestran sus recursos. El sentido de esta metáfora no es que haya que visitar cada sala en orden sin posibilidad de volver atrás. Todo lo contrario: aunque sin duda se presupone una dirección de recorrido de la entrada a la salida, durante la sesión la persona consultante y quien hace la terapia pueden pasar más tiempo en una sala que en otras, volver a revisitar algo, o quizá descubrir algo que antes no habían notado, etc. No es una receta, sino una guía para lo que será inevitablemente un recorrido singular.

Estas «salas» ayudan a quien practica a saber dónde está y qué ocurre en la conversación. En general conviene quedarse un rato en una misma sala, sin correr frenéticamente de una a otra. Si, durante una conversación sobre el futuro preferido, aparece una «ocasión» interesante y pertinente (volveremos sobre este concepto más adelante), quien hace la terapia tomará nota y la visitará más tarde, en lugar de desviarse de inmediato para verla y perder el hilo de la conversación sobre el futuro preferido. Terapeuta y persona consultante pueden recorrer las salas en compañía, volviendo atrás si es necesario. La distinción clave aquí es sacar el máximo partido de cada «sala» o fase, en lugar de saltar de una sala a otra (una tendencia que observo en muchas personas que se inician por completo en la TBCS, ¡que parecen querer aplicar todas las preguntas a la vez!).

Este desarrollo fue anticipado por el trabajo de Jackson y McKergow (2002, 2007) sobre las «herramientas de soluciones». También estas eran un intento de encontrar una unidad de conversación más amplia que el par pregunta-respuesta, para ayudar a quienes se forman en la práctica y en el coaching a orientarse. Jackson y McKergow intentaron dar nombres llamativos a estas herramientas, como Future Perfect (futuro preferido) y Counters (que incluye las ocasiones y también los recursos pertinentes).

Estos términos no siempre se traducen bien a otros idiomas, pero han demostrado su solidez durante más de una década, ayudando a quienes practican a sacar el máximo partido de la conversación que están manteniendo (perseverando en ella) en lugar de precipitarse hacia otras conversaciones cuando la persona consultante deja caer un bocado tentador. Otra ventaja es que el concepto de herramientas no impone un «orden correcto» de utilización, lo que da flexibilidad a quien practica dentro de un marco fácil de llevar consigo.

De los objetivos a las mejores esperanzas y el proyecto común

Desde hace tiempo se debate sobre la naturaleza de los objetivos en la TBCS. En los primeros tiempos, me parece, se ponía el foco en los objetivos (pequeños, específicos y conductuales) como una manera de contribuir al alejamiento general de la formulación de hipótesis psicológicas y de avanzar hacia algún tipo de conversación sobre lo que la persona consultante deseaba. La idea de «orientado a objetivos» era un marcador útil para distinguirse de otras prácticas «orientadas al insight» o «profundas». Sin embargo, la naturaleza emergente de la TBCS hace que el proceso no concluya necesariamente cuando se alcanzan los objetivos de la persona consultante, sino cuando esta se siente capaz de seguir adelante con su vida por sus propios medios, tenga o no relación con sus objetivos iniciales.

El paso a empezar preguntando por las «mejores esperanzas» de la persona consultante, como hacen BRIEF y otros equipos, supone alejarse de los objetivos. Un objetivo es algo concreto que hay que lograr (posiblemente antes de una fecha determinada). Una esperanza es algo situado en el futuro, algo deseado y que, sin embargo, no está presente (del todo) en este momento. Una mejor esperanza es eso, pero más ambiciosa y quizá incluso apenas posible. (Se distingue de entrada de los «motivos para acudir a terapia», que suelen estar en el pasado y que nadie desea).

Las respuestas sobre las mejores esperanzas, que pueden no llegar de inmediato, son una manera de definir el tema o la naturaleza del trabajo. Harry Korman (Korman, 2004) ha escrito sobre la definición de un «proyecto común» —común a la persona consultante y a quien hace la terapia— en el que ambas partes acuerdan trabajar durante un tiempo. Otras personas, como Michael Hjerth (en Klingenstierna, 2001) y Jackson & McKergow (2002), han descrito esta etapa como una «plataforma», un lugar en el que apoyarse cuando empieza el trabajo. Conviene recordar la exhortación inicial que Steve de Shazer utilizaba en sus últimos años: «No hay garantías, pero haré todo lo posible, y espero que usted también. (Mirando a la persona consultante para obtener algún tipo de respuesta afirmativa)». Se trata de ofrecer un contrato claro: trabajaré en sus esperanzas junto con usted, y hará falta que trabajemos ambas partes juntas.

Esto no es fijar objetivos. Es un título o tema para el trabajo, que puede ponerse en práctica de inmediato formulando una pregunta del milagro o una escala para emprender la siguiente fase de la entrevista. Así todo queda abierto al cambio y a la evolución a medida que avanzan las cosas. Si se fijan objetivos y luego uno se aferra a ellos, incluso los objetivos pequeños pueden convertirse en una cárcel (en inglés, juego de palabras entre «goal» y «gaol»), ya que los acontecimientos inesperados hacen que lo que al principio era un objetivo razonable se convierta en un paseo fácil o en un sueño imposible.

Futuros preferidos y escalas: las mismas preguntas, otros fines

La conversación sobre el «futuro preferido» (el día después del milagro, que suele ocurrir esta noche) y las preguntas de escala han sido durante mucho tiempo, y siguen siendo, elementos centrales de la práctica centrada en soluciones. Sin embargo, con el paso de reunir información para diseñar intervenciones a construir descripciones ricas y detalladas, los fines de estos procesos también cambian. Así, quien hace la terapia aborda estas conversaciones «con una mentalidad ligeramente distinta».

En lugar de estar atenta a patrones de conducta que podrían amplificarse y repetirse, la persona que practica se ocupa más de ayudar a quien consulta a desarrollar y enriquecer sus descripciones, en particular en términos interaccionales. ¿Quién estará haciendo qué, en respuesta a quién, con qué pequeños signos perceptibles? Obsérvese lo cerca que parece estar esto de la idea original del MRI sobre el lenguaje detallado, pero con un fin distinto. El propósito no es desbloquear todo el caso con un momento de «¡ajá!», sino más bien una construcción gradual del detalle que, de algún modo, deja a la persona consultante en un lugar distinto al final, aunque no haya ningún momento de «¡ajá!» especialmente espectacular.

De las excepciones a las ocasiones: un enfoque más claro de las conversaciones sobre el pasado y el presente

Quizá EL elemento clave en los comienzos de la TBCS fue el arte de encontrar y construir excepciones: momentos en los que el problema debería haber ocurrido pero no ocurrió, u ocurrió en menor medida. De hecho, en 1988, cuando se publicó Clues, esta era la estrategia principal de quien hacía la terapia: la pregunta del milagro y los futuros hipotéticos solo se abordaban si no se encontraba ninguna excepción. La idea era que la presencia de estas excepciones mostraba no solo que la aparición del problema no era inevitable (como a menudo le parecía a la persona consultante), sino también que esta podía, mediante acciones y observaciones ingeniosas, empezar a producir esas excepciones deliberadamente. Esto abría la puerta al control y después a la reducción de las conductas problemáticas, con la persona consultante al volante.

La idea original de buscar excepciones —momentos en los que el problema no ocurre u ocurre en menor medida— abarca todo salvo el problema en su peor expresión. ¡Es una categoría muy amplia! Hoy en día es mucho más habitual que quien hace la terapia emprenda primero algún tipo de conversación sobre el futuro preferido, lo que permite una alternativa distinta y mejor definida: «ocasiones» en las que este futuro preferido se produce total o parcialmente, o acontecimientos pasados que parecen prefigurar ese futuro anhelado. Esto da un foco mucho más claro a los acontecimientos que no se relacionan simplemente con la ausencia o la reducción del problema, sino que conectan con las mejores esperanzas y el futuro preferido que describe la persona consultante. Es una indagación más focalizada y, por tanto, puede aportar a la conversación ideas más útiles y pertinentes de inmediato. Hay quien llama a estos distintos elementos «fragmentos de mejor» (a diferencia de los simples «fragmentos de diferente»), y por supuesto, para hablar de ello, necesitamos entender en cierta medida qué significa «mejor» en ese contexto.

Una manera de iniciar una conversación así es la clásica pregunta de la «escala del 1 al 10», en la que 10 es el futuro preferido o las mejores esperanzas hechas realidad (no hace falta una pregunta del milagro completa para evocar simplemente las mejores esperanzas expresadas por la persona consultante). La persona piensa un momento y luego puede decir «3», o lo que sea. Por supuesto, el siguiente fragmento de conversación es «¿cómo es que está en el 3 de la escala y no más abajo?»: de nuevo, una pieza clásica del trabajo centrado en soluciones que se mantiene en lo esencial sin cambios, salvo por el nuevo énfasis en construir descripciones ricas en lugar de intentar empujar deliberadamente a la persona consultante a la acción.

Desprenderse de las herencias de la terapia familiar

La terapia breve del modelo del MRI surgió del mismo equipo del MRI que había desarrollado la terapia familiar unos años antes (en los años cincuenta y sesenta). Ese grupo se había acostumbrado a utilizar todo el aparato y la parafernalia de la terapia familiar: una sala de terapia especial equipada con un espejo unidireccional, un equipo de terapeutas sentado detrás del espejo (sin que la persona consultante lo viera) y un teléfono para comunicarse con quien estaba en la sala con ella. La rutina de la terapia familiar consistía en que la persona que dirigía la terapia llevaba a cabo la sesión con la persona consultante (quizá con indicaciones de colegas para que hiciera ciertas preguntas) y luego la dejaba sola mientras se retiraba a la sala del equipo, detrás del espejo. Allí se celebraba una reunión sobre quién había notado qué, qué tipo de intervención podría ser adecuada y cómo podría «venderse» a la persona consultante como útil. Después, la persona que dirigía la terapia volvía con la persona consultante y le transmitía un mensaje de final de sesión que incluía la intervención.

La idea de hacer elogios a la persona consultante surgió primero como una maniobra estratégica en estos mensajes de final de sesión. Alguien observó que ofrecer elogios sobre la persona, sobre la manera en que había manejado la situación hasta entonces, sobre sus fortalezas y cualidades útiles, producía un «yes-set»: la persona asentía, de acuerdo con esos puntos favorables, y así estaba más dispuesta a aceptar la intervención del equipo terapéutico.

Si seguimos explorando el nuevo papel de quien hace la terapia como alguien que suscita descripciones detalladas, y no como quien diseña intervenciones, se derivan algunas consecuencias clave:

1

Ya no hace falta un equipo. La conversación es para que la persona consultante la escuche, y la única persona terapeuta forma parte de ella. La idea de que otras personas observen, ocultas a la vista, parece no solo costosa, sino también bastante inquietante.

2

Por tanto, no hace falta una pausa, ya que no hay ninguna intervención que diseñar ni nadie a quien consultar. En la definición de investigación original de la EBTA, de 1997, la pausa era uno de los seis elementos que indicaban que una terapia estaba debidamente «centrada en soluciones». Los tiempos han cambiado.

3

Ya no existe la misma necesidad de elogios en una andanada continua, como preludio para vender algún tipo de intervención. Eso no significa que los elogios estén prohibidos; más bien, su finalidad cambia hacia una posible reformulación de las dificultades y una normalización de los retos, y pueden utilizarse en cualquier momento de la sesión.

4

Y, por supuesto, no hay intervención. Hay quien (incluido BRIEF) llega a decir que cualquier conversación sobre posibles acciones y próximos pasos es innecesaria: la persona consultante hará algo si lo considera oportuno, y si no lo considera oportuno, no tiene sentido preguntarle por ello. Personalmente, como trabajo en un contexto organizacional, todavía puedo preguntar a la persona qué piensa sobre posibles pequeños pasos siguientes: la idea es que en estos contextos es muy normal acordar acciones, hasta el punto de que algunas personas suponen que, si no han acordado una acción, no tienen que hacer absolutamente nada, que no es en absoluto la impresión que busco. Lo habitual es ayudarles a centrarse en acciones pequeñas, que tienen muchas más probabilidades de llevarse a cabo que las grandes y, por tanto, de marcar una diferencia. En cualquier caso, esto es ahora, como mucho, una pregunta final ligera a la persona consultante, y no una intervención compleja con lanzamiento de monedas, fingimientos, tareas fórmula de primera sesión o actuar de forma diferente en días alternos de la semana, y todos los demás aspectos que figuraban en el repertorio de la terapia familiar estratégica.

El cierre de la sesión: sin tareas ni acciones, con un resumen más apreciativo

Acabamos de ver que el final de la sesión ha perdido gran parte del aparato que en los primeros tiempos se daba por sentado. Ya no hay ritual de pausa, elogios y tareas. Sin embargo, hay que cerrar de alguna manera. Aquí puede resultar útil un resumen apreciativo por parte de quien practica: muestra que se ha escuchado y ofrece a la persona consultante la oportunidad de volver a oír algunas de las cosas que ha dicho, quizá en otro orden. Una manera de añadir un detalle más que pueda ayudar a la persona consultante a fijarse en detalles más pequeños (y, por tanto, más realizables) es entablar una descripción de los pequeños signos de que se ha alcanzado (N+1).

Otra manera de entablar una especie de conversación sobre las acciones sin hablar de acciones es poner en escala la confianza de la persona consultante. Evan George (George, 2017) ha escrito recientemente sobre tres maneras de utilizar las escalas de confianza al final de una sesión:

  • Confianza en poder avanzar hacia sus mejores esperanzas (escala del 1 al 10, seguida de una conversación sobre lo que le ayuda a estar tan alto). Puede ser especialmente útil al final de una primera sesión.
  • Confianza en mantener los cambios que ha realizado (escala del 1 al 10, de nuevo seguida de una conversación sobre lo que ayuda a que las cosas estén tan altas, y quizá incluso más). Puede ser útil cuando la terapia llega a su fin.
  • Confianza en mantener el cambio y en llegar a un nivel «suficientemente bueno». Este concepto de «suficientemente bueno» puede ser una forma útil de evaluar el progreso, no en términos de llegar a un 10, sino según la propia experiencia de la persona consultante en ese momento.

Otro aspecto del cierre de las sesiones en la TBCS 2.0 es un compromiso aún más claro con ceder el poder a la persona consultante en cuanto a si habrá otra sesión y cuándo podría ser un buen momento para ella. Así, cabría esperar menos «por favor, pida cita para el martes que viene» y más «espero que le haya resultado útil… ¿le gustaría volver para continuar nuestro trabajo?». Steve de Shazer siempre decía que la terapia debe durar tantas sesiones como sean necesarias y ni una más, de modo que deberíamos procurar ayudar a la persona consultante a decidir si quiere volver y cuándo. Y si considera que ya es suficiente, es motivo para una discreta celebración.

Conclusión

En conclusión, podríamos resumir las similitudes y diferencias entre la TBCS 1.0 y la TBCS 2.0 del siguiente modo.

Lo que se mantiene

  • Centrarse en lo que quiere la persona consultante;
  • Aceptación radical de lo que dice la persona consultante;
  • Preguntas del milagro y escalas;
  • Detalles específicos y concretos, descripciones observables;
  • Preguntas de afrontamiento (si procede o es necesario);
  • Seguimiento con «¿Qué ha mejorado?».

Lo que cambia

  • El foco en las preguntas se convierte en un foco en bloques de conversación, «salas», «herramientas»;
  • Las preguntas para obtener información con vistas a las tareas se convierten en preguntas para desarrollar las descripciones de la persona consultante;
  • La conversación libre de problemas da paso a entrar directamente en las «mejores esperanzas»;
  • Los objetivos (preferiblemente pequeños) se convierten en mejores esperanzas, y en las diferencias que las mejores esperanzas supondrán para todas las personas implicadas;
  • Las excepciones (al problema) se convierten en ocasiones (de cosas relacionadas con las mejores esperanzas o el futuro preferido);
  • Los elogios al final de la sesión se convierten en un resumen apreciativo a lo largo de la sesión, sin andanada de elogios al final;
  • La pausa y el mensaje de final de sesión se convierten en el ofrecimiento de una próxima sesión si se necesita o se desea.

Me parece que, aunque estas dos columnas tienen mucho en común, tanto explícita como implícitamente, hay suficientes diferencias sustanciales para justificar que se haga una distinción. En particular, el papel de quien practica es bastante distinto: pasa de alguien que podría verse como hábil en la asignación de tareas a alguien cuyo papel es ayudar a la persona consultante a ampliar sus descripciones de lo que desea. En la primera perspectiva, el cambio se producirá después de la sesión, cuando la persona salga y haga algo de otra manera (o vea algo de otra manera). En la segunda, un cambio importante se está produciendo allí mismo, en la sesión, en la conversación.

Esto no quiere decir que la TBCS 1.0 sea errónea, mala, anticuada ni nada por el estilo. Hay quien la practica ahora mismo y obtiene buenos resultados con sus consultantes. Sin embargo, si queremos hacer avanzar la TBCS, parecería importante tener claro lo que hacemos y lo que no hacemos. Sospecho que muchas personas que practican están haciendo ahora mismo un poco de cada columna. La situación actual, en la que todo lo anterior ocurre bajo el mismo título, no me parece un lugar útil ni para quienes practican, ni para quienes aprenden, ni tampoco para quienes investigan. Existen algunas investigaciones iniciales (Shennan and Iveson, 2011) según las cuales lo que denomino TBCS 2.0 es más breve —y, por tanto, mejor, según la estética de la terapia breve— que la versión más establecida. También existe la experiencia —la mía durante varios años y la de otras personas— de que esta versión más reciente de la TBCS es eficaz, eficiente e incluso más elegante que las versiones anteriores. Por supuesto, esto debe ponerse a prueba. Pero será imposible ponerlo a prueba si no hacemos una distinción desde el principio.

Quién es Mark McKergow

Mark McKergow es director del Centre for Solutions Focus at Work de Edimburgo (Escocia). Además de ser pionero en el uso de las ideas centradas en soluciones en contextos organizacionales, es investigador visitante en el Departamento de Filosofía de la University of Hertfordshire (Reino Unido) desde 2010, donde se ha dedicado a ampliar las raíces y conexiones académicas de la TBCS con respecto al pensamiento post-wittgensteiniano más reciente, como la cognición enactiva y la filosofía narrativa.

Cómo continuó el debate

Este artículo desencadenó la controversia más aguda que ha conocido el enfoque centrado en soluciones. Harry Korman le respondió en la misma revista, luego Guy Shennan y después un grupo de profesionales que firmaba como Solution-Focused Collective: lo que McKergow describe como una nueva generación, sus oponentes lo describen como una variante entre otras, o como una pérdida. Esos textos pertenecen al mismo corpus y aparecerán a su vez en el atlas del pensamiento sistémico.

Referencias

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Artículo original SFBT 2.0: The Next Generation of Solution-Focused Brief Therapy Has Already Arrived, de Mark McKergow, publicado en Journal of Solution-Focused Brief Therapy, vol. 2, n.º 2 (2016), doi: 10.59874/001c.75089, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial, con maquetación adaptada para la lectura en línea e intertítulos añadidos. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Esta es una traducción no oficial al español del artículo original «SFBT 2.0: The Next Generation of Solution-Focused Brief Therapy Has Already Arrived», publicado en Journal of Solution-Focused Brief Therapy (2016) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial y presentación adaptada para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

McKergow, M. (2016). SFBT 2.0: The Next Generation of Solution-Focused Brief Therapy Has Already Arrived. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/sfbt-2-0-the-next-generation-of-solution-focused-brief-therapy-has-already-arrived (Obra original publicada en 2016 en Journal of Solution-Focused Brief Therapy, vol. 2, n.º 2; republicada en 2016 por Journal of Solution Focused Practices, https://journalsfp.org/article/75089)

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