Esta versión ha sido traducida del francés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Familia · Educación
Una rabieta enorme para conseguir algo, un «no me quieres» lanzado tras una negativa, un «me abandonas» en la puerta del colegio: la infancia nos desconcierta. Distinguir dos registros de comunicación, el afectivo y el educativo, ofrece una referencia sencilla y sorprendentemente eficaz.
¿Le ha pasado alguna vez no saber cómo reaccionar ante el comportamiento de un niño o una niña? Porque tiene una rabieta enorme para conseguir algo, o porque le dice que usted no le quiere, ya que acaba de negarle otra cosa. O bien es la vuelta al colegio, usted ha retomado el trabajo, y su hijo le anuncia que lo abandona en el momento en que lo deja en la puerta del colegio. ¿Cómo reacciona usted?
Una cosa es segura: nuestros pequeños nos desconciertan a todo el mundo, y hacemos lo que podemos, con las personas que somos y los conocimientos que tenemos, o más bien que creemos tener. Porque si hay un ámbito en el que a menudo nos vemos en la necesidad de revisar nuestros juicios, es el de la educación de nuestras hijas e hijos.
Algunos conceptos nos ayudan en ello precisamente porque son sencillos y funcionales. Es el caso de esta distinción elemental: en la comunicación con un niño o una niña pueden identificarse dos registros muy diferentes.
Afectivo
Todo lo que tiene que ver con los afectos, las emociones, el cuidado.
Educativo
Todo lo que tiene que ver con la educación, el aprendizaje, la transmisión.
El registro afectivo es el primero que necesita la infancia. Es el que constituye sus cimientos, su base, el zócalo sobre el que luego podrá elevarse. Se manifiesta en todas las muestras de afecto y en el cuidado, y adquiere toda su sustancia en el amor incondicional que una madre o un padre puede dar a su criatura. Parece evidente; no lo es tanto, porque lo incondicional choca, en el día a día, con el cansancio, la irritación y lo que nosotros mismos hemos recibido.
Si el registro afectivo representa los cimientos, el registro educativo puede representarse como la construcción del edificio: el de la construcción personal y de la identidad. En este registro predomina la importancia del marco y de los límites. Son ellos los que dan seguridad a la criatura y, después, le permiten integrarse en la sociedad en sentido amplio; y ahí es donde se juega, por ejemplo, toda la diferencia entre castigar y sancionar.
Gracias a esta metáfora, se entiende fácilmente que no se puede construir una casa si los cimientos son inestables o están desestructurados. Dicho de otro modo: sin la base afectiva, la exigencia educativa no tiene nada sobre lo que apoyarse.
Esto abre debates apasionantes sobre los acompañamientos que se proponen a la juventud en situación de desamparo afectivo, en particular en el ámbito de la protección de la infancia, donde a veces se espera que un adolescente se someta a un marco cuando su base afectiva nunca se ha consolidado.
Al cruzar los dos registros, esta conceptualización permite también distinguir cuatro grandes perfiles familiares, según que cada uno de los registros esté fuerte o débilmente investido.
Educativo + / Afectivo + — el marco y el afecto se sostienen juntos.
Educativo + / Afectivo − — muchas reglas, poco calor.
Educativo − / Afectivo + — mucho afecto, pocos límites.
Educativo − / Afectivo − — ni marco, ni cuidado.
Ninguna familia se reduce del todo a una casilla, y el cursor se mueve con las etapas de la vida. Pero preguntarse cuál de los dos registros falta, aquí y ahora, sigue siendo una de las preguntas más sencillas y útiles que podemos hacernos cuando el comportamiento de un niño o una niña nos deja sin respuesta.
Cómo citar este artículo
Besse, J. (2021, 10 de septiembre). Registre affectif, registre éducatif. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/fr_FR/articles/registre-affectif-registre-educatif
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