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Trabajo · Dinámicas tóxicas

Las dinámicas tóxicas en el trabajo: un análisis sistémico

Hospitales, centros educativos, servicios sociales: estas instituciones funcionan como sistemas humanos en los que las dinámicas relacionales son centrales. Ante las tensiones, las incertidumbres o los conflictos, los equipos desarrollan mecanismos de defensa colectivos que atenúan temporalmente la angustia compartida, pero a costa de desorganizaciones duraderas.

Marco teórico: diferenciación del self y ansiedad del sistema

Este artículo propone una lectura de estas dinámicas a través del enfoque sistémico de Murray Bowen, fundador de la terapia familiar multigeneracional. Según Bowen (1978), todo grupo humano funciona como un sistema emocional interconectado. Uno de los fundamentos de su teoría es la capacidad de una persona para mantener una autonomía psíquica sin dejar de estar en relación con las demás: lo que él denomina la diferenciación del self (Bowen, 1984).

Baja diferenciación

La persona se vuelve permeable a la angustia ajena y propensa a reacciones emocionales automáticas.

Buena diferenciación

La persona permanece en relación sin renunciar a un pensamiento propio y a una postura estable frente al estrés.

Cuando la angustia aumenta en un sistema —en un periodo de reestructuración, por ejemplo, o de crisis interna—, los miembros menos diferenciados tienden a agregarse en movimientos emocionales colectivos para intentar estabilizar el grupo (Kerr & Bowen, 1988). Este fenómeno activa cuatro mecanismos defensivos clásicos: fusión, chivo expiatorio, escisión y rigidificación.

Cuatro mecanismos de defensa colectivos

1 — La fusión grupal, o masa del yo indiferenciada

Bowen (1978) introduce el concepto de «masa del yo familiar indiferenciada» para describir la fusión emocional en ciertas familias: sus miembros funcionan como un todo, sin espacio para la diferencia. Aplicada al mundo institucional, esta idea se ha trasladado a la «masa del yo institucional indiferenciada» (Benoit, 1992, citado en Meynckens-Fourez, 2010). En los equipos se observa a veces un pensamiento uniforme y rígido, sobre todo cuando la presión exterior o la incertidumbre se vuelven demasiado fuertes.

La fusión proporciona un sentimiento de unidad tranquilizador, pero impide la expresión de las tensiones reales e inhibe las iniciativas individuales. En los servicios hospitalarios o educativos, se manifiesta en un apego excesivo a las rutinas o en una resistencia sistemática al cambio. El colectivo adopta una postura defensiva: «aquí siempre lo hemos hecho así». Estrategia a corto plazo para reducir la ansiedad, a largo plazo genera un estancamiento del sistema (Daveloose, 1994; Bowen, 1984).

2 — El chivo expiatorio, o la externalización de la angustia

La designación de un chivo expiatorio se basa en la proyección de la tensión colectiva sobre una persona. En las familias, Bowen (1978) habla de «paciente designado»: el niño o la niña se convierte en portador de los conflictos no resueltos de la pareja parental. En las instituciones, a menudo se designa a un miembro del equipo como responsable de las disfunciones colectivas, lo que sirve de válvula de escape para reducir la angustia global (Papero, 2014).

Este mecanismo refuerza temporalmente la cohesión interna en torno a un rechazo compartido, pero impide cualquier cuestionamiento sistémico. La persona designada se convierte en el receptáculo de todas las tensiones, incluso cuando expresa una opinión crítica o intenta introducir una innovación. Este fenómeno de triangulación, teorizado por Bowen (1978), permite a una díada en conflicto desviar la angustia implicando a un tercero. El chivo expiatorio pasa entonces a cargar con el sufrimiento relacional global, con consecuencias a veces graves: aislamiento, acoso, marginación.

3 — La escisión, o la polarización del equipo

La escisión designa la división de un equipo en subgrupos antagónicos, cada uno de los cuales defiende una posición o un valor opuesto. Bien conocido en psicoanálisis, este mecanismo funciona también en un contexto sistémico: cuando la angustia del grupo se vuelve intolerable, la ambivalencia se borra en favor de una lectura binaria, «nosotros contra ellos». Bowen (1978) evoca la tendencia de los sistemas humanos a polarizarse bajo estrés, de modo que cada cual se aferra a su bando como a una protección identitaria.

Dessoy (1997) describe una situación en la que un equipo educativo, atrapado en mandatos paradójicos en torno a un niño, se divide reproduciendo sin saberlo los conflictos parentales internos de ese niño. Este tipo de escisión impide la cooperación, bloquea la toma de decisiones y desvía las energías hacia conflictos interpersonales en lugar de hacia la misión común. Revela una dificultad para pensar la complejidad, sustituida por certezas opuestas y rígidas (Kerr & Bowen, 1988; Meynckens-Fourez, 2010).

4 — El enquistamiento de los subgrupos

Cuando los subgrupos formados por escisión o por afinidad se instalan de forma duradera, se asiste a un proceso de «enquistamiento»: el cierre de microsistemas internos (Meynckens-Fourez, 2010). Estos subgrupos se vuelven impermeables al diálogo y alimentan lógicas endogámicas. El fenómeno aparece a menudo cuando fracasa el intento de fusión colectiva: la solución defensiva pasa a ser entonces la segmentación rígida.

Kerr y Bowen (1988) describen un proceso comparable en las familias, con el nombre de cut-off emocional: para escapar de la tensión, algunos miembros se desconectan unos de otros, lo que alivia a corto plazo pero empobrece el sistema. En las instituciones, este funcionamiento en silos compromete la colaboración interdisciplinar, ralentiza los flujos de información y crea un clima de desconfianza mutua. Cuanto más aumenta la angustia colectiva, más fuerte es la tentación de replegarse en un subgrupo en el que una persona se siente protegida, en detrimento del proyecto común.

Para recordar

Estos cuatro mecanismos no son defectos de carácter ni conflictos entre personas: son intentos del sistema por gestionar una ansiedad colectiva. Leerlos así cambia radicalmente lo que se puede hacer con ellos.

Pistas sistémicas de intervención

El enfoque de Bowen propone salir de estas lógicas defensivas mediante un trabajo sobre la diferenciación. Esto supone acompañar a los miembros de un equipo para que recuperen un pensamiento propio sin dejar de estar en relación con el colectivo (Bowen, 1984).

Dispositivos como la supervisión de equipo, los grupos de palabra o la consulta sistémica permiten crear un espacio reflexivo. La identificación de los esquemas defensivos —reconocer una triangulación, detectar una escisión latente— es en sí misma una palanca de transformación. Quien interviene puede ayudar al grupo a «destriangular» sus relaciones (Bowen, 1978), a restablecer diálogos directos y a dar cabida a la diversidad de puntos de vista sin ver en ella una amenaza.

En el plano estructural, también resultan útiles algunas acciones:

  • Proyectos entre equipos, que obligan a personas separadas por los silos a producir algo juntas.
  • Reuniones cruzadas, en las que los subgrupos hablan entre sí en lugar de hablar unos de otros.
  • Movilidad interna, que descongela los lugares y reactiva las circulaciones relacionales.

El objetivo no es forzar el cambio, sino restablecer la capacidad del sistema para autorregularse. La mejora de la comunicación, de la confianza y del sentimiento de seguridad son condiciones esenciales para este proceso.

En conclusión

Los mecanismos de defensa grupales en las instituciones deben entenderse como síntomas de una ansiedad sistémica mal contenida. Gracias a las aportaciones de Bowen, es posible leerlos de otro modo que en términos de faltas individuales o de conflictos interpersonales. Estas dinámicas tienen una función, pero requieren una transformación profunda del modo relacional colectivo.

La diferenciación del self sigue siendo una noción clave para pensar equipos más resilientes. Ayudar a cada profesional a mantener su integridad sin dejar de contribuir al proyecto colectivo es reforzar la salud del sistema en su conjunto. En un mundo institucional cada vez más constreñido e incierto, esta postura reflexiva constituye una palanca valiosa para prevenir el agotamiento y las derivas relacionales.

Bibliografía

Benoit, J.-C. (1992). Parents, familles et soignants. Érès.

Bion, W. R. (1961). Experiences in groups. Tavistock.

Bowen, M. (1978). Family therapy in clinical practice. Jason Aronson.

Bowen, M. (1984). La différenciation du soi (trad. francesa). ESF.

Dessoy, E. (1997). Ambiance et double lien, une lecture auto-organisationnelle. Thérapie Familiale, 18(4), 405–418.

Kerr, M. E., & Bowen, M. (1988). Family evaluation. Norton.

Meynckens-Fourez, M. (2010). Au-delà des pièges qui paralysent les équipes, comment construire un espace de confiance ? Thérapie Familiale, 31(3), 195–214.

Papero, D. V. (2014). Bowen theory’s secrets: revealing the hidden life of families. Rowman & Littlefield.

El análisis completo de estos cuatro mecanismos, con ejemplos de equipos, puede verse en el vídeo a continuación.

Cómo citar este artículo

Besse, J. (2025, 25 de mayo). Les dynamiques toxiques au travail : une analyse systémique. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/fr_FR/articles/les-dynamiques-toxiques-au-travail-une-analyse-systemique

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