Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Family Relations · Familia
¿Cómo imagina una pareja que espera su primer bebé el reparto de los cuidados? Mediante entrevistas por separado a cada miembro de 34 parejas portuguesas en el tercer trimestre de embarazo, el equipo de Beatriz Melim identifica cinco configuraciones, congruentes o no, y muestra hasta qué punto la lactancia, los permisos y las normas de género pesan ya sobre los roles anticipados.
Traducción no oficial al español de Dyadic expectations of cooperation and support in the transition to parenthood, de Beatriz Melim, Marisa Matias, Carolina Garraio, Sabine Walper y Paula Mena Matos, publicado en Family Relations (Wiley) (2026), doi: 10.1111/fare.70097, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La información complementaria en línea no se reproduce. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Dado que los patrones de cooperación ya son visibles antes del nacimiento, el diálogo temprano y una planificación concreta pueden ayudar a las parejas a pasar de los ideales de una parentalidad compartida a una igualdad vivida y sostenible.
Beatriz Melim, Marisa Matias, Carolina Garraio, Sabine Walper y Paula Mena Matos
Resumen
Objetivo. El propósito era examinar las expectativas diádicas (in)congruentes de madres y padres primerizos a la espera de su bebé en relación con la futura cooperación coparental, las responsabilidades de cuidado y el apoyo de la pareja, y explorar cómo los supuestos de género y los factores estructurales (p. ej., los permisos parentales) configuran estas expectativas.
Antecedentes. La transición a la parentalidad implica importantes cambios psicológicos, relacionales y prácticos. Aunque la investigación previa se ha centrado en la coparentalidad después del nacimiento, se sabe menos sobre cómo las parejas que esperan un bebé anticipan y construyen roles compartidos o divergentes antes de su llegada.
Método. Este estudio cualitativo forma parte del proyecto longitudinal CopaGloba sobre coparentalidad. Se realizaron entrevistas individuales semiestructuradas a 34 parejas heterosexuales portuguesas (N = 68) en el tercer trimestre de embarazo. Se utilizaron el análisis temático y el análisis diádico de entrevistas para identificar expectativas compartidas y divergentes.
Resultados. Surgieron cinco patrones de representación coparental. Los patrones congruentes fueron (a) Aprendizaje compartido y (b) Mentora–Aprendiz, y los patrones incongruentes fueron (c) Madre mentora/Padre compañero, (d) Madre compañera/Padre aprendiz y (e) Parejas ambiguas. Los supuestos de género sobre el cuidado, la lactancia y las políticas de permisos configuraron estas expectativas.
Conclusión. Las parejas que esperan un bebé sostienen representaciones diversas de la cooperación futura, configuradas por las normas de género y los contextos de las políticas públicas.
Implicaciones. Estos hallazgos subrayan la importancia de abordar las expectativas coparentales durante el periodo prenatal. Ayudar a las parejas a articular sus roles, sus responsabilidades y su apoyo mutuo puede fortalecer las dinámicas coparentales tempranas y orientar el desarrollo de intervenciones preventivas centradas en la familia.
UE: Unión Europea
OECD: Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)
Las experiencias parentales y coparentales están configuradas por una combinación de historias personales, dinámicas relacionales y marcos socioculturales. El nacimiento del primer bebé marca una transición evolutiva importante que puede remodelar las identidades y las dinámicas de pareja (Doss et al., 2009). Durante este periodo de transición, quienes se estrenan en la parentalidad deben aprender a manejar las exigencias contrapuestas del cuidado de un lactante, al tiempo que mantienen la estabilidad económica y sostienen su propia relación. Estos desafíos pueden someter a una tensión considerable tanto el bienestar psicológico como la satisfacción relacional (Doss et al., 2009). Datos metaanalíticos recientes confirman un descenso típico de la satisfacción con la relación desde el embarazo hasta el primer año posparto, con descensos menores pero continuados durante el segundo año (Bogdan et al., 2022). Los discursos culturales más amplios y las normas sociales también pueden contribuir a configurar la manera en que se construyen estos roles y expectativas parentales (You, 2023). Las normas de crianza intensiva, por ejemplo, especialmente marcadas para las madres, fomentan una inversión emocional y material sostenida y pueden reforzar dinámicas de género pese a los ideales igualitarios (Nomaguchi & Milkie, 2020; OECD, 2025a). Los procesos biológicos tempranos pueden, además, condicionar qué formas de organizar los cuidados parecen viables. En particular, la lactancia a demanda, de día y de noche, que se recomienda exclusiva durante aproximadamente los 6 primeros meses (World Health Organization, 2023), genera un cuidado sujeto a tiempos precisos y de alta frecuencia que a menudo reorganiza las rutinas y el sueño de las parejas en los primeros meses posparto. Estas exigencias se asocian a alteraciones del sueño materno en el posparto temprano (Witkowska-Zimny et al., 2024). Al mismo tiempo, cuando la pareja se implica de forma práctica (p. ej., llevando al bebé para que mame, ocupándose de las tareas nocturnas, gestionando las tareas domésticas) y ofrece aliento, las madres tienen más probabilidades de iniciar la lactancia, mantenerla exclusiva y prolongarla (Blixt et al., 2024). Por último, las condiciones de los permisos influyen en la continuidad de la lactancia tras la reincorporación al trabajo, lo que subraya la pertinencia del contexto estructural (Brugaillères et al., 2024). La implicación activa de los padres suele empezar durante el embarazo (Eddy & Fife, 2021); sin embargo, el cuidado sigue estando marcado por el género en la mayoría de las familias, como reflejan los indicadores de uso del tiempo y de empleo, y se asocia al estrés materno y al conflicto entre trabajo y familia (OECD, 2025a).
En el contexto portugués, las políticas de permisos parentales reflejan tanto los esfuerzos por fomentar el reparto de los cuidados como el refuerzo persistente de los roles de cuidado tradicionales. En el momento de la recogida de datos, las madres tenían derecho a 120–150 días de permiso remunerado (los 42 primeros obligatorios); los padres, a 28 días dentro de las 6 primeras semanas más 7 días opcionales (Government of Portugal, 2025). Las ampliaciones propuestas aún no se habían aplicado. Aunque el permiso puede compartirse, las mujeres constituyen la clara mayoría de las personas beneficiarias iniciales en Portugal, en consonancia con los patrones de la UE (Instituto Nacional de Estatística, 2025; OECD, 2025b), y las mujeres portuguesas realizan considerablemente más cuidados no remunerados que los hombres (OECD, 2025a). Estas disposiciones, combinadas con las normas, ayudan a explicar las anticipaciones y la vuelta a repartos tradicionales tras el nacimiento. En un intento de explicar estas diferencias persistentes, las teorías de la economía de la familia consideran la especialización como una búsqueda de eficiencia cuando las exigencias externas se intensifican tras el nacimiento (Perales et al., 2018). Como complemento de esta perspectiva, los marcos de la racionalidad limitada sugieren que dichos repartos no siempre derivan de una toma de decisiones óptima, sino de heurísticas y limitaciones cotidianas, entre ellas limitaciones cognitivas, información incompleta y hábitos arraigados que configuran la manera en que las parejas reparten el trabajo (Todd & Gigerenzer, 2003). Sostenemos que estos cambios están influidos, además, por las normas sociales imperantes y por las negociaciones en curso dentro de la relación de pareja, que influyen en cómo cada miembro interpreta, acepta y justifica la evolución de sus roles en el hogar. Las adaptaciones de rol no empiezan en el momento del nacimiento, sino que van precedidas de un periodo de formación de expectativas durante el embarazo (Estlein & Shai, 2024; Lindroos et al., 2026). La manera en que madres y padres anticipan el reparto de responsabilidades, el apoyo emocional y práctico que esperan necesitar y el grado en que sus expectativas coinciden con las de su pareja antes y durante el embarazo pueden influir de forma significativa en su adaptación posparto (McHale & Rotman, 2007). Recurrimos de manera selectiva al enfoque de las capacidades, utilizando las capacidades en el sentido estricto de Sen de «oportunidades reales» de que disponen las personas en función de los recursos, la información y las normas (Sen, 1999). Desde este punto de vista, lo que aparece como «elección» frente a «ambigüedad» puede reflejar en parte una variación de las opciones viables configurada por el contexto (p. ej., disponibilidad de servicios, horarios laborales y arreglos familistas en Portugal). Además, la ansiedad ante la llegada a la parentalidad puede favorecer un afrontamiento orientado a la evitación, asociado a una peor adaptación perinatal (Guardino & Dunkel Schetter, 2014), mientras que la autoeficacia parental se relaciona con prácticas más implicadas y una mejor adaptación materna (Leahy-Warren & McCarthy, 2011).
La transición a la parentalidad puede generar discrepancias entre las expectativas prenatales y las realidades posnatales, haciendo más visibles las diferencias que surgen a medida que las familias se reorganizan (Roy et al., 2013). Estas discrepancias pueden ser intrapersonales (es decir, desajustes entre las creencias personales o el autoconcepto y las exigencias vividas del cuidado) e interpersonales (es decir, expectativas divergentes entre los miembros de la pareja; Nomaguchi & Milkie, 2020). La teoría de la disonancia cognitiva (Festinger, 1957) predice un malestar psicológico cuando las expectativas entran en conflicto con la experiencia, lo que ayuda a explicar la tensión emocional cuando los roles anticipados se enfrentan al cuidado real. Empíricamente, estos desajustes se asocian a confusión, necesidades de apoyo no satisfechas, malestar y dificultades en la relación (Nomaguchi & Milkie 2020; Yavorsky et al., 2015). Las discrepancias entre «lo que es» y «lo que debería ser», como las expectativas no cumplidas en torno al reparto de los cuidados y de las tareas domésticas, se han asociado a malestar psicológico tanto en las madres como en los padres (Van Egeren, 2004). Cuando falta apoyo mutuo o los miembros de la pareja sostienen representaciones desajustadas de la parentalidad, las parejas refieren más conflicto y menor satisfacción (Seefeld et al., 2024), así como un estrés mayor (Bogdan et al., 2022; Estlein & Shai, 2024), lo que a menudo impulsa una renegociación de roles o una revisión de las creencias cuando las expectativas chocan con las limitaciones (Doherty et al., 2025). Aunque los datos emergentes respaldan estas afirmaciones, los estudios existentes se basan principalmente en diseños retrospectivos; por ello, se necesita investigación prospectiva para esclarecer mejor estas dinámicas (Lindroos et al., 2026).
La relación coparental se ha conceptualizado como un subsistema diferenciado y multidimensional dentro del sistema familiar. El marco de Feinberg (2003) pone de relieve tanto los componentes afectivos como los conductuales de la coparentalidad, entre ellos el apoyo frente al socavamiento, las responsabilidades parentales compartidas, el acuerdo sobre la crianza y la gestión conjunta de las dinámicas familiares. A partir de ello, Van Egeren (2004) distinguió además una dimensión interna (es decir, las percepciones de cada progenitor sobre la validación, la cooperación y el compromiso) y una dimensión externa (es decir, conductas observables como la armonía, la hostilidad–competición y las discrepancias en las prácticas coparentales). Las relaciones coparentales de apoyo y una elevada satisfacción con la relación se han identificado de forma sistemática como factores de protección, que amortiguan los efectos adversos de las discrepancias entre los roles de cuidado anticipados y los reales y favorecen el bienestar individual (Van Egeren, 2004). Las personas que perciben a su pareja como emocionalmente disponible y receptiva refieren menos malestar posparto y mayor satisfacción con la relación (Seefeld et al., 2024). La implicación práctica de la pareja en el cuidado infantil y en las responsabilidades domésticas se asocia igualmente a una adaptación más fluida y a un menor estrés (Wang et al., 2023). Por el contrario, la falta de apoyo de la pareja se ha asociado a un aumento del estrés, al agotamiento parental y a la insatisfacción conyugal, en particular en las madres, que a menudo asumen la mayor carga de cuidados en el periodo posparto (Hochschild & Machung, 2012). La coparentalidad temprana implica también formas de trabajo invisibles, como sostener las emociones, anticipar las necesidades y coordinar la logística cotidiana (Daminger, 2019). Comprender plenamente la adaptación a la parentalidad requiere, por tanto, examinar de forma simultánea las actitudes, los deseos y las expectativas tanto de las futuras madres como de los futuros padres (Volling & Cabrera, 2025). Como han señalado Perry-Jenkins y Claxton (2011), «Claramente, las experiencias matrimoniales de las madres están estrechamente entrelazadas con las experiencias de los padres, y ambas deben evaluarse simultáneamente para obtener una imagen clara del matrimonio» (p. 26). La investigación ha ido más allá de la perspectiva de las madres para documentar las contribuciones específicas de los padres y la importancia de los procesos coparentales en la transición a la parentalidad (Cabrera, 2020; Volling & Cabrera, 2025). Pese al creciente reconocimiento de la importancia de las perspectivas diádicas, siguen escaseando los estudios basados en datos que permitan a las parejas que esperan un bebé compartir de manera libre y espontánea sus percepciones sobre la transición a la parentalidad. Cabe destacar que Estlein y Shai (2024) subrayaron el valor predictivo de las interacciones coparentales prenatales sobre los resultados posparto, lo que pone de manifiesto la necesidad de diseños de investigación que capten los vínculos mutuos entre las conductas y las experiencias de ambos miembros de la pareja. La perspectiva diádica es valiosa porque permite identificar similitudes, discrepancias y complementariedades en las percepciones de cada miembro de la pareja, al tiempo que saca a la luz significados ocultos que pueden surgir cuando se consideran conjuntamente sus relatos (Eisikovits & Koren, 2010). Explorar estos solapamientos y diferencias puede arrojar luz sobre los procesos de construcción de sentido tal como se despliegan en la complejidad y la fluidez del cambio diádico (Manning & Kunkel, 2014, 2015). Este estudio se guio por las cuatro preguntas de investigación siguientes:
Los datos se recogieron mediante entrevistas con parejas en transición a la parentalidad en el marco del proyecto CopaGloba. En el proyecto CopaGloba participaron tres países: Finlandia, Japón y Portugal. En el presente artículo nos centramos únicamente en los datos portugueses. El estudio fue aprobado por el Comité de Ética de la Universidad de Oporto (Portugal). Se utilizó un muestreo en bola de nieve a través de contactos con centros de salud materna, grupos de Facebook de futuras madres y listas de correo universitarias. La recogida de datos tuvo lugar entre septiembre de 2020 y junio de 2021. Todas las personas participantes dieron su consentimiento informado antes de las entrevistas. Todas las entrevistas se realizaron de forma individual con cada miembro de la pareja por Zoom, Teams o un programa similar, con grabación de audio para facilitar la transcripción posterior. Las entrevistas duraron entre 45 y 150 minutos, se grabaron en audio y se transcribieron literalmente. Las realizaron cuatro investigadoras: dos estudiantes de máster y dos doctorandas en psicología, todas mujeres. Las investigadoras recibieron, en el marco del proyecto, una formación en talleres sobre la entrevista semiestructurada y el análisis inductivo. Las personas participantes fueron entrevistadas por separado. Cada entrevista individual fue conducida por una entrevistadora utilizando la misma guía semiestructurada. La analista principal de este estudio es psicóloga clínica y de la salud, con experiencia en el acompañamiento de parejas y de madres y padres en transición. A lo largo del análisis seguimos las recomendaciones de buenas prácticas del análisis temático reflexivo, recurriendo a discusiones reflexivas en equipo y a memorandos analíticos para poner de manifiesto la posicionalidad y los supuestos, documentar la trazabilidad de las decisiones y desarrollar de forma iterativa los temas como patrones de significado compartido, y no como resúmenes temáticos (Braun & Clarke, 2021).
Se incluyó en el estudio a las parejas en las que ambos miembros esperaban su primer bebé y se encontraban en el tercer trimestre de embarazo, formaban parte de una familia biparental conviviente y dominaban el portugués. Aunque los criterios de inclusión no imponían ninguna restricción en cuanto al género de los progenitores, todas las parejas participantes en este estudio se identificaron como heterosexuales. Este estudio incluyó 34 parejas (68 participantes); la edad de las futuras madres oscilaba entre 23 y 39 años y la de los futuros padres entre 24 y 41 años. Entre las madres, siete habían completado la educación secundaria o menos, 13 tenían un título de grado y 14 un máster o un nivel superior. Entre los padres, 17 habían completado la educación secundaria o menos, 10 tenían un título de grado y siete un máster o un nivel superior, lo que indica un nivel educativo más alto entre las madres. En cuanto al empleo, la mayoría de las personas participantes trabajaba: 30 madres y 33 padres tenían empleo en el momento del estudio, y cuatro madres y un padre estaban en paro. Los ingresos del hogar variaban: 16 parejas ganaban menos de 1800 € al mes, nueve parejas entre 1800 € y 2400 €, y nueve parejas más de 2400 €. En cuanto al lugar de residencia, 17 parejas vivían en zonas urbanas, tres en zonas rurales y las demás no facilitaron información sobre su ubicación. En comparación con las medias nacionales, esta muestra es representativa en cuanto a la distribución por edad y a la residencia urbana. Sin embargo, refleja un nivel educativo y unas tasas de empleo más elevados, en particular entre las futuras madres, lo que debe tenerse en cuenta al interpretar los resultados y evaluar su generalizabilidad.
El guion inicial de la entrevista se elaboró en inglés en el contexto del proyecto más amplio y posteriormente se tradujo y adaptó al portugués. El guion abarcaba una amplia gama de temas relacionados con la anticipación de la coparentalidad. Las entrevistas individuales con los miembros de la pareja siguieron un formato semiestructurado, que permitía flexibilidad para profundizar y plantear preguntas de seguimiento en función de las respuestas. En este estudio solo utilizamos los datos obtenidos a partir de las preguntas siguientes:
Aunque solo se incluyeron en el análisis las respuestas a estas preguntas, las transcripciones completas de las entrevistas se leyeron íntegramente para mantener una comprensión plena del contexto y del sentido de los relatos de las personas participantes.
Como parte del proyecto CopaGloba en su conjunto, el presente estudio se centró específicamente en la submuestra portuguesa y empleó un proceso analítico cualitativo en varias etapas. La codificación inicial la realizó la primera autora y fue seguida de discusiones colaborativas con un segundo miembro del equipo para revisar y afinar el marco de codificación. Los temas emergentes y la estructura se presentaron después al conjunto del equipo de investigación para su discusión y validación. Estas etapas se llevaron a cabo de forma iterativa, lo que permitió afinar y consolidar progresivamente el marco temático. Nuestro análisis se guio por el enfoque en seis fases del análisis temático propuesto por Braun y Clarke (2006, 2021), que incluye la familiarización con los datos, la generación de códigos iniciales, la búsqueda de temas, la revisión de los temas, la definición y denominación de los temas y la redacción del informe final. Adoptamos una orientación reflexiva e interpretativa, prestando especial atención a la construcción de sentido dentro de cada relato individual y entre los relatos (véase Braun & Clarke, 2006, 2021, 2022). En lugar de intentar captar toda la amplitud de las representaciones de las personas participantes sobre la transición a la parentalidad, nos centramos en ofrecer un análisis detallado de dos dimensiones clave: la cooperación interparental y el apoyo de la pareja. Aunque las preguntas de investigación se basaban en la teoría existente y en la literatura previa, el esquema de codificación y los temas principales surgieron de forma inductiva a partir de los datos, mediante un trabajo minucioso con los relatos de las personas participantes. Durante el proceso de codificación se tuvieron en cuenta tanto los significados de superficie (es decir, lo que se decía explícitamente) como los significados subyacentes (es decir, supuestos implícitos, dinámicas relacionales e interpretaciones recurrentes). El contenido de superficie se identificó a través de las respuestas directas a las preguntas de la entrevista, y los significados subyacentes se exploraron prestando atención al uso del lenguaje, al tono, a las contradicciones y al peso emocional de ciertos temas. Se prestó especial atención a la manera en que cada participante se posicionaba a sí mismo o a sí misma y a su pareja, a los valores implícitos en sus expectativas y a la forma en que estos podían reflejar relatos socioculturales más amplios sobre la parentalidad y las dinámicas de pareja. Esta lectura en varios niveles nos permitió identificar no solo lo que decían las personas participantes, sino también cómo daban sentido a los roles y a las interacciones que anticipaban dentro de la relación coparental. Empezamos con un análisis preliminar de 20 entrevistas (10 parejas), a partir del cual se elaboró un esquema de codificación inicial. Este esquema se afinó de forma iterativa mediante discusiones en equipo a medida que extendíamos la codificación al resto de las entrevistas. En la primera etapa del análisis aplicamos un análisis temático diádico para explorar las expectativas de las parejas respecto de la cooperación interparental. En todo momento adoptamos una perspectiva de codificación diádica (Eisikovits & Koren, 2010) para captar los puntos de convergencia y de divergencia en el relato de cada pareja. Las entrevistas individuales se codificaron primero por separado; después se elaboraron resúmenes de caso diádicos para identificar patrones de acuerdo, complementariedad o asimetría entre los miembros de la pareja. Se prestó especial atención a la manera en que cada miembro de la pareja se situaba y situaba a su copartícipe en la crianza en relación con las responsabilidades de cuidado, así como al tono emocional y a los supuestos subyacentes presentes en sus descripciones. Este proceso nos permitió ir más allá de los temas de nivel individual para descubrir representaciones compartidas y dinámicas relacionales que configuraban la manera en que las parejas anticipaban su cooperación en la parentalidad. En la primera etapa del análisis buscamos identificar tipologías de cooperación coparental esperada a nivel de pareja mediante un enfoque inductivo. A medida que empezaban a surgir las tipologías de cooperación coparental, observamos variaciones en la manera en que las parejas describían sus deseos de apoyo práctico y emocional. Esta observación nos llevó a realizar un análisis exploratorio específico para investigar si los patrones de deseos de apoyo se asociaban a tipologías concretas. En esta segunda ronda de análisis, utilizando el mismo enfoque de análisis temático diádico (Braun & Clarke, 2006), codificamos todas las entrevistas en busca de contenidos relacionados con el apoyo, identificando primero los temas de apoyo recurrentes (p. ej., ayuda práctica, consuelo emocional). Cuando una persona participante mencionaba el mismo tema varias veces durante la entrevista, este se contabilizaba una sola vez a efectos de codificación. Realizamos este análisis tanto a nivel individual como diádico. En primer lugar, codificamos por separado la transcripción de cada miembro de la pareja para permitir comparaciones por género. En segundo lugar, agregamos los códigos a nivel de pareja, en consonancia con las cinco tipologías de pareja elaboradas en la etapa anterior del análisis. Se consideraba que un tema estaba presente en la pareja si al menos uno de sus miembros lo mencionaba. A continuación comparamos estas expectativas de apoyo entre las cinco tipologías y por género para determinar si los patrones de deseos de apoyo se ajustaban a las tipologías de cooperación más amplias o reflejaban expectativas más universales.
Nuestro análisis se desarrolló en dos etapas: primero, derivamos cinco tipologías de cooperación coparental esperada a nivel de pareja; segundo, codificamos las expectativas de apoyo emocional y práctico de cada miembro de la pareja y comparamos su distribución entre dichas tipologías. Las cinco tipologías diferenciadas de cooperación coparental esperada se identificaron a nivel de pareja, a partir de los patrones de (in)congruencia en los roles anticipados de sus miembros. Dos tipologías reflejaban expectativas congruentes (es decir, Aprendizaje compartido y Mentora–Aprendiz), en las que ambos miembros de la pareja expresaban supuestos similares sobre sus futuros roles. Las otras tres tipologías recogían patrones incongruentes: Madre mentora/Padre compañero, Madre compañera/Padre aprendiz y Parejas ambiguas, caracterizadas por expectativas poco claras o no alineadas. De las 34 parejas, 12 se clasificaron en Aprendizaje compartido, ocho en Mentora–Aprendiz, seis en Madre mentora/Padre compañero, dos en Madre compañera/Padre aprendiz y seis como Ambiguas. Los apartados siguientes describen cada una de estas tipologías, ilustradas con citas de ambos miembros de la pareja. Todos los nombres utilizados en las citas son ficticios y se asignaron para proteger el anonimato.
Las parejas denominadas de Aprendizaje compartido se caracterizaban por un estilo de cooperación específico en el que ambos progenitores anticipaban que aprenderían juntos, en pie de igualdad, en esta transición hacia el nuevo rol parental, que conllevaba exigencias que requerían una adaptación por parte de los dos:
Creo que va a ser más o menos lo mismo que ya es en nuestra vida actual, como pareja y en la gestión de la casa y de nuestras finanzas… Todo lo que hacemos como pareja se basa en el apoyo mutuo… en el aprendizaje mutuo también… Los dos vamos a aprender, no solo el uno del otro, sino también del bebé. (Teresa, pareja de Paulo)
¡Ojalá podamos repartirnos de verdad las tareas! Ojalá ella no sea una de esas madres [que piensan]: «Es mi hijo, tengo que cuidarlo yo, es mi responsabilidad, soy yo quien mejor sabe y tengo que hacer [todo]». Creo que tiene que haber espacio y la posibilidad de que los dos seamos padres. (Paulo, pareja de Teresa)
En estas parejas solía haber un alto grado de congruencia entre las percepciones de ambos miembros:
Sé que mi marido va a ayudar mucho. No es de esos hombres que les dejan las cosas a sus mujeres. Tal como ha sido hasta ahora, espero que siga siendo. … Espero poder repartir todas las tareas relacionadas con el bebé. (Ana, pareja de Pedro)
Yo estoy aquí para ayudarla a ella, y ella está aquí para ayudarme a mí. Sobre esta base hemos construido nuestra relación y sobre ella criaremos a nuestra hija. (Pedro, pareja de Ana)
Las madres y los padres que se concebían como un equipo de iguales reconocían a menudo que cada miembro de la pareja tenía sus propias fortalezas y limitaciones. Trabajando juntos como un equipo, creían que podrían complementarse, equilibrando las diferencias y aprovechando al máximo sus recursos combinados como unidad parental. Como explicaba Maria (pareja de Luis): «No es un equipo formado por dos miembros idénticos porque… porque no lo somos. Pero nos complementamos y sacamos lo mejor el uno del otro». Del mismo modo, Ricardo (pareja de Olívia) señalaba: «Conseguimos repartir las tareas y compensar lo que pueden ser las carencias de cada uno, ella las mías y yo las suyas».
La idea de complementariedad se menciona también en relación con la optimización de los recursos y con el deseo de evitar el agotamiento y la sensación de desbordamiento en ambos miembros de la pareja:
Vamos a hacer todo lo posible por repartir las tareas entre los dos. Porque uno no debe sobrecargar al otro. … No creo que solo uno de nosotros deba quedarse [con la responsabilidad] si somos dos en casa. Al niño lo hicieron dos personas, con amor. (António, pareja de Laura)
La confianza en que este enfoque cooperativo continuaría tras la llegada del bebé solía proceder de la manera en que estas parejas ya gestionaban las responsabilidades cotidianas antes del embarazo. Como explicaba Olívia (pareja de Ricardo): «Todo lo demás, la forma en que va a funcionar, creo que va a funcionar como ha funcionado hasta ahora. Compartiremos las tareas sin darnos cuenta realmente de que son tareas». Del mismo modo, Miguel (pareja de Rita) afirmaba: «Quiero que las cosas sigan como están: cuando podemos, hacemos las cosas juntos. En cuanto a las tareas de la casa, ¡seguirá igual!».
Las parejas Mentora–Aprendiz se caracterizan por la expectativa congruente de que la madre, en razón de los vínculos biológicos que se le atribuyen con el bebé, de sus mayores conocimientos o de su socialización, llevará la iniciativa en el cuidado, mientras que el padre actuará como ayudante, aprendiz o alumno, bajo la guía de la madre. Como describía Amélia (pareja de Nuno):
Por la fuerza de las circunstancias y por razones biológicas, en una primera etapa creo que la madre siempre se siente naturalmente más implicada… También porque el bebé ya forma parte de nuestro cuerpo… De alguna manera, siempre veo esta relación, incluso desde una perspectiva biológica. … Las madres tienden a ser un poco más… cómo decirlo, para no usar una palabra desagradable… ¿Posesivas?… con el bebé… Por la lactancia, cultural y socialmente, también nos educan con esta idea… Y todas estas percepciones acaban aflorando en esta experiencia.
La pareja de Amélia, Nuno, se hacía eco de esta expectativa:
No sé si es porque soy un poco irresponsable, pero cuando me hago la imagen mental de cómo va a ser, veo más a [mi mujer] [llevando la batuta]. Ojo, no quiero parecer machista, ni por un segundo. Pero me la imagino haciéndolo y enseñándome. Porque quiero aprender.
Del mismo modo, Sandra (pareja de Eusébio) explicaba: «Me imagino que vendrá, por ejemplo, a comer con nosotras y que se quedará un ratito… Pero durante la semana [seré yo] quien esté normalmente con ella y quien lo haga todo». Eusébio reconocía este desequilibrio:
Creo que [mi mujer] probablemente tendrá más la última palabra, porque está mucho más informada que yo sobre las cosas del bebé. Creo que probablemente decidirá más cosas; en algún momento yo querré intervenir y ella probablemente dirá… bueno, no lo dirá, pero se sobreentenderá… que piensa que yo no tengo tanta autoridad porque no estoy presente.
Como sugieren las citas anteriores, algunas parejas Mentora–Aprendiz anticipaban que la mayor presencia de la madre en las primeras etapas no solo configuraría las rutinas de cuidado, sino que también la situaría como figura principal a la hora de fijar las normas, poner límites y orientar el desarrollo del bebé. Sofia (pareja de António) reflexionaba sobre cómo podría desarrollarse esta dinámica en su propia experiencia: «Voy a estar más tiempo con [el bebé]. […] así que creo que la referencia, para todo lo bueno y lo malo, acaba asociándose más a mí, como madre».
El imperativo biológico percibido de la lactancia y la experiencia del embarazo se citaban con frecuencia como razones de un vínculo especial entre la madre y el bebé, lo que situaba al padre como una figura secundaria que debe hacer un esfuerzo consciente para implicarse. En muchos de estos relatos, el reparto desigual de los cuidados tempranos se vinculaba también a la organización de los permisos parentales, que en todas las parejas participantes se esperaba que disfrutara íntegramente la madre. Cabe destacar que ninguna persona participante mencionó ni contempló un reparto alternativo del permiso. Como explicaba Luísa (pareja de José):
Al principio, la mamá está en casa mucho más tiempo, ¿no? Así que lo que pensamos es que yo voy a tener un papel mucho más presente al principio y que, cuando él vuelva del trabajo, querrá pasar el máximo tiempo posible con el bebé, y entonces yo descansaré.
Su pareja, José, afirmaba en la misma línea: «No puedo hacerlo todo. Sé que la madre, en una primera etapa, tiene que dar mucho más de sí misma; es natural, es la naturaleza. Yo estaré siempre en segundo plano para apoyarla en todo y para lo que sea».
En algunos casos, el «vínculo especial» percibido entre la madre y el bebé se identificaba como una posible fuente de tensión en la relación coparental. Aunque ambos miembros de la pareja reconocían las exigencias de la lactancia y la mayor implicación temprana de la madre, surgían inquietudes sobre la manera en que los roles de cuidado podrían desequilibrarse o generar resentimiento. En particular, algunas parejas Mentora–Aprendiz anticipaban un reparto funcional en el que la madre asumiría la responsabilidad principal del bebé, mientras que el padre se centraría en las tareas domésticas. Como explicaba Ana Maria (pareja de Patrício):
La madre da el pecho y el padre hace todo lo demás. Porque dar el pecho es un trabajo a tiempo completo. Y para lo demás, el padre no es insignificante. Mucha gente piensa que el padre no sirve para nada en esta etapa, pero no, el padre sirve para muchas cosas. Y el padre tiene que mantener la casa en marcha… para quitarle peso a la madre.
Su pareja, Patrício, expresaba su preocupación por que la lactancia pudiera utilizarse para justificar un reparto desigual de las responsabilidades: «Que mi mujer dé el pecho o no, no creo que eso pueda servir para un abuso de poder. Quiero decir, ella podría pensar “ya estoy dando el pecho a nuestro bebé, así que tú haz todo lo demás”» (Patrício, pareja de Ana Maria).
Otro factor importante en las dinámicas Mentora–Aprendiz era la creencia, muy extendida, de que las madres tienen más experiencia con los bebés, a menudo por el contacto con la familia, las amistades o experiencias de cuidado anteriores. Algunos padres, en cambio, tendían a expresar más incertidumbre sobre lo que les esperaba, incluso cuando mostraban una actitud esperanzada u optimista. Como contaba esta madre:
Siempre me han gustado los niños, y tengo una hermana que solo tiene 18 años. Así que, cuando nació, yo tenía 16 y ella ya era mi bebé… Me acuerdo muy bien de esa etapa y me acuerdo de cómo la cuidaba mi madre, así que es algo que ya conozco. (Paula, pareja de João)
Su pareja, João, mostraba una postura más vacilante: «No sé lo que me espera… Creo que habrá momentos [difíciles]. Ha habido momentos difíciles en el pasado… Conseguimos superarlos… Creo que conseguiremos superarlos».
Aunque muchas madres de parejas Mentora–Aprendiz expresaban su disposición, o incluso su preferencia, a asumir la responsabilidad principal del cuidado durante los primeros meses, a menudo esperaban que este reparto evolucionara hacia una mayor igualdad cuando volvieran a su empleo remunerado.
En un subconjunto de parejas observamos una incongruencia entre las expectativas de sus miembros respecto de los roles parentales tempranos. Las madres solían anticipar que llevarían la iniciativa en el cuidado del bebé, situándose como cuidadora principal o «mentora», mientras que los padres imaginaban un enfoque más igualitario y colaborativo desde el principio. Como explicaba Júlia (pareja de Henrique): «Quizá las mujeres y las madres tengan esa intuición de hacerlo primero ellas mismas, ¿no? En una primera etapa, probablemente lo haré yo y luego quiero integrar [a mi marido]». Henrique, en cambio, imaginaba un enfoque equilibrado desde el principio:
Las tareas de cuidado del bebé siempre serán al 50/50, es decir, lo que haga mi mujer, yo estaré preparado para hacerlo… El bebé es de los dos, no de uno solo. Así es como tenemos que pensar. Salió de la barriga de una, pero es de los dos de todos modos.
En una pareja, el padre reflexionaba sobre su propia crianza, describía una figura paterna distante y expresaba un fuerte deseo de estar emocionalmente más presente con su bebé.
Todavía vengo de una generación en la que el padre era siempre una figura más ausente… Mi padre era más distante y estaba muy centrado en el trabajo… Yo tiendo a ser un poco así y no quiero serlo. Quiero crear una relación más cercana con mi bebé. (Tiago, pareja de Camila)
La pareja de Tiago, sin embargo, adoptaba una postura más prudente. Explicaba que mantenía deliberadamente sus expectativas bajas para protegerse de la decepción y de una posible carga psicológica, sobre todo ante la preocupación por la salud mental posparto: «Solo intento mantener mis expectativas bajas [sobre cuánto me ayudará mi pareja]… También por [el riesgo de] la depresión posparto» (Camila, pareja de Tiago).
En este caso, el relato del padre destacaba por su profundidad y su reflexión personal, con expectativas arraigadas en el deseo de romper patrones intergeneracionales. En cambio, varios otros padres que expresaban la esperanza de una implicación igualitaria daban respuestas más breves y menos elaboradas, lo que sugiere que, en algunos casos, estas expectativas pueden reflejar ideales de igualdad más genéricos que intenciones o planes profundamente meditados.
En un caso, el padre expresaba un deseo general de implicarse activamente en la crianza y transmitía entusiasmo ante la idea de compartir las responsabilidades. Sin embargo, ambos miembros de la pareja reconocían que su trabajo podría limitar su disponibilidad, una cuestión especialmente subrayada por la futura madre, a quien preocupaba quedarse sin apoyo en los momentos difíciles debido a las exigencias laborales de él.
El trabajo de [mi pareja] es realmente más importante y exige más continuidad. Yo puedo tomarme unos días libres en mi trabajo y no me pasa nada, vuelvo cuando quiero y retomo donde lo dejé. […] Me da un poco de miedo necesitarlo y que él no pueda dejar de trabajar en ese momento, y ya está. (Micaela, pareja de Filipe)
Aunque el padre mencionaba brevemente las limitaciones relacionadas con el trabajo, su tono era notablemente más optimista y despreocupado: «Creo que siempre estaremos los dos en todas las actividades. A no ser que no sea posible por motivos de trabajo… Pero creo que intentaremos organizarnos para que así sea, porque tenemos muchísima ilusión».
En dos parejas, sus miembros expresaban expectativas incongruentes sobre sus futuros roles, pero en sentido inverso al observado en el patrón Madre mentora/Padre compañero. En estos casos era la madre quien anticipaba un reparto más igualitario del cuidado del bebé, similar a una dinámica de Aprendizaje compartido, mientras que el padre se situaba en un papel más periférico o de apoyo. Como explicaba Manuela (pareja de Maurício): «El reparto debe ser complementario e igualitario. La comprensión y la empatía hacia las circunstancias y las necesidades del otro son importantes. No creo que vaya a ocurrir lo contrario, ser egoístas». Maurício, en cambio, ponía más énfasis en el papel central de la madre: «La bebé va a necesitar mucho a su madre los primeros días. Pero yo también quiero estar presente en los momentos de mi familia».
En un caso, la futura madre subrayaba la importancia del trabajo en equipo y de la complementariedad, basándose en la convicción de que su bebé se beneficiaría de las distintas estrategias y temperamentos que aportaría cada progenitor:
Quiero que compartamos las responsabilidades. […] No es el bebé quien tiene que adaptarse a nosotros, somos nosotros quienes tenemos que adaptarnos al bebé. Ya sabemos que hay bebés que responden mejor cuando los baña uno de los dos que cuando los baña el otro, o porque uno de nosotros transmite mejor la calma… los bebés son muy sensibles a estas cosas. (Catarina, pareja de Marcelo)
Su pareja, Marcelo, expresaba una actitud más pasiva, dando a entender que se plegaría a la autoridad de su pareja: «Cuando no estemos de acuerdo, creo que [mi pareja] tendrá razón y ¡yo la seguiré! … Hay algunas tareas que haré seguro y otras que haré ¡si ella me deja!».
En seis de las parejas analizadas encontramos niveles elevados de ambigüedad en la manera en que uno o ambos miembros anticipaban la transición a la parentalidad. Esta ambigüedad podía ser congruente, cuando ambos miembros expresaban incertidumbre, o incongruente, cuando uno de ellos tenía expectativas más claras y el otro no. Solía manifestarse en respuestas breves y vagas, en la ausencia de reflexión o de conversación detallada sobre los futuros roles y en la dificultad para formular los posibles desafíos. Como describía Simone (pareja de Alexandre): «Somos por naturaleza personas muy prácticas y muy poco complicadas… Creo que va a ser muy sobre esa base… No hemos pensado mucho en ello». El relato de su pareja reflejaba esta misma falta de elaboración: «Cuando uno de nosotros pueda hacer algo, lo hará… Cuando no podamos, se lo pediremos al otro. Se mantendrá la misma franqueza [que tenemos ahora] para decir sí o no».
En algunos casos, la ambigüedad del padre se encontraba con expectativas más elaboradas por parte de la madre, que a menudo reflejaban una dinámica Mentora–Aprendiz en la que la madre anticipaba ser la cuidadora principal. En al menos uno de estos casos, la falta de una implicación clara de la pareja parecía contribuir a que la madre anticipara la soledad, no solo en un sentido físico o logístico, sino también emocional. Laura (pareja de Marco) expresaba con fuerza la sensación de que afrontaría la maternidad temprana prácticamente sola. La postura ambigua de su pareja podía, en este caso, reforzar su convicción de que sería la única responsable de interpretar las necesidades del bebé y responder a ellas:
A pesar de lo que dice la gente y a pesar del apoyo que [las madres] pueden tener del padre, creo que es un camino muy solitario. El embarazo en sí y ser madre son siempre muy solitarios. Porque, para empezar, en el embarazo, solo nosotras sabemos lo que sentimos. Solo nosotras sentimos a nuestro bebé, solo nosotras sabemos, por ejemplo, que hoy estaba más inquieto, que ayer estaba más tranquilo… El padre no tiene esa percepción… Y siento que [seguirá siendo así], porque luego… [El bebé] va a nacer… Yo seré quien esté sola con él todo el día… [Mi pareja] tendrá que ir a trabajar. Y entonces él dependerá de mí para todo. Si decido darle el pecho, [mi pareja] puede incluso levantarse por la noche para ir a buscarlo, pero yo tengo que darle el pecho porque él no puede alimentarlo. Así que creo que va a ser un camino… Aunque esté acompañada, soy consciente de que gran parte de ese camino lo hacemos solas y de que, por eso, las mujeres son mucho más fuertes que los hombres. (Laura, pareja de Marco)
Marco, en cambio, expresaba una falta de expectativas claras: «Creo que va a ser un poco de descubrimiento… depende de cuáles sean las tareas, depende de la hora, depende de muchas cosas».
Una dinámica similar aparecía en la pareja formada por Marta y José, en la que la madre anticipaba asumir la responsabilidad principal, con la esperanza de que su pareja se implicara más con el tiempo:
Hay ciertas cosas que solo puede hacer la madre y… es así de verdad… no hay otra manera, él no puede hacerlo. En otras cosas, lo llamaré para que me ayude o para hacerlas juntos… Siempre me ha dicho que los recién nacidos le dan un miedo terrible… Creo que va a tener que perder ese miedo porque voy a necesitar ayuda. (Marta, pareja de José)
Su pareja admitía tener poca claridad:
Hasta podría decir que me encargaría de las tareas de la casa o del bebé, o al revés… Pero la realidad es que no [lo hemos hablado mucho]… No puedo decir algo así, porque no lo sé. No sé qué va a cambiar. (José, pareja de Marta)
En estas dos parejas, la madre había reflexionado más a fondo sobre la transición que se avecinaba y ya anticipaba las exigencias de su nuevo rol. El padre, por su parte, expresaba incertidumbre y reconocía una falta de preparación o de comunicación. En las cuatro parejas restantes de este grupo, ambos miembros daban respuestas vagas y breves, y a menudo indicaban que no habían pensado mucho en la transición a la parentalidad ni la habían hablado como pareja. Sus relatos carecían de detalle y de reflexión, lo que dificultaba identificar patrones claros o asignarlas a alguna de las demás tipologías. Estas parejas parecían abordar la transición con un bajo nivel de anticipación o de planificación, ya fuera por elección, por disposición o por autoprotección.
Además de las expectativas en torno a la cooperación, examinamos cómo las parejas que esperaban un bebé anticipaban sus necesidades de apoyo por parte de su pareja durante la transición a la parentalidad. La transcripción de cada participante se codificó en función de las menciones a temas de apoyo práctico y emocional. Las menciones múltiples se contabilizaron una sola vez por tema, y los códigos se agregaron tanto a nivel individual como diádico. La distribución de los temas entre las cinco tipologías de pareja se resume en la tabla complementaria S1. A continuación examinamos (a) los apoyos prácticos y emocionales subrayados con mayor frecuencia, (b) las diferencias entre las cinco categorías y (c) las diferencias de género en las expectativas de apoyo. En todas las categorías, las personas participantes subrayaron con frecuencia la importancia del diálogo, del apoyo emocional, de la disponibilidad y de la comprensión. Estos temas solían vincularse al deseo más amplio de cooperación mutua, incluso en las parejas con expectativas desiguales respecto de los roles de cuidado. Cabe destacar que el diálogo aparecía en todas las categorías, lo que refleja su papel central en la manera en que las parejas conciben el apoyo, sea cual sea su nivel de claridad o de congruencia. Temas como la intuición, la paciencia y la actitud positiva o la tranquilidad se observaron también en varios grupos, aunque con una frecuencia variable.
Las parejas clasificadas en Aprendizaje compartido presentaban el mayor número de temas de apoyo distintos, con el mayor número de menciones al diálogo (8), al apoyo emocional (6), al apoyo práctico (5) y a la comprensión (4). Esto refuerza el énfasis de su relato en el cuidado compartido y la reciprocidad. Este grupo fue también el único que hizo referencia a la ausencia de reproches, a la enseñanza y a la confianza, lo que indica consideraciones más diversas y reflexivas sobre lo que implica una relación de pareja que se apoya. En cambio, el grupo Ambiguo presentaba el menor número total de temas, a menudo con solo una o dos menciones por categoría. Sus respuestas solían ser vagas o generales, con una formulación limitada de necesidades concretas. Aun así, la presencia del diálogo, de la disponibilidad y de la validación sugiere que se reconocen algunas necesidades relacionales básicas, aunque no se desarrollen en profundidad. Los grupos Mentora–Aprendiz mostraban menos variación en los temas de apoyo. Entre ellos, el apoyo práctico aparecía de forma constante, pero el apoyo emocional solía describirse como dirigido a la madre, en consonancia con la asimetría de los cuidados descrita anteriormente. Tanto en las parejas Madre mentora/Padre aprendiz como en las parejas Madre mentora/Padre compañero, temas como «solo la madre necesita ayuda» ilustran además un enfoque unilateral del apoyo. En las parejas Madre compañera/Padre aprendiz, los temas «tiempo personal/que me dejen sola» y «comprensión de la falta de disponibilidad» aparecían con cierta regularidad. En estos casos, algunas madres expresaban el deseo de disponer de tiempo o espacio personal durante el periodo posparto, mientras que los padres se referían con más frecuencia a la posibilidad de no estar disponibles, sobre todo por exigencias laborales. Estos patrones sugieren que, aunque las madres anticipaban compartir las responsabilidades de cuidado, también reconocían que podrían necesitar tiempo para sí mismas. Los padres, por su parte, describían circunstancias que podrían limitar su implicación y subrayaban la importancia de que su pareja comprendiera estas limitaciones.
Además, para examinar las diferencias de género en las expectativas de apoyo, analizamos la frecuencia con la que las futuras madres y los futuros padres mencionaban cada tema. El número de personas que mencionaron cada tema al menos una vez figura en la tabla complementaria S2, que ilustra posibles diferencias de género en el apoyo anticipado y priorizado. La distribución de los temas por género pone de relieve patrones tanto compartidos como diferenciados en la manera en que las madres y los padres formulaban sus necesidades de apoyo. Aunque algunas expectativas aparecían en ambos grupos, como la disponibilidad, el diálogo, el apoyo emocional, la paciencia y la comprensión, la frecuencia y el enfoque de estos temas variaban. Las madres subrayaban con más frecuencia la necesidad de apoyo práctico y emocional, con 10 menciones al apoyo práctico y ocho al apoyo emocional, frente a solo una y cuatro, respectivamente, entre los padres. Las madres ponían además más énfasis en la intuición (8), la comprensión (9) y la actitud positiva o la tranquilidad (6), lo que sugiere que no se centraban solo en la ayuda logística, sino también en el mantenimiento del equilibrio emocional durante la transición. Cabe destacar que las madres fueron las únicas en mencionar temas como el tiempo personal, el ofrecimiento de tiempo personal, la iniciativa y la validación, lo que posiblemente refleja una anticipación del trabajo emocional y el deseo de espacio o de reconocimiento en su rol de cuidadoras. El tema de la preocupación por la depresión posparto apareció también exclusivamente entre las madres (5), lo que apunta a una mayor conciencia o inquietud respecto del periodo de recuperación tras el parto. Los padres, en cambio, mencionaban el diálogo con más frecuencia que las madres (10 frente a 5) y se referían más a menudo al deseo de continuidad (9 frente a 1), lo que sugiere una esperanza más marcada de que su vida en pareja siguiera siendo estable tras la llegada del bebé. También hacían referencia a temas como la escucha activa, la enseñanza y la confianza, y solo ellos mencionaron la necesidad de comprensión ante su falta de disponibilidad por motivos laborales (2), así como la idea de que «solo la madre necesita ayuda» (6). Estos temas sugieren que algunos padres concebían su papel más en términos de apoyo a su pareja o de adaptación en torno a sus responsabilidades laborales que en términos de necesidades de apoyo personales directas. En conjunto, aunque tanto las madres como los padres valoraban la conexión emocional y la comunicación abierta, los datos sugieren que las madres tendían a anticipar formas de apoyo más concretas y con más matices emocionales, mientras que los padres expresaban con más frecuencia formas de apoyo genéricas o dirigidas a su pareja, a veces acompañadas de expectativas de una menor disponibilidad.
Este estudio tenía como objetivo explorar cómo las parejas que esperan un bebé anticipan la cooperación interparental y el apoyo de la pareja en la transición a la parentalidad. Mediante un enfoque cualitativo diádico, entrevistamos a parejas en el tercer trimestre de embarazo para examinar cómo las creencias, los supuestos de género y las historias relacionales configuran las expectativas respecto de los roles coparentales. Analizando tanto las perspectivas individuales como la (in)congruencia de las parejas, identificamos cinco patrones principales de cooperación interparental anticipada: parejas de Aprendizaje compartido, parejas Mentora–Aprendiz, parejas Madre mentora/Padre compañero, parejas Madre compañera/Padre aprendiz y parejas ambiguas. Las parejas de Aprendizaje compartido sostenían expectativas congruentes sobre la coparentalidad como una experiencia de aprendizaje mutuo en la que ambos miembros desempeñan un papel activo en el cuidado. Estas parejas ponen el acento en el trabajo en equipo, el diálogo y el apoyo emocional, en consonancia con los datos según los cuales la implicación mutua y la comunicación facilitan la transición. Estudios previos han mostrado que la cooperación coparental y el apoyo de la pareja se asocian a mejores resultados en la relación (Volling & Cabrera, 2025), y que la calidad de la relación configura la manera en que los miembros de la pareja atraviesan la transición a la parentalidad y se reparten las responsabilidades de cuidado (Hiekel & Ivanova, 2023; Martin et al., 2023). La investigación longitudinal ha demostrado además que la coparentalidad de apoyo y la implicación paterna pueden seguir trayectorias distintas pero interconectadas, influyéndose mutuamente durante la transición a la parentalidad (Park et al., 2025). Las parejas Mentora–Aprendiz, por su parte, se caracterizan por la percepción concordante de que la madre tiene más pericia, mientras que el padre asume un papel de apoyo y de aprendizaje. Esta estructura es coherente con datos recientes según los cuales, pese al aumento de la implicación paterna, las madres siguen realizando la mayor parte del cuidado diario de los hijos y de los cuidados no remunerados y constituyen la mayoría de las personas que disfrutan de permisos parentales en Europa (OECD, 2025a, 2025b). Los imperativos biológicos percibidos (p. ej., la lactancia) y la estructura de los permisos se citaban con frecuencia. Los dispositivos institucionales pueden servir de andamiaje a las expectativas de género (Nomaguchi & Milkie, 2020). Incluso cuando las parejas esperan un reequilibrio posterior, los repartos marcados por el género suelen persistir en el tiempo (Nomaguchi & Milkie, 2020).
El contraste entre las parejas de Aprendizaje compartido y las parejas Mentora–Aprendiz se aprecia también en su lenguaje del apoyo. Las primeras ponen el acento en «ayudarse mutuamente» y en la «adaptación mutua», y las segundas presentan a los padres como ayudantes de las madres, lo que de hecho vuelve a situar en el centro el cuidado materno principal, patrones coherentes con los indicadores europeos de uso de los permisos y de uso del tiempo (OECD, 2023, 2025a, 2025b). Estos patrones no siempre son preferencias deliberadas. A menudo surgen como adaptaciones a limitaciones externas (p. ej., ingresos y seguridad laboral, dinámicas de uso de los permisos y normas sociales arraigadas; Hiekel & Ivanova, 2023; Martin et al., 2023; Perales et al., 2018; Todd & Gigerenzer, 2003). Desde las perspectivas de la economía de la familia y de la racionalidad limitada, la especialización posparto puede parecer eficiente bajo las limitaciones del posparto, pero puede asociarse a asignaciones desiguales (Goldin et al., 2024; Perales et al., 2018).
Un desafío clave se plantea en las parejas incongruentes, en particular aquellas en las que las madres anticipan asumir un papel de mentora mientras que los padres esperan una relación igualitaria. Estas expectativas desajustadas introducen una disonancia coparental que puede contribuir a un aumento del estrés y de la tensión relacional. La investigación sugiere que las brechas entre los roles parentales anticipados y los reales pueden generar malestar psicológico e impulsar una renegociación de roles (Bogdan et al., 2022; Doherty et al., 2025; Roy et al., 2013). Cuando los miembros de la pareja sostienen actitudes contrapuestas sobre los roles de género, las parejas refieren una menor satisfacción con la relación y una mayor dificultad para adaptarse a la parentalidad (Goldberg & Perry-Jenkins, 2004; Hiekel & Ivanova, 2023; Martin et al., 2023). En estos contextos puede surgir el gatekeeping materno (es decir, creencias y conductas que condicionan la implicación de los padres) (Schoppe-Sullivan et al., 2008), que puede reforzar la asimetría cuando las madres se perciben como más competentes. En las parejas en las que los padres expresan el deseo de implicarse activamente pero las madres consideran que necesitan orientación o que carecen de competencia, las conductas de gatekeeping, intencionadas o no, pueden reforzar dinámicas asimétricas y limitar las oportunidades de un cuidado verdaderamente compartido. Esta dinámica puede exacerbar las tensiones relacionales, en particular cuando los padres se sienten excluidos o cuando las madres experimentan una carga mayor por mantener la responsabilidad principal. A la inversa, la relativa escasez de incongruencias en sentido contrario, en las que las madres esperan un reparto igualitario pero los padres adoptan una postura más pasiva y orientada al aprendizaje, sugiere que muchos padres, al menos en principio, suscriben roles de cuidado igualitarios. Esto puede reflejar un alejamiento más amplio de los supuestos tradicionales, con menos padres que dan por hecho que su pareja asumirá la responsabilidad exclusiva o principal del cuidado del bebé. Aunque esta tendencia apunta a una creciente adhesión a ideales más igualitarios, la puesta en práctica efectiva de una parentalidad compartida puede seguir estando condicionada por otros factores. Por ejemplo, las diferencias en la experiencia previa de cuidado, la pericia materna percibida o creencias sutiles e interiorizadas sobre la competencia parental pueden llevar a los padres a asumir en la práctica un papel secundario, incluso cuando sus intenciones declaradas reflejan igualdad. Dicho de otro modo, aunque muchos padres aspiran a un cuidado igualitario, no siempre anticipan los desafíos que surgen en la práctica, como el hecho de remitirse, al principio, a la mayor familiaridad de su pareja con el cuidado del bebé. Mientras tanto, las madres, incluso las que valoran la igualdad, pueden esperar asumir más responsabilidad debido a sus propias experiencias previas de cuidado. La presión social hacia una «paternidad implicada» puede dar lugar a una retórica igualitaria sin planes concretos (Nomaguchi & Milkie, 2020). Tras el nacimiento, las diferencias de confianza y de habilidades pueden conducir a que la responsabilidad recaiga por defecto en la madre, y las parejas en las que ambos miembros trabajan pueden volver a repartos tradicionales pese a sus ideales prenatales (Yavorsky et al., 2015).
En cuanto a los patrones ambiguos, no tienen por qué equivaler a una «planificación escasa». La ambigüedad puede señalar una capacidad de acción limitada (p. ej., vinculada a recursos, información o normas de apoyo limitados; Sen, 1999) o un afrontamiento evitativo ante la ansiedad específica del embarazo (Guardino & Dunkel Schetter, 2014; Miller et al., 2024), unido a una menor autoeficacia parental (de Moor et al., 2023), o ambas cosas. Estos mecanismos también pueden coexistir: una persona puede tener una capacidad limitada para planificar y tomar decisiones, debido a limitaciones propias del contexto, y poner en marcha estrategias de afrontamiento evitativo como forma de mitigar la ansiedad que experimenta. Los trabajos futuros deberían medir las capacidades, el afrontamiento y la autoeficacia para distinguir la ambigüedad debida a las limitaciones de la debida a la evitación (Brunton et al., 2021).
La percepción de la maternidad como una experiencia intrínsecamente solitaria, descrita por una participante cuya pareja era un padre del grupo Ambiguo, suscita una preocupación más amplia por el aislamiento emocional en el periodo temprano de la crianza. Este relato coincide con investigaciones previas que muestran que el cuidado, en particular en sus primeras etapas, se vive a menudo como una experiencia que aísla, incluso en hogares con dos ingresos. La soledad puede ser frecuente en el posparto y se asocia a la reducción del contacto social, a los cambios de identidad y a las normas de maternidad intensiva (Nowland et al., 2024), con costes para la salud mental (Adlington et al., 2023). Concebir las necesidades de apoyo como carga emocional y mental (Daminger, 2019) permite comprender por qué las parejas deben compartir en la coparentalidad no solo el «hacer», sino también la anticipación y la supervisión; las asimetrías en este trabajo invisible se relacionan con la tensión y con una menor calidad del tiempo (Craig & Brown, 2017).
Nuestros hallazgos sugieren además que las expectativas de apoyo durante la transición a la parentalidad están configuradas por patrones de género, incluso en las parejas que expresan ideales igualitarios. Las madres de las parejas de Aprendizaje compartido eran las que formulaban con más frecuencia necesidades concretas de apoyo práctico, lo que coincide con los resultados según los cuales las madres siguen siendo las principales coordinadoras incluso en los arreglos compartidos (Nomaguchi & Milkie, 2020) y soportan una carga desproporcionada de coordinación y de tiempo (Craig & Brown, 2017; Daminger, 2019). En cambio, los padres conciben a menudo su papel como un apoyo a la madre (p. ej., aliento emocional o ayuda estructural y periférica) más que especificar tareas de cuidado directas (Eddy & Fife, 2021). Estos patrones señalan la importancia de abordar no solo las expectativas de rol, sino también las formas sutiles en que se interiorizan y se expresan las identidades de cuidado. Los padres, en especial los que se identificaban como aprendices, situaban a menudo el apoyo a la madre como prioridad y relegaban sus propias necesidades. Aunque esta dinámica puede servir de amortiguador temporal para las madres de las parejas Mentora–Aprendiz, al proporcionarles el apoyo necesario durante el posparto temprano, también conlleva el riesgo de reforzar a largo plazo las desigualdades en la carga de trabajo parental y en el trabajo emocional.
En cuanto a las limitaciones, la muestra de este estudio se reclutó mediante un muestreo en bola de nieve que, aunque eficaz para llegar a las parejas que esperan un bebé, puede haber dado lugar a una muestra no plenamente representativa de quienes tienen su primer bebé en Portugal. Los estudios futuros podrían recurrir a un muestreo estratificado o aleatorio. Este estudio se centró también exclusivamente en el contexto portugués, lo que significa que los resultados están configurados por el marco sociocultural y político específico del país. Las entrevistas basadas en el autoinforme pueden verse afectadas por la deseabilidad social. Los padres, en particular, pueden haber sobrestimado su intención de participar por igual en las tareas de cuidado, dada la creciente valoración social de la paternidad implicada. Al mismo tiempo, las respuestas de las madres también pueden reflejar sesgos de deseabilidad social, en particular los vinculados al ideal cultural de la buena maternidad, que valora la centralidad emocional, el sacrificio de sí y la disponibilidad constante. Así, las madres podrían subrayar o aceptar la primacía en el cuidado no solo como una organización práctica, sino como reflejo de normas interiorizadas o de expectativas morales. Aunque la realización de entrevistas individuales minimizó la influencia de la pareja en las respuestas y permitió explorar las perspectivas personales, este método limitó también la comprensión de cómo se negocian las expectativas en tiempo real. Los estudios futuros podrían completar los datos de entrevista con métodos observacionales para captar las dinámicas interactivas. Por último, nuestra muestra presentaba un sesgo hacia un nivel educativo más alto e incluía a muchas futuras madres con empleo. El empleo materno es frecuente en Portugal (OECD, 2023) y el mayor nivel educativo de nuestra muestra puede asociarse a una mayor reflexividad. La adhesión a roles igualitarios está también muy extendida en la UE (European Commission, 2024), pero la capacidad real de llevar a la práctica los ideales puede variar según los recursos disponibles (p. ej., flexibilidad laboral, permisos, servicios de cuidado infantil, apoyo social). Los trabajos futuros deberían reclutar a participantes de distintos niveles socioeconómicos o regiones, diferenciar la adhesión de la viabilidad y seguir a las parejas desde el final del embarazo hasta los 12–18 meses posparto para comprobar si la (in)congruencia, el apoyo y el afrontamiento predicen el reparto del trabajo, el malestar y la satisfacción coparental (p. ej., modelos de perfiles latentes/de transición o modelos de efectos mixtos).
En conjunto, nuestros hallazgos ilustran múltiples vías a través de las cuales las parejas que esperan un bebé se preparan para la transición coparental y la anticipan. Estas dinámicas están configuradas por los sistemas de creencias individuales, las historias relacionales diádicas y las expectativas socioculturales más amplias, lo que refuerza la necesidad de examinar la adaptación coparental desde una perspectiva diádica (Van Egeren, 2004). Desde el punto de vista metodológico, la investigación sobre las relaciones ha subrayado los enfoques diádicos (Eisikovits & Koren, 2010), poniendo de relieve el valor de captar las perspectivas de ambos miembros de la pareja al analizar las experiencias coparentales. Nuestro estudio contribuye a la investigación existente al subrayar la importancia de tener en cuenta las expectativas de ambos miembros de la pareja para comprender la adaptación posnatal a partir de las expectativas prenatales. La investigación previa sugiere que la congruencia coparental, en la que los miembros de la pareja comparten expectativas similares sobre el cuidado, puede favorecer la estabilidad relacional y el bienestar psicológico en el posparto (Van Egeren, 2004). Los estudios sobre el reparto del trabajo y la cooperación coparental ponen también de relieve los beneficios de unas expectativas claramente definidas y mutuamente acordadas respecto de los roles de cuidado (Goldberg & Perry-Jenkins, 2004). Las intervenciones futuras deberían ayudar a las parejas que esperan un bebé a formular y negociar estas expectativas, en particular cuando normas de género implícitas pueden crear disonancias ocultas.
Estos hallazgos ponen de relieve, además, que las parejas que esperan un bebé organizan sus expectativas de cooperación y de apoyo según patrones diferenciados, lo que sugiere que las intervenciones pueden adaptarse a cada configuración, poniendo el acento en la comunicación abierta. Para profesionales de la terapia de pareja, una sesión prenatal puede ayudar a ambos miembros a formular los supuestos implícitos, a cartografiar las convergencias y divergencias en el cuidado esperado y a traducir los valores compartidos en rutinas concretas. Una sencilla ficha de trabajo «Lo que yo espero/Lo que tú esperas/Lo que intentaremos/Plan alternativo» puede hacer visibles y negociables las expectativas y evitar que se acumulen resentimientos ocultos. Es esencial hablar de las necesidades de apoyo tanto prácticas como emocionales, dado que las madres suelen formular necesidades de consuelo y de descanso, mientras que los padres insisten en el diálogo y en la continuidad de la vida en pareja. Para profesionales de la educación prenatal y para quienes diseñan las políticas públicas, estas aportaciones pueden orientar módulos estructurados y diseños de permisos que promuevan una auténtica coparentalidad. Breves ejercicios de formulación de expectativas en las clases de preparación al parto y políticas que garanticen un permiso protegido e intransferible para el segundo progenitor pueden traducir las intenciones de igualdad en la práctica cotidiana. Dado que los patrones de cooperación ya son visibles antes del nacimiento, el diálogo temprano y una planificación concreta pueden ayudar a las parejas a pasar de los ideales de una parentalidad compartida a una igualdad vivida y sostenible.
Complexe Systémique: puntos clave
El estudio desplaza la mirada hacia antes del nacimiento: la coparentalidad no empieza con el parto, ya se imagina durante el embarazo, y estos escenarios difieren a menudo de un miembro de la pareja al otro. Las cinco configuraciones identificadas interpelan directamente a la clínica: la pareja que aprende junta, aquella en la que la madre guía y el padre aprende y, sobre todo, las parejas incongruentes, en las que el padre se ve como un compañero en pie de igualdad mientras que la madre espera llevar la iniciativa, o a la inversa. En ellas puede leerse el efecto de las normas (la lactancia presentada como natural, los permisos disfrutados íntegramente por la madre) sobre arreglos vividos como elecciones, así como el riesgo de soledad materna cuando la pareja se mantiene en la vaguedad. Para la terapia de pareja, la pista es concreta: una sesión prenatal para hacer visibles las expectativas implícitas, con una sencilla ficha de trabajo, «lo que yo espero, lo que tú esperas, lo que intentaremos, plan alternativo». Los límites residen en una muestra portuguesa pequeña, heterosexual, con un nivel educativo más bien alto y reclutada en bola de nieve, en entrevistas realizadas antes del nacimiento sin seguimiento y en testimonios transmitidos a través de la traducción. Para leer junto con el artículo sobre el apoyo a la coparentalidad y el artículo sobre la pareja en la encrucijada entre conyugalidad y parentalidad.
Notas del original
Agradecimientos. Financiación de la publicación en acceso abierto proporcionada por FCT (b-on).
Referencias
Adlington, K., Vasquez, C., Pearce, E., Wilson, C. A., Nowland, R., Taylor, B. L., Spring, S., & Johnson, S. (2023). ‘Just snap out of it’ – the experience of loneliness in women with perinatal depression: A meta-synthesis of qualitative studies. BMC Psychiatry, 23, Article 110. https://doi.org/10.1186/s12888-023-04532-2
Blixt, I., Axelsson, O., & Funkquist, E. L. (2024). Partners' experiences of breastfeeding: A qualitative evaluation of a breastfeeding support intervention in Sweden. International Breastfeeding Journal, 19, Article 6. https://doi.org/10.1186/s13006-023-00609-6
Bogdan, I., Turliuc, M. N., & Candel, O. S. (2022). Transition to parenthood and marital satisfaction: A meta-analysis. Frontiers in Psychology, 13, Article 901362. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2022.901362
Braun, V., & Clarke, V. (2006). Using thematic analysis in psychology. Qualitative Research in Psychology, 3(2), 77–101. https://doi.org/10.1191/1478088706qp063oa
Braun, V., & Clarke, V. (2021). Thematic analysis: A practical guide. Sage.
Braun, V., & Clarke, V. (2022). Toward good practice in thematic analysis: Avoiding common problems and be(com)ing a knowing researcher. International Journal of Transgender Health, 24(1), 1–6. https://doi.org/10.1080/26895269.2022.2129597
Brugaillères, P., Deguen, S., Lioret, S., Haidar, S., Delamaire, C., Counil, E., & Vandentorren, S. (2024). Maternal employment characteristics as a structural social determinant of breastfeeding after return to work in the European Region: A scoping review. International Breastfeeding Journal, 19, Article 38. https://doi.org/10.1186/s13006-024-00643-y
Brunton, R., Gosper, K., & Dryer, R. (2021). Psychometric evaluation of the pregnancy-related anxiety scale: Acceptance of pregnancy, avoidance, and worry about self subscales. Journal of Affective Disorders, 278, 341–349. https://doi.org/10.1016/j.jad.2020.09.064
Cabrera, N. J. (2020). Father involvement, father-child relationship, and attachment in the early years. Attachment & Human Development, 22(1), 134–138. https://doi.org/10.1080/14616734.2019.1589070
Craig, L., & Brown, J. E. (2017). Feeling rushed: Gendered time quality, work hours, nonstandard schedules, and spousal support. Journal of Marriage and Family, 79(1), 225–242. https://doi.org/10.1111/jomf.12320
Daminger, A. (2019). The cognitive dimension of household labor. American Sociological Review, 84(4), 609–633. https://doi.org/10.1177/0003122419859007
de Moor, M. H. M., Verhage, M. L., & Oosterman, M. (2023). Measuring parenting self-efficacy from pregnancy into early childhood: Longitudinal factor analysis and measurement invariance. Parenting, 23(3–4), 219–239. https://doi.org/10.1080/15295192.2023.2268130
Doherty, J., Folan, M., O'Donoghue, A., Gill, L., Sheehy, L., Brophy, C., & Coughlan, B. (2025). The early motherhood expectations versus reality study. Families, Systems, & Health, 43(2), 367–381. https://doi.org/10.1037/fsh0000995
Doss, B. D., Rhoades, G. K., Stanley, S. M., & Markman, H. J. (2009). The effect of the transition to parenthood on relationship quality: An 8-year prospective study. Journal of Personality and Social Psychology, 96(3), 601–619. https://doi.org/10.1037/a0013969
Eddy, B. P., & Fife, S. T. (2021). Active husband involvement during pregnancy: A grounded theory. Family Relations, 70(4), 1222–1237. https://doi.org/10.1111/fare.12486
Eisikovits, Z., & Koren, C. (2010). Approaches to and outcomes of dyadic interview analysis. Qualitative Health Research, 20(12), 1642–1655. https://doi.org/10.1177/1049732310376520
Estlein, R., & Shai, D. (2024). Dyadic prenatal coparenting interaction behaviors predicting postpartum depressive symptoms during the transition to parenthood. European Journal of Investigation in Health, Psychology and Education, 14(6), 1722–1734. https://doi.org/10.3390/ejihpe14060114
European Commission. (2024). Employment and social developments in Europe: Egalitarian, traditional or neither? Gender attitudes towards work across EU member states. Publications Office of the European Union. https://data.europa.eu/doi/10.2767/3020473
Feinberg, M. E. (2003). The internal structure and ecological context of coparenting: A framework for research and intervention. Parenting: Science and Practice, 3(2), 95–131. https://doi.org/10.1207/S15327922PAR0302_01
Festinger, L. (1957). A theory of cognitive dissonance. Stanford University Press. https://doi.org/10.1515/9781503620766
Goldberg, A. E., & Perry-Jenkins, M. (2004). Division of labor and working-class women's well-being across the transition to parenthood. Journal of Family Psychology, 18(1), 225–236. https://doi.org/10.1037/0893-3200.18.1.225
Goldin, C., Kerr, S. P., & Olivetti, C. (2024). The parental pay gap over the life cycle: Children, jobs, and labor supply. Journal of Economic Dynamics and Control, 169, Article 104963. https://doi.org/10.1016/j.jedc.2024.104963
Government of Portugal. (2025). Having a child: Parental leave and allowance in Portugal. https://www2.gov.pt/en/guias/ter-uma-crianca/licenca-parental
Guardino, C. M., & Dunkel Schetter, C. (2014). Coping during pregnancy: A systematic review and recommendations. Health Psychology Review, 8(1), 70–94. https://doi.org/10.1080/17437199.2012.752659
Hiekel, N., & Ivanova, K. (2023). Changes in perceived fairness of division of household labor across parenthood transitions: Whose relationship satisfaction is impacted? Journal of Family Issues, 44(4), 1046–1073. https://doi.org/10.1177/0192513X211055119
Hochschild, A. R., & Machung, A. (2012). The second shift: Working families and the revolution at home ( Rev. ed.). Penguin Books.
Instituto Nacional de Estatística. (2025). Beneficiários de licença parental inicial, de segurança social, por sexo: Portugal [Beneficiaries of initial parental leave, from social security, by gender: Portugal] [Statistical database]. https://www.ine.pt/xportal/xmain?contecto=pi&indOcorrCod=0013403&selTab=tab0&xlang=en
Leahy-Warren, P., & McCarthy, G. (2011). Maternal parental self-efficacy in the postpartum period. Midwifery, 27(6), 802–810. https://doi.org/10.1016/j.midw.2010.07.008
Lindroos, E., Räikkönen, E., Malinen, K., Leach, L., Matias, M., & Rönkä, A. K. (2026). Prenatal expectations as predictors of postnatal coparenting: Moderation effect of psychological distress. Journal of Marriage and Family, 88(1), 130–144. https://doi.org/10.1111/jomf.70001
Manning, J., & Kunkel, A. (2014). Making meaning of meaning-making research: Using qualitative research methods for studies of social and personal relationships. Journal of Social and Personal Relationships, 31(4), 433–441. https://doi.org/10.1177/0265407514525890
Manning, J., & Kunkel, A. (2015). Qualitative approaches to dyadic data analyses in family communication research: An invited essay. Journal of Family Communication, 15(3), 185–192. https://doi.org/10.1080/15267431.2015.1043434
Martin, E., Dahlin, M., Ocampo, C., Reich, S. M., & Cabrera, N. (2023). How new mothers' and fathers' allocation of tasks relate to their coparenting relationship. Journal of Family Issues, 45(11), 2711–2732. https://doi.org/10.1177/0192513X231211460
McHale, J. P., & Rotman, T. (2007). Is seeing believing? Expectant parents' outlooks on coparenting and later coparenting solidarity. Infant Behavior & Development, 30(1), 63–81. https://doi.org/10.1016/j.infbeh.2006.11.007
Miller, M. L., Jiang, L. J., & O'Hara, M. W. (2024). Experiential avoidance as a mediator of risk factors for higher order internalizing psychopathology in the perinatal period. Journal of Clinical Psychology, 80(3), 625–645. https://doi.org/10.1002/jclp.23644
Nomaguchi, K., & Milkie, M. A. (2020). Parenthood and well-being: A decade in review. Journal of Marriage and Family, 82(1), 198–223. https://doi.org/10.1111/jomf.12646
Nowland, R., Charles, J., & Thomson, G. (2024). Loneliness in pregnancy and parenthood: Impacts, outcomes, and costs. The Yale Journal of Biology and Medicine, 97(1), 93–98. https://doi.org/10.59249/NKTK3337
OECD. (2023). LMF1.2 — Maternal employment rates (OECD Family Database). https://oe.cd/fdb
OECD. (2025a). Gender equality in a changing world: Taking stock and moving forward. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/e808086f-en
OECD. (2025b). Paid leave for fathers: An international comparison [Full report]. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/07442bed-en
Park, S., Barnett, M. A., & Mastergeorge, A. M. (2025). Dual trajectories of supportive coparenting and father involvement: Parental predictors and influences. Family Relations, 74(1), 44–62. https://doi.org/10.1111/fare.13085
Perales, F., Jarallah, Y., & Baxter, J. (2018). Men's and women's gender-role attitudes across the transition to parenthood: Accounting for child's gender. Social Forces, 97(1), 251–276. https://doi.org/10.1093/sf/soy015
Perry-Jenkins, M., & Claxton, A. (2011). The transition to parenthood and the reasons “Momma Ain't Happy.” Journal of Marriage and Family, 73(1), 23–28. https://doi.org/10.1111/j.1741-3737.2010.00785.x
Roy, R. N., Schumm, W. R., & Britt, S. L. (2013). Expectations. In R. N. Roy, W. R. Schumm, & S. L. Britt (Eds.), Transition to parenthood (pp. 111–124). Springer Science & Business Media.
Schoppe-Sullivan, S. J., Brown, G. L., Cannon, E. A., Mangelsdorf, S. C., & Sokolowski, M. S. (2008). Maternal gatekeeping, coparenting quality, and fathering behavior in families with infants. Journal of Family Psychology, 22(3), 389–398. https://doi.org/10.1037/0893-3200.22.3.389
Seefeld, L., Handelzalts, J. E., Horesh, D., Horsch, A., Ayers, S., Dikmen-Yildiz, P., Kömürcü Akik, B., & Garthus-Niegel, S. (2024). Going through it together: Dyadic associations between parents' birth experience, relationship satisfaction, and mental health. Journal of Affective Disorders, 348, 378–388. https://doi.org/10.1016/j.jad.2023.12.044
Sen, A. (1999). Development as freedom. Knopf.
Todd, P. M., & Gigerenzer, G. (2003). Bounding rationality to the world. Journal of Economic Psychology, 24(2), 143–165. https://doi.org/10.1016/S0167-4870(02)00200-3
Van Egeren, L. A. (2004). The development of the coparenting relationship over the transition to parenthood. Infant Mental Health Journal, 25(5), 453–477. https://doi.org/10.1002/imhj.20019
Volling, B. L., & Cabrera, N. J. (2025). Loving, laughing, and learning: How father–child relationships contribute to children's development in early childhood. Annual Review of Developmental Psychology, 7, 141–165. https://doi.org/10.1146/annurev-devpsych-121020-034300
Wang, Y., Gu, J., Zhang, F., & Xu, X. (2023). The effect of perceived social support on postpartum stress: The mediating roles of marital satisfaction and maternal postnatal attachment. BMC Women's Health, 23(1), Article 482. https://doi.org/10.1186/s12905-023-02593-9
Witkowska-Zimny, M., Zhyvotovska, A., Isakov, R., Boiko, D. I., & Nieradko-Iwanicka, B. (2024). Maternal sleeping problems before and after childbirth: A systematic review. International Journal of Women's Health, 16, 345–371. https://doi.org/10.2147/IJWH.S446490
World Health Organization. (2023, December 20). Infant and young child feeding [Fact sheet]. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/infant-and-young-child-feeding
Yavorsky, J. E., Dush, C. M., & Schoppe-Sullivan, S. J. (2015). The production of inequality: The gender division of labor across the transition to parenthood. Journal of Marriage and the Family, 77(3), 662–679. https://doi.org/10.1111/jomf.12189
You, H. (2023). Parental leave practice in Sweden and gender equality: A qualitative study on dynamics in Swedish parents' leave-sharing choices [Unpublished master's thesis]. Lund University.
Traducción no oficial de Dyadic expectations of cooperation and support in the transition to parenthood, de Beatriz Melim, Marisa Matias, Carolina Garraio, Sabine Walper y Paula Mena Matos, Family Relations, vol. 75, n.o 3 (2026), doi: 10.1111/fare.70097, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Esta es una traducción del artículo original «Dyadic expectations of cooperation and support in the transition to parenthood», publicado en Family Relations (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Melim, B., Matias, M., Garraio, C., Walper, S., et Mena Matos, P. (2026). Dyadic expectations of cooperation and support in the transition to parenthood. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/dyadic-expectations-of-cooperation-and-support-in-the-transition-to-parenthood (Obra original publicada en 2026 en Family Relations, 75(3), 1999-2017 (2026); republicada en 2026 por Family Relations, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/fare.70097)
Para profundizar