Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Journal of Family Therapy · Terapia familiar
¿Qué viven las familias cuando un equipo, detrás de un espejo o en la propia sala, comenta su sesión en voz alta? Rachael Harris y Jon Crossley, de la Universidad de Leicester, reunieron once estudios cualitativos sobre el equipo reflexivo ideado por Tom Andersen. La experiencia resulta primero extraña, a veces abrumadora; se vuelve útil cuando hay seguridad, un equipo diverso y esperanza.
Traducción no oficial al español de A systematic review and meta-synthesis exploring client experience of reflecting teams in clinical practice, de Rachael Harris y Jon Crossley, publicado en Journal of Family Therapy (Wiley) (2021), doi: 10.1111/1467-6427.12346, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de listas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
El equipo debe crear una sensación de seguridad para que las personas participantes se impliquen.
Rachael Harris y Jon Crossley
Resumen
Escasea la evidencia fácilmente accesible sobre el impacto de los equipos reflexivos en terapia familiar. Hacía falta una síntesis de la literatura para aportar claridad y comprensión sobre la experiencia que las personas consultantes tienen del proceso. Se realizó una búsqueda sistemática de la literatura sobre el equipo reflexivo y se identificaron 11 artículos con metodologías cualitativas. Los resultados de estos estudios se sintetizaron mediante metaetnografía. Se identificaron tres temas: «inusual y extraño», «conversaciones únicas» y «entorno terapéutico». El proceso del equipo reflexivo resultaba inesperado y singular, pero podía ser útil cuando las personas se sentían seguras y comprendidas. Aunque al principio se reciben como una experiencia rara e inusual, los equipos reflexivos suelen considerarse un enfoque eficaz y útil en la terapia familiar y de pareja. Conviene tomar precauciones adicionales para que las personas consultantes se sientan capaces de implicarse en el proceso y evitar que se vuelva abrumador e inútil.
Puntos para la práctica
El presente estudio se propuso sintetizar la investigación sobre el uso de los equipos reflexivos desde la perspectiva de las personas consultantes, para orientar la comprensión del valor de este método en contextos clínicos. A la escuela sistémica de Milán (Selvini Palazzoli et al., 1979) se le atribuye la «primera generación» del enfoque del equipo reflexivo. En este modelo, la persona designada como terapeuta conducía una sesión con la familia mientras el equipo terapéutico escuchaba detrás de un espejo unidireccional. Luego salía y mantenía una conversación reflexiva con el equipo fuera del espacio terapéutico. A continuación decidía qué partes de esa discusión trasladar a la familia.
Al parecer, a Tom Andersen le incomodaba la falta de colaboración con las personas consultantes en este proceso, así como la posición «experta» de quien conducía la sesión y de quienes formaban el equipo (Haley, 2002). Al llevar la conversación del equipo al espacio terapéutico, la familia podía escuchar las ideas por sí misma. Estas nuevas ideas permitían a una familia considerar perspectivas alternativas y abrirse a otra manera de estar juntos (Andersen, 1987). Este método se conoce hoy comúnmente como «equipo reflexivo» (Andersen, 1991). Incluir a las personas consultantes en discusiones que antes se mantenían lejos de ellas permitió una mayor colaboración entre consultantes y terapeutas (Andersen, 2007; Haley, 2002).
Los equipos reflexivos se han utilizado en diversos contextos clínicos, entre ellos la terapia familiar (Jenkins, 1996), la terapia de pareja (Allan et al., 2019), los contextos de salud física (West et al., 2015), los servicios de discapacidad intelectual (Anslow, 2013) y los servicios de adicciones (Garrido-Fernandez et al., 2017). Pese a su uso extendido en terapia familiar, la literatura sobre el proceso del equipo reflexivo es limitada (Willot et al., 2012). La literatura disponible pone de relieve que el impacto en las personas consultantes puede ser diverso. Kleist (1999) constató que el proceso del equipo reflexivo podía mejorar la alianza terapéutica y acelerar así los resultados terapéuticos. Brownlee et al. (2009), en cambio, constataron que el equipo no siempre se consideraba una intervención positiva, aunque la mayoría de consultantes apreciaba algunos aspectos de la experiencia. Tseliou y su equipo (2020a, 2020b) realizaron una metasíntesis sobre el proceso de cambio en la terapia sistémica. Constataron que los equipos reflexivos podían ser un obstáculo por tratarse de una práctica poco familiar, pero que, en conjunto, el equipo se consideraba una experiencia positiva (Tseliou et al., 2020b).
Dada la escasez y la diversidad de la literatura disponible, se ha sostenido que hace falta más investigación para comprender cómo funcionan los equipos reflexivos (Heatherington, Friedlander & Greenberg, 2005), con distintos grupos de consultantes y distintas metodologías (Kleist, 1999). Para orientar e informar eficazmente esta investigación, se necesitan revisiones que reúnan y sinteticen los resultados dispersos.
Las revisiones de la literatura anteriores ofrecían un esbozo descriptivo de la investigación disponible, sin búsqueda sistemática de la literatura ni análisis crítico de los estudios revisados. Esta revisión sistemática sintetiza y evalúa, por tanto, la investigación cualitativa reciente, para mejorar la comprensión de la experiencia que las personas consultantes tienen del proceso del equipo reflexivo. Se centra exclusivamente en investigaciones de enfoque cualitativo por dos razones principales. En primer lugar, basarse en una sola metodología ha aportado mayor coherencia al análisis de los datos y ha permitido extraer conclusiones más claras y coherentes. En segundo lugar, las filosofías del construccionismo y de la fenomenología que subyacen al enfoque del equipo reflexivo (Jenkins, 1996) se prestan a una exploración mediante datos cualitativos.
Unas búsquedas exploratorias iniciales examinaron la literatura disponible y ayudaron a generar palabras clave pertinentes. Se consultó PROSPERO por si existían revisiones ya registradas, pero no se identificó ninguna. Andersen utilizó los términos «reflecting team» (equipo reflexivo) y «reflecting process» (proceso reflexivo) para describir el enfoque (Roberts, 2009), por lo que ambos se incluyeron en la presente revisión a fin de recoger el mayor número posible de artículos pertinentes.
También se utilizaron términos de búsqueda más amplios, debido a la escasez de literatura y para garantizar que toda la investigación pertinente quedara recogida en la presente revisión. Dixon-Woods et al. (2006) sugieren que las estrategias de búsqueda amplias pueden ser beneficiosas cuando se sintetizan constructos para desarrollar un nuevo significado en torno a la pregunta de revisión elegida. La estrategia de búsqueda se presenta en la tabla 1. Se consultaron con las palabras clave las bases de datos PsychINFO, Web of Science, Medline y Scopus, que representaban una amplia gama de fuentes. Una búsqueda de literatura gris en Google Scholar y una búsqueda manual en los artículos pertinentes no aportaron ningún artículo más. Estas búsquedas se completaron entre noviembre de 2019 y enero de 2020. Los artículos fueron cribados por una de las personas firmantes, pero el proceso fue supervisado por la otra y discutido con ella.
Tabla 1 — Estrategia de búsqueda
Se decidió que buscar artículos publicados en los últimos 20 años proporcionaría una gama adecuada de estudios apropiados. Las búsquedas exploratorias iniciales encontraron una revisión exhaustiva realizada por Kleist en 1999. Se concluyó, por tanto, que revisar la literatura de los últimos 20 años permitiría incluir tanta investigación como fuera posible sin duplicar trabajos anteriores.
La experiencia de las personas consultantes se definió como la perspectiva de una sola persona usuaria y/o de su pareja o de un miembro de su familia. El equipo reflexivo se operacionalizó como un equipo de terapeutas y/o de personal sanitario que presenciaba una sesión de terapia y compartía sus reflexiones, ya fuera directamente con quien conducÃa la terapia, ya con las personas asistentes y con quien conducÃa la terapia. Se encontraba en la misma sala que la sesión de terapia o en una sala separada, pero siguiendo la sesión en directo. Esto daba margen para incluir la mayor variedad posible de versiones del enfoque.
Por investigación cualitativa se entendió cualquier metodología que explorara y analizara datos descriptivos ricos. Podía tratarse de relatos retrospectivos de la experiencia de consultantes o del diálogo dentro de la sesión. Se decidió que sería útil reunir la experiencia vivida en sesión y la experiencia retrospectiva, pese a sus distintas posiciones epistemológicas, dada la limitada literatura disponible y para obtener la comprensión más amplia posible del proceso del equipo reflexivo.
Los demás criterios de inclusión y exclusión se detallan en la tabla 2.
Tabla 2 — Criterios de inclusión/exclusión
La figura 1 describe el proceso de búsqueda mediante un diagrama de flujo PRISMA (Moher et al., 2009), con la lista de motivos de exclusión. Los doce artículos restantes se sometieron a un proceso de evaluación de la calidad.

Evaluar el nivel de investigaciones cualitativas diversas exige un enfoque amplio para valorar plenamente las distintas maneras en que se emplearon los diferentes métodos. Se consideró que el marco de Caldwell et al. (2011) ofrecía un alcance adecuado, por lo que se tomó como base y se adaptó para apoyar la evaluación de la calidad de los artículos restantes. Solo se conservaron las preguntas relativas a la investigación cualitativa, y los artículos se puntuaron según cumplieran o no los criterios especificados. Se puntuaron como cumpliendo los criterios por completo (puntuación 2), en cierta medida (puntuación 1) o en absoluto (puntuación 0). Todo artículo con una puntuación de 0 en alguna pregunta quedó excluido del análisis (tabla 3). Las puntuaciones totales de cada artículo sirvieron para valorar su contribución a la síntesis.
Tabla 3 — Puntuaciones de la evaluación de la calidad
Puntuaciones en el orden: Allan et al. (2019); Anslow (2013); Egeli et al. (2014a); Egeli et al. (2014b); Egeli et al. (2014c); Lever y Gmeiner (2000); Mitchell et al. (2014); Munro et al. (2008); Parker y O’Reilly (2013); Pender y Stinchfield (2014); West et al. (2015); Williams y Auburn (2016).
Clave: 0, no cumple los criterios; 1, cumple los criterios en cierta medida; 2, cumple los criterios por completo.
Algunos estudios carecían de claridad en cuanto a la metodología y los detalles del análisis de datos, señalados como marcadores de calidad importantes en el marco de Caldwell et al. (2011), y recibieron en consecuencia puntuaciones más bajas. Se asignaron puntuaciones más bajas a la conclusión cuando los detalles descriptivos de los resultados se priorizaban frente a una discusión rica de las implicaciones, o cuando la discusión de las limitaciones o las sugerencias para futuras investigaciones faltaban o eran vagas. Un artículo quedó excluido del análisis (Lever & Gmeiner, 2000) porque no hacía referencia alguna a consideraciones éticas, uno de los criterios del marco. Dos artículos obtuvieron puntuaciones relativamente bajas en comparación con los demás (Egali et al., 2014a; Williams & Auburn, 2016). Se consideró que estas puntuaciones indicaban un nivel suficiente para contribuir a la síntesis, pero tuvieron menos peso en el análisis.
Los resultados representan las opiniones de más de 120 personas. Las edades declaradas de participantes iban de 2 a 66 años. Cinco estudios informaron de la etnicidad de participantes. Las treinta y cinco personas participantes cuya etnicidad se indicó fueron descritas como británicas blancas o caucásicas. Los estudios se realizaron en contextos tradicionalmente occidentales, como el Reino Unido (n = 3), Estados Unidos (n = 2), Canadá (n = 4) y Australia (n = 2).
Los once estudios se realizaron en el contexto de la atención comunitaria en salud mental, incluidos servicios para personas sordas (Munro et al., 2008), servicios comunitarios de discapacidad intelectual (Anslow, 2013), servicios de orientación familiar y de pareja (Egeli et al., 2014a, 2014b, 2014c; Mitchell et al., 2014; Parker & O’Reilly, 2013; Pender & Stinchfield, 2014; Williams & Auburn, 2016) y contextos de salud física (West et al., 2015). Siete de los once artículos mencionaban integrantes del equipo reflexivo que estaban en formación (Allan et al., 2019; Egeli et al., 2014a, 2014b, 2014c; Munro et al., 2008; Pender & Stinchfield, 2014; West et al., 2015). Las características de cada estudio se resumen en la tabla 4.
Tabla 4 — Características de los estudios
Ocho artículos se centraron en relatos directos de la experiencia de consultantes (Allan et al., 2019; Anslow, 2013; Egeli et al., 2014a, 2014b, 2014c; Mitchell et al., 2014; Munro et al., 2008; Pender & Stinchfield, 2014), y tres en la interacción entre consultantes y terapeutas (Parker & O’Reilly, 2013; West et al., 2015; Williams & Auburn, 2016). Los datos de seis participantes se utilizaron en tres estudios (Egeli et al., 2014a, 2014b, 2014c). Todos los estudios salvo uno recogieron sus datos mediante entrevistas con las personas participantes. Williams y Auburn (2016) utilizaron el análisis conversacional de transcripciones de terapia familiar grabada en vídeo para explorar las interacciones entre consultantes y terapeutas.
Una síntesis de datos cualitativos puede ofrecer explicaciones que quizá no serían posibles a partir de estudios individuales (Paterson, 2012). Las revisiones anteriores eran de naturaleza agregativa, y se consideró que una síntesis integradora podía reunir estas experiencias para revisar la comprensión actual de cómo pueden utilizarse de forma óptima los equipos reflexivos.
La metaetnografía (Noblit & Hare, 1988) traslada los resultados de cada artículo a los demás, generando temas y conceptos transversales. La metaetnografía permitió reunir estos artículos diversos y traducirlos unos a otros, admitiendo a la vez las refutaciones entre artículos. La sección de resultados de cada artículo seleccionado se sometió a una codificación detallada, que dio lugar a temas descriptivos representativos del artículo inicial. El análisis se centró principalmente en las citas de consultantes, pero también se tuvieron en cuenta las interpretaciones de la autoría, ya que habían sido decisivas en la selección de cada cita. A medida que se analizaba cada nuevo artículo, surgían nuevos conceptos que se sintetizaban en temas interpretativos transversales que iban más allá de los análisis de cada artículo.
Se identificaron tres temas conceptuales centrales: la percepción del equipo reflexivo como «inusual y extraño», las «conversaciones únicas» vividas en la terapia con un equipo y el reconocimiento del «entorno terapéutico» creado mediante el uso del equipo reflexivo.
Dentro de esta narrativa general se identificaron dos subtemas. El primero tenía que ver con la sensación de ser objeto de observación y con una mayor autoconciencia cuando había un equipo escuchando la sesión. El segundo se refería a la distinta resonancia de los equipos reflexivos según las modalidades empleadas.
Algunas personas experimentaron una sensación incómoda en relación con el espejo unidireccional o con la conciencia directa de que un equipo observaba la sesión. Algunas personas consultantes relataron que la experiencia inusual de un equipo reflexivo estaba relacionada con una sensación de exposición, de estar a la vista de personas a las que no conocían y con las que compartían detalles íntimos.
«Me sentía como alguien de circo, había gente simplemente mirándote.» (Chico de 13 años, consultante, Mitchell et al., 2014, p. 244)
Alrededor de un tercio de los artículos señaló que había algo incómodo en escuchar las reflexiones, sabiendo que se basaban en observaciones de las conversaciones familiares. Las personas participantes tenían la sensación de recibir comentarios sobre su vida personal sin poder, en ese momento, decir nada.
«Creo que era un poco incómodo tenerlos al otro lado cuando estábamos en nuestra sesión. ¡Y sí! Como una experiencia extracorporal, estar al otro lado. Gente hablando como si no estuviéramos allí.» (Mujer adulta, consultante, Allan et al., 2019, p. 393)
A pesar de un alto grado de autoconciencia, las personas lograban implicarse en la sesión en cierta medida. A medida que avanzaba la sesión inicial, las personas participantes sentían que podían hablar con más libertad y se sumergían en el contenido del encuentro.
«Alguien te está mirando y sabes que te está mirando, pero en realidad no los ves, así que como que te olvidas de que te están mirando.» (Mujer adulta, consultante, Allan et al., 2019, p. 393)
Este subtema refleja cómo vivieron las personas consultantes las distintas maneras de utilizar un equipo reflexivo. En la mayoría de los artículos, el equipo reflexivo estaba presente detrás de un espejo unidireccional escuchando la sesión. En un artículo, el equipo escuchaba en silencio en la misma sala que la familia (Anslow, 2013). Solo un artículo utilizó un equipo reflexivo cuyas reflexiones solo escuchaba la persona terapeuta principal (Parker & O’Reilly, 2013). Otro artículo comparó el hecho de que quienes asistían a la terapia escucharan o no las reflexiones (Mitchell et al., 2014).
Escuchar directamente al equipo reflexivo daba a las familias la oportunidad de presenciar cómo se generaban las ideas y el consenso de esa discusión, siempre que pudieran concentrarse en lo que se decía. La cantidad de información generada se vivía a veces como confusa y abrumadora cuando las personas consultantes escuchaban directamente las reflexiones. Esto era especialmente pertinente cuando había otras distracciones en la sala.
«Pensé: “sabes, no me acuerdo ni de la mitad de eso…”. Yo estaba en la sala; intentaba que los niños estuvieran callados para poder oír lo que pasaba» (Hombre adulto, consultante, Mitchell et al., 2014, p. 249).
La presencia de un espejo unidireccional reforzaba especialmente la percepción de que quienes estaban en la sala de terapia eran el centro de atención y quedaban más a la vista.
«Parecía “Bones”… interrogan a la gente y se sientan en la otra sala a mirar y dicen “haz esto, haz aquello, haz lo otro”» (Chica de 12 años, consultante, Mitchell et al., 2014, p. 244)
Un artículo sugería que el uso de una carta terapéutica daba a las personas consultantes algo tangible que llevarse para recordar las conversaciones mantenidas en terapia.
«Si está por escrito, Jackie puede leerlo una y otra vez, y no fijarse tanto en la parte negativa […] porque hay que buscar un poco más para ver lo positivo.» (Mujer adulta, consultante, Mitchell et al., 2014, p. 249)
Este tema está representado por dos subtemas: uno explora cómo se utiliza el habla para generar nuevas ideas y significados, y el otro considera el impacto de las múltiples perspectivas en el espacio terapéutico.
En ocasiones, las reflexiones del equipo se centraban en determinadas personas, y a veces en partes concretas del sistema familiar o en su totalidad. La autoría de un artículo sugería que las personas consultantes notaban cuándo los equipos reflexivos privilegiaban algunos elementos de las conversaciones terapéuticas y no otros. Para una participante con discapacidad intelectual, esto dio voz y fuerza a sus opiniones, algo que antes no había sido posible:
«había una cosa sobre conseguir que mi padre me tratara como a una adulta y me dejara tomar mis propias decisiones porque ya tengo edad… Me pareció bien, sí.» (Mujer adulta, consultante, Anslow, 2013, p. 241)
Las nuevas perspectivas ofrecidas por el equipo se recibían en general bien, ya que permitían que surgieran nuevas ideas y que se iniciara el proceso de búsqueda de soluciones.
«como que lo pusieron sobre la mesa y era una perspectiva distinta mirarlo desde ese lado, así que podíamos hacernos una idea de cómo iba la cosa para poder ajustarla, y eso estuvo bien.» (Mujer adulta, consultante, Allan et al., 2019, p. 390)
Las familias consideraban que tener a más profesionales escuchando y pensando en ellas les daba acceso a más ideas y soluciones posibles. Estas formas alternativas de pensar se veían en general como beneficiosas. Que varias personas terapeutas compartieran pensamientos similares sobre una situación también ayudaba a validar esas perspectivas.
«Cuanta más gente trabaje en ciertos problemas, quizá la solución llegue más fácilmente… sí, porque pueden tener ideas que las dos personas que nos orientan no tienen, y yo desde luego no tengo las respuestas.» (Hombre adulto, consultante, Pender & Stinchfield, 2014, p. 278)
«eran ideas distintas, con algunas estaba de acuerdo y con otras no, a veces no eran quizá las ideas que se me habrían ocurrido a mí, pero eran buenas ideas.» (Mujer adulta, consultante, Munro et al., 2008, p. 317)
Las personas participantes también eran conscientes de los distintos grupos profesionales implicados: terapeutas en formación y con titulación, profesionales de la psicología, de la psiquiatría y de la enfermería. Esto parecía influir en la credibilidad de la devolución y en cómo la interpretaban las personas consultantes.
«Seguramente iba a dar más peso a lo que tuviera que decir [la persona formadora]. Recuerdo que pensé: esta es la importante.» (Mujer adulta, consultante, Egeli et al., 2014c, p. 98)
Las personas participantes reflexionaron sobre la edad, el género, la sexualidad, la cultura y la etnicidad de quienes formaban el equipo reflexivo. Escuchar a personas de un origen distinto al suyo resultaba validante para algunas, pero a otras les hacía dudar de la capacidad del equipo para apreciar cómo podía ser la vida de quienes proceden de otra cultura.
«Para mí fue muy positivo por cómo sentí que percibían nuestra relación. Pero sería muy interesante ver en qué cambiaría si fueran mujeres racializadas.» (Mujer adulta, consultante, Allan et al., 2019, p. 393)
Este tema tenía dos subtemas: uno describía el clima de seguridad creado en la terapia y el otro representaba la consideración positiva y la esperanza que ofrecía el equipo, más allá de las conversaciones que tenían lugar.
Este subtema describía el ambiente de la sala que permitía (o impedía) que se produjeran las conversaciones terapéuticas. Cuando las personas consultantes se sentían seguras, podían mantener conversaciones más difíciles en terapia, que quizá no habrían podido tener en otro lugar. La incertidumbre sobre el proceso hizo que un consultante se sintiera incapaz de responder a su pareja.
«Empecé a sentirme incómodo, […] Sí, intentaba entender la sala. Estaba vulnerable. Necesitaba que alguien me guiara. No sabía qué hacer, así que acabé sin hacer nada.» (Hombre adulto, consultante, Egalie et al., 2014b, p. 28)
Las personas consultantes que conocieron al equipo antes de la sesión afirmaron que ver las caras de quienes formaban el equipo reflexivo aumentaba su capacidad de hablar abiertamente y reforzaba la sensación de formar parte de un proceso colaborativo. Sentirse en un lugar seguro y poder confiar en quienes formaban el equipo era una parte importante de la posibilidad de aprovechar el equipo reflexivo.
«La primera sesión fue un poco extraña, pero en cuanto se presentaron y todo eso, fue más fácil hablar con libertad y abiertamente.» (Hombre adulto, consultante, Pender & Stinchfield, 2014, p. 278)
Se valoraba el uso de un lenguaje sencillo, transmitido de manera cálida y comprensiva. Que el equipo fuera profesional, no juzgara y se mostrara discreto tranquilizaba a las personas participantes y las ayudaba a continuar la terapia con el equipo reflexivo.
«Pero una cosa… este sitio, veo cómo es. Es muy distinto de otros espacios de orientación. […] Siento que en esta consulta han sido muy acogedores, así que cuando he pedido aclaraciones, me han escuchado.» (Mujer adulta, consultante, Munro et al., 2008, pp. 316)
Las personas participantes valoraban el enfoque profesional del equipo reflexivo y la manera de formular las reflexiones, centradas en las fortalezas personales, la positividad y la validación. La actitud profesional del equipo reflexivo y de terapeutas, así como la sensación de que el equipo trabajaba de forma colaborativa, ayudaban a las personas participantes a sentir esperanza de cambio.
«Creo que es tener ese reflejo de esperanza que te devuelven. Sobre todo, creo, si estás en una relación difícil o pasando por un mal momento, eso de verdad sacaría una positividad que muchas parejas necesitarían.» (Mujer adulta, consultante, Allan et al., 2019, p. 389)
Las personas participantes hablaron del impacto de centrarse en sus fortalezas como individuos y dentro de sus relaciones. Esto tenía más probabilidades de vivirse como validante cuando las reflexiones se presentaban junto con comentarios normalizadores que demostraban que el equipo había comprendido la perspectiva de la persona consultante.
«Parecían tener mucho cuidado de no sacar conclusiones extremas sobre lo que veían (…) si hubiera llegado y la gente hubiera sido muy fría y muy en plan “¿por qué no lo hiciste de esa manera?”, sabes, probablemente me habría echado a llorar.» (Mujer adulta, consultante, Pender & Stinchfield, 2014, p. 278)
Las personas participantes en los estudios de Egeli et al. (2014a, 2014b) señalaron que centrarse en las fortalezas podía resultar invalidante, ya que normalmente se acude a terapia con la expectativa de hablar de determinadas dificultades. A algunas personas consultantes les preocupaba que el equipo reflexivo no hubiera escuchado o apreciado plenamente lo que habían traído a la sesión.
«No sentía que estuviera haciendo tanto como ella [la integrante del RT] me reconocía. Así que, en ese sentido, ahí [tuve] algo de esa vulnerabilidad, porque vi que ella me veía más arriba de lo que yo me veo. Me veía haciendo más de lo que yo me veo hacer, y eso me hizo sentir que quizá no estoy haciendo lo suficiente.» (Mujer adulta, consultante, Egali et al., 2014b, p. 31)
Esta metasíntesis de once artículos dio lugar a tres temas principales relativos a la experiencia «inusual y extraña» de los equipos reflexivos, a las «conversaciones únicas» mantenidas en el espacio terapéutico y al «entorno terapéutico» creado por terapeuta y equipo.
El equipo reflexivo se describió como una experiencia inusual, que a algunas personas les generaba ansiedad o vulnerabilidad. Tseliou et al. (2020b) sugirieron que lo poco familiar de la experiencia del equipo reflexivo puede obstaculizar el proceso terapéutico. Ya se había constatado que la ansiedad asociada al uso de un equipo reflexivo, sobre todo con espejo unidireccional, inhibe la implicación en la terapia (Young et al., 1997). Con el tiempo, esta sensación se disipaba y permitía a las personas consultantes experimentar otra manera de comunicarse en sus relaciones. Andersen (1987) sostenía que, al animar a las personas consultantes a escuchar ideas «inusuales» del equipo, estas podían alejarse de sus pautas «habituales» de relación para facilitar el cambio, pero que si la experiencia era demasiado inusual, podía llevarlas a desvincularse por completo del proceso (Andersen, 1991). La investigación incluida en esta revisión respaldó en general esta posición.
A las personas consultantes que no escuchaban directamente las reflexiones les resultaba útil, porque les daba un respiro en la sesión mientras el equipo hablaba con terapeuta principal. Escuchar mucha información directamente del equipo se identificó como confuso, debido al formato y a la cantidad de elementos generados. Esto concuerda con resultados anteriores, según los cuales el equipo reflexivo puede resultar poco útil si se comparte demasiado (Griffith et al., 1992) o si hay información que no parece pertinente para la familia (Lax, 1995).
Las personas consultantes señalaron que el equipo solía recoger sus palabras y significados y devolverlos de forma ponderada y reflexiva. Esto privilegiaba la visión de algunos miembros de la familia y permitía tomar distancia respecto de las dificultades en curso para crear nuevas formas de mirarlas. Las personas consultantes también parecían apreciar las múltiples perspectivas, ya fuera porque más personas validaban una misma idea o porque la familia escuchaba varias ideas distintas que considerar. Las familias ya habían referido beneficiarse de escuchar ideas contrapuestas de integrantes del equipo, lo que les había permitido seleccionar las ideas que más resonaban con ellas (Cox et al., 2003). Se ha constatado que la multiplicidad de ideas permite a las familias reconocer que puede haber varias soluciones (Smith et al., 1992). Las ideas distintas de los miembros de la familia pueden generar conflicto en ocasiones, pero se ha constatado que el papel de terapeuta, que sostiene y a la vez hace avanzar las distintas narrativas, se vive como beneficioso (Tseliou et al., 2020a).
A las personas participantes también les resultaba útil que el equipo estuviera formado por un grupo diverso de personas en cuanto a trayectoria profesional, edad, género y cultura. Panya y Herlihy (2009) sugirieron que crear seguridad en el espacio terapéutico puede ser más importante que hacer coincidir el equipo reflexivo con las personas consultantes en cuanto a origen étnico y cultural. Los resultados de la presente revisión ponen de relieve la importancia tanto de la seguridad como de una representación de la diversidad en el equipo reflexivo. Contar con un grupo diverso de personas en el equipo reflexivo crea potencialmente el contexto para una discusión más rica entre las múltiples perspectivas (Smith et al., 1993).
Los resultados de esta revisión sugieren que las personas participantes necesitan sentirse seguras para hablar abiertamente, pero que la presencia del equipo puede convertirse al principio en una barrera. Cox et al. (2003) subrayaron que el equipo reflexivo puede crear un clima de apoyo en el que las personas consultantes se sienten respetadas y comprendidas. Se ha constatado que la ausencia de un clima de seguridad inhibe el deseo de la persona consultante de compartir su historia (Lever & Gmeiner, 2000). El uso de un lenguaje positivo y de una postura colaborativa, así como el hecho de devolver esperanza a la familia, ayudaban a los miembros de la familia a sentirse más optimistas respecto de los cambios futuros. Snyder et al. (2002) subrayaron que la investigación sobre los procesos de cambio ha identificado la esperanza como un factor común de cambio en diversos modelos de psicoterapia.
Young et al. (1997) constataron que un equipo reflexivo que reformula las ideas como posibilidades permitía a los miembros de la familia escuchar reflexiones positivas, así como sugerencias de cambio. Los resultados de la presente revisión abogan por el uso de la connotación positiva cuando se trabaja como equipo reflexivo. Se considera que centrarse en las fortalezas de las personas consultantes es validante y empoderador (Smith et al., 1995). No obstante, se aconseja prudencia, ya que esta revisión ha identificado que también puede hacer sentir a las personas que sus dificultades no han sido bien representadas, o que no hay una comprensión completa de los problemas planteados en la terapia. Se necesita una posición de «tanto lo uno como lo otro»: responder a la posición de la familia, incluidas sus dificultades, sin centrarse demasiado en los problemas, lo que podría hacer que la familia perdiera la esperanza (Lax, 1995).
La presente revisión reunió una serie de estudios cualitativos que examinan la experiencia del uso de un equipo reflexivo en los últimos 20 años. Los datos de tres de los artículos (Egeli et al., 2014a, 2014b, 2014c) procedían del mismo estudio, pero cada artículo ponía el acento en un aspecto distinto. Todos los artículos aportaron un elemento valioso a la revisión de la literatura, pero su contribución a cada tema también se consideró cuidadosamente a lo largo del trabajo a la luz de la evaluación de la calidad. Es difícil utilizar un único marco para evaluar una variedad tan amplia de metodologías cualitativas. No obstante, se consideró que la evaluación de la calidad empleada bastaba para distinguir los artículos de calidad aceptable de los que no lo eran.
El reducido número de estudios que informaron de la etnicidad identificó representaciones procedentes de entornos blancos y occidentales. Sería beneficioso que la investigación futura abordara esta falta de representación incluyendo a participantes de orígenes sociales, culturales y étnicos más amplios.
Sería difícil separar el impacto del proceso del equipo reflexivo de otros procesos que tienen lugar en el espacio terapéutico. Tseliou et al. (2020a, 2020b) identificaron temas similares a los de la presente revisión en su examen del discurso de la terapia sistémica, con y sin equipo reflexivo. Entre ellos figuraban los beneficios de reconocer las múltiples perspectivas, de la deconstrucción y posterior reconstrucción de nuevos significados, y del alejamiento de las narrativas culpabilizadoras.
La terapia con un equipo reflexivo puede ofrecer un contexto para que surjan nuevas conversaciones y nuevos comportamientos. La presente revisión sugiere que esto se debe, al menos en parte, a que se comparten múltiples perspectivas en un entorno seguro. Es importante tener presente cuánta información y cuántas perspectivas son útiles para la familia, ya que demasiadas pueden resultar confusas o abrumadoras. Los equipos reflexivos pueden vivirse como más eficaces cuando el equipo representa a un grupo diverso en cuanto a trayectorias profesionales, sociales, étnicas y culturales. El equipo debe crear una sensación de seguridad para que las personas participantes se impliquen. La esperanza, la identificación de fortalezas y la validación son partes necesarias de la construcción y el mantenimiento de un espacio terapéutico capaz de introducir diferencia.
Complexe Systémique: puntos clave
He aquí una revisión que por fin da voz a las familias sobre una práctica que la terapia sistémica utiliza desde Tom Andersen sin cuestionarla siempre. El veredicto es matizado: el equipo reflexivo sorprende, expone y a veces abruma por la mera cantidad de ideas, antes de convertirse, para muchas personas, en un espacio donde se sienten escuchadas y donde circula la esperanza. Se desprenden tres palancas clínicas: presentar al equipo en persona antes de la sesión, dosificar la cantidad de reflexiones y formar equipos diversos en profesión, edad y cultura. El punto más sutil se refiere a la connotación positiva: centrada únicamente en los recursos, puede invalidar a quienes acudieron para hablar de sus dificultades; hay que sostener el «tanto lo uno como lo otro» tan propio del pensamiento sistémico. Los límites son los del corpus: once estudios, en su mayoría de países anglófonos, muestras casi exclusivamente blancas y equipos a menudo en formación, lo que impide generalizar. Para leer junto con la entrevista con Tom Andersen y el estudio de caso sobre compartir u ocultar las reflexiones en el Diálogo Abierto.
Referencias
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Traducción no oficial al español de A systematic review and meta-synthesis exploring client experience of reflecting teams in clinical practice, de Rachael Harris y Jon Crossley, Journal of Family Therapy, vol. 43, n.º 4 (2021), doi: 10.1111/1467-6427.12346, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (texto traducido al español, tablas presentadas en forma de listas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Traducción no oficial al español del artículo «A systematic review and meta-synthesis exploring client experience of reflecting teams in clinical practice», publicado en Journal of Family Therapy (2021) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial; la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Harris, R., y Crossley, J. (2021). A systematic review and meta-synthesis exploring client experience of reflecting teams in clinical practice. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/a-systematic-review-and-meta-synthesis-exploring-client-experience-of-reflecting-teams (Obra original publicada en 2021 en Journal of Family Therapy, 43(4), 687-710 (2021); traducción no oficial al español publicada en 2026 por Complexe Systémique, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/1467-6427.12346)
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