Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Frontiers in Psychiatry · Familia
En Estados Unidos, las mujeres son la población penitenciaria que más rápido crece, y la mayoría son madres. ¿Qué valor tienen los programas de parentalidad impartidos durante la privación de libertad? El equipo de Alexis Clark seleccionó ocho: menos estrés parental, actitudes menos punitivas, sobre todo cuando intervienen las visitas y las personas que cuidan de la infancia, aunque los estudios son escasos y frágiles.
Traducción no oficial al español de Parenting interventions for incarcerated mothers, de Alexis Clark, Leah Lancellotta y Tom D. Kennedy, publicado en Frontiers in Psychiatry (Frontiers Media) (2025), doi: 10.3389/fpsyt.2025.1658663, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de listas (la lista de verificación de la tabla 1 se presenta como dos listas, criterios de inclusión y de exclusión); las declaraciones del final del artículo se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Las intervenciones pueden ser eficaces no simplemente porque transmitan conocimientos sobre crianza, sino porque sostienen los procesos relacionales en los que se basa la seguridad del apego.
Alexis Clark, Leah Lancellotta y Tom D. Kennedy
Resumen
Dado que las mujeres constituyen la población penitenciaria que más rápido crece, es esencial comprender los efectos del encarcelamiento. Esto despierta un interés considerable por un subgrupo de mujeres que además son madres. Los problemas de salud mental a los que se enfrentan las mujeres encarceladas son profundos y singulares en comparación con los de sus homólogos varones. Del mismo modo, los problemas de salud mental de las madres pueden considerarse independientes y diferenciados. Por tanto, estos factores pueden afectar a las relaciones entre las mujeres y sus familias. Esta revisión sistemática se llevó a cabo siguiendo el marco PRISMA. En ella se examinan las intervenciones de parentalidad diseñadas para mujeres con causas judiciales, en particular madres encarceladas, y cómo estos programas afectan al bienestar materno, a las habilidades parentales y a las relaciones familiares. Para la revisión sistemática se consultaron las bases de datos electrónicas PsycINFO y PubMed. En la primera fase se extrajeron 3720 artículos. De ellos, se cribaron 1572 artículos por falta de pertinencia del título y del resumen. Tras el cribado, se eliminaron 1209 por falta de pertinencia del título y 347 por falta de pertinencia del resumen. Tras eliminar todos los estudios que no se basaban en intervenciones, quedaron 15 artículos a texto completo para el cribado. En esta fase se evaluó la calidad de los artículos y se excluyeron seis. Las madres con causas judiciales afrontan dificultades singulares que requieren intervenciones integrales y adaptadas. La mejor forma de abordar estas dificultades puede ser mediante programas orientados a la familia e informados por el trauma, junto con tratamiento de salud mental.
Registro de la revisión sistemática
https://www.crd.york.ac.uk/prospero/, identificador CRD420251031672.
Palabras clave: encarcelamiento materno; dinámicas familiares; relaciones familiares; intervenciones de parentalidad; revisión sistemática
La psicología penitenciaria y forense ha crecido considerablemente en cuanto a sus servicios de bienestar, sentando una base sólida para las prácticas basadas en la evidencia. Con ello, la literatura existente ha llamado la atención sobre las dificultades singulares y los resultados en salud mental de las personas encarceladas. Históricamente, la mayor parte de la investigación y de las aplicaciones clínicas en este campo se ha centrado predominantemente en poblaciones masculinas. Sin embargo, las mujeres constituyen actualmente la población penitenciaria que más rápido crece. La mayoría de las mujeres encarceladas son madres de menores de edad cuyos arreglos de cuidado suelen verse alterados (1, 2). En muchos casos, el padre está ausente antes del encarcelamiento de la madre, de modo que son los abuelos y abuelas, las familias de acogida u otros parientes quienes asumen las responsabilidades de cuidado (3). Así, la infancia de las madres encarceladas suele vivir múltiples cambios de persona cuidadora, y las visitas y el contacto son menos regulares, lo que genera un malestar emocional considerable en las madres que se identifican con su rol parental (4). Esta dinámica de cuidado marcada por el género pone de relieve una diferencia clave entre los hombres y las mujeres encarcelados. Cuando el padre está en prisión, la madre suele seguir desempeñando su papel de cuidadora, lo que preserva cierta estabilidad para la criatura. En cambio, las madres encarceladas intentan «ejercer la maternidad desde la prisión» manteniendo vínculos emocionales e identidades de cuidadoras, a pesar de la separación y de las barreras institucionales (1, 4, 5). Esta doble realidad —el aumento de las tasas de encarcelamiento femenino y, al mismo tiempo, los esfuerzos de estas mujeres por mantener su parentalidad— crea un conjunto singular de dificultades que trascienden la salud mental individual y afectan a la infancia, a las familias y a las comunidades.
Datos recientes del Bureau of Justice Statistics indican que en 2023 había 85 900 mujeres cumpliendo condenas de más de un año en prisiones estatales o federales, un aumento del 4% respecto de las 82 500 de 2022 (6). En las cárceles locales, la población femenina alcanzó las 95 100 personas en 2023, frente a 92 900 en 2022 (7). Pese a cierto descenso de las tasas totales de encarcelamiento, el número de mujeres recluidas en cárceles y prisiones ha aumentado sustancialmente durante la última década (6–8). Mientras la población penitenciaria femenina ha seguido creciendo, la investigación y las intervenciones han seguido centradas en gran medida en los hombres, lo que deja una laguna en la comprensión y el abordaje de las dificultades específicas a las que se enfrentan las mujeres. En los últimos 20 años, el ámbito investigador ha mostrado un interés creciente por cuestiones como la evaluación del riesgo, los servicios de salud mental y las intervenciones adaptadas a los hombres infractores. Existe una laguna importante en la literatura sobre prácticas basadas en la evidencia desarrolladas expresamente para mujeres.
Las mujeres encarceladas constituyen una población vulnerable, que arrastra una larga historia de trauma, enfermedad mental y lazos sociales rotos. Sin embargo, dentro de este grupo existe un subgrupo aún más diferenciado y con frecuencia marginado: las madres encarceladas. Si bien las mujeres en general tienen más probabilidades que los hombres de sufrir TEPT, depresión y trastornos por consumo de sustancias (9, 10), las madres en prisión afrontan el reto añadido de sobrellevar estas condiciones junto con la carga psicológica de la separación de sus hijos e hijas. Esta intersección —ser mujer y madre bajo custodia— crea vulnerabilidades singulares que no se recogen plenamente cuando se estudia a las mujeres encarceladas como un grupo homogéneo. Los problemas de salud mental están muy extendidos entre las mujeres encarceladas: aproximadamente el 76% declara problemas de salud mental pasados o actuales y más de la mitad presentaba un trastorno por consumo de sustancias en el año previo al encarcelamiento. Datos anteriores muestran también que alrededor del 19% de las mujeres encarceladas había sufrido un malestar psicológico grave en los 30 días previos al encarcelamiento (2). Un amplio corpus de investigación ha puesto de relieve la presencia de trauma y malestar psicológico en las mujeres infractoras, debidos principalmente a la victimización sexual y a los problemas de salud mental posteriores. Además, estas historias son desproporcionadamente frecuentes entre las mujeres infractoras (10). Aunque muchas mujeres encarceladas refieren antecedentes de trauma, problemas de salud mental y violencia sexual, las personas encarceladas en general suelen pasar por cribados de ingreso en los que trastornos psiquiátricos graves quedan sin detectar. Trestman y su equipo (9) observaron que una proporción considerable de personas reclusas que inicialmente no habían sido identificadas como enfermas mentales agudas presentaban en realidad trastornos psiquiátricos actuales o a lo largo de la vida. Por tanto, se reconoce que muchas personas con necesidades importantes de salud mental pueden pasar por el sistema sin recibir el tratamiento o el apoyo adecuados. Esto resulta especialmente problemático en el caso de las madres encarceladas, cuyas dificultades pueden ser menos visibles o exteriorizadas, lo que las deja con poco o ningún apoyo.
Dentro de la población más amplia de mujeres infractoras se encuentra un subgrupo de madres que constituye un colectivo singular y con frecuencia marginado en el ámbito de la atención en salud mental. En 2023, aproximadamente 190 600 mujeres y niñas estaban recluidas en centros estatales, federales, locales, juveniles y de detención de inmigrantes en Estados Unidos. Entre las mujeres en prisiones estatales, alrededor del 58% son madres de menores de edad, lo que a menudo provoca una alteración importante de la vida familiar (2). Otras investigaciones indican que alrededor del 75% de las mujeres encarceladas son madres y cuidadoras principales (1). Muchas siguen ejerciendo su papel de madres mientras están en prisión y sufren un estrés considerable que afecta negativamente a su salud física y mental (1). Sin embargo, no todas las madres encarceladas mantienen el contacto con sus hijos e hijas. Algunas pierden la custodia antes del encarcelamiento por la intervención de los servicios de protección de la infancia, mientras que otras pierden de forma definitiva la patria potestad durante el encarcelamiento. En virtud de la Adoption and Safe Families Act (11), las madres que cumplen condenas más largas o que carecen de acogimiento en familia extensa corren un mayor riesgo de que su descendencia pase a acogimiento familiar o a adopción. En algunos casos, las mujeres dan a luz durante el encarcelamiento y pueden verse separadas de forma definitiva de su bebé poco después del parto (5). Estas realidades ponen de manifiesto que la maternidad en el medio penitenciario añade capas de complejidad que van más allá de las que suelen encontrar las mujeres encarceladas. Del mismo modo que las mujeres infractoras presentan necesidades y dificultades específicas que requieren algo más que una mera adaptación de prácticas diseñadas para hombres, las madres con causas judiciales afrontan circunstancias todavía más singulares que también requieren intervenciones integrales y adaptadas. Abordar estas diferencias es esencial para impartir eficazmente intervenciones adaptadas en los entornos penitenciarios y de salud mental forense. A medida que el sistema de justicia empieza a reconocer las necesidades de las familias con madres encarceladas, la falta de orientaciones específicas y basadas en la evidencia se hace todavía más patente. La capacidad de una madre para ejercer la crianza y mantener las relaciones con su familia está estrechamente ligada a su bienestar mental y emocional. Así, la alteración de esta responsabilidad actúa como una carga psicológica, fuertemente asociada a consecuencias emocionales como la depresión, la soledad, la desesperanza y la conducta suicida (12). Estas necesidades complejas no solo configuran la experiencia del encarcelamiento, sino que también afectan profundamente a la relación de una mujer con su familia.
Pese a las barreras que impone su encarcelamiento, muchas mujeres expresan un fuerte deseo de ejercer la maternidad desde la prisión y a menudo emprenden acciones deliberadas para hacerlo. Con ello no solo demuestran resiliencia, sino que también se implican emocionalmente en la vida de su familia. Las estructuras sistémicas de las instituciones penitenciarias a menudo no apoyan esta dimensión de la identidad y del cuidado (5). La separación de los miembros de la familia durante el encarcelamiento intensifica la tensión psicológica que sufren muchas madres encarceladas. Por ello, afrontar la pérdida del contacto diario suele provocar un profundo malestar emocional, que incluye culpa, ansiedad y alteración de la identidad (1). Mientras que algunas mujeres desarrollan mecanismos de afrontamiento como prácticas espirituales o reencuadres mentales, a otras les cuesta mitigar el trauma derivado de la alteración de su papel materno. Esto resulta especialmente difícil, ya que la separación incide en su sentimiento de valía personal y en el sentido de su vida. Por consiguiente, el peso emocional de la alteración del rol materno supone una amenaza para el bienestar de muchas madres. También puede interferir en su capacidad para mantener vínculos materno-filiales significativos durante y después del encarcelamiento (13). Estos hallazgos señalan otra laguna crítica de las intervenciones actuales y subrayan que las madres encarceladas necesitan programas específicos, informados por el trauma y centrados en la familia, que refuercen tanto su salud psicológica como su capacidad para mantener los lazos familiares. En el medio penitenciario, sentar las bases de prácticas más eficaces exigirá atender a esta doble necesidad.
Estas realidades complejas pueden comprenderse mejor a través de la teoría del apego, formulada por primera vez por Bowlby (1969/14) y ampliada después por Ainsworth y su equipo (15). Esta teoría subraya el papel central de unos cuidados seguros, constantes y emocionalmente sensibles en el desarrollo infantil. La ruptura de estos vínculos, por una separación prolongada o un contacto irregular, puede exponer a la infancia a un mayor riesgo de apego inseguro, malestar psicológico y dificultades relacionales. Estos principios son especialmente pertinentes en el contexto del encarcelamiento materno, en el que la separación no solo afecta a la criatura, sino que también socava la capacidad de la madre para desempeñar su rol parental. Situar el encarcelamiento materno en el marco de la teoría del apego pone de relieve la importancia de las intervenciones que preservan el contacto parento-filial, apoyan las capacidades de cuidado maternas y promueven un apego seguro pese a las barreras que imponen los entornos penitenciarios.
Para colmar las lagunas de la literatura existente y orientar las futuras estrategias de intervención, esta revisión sistemática pretende responder a la siguiente pregunta de investigación: en las madres encarceladas (Población), ¿cuál es el impacto de las intervenciones de parentalidad impartidas durante el encarcelamiento (Intervención) sobre el bienestar materno, las habilidades parentales y los resultados de vínculo familiar (Resultados), según los cambios entre antes y después de la intervención o, cuando proceda, los grupos de comparación (Comparadores)?
Guiada por el marco PICOS descrito por Higgins et al. (16), esta revisión pone el foco en una población penitenciaria singular y en rápido crecimiento: las madres encarceladas. Incluye también a la infancia, las familias y las personas cuidadoras afectadas por el encarcelamiento materno. Los artículos revisados examinan el encarcelamiento materno como exposición principal y evalúan así diversos métodos de tratamiento destinados a abordar sus efectos. Cuando procede, los estudios incluyen evaluaciones antes y después de la intervención o grupos de comparación para evaluar el impacto del programa (Comparadores). Los resultados de interés incluyen cambios medibles u observados en las habilidades y conductas parentales, la comunicación y el apego parento-filiales, la colaboración con las personas cuidadoras, la salud mental materna y los resultados de vínculo familiar. Los estudios elegibles emplean un marco metodológico sólido —cualitativo, cuantitativo o mixto— y vinculan explícitamente sus resultados con las estrategias de intervención identificadas (Diseños de estudio).
Se realizó una búsqueda exploratoria para identificar revisiones o metaanálisis existentes sobre los efectos del encarcelamiento materno, concretamente a través de una intervención desarrollada al efecto. La búsqueda exploratoria no identificó ninguna revisión previa en este ámbito. A continuación, se elaboró un protocolo específico, registrado en PROSPERO (CRD420251031672) para evitar duplicaciones y ambigüedades. Tras el registro en PROSPERO, se exploraron a fondo las bases de datos electrónicas PsycINFO y PubMed. Para realizar la presente revisión se siguieron las directrices Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses (PRISMA). Los términos de búsqueda iniciales en las bases de datos combinaban los siguientes términos: madres, cárcel, prisión, encarcelamiento materno, familia y relaciones. Los resultados arrojaron numerosos temas relacionados con el encarcelamiento materno; por ello, la revisión se acotó para incluir estudios basados en intervenciones. Las referencias obtenidas en la búsqueda se eliminaron si estaban duplicadas o si no eran pertinentes por su título o su resumen. De las referencias restantes, varias se eliminaron tras una evaluación de la calidad exhaustiva y en profundidad. Para establecer los criterios de inclusión y exclusión de los estudios individuales se adaptó una lista de verificación modificada a partir de la utilizada en las revisiones sistemáticas de Forman-Dolan et al. (17) y Magram et al. (18). Se formuló a partir de las preguntas sobre comparadores y resultados del modelo PICO, para garantizar que los estudios a texto completo fueran pertinentes para la población, las intervenciones y los resultados de interés específicos.
En cuanto a la composición y la procedencia de la lista de verificación, el instrumento constituye una adaptación depurada de herramientas de evaluación validadas en revisiones sistemáticas previas del ámbito, con modificaciones específicas para las madres encarceladas y las intervenciones de parentalidad que las listas existentes no recogían plenamente (17, 18). Estas adaptaciones hacían hincapié en los resultados relativos a la relación parento-filial y en la especificidad de la intervención, aspectos centrales en esta revisión. Una prueba piloto iterativa en 15 estudios mostró una alta consistencia interna (α de Cronbach > 0.90) y respaldó la fiabilidad y la aplicabilidad de la lista de verificación a nuestra población de estudio, mitigando así los posibles sesgos de los marcos originales. Para reforzar aún más el rigor y la reproducibilidad, dos personas revisoras aplicaron de forma independiente la lista de verificación definitiva, y las discrepancias se resolvieron por consenso, lo que garantizó una evaluación coherente de todos los estudios.
Se cumplían los criterios de inclusión si
Los criterios de exclusión comprendían los siguientes factores: (a) las participantes de las muestras no eran madres encarceladas o no estaban recluidas en un centro cerrado (es decir, cárcel, prisión, centro de detención) en Estados Unidos o en territorios asociados, (b) no se describía ningún resultado cualitativo o cuantitativo relacionado con el impacto del encarcelamiento materno, (c) el tipo de artículo no había sido revisado por pares o se trataba de una reseña de libro, un editorial o una tesis de máster, y (d) existía un riesgo de sesgo (es decir, sesgo de selección, de realización, de detección, de desgaste o de notificación). Al acotar nuestro ámbito, modificamos los criterios de inclusión para incluir la presencia de una intervención. Los criterios de inclusión y exclusión utilizados para evaluar la calidad de los artículos figuran en la tabla 1.
Tabla 1 — Lista de verificación para la evaluación de la calidad.
Criterios de inclusión (marcados «Sí»)
Criterios de exclusión (marcados «Sí»)
Cabe señalar que esta revisión se centró exclusivamente en poblaciones de Estados Unidos debido a los contextos jurídicos, penitenciarios y de tratamiento propios de ese país, que configuran las experiencias de las madres encarceladas y de sus familias. Dicho de otro modo, cada país tiene políticas jurídicas y servicios sociales distintos que configuran la experiencia del encarcelamiento materno. Además, los países del mundo difieren en la forma de organizar el encarcelamiento, con diferencias en las políticas de visitas, el acceso a las intervenciones y las prestaciones ofrecidas a las personas encarceladas y a sus familias. Incluir poblaciones internacionales no solo introduciría una variabilidad considerable en los marcos jurídicos y las prácticas penitenciarias, sino que también complicaría la comparación entre intervenciones y limitaría la especificidad de las conclusiones.
La revisión sistemática abarcó dos bases de datos electrónicas: PsycINFO y PubMed. La búsqueda generó 3720 artículos, y tras eliminar los duplicados se identificaron 1529. De ellos, se eliminaron 1209 por falta de pertinencia del título y 207 por falta de pertinencia del resumen. Quedaron así 113 artículos, que se organizaron por temas, y la revisión exploratoria actualizó los criterios de inclusión para incluir estudios basados en intervenciones. Se obtuvo así un total de 15 artículos a texto completo. Se evaluó la calidad de estos 15 artículos y seis de ellos se excluyeron por dudas sobre su calidad. La figura 1 resume el proceso PRISMA de inclusión y exclusión de esta revisión sistemática.

Revisamos el impacto del encarcelamiento materno en diversos ámbitos de las relaciones familiares. Dos personas revisoras evaluaron de forma independiente la calidad metodológica de 15 artículos a texto completo. Cada estudio se calificó con una escala de tres puntos basada en el rigor metodológico y en el cumplimiento de los criterios de inclusión: 0 = deficiente, 1 = buena y 2 = excelente. Los estudios se calificaron como «excelentes» si utilizaban datos pre y post junto con un grupo de comparación, «buenos» si utilizaban datos pre y post sin grupo de comparación y «deficientes» si carecían de análisis estadísticos o no aportaban datos cuantitativos. Las calificaciones iniciales se compararon y se discutieron en reuniones de consenso para resolver las discrepancias. No se calcularon estadísticos de fiabilidad interevaluadores (p. ej., coeficiente kappa) debido al reducido número de estudios incluidos y al carácter cualitativo de la revisión. Así, el enfoque de consenso permitió una discusión estructurada y un acuerdo sobre las decisiones finales de inclusión y puntuación. No fue necesaria una tercera persona revisora, ya que todos los desacuerdos se resolvieron mediante la discusión. De los 15 artículos a texto completo evaluados, cuatro estudios cumplían todos los criterios de elegibilidad y se calificaron como «excelentes», cuatro se calificaron como «buenos» y uno como «deficiente». Guiándose por los criterios de calidad metodológica expuestos en la tabla 2, finalmente se incluyeron ocho estudios en la revisión.
Tabla 2 — Cuadro de evaluación de la calidad.
Aunque solo un pequeño número de estudios cumplió todos los criterios de inclusión, este hecho refleja en sí mismo una laguna crítica en la literatura existente. El reducido conjunto de estudios elegibles pone de relieve la necesidad urgente de intervenciones más específicas y de alta calidad, diseñadas expresamente para las madres encarceladas y sus familias. Pese al amplio reconocimiento de las dificultades a las que se enfrenta esta población, pocos programas se han evaluado con rigor mediante diseños sólidos que recojan resultados a nivel familiar. Esto sugiere que el encarcelamiento materno sigue siendo un ámbito poco atendido, sobre todo en lo que respecta a las intervenciones que promueven la regulación emocional y los resultados de reunificación a largo plazo.
Todos los estudios revisados se realizaron en Estados Unidos. La mayoría de las muestras utilizadas en estos estudios procedían de un conjunto diverso de personas, entre 2000 y 2020. En los estudios revisados, las muestras incluían madres encarceladas que participaron en intervenciones relacionadas con la parentalidad durante su encarcelamiento. Estas intervenciones se llevaron a cabo en un único centro, y los estudios no incorporaron participantes de varios centros penitenciarios. Aunque el tamaño de las muestras variaba entre estudios, los problemas para retener a las participantes durante la intervención fueron un obstáculo común para el éxito. La edad de las madres y de la infancia variaba según las intervenciones. Un tema recurrente en los estudios es que muchas madres encarceladas tienen antecedentes de encarcelamiento en la familia, de trauma o de intervención de los sistemas institucionales, a menudo ligados a ciclos de pobreza, negligencia y consumo de sustancias. Varias intervenciones pretenden no solo apoyar la parentalidad actual, sino también interrumpir los ciclos intergeneracionales de contacto con la justicia. Además, muchas de las madres de los distintos estudios no estaban casadas y estaban encarceladas por delitos relacionados con las drogas o conexos, lo que refleja patrones más amplios de consumo de sustancias. El tamaño de las muestras, las características sociodemográficas de las participantes, el tipo de intervención utilizado, las medidas e instrumentos específicos empleados y los resultados identificados en cada artículo se resumen en la tabla 3.
Tabla 3 — Características de las muestras de los estudios.
Aunque la investigación aborda las intervenciones dirigidas a progenitores, son escasos los estudios que demuestran la eficacia de las intervenciones de parentalidad en poblaciones encarceladas, concretamente en madres. Los artículos calificados como «excelentes» corresponden a estudios que incluían un grupo de comparación o de control y utilizaban un diseño pretest-postest. Estos estudios evaluaron diversas intervenciones de parentalidad para madres encarceladas, resumidas en la tabla 4, entre ellas Parenting From Inside: Making the Mother-Child Connection, Parent-Child Interaction Therapy, The Rebonding and Rebuilding (A Parenting Curriculum) y Emotions: Taking Care of Yourself and Your Child When You Go Home. Los demás artículos identifican intervenciones como Parenting Inside Out, Parenting While Incarcerated y Parenting from Prison.
Tabla 4 — Características de las intervenciones.
Parenting From Inside: Making the Mother-Child Connection es un programa diseñado para que las madres reduzcan el estrés parental, refuercen su vínculo con las personas que cuidan de la infancia a su cargo, mejoren sus patrones de comunicación con sus criaturas y mejoren su bienestar emocional (19). El currículo comienza con habilidades cognitivo-conductuales básicas, que incluyen conjuntos de habilidades específicas, y avanza hacia la aplicación de estas habilidades en diversas situaciones y en contextos difíciles. Las sesiones las dirigía una de tres personas doctorandas en psicología clínica de tercer y cuarto año, junto con una reclusa que actuaba como cofacilitadora. El programa constaba de ocho sesiones de dos horas. Este programa respalda directamente los objetivos relacionados con el apego al ayudar a las madres a adquirir habilidades para reducir el estrés parental y reforzar los vínculos emocionales alterados por el encarcelamiento, en consonancia con el énfasis de la teoría del apego en unos cuidados constantes y sensibles. El estudio asignó aleatoriamente a las participantes a un grupo de tratamiento inmediato o a un grupo control en lista de espera, que comenzó 11 semanas después del grupo inicial (19).
El programa Parent-Child Interaction Therapy (PCIT) constaba de siete clases de 90 minutos (20). Las sesiones se dividían entre el protocolo del currículo y ensayos conductuales activos, también llamados juegos de rol. En los juegos de rol sobre crianza, las participantes rotaban entre los papeles de progenitor, criatura y codificadora. Las personas instructoras ofrecían retroalimentación y entrenamiento de habilidades en clase. Se pidió a las participantes que practicaran sus habilidades a diario fuera de clase con otra integrante del grupo o con su criatura, y que registraran sus progresos en la hoja de tareas de PCIT, que se revisaría en la clase siguiente. El énfasis de la intervención en los juegos de rol, las sesiones de retroalimentación y las oportunidades de practicar habilidades con la infancia, cuando procedía, favorece interacciones seguras, constantes y emocionalmente sensibles que sostienen un apego parento-filial sano (20).
La intervención Rebonding and Rebuilding (A Parenting Curriculum) combina la enseñanza en el aula con un componente interactivo para mejorar las habilidades parentales y relacionales entre las madres y su descendencia (21). El programa dura 12 semanas, con dos reuniones semanales de tres horas. Las clases de parentalidad incorporan fichas de trabajo, ejercicios escritos para fomentar la autoevaluación y oportunidades de practicar nuevas habilidades. Además de las clases de parentalidad, un componente interactivo consistía en un tiempo de visita ampliado. Al ofrecer a las madres oportunidades de practicar la sensibilidad emocional y conductual durante visitas ampliadas, el programa pone en práctica el énfasis de la teoría del apego en mantener interacciones constantes y afectuosas para reforzar la seguridad relacional. Las participantes se asignaron aleatoriamente a grupos de control y de comparación, formados por madres que «nunca se habían inscrito en clases de parentalidad» (21).
El programa Emotions: Taking Care of Yourself and Your Child When You Go Home tenía como objetivo ayudar a las madres encarceladas a desarrollar habilidades de regulación emocional y de entrenamiento emocional para ayudarlas, a ellas y a la infancia a su cargo, a gestionar el estrés del encarcelamiento y las dificultades de la reunificación tras la excarcelación (22). La intervención comprende un componente de regulación emocional parental y un componente de entrenamiento emocional. Este ámbito se ha identificado como una necesidad, ya que la validación y el apoyo parentales en la gestión de las emociones negativas de la infancia pueden favorecer mejores habilidades de regulación emocional. Estas habilidades constituyen un importante factor de protección asociado a menores tasas de depresión, ansiedad y trastornos de conducta y de adaptación, problemas que se observan a menudo en la infancia con progenitores encarcelados. Basado en la teoría del apego, el programa Emotions subraya la disponibilidad emocional de la persona cuidadora como fundamento de unas relaciones parento-filiales seguras. Al enseñar estrategias de regulación y de entrenamiento emocional en un marco informado por el trauma, el programa favorece la recuperación del trauma, reduce el riesgo de transmisión intergeneracional de la desregulación emocional y refuerza la capacidad de las madres para responder con sensibilidad a las necesidades de su descendencia. Mejorar la regulación emocional y la empatía de las madres ayuda a promover unos cuidados constantes y emocionalmente sensibles, principios fundamentales tanto del enfoque del apego como del enfoque informado por el trauma. El programa consta de 15 sesiones de dos horas a lo largo de ocho semanas. A diferencia de otras intervenciones identificadas, la participación exigía que las madres hubieran completado previamente el programa Parenting Inside Out y que les quedaran como máximo seis meses para salir de prisión. Las participantes se distribuyeron en grupos de intervención y de control y se evaluaron antes del programa, después del programa, todavía en prisión, y seis meses después de su regreso a la comunidad (22).
El programa Parenting Inside Out se utilizó en dos estudios con la misma autoría principal (23, 24). Aunque la población de la muestra difería, la intervención fue la misma. El programa constaba de 14 clases, impartidas dos veces por semana durante dos meses, de dos horas cada una. En cada clase, las participantes identificaban un objetivo de aprendizaje individualizado que se desarrollaba en sus tareas para casa. Además del programa en sí, se incorporaron un componente de gestión del estrés y una certificación en RCP, primeros auxilios y DEA. El último día del programa incluía una jornada de graduación y reencuentro, en la que las participantes recibían un certificado de parentalidad y podían tener contacto físico con sus criaturas. Desde la perspectiva del apego, esta experiencia de reencuentro ofrece a la infancia la oportunidad de reconectar física y emocionalmente con su madre, reforzando la sensación de seguridad y de continuidad en la relación parento-filial. Parenting Inside Out incorporó un enfoque informado por el trauma al abordar las dificultades emocionales y conductuales propias de los progenitores con causas judiciales. Componentes como la regulación emocional, la gestión del estrés, las habilidades de comunicación, la autorreflexión y el apoyo a estrategias de crianza positivas y no violentas se trabajaron en el contexto del trauma (23, 24).
El currículo Parenting While Incarcerated (25) se desarrolló a partir de la intervención de parentalidad basada en la evidencia Strengthening Families Program (28). El programa se aplicó en formato grupal, con una sesión semanal de una hora. Tras el programa se celebró una ceremonia de graduación. Mediante la reflexión continua y el intercambio de experiencias, el programa animaba a las madres a construir una comunicación emocionalmente sensible con su descendencia, favoreciendo la reparación del apego y los lazos familiares durante la separación. El formato de este programa incluía un componente colaborativo en el que las personas facilitadoras documentaban cómo respondían las madres al material e incorporaban al grupo los temas de interés que ellas proponían (25).
Parenting from Prison (26) es un programa de 15 semanas basado en el currículo Nurturing Parent (29). Entre los temas figuran el desarrollo infantil, la orientación, la comunicación y la autoestima. El programa lo impartía personal voluntario formado. El programa pretendía identificar resultados en materia de autoestima, actitudes parentales y relaciones materno-filiales durante el encarcelamiento (26).
Las madres que participaron en el programa Parenting From Inside: Making the Mother-Child Connection señalaron varios cambios positivos (19). Experimentaron menos estrés relacionado con la crianza y mostraron mejoras en su bienestar emocional. Muchas empezaron además a escribir más cartas a sus criaturas, lo que refleja un esfuerzo por mantener el vínculo emocional y la continuidad de la relación parento-filial, esenciales para un apego seguro. Según los resultados del Parenting Stress Index, las madres se sentían más seguras en su crianza y experimentaban menos estrés relacionado con las visitas, con efectos de rango medio a grande. También se observó una mejora notable en la forma en que las madres percibían su relación con las personas que cuidaban de la infancia a su cargo. Estos hallazgos, medidos con el Parenting Alliance Measure (PAM), mostraron una mayor confianza en la persona cuidadora y una mayor coincidencia en los objetivos de crianza. Esto refleja el énfasis del programa en la empatía y la comunicación abierta. Los síntomas de salud mental como la ansiedad, la depresión y la hostilidad también disminuyeron tras la intervención, según el Brief Symptom Inventory. Una parte importante del programa consistía en ayudar a las madres a reconocer y gestionar sus reacciones emocionales mediante un marco denominado MOM-OK. Este enfoque desempeñó un papel importante en muchas de las mejoras, sobre todo en la reducción del estrés parental y la mejora de la salud mental. Sin embargo, tuvo menos efecto sobre los síntomas vinculados a la paranoia y a la sensibilidad interpersonal. Aunque ambos grupos mejoraron tras participar en el programa, el grupo de tratamiento inmediato no mostró una mejora significativamente mayor que el grupo en lista de espera. Esto plantea dudas sobre si fue el propio programa el que produjo los cambios, y la autoría señala que se necesita más investigación para comprender mejor sus efectos (19).
El programa Parent-Child Interaction Therapy (PCIT) utilizó el Dyadic Parent-Child Interaction Coding System-III (DPICS-III) como medida de la calidad de la interacción entre la infancia y sus progenitores (20). Los resultados del DPICS-III mostraron que las madres del grupo PCIT tenían más conductas parentales positivas, prestaban menos atención negativa durante las interacciones dirigidas por la criatura y mostraban una mayor sensibilidad hacia sus criaturas, lo que refleja mejoras medibles en la calidad de las interacciones parento-filiales. Además, las actitudes parentales y de crianza se evaluaron con el Adult-Adolescent Parenting Inventory-Second Edition (AAPI-2). Antes del programa, las madres manifestaban una mayor aceptación del castigo corporal como estrategia disciplinaria adecuada, pero tras su participación sus actitudes evolucionaron hacia el rechazo de la disciplina física y la adhesión a enfoques más constructivos, junto con mejoras en la empatía y en la confianza parental. Como medida del estrés parental, el programa utilizó el Parenting Stress Index, tercera edición (PSI). El Child Abuse Potential Inventory (CAP) se utilizó para estimar el riesgo de cometer maltrato físico infantil. Por último, el programa utilizó el Therapy Attitude Inventory (TAI) para evaluar la satisfacción parental al finalizar el programa. Además de los cambios conductuales observados, las madres manifestaron en el Therapy Attitude Inventory una mayor satisfacción con su crianza y con las interacciones con su descendencia, lo que refleja su propia percepción de una mejor calidad relacional tras completar la PCIT. El grupo PCIT se comparó con madres que habían completado un programa del centro diseñado por el Department of Education. Ambos grupos señalaron una disminución del estrés parental y una disminución similar del riesgo potencial de maltrato infantil. Las participantes de la clase PCIT mostraron más habilidades parentales positivas, menos atención negativa en los juegos de rol dirigidos por la criatura y un mayor nivel de satisfacción con el tratamiento que las participantes del programa del centro. Los tamaños del efecto fueron de moderados a grandes, lo que pone de relieve un cambio no solo estadístico sino también significativo en las conductas parentales en comparación con las madres del programa del centro. Las participantes del programa del centro no mostraron cambios en sus habilidades parentales al finalizarlo. Sin embargo, sí aumentaron sus conocimientos sobre el desarrollo infantil. Las mejoras en las conductas parentales positivas y la reducción de la atención negativa observadas en el programa PCIT coinciden estrechamente con los principios basados en el apego, ya que las madres mostraron mayor sensibilidad y capacidad de respuesta, componentes esenciales de la formación de un apego seguro. Cabe señalar que el desarrollo infantil no formaba parte del programa PCIT (20).
El programa Rebonding and Rebuilding utilizó el Parent-Child Relationship Inventory (PCRI) y el Adult-Adolescent Parenting Inventory (AAPI-2) para evaluar su eficacia (21). Estas evaluaciones se aplicaron el primer y el último día del programa. Los resultados del programa sugieren que las madres tomaron mayor conciencia de las expectativas adecuadas a la edad de sus criaturas y mostraron una menor inclinación a recurrir al castigo físico o corporal como estrategia disciplinaria. Las evaluaciones previas al programa indicaban que muchas madres tenían actitudes punitivas en materia de disciplina y consideraban adecuado el castigo corporal. Tras su participación, los resultados del AAPI-2 mostraron un claro alejamiento del apoyo al castigo corporal: las madres respaldaban estrategias más constructivas y no violentas y mostraban mayor empatía hacia su descendencia. Las madres expresaron también mayor empatía hacia los sentimientos de la infancia a su cargo y concedían más valor a sus necesidades que a las propias. Las madres señalaron asimismo mejoras en la calidad de su relación parento-filial, medida con el PCRI, con una mejor comunicación, una mayor implicación y un mayor apoyo percibido tras completar el programa. Estos hallazgos indican que las intervenciones que priorizan la interacción emocionalmente sensible —como la empatía, la comunicación constructiva y una relación no punitiva— pueden mejorar la calidad relacional entre las madres encarceladas y su descendencia. Además, las madres dijeron sentirse más apoyadas tras completar la intervención de parentalidad. Aunque estos cambios fueron estadísticamente significativos, el estudio no informó de los tamaños del efecto, lo que limita la posibilidad de valorar la magnitud del impacto del programa (21).
El programa Emotions: Taking Care of Yourself and Your Child When You Go Home utilizó una entrevista presencial, la Difficulties in Emotion Regulation Scale (DERS), el Adult Temperament Questionnaire (ATQ), el Maternal Emotional Style Questionnaire, la Center for Epidemiologic Studies Depression Scale, el Brief Symptom Inventory y la Self Report Delinquency Scale (22). Los resultados sugieren que las madres que abandonaron el programa presentaban más síntomas depresivos y eran más desdeñosas con las emociones de su descendencia. Cuando las madres volvieron a casa, señalaron que la intervención las había ayudado a aplicar lo aprendido; en concreto, que las ideas y habilidades de las clases habían favorecido su regulación emocional y las habían ayudado a responder a las emociones de sus criaturas mediante el entrenamiento emocional. Las madres que participaron en la intervención quedaron encantadas, y los primeros resultados mostraron que obtenían mejores resultados que las que no participaron. En concreto, mostraron una mejor regulación emocional, respondieron con mayor apoyo a las emociones de la infancia a su cargo y presentaron menos conductas delictivas a lo largo del tiempo, con efectos de moderados a grandes. Al mejorar la regulación emocional de las madres y sus respuestas de apoyo, este programa actúa sobre la disponibilidad emocional, central en las relaciones de apego seguro (22).
El programa Parenting Inside Out se utilizó en dos estudios con la misma autoría principal (23, 24). Ambos estudios emplearon entrevistas y las Depression, Anxiety, and Stress Scales (DASS-21). Sin embargo, Collica-Cox y Furst (24) midieron la autoestima con la escala de autoestima de Guttman, mientras que Collica-Cox y Furst (23) la midieron con la escala de autoestima de Rosenberg. Los resultados del programa en Collica-Cox & Furst (24) sugieren que las intervenciones ayudan a las madres a reducir sus sentimientos de depresión, ansiedad y estrés parental. Además, las madres aumentaron su autoestima y la confianza en sus habilidades parentales. Las participantes señalaron también un aumento de la comunicación con sus criaturas y una mejora de su relación con las personas que cuidaban de ellas. Cabe destacar que las participantes señalaron una mejor comunicación con sus familiares, con el personal y con otras reclusas (24). En cambio, los resultados de Collica-Cox y Furst (23) sugieren que las participantes redujeron sus sentimientos de depresión y aumentaron sus conocimientos sobre crianza. Sin embargo, no hubo cambios estadísticamente significativos en otras medidas, como la ansiedad, el estrés, el estrés parental y la autoestima. Las participantes señalaron que la comunicación fue la habilidad más útil que habían aprendido, y que esta les había ayudado a mejorar sus relaciones con sus familiares y con sus hijos e hijas. Estos hallazgos ponen de relieve el énfasis del programa en mejorar el bienestar emocional y el funcionamiento relacional dentro y fuera de la relación materno-filial. Al fomentar la comunicación, la empatía y estrategias de afrontamiento más sanas, la intervención favorece prácticas de cuidado más integrales que refuerzan el vínculo emocional y la confianza entre las personas cuidadoras y la infancia. Aunque se informó de cambios estadísticamente significativos, no se indicaron los tamaños del efecto, y el reducido tamaño de las muestras limita la posibilidad de generalizar. (23).
Se informó de que el programa Parenting While Incarcerated (PWI) obtuvo altos niveles de satisfacción entre las madres (25). La satisfacción de las participantes se midió con la encuesta del Strengthening Families Program, del que se adaptó el PWI. El programa utilizó las notas de proceso de quienes dirigían el grupo para documentar los avances y los materiales, los temas tratados y los temas solicitados por las madres. Para medir las actitudes parentales se utilizó el Adult Adolescent Parenting Inventory (AAPI-2). Los resultados sugieren que, tras completar el programa, las madres respaldaban menos el castigo corporal que antes, aunque los efectos fueron de pequeña magnitud. Este fue el único resultado estadísticamente significativo del AAPI-2 (25).
Las participantes del programa Parenting from Prison completaron el Index of Self-Esteem (ISE), el Adult Adolescent Parenting Inventory (AAPI), un cuestionario de historia personal y un cuestionario de seguimiento tras finalizar el programa (26). Los resultados del programa sugieren que la autoestima mejoró significativamente, sobre todo entre las madres que recibían visitas frecuentes de sus criaturas y podían escribirles cartas. Curiosamente, las puntuaciones de empatía solo aumentaron significativamente en las madres que recibían visitas frecuentes de sus criaturas, lo que subraya cómo el contacto regular y el intercambio emocional pueden reforzar la sensibilidad mutua, central en los procesos de apego. Las participantes mejoraron su comprensión de las expectativas adecuadas sobre la conducta, del uso del castigo corporal y de los roles parento-filiales. Antes del programa, muchas madres defendían visiones más duras o punitivas de la disciplina, pero tras completar la intervención manifestaron un menor apoyo al castigo corporal y una mayor adhesión a la empatía y a las estrategias de crianza positiva. Cabe destacar que las madres con antecedentes de abuso físico o sexual partían de puntuaciones previas más altas, mientras que las que no tenían esos antecedentes fueron las que más mejoraron con el tiempo. Además de los cambios en las actitudes parentales medidos con el AAPI, los resultados de la Inmate Self-Evaluation (ISE) y de los cuestionarios de seguimiento indicaron que las madres percibían mejoras en la relación con sus hijos e hijas. En concreto, las madres señalaron sentirse más seguras en su rol parental, más eficaces al comunicarse con su descendencia y más capaces de aplicar las estrategias de crianza recién aprendidas, lo que sugiere un mayor vínculo y una mejor calidad de la interacción tras el programa. Unos antecedentes personales de abusos sufridos por la madre y de consumo frecuente de sustancias se asociaron a una mejora de la autoestima en el seguimiento posterior a la intervención. Las participantes que declararon un consumo frecuente de alcohol mejoraron en sus roles y en otras actitudes parentales. En cambio, las que declararon un consumo frecuente de drogas mostraron una mejora en las expectativas respecto a la infancia y en las actitudes parentales. Aunque el programa produjo cambios estadísticamente significativos, la autoría no informó de medidas del tamaño del efecto, lo que limita la interpretación de la magnitud de estas mejoras. En conjunto, los resultados sugieren que las oportunidades de contacto continuado, de desarrollo de la empatía y de autorreflexión pueden favorecer avances significativos en la confianza de las madres y en sus actitudes parentales durante el encarcelamiento (26).
En el conjunto de los estudios revisados, la eficacia de las intervenciones varió en función de su diseño y de su enfoque. Los programas basados en habilidades, como Rebonding and Rebuilding (21, calificado como excelente) y Parenting from Prison (26, calificado como bueno), pretendían ambos modificar las actitudes parentales, pero la calidad metodológica condicionó la solidez de las conclusiones. El diseño más sólido de Sandifer mostró reducciones claras del apoyo al castigo corporal y una mayor empatía entre las participantes, mientras que el programa de Thompson & Harm también produjo mejoras significativas en las actitudes parentales y la autoestima. Sin embargo, la calidad más moderada del estudio de Thompson & Harm —en particular, el recurso a análisis estadísticos limitados— implica que sus resultados deben interpretarse con mayor cautela. Las intervenciones basadas en la interacción, como PCIT (20, calificada como excelente) y Parenting From Inside: Making the Mother–Child Connection (19, calificada como excelente), mostraron las mayores mejoras en la calidad de las interacciones materno-filiales, lo que respalda la idea de que las oportunidades de práctica relacional en tiempo real amplifican el impacto de los programas. Los programas centrados en el trauma y las emociones, como Emotions: Taking Care of Yourself and Your Child When You Go Home (22, calificado como excelente) y Parenting Inside Out (23, 24, calificado como bueno), pusieron de relieve la importancia de mejorar la regulación emocional materna y de abordar las historias de trauma. El diseño de mayor calidad de Shortt mostró mejoras significativas en la regulación emocional de las madres y en sus respuestas de apoyo a las emociones de la infancia, mientras que los estudios sobre Parenting Inside Out también mostraron resultados prometedores, aunque limitados por el reducido tamaño de las muestras y el recurso a medidas de autoinforme, lo que restringe su generalización. En conjunto, los efectos más consistentes y potentes procedían de los estudios calificados como «excelentes», que combinaban diseños rigurosos con oportunidades de práctica relacional, mientras que los estudios «buenos» señalaban resultados estadísticos importantes, pero carecían de grupo de comparación.
Además de ofrecer formación, algunas intervenciones evalúan específicamente su eficacia a través de resultados relativos a las visitas y a las personas cuidadoras, lo que demuestra un enfoque integral para mejorar los vínculos familiares. Por ejemplo, la intervención Parenting from Prison mostró que las madres que mantenían el contacto con sus hijos e hijas, ya fuera mediante visitas regulares o un intercambio frecuente de cartas, experimentaban mejoras notables de la autoestima (26). En cambio, las madres que no tenían contacto con su descendencia presentaban en general una autoestima más baja, y las que no recibían visitas permanecían en el rango clínicamente bajo. La intervención mostró también que la empatía hacia las necesidades de la infancia aumentaba significativamente entre las madres que recibían visitas al menos una vez al mes, mientras que disminuía en las que recibían visitas con menor frecuencia. Además, las madres que recibían visitas mejoraron su comprensión de los roles parento-filiales y señalaron cambios en sus creencias sobre el castigo corporal. Todas las madres que recibían visitas indicaron una mayor frecuencia y calidad tanto de las interacciones como de la comunicación escrita con sus criaturas (26). Estos resultados ponen de relieve la importancia de mantener los vínculos familiares para apoyar el bienestar general de las madres encarceladas. Desde la perspectiva del apego, mantener un contacto aunque sea mínimo mediante visitas o cartas ayuda a sostener la disponibilidad emocional y una sensación de continuidad en la relación entre la persona cuidadora y la criatura, lo que amortigua, tanto para las madres como para la infancia, los efectos psicológicos de una separación prolongada.
La versión adaptada del programa Parenting Inside Out ha mostrado resultados variables en cuanto a la relación con las personas cuidadoras. Los resultados de Collica-Cox y Furst (24) revelaron que varias mujeres señalaron que el programa las había ayudado a mejorar su relación con las personas que cuidaban de sus criaturas. Cinco participantes mencionaron específicamente avances en la comprensión de las necesidades de esas personas cuidadoras, el uso de una comunicación más eficaz y el aprendizaje de hacer una pausa y calmarse antes de reaccionar, lo que contribuyó a aumentar la probabilidad de recibir visitas de sus criaturas (24). En cambio, los resultados de Collica-Cox & Furst (23) revelaron pocos cambios en la relación con las personas cuidadoras. Dos mujeres afirmaron que ya tenían una relación positiva con la persona cuidadora, mientras que una mencionó que rara vez se comunicaba con ella. Tres participantes consideraban inapropiado ponerse en contacto con las personas cuidadoras durante el encarcelamiento. No obstante, tenían la intención de retomar el contacto tras salir de prisión. Para cuatro mujeres, la implicación de una persona cuidadora no procedía por factores como que su descendencia ya fuera adulta, estuviera en acogimiento familiar o se desconociera su paradero (23). Estos resultados sugieren que, si bien la versión adaptada de Parenting Inside Out puede favorecer una mejor relación con las personas cuidadoras que facilite el contacto familiar, los resultados pueden variar según las circunstancias individuales y el momento.
La intervención Parenting While Incarcerated (PWI) incorpora componentes de implicación de las personas cuidadoras y de visitas para reforzar los vínculos familiares (25). Para mantener una comunicación continuada, se proporcionó a las madres papel de carta y sellos para escribir cartas o enviar fichas de trabajo a sus criaturas y a las personas cuidadoras, compartiendo así las habilidades parentales que estaban aprendiendo. Algunas madres enviaron también a casa su certificado de finalización del programa para mostrar sus avances. Uno de los ejes del programa era mejorar la comunicación con las personas cuidadoras sustitutas y aplicar habilidades como la escucha activa y el elogio eficaz durante las visitas y las interacciones. En colaboración con una entidad comunitaria asociada, el programa facilitó además sesiones de visita con contacto físico, que permitían a las madres practicar en tiempo real sus nuevas habilidades parentales. Las personas facilitadoras solían asistir a estas visitas para ofrecer ánimo y retroalimentación, y tenían también ocasión de conocer a las criaturas. Aunque algunas madres decidieron no recibir visitas de sus criaturas por diversos motivos, como protegerlas del entorno carcelario o porque la criatura no sabía que su madre estaba en prisión, las que sí participaron en las visitas las vivieron en general como una experiencia significativa y reafirmante (25). Estos esfuerzos ponen de relieve el compromiso de la intervención con la preservación y el fortalecimiento de los lazos familiares, al reconocer que unos vínculos significativos con la infancia y con las personas cuidadoras son esenciales tanto para la rehabilitación de las madres encarceladas como para el bienestar de sus familias.
La intervención Parenting From Inside: Making the Mother-Child Connection incluyó deliberadamente, como componentes clave de su diseño, tanto las visitas de las criaturas como la implicación de las personas cuidadoras (19). Estos elementos ayudaron a las madres a reforzar sus relaciones parentales pese a las dificultades del encarcelamiento. En comparación con sus puntuaciones previas al tratamiento, las madres del grupo de intervención señalaron una reducción significativa del estrés parental relacionado con su sentimiento de competencia y con el proceso de visitas. También desarrollaron alianzas más sólidas con las personas que cuidaban de sus criaturas y mostraron mayores esfuerzos de comunicación, con llamadas telefónicas más frecuentes, más consultas con las personas cuidadoras y un ligero aumento de la escritura de cartas. El currículo promovía una mejor relación de coparentalidad y hacía hincapié en una comunicación regular con la infancia mediante la correspondencia escrita. La intervención ofrecía sesiones de visita ampliadas, apoyadas por un programa institucional asociado y con la presencia de estudiantes de doctorado, que brindaban oportunidades adicionales de interacción y apoyo entre madres, criaturas y personas cuidadoras (19). Estos resultados ponen de relieve la importancia de integrar tanto el contacto familiar como la colaboración con las personas cuidadoras en las intervenciones de parentalidad. Se reconoce así que mantener la comunicación y unos roles parentales compartidos durante el encarcelamiento sostiene la estabilidad relacional y la corregulación dentro del sistema de cuidado.
En conjunto, las intervenciones que integraban deliberadamente las visitas y la implicación de las personas cuidadoras tendían a producir mejoras más sólidas y duraderas en los vínculos familiares. Por ejemplo, Parenting From Inside: Making the Mother–Child Connection (19, calificado como excelente) mostró los beneficios más consistentes, entre ellos la reducción del estrés parental, alianzas más sólidas con las personas cuidadoras y una comunicación sostenida mediante llamadas y cartas. Parenting While Incarcerated (25, calificado como bueno) también favoreció un contacto significativo con la infancia y con las personas cuidadoras, pero sus resultados se vieron limitados por el reducido tamaño de la muestra y el recurso al autoinforme. En cambio, Parenting Inside Out (23, 24, ambos calificados como buenos) mostró resultados dispares en cuanto a las personas cuidadoras, lo que sugiere que las circunstancias individuales, la adaptación del programa y las limitaciones metodológicas condicionaron los resultados. Parenting from Prison (26, calificado como bueno) reforzó la importancia de las visitas al mostrar que las madres con contacto regular experimentaban las mayores mejoras en empatía y autoestima, pero la mayor debilidad del diseño del estudio limita la confianza en estos resultados. Es importante señalar que solo una intervención de esta categoría obtuvo la calificación de «excelente», lo que puede reflejar la dificultad metodológica de utilizar grupos de comparación para evaluar los vínculos familiares, dada la variabilidad en la implicación de las personas cuidadoras y en el acceso a las visitas. En conjunto, la evidencia más sólida sobre el fortalecimiento de los lazos familiares procede de estudios de mayor calidad que integran visitas estructuradas y la colaboración con las personas cuidadoras. Esto respalda un concepto central de la teoría del apego: la importancia de unas interacciones constantes y emocionalmente sensibles para preservar unas relaciones materno-filiales seguras, en particular en el contexto del encarcelamiento.
Esta revisión examinó estrategias de intervención adaptadas expresamente a las madres encarceladas, centrándose en su eficacia y en su relación con los vínculos familiares. Estos resultados son necesarios porque las madres encarceladas afrontan dificultades específicas, como la separación de sus criaturas, unas relaciones tensas con las personas cuidadoras y antecedentes de trauma, que deben abordarse para favorecer los resultados relacionados con la familia (19). Aunque las intervenciones variaban en estructura, contenido y modalidad, compartían el objetivo común de reforzar la identidad materna y apoyar las habilidades parentales para mejorar los vínculos con su descendencia durante el encarcelamiento y después de la excarcelación. Pese a las diferencias entre intervenciones, muchos programas produjeron beneficios constantes para las madres, como la reducción del estrés parental, el aumento de los conocimientos sobre crianza y mejoras en la autoestima o en la regulación emocional (19–24, 26). Estos resultados subrayan la importancia de diseñar programas penitenciarios que reflejen las experiencias singulares de las madres con causas judiciales y tengan en cuenta los contextos relacionales en los que crían a sus hijos e hijas.
Las intervenciones de parentalidad para madres encarceladas pueden entenderse como intentos de restablecer o preservar estos procesos de apego pese al contexto disruptivo de la prisión. Al reforzar las habilidades de las madres en comunicación, regulación emocional y conductas de cuidado, las intervenciones consolidan los pilares del apego seguro. Incluso en ausencia de proximidad física, las oportunidades estructuradas de escribir cartas, hacer llamadas telefónicas o recibir visitas supervisadas permiten a las madres poner en práctica «conductas de preservación del apego» que atenúan las rupturas causadas por el encarcelamiento. Por ejemplo, las intervenciones que integran las visitas de las criaturas o la colaboración con las personas cuidadoras permiten directamente a las madres mostrar su sensibilidad y mantener una presencia emocional. A la inversa, los programas que priorizan la regulación interna —como Emotions: Taking Care of Yourself and Your Child When You Go Home (22)— preparan a las madres para gestionar el malestar y seguir emocionalmente disponibles cuando llega la reunificación. Así, las intervenciones pueden ser eficaces no simplemente porque transmitan conocimientos sobre crianza, sino porque sostienen los procesos relacionales en los que se basa la seguridad del apego, lo que sitúa a las madres en condiciones de restablecer los lazos con su descendencia durante y después del encarcelamiento.
En el conjunto de las intervenciones revisadas surgieron varios elementos comunes que contribuyeron a mejorar los resultados familiares de las madres encarceladas. En particular, varios programas, como Parenting Inside Out, Parenting While Incarcerated, Parenting from Prison y Parenting From Inside: Making the Mother-Child Connection, integraban explícitamente el desarrollo de habilidades de comunicación, con énfasis en la correspondencia escrita, el contacto telefónico y la colaboración con las personas cuidadoras (19, 23–26). Estos programas solían combinar el desarrollo de habilidades con oportunidades de aplicación en tiempo real mediante las visitas de las criaturas o una interacción estructurada con las personas cuidadoras, lo que parecía aumentar la confianza y la eficacia relacional de las madres. En cambio, programas como Parent-Child Interaction Therapy (PCIT) y Rebonding and Rebuilding hacían más hincapié en las habilidades conductuales y las actitudes parentales que en la comunicación y, aunque mejoraron las prácticas parentales, no midieron ni comunicaron directamente cambios en la comunicación materna (20, 21). Del mismo modo, Emotions: Taking Care of Yourself and Your Child When You Go Home se centró principalmente en la regulación emocional y en los procesos internos, más que en la comunicación externa con la infancia o con las personas cuidadoras (22). Una diferencia clave entre las intervenciones es el grado en que implican directamente a la infancia o a las personas cuidadoras, por ejemplo mediante visitas, cartas u otros elementos interactivos. Esto sugiere que, aunque las habilidades parentales pueden enseñarse de forma aislada, pueden cobrar más sentido cuando las madres tienen oportunidades de aplicarlas en un contacto familiar real. Al mismo tiempo, algunas intervenciones mostraron que, incluso sin la participación directa de la infancia o de las personas cuidadoras, las mejoras en la conciencia de sí, la regulación emocional y las actitudes parentales de las madres pueden favorecer un reencuentro futuro. Estos resultados sugieren que las intervenciones diseñadas específicamente para las madres encarceladas, que tienen necesidades singulares, comparten un valor común, y subrayan la importancia de adaptar los programas a las circunstancias de cada madre y a su nivel de apoyo familiar.
Al mismo tiempo, un enfoque centrado únicamente en las habilidades puede no tener plenamente en cuenta las extensas historias de trauma que muchas madres encarceladas arrastran. Aunque casi todas las intervenciones revisadas hacían hincapié en las habilidades parentales, solo dos programas integraban explícitamente componentes informados por el trauma (22–24). Esta laguna resulta llamativa, dado que el trauma no resuelto, incluidas las experiencias de victimización, el consumo de sustancias y el malestar psicológico, condiciona directamente la capacidad de las madres para asumir funciones de cuidado. Si no se atienden estas cuestiones más profundas, incluso los currículos de parentalidad bien diseñados corren el riesgo de pasar por alto las barreras emocionales y relacionales a las que se enfrentan las madres encarceladas. Por ello, los programas que integran prácticas informadas por el trauma junto con el desarrollo de habilidades son esenciales, ya que no solo desarrollan la competencia parental, sino que también ayudan a las madres a reconstruir un sentido coherente de sí mismas como cuidadoras. En definitiva, las intervenciones deben adoptar un enfoque integral que aborde tanto las rupturas relacionales del encarcelamiento como la reparación psicológica necesaria para sostener lazos familiares significativos.
Además de estos rasgos comunes y específicos, las intervenciones revisadas reflejaban también una serie de resultados temáticos relacionados con la experiencia más amplia del encarcelamiento para las madres. Varios estudios han puesto de relieve los beneficios de los programas generales de parentalidad, como el aumento de los conocimientos sobre crianza, la mejora de las actitudes hacia la disciplina infantil y el refuerzo de las habilidades relacionales (20, 21, 23–25). Otros exploraron la tensión emocional de la separación, subrayando el coste psicológico que el encarcelamiento supone para las madres que no pueden mantener un contacto regular con sus criaturas (26). Una intervención abordó las dificultades posteriores a la excarcelación y a la reunificación, reconociendo la necesidad de regulación emocional y de preparación mientras las madres retoman sus funciones de cuidado tras salir de prisión (22). Cabe destacar que una intervención reconocía también los patrones intergeneracionales de encarcelamiento, en los que el contacto de la madre con la justicia puede reflejar un ciclo más amplio de desventaja estructural y de trauma, como se observa en Loper y Warren (19). Por último, varias intervenciones, en particular las que integraban prácticas informadas por el trauma, reconocían cómo el encarcelamiento se entrecruza con la identidad parental de las madres y con el trauma no resuelto, lo que condiciona aún más su capacidad para reconectar y relacionarse con su descendencia (22, 26, 27). Estos temas revelan que, aunque las intervenciones de parentalidad suelen centrarse en habilidades prácticas, muchas pretenden también abordar los contextos emocionales, históricos y estructurales más profundos que configuran la experiencia de la maternidad durante el encarcelamiento.
Es fundamental reconocer las diversas limitaciones derivadas de distintos aspectos de esta revisión, así como de los diseños de los estudios correspondientes. Una limitación se refiere a los criterios de exclusión de la revisión. Las intervenciones analizadas solo incluían a madres que habían recibido el programa durante el encarcelamiento, y excluían a las que habían participado en intervenciones posteriores a la excarcelación o combinadas. Esta revisión excluyó también los estudios de seguimiento, los programas dirigidos a la vez a madres y padres, los estudios en lenguas distintas del inglés y los realizados fuera de Estados Unidos y sus territorios. Además, una limitación habitual de los estudios incluidos era el reducido tamaño de las muestras, a menudo afectadas por excarcelaciones, traslados entre centros u otras alteraciones propias del sistema de justicia. Muchos estudios se basaban además en gran medida en resultados autoinformados, lo que puede introducir sesgos de deseabilidad social o de recuerdo limitado. Otra limitación es la ausencia de seguimiento a largo plazo, que dificulta determinar si los beneficios de estos programas se mantuvieron tras la excarcelación. Por último, varios estudios señalaron que el contacto con la infancia o con las personas cuidadoras era poco viable debido a barreras logísticas y emocionales como la distancia, la disposición de las personas cuidadoras y las tensiones familiares; sin embargo, la investigación sugiere que integrar en las intervenciones oportunidades de contacto en tiempo real puede reforzar su impacto, al permitir a las madres aplicar las habilidades aprendidas y mantener los lazos familiares durante el encarcelamiento (22).
Pese a estas limitaciones, las intervenciones analizadas han realizado aportaciones significativas al conocimiento y la comprensión existentes sobre las madres con causas judiciales y sus familias. Del mismo modo, estos artículos han abierto el camino a nuevas investigaciones que añadan direcciones prometedoras. Se señalan también varias implicaciones para la práctica y las políticas. Desde el punto de vista de la práctica, los programas deberían seguir incorporando oportunidades de vínculo familiar, como la comunicación con las personas cuidadoras y las visitas de las criaturas, ya que estos elementos parecen ayudar a las madres a mantener su rol parental durante el encarcelamiento. Desde el punto de vista de las políticas, apoyar a las madres encarceladas exige cambios estructurales que permitan preservar los vínculos parento-filiales a la vez que se aborda el trauma. Las instituciones penitenciarias deberían priorizar espacios de visita adaptados a la infancia y ampliar las oportunidades de contacto familiar en tiempo real, por ejemplo mediante una mejor comunicación telefónica y por videollamada. La formación del personal en prácticas informadas por el trauma y por la teoría del apego puede garantizar que las intervenciones de parentalidad se impartan con sensibilidad hacia las experiencias vividas por las madres. Además, los programas deberían diseñarse para tender un puente entre el encarcelamiento y la reinserción, manteniendo la continuidad del apoyo a la parentalidad tras la excarcelación y reduciendo así el riesgo de rupturas del apego durante la reunificación. Las políticas que refuerzan la colaboración con las personas cuidadoras son también esenciales, ya que estas actúan como figuras de apego en ausencia de la madre y son centrales para la estabilidad familiar. Aunque esta revisión no evaluó directamente las unidades madre-bebé (UMB) ni otras alternativas al encarcelamiento materno, conviene plantear su inclusión en las políticas. Las UMB, por ejemplo, representan un enfoque basado en el apego que permite a las madres que cumplen los requisitos permanecer con su bebé durante la privación de libertad, preservando el vínculo temprano y favoreciendo la rehabilitación materna. Más allá de las UMB, otras alternativas basadas en el apego merecen también consideración. Los programas residenciales comunitarios permiten a las madres vivir con sus criaturas en entornos no privativos de libertad, favoreciendo tanto la rehabilitación como las relaciones de cuidado. Los programas de libertad vigilada y de derivación centrados en la familia sustituyen el encarcelamiento por una crianza supervisada y un acompañamiento psicológico, manteniendo el contacto parento-filial a la vez que se abordan los factores de riesgo de reincidencia. Además, los modelos que incluyen a las personas cuidadoras refuerzan la colaboración entre las madres y quienes cuidan de sus criaturas, favoreciendo la continuidad y la responsabilidad compartida en la crianza. En conjunto, estos enfoques ofrecen vías para preservar los vínculos entre las personas cuidadoras y la infancia a la vez que se promueve la rehabilitación. Aunque distintos en su estructura, estos enfoques comparten un mismo fundamento teórico, que insiste en mantener relaciones de cuidado constantes y sensibles para reducir los daños emocionales y del desarrollo que provoca la separación. Ampliar el acceso a estas opciones alinearía la política penitenciaria con el énfasis de la teoría del apego en la preservación de relaciones seguras, mitigando así el trauma intergeneracional.
Aunque ampliar los enfoques alternativos representa una orientación política importante, la mayoría de las madres encarceladas seguirán viviendo la separación de sus criaturas en centros cerrados. Para estas mujeres, las intervenciones de parentalidad aplicadas durante el encarcelamiento siguen siendo el medio más directo de mantener la identidad materna, el vínculo familiar y el desarrollo de habilidades. Cuando se imparten con eficacia, estos programas pueden atenuar el coste emocional de la separación, mejorar el afrontamiento y la regulación emocional y reforzar las habilidades necesarias para sostener las relaciones familiares tras la excarcelación. Seguir invirtiendo en estas intervenciones y adaptándolas puede ayudar a garantizar que las madres dispongan de oportunidades constantes que favorezcan una reunificación familiar más sana. Por tanto, la reforma de las políticas no solo debería ampliar las alternativas, sino también financiar e integrar programas de parentalidad en los entornos penitenciarios, como parte de un compromiso más amplio con una rehabilitación informada por el trauma y centrada en la familia.
La investigación futura debería explorar los resultados posteriores a la excarcelación, incluir muestras más diversas y representativas y tener en cuenta la perspectiva de las personas cuidadoras y de la infancia para comprender mejor el impacto más amplio de estas intervenciones. Aunque aún queda mucho por aprender, esta revisión pone de relieve la importancia de apoyar a las madres en su rol parental para reforzar tanto el bienestar individual como la cohesión familiar durante y después del encarcelamiento. Los lazos familiares sólidos se han identificado sistemáticamente como un factor de protección que contribuye a reducir la reincidencia, a mejorar la salud mental y a lograr una reinserción más satisfactoria de las personas encarceladas, lo que convierte las intervenciones centradas en la familia en un ámbito crucial para la práctica y la investigación futuras.
Complexe Systémique: lo esencial
La revisión tiene un discreto mérito sistémico: muestra que la palanca no está solo en la madre, sino en el triángulo que forma con la criatura y la persona que la cuida, a menudo una abuela o una familia de acogida. Los programas que organizan visitas, proporcionan sellos y papel de carta y trabajan la alianza con este tercero obtienen los efectos más consistentes; las cartas y las llamadas se convierten en «conductas de preservación del apego». Para la clínica, cabe retener la idea de una coparentalidad a distancia que hay que sostener, y el recordatorio de que las habilidades parentales no bastan cuando no se aborda el trauma. Sigue siendo necesaria la prudencia: solo ocho estudios, todos de Estados Unidos, muestras pequeñas, resultados mayoritariamente autoinformados, cifras que no coinciden entre el resumen y el texto, y ninguna voz de la infancia ni de las personas cuidadoras. El marco sigue siendo, además, el de unas competencias maternas que corregir más que el de un sistema familiar que sostener. Para leer junto con el artículo sobre una persona de referencia para la infancia de madres encarceladas y el artículo sobre el trauma relacional del encarcelamiento materno.
Notas del original
Financiación: la autoría declara haber recibido apoyo económico para la investigación y/o la publicación de este artículo. El College of Psychology de la Nova Southeastern University financió los gastos de publicación.
Agradecimientos. Gracias a la dirección del College of Psychology por apoyar este trabajo.
Contribuciones de la autoría. AC: conceptualización, curación de datos, análisis formal, metodología, visualización, redacción del borrador original. LL: conceptualización, curación de datos, metodología, redacción del borrador original. TK: conceptualización, obtención de financiación, supervisión, redacción – revisión y edición.
Conflicto de intereses. La autoría declara que la investigación se realizó en ausencia de cualquier relación comercial o financiera que pudiera interpretarse como un posible conflicto de intereses.
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Traducción no oficial al español de Parenting interventions for incarcerated mothers, de Alexis Clark, Leah Lancellotta y Tom D. Kennedy, Frontiers in Psychiatry, vol. 16, artículo 1658663 (2025), doi: 10.3389/fpsyt.2025.1658663, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tablas presentadas en forma de listas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Esta es una traducción no oficial del artículo original «Parenting interventions for incarcerated mothers», publicado en Frontiers in Psychiatry (2025) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, tal como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Clark, A., Lancellotta, L. y Kennedy, T. D. (2025). Parenting interventions for incarcerated mothers. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/parenting-interventions-for-incarcerated-mothers (Obra original publicada en 2025 en Frontiers in Psychiatry, 16, 1658663 (2025); republicada en 2025 por Frontiers in Psychiatry, https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fpsyt.2025.1658663/full)
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