Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Family Relations · Familia
¿Qué ayuda realmente a hijos e hijas a atravesar la recomposición de su familia? El equipo de Caroline Sanner revisó 37 estudios sobre lo que hacen los progenitores: mantener tiempo a solas con cada menor, guardarse los reproches sobre el otro progenitor, conservar la responsabilidad de la disciplina, dejar que la figura parental afín encuentre su lugar, compartir las comidas en familia. En el centro de todo, un arte de equilibrar necesidades que tiran en direcciones opuestas.
Traducción no oficial al español de Effective parenting in stepfamilies: Empirical evidence of what works, de Caroline Sanner, Lawrence Ganong, Marilyn Coleman y Steven Berkley, publicado en Family Relations (Wiley) (2022), doi: 10.1111/fare.12703, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
La crianza eficaz en las familias reconstituidas implica gestionar con cuidado necesidades familiares que compiten entre sí.
Caroline Sanner, Lawrence Ganong, Marilyn Coleman y Steven Berkley
Resumen
Objetivo. El propósito de este estudio fue examinar la evidencia científica sobre la crianza eficaz en familias reconstituidas (es decir, las prácticas parentales que contribuyen al bienestar físico, cognitivo y emocional de hijos e hijas).
Antecedentes. Las familias reconstituidas son cada vez más frecuentes. Los estudios muestran que la infancia en familias reconstituidas tiende a presentar un mayor riesgo de resultados negativos que la que vive en familias con ambos progenitores biológicos en primer matrimonio. A medida que la investigación sobre familias reconstituidas se ha ampliado, se han hecho avances en la identificación de prácticas parentales que favorecen resultados positivos para la infancia en estas familias.
Método. Revisamos 37 estudios que contenían evidencia empírica de crianza eficaz por parte de progenitores biológicos o adoptivos de menores en familias reconstituidas.
Resultados. La investigación ha identificado numerosas acciones de los progenitores vinculadas a resultados positivos en la infancia. Las prácticas parentales eficaces se agrupan, a grandes rasgos, en cinco ámbitos: (a) mantener vínculos estrechos entre progenitores e hijos o hijas, (b) establecer límites adecuados en la comunicación entre progenitores y menores, (c) ejercer el control parental, (d) apoyar el desarrollo de la relación entre la figura parental afín y los menores y (e) facilitar la cohesión de la familia reconstituida.
Conclusiones. La crianza eficaz en las familias reconstituidas implica gestionar con cuidado necesidades familiares que compiten entre sí, como la necesidad de equilibrar el tiempo compartido en familia con el tiempo a solas entre progenitor y menor, o la necesidad de establecer límites de comunicación abiertos en algunos ámbitos y cerrados en otros.
Implicaciones. Los progenitores disponen de una serie de pautas de acción respaldadas empíricamente y vinculadas al bienestar de la infancia en familias reconstituidas.
En Estados Unidos y en todo el mundo, las familias reconstituidas son cada vez más frecuentes (Australian Bureau of Statistics, 2016; Gath, 2016; Payne, 2019). La proporción de menores que viven con sus dos progenitores biológicos ha disminuido de forma constante en las últimas seis décadas, mientras que la proporción de quienes viven con un progenitor y una figura parental afín ha aumentado (Pew Research Center, 2015). Casi una cuarta parte (24%) de las primeras uniones (cohabitación o matrimonio), el 65% de las segundas uniones y el 74% de las terceras uniones forman familias reconstituidas (Guzzo, 2016). Aproximadamente el 10% de la infancia estadounidense vive en una familia reconstituida en un momento dado (Eickmeyer, 2017) y, al llegar a la edad adulta, más de cuatro de cada diez personas estadounidenses (42%) declaran tener al menos un pariente por afinidad derivado de una recomposición (es decir, una figura parental afín, un hijastro o hijastra, un medio hermano o hermanastro; Pew Research Center, 2011).
A medida que ha aumentado la prevalencia de las familias reconstituidas, también lo ha hecho la investigación sobre su dinámica. Uno de los principales focos de esta investigación ha sido el bienestar de los menores que viven en ellas. La estructura familiar se ha analizado con frecuencia como predictor del bienestar infantil, comparando a la infancia de familias reconstituidas con la de familias con ambos progenitores biológicos en primer matrimonio en una serie de resultados de desarrollo (Jensen & Sanner, 2021). En promedio, los estudios muestran de manera constante que la infancia en familias reconstituidas presenta un riesgo ligeramente mayor de resultados negativos que la que vive con ambos progenitores (Coleman & Ganong, 1990; Coleman et al., 2000; Raley & Sweeney, 2020; Sanner et al., 2018; Sweeney, 2010).
Se han propuesto múltiples razones para explicar los peores resultados de estos menores, y la mayoría apuntan a que niños, niñas y personas adultas experimentan un mayor estrés debido a las transiciones de estructura familiar (es decir, separación, divorcio y nueva pareja del progenitor o formación de la familia reconstituida; Jensen et al., 2017; Schafer et al., 2017). Por ejemplo, que un progenitor forme una nueva pareja se asocia a varios cambios que la infancia puede vivir: mudanzas, con la posible pérdida de amistades, barrios, escuelas y comunidades. Además, la nueva pareja del progenitor suele conllevar modificaciones en los ingresos del hogar, menos tiempo con uno o ambos progenitores, la adaptación a nuevos miembros del hogar (p. ej., figuras parentales afines, hermanastros y hermanastras), el ajuste a nuevas dinámicas y rutinas domésticas y la construcción de relaciones con una nueva familia extensa (p. ej., abuelas y abuelos por afinidad [Chapman et al., 2016] y otros miembros de la familia reconstituida).
Ante la evidencia de que a la infancia de familias reconstituidas le va peor que a la de familias con ambos progenitores biológicos, la investigación ha tratado de identificar factores y procesos que favorezcan resultados positivos en estos menores (Ganong & Coleman, 2017). Uno de los principales focos ha sido la crianza parental como posible amortiguador. Los progenitores pueden ser recursos clave para ayudar a su descendencia a adaptarse positivamente a la vida en una familia reconstituida. La manera en que responden a sus necesidades, y las estrategias que utilizan para crear entornos familiares cálidos, de apoyo y cohesionados, probablemente influya en su nivel de bienestar.
Sin embargo, los progenitores en familias reconstituidas se enfrentan a retos de crianza específicos que quizá no encuentren quienes crían en familias nucleares. Por ejemplo, en las familias reconstituidas la crianza se desarrolla al mismo tiempo que se construyen muchas relaciones nuevas. Los progenitores biológicos deben construir y cuidar nuevos vínculos de pareja, así como, potencialmente, nuevas relaciones con los hijos e hijas de su pareja y con otros parientes (p. ej., la familia política), a la vez que mantienen y cuidan los vínculos con su propia descendencia (Ganong & Coleman, 2017). Las familias reconstituidas son también singulares en que la relación entre progenitor y menor es anterior a la relación de pareja, lo que significa que esa díada comparte más historia (Papernow, 1987). Aunque la historia compartida puede favorecer vínculos más estrechos entre progenitor y menor, sobre todo cuando la nueva pareja llega tras un largo periodo en un hogar monoparental (Cartwright & Seymour, 2002), también expone a los progenitores biológicos a posibles conflictos de lealtad, ya que pueden sentir culpa al repartir su tiempo y su atención entre su descendencia y su nueva pareja. Por ejemplo, para que la figura parental afín no se sienta ajena a la familia, el progenitor puede dedicar más tiempo y atención a construir un vínculo de pareja sólido y reducir el tiempo con su descendencia (Visher & Visher, 1996). La crianza en las familias reconstituidas es compleja, y los progenitores pueden enfrentarse a múltiples demandas, a veces contrapuestas, sobre su tiempo y su atención. Identificar las prácticas parentales que ayudan a la infancia a responder a los cambios que encuentra y que conducen a resultados positivos sigue siendo una tarea académica importante.
En general, la investigación sobre familias reconstituidas se ha caracterizado por centrarse en los problemas y la patología más que en la resiliencia y la funcionalidad (Ganong & Coleman, 2017). Desde hace tiempo, la investigación especializada reclama un mayor uso de perspectivas normativo-adaptativas para estudiar estas familias (Ganong & Coleman, 1994). Aunque esta perspectiva no niega la posibilidad de problemas en las familias reconstituidas ni pretende ocultar sus dificultades, sí busca evitar centrarse únicamente en las dimensiones negativas (p. ej., el estrés y la tensión) de la vida en ellas. Esta perspectiva propone una agenda de investigación que arroje luz tanto sobre las experiencias positivas como sobre las negativas de las familias reconstituidas, explorando la complejidad, las tensiones y la ambivalencia en su seno, y que plantee preguntas de investigación orientadas a identificar los factores relacionados con un funcionamiento eficaz de estas familias. Guiado por una perspectiva normativo-adaptativa, el propósito de esta revisión sistemática fue examinar la investigación sobre la crianza eficaz en familias reconstituidas, definida como los comportamientos parentales que contribuyen al bienestar físico, cognitivo y emocional de la infancia. Nos centramos específicamente en la crianza eficaz por parte de progenitores biológicos o adoptivos (a diferencia de la crianza eficaz por parte de figuras parentales afines en familias reconstituidas [Ganong et al., 2021b] o de la coparentalidad eficaz en familias reconstituidas [Ganong et al., en prensa]).
La estrategia de muestreo, los criterios de inclusión y los métodos de codificación y análisis de este proyecto se encuentran en la presentación general del What Works in Childrearing in Stepfamilies Project publicada por Ganong et al. (2021a). Identificamos 37 estudios que incluían al menos un hallazgo sobre la crianza parental eficaz en familias reconstituidas.
La mayoría de los estudios se realizaron en Estados Unidos (92%), con uno de Suiza y dos de Nueva Zelanda. La mayoría eran cuantitativos (65%), aproximadamente un tercio cualitativos y solo uno de métodos mixtos. La primera autoría procedía de cinco disciplinas: ciencias de la familia (11), psicología (10), sociología (ocho), estudios de comunicación (cuatro) y trabajo social (tres); en un caso no pudo identificarse la disciplina. Algo más de un tercio (35%) de los estudios se basaban en muestras nacionales; de ellos, el 77% eran grandes muestras representativas (p. ej., National Survey of Children's Health [NSCH], National Longitudinal Study of Adolescent to Adult Health [Add Health], National Longitudinal Survey of Youth [NLSY] y National Survey of Families and Households [NSFH]). Aunque algunos de estos conjuntos de datos son longitudinales, solo cinco estudios sobre la crianza eficaz en familias reconstituidas eran longitudinales. La mayoría eran muestras de conveniencia transversales (59%) o estudios de una sola oleada de un conjunto de datos longitudinal (24%). Todos los estudios revisados tenían diseños correlacionales, un punto que merece atención. La investigación sobre la crianza en familias reconstituidas no ha establecido suficientemente vínculos causales; se han identificado prácticas parentales vinculadas a ciertos resultados, pero no puede determinarse que estos comportamientos causen dichos resultados, y estos deben interpretarse en consecuencia.
Alrededor del 70% tomaba como muestra a una sola persona por familia reconstituida, por lo general el hijastro o la hijastra (el 77% de estos), y cinco solo a progenitores. De los seis estudios con datos de dos personas, la mitad eran pares de menor y progenitor, y la otra mitad pares de figura parental afín y progenitor biológico. Siete estudios tomaban como muestra tríadas compuestas por progenitores, figuras parentales afines e hijastros o hijastras (uno incluía además a dos docentes). El tamaño de las muestras oscilaba entre menos de 10 y 2085. El tamaño medio de muestra en los estudios de participantes individuales era de 675.25; en los de díadas, M = 402.6, y en los de tríadas, M = 66.75. La mayoría de las muestras estaban formadas (exclusiva o principalmente) por personas blancas, y solo unas pocas incluían suficientes personas negras o latinas para analizarlas por separado. Ninguno de los estudios contaba con suficientes participantes de origen asiático o de las islas del Pacífico para analizarlos. Algo más de una cuarta parte (27%) de los estudios no incluía información sobre la composición racial o étnica de las muestras. Casi el 30% no identificaba el nivel socioeconómico de las personas participantes. Cuando se evaluaba la clase social, a menudo se clasificaba a las personas participantes simplemente como de clase media (30% de los estudios), y en el 27% de las muestras estaba representada una variedad de niveles socioeconómicos. Más del 75% de los estudios examinaban tanto a madres como a padres; tres se centraban solo en padres y cuatro solo en madres. Por último, la mayoría de los estudios se guiaban por una teoría (11 no). La teoría más utilizada fue la de los sistemas familiares, ya sea como única teoría (n = 9) o junto con otras (n = 6). Otras teorías utilizadas más de una vez fueron la gestión de la privacidad comunicativa (n = 2), el curso de vida (n = 2), el capital social (n = 2) y el construccionismo social (n = 2).
En el marco de nuestra revisión más amplia sobre lo que funciona en las familias reconstituidas, los estudios presentados en este artículo abordaban explícitamente la crianza eficaz en estas familias. La investigación identificó prácticas parentales en cinco ámbitos vinculadas a resultados positivos en la infancia: (a) mantener vínculos estrechos entre progenitores e hijos o hijas, (b) establecer límites adecuados en la comunicación entre progenitores y menores, (c) ejercer el control parental, (d) apoyar el desarrollo de la relación entre la figura parental afín y los menores y (e) facilitar la cohesión de la familia reconstituida.
Dado que la formación de una familia reconstituida va acompañada de una serie de transiciones para progenitores y menores, un foco importante ha sido cómo mantener la cercanía y la continuidad en la relación entre progenitor y menor en este periodo de cambio. De hecho, los estudios muestran que una relación estrecha entre progenitor y menor mitiga el estrés que la infancia experimenta durante y después de la transición a la vida en una familia reconstituida (Jensen et al., 2017; King, 2006). Unos lazos más estrechos con los progenitores se relacionan con varios resultados positivos para la infancia en familias reconstituidas, entre ellos el florecimiento juvenil (es decir, el grado en que jóvenes y adolescentes llevan a término sus tareas, controlan sus emociones, muestran curiosidad y se interesan por la escuela; Beckmeyer et al., 2020); el sentimiento de pertenencia a la familia reconstituida (es decir, sentirse incluidos en ella, comprendidos, divertirse juntos y recibir atención; King et al., 2015), y niveles más bajos de problemas internalizantes y externalizantes (p. ej., problemas de salud mental, conductas agresivas y delictivas; King, 2006; King, 2007; Schenck et al., 2009).
Mantener una relación estrecha con los hijos e hijas puede parecer una tarea sencilla, pero los estudios sugieren que muchos progenitores tienen dificultades para invertir en esas relaciones de una manera que la infancia perciba como equitativa e inalterada durante la formación de la familia reconstituida. Las percepciones juveniles de los lazos con los progenitores indican menos cercanía, calidez e implicación parental tras un nuevo matrimonio (Day & Acock, 2004; McLanahan & Sandefur, 1994). Muchos hijastros e hijastras se preocupan por los cambios que perciben en su relación con sus progenitores cuando estos forman una nueva pareja, y son sensibles a ellos; describen miedo, celos y tristeza ante la impresión de que la relación con su madre o su padre ha pasado a un segundo plano frente a sus esfuerzos por cultivar el vínculo con la nueva pareja y con los hijos e hijas de esta (Cartwright, 2005; Landon et al., 2022). Aunque los progenitores sientan que reparten con éxito su tiempo entre su descendencia, su nueva pareja y los hijos e hijas de esta, la infancia puede percibir de forma muy distinta la evolución de los vínculos. Parece que «hacer una nueva familia sin perder la antigua» exige a los progenitores un esfuerzo y una intencionalidad considerables. Entonces, ¿qué han encontrado los estudios acerca de lo que hacen los progenitores para mantener eficazmente lazos estrechos con su descendencia y reforzar su bienestar a lo largo de la transición a la vida en una familia reconstituida?
En primer lugar, preservar lazos estrechos con la descendencia tras la formación de la familia reconstituida exige mantener un contacto y una implicación regulares (Petren et al., 2019). Cuando la infancia reside principalmente con un progenitor tras la separación, la frecuencia de contacto con el progenitor no residente se vincula con una relación más estrecha con él o ella y con un mayor bienestar infantil (Bray, 1999; Bronstein et al., 1994; Bzostek, 2008; Golish, 2003; King, 2007; Salem et al., 1998; Schwartz & Finley, 2006; Sweeney, 2007; Troilo & Coleman, 2013; Zimmerman et al., 1995). Por ejemplo, entre jóvenes que viven en hogares de padre y madrastra, un contacto más frecuente con la madre no residente se vincula con relaciones más estrechas con la madre y con la madrastra, que a su vez se asocian con menos problemas internalizantes y externalizantes (King, 2007). Del mismo modo, entre jóvenes que viven en hogares de madre y padrastro, un contacto más frecuente con el padre no residente se vincula con una mejor adaptación conductual (Bray, 1999; Bronstein et al., 1994; Bzostek, 2008), un autoconcepto más positivo (Bronstein et al., 1994), menor consumo de sustancias (Salem et al., 1998), menos síntomas depresivos (Sweeney, 2007) y menos problemas psicológicos, especialmente en los chicos (Bronstein et al., 1994). Golish (2003) identificó el contacto continuo con los progenitores biológicos no residentes como una de las características que distinguían a las familias reconstituidas sólidas de las que atravesaban dificultades: el 71% de las familias sólidas indicaban que los menores tenían un contacto frecuente con el progenitor no residente, frente al 44% de las familias con más problemas.
Está claro que la frecuencia del contacto entre progenitores y menores importa para preservar lazos estrechos. Sin embargo, la naturaleza del contacto con los progenitores (también llamada implicación parental) puede adoptar muchas formas. En los estudios revisados se midió de diversas maneras, desde la frecuencia de pernoctaciones, encuentros en persona, llamadas telefónicas e intercambio de cartas con los progenitores (p. ej., King, 2007) hasta puntuaciones compuestas que miden comportamientos e interacciones específicos con ellos, como ir de compras, asistir a oficios religiosos o hablar de tareas escolares o de notas (p. ej., Sweeney, 2007). Estos estudios sugieren que la infancia puede beneficiarse de diversas formas de interacción con el progenitor no residente.
Los estudios sugieren que no todo el tiempo compartido con los menores rinde lo mismo. El tiempo compartido a solas, es decir, estar juntos sin otras personas presentes, parece especialmente beneficioso (Cartwright, 2005; Kelley, 1992). Cuando los progenitores forman una nueva pareja, a menudo desean que su descendencia establezca un vínculo con ella. Para facilitarlo, pueden aprovechar el tiempo de ocio familiar para realizar actividades compartidas con su descendencia, su pareja y la descendencia de esta (Ganong et al., 2021). Además, el progenitor no residente que tiene un contacto menos frecuente con su descendencia puede estar muy motivado para aprovechar sus visitas pasando el tiempo en grupo, con actividades que incluyan a la nueva figura parental afín y a los hermanastros y hermanastras.
Aunque facilitar el tiempo compartido en familia es sin duda importante, favorecer el vínculo en la familia reconstituida solo puede tener éxito en la medida en que los progenitores mantengan también tiempo a solas con cada menor a lo largo de la transición (Cartwright, 2005; Kelley, 1992). Perder tiempo y atención parental puede resultar especialmente difícil, dado que probablemente la infancia ha vivido en un hogar monoparental donde el vínculo con el progenitor pudo volverse particularmente estrecho antes de la llegada de una figura parental afín. Kelley (1992) observó que, en las familias reconstituidas bien adaptadas, los progenitores reservaban deliberadamente tiempo a solas con sus hijos e hijas, sin otros miembros de la familia. Los menores del estudio de Cartwright (2005) que sentían haber mantenido una relación estrecha con sus progenitores expresaban su aprobación sobre la manera en que estos habían gestionado la transición y habían dado prioridad a la relación. Las díadas progenitor-menor más satisfechas eran las que protegían cuidadosamente su tiempo a solas. Actividades como jugar o hacer deporte, recibir ayuda con los deberes, ir de compras, hacer excursiones, ir juntos en el coche, ver la televisión juntos o simplemente hablar a solas pueden ofrecer oportunidades importantes y significativas de conexión (Cartwright, 2005).
La infancia en familias reconstituidas también parece beneficiarse de muestras regulares de calidez y afecto por parte de sus progenitores (Fine & Kurdek, 1992; Fine et al., 1993; Haberstroh et al., 1998; Hetherington et al., 1992; King et al., 2015). Ejemplos concretos de calidez parental son elogiar, abrazar, pasar tiempo juntos, jugar o trabajar en proyectos, leer en voz alta, mantener conversaciones privadas y comer juntos (Fine et al., 1993). En las familias reconstituidas, estos comportamientos se relacionan positivamente con la calidad de la relación entre progenitor y menor y negativamente con la inadaptación psicológica y los problemas de conducta infantiles (Fine et al., 1993). Las percepciones de calidez parental por parte de los menores también se vinculan con el sentimiento de pertenencia a la familia reconstituida (King et al., 2015), con mejores notas y mayor autoestima (Fine & Kurdek, 1992) y con niveles más altos de positividad infantil (es decir, mostrarse cálido, asertivo, comunicativo, alentador y de buen humor), que a su vez se asocian con menos problemas de conducta externalizantes y con un mayor rendimiento académico (Hetherington et al., 1992). Crear vínculo leyendo juntos, incluso libros ilustrados, también se asocia con resultados positivos: cuando los progenitores de familias reconstituidas leen con los menores al menos tres veces por semana, las puntuaciones estandarizadas de lectura mejoran desde la educación infantil hasta quinto de primaria (Shriner et al., 2009).
Otro foco importante de la investigación sobre la crianza eficaz en familias reconstituidas ha sido el establecimiento de límites adecuados en la comunicación entre progenitores y menores, en cuanto a cuánta información se transmite a la infancia y de qué tipo (Afifi, 2003; Braithwaite et al., 2008; Kang & Ganong, 2020). Por un lado, la conversación íntima entre progenitores y menores es beneficiosa para el bienestar infantil (p. ej., Beckmeyer et al., 2020). Por otro, la apertura en algunos ámbitos, como el conflicto de coparentalidad en las familias reconstituidas, puede socavar tanto el bienestar infantil como la calidad de la relación entre progenitor y menor (p. ej., Amato & Afifi, 2006). Entonces, ¿cómo equilibran eficazmente los progenitores la necesidad de apertura y la de reserva en la comunicación con los menores?
Cuando la conversación se centra en los pensamientos, sentimientos y necesidades de los menores, la comunicación abierta resulta beneficiosa. Cuando hijos e hijas comparten libremente sus ideas y hablan abiertamente con sus progenitores de lo que ocurre en su vida (p. ej., notas, escuela, amistades, citas), obtienen resultados más positivos, entre ellos el florecimiento juvenil (Beckmeyer et al., 2020) y el sentimiento de pertenencia a la familia reconstituida (King et al., 2015). Un diálogo centrado en la infancia les transmite que sus progenitores se preocupan por ellos y que importan, y el hecho de importar a los progenitores (es decir, sentirse visto y ser objeto de su preocupación) se relaciona con menos problemas internalizantes y externalizantes en la infancia de familias reconstituidas (Schenck et al., 2009). Los menores que mantienen una relación estrecha con sus progenitores tras la nueva pareja de estos destacan la importancia de que sus progenitores les escuchen, les apoyen y muestren un interés genuino por su vida cotidiana (Cartwright, 2005). De hecho, conocer a sus amistades, reflejo del interés por su vida y de la familiaridad con ella, se relaciona con un mayor florecimiento juvenil y una mayor participación en actividades extraescolares en las familias reconstituidas (Beckmeyer et al., 2020). La apertura entre progenitores y menores no solo es buena para su relación, sino también para la relación con la figura parental afín; por ejemplo, cuando los menores perciben a su madre como más receptiva y disponible, declaran una relación más estrecha con su padrastro (Jensen & Shafer, 2013). Aunque la comunicación abierta puede beneficiar los lazos entre progenitores y menores, demasiada apertura sobre ciertos temas puede ser problemática. ¿Qué temas deberían evitar los progenitores en el interés superior de la infancia?
En general, la investigación constata que los progenitores eficaces en familias reconstituidas evitan hablar con su descendencia de (a) las circunstancias del divorcio y (b) información negativa sobre el otro progenitor (Afifi, 2003; Braithwaite et al., 2008; Metts et al., 2017). Muchos menores de familias reconstituidas sienten que sus progenitores biológicos les exponen a más información privada sobre ellos y sobre sus relaciones de la que conocen la mayoría de niños y niñas sobre sus progenitores (Braithwaite et al., 2008). Los estudios muestran que las revelaciones inapropiadas tienen consecuencias tanto para la adaptación infantil como para la relación entre progenitor y menor (Afifi et al., 2007; Metts et al., 2017). Los progenitores eficaces no revelan demasiada información a los menores, y les evitan así la sensación de asumir preocupaciones adultas para las que no están emocional ni cognitivamente preparados, o la presión de tener que elegir entre un progenitor y otro (Ahrons, 2007; Braithwaite et al., 2008; Cartwright, 2005). Por ejemplo, abstenerse de revelar detalles relacionados con el divorcio se asocia con resultados positivos: cuando hijastros e hijastras perciben que su madre se ha guardado los detalles sobre las circunstancias o los motivos del divorcio, declaran niveles significativamente más altos de satisfacción con la familia reconstituida (Metts et al., 2017).
En definitiva, estos menores quieren que sus progenitores comprendan que, «en el fondo, los niños son solo niños» y que no deberían verse implicados en asuntos que superan su umbral emocional y de madurez (Braithwaite et al., 2008, p. 44). Tampoco quieren hacer de «intermediarios», y desean quedar al margen de los asuntos que les hacen sentirse atrapados en los desacuerdos de sus progenitores (Afifi, 2003; Braithwaite et al., 2008). Prefieren que los progenitores en coparentalidad se comuniquen directamente entre sí. En un estudio, el equipo investigador concluyó que, si los progenitores se sorprenden introduciendo o cerrando sus confidencias con frases como «Ya sé que no necesitáis oír esto» o «No debería estar diciendo esto», deberían vigilarse a sí mismos (Braithwaite et al., 2008, p. 41). Los estudios muestran que la contención ofrece sistemáticamente mejores resultados que hablar mal del otro progenitor (Ahrons, 2007; Arditti & Prouty, 1999). De hecho, hay evidencia de que la infancia se siente más atraída por el progenitor que no revela en exceso, no la arrastra a dilemas de lealtad ni toma represalias contra el progenitor que habla mal, y que con el tiempo respeta a ese progenitor por su contención (Arditti & Prouty,1999). En definitiva, estos menores quieren sentirse en el centro de la atención y de la preocupación de sus progenitores, y no atrapados entre ellos (Braithwaite et al., 2008). Como explicaba una de las personas jóvenes entrevistadas: «Pensad en vuestros hijos y no en vosotros mismos; por mucho daño que os hayáis hecho, los efectos de lo que está pasando van a afectar a vuestros hijos durante mucho tiempo» (Braithwaite et al., 2008, p. 43).
Los progenitores en coparentalidad eficaces en familias reconstituidas gestionan los límites informativos con su descendencia estableciendo reglas explícitas, y tratando de respetarlas, sobre (a) lo que es apropiado e inapropiado revelar, (b) no hablar mal del otro progenitor y (c) no poner a la infancia en medio de los conflictos parentales (Afifi, 2003; Kang & Ganong, 2020). También vigilan la información que comparten con la infancia para no abrumarla ni estresarla (Golish, 2003; Jamison et al., 2014). Si los progenitores no logran acordar juntos unas reglas de comunicación, cada progenitor puede fijarse sus propias reglas y reducir así revelaciones perjudiciales, en beneficio del bienestar de su descendencia (Afifi, 2003).
Además de mantener la cercanía entre progenitores y menores y de establecer límites adecuados en su comunicación, un tercer foco de la literatura sobre la crianza en familias reconstituidas se refiere a las buenas prácticas de supervisión, disciplina y control parental. Las transiciones que acompañan la formación de una familia reconstituida pueden alterar las reglas y rutinas familiares. Estos cambios pueden afectar a la disponibilidad de los progenitores, que también están negociando cambios en el sistema familiar, para supervisar las actividades de su descendencia en la misma medida que antes. El control parental, es decir, la medida en que los progenitores fijan límites, supervisan sus actividades y hacen cumplir las reglas, se ha vinculado con resultados infantiles positivos en las familias reconstituidas (Brown & Rinelli, 2010; Fine & Kurdek, 1992; Fine et al., 1993; Hetherington et al., 1992; Sweeney, 2007; Willetts & Maroules, 2004). Por ejemplo, la medida en que los progenitores conocen a las amistades de sus hijos e hijas, a las familias de esas amistades, al profesorado y saben dónde están cuando no se encuentran en casa se relaciona con menos problemas conductuales y emocionales en la infancia de familias reconstituidas (Willetts & Maroules, 2004). La supervisión parental (o vigilancia parental) también se relaciona positivamente con las notas, la autoestima y los niveles de calidez y positividad de los menores (Fine & Kurdek, 1992; Hetherington et al., 1992). Un mayor control parental por parte del padre en familias de padre y madrastra se vincula con niveles más bajos de inadaptación psicológica infantil (p. ej., tristeza, depresión) y con una mejor calidad de la relación con la madre (Fine et al., 1993). Un mayor control materno en familias de madre y padrastro se vincula con menores probabilidades de que adolescentes fumen o beban alcohol (Brown & Rinelli, 2010). En un estudio, los ejemplos de control parental incluían poner límites a (a) la cantidad de televisión que ve el niño o la niña y al tipo de programas que ve; (b) si puede quedarse solo o sola en casa antes o después de la escuela, por la noche o durante toda la noche; (c) si debe informar a sus progenitores de dónde está cuando sale de casa, y (d) si debe terminar las tareas domésticas o los deberes antes de jugar, ver la televisión o salir (Fine et al., 1993).
En cuanto a la disciplina, el consenso entre los estudios es que la adaptación infantil y el funcionamiento de la familia reconstituida son mejores cuando los progenitores biológicos siguen siendo los principales responsables de la disciplina, sobre todo al principio de la formación de la familia reconstituida y especialmente con adolescentes (Bray, 1999; Cartwright, 2005; Cartwright et al., 2009; Golish, 2003; Kelley, 1992; Michaels, 2006; Moore & Cartwright, 2005). Tanto las familias reconstituidas sólidas como las que atraviesan dificultades parecen lidiar con la ambigüedad de los roles parentales, en particular en torno al papel de quien impone la disciplina (Golish, 2003). Hijastros e hijastras y especialistas en terapia de familias reconstituidas coinciden en que la disciplina corresponde a los progenitores biológicos (Cartwright, 2005) y en que la figura parental afín contribuye mejor a una crianza eficaz apoyando los esfuerzos del progenitor (véase Ganong et al., 2021b, para una revisión completa sobre la parentalidad afín eficaz). Incluso cuando la figura parental afín se convierte poco a poco en una figura de coparentalidad más activa (p. ej., más implicada en las decisiones de crianza), las familias reconstituidas parecen funcionar mejor cuando, en última instancia, la figura parental afín respalda las decisiones disciplinarias del progenitor biológico (Ganong et al., 2015).
Por último, un estudio examinó el tipo concreto de estilo disciplinario utilizado por los progenitores biológicos en familias reconstituidas y observó que, cuando utilizan un estilo disciplinario basado en el razonamiento, los menores presentan menos síntomas depresivos (Sweeney, 2007). En concreto, cuando adolescentes de familias reconstituidas habían hecho algo malo de cierta gravedad y su madre hablaba con ellos de lo ocurrido y les ayudaba a comprender por qué estaba mal, les iba mejor.
Un cuarto tema de la crianza eficaz en familias reconstituidas se refiere al papel de los progenitores en el desarrollo de la relación entre la figura parental afín y los menores, es decir, la relación entre su pareja y su descendencia. Hay quienes, en la investigación, sostienen que esta relación podría ser la más decisiva para el funcionamiento de la familia reconstituida y un factor determinante de la continuidad del (nuevo) matrimonio (p. ej., Crosbie-Burnett, 1984). Investigación y clínica han identificado el desarrollo de vínculos positivos con la figura parental afín como una tarea crucial de la familia reconstituida (Ganong & Coleman, 2017). Dado que una relación estrecha con la figura parental afín se vincula con resultados positivos para los menores (King, 2006, 2007; White & Gilbreth, 2001), lo que hacen los progenitores para favorecer el desarrollo de estas relaciones ha recibido cierta atención empírica.
En primer lugar, los progenitores favorecen el vínculo con la figura parental afín manteniendo ellos mismos una relación más estrecha y una mayor implicación con su descendencia. La investigación respalda en general un efecto de contagio entre la cercanía con el progenitor y la cercanía con la figura parental afín: la cercanía con el progenitor conviviente se asocia positivamente con la cercanía con la figura parental afín conviviente (King, 2006, 2007). Además, cuando los progenitores están más implicados y ofrecen más apoyo a la infancia (p. ej., en cuestiones prácticas, tareas domésticas o consejos), su pareja también se implica más con ella (van Houdt et al., 2020). Por tanto, muchos de los comportamientos identificados en el apartado «Mantener vínculos estrechos entre progenitores e hijos o hijas» tienen beneficios que pueden extenderse más allá del subsistema parento-filial, a la relación con la figura parental afín.
Sin embargo, una relación estrecha con los progenitores no garantiza una relación estrecha con la figura parental afín. Los progenitores favorecen el desarrollo de este vínculo permitiendo que la figura parental afín se implique y animándola activamente a hacerlo. El control de acceso (gatekeeping) se define como las «funciones ejercidas por uno o ambos progenitores que determinan quién tendrá acceso a sus hijos y la naturaleza de ese acceso» (Pruett et al., 2003, p. 171). Puede parecer sencillo, pero muchas madres y muchos padres, intencionadamente o no, limitan las interacciones entre la figura parental afín y los menores, lo que se conoce como control de acceso restrictivo (Ganong et al., 2015; Ganong et al., 2020). Ejemplos de control de acceso restrictivo son decir a la figura parental afín lo que puede y no puede hacer con los menores, supervisar sus interacciones con ellos, criticar su capacidad como figura parental o hacer comentarios sarcásticos mientras interactúa con ellos (Ganong et al., 2020). Cuando los progenitores adoptan a menudo estos comportamientos, la figura parental afín despliega menos conductas de búsqueda de afinidad con los menores, acciones realizadas intencionadamente para caerles bien y suscitar en ellos sentimientos positivos, lo que repercute negativamente en el desarrollo de la relación (Ganong et al., 2020).
Los progenitores pueden ejercer un control de acceso restrictivo por diversas razones, entre ellas la incertidumbre sobre la competencia de la figura parental afín como persona cuidadora, el deseo de proteger la seguridad y el bienestar de su descendencia, el deseo de proteger su papel de progenitor principal y el deseo de mantener la continuidad de la relación con su descendencia y de la dinámica familiar (Ganong et al., 2015; Pruett et al., 2003). Si la figura parental afín ha demostrado ser una persona cuidadora no apta o una influencia perjudicial, hay buenas razones para ejercer un control de acceso restrictivo y limitar su acceso a los menores. Sin embargo, si se trata de una persona adulta responsable y digna de confianza, crear un espacio para que interactúe con los menores, o abrir la puerta (gate-opening), es necesario para desarrollar vínculos estrechos. Dados los beneficios de las conductas de búsqueda de afinidad de la figura parental afín (Ganong et al., 1999; Ganong et al., 2019), los progenitores deberían ser conscientes de hasta qué punto restringen innecesariamente sus interacciones con los menores.
Una tercera manera en que los progenitores apoyan el desarrollo de esta relación consiste en asumir con cuidado su papel de mediación en los conflictos entre la figura parental afín y los menores. El conflicto en las relaciones familiares es inevitable, también entre la figura parental afín y los menores, y la manera en que los progenitores gestionan el conflicto entre su pareja y su descendencia tiene consecuencias (Coleman et al., 2001). Por un lado, cuando hijos e hijas perciben a su madre como abierta y receptiva en la comunicación sobre el padrastro, declaran una relación más estrecha con él (Jensen & Shafer, 2013). La disposición de los progenitores a escuchar a los menores, en lugar de ponerse a la defensiva ante sus quejas sobre la figura parental afín, puede hacer menos probable que alberguen resentimiento hacia ella y facilitar así la relación (Jensen & Shafer, 2013). Al mismo tiempo, una comunicación entre progenitores y menores que excluye sistemáticamente a la figura parental afín puede dar lugar a una triangulación, en la que el conflicto entre la figura parental afín y los menores se gestiona exclusivamente a través del progenitor, que se convierte en mediador de todos los conflictos. Cuando los progenitores se retiran de en medio del conflicto y animan a la figura parental afín y a los menores a hablar de los problemas de forma abierta y directa entre sí, estos describen una mejor relación con la figura parental afín (Afifi, 2003). Afifi constató que la apertura y la confrontación directa en las familias reconstituidas eran una de las tácticas más eficaces para reducir al mínimo los conflictos de lealtad.
Por último, los progenitores apoyan esta relación limitando la exposición de los menores a los conflictos entre ellos y su pareja. Mostrar un frente común como pareja es eficaz no solo para reducir la triangulación en las familias reconstituidas (Afifi, 2003), sino también para favorecer vínculos más estrechos con la figura parental afín (Jensen & Schafer, 2013). Una estrategia que utilizan los progenitores es aplazar la respuesta a las preguntas de los menores hasta haber tenido tiempo de consultar a su pareja y elaborar una respuesta (Afifi, 2003). Cuando los menores sienten que progenitor y figura parental afín están de acuerdo en las cuestiones de crianza y discuten poco, es más probable que declaren una relación más estrecha con la figura parental afín (Jensen & Schafer, 2013).
El último tema de la crianza eficaz en familias reconstituidas se refiere a lo que hacen los progenitores para facilitar la cohesión familiar. Construir solidaridad como unidad familiar es un reto que viven casi todas las familias reconstituidas (Golish, 2003). La formación de una familia reconstituida implica fusionar dos conjuntos de tradiciones familiares, rutinas, patrones de interacción y significados compartidos ya establecidos, y construir una identidad común puede resultar difícil. Afortunadamente, la investigación ha identificado estrategias parentales concretas vinculadas a una mayor cohesión de la familia reconstituida.
En primer lugar, los esfuerzos por organizar tiempo compartido en familia son clave; pasar tiempo juntos como familia es importante tanto para el bienestar individual como para el familiar (Baxter et al., 1999; Beckmeyer et al., 2020; Braithwaite et al., 1998; Fine et al., 1993; Henry & Lovelace, 1995; Hutchinson et al., 2007; Metts et al., 2013; Struss et al., 2001; Willetts & Maroules, 2004). Una estrategia que da buenos resultados es compartir las comidas en familia. Cuantas más noches por semana declaran los progenitores de familias reconstituidas compartir comidas en familia (es decir, con todas las personas del hogar presentes), más resultados positivos obtiene su descendencia (Beckmeyer et al., 2020). En concreto, compartir las comidas se vincula con la adaptación juvenil, la cohesión de la familia reconstituida y la participación de los menores en actividades extraescolares (Beckmeyer et al., 2020; Fine et al., 1993; Hutchinson et al., 2007; Struss et al., 2001). Se ha observado que otras actividades compartidas habituales, como salir a pasear, jugar e incluso hacer juntos las tareas domésticas, contribuyen a un sentimiento de continuidad y estabilidad en adolescentes de familias reconstituidas y generan un sentimiento de pertenencia (Hutchinson et al., 2007). Cuando las familias reconstituidas realizan con más frecuencia actividades compartidas y rutinas cotidianas, sus adolescentes también presentan menos conductas delictivas, consumen menos sustancias ilegales, tienen menos problemas conductuales y emocionales y están más satisfechos con la vida familiar (Henry & Lovelace, 1995; Willetts & Maroules, 2004). Algunos datos sugieren que las familias reconstituidas en cohabitación, en particular, pueden beneficiarse de las actividades familiares compartidas; las comidas en familia, por ejemplo, presentaban una asociación positiva más fuerte con resultados de desarrollo positivos en jóvenes de familias reconstituidas en cohabitación que en jóvenes de familias reconstituidas casadas (Beckmeyer et al., 2020).
Aunque los estudios muestran que el tiempo en familia es sin duda importante, estos hallazgos deben considerarse junto con la evidencia de que proteger el tiempo a solas entre progenitores y menores es esencial para unos vínculos sólidos que favorezcan el bienestar infantil en las familias reconstituidas. Sin una relación sólida entre progenitor y menor, es poco probable que los esfuerzos de los progenitores por promover la cohesión familiar sean bien recibidos por los menores. Las prácticas parentales que favorecen los mejores resultados para la infancia parecen implicar un delicado equilibrio entre facilitar el tiempo compartido en familia y preservar el tiempo a solas con cada menor.
La investigación ha logrado grandes avances en la identificación de prácticas parentales que favorecen resultados positivos para la infancia en familias reconstituidas. Estas prácticas se agrupan, en general, en los ámbitos de (a) mantener vínculos estrechos entre progenitores e hijos o hijas, (b) establecer límites adecuados en la comunicación entre progenitores y menores, (c) ejercer el control parental, (d) apoyar el desarrollo de la relación con la figura parental afín y (e) facilitar la cohesión de la familia reconstituida. Los comportamientos concretos vinculados al bienestar infantil incluyen mantener un contacto y una implicación regulares durante y después de la formación de la familia reconstituida; reservar deliberadamente tiempo a solas con cada menor y pasar tiempo de calidad juntos; mostrar calidez y afecto; mantener un diálogo centrado en la infancia; establecer reglas sobre (a) lo que es apropiado e inapropiado revelar, (b) no hablar mal del otro progenitor y (c) no poner a la infancia en medio de los conflictos parentales; supervisar las actividades de los menores; conservar el papel de principal responsable de la disciplina, con el respaldo de la figura parental afín a las decisiones disciplinarias del progenitor; utilizar un estilo disciplinario basado en el razonamiento, en el que el progenitor habla con el menor de lo que ha hecho mal y le ayuda a comprender por qué estaba mal; facilitar las interacciones con la figura parental afín reduciendo al mínimo los comportamientos de control de acceso restrictivo; animar a la figura parental afín y a los menores a hablar de los problemas de forma abierta y directa entre sí; limitar la exposición de los menores a los conflictos entre progenitor y figura parental afín, y organizar tiempo compartido en familia, como las comidas familiares.
A medida que las familias reconstituidas se volvían más frecuentes, la investigación estudió las implicaciones de la vida en ellas para el bienestar infantil e identificó numerosos comportamientos parentales concretos vinculados a mejores resultados. En conjunto, esta investigación sugiere que la crianza eficaz en las familias reconstituidas implica gestionar necesidades familiares que compiten entre sí. Por ejemplo, se necesita tanto tiempo compartido en familia como tiempo a solas entre progenitor y menor. Los progenitores necesitan mantener límites de comunicación abiertos en algunos ámbitos y cerrados en otros. Necesitan a la vez mostrarse abiertos y receptivos ante las preocupaciones de los menores sobre la figura parental afín y animarles a hablar de los problemas directamente. Es necesario ejercer el control parental (p. ej., supervisar las actividades de los menores), pero no hasta el punto de restringir la implicación de la figura parental afín y socavar el desarrollo de la relación con ella. Los progenitores equilibran una serie de necesidades individuales y familiares mientras aplican estrategias que maximizan el bienestar de su descendencia a lo largo de la transición a la vida en una familia reconstituida.
Desde luego, todas las familias y todas las relaciones implican gestionar necesidades que compiten entre sí. La investigación ha denominado a estas motivaciones opuestas que se contradicen dialéctica relacional (Baxter & Braithwaite, 2010). Por ejemplo, las partes de una relación gestionan la tensión entre autonomía y conexión: desean a la vez independencia y libertad en la relación, pero también intimidad y pertenencia. Las personas gestionan asimismo la tensión entre apertura y reserva, deseando a la vez revelar cosas de sí mismas y preservar su intimidad en la familia. Otra contradicción es la que opone estabilidad y cambio: encontramos consuelo en lo familiar y en la rutina, pero anhelamos novedad y emoción. Las tensiones y contradicciones son inherentes a la vida familiar, pero la complejidad estructural de las familias reconstituidas puede hacer aún más visibles las tensiones en torno a las necesidades familiares contrapuestas. Por ejemplo, la formación de una familia reconstituida no solo aumenta el número de subsistemas familiares dentro de cada hogar y entre hogares, sino que también reúne a miembros de la familia que carecen de historia compartida: un contexto propicio para negociar tensiones inevitables y sentimientos de ambivalencia. Además, la formación de una familia reconstituida tiene lugar con el telón de fondo de relatos culturales que la presentan como disfuncional (p. ej., Cenicienta) o armoniosa (p. ej., The Brady Bunch), y ninguno de ellos refleja con exactitud las realidades complejas, significativas y llenas de matices de la mayoría de las familias reconstituidas (Ganong & Coleman, 2017; Sanner & Coleman, 2017). Al mismo tiempo, los lazos que mantienen unidas a las familias reconstituidas pueden no ser tan duraderos como los de una primera familia, al menos al principio de su existencia, lo que hace que las tensiones dialécticas se vivan con más estrés y quizá resulten más difíciles de gestionar.
El papel de los progenitores en las familias reconstituidas se parece en muchos aspectos al que desempeñaban como progenitores solos antes de la creación del hogar reconstituido, pero en un contexto socioemocional radicalmente distinto. Los progenitores biológicos aman a su nueva pareja y aman a los hijos e hijas de sus uniones anteriores, y sin embargo esa pareja y esos menores pueden no estar seguros el uno del otro mientras construyen nuevas relaciones, lo que convierte al progenitor en el punto de apoyo de un triángulo cargado de emociones con enormes implicaciones para la estabilidad de la pareja y de la familia. En otras palabras, a los progenitores se les pide mucho para facilitar el bienestar individual y el de la familia reconstituida. Como los progenitores son la razón principal por la que figura parental afín y menores están en relación, el papel parental en las familias reconstituidas puede resultar especialmente estresante, y es posible que los progenitores necesiten orientación sobre cómo gestionar sus roles y sus nuevas relaciones.
Aunque nuestra comprensión de la crianza eficaz en las familias reconstituidas ha mejorado en las últimas décadas, siguen existiendo grandes lagunas en nuestro conocimiento. Lo más problemático es que esta literatura se basa abrumadoramente en muestras blancas y de clase media de familias reconstituidas heteronormativas (p. ej., familias de madre y padrastro, familias de padre y madrastra). La falta de atención a la diversidad racial, étnica, de género y sexual de las familias reconstituidas es preocupante: la investigación debe hacerlo mejor para dejar de situar perpetuamente en el centro de esta literatura las experiencias de las familias blancas. Esto es especialmente importante dado que datos recientes sugieren que lo que sabemos sobre las familias reconstituidas blancas puede no ser válido para las familias reconstituidas negras, hispanas o indígenas (Burton & Hardaway, 2012; Crosbie-Burnett & Lewis, 1993; Cross, 2020; Limb et al., 2020). Por ejemplo, la idea misma de que la estructura familiar tiene consecuencias para el bienestar infantil parece válida sobre todo para la juventud blanca (Cross, 2020). A partir de más de 30 años de datos nacionales que seguían las modalidades de convivencia desde el nacimiento hasta la edad adulta, Cross constató que vivir en una familia reconstituida no conlleva los mismos costes para la juventud negra que para la blanca. Para la juventud negra, el acceso a los recursos es en general más importante que la estructura familiar, lo que sugiere que, para las familias que sufren estrés y un acceso desigual a los recursos como consecuencia del racismo estructural histórico y contemporáneo, el estrés adicional que supone vivir separado de un progenitor biológico solo tiene un impacto marginal (Cross, 2020).
Hallazgos como este ponen de relieve la necesidad de comprender mejor a las familias en su contexto, sobre todo cuando se trata de entender cómo, y en qué condiciones, ciertas prácticas parentales pueden o no dar resultados positivos. Aunque los progenitores puedan tener capacidad para favorecer el bienestar de su descendencia en familias reconstituidas mediante determinadas prácticas, desconfiamos de reforzar un relato según el cual el que las familias tengan dificultades o prosperen depende por completo de sus miembros. Aunque nuestro objetivo es empoderar a los progenitores ofreciéndoles recursos basados en la evidencia empírica, reconocemos que los factores de estrés que viven las familias, y la medida en que los progenitores disponen de margen para aplicar estas prácticas, están condicionados por fuerzas sociales más amplias, incluida la medida en que las familias reciben apoyo a nivel local, estatal y federal. Creemos que es fundamental ir más allá de las explicaciones de nivel familiar sobre por qué las familias tienen dificultades o prosperan, para confrontar el privilegio y la opresión estructurados socialmente; es decir, conectar la investigación sobre la estructura familiar con la reflexión sobre cómo y por qué nuestros sistemas, leyes y políticas se han diseñado para beneficiar a algunas estructuras familiares en detrimento y con exclusión de otras (Letiecq, 2019). Un debate sobre «lo que funciona en las familias reconstituidas» queda incompleto si no se reconoce que nuestros sistemas, nuestras instituciones y nuestros cargos de gobierno desempeñan un papel clave en la configuración y el apoyo de comunidades propicias para una crianza eficaz. Las familias no pueden comprenderse al margen de los contextos sociales más amplios en los que se insertan, y hay amplias oportunidades de investigación para conectar mejor la dinámica familiar con estas fuerzas sociales.
Además de evaluar los contextos, se necesita más investigación sobre lo que hacen los progenitores para ayudar a su descendencia a adaptarse a los cambios que encuentra en la familia reconstituida. En particular, se justifican más investigaciones sobre cuánto y qué comunicar a la infancia, y cuándo. Asimismo, es necesario saber más sobre cómo pueden los progenitores facilitar el vínculo con la figura parental afín. Weaver y Coleman (2010) examinaron el papel de las madres respecto al padrastro y a los menores, pero se necesita investigación que examine los resultados de desarrollo de la infancia cuando madres y padres aplican distintas estrategias de cierre o apertura de la puerta (gate-closing/gate-opening). Recoger las perspectivas tanto de las personas adultas como de los menores puede ser útil para explorar comportamientos eficaces que conduzcan a resultados positivos. Por último, hay una gran necesidad de diseños más diversos en los estudios sobre lo que funciona en la crianza eficaz en familias reconstituidas. Por ejemplo, gran parte de lo que sabemos sobre estas familias procede de diseños transversales; es fundamental investigar de forma más longitudinal para examinar cómo cambian con el tiempo las asociaciones entre comportamientos parentales y resultados infantiles en función de la edad y de los contextos de desarrollo. Se abren oportunidades prometedoras a medida que la investigación busca comprender mejor las complejas interacciones entre contextos familiares, prácticas parentales y bienestar individual y relacional en las familias reconstituidas.
Complexe Systémique: puntos clave
El mérito de esta revisión es convertir una literatura dispersa en acciones concretas, y muchas de ellas hablan directamente a la práctica sistémica: proteger el subsistema parento-filial mientras se forma la pareja, fijar límites claros a lo que se confía a hijos e hijas, evitar convertir al menor en mensajero entre las antiguas parejas, salir de la posición obligada de mediación entre la pareja y la descendencia para no alimentar la triangulación. La imagen del progenitor como punto de apoyo de un triángulo cargado de emociones, tironeado por lealtades contrapuestas, y la lectura en términos de dialéctica relacional (apertura y reserva, tiempo compartido y tiempo a solas) ofrecen a la persona terapeuta referencias más que recetas. La prudencia sigue siendo necesaria: todos los estudios son correlacionales, casi todos estadounidenses, con muestras blancas, de clase media y heteronormativas, y el propio equipo reconoce que estas prácticas dependen de los recursos de que disponen las familias y del apoyo que les conceden las políticas públicas. Para leer junto con la entrevista con Ivy Daure sobre el lugar de madrastras y padrastros y el artículo sobre el apoyo a la coparentalidad.
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Traducción no oficial de Effective parenting in stepfamilies: Empirical evidence of what works, de Caroline Sanner, Lawrence Ganong, Marilyn Coleman y Steven Berkley, Family Relations, vol. 71, n.o 3 (2022), doi: 10.1111/fare.12703, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Esta es una traducción del artículo original «Effective parenting in stepfamilies: Empirical evidence of what works», publicado en Family Relations (2022) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Sanner, C., Ganong, L., Coleman, M., et Berkley, S. (2022). Effective parenting in stepfamilies: Empirical evidence of what works. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/effective-parenting-in-stepfamilies-empirical-evidence-of-what-works (Obra original publicada en 2022 en Family Relations, 71(3), 884–899 (2022); republicada en 2022 por Family Relations, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/fare.12703)
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