Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
International Journal of Environmental Research and Public Health · Conferencias de grupo familiar
En las sociedades occidentales, la familia se ha convertido en una cuestión de elección y la solidaridad entre parientes se ha adelgazado. Gert Schout y Gideon de Jong se apoyan en Habermas, Taylor y Sloterdijk para comprender por qué las conferencias de grupo familiar (FGC) responden a esa carencia. Un caso neerlandés lo atestigua: dos hijos adultos que aterrorizan a su madre, una tía y unas hermanastras que toman la palabra, y un plan que la familia construye por sí misma.
Traducción no oficial al español de The Weakening of Kin Ties: Exploring the Need for Life-World Led Interventions, de Gert Schout y Gideon de Jong, publicado en International Journal of Environmental Research and Public Health (MDPI) (2018), doi: 10.3390/ijerph15020203, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para la lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las declaraciones de final de artículo (agradecimientos, ética, contribuciones, conflictos de intereses) se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Una intervención guiada por el mundo de la vida como las FGC, con una ambición específica y modesta, contribuye a la solidaridad a pequeña escala.
Gert Schout y Gideon de Jong
Resumen
Las funciones protectoras que pueden ofrecer las familias y las relaciones sociales más amplias son necesarias para hacer frente a las exigencias de la vida en las sociedades occidentales contemporáneas. Sin embargo, la elección y la destradicionalización obstaculizan esta fuente de solidaridad. Las conferencias de grupo familiar (Family Group Conferencing, FGC) y otras intervenciones guiadas por el mundo de la vida tienen el potencial de fortalecer los grupos primarios. Este artículo explora la necesidad de una intervención social de este tipo, a partir de aportaciones de teorías sociológicas y filosóficas y de los resultados empíricos de un estudio de caso del proyecto de investigación «FGC en salud mental». Esta necesidad resulta comprensible si se consideran el debilitamiento de los lazos de parentesco, la escasa capacidad de los organismos públicos para movilizar el autocuidado y el cuidado informal, la capacidad de las FGC para desplazar el poder de la esfera pública a la privada y su capacidad para mitigar el coaislamiento de individuos, familias y comunidades. Una intervención guiada por el mundo de la vida como las FGC, con una ambición específica y modesta, contribuye a la solidaridad a pequeña escala. Esta ambición no aspira a establecer una amplia cohesión social en el seno de la sociedad, sino a restablecer —en los términos del filósofo alemán Peter Sloterdijk— la inmunidad (protección) y la solidaridad en los grupos primarios y, en consecuencia, a resolver los problemas con quienes (familia, vecindario, colegas) comparten una esfera (una situación, un proceso, un destino).
Palabras clave: conferencias de grupo familiar; intervenciones guiadas por el mundo de la vida; solidaridad densa y tenue; arraigo social; lazos de parentesco; teoría de las esferas de Sloterdijk
La importancia de las familias para adaptarse a nuevas normas, abordar las tradiciones culturales, socializar y ayudar a afrontar los retos cotidianos está fuera de toda duda; sin embargo, en los últimos años, diversos especialistas han señalado que la vida familiar también puede ser una fuente de estrés [1], un campo de batalla de coparentalidad competitiva [2] o una prueba en la que hay que equilibrar los objetivos parentales y el deseo de autonomía de la adolescencia [3]. Gazso y McDaniel [4], por su parte, ven en las familias una necesidad para hacer frente a las restricciones y estructuras del Estado de bienestar neoliberal. Por esencial y, al mismo tiempo, difícil que pueda ser la vida familiar, los lazos de parentesco se están debilitando en las sociedades occidentales contemporáneas [5,6,7]. En un artículo de sociología evolutiva, Maryanski (en [8]) cuestionó «algunas creencias muy arraigadas en sociología sobre la necesidad humana de parentesco extenso, vínculos íntimos, colectivismo y solidaridad, sosteniendo que la naturaleza humana está, de hecho, predispuesta a la libertad, la autonomía, las redes de parentesco restringidas, los vínculos débiles y la movilidad en el espacio» [5] (p. 419). La solidaridad densa de los estrechos lazos de parentesco y el colectivismo están ligados a las penurias existenciales [9,10]. A la inversa, la solidaridad tenue está ligada al individualismo y a la ausencia de tales penurias [11]. El debilitamiento de los lazos de parentesco ha abierto espacio a compromisos ambivalentes: la opción de apoyarse mutuamente es tan factible como la posibilidad de no hacerlo. Las estructuras sociales de la solidaridad se socavan con facilidad, a pesar de los acontecimientos vitales compartidos, pero también pueden restablecerse. No siempre es posible compartir acontecimientos vitales, debido a las distancias geográficas entre los miembros de la familia y a los cambios en la composición familiar, fruto de las transformaciones de los arreglos familiares asociadas a los divorcios y la migración [12,13].
Mientras Bauman [14,15] describe cómo la pérdida de solidaridad que acompaña al contexto de individualización y destradicionalización está ligada a la «liquidez» del amor y de la vida, Gazso y McDaniel [4] subrayan las funciones protectoras que tienen las familias y las relaciones sociales más amplias para afrontar las incertidumbres de la vida en las sociedades de la modernidad tardía, en especial en condiciones neoliberales. De ahí la necesidad de fortalecer a las familias y a las comunidades cercanas para hacer frente a la precariedad que traen consigo estas condiciones. Desde 2009 se lleva a cabo en los Países Bajos un estudio continuado que intenta llegar a personas extremadamente marginadas y reunirlas con sus grupos primarios, o con lo que queda de ellos, mediante las conferencias de grupo familiar (FGC). Las FGC reúnen las redes sociales de los miembros de la familia y a las partes profesionales implicadas en un foro de toma de decisiones dirigido por la familia, que permite que cada participante pueda hacerse oír y abre perspectivas de solución. Desde su implantación en los sistemas de salud pública de varios países occidentales en la década de 1990, numerosos equipos de investigación han intentado examinar la eficacia de las FGC (véase una visión de conjunto en [16]), aunque sus fundamentos teóricos siguen estando poco investigados. El objetivo de este artículo es comprender la necesidad de las FGC en las sociedades occidentales contemporáneas como intervención guiada por el mundo de la vida que combina voz, autoorganización y apoyo profesional. Los principios de una práctica de este tipo consisten en comprender las visiones del mundo de la vida de los miembros de la comunidad y la idea que tienen de su propio potencial, ofrecer recursos y facilitar el empoderamiento, compartir estudios de caso del mundo de la vida y ejercer presión para influir en las políticas locales y nacionales, tanto en relación con las personas como con las comunidades [17].
En la sección siguiente se examinarán las teorías sociológicas que arrojan luz sobre la necesidad de fortalecer los grupos primarios y sobre las perspectivas que podría ofrecer una intervención guiada por el mundo de la vida como las FGC. Que estas intervenciones encierran el potencial de generar solidaridad a pequeña escala se ilustra con un estudio de caso del proyecto de investigación «FGC en salud mental». El estudio de caso revela que las teorías sociológicas por sí solas no bastan para captar la necesidad de las FGC en las sociedades occidentales contemporáneas. Por ello, en la discusión se recurre a la «teoría de las esferas» del filósofo Sloterdijk por su valor explicativo: permite entender por qué las intervenciones guiadas por el mundo de la vida son prometedoras para recuperar la solidaridad a pequeña escala.
Especialistas influyentes como Fukuyama [18,19], Pinker [20], Siedentop [21] y Shermer [22] describen una amplia evolución en todo el mundo occidental hacia la justicia social, la democracia, las relaciones horizontales y el individualismo. Una vez establecido un contexto de justicia social y democracia, el papel de los lazos de parentesco pierde importancia para mantener a raya un mundo hostil. Shermer [22] señala cómo el altruismo de parentesco ha evolucionado hacia el altruismo recíproco y el altruismo ciego de la sociedad moderna. Constata el auge del razonamiento, la deliberación, las relaciones horizontales y un mundo mucho más seguro y menos violento. Pese a la precariedad de la vida en condiciones neoliberales para algunas personas, la familia como refugio seguro en un mundo peligroso se ha difuminado en un segundo plano. Esto, sin embargo, ha conducido a un debilitamiento de los lazos de parentesco [5,6,7].
Siguiendo a Pahl y Spencer [23], Gazso y McDaniel [4] utilizan el concepto de «comunidades personales» para describir que los lazos familiares no solo vienen dados, sino que también se eligen, y que las personas pueden ajustarlos, crearlos y mantenerlos. Postulan las comunidades personales principalmente como «comunidades de elección» y concluyen que las familias de hoy son cada vez más familias elegidas [4]. Con argumentos sólidos, Gazso y McDaniel [4] concluyen que, en las sociedades occidentales contemporáneas, los lazos familiares ya no están determinados ni condicionados de forma inmediata por la sangre, la tradición o la historia, y que la elección sobre el grado de intimidad y de apoyo mutuo puede hacerse individualmente. Los procesos de individualización, destradicionalización y secularización apartan a las personas de las empresas colectivas. Lorentzen y Hustinx [24] describen este proceso como un paso de las «comunidades de destino» a las «comunidades de elección», lo que significa que las identidades colectivas son sustituidas por un individualismo subjetivo: procesos en los que cada persona construye su propia vida con mayor o menor independencia del colectivo.
Mientras Gazso y McDaniel [4] destacan las funciones protectoras que pueden tener las familias y las relaciones sociales más amplias para afrontar las incertidumbres de la vida, Bauman [14,15] expresa la pérdida de solidaridad que se produce en el contexto de la individualización y la destradicionalización con fórmulas como «amor líquido» [14] y «vida líquida» [15]. El trasfondo de la modernidad líquida [25] no genera fácilmente apoyo mutuo ni lealtad duraderos dentro de las familias, aunque la precariedad del empleo inseguro y la falta de pertenencia en condiciones neoliberales exigen, en efecto, tales vínculos.
Los grupos sociales pueden distinguirse en dados y elegidos. A diferencia de las comunidades dadas, es posible decidir marcharse de una comunidad elegida. Hirst [26] (p. 52) concibe la comunidad de destino como una «comunidad existencial»: en ella se nace y se crece, sus miembros comparten una situación, un proceso o un destino. Las fronteras, la identidad y la pertenencia son rasgos cruciales de ambas comunidades. A primera vista, estos rasgos de las comunidades de destino son el punto de aplicación de una intervención guiada por el mundo de la vida como las FGC. Sin embargo, sus connotaciones son problemáticas. Mientras las comunidades de elección postulan al individuo liberado —una persona libre de obligaciones y capaz de elegir entre todas las opciones que ofrecen los mercados—, las comunidades de destino expresan el vínculo y las restricciones del destino. Los actos de solidaridad, por el contrario, se expresan en situaciones que son a la vez dadas y elegidas. Nadie ha elegido a su familia ni el lugar de su cuna. Aun así, existe libertad para maniobrar y dar forma al propio proyecto vital dentro de proporciones diversas de relaciones dadas y elegidas. Con buenas razones, la sociología designa instituciones como las familias y las amistades como fuentes naturales, tácitas y poderosas de regulación. Pahl y Spencer [23] consideran que la vida de las personas está inserta en lazos de red activos y significativos, a la vez dados y elegidos. Según Pahl y Spencer, las relaciones elegidas incluyen parientes y no parientes. Denominan a estas estructuras sociales «comunidades personales». Esto parece, no obstante, una contradicción en los términos. Una comunidad no es ni puede ser nunca personal; es el mundo de la vida compartido por excelencia, en el que otras personas también mueven los hilos. Por esta razón, en este artículo se evitan conceptos como «familias de elección», «comunidades personales» o «comunidades de destino»; en su lugar se utiliza el término «grupos primarios» para subrayar los intercambios de elementos implícitos, como el amor, el cuidado, la preocupación, la animosidad o el apoyo, que incorporan la protección que pueden ofrecer las relaciones dadas, elegidas y adquiridas.
Es necesario introducir aquí una salvedad. Moreno-Mínguez, Martínez-Fernández y Carrasco-Campos [27] señalan que en los países del sur de Europa, donde las políticas familiares han sido residuales, la familia sigue siendo el principal agente de cuidado intergeneracional. Naldini y Jurado [28] parecen coincidir en que los países del sur de Europa fueron, hasta hace poco, «familistas», pero en que también estos países han pasado del modelo de familia y parentesco a un modelo familiar de doble ingreso, configurado por las políticas nacionales. Aunque hay excepciones de países en los que el modelo de solidaridad familiar y de parentesco sigue siendo fuerte, como Italia, el razonamiento de este artículo se refiere a las sociedades occidentales.
Las teorías examinadas arrojan cierta luz sobre el auge del individualismo y el papel cambiante de los lazos de parentesco, pero siguen sin bastar para transmitir la necesidad de fortalecer a las familias. Para ello se recurre a las aportaciones de Charles Taylor. Taylor [29,30] llama gran desanclaje al aflojamiento de los lazos de los clanes y las comunidades, y de las costumbres obligatorias, tradiciones, rituales y obligaciones religiosas que los acompañan. Antes de la modernización, la gente no podía imaginarse fuera de su contexto social. «¿Qué pasaría si emigrara?» o «¿Qué ocurriría si me convirtiera a otra religión?»: que hoy alguien pueda plantearse estas preguntas remite, según Taylor [29] (p. 60), a ese desanclaje. El gran desanclaje, con su «primacía sin precedentes del individuo» [30] (p. 146), marca el fin del «triple anclaje, en el que los agentes humanos están insertos en la sociedad, la sociedad en el cosmos y el cosmos en lo divino» [30] (p. 152). Siguiendo la descripción que hace Tocqueville de la «Société des ordres», Taylor [29] describe una división entre las sociedades en las que dominan la jerarquía y el acceso mediado y aquellas en las que prevalecen las relaciones horizontales con acceso directo. Antes de la modernización, se pertenecía siempre a un eslabón de una cadena ordenada jerárquicamente, una cadena en la que una familia campesina estaba ligada a un señor feudal, que a su vez estaba en deuda con el rey. Las familias eran, de hecho, una especie de gran hogar en el que también convivían con el núcleo personas que no eran parientes: personal a su servicio, estudiantes, un primo que venía a aprender un oficio, etc. [29] (p. 148). Estos hogares eran fuertemente patriarcales, bajo la autoridad indiscutida del cabeza de familia varón. Las relaciones de dependencia y la jerarquía eran primordiales. Cada cual conocía su lugar; las relaciones jerárquicas y mediadas determinaban la imagen [29] (p. 149). En la sociedad moderna, los ordenamientos verticales tradicionales destinados a garantizar la seguridad son sustituidos por ordenamientos horizontales modernos que se expresan en las ideas de autoconciencia, autodeterminación, autorrealización y autoafirmación [31]. En las sociedades horizontales modernas, todo el mundo tiene acceso directo y la misma distancia respecto al centro del poder, marcado por una organización impersonal e igualitaria en la que la ciudadanía mantiene una relación directa con el Estado. Pero, como demuestra Habermas [32], en las sociedades occidentales contemporáneas el Estado se ha ido desconectando cada vez más de la ciudadanía.
El auge del comercio está ligado al auge de la justicia social. La obra de Fukuyama [18,19,33], Shermer [22,34] y Pinker [20] muestra cómo el comercio, la competencia, el individualismo, la democracia y la justicia social se convocan mutuamente y conducen, en última instancia, a menos violencia y más seguridad. El auge del comercio en la atención sanitaria tiene, sin embargo, efectos secundarios vinculados a la mercantilización. Pellegrino [35] subraya que la mercantilización de la atención sanitaria implica que la relación entre las personas usuarias y el personal profesional se convierte en una relación comercial, lo que legitima las reglas del comercio y la búsqueda del interés propio. En un sistema sanitario impulsado por el mercado (neoliberal), las mercancías son fungibles; cualquier profesional puede ser sustituido por cualquier otra mercancía similar, siempre que la calidad y el precio sean los mismos. En esta visión de la atención sanitaria, el personal médico y quienes reciben atención se convierten también en mercancías. Hasta la década de 1980, en la mayoría de los países occidentales, las y los profesionales del trabajo social, de la medicina general y de la enfermería comunitaria (de salud mental) conocían bien a las familias y su entorno social, y las acompañaban en sus enfermedades, sus acontecimientos vitales y sus preocupaciones. El personal profesional se mantenía cerca, consciente de que dependía de una confianza nacida de relaciones personales íntimas. Hoy, en el sistema sanitario impulsado por el mercado, las entidades proveedoras de servicios buscan formas de ampliar su oferta. Los incentivos del mercado obstaculizan la activación del autocuidado y del cuidado informal [36]. El dominio profesional socava la confianza de las personas en sí mismas y su capacidad para resolver por sí solas sus problemas [37].
La profusión de reglas y protocolos con fines de tratamiento replicable, rendición de cuentas y eficiencia, destinada a establecer igualdad de condiciones para los actores del mercado, ensancha la brecha entre lo que Habermas [32] llama el mundo de la vida y el mundo del sistema. Según Habermas, el problema central de las sociedades contemporáneas es cómo crear las condiciones para lo que denomina «acción comunicativa», es decir, el proceso por el que se alcanza un entendimiento común. El núcleo de su Teoría de la acción comunicativa es la «colonización del mundo de la vida por los sistemas», lo que significa que la esfera privada es penetrada por la comunicación estratégica de los sistemas de la esfera pública. El mundo del sistema se caracteriza por la racionalización, la eficiencia, la calculabilidad, el control y la previsibilidad. En el centro del mundo de la vida se encuentran un entendimiento común y un sentido compartido de la identidad. Es la suma latente de todo tipo de supuestos sobre nuestra identidad, nuestros valores, nuestros deseos y nuestras creencias. En el mundo de la vida, los valores, los logros y las creencias se reafirman constantemente. Habermas observa procesos de colonización en toda la sociedad. Desde su punto de vista, las comunidades disponen de menos esferas de acción comunicativa que los organismos públicos. Dicho de otro modo, la comunidad de los otros generalizados se está transformando en un Estado contractual de contribuyentes sin responsabilidad mutua. La acción comunicativa consiste en crear una «situación ideal de habla»: una situación libre de coacción, en la que todo sujeto puede hablar, preguntar, expresarse y afirmar; una situación en la que se hace retroceder la colonización del mundo de la vida por los sistemas. La lógica del sistema tiende a imponerse a la lógica de las personas. Burns y Früchtel [38] subrayan que las FGC son necesarias para remediar los efectos secundarios perjudiciales de un sistema de Estado de bienestar jurídico y profesional.
Apoyándose en la teoría social crítica de Habermas, Hayes y Houston [39] reelaboran algunos aspectos de los procesos de FGC poniendo de relieve la posibilidad de un diálogo empoderador entre las familias, que encarnan el mundo de la vida, y el personal profesional, que representa el mundo del sistema. Proyectan la teoría de Habermas como una manera de constituir una práctica moral mediante procedimientos comunicativos que abordan las cuestiones relativas al uso del poder y a la necesidad de reconocimiento entre sujetos.
Aunque existen distintos enfoques y aplicaciones de las FGC en diferentes contextos, hay consenso sobre sus rasgos esenciales [40]. Las FGC son un diálogo de grupo facilitado en el que la ciudadanía toma las riendas, resuelve problemas y elabora planes siguiendo un proceso estructurado de toma de decisiones. El personal profesional contribuye, pero su papel en las FGC no es tomar decisiones. Más bien facilitan la toma de decisiones aportando información, recursos y conocimientos especializados [39]. Las FGC se asemejan a la forma que adopta la resolución de problemas en las sociedades tradicionales, en las que las familias o las pequeñas comunidades gestionan sus propios asuntos en lugar de ponerlos en manos de profesionales [41].
La idea central de las FGC es una reunión de todos los miembros de la familia, del personal de la administración pública y de otras personas implicadas con la familia, con el fin de establecer un plan para el cuidado y la protección de determinados miembros de la familia. La reunión la organiza una persona coordinadora independiente, que crea las condiciones para que el grupo primario pueda llegar a un acuerdo y encontrar soluciones durante un tiempo privado en el que no está presente el personal profesional. Se invita a participar a todas las personas que puedan contribuir: no solo a los miembros de la familia, sino también a amistades, vecindario y miembros de la comunidad, como el profesorado o quienes entrenan en clubes deportivos. Mediante un proceso democrático, la familia establece su propio plan, con el que todo el mundo debe estar de acuerdo.
Desde su introducción en la década de 1980 en Nueva Zelanda, las FGC se organizan cada vez más en casos de protección de la infancia en todo el mundo occidental [41]. Más recientemente, en varios países, se ha impuesto una perspectiva más amplia de las situaciones en las que podrían aplicarse las FGC, que pone de relieve no solo las capacidades de las familias, sino las de la sociedad civil en general. El proceso de toma de decisiones de las FGC se aplica en todo tipo de situaciones en las que los grupos sociales toman las riendas. Ejemplos de ello son la organización de FGC para personas perceptoras de prestaciones sociales [42] y en la atención a personas mayores [43]. En un estudio de las FGC en la atención de salud mental neerlandesa se observan aplicaciones prometedoras con distintos grupos destinatarios, como personas multirreincidentes, jóvenes sin hogar, residentes en riesgo de desahucio y personas con trastornos psiquiátricos amenazadas con medidas coercitivas. Pero también se utilizan en situaciones de molestias y problemas de convivencia en los barrios, donde se recurre a las llamadas conferencias comunitarias [44,45]. Las personas extremadamente marginadas, con múltiples problemas sanitarios y sociales, parecen beneficiarse del reencuentro con sus familiares.
La filosofía subyacente de las FGC parte del supuesto de que los grupos primarios son capaces de encontrar soluciones viables, con o sin el apoyo de la pericia profesional. A diferencia de los modelos de intervención tradicionales, las FGC animan a la familia a fijar el orden del día. Las FGC son sensibles a la cultura, el estilo de vida y la historia de las familias. Obtienen resultados a través de la familia y, por tanto, utilizan los recursos que existen dentro de las comunidades, aunque el papel del personal profesional (como el trabajo social, la enfermería comunitaria [de salud mental] y la medicina general) no deja de aplicarse. El personal profesional deriva a las personas usuarias a las FGC, está presente durante partes de la conferencia y aporta información y apoyo, pero también abre el acceso a recursos de otros organismos. En los casos de problemas sanitarios y sociales graves y persistentes, la investigación ha mostrado que las familias y las comunidades cercanas están dispuestas a implicarse, pero solo cuando está garantizada la continuidad de la atención profesional [36,45]. Esto arroja luz sobre una nueva perspectiva del trabajo social y de las prácticas de salud mental comunitaria, a saber, un trabajo realizado por diversos actores de la sociedad civil y de la sociedad profesional.
De 2011 a 2015 se examinaron el proceso y el impacto de 82 conferencias de grupo familiar en diferentes contextos de atención de salud mental en los Países Bajos [44,45]. Los resultados indican el potencial de las FGC para recuperar los lazos de parentesco, recobrar el control sobre la propia situación y restablecer el sentimiento de pertenencia.
Las 82 conferencias se reconstruyeron de forma retrospectiva mediante el enfoque de estudio de caso (múltiple) de Stake [46]. Se emplearon métodos responsivos [47,48] para ofrecer a las personas usuarias, sus redes sociales, el personal profesional y quienes coordinaban las FGC una plataforma desde la que describir el proceso y los efectos de la conferencia según su propia percepción.
El estudio de caso que se destaca en este artículo procede de este proyecto. La familia entrevistada estaba formada por dos hijos adultos (ambos de veintitantos años), su madre y su padrastro. Además de estas cuatro personas, se entrevistó a una hermanastra (hija del padrastro), a un trabajador social (un hombre de unos cincuenta años, empleado de los servicios sociales locales) que empezó a intervenir con la familia a principios de 2012 y que la derivó a una FGC, y al coordinador de la FGC. En total se realizaron siete entrevistas, que duraron por término medio entre 60 y 90 min. Las entrevistas se grabaron en audio, se transcribieron y se analizaron con la ayuda de ATLAS.ti. Se organizó una verificación grupal con las personas participantes para validar los resultados de las entrevistas [49].
La razón de destacar este caso concreto es que muestra cómo las familias de las sociedades occidentales contemporáneas pueden perderse de vista entre sí y, al no estar socialmente insertas en comunidades cercanas, carecen del apoyo social que podrían ofrecer la familia extensa, las amistades y el vecindario en la crianza de los hijos. El caso no representa la vida familiar occidental contemporánea, pero tiene un valor ejemplar, en el sentido de que las prácticas de trabajo social y de salud mental comunitaria que afrontan retos similares (familias con múltiples problemas que carecen de apoyo social) pueden extraer lecciones de este estudio de caso a la hora de organizar FGC [50].
Una familia con dos hijos adultos (de 27 y 25 años) vive en una zona del norte de los Países Bajos con una sobrerrepresentación de personas de nivel socioeconómico bajo. Ambos hijos siguen viviendo en casa. Llevan un tiempo sin empleo, consumen drogas y alcohol en exceso y causan muchos problemas (pequeños delitos y comportamientos opresivos). Sobre todo, aterrorizan la vida de su madre y su padrastro. La situación se desborda cuando, durante una barbacoa en el jardín trasero, se prende fuego al garaje y se roban las joyas de la madre. Se designa a un trabajador social para ayudar a resolver los problemas. Este se da cuenta enseguida de que unos itinerarios de atención individuales para cada miembro de la familia probablemente no ayudarían a alcanzar una solución. Además, la madre está angustiada y teme ser estigmatizada si la derivan a los servicios de salud mental. Según ella, los problemas están relacionados entre sí. Son principalmente los dos hijos quienes contribuyen a la situación problemática, de modo que duda de que los itinerarios individuales tengan algún sentido:
¡Eso hay que resolverlo aquí! No quieres cargar a otra gente, pero los problemas hay que compartirlos con la familia, porque está más cerca. […] Sabían que la situación se había desbordado.
Como la situación es tan amenazante, el trabajador social quiere que se organice una conferencia de grupo familiar a corto plazo. La conferencia puede ponerse en marcha rápidamente, ya que no hay listas de espera para este tipo de servicio. Permite abordar la situación problemática desde distintos ángulos, puesto que, además de los hijos y sus padres, se invita también a sus allegados. Una tía (hermana de la madre), un tío y dos hermanastras (hijas del padrastro) aceptan participar.
Antes de la conferencia, los padres habían intentado numerosas veces resolver los problemas en conversaciones informales con sus hijos en la mesa de la cocina, a la hora de cenar. Sin embargo, estas conversaciones se convertían rápidamente en conflictos y, además, los hijos se levantaban de la mesa enfadados. Como la conferencia de grupo familiar se organiza en un entorno neutral, a saber, un centro comunitario, en presencia de un círculo más amplio de personas (la familia extensa), a los hijos les resulta más difícil abandonar la conversación que en una situación informal solo con sus padres. Ambos hijos se muestran indiferentes ante la conferencia, pero finalmente deciden participar, porque sienten lástima por su madre y, en menor medida, por su padrastro. El objetivo de la conferencia es establecer un plan para ayudar a los hijos a encontrar un alojamiento propio y un empleo remunerado, de modo que la madre y el padrastro queden libres de problemas y preocupaciones.
La conferencia se organiza cuatro semanas después de la derivación. El tiempo privado de la conferencia dura mucho y es muy intenso. En un momento dado, la emoción supera a la madre, que rompe a llorar. A continuación, una hermana de la madre y la hija del padrastro confrontan a los dos hijos con el sufrimiento que causan a su madre y a su padrastro:
Les dije: «¿Cuándo vais a pedirle perdón por fin a mi hermana? ¿Cuándo lo vais a hacer de una vez? ¡La habéis tratado como a un animal! ¿Por qué le estáis amargando así la vida a mi hermana? ¿Adónde creéis que lleva esto?».
Mi hijastra también se puso a gritar: «¿Por qué no trabajáis? ¿Por qué viene la policía todo el rato? ¿Por qué le estáis complicando la vida a mi padre y a vuestra madre?». Fue muy duro, pero muy necesario.
Es el momento en que los hijos se dan cuenta por fin del impacto de su comportamiento:
Cuando mi madre se puso a llorar, me dio pena. Y por fin pensé: algo tiene que cambiar, porque nunca había oído la versión de mi madre. En casa siempre te levantas enfadado de la mesa de la cocina y nunca oyes a la otra parte. […] Miré a mi hermano y pensé «mierda», tenemos que contárselo todo. Entonces se enteraron de por qué teníamos tantas deudas. Pues por el cannabis, por comprar alcohol, por ir de fiesta todas las noches. […] Antes siempre lo había mantenido en secreto, nunca se lo había contado a nadie. […] Y cuando por fin se lo conté, fue como un alivio.
Parece que, por la presencia de miembros de la familia extensa, los hijos no se atreven a abandonar la reunión. Su tía, su tío y sus hermanastras funcionan como «amortiguadores» que impiden que la conferencia se estanque. Al confrontar a los hijos con su comportamiento (puntos de vista distintos que no se habían compartido durante las reuniones informales en la mesa de la cocina de la familia), los hijos empiezan por fin a darse cuenta de que algo debe cambiar para mejor.
Un principio fundamental de las FGC es que las personas participantes no solo deben ser dueñas de sus problemas, sino también de la posible solución, estableciendo su propio plan. Esta apropiación del proceso es factible cuando el personal profesional se atreve a dejar que el grupo primario elabore un plan para reducir los riesgos. No es, sin embargo, una tarea fácil en situaciones amenazantes. El personal profesional aporta información y apoya a las personas participantes para llegar a un plan. Una vez establecido el plan, pueden evaluar si es realista y plausible que la situación amenazante no vuelva a producirse.
Durante la preparación y la propia conferencia, el trabajador social transmite confianza en la capacidad de la familia para proponer un plan viable. Al final de la conferencia, evalúa si se han abordado todos los problemas y concluye que la conferencia tiene más potencial para alcanzar una solución global que los itinerarios de atención individuales. En el caso de esta familia, según el trabajador social, los itinerarios individuales nunca habrían tenido el mismo impacto y habrían costado una fortuna:
Al final, hay que hacer cuentas. Piense en la situación si no se hubiera aplicado este método: ¿cuáles habrían sido los riesgos después? A la madre la habrían mandado a la clínica de salud mental local, ¡y la policía habría tenido que intervenir dieciséis veces más! ¡Eso son euros y más euros!
El impacto y la calidad del plan están ligados al papel y la posición del coordinador, un hombre originario de la misma región que la familia y que en su vida profesional trabaja como afinador de pianos. La familia y el trabajador social aprecian mucho su papel de conciudadano independiente. Durante la preparación, el coordinador está disponible, incluso de noche y los fines de semana, y mantiene una actitud libre de juicios ante la situación. En este caso, como en otros casos de nuestro proyecto de investigación, parece que las personas usuarias con una historia conflictiva con representantes de la sociedad profesional tienen menos dificultades con una persona de a pie. Como la coordinación es independiente y está libre de vínculos con los organismos, también puede emplear palabras que el personal profesional nunca podría usar. Lo ilustra una nota redactada justo antes de la reunión de verificación con las personas participantes del caso, organizada tras el análisis de las entrevistas individuales. Esta verificación debía celebrarse inicialmente en un centro comunitario para validar los resultados intermedios de las entrevistas:
En el momento crucial, la familia no aparece [el equipo de investigación y el coordinador de la FGC la esperamos en un centro comunitario local no lejos de su casa]. Cuando llamamos e intentamos convencer a sus miembros de que vengan, se muestran reticentes. El coordinador toma inmediatamente el teléfono y le dice a la madre en su propio dialecto [el groningués] que es de muy mala educación hacer venir a gente desde lejos y no presentarse. Nos subimos al coche y diez minutos después evaluamos, en un ambiente informal y en la mesa de su cocina, los resultados positivos de la conferencia.
Poco después de la conferencia, el hijo mayor se va a vivir con su novia y encuentra trabajo. El menor sigue viviendo con su madre y su padrastro, pero ya no causa problemas y también ha encontrado trabajo. Nueve meses después, en una entrevista de seguimiento, la madre expresa su satisfacción con los resultados de la conferencia: sus dos hijos casi han saldado sus deudas y han hecho otras amistades. Otro efecto secundario es que ya no interviene ningún profesional en esta situación.
El caso presentado muestra la dificultad de desarrollar autoridad y lealtad en una familia reconstituida, hecha de lazos de parentesco y de lazos ajenos al parentesco. Muestra también cómo una intervención guiada por el mundo de la vida, como las FGC, ayuda a ampliar el círculo social y desbloquea los canales obstruidos de la solidaridad. Al ceñirse a un papel modesto, el trabajador social puso de manifiesto una visión notable de su profesión: facilitó un trabajo social realizado por actores diversos y alentó así una solidaridad densa dentro de la familia extensa. Parecía muy consciente de que los organismos públicos pueden obstaculizar la solidaridad y reproducir involuntariamente la dependencia respecto del personal profesional.
Mucho antes de que Robert Putnam documentara la atomización de la sociedad en Bowling Alone [6], Nisbet [51] describió cómo el Estado erosiona el papel de las asociaciones, las instituciones sociales y las comunidades. Aunque se transforman lentamente, las instituciones sociales pueden considerarse pautas producidas culturalmente que ya existían antes de que naciéramos, que nos fueron transmitidas por las generaciones anteriores y que seguirán existiendo cuando ya no estemos. Ejemplos de tales instituciones son la lengua, la familia, el matrimonio, la amistad, el derecho, la religión, la educación y la economía. Las instituciones son fuentes naturales, tácitas y poderosas de regulación, que proporcionan un entorno cultural estable y alivian a las personas de la incertidumbre [52]. Las características de las instituciones tienen un efecto a la vez alentador y disuasorio. Las lealtades, los vínculos, las rutinas y las tradiciones producen seguridad y continuidad, pero también limitan la libertad de elección.
El comportamiento desenfrenado de los hijos en el caso destacado puede verse como una falta de educación moral, pero también como la erosión de una institución social concreta. Los hijos y sus padres no parecían suficientemente insertos en un sistema social más amplio. Las propiedades reguladoras de las estructuras que van más allá de la persona parecen impotentes. Puede que los distintos miembros de la familia se hayan liberado de todo tipo de obligaciones y tradiciones, pero no respondían los unos por los otros ni se esforzaban por mantener la integridad de su vida en común. Un entorno que atienda las necesidades físicas, psicológicas y socioculturales sigue siendo crucial para la supervivencia. En el caso de esta familia, hacía falta una red de apoyo más amplia, encarnada por miembros de la familia extensa, para hacer frente a las exigencias de la vida. Las FGC abrieron la posibilidad de llamar a estas «tropas auxiliares». El caso ilustra las contrapartidas de la libertad, de la horizontalización y de la falta de autoridad que las acompaña. La teoría institucional no explica, sin embargo, lo que realmente está ocurriendo. Las teorías sociológicas y las aportaciones históricas que hemos presentado hasta aquí son útiles, pero no suficientes, para comprender la necesidad de fortalecer los grupos primarios. Por ello se recurre a la teoría de las esferas de Peter Sloterdijk [53,54,55].
Sloterdijk describe cómo las personas se rodean de esferas espaciales (su hogar, una comunidad, una nación) para tener la sensación de estar protegidas frente a los demás y frente al mundo. Las personas buscan protección en sus casas, sus parques y sus naciones, pero también en las relaciones íntimas. La esfera que se comparte en las relaciones íntimas forma una barrera contra los peligros exteriores y ofrece solidaridad a quienes están dentro. Todas las relaciones basadas en la solidaridad son, a juicio de Sloterdijk, formaciones esféricas. Pero, en el mundo de la globalización en expansión, la síntesis de comunidad, religión y política en una gran monoesfera se ha evaporado y se transforma en una «comunidad psicológica supertribal», en la que todo el mundo acaba cada vez más en un estado de coaislamiento [54]. Las personas viven en «burbujas» separadas unas de otras por espuma. A través de internet y de las redes sociales se construyen, con personas afines, esferas de inmunidad frente a los peligros del exterior. En el caso presentado, la espuma entre las burbujas de los hijos y la de sus padres dibujaba un rebaño de independientes que buscaban desesperadamente puntos en común sobre un fondo de atomización total, y la propia búsqueda de puntos en común es ambivalente. Sloterdijk describe que esas burbujas están condenadas a estallar.
La teoría de las esferas de Sloterdijk nos ayuda a comprender las dificultades de las familias y las comunidades para abordar los problemas sociales. Revela que la solidaridad solo se siente hacia quienes comparten la misma esfera y que incluso ese compromiso es ambivalente. También ayuda a entender por qué una intervención focalizada, como las FGC, que no tiene otra ambición que fortalecer la resolución de problemas del grupo primario, tiene buenas perspectivas de éxito. La teoría de las esferas permite comprender por qué los hijos ya adultos y sus padres, como los del estudio de caso, pueden perderse de vista con facilidad. Revela por qué la pérdida de solidaridad entre los hijos desafectos y sus padres inseguros mermó la inmunidad de toda la familia, hasta el punto de que los organismos públicos estuvieron a punto de tomar el relevo. El caso ilustra que, en burbujas aisladas, a madres y padres les cuesta conectar con sus hijos adultos, porque estos viven en su propia esfera. Además, cuando ellos mismos no están insertos en una comunidad de apoyo, también les resulta difícil aprender el arte de la crianza de otras familias.
Incluso la sociedad civil y la sociedad profesional están coaisladas y encerradas en burbujas separadas. Las FGC y otras intervenciones guiadas por el mundo de la vida pueden ofrecer una plataforma para unir fuerzas y recuperar la solidaridad a pequeña escala. En cierto modo, estas intervenciones pueden verse como un intento de realizar la situación ideal de habla de Habermas. En el caso descrito, no solo se hizo retroceder la colonización del mundo de la vida por el mundo del sistema, restableciendo el equilibrio entre ambos, sino que también surgieron, en una situación concreta, un diálogo y un entendimiento común entre los dos mundos. El trabajador social pudo, por tanto, mantenerse al margen, lo que animó al grupo primario a elaborar su propio plan.
Es probable que el Estado hubiera intervenido con medidas judiciales si la familia del caso presentado no hubiera tenido un plan establecido. Que el plan funcionara en este caso supuso un desplazamiento del poder de un organismo público a la familia. Dicho de otro modo, se evitó la colonización del mundo de la vida por la acción estratégica del mundo del sistema.
En el caso presentado, y en otros casos estudiados, los acontecimientos vitales compartidos de precariedad no siempre conducen a una solidaridad densa, ni las relaciones aparecen como entidades duraderas. Los estudios recientes sobre las FGC ponen al descubierto formas complejas de sacrificio e interés propio, de solidaridad y cálculo, de generosidad y donación obligada, de intimidad y distancia. ¿Suscitan las intervenciones guiadas por el mundo de la vida, como las FGC, nuevas formas de lealtad, implicación y arraigo social y, por tanto, quizá menos libertad? En el caso presentado, los hijos tomaron conciencia de sus obligaciones morales, se restableció el respeto mutuo y se limitó la libertad de hacer lo que quisieran. Se estableció, no obstante, una forma de apropiación: todas las personas, incluidos los hijos, habían contribuido al proceso de toma de decisiones al participar en la conferencia de grupo familiar.
En la introducción de este artículo se planteó la pregunta de cómo podía entenderse la necesidad de intervenciones guiadas por el mundo de la vida, como las FGC. Como se ha esbozado, el auge de la seguridad social, los derechos civiles y las relaciones horizontales trajo consigo la libertad individual, pero también debilitó los lazos de parentesco. Las funciones protectoras de redes familiares de apoyo más amplias son, sin embargo, cruciales para sobrevivir en las sociedades occidentales contemporáneas, mientras que los organismos públicos solo tienen una capacidad limitada para fortalecer estas redes.
Una intervención social que aspira a fortalecer los grupos primarios con una ambición específica pero modesta, como las FGC, contribuye a la solidaridad a pequeña escala. Esta ambición no aspira a establecer una amplia cohesión social en el seno de la sociedad, sino a restablecer la inmunidad (protección) y la solidaridad en los grupos primarios, resolviendo los problemas con quienes (familia, vecindario, colegas) comparten una esfera (una situación, un proceso, un destino). La necesidad de intervenciones guiadas por el mundo de la vida en las sociedades occidentales contemporáneas resulta comprensible si se consideran el debilitamiento de los lazos de parentesco y la pérdida de solidaridad densa dentro de los grupos sociales y entre ellos, mientras que los métodos racionales y calculadores del mundo del sistema no tienen el potencial de fortalecer las comunidades en cuestión ni de aliviar el coaislamiento de individuos y familias. Su fuerza productiva procede de un desplazamiento del poder de los organismos públicos a las familias y las comunidades, de la esfera pública a la privada y de la sociedad profesional a la sociedad civil. Al ampliar los círculos sociales y desbloquear los canales obstruidos de la solidaridad, las intervenciones guiadas por el mundo de la vida ayudan a los grupos primarios a afrontar los retos ligados al compromiso ambivalente de las culturas individualistas de las sociedades occidentales contemporáneas.
Complexe Systémique: puntos clave
Este artículo no mide la eficacia de las conferencias de grupo familiar: intenta comprender por qué responden a una necesidad. Su tesis interpelará a quienes practican la terapia sistémica: cuando los lazos de parentesco se vuelven opcionales y los servicios profesionales sustituyen a las personas que rodean a una familia, esta puede quedarse sola ante problemas que ningún itinerario de atención individual puede resolver. El caso presentado lo muestra bien. En la mesa familiar, cada intento de diálogo acababa en conflicto; en un lugar neutral, ante la familia extensa, la voz de la madre se vuelve audible para sus hijos, y es la familia la que elabora el plan mientras el trabajador social se mantiene en segundo plano. Se reconocen aquí intuiciones familiares: ampliar el sistema, el tercero que contiene, la confianza en las competencias de las familias. El límite está en la demostración: un único caso, elegido por su valor ejemplar, y un marco teórico amplio (Habermas, Taylor, Sloterdijk) que interpreta más de lo que prueba. La pregunta final sigue abierta y resulta útil: ¿más solidaridad significa también menos libertad? Puede leerse junto con el artículo sobre las conferencias familiares y de grupo para personas adultas y el artículo sobre lo que las conferencias de grupo familiar enseñan a la protección de la infancia.
Notas del original
Agradecimientos. Agradecemos a la Edith Cowan University la financiación que permitió a G.d.J. viajar a los Países Bajos para escribir este artículo junto con G.S.
Declaración ética. Todas las personas participantes dieron su consentimiento informado para su inclusión antes de participar en el estudio. El estudio se llevó a cabo de conformidad con la Declaración de Helsinki, y el protocolo fue aprobado por el Comité de Ética del VU University Medical Center (EMGO+).
Contribuciones. G.S. se encargó de la revisión de la literatura. G.d.J. redactó el informe del estudio de caso.
Conflictos de intereses. La autoría declara no tener ningún conflicto de intereses.
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Traducción no oficial al español de The Weakening of Kin Ties: Exploring the Need for Life-World Led Interventions, de Gert Schout y Gideon de Jong, International Journal of Environmental Research and Public Health, vol. 15, n.o 2, artículo 203 (2018), doi: 10.3390/ijerph15020203, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Esta es una traducción no oficial al español del artículo original «The Weakening of Kin Ties: Exploring the Need for Life-World Led Interventions», publicado en International Journal of Environmental Research and Public Health (2018) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial y presentación adaptada para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Schout, G., et de Jong, G. (2018). The Weakening of Kin Ties: Exploring the Need for Life-World Led Interventions. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/the-weakening-of-kin-ties-exploring-the-need-for-life-world-led-interventions (Obra original publicada en 2018 en International Journal of Environmental Research and Public Health, 15(2), 203 (2018); republicada en 2018 por International Journal of Environmental Research and Public Health, https://www.mdpi.com/1660-4601/15/2/203)
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