Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Journal of Child and Family Studies · Familia
¿Cómo reinventan las familias refugiadas e inmigrantes la manera de criar a una criatura pequeña en un país desconocido? El equipo de Aimee Hilado entrevistó a 16 madres y padres inscritos en un programa de visitas domiciliarias del Medio Oeste de Estados Unidos. Sus relatos describen a una persona que, al entrar en el hogar, llena un vacío social, amplía los marcos de la crianza y abre la puerta a la escuela y a los servicios.
Traducción no oficial al español de Resettled Families, Reimagined Futures: Home Visiting at the Nexus of Loss, Growth, and Belonging, de Aimee Hilado, Reiko Kakuyama-Villaber y Carolyn Ponting, publicado en Journal of Child and Family Studies (Springer) (2026), doi: 10.1007/s10826-026-03347-5, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla se presenta en forma de lista. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Sitúa la visita domiciliaria como un puente entre el mundo íntimo de los cuidados familiares y los sistemas comunitarios de apoyo más amplios, decisivos para que el reasentamiento tenga éxito y para prosperar en un nuevo contexto cultural.
Aimee Hilado, Reiko Kakuyama-Villaber y Carolyn Ponting
Resumen
Este estudio examina la complejidad de la adaptación de las familias refugiadas e inmigrantes reasentadas con criaturas de 0 a 3 años, centrándose en el papel de los programas de visitas domiciliarias en la primera infancia para responder a sus necesidades. Con un enfoque de teoría fundamentada, el estudio analizó 16 entrevistas cualitativas a madres y padres reasentados inscritos en programas de visitas domiciliarias del Medio Oeste de Estados Unidos. Se investiga cómo la visita domiciliaria sirve de puente durante el proceso de adaptación, favoreciendo futuros reimaginados y nuevos enfoques de crianza, mientras las familias atraviesan cambios en los roles parentales y una redefinición de las dinámicas familiares en Estados Unidos. Dos preguntas centrales guían este trabajo: (1) ¿Cómo responden los programas de visitas domiciliarias a las necesidades cambiantes de las familias reasentadas con criaturas pequeñas? y (2) ¿Qué elementos del programa contribuyen más al bienestar y la integración de las familias? Los resultados revelaron dos categorías temáticas: la transformación de la crianza en un nuevo contexto cultural y la integración comunitaria. La transformación de la crianza en un nuevo contexto cultural refleja el proceso mediante el cual el personal de visitas domiciliarias facilitó una manera reimaginada de ejercer la crianza a madres y padres inmigrantes y refugiados de criaturas pequeñas, y comprendía tres subtemas. La integración comunitaria refleja el proceso mediante el cual las familias empezaron a adaptarse a la vida en Estados Unidos, desarrollando una mayor autoeficacia como miembros de su nueva comunidad, y comprendía tres subtemas. Los resultados ponen de relieve cómo la visita domiciliaria facilitó transiciones significativas para las familias reasentadas al ocuparse del desarrollo infantil, la crianza y el apoyo social en contextos culturalmente diversos. Los relatos de madres y padres inmigrantes y refugiados destacan la visita domiciliaria como un apoyo sistémico fundamental en las primeras etapas del reasentamiento.
Palabras clave: visita domiciliaria, familias reasentadas, personas inmigrantes y refugiadas, adaptación, integración personal y comunitaria
Aspectos destacados
El reasentamiento es un proceso complejo y estratificado que obliga a las familias refugiadas e inmigrantes a atravesar pérdidas profundas al tiempo que acogen oportunidades de crecimiento y transformación. Según la Oficina del Censo de Estados Unidos, la población inmigrante del país alcanzó los 47,8 millones de personas en 2023, lo que representa el 14,3 % de la población (Batalova, 2025). Estas tendencias migratorias tienen implicaciones de gran alcance para todos los sistemas sociales y exigen prestar mayor atención a los sectores que están en contacto más directo con las familias, como la educación infantil, la atención sanitaria y los servicios sociales. Las familias refugiadas e inmigrantes sufren retrasos en el acceso a los servicios sociales (Doshi et al., 2020), pero los programas de visitas domiciliarias basados en la evidencia reducen esos retrasos al vincular a las familias con los recursos comunitarios y mejorar la autoeficacia parental (Lewy & Casau, 2021).
Este estudio examina la complejidad de la adaptación de las familias refugiadas e inmigrantes reasentadas con criaturas de 0 a 3 años. A partir de entrevistas cualitativas con madres y padres reasentados (n = 16) participantes en programas de visitas domiciliarias del Medio Oeste, y mediante un análisis temático, el estudio explora las necesidades de las familias reasentadas con criaturas pequeñas y el papel de la visita domiciliaria para responder a ellas. Su objetivo es examinar cómo los programas de visitas domiciliarias en la primera infancia sirven de puente a las familias reasentadas, ofreciendo oportunidades para reimaginar el futuro y los enfoques de crianza durante el proceso de adaptación, al tiempo que analiza los cambios en los roles parentales y tanto los beneficios como las dificultades de unas dinámicas familiares redefinidas en Estados Unidos.
El reasentamiento es un proceso multidimensional que afecta profundamente a la crianza y a la vida familiar (Gillespie et al., 2022; Masten & Narayan, 2012). Para las familias reasentadas con criaturas pequeñas, los primeros años constituyen un periodo crítico en el que las creencias y prácticas de crianza se renegocian en respuesta a nuevos contextos culturales, sociales y estructurales (Deng & Marlowe, 2013). Las familias reasentadas deben adaptarse a sistemas desconocidos, construir nuevas redes de apoyo y reimaginar enfoques de crianza que reflejen a la vez continuidad y cambio (Betancourt et al., 2015; Yohani et al., 2019). Comprender estos procesos es esencial para diseñar servicios y políticas sensibles que promuevan la equidad y el desarrollo pleno de las familias refugiadas e inmigrantes durante la primera infancia y más allá (Gillespie et al., 2022; Yoshikawa et al., 2016).
Al igual que el proceso de reasentamiento, la crianza es también un proceso multidimensional y dinámico (Parent & Forehand, 2017; Skinner et al., 2005). Los comportamientos y las creencias de crianza están moldeados por múltiples capas de contexto, desde las relaciones familiares inmediatas hasta estructuras sociales y políticas más amplias, que evolucionan, cambian constantemente y son relacionales (Bronfenbrenner, 1979). El recorrido migratorio de las personas refugiadas e inmigrantes moldea además el contexto de la crianza, ya que madres y padres reasentados atraviesan cambios, pérdidas y procesos de adaptación a entornos nuevos (El-Khani et al., 2016; Stewart et al., 2015), mientras asumen las responsabilidades de cuidado y ayudan a sus criaturas a orientarse en esos entornos (Zaidi et al., 2021). A menudo, las familias reasentadas buscan un equilibrio entre los valores culturales y las redes de apoyo familiares de su país de origen y las nuevas prácticas de crianza y estructuras comunitarias del país de reasentamiento (Moinolmolki et al., 2020; Rousou et al., 2025). El reasentamiento también introduce factores de estrés adicionales en los sistemas familiares, entre ellos desigualdades estructurales (por ejemplo, discriminación, falta de vivienda asequible adecuada, obstáculos para el empleo y separaciones familiares prolongadas) que aumentan el estrés aculturativo de todos los miembros de la familia (Aichberger et al., 2015; Berry, 1997; Stewart et al., 2015; Westphal et al., 2025).
Estas realidades del reasentamiento pueden provocar cambios en las prácticas de cuidado y en la relación parentofilial. Por ejemplo, las oportunidades de empleo pueden exigir un cambio en los roles y responsabilidades parentales tradicionales (Matthiesen, 2019). Madres y padres pueden sentir que pierden autoridad dentro de la familia a causa de las barreras lingüísticas, cuando las criaturas se adaptan más deprisa a las nuevas lenguas y normas y asumen el papel de mediación cultural para las personas adultas (Koh et al., 2013; Rousou et al., 2025; Västhagen et al., 2022). Las familias reasentadas pueden recibir recomendaciones divergentes sobre prácticas y pautas de crianza (por ejemplo, pautas sobre el colecho, la alimentación y el estímulo del aprendizaje temprano procedentes de profesionales de la medicina y de la primera infancia) que cuestionan prácticas de cuidado transmitidas de generación en generación y concepciones del desarrollo infantil (Matthiesen, 2019; Rosenberg et al., 2022). Además, el trauma y el estrés vinculados a la migración pueden deteriorar la calidad de la relación parentofilial y la experiencia global de la crianza (Rao et al., 2023; Slim et al., 2018).
Para las familias reasentadas con criaturas pequeñas (de 0 a 3 años), los primeros años son especialmente formativos, y estas oportunidades y tensiones pueden tener efectos a largo plazo en el desarrollo infantil. Por ello, la investigación emergente reclama una comprensión más matizada de lo que las autoras denominan crianza reimaginada o familias reimaginadas (véanse Rousseau et al., 2004; Westphal et al., 2025 para conceptos paralelos), en las que las familias reasentadas pueden combinar activamente valores culturales y prácticas de crianza de la cultura de origen y de la cultura de acogida para reflejar con autenticidad este periodo singular del relato de reasentamiento de la familia, incluido un sentido de propósito y de pertenencia. Esta perspectiva cuestiona los relatos de la crianza basados en el déficit en contextos de reasentamiento y sitúa en el centro la capacidad de acción de las familias reasentadas y las oportunidades que pueden aprovechar en su nuevo contexto social.
Las familias refugiadas e inmigrantes reasentadas en Estados Unidos se enfrentan a dificultades variadas y matizadas que pueden obstaculizar su adaptación e integración, como las barreras lingüísticas, los sistemas desconocidos, el aislamiento social y el impacto duradero del trauma previo y posterior a la migración (Betancourt et al., 2015; Hilado et al., 2025; Kirmayer et al., 2011). El presente estudio se apoya en modelos ecológicos de la integración de las personas refugiadas (Bronfenbrenner, 1979, 1994; Wachter et al., 2022) para dar cuenta de los matices entre los distintos sistemas. En este marco, la integración implica la participación activa de las familias en la vida económica, social y cívica, junto con la preservación de su identidad cultural.
Este artículo examina cómo estos procesos moldean la crianza, el funcionamiento familiar y el desarrollo de las criaturas pequeñas en el contexto del reasentamiento (Hilado et al., 2025; Park & McHugh, 2014). Se apoya en varios marcos complementarios adicionales, entre ellos los modelos de adaptación basados en los recursos (Ryan et al., 2008), que subrayan la importancia de factores de protección como los programas de visitas domiciliarias, en tanto que mecanismo para promover la resiliencia mediante el apoyo a la crianza, la orientación en los servicios y las oportunidades de compartir conocimientos. También informan el análisis marcos más amplios sobre la integración de las personas inmigrantes (Ager & Strang, 2008) y sobre la adaptación cultural y psicológica (Betancourt et al., 2015; Berry, 1997). En conjunto, estos modelos ponen de relieve cómo las familias reasentadas están insertas en sistemas anidados, desde el hogar hasta la comunidad y el nivel político, y cómo las interacciones cotidianas, como la relación parentofilial y los vínculos con el personal de visitas domiciliarias, desempeñan un papel vital en la adaptación y el bienestar.
La investigación sobre la intersección entre reasentamiento, crianza temprana y apoyos a nivel de sistemas sigue siendo escasa. Para contribuir a colmar esta laguna, este estudio se basa en datos cualitativos procedentes de programas de visitas domiciliarias que atienden a familias refugiadas e inmigrantes multiétnicas y multigeneracionales del Medio Oeste de Estados Unidos. Dos preguntas centrales guían el artículo: (1) ¿Cómo responden los programas de visitas domiciliarias a las necesidades cambiantes de las familias reasentadas con criaturas pequeñas? y (2) ¿Qué elementos del programa contribuyen más a su bienestar y su integración? De este modo, el estudio sitúa en el centro las experiencias vividas por las familias reasentadas mientras crían, se adaptan y construyen una nueva vida en entornos desconocidos.
El presente estudio forma parte de un estudio secuencial más amplio de métodos mixtos que examina la implicación y la permanencia en programas de visitas domiciliarias que atienden a familias refugiadas e inmigrantes con el Baby TALK Family Engagement Model (Hilado et al., 2025, en revisión). El estudio más amplio incluyó datos administrativos (N = 898) y entrevistas cualitativas con personal de los programas y con madres y padres (n = 36). El presente artículo presenta un análisis cualitativo secundario de las entrevistas con madres y padres (n = 16) centrado en identificar las necesidades de las familias reasentadas e inmigrantes con criaturas pequeñas y los rasgos de la visita domiciliaria que más contribuyeron al bienestar y la integración familiar. Este análisis permitió examinar con mayor profundidad el papel de la visita domiciliaria en el contexto más amplio de la crianza, el reasentamiento y la adaptación en Estados Unidos.
Las entrevistas se recogieron en el marco de un estudio más amplio sobre la visita domiciliaria en el Medio Oeste, realizado con personal y familias de cinco programas de visitas domiciliarias. Los programas se seleccionaron para reflejar la variación en el entorno geográfico, el tamaño del programa y las lenguas habladas por las familias participantes. La representación geográfica incluyó ocho programas en zonas urbanas, siete en zonas periurbanas y un programa en un entorno rural. El tamaño del programa se clasificó según el número de familias atendidas: se consideraron pequeños los programas que atendían a menos de 100 familias y grandes los que atendían a 100 familias o más. La selección también tuvo en cuenta la diversidad lingüística entre los centros. En conjunto, los programas de la muestra atendían a familias que hablaban varias de las lenguas más habituales en los programas, entre ellas el árabe, el dari, el español y el suajili. Todas las personas participantes eran inmigrantes de primera generación en Estados Unidos y tenían familias pequeñas, con dos criaturas como máximo: la mitad tenía una y la otra mitad, dos. Las respuestas mostraron poca variación según la ubicación del programa, su tamaño, el tamaño de la familia o la situación migratoria.
Todos los programas de la muestra aplicaban el mismo currículo de visitas domiciliarias aprobado por el estado, el Baby TALK Family Engagement Model (Baby TALK, Inc., 2018). El modelo está concebido para aplicarse mediante visitas domiciliarias quincenales a mujeres embarazadas y a familias con criaturas desde el nacimiento hasta los tres años. Según los requisitos de la entidad financiadora, el personal de visitas domiciliarias en la primera infancia del centro estudiado debe contar como mínimo con un título de educación secundaria o un GED, y cada vez más puestos exigen un título de grado asociado o de licenciatura en educación infantil o en un campo afín. Como parte del desarrollo profesional, el personal de visitas domiciliarias suele obtener la credencial Child Development Associate (CDA) mediante las oportunidades de formación que ofrecen las entidades empleadoras; esta incluye 120 h de formación reglada y 480 h de experiencia supervisada centrada en el acompañamiento a las familias desde el periodo prenatal hasta los cinco años.
En el momento de la inscripción, las familias completan cribados del desarrollo que evalúan las necesidades de la criatura y el contexto familiar más amplio, y se aplican periódicamente herramientas de cribado estandarizadas para seguir la evolución del desarrollo a lo largo del tiempo. Durante las visitas, el personal de visitas domiciliarias comparte información sobre el desarrollo infantil temprano y sobre estrategias de crianza, y ofrece una gestión de casos de apoyo para ayudar a las familias a atender otras necesidades que puedan surgir durante el periodo de inscripción. Las visitas domiciliarias se guían por las prioridades y los intereses de la familia, con un énfasis central en reforzar la implicación parentofilial. Las familias suelen inscribirse por un periodo de servicio de 12 meses y pueden seguir recibiendo los servicios hasta que la criatura cumple 36 meses. Siempre que fue posible, los programas de la muestra procuraron además asignar a las familias profesionales de visita domiciliaria que hablaran su lengua de origen, para favorecer la comunicación y la sensibilidad cultural.
El equipo de investigación elaboró una guía de entrevista semiestructurada con el objetivo de comprender la experiencia de las familias refugiadas e inmigrantes que participaron en un programa de visitas domiciliarias destinado a promover relaciones parentofiliales sanas, apoyar el desarrollo infantil temprano y conectar a las familias con los recursos comunitarios (Smith & Gibbard, 2011). Las preguntas de la entrevista se elaboraron para explorar las experiencias de las familias con los servicios de visita domiciliaria, en particular cómo entendían madres y padres el desarrollo infantil y el bienestar emocional, tanto de las criaturas como de quienes las cuidan, en sus propios contextos culturales. Las preguntas invitaban también a reflexionar sobre los tipos de recursos que habían resultado más útiles durante el reasentamiento y sobre sus esperanzas para sus criaturas a medida que crecen en Estados Unidos. La guía de entrevista semiestructurada definitiva constaba de 29 preguntas y de repreguntas opcionales. La guía se centraba en cuatro áreas clave organizadas en cinco dominios: (1) la implicación de la familia en la visita domiciliaria, (2) las opiniones de las personas cuidadoras sobre el desarrollo infantil y la salud emocional, y el impacto de la visita domiciliaria en estos ámbitos, (3) la influencia del personal de visitas domiciliarias en el bienestar de las personas cuidadoras y en su acceso a los recursos, y (4) las creencias culturales sobre la crianza y el desarrollo infantil (véase la tabla 1).
La guía de entrevista fue revisada por profesionales de visita domiciliaria con experiencia cultural en el trabajo con familias recién llegadas diversas, así como por intérpretes con formación que acompañan habitualmente a familias en contextos de reasentamiento. Sus comentarios ayudaron a garantizar que las preguntas fueran claras, culturalmente adecuadas y significativas en todos los grupos lingüísticos. El equipo de investigación realizó también varias sesiones de práctica mediante juego de roles con intérpretes para ajustar el ritmo, mejorar la fluidez de la entrevista e identificar los aspectos que requerían aclaración. Tras las tres primeras entrevistas con madres y padres, el equipo revisó la guía e incorporó los comentarios de intérpretes y del personal bilingüe, añadiendo aclaraciones y ajustando la formulación cuando era necesario. Las entrevistas con el resto de madres y padres se realizaron después de estas revisiones. La muestra final incluía a nueve personas hispanohablantes entre las dieciséis entrevistadas. Esta distribución refleja la tendencia observada en los programas de visitas domiciliarias participantes, donde el español era la lengua más representada entre las familias inscritas.
Tabla 1 — Guía de entrevista con madres y padres del estudio sobre la visita domiciliaria
Para cada dominio: preguntas principales y, entre paréntesis, repreguntas o preguntas de seguimiento.
En el estudio original, las entrevistas en profundidad (de aproximadamente una hora cada una) se realizaron a distancia mediante plataformas Zoom conformes a la HIPAA. En total, cinco responsables de programa, 15 profesionales de visita domiciliaria y 16 madres y padres completaron las entrevistas (n = 36), realizadas entre mayo y junio de 2024. Las entrevistas se llevaron a cabo en ocho lenguas; cuando las personas participantes hablaban español (n = 8), miembros bilingües del equipo del estudio realizaron las entrevistas en español con materiales traducidos. En todos los demás casos (n = 8), el equipo de investigación contrató a intérpretes que se unían a la llamada de Zoom y recibían los materiales en inglés para consultarlos durante la entrevista.
Las personas entrevistadoras revisaron con todas las personas participantes el formulario de consentimiento informado verbal. La entrevista, con grabación, se desarrollaba una vez obtenido el consentimiento y elegidos los seudónimos. Todas las personas participantes recibieron una tarjeta regalo de 30 dólares por su participación. El estudio original y el análisis secundario fueron revisados y aprobados por el comité de ética (IRB) de [The University of Chicago]. Para los fines de este análisis secundario, solo se utilizaron los datos de las entrevistas con madres y padres.
En el estudio principal, los datos de las entrevistas se transcribieron mediante Zoom, el equipo de asistentes de investigación comprobó su exactitud y se importaron a Dedoose Version 9.0.107, un programa de análisis cualitativo. Los datos se analizaron mediante la teoría fundamentada, un enfoque que pretende derivar nuevas teorías centradas en los procesos en contextos poco estudiados, como la implantación de la visita domiciliaria en la primera infancia con familias refugiadas. Para facilitar la codificación cualitativa en el estudio principal, el equipo de codificación elaboró un libro de códigos inicial con códigos madre definidos a priori a partir de las preguntas de la entrevista (Saldaña, 2021). Este enfoque de codificación amplio pretendía recoger toda la gama de temas presentes en los datos, permitiendo al mismo tiempo que surgieran hallazgos inductivos a medida que el equipo de investigación se familiarizaba con los datos. Los códigos representaban los principales temas de interés, como las percepciones del desarrollo infantil, el uso de los recursos comunitarios por parte de las familias, las creencias culturales sobre la crianza, el impacto percibido de la visita domiciliaria y los aprendizajes más destacados transmitidos por el personal de visitas domiciliarias.
En el estudio principal, cuatro asistentes de investigación recibieron formación con el libro de códigos preliminar. Cada una de estas personas codificó de forma independiente un subconjunto de seis transcripciones en Dedoose, y la fiabilidad intercodificación se evaluó mediante el kappa de Cohen (1960); todas alcanzaron un acuerdo satisfactorio (k > 0.81; Landis & Koch, 1977). Las diferencias de codificación se discutieron hasta llegar a un acuerdo, lo que dio lugar a un marco de codificación depurado que se aplicó después al conjunto completo de datos. Una persona codificadora principal (R.K., iniciales anonimizadas) revisó periódicamente la codificación, y el consenso se alcanzó de forma iterativa mediante discusiones en equipo. A continuación, se utilizó la codificación teórica para organizar los temas y las relaciones entre ellos con el fin de desarrollar una teoría fundamentada. Esta descripción ofrece una visión general de los procedimientos analíticos utilizados en el estudio de origen; sin embargo, estos procedimientos no son el foco principal de los análisis presentados en este manuscrito.
Los análisis cualitativos secundarios permiten profundizar en datos de un estudio de origen que parecen importantes pero que no fueron el foco principal del análisis inicial (Ruggiano & Perry, 2019). Además, el análisis secundario de datos cualitativos resulta especialmente adecuado para datos de entrevistas con poblaciones de difícil acceso (Andrews et al., 2012), como las familias multilingües, reasentadas e inmigrantes. Esto se debe en parte a que la recogida de datos primarios con estos grupos puede plantear dificultades logísticas y éticas, por lo que es importante aprovechar al máximo y ampliar los conocimientos obtenidos de las entrevistas existentes. En el presente contexto, el análisis cualitativo principal buscaba comprender los factores que mantenían a las familias implicadas en los programas de visitas domiciliarias.
El análisis secundario recurrió al análisis temático para combinar procesos deductivos (por ejemplo, la consulta del libro de códigos de origen) e inductivos (por ejemplo, la nueva familiarización con el texto de las entrevistas) con el fin de captar experiencias recurrentes extraídas de datos cualitativos como las transcripciones de entrevistas (Braun & Clark, 2022). Los análisis fueron realizados por tres personas investigadoras con experiencia metodológica en análisis cualitativo: una persona especialista en psicología clínica colegiada, experta en salud mental e intervención con familias inmigrantes; una persona investigadora con nivel de máster, experta en educación y desarrollo de programas; y una persona profesional del trabajo social colegiada, experta en salud mental de las personas refugiadas e intervención en la primera infancia.
El análisis secundario constó de tres etapas. En primer lugar, dado que las preguntas de investigación se centraban en las experiencias de madres y padres reasentados e inmigrantes, los datos se filtraron para incluir únicamente las transcripciones de las entrevistas con madres y padres (Cheong et al., 2023). En segundo lugar, tal como recomiendan Cheong y su equipo (2023), el equipo de codificación volvió a familiarizarse con los datos de las entrevistas revisando las transcripciones, los contenidos codificados y los memos del estudio cualitativo principal, bajo la dirección de una persona investigadora que no había recogido los datos (C.P., iniciales anonimizadas), con el fin de reducir al mínimo la posible influencia de un contacto previo con los datos de las personas participantes en el proceso analítico. Esta segunda etapa, centrada en la revisión de las transcripciones, los códigos y los memos del estudio más amplio, sirvió de base para la tercera: un primer ciclo de codificación abierta inductiva para identificar los temas propios de la pregunta de investigación secundaria. Todo el equipo participó en la codificación abierta iterativa, la redacción de memos y la selección de citas ejemplares centradas en lo que, a juicio de madres y padres, la visita domiciliaria había aportado a sus familias (véase So et al., 2024 para un enfoque de análisis secundario similar).
Mediante una codificación axial focalizada y la comparación constante, el equipo elaboró un mapa temático a partir de 15 temas iniciales. El equipo se reunió en cinco ocasiones para revisar los mapas temáticos (Braun & Clark, 2022) (por ejemplo, separando la preparación escolar del tema más amplio de la orientación en los servicios, y fusionando los temas el personal de visitas domiciliarias ofrece cuidado mutuo y un testimonio de apoyo y el personal de visitas domiciliarias atiende las necesidades emocionales en un único tema: el personal de visitas domiciliarias llena un vacío social) antes de alcanzar la concordancia y cerrar el libro de códigos. El mapa temático final incluía dos temas generales, centrados en los efectos de la visita domiciliaria sobre la crianza y la integración comunitaria, y seis subtemas, que se presentan en la sección de resultados. La fiabilidad y el rigor del análisis se reforzaron mediante la redacción sistemática de memos por parte de todas las personas codificadoras, el mantenimiento de un registro de auditoría, la discusión explícita de los datos de las entrevistas que sorprendían al equipo y la participación del equipo investigador original tanto en el estudio principal como en el presente estudio secundario (Ruggiano & Perry, 2019).
Este análisis cualitativo secundario pretendía describir las formas en que los programas de visitas domiciliarias responden a las necesidades cambiantes de las familias reasentadas con criaturas pequeñas, así como los elementos concretos del programa que se consideraban más vinculados al bienestar familiar. Los datos narrativos pusieron de manifiesto las formas en que la visita domiciliaria en la primera infancia acompañó a las familias en distintas etapas de su integración en un nuevo contexto cultural en Estados Unidos. A continuación, presentamos dos temas y seis subtemas basados en las perspectivas de madres y padres refugiados sobre Baby TALK, un programa de visitas domiciliarias en la primera infancia.
El análisis temático puso de manifiesto dos temas: la transformación de la crianza en un nuevo contexto cultural y la integración comunitaria. La transformación de la crianza en un nuevo contexto cultural refleja el proceso mediante el cual el personal de visitas domiciliarias facilitó una manera reimaginada de ejercer la crianza a madres y padres inmigrantes y refugiados de criaturas pequeñas, y comprendía tres subtemas: el personal de visitas domiciliarias llena un vacío social para las familias, adquirir una visión más amplia de la crianza e imaginar el futuro de las criaturas. La integración comunitaria refleja el proceso mediante el cual las familias empezaron a adaptarse a la vida en Estados Unidos, desarrollando una mayor autoeficacia como miembros de su nueva comunidad, y comprendía tres subtemas: orientarse en los servicios y en la vida cotidiana, la preparación escolar y construir autonomía, vínculos y pertenencia.
Madres y padres describieron la pérdida de sus redes de apoyo social como uno de los aspectos más difíciles del reasentamiento. En un contexto de escasas relaciones sociales, muchas de estas personas expresaron un profundo agradecimiento por el apoyo que el personal de visitas domiciliarias les brindaba en materia de desarrollo infantil y de salud mental materna. Una madre de Cuba contó:
…Y cualquier, cualquier duda, cualquier problema que tengo, [mi visitadora] siempre me dice que la llame a cualquier hora y todo eso. Y así ha sido. Por eso le digo que estoy muy agradecida con todo el programa y con ella en concreto. Porque ha sido una gran ayuda. Yo, estando [en Estados Unidos] sola y sin tener a nadie, ningún apoyo, cada vez que no sé algo o tengo alguna duda sobre el bebé, le pregunto a cualquier hora, y siempre me ha ayudado. (Madre cubana, 1 menor a cargo, 3007)
Del mismo modo, una madre de Uganda habló de las dificultades emocionales de estar lejos de la familia:
Sabe, es difícil [en Estados Unidos]… Estar lejos, que estés lejos de tus padres. Sí, tienes amistades, pero yo soy de esas personas que no, sabe, que no comparten mucho. Así que se vuelve duro… Sabe, las visita[doras] también hablan de [salud mental]. Porque, como dije antes, no trabajan solo con la criatura. Así que a veces, sí, …le cuentas [lo que] estás pasando. Creo que ella, ella es una de las personas con las que quizá de verdad me he abierto cuando tengo dificultades. (Madre ugandesa, 2 menores a cargo, 3004)
A falta de familia extensa o de redes de confianza, madres y padres dijeron sentirse apoyados por el personal de visitas domiciliarias, sobre todo al reasentarse en un nuevo país donde no tenían ningún vínculo social previo. Como añadió una madre cubana con 1 menor a cargo (3007): «Enfrentarme a un país nuevo, el hecho de ser madre por primera vez yo sola… he sentido mucho apoyo con las visitas.»
Madres y padres contaron que su participación en el programa de visitas domiciliarias amplió su perspectiva sobre la crianza y les ofreció nuevas maneras de entender el comportamiento infantil, la disciplina y los roles de cuidado. Para algunas familias, esto supuso replantearse expectativas profundamente arraigadas en su cultura. Una familia mexicana reflexionaba:
En mi cultura esperan… un niño que sepa portarse bien, que sea obediente, que no haga berrinches… no son tan permisivos con los niños en lo que se refiere a las emociones… Pero yo entiendo que mi hijo está aprendiendo y mi hijo está aprendiendo a autorregularse y yo soy la persona que tiene que ayudarle. Y a veces ni siquiera yo puedo regularme. Entonces, ¿cómo voy a exigirle a mi hijo que se autorregule? (Familia mexicana, 2 menores a cargo, 3005)
Otras personas describieron cambios en los roles familiares, en particular en torno a los cuidados y la implicación de los padres varones. Una madre iraquí con 1 menor a cargo (3011) explicó:
Allí, en mi país, todo recae sobre las mujeres. La mujer trabaja y cría a los hijos, etc. El papel del padre es solo trabajar fuera de casa. Pero la vida es cooperación. Los padres deberían ayudar y cooperar en la crianza de sus hijos… Siempre se lo digo [a su padre]: «Te estoy ahorrando un turno con ellos»… Le digo que es verdad que, como madre, mi papel es criar a los hijos, pero tú también tienes un papel importante. Tiene que ayudarme con los niños. Juega con ellos. (Madre iraquí, 3011)
Madres y padres reconocieron diferencias interculturales en los enfoques de crianza. Una familia guatemalteca con 1 menor a cargo (3003) comentó que las enseñanzas sobre desarrollo infantil «[eran] un poco diferentes, casi no hay nada parecido… es un poco diferente mi cultura y la de aquí». Estas reflexiones muestran cómo los programas de visitas domiciliarias crearon un espacio para que madres y padres se relacionaran de forma crítica con sus creencias culturales, adoptaran nuevas estrategias y remodelaran su identidad parental de manera coherente tanto con sus valores como con su contexto actual.
Madres y padres seguían movidos por sus esperanzas y aspiraciones respecto al futuro y el bienestar de sus criaturas mientras se adaptaban a contextos nuevos. Junto con el personal de visitas domiciliarias, exploraban ideas sobre cómo favorecer la salud física y emocional de sus criaturas en un nuevo país. Una madre de México reflexionaba sobre esta visión:
Quiero que [mis hijos] también sean buenas personas. No quiero que siempre estén felices porque… pasar por cosas tristes hace a las personas más fuertes, así que no quiero que su camino sea fácil. Quiero que se caigan para que puedan llegar… No sé cómo expresarlo, pero quiero que tropiecen para que se hagan fuertes. (Madre mexicana, 2 menores a cargo, 3019)
Del mismo modo, una madre de Irak subrayaba la importancia de la autonomía y la educación:
Mi deseo es que sean capaces de hacer cualquier cosa por sí mismos sin que yo les ayude. Quiero que se valgan por sí mismos incluso cuando son pequeños… Mi esperanza para ellos es que completen su educación y entiendan y sepan de todo. (Madre iraquí, 1 menor a cargo, 3011)
Madres y padres expresaron también su esperanza de que sus criaturas heredaran y asumieran sus valores culturales y familiares, como la religión o la fe, la lengua y un sentido de cercanía. Una madre de México contó:
Quiero que, como hermanos, se quieran porque yo vengo de una familia grande y mis hermanos, mis padres, son mi todo. Y entonces les digo: “Quiéranse. Cuídense entre ustedes. Su trabajo es protegerse unos a otros. Si ves a otro…”. Siempre los estoy regañando […] (Quiero que) tengan valores, y que sepan ayudar y ser compasivos con los demás. (Madre mexicana, 2 menores a cargo, 3019)
Estas reflexiones muestran cómo la visita domiciliaria ofrece un espacio estable en el que madres y padres pueden no solo centrarse en el desarrollo saludable de sus criaturas, sino también imaginar su resiliencia, su éxito y su conexión futura con su identidad cultural. A través de este proceso, las familias van más allá de la mera supervivencia y pueden construir conjuntamente un futuro que fusione su herencia cultural, los valores estadounidenses y las nuevas oportunidades.
Las familias refugiadas e inmigrantes hablaron de las dificultades persistentes para orientarse en servicios y sistemas desconocidos, como la educación, la atención sanitaria, la asistencia pública y otros servicios sociales. Las barreras lingüísticas y el conocimiento limitado de los recursos disponibles, y de cómo acceder a ellos, limitaban la capacidad de las familias para aprovechar plenamente los apoyos que necesitaban. Las familias reasentadas describieron el proceso de sopesar expectativas y realidades de la cultura de acogida y de la de origen. El personal de visitas domiciliarias solía acompañar como testigo este proceso, ofreciendo consuelo, validación y tranquilidad mientras madres y padres conciliaban la preservación cultural con la integración.
Una madre afgana con 2 menores a cargo (3013) señaló las barreras lingüísticas que le impedían desenvolverse con seguridad en su comunidad: «lo principal era el inglés, pero lo segundo era [moverse] por la ciudad o encontrar el supermercado o [un] Walgreens». Del mismo modo, otra madre contó: «los primeros años me costó adaptarme al idioma, no sabía nada. Y con mi primera hija no sabía estas cosas, ni siquiera los sitios adonde llevar al bebé» (madre mexicana, 2 menores a cargo, 3019).
Varias familias destacaron la pesada carga de prioridades contrapuestas necesarias para la estabilidad familiar, ámbito en el que el personal de visitas domiciliarias desempeñaba un papel de apoyo clave: «La gente tiene que ocuparse de las finanzas, la ropa, la comida, el cuidado de los niños, el transporte, las traducciones. Hay muchas cosas de las que [hay que] ocuparse» (familia guatemalteca, 1 menor a cargo, 3003). Madres y padres señalaron que incluso tareas sencillas, como abrir y leer el correo, requerían a menudo una orientación básica y el apoyo de la persona que realizaba las visitas: «También me [ayudan] con [el correo] porque tenemos menos educación (sic.), así que no entendemos el correo… me ayudan a… leer» (familia birmana, 2 menores a cargo, 3018). Las dificultades tampoco se limitaban a las llegadas recientes; familias que llevaban años en el país contaron problemas similares. Como reflexionaba una de ellas: «Llevo cuatro años viviendo en [ciudad]… pero siento que hay más [recursos] por ahí… es difícil saber lo que necesitas si no sabes lo que hay» (familia mexicana, 1 menor a cargo, 3017). En estos casos, la persona que realizaba las visitas era un recurso fundamental para tender puentes concretos entre las familias y su comunidad. Como describió una familia: «No sabía que [la visitadora] podía acompañarme a… las citas médicas… Puede llevarme a los grupos y recogerme» (familia mexicana, 2 menores a cargo, 3005).
Muchas familias hablaron de la importancia de una educación estadounidense para sus criaturas, ya que ese privilegio a menudo les había sido negado o era de difícil acceso en sus países de origen. Garantizar que las criaturas pequeñas desarrollaran las habilidades necesarias para empezar la escuela en condiciones de aprender era una prioridad: «Lo primero es la educación de los niños… asegurarse de que aprenden bien y entonces todo les irá bien mientras crecen en [este] país» (familia haitiana, 2 menores a cargo, 3015). Junto a sus aspiraciones educativas para sus criaturas, madres y padres consideraban que orientarse en sistemas educativos complejos era una fuente importante de estrés, y se apoyaban en el personal de visitas domiciliarias: «Mi hija tiene muchas ganas de ir a preescolar. Así que de verdad quiero que alguien la ayude a inscribirse en el programa de preescolar» (madre afgana, 2 menores a cargo, 3013).
Las familias expresaron una gratitud especial por la ayuda que el personal de visitas domiciliarias les brindó para orientarse en la escolarización de la primera infancia y preparar a sus criaturas para la escolarización formal. Una madre hondureña con 2 menores a cargo (3001) declaró: «Tomé ciertas decisiones sobre [mi hijo] en las que ella me aconsejó, como elegir Head Start para él o elegir la escuela de [ciudad]. Me dio muchos consejos. Me dijo lo que es bueno aquí y lo que es bueno allá y me orientó mucho.» Cabe destacar que esta madre sintió que había recibido información sobre las ventajas de dos modalidades de educación preescolar y que, en última instancia, se sintió capacitada para tomar la decisión que le parecía mejor para su familia.
Además, madres y padres hablaron de las formas en que el personal de visitas domiciliarias les recordaba las múltiples oportunidades de favorecer el aprendizaje mediante la exposición al lenguaje y a las matemáticas. Contaron que veían los beneficios de leer y hablar con sus criaturas o de contar en voz alta. Algunas familias incluso señalaron que otras personas de su entorno habían observado progresos en sus criaturas en estos ámbitos tras su participación en la visita domiciliaria. Una madre de Uganda explicó:
«…te animan a leerle a tu criatura. Así que cada vez que, cada vez que, como que he he recaído en no leerle a mi criatura. Ah, me acuerdo. Ah, mi visitadora me dice que, ya sabe, que le lea a mi criatura. Eso es lo que de verdad me encanta: es como una llamada de atención. …porque, a veces, con la crianza, puedes dejarte absorber por tus, ya sabe, tus propias cosas del día a día y olvidarte de la criatura.» (Madre ugandesa, 2 menores a cargo, 3004).
Esta madre añadió que su visitadora le ofreció un apoyo práctico para la inscripción, que incluyó identificar centros escolares adecuados, rellenar formularios y facilitar la comunicación con el personal escolar, lo que hizo que un proceso complejo resultara menos abrumador.
«[Mi visitadora] nos ayudó, sabe, a encontrar otra escuela, y luego [mi visitadora]… se llevó los formularios y los presentó por nosotros, y luego la escuela se puso en contacto con nosotros… No creo que hubiéramos podido hacerlo [solos]… Y esa misma semana [la escuela] ya se estaba poniendo en contacto con nosotros.» (Madre ugandesa, 2 menores a cargo, 3004).
Las familias deseaban herramientas para desenvolverse de forma autónoma en sus comunidades, ganar autosuficiencia y crear vínculos significativos en su nueva comunidad. A medida que el personal de visitas domiciliarias apuntalaba las competencias de las familias para orientarse en los nuevos sistemas, abría espacio para una mayor conexión con otras personas. Una madre de México reflexionaba sobre el valor de sentirse más integrada en su comunidad: «El programa nos invitaba a parques. Dan ideas de actividades, te dicen adónde puedes ir a conseguir cosas, juguetes, de todo… me dijeron que puedes tomar libros prestados gratis… me ha ayudado mucho a conocer sitios nuevos y a saber adónde ir cuando necesito algo» (madre mexicana, 2 menores a cargo, 3019). Otra participante de México explicó que los recursos que había conocido gracias a la visita domiciliaria multiplicaron el número de programas en los que participaba, lo que le permitió apoyar a otras madres que vivían dificultades parecidas a las suyas. Lo explicó así: «Porque hay programas donde estamos con otras mamás. Por ejemplo, cuando acabas de tener un bebé, a veces emocionalmente estás de bajón, y este programa me gusta mucho porque la maestra me dice que hay una clase de masaje para bebés, y puedes compartirlo con otras mamás que a lo mejor se sienten como tú… así no tienes que sentirte sola» (madre mexicana, 1 menor a cargo, 3020). Estas observaciones ponen de relieve la oportunidad que tienen el personal de visitas domiciliarias y sus respectivos programas de ayudar a las familias reasentadas a sentirse acogidas en sus comunidades, un aspecto esencial para favorecer la adaptación y la construcción continua de comunidad de las familias inmigrantes, tanto recién llegadas como asentadas desde hace tiempo.
Este estudio pretendía comprender las necesidades de las familias reasentadas con criaturas pequeñas inscritas en un programa de visitas domiciliarias, así como los elementos del programa más relevantes para su bienestar y su integración en Estados Unidos. Los resultados muestran que la visita domiciliaria en la primera infancia influye en la integración en el plano de la crianza y de la comunidad, y mejora el bienestar de madres y padres refugiados e inmigrantes, así como su capacidad para acompañar la adaptación de sus criaturas. Pocos estudios sobre la visita domiciliaria han explorado los temas de la pérdida, la sanación y la pertenencia, o la manera en que la visita domiciliaria ayuda a las familias reasentadas a imaginar nuevos futuros en un periodo de transición profunda (Paris, 2008); son los temas que explora este estudio. Al centrarse en cómo los servicios de apoyo contribuyeron al proceso de integración familiar, el estudio pone de relieve cómo la visita domiciliaria favoreció una transición significativa y capacitó a las familias para orientarse y redefinir sus roles en un nuevo contexto cultural y social.
Los programas de visitas domiciliarias en la primera infancia ocupan una posición privilegiada para ofrecer una capa de apoyo ecológico esencial que favorece el desarrollo infantil y la integración de las familias en las estructuras sociales estadounidenses. Como muestran los relatos de madres y padres y confirma la literatura, la visita domiciliaria fue para las familias una puerta de entrada hacia sistemas más amplios: ofreció a familias diversas recursos materiales, orientación para la crianza y apoyo emocional, lo que puede ayudar a amortiguar los factores de estrés del reasentamiento, reforzar la adaptación cultural y psicosocial y facilitar la integración en sistemas sociales más amplios (Hilado et al., 2025; Sandstrom et al., 2022). Dado que la visita domiciliaria busca reforzar la relación parentofilial al tiempo que promueve el vínculo social, este enfoque concuerda con los modelos de adaptación de las personas inmigrantes y refugiadas basados en los recursos.
Estos modelos subrayan el papel de las fortalezas existentes (por ejemplo, las capacidades parentales, las redes sociales y los recursos comunitarios, etc.) en el apoyo al bienestar familiar durante el reasentamiento (Ryan et al., 2008). Los datos narrativos aportados por madres y padres mostraron que la visita domiciliaria respondía a necesidades multigeneracionales y dejaba a las familias con una sensación de apoyo y con una persona de confianza, la que realizaba las visitas, capaz de actuar como mediadora cultural. El personal de visitas domiciliarias ofrecía información para orientarse entre los recursos, ayudaba a madres y padres a reconceptualizar el futuro de su criatura en un nuevo contexto comunitario percibido como más rico en oportunidades y contribuía a ampliar su comprensión de los cuidados en ese contexto. En consonancia con una literatura bien asentada, el apoyo social, la conexión comunitaria y el cuidado favorecen la adaptación familiar y el bienestar general de las familias reasentadas (UNHCR, 2024).
Uno de los resultados más llamativos fue el carácter evolutivo de la crianza en las familias reasentadas. Muchas madres y muchos padres describieron cómo, con el tiempo, pudieron adaptar ciertas prácticas y expectativas ligadas a su cultura y adoptar nuevos enfoques de crianza que quizá no habrían sido posibles en sus países de origen. Aunque transitar entre las diferencias de los contextos culturales de origen y estadounidense generaba a veces tensiones (Moinolmolki et al., 2020), las familias acogieron en general con agrado la oportunidad de repensar y remodelar sus estilos de crianza. La exposición a conceptos de desarrollo infantil y un mayor acceso a los recursos comunitarios desempeñaron un papel clave en esta transformación (Hilado et al., 2025; Matthiesen, 2019). Por ejemplo, madres y padres hablaron de la importancia de que las criaturas desarrollen resiliencia a través de la dificultad, una perspectiva moldeada por su propia experiencia migratoria. Así, el reto de aprender una nueva lengua podía reconceptualizarse como una experiencia formativa esencial para cultivar la fortaleza y la autonomía de su criatura. Al mismo tiempo, las madres podían abrirse a experiencias como recibir ayuda de sus maridos en la crianza o implicarse de manera más deliberada en la lectura y el juego con sus criaturas, experiencias que aportaban más alegría y soltura, pero que no estaban culturalmente sancionadas en sus países de origen. Esta toma de conciencia ayudó a las familias a dar sentido a su recorrido de reasentamiento: el dolor y las penalidades del viaje migratorio se entendían junto a la esperanza recién encontrada que se esforzaban activamente por transmitir a la siguiente generación.
Las familias reasentadas no se definen únicamente por experiencias de trauma o desplazamiento, como refleja el presente estudio. También traen consigo una gran esperanza, resiliencia y el deseo de construir una vida estable y con sentido en sus nuevas comunidades. Las familias de este estudio buscaron activamente recursos que favorecieran su autonomía y su autosuficiencia. En este contexto, los programas de visitas domiciliarias se aprovecharon como un mecanismo de apoyo a corto plazo durante una fase temprana del reasentamiento, decisivo para orientarse en sistemas nuevos y crear nuevos vínculos en las comunidades de acogida. Estos servicios contribuyeron a sentar las bases para que las familias alcanzaran la estabilidad en sus propios términos.
El presente estudio se centró en las perspectivas de madres y padres inmigrantes y refugiados procedentes de diversos países de origen y que hablaban ocho lenguas. La diversidad de la muestra es un punto fuerte, ya que la mayor parte de la literatura sobre la experiencia de la parentalidad en las comunidades inmigrantes se centra principalmente en familias de América Latina y del África subsahariana (Merry et al., 2017). Al mismo tiempo, la diversidad lingüística de la muestra planteó dificultades metodológicas. Las personas participantes que no hablaban inglés fueron entrevistadas por un miembro del equipo que hablaba su lengua o con la ayuda de intérpretes sin acreditación. Además, todas las transcripciones se tradujeron al inglés antes de la codificación. Aunque se procuró preservar la exactitud de los datos narrativos de una lengua a otra, tanto la interpretación como la traducción son procesos intrínsecamente interpretativos (van Nes et al., 2010). Por ello, las transcripciones en lenguas distintas del inglés pueden haber estado más expuestas a la influencia del equipo investigador. Los estudios futuros que pretendan incluir participantes multilingües podrían prever en su presupuesto intérpretes y traductores con acreditación (Squires, 2009) para reforzar el rigor y la fiabilidad de los datos en todas las lenguas representadas.
Por último, el presente estudio es un análisis secundario. La coherencia de los temas entre las personas participantes sugiere que probablemente se alcanzó la saturación de los datos. Sin embargo, como este análisis secundario se realizó una vez concluida la recogida de datos, no tuvimos la flexibilidad de recoger datos adicionales de forma iterativa y no podemos garantizar que se alcanzara la saturación (Cheong et al., 2023). El número medio de años de participación de las familias en la visita domiciliaria en la muestra fue de 2,4 años, según los datos de 15 de las 16 personas entrevistadas. El uso de entrevistas estructuradas y el hecho de que las personas participantes llevaran mucho tiempo en la visita domiciliaria aportaron, por tanto, una experiencia considerable a sus relatos, lo que atenúa aún más las dudas sobre la saturación (Squire et al., 2024). Pese a estas limitaciones, este estudio ofrece aportaciones valiosas sobre las experiencias de madres y padres refugiados e inmigrantes durante el reasentamiento. Los resultados sugieren que los programas de visitas domiciliarias pueden constituir un espacio seguro y de apoyo en el que madres y padres exploren activamente y amplíen sus perspectivas sobre la crianza y redefinan su identidad parental, encaminando a las familias hacia la estabilidad, el crecimiento y el bienestar.
Los programas de visitas domiciliarias en la primera infancia sensibles a las necesidades de las familias siguen siendo un enfoque prometedor para apoyar el reasentamiento y la integración. La visita domiciliaria reduce las barreras de acceso al prestar los servicios en el hogar, fomentar la confianza y disminuir el estrés asociado a orientarse en sistemas desconocidos (Hilado et al., 2025). La visita domiciliaria ofrece además varios componentes esenciales para la integración recíproca de las familias reasentadas (Anger & Strang, 2008), en particular una atención culturalmente sensible y la seguridad relacional que brinda el personal de visitas domiciliarias, que en conjunto capacitan a las familias para mejorar su salud, su empleo y sus resultados educativos. Este marco integrado sitúa la visita domiciliaria como una herramienta relacional y sistémica bidireccional para favorecer la adaptación, la resiliencia y la integración en múltiples niveles ecológicos de influencia. Sitúa la visita domiciliaria como un puente entre el mundo íntimo de los cuidados familiares y los sistemas comunitarios de apoyo más amplios, decisivos para que el reasentamiento tenga éxito y para prosperar en un nuevo contexto cultural. Las familias reasentadas compensan la pérdida de redes sociales y de anclajes culturales durante la migración con oportunidades de ampliar perspectivas y ámbitos de aprendizaje inaccesibles en sus países de origen. Los presentes resultados demuestran que el personal de visitas domiciliarias influye en la integración parental y comunitaria al ocuparse del desarrollo infantil, la crianza y el apoyo social en comunidades culturalmente diversas.
Complexe Systémique: puntos clave
Desde una lectura sistémica, este estudio muestra la visita domiciliaria como una interfaz: la persona que entra en el hogar se convierte en un nodo que conecta a la familia, la escuela, la atención sanitaria y la comunidad, justo cuando las antiguas redes han desaparecido. Madres y padres describen un doble movimiento de pérdidas y aperturas. La crianza se reinventa: la rabieta de una criatura se relee como un aprendizaje de la autorregulación, y se invita a los padres varones a asumir su parte de los cuidados. La persona que realiza las visitas es a la vez confidente, mediadora cultural y guía administrativa. Conviene, no obstante, hacer dos advertencias. Este papel de puente puede deslizarse hacia una normalización implícita que convierta las prácticas del país de acogida en la vara de medir de la «buena» crianza; el artículo habla de combinar culturas, pero muestra poco de lo que las familias deciden no adoptar. Además, la muestra es pequeña, el análisis es secundario y algunas entrevistas pasaron por intérpretes sin acreditación. Para leer junto a el artículo sobre el trauma intergeneracional en las familias refugiadas y el artículo sobre la alianza en la terapia familiar a domicilio.
Notas del original
Agradecimientos. Agradecemos a Baby TALK, Inc. y a sus entidades asociadas su apoyo al estudio. Agradecemos también al equipo de asistentes de investigación que realizó las revisiones bibliográficas y las entrevistas y apoyó el análisis: Patricia Aguirre, Saria Becharra, Elizabeth Davisson, Maddie Fox, Grace Lee, Shiyu Lin, Samantha Martinez, Elizabeth Sanchez, Yiyao Sun.
Financiación. El proyecto fue financiado por el University of Chicago-Chapin Hall Joint Research Fund (#2023-01). Las opiniones, los resultados y las recomendaciones expresados en la publicación son responsabilidad exclusiva de las autoras.
Cumplimiento de las normas éticas. Este estudio fue revisado y aprobado por el comité de ética (IRB) de la institución de la autora de correspondencia. Las personas entrevistadoras revisaron con todas las personas participantes el formulario de consentimiento informado verbal. La entrevista, con grabación, se desarrollaba una vez obtenido el consentimiento. Las autoras no tenían ningún posible conflicto de intereses en la realización del estudio.
Conflicto de intereses. Las autoras declaran no tener intereses en conflicto.
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Traducción no oficial al español de Resettled Families, Reimagined Futures: Home Visiting at the Nexus of Loss, Growth, and Belonging, de Aimee Hilado, Reiko Kakuyama-Villaber y Carolyn Ponting, Journal of Child and Family Studies, vol. 35, n.o 9 (2026), doi: 10.1007/s10826-026-03347-5, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (traducción al español, tabla presentada en forma de lista). Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Artículo original «Resettled Families, Reimagined Futures: Home Visiting at the Nexus of Loss, Growth, and Belonging», publicado en Journal of Child and Family Studies (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, tal como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Hilado, A., Kakuyama-Villaber, R. y Ponting, C. (2026). Resettled Families, Reimagined Futures: Home Visiting at the Nexus of Loss, Growth, and Belonging. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/resettled-families-reimagined-futures-home-visiting-at-the-nexus-of-loss-growth (Obra original publicada en 2026 en Journal of Child and Family Studies, 35(9), 1968-1980 (2026); republicada en 2026 por Journal of Child and Family Studies, https://link.springer.com/article/10.1007/s10826-026-03347-5)
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