Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
PLOS ONE · Migración
Madres filipinas se marchan a Macao para limpiar y cuidar a la infancia de otras familias para que la suya pueda vivir. ¿Cómo se mantienen unidas estas familias separadas por el mar? El equipo de Melissa Garabiles escuchó a padres, madres, hijos e hijas de familias que su comunidad consideraba resilientes, y extrae de ello un modelo: cinco procesos relacionales que entretejen el espacio y el tiempo de la migración.
Traducción no oficial al español de Towards a model of resilience for transnational families of Filipina domestic workers, de Melissa R. Garabiles, Mira Alexis P. Ofreneo y Brian J. Hall, publicado en PLOS ONE (Public Library of Science) (2017), doi: 10.1371/journal.pone.0183703, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de listas; las declaraciones de final de artículo se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
La resiliencia familiar de las personas migrantes transnacionales es un proceso colectivista, negociado por cada miembro de la familia.
Melissa R. Garabiles, Mira Alexis P. Ofreneo y Brian J. Hall
Resumen
Gran parte de la población filipina vive en la pobreza y tiene escasas oportunidades de empleo. Para aliviar la pobreza y proporcionar recursos suficientes a sus familias, numerosas madres abandonan Filipinas para trabajar en el servicio doméstico. El presente estudio tenía como objetivo construir un modelo de resiliencia familiar para las familias transnacionales. Un total de 33 personas —miembros de familias transnacionales filipinas, trabajadoras domésticas e informantes clave— participaron en una serie de grupos focales y entrevistas. Se elaboró un nuevo modelo de resiliencia de las familias transnacionales de trabajadoras domésticas filipinas mediante un enfoque de teoría fundamentada constructivista. El modelo pone de relieve cómo los elementos temporales y espaciales están imbricados en las experiencias colectivas de migración. Los relatos familiares comienzan con el sacrificio de la separación, cuando las madres dejan a sus familias para tener la oportunidad de resolver sus problemas económicos. Para adaptarse con éxito a la separación, las familias atraviesan cinco procesos relacionales. En primer lugar, las familias se comunican a través del espacio mediante la tecnología para salvar la distancia relacional. En segundo lugar, las familias se reestructuran a través del espacio compartiendo los roles y validando los esfuerzos de cada cual en sus roles familiares. En tercer lugar, las familias reconstruyen los lazos mediante una reunificación familiar temporal que salva la distancia física y relacional. En cuarto lugar, las familias tienen el objetivo colectivo de la reunificación familiar permanente, poniendo fin a la migración para volver a estar completas. En quinto lugar, se esfuerzan por comprometerse con su familia dándole prioridad en lugar de sucumbir a las dificultades. La resiliencia familiar de las personas migrantes transnacionales es un proceso colectivista, negociado por cada miembro de la familia.
Filipinas figura entre los 10 países con mayor población migrante [1]. Desde la década de 1970, el Gobierno filipino ha institucionalizado el envío de su población al extranjero: ha aprobado leyes y reglamentos, ha elaborado políticas, ha creado estructuras y ha puesto en marcha programas y servicios para las personas trabajadoras filipinas en el extranjero (Overseas Filipino Workers, OFW) y sus familias [2,3]. Lo que comenzó como una solución temporal a los problemas de desempleo, subempleo y escasez de divisas se convirtió en una tradición de varias décadas [4]. En la actualidad hay 10,2 millones de OFW trabajando en todo el mundo [5]. Esto significa que, en una población de casi 101 millones de habitantes [6], alrededor del 10% trabaja en el extranjero. Sus remesas representan más del 12% del PIB del país [7].
Aproximadamente la mitad de las OFW son mujeres [8]. Sus ocupaciones varían, pero suelen trabajar en empleos del sector servicios. Algunas son profesionales que trabajan en hospitales y otros centros sanitarios como enfermeras y cuidadoras, otras trabajan en empresas como administrativas y vendedoras, y otras trabajan en los hogares de quienes las emplean como trabajadoras domésticas [4].
Este estudio se centra en las trabajadoras domésticas, definidas como las personas que trabajan en un hogar o en varios hogares, o para ellos [9]. Aunque este grupo no representa a todas las OFW mujeres, sí abarca una parte importante de la población migrante filipina. Entre 1992 y 2010, 1,2 millones de nuevas trabajadoras domésticas salieron de Filipinas, lo que supuso una cuarta parte de todas las nuevas OFW durante ese periodo [10]. La pobreza y la falta de oportunidades laborales en Filipinas están asociadas a esta tendencia [11]. En comparación con otras OFW, las trabajadoras domésticas suelen proceder de los grupos de menores ingresos de Filipinas [12]. No obstante, tienen formación. En una encuesta realizada a 211 trabajadoras domésticas a punto de partir [13], la mayoría tenía el título de secundaria y alrededor del 20% tenía un título universitario. Sin embargo, en un país con una tasa de desempleo del 6.6% y una tasa de subempleo del 16.3% [14], puede ser difícil encontrar empleos estables lo bastante remunerados para cubrir las necesidades de las familias. Así, en este contexto, la migración de estas mujeres se considera la mejor oportunidad, si no la única, para que estas familias escapen de las adversidades económicas y busquen una movilidad social ascendente [11].
Las personas que trabajan en el servicio doméstico se encuentran entre los grupos más marginados y vulnerables del mundo. El trabajo doméstico es poco cualificado, está infravalorado y apenas está protegido frente a la explotación y las violaciones de los derechos humanos [11,15]. Cabe señalar, no obstante, que el trabajo doméstico se desarrolla en contextos muy diversos, que a su vez influyen en las experiencias de quienes lo ejercen. Hay países que cuentan con más legislación que promueve sus derechos. Algunos países de ingresos altos (es decir, Australia, Canadá, EE. UU.) y países de América Latina, el Caribe y África tienen legislación que otorga al personal doméstico las mismas protecciones mínimas que al resto de las personas trabajadoras. Por ello, en estos países el personal doméstico está más protegido en cuanto a límites de la jornada semanal ordinaria, días de descanso semanal y vacaciones anuales, y salarios comparables a los de otros empleos. En cambio, quienes ejercen el mismo trabajo en países de Oriente Medio y de Asia pueden tener menos protecciones. Por tanto, están más expuestas a abusos en forma de jornadas excesivas y salarios bajos [9].
La migración no afecta solo a las trabajadoras domésticas, sino también a sus familias. Los estudios existentes sobre las trabajadoras domésticas filipinas y sus familias transnacionales se han centrado en los efectos de la separación y en las formas de afrontar la migración [es decir, 16–18]. La separación, la pobreza persistente y los factores de estrés que viven las madres tras su partida [19] crean un contexto de adversidades múltiples que las familias deben superar. Hoy se sabe poco sobre los factores que favorecen la resiliencia familiar en el contexto de la migración transnacional y sobre cómo las familias mantienen su vínculo pese a estas adversidades múltiples. La resiliencia familiar se define como los procesos interaccionales que permiten a las familias superar adversidades y dificultades prolongadas [20]. Este enfoque basado en las fortalezas postula que las familias pueden sobrevivir a la angustia [21] y afrontarla y adaptarse con éxito [20], incluso al estrés crónico, hasta recuperar un equilibrio saludable [22].
Este estudio tiene como objetivo crear un nuevo modelo que recoja el proceso de resiliencia familiar en las familias transnacionales de trabajadoras domésticas filipinas en la Región Administrativa Especial de Macao, República Popular China. Macao acoge a 25 015 personas trabajadoras filipinas no residentes documentadas, de las cuales más de 11 000 son trabajadoras domésticas filipinas [23]. Este estudio pretende contribuir a la escasa literatura científica sobre la resiliencia familiar en las familias transnacionales. La mayor parte de la investigación se ha centrado en la resiliencia individual más que en la familiar y comunitaria, lo que limita gravemente nuestra comprensión conceptual y teórica de estos procesos [22,24].
La emigración de la mujer que ejerce como cuidadora principal está asociada al estrés y a la adversidad que viven ella y toda su familia [25]. En primer lugar, la migración desestabiliza la capacidad de la familia para mantener relaciones estrechas debido a la distancia física crónica [26]. Para adaptarse, los miembros de la familia se comunican entre sí mediante la tecnología [27–28], como las llamadas telefónicas, Skype, las redes sociales y el correo electrónico, lo que permite a las madres ejercer la crianza a distancia, y a los padres y a la descendencia, mantenerlas al corriente [17,27,29–32]. De este modo, un entorno de polimedia permite seguir expresando cuidado y presencia pese a la distancia [33]. Además, los miembros de la familia restablecen y refuerzan los lazos familiares durante las visitas de las madres [15,34–35]. Las visitas también permiten a las madres ver las mejoras en el hogar y en la situación económica general de la familia [35]. Sin embargo, la comunicación y las visitas regulares se ven obstaculizadas por la insuficiencia de recursos económicos [15,17,34,36]. En comparación con otras ocupaciones, el trabajo doméstico es uno de los peor pagados, ya que quienes lo ejercen ganan la mitad, o incluso apenas el 20%, del salario medio del mercado laboral [37]. Dados sus escasos recursos económicos, algunas trabajadoras domésticas no pueden permitirse llamar a casa y tampoco disponen de un acceso fiable a Internet, ni en el país de destino ni del lado de su familia en Filipinas. Puede que solo vean a su familia una vez al año o cada dos años [38], y normalmente durante no más de 10 días. La distancia física prolongada dificulta la restauración de las relaciones [15,39]. Estas familias también tienen pocas posibilidades de reunificarse en los países de destino, porque las trabajadoras domésticas tienen menos probabilidades que otras personas trabajadoras de obtener la residencia permanente [36,40].
En las familias en las que la madre está ausente se producen alteraciones más graves de los cuidados que en aquellas en las que está ausente el padre [26], debido a una mayor divergencia respecto de los roles de género tradicionales filipinos de la madre cuidadora y el padre proveedor [36,41]. Cuando las madres se marchan, trasladan su responsabilidad directa del cuidado infantil de su propia familia a familias de países acomodados, lo que crea un vacío de cuidados para su propia descendencia [42–43]. Sin embargo, este vacío puede ser de corta duración, ya que algunos padres se implican activamente en la crianza [17–18,39–40,44–45]. De hecho, los estudios han mostrado que entre el 50% [26] y hasta el 59.6% [46] de las familias con la madre ausente indican que el padre es el principal cuidador de la descendencia. Aunque los padres pueden tener dificultades para ejercer un doble rol parental [16–17,26], suelen recibir el apoyo de la descendencia de más edad, que ayuda con las tareas domésticas [29] y con el cuidado de los hermanos y hermanas menores [26,47]. El apoyo que presta no solo contribuye al bienestar de la familia, sino que también le enseña a ser responsable [26]. Sin embargo, a una parte de esta descendencia el trabajo adicional le supone una carga excesiva [17].
Además, en Filipinas existe un fuerte sistema de parentesco en el que la familia extensa impregna la vida cotidiana de las familias nucleares mediante la aportación de recursos materiales y emocionales [45,48,49]. Cuando las madres migran, los familiares, en particular las mujeres de la familia, se ocupan del cuidado infantil, especialmente en tareas como enseñar y criar a la infancia [16,26,46]. A su vez, se espera que la infancia acepte la ayuda de sus familiares en su cuidado [47]. Es probable que los cuidados procedentes de las redes de parentesco extenso influyan en que una familia sea o no resiliente durante la migración transnacional.
En segundo lugar, los miembros de la familia sufren malestar psicológico, que se expresa mediante sentimientos de pérdida, de estar incompletos y de tristeza [16,38–39]. Las madres sienten nostalgia de su hogar y se preocupan por el bienestar y la situación económica de la familia que se ha quedado en Filipinas [15,34]. También se sienten culpables por estar físicamente lejos de sus familias [39].
Los padres pueden sentir vergüenza por no estar a la altura de las normas sociales de masculinidad al no poder proveer lo suficiente a sus familias [16,18], y pueden vivir una tensión de rol [18]. Aunque algunos padres siguen manteniendo económicamente a su familia [18,39–40], otros pueden caer en vicios y mantener relaciones extramatrimoniales, lo que les impide criar a su descendencia y mantener vínculos positivos con sus esposas [15–16,18]. En estas circunstancias, la infancia anhela más cuidados [16,26]. Puede sentirse abandonada y guardar resentimiento por la partida de la madre.
En tercer lugar, el trabajo doméstico no proporciona recursos económicos suficientes. Las trabajadoras domésticas tienen salarios bajos, y la mayor parte de lo que ganan se envía a Filipinas y se utiliza para comprar regalos a sus familias [17,27]. También tienen que pagar comisiones a las agencias y comprar artículos de primera necesidad para sí mismas [19]. Todo ello dificulta que las familias salden sus deudas [34]. Algunas están tan endeudadas que acaban siendo víctimas de la servidumbre por deudas, en la que se las obliga a trabajar con un salario escaso o nulo para devolver préstamos [50]. En ocasiones, las trabajadoras domésticas se convierten en el único sostén económico, porque sus maridos y su descendencia han pasado a depender de ellas económicamente [38].
Existen modelos de resiliencia familiar. La teoría sistémica de la resiliencia familiar [24] conceptualiza la resiliencia familiar como compuesta por tres procesos clave: los sistemas de creencias compartidas, los patrones organizativos y los procesos de comunicación. El modelo de respuesta de ajuste y adaptación familiar (family adjustment and adaptation response, FAAR) [51] subraya el proceso activo de equilibrar las demandas familiares o factores de riesgo con las capacidades familiares o factores de protección para alcanzar la resiliencia familiar. Las demandas familiares incluyen los factores de estrés derivados de los cambios, las tensiones familiares no resueltas y los contratiempos cotidianos o problemas vitales menores, mientras que las capacidades familiares incluyen los recursos y los patrones de relación familiar, como la cohesión y la flexibilidad.
Sin embargo, estos modelos no bastan para evaluar la resiliencia en las familias transnacionales, ya que no dan cuenta del elemento espacial de la resiliencia de las familias transnacionales ni del elemento temporal de la resiliencia familiar. El elemento del espacio diferencia a las familias transnacionales de las que no lo son. La estructura de las familias transnacionales está dividida por el espacio físico y las fronteras nacionales [39]. Tener en cuenta el elemento del espacio significa examinar cómo estas familias superan la separación física para permanecer intactas.
El elemento temporal de la resiliencia familiar pone de relieve cómo los procesos se despliegan a lo largo del tiempo [20,24,52]. Las familias también necesitan adaptarse a un abanico cambiante de adversidades [24]. Algunas son transiciones normativas, como la fase inicial de la separación, las dificultades laborales y los factores de estrés aculturativo. Otras son acontecimientos inesperados y no normativos, como la muerte o la enfermedad de seres queridos y otros acontecimientos traumáticos. En las familias transnacionales, el elemento temporal de la resiliencia familiar se manifiesta en los procesos de redefinición de sí, reconfiguración de la familia y restauración de las relaciones [39,53]. Así, siguiendo las recomendaciones de Bonanno et al. [22], un examen exhaustivo del elemento temporal de la resiliencia familiar implicaría partir de una línea de base de las experiencias de cuando las familias aún estaban juntas en Filipinas, seguir con las adversidades que vivieron como familias transnacionales y terminar con el modo en que se adaptan a dichas adversidades.
Además de estas lagunas, la literatura existente sobre resiliencia familiar y migración solo examina cómo responden los miembros de la familia, individualmente, a los problemas que viven [p. ej., 54], lo que podría no ser un enfoque adecuado ni culturalmente informado. Las personas están insertas en familias, y la relación entre los miembros de la familia es un determinante clave del bienestar. Esto es especialmente cierto en las culturas colectivistas. En Filipinas, el familismo, es decir, el valor otorgado a la cohesión familiar y al hecho de formar parte de la propia familia [55], es un valor cultural predominante y está, de hecho, relacionado instrumentalmente con el sacrificio que hacen las mujeres para servir a sus familias como OFW. Además, es necesario examinar múltiples perspectivas dentro de las familias para captar las contribuciones singulares de sus miembros a la superación de las adversidades [21].
Este estudio investiga la resiliencia familiar en el contexto de la migración, dando voz a miembros clave de la familia para tener en cuenta múltiples perspectivas familiares y poniendo el acento en los elementos espaciales y temporales de su relato migratorio. Creamos un modelo que contextualiza las experiencias singulares de las familias transnacionales incorporando los elementos cruciales del espacio y del tiempo. Utilizamos un enfoque de teoría fundamentada constructivista. La teoría fundamentada está concebida para identificar cómo se desarrolla, cambia o se mantiene un fenómeno [56–58]. Es útil para generar una teoría nueva que se mantenga fiel a los datos [59] y sea específica del contexto dado [58]. Al tratarse de un enfoque constructivista, coconstruimos la teoría resultante con las personas participantes, ya que cada cual desempeñó un papel activo y esencial en la configuración del proceso de investigación y de los resultados [58,60].
La recogida de datos se desarrolló en dos fases: una fase preliminar y una fase principal de recogida de datos. La fase preliminar tenía como objetivo obtener definiciones locales de la resiliencia y reunir las propuestas de la comunidad sobre familias resilientes de trabajadoras domésticas filipinas. Esta técnica, que combina definiciones locales de los constructos y propuestas de la comunidad en un estudio de teoría fundamentada, ya se había utilizado en investigaciones anteriores [es decir, 61]. La fase principal de recogida de datos tenía como objetivo reunir datos sobre el proceso de resiliencia familiar de estas familias. Todas las personas participantes eran filipinas y residían en Filipinas o en Macao.
Obtuvimos la aprobación ética del Comité de Ética de la Investigación de la universidad. Antes de las entrevistas, todas las personas participantes recibieron los documentos escritos de consentimiento y de asentimiento informados. Les garantizamos la confidencialidad de la información y que en los informes se utilizarían seudónimos en lugar de sus nombres reales. También pedimos a quienes tenían familiares que participaban en el estudio que nos indicaran cualquier acontecimiento que no quisieran que se compartiera durante las discusiones de grupo de su familia.
En total, 33 personas participaron en nuestro estudio. De ellas, 11 participaron solo en la fase preliminar, 16 solo en la fase principal de recogida de datos y las seis restantes en ambas fases. Todas las entrevistas y todos los grupos focales los llevó a cabo la primera autora, en filipino y en inglés.
La fase preliminar consistió en cuatro grupos focales y una entrevista individual, con un total de 17 participantes. Trece eran trabajadoras domésticas que participaron en tres de los cuatro grupos focales. Las cuatro personas restantes eran informantes clave de nacionalidad filipina que prestaban servicios a diario a trabajadoras domésticas filipinas en Macao desde hacía una media de 3.25 años (SD = 2.20). Tres de estas personas informantes clave eran sacerdotes que participaron en el cuarto grupo focal. La cuarta persona informante procedía de una organización no gubernamental y participó en una entrevista individual. Cada grupo focal duró entre una y dos horas, con entre tres y cinco participantes por grupo, mientras que la entrevista duró una hora. Los grupos focales y las entrevistas se grabaron en audio.
Preguntamos a las personas participantes por: (1) los problemas familiares que viven las familias de las trabajadoras domésticas filipinas en Macao; (2) la descripción de las familias que mejor resolvían estos problemas; (3) la descripción de las familias que peor los resolvían; y (4) familias concretas que se ajustaran a la descripción de las familias que mejor resuelven los problemas. Las preguntas segunda y tercera se referían a las definiciones locales de la resiliencia, concretamente de las familias que eran o no resilientes, mientras que la cuarta pregunta tenía como objetivo obtener propuestas para la recogida principal de datos.
Las personas participantes describieron como resilientes a las familias que se comunican y hacen planes juntas, a las familias en las que marido y mujer se esfuerzan por serse fieles y a las familias en las que el padre se ocupa de los hijos e hijas. Por el contrario, las familias no resilientes ya no resuelven sus problemas. En cambio, al menos uno de sus miembros cae en vicios (p. ej., el juego problemático y el consumo abusivo de alcohol). El marido o la mujer, o ambos, buscan otras parejas. Olvidan su compromiso conyugal y dejan de intentar reparar su relación, lo que conduce a la separación. No obstante, las personas participantes reconocieron que quienes se separan pueden seguir mostrando resiliencia, aunque se trate de una resiliencia individual.
Las definiciones locales de la resiliencia sirvieron para identificar a las familias de las entrevistas en profundidad y de los grupos focales. Las personas participantes propusieron familias resilientes de trabajadoras domésticas facilitando el nombre y los datos de contacto de la trabajadora doméstica. Propusieron seis familias: tres propuestas procedían de las personas informantes clave y tres de autopropuestas y de propuestas entre pares de las trabajadoras domésticas. Cinco familias aceptaron participar en la fase principal de recogida de datos. Una familia propuesta declinó la invitación por dificultades para programar las entrevistas.
La fase principal de recogida de datos consistió en entrevistas (n = 22) y grupos focales (n = 5) con: (a) miembros de las cinco familias resilientes, y (b) miembros de familias no resilientes que no habían sido propuestas en los grupos focales y no se ajustaban a las definiciones locales de resiliencia familiar. Las madres de las familias no resilientes habían participado en la fase preliminar, salvo dos: una fue recomendada por una madre resiliente y la otra participaba en otro estudio. Todas las entrevistas se grabaron en audio.
Cada familia resiliente estaba formada por una madre que trabajaba como empleada doméstica en Macao, un padre que residía en Filipinas y un hijo o una hija, lo que suma un total de 15 participantes (Tabla 1). Cada familia tenía entre dos y cuatro hijos e hijas (M = 3.00, SD = 1.00). La descendencia entrevistada se eligió por su disposición y disponibilidad para las entrevistas, y porque vivía con el padre.
Tabla 1 — Información sociodemográfica de las familias resilientes.
Entrevistamos a tres miembros de una misma familia para garantizar que los datos representaran múltiples perspectivas. Las entrevistas con las madres fueron presenciales. Las entrevistas con los padres y la descendencia se realizaron mediante llamadas por Skype. Las entrevistas duraron entre 0.75 y 2.75 horas (M = 1.43, SD = 0.72). Tres de las cinco familias participaron también en grupos focales por Skype para aportar datos complementarios sobre las experiencias familiares colectivas de adversidad y resiliencia; cada grupo focal duró entre 1.25 y 1.50 horas (M = 1.33, SD = 0.14).
Recogimos datos de cinco familias no resilientes que sirvieran de elementos de comparación naturales para evaluar si los conceptos y categorías emergentes eran realmente importantes para nuestro modelo [32,35]. Este enfoque nos permitió recurrir a un análisis comparativo, que aportó mayor claridad sobre los límites de la resiliencia, que reconocemos como un proceso. También queríamos aumentar la validez de nuestros datos para asegurarnos de que nuestros resultados pusieran de relieve la resiliencia y no procesos familiares normativos. Tres de las personas participantes no resilientes pertenecían a una misma familia, formada por una madre, un padre y un hijo. Cada una de ellas participó en entrevistas individuales. Hubo además dos grupos focales, uno entre madre e hijo y otro entre madre y padre. Cuatro de las personas participantes no resilientes eran trabajadoras domésticas entrevistadas individualmente. Las entrevistas duraron entre 1.25 y 1.5 horas cada una (M = 1.38, SD = 0.14). Las entrevistas con las madres fueron presenciales, mientras que las entrevistas con los padres y la descendencia se realizaron por Skype (Tabla 2).
Tabla 2 — Información sociodemográfica de las familias no resilientes.
En la recogida principal de datos, las preguntas de la entrevista se formularon en orden cronológico tanto a las familias resilientes como a las no resilientes. La primera pregunta se refería a la vida familiar cuando la madre aún residía en Filipinas, y la siguiente a las experiencias inmediatas de la familia tras la partida de la madre. Después, podían elegir libremente otros acontecimientos familiares que compartir. A continuación, se les preguntó por sus experiencias familiares actuales. Durante los grupos focales, abordamos acontecimientos clave que los miembros de la familia habían compartido en sus entrevistas individuales, como su vida antes de que la madre se marchara al extranjero y sus experiencias durante las visitas de la madre. Hablaron de los conflictos que surgieron en esos momentos y de cómo los resolvieron.
Todos los datos los transcribieron asistentes de investigación con el filipino y el inglés como lenguas nativas. Después se verificó la exactitud de las transcripciones. Los ejemplos de temas incluidos en este informe se tradujeron del filipino al inglés.
Seguimos el proceso en tres etapas del método de la teoría fundamentada: codificación abierta, codificación selectiva y codificación teórica. En la codificación abierta adoptamos un enfoque ascendente, identificando fragmentos de texto que pudieran codificarse en unidades significativas para el análisis. Agrupamos los códigos que formaban conceptos más amplios y después agrupamos estos conceptos en categorías más amplias [60,62]. Mediante el análisis comparativo constante, registramos las relaciones entre las categorías emergentes, las relaciones entre las categorías y sus subcategorías, las condiciones de aparición de las categorías y las consecuencias o resultados de cada categoría [60]. También redactamos memorandos, escribiendo la teoría provisional [63] y llevando un registro de nuestras reflexiones personales a lo largo de todo el análisis de datos [64].
En la codificación selectiva se llevó a cabo una nueva ronda de comparación constante y de memorandos para producir categorías centrales más saturadas. También elaboramos diagramas para visualizar las relaciones emergentes [60]. En la codificación teórica, depuramos las categorías centrales y las cotejamos con la literatura existente para derivar procesos sociales básicos que convertimos en un modelo teórico de resiliencia familiar [62].
Este proceso en tres etapas no fue lineal. Realizamos más de 15 iteraciones de análisis de datos y comparación de modelos antes de llegar al modelo final. Para ello, llevamos a cabo ciclos de inducción y deducción para poner a prueba los conceptos y sus relaciones entre sí [65]. Comprobamos si la teoría provisional confirmaba o contradecía los datos de las familias no resilientes, para verificar si coincidían o no con la teoría emergente. En particular, comprobamos qué códigos, categorías y relaciones entre categorías estaban presentes o ausentes en los relatos de las familias resilientes y no resilientes. Se alcanzó la saturación tras el análisis de los datos de las cinco familias resilientes y de tres madres no resilientes.
La codificación propiamente dicha la llevó a cabo la primera autora, en consulta con la segunda autora y el tercer autor a lo largo de todo el análisis. También consultamos a cuatro personas investigadoras independientes para comprobar su comprensión del modelo emergente. Esto permitió mejorar la denominación de las categorías, la relación entre ellas y la correspondencia entre el diagrama provisional y el modelo. Las consultas también ayudaron a obtener puntos de vista más objetivos y a reducir la influencia personal en el análisis. Asimismo, conservamos un registro documental de la recogida y los análisis de datos, como documentación y como prueba del vínculo entre los datos y el informe final [66].
Los relatos de las familias resilientes comienzan con experiencias de adversidad económica cuando aún viven juntas en Filipinas. Para sobrevivir, las madres se marchan a trabajar como empleadas domésticas en el extranjero.
Para superar el dolor de la separación, las familias resilientes ponen en marcha con éxito cinco procesos relacionales. Practican una comunicación familiar a través del espacio para salvar la distancia relacional. También atraviesan una reestructuración familiar y una validación de los roles a través del espacio. La reestructuración familiar implica compartir los roles: cada miembro contribuye según sus propias capacidades a cumplir los roles familiares esenciales.
Las familias resilientes reconstruyen los lazos mediante la reunificación familiar temporal, que tiene lugar durante las visitas familiares, cuando la madre vuelve a casa tras largos periodos de separación. Este proceso supone salvar tanto la distancia física como la relacional para crear momentos en los que el espacio deja de ser un factor. Estas familias comparten también el objetivo de la reunificación familiar permanente. Tienen el objetivo colectivo de poner fin a su historia migratoria para volver a ser, en el futuro, una familia completa. Por ello, para estas familias la migración no es permanente: el sacrificio de estar separadas es transitorio y finito.
Por último, las familias resilientes se esfuerzan por comprometerse con la familia. Los procesos relacionales mencionados no son fáciles, porque se producen en medio de dificultades diversas. Sin embargo, se esfuerzan por comprometerse con sus familias poniendo a la familia en primer lugar mediante su sacrificio y la resolución colectiva de los problemas (Fig 1).

Todas las familias resilientes tenían enormes dificultades para cubrir sus necesidades básicas pese a los grandes esfuerzos de madres y padres por trabajar. Incluso parte de la descendencia ayudaba vendiendo comida y productos del campo. Sumidas en la pobreza, estas familias no tienen dinero suficiente para comprar comida ni para pagar la matrícula escolar y los gastos médicos. Para sobrevivir, recurren al pluriempleo, piden dinero prestado, venden su ganado y sus tierras de cultivo y piden comida al vecindario y a sus familiares.
Estas adversidades económicas y el deseo de hacer lo mejor para su familia llevan a las familias a separarse físicamente, aceptando que las madres trabajen en el extranjero. La separación provoca malestar psicológico: las familias sienten tristeza por estar separadas y preocupación por los familiares a los que no pueden ver. También sienten un fuerte anhelo de volver a ser una familia completa. El malestar se extiende durante un largo periodo: comienza en el momento en que la madre se marcha y se prolonga durante todo el tiempo de la separación, durante las breves visitas, hasta la reunificación. Los relatos de la familia Mendez, una familia resiliente, recogen estos momentos:
Sr. Mendez: «Es triste que mi mujer no esté con nosotros, ¿verdad? Mi hijo mayor me dijo: “Papá, si mamá estuviera con nosotros, seríamos más felices”. “Sí, hijo”, le dije». (Padre, 43 años).
La Sra. Mendez, sobre lo difícil que es volver a Macao tras unas vacaciones: «Otra vez me voy (llora)… Solo pudiste estar con tu familia 10 días. Y luego vuelves a dejarla. Es muy duro de verdad, todo el mundo lo vive, hablo con otra gente de Filipinas, es muy duro de verdad». (Madre, 34 años)
El hijo mayor del Sr. y la Sra. Mendez: «Me pongo triste… Porque cuando se va, es justo después de Año Nuevo. Después, después de los fuegos artificiales, ya se va». (Hijo, 12 años)
La migración crea inevitablemente una distancia física entre los miembros de la familia, lo que lleva a perder el contacto regular. Para superarlo, las familias resilientes practican una comunicación familiar a través del espacio, manteniendo lazos estrechos y creando recuerdos familiares. Las familias mantienen lazos estrechos hablando entre sí mediante la tecnología para ponerse al día de su vida cotidiana y de las noticias importantes. También se comunican para expresarse emociones positivas como el amor y el cuidado, y para ayudarse a gestionar emociones difíciles, como la tristeza por la separación de la familia, escuchando y respondiendo a las quejas de cada cual.
Las familias resilientes también crean recuerdos familiares celebrando juntas los acontecimientos especiales mediante videollamadas, llamadas de móvil o publicaciones en redes sociales. Así, la tecnología es capaz de unir a las familias en los momentos especiales.
La comunicación familiar a través del espacio calma los sentimientos de tristeza y de estar incompletos. En su lugar, las familias resilientes disfrutan de los beneficios relacionales de sentirse queridas y cuidadas pese a la distancia física. Siguen siendo una familia unida porque se mantienen al corriente de la vida de cada cual. Así, aunque estén separadas físicamente, siguen conectadas en lo relacional. El Sr. Torres, miembro de una familia resiliente, lo ilustró en su entrevista:
«Estamos separados, pero es como si siguiéramos cerca. Como si no nos hubiéramos separado, porque podemos hablar». (Padre, 51 años)
Para que haya comunicación familiar a través del espacio, todos los miembros de la familia deben esforzarse por mantener una comunicación abierta. La falta de comunicación abierta agrava el dolor emocional de la distancia física, porque le añade una distancia relacional. Esta falta de esfuerzo se refleja en la historia de la Sra. Diño, una de las madres de una familia no resiliente. Mientras estaba en Macao, la Sra. Diño se esforzaba por contactar con su descendencia, pero esta no le contaba los detalles importantes de su vida, ni siquiera la noticia de que uno de sus hijos había tenido un accidente:
«Me dijo: “Tú cuidas de los hijos de otros. Y cuando nosotros nos ponemos enfermos, nadie nos cuida. ¿Sabías que tuve un accidente? ¿Dónde estabas?”. Duele tanto (llora)… [Le dije:] “¿Por qué no me lo contaste? Te llamo, pregunto por ti, ¿por qué no me avisaste? ¿Sabes lo que me estás haciendo? ¡Me estás quitando mi derecho como madre!” (llora)». (Madre, 51 años)
Cuando las madres se marchan a trabajar al extranjero, se altera el reparto familiar habitual entre un hombre que gana el sustento y una mujer que cuida, lo que provoca problemas para cumplir los roles familiares. Para afrontarlo, las familias resilientes ponen en marcha una reestructuración familiar y una validación de los roles a través del espacio. En la reestructuración familiar, los miembros de la familia comparten el desempeño de los roles familiares de proveedor, cuidador y pareja conyugal. En cuanto al rol de proveedor, la madre se convierte en la nueva proveedora principal, ya que envía regularmente remesas y paquetes a su familia, lo que reduce las deudas y permite a la familia cubrir más fácilmente sus necesidades cotidianas. El padre también contribuye económicamente trabajando para complementar los ingresos de su esposa y optimizando las remesas mediante una buena administración. La descendencia contribuye administrando con responsabilidad su asignación. Quienes tienen edad suficiente también trabajan para ganar dinero con el que costear sus gastos escolares e incluso los gastos del hogar.
En cuanto al rol de cuidador, es el padre quien asume el papel de principal responsable del hogar y del cuidado de la descendencia. El padre se implica directamente en la crianza, sobre todo cuando sus hijos e hijas eran aún pequeños. Además del padre, la descendencia contribuye ocupándose más de sí misma, asumiendo algunas tareas domésticas y ayudándose a cuidarse mutuamente. Por otra parte, la madre sigue pudiendo ejercer su rol materno comunicándose con su descendencia mediante la tecnología.
Las familias reconocen recibir ayuda de sus familiares, en especial de la familia política. Los familiares prestan apoyo económico en situaciones de urgencia o cuando la madre no puede enviar las remesas a tiempo. También prestan apoyo en el cuidado infantil cuando el padre sale de casa para trabajar o hacer recados. Aunque su apoyo es importante, madres y padres señalan que prefieren que sea el padre quien tome las riendas, ya que es capaz de realizar las tareas de la madre en el mantenimiento del hogar y la crianza. Además, esta organización limita la influencia de familiares que podrían extralimitarse, consintiendo en exceso a la infancia o difundiendo chismes sobre la madre o el padre.
En cuanto al ejercicio del rol conyugal, la madre y el padre se recuerdan mutuamente que deben seguir siendo fieles y centrarse en tener una familia completa para disipar las dudas sobre la infidelidad. La pareja también evita prestar oídos a los rumores de infidelidad, porque sabe que los rumores minan su confianza mutua.
También se produce una validación de los roles familiares, que consiste en apreciar las contribuciones de cada cual al desempeño de los roles familiares y en reconocer que sus esfuerzos han sido indispensables para la familia. Un grupo focal con la familia Reyes, una familia resiliente, sirve de ejemplo:
El Sr. Reyes a su esposa: «Le estoy agradecido, porque lo que yo no puedo darle a mi familia, ella encuentra la manera de dárselo… Sobre todo en lo económico, porque es ella la que está allí ahora para ser el sostén de la familia». (Padre, 46 años)
La Sra. Reyes a su marido: «¡Te agradezco que no te buscaras a otra mujer! (risas)… Porque aquí la mayoría, la mayoría de las OFW de aquí, en menos de un año ya tienen la familia rota. Por eso estoy tan orgullosa de ti, porque te mantuviste fuerte, te mantuviste fuerte, no descuidaste tu obligación como cabeza de familia… Asumes tus responsabilidades con nuestra hija, la mantienes, la corriges, estás ahí para ayudarla. Por eso te admiro, porque nunca has descuidado a nuestra hija desde que era pequeña». (Madre, 45 años)
La Sra. Reyes a su hija: «Sigue con todo lo bueno que estás haciendo, y que el Señor tenga misericordia de ti para que puedas terminar ya [los estudios]». (Madre, 45 años)
La reestructuración familiar y la validación de los roles conducen a resultados resilientes. Compartir las responsabilidades alivia a los miembros de la familia y mejora su capacidad para desempeñar sus roles. Hay beneficios económicos, porque pueden cubrir mejor las necesidades cotidianas, ir a la escuela con más regularidad y empezar a invertir. Hay también beneficios relacionales: sentir la presencia, el amor, el cuidado y el valor de cada cual en la familia. Los miembros de las familias resilientes expresaron estos resultados:
Sr. Gomez: «Soy feliz cuando mi hija es feliz. Porque a veces ayuda, su paquete ayuda. Para no echarla tanto de menos». (Padre, 39 años)
Sra. Gomez: «Mi familia me cuenta que mi marido quiere mucho a mi hija. Así que no tengo preocupaciones, no me preocupa que mi hija esté desatendida. Ninguna». (Madre, 44 años)
La hija del Sr. y la Sra. Cortes, sobre la comida que le envía su madre: «Me hace sentir más ligera, es como si nos alimentara, como si ya nos estuviera alimentando». (Hija, 11 años)
Para que la reestructuración familiar y la validación de los roles tengan lugar, los miembros de la familia deben compartir el rol que tradicionalmente les corresponde y permitir que otros miembros contribuyan. Los miembros de la familia también deben aceptar y desempeñar estos roles. Si un miembro no comparte o no desempeña un rol, no se produce la reestructuración. Esto es lo que ocurrió con la Sra. Tiñio, madre de una familia no resiliente, que se culpaba por haber sido una proveedora irregular al iniciar una relación con otro hombre mientras estaba en el extranjero:
«Enviaba remesas, pero muy de vez en cuando… Me centré en tener una relación, me centré en lo que sentía por él. Como si se me hubiera olvidado que tenía una familia». (Madre, 37 años)
La ausencia del proceso de reestructuración familiar y de validación de los roles a través del espacio también se aprecia en las historias de la familia Guaño, una familia no resiliente. La Sra. Guaño confió la custodia de su hijo a su propia madre porque creyó los rumores de que su marido lo desatendía. Sin embargo, el Sr. Guaño sostenía que es un padre implicado:
«Le dije a mi mujer: “¿Por qué? Estoy aquí, ¿por qué iba a desatender a mi hijo? Es mi hijo”, le dije. Entonces mi suegra me dijo: “¿Puedes darle de comer?”. Me lo preguntó su madre. “Puedo, es mi hijo, no lo desatendería”, le dije». (Padre, 42 años)
La separación física amenaza las relaciones estrechas entre los miembros de las familias transnacionales. Con la ausencia de las madres, estas familias quedan incompletas y rotas. Para adaptarse, las familias resilientes reconstruyen los lazos mediante la reunificación familiar temporal. Es un proceso agridulce que les permite recuperar el tiempo perdido y ser una familia completa, ante el dolor inminente de una nueva separación, porque las madres tienen que volver al extranjero a trabajar. Este proceso implica volver a conocerse compartiendo historias sobre cómo ha sido la vida de cada cual. Retoman antiguos roles y prácticas, como salir y celebrar juntos los acontecimientos. La madre puede cuidar directamente de su descendencia, expresarle su afecto y hacer cosas especiales para ella. Así lo contó la hija del Sr. y la Sra. Torres, que recordaba cómo su madre les dio la sorpresa de visitarles tras cinco años de separación:
«Cuando llegué a casa, había alguien durmiendo en la cama… Cuando miré bien, era mi madre. ¡Hija de un pez! Nada, solo me quedé en shock. Le dije: “¡Qué pesada eres!”. Y le pegué una y otra vez, estaba llorando, no sé por qué. Ya está, voy a volver a llorar (llora)». (Hija, 20 años)
El padre y la descendencia pueden expresar su afecto dando a la madre un trato especial: la abrazan, la besan y cocinan para ella. Además, la madre y el padre pueden reavivar su relación mostrándose cariñosos, teniendo relaciones sexuales, expresándose la importancia que tienen el uno para el otro, y hablando y resolviendo cuestiones como las finanzas, las dudas sobre la infidelidad y, en algunos casos, una infidelidad real.
Reconstruir los lazos aporta el beneficio relacional de volver a sentirse completos, lo que refuerza la relación incluso cuando la familia vuelve a separarse. La oportunidad de ponerse al día permite también comprender y apreciar mejor los esfuerzos y sacrificios de cada cual. Además, la familia recobra la esperanza de que la reunificación vuelva a producirse en el futuro.
Para la pareja, reconstruir los lazos disipa las dudas sobre la infidelidad y, en cambio, aumenta la confianza. Por ejemplo, la Sra. Torres reconectó sexualmente con su marido durante su visita, lo que mejoró en consecuencia su relación conyugal:
«A lo mejor descubrió que se me da bien el sexo (risas). A lo mejor, después de 5 años, ya no dudó más. Porque dicen que es con el sexo como los dos, como el hombre sabe si otro se ha acostado o no con su mujer. ¡Ah! Notan si les han engañado o no». (Madre, 45 años)
Para que se reconstruyan los lazos, todos los miembros de la familia deben esforzarse por estar completos, aunque sea por un momento. La madre tiene que intentar visitar a su familia, y el padre y la descendencia tienen que renunciar a su rutina habitual para acoger el regreso de la madre. Este esfuerzo lo mostró la hija de la Sra. Torres, que, pese a estudiar y trabajar a la vez, intentó aprovechar al máximo la visita de su madre:
«No paraba de hablar de todo tipo de cosas. Yo tenía muchísimo sueño, pero aun así hablaba con ella porque, claro, echaba de menos oírla hablar». (Hija, 20 años)
Las familias resilientes comparten el objetivo de la reunificación familiar permanente. Alcanzar este objetivo depende, en primer lugar, de mejorar las finanzas familiares. Para ello, la madre y el padre se comprometen a ser excelentes en su trabajo. También empiezan a invertir o a planificar la inversión de su dinero.
Para las familias resilientes, la migración no es más que una condición temporal que acabarán superando, empezando por la graduación universitaria de los hijos e hijas, que marca el principio del fin de la migración de la madre. La familia sueña con que la madre vuelva para siempre y no vuelva a separarse de ella nunca más. Ambos progenitores dejarán de trabajar y disfrutarán de su jubilación. La descendencia trabajará para sus progenitores como forma de devolverles lo recibido, de expresarles su amor y de mejorar su vida. El hijo del Sr. y la Sra. Mendez contó lo siguiente:
«Les devolveré todos los sacrificios que hicieron por nosotros… Les daré una vida cómoda… Les demostraré mi amor, trabajaré». (Hijo, 12 años)
En consecuencia, las familias sienten esperanza en un futuro mejor. Las adversidades que afrontan no son permanentes y pueden superarse. Hay un sentimiento de logro a medida que se acercan a la realización de sus sueños. Así lo ejemplificó la Sra. Gomez, que contó cómo se siente cuando deja a su familia tras unas vacaciones:
«Yo también estoy triste por irme, pero esa sensación de esperanza sigue ahí. Porque sé que vuelvo al extranjero, y cuando regrese cumpliremos algunos de nuestros planes. Algo se cumplirá. Eso es lo que siempre, ese es siempre mi propósito al volver [a Macao]: ocuparme de lo que veo que falta en Filipinas. Aprovechar la oportunidad de estar aquí. Vuelvo para que, cuando llegue el momento en que quiera volver a casa, sea para siempre». (Madre, 44 años)
Una condición necesaria es la orientación hacia el futuro. Para estas familias, el periodo de ser una familia transnacional no es más que el camino hacia el objetivo final de ser una familia. Necesitan ver el potencial de mejora y desear ser una familia reunida en el futuro.
Los procesos de resiliencia familiar son difíciles de llevar a cabo. La comunicación familiar a través del espacio choca con el elevado coste de las comunicaciones y la falta de acceso a la tecnología. La reestructuración familiar y la validación de los roles se ven puestas a prueba por las dificultades para asumir nuevos roles. Reconstruir los lazos mediante la reunificación familiar temporal reaviva los sentimientos de soledad ante la separación que se avecina. El objetivo de la reunificación familiar permanente se ve obstaculizado por la falta de dinero.
No obstante, las familias resilientes se esfuerzan por comprometerse con su familia a lo largo de todo el proceso migratorio. Entretejen constantemente un relato colectivo compartido, que parte del reconocimiento de que la separación es un sacrificio necesario para la familia. Este reconocimiento se elabora mediante conversaciones: la madre y el padre se recuerdan mutuamente que la migración es la mejor solución a las dificultades económicas; madres y padres hablan con la descendencia para ayudarla a comprender que la madre está en el extranjero por su bien.
Gracias a estas conversaciones, los hijos e hijas aprenden a reconocer que la separación es necesaria para que su familia sobreviva. Un ejemplo es la hija del Sr. y la Sra. Torres:
«Hay hijos que se rebelan contra sus padres. Hay hijos que, si sus padres están lejos, se enfadan con ellos. No saben que sus padres lo hacen por su bien. Es como piensan, que se enfadan porque los padres no, como si les faltara amor por parte de ellos, así, que todo es por el dinero. Pero no es así. Lo que hacen es por ti. Por amor, ¿lo entiendes?». (Hija, 20 años)
La descendencia reconoce que también debe actuar frente al dolor de la separación para atenuar sus efectos. Asume el compromiso de seguir siendo una familia haciendo sus propios sacrificios. Por ejemplo, la Sra. Reyes contó que sus hijos e hijas encuentran la manera de tener dinero para llamarla el día de su cumpleaños:
«Eso es lo que me dijo mi marido: “Mira”, me dijo, “tus hijos venden verduras solo para tener dinero para comprar saldo [para el móvil] y poder llamarte y desearte feliz cumpleaños”. (risas). Eso. “¡Te quiero, mamá, feliz cumpleaños!”». (Madre, 45 años)
Esforzarse por comprometerse con la familia significa también resolver juntos los problemas. Así se aprecia en el modo en que el matrimonio Cortes afrontó la cuestión de la infidelidad: la Sra. Cortes puso fin a su relación y volvió a casa para arreglar su relación con su marido. El Sr. Cortes esperó a hablar con su esposa en lugar de prestar oídos a los chismes de sus familiares:
Sra. Cortes: «“¡No le des importancia!”, me dijo. “Piensa que no fue más que una tormenta que nos pasó por encima, porque al fin y al cabo demostraste que seguimos pesando más en tu corazón”… Su amor seguía ahí. Por eso (llora) ¡Dios mío! Su apoyo seguía de verdad ahí». (Madre, 45 años)
El esfuerzo de las familias por comprometerse con la familia conduce a beneficios relacionales, como mostrarse comprensión mutua y poner más empeño en la relación. Así lo vivió la hija del Sr. y la Sra. Reyes:
«Antes no me sentía bien con mi mamá. Pero ahora entiendo que no veo a mamá porque quiere ayudarnos. Ahora entendemos que es muy duro estar lejos de los hijos». (Hija, 13 años)
Para esforzarse por comprometerse con la familia, cada miembro debe poner de su parte para resolver juntos los problemas. Esto faltó en la experiencia de la Sra. Seña, de una familia no resiliente. Ella quería reparar su difícil matrimonio con su marido, que tenía una aventura. En lugar de eso, su marido se negó a hablar con ella, siguió con sus aventuras y empezó a difundir el rumor de que era ella quien tenía una aventura:
«Una mujer me mandó un mensaje por Facebook. Me dijo: “Me llamo tal. Solo quiero confirmar si tu marido y tú estáis realmente separados ya”, me dijo eso. “Que ya tienes un nuevo marido, un extranjero que vive en América”. Creían que yo estaba en América. Hasta su otra mujer creía que yo estaba en América. Y yo, yo estaba tan tranquila. Entonces me dijo: “Estoy embarazada. Él es el padre”». (Madre, 48 años)
Cuando un miembro de la familia no se compromete con ella, la distancia física se ve agravada por la distancia relacional. Por ello, es necesario que todos los miembros se esfuercen continuamente por poner a la familia en primer lugar para sobrevivir a las adversidades que trae consigo la migración.
Nuestra investigación muestra la importancia de la comunicación familiar, de la flexibilidad de la familia para reorganizar estructuras y roles, y de la cohesión o conexión familiar, lo que concuerda con modelos anteriores de resiliencia familiar, la teoría sistémica de la resiliencia familiar [20] y el modelo de respuesta de ajuste y adaptación familiar [51]. Sin embargo, el presente estudio aporta una contribución original a lo que se sabe sobre la resiliencia familiar de las personas migrantes, al mostrar cómo se producen estos procesos en medio de la adversidad de una separación física durante largos periodos y de los efectos acumulados de una pobreza extrema. Las familias transnacionales de trabajadoras domésticas filipinas se comunican, se reestructuran y se comprometen relacionalmente a través de las fronteras y a lo largo del tiempo, sometidas a la vez al estrés constante de las dificultades para cubrir sus necesidades cotidianas.
Merece la pena destacar el proceso por el que se reestructura una familia transnacional. En lugar de reestructurarse mediante una inversión de roles, como en las familias con la madre ausente [18], las familias resilientes de este estudio comparten los roles de sostén económico y de cuidado, lo que ayuda a aliviar la presión y favorece un mayor sentimiento de implicación familiar. Un hallazgo fundamental es, por tanto, que las familias resilientes comparten las responsabilidades con flexibilidad y se dan cuenta de que los roles familiares pueden ser desempeñados por muchos miembros. Compartir los roles también reparte la responsabilidad entre los miembros en lugar de atribuir cada rol a un solo miembro. Esto contrasta con los preceptos tradicionales, que asignan los roles casi exclusivamente a un solo miembro de la familia y en función del género. Compartir los roles evita la tensión de rol que se produce cuando los miembros tienen que asumir un rol que tradicionalmente no les corresponde.
Las familias resilientes reconocieron la ayuda recibida de la familia extensa y, aun así, seguían considerando a los padres como los principales cuidadores. Por separado, estos hallazgos concuerdan bien con la literatura existente sobre las contribuciones de la familia extensa en las familias transnacionales y en las culturas colectivistas [16,26,29,45–46,48–49] y sobre la asunción de tareas de cuidado por parte de los padres que se quedan en el país [es decir, 17–18,26,39–40,44–46]. Las familias transnacionales pueden afirmar el papel del padre como cuidador principal como medida preventiva para reducir al mínimo los problemas con la familia extensa. Algunos estudios han interpretado estos hallazgos como una forma de los padres de recuperar el poder tras perder su condición de sostén económico, al redefinir su identidad: de proveedores pasan a ser hombres que quizá ya no sostienen económicamente a la familia, pero que siguen siendo responsables, productivos, capaces y dueños de la situación, tal como se manifiesta en su labor de cuidado [18,67]. Además, estos hallazgos muestran la importancia de investigar no solo cómo la familia extensa puede apoyar a las familias transnacionales, sino también cómo puede generar problemas [es decir, 15]. Como ha mostrado el presente estudio, la familia extensa puede suscitar conflictos cuando se aparta de las formas de crianza que prefieren madres y padres y cuando difunde chismes e información falsa sobre los miembros de la familia.
Los hallazgos sobre los procesos de reconstrucción de los lazos mediante la reunificación familiar temporal y de objetivo compartido de reunificación familiar permanente contribuyen a la escasa literatura sobre la reunificación en los estudios migratorios [68]. Los hallazgos concuerdan con la literatura existente sobre la importancia de las visitas de las madres para revitalizar los vínculos familiares [15,34–35]. La reconstrucción de los lazos ilustra la situación dinámica de las familias transnacionales, atrapadas en un ciclo de separación y reunificación temporal. Las familias resilientes tienen el objetivo colectivo y explícito de poner fin a este ciclo para llegar a ser, al final, una familia completa, mientras que las familias no resilientes ya no expresan este deseo. Compartir el objetivo de la reunificación familiar permanente hace soportable la migración.
Además, esforzarse por comprometerse con la familia evoca el familismo. Este estudio subraya, sin embargo, que permanecer unidos pese a las adversidades es un proceso continuo. Existe la necesidad activa y recurrente de tomar la decisión, y de que cada miembro de la familia haga un esfuerzo constante por seguir conectado aun estando lejos.
Este estudio es el primero en investigar los procesos de resiliencia familiar en familias migrantes transnacionales. Analizamos los datos procedentes de múltiples informantes, poniendo el acento en la incorporación de las dimensiones temporales y espaciales clave de la resiliencia que son importantes para esta comunidad. También utilizamos definiciones locales de la resiliencia para orientar nuestro análisis. Al trazar los hilos narrativos de las familias siguiendo las recomendaciones de Bonanno et al. [22], este estudio ha mostrado que la resiliencia familiar en las personas migrantes transnacionales es un proceso que atraviesa el tiempo y el espacio. Es decir, el modelo surgido de la investigación cualitativa ilustra las experiencias de las familias: estar juntas antes de la migración, estar separadas en el presente y estar juntas en un futuro posterior a la migración.
Pese a estos puntos fuertes, el presente estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, los datos de los padres y de la descendencia se recogieron por vía telemática, porque residían en distintas partes de Filipinas. Este método provocó algunas interrupciones debidas a la inestabilidad de la conexión a Internet y puede haber limitado la capacidad del equipo de investigación para recoger información completa de estas personas informantes. Una conexión a Internet más estable permitiría una recogida de datos más clara y fluida. En segundo lugar, nuestro nivel de análisis actual se centra en la resiliencia familiar. Por ello, no pudimos investigar en qué medida el entorno del país de destino configura estos procesos de resiliencia. Tampoco examinamos los estilos de crianza, que podrían describir cómo pueden madres y padres criar mejor a su descendencia para favorecer la resiliencia de la familia. En tercer lugar, no investigamos los estilos de comunicación, como la manera en que las madres consiguen mantener sus relaciones a distancia mientras lidian con los roles de género tradicionales filipinos.
Por último, dado que la resiliencia es un proceso continuo, es posible que las familias clasificadas como resilientes pasen a un estado no resiliente si aumentan los factores de estrés y las exigencias que pesan sobre la familia. No pudimos determinar si existía un punto de inflexión de este tipo en las familias no resilientes, ni captar las diferencias entre estas familias en cuanto al número de factores de estrés, el tiempo transcurrido desde la migración y la pobreza relativa, lo que podría ayudar a explicar la resiliencia observada en nuestro estudio. Los factores externos y otras características familiares destacadas que pueden contribuir a la resiliencia familiar deberían examinarse en investigaciones futuras.
La presente investigación orienta varias prioridades de investigación clave sobre las familias transnacionales filipinas. En primer lugar, el modelo propone relaciones entre los procesos de resiliencia familiar y los resultados resilientes (p. ej., la reunificación) que pueden ponerse a prueba cuantitativamente para hacer predicciones y generalizaciones sobre la población de familias transnacionales de trabajadoras domésticas. En segundo lugar, un estudio longitudinal permitiría captar las relaciones causales y los cambios en las adversidades vividas y en la manera en que las familias se adaptan a ellas. En tercer lugar, el uso de las tecnologías de la información y la comunicación es un factor clave para facilitar la resiliencia de las familias transnacionales. Se necesitan investigaciones futuras que exploren los patrones concretos de comunicación y de uso que maximizan la resiliencia transnacional.
Por último, los presentes hallazgos tienen implicaciones para el desarrollo de intervenciones. Siguiendo la cronología del modelo, que comienza antes de la migración de las madres, podrían organizarse seminarios previos a la partida para ayudar a las familias a crear un relato colectivo. Este relato incluye cómo se comunicarán a distancia, cómo compartirán los roles familiares y los planes para renovar los lazos durante las visitas y reunirse de forma permanente en el futuro. Los organismos gubernamentales filipinos también pueden crear programas de educación financiera para enseñar a las familias a administrar su presupuesto y ahorrar para el futuro. Se puede enseñar a los padres habilidades de mantenimiento del hogar y de crianza. Las escuelas o las comunidades pueden crear grupos de apoyo para acompañar a los padres y a la infancia que crecen sin sus parejas y sin sus madres. Gracias a estas intervenciones, la familia podría desarrollar las competencias necesarias para poner en marcha procesos resilientes que faciliten una adaptación satisfactoria.
Complexe Systémique: puntos clave
El artículo desplaza la cuestión de la resiliencia del individuo a la familia en su conjunto, y de la familia a un sistema repartido entre dos países. Lo que mantiene unidas a estas familias no es un rasgo de carácter, sino un trabajo relacional continuo: hablar cada día pese al coste de las llamadas, redistribuir los roles en lugar de invertirlos, reconocer lo que carga cada miembro, hacer de cada visita una ocasión para volver a estar completos y mantener un horizonte compartido en el que la migración termina. Para la práctica sistémica, dos puntos resultan valiosos: la resiliencia aparece como un relato colectivo, construido y sostenido, que puede acompañarse incluso antes de la partida; y la familia extensa desempeña un papel ambivalente, a la vez recurso y fuente de rumores. Los límites son los de una muestra pequeña propuesta por la comunidad, con criterios de «no resiliencia» moldeados por normas conyugales (la infidelidad pesa mucho), y los de unas entrevistas a distancia con los padres y la descendencia. Puede leerse junto con el artículo sobre la familia transnacional y el artículo sobre movilidad y migración.
Notas del original
Conflicto de intereses: «La autoría ha declarado que no existe ningún conflicto de intereses».
Financiación. Este trabajo contó con el apoyo de la Research and Development Affairs Office (R&DAO), University of Macau, mediante las subvenciones MYRG2015-00124-FSS y MYRG2015-00111-FSS, y del Dissertation Grant Program de la Commission on Higher Education (CHED) de Filipinas. «Las entidades financiadoras no intervinieron en el diseño del estudio, la recogida y el análisis de datos, la decisión de publicar ni la preparación del manuscrito».
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Traducción no oficial al español de Towards a model of resilience for transnational families of Filipina domestic workers, de Melissa R. Garabiles, Mira Alexis P. Ofreneo y Brian J. Hall, PLOS ONE, vol. 12, n.o 8, e0183703 (2017), doi: 10.1371/journal.pone.0183703, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia (texto traducido al español, tablas presentadas en forma de listas). Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Esta es una traducción no oficial del artículo original «Towards a model of resilience for transnational families of Filipina domestic workers», publicado en PLOS ONE (2017) bajo licencia CC BY 4.0. Traducida al español por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial; la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Garabiles, M. R., Ofreneo, M. A. P., y Hall, B. J. (2017). Towards a model of resilience for transnational families of Filipina domestic workers. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/towards-a-model-of-resilience-for-transnational-families-of-filipina-domestic-workers (Obra original publicada en 2017 en PLOS ONE, 12(8), e0183703 (2017); republicada en 2017 por PLOS ONE, https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0183703)
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