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Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Journal of Child and Family Studies · Familia

La intermediación lingüística infantil en la atención sanitaria: explorar la intersección entre poder y edad en las prácticas de mediación

En la consulta médica, una vecina pide a la joven Sorraya que traduzca que le da tortazos a su hijo. ¿Qué debería decir? Un equipo de investigación londinense planteó este dilema a 29 jóvenes de 13 a 16 años que hacen de intérpretes para su familia cada semana: la mayoría ocultaría o suavizaría la información, ganaría tiempo, protegería a la persona adulta, y todas estas personas jóvenes calibran el peso de un poder que se les confía demasiado pronto.

Autoría Humera Iqbal (Thomas Coram Research Unit, Social Research Institute, University College London, Londres) y Sarah Crafter (School of Psychology and Counselling, The Open University, Milton Keynes), Reino UnidoPrimera publicación Journal of Child and Family Studies, 10 de agosto de 2022Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Child Language Brokering in Healthcare: Exploring the Intersection of Power and Age in Mediation Practices, de Humera Iqbal y Sarah Crafter, publicado en Journal of Child and Family Studies (Springer) (2023), doi: 10.1007/s10826-022-02376-0, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Los aspectos destacados se agrupan en el recuadro del resumen. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Los resultados muestran que estos niños, niñas y adolescentes desempeñan un papel vital en la protección de las personas para las que hacen de intérpretes.

Humera Iqbal y Sarah Crafter

Resumen

Este artículo pretende explorar las perspectivas de jóvenes sobre un escenario real de intermediación lingüística infantil en un contexto sanitario (la consulta médica), cuando el tema tratado es delicado y potencialmente conflictivo. Quienes ejercen la intermediación lingüística infantil son jóvenes migrantes que traducen e interpretan para miembros de su familia, sus pares y la comunidad local. A menudo, los espacios en los que la infancia hace de intérprete (por ejemplo, la atención sanitaria, los bancos), denominados aquí «zona de contacto», están dominados por personas adultas en posiciones de autoridad y por diferencias de poder desiguales. La persona joven intérprete y aquellas para las que interpreta pueden encontrarse en una posición de menor poder debido a su situación migratoria y/o a su edad. La investigación existente se ha centrado principalmente en el punto de vista de las personas adultas, y las perspectivas de jóvenes sobre esta práctica están poco exploradas. Nos apoyamos en la literatura existente para explorar cómo comprenden estas personas jóvenes el contexto social más amplio y qué estrategias emplean para gestionar el conflicto. Se presentan los resultados de 29 entrevistas cualitativas individuales basadas en viñetas con jóvenes intérpretes (de 13 a 16 años) en el Reino Unido, que se analizaron cualitativamente. Los resultados muestran que estos niños, niñas y adolescentes desempeñan un papel vital en la protección de las personas para las que interpretan, y que a menudo sortean interacciones sociales y tácticas sofisticadas (como la demora y la modificación selectiva). Al mismo tiempo, cargan con el peso de la responsabilidad al intentar gestionar situaciones complicadas, quizá moralmente cuestionables. Al pedir a jóvenes intérpretes que reflexionen sobre un escenario sanitario real, hacemos avanzar la comprensión de la juventud migrante que ejerce de intérprete y de las familias a las que apoya en su vida cotidiana.

Palabras clave: intermediación lingüística infantil, migración, familia, lengua, mediación cultural

Aspectos destacados

  • Jóvenes que ejercen de intérpretes se encuentran interpretando en contextos sanitarios con relaciones de poder desiguales.
  • La metodología de viñetas es una forma útil de recoger relatos complejos, delicados y conflictivos de la intermediación lingüística infantil en el ámbito sanitario.
  • Interpretar en la consulta médica exigía a la infancia intérprete conocer a los actores de la interacción a tres bandas, los factores institucionales y las normas sociales más amplias.
  • Las personas jóvenes utilizaban distintas estrategias para gestionar el conflicto (por ejemplo, tácticas dilatorias y modificación selectiva).
  • Se necesitan directrices más claras sobre la intermediación lingüística infantil en contextos médicos y en espacios con desigualdades de poder conflictivas.

Este artículo pretende explorar las perspectivas de jóvenes sobre la intermediación lingüística infantil en un contexto sanitario, concretamente la consulta de un médico de cabecera, cuando el tema tratado es delicado y potencialmente conflictivo. En el Reino Unido, el general practitioner (GP) es el médico de familia. En otras partes del mundo se utilizan los términos medicina de familia, atención primaria o medicina interna general. Quienes ejercen la intermediación lingüística infantil son niños, niñas y jóvenes que, tras la migración, actúan como traductores y mediadores para sus padres y madres, sus pares y miembros de la comunidad local (Tse, 1996; Orellana, 2009; Weisskirch, 2007). La evidencia empírica de investigaciones anteriores sugiere que en muchos países se considera inaceptable recurrir a jóvenes como intérpretes en contextos sanitarios, una opinión respaldada en el pequeño número de estudios realizados con profesionales de la salud (véase Abreu & O’Dell, 2017; Cohen et al., 1999; Giordano, 2007). Sin embargo, la evidencia también muestra que tanto jóvenes como profesionales de la salud confirman que la intermediación lingüística se produce con frecuencia en consultas médicas, clínicas y hospitales (Katz, 2014; García-Sánchez, 2018). Las perspectivas personales de jóvenes sobre esta práctica están poco exploradas porque su «ilegalidad» sugiere que se trata de una actividad que permanece invisible (Antonini, 2010).

La intermediación lingüística se ha descrito como un proceso triinteraccional de intercambio de información (Hall, 2004), porque la comunicación a tres bandas suele implicar a la persona joven intérprete, al miembro de la familia (o de la comunidad local) y a otra persona adulta, que a menudo es una o un profesional en una posición de poder. Estas personas jóvenes pueden actuar como mediadoras culturales entre la cultura de acogida y las culturas de su hogar y su comunidad. Desarrollan competencias para orientarse en los valores culturales y las normas sociales y comprenderlos, lo que puede ayudarles a defender sus propios intereses y los de sus familias en esos contextos (Hall, 2004; Weisskirch, 2007). Es importante señalar que este proceso triinteraccional (Hall, 2004) a menudo no se desarrolla en igualdad de condiciones en cuanto a dinámicas de poder. Quienes hacen de intérpretes pueden experimentar una doble vulnerabilidad: como jóvenes, están sometidos al poder y al control de las personas adultas; como migrantes, pueden ser objeto de exclusión y discriminación (Massaroni, 2020; Reynolds & Orellana, 2009). Además, la práctica de la intermediación lingüística infantil se ha señalado como motivo de preocupación porque otorga a la persona joven «demasiado» poder dentro de la familia (véase Crafter & Iqbal 2021). Esto ocurre especialmente cuando se trata de cuestiones de salud.

Se ha sugerido que, durante la intermediación lingüística en contextos sanitarios, existen tres tipos de consulta: consultas sencillas, complejas y delicadas (Cohen et al., 1999; Abreu & O’Dell, 2017). En las consultas sencillas por enfermedades corrientes, jóvenes intérpretes describieron la traducción como algo sin complicaciones (Free et al., 2003; Katz, 2014). Las consultas complejas suelen estar relacionadas con el diagnóstico de enfermedades y plantean dificultades de vocabulario y de expresión cultural. Las consultas delicadas se refieren a conversaciones sobre afecciones íntimas del cuerpo, como la salud reproductiva, y dificultades emocionales personales. Este artículo amplía el tipo «delicado» de consulta al explorar un dilema moralmente ambiguo y potencialmente conflictivo al que se enfrenta una persona joven intérprete durante una consulta de medicina general. A partir de entrevistas cualitativas con viñetas realizadas a veintinueve jóvenes intérpretes (de 13 a 16 años) en el Reino Unido, este artículo utiliza el marco teórico de la zona de contacto para explorar las respuestas de quienes hacen de intérpretes ante una situación delicada y conflictiva ambientada en la consulta médica. La situación de conflicto implicaba a tres actores: un médico (profesional), una persona adulta que es vecina de la joven intérprete y la propia joven intérprete. La viñeta se basa en un caso real de intermediación.

La intermediación lingüística infantil en la atención sanitaria: la intersección entre poder y edad

Se define a quien ejerce la intermediación lingüística infantil como niños, niñas o jóvenes «que interpretan y traducen entre personas cultural y lingüísticamente diferentes y median en interacciones en una variedad de situaciones» (Tse, 1996, p. 226). Se ha constatado que criaturas de tan solo 3 años hacen de intérpretes o practican una forma de traducción natural para sus familias (Harris, 1977). El concepto de intermediación lingüística remite a alguien que media tanto cultural como lingüísticamente entre la familia, sus pares y miembros de la comunidad local, por un lado, y otras personas de la cultura de acogida o local, por otro (Kam & Lazarevic, 2014; Jones & Trickett, 2005). El término reconoce que la persona intérprete puede tomar la iniciativa de negociar o cambiar el mensaje en beneficio de su propia situación o de la de su familia.

Con un acceso variable a servicios profesionales de traducción en contextos lingüísticos cada vez más diversos en muchos países, la infancia intérprete es a menudo la principal mediadora lingüística y cultural de las familias migrantes entre el hogar y las instituciones profesionales (Crafter & Iqbal, 2020; Reynolds & Orellana, 2009). Estas personas jóvenes facilitan la integración social y cultural de su familia en el nuevo entorno de acogida (Foner & Dreby, 2011) en una amplia gama de espacios, como bancos, comercios, atención sanitaria, ámbito jurídico, servicios sociales, oficinas de la administración y policía, mediante la traducción de textos (por ejemplo, correos electrónicos, documentos jurídicos, cartas del colegio) y la interpretación de conversaciones (Dorner et al., 2007; Tse & McQuillan, 1995; Valdés, 2003). La variedad de actividades y contextos en los que jóvenes hacen de intérpretes implica que sus experiencias pueden ir desde intercambios cotidianos o rutinarios hasta situaciones más complejas o conflictivas (Iqbal, 2019). La investigación sobre los efectos sociales y psicológicos de la intermediación lingüística infantil presenta un panorama complejo y desigual, que va desde asociaciones con el estrés y la ansiedad hasta sentimientos de orgullo y de logro (Chao, 2006; Kam & Lazarevic, 2014). El entorno físico y cultural en el que se produce la intermediación, las influencias familiares y relacionales, el tipo de tarea realizada y los objetivos de las personas implicadas son variables que pueden desempeñar un papel mediador en la experiencia de la persona joven (Kam & Lazarevic, 2014).

Como es comprensible, la intermediación lingüística en contextos como la consulta de medicina general u otros entornos sanitarios ha suscitado preocupación entre profesionales que trabajan en servicios de primera línea (Gustafsson et al., 2019; Cohen et al., 1999). En situaciones en las que no se dispone de personas adultas formadas como intérpretes, traducir en contextos médicos puede ser algo habitual para gran parte de la juventud intérprete. Esto puede requerir conocimientos técnicos y del funcionamiento de los sistemas, así como interactuar con una o un profesional (Gustafsson et al., 2019; Martinez, 2019; Katz., 2014). La mayor parte de la investigación en contextos sanitarios adopta la perspectiva de las personas adultas, y pocos estudios examinan directamente las perspectivas de niños, niñas y jóvenes (Martinez, 2019). Por ejemplo, Cohen et al. (1999) exploraron, en un contexto británico, las opiniones del personal médico sobre la infancia intérprete cuando traduce para pacientes adultos (por lo general, miembros de la familia) durante la consulta. Sostienen que, si bien el personal médico acepta a menores como intérpretes por la falta de personas adultas disponibles para ejercer la interpretación comunitaria, esta aceptación depende de la naturaleza de la consulta: si es sencilla, complicada o delicada. Las reticencias y la oposición expresadas por el personal médico se asociaban principalmente a su visión tradicional de la infancia como inocente, carente de capacidad de acción y necesitada de vivir una niñez despreocupada (Cohen et al., 1999), pero también a la idea de que la infancia no tiene los conocimientos necesarios para transmitir conceptos médicos. Esto se reflejó en entrevistas con profesionales de la salud de Los Ángeles (EE. UU.), a quienes preocupaba la transgresión de los límites propios de la edad, aun cuando podían ver algunas ventajas en recurrir a jóvenes intérpretes (Katz, 2014). Consideraban que la calidad de la atención se veía comprometida y que las interacciones se volvían más difíciles. La competencia lingüística y el traspaso de los límites propios de la edad también se mencionaron como motivos de preocupación. Además, pueden existir diferencias de opinión sobre el tratamiento entre la persona paciente (para quien traduce la criatura) y la o el profesional de la medicina, y queda en manos de la joven o el joven intérprete mediar en esas tensiones y gestionarlas (García-Sánchez, 2014). Sin embargo, no todas las investigaciones han encontrado tal oposición. En un estudio realizado en Italia, una persona responsable de la autoridad sanitaria expresó una opinión contraria, sugiriendo que no se debía descartar por completo a la infancia intérprete (Antonini, 2010).

Las investigaciones que incluyen las perspectivas de niños, niñas y jóvenes sobre la intermediación lingüística en contextos sanitarios concluyen en general que interpretar en ese ámbito resulta más difícil que en contextos como la escuela, debido a la incertidumbre ante procedimientos desconocidos, al lenguaje complejo y a la variedad de cuestiones que puede haber que abordar, desde situaciones de urgencia hasta situaciones que no lo son (Katz, 2014). Sin embargo, tanto en el trabajo de Katz como en el nuestro (Crafter & Iqbal, 2021) constatamos que la infancia intérprete no siempre actuaba en solitario y que a menudo planificaba con madres y padres qué se iba a tratar y cómo. García-Sánchez (2014), en su trabajo sobre la infancia inmigrante marroquí en la consulta médica en España, describe cómo estas personas jóvenes utilizaban estrategias de «modificaciones selectivas» (p. 232). García-Sánchez distingue entre los casos en que la infancia tenía problemas para comprender la información y, por tanto, la omitía sin querer, y los casos en que la modificaba deliberadamente. Escribe (p. 232): «la infancia inmigrante marroquí despliega estratégicamente estas modificaciones en sus traducciones cuando se enfrenta a universos morales, creencias y prácticas en conflicto en torno a la crianza y a las cuestiones de salud». Algunas de las razones de estas modificaciones concuerdan con las ideas de Bauer (2013) sobre las identidades morales. Se refieren a la manera en que la infancia gestiona y crea determinadas identidades positivas de las personas en cuyo nombre interpreta, mediante la transmisión cuidadosa de su mensaje. Otras estaban relacionadas con la protección de los intereses de la familia al moverse entre distintas estructuras y sistemas, de modo que presentan a sus familias bajo una luz determinada ante el «otro» adulto.

Existe una interacción compleja entre la práctica de la intermediación lingüística infantil, la maraña de relaciones de poder asimétricas dentro del contexto de intermediación y las comprensibles preocupaciones sobre la edad de quien interpreta. Hay quien sostiene que las exigencias contradictorias de las personas adultas en el proceso triinteraccional pueden dejar a la persona joven atrapada «en medio» (Hall, 2004). Esto significa que, aunque la infancia esté en una posición de poder porque puede influir en el mensaje o cambiarlo, el terreno puede ser difícil de transitar, de modo que a veces le cuesta manejar ese poder. Las relaciones de poder son fluidas en este contexto porque, a diferencia de lo que ocurre en la interpretación profesional, la persona joven tiene vínculos estrechos con una de las personas adultas, lo que lleva a temer que las personas adultas aparezcan como «descualificadas» (Hall, 2004, p. 12), sin saber si su hijo o hija está cambiando el contenido del mensaje durante la traducción (Hall & Sham, 2007; Wagner, 1993) o si la persona joven defiende sus intereses con demasiado vigor (Katz, 2014). La infancia ocupa una posición distinta de la de intérpretes de edad adulta, porque vive con las personas para las que realiza estas tareas y recibe sus cuidados, lo que hace que algunas personas profesionales, incluso cuando ven de forma positiva el papel de la juventud, puedan presentar a madres y padres como figuras protegidas pasivamente por su descendencia (Katz, 2014).

Otras investigaciones han utilizado expresiones como «parentificación» y «adultificación» para describir un desplazamiento de las dinámicas paternofiliales debido al aumento de las responsabilidades que asumen las personas intérpretes dentro de la familia (Vasquez et al., 1994; Weisskirch, 2007). En otro artículo (Crafter & Iqbal, 2021) sostenemos que estos términos sugieren una relación de poder muy estática entre madres y padres y su descendencia. Otras investigaciones han defendido que la intermediación lingüística puede entenderse como «interpretación familiar», lo que pone de relieve a las familias como equipo de actuación (Valdés, 2003) o como implicadas en actos de cuidado que permiten a las familias funcionar en entornos migratorios a veces difíciles (García-Sánchez, 2018). Esto tiene implicaciones políticas, en la medida en que estas personas jóvenes facilitan el acceso de las familias a la atención sanitaria, la tecnología, los servicios financieros y los recursos (de los que a menudo pueden quedar excluidas las familias inmigrantes recién llegadas). También puede significar que la infancia migrante que hace de intérprete se encuentre directamente expuesta al racismo cotidiano y a las microagresiones (Nash, 2017) en espacios públicos de la sociedad de acogida, como los contextos sanitarios (Reynolds & Orellana, 2009).

Marco teórico: la zona de contacto

Nuestro artículo se centra en las perspectivas de jóvenes intérpretes sobre una situación moralmente ambigua y conflictiva que se produce en un contexto sanitario impregnado de desigualdades ligadas al poder y a la edad. Conceptualmente, este artículo se apoya en el trabajo de Mary Pratt (1991) sobre la zona de contacto, un «término para referirse a los espacios sociales en los que las culturas se encuentran, chocan y forcejean entre sí, a menudo en contextos de relaciones de poder sumamente asimétricas, como el colonialismo, la esclavitud o sus secuelas tal como se viven hoy en muchas partes del mundo» (p. 33). La idea se utilizó inicialmente en relación con las teorías de la alfabetización, pero posteriormente se ha empleado en diversas disciplinas, entre ellas la psicología y la educación (Crafter & Iqbal, 2019; Hermans, 2001; Malsbary, 2014). Encaja especialmente bien con la intermediación lingüística infantil, práctica que constituye una manifestación de la globalización y de la migración que puede situar a familias y comunidades en una posición marginada por la falta de conocimientos lingüísticos y culturales sobre la sociedad de acogida.

La lengua está en el centro de la zona de contacto y puede considerarse un código social que crea un sentido compartido de comunidad y de patrimonio dentro de un mundo social homogéneo y unificado. Sin embargo, este supuesto resulta excluyente cuando hablantes de distintas clases sociales y orígenes culturales entran en diferentes contextos de zona de contacto, como las aulas o los espacios sanitarios y burocráticos. Dierkheimer y Helbrect (2015) sostienen que, en los encuentros conflictivos entre personas desconocidas, puede producirse entre los actores sociales una lucha por el prestigio y por el dominio de la situación. Sin embargo, cuando uno de los actores de un intercambio social es una persona joven, el estatus y el dominio que puede aportar a un encuentro pueden ser distintos de los que posee una persona adulta profesional (como un médico). De hecho, jóvenes intérpretes migrantes y sus familias pueden carecer de los códigos sociales y de los conjuntos de normas o reglas necesarios para una comunicación compartida (Pratt, 1991). Esto puede dar lugar a que una de las partes (en este caso, la o el profesional en un contexto sanitario) ejerza su autoridad sobre la otra.

La zona de contacto es un espacio que puede ser un espacio dinámico de confrontación y de conflicto —(un espacio inseguro, constituido por relaciones de poder desiguales)— pero también un espacio reconfortante y de conformidad (lo que Pratt denomina un refugio, «safe house», constituido por relaciones de poder más igualitarias) (Atari, 2013). Es importante señalar que la relación entre espacios seguros e inseguros no es fija, sino fluida y cambiante, a veces ambigua, lo que ilustra que el juego de poder dentro de la zona de contacto está influido por diversas categorías sociales, como la lengua, la clase, la etnia y la religión. Pratt sostiene que los actores sociales ejercen el poder de manera diferente en espacios distintos: pueden estar en posición dominante en un espacio y dominar en otro. Es importante tenerlo presente al pensar en los encuentros en la zona de contacto. Nos apoyamos en estas ideas teóricas para examinar cómo jóvenes intérpretes afrontan el conflicto en una consulta médica.

Diseño y métodos de la investigación

El objetivo del proyecto de investigación más amplio en el que se basa este artículo era explorar cómo jóvenes que actúan habitualmente como intérpretes en su entorno median los conocimientos culturales y la identidad en distintos espacios y contextos. Los datos se recogieron combinando métodos cualitativos y cuantitativos tradicionales de las ciencias sociales (entrevistas con viñetas, observaciones, encuesta) y enfoques basados en las artes (talleres de teatro, de pódcast y de arte). Todos los datos se recogieron tras la aprobación ética del estudio por el Comité de Ética de la Investigación de la institución de la autora principal, y todos fueron recogidos por las dos autoras del artículo. Ambas investigadoras eran mujeres de clase media, una británica de origen surasiático y la otra británica blanca. En este artículo nos centramos en las 29 entrevistas con viñetas (23 chicas, 6 chicos) realizadas a jóvenes de entre 13 y 16 años de tres centros educativos del Gran Londres, en el Reino Unido. Se obtuvo el consentimiento por separado de las personas jóvenes y de quienes las tenían a su cargo. El formulario de consentimiento y la hoja informativa se redactaron en un lenguaje sencillo y sin tecnicismos, y los revisamos junto con las personas jóvenes. Estas se los llevaron a casa para que sus familias los leyeran y los firmaran, explicándoselos ellas mismas. El centro educativo también facilitó este proceso, y las familias tuvieron la oportunidad de plantear preguntas al equipo de investigación y al profesorado antes de firmar. Proporcionamos información clara sobre el proyecto y nos aseguramos de que madres y padres entendieran que la participación de sus hijos e hijas era voluntaria y que tenían derecho a retirarse. Los detalles completos del método utilizado y más información sobre la muestra pueden consultarse aquí: https://languagebrokeringidentities.files.wordpress.com/2019/03/ahrc-final-report-clb-as-mediators.pdf.

Contexto de la investigación y participantes

En el Gran Londres, casi el 40% de la población ha nacido fuera del Reino Unido y en la ciudad se hablan más de 300 lenguas (Rogers, 2013). Se nos invitó a recoger nuestros datos en tres centros de secundaria con jóvenes de 13 a 16 años, a saber: Murry Green (N = 9, todas chicas), Rutland (N = 9, 6 chicas, 3 chicos) y Drake (N = 11, 9 chicas, 2 chicos) (se han cambiado los nombres de todos los centros). Cada uno se eligió cuidadosamente en función de varios criterios, entre ellos: su ubicación (todos se encontraban en zonas con una elevada llegada reciente de población migrante); una alta proporción de alumnado con el inglés como lengua adicional (English as an Additional Language, EAL), indicador importante de la práctica de la intermediación lingüística infantil; los vínculos del centro con una organización local de jóvenes intérpretes (Young Interpreters); y una colaboración previa en investigación con uno de los centros. El alumnado de los centros respondió a una encuesta en línea que nos ayudó a determinar qué jóvenes hacían activamente de intérpretes. Se invitó a participar en las entrevistas y los talleres a quienes interpretaban para miembros de su familia más de una vez por semana.

Las personas participantes tienen trayectorias migratorias diversas. Algunas, con sus familias, hicieron un trayecto directo a Inglaterra desde sus países de origen, entre ellos Polonia, Bulgaria, Colombia y Ecuador. Otras realizaron trayectorias migratorias transnacionales: ellas o sus madres y padres nacieron en países como Bangladés, Sri Lanka o Nigeria y llegaron a través de otro país, como Italia o España, antes de establecerse en Inglaterra. Diecinueve personas de nuestra muestra llegaron al Reino Unido con entre 11 y 16 años, 5 dijeron haber llegado con entre 6 y 9 años, 1 nos contó que llegó con 2 o 3 años y 4 no nos facilitaron este dato. En nuestro análisis no examinamos en detalle cómo la edad de llegada de las personas entrevistadas influía en su interpretación de la ambigüedad moral del escenario de la viñeta (presentado en la sección siguiente). Sin embargo, sí seleccionamos cuidadosamente nuestra muestra. Antes de realizar las entrevistas y administrar la encuesta, dedicamos tiempo a conocer a las personas jóvenes y a llevar a cabo una serie de talleres sobre los espacios, lugares y situaciones en los que hacían de intérpretes. Todas las personas jóvenes seleccionadas interpretaban activamente para sus familias y tenían experiencia y conocimiento de la intermediación en una variedad de sistemas y contextos del Reino Unido (incluida la consulta médica). Todas pudieron ser entrevistadas en inglés. Nuestros extractos conservan los errores gramaticales y los giros locales londinenses.

Entrevistas con viñetas

Recogimos los datos mediante entrevistas cualitativas con viñetas. Una viñeta ofrece un relato que sirve de estímulo y permite a la persona entrevistada reflexionar sobre los dilemas de los personajes. Presentada anteriormente como un enfoque éticamente sensible (Barter & Renold, 2000), la metodología de viñetas permite al equipo de investigación abordar cuestiones desde una perspectiva no personal y, por tanto, menos amenazante (Crafter et al., 2015). Como el inglés no era la primera lengua de nuestras personas participantes, también consideramos que la viñeta les ayudaría a comunicar sus propias perspectivas y experiencias durante la entrevista.

Todas nuestras viñetas se elaboraron a partir de ejemplos de la literatura sobre intermediación lingüística. Construimos cada viñeta de modo que la persona entrevistada tuviera que negociar una situación difícil o conflictiva, así como posibles luchas de poder. Dicho de otro modo, creamos una zona de contacto (Pratt, 1991). Presentamos los resultados de una de las cuatro viñetas que se mostraron a las personas jóvenes durante la entrevista (para más detalles sobre las otras tres, véase Crafter & Iqbal, 2020). El relato de la viñeta analizada en este artículo se basa en una visita al médico y se adaptó de una situación real de intermediación sanitaria descrita por García-Sánchez (2014) en su libro sobre la inmigración marroquí en España. El escenario presenta a una joven intérprete —Sorraya (el personaje)— que interpreta para su vecina en la consulta del médico. El equipo de investigación leyó en voz alta la siguiente viñeta a las personas entrevistadas:

Sorraya está traduciendo para su vecina en el médico. El niño pequeño de la mujer no come y es la segunda visita en cuatro meses. Tras una breve conversación, el médico dice que la madre tiene que dejar de darle tantos dulces. La madre, muy tranquila, le pide a Sorraya que le diga al médico que, cuando el niño se pone a chillar, ella le da un tortazo. Sorraya sabe que el médico no aprobará que pegue a su hijo.

A continuación, se planteaban a cada persona entrevistada las siguientes preguntas:

  1. ¿Qué crees que está pasando en esta situación?
  2. ¿Cómo describirías el malentendido cultural que se ha producido?
  3. ¿Cómo crees que la chica de la historia lo resolvería?
  4. Juego de rol: imagina que estás en esta situación. Yo soy el médico y tú eres Sorraya. Acabas de explicarle a tu vecina que debería dejar de darle dulces a su hijo y la vecina ha respondido con el comentario sobre los tortazos. La entrevistadora dice en tono profesional: «¿Puedes explicarme lo que ha dicho tu vecina?». ¿Qué harías o dirías?

El conflicto de la historia surge cuando la joven (Sorraya) escucha que la vecina (para quien está traduciendo) le presenta una información inesperada: que le pega a su hijo. Así, el personaje de la viñeta y las personas entrevistadas se enfrentan a un conflicto moral que atraviesa normas y valores culturales. Las tres primeras preguntas piden a las personas entrevistadas que comenten lo que creen que haría el personaje en la situación en la que se encuentra, mientras que la pregunta 4 les pide que se pongan en el lugar del personaje. Esta pregunta pretendía facilitar que las personas entrevistadas aportaran sus propios relatos de experiencias similares en contextos médicos. De las 29 entrevistas en profundidad con jóvenes, 26 respondieron en detalle a esta viñeta concreta. Era la última viñeta de la entrevista, y las limitaciones de tiempo hicieron que tres entrevistas terminaran de forma abrupta. Esta es una de las limitaciones de trabajar en centros educativos.

El proceso de análisis

El análisis de las entrevistas con viñetas se llevó a cabo combinando codificación manual y un programa de análisis de datos cualitativos (NVivo). Leímos las transcripciones de las entrevistas y elaboramos categorías temáticas iniciales a partir de la teoría existente, de nuestras preguntas de investigación y de la literatura sobre la intermediación lingüística infantil. Este libro de códigos inicial surgió de discusiones de equipo centradas en una primera muestra de transcripciones. Los códigos se fueron afinando y cuestionando a medida que profundizábamos en los datos y en su análisis, y se agruparon en temas (Flick, 2014). El equipo de análisis estaba formado por tres personas (las dos autoras y una persona colega ajena al proyecto), que analizaron las transcripciones de forma independiente y después se reunieron para comparar los temas. Cuando había desacuerdo, los temas se abandonaban o se reelaboraban hasta alcanzar un consenso. Cuando alguien del equipo introducía códigos distintos, se comparaban con los códigos existentes para ver sus similitudes y se integraban, se añadían a la lista de códigos o se descartaban. Una vez finalizado, el marco se utilizó para analizar las transcripciones restantes, y el equipo siguió consultándose cuando surgían dudas. Durante este proceso de análisis nos centramos en la relación diádica entre el personaje de la viñeta y las posiciones propias de la persona joven durante la entrevista. Cuando comentamos los resultados de la viñeta, tenemos claro que, aunque a menudo pueden ser proyecciones de la toma de decisiones de la propia persona joven sobre el personaje, aquí los utilizamos como medio para explorar múltiples posiciones y dinámicas de poder (Crafter et al., 2015). En este caso, la viñeta remitía a un escenario en el que el personaje (Sorraya) se encuentra ante una consulta delicada que implica un dilema moral en la consulta médica mientras interpreta para su vecina. Nos interesaba no solo cómo, según las personas participantes, gestionaría Sorraya la situación, sino también los relatos de sus propias experiencias similares en contextos médicos que aportaron. Nuestra estrategia de codificación incorporó esta distinción. En el artículo precisaremos cuándo las personas entrevistadas recurren a sus propias experiencias y cuándo reflexionan sobre el personaje de la viñeta.

Resultados

Todas las personas jóvenes intérpretes tenían experiencia real de interpretación en un contexto médico, como una consulta, un hospital o una farmacia. Ninguna se había enfrentado a un dilema moral o a una situación similar a la de Sorraya (el personaje de la viñeta), pero las personas entrevistadas fueron capaces de reflexionar sobre las complejidades que planteaba la viñeta. En el escenario hay tres relaciones de poder clave asociadas a la intermediación en un contexto médico: (1) la vecina adulta y su relación con la joven intérprete, (2) el médico (que actúa como figura de autoridad con conocimientos) y su relación con la intérprete y, por último, (3) la comprensión, por parte de la intérprete, de las posibles consecuencias más amplias que tendría para la vecina revelar que pega a su hijo. Estas relaciones de poder se corresponden con distintos elementos de la zona de contacto, como la relación triinteraccional entre la vecina, el médico y Sorraya, y las políticas nacionales y normas culturales más amplias en torno al bienestar y la protección de la infancia.

Comprensión del problema y dinámicas de poder institucionales en la zona de contacto

Todas las personas jóvenes entrevistadas eran conscientes de que la intermediación lingüística se producía en situaciones sociales complejas que requerían conocer a los actores de la interacción a tres bandas, los factores institucionales y las normas sociales más amplias. Las personas participantes reflexionaron sobre el dilema de Sorraya (el personaje de la viñeta) y sobre las repercusiones de traducir al médico lo que su vecina le había dicho. Tereza, de 16 años, lo comenta así:

Creo que Sorraya… sabe que si le dice al médico que la vecina le pega al niño pequeño, esto llegará a los servicios sociales y entonces van a intentar quitarle el niño… los de servicios sociales irán a tu casa e intentarán investigar qué pasa. … así que creo que está un poco preocupada, en plan: ¿qué palabras uso?, ¿se lo digo o se lo explico de otra manera?

Muchas otras personas participantes reflexionaron sobre los posibles problemas a los que se enfrentaba la vecina de la viñeta, sobre todo porque entendían que la consulta médica era un punto de enlace entre los servicios sociales en general y la familia. Reconocían que el Estado tenía derecho a asumir la tutela protectora de un niño o una niña si se consideraba que su bienestar estaba en riesgo. Aunque no todas conocían la terminología, todas comprendían las implicaciones del peor escenario, como Anca, de 13 años: «ya sabes cómo es allí [en el Reino Unido], si le pegas a tu hijo viene gente a llevárselo».

Cuando las personas jóvenes reflexionaban sobre el contexto sociocultural más amplio y sobre una práctica de crianza controvertida, algunas comparaban las normas sociales de los países anteriores a la migración con su nueva vida en Inglaterra. Samir, de 14 años, originario de Afganistán, reflexionó sobre la historia de la viñeta y sobre su propia experiencia personal de haber sido corregido físicamente por un progenitor:

Porque en distintos países se piensa distinto sobre las cosas y creo que si haces lo mismo en mi país el médico lo aprobaría.

En investigaciones anteriores se ha argumentado que la práctica de la intermediación lingüística mejoraba la comprensión que la persona joven tenía tanto de la cultura de origen como de la cultura de acogida (Birman & Trickett, 2001). La cita de Samir sugiere que entiende que, en un contexto, dar un tortazo es para la vecina una forma aceptable de disciplina, pero también que el profundo conocimiento que Sorraya tiene de las normas culturales de la cultura de acogida la sitúa en una posición de mayor conocimiento que la vecina. Tereza, de 16 años, plantea una idea similar y sitúa a la vecina en una posición de menor poder por su desconocimiento de las normas sociales y de protección:

La madre tiene que ser de otro país. Por ejemplo, si eres africana, si le das un tortazo a tu hijo, solo lo estás educando, no pasa nada. Pero en plan, en británico [sic], creo que se pasan, hasta el punto de que no puedes ni ponerle la mano encima a tu hijo, y punto… Creo que la madre no entiende que si le dice eso a un médico británico, se entiende de otra manera y la madre se va a meter en un lío

Más allá de su perspectiva sobre las prácticas de crianza en el contexto británico, Tereza reconoce lo que hace falta para moverse en el sistema sanitario. Dentro de esta zona de contacto que es el contexto médico, Tereza demuestra que es capaz de recurrir a los códigos sociales que ha adquirido para facilitar un «intercambio ordenado y coherente» (Pratt, 1991, p. 38) y evitar así una situación que causaría problemas a la madre.

Para las personas jóvenes intérpretes entrevistadas, el dilema moral presentado en la viñeta también planteaba dificultades emocionales para Sorraya, el personaje de la viñeta. Ellora, de 14 años, recorre las distintas dimensiones complejas que Sorraya podría tener en cuenta:

Porque sé que si a un niño lo maltratan y le dan bofetadas y, eh, le dan una paliza, hay como consecuencias legales. Creo que Sorraya lo sabe, así que no quiere que la policía separe a la madre del niño, así que a lo mejor Sorraya está pensando en el niño. No quiere que el niño viva sin madre, porque una madre es algo importante… Así que está pensando en esto y está como: tengo que encontrar una solución para que se libren. Así que es algo muy difícil. Si yo estuviera en el lugar de Sorraya, estaría flipando.

Lo primero que cabe destacar es que Ellora intensifica la palabra «tortazo» (smack) hasta convertirla en algo más grave (paliza y maltrato). Esta intensificación explica que la vincule con una intervención policial, lo que a su vez la lleva a reflexionar sobre las implicaciones y la importancia de la relación entre madre e hijo. En este escenario, el personaje intérprete carga con el peso moral de tener que pensar en la pérdida de una madre para un niño pequeño. La idea de un dilema moral que recorre como un hilo algunas de las respuestas de nuestras personas participantes a la viñeta enlaza con el trabajo de Bauer (2013) sobre la creación y la gestión de la moralidad en el proceso de intermediación lingüística. La responsabilidad de tomar decisiones morales y de gran trascendencia situaba al personaje de la viñeta en una posición a la vez poderosa e impotente. Por un lado, Sorraya (el personaje) ocupa una posición protagonista en la conducción de la conversación. Al mismo tiempo, Ellora describe cómo, si ella fuera Sorraya, estaría «flipando». Otras personas entrevistadas describieron a Sorraya como «bloqueada», o como «triste» e «incómoda» si tuviera que mentir al médico. Anca, de 13 años, cuya primera lengua es el rumano, describió a Sorraya como una «mártir», pero utilizó la palabra «vinovat», que en rumano recoge una emoción ligada también a la culpa y la culpabilidad. Con ello, Anca fue capaz de describir el peso de la responsabilidad que, según ella, cargaba Sorraya.

Estrategias empleadas por las personas jóvenes para gestionar dilemas morales y culturales

Muchas personas participantes hablaron del uso de tácticas dilatorias en sus propias situaciones reales de traducción, sobre todo cuando traducían mucha información o cuando la información era compleja y había un dilema moral. Del mismo modo, sugirieron que el personaje de la viñeta podría recurrir a esas tácticas. Creían que eso le daría a Sorraya tiempo para pensar cuál era la mejor manera de responder a lo que había dicho la vecina. Rabiatou, de 16 años, por ejemplo, sugiere: «Si yo fuera Sorraya, le diría al médico que estábamos hablando de (el problema) y que no entendí lo que quería decir (cuando) me lo estaba explicando». En este caso, Rabiatou afirma que alegaría no haber entendido el problema descrito por la vecina como forma de ganar tiempo (dado que el médico no entendía la lengua de su hogar), con lo que se concedería un margen. Pratt (1991) analiza el papel de la lengua y del poder en la zona de contacto, y está claro que, en este caso, el inglés (como lengua de la sociedad de acogida) ocupa una posición dominante al ser la lengua que utiliza la figura de autoridad (el médico). Sin embargo, mediante estas tácticas dilatorias que recurren a la lengua subordinada del hogar, las personas jóvenes son capaces de subvertir las dinámicas de poder dentro de la zona de contacto. De hecho, Daria, de 14 años, sugiere que Sorraya debería hablar con la vecina en la lengua del hogar para informarla de las posibles repercusiones de traducir directamente lo que había dicho.

Sí, pero si están hablando en otro idioma, Sorraya, ella le puede decir al médico: «Ay, perdone, tengo que hablar de, explicarle una cosa a ella». Le puede mentir solo para explicarle a ella que no es buena idea decirle al médico que vas a pegar a tu hijo si te grita o chilla o algo así.

Por un lado, la posición de poder de Sorraya dentro de la zona de contacto de la consulta médica es inferior por su condición de menor. Por otro, Daria describe cómo el personaje podría utilizar su intermediación lingüística como estrategia para darse tiempo y explicar a la vecina el problema conflictivo. En este sentido, ejerce cierto grado de poder como intérprete para establecer una alianza más estrecha con la madre (la vecina) que con la figura de autoridad, a fin de hacerle comprender a la vecina la gravedad de la situación. Al hacerlo, estaría protegiendo a la madre frente a la figura más poderosa de la interacción, en este caso, el médico. Conscientes de la gravedad de la situación de intermediación, algunas personas jóvenes, como Rabiatou, de 16 años, dijeron que serían muy directas con la vecina, porque había mucho en juego:

Le habría dicho a la vecina que en el Reino Unido no se puede pegar a los niños. Eso es lo que le habría dicho. Porque te pueden quitar a tu hijo en un abrir y cerrar de ojos.

Aunque no pretendemos que las respuestas de las personas jóvenes reflejen realmente lo que harían en la vida real, sus respuestas resultan interesantes de todos modos. De las 26 respuestas detalladas a este escenario, 22 jóvenes dijeron que ocultarían o modificarían selectivamente la información sobre la vecina que le daba tortazos a su hijo. Tres jóvenes no tenían claro qué decisión tomarían en la vida real y solo una persona afirmó que informaría al médico de que la madre le pegaba a su hijo. En consonancia con resultados similares sobre la «modificación selectiva» descritos por García-Sánchez (2010, 2014), había distintas razones para hacerlo, entre ellas proteger los intereses de la familia, reconocer un dilema moral, querer evitar el conflicto y querer presentar la cultura de origen bajo una luz positiva. En nuestro estudio, Tereza, de 16 años, explica cómo cambiaría el contenido del mensaje.

No creo que le dijera al médico que la vecina le da tortazos al niño y ya. Creo que lo diría con otras palabra [sic]. Diría algo como: «No me gusta cuando llora mucho y no quiero pegarle.

Sin embargo, en este caso, Tereza se distingue del personaje de la historia.

Yo no quiero hacer esto. Porque aunque se lo digas al médico, creo, desde mi punto de vista, si le dices al médico «ay no, esto es solo una tradición», (te dirían) «estás en este país, estás en Gran Bretaña, eso no se hace». Porque luego, si al niño le sale un moratón en algún sitio, va a ser el médico el que lo vea

Hay dos aspectos importantes en el hecho de que Tereza distancie su propia posición de la del personaje de la viñeta. En primer lugar, entiende que el conocimiento cultural de la «tradición» no tiene el mismo peso que las concepciones dominantes de la infancia y de la protección infantil que refleja la postura del médico como figura de autoridad. En segundo lugar, investigaciones anteriores han mostrado que quienes hacen de intérpretes son muy conscientes de que las personas adultas sospechan de si dicen o no la verdad y, en consecuencia, hablan de la importancia de ser sinceros con ellas (Crafter et al., 2017).

Las personas participantes plantearon el poder de los términos lingüísticos en relación con el contexto cultural. Por ejemplo, varias personas jóvenes mencionaron la palabra «smack» (tortazo) y dijeron que la cambiarían para suavizar el mensaje al médico, por ejemplo por «spank» (azote). Ania, de 13 años, utiliza la palabra «tap» (toquecito) o «pegar flojito», junto con una explicación sobre las diferencias en la crianza:

Yo solo diría que cuando empieza a chillar… como que ella le da un toquecito o, ya sabes, le pega flojito, porque eso es lo que se hace en esa cultura, y como que ella no sabe que eso no se debe hacer, así que yo como que le explicaría al médico que eso es lo que se hace en esa cultura

La manera en que las personas participantes describían la explicación que la joven daría a la vecina sobre la situación variaba. Ania, de 13 años, por ejemplo, dice que Sorraya le explicaría a la madre la posibilidad de un castigo por parte de instancias externas y que pegar no estaba bien:

A la madre le diría que, de verdad, no deberías hacer eso, porque aquí eso no se hace y te pueden castigar por pegar a un niño aquí y no está bien

La modificación selectiva también se utilizaba como forma de salvaguardar o de proteger a la persona con menos poder en el contexto de intermediación; en este caso, la vecina. Dimitar, de 14 años, explica que alterar los mensajes es inevitable para proteger los intereses de la parte para la que se traduce:

Dimitar: O sea, ella [el personaje, Sorraya, como joven intérprete] seguramente debería… mentirle al médico sobre lo que se han dicho, porque quiere que su vecina se quede con su hijo, porque eso destrozaría a su vecina. Seguramente debería decir que tenían algunas dificultades para explicar cuál era exactamente el problema, que son sus hábitos alimentarios.

Entrevistadora: O sea que debería protegerla. Eso es bastante fuerte para que lo haga una niña, ¿no crees?

Dimitar: Sí, lo es, pero a veces tienes que hacer lo que tienes que hacer.

Aquí, las simpatías de Dimitar están con la vecina, a la que sitúa como el personaje más necesitado de protección. Esta perspectiva se asemeja a las responsabilidades de cuidado que, según se dice, asumen quienes hacen de intérpretes en nombre de miembros de su familia, que tienen un componente moral y afectivo que ayuda a la infancia a mantener las relaciones (García-Sánchez, 2018) y protege a quienes no pueden comunicarse en la lengua local frente a lo que perciben como injusticias (Nash, 2017). Los comentarios de Dimitar en respuesta a la pregunta de la entrevistadora, «tienes que hacer lo que tienes que hacer», son también especialmente interesantes. En otras partes de su entrevista, Dimitar reflexionaba sobre lo consciente que es de su condición de niño y reconocía que esa condición le permite desafiar las expectativas y afrontar el conflicto cuando es necesario. No es necesariamente el caso de todas las personas jóvenes intérpretes, pero sí lo era para Dimitar, que entendía que las ideas tradicionales sobre la infancia hacían que otras personas profesionales pudieran darlo por descontado y no esperar de él ciertos comportamientos. A menudo utilizaba esto en su beneficio durante el proceso de intermediación (Crafter et al., 2009).

Otras personas, de una manera muy distinta a Dimitar, reflexionaron sobre su posición de menor con menos poder frente a una figura adulta, y sentían que no tenían la confianza ni la pericia necesarias para afrontar una situación tan compleja. En consecuencia, propusieron enfoques alternativos sobre cómo afrontaría el personaje esta situación. Mihal, de 13 años, afirma que el personaje pediría a sus propios padres que intervinieran y «arreglaran las cosas», porque creía que a la vecina no le sentaría bien que una niña le diera consejos:

Porque estaría bien si ella, ella se lo dice a, como, a alguien de su familia, porque si alguien de la familia, la familia se lleva bien con la vecina, a lo mejor puede hablar con la vecina y arreglar las cosas. A lo mejor.

Al recurrir a un miembro de la familia externo, Mihal considera que esto aliviaría la presión que soportaba Sorraya y, en cierto modo, reduciría la tensión en la zona de contacto. En algunos aspectos, es un ejemplo de cómo la edad puede utilizarse de otra manera ventajosa. Por ser menores, quienes hacen de intérpretes pueden recurrir legítimamente a los recursos de otras personas adultas para que les ayuden con su dilema.

Ellora, de 14 años, también piensa en cómo se pueden obtener recursos y conocimientos de las personas adultas. Decide que Sorraya sería una intérprete activa (Crafter & Iqbal, 2020) y tomaría la iniciativa de recabar información sobre buenas técnicas de crianza para la vecina: «Así que a lo mejor pedirle consejo al médico sobre cómo comportarse en esa situación». De este modo, consigue crear un espacio seguro dentro de una zona de contacto, al tiempo que modifica selectivamente la información.

Conclusión, implicaciones e investigación futura

Conclusión

Este artículo se propuso explorar cómo jóvenes intérpretes hablan de un escenario real de intermediación en un contexto sanitario (la consulta médica), en el que existen relaciones de poder desiguales entre los actores. Todas las personas jóvenes intérpretes tenían experiencia de interpretación en un contexto médico, pero ninguna se había enfrentado al tipo de dilema moral y conflictivo que presentamos a través de nuestro personaje de la viñeta, Sorraya. Las respuestas de las personas participantes son reveladoras porque nos permitieron hacernos una idea de cómo reflexionan las personas jóvenes sobre la responsabilidad de ostentar poder en espacios institucionales y de hacer de voz de una persona adulta.

Surgieron dos resultados principales en torno a la comprensión del problema por parte de las personas jóvenes. El primero estaba relacionado con el dilema moral y las desigualdades de poder presentes en el escenario de intermediación. Las personas jóvenes de nuestro estudio reflexionaron sobre el conjunto de factores institucionales, normas sociales y actores de la interacción a tres bandas implicados en el escenario sanitario. Reconocían que la responsabilidad de la intermediación lingüística (en relación con el personaje) podía hacer que la persona joven se sintiera a la vez poderosa (por la tarea de intermediación que se le había confiado) e impotente (cuando el resultado de su intermediación podía tener consecuencias graves para otras personas). El segundo resultado se refería a las estrategias empleadas por las personas jóvenes para gestionar situaciones de intermediación complejas. Entre estas estrategias figuraban las tácticas dilatorias, sobre todo cuando había mucha información y esta era compleja o controvertida, así como la omisión de información o la modificación selectiva del mensaje. Mediante el uso de estas estrategias, las personas jóvenes intérpretes fueron capaces de subvertir las dinámicas de poder en la zona de contacto y de afirmar cierto grado de capacidad de acción propia. Otra consideración importante del artículo fue el papel que desempeñaba la edad en una situación de intermediación compleja.

Las personas participantes en nuestro estudio parecían reconocer que la infancia intérprete posee un conocimiento profundo de otros valores y tradiciones culturales. Sin embargo, esas prácticas y tradiciones no siempre tienen el mismo peso en todos los contextos. Su conocimiento se extiende, por tanto, a la comprensión de las prácticas de la cultura de origen y de la cultura de acogida, y de las consecuencias más amplias que las rodean cuando se vinculan con fuerzas institucionales. Por ejemplo, a primera vista podría parecer que Sorraya (nuestro personaje de la viñeta) está en una posición de poder porque puede «modificar selectivamente» lo que se dice. Sin embargo, en una situación con una dimensión moral y afectiva y conflictiva, Sorraya se encuentra en una posición delicada. Sus palabras tienen graves repercusiones, y las personas entrevistadas situaban al médico como el otro con autoridad que representa la práctica de los servicios sociales y las normas de los valores sociales y culturales en el contexto de acogida.

Nuestro uso del trabajo de Mary Pratt (1991) sobre la zona de contacto ofrece un medio útil para pensar las experiencias y las dimensiones de poder a las que se enfrenta la infancia intérprete en el proceso de mediación en nombre de un miembro de la familia o de la comunidad. Se basa en la noción de migración, de marginación y de las posiciones superordinadas o subordinadas que ocupan determinadas lenguas, personas y espacios. Como subraya Atari (2013), las zonas de contacto están conectadas, y las acciones en una de ellas (en este caso, la consulta médica) pueden tener repercusiones más amplias en otra (el sistema estatal de protección social). El papel de la lengua en los contextos sociales es especialmente importante. Mientras que Pratt analiza cómo las distintas lenguas conllevan distintas representaciones del poder, el sociolingüista Hymes (1971) reflexiona sobre cómo la infancia, en distintos contextos, puede no tener acceso a los mismos recursos sociolingüísticos ni a la misma adquisición del lenguaje. Esto es especialmente cierto en el caso de la infancia intérprete, que tiene historias migratorias diferentes y asume funciones consideradas propias de las personas adultas. En el contexto de zona de contacto de la consulta médica (analizado en este artículo), por ejemplo, jóvenes intérpretes pueden verse ante una terminología médica lingüísticamente compleja que les puede resultar difícil interpretar.

El artículo también pone de relieve que la infancia puede verse obligada a tomar grandes decisiones que tendrán repercusiones en sus seres cercanos. En este sentido, las personas jóvenes de este estudio hablaron de una serie de estrategias utilizadas para ganar tiempo, resguardar y proteger a otras personas cambiando el lenguaje y comprendiendo mejor el contexto más amplio. Cabe sostener que la intermediación lingüística es una práctica que se ajusta a las expectativas culturales sobre las responsabilidades familiares (Spyrou et al., 2018), y algunas investigaciones han presentado el proceso como una carga (Tomasi & Narchal, 2019) por la responsabilidad que impone a la infancia y la juventud. Sin embargo, hemos argumentado en otro lugar que la propia infancia puede ver de forma positiva su participación en este trabajo en muchos casos. Puede ser un medio para adquirir competencias adicionales y un desarrollo en relación con su edad cronológica (Crafter & Iqbal, 2021).

Reconocemos que una limitación de nuestro estudio es que elaboramos deliberadamente relatos de viñetas que contenían situaciones conflictivas y difíciles, que planteaban dilemas morales. No obstante, cada uno de estos relatos se basaba en un caso real de intermediación, y este método indirecto de recoger las experiencias de la infancia era éticamente más sensible y menos amenazante que la presencia del equipo de investigación in situ durante un momento tenso de traducción.

Implicaciones e investigación futura

Con los recortes de austeridad en los presupuestos de los servicios públicos (como la interpretación profesional) en muchas partes del mundo, se dedica menos dinero a facilitar a las familias y personas migrantes un acceso sencillo a traducción e interpretación. Es probable que niñas, niños y jóvenes sigan realizando esta actividad. Además, en el clima político actual, en el que el sentimiento antiinmigración es elevado en muchas partes del Norte global, acompañado de políticas migratorias a menudo hostiles, las cuestiones de confianza hacen que madres, padres y otras personas adultas prefieran recibir apoyo de miembros de la familia, aunque se trate de menores.

En el Reino Unido existen pocas directrices claras y formalizadas sobre el recurso a la infancia intérprete en contextos públicos (por ejemplo, jurídicos, médicos, financieros y administrativos). Aunque sí existen algunas orientaciones para el ámbito educativo: véase https://www.nuffieldfoundation.org/project/child-language-brokering-at-school), no abordan adecuadamente los retos propios de otros ámbitos, como la atención sanitaria (analizada en este artículo). Sin embargo, sabemos que esta práctica existe. Por ello, se necesitan orientaciones prácticas mejores y adaptadas para profesionales de la salud, así como reconocer que hay conversaciones en las que la infancia no debería participar. Debería haber una comprensión del establecimiento de límites y un reconocimiento del diferencial de poder en juego entre las y los profesionales adultos y la infancia que interpreta para su familia. Por ejemplo, puede haber momentos durante una consulta en los que una conversación empiece de forma aceptable pero derive hacia algo en lo que la persona menor no debería participar, en cuyo caso la o el profesional sanitario tendría que intervenir. Además, es necesario comprender los factores contextuales más amplios que pueden estar en juego: situación migratoria, desconocimiento de los sistemas.

En el plano de las políticas, se necesita más debate y más comprensión sobre la complejidad de la intermediación lingüística, incluyendo en la conversación a intérpretes jóvenes y adultos. Además, se necesita más investigación en el ámbito de la intermediación y la atención sanitaria. Concluimos con un llamamiento a investigaciones que busquen específicamente comprender y categorizar el abanico de actividades de intermediación que realizan las personas jóvenes en contextos médicos y en otros espacios con desigualdades de poder conflictivas. Una de las áreas de necesidad urgente son las situaciones de emergencia sanitaria, en las que a menudo la infancia es la única intérprete disponible.

Complexe Systémique: puntos clave

Para la práctica sistémica, este texto desplaza de forma útil la cuestión de la «parentificación»: la persona joven intérprete no es solo una criatura cargada con un papel adulto, sino un actor que negocia entre mundos, protege a los suyos, elige sus palabras, gana tiempo y a veces busca aliados adultos. La viñeta muestra también el precio de este poder: sentirse a la vez indispensable e impotente, cargar con secretos, anticipar consecuencias institucionales graves. En nuestras consultas, esto significa no pedir nunca a una persona menor que interprete en asuntos delicados, preguntar a la familia cómo se vive la intermediación en casa y reconocer esta competencia sin trivializarla. Dos límites invitan a la prudencia: las respuestas se refieren a un escenario ficticio y no dicen lo que las personas jóvenes harían realmente, y la muestra, reclutada en el ámbito escolar, es mayoritariamente femenina. También sería deseable conocer el punto de vista de las madres y los padres implicados. Para leer junto con el artículo sobre los procesos dialécticos en las familias somalíes en Suecia y el artículo sobre la experiencia emocional de la parentificación en la infancia.

Notas del original

Agradecimientos. Damos las gracias a los centros educativos y a las personas jóvenes que dedicaron generosamente su tiempo para hacer posible esta investigación. Agradecemos a Charles Forsdick, AHRC Leadership Fellow, su apoyo a nuestro proyecto en el marco del eje temático Translating Cultures.

Financiación. Este trabajo contó con el apoyo del Arts and Humanities Research Council, mediante la subvención [número AH/M003744/1].

Conflicto de intereses. La autoría declara no tener intereses en conflicto.

Aprobación ética. Todos los datos se recogieron tras la aprobación ética del estudio por el Comité de Ética de la Investigación del IOE, Facultad de Educación y Sociedad de la UCL (REC678).

Consentimiento para participar. Se obtuvo el consentimiento informado de todas las personas participantes incluidas en el estudio, así como de sus madres, padres o personas cuidadoras.

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Traducción no oficial al español de Child Language Brokering in Healthcare: Exploring the Intersection of Power and Age in Mediation Practices, de Humera Iqbal y Sarah Crafter, Journal of Child and Family Studies, vol. 32, n.o 2 (2023), doi: 10.1007/s10826-022-02376-0, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (aspectos destacados agrupados en el recuadro del resumen). Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Esta es una traducción no oficial al español del artículo original «Child Language Brokering in Healthcare: Exploring the Intersection of Power and Age in Mediation Practices», publicado en Journal of Child and Family Studies (2023) bajo licencia CC BY 4.0. Traducida por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, tal como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Iqbal, H., y Crafter, S. (2023). Child Language Brokering in Healthcare: Exploring the Intersection of Power and Age in Mediation Practices. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/child-language-brokering-in-healthcare-the-intersection-of-power-and-age-in-mediation (Obra original publicada en 2022 en Journal of Child and Family Studies, 32(2), 586-597 (2023); republicada en 2023 por Journal of Child and Family Studies, https://link.springer.com/article/10.1007/s10826-022-02376-0)

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