Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Adoption & Fostering · Protección de la infancia
Cuando las rupturas de acogimiento se acumulan, cada fracaso hace más probable el siguiente. En Irlanda del Norte, una pequeña casa acoge durante unos meses a menores de 12 años para romper este ciclo, con una regla enunciada abiertamente: quererles. De 34 trayectorias, la mayoría de las niñas y los niños pasaron después a un acogimiento familiar, y el personal describe lo que, en el día a día, hace de este lugar un espacio a la vez de tipo familiar e informado por el trauma.
Traducción no oficial al español de Interrupting a cycle of placement instability with short-term residential care: Trauma-informed family-like relational practice in one specialist unit, de Mandi MacDonald y Kathryn Gillespie, publicado en Adoption & Fostering (SAGE) (2023), doi: 10.1177/03085759231212499, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La nota de la tabla 1 se agrupa en las notas; no se reproducen las biografías ni el material complementario. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Aunque la seguridad de niñas y niños es primordial, la aversión al riesgo resulta contraproducente si el personal tiene miedo de implicarse en la construcción de vínculos significativos.
Mandi MacDonald y Kathryn Gillespie
Resumen
Las relaciones de cuidado continuas son cruciales para el bienestar de la infancia que vive en acogimiento fuera del hogar familiar, y el entorno familiar del acogimiento familiar de larga duración suele ser la opción preferida para lograr la permanencia relacional. Sin embargo, algunos niños y niñas viven un ciclo de inestabilidad en el que el impacto de la ruptura del acogimiento agrava sus dificultades emocionales y conductuales y socava así las relaciones de acogimiento posteriores. Este artículo presenta la evaluación de un servicio residencial especializado en acogimientos de corta duración para menores que han vivido rupturas, con el objetivo de interrumpir el ciclo de inestabilidad en los acogimientos. El repaso de las trayectorias de acogimiento de 34 menores muestra que la mayoría pudo volver a un acogimiento familiar y que, de quienes tienen hoy más de 18 años (n = 29), más de la mitad (n = 16) permanecieron en acogimientos familiares hasta la edad adulta. En cuatro casos, una evaluación individualizada y detallada señaló el acogimiento residencial como la opción más adecuada para evitar futuras rupturas. El artículo ofrece motivos de optimismo: las relaciones en el entorno residencial pueden desarrollar la resiliencia emocional y la capacidad de vincularse. Se dispone de poca información sobre cómo el personal residencial construye estas relaciones en la práctica. Grupos focales y entrevistas con diez profesionales y responsables iluminan prácticas relacionales en el entorno residencial que son a la vez de tipo familiar e informadas por el trauma.
Palabras clave: infancia en acogimiento, Children’s House, ruptura, unidad residencial, atención informada por el trauma, acogimientos de corta duración
La Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño consagra el derecho de la infancia a un entorno seguro y de apoyo en el que crecer (United Nations, 1989). Como lugar principal de la crianza, la centralidad de la familia es evidente en culturas muy diversas (Trask, 2009; Welch, 2018; Gwenzi, 2020). En consonancia con ello, cuando niñas y niños sufren maltrato y necesitan una alternativa de cuidado fuera del hogar, se suele preferir un «entorno familiar o de tipo familiar», como el acogimiento familiar (Strijbosch et al., 2015: 209), al acogimiento residencial en grupo para favorecer el desarrollo social y emocional (Dozier et al., 2014).
Los acogimientos familiares estables pueden ofrecer las relaciones de cuidado continuas que son fundamentales para asegurar mejores resultados a la juventud con experiencia en el sistema de protección, durante toda la infancia y hasta la vida adulta (Boddy, 2013). Una red social sólida y de apoyo puede contribuir a la resiliencia (Tahkola et al., 2021) y evitar los resultados sociales, emocionales y de salud negativos asociados al aislamiento (Gypen et al., 2017), especialmente durante las transiciones vitales importantes (Samuels y Pryce, 2008).
Sin embargo, a algunos niños y niñas les cuesta adaptarse a la vida en una familia acogedora. Muchos están afectados por el trauma y han desarrollado estrategias de afrontamiento poco útiles, que pueden socavar la estabilidad del acogimiento y las relaciones con las familias acogedoras (Oosterman et al., 2007; Jakobsen, 2013; Strijbosch et al., 2015). Las experiencias pasadas de maltrato influyen en los modelos operativos internos y obstaculizan la capacidad de apego y de conexión interpersonal (Ainsworth et al., 1978; Bowlby, 1988; Schofield y Beek, 2018; Tahkola et al., 2021), lo que lleva a desarrollar una preferencia por la autosuficiencia (Samuels y Pryce, 2008) y una reticencia a pedir ayuda o a establecer nuevos vínculos (Blakeslee y Best, 2019; Okpych y Gray, 2021). La ruptura del acogimiento puede agravar aún más las dificultades emocionales y conductuales y contribuir a un ciclo de inestabilidad (James et al., 2004; Rubin et al., 2004; Hussey y Guo, 2005). Aunque la estabilidad del acogimiento a largo plazo es un objetivo para toda la infancia, quienes han vivido múltiples rupturas de acogimiento familiar, o tienen necesidades complejas, pueden beneficiarse de un acogimiento de corta duración en un entorno residencial (What Works Centre for Children’s Social Care, 2019; Burbidge, Keenan y Parry, 2020), a menudo con el objetivo de prepararse para un nuevo acogimiento de larga duración (Hart, LaValle y Holmes, 2015).
Como el acogimiento residencial se percibe a menudo como el recurso de último término, quienes reciben cuidados en centros grupales especializados de corta duración presentan por lo general necesidades de alta intensidad que ni el acogimiento familiar ni los servicios comunitarios han podido atender (Gilligan, 2014). La infancia acogida en estos centros, incluida la que tiene un historial de múltiples rupturas, presenta por lo general dificultades complejas de salud mental y de conducta. Necesita un periodo de estabilidad en su situación de convivencia, así como ayuda para recuperarse de la adversidad y construir relaciones de apego sanas (Ainsworth y Hansen, 2015). Se han desarrollado diversos enfoques de trabajo para los entornos residenciales, evaluados en mayor o menor medida (Weisz et al., 2013; Strijbosch et al., 2015). A menudo se centran en reforzar la relación entre la persona cuidadora y el niño o la niña (Neimetz, 2011; Garcia Quiroga y Hamilton-Giachritsis, 2017) y en promover un apego seguro (Burbidge, Keenan y Parry, 2020). Debido a la prevalencia de la adversidad y el maltrato, esta infancia necesita un entorno estable y protector, relaciones cercanas y de confianza (Huefner y Ainsworth, 2021) y un cuidado sensible al trauma que favorezca el crecimiento y la recuperación (Hart, LaValle y Holmes, 2015).
Al mismo tiempo, los centros residenciales especializados deberían procurar alinear la práctica cotidiana con unos principios de cuidado, en lugar de aplicar meticulosamente un programa o un currículo de cuidado (Gilligan, 2014). Huefner y Ainsworth (2021) subrayan la importancia de un entorno de cuidado que aproveche al máximo el potencial de todas las interacciones cotidianas para lograr una experiencia emocional y conductual beneficiosa. Un medio de cuidado informado por el trauma es aquel en el que el cuidado es predecible, fiable y ordenado, lo que permite a niñas y niños sentirse valiosos y ver atendidas sus necesidades específicas, y conduce a un mejor funcionamiento de la infancia y la adolescencia con dificultades emocionales y conductuales (Huefner y Ainsworth, 2021). Dado que quienes han sido defraudados o dañados pueden tener poca capacidad para vincularse con las personas adultas que les ayudan, estas prácticas relacionales de cuidado deben llevarse a cabo de manera deliberada por un personal cualificado, competente y empoderado (Smart y Thorpe, 2020).
El acogimiento familiar suele considerarse preferible al cuidado en grupo, en parte porque, en la «normalidad» del contexto familiar, se presupone que las relaciones de la infancia con las familias acogedoras son fundamentalmente distintas de las que mantiene con el personal residencial, que puede vivir una tensión entre sus roles profesional y parental (Fowler, 2016) en el entorno más «institucional» (Kendrick, 2013: 77). Algunos estudios han señalado una cultura predominante de aversión al riesgo y del miedo asociado a ella, que moldea la práctica cotidiana del personal de los centros residenciales, sofoca las expresiones de calidez y afecto (Brown, Winter y Carr, 2018) y crea distancia y ambivalencia profesionales (Kendrick, 2013), lo que lleva a parte del personal a rehuir el afecto, el contacto físico o la profundidad emocional en favor de un enfoque profesional neutro (Brown, Winter y Carr, 2018).
Sin embargo, otras investigaciones han explorado cómo el entorno residencial grupal (que es a la vez un hogar y un lugar de trabajo) puede ser de tipo familiar (Lone y Paulsen, 2018; Gwenzi, 2020). Puede lograrse una experiencia familiar de otro tipo, aunque singular y distinta de otras formas familiares (Smart y Thorpe, 2020); algunos jóvenes recurren a la metáfora de la familia para describir experiencias positivas de acogimiento residencial y expresan el carácter familiar de estas relaciones en términos de «estar ahí» y de «preocuparse» (Kendrick, 2013: 82). Algunos niños, niñas y jóvenes han descrito el cuidado como parecido a la vida familiar, o al personal como parecido a madres y padres, y ciertas prácticas, por ejemplo en torno a las rutinas de las comidas, ofrecen experiencias de tipo familiar (Punch et al., 2009; McIntosh et al., 2011; Kendrick, 2013). En el medio de vida y de cuidado cotidiano, las 24 horas del día y los 7 días de la semana, microinteracciones pequeñas pero significativas pueden sentar las bases de la confianza, la conexión y el optimismo. Lo que importa a la juventud son gestos aparentemente pequeños que validan su importancia personal y transmiten que el personal la conoce y quiere conocerla, viendo a la persona más allá de la conducta (Smart y Thorpe, 2020). La amabilidad, la compasión y el amor, que a menudo se dan por sentados como rasgos de la vida familiar, también pueden considerarse valores profesionales que facilitan la conexión relacional y la seguridad emocional de la infancia en los entornos residenciales (Smart y Thorpe, 2020).
Aunque deben evitarse los cambios de acogimiento (Strijbosch et al., 2015), las opciones residenciales de corta duración con un propósito definido pueden constituir un punto de inflexión en las trayectorias de acogimiento (Havlicek, Garcia y Smith, 2013), con el potencial de interrumpir un ciclo de inestabilidad. Las relaciones establecidas con el personal residencial pueden permitir a niñas y niños confiar, sentirse a salvo y aprovechar el apoyo adulto, revisar sus modelos internos de la relación entre personas adultas y menores, y ofrecerles oportunidades de desarrollar estrategias de regulación emocional y de resolución de problemas (Huefner y Ainsworth, 2021). La esperanza es que los beneficios obtenidos de estas experiencias relacionales breves pero positivas les permitan sacar provecho de un acogimiento de larga duración y sienten una base sobre la que pueda lograrse la estabilidad.
Escasea la investigación que explore las perspectivas del personal residencial sobre las relaciones de cuidado (Brown, Winter y Carr, 2018), o sobre cómo ayuda a la infancia a desarrollar y mantener sus capacidades relacionales (Samuels y Pryce, 2008). Aunque la importancia de la atención informada por el trauma en el entorno residencial está bien establecida, se sabe poco sobre cómo se concreta en la práctica cotidiana (Johnson, 2017). Este artículo pretende iluminar un cuidado cotidiano eficaz describiendo las prácticas relacionales de tipo familiar e informadas por el trauma de una unidad residencial de corta duración que busca interrumpir un ciclo de inestabilidad en menores con necesidades complejas que han vivido rupturas de acogimiento, preparándoles para un acogimiento familiar de larga duración.
Children’s House es un pequeño centro especializado en ofrecer acogimientos residenciales temporales a un máximo de cuatro menores de 12 años que han vivido múltiples rupturas de acogimiento. La unidad busca interrumpir el ciclo de inestabilidad proporcionando un entorno seguro y estable y un periodo fuera de los acogimientos familiares; la etapa preadolescente se considera una «ventana de oportunidad» para desarrollar habilidades relacionales y preparar a niñas y niños para una nueva oportunidad de acogimiento de larga duración.
El cuidado en Children’s House se apoya en los principios de la Psicoterapia Diádica del Desarrollo (DDP, por sus siglas en inglés) (Becker-Weidman y Hughes, 2008; Hughes, Golding y Hudson, 2015), que concibe la relación entre la persona cuidadora y el niño o la niña como una plataforma de recuperación cuando la infancia presenta síntomas de trastornos emocionales o del apego, y/o de trauma complejo. La DDP dota a las personas cuidadoras de enfoques de crianza informados por el trauma para ofrecer un entorno relacional que sostenga la regulación emocional, la conexión y la seguridad. Los patrones de cuidado y de comunicación dentro de Children’s House crean un medio que favorece la recuperación y permite el desarrollo de relaciones de confianza y apoyo. Un elemento clave de la DDP es el enfoque de crianza PACE (Playfulness, Acceptance, Curiosity, Empathy: juego, aceptación, curiosidad, empatía), que enseña a las personas cuidadoras a intentar comprender las conductas difíciles y a responder a ellas con calma. La escasa investigación disponible sugiere cierta mejora de las dificultades emocionales, conductuales y relacionadas con el apego (Becker-Weidman, 2006; Hughes, Golding y Hudson, 2015), y las madres y los padres refieren una mejora de las relaciones, de la comprensión de las necesidades infantiles y de la capacidad para sostener la corregulación (Wingfield y Gurney-Smith, 2019).
Children’s House utiliza también el Modelo Narrativo (Coman et al., 2016; McGill et al. 2018), que reconoce que algunos niños y niñas no comprenden por qué están en acogimiento y llenan sus lagunas de conocimiento con mitos en los que se culpan a sí mismos, lo que afecta a su autoestima y a sus relaciones. El modelo busca ayudar a la infancia acogida a adaptarse psicológicamente a sus nuevas circunstancias, permitiendo reconceptualizar las relaciones con la familia de origen y reforzando la estabilidad del acogimiento al ayudarle a comprender y aceptar su situación.
Otro aspecto distintivo del enfoque de la unidad es un modelo de intervención integrado con el servicio de acogimiento familiar de Barnardo’s, que acompaña las transiciones del acogimiento residencial a los acogimientos familiares (cuando procede). Ello se logra mediante reuniones periódicas entre el personal y las personas responsables de ambos servicios, la evaluación y la planificación conjuntas y la formación compartida. Los acogimientos familiares de respiro facilitan la evaluación de las necesidades de apoyo de cada menor de cara al acogimiento y de su funcionamiento en un entorno familiar.
Este artículo presenta las percepciones del personal sobre los enfoques del cuidado cotidiano en Children’s House, centrándose en cómo el cuidado es a la vez de tipo familiar e informado por el trauma. Los temas proceden de grupos focales y entrevistas individuales con personal (4 personas) y responsables (6 personas), realizados en el marco de una evaluación del servicio. Una investigación de la autoría (MacDonald y Marshall, 2021) con el servicio de acogimiento familiar asociado de Barnardo’s había constatado que varios menores con historiales de múltiples rupturas y necesidades complejas habían alcanzado después una permanencia relacional con sus familias acogedoras (McSherry y Fargas Malet, 2018) tras salir de Children’s House. Barnardo’s invitó a la autoría a realizar una evaluación del servicio con el fin de identificar las buenas prácticas de Children’s House que pudieran contribuir a ese resultado deseado y de señalar ámbitos de mejora. La evaluación se centró en comprender el propósito de Children’s House y las prácticas y enfoques de trabajo propios del equipo. Se obtuvo el consentimiento informado para los grupos focales y las entrevistas, que se grabaron en audio, se transcribieron y fueron revisados por el equipo investigador para comprobar su exactitud. Las transcripciones se analizaron manualmente siguiendo los principios del análisis temático (Braun y Clarke, 2006). Registros administrativos anonimizados proporcionaron una visión general de las trayectorias de acogimiento de 34 menores (2003–2020). La información obtenida incluía: el número de cambios de acogimiento anteriores a Children’s House; la duración de la estancia en Children’s House; el tipo y la duración del acogimiento posterior; las rupturas posteriores de acogimiento, y la edad en cada etapa. No se consultó ningún expediente ni ningún dato identificativo de ninguno de los menores.
La tabla 1 resume las trayectorias de acogimiento de los menores acogidos en Children’s House entre 2003 y 2020: edad en la primera entrada en el sistema de protección, edad de entrada en Children’s House, duración de la estancia y tipo de acogimiento posterior. Niñas y niños entraron en la unidad con entre cinco y diez años (media: 8), tras haber vivido entre dos y 26 cambios de acogimiento (media: 7). Pasaron entre cuatro y 40 meses en Children’s House (media: 25). Tenían entre siete y 12 años al salir (media: 10).

Cuatro menores pasaron directamente a un acogimiento residencial de larga duración tras Children’s House (uno de ellos en un entorno hospitalario). Todos los demás (n = 30) pasaron a un acogimiento familiar: familias acogedoras de Barnardo’s (n = 27), familias acogedoras de otra entidad (n = 1), acogimiento en familia extensa (n = 2) o adopción (n = 1). De ellos, más de la mitad (n = 16) permanecieron en acogimientos familiares hasta la edad adulta. Otros cinco seguían en su acogimiento familiar en el momento de redactar el artículo. Dos permanecieron varios años en su familia acogedora, hasta los 15 y los 16 años, y se sabe que mantienen relaciones estrechas con ella. Siete pasaron a acogimientos familiares durante periodos cortos antes de volver a entornos residenciales.
Entre quienes alcanzaron la edad adulta en acogimiento familiar, la duración media de la estancia en Children’s House fue de 21,3 meses. Quienes entraron en un acogimiento residencial tras la ruptura de un acogimiento familiar habían pasado de media 25 meses en Children’s House, y quienes pasaron a un acogimiento residencial directamente desde Children’s House, 26,5 meses.
Responsables y personal coincidían en que existía un esfuerzo consciente por crear algo muy cercano a una vida familiar afectuosa y de apoyo. Construir relaciones con niñas y niños se consideraba un aspecto natural y crucial del trabajo en Children’s House, cuyas bases se establecían ya antes de la llegada. Describieron el proceso de presentación y de llegada: de antemano, el niño o la niña recibe cartas y fotografías del personal que le dan la bienvenida a su nuevo hogar y subrayan que «estamos deseando que venga a vivir con nosotros» (Dirección). Se consideraba que asegurarle que el personal tenía experiencia cuidando a muchos menores le ayudaba a empezar a sentirse a salvo.
Las relaciones incluían muestras de afecto que parte del personal consideraba similares a la forma en que trataría a sus propios hijos e hijas:
Nunca habría acostado a mis propios hijos por la noche sin un abracito, ni dejado de decirles por la mañana: «Te quiero». Así que hago exactamente lo mismo con los niños de Children’s House y me alegra decir que algunos han llegado ya al punto de decírmelo a mí también. (Personal)
Aunque no se esperaba que niñas y niños establecieran relaciones con todo el personal, había optimismo en que lo harían con algunas personas, gracias a una «química» natural (Personal). Crear vínculos y recuerdos positivos con miembros del personal era una parte clave de la vida en Children’s House, incluidas la persona de limpieza y la de mantenimiento, que «también forman parte de esto de verdad» (Dirección).
El personal describía cómo construía la confianza de niñas y niños en que «las personas adultas son capaces de mantenerles a salvo». Se consideraban cruciales las oportunidades de sentirse queridos y dignos de ser queridos, y el personal describía cómo lo reafirmaba verbalmente:
Muchas veces les oímos decirnos: «Pero, a ver, ¿quién me va a querer a mí?». Y nosotros les decimos veinte veces al día: «Pues yo, la verdad», pero les cuesta mucho aceptarlo por su pasado.
El personal observaba que apegos complejos moldeaban a menudo las relaciones con niñas y niños, que a veces vivían lealtades enfrentadas. Describía cómo les acompañaba en los difíciles procesos de aceptar que no volverían con su madre y su padre de origen, y cuando la familia de origen no mantenía el contacto:
Por duro que sea, es cuando la familia no manda tarjetas de cumpleaños, no manda tarjetas de Navidad y no acude a las visitas cuando los críos empiezan a darse cuenta. Pero entonces también se trata de darles ese apoyo emocional cuando eso no ocurre.
Un objetivo relacionado era construir relaciones «transferibles» (Personal) que permitieran a niñas y niños establecer vínculos en sus siguientes acogimientos. Vivir relaciones afectuosas se consideraba fundamental para su capacidad futura de reproducirlas, y el personal anticipaba los beneficios para su vida adulta.
La autenticidad se consideraba beneficiosa para desarrollar las relaciones con niñas y niños, que, según la dirección, eran capaces de percibirla. El personal señalaba que estar dispuesto a ofrecer un entorno protector y afectuoso era crucial:
Si no quieres venir aquí con el corazón en la mano y querer de verdad a estos niños, no tiene sentido venir, porque no les vas a hacer ningún bien.
Responsables y personal reconocían que este enfoque no era para todo el mundo —«no todo el personal educativo de los centros residenciales se siente cómodo ofreciendo ese tipo de cuidado a niños pequeños»— y que requería reflexión, apoyo del equipo y conciencia de unos límites distintos de los de otros entornos residenciales. El personal destacaba la importancia de trabajar de forma reflexiva, preguntándose con regularidad si había hecho «lo correcto», y que el diálogo reforzaba su práctica.
Además de construir relaciones transferibles de tipo familiar, responsables y personal transmitían la sensación de un esfuerzo por ofrecer un entorno parecido a una vida familiar «corriente» (Dirección). El personal expresaba el deseo de normalidad en la vida de niñas y niños, y señalaba que la falta de una vida familiar típica les hacía «sentirse diferentes todo el tiempo»:
No parece un centro residencial. Parece un hogar de verdad, y eso es lo que intentamos que se sienta.
Creo que esa es probablemente una de las cosas […] que el equipo hace realmente bien. Lo corriente, […] una vida familiar dentro de la vida residencial. (Dirección)
Que Children’s House fuera el hogar del niño o de la niña, aunque temporal, se reforzaba de diversas maneras, como la decoración personalizada y las fotografías, y las rutinas de estilo familiar en torno a las comidas y el juego, que enriquecían el entorno más amplio de cuidado, protección y construcción de vínculos:
Su recuerdo más fuerte de Children’s House eran los espaguetis a la boloñesa de la cocinera, y dice que, cuando piensa en ellos, le devuelven a una época realmente cálida y protectora de su vida. (Dirección)
La dirección reconocía las dificultades de ofrecer este entorno teniendo en cuenta las distintas necesidades de cada menor, pero insistía en que, a menudo, la vida cotidiana se parecía a «rutinas familiares muy básicas». Sin embargo, responsables y personal señalaban también que los enfoques estaban moldeados por la conciencia del trauma, por ejemplo respecto a las dificultades que rodean las transiciones:
Pasar de arriba a abajo es una transición […]. A veces es eso, verse lanzados de vuelta a cuando vivían en casa y no sabían lo que iban a encontrarse. […] Así que a nuestro personal simplemente se le recuerda […] que cada vez que ese niño hace algo distinto, le cuesta mucho más. (Dirección)
Ofrecer un ambiente de tipo familiar a niñas y niños «traumatizados» planteaba dificultades, entre ellas la seguridad. Por ejemplo, a menudo había que separarles:
Me rompe el corazón que a veces, bueno, bastante a menudo, no podamos tener la típica cena normal en familia. […] Pero, por desgracia, la seguridad tiene que ir primero, y es típico, un día como Navidad. […] Estaban tan emocionados, y eso puede hacer que todo tipo de cosas salgan mal. Así que el personal decidió que lo mejor era dejarles pasar un ratito juntos por la mañana y luego separarles a todos. (Personal)
Era crucial ofrecer un entorno y unos procesos que permitieran al personal acompañar a niñas y niños en un proceso de corregulación emocional. Por ejemplo, la llegada es tranquila, controlada e intencionada. Antes de instalarse, el niño o la niña conoce Children’s House sin que haya otros menores presentes, y luego hace visitas y estancias progresivamente más largas, a un ritmo flexible:
La historia de estos niños suele girar en torno a un traslado precipitado y nosotros intentamos decir: «No. Esto lo hacemos de forma meditada. Tenemos muchas ganas de que vengas a vivir aquí y no hay ninguna prisa». Las personas adultas tienen realmente el control. (Dirección)
El personal señalaba que intentaba mantener la estabilidad durante las transiciones hacia Children’s House fomentando la continuidad de las aficiones y, cuando era posible, la permanencia en el mismo colegio. La educación era una alta prioridad, y durante los confinamientos por la covid-19 se tomaron medidas adicionales para garantizar la continuidad de la escolarización. Ofrecer este periodo de estabilidad, continuidad y seguridad se consideraba crucial tras múltiples traslados. La dirección destacaba la importancia de mostrar calma y control al atender necesidades ante las cuales, en el pasado, las personas adultas quizá no habían sabido hacer frente:
Muy a menudo nos los presentan como niños con los que las personas adultas no tienen ni idea de qué hacer. […] [Nosotros podemos] decir: «No. A ver, un momento, podemos recuperar este control», y decir: «Ahora hay personas adultas en tu vida que sí pueden cuidarte y atender tus necesidades». (Dirección)
También se transmitía estabilidad frente a las conductas difíciles a niñas y niños que antes quizá habían intentado obtener una sensación de control mediante conductas que socavaban la estabilidad del acogimiento:
[Esas conductas] no están bien. Hablamos de todo eso, pero vas a seguir viviendo aquí. […] eso no cambia por esa única cosa. (Dirección)
En el plano emocional, las relaciones implicaban construir la autoestima, en particular mediante la receptividad a los sentimientos y actividades que ayudaban a niñas y niños a sentirse bien consigo mismos. Personal y responsables comentaban cómo la falta de mecanismos de afrontamiento positivos había contribuido a rupturas anteriores y subrayaban la importancia de la empatía y la aceptación para ayudarles a reconocer sus emociones y encontrar formas más sanas de afrontarlas:
Reconocer que está bien sentir lo que sienten. Lo que no está bien es comportarse de esa manera por ese sentimiento. […] Los mecanismos de afrontamiento que esos niños adquieren viviendo en Children’s House, y que les acompañan al acogimiento, son de verdad lo que ayuda a que esos acogimientos posteriores sean más estables para ellos. (Dirección)
Personal y responsables describían enfoques informados por el trauma frente a las conductas difíciles, entre ellos mostrar aceptación y la capacidad de gestionarlas, y ofrecer «seguridad y un entorno controlado» para la corregulación.
La dirección señalaba que los múltiples traslados hacían que «muy a menudo nadie haya llegado a conocer de verdad a este niño o a esta niña». En Children’s House se ponía el acento en la curiosidad para llegar a conocer a cada menor y en la aceptación de su historia:
Conocíamos su historia y aun así queríamos que vinieran, así que hay algo muy tranquilizador para ellos […] en que podamos empezar muy pronto a mostrar curiosidad por ellos, por su vida y por lo que les gusta. (Dirección)
El personal destacaba los beneficios de llegar a conocer a niñas y niños, entre ellos un mejor conocimiento de sus necesidades, tanto en Children’s House como para futuros acogimientos, y la posibilidad de ofrecerles experimentar e identificar sus propios intereses.
La curiosidad se aplicaba también en el trabajo narrativo, centrado en el pasado, el presente y el futuro de cada menor, y que se utiliza con la juventud para mejorar la comprensión de su historia y de su familia biológica y permitirle considerar «cuál puede ser su lugar en una futura familia acogedora» (Personal):
Desentrañar algunas de esas experiencias pasadas para buscar los motivos de esas rupturas de acogimiento, para examinar la experiencia pasada de vida familiar con vistas a prepararles para un futuro acogimiento familiar. (Dirección)
El lenguaje de los informes reflejaba la aceptación al describir la responsabilidad de las personas adultas de atender las necesidades de la infancia, en lugar de la de niñas y niños de cambiar su conducta:
He leído expedientes que cargaban claramente sobre el niño la responsabilidad de lo que había pasado. […] Y los niños entienden […] que se les hacía responsables de las decisiones que se tomaban a su alrededor, y que si se hubieran portado mejor, si hubieran actuado de otra manera… Y en realidad no es eso lo que hacemos aquí. Lo nuestro es comprender a ese niño y luego hacer por él lo mejor que podamos, de verdad. (Dirección)
Un elemento central del trabajo, que reflejaba a la vez prácticas familiares y atención informada por el trauma, consistía en explorar cómo se sentían niñas y niños mediante la conversación y la escucha activa y empática: «lo más terapéutico que podemos hacer es simplemente estar ahí para esos críos y escucharles» (Personal). Identificar sus emociones exigía a menudo al personal recurrir al juego y a la curiosidad. Estas conversaciones «terapéuticas» se integran en la vida cotidiana y responden a las necesidades y señales del momento: «Son conversaciones muy, quizá, fuera de lo normal, pero que ocurren durante rutinas muy normales» (Dirección).
Personal y responsables describían una actitud de curiosidad y una mentalidad informada por el trauma para «intentar entender por qué sale esa conducta y cuáles son los desencadenantes» (Personal), así como la aceptación de las conductas difíciles o destructivas:
Me costó cuando llegué a Children’s House, […] quizá un niño destrozaba un iPad y al día siguiente le daban uno nuevo […]. Pero me di cuenta de que es porque tenemos que dejarles, decirles que está bien sacar esos sentimientos tan grandes, sobre todo cuando no sabes controlarlos. (Personal)
Responsables y personal subrayaban la importancia de la calidez y del juego en el entorno de vida, entendiendo el juego a la vez como práctica familiar y como enfoque informado por el trauma; «Children’s House es un sitio donde en general hay mucho ruido. Muchas risitas» (Dirección):
Quizá devolver un poco de diversión a su vida, un poco de alegría. Un poco de cuidado cálido que quizá estos niños no han tenido. (Dirección)
El juego ofrecía oportunidades de nuevas experiencias y aprendizajes. A veces, quienes llegaban a Children’s House no sabían jugar y el personal les enseñaba:
Sentarse a jugar con niños de ocho o nueve años como quizá lo harías con uno de dos o tres. […] Los niños empiezan con ese juego en paralelo hasta llegar al punto en que de verdad son capaces de jugar juntos. (Dirección)
Las necesidades sensoriales eran frecuentes, y los enfoques sensibles al trauma incluían técnicas de relajación y actividad física, sobre todo al aire libre, y juegos de jardín. El juego podía ofrecer oportunidades de conexión emocional:
Ponerles a correr, que acaben agotados. Parece que así luego pueden volver a casa y relajarse. Y cuando están en ese estado de relajación, es más probable que te cuenten cómo se sienten. (Personal)
Estar al aire libre se consideraba útil también para niñas y niños que de otro modo quizá no habrían vivido una «toma de riesgos segura» (Dirección); esto adquirió especial importancia durante los confinamientos por la covid-19. Organizaciones y profesionales externos compartían con el personal orientaciones sobre los beneficios de un enfoque lúdico con niñas y niños:
Tenemos una TO [terapeuta ocupacional] fantástica. […] Es increíble lo que es capaz de descubrir, ¿sabes?, a través de la forma en que juegan. […] Nos daba muchas pistas sobre el tipo de cosas que teníamos que hacer. (Personal)
La figura 1 recoge las descripciones del personal sobre cómo aplicaba un enfoque PACE (Becker-Weidman y Hughes, 2008; Hughes, Golding y Hudson, 2015) al cuidado en el contexto de la vida compartida cotidiana en la unidad residencial.

Responsables y personal consideraban centrales las actitudes y la cultura, incluida una convicción de fondo en las prácticas de Children’s House. Abordaban el trabajo con esperanza, un valor fundamental de Barnardo’s (2022):
Entramos en estos procesos convencidos de que niñas y niños son resilientes, pueden adaptarse, pueden establecer las relaciones que necesitan. (Dirección)
La gestión y el lenguaje reflejaban los valores:
Importa cómo hablamos, y si sabemos que el relato es importante para los niños, entonces es igual de importante el relato que hacemos del servicio. (Dirección)
Los informes mensuales de seguimiento se revisaban en relación con los requisitos normativos y para asegurarse de que su redacción se ajustaba a los valores de Children’s House.
La plantilla de evaluación se denominó «documento de fortalezas y dificultades», y personal y responsables consideraban que ofrecía un enfoque equilibrado, «basado en los recursos, […] en lugar de fijarse en los déficits» (Dirección). Las evaluaciones reflejaban un enfoque basado en la esperanza a la hora de identificar y atender las necesidades individuales. Las evaluaciones de las necesidades terapéuticas (que comenzaban antes de la llegada y continuaban durante toda la estancia) incluían una evaluación sensorial de terapia ocupacional, una evaluación del habla, el lenguaje y la comunicación, y trabajo narrativo.
Personal y responsables tenían presente cómo podría ser el futuro de cada menor y recababan su opinión sobre aficiones, mascotas y otras preferencias, «desde el primer día […] preguntándoles: “¿Qué te gustaría encontrar en tu futuro hogar?”» (Personal). Children’s House se veía como un lugar donde niñas y niños podían explorar sus propios intereses y desarrollar un sentido de identidad más coherente:
En realidad no se conocen a sí mismos. Llegan con esa historia de «Ah, es un granjero de los de verdad». Pero ¿es porque en realidad ha tenido muchos acogimientos en granjas? […] También les abre los ojos al hecho de que pueden tomar sus propias decisiones y empiezan a darse cuenta de que no tiene por qué gustarles algo solo porque les gusta a sus cuidadores. (Dirección)
Antes del ingreso se evalúa la capacidad de apego de cada menor, que podría indicar un posible éxito posterior en acogimiento familiar. La evaluación en Children’s House se centra en tres ámbitos principales relacionados con los futuros acogimientos y con la preparación de la transición relacional: la evaluación de la disposición del niño o de la niña para dar el paso; la identificación de los acogimientos adecuados, y la manera en que el personal de Children’s House acompañaba las transiciones.
El propósito de las evaluaciones es situar a cada menor en el entorno más adecuado para sus necesidades, y el personal tiene presente la importancia de asegurar el mejor resultado para cada cual. Un documento de fortalezas y dificultades y las experiencias de respiro ayudaban al personal a precisar sus necesidades en un entorno familiar o de otro tipo, y a buscar familias acogedoras adecuadas u otros tipos de acogimiento. Aunque el objetivo suele ser un acogimiento familiar de larga duración, no siempre es así; cuatro menores pasaron directamente a un acogimiento residencial de más larga duración.
El personal describía un proceso detallado y largo para identificar a quienes un acogimiento familiar les convenía más. Para quienes pasaron a un acogimiento residencial, la decisión se tomó mediante un proceso igual de detallado. La dirección expresaba la misma esperanza para este grupo: que sus siguientes acogimientos les ofrecieran estabilidad a largo plazo y un «hogar»:
La intensidad de sus relaciones no funcionará en un entorno familiar. Pero vamos a poder acompañar su transición a lo que será un lugar residencial de larga, ojalá, ojalá, ojalá, de larga duración para él, y ese será su hogar. (Dirección)
La observación de los progresos tras el trabajo emocional era un paso clave para determinar la idoneidad del acogimiento familiar, en particular la mejora de los mecanismos de afrontamiento y el hecho de ver «el valor de las relaciones»:
Una capacidad de empatía y de preocuparse por los demás. Y creo que, cuando vemos esas cosas, nos da la sensación real de que, con suerte, podremos ayudar a una familia a cuidar de este niño. (Dirección)
Las observaciones evaluaban las conductas difíciles para determinar si podían ser «manejables en un entorno de hogar familiar en lugar de en un entorno residencial» (Dirección), teniendo en cuenta las evaluaciones de riesgos y los apoyos.
Las evaluaciones determinaban la idoneidad de la vida familiar teniendo en cuenta la comprensión que cada menor tenía de su propia historia y su disposición a implicarse en un acogimiento familiar:
Saben que no van a volver con su familia de origen. Saben que su plan es el acogimiento familiar, […] hasta la edad adulta […]. Lo entienden, y en parte se trata de que se sumen a ello. (Dirección)
Ello se favorecía hablando con niñas y niños de los siguientes pasos y del carácter temporal de Children’s House, como un «viaje, no un lugar para siempre» (Dirección), lo que les ayudaba a anticipar el futuro acogimiento y a sentirse motivados para él.
Responsables y personal hablaban de recurrir a familias de respiro para permitir la adaptación a la vida familiar y obtener información sobre cómo se desenvolvía cada menor:
¿Podemos llegar al punto en que sientan que son capaces […] de llevarse esa seguridad consigo, en ese sentido, para poder construir relaciones en una familia, en un espacio familiar? (Dirección)
Identificar un acogimiento familiar concreto suponía emparejar a un niño o una niña con una familia, mediante un «formulario de emparejamiento» cumplimentado por el personal de Children’s House, y una estrecha colaboración con el equipo de acogimiento familiar de Barnardo’s, la persona de referencia del trabajo social y, a veces, un servicio de psicología. El personal insistía en su esperanza de que los acogimientos duraran hasta la edad adulta y dieran lugar a relaciones permanentes. Las familias de respiro se elegían con cuidado y a veces se convertían en familias acogedoras de larga duración, o con frecuencia eran una fuente de apoyo durante los acogimientos posteriores.
Las transiciones posteriores se acompañaban de forma relacional, con un «método de cortejo» (Personal) cuyo ritmo se ajustaba a las necesidades de cada menor. La dirección describía un «sentido compartido de la responsabilidad», y responsables y personal hablaban de la importancia de la continuidad de las relaciones de tipo familiar tras la salida de Children’s House:
Mandarle tarjetitas de cumpleaños y de Navidad, solo para que sepa, […] que siempre pienso en él… […] que sigue importándome. (Personal)
Sin embargo, algunos menores temían que la reaparición del personal significara una ruptura, y el personal describía estar dispuesto a soltar cuando eso era lo mejor para el niño o la niña.
Para algunos menores, el acogimiento residencial de larga duración o los entornos hospitalarios especializados se identificaron como el siguiente recurso más adecuado. Ello evitaba también la exposición a nuevas rupturas derivadas de intentos inadecuados de acogimiento familiar. En consecuencia, el paso a un acogimiento residencial de más larga duración, aunque no fuera el resultado esperado inicialmente al entrar en Children’s House, se reconocía como beneficioso y protector:
Tenemos que pensar más en cuáles son los resultados, porque no puede tratarse solo del acogimiento familiar, tiene que tratarse del cuidado, de planificar el futuro y, ya sabes […], de cuáles son los resultados más realistas para una derivación a Children’s House y para el recorrido. (Dirección)
Además, el personal reconocía cómo las prácticas de Children’s House ofrecían cierta experiencia familiar en un grado tolerable para cada menor:
Quizá un acogimiento [familiar] a tiempo completo era pedir demasiado después de Children’s House, pero algunos de esos niños tuvieron acogimientos de respiro bastante logrados y pudimos darles esa experiencia de vida familiar a tiempo parcial, y eso se les quedó. (Dirección)
La dirección reflexionaba sobre el «éxito» de Children’s House y observaba una dificultad en torno a las percepciones negativas del acogimiento residencial, aun cuando fuera el resultado más adecuado para un menor concreto. La posibilidad de que el personal realizara evaluaciones detalladas y de que niñas y niños recibieran intervenciones terapéuticas específicas gracias a las cuales podían lograr avances emocionales y conductuales sustanciales se consideraban logros que debían valorarse, aunque el resultado final no fuera el deseado inicialmente. La dirección criticaba las medidas del éxito «sobre el papel», tanto en lo relativo a los acogimientos familiares rotos como al acogimiento residencial, y las contraponía a un relato esperanzador y a una visión más individualizada de lo que podría ser el éxito:
Le hemos dado a ese niño la capacidad de establecer relaciones, de sentirse bien consigo mismo y de entender cuáles son sus puntos fuertes. Pero sobre el papel no va a parecer un éxito. […] En realidad, es más bien un fracaso de la idea que tenemos del acogimiento residencial. Porque […] en este caso es el resultado correcto. (Dirección)
La dirección reflexionaba sobre qué resultados realistas podrían constituir un éxito, y señalaba que incluso los acogimientos rotos podían ofrecer la experiencia de la estabilidad y, a menudo, relaciones que podían mantenerse en la edad adulta, y que esto ya era en sí «un logro» de las familias acogedoras y de la juventud. Cuando seguía a una estancia en Children’s House, podía suponer años de estabilidad que, de otro modo, el niño o la niña difícilmente habría tenido, lo que ofrecía además una experiencia de vida familiar a la que niñas y niños podrían «recurrir en su vida futura»:
Han vivido algo positivo, estable en su vida […], y en la edad adulta pueden tirar de esa reserva. (Dirección)
Children’s House es una unidad con un propósito y unos criterios de admisión específicos, que reconoce las dificultades a las que se enfrentan niñas y niños que han vivido múltiples rupturas de acogimiento (Strijbosch et al., 2015). Ofrece un periodo de estabilidad para desarrollar la capacidad emocional y las habilidades relacionales que les permitan entrar en un acogimiento familiar de larga duración, u otra alternativa estable, hasta la edad adulta. La intención es que tengan relaciones duraderas y de apoyo con personas adultas que les cuiden, lo que, según la investigación, puede aportar más capital social, aliento y resiliencia, en particular en las transiciones clave (Blakeslee y Best, 2019).
Se pone el acento en la corregulación emocional y en demostrar a niñas y niños que las personas cuidadoras son capaces de atender sus necesidades. En la vida cotidiana de Children’s House se da prioridad a ofrecer un entorno de tipo familiar, una sensación de normalidad y estabilidad. En consonancia con las construcciones sociales de la familia (Kendrick, 2013; Fowler, 2016; Gwenzi, 2020), las rutinas cotidianas constituyen prácticas de tipo familiar que sostienen la construcción de vínculos y las «nociones de parentesco» (Kendrick, 2013: 79). Un ethos explícitamente afectuoso y unas relaciones manifiestamente cariñosas parecen haber liberado al personal de algunas de las ansiedades que refieren profesionales de otros contextos residenciales (Brown, Winter y Carr, 2018). Aunque la seguridad y unos procedimientos sólidos de protección son cruciales, personal y responsables hablaban también del valor que la intimidad emocional aporta a las relaciones con niñas y niños. Afrontar estas dificultades de forma reflexiva ofrece una alternativa a enfoques profesionales más distantes. Aunque la seguridad de niñas y niños es primordial, la aversión al riesgo resulta contraproducente si el personal tiene miedo de implicarse en la construcción de vínculos significativos.
Reconocer el impacto de las experiencias de la infancia en sus relaciones (Samuels y Pryce, 2008; Blakeslee y Best, 2019; Okpych y Gray, 2021; Tahkola et al., 2021) orienta las prácticas de trabajo, y la conciencia del trauma moldea las rutinas. Trabajar en Children’s House exige al personal conectar emocionalmente con niñas y niños y ofrecer un cuidado afectuoso, lo que requiere límites y autorreflexión. Este enfoque no conviene a todo el mundo, pero resuena en buena parte del personal, que lo encuentra gratificante.
Todo el trabajo en Children’s House tiene una base informada por el trauma, pero se pone el acento en identificar y atender las necesidades individuales, también mediante aportaciones especializadas. El trabajo relacional tiene en cuenta historias de apego complejas (Bowlby 1988; Burbidge, Keenan y Parry, 2020; Tahkola et al., 2021) y ayuda a la infancia a aprender a querer y a confiar, mientras que el trabajo narrativo (Coman et al., 2016; McGill et al., 2018) le ayuda a comprender su historia y su identidad. En el día a día, la conciencia del trauma impregna todas las interacciones relacionales, con un cuidado guiado por el enfoque PACE (Becker-Weidman y Hughes, 2008; Hughes, Golding y Hudson, 2015) para comprender cómo se sienten niñas y niños y construir su autoestima, sus estrategias de afrontamiento y sus conductas. A través del juego, la exploración y experiencias sensoriales adecuadas a sus necesidades, desarrollan habilidades y confianza en sí mismos mientras se divierten.
Children’s House permite una evaluación profunda y detallada de los mecanismos de afrontamiento de cada menor, de sus dificultades conductuales, del valor que concede a las relaciones y de su capacidad y disposición para implicarse en relaciones con una familia acogedora. El recurso a familias de respiro aporta información sobre cómo se desenvuelve en un hogar familiar. Ajustar el ritmo y el momento de las transiciones y mantener la continuidad del vínculo con personas adultas clave que comparten información importante sostiene el recorrido individual de cada menor desde el acogimiento de corta duración hasta el de larga duración (Nicol, 2016). El personal residencial y el de acogimiento familiar colaboran estrechamente en los emparejamientos y los traslados. Las transiciones se ajustan al ritmo de cada menor, Children’s House ofrece una presencia y un apoyo en segundo plano, y se fomenta la continuidad de las relaciones con su personal.
De las 29 personas residentes de Children’s House que tienen hoy más de 18 años, más de la mitad (n = 16) permanecieron en acogimientos familiares hasta la edad adulta. Dos alcanzaron una permanencia relacional (McSherry y Fargas Malet, 2018) a pesar de una ruptura del acogimiento al final de la adolescencia, lo que demuestra que la juventud y su familia acogedora pueden mantener vínculos valorados por ambas partes a pesar de las dificultades relacionales y de la inestabilidad temprana (MacDonald y Marshall, 2021). Sin embargo, las dificultades para lograr la estabilidad son considerables (James et al., 2004; Rubin et al., 2004; Hussey y Guo, 2005), y algunos acogimientos se rompen y los menores vuelven al acogimiento residencial. Para quienes vivieron nuevas rupturas, el tiempo pasado en Children’s House (25 meses de media) ofrece estabilidad, aunque limitada en el tiempo, con un cuidado seguro, cálido y de tipo familiar.
Algunos menores pasaron de Children’s House a otros entornos residenciales. Personal y responsables hablaban de la dificultad de medir el éxito cuando el acogimiento residencial se percibe a menudo como el recurso de último término. Las relaciones cercanas en Children’s House permiten una comprensión detallada y una evaluación sólida de las necesidades de cada menor para identificar el mejor recurso posible en cada caso. Para algunos, un acogimiento posterior estable en un entorno residencial evitó el impacto negativo de una nueva ruptura, que podría haber sido el desenlace inevitable de un paso al acogimiento familiar. En consecuencia, personal y responsables describían los pasos a entornos residenciales de forma positiva, como un logro para ese niño o esa niña en particular. Futuras investigaciones podrían explorar cómo unas medidas individualizadas del éxito permitirían identificar con más sensibilidad los resultados positivos para cada menor.
Es importante señalar que las relaciones con el personal y con las familias acogedoras que Children’s House favorece pueden ayudar a crear una red de apoyo emocional y práctico que, según la investigación, puede contribuir a aliviar algunas de las dificultades de la infancia que vive múltiples rupturas (Samuels y Pryce, 2008; Blakeslee y Best, 2019; Okpych y Gray, 2021), además de ayudar a desarrollar la resiliencia. Children’s House ofrece prácticas de tipo familiar adecuadas a un grupo de edad concreto. Dado que establecer relaciones de apoyo es crucial a lo largo de toda la vida, futuras investigaciones podrían examinar cómo establecer relaciones de tipo familiar e informadas por el trauma con otros grupos de edad.
Las rupturas reiteradas de acogimiento son perjudiciales para el bienestar de niñas y niños, y este daño se acumula con cada traslado. Hacer posible que toda la juventud en acogimiento alternativo se beneficie de relaciones de apoyo duraderas es, y debe seguir siendo, una prioridad política y práctica (Boddy, 2013). Esta evaluación del servicio de Children’s House da motivos de optimismo sobre la posibilidad de interrumpir un ciclo de inestabilidad, incluso cuando se han vivido múltiples rupturas de acogimiento familiar, y merece un estudio más amplio que, a su vez, debería dar prioridad a la voz de la infancia y a sus realidades subjetivas vividas. Esta evaluación del servicio recogió las opiniones del personal y de las personas responsables, pero no las de las y los jóvenes. Sin embargo, la infancia y la juventud deberían ocupar un lugar central en la construcción de la evidencia científica, y la oportunidad de que sus opiniones y experiencias sean debidamente escuchadas y atendidas es esencial para proteger sus derechos e intereses (Gilligan, 2014). Esta evaluación tampoco nos permite conocer la calidad de su experiencia vivida tras salir de Children’s House. Se necesita más investigación para comprender mejor la calidad de las relaciones entre el personal y la infancia en el acogimiento residencial y su impacto en la capacidad de niñas y niños para aprovechar relaciones protectoras y apoyo social a más largo plazo y fuera de este entorno (Hart, LaValle y Holmes, 2015).
Pese a sus limitaciones, este artículo ha descrito cómo las relaciones de tipo familiar en el entorno de cuidado informado por el trauma de Children’s House preparan a niñas y niños para acogimientos posteriores de larga duración. Aunque la aspiración principal era que acabaran beneficiándose de acogimientos familiares estables, las prácticas de evaluación y las definiciones de «éxito» del personal estaban muy individualizadas. Esto cuestiona la visión predominante del acogimiento residencial como recurso de último término, ya que para algunos menores puede ser preferible al acogimiento familiar, pero también pone de relieve la importancia de una evaluación sólida, y de conocer bien a niñas y niños, para identificar qué jóvenes se beneficiarán de un acogimiento familiar y en qué momento de su recorrido en el sistema de protección (Hart, LaValle y Holmes, 2015).
Aunque no todos los menores evitaron nuevas rupturas, muchos vivieron acogimientos familiares estables y/o una continuidad relacional hasta la edad adulta. Las rutinas de cuidado de tipo familiar fueron una preparación importante para la vida familiar futura. Las relaciones se construyeron sobre una conexión emocional auténtica, con enfoques informados por el trauma como PACE, para hacer posibles la corregulación y la confianza. Este enfoque requiere un compromiso explícito en todos los niveles de la organización, una estrecha colaboración entre equipos, formación del personal y apoyo continuo, así como una reflexión crítica permanente, tanto interna como mediante una supervisión externa. Las organizaciones que quieran adoptar este enfoque deben empoderar a su personal para que se implique de forma segura en relaciones cercanas con niñas y niños, pero de forma realista, con apoyo emocional y con los conocimientos y la conciencia del trauma adecuados.
Complexe Systémique: puntos clave
El estudio tiene el mérito de tomarse en serio una opción a menudo considerada de segunda categoría. Children’s House no se concibe como lo contrario de la familia, sino como un lugar de paso que toma prestados gestos familiares: cartas antes de la llegada, comidas compartidas, un abrazo de buenas noches, tarjetas enviadas tras la salida. Quienes practican la clínica sistémica reconocerán puntos de referencia conocidos: ya no se responsabiliza a cada menor de las rupturas, los informes profesionales dejan de cargarle ese peso, y el éxito se redefine caso por caso, también cuando el desenlace es otro centro residencial. El servicio también conecta dos equipos, el residencial y el de acogimiento familiar, y gradúa las transiciones: es un trabajo sobre el sistema de acogimiento tanto como sobre cada menor. Los límites son claros: una evaluación del servicio encargada por la entidad prestadora, solo la voz del personal, sin la de la infancia ni la de las familias acogedoras, y trayectorias descritas sin grupo de comparación. Puede leerse junto con el artículo sobre los factores que protegen frente a las rupturas en acogimiento familiar y el artículo sobre la resistencia no violenta en un centro residencial.
Notas del original
Nota: Las edades son aproximadas (con un margen de 3 a 6 meses); «Acogimiento residencial» incluye unidad residencial (n = 9), unidad residencial especializada (n = 3), internado (n = 1) y hospital (n = 1).
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Traducción no oficial al español de Interrupting a cycle of placement instability with short-term residential care: Trauma-informed family-like relational practice in one specialist unit, de Mandi MacDonald y Kathryn Gillespie, Adoption & Fostering, vol. 47, n.o 4, pp. 379-399 (2023), doi: 10.1177/03085759231212499, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (nota de la tabla agrupada en las notas). Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Esta es una traducción no oficial al español del artículo original «Interrupting a cycle of placement instability with short-term residential care: Trauma-informed family-like relational practice in one specialist unit», publicado en Adoption & Fostering (2023) bajo licencia CC BY 4.0. Traducida por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, tal como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
MacDonald, M., y Gillespie, K. (2023). Interrupting a cycle of placement instability with short-term residential care: Trauma-informed family-like relational practice in one specialist unit. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/interrupting-a-cycle-of-placement-instability-with-short-term-residential-care-trauma (Obra original publicada en 2023 en Adoption & Fostering, 47(4), 379-399 (2023); republicada en 2023 por Adoption & Fostering, https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/03085759231212499)
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