Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Child & Family Social Work · Trabajo social

Lo que valora la infancia expuesta a la violencia doméstica en sus encuentros con profesionales del trabajo social: una revisión sistemática de la investigación orientada a la práctica

¿Qué necesita una niña o un niño expuesto a la violencia doméstica para que un encuentro con profesionales del trabajo social le resulte útil? En la Universidad de Örebro (Suecia), Martina Vikander y Åsa Källström revisaron 18 estudios que dan la palabra a la infancia. Surgen cuatro dimensiones: los requisitos básicos, la inclusión, el reconocimiento y, de forma más inesperada, el disfrute.

Autoría Martina Vikander y Åsa Källström (School of Law, Psychology and Social Work, Örebro University, Suecia)Primera publicación Child & Family Social Work, 8 de agosto de 2023Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de What children exposed to domestic violence value when meeting social workers: A practice-oriented systematic research review, de Martina Vikander y Åsa Källström, publicado en Child & Family Social Work (Wiley) (2024), doi: 10.1111/cfs.13073, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de listas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Es menos probable que la infancia revele la violencia si se culpa a sí misma, lo que subraya la importancia de aliviar la autoinculpación como paso crucial en el proceso de revelación.

Martina Vikander y Åsa Källström

Resumen

La infancia expuesta a la violencia doméstica (VD) se enfrenta a un riesgo elevado de muchos tipos de problemas a corto y largo plazo. Los equipos de trabajo social pueden limitar estos riesgos si el apoyo y la ayuda que ofrecen son percibidos como valiosos por la niña o el niño. Los objetivos de esta revisión eran identificar lo que valoran niñas y niños expuestos a VD en sus encuentros con profesionales del trabajo social, sugerir cómo pueden utilizar este conocimiento en la práctica quienes se dedican a trabajar con esta población, e identificar y proponer áreas clave para la investigación futura. Una síntesis de 18 estudios revela que, en sus encuentros con profesionales del trabajo social, la infancia expuesta a VD valora (1) los requisitos básicos, (2) la inclusión, (3) el reconocimiento y (4) el disfrute. Esta revisión ofrece un amplio abanico de oportunidades para que la práctica profesional responda a los deseos y necesidades de estos menores. Sin embargo, se necesita investigación comparativa para facilitar la adaptación y para distinguir entre los elementos valorados por la infancia que constituyen requisitos previos esenciales para ayudarla a revelar sus experiencias o favorecer su recuperación, y los elementos menos cruciales pero igualmente valorados.

1 INTRODUCCIÓN

La exposición infantil a la violencia doméstica (VD) a menudo no solo implica presenciar el maltrato infligido a otros miembros de la familia, sino también un riesgo elevado de ser víctima directa de maltrato físico o sexual y de desarrollar diversos problemas, como estrés postraumático a corto y largo plazo, ansiedad, depresión, otros problemas emocionales o conductuales y dificultades en la escuela y en las relaciones sociales (p. ej., Holt et al., 2008; Vu et al., 2016). Limitar las consecuencias de esta exposición es, por tanto, de la máxima importancia. Sin embargo, aunque vivir la VD en la infancia supone convivir con ella, temerla y tener que afrontarla en sus múltiples formas, también puede incluir puntos de inflexión, transiciones y esperanza en el futuro cuando la madre sale de la relación de maltrato (Arai et al., 2021). El apoyo social es un factor clave de protección, resiliencia y afrontamiento (Geffner et al., 2003; Guille, 2004; Owen et al., 2007). Algunos datos sugieren que hablar de las experiencias de VD puede prevenir y reducir los problemas de los menores expuestos (Graham-Bermann et al., 2011; Jouriles et al., 2009). Según la legislación reciente de países como Inglaterra, Suecia y Gales, la infancia expuesta a VD es reconocida como víctima por derecho propio, y los servicios de trabajo social tienen la responsabilidad de ofrecerle tanto protección como apoyo.

Responder a las necesidades de la infancia expuesta a VD plantea diversos dilemas y desafíos a los equipos de trabajo social. En primer lugar, las necesidades son variadas. Algunos menores necesitan ser protegidos de la violencia pero disponen de los recursos que necesitan para recuperarse (Howell et al., 2010), mientras que otros pueden desarrollar problemas internalizantes o externalizantes (Holt et al., 2008). Como en un primer encuentro quien interviene no puede conocer las experiencias, preferencias y necesidades de cada niña o niño, hay quienes sostienen que la sensibilidad al trauma es crucial (Levenson, 2017). Al mismo tiempo, la investigación que tiene en cuenta el punto de vista de la propia infancia sobre lo que considera útil en sus encuentros con profesionales es escasa (cf. Arai et al., 2021). En segundo lugar, para que el trabajo social pueda proteger y apoyar a estos menores, es preciso que revelen sus experiencias. Sin embargo, tienden a mantener la VD en secreto, y solo alrededor de la mitad revela su exposición (Graham-Bermann et al., 2011; Howell et al., 2015). Que la revelación se viva como útil o como perjudicial parece depender de las reacciones de los demás (Ullman, 2011). En tercer lugar, ofrecer apoyo no garantiza que la niña o el niño lo perciba como tal y como algo de lo que pueda beneficiarse. Thunberg (2022) sostiene que el apoyo debe adaptarse a la percepción que cada joven tiene de lo que le resulta útil en su entorno social. Por último, evaluar la exposición infantil a la VD y sus consecuencias es complejo, y puede parecer más fácil centrarse en el riesgo físico y la seguridad que en la exposición global (LaLiberte et al., 2010). Profesionales poco sensibles pueden retraumatizar a las víctimas (Thompson, 2017). Por ello, los encuentros con la infancia expuesta a VD deben llevarse con cautela y sensibilidad.

Se ha constatado que los programas de VD mejoran la capacidad de la infancia para afrontar el estrés y los conflictos, tratan los síntomas de estrés traumático y los trastornos de conducta, apoyan la relación materno-filial y ofrecen apoyo práctico a las madres y a la infancia (p. ej., Graham-Bermann et al., 2007; Jouriles et al., 2001). Las evaluaciones suelen centrarse en síntomas y trastornos relacionados con la salud; sin embargo, la propia infancia suele incluir conceptos más amplios en su comprensión del éxito de una intervención (cf. Howarth et al., 2015). Estos aspectos se han incluido en parte en estudios sobre las experiencias infantiles en casas de acogida para víctimas de VD (p. ej., Jarvis et al., 2005). Los equipos de trabajo social pueden encontrarse con menores expuestos a VD en encuentros formales o informales con distintas finalidades. Con esta revisión pretendemos, por tanto, ir más allá del conocimiento sobre qué programas, modelos, métodos o técnicas pueden contribuir a reducir los síntomas o mejorar el bienestar, y centrarnos en cambio en lo que la infancia expuesta a VD valora en los encuentros formales con profesionales del trabajo social, así como ofrecer una síntesis legible de la investigación disponible en este ámbito. Creemos que esto puede ayudar al trabajo social a «tener debidamente en cuenta» las opiniones de niñas y niños, de conformidad con el artículo 12 de la Convención de las Naciones Unidas (1989).

El objetivo general de esta revisión era explorar las experiencias y percepciones que tiene la infancia expuesta a VD de los equipos de trabajo social. La pregunta de investigación principal consistía en identificar lo que valora en los encuentros formales con estos equipos. Otros objetivos eran sugerir cómo podría utilizarse este conocimiento en la práctica e identificar y proponer áreas clave para la investigación futura.

A continuación presentamos, en primer lugar, cómo intentamos cumplir nuestro objetivo y, después, la respuesta obtenida, estructurada en torno a cuatro temas.

2 MÉTODO

Para garantizar la transparencia, esta revisión sistemática se realizó de acuerdo con las directrices PRISMA para revisiones sistemáticas (véase Page et al., 2021).

2.1 Criterios de inclusión y exclusión

Los estudios debían cumplir cinco criterios de inclusión: (1) haber sido revisados por pares, (2) ser empíricos, (3) tener como participantes a menores expuestos a violencia o maltrato entre progenitores (denominada VD en esta revisión), (4) centrarse en las experiencias o percepciones de la infancia sobre encuentros formales con profesionales del trabajo social debidos a su exposición a la VD y (5) estar escritos en inglés.

Así, se excluyeron los estudios basados únicamente en participantes adultos o en documentos, así como los centrados en otros problemas sociales (p. ej., maltrato infantil, consumo de sustancias o enfermedad mental), en la violencia fuera de la familia o en encuentros con la policía, el sistema sanitario o casas de acogida para víctimas de VD. También se excluyeron las revisiones y los artículos teóricos, así como los estudios centrados únicamente en los efectos de una intervención o en el comportamiento de la infancia en los encuentros con profesionales del trabajo social o en su manera de afrontarlos. Se excluyeron igualmente los estudios no escritos en inglés o no accesibles a través de servicios en línea o de la biblioteca universitaria.

2.2 Búsqueda bibliográfica

Para identificar los estudios pertinentes, realizamos una búsqueda bibliográfica electrónica en las bases de datos Social Services Abstracts, ASSIA y PsychINFO. No se adoptó ninguna restricción de fechas. La tabla 1 presenta las cuatro combinaciones de términos de búsqueda utilizadas y los resultados por base de datos.

Tabla 1 — Búsquedas en bases de datos.

  • Mes/año: mayo de 2021; Combinación de términos buscados en título, palabras clave o resumen. Límites adicionales: revisión por pares: (Adolescen* OR children OR “young people”) AND (“intimate partner violence” OR “domestic violence”) AND (“Social Work*” OR Therap* OR intervention* OR treatment* OR counsel*); Social Service Abstracts: N = 2498; ASSIA: N = 1491; PsychINFO: N = 1870
  • Mes/año: abril de 2022; Combinación de términos buscados en título, palabras clave o resumen. Límites adicionales: revisión por pares: (Adolescen* OR children OR “young people”) AND (“domestic abuse” OR “family violence”) AND (“social work*” OR Therap* OR intervention* OR treatment* OR counsel*) NOT (“domestic violence” OR “intimate partner violence”); Social Service Abstracts: N = 952; ASSIA: N = 313; PsychINFO: N = 462
  • Mes/año: abril de 2022; Combinación de términos buscados en título, palabras clave o resumen. Límites adicionales: revisión por pares: (“child protection” OR “social service*”) AND (child OR adolescen* OR “young people”) AND (“intimate partner violence” OR “domestic violence” OR “family violence” OR “domestic abuse”) NOT (“social work*” OR Therap* OR intervention* OR treatment* OR counsel*); Social Service Abstracts: N = 2099; ASSIA: N = 179; PsychINFO: N = 261
  • Mes/año: abril de 2022; Combinación de términos buscados en título, palabras clave o resumen. Límites adicionales: revisión por pares: (Adolescen* OR children OR “young people”) AND (“intimate partner violence” OR “domestic violence”) AND (“Social Work*” OR Therap* OR intervention* OR treatment* OR counsel*). Límites adicionales – fecha: de mayo de 2021 a abril de 2022; Social Service Abstracts: N = 201; ASSIA: N = 98; PsychINFO: N = 104

2.3 Proceso de selección

En el proceso de selección, los estudios procedentes de las búsquedas en bases de datos se exportaron al programa Zotero. Todas las etapas del proceso de inclusión se basaron en los criterios de inclusión y exclusión, y comenzaron con un cribado de los títulos realizado por la primera autora para identificar los estudios pertinentes. Los estudios que superaron este cribado se examinaron a partir de sus resúmenes. La primera autora revisó el 80 % de los resúmenes y la segunda autora el 20 %. Los estudios que seguían incluidos fueron leídos a texto completo por ambas autoras. Las decisiones de inclusión y exclusión se tomaron conjuntamente para reforzar la validez del proceso. Se excluyeron los estudios con profesionales del trabajo social en casas de acogida para víctimas de VD, porque sus condiciones y sus posibilidades de establecer una buena relación con los menores que viven allí difieren de las de quienes solo ven a la infancia en encuentros formales. Para identificar otros estudios, la primera autora revisó las listas de referencias de los estudios incluidos. Mediante este proceso se incluyeron dos estudios adicionales, ya que cumplían los criterios de inclusión.

Para evaluar la calidad de los estudios incluidos, elaboramos una lista de verificación con ocho ítems considerados importantes para asegurar la calidad de la revisión. Los ítems eran el tamaño de la muestra, la transparencia del análisis y la verificación cruzada, el sesgo del equipo investigador, la presentación coherente de los resultados, la consideración de la edad y el género de los menores, el momento del servicio y la exposición a la persona agresora, así como los efectos que estos podían tener en el resultado. Según nuestra lista, los estudios podían obtener un máximo de 12 puntos. Dos de ellos obtuvieron menos de cinco puntos y fueron, por tanto, excluidos. Con este proceso se incluyeron en la revisión un total de 18 estudios empíricos. En la figura 1 se presenta una visión general del proceso de selección.

Proceso de selección.
FIGURA 1. Proceso de selección.

2.4 Proceso analítico

Los estudios se analizaron mediante un análisis de contenido interpretativo, método habitual para examinar textos o conjuntos de datos existentes (Ahuvia, 2001). Este método se utilizó para codificar de forma sistemática el contenido manifiesto, latente y contextual de los estudios incluidos. En cierta medida, se asemeja a la síntesis temática, de uso frecuente en las revisiones sistemáticas cualitativas que buscan identificar aplicaciones para la práctica y las políticas (cf. Drisko, 2020). Al igual que la síntesis temática, el análisis de contenido interpretativo puede utilizarse para agregar y resumir los hallazgos en temas (cf. Ahuvia, 2001; Drisko, 2020). Sin embargo, también se asemeja a la síntesis interpretativa, cuyo objetivo general es enriquecer o desarrollar hallazgos previos, por ejemplo abordando el contexto (cf. Drisko, 2020). Se eligió el análisis de contenido interpretativo para poder abordar los diversos contextos y la heterogeneidad de la infancia participante en los estudios originales incluidos en esta revisión.

En la primera etapa, la primera autora releyó los estudios incluidos para identificar unidades de significado relativas a las experiencias y percepciones de la infancia sobre los equipos de trabajo social. Las unidades consistían en una o varias frases de citas de participantes del estudio original o de interpretaciones de la autoría. Las unidades de significado identificadas se extrajeron y se registraron en un protocolo. En la segunda etapa, la primera autora condensó las unidades de significado en códigos. La segunda autora revisó los códigos, y ambas los modificaron conjuntamente. En la tercera etapa, las autoras analizaron conjuntamente los códigos en busca de patrones y los clasificaron en 13 subtemas. En la cuarta etapa, se siguió el mismo procedimiento para analizar y agrupar los subtemas en cuatro temas principales diferenciados. En la quinta etapa, se realizó un análisis adicional de los resultados para buscar patrones subyacentes en relación con la edad de los menores, el momento del servicio y el tipo de servicio prestado.

3 RESULTADOS

El corpus de investigación revisado consistía en una muestra de 404 menores, de los cuales 84 se identificaban como niños y 88 como niñas, mientras que faltaba información sobre el género de 232 participantes. Las edades estaban comprendidas entre los 4 y los 19 años, y habían estado en contacto con profesionales del trabajo social que ejercían funciones de orientación, de investigación en derecho de familia o de investigación en los servicios de protección de la infancia (CPS, child protection services), o que trabajaban en los servicios sociales. La mayoría fue reclutada en el servicio del que recibía apoyo. De los 18 estudios incluidos en esta revisión, 16 utilizaron métodos cualitativos y 2 un diseño de métodos mixtos. Los datos se recogieron principalmente mediante entrevistas individuales o grupales. En la tabla 2 se presenta en detalle cada estudio incluido.

Tabla 2 — Visión general de los artículos incluidos.

  • Autoría: Beetham et al. (2019); Menores participantes: N = 4 (niñas N = 2; niños N = 2), edad 7–10; Servicio prestado: orientación grupal; Momento del servicio: servicio finalizado recientemente; Exposición a la persona agresora: nadie convive con la persona agresora; Método: entrevistas individuales; País: Reino Unido
  • Autoría: Callaghan et al. (2019); Menores participantes: cuestionarios: N = 45 (niñas N = 28; niños N = 30), edad 11–19 De ellos, entrevistas con: N = 20 (niñas N = 14; niños N = 6), edad 11–18; Servicio prestado: intervención/orientación grupal; Momento del servicio: servicio en curso o finalizado recientemente; Exposición a la persona agresora: nadie convive con la persona agresora; Método: cuestionarios y entrevistas individuales; País: Grecia, Italia, España, Inglaterra
  • Autoría: Cater (2014)a; Menores participantes: N = 29 (niñas N = 15; niños N = 14), edad 4–19; Servicio prestado: orientación individual; Momento del servicio: servicio en curso o finalizado recientemente; Exposición a la persona agresora: nadie convive con la persona agresora; Método: entrevistas individuales; País: Suecia
  • Autoría: Coburn y Gormally (2014); Menores participantes: N = 6 (niñas N = 6; niños N = 0), edad 11–15; Servicio prestado: apoyo/orientación individual y grupal; Momento del servicio: servicio en curso; Exposición a la persona agresora: b; Método: entrevistas individuales; País: Reino Unido
  • Autoría: Eriksson (2009)c; Menores participantes: N = 17 (niñas N = 7; niños N = 10), edad 8–17; Servicio prestado: investigaciones en derecho de familia; Momento del servicio: servicio finalizado entre 2 semanas y 2 años antes; Exposición a la persona agresora: nadie convive con la persona agresora; Método: entrevistas individuales; País: Suecia
  • Autoría: Eriksson (2012)c; Menores participantes: N = 17 (niñas N = 7; niños N = 10), edad 8–17; Servicio prestado: investigaciones en derecho de familia; Momento del servicio: servicio finalizado entre 2 semanas y 2 años antes; Exposición a la persona agresora: nadie convive con la persona agresora; Método: entrevistas individuales; País: Suecia
  • Autoría: Fotheringham et al. (2013); Menores participantes: N = 17 (niñas N = b; niños N = b), edad 10–19; Servicio prestado: orientación individual; Momento del servicio: servicio en curso; Exposición a la persona agresora: b; Método: entrevistas individuales; País: Canadá
  • Autoría: Källström y Thunberg (2019)a; Menores participantes: N = 9 (niñas N = 5; niños N = 4), edad 12–18; Servicio prestado: orientación individual; Momento del servicio: servicio en curso o finalizado recientemente; Exposición a la persona agresora: nadie convive con la persona agresora; Método: entrevistas individuales; País: Suecia
  • Autoría: McCarry et al. (2021); Menores participantes: grupos focales: N = 4 (niñas N = 4; niños N = 0) Entrevistas telefónicas: N = 5 (niñas N = b; niños N = b), edad 8–18; Servicio prestado: orientación individual y grupal; Momento del servicio: servicio en curso; Exposición a la persona agresora: nadie convive con la persona agresora; Método: grupos focales y entrevistas telefónicas; País: Estados Unidos
  • Autoría: McManus et al. (2013); Menores participantes: N = 10 (niñas N = 1; niños N = 10), edad 7–10; Servicio prestado: programa de apoyo con sesiones materno-filiales y en grupo de pares; Momento del servicio: servicio en curso; Exposición a la persona agresora: nadie convive con la persona agresora; Método: entrevistas individuales; País: Reino Unido
  • Autoría: Pernebo y Almqvist (2016); Menores participantes: N = 9 (niñas N = 5; niños N = 4), edad 4–6; Servicio prestado: orientación grupal; Momento del servicio: servicio finalizado recientemente; Exposición a la persona agresora: no conviven con la persona agresora N = 8, conviven alternativamente con ella N = 1; Método: entrevistas individuales; País: Suecia
  • Autoría: Perry y Frampton (2018); Menores participantes: N = 224 (niñas N = b; niños N = b), edad 4–17; Servicio prestado: terapia/orientación individual; Momento del servicio: servicio en curso; Exposición a la persona agresora: nadie convive con la persona agresora; Método: cuestionarios; País: Reino Unido
  • Autoría: Phillips y Phillips (2010); Menores participantes: N = 20 (niñas N = b; niños N = b), edad 10–17; Servicio prestado: apoyo y orientación grupal; Momento del servicio: servicio en curso; Exposición a la persona agresora: nadie convive con la persona agresora; Método: observación participante, conversaciones de campo, grupos focales y entrevistas individuales; País: Estados Unidos
  • Autoría: Roy et al. (2021); Menores participantes: N = 3 (niñas N = b; niños N = b), edad 10–16; Servicio prestado: apoyo/orientación individual; Momento del servicio: servicio finalizado; Exposición a la persona agresora: b; Método: entrevistas individuales; País: Reino Unido
  • Autoría: Stanley et al. (2012); Menores participantes: N = 19 (niñas N = 11; niños N = 8), edad 10–19; Servicio prestado: servicios sociales y orientación escolar; Momento del servicio: b; Exposición a la persona agresora: b; Método: grupos focales; País: Reino Unido
  • Autoría: Swanston et al. (2014); Menores participantes: N = 5 (niñas N = 3; niños N = 2), edad 8–13; Servicio prestado: organizaciones benéficas contra la violencia doméstica y servicios sociales; Momento del servicio: servicio en curso o finalizado; Exposición a la persona agresora: nadie convive con la persona agresora; Método: entrevistas individuales; País: Reino Unido
  • Autoría: Willis et al. (2010); Menores participantes: N = 14 (niñas N = b; niños N = b), edad aprox. 14–18d¶; Servicio prestado: orientación; Momento del servicio: servicio en curso; Exposición a la persona agresora: b; Método: grupos focales; País: Estados Unidos
  • Autoría: Åkerlund y Sandberg (2017); Menores participantes: N = 10 (niñas N = 6; niños N = 4), edad 11–19; Servicio prestado: orientación individual; Momento del servicio: servicio finalizado en los 2 años anteriores; Exposición a la persona agresora: nadie convive con la persona agresora; Método: entrevistas; País: Suecia

a Artículos del mismo estudio. b Información ausente o poco clara. c Artículos del mismo estudio. d Estudiantes de secundaria; falta la información exacta sobre la edad; según el sistema escolar estadounidense, deberían tener aproximadamente entre 14 y 18 años.

Cabe señalar que, aunque los estudios de Eriksson (2009, 2012) utilizan el mismo conjunto de datos, al igual que los de Cater (2014) y Källström y Thunberg (2019), se incluyeron porque exploraban aspectos diferentes de los datos.

La síntesis de los datos de los 18 estudios incluidos generó cuatro temas principales (dimensiones) en relación con lo que la infancia valora en sus interacciones con profesionales del trabajo social: (1) los requisitos básicos, (2) las estrategias de inclusión, (3) el reconocimiento y (4) el disfrute. Dentro de cada dimensión identificamos entre dos y cuatro elementos diferentes, que pueden consultarse en la tabla 3.

Tabla 3 — Dimensiones y elementos de lo que la infancia valora en los encuentros con profesionales del trabajo social.

  • Requisitos básicos. Accesibilidad; un espacio seguro; confianza.
  • Inclusión. Información; flexibilidad; elección; empoderamiento.
  • Reconocimiento. Buenos interlocutores; validación; aligerar la carga de la responsabilidad; reconocer las distintas identidades.
  • Disfrute. Diversión; actividades.

3.1 Requisitos básicos

Los estudios indicaron que los requisitos básicos que valoraba la infancia expuesta a VD eran tener acceso a profesionales del trabajo social, disponer de un espacio seguro para los encuentros y contar con una persona profesional que percibiera como digna de confianza.

3.1.1 Accesibilidad

Los estudios mostraron que la infancia valoraba tener un acceso fácil a profesionales del trabajo social, o que fueran estos quienes iniciaran el contacto ante una preocupación relativa a la niña o el niño (Beetham et al., 2019; Coburn & Gormally, 2014; Roy et al., 2021; Stanley et al., 2012). Coburn y Gormally (2014) constataron que se valoraba la posibilidad de contactar con el personal de trabajo social de forma autónoma y de tener cerca una oficina a la que poder acudir. Se consideraba importante que el personal de trabajo social y sus organizaciones fueran abordables y estuvieran disponibles (Coburn & Gormally, 2014; Roy et al., 2021). Roy et al. (2021) observaron que la infancia comparaba la disponibilidad de la persona referente en la orientación con la del personal escolar y la de otros profesionales del trabajo social. «[…] se percibía que la persona referente ofrecía una constancia en el apoyo que no existía en ningún otro lugar, ni en la escuela ni en los servicios sociales para la infancia» (Roy et al., 2021 p. 7). Esto indica que disponer de servicios cercanos, por ejemplo en las escuelas, puede no ser útil si la infancia no percibe al personal de trabajo social como abordable. Es crucial ofrecer a niñas y niños información sobre los servicios disponibles para que sepan a quién dirigirse, y esos servicios también deben serles accesibles.

Curiosamente, ninguno de los estudios con menores de hasta seis años aportó datos sobre la accesibilidad. Puede deberse a que la infancia más pequeña rara vez tiene la capacidad o la oportunidad de buscar por sí misma a profesionales del trabajo social, y su acceso a estos pasa casi exclusivamente por personas adultas. Por tanto, la accesibilidad quizá no sea algo que valore en la misma medida.

3.1.2 Un espacio seguro

Un hilo conductor común a los estudios era que la infancia de todas las edades consideraba crucial disponer de un espacio seguro, libre de violencia y lo bastante seguro como para hablar de sus experiencias (Callaghan et al., 2019; Pernebo & Almqvist, 2016; Roy et al., 2021; Willis et al., 2010). La importancia de un espacio seguro está probablemente relacionada con su experiencia de unas condiciones de vida inseguras. Como resumieron acertadamente Pernebo y Almqvist (2016 p. 125), «las niñas y los niños de este estudio no parecían dar por sentado que la seguridad fuera algo garantizado, ya que afirmaban explícitamente que valoraban estar seguros y protegidos de la violencia y las amenazas mientras estaban en el grupo». Además, dos estudios subrayaron que la infancia percibía la orientación grupal como un espacio seguro (Callaghan et al., 2019; Roy et al., 2021). Puede deberse a que encontrarse regularmente con los mismos pares y las mismas personas responsables del grupo crea una sensación de seguridad, estabilidad y previsibilidad de la que a menudo carecen en casa (Pernebo & Almqvist, 2016; Roy et al., 2021). Pernebo y Almqvist (2016) destacaron que la sensación de seguridad podía reforzarse aún más con un entorno previsible, como reunirse en la misma sala con el mismo mobiliario. Asimismo, McCarry et al. (2021) constataron que parte de la infancia apreciaba reunirse en un entorno escolar, que no siempre era su propia escuela. Así pues, el entorno físico en el que la infancia se encuentra con profesionales del trabajo social puede reforzar de diversas maneras su sensación de seguridad.

3.1.3 Confianza

La infancia expuesta a VD suele sentir una desconfianza general hacia las personas adultas y las autoridades, arraigada en temores o experiencias previas de vulneración de la confidencialidad (Cater, 2014; Eriksson, 2009), de apoyo insuficiente (Stanley et al., 2012; Swanston et al., 2014) o de respuestas excesivamente celosas (Cater, 2014). Puede que por eso muchos estudios subrayaran la importancia de que la infancia se encuentre con profesionales del trabajo social a quienes perciba como dignos de confianza (Callaghan et al., 2019; Coburn & Gormally, 2014; McCarry et al., 2021; Pernebo & Almqvist, 2016; Perry & Frampton, 2018). Pernebo y Almqvist (2016) señalaron que, en la orientación grupal, la infancia más pequeña consideraba digno de confianza al personal de trabajo social si parecía bienintencionado y responsable. De modo similar, otros estudios hallaron que la infancia percibía como dignos de confianza a quienes la apoyaban y la ayudaban (Callaghan et al., 2019; Coburn & Gormally, 2014; McCarry et al., 2021). El grado de confianza puede influir en su disposición a revelar información delicada: «estar en un entorno de confianza permitía a las personas participantes expresarse y revelar cosas de las que antes no se habían sentido capaces de hablar» (Callaghan et al., 2019 p. 530). Sin embargo, en algunos casos es necesario construir una relación positiva con la persona profesional para que la niña o el niño confíe en ella (Cater, 2014; McCarry et al., 2021). En conjunto, la infancia valora a profesionales del trabajo social en quienes pueda apoyarse y confiar, y que den prioridad a la confidencialidad salvo que la consulten antes. Establecer la confianza con la infancia exige tiempo y esfuerzo por parte del trabajo social.

Que el personal de trabajo social sea accesible y pueda ofrecer un espacio seguro y ayuda exige que su organización dé prioridad a las necesidades de la infancia expuesta a VD. No obstante, cada profesional puede tomar decisiones inclusivas basadas en otras dimensiones mencionadas por estos menores.

3.2 Inclusión

Muchos menores subrayaron la importancia de la inclusión en sus encuentros con profesionales del trabajo social, lo que abarcaba diversos elementos como el acceso a la información, la flexibilidad, la elección y el empoderamiento.

3.2.1 Información

Los estudios destacaron que la infancia valoraba a profesionales del trabajo social que le proporcionaban información sobre su situación (Coburn & Gormally, 2014; Eriksson, 2009; Eriksson, 2012; Stanley et al., 2012), explicada de manera adecuada a su edad y comprensible (Coburn & Gormally, 2014; Eriksson, 2009). Sin embargo, muchos menores, sobre todo los más pequeños, no reciben una información adecuada (Beetham et al., 2019; Cater, 2014), lo que puede convertirse en una fuente de preocupación (Beetham et al., 2019). Aunque algunos intentan afrontarlo haciendo preguntas o mirando las notas del personal de trabajo social (Eriksson, 2012), hay que reconocer el desequilibrio de poder entre la infancia expuesta a VD y el trabajo social. Al trabajo social le corresponde la responsabilidad de compartir la información con la infancia, y debe tener en cuenta que hacerlo puede aliviar su estrés y su ansiedad.

3.2.2 Flexibilidad

La infancia valoraba asimismo a profesionales del trabajo social descritos como flexibles, empáticos y sensibles a sus necesidades (Cater, 2014; Eriksson, 2012; Källström & Thunberg, 2019). La flexibilidad remitía en particular a la disposición a adaptar el formato del encuentro a las necesidades y al estado emocional de la niña o el niño (p. ej., Eriksson, 2012; Källström & Thunberg, 2019). Por ello, es crucial que el personal de trabajo social responda a las señales de la infancia y adopte un enfoque adecuado a la edad que le permita influir en el encuentro y en la conversación (p. ej., Eriksson, 2012). Esto aumenta la probabilidad de que el encuentro se perciba como significativo, lo que puede prevenir resistencias (McManus et al., 2013; Phillips & Phillips, 2010). Por ejemplo, Källström y Thunberg (2019) informaron de que muchos adolescentes tenían dificultades para expresarse verbalmente y consideraban útiles las preguntas directas para hablar de sus experiencias. Así pues, el personal de trabajo social debe estar dispuesto a ajustar el formato del encuentro a la edad y las necesidades de cada menor.

3.2.3 Elección

Otro elemento de la inclusión que surgió de los estudios fue la noción de elección, que incluía la posibilidad de participar en la orientación según sus propios términos, sin sentirse presionados a decir o hacer nada (Beetham et al., 2019; Callaghan et al., 2019; Cater, 2014; Coburn & Gormally, 2014; Pernebo & Almqvist, 2016). La infancia valoraba poder tomar decisiones sobre su participación (Coburn & Gormally, 2014), lo que puede darle una sensación de control. Sin embargo, puede haber situaciones en las que no sea apropiado implicar a la infancia en las decisiones, como las intervenciones de protección urgentes, aunque aun así puede incluírsela en determinadas fases del proceso. Cater (2014) describió cómo se implicaba a la infancia en las decisiones sobre la orientación: a algunos menores, el personal de trabajo social y otras personas adultas los animaban a probarla, y después decidían si continuar. Sin embargo, quienes no tenían posibilidad de elegir en sus encuentros con profesionales del trabajo social durante la orientación o las investigaciones en derecho de familia eran más propensos a negarse a hablar o a no participar en absoluto (Cater, 2014; Eriksson, 2012). En conjunto, ofrecer a la infancia la posibilidad de elegir sobre su participación puede aumentar su sensación de control y dar lugar a una interacción más significativa y positiva con el trabajo social.

3.2.4 Empoderamiento

Los estudios han identificado diversas acciones del personal de trabajo social que pueden empoderar a la infancia, como tomarla en serio y no tratarla como inferior (Beetham et al., 2019; Callaghan et al., 2019; Källström & Thunberg, 2019; Swanston et al., 2014; Willis et al., 2010). Empoderar a la infancia puede tener un efecto positivo en su confianza y en su capacidad de probar cosas nuevas (Callaghan et al., 2019; Källström & Thunberg, 2019). Además, según Willis et al. (2010), «el respeto y la sensibilidad hacia aspectos de su mundo vital pueden servir de base para el autoempoderamiento adolescente y para facilitar la curación de heridas que no son meramente físicas» (Willis et al., 2010 p. 556).

El trabajo social también puede empoderar a la infancia ayudándola a centrarse en las posibilidades futuras, generando esperanza y facilitando el proceso de afrontamiento (Callaghan et al., 2019). Stanley et al. (2012) subrayaron la importancia de que el trabajo social proteja a la infancia y a sus familias para no reforzar su sentimiento de impotencia ante la violencia de la persona agresora. Por tanto, recibir protección es importante para la seguridad y el bienestar de la infancia, pero también para su sensación de control y su confianza. Así, estos menores valoran que el personal de trabajo social los incluya en la definición del marco del encuentro y reconozca sus experiencias dentro de ese marco.

3.3 Reconocimiento

El reconocimiento incluye reconocer la necesidad de la infancia de hablar de la violencia, de que sus experiencias sean validadas, de comprender los límites de su responsabilidad y de que se reconozcan sus distintas identidades.

3.3.1 Buenos interlocutores

La infancia valoraba a profesionales del trabajo social abordables, amables y con quienes fuera fácil hablar (Coburn & Gormally, 2014; Fotheringham et al., 2013; Roy et al., 2021), y que supieran escuchar (Källström & Thunberg, 2019; Perry & Frampton, 2018; Stanley et al., 2012). Hablar de sus experiencias de maltrato con profesionales del trabajo social hacía que muchos menores se sintieran mejor y les ayudaba a tomar distancia del maltrato (Källström & Thunberg, 2019; McManus et al., 2013; Pernebo & Almqvist, 2016; Perry & Frampton, 2018). Källström y Thunberg (2019 p. 556) constataron que «la gente joven describía como un alivio y un placer no tener ya que pensar todo el tiempo en la violencia, ahora, después de la orientación». No obstante, parte de la infancia prefería no pensar ni hablar del maltrato (Åkerlund & Sandberg, 2017; Pernebo & Almqvist, 2016), posiblemente por miedo a que resurgieran traumas pasados al pensar en sus experiencias (Källström & Thunberg, 2019; Pernebo & Almqvist, 2016). Algunos menores, aun sin sentir la necesidad de hablar ellos mismos del maltrato, reconocían su valor y animaban a otros a hacerlo (Åkerlund & Sandberg, 2017). En cualquier caso, una persona profesional del trabajo social capaz de actuar como interlocutora es valorada por muchos menores y podría ayudarles a afrontar sus experiencias difíciles.

3.3.2 Validación

Los estudios mostraron que la infancia deseaba ser validada por el personal de trabajo social, lo que implicaba una escucha activa y la comprensión de sus experiencias de violencia (Willis et al., 2010; Fotheringham et al., 2013; Stanley et al., 2012; McManus et al., 2013; Swanston et al., 2014; Pernebo & Almqvist, 2016; Beetham et al., 2019; Callaghan et al., 2019; Källström & Thunberg, 2019; McCarry et al., 2021). Pese a estar directamente afectados por la violencia, muchos menores relataron experiencias de no ser escuchados (Eriksson, 2009; McCarry et al., 2021; Swanston et al., 2014), de no ser creídos al revelar el maltrato al personal de trabajo social (Eriksson, 2009) y de que se les hicieran repetidamente las mismas preguntas (Beetham et al., 2019). Tales experiencias indican una falta de validación. En lugar de una actitud displicente, la infancia deseaba profesionales que la hicieran sentir cómoda mediante la comprensión (Willis et al., 2010; Fotheringham et al., 2013) y una actitud que no juzgara (Källström & Thunberg, 2019; Stanley et al., 2012). Stanley et al. (2012) y Källström y Thunberg (2019) mostraron que la validación podía lograrse cuando el personal de trabajo social tomaba en serio a la infancia y respondía de forma adecuada a la gravedad de su situación. Así pues, las necesidades y opiniones de la infancia que vive con VD suelen pasarse por alto. Profesionales del trabajo social que la escuchan, la comprenden y la validan pueden ayudar a remediarlo y reforzar la alianza.

3.3.3 Aligerar la carga de la responsabilidad

Varios estudios han mostrado que la infancia en orientación valora que el personal de trabajo social la ayude a comprender su situación y los límites de su responsabilidad respecto de la violencia (Callaghan et al., 2019; Fotheringham et al., 2013). La infancia expuesta a VD puede culparse por no haber impedido la violencia y la intervención de los servicios públicos. La amenaza implícita de ser separada del hogar podría afectar negativamente a su bienestar. Ayudarla a darse cuenta de que no es responsable puede aliviar esa carga y mejorar su bienestar. Sin embargo, Phillips y Phillips (2010) advirtieron que el personal de trabajo social puede encontrar resistencias al abordar la responsabilidad de la persona agresora en la violencia, sobre todo cuando la niña o el niño se niega a hablar de la violencia o a reconocerla. Por tanto, es valioso que el trabajo social ayude a la infancia a aligerar la carga de la responsabilidad, pero puede resultar difícil si no ha revelado la violencia. Es menos probable que la infancia revele la violencia si se culpa a sí misma, lo que subraya la importancia de aliviar la autoinculpación como paso crucial en el proceso de revelación.

3.3.4 Reconocer las distintas identidades

Los estudios sobre la orientación también han mostrado que la infancia expuesta a VD apreciaba a profesionales del trabajo social que reconocían sus diversas identidades, y no solo la de víctima de la violencia (Beetham et al., 2019; Källström & Thunberg, 2019; Phillips & Phillips, 2010) o la de posible futuro agresor, en el caso de los chicos expuestos a VD (Phillips & Phillips, 2010). Fotheringham et al. (2013) constataron que la infancia valoraba a profesionales que se esforzaban por conocerla. Otros estudios indicaron que apreciaba a profesionales que hablaban de otros aspectos de su vida y la respetaban (Beetham et al., 2019; Källström & Thunberg, 2019; Phillips & Phillips, 2010). Como señalaron Beetham et al. (2019), «no querían que el grupo interfiriera con otras cosas de su vida, como las clases, ver a sus amistades y otras actividades» (p. 571). Por tanto, debe tenerse en cuenta el momento de las sesiones de orientación, que rara vez tienen que celebrarse de inmediato. Además, el personal de trabajo social debería mostrar interés por la vida de la infancia y por sus intereses en todos los encuentros, sea cual sea el servicio prestado. Si bien la infancia expuesta a VD aprecia el reconocimiento en sus múltiples formas, también valora los momentos de disfrute en estos encuentros.

3.4 Disfrute

Según los estudios, la infancia apreciaba divertirse y realizar actividades durante los encuentros con profesionales del trabajo social.

3.4.1 Diversión

Los estudios revisados contienen numerosos relatos de diversión y juego como experiencias positivas en la orientación, lo que indica que se trata de un aspecto central del disfrute para la infancia (Beetham et al., 2019; Callaghan et al., 2019; Källström & Thunberg, 2019; Pernebo & Almqvist, 2016). Las actividades no eran necesarias para divertirse, y algunos menores preferían divertirse a través de la relación (Beetham et al., 2019; Källström & Thunberg, 2019; Pernebo & Almqvist, 2016). Bromear juntos podía restar seriedad a la conversación y crear un ambiente más cómodo (Callaghan et al., 2019; Källström & Thunberg, 2019). Källström y Thunberg (2019) señalaron que esto ayudaba a la infancia a pensar menos en la violencia, aunque solo fuera por un rato. Pernebo y Almqvist (2016) sugirieron que también podía tener un efecto reparador. Así, la infancia que vive interacciones divertidas puede sentirse bien en el momento, y los efectos positivos pueden durar más allá del encuentro.

3.4.2 Actividades

La infancia valoraba también las actividades como elemento de disfrute durante la orientación y también durante las investigaciones en derecho de familia. Estas actividades incluían actividades artísticas (Callaghan et al., 2019; Eriksson, 2012; Fotheringham et al., 2013; Källström & Thunberg, 2019; Pernebo & Almqvist, 2016), juegos (Källström & Thunberg, 2019), tomar un tentempié (Eriksson, 2012) y actividades físicas como bailar (Callaghan et al., 2019). Las actividades eran especialmente apreciadas por los menores inquietos a quienes les costaba quedarse quietos (Eriksson, 2012; Beetham et al., 2019; Callaghan et al., 2019), algo frecuente en la infancia expuesta a VD. Las actividades cumplían distintas funciones en los encuentros: simbolizaban la acogida y el cuidado, facilitaban que la infancia hablara de sus experiencias, desviaban su atención de la violencia o le permitían tomarse un respiro por completo (véase Beetham et al., 2019; Eriksson, 2012; Källström & Thunberg, 2019; McManus et al., 2013). Sin embargo, McManus et al. (2013 p. 298) describieron que «aunque muchas de las actividades se habían diseñado para facilitar las conversaciones sobre el maltrato, parte de la infancia sentía que no había pasado suficiente tiempo hablando de su experiencia». Esto indica que las actividades no son apreciadas por toda la infancia y que podrían desviar demasiado la atención del tema, lo que muestra la importancia de atender a las necesidades individuales.

En resumen, esta revisión muestra que la infancia expuesta a VD valora dimensiones que abarcan los requisitos organizativos, lo que el personal de trabajo social puede ofrecerle y las decisiones que este toma durante el encuentro.

4 DISCUSIÓN

Los principales resultados de esta revisión de la investigación sobre lo que la infancia expuesta a VD valora en sus encuentros con profesionales del trabajo social son que valora (1) los requisitos básicos, (2) la inclusión, (3) el reconocimiento y (4) el disfrute. Algunos de estos temas y elementos están interrelacionados. Por ejemplo, al dar información a una niña o un niño, la persona profesional puede favorecer su empoderamiento, y ofrecerle una actividad durante el encuentro puede ser una manera de mostrar flexibilidad. Es posible que algunos de los elementos que la infancia valora requieran otros; por ejemplo, puede que sean necesarios un espacio seguro, la confianza, un buen interlocutor y la validación antes de poder abordar la cuestión de la responsabilidad por la violencia. Algunos de estos hallazgos pueden estar relacionados con el hecho de que nuestro estudio trata sobre la infancia: por ejemplo, valorar un formato flexible y el disfrute puede ser especialmente pertinente e importante para la gente joven. Otros hallazgos reflejan muy probablemente las necesidades y los deseos de las víctimas de violencia, como valorar un espacio seguro, la confianza y el reconocimiento mediante la validación, verse liberadas de la responsabilidad por la violencia y que se reconozcan sus distintas identidades. Además, algunos elementos exigen recursos organizativos, sobre todo en tiempo: por ejemplo, que la persona profesional sea accesible, pueda ver a la niña o el niño varias veces para construir la confianza y quizá que los encuentros duren lo suficiente para permitir actividades; pero la mayoría son acciones que cada profesional puede decidir llevar a cabo en cualquier encuentro.

4.1 Implicaciones para las políticas, los servicios y la práctica

Los estudios incluidos en esta revisión parecen bastante coherentes en lo que informan. Aunque ningún estudio recoge todos los temas o elementos, muchos señalan elementos similares, lo que da lugar a un amplio abanico de oportunidades para que la práctica profesional responda a los deseos y necesidades de la infancia. Los resultados indican así cómo puede llevarse a la práctica la sensibilidad al trauma (Levenson, 2017) para ajustarse a las necesidades, preferencias y deseos de la infancia expuesta a VD. Lo que tienen en común los elementos identificados es que todos son potencialmente pertinentes para profesionales de los servicios sociales, los servicios de protección de la infancia, la policía, las escuelas, los servicios de salud o las ONG que atienden a menores víctimas en su trabajo, y muchos pueden utilizarse en los encuentros sin generar costes adicionales para la organización. Si desarrolla su práctica en consonancia con los resultados de esta revisión, el trabajo social podría relacionarse con estos menores de formas que valoran y aumentar así las bajas tasas actuales de revelación de experiencias de VD (cf. Graham-Bermann et al., 2011; Howell et al., 2015; Ullman, 2011). Hacerlo también podría ayudar a reducir la distancia entre lo que se ofrece a la infancia y lo que esta percibe como un apoyo del que puede beneficiarse (cf. Humphreys et al., 2011; Thunberg, 2022). Los países sin políticas ni sistemas de VD bien desarrollados pueden leer nuestros resultados como un estímulo para desarrollar servicios que ofrezcan lugares seguros y accesibles donde hablar de la violencia de forma confidencial.

Creemos que incorporar el conocimiento sobre lo que valora la infancia a la manera de llevar los encuentros con ella debería ser un objetivo de la prestación de servicios, en particular cuando ha sido victimizada por progenitores que deberían haberla protegido. Es razonable suponer que quienes incorporan a su práctica los elementos que la infancia valora aumentarán sus posibilidades de establecer una buena relación. Por tanto, a partir de los resultados de esta revisión, cabe plantearse preguntas como: ¿cuáles de los elementos hallados en este estudio pueden incorporarse a las investigaciones y entrevistas de los servicios de protección de la infancia? ¿Cuáles pueden incluirse en modelos de apoyo estructurados mediante manuales? Si esto puede mejorar la eficacia de los servicios y el bienestar de la infancia es una cuestión empírica. Sin embargo, este estudio no puede ayudar a la práctica profesional a comprender cuáles de los elementos son los más cruciales ni a establecer prioridades entre ellos. No permite determinar si algunos de los elementos identificados son requisitos previos esenciales para que la infancia hable de sus experiencias, frente a elementos que valora pero que podrían considerarse opcionales más que esenciales. Así pues, nuestros resultados respaldan el llamamiento de LaLiberte et al. (2010) a una formación centrada en las maneras de implicar y apoyar a la gente joven que vive o ha vivido VD.

4.2 Implicaciones para la investigación futura

La revisión muestra también que la investigación aún tiene muchas preguntas por responder. En primer lugar, se trata de un ámbito poco investigado, por lo que se necesita más investigación, que sería valiosa para lograr una comprensión más completa. En segundo lugar, parte de la infancia, como la de muy corta edad o con discapacidad, es invisible en la investigación. En tercer lugar, no siempre se especificaba el género de los menores participantes, y varios estudios incluían una amplia franja de edades sin precisar si los resultados variaban según la edad. En cuarto lugar, faltan por completo estudios comparativos en este campo, por ejemplo en relación con las experiencias de la infancia, el momento del maltrato, los tipos de consecuencias (cf. Holt et al., 2008) y los recursos para resistir o recuperarse (cf. Howell et al., 2010). También están justificados estudios que examinen si existen diferencias de edad, de género o culturales. Además, como nuestros resultados se parecen mucho a los de investigaciones con menores maltratados por un progenitor u otras personas (Jernbro et al., 2017; Lev-Wiesel et al., 2014; Ungar et al., 2009), también podría valer la pena dilucidar si la naturaleza de la victimización está relacionada con lo que la infancia valora en sus encuentros con profesionales del trabajo social. La investigación cuantitativa podría contribuir a comprender mejor si menores de distintas edades o de distintos entornos culturales, expuestos a diferentes formas de violencia u otros delitos, valoran elementos distintos y cuáles se valoran más que otros. ¿Son estos elementos igual de importantes para toda la infancia, o podrían jerarquizarse? ¿Pueden algunos elementos valorados compensar la ausencia de otros? Por ejemplo, un par de estudios mostraron que, incluso cuando no se ofrecía ninguna estrategia de inclusión, la infancia podía percibir el encuentro como positivo y sentirse reconocida (Cater, 2014; Eriksson, 2009). Este conocimiento podría ser valioso para el trabajo social que busca mejorar su apoyo, y podría orientarlo a la hora de determinar si «una talla única no sirve para todos», como sugieren Prinz y Feerick (2003), o si lo que valora la infancia expuesta a VD es bastante general.

Otra línea de investigación que sugiere este estudio consiste en examinar si alguno de estos elementos está relacionado con la recuperación de la infancia tras haber vivido VD. ¿Se adaptan a distintos contextos de prestación de servicios los manuales que establecen un equilibrio diferente entre las técnicas, por un lado, y elementos comunes como la flexibilidad, la aceptación y la empatía, por otro? ¿Influye en la resiliencia o la recuperación de la infancia que el trabajo social aborde o no activamente estos elementos? ¿Son más o menos importantes para su recuperación que los métodos específicos, en particular si se tienen en cuenta los síntomas y trastornos relacionados con la salud, así como los conceptos más amplios que la propia infancia incluye en su comprensión del éxito de una intervención (cf. Howarth et al., 2015)?

4.3 Limitaciones y fortalezas

Algunas carencias de esta revisión merecen atención. Lo que podemos informar depende de los detalles presentados por la autoría de los 18 estudios incluidos. Por ejemplo, la duración y la gravedad de la violencia a la que estuvieron expuestos los menores de estos estudios suelen ser poco claras. Asimismo, los estudios difieren en la claridad con que discuten la representatividad de sus resultados para las poblaciones investigadas, y no reflejan proporcionalmente el problema a escala mundial. Además, pedimos a quien lee que tenga en cuenta que, aunque esta revisión incluye 18 estudios publicados, estos se basan solo en 16 conjuntos de datos. Dada la naturaleza de nuestro estudio, creemos que nuestros resultados no se ven afectados por ello. Por otra parte, aunque algunos elementos valorados por la infancia se identificaron en un mayor número de estudios, no afirmaríamos que sean más importantes que los identificados en menos estudios. La fortaleza de la revisión reside en el proceso de búsqueda estructurado y exhaustivo que se llevó a cabo y en la visión de conjunto del campo, completa y a la vez breve y concentrada. Otras fortalezas del estudio son que se basa en información procedente de la propia infancia, lo que permite una comprensión desde la perspectiva de quienes están directamente implicados, y que aporta un conocimiento que va más allá de los estudios originales y puede ser valioso para el desarrollo futuro del apoyo a estos menores.

4.4 Conclusiones

En sus encuentros con profesionales del trabajo social, la infancia expuesta a VD valora ciertos requisitos básicos, como la accesibilidad, un lugar seguro donde estar y la confianza. Además, aprecia la inclusión, que puede vivir al recibir información, flexibilidad, posibilidades de elección y empoderamiento. Otro aspecto importante es el reconocimiento: contar con profesionales que sean buenos interlocutores, que validen, que ayuden a aligerar la carga de la responsabilidad y que reconozcan las distintas identidades de la niña o el niño. Por último, la infancia valora también el disfrute, que encuentra al divertirse y realizar actividades durante el encuentro.

Quienes trabajan con esta infancia deberían tomar nota de estos elementos, ya que incorporarlos puede ayudarla a sentirse más a gusto y crear una relación positiva con la persona profesional. Esto, a su vez, podría ayudarla a sentirse más cómoda para revelar sus experiencias y permitir que se le ofrezca un apoyo ajustado a sus necesidades particulares.

No está claro cuál de estos elementos es el más importante ni si abordarlos activamente en la práctica marca una diferencia importante. Por tanto, se necesita más investigación para comprender mejor el impacto que estos elementos pueden tener en la infancia y cómo pueden utilizarlos los equipos profesionales para mejorar su trabajo.

Complexe Systémique: puntos clave

El mérito de esta revisión es que parte de lo que dice la infancia y no de lo que miden los programas. Lo que valora es menos una técnica que un marco relacional: un lugar seguro y previsible, una persona fiable que guarda la confidencialidad, una información adaptada a su nivel, el derecho a elegir, la validación de lo vivido, verse liberada de una responsabilidad que no le corresponde, ser vista más allá de la condición de víctima e incluso momentos de diversión. Para la práctica sistémica, la lección recoge una intuición antigua: es la calidad de la relación la que hace posible la palabra, y una niña o un niño que se cree responsable de la violencia guardará silencio. Conviene, no obstante, mantener la cautela: pocos estudios, en su mayoría británicos o suecos, ausencia de la primera infancia y de la infancia con discapacidad, y ninguna jerarquía entre los elementos indispensables y los simplemente apreciados. Para leer junto con el artículo sobre el lugar de la niña o el niño en los servicios de terapia familiar tras la violencia familiar y el artículo sobre las díadas madre-hija expuestas conjuntamente a la violencia doméstica.

Notas del original

Agradecimientos. Esta revisión fue financiada por Forskningsrådet om Hälsa, Arbetsliv och Välfärd (FORTE; número de subvención 2019-01470). Los hallazgos y las conclusiones son obra de las autoras, y la entidad financiadora no ha participado en la investigación.

Declaración de conflicto de intereses. Las autoras declaran no tener ningún conflicto de intereses.

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Traducción no oficial al español de What children exposed to domestic violence value when meeting social workers: A practice-oriented systematic research review, de Martina Vikander y Åsa Källström, Child & Family Social Work, vol. 29, n.º 1 (2024), doi: 10.1111/cfs.13073, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia (texto traducido, tablas presentadas en forma de listas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Esta es una traducción no oficial al español del artículo original «What children exposed to domestic violence value when meeting social workers: A practice-oriented systematic research review», publicado en Child & Family Social Work (2024) bajo licencia CC BY 4.0. Traducida por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial y adaptada para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Vikander, M., et Källström, Å. (2024). What children exposed to domestic violence value when meeting social workers: A practice-oriented systematic research review. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/what-children-exposed-to-domestic-violence-value-when-meeting-social-workers (Obra original publicada en 2023 en Child & Family Social Work, 29(1), 287-298 (2024); republicada en 2024 por Child & Family Social Work, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/cfs.13073)

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