Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Journal of Marital and Family Therapy · Terapia familiar

Me hizo pensar: el impacto de participar en una entrevista sobre la decisión de divorciarse

¿Y si el simple hecho de que te pregunten si quieres divorciarte ya cambiara algo? Un año después de una entrevista de investigación sobre la decisión de divorciarse, 22 personas casadas en Estados Unidos describen lo que provocó: hablar les hizo pensar, pensar les hizo actuar y la conversación resultó, para su sorpresa, terapéutica. El equipo publica su guía de entrevista para el uso clínico.

Autoría Shauna R. Fenske y Steven M. Harris (Department of Family Social Science, University of Minnesota, USA); Jacqueline LaPlant-Braughton (Butler Center for Research, Hazelden Betty Ford Foundation, Minnesota, USA); Sarah Allen (Department of Family Life and Human Development, Southern Utah University, Utah, USA); Kelly Roberts (Psychology and Family Science, Oklahoma Christian University, Oklahoma, USA); Grace Anderson (Human Development and Family Science, East Carolina University, North Carolina, USA)Primera publicación Journal of Marital and Family Therapy, 21 de agosto de 2024Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de It got me thinking: The impact of participating in a divorce decision-making interview, de Shauna R. Fenske, Steven M. Harris, Jacqueline LaPlant-Braughton, Sarah Allen, Kelly Roberts y Grace Anderson, publicado en Journal of Marital and Family Therapy (Wiley) (2024), doi: 10.1111/jmft.12735, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla del apéndice (guía de entrevista) se presenta en forma de lista. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Formular estas preguntas concretas de la entrevista, sin una agenda explícita a favor del divorcio o del compromiso de trabajar en el matrimonio, puede abrir un espacio para que surja una comprensión adicional tanto en quien ejerce la terapia como en la persona consultante.

Shauna R. Fenske, Steven M. Harris, Jacqueline LaPlant-Braughton, Sarah Allen, Kelly Roberts y Grace Anderson

Resumen

Aunque existe literatura que documenta las razones y las consecuencias del divorcio, la investigación sobre el proceso de decisión de divorciarse es limitada. El equipo de investigación del National Divorce Decision-Making Project entrevistó (n = 30) a personas que se encontraban en pleno proceso de decidir si divorciarse. Un año después realizó una segunda entrevista (n = 22) con la misma muestra para detectar posibles cambios en la ideación de divorcio de las personas participantes. El presente estudio expone los resultados de un análisis temático de las respuestas a la última pregunta: «¿Qué impacto tuvo la primera entrevista en su manera de pensar sobre el futuro de su matrimonio?». De los datos surgieron tres temas destacados: (1) hablar me hizo pensar, (2) pensar me hizo actuar y (3) la conversación fue (sorprendentemente) terapéutica. La autoría señala posibles implicaciones clínicas y líneas para la investigación futura.

En los últimos 30 años, en Estados Unidos, las tasas de divorcio casi se han duplicado entre las personas mayores de 35 años (Kennedy & Ruggles, 2014). En la percepción pública, la mitad de los primeros matrimonios en Estados Unidos terminará en divorcio (Amato, 2000; Stanley, 2015). Aunque determinar la tasa real de divorcio es complicado, depende en gran medida del método y del enfoque utilizados, y se ha visto afectado recientemente por la evolución de las tendencias demográficas (legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, aumento de la edad al primer matrimonio, crecimiento de la cohabitación, etc.) y por la pandemia, un debate académico sobre el tema estima una tasa de divorcio del 42 – 45% en Estados Unidos (Stanley, 2015). El divorcio afecta claramente a muchos matrimonios. Además, Hawkins et al. (2017) constataron que el 53% de las personas casadas encuestadas habían pensado, en el pasado o recientemente, en el divorcio como solución a sus problemas conyugales. Si bien la literatura es abundante en estudios sobre las consecuencias y las razones del divorcio, el conocimiento sobre el proceso de decisión de divorciarse está todavía en sus inicios. El equipo del National Divorce Decision Making Project ha aportado información mediante enfoques tanto cuantitativos (Allen et al., 2021; Galovan et al., 2022; Hawkins et al., 2017) como cualitativos (Bell et al., 2018; Crabtree et al., 2018; Harris et al., 2017, 2022) para comprender la ideación de divorcio. A medida que crece esta literatura dedicada a la ideación de divorcio, nos interesaba saber qué impacto había tenido hablar de ella en las personas que participaron en estas entrevistas. El equipo de investigación del presente estudio plantea la pregunta: «¿Qué impacto tuvo la participación en una entrevista de investigación sobre la decisión de divorciarse en la manera en que las personas participantes pensaban sobre su situación conyugal o actuaban al respecto?». Este estudio presenta los resultados de esa indagación.

Aunque participar en un estudio de investigación no garantiza ningún beneficio personal, existen algunos indicios de que las personas participantes pueden beneficiarse de implicarse en proyectos de investigación, y de que la participación puede tener un impacto en sus vidas (Dyregrov et al., 2000). En lo que respecta a la ideación de divorcio, en la que buena parte de la reflexión suele hacerse en privado (Fackrell, 2012; Vaughan, 1986), nos preguntamos qué impacto tendría en los pensamientos o en las acciones posteriores a la entrevista hablar con otra persona de lo que se piensa sobre divorciarse. Para situar el contexto, ofreceremos primero una visión general de la literatura sobre la ideación de divorcio y el proceso de decisión de divorciarse. A continuación, revisaremos la literatura sobre los efectos de participar en una investigación, con especial atención a los beneficios personales que puedan asociarse a ella.

REVISIÓN DE LA LITERATURA

Divorcio e ideación de divorcio

El divorcio puede ser un proceso arduo, capaz de transformar una vida, que afecta a todos sus ámbitos y tiene consecuencias duraderas para todas las personas implicadas (Doherty et al., 2011). Si bien las razones y las consecuencias del divorcio están bien establecidas (Amato, 2000; Hawkins et al., 2017; Kennedy & Ruggles, 2014), el proceso de pensar si divorciarse o no, y las experiencias de quienes se encuentran en medio de un proceso de ideación de divorcio, apenas empiezan a recibir atención empírica (Galovan et al., 2022; Hawkins et al., 2017).

La decisión de divorciarse está llena de incertidumbre, ya que las personas deben orientarse en la complejidad y en las dimensiones desconocidas de su impacto (Harris et al., 2017). La literatura académica ha denominado este proceso de decisión «ideación de divorcio» (Hawkins et al., 2017). Dada su naturaleza delicada, puede que la ideación de divorcio no se comente con frecuencia; sin embargo, está muy extendida. El trabajo de Hawkins y su equipo sugiere que hasta el 53% de las personas casadas ha pensado en el divorcio al menos una vez en su matrimonio, y que aproximadamente el 25% había tenido esos pensamientos en los últimos 6 meses (2017). Además, se observó que los pensamientos de divorcio se mantenían estables durante los primeros quince años de matrimonio, lo que significa que, si alguien pensaba en el divorcio al principio del matrimonio, esos pensamientos no remitían hasta los 16 años de matrimonio o más (Hawkins et al., 2017). Esto sugiere que la ideación de divorcio no solo está extendida, sino que en algunos casos puede ser crónica.

Las personas que experimentan ideación de divorcio no son todas iguales, y el mero hecho de pensar en el divorcio no significa que sea inminente (Hawkins et al., 2017). Hawkins et al. descubrieron distintos «tipos» de pensamiento sobre el divorcio en su muestra. Aproximadamente la mitad de quienes pensaban en el divorcio (49%) se clasificó en la categoría de «pensamiento leve». Se trataba de personas que pensaban en el divorcio con poca frecuencia, parecían más esperanzadas respecto al futuro de su matrimonio y tendían más a creer que sus problemas conyugales podían resolverse si uno o ambos miembros de la pareja recibían algún tipo de ayuda.

En cambio, un segundo grupo se clasificó en la categoría de «pensamiento serio y prolongado» sobre el divorcio (el 45% de todas las personas de su muestra que pensaban en el divorcio). Las personas de esta categoría tendían a tener pensamientos de divorcio más crónicos, que se prolongaban durante años de matrimonio. Respecto a este grupo, Hawkins et al. (2017) indican que estas personas experimentaban

una pérdida significativa de conexión y un conflicto considerable, y pensaban más en el divorcio y llevaban más tiempo haciéndolo. Las personas de pensamiento serio y prolongado también estaban, en promedio, menos comprometidas con el futuro del matrimonio y con la resolución de sus problemas. (p. 861)

Sin embargo, este grupo también indicó que buscaba más claridad en sus reflexiones sobre una decisión de divorcio.

Una última categoría se denominó «pensamiento en conflicto» y representaba solo el 6% de las personas de la muestra con ideación de divorcio. Este grupo estaba formado por personas que pensaban con frecuencia en el divorcio y tenían problemas graves y persistentes en su matrimonio, pero obtenían puntuaciones sorprendentemente altas en cuanto a la esperanza de que su situación conyugal pudiera cambiar. También indicaron que se sentirían «un fracaso» si llegaran a divorciarse. El treinta y tres por ciento de las personas de este grupo indicó que había «terminado» con su matrimonio.

Dado el impacto considerable del divorcio en las personas y sus familias, los distintos niveles de reflexión y de acción respecto al divorcio pueden deberse a la falta de claridad y de confianza que las personas declaran al decidir si divorciarse o seguir casadas (Harris et al., 2017). Según Harris et al. (2017), quienes se encuentran en pleno proceso de decisión de divorciarse se enfrentan a pensamientos de incertidumbre y miedo fluctuantes. Estos pensamientos llevan a buscar claridad y confianza examinando momentos decisivos que validen la decisión (por ejemplo, circunstancias o experiencias) y esperando a estar seguras de tomar «la decisión correcta». Estos hallazgos coinciden con lo observado en otros estudios: la ideación de divorcio no es un fenómeno estático, sino dinámico, y fluctúa a lo largo de la relación (Allen et al., 2021; Hawkins et al., 2017).

Ideación de divorcio y terapia de pareja

La falta de claridad y de confianza que experimentan las personas durante el proceso de decisión de divorciarse puede llevar a muchas a buscar ayuda profesional en forma de asesoramiento matrimonial o de terapia de pareja. Sin embargo, la terapia de pareja se basa en la idea de que ambos miembros de la pareja están comprometidos con la relación a pesar de los problemas que han identificado. Lamentablemente, los modelos tradicionales de terapia de pareja descuidan las necesidades y los objetivos divergentes de las llamadas parejas de «agenda mixta» (un miembro de la pareja se inclina por el matrimonio y el otro se inclina por salir de él o se muestra ambivalente sobre seguir casado), que, según las estimaciones, representan aproximadamente el 30% de las parejas que acuden a terapia de pareja (Doherty et al., 2016a). De hecho, un estudio constató que la dificultad que se suponía en proponer la terapia al otro miembro de la pareja era el mayor obstáculo para buscar ayuda (Jefferson et al., 2017). Debido a la complejidad de tratar a parejas de agenda mixta con modelos tradicionales, el personal clínico puede tener dificultades para ofrecer servicios eficaces. Por ello, se creó la orientación de discernimiento (discernment counseling) con el fin de proporcionar al personal clínico y a estas parejas de agenda mixta un andamiaje para alcanzar sus objetivos terapéuticos específicos (Doherty & Harris, 2017). La orientación de discernimiento se dirige específicamente a las parejas que se encuentran en la encrucijada de la decisión de divorciarse, y su objetivo clave es ayudar a las parejas a obtener más claridad y confianza para tomar una decisión sobre el futuro de su matrimonio.

La ambivalencia respecto a la decisión de seguir en un matrimonio o dejarlo no implica necesariamente el divorcio. De hecho, muchas personas que lidian con esta decisión pueden mostrarse ambivalentes ante el divorcio y entrar y salir de esa reflexión (Allen et al., 2021; Fackrell, 2012). Debido a la complejidad de tomar una decisión que transforma la vida, los miembros de la pareja clasificados como «inclinados a salir» pueden reflexionar en silencio sobre esta decisión durante muchos años para encontrar otras vías de seguir casados o de mantener el statu quo conyugal. La abogacía especializada en divorcios ha denominado este fenómeno «ambivalencia ante el divorcio» y señala que dificulta la resolución satisfactoria de un procedimiento de divorcio (Doherty et al., 2016a; Doherty, 2020), lo que contribuye a un proceso de divorcio más largo y prolongado. Sin embargo, algunas parejas se divorcian, ya que no parece haber otras opciones para resolver sus problemas conyugales. De hecho, un estudio de las tipologías de 624 parejas que solicitaban el divorcio constató que aproximadamente el 26% manifestaba ambivalencia y el 8% manifestaba no querer divorciarse (Doherty et al., 2016b). La ambivalencia ante el divorcio parece ser un fenómeno frecuente en el proceso de decisión de divorciarse.

En resumen, aunque las causas y los efectos del divorcio están bien establecidos en la literatura, la investigación sobre el proceso de decisión de divorciarse está todavía en sus inicios. Además, la identificación y la denominación de las «parejas de agenda mixta», y de sus necesidades particulares cuando buscan terapia (Doherty & Harris, 2017), exigen investigar más a fondo los procesos de decisión de divorciarse de esta población. Esta es la razón principal del presente estudio. Quienes trabajan en salud mental, en particular en terapia familiar, no saben realmente qué resulta útil o perjudicial para las personas y las parejas que se encuentran en esta encrucijada conyugal. Al presentar los resultados del presente estudio, esperamos ofrecer al ámbito de la salud mental más información sobre cómo entrevistar a personas y parejas que se encuentran en este espacio de decisión sobre el divorcio.

A continuación, y como parte integrante de la revisión de la literatura del presente estudio, examinamos de forma más general los posibles beneficios de participar en una investigación. Aunque participar en una investigación puede entrañar riesgos, centramos esta revisión en los posibles beneficios observados a través de la participación.

Impacto de la participación en una investigación

Participar en estudios de investigación puede ofrecer a las personas participantes un espacio para compartir relatos importantes que de otro modo no habrían revelado. Es posible que hayan tenido experiencias negativas previas al contar acontecimientos pasados, y la participación en una investigación puede brindarles oportunidades positivas de sentirse validadas y escuchadas (Hutchinson et al., 1994). Por ejemplo, personas participantes en duelo revelaron, en una entrevista de seguimiento, que participar en el estudio les había permitido contar su historia, a pesar de las intensas emociones sentidas durante la primera entrevista (Cook & Bosley, 1995). Otras poblaciones, como las poblaciones en riesgo y las afectadas por traumas, han afirmado que contar su historia en el marco de estudios de investigación les produce sentimientos catárticos y positivos (Dyregrov et al., 2000; Grace et al., 2016; Lakeman et al., 2013). Dicho de forma sencilla, hablar de la propia experiencia puede suscitar reflexión y abrir otra vía de sanación o de defensa de los propios derechos.

Las personas que participan en estudios de investigación interpersonales pueden obtener una mayor comprensión y mayores habilidades intra e interpersonales. En un estudio diseñado para examinar el impacto involuntario de las entrevistas de pareja en las parejas que participaban en estudios sobre el matrimonio, el 72% de las personas participantes indicó que implicarse en estos estudios había producido efectos positivos, como una mejor comprensión y una mejor comunicación (Bradbury, 1994). Otros estudios con entrevistas individuales han obtenido resultados similares (Bourne & Robson, 2013; Grace et al., 2016). Por ejemplo, Grace et al. (2016) constataron que las preguntas de investigación llevaban a las personas participantes a observar sus comportamientos interpersonales y a reflexionar sobre ellos. En un estudio longitudinal con personas afroamericanas entrevistadas sobre un procedimiento de salud, las personas participantes declararon que participar en el estudio y completarlo les había resultado beneficioso y empoderador (Castillo et al., 2012). Dyregrov et al. (2000) entrevistaron a familias refugiadas sobre su experiencia de participación en una investigación. Constataron que las parejas que participaron en entrevistas diádicas informaban de una mejor comunicación y de mayores habilidades parentales.

Aunque no es exhaustiva, la investigación anterior muestra que implicarse en determinadas investigaciones de las ciencias del comportamiento puede tener efectos positivos involuntarios, como una mayor comprensión y mayores habilidades intra e interpersonales. Así pues, en el presente estudio examinamos el impacto de participar en una entrevista sobre el proceso de decisión de divorciarse en personas que forman parte de una pareja en la que uno de sus miembros indicó haber pensado en el divorcio en los últimos 6 meses.

MÉTODO

Muestra

Las personas participantes procedían del conjunto de personas encuestadas en la primera oleada del National Divorce Decision-Making Project (n = 3000), personas (hombres y mujeres) de entre 25 y 50 años, casadas desde hacía al menos 1 año y con al menos un hijo o una hija viviendo en el hogar. Se preguntó a esta muestra si, en los últimos 6 meses, había pensado que su matrimonio estaba «en crisis». De las 3000 personas encuestadas inicialmente, 745 (alrededor del 25%) indicaron que se habían sentido así. De este grupo se seleccionaron 30 personas, según una serie de variables de estratificación (cohorte de edad, raza, género, esperanza respecto al matrimonio, actitudes ante el divorcio, etc.), para participar en entrevistas en profundidad sobre su ideación de divorcio personal. Los criterios de inclusión restringieron además el grupo de personas entrevistadas a quienes estaban dispuestas a ser entrevistadas, habían pensado en el divorcio en los últimos 6 meses y vivían con sus hijos e hijas (menores de 18 años). Las personas participantes fueron entrevistadas primero mediante una entrevista semiestructurada; la segunda entrevista fue una entrevista de seguimiento con ese mismo grupo aproximadamente 1 año después, para ver si sus respuestas sobre la ideación de divorcio habían cambiado y de qué manera. Debido a las bajas, la segunda fase de entrevistas contó con menos participantes de la muestra inicial (n = 22): 9 hombres y 13 mujeres. La mayoría de las personas participantes eran blancas, tenían estudios universitarios y un empleo a tiempo completo. La edad media de las personas entrevistadas era de 38 años y sus ingresos anuales medios se situaban entre 60 000 y 69 000 dólares. La duración media del matrimonio y el número medio de hijos e hijas eran, respectivamente, de 12,5 años y 1,7. De las 22 personas entrevistadas, 18 seguían casadas y 4 se habían divorciado en el momento de la segunda entrevista. La mayoría de las personas casadas declaró seguir pensando en el divorcio, aunque con una frecuencia que iba de «de vez en cuando» a «a menudo». Todas las personas participantes recibieron una compensación de 75 dólares por su participación en las entrevistas de la primera y de la segunda oleada.

Procedimiento de entrevista

El presente estudio se centra en las respuestas personales de las personas entrevistadas al proceso de entrevista de la primera oleada. En concreto, queríamos saber si participar en la entrevista sobre la decisión de divorciarse de la primera oleada había tenido algún impacto en su manera de pensar sobre su matrimonio después de la entrevista. El protocolo de entrevista de la primera oleada tenía un formato semiestructurado y se sometió a una prueba piloto en cuanto a contenido, duración y orden de las preguntas. La entrevista se centraba en elementos de la ideación de divorcio. Estos elementos incluían «el contexto, el significado y la construcción de sentido, los procesos de decisión, los momentos de claridad y confianza, la sensación de estar en un callejón sin salida, la identidad, el amor, la felicidad, la reconciliación y el grado en que su proceso de decisión era público o privado» (Harris et al., 2017, p. 87). Las entrevistas concluían ofreciendo a las personas participantes la oportunidad de explorar cualquier tema que no se hubiera tratado o que necesitara mayor aclaración.

La segunda entrevista, realizada aproximadamente 1 año después, consistía en las mismas preguntas, duraba unos 45 min y estaba diseñada para evaluar los mismos elementos del proceso de decisión de divorciarse que el protocolo de entrevista de la primera oleada. La principal diferencia entre los protocolos de la primera y de la segunda oleada era la inclusión de la siguiente pregunta en el protocolo de la segunda. Se preguntó a todas las personas participantes si «…la última conversación que mantuvo con nuestro equipo en este proyecto (primera oleada) tuvo algún impacto en su manera de pensar sobre el futuro de su matrimonio». Se utilizaron preguntas de seguimiento para aclarar las respuestas de las personas participantes y obtener una descripción adicional de lo que respondían, por ejemplo: «¿Puede decirme en qué le resultó útil? ¿Le vienen a la mente ejemplos concretos?». Todas las entrevistas se realizaron por teléfono, a cargo de equipos de investigación de tres universidades, y se grabaron en audio y se transcribieron para su posterior análisis.

Este estudio se centra específicamente en la pregunta planteada en la entrevista de seguimiento (segunda oleada) sobre el impacto de haber participado en la primera entrevista (primera oleada). Aunque la entrevista original se centraba en el proceso de decisión de divorciarse en sí y en la ideación de divorcio en general, nos interesaba específicamente descubrir si el hecho de que se les entrevistara sobre este tema delicado, la decisión de divorciarse, había provocado algún cambio en la persona participante, ya fuera en sus pensamientos o en sus acciones. Aunque intuíamos que una conversación así podía tener algún tipo de impacto, consideramos este estudio exploratorio y no nos pareció oportuno vincularlo a un enfoque teórico concreto que lo «guiara». Y, en coherencia con muchas tradiciones de investigación cualitativa (Braun & Clarke, 2006; Sandelowski, 2000), no creímos necesario fundamentar este estudio en un marco teórico específico.

Análisis

Abordamos los datos desde la perspectiva de un análisis temático general centrado en una pregunta de investigación concreta (¿Qué impacto tuvo participar en una entrevista sobre la ideación de divorcio?). Braun y Clarke (2006) señalan que este tipo de «análisis temático… está… guiado por el… interés analítico de quien investiga en el área… y está, por tanto, más explícitamente guiado por quien analiza» (p. 84). Seguimos de cerca su proceso en seis etapas. Este incluyó la familiarización de cada miembro del equipo de codificación con los datos, mediante la lectura individual de la totalidad de las transcripciones y reuniones semanales en equipo para comentar lo que veíamos surgir de los datos (etapa 1); la creación de códigos abiertos iniciales (etapa 2); y el análisis, la caracterización y la denominación de temas que producen un relato teórico de los datos (etapa 3). El equipo de investigación (de codificación) estaba formado por la persona responsable principal de la investigación, así como por una persona estudiante de posgrado y otra de grado. Este equipo estableció la fiabilidad intercodificación mediante la codificación conjunta de cada entrevista (después de que cada miembro revisara individualmente todas las transcripciones) y reuniones semanales para comentar los hallazgos analíticos y alcanzar un consenso de grupo sobre las nuevas formulaciones extraídas de los datos (etapa 4). Por último, pusimos nombre a los temas (etapa 5) y redactamos el informe final (etapa 6). Codificamos las 22 entrevistas, a pesar de haber alcanzado la saturación teórica de los temas principales antes de revisar todas las transcripciones. El proceso de reunirnos semanalmente para codificar (codificación conjunta) con el fin de alcanzar un consenso contribuyó a garantizar la fiabilidad de nuestros resultados y la claridad de las denominaciones de los temas (etapa 4 de Braun y Clarke). Nuestras discusiones en estas reuniones reflejaban nuestra implicación prolongada con los datos. La búsqueda de consenso en estas reuniones contribuyó a garantizar que ningún miembro del equipo fuera más allá de lo que nos decían los datos. Además, la parte cuantitativa de los datos (presentada anteriormente) contribuyó a la triangulación. Asimismo, cada miembro del equipo llevó (y finalmente comparamos) notas de campo individuales después de cada sesión de codificación. Las notas tomadas durante las sesiones de codificación proporcionaron una pista de auditoría de nuestro proceso de elaboración de códigos y temas y de búsqueda de consenso en las reuniones de equipo. No pudimos llevar a cabo un proceso de verificación con las personas participantes (Lincoln & Guba, 1985), ya que no contábamos con la aprobación ética para realizar un nuevo seguimiento con las personas entrevistadas.

Reconocemos también nuestra posición como equipo de investigación y de práctica clínica en el ámbito de la ideación de divorcio. El equipo de investigación incluía a docentes de terapia familiar con actividad clínica, estudiantes de doctorado con práctica clínica de nivel de máster y estudiantes de grado en busca de experiencia investigadora. Era un grupo de personas privilegiado desde el punto de vista educativo. La mayor parte del equipo eran mujeres y algunos de sus miembros tenían experiencias personales de ideación de divorcio. Además, varios miembros del equipo han escrito y publicado sobre este tema y han trabajado clínicamente con esta población, y abordamos esta investigación con algunos sesgos sobre lo que podríamos encontrar en las transcripciones. Por ejemplo, sabemos que la ideación de divorcio puede ser un proceso largo y prolongado, marcado por momentos de ambivalencia, confusión y frustración durante un largo periodo (Fackrell, 2012; Galovan et al., 2022; Hawkins et al., 2017). Por ello, podíamos dar por normal encontrar esos elementos reflejados en los datos. Sin embargo, este estudio se centraba específicamente en el modo en que la participación en la entrevista original podía haber influido en los procesos de ideación de divorcio de las personas participantes, y sobre esto no sabíamos realmente nada. Por esta razón, procuramos no apoyarnos demasiado en lo que ya sabíamos sobre la ideación de divorcio, para mantener la apertura ante lo que decían los datos.

RESULTADOS

Este estudio incluyó las transcripciones de las entrevistas de 22 hombres y mujeres de la segunda oleada de recogida de datos del National Divorce Decision-Making Project. Una de las preguntas planteadas a las personas participantes era si la entrevista que habían tenido un año antes (primera oleada) había tenido algún impacto en su manera de pensar sobre el futuro de su matrimonio. Al examinar sus respuestas a esta pregunta concreta, de los datos surgieron tres temas destacados: (1) Hablar me hizo pensar, (2) Pensar me hizo actuar y (3) La conversación fue (sorprendentemente) terapéutica. Presentamos cada tema con más detalle, acompañado de citas de las personas participantes que ilustran sus experiencias.

Hablar me hizo pensar

La mayoría de las personas entrevistadas indicó que el formato de la entrevista les ofreció el espacio necesario para elaborar sus pensamientos y sentimientos sobre la posibilidad de un divorcio en su vida o, a la inversa, para considerar el proceso de reconciliación conyugal. Las preguntas exploraban diversas áreas y ámbitos que podían verse afectados por un divorcio, y las personas entrevistadas tenían que reflexionar sobre cómo el divorcio iba a afectarles personalmente, a su pareja y a otras dimensiones de su vida familiar (hijos e hijas, finanzas, felicidad, etc.). Una experiencia común entre las personas entrevistadas fue que la entrevista propició un espacio para reflexionar sobre las causas profundas y sobre las creencias externas e internas, así como una vía para pensar de manera más crítica en la gravedad de su situación y en la complejidad del proceso de decisión de divorciarse.

Las personas participantes (los nombres son seudónimos) contaron que la entrevista les ofreció una salida no solo para expresar en voz alta pensamientos y sentimientos no dichos, sino que también favoreció la elaboración de pensamientos a los que aún no habían accedido del todo y de sentimientos posiblemente reprimidos. Crystal, una mujer de 25 años con ideación de divorcio, relató: «…Me obligó a decir en voz alta… cosas en las que no había pensado». En el caso de esta participante, el protocolo de entrevista impulsó la reflexión y el descubrimiento de pensamientos y sentimientos subyacentes. Siguió diciendo: «Me hizo darme cuenta de que me estaba impidiendo decir las cosas realmente negativas sobre él». Del mismo modo, John, un hombre de 47 años casado desde hacía 20 años, que se había divorciado desde la última entrevista, afirmó: «Básicamente me llevó a hablar y a pensar más en lo mala que era la situación».

Como ocurre con otras decisiones estresantes o que generan ansiedad, la complejidad del proceso de decisión de divorciarse lo hace difícil. Las personas inmersas en este proceso de decisión han señalado que les falta claridad y confianza para tomar una decisión (Harris et al., 2017). Además, muchas pueden evitar la conversación por otras razones, aunque relacionadas (por ejemplo, el cariño por la otra persona, la espera de un cambio, la espera del «momento adecuado»). Participar en el protocolo de entrevista animó a las personas participantes a hablar de este proceso y a reflexionar sobre él. Amber, una mujer de 34 años casada desde hacía 10 años, que trabajaba en la reconciliación de su matrimonio desde la entrevista de la primera oleada, afirmó: «Pensé en ello en términos más concretos». Contó cómo la entrevista creó un espacio, y quizá la empujó un poco, para detenerse, pensar y evaluar su proceso de decisión y sus pensamientos sobre el divorcio, en lugar de evitar el tema:

Y la verdad es que no había pensado, ya sabe, muy a fondo y durante mucho tiempo en el asunto, era más bien «sigamos adelante sin parar y hagamos lo que tenemos que hacer», [antes de la entrevista] me decía que ya pensaría si [el matrimonio] funcionaba, o [si] éramos felices, cuando las cosas se calmaran un poco.

Del mismo modo, otras personas participantes afirmaron que el formato de la entrevista y las preguntas de exploración suscitaron reflexiones que las acompañaron durante semanas, meses e incluso un año después de la primera entrevista. Por ejemplo, Mark, un hombre de 31 años casado desde hacía 6 años, que se ha reconciliado con su esposa desde la entrevista de la primera oleada, explicó cómo la primera entrevista se le quedó en la cabeza y le animó a reflexionar y a actuar.

He vuelto a pensar en aquella conversación bastantes veces…. siempre ha estado ahí, en el fondo de mi mente, cuando han surgido cosas. Creo que fue sobre todo mucha introspección. Fueron cuarenta y cinco minutos en los que pensé de verdad, ya sabe, intentando llegar a las causas profundas de lo que provocaba los problemas en la relación. Y la verdad es que eso me hizo pensar más en lo que yo, y lo que nosotros, podíamos hacer para que las cosas mejoraran. La [entrevista] simplemente puso en marcha los engranajes en mi cabeza… y luego esos cuarenta y cinco minutos se convirtieron en pensar en ello, ya sabe, una y otra vez después de la entrevista.

Otras personas participantes comentaron simplemente lo mucho que la entrevista les había hecho reflexionar. Mike, un hombre de 48 años casado desde hacía 16 años que todavía piensa de vez en cuando en el divorcio, afirmó: «…sabe, cuando te hacen una pregunta, oírte dar una respuesta honesta y sincera es un poco revelador y te hace pensar mucho, la verdad». Lynn, una mujer de 46 años casada desde hacía 15 años, que expresó su disposición a trabajar en su matrimonio, dijo: «Las preguntas eran más difíciles de lo que pensaba y me hicieron pensar… me obligaron a reflexionar sobre, ya sabe, sobre lo que había pasado [situaciones] y sobre mis sentimientos». Carlos, un hombre de 32 años casado desde hacía 5 años que deseaba reconciliarse, afirmó: «De verdad que me hizo pensar. Me hizo pensar que tenemos que… tengo que resolver esta situación». Del mismo modo, Adam, un hombre de 44 años casado desde hacía 13 años que quiere reconciliarse, afirmó: «Me hizo pensar, ya sabe, un poco más en las cosas… mirarlas desde otra perspectiva».

La entrevista y su contenido ofrecieron a la mayoría de las personas participantes un espacio para reflexionar, evaluar y obtener una nueva comprensión de sí mismas y de su matrimonio. Otro ámbito menos representado en las citas, pero que también fue objeto de conversación, fue el impacto en los hijos e hijas y en la familia, así como las complejidades habituales del divorcio, como las finanzas y la crianza. Aunque la entrevista solo duró unos 45 min, su impacto en el proceso de decisión de divorciarse de las personas participantes pareció profundamente significativo.

Pensar me hizo actuar

La mayoría de las personas entrevistadas afirmó también que la introspección suscitada por la entrevista las impulsó a algún tipo de acción. Estas acciones incluían entablar conversaciones con su pareja sobre el estado de su matrimonio, recurrir a servicios adecuados de apoyo a la salud física o mental, presentar finalmente la demanda de divorcio o, en general, buscar soluciones concretas y orientadas a la acción para su relación. Por ejemplo, Chris, un hombre de 47 años casado desde hacía 13 años que, en el momento de nuestra segunda entrevista, seguía dudando entre el divorcio y la reconciliación, contó cómo la entrevista propició una conversación con su esposa. «Hacía varios años [desde que] había tenido ese [tipo de] conversación con ella. Creo que, después de hablar con ustedes, eso me empujó un poco a hablarle con más claridad de buscar la manera de separarnos pronto». Del mismo modo, Mike, al que ya hemos mencionado, explicó que la entrevista le permitió hablar con su pareja: «…me permitió expresar mi opinión y mis sentimientos, y también me dio una idea de lo que quizá siente mi cónyuge».

Otras personas se refirieron a la influencia que tuvo la entrevista para orientarlas hacia una solución (o hacia otra acción). Carlos, al que hemos mencionado antes, explicó: «Creo que encendió un fuego dentro de mí para encontrarnos… una solución». Crystal, que estaba cada vez más cerca de decidir que el divorcio era la opción adecuada para ella, afirmó: «Creo que esto me ha facilitado mucho encontrar todo el apoyo y me ha llevado a encontrar las piezas, que simplemente van encajando… esto me ha dado la fuerza para superar ese miedo a no poder [hacerlo]».

En el caso de algunas personas entrevistadas, la entrevista favoreció cambios en otros ámbitos de su vida. Por ejemplo, Jaime, una mujer de 49 años casada desde hacía 25 años que todavía piensa en el divorcio pero quiere reconciliarse, explicó cómo la entrevista la motivó a hacer cambios relacionados con su salud: «No sé, quizá, cuando hablé con usted el año pasado, ya sabe, eso me motivó a pensar en mí misma y por eso perdí 70 libras». En el caso de Cynthia, casada desde hacía 17 años y madre de un hijo o una hija, la entrevista la animó a «encontrar más razones positivas para que [su matrimonio] funcione». En el caso de Bill, un hombre de 47 años casado desde hacía 20 años, con un hijo o una hija, la entrevista lo llevó a empezar a contar su historia a otras personas en la misma situación. «Me alegra [compartir mi historia con mis amistades] porque solo quiero que la gente esté entera [en su matrimonio]». Aunque las acciones relatadas eran diferentes entre sí, parece claro que, para la mayoría de nuestras personas entrevistadas, la entrevista no se limitó a hacerles pensar, sino que las impulsó de algún modo a moverse o a actuar.

Estas citas ofrecen una instantánea de las reacciones provocadas por la primera entrevista. Debido a la falta de claridad y de confianza, agravada por la complejidad del proceso de decisión de divorciarse, las personas pueden sentirse atascadas y paralizadas ante un impacto capaz de transformar su vida. Parece que la entrevista desempeñó un papel al ofrecer un espacio para elaborar los pensamientos sobre la decisión de divorciarse y al impulsar a algunas personas entrevistadas a pasar a la acción. A una persona participante, que en el momento de la segunda entrevista expresaba el deseo de seguir en su matrimonio, la persona que la entrevistaba le preguntó específicamente: «Me pregunto: si no hubiéramos hablado [en la entrevista original de la primera oleada], ¿cree que estaría en el mismo punto en que estaba [inclinándose por el divorcio]?». A lo que respondió: «Sí, estaría en el mismo punto en que estaba entonces».

La conversación fue (sorprendentemente) terapéutica

Un último tema destacado que surgió de los datos fue que las personas participantes describieron la entrevista, a la que solían referirse como una conversación, como inesperadamente terapéutica. La mayoría de las personas entrevistadas expresó su sorpresa por haber vivido esta experiencia en una entrevista de investigación. Sus experiencias tenían un aspecto a la vez liberador desde el punto de vista emocional y sanador, que no esperaban. Muchas expresaron que les había resultado útil que alguien (una persona experta, alguien capaz de guardar la confidencialidad, una parte neutral) simplemente las escuchara. Debido a la naturaleza delicada de la ideación de divorcio y a la ambigüedad que conlleva (Harris et al., 2017), las personas participantes declararon no sentirse cómodas compartiendo estos pensamientos concretos con las personas de su vida cotidiana (como su pareja, su familia, sus amistades, etc.). Y expresaron un sorprendente alivio emocional, o la sensación de haberse quitado un peso psicológico de encima, después de haber participado en la primera entrevista.

Lindsay, una mujer de 43 años, afirmó: «Dije en voz alta muchas cosas que normalmente solo pensaría en mi cabeza, y fue un poco como una sesión de terapia». Adam, al que hemos mencionado antes, contó: «Y disfruté haciendo la entrevista, o sea, fue algo terapéutica (risa). Alguien con quien hablar… ¿sabe?». Al recordar el impacto de la primera entrevista, las personas participantes utilizaron palabras y expresiones como «curiosamente» o «nunca lo habría imaginado», además de reírse. Otras palabras, como agradable, terapéutica o útil, describían el hecho de participar en la entrevista, así como su impacto en el proceso de decisión de divorciarse de las personas entrevistadas. John, un hombre de 45 años casado desde hacía 19 años que acabó divorciándose entre las dos entrevistas, contó que la primera entrevista le ayudó a elaborar sus pensamientos sobre la posibilidad del divorcio: «Ya sabe, supongo que ustedes son especialistas. Gente con doctorado haciendo cosas… investigando por algo. Curiosamente, la verdad es que me ayudó. Me pareció más útil que ir a terapia». Mark señaló: «Nunca habría imaginado que iba a vivir esta experiencia por hacer clic en un cuestionario en línea. Creo que en realidad ha contribuido al cambio. Puede que no fuera un efecto buscado por la investigación».

Para Melinda, la idea de hablar de su ideación de divorcio y de elaborar sus complejidades particulares con su pareja le parecía inalcanzable. Se guardaba esos pensamientos y sentimientos para sí. Por eso, la oportunidad de hablar con alguien «ajeno» le abrió una vía para hablar del tema con franqueza y sinceridad. Melinda, que tenía 38 años en el momento de la segunda entrevista y declaró haberse reconciliado desde entonces con su marido, afirmó lo siguiente:

Bueno, siento que con la última conversación que tuvimos, fue un poco como si dijera en voz alta muchas cosas que normalmente solo pensaría en mi cabeza, y fue un poco como una sesión de terapia, y también recuerdo haber dicho que tener esa conversación en junio, igual que tenerla ahora, no podía hacerlo con él aquí, o sea, él no podía estar en la misma habitación que yo, porque no podría ser tan abierta y sincera sobre mis sentimientos.

Del mismo modo, Shannon, una mujer de 43 años casada desde hacía 22 años y que trabajaba en la reconciliación, explicó cómo la oportunidad de participar en este protocolo de entrevista con una persona investigadora desconocida la animó a reconocer sentimientos a los que aún no había accedido y a reflexionar sobre ellos. Contó: «Creo que fue beneficioso tener la invitación y la oportunidad de simplemente hablarlo con alguien a quien no conocía, así que estoy segura de que eso me permitió elaborar algunos sentimientos a los que probablemente no me había enfrentado». Otras personas participantes expresaron que el simple hecho de tener la oportunidad de hablar abiertamente de este tema había sido beneficioso. Por ejemplo, Jaime contó que se había guardado para sí sus pensamientos sobre el divorcio durante más de dos décadas. «Bueno, le diré que, después de guardármelo durante (risas) [todos estos] años, ya sabe, es agradable [hablar con] alguien que de verdad escuchó. Eso estuvo muy bien…».

El presente estudio parece indicar que la entrevista original sobre la decisión de divorciarse, aunque estaba concebida únicamente para implicar a las personas entrevistadas y recoger información sobre el proceso de decisión de divorciarse, creó un espacio para una conversación sorprendentemente terapéutica. Esto podría deberse a que, por lo general, hablar de temas delicados, como la decisión de divorciarse, con otras personas del propio círculo social, o incluso con el propio cónyuge, puede suscitar sentimientos que se preferiría evitar (por ejemplo, confusión, enfado, decepción, miedo, etc.). Estos sentimientos pueden llevar a las personas participantes a cerrarse y a no comunicarse sobre estas decisiones cruciales, que pueden afectar no solo a su vida, sino también a la de quienes las rodean. Por ello, es significativo que este protocolo de entrevista proporcionara experiencias positivas a las personas que respondieron. Además, como se aprecia en las citas anteriores, la mayoría de las personas participantes expresó que el protocolo de entrevista, en el que la persona entrevistadora era una oyente ajena e imparcial, les brindó la oportunidad de hablar con franqueza y sinceridad de los sentimientos asociados a la ideación de divorcio. De hecho, la experiencia de la persona entrevistadora y su capacidad para guiar a la persona participante e implicarse con ella llevaron a muchas personas participantes a conectar con sentimientos subyacentes, a obtener una comprensión adicional y a llegar a la sensación de haberse quitado un peso de encima. Esta nueva comprensión pareció crucial para que algunas personas participantes obtuvieran mayor claridad y confianza en su proceso de ideación de divorcio.

DISCUSIÓN

Hasta donde sabemos, este estudio es el primero de su tipo en el ámbito de la ideación de divorcio. Lo consideramos una especie de prueba piloto de la guía de entrevista. Por ello, todos los resultados que comentamos deben considerarse provisionales y exploratorios. Los resultados de este estudio sugieren que la participación de las personas entrevistadas en una investigación sobre la ideación de divorcio les llevó a pensar de otra manera sobre su ideación de divorcio, y que esta reflexión pudo llevarlas a actuar de múltiples formas, entre ellas introduciendo cambios relacionales o personales que las acercaron aún más a la reconciliación o al divorcio. Además, las personas participantes declararon haber vivido la entrevista como sorprendentemente terapéutica. Estos hallazgos respaldan otras investigaciones que sugieren que participar en algunos estudios puede traducirse en una mayor comprensión y en mayores habilidades intra e interpersonales (Grace et al., 2016). Como profesionales de la salud mental, a quienes firmamos este artículo no nos sorprenden estos beneficios no buscados de mantener una conversación en profundidad sobre un tema delicado, sobre todo teniendo en cuenta que, en lo que respecta específicamente a la ideación de divorcio, las personas afirman que hablar con alguien de lo que piensan sobre el divorcio les resulta útil (Fackrell, 2012; Hawkins et al., 2017, 2022).

Dada la falta de claridad y de confianza (Harris et al., 2017), y la confusión y la ambivalencia (Doherty et al., 2011; Fackrell, 2012) que se experimentan en el proceso de decisión de divorciarse, se sabe poco sobre las variables que ayudan a generar una mayor certeza en las personas con ideación de divorcio. Los resultados del presente estudio sugieren que quizá dispongamos de una nueva comprensión del impacto y del valor de participar en este tipo de entrevista semiestructurada y focalizada en el proceso de decisión de divorciarse. Por ello, hemos incluido el protocolo de entrevista en el apéndice de este manuscrito. Animamos a otras personas a inspirarse libremente en él, a utilizarlo en su totalidad o a incorporar partes de él a las conversaciones clínicas sobre la decisión de divorciarse con su clientela. Animamos asimismo a utilizar este protocolo o guía de entrevista también en contextos de investigación.

Un error frecuente en terapia con parejas de agenda mixta o con personas con ideación de divorcio es no saber simplemente acompañarlas o permanecer con ellas en su ambivalencia (Doherty & Harris, 2017). A veces, quienes ejercen la terapia empujan a su clientela a decidirse en un sentido u otro, en lugar de ofrecerse simplemente a acompañarla en su ambivalencia. O bien ofrecemos ayuda para reparar la relación, o bien ofrecemos una orientación sobre el divorcio o la transición si se elige poner fin al matrimonio (Doherty & Harris, 2017). Sin embargo, hay personas consultantes que quizá solo necesiten que alguien hable con ellas sobre el hecho de encontrarse en ese espacio de decisión, sin presión para decidirse en un sentido u otro. Esta guía de entrevista podría ser una herramienta útil para este tipo de conversaciones. Formular estas preguntas concretas de la entrevista, sin una agenda explícita a favor del divorcio o del compromiso de trabajar en el matrimonio, puede abrir un espacio para que surja una comprensión adicional tanto en quien ejerce la terapia como en la persona consultante. Adoptar una postura clínica como esta reconoce el pensamiento de «ida y vuelta» (¿me quedo o me voy?) que las personas pueden experimentar en este espacio y que la literatura sobre la ideación de divorcio ha puesto de manifiesto (Allen et al., 2021; Hawkins et al., 2022).

Limitaciones

Aunque este estudio tiene algunos puntos fuertes, no está exento de limitaciones. Debe considerarse un estudio piloto de este protocolo o guía de entrevista. Las preguntas se elaboraron inicialmente solo con fines de investigación. No preveíamos el resultado «sorprendentemente terapéutico» de esta entrevista del que informaron las personas participantes de la segunda oleada. Será necesario seguir investigando para comprobar si el protocolo o guía de entrevista tendría el mismo tipo de impacto en quienes hablan de su ideación de divorcio con profesionales de la terapia, con alguien del clero o de la familia, con la abogacía o con cualquier otra persona, en comparación con quienes se inscriben para participar en un proyecto de investigación. El sesgo de selección puede sugerir que se trata de poblaciones de distinto tipo, que podrían obtener cosas diferentes de su participación en este tipo de entrevista semiestructurada, independientemente de quién formule las preguntas. Además, nuestra muestra era pequeña y serían necesarios estudios adicionales con poblaciones variadas para validar la utilidad clínica de este protocolo o guía de entrevista. Por último, existe la posibilidad de que el recuerdo, limitado o preciso, que las personas participantes tenían de la entrevista de la primera oleada haya influido en su respuesta a la pregunta principal de investigación de este estudio: «¿Qué impacto tuvo la participación en una entrevista de investigación sobre la decisión de divorciarse en la manera en que pensaba sobre su situación conyugal o actuaba al respecto?». Ante esta posible limitación, consideramos suficiente que las 22 personas participantes recordaran haber sido entrevistadas en la primera oleada y respondieran a las preguntas actuales a partir de sus recuerdos de esa entrevista y de las acciones que se derivaron de ella.

CONCLUSIÓN

Hemos examinado el impacto de participar en una entrevista semiestructurada sobre el proceso de decisión de divorciarse. De los datos surgieron tres temas destacados: «Hablar me hizo pensar», «Pensar me hizo actuar» y «La conversación fue (sorprendentemente) terapéutica». Aunque el grupo de participantes es pequeño y estos resultados no pueden generalizarse al conjunto de la población inmersa en un proceso de decisión de divorciarse, estos hallazgos podrían ayudarnos a comprender cómo ayudar a quienes se encuentran en medio de un proceso de decisión de divorciarse a alcanzar mayor claridad y confianza en su decisión final. Además, se ha incluido el protocolo de entrevista para su uso clínico y en investigación, como recurso adicional para trabajar con parejas y personas inmersas en un proceso de decisión de divorciarse o para estudiarlas.

APÉNDICE

Véase la tabla A1.

Tabla A1 — Entrevista sobre la decisión de divorciarse

  • 1. Contexto/marco: ¿Puede contarme más sobre cómo piensa actualmente en el futuro de su matrimonio? ¿Cómo ha llegado a este punto concreto?
  • 2. Significado/construcción de sentido: ¿Cómo da sentido a la manera en que su matrimonio ha cambiado con el tiempo? ¿Cómo influye esto en las decisiones que podría tomar hoy sobre el futuro de su relación?
  • 3. Proceso de decisión: ¿Puede hablarme de su proceso de decisión? ¿Cuáles son algunos de los factores importantes que tiene en cuenta al tomar esta decisión? ¿Qué papel desempeñan sus hijos o hijas en su toma de decisión? ¿Qué papel desempeña su situación económica en su toma de decisión?
  • 4. Identidad: ¿Podría decir algo sobre lo que su decisión final acerca del futuro de su matrimonio podría decir de usted como persona? ¿O sobre lo que podría parecer a ojos de otras personas? ¿Ha reflexionado sobre cómo podría verse afectada su identidad según su decisión en un sentido u otro?
  • 5. Claridad y confianza: ¿Ha vivido momentos durante este proceso en los que sintió que tenía claridad o confianza respecto a una decisión concreta? ¿Qué le ayudó a vivir ese tipo de claridad o de confianza? ¿Qué grado de claridad tiene sobre esta decisión (seguir en el matrimonio o divorciarse)? ¿Y qué grado de confianza? ¿Cómo llegó a ese punto?
  • 6. Bloqueo: Si no ha experimentado claridad o confianza en sus decisiones, ¿qué cree que tendría que moverse, cambiar u ocurrir para que así fuera? ¿Recuerda momentos en los que se sintió en un callejón sin salida y cómo logró salir de él?
  • 7. Público/privado: ¿Con quién ha hablado de sus preocupaciones sobre su matrimonio? ¿Cómo ha influido eso en su manera de pensar? ¿Qué piensa de compartir sus preocupaciones con su cónyuge?
  • 8. Amor: ¿Qué lugar ocupa la idea del amor, o del enamoramiento, en la manera en que ha considerado el futuro de su matrimonio? ¿En qué medida influye el amor en su proceso de decisión?
  • 9. Reconciliación: ¿Qué piensa de una posible reconciliación con su pareja? ¿Qué papel desempeña la idea de reconciliación en su proceso de decisión sobre el divorcio? ¿Cómo pasa de sus reflexiones sobre la reconciliación a dar pasos concretos en esa dirección?
  • 10. Felicidad: ¿Qué papel desempeña la idea de «felicidad», o su felicidad personal, en la manera en que piensa en su situación conyugal actual? ¿Y la felicidad de otras personas? ¿Es algo que ha tenido en cuenta?
  • 11. Metáfora: ¿Qué le viene a la mente cuando asigna una metáfora a las siguientes frases: Decidir seguir en el matrimonio es como…, o bien, Decidir divorciarse es como…?
  • 12. ¿Se nos ha escapado algo? Desde su punto de vista, ¿qué es lo más importante que habría que saber sobre su proceso de decisión sobre el divorcio? ¿Hay algo más que le gustaría compartir?

Complexe Systémique: puntos clave

El estudio parte de un efecto secundario, y eso es lo que le da valor: una entrevista concebida para recoger datos actuó como una intervención. Desde un punto de vista sistémico, el resultado solo sorprende a medias. Formular preguntas ya introduce diferencia en un sistema; y una tercera parte neutral, sin agenda para la pareja, abre un espacio que no permiten ni la pareja, ni el entorno de amistades y familia, ni a veces la terapia de pareja convencional. El interés clínico es doble: un recordatorio de que la ambivalencia merece ser acompañada más que zanjada, y una guía de entrevista de doce preguntas que puede utilizarse directamente en sesiones individuales o en la orientación de discernimiento (discernment counseling). Los límites son claros y el equipo los reconoce: solo 22 personas, en su mayoría blancas y con estudios universitarios, remuneradas por su tiempo, un recuerdo de la entrevista reconstruido un año después y una única pregunta abierta como todo material. Tampoco sabemos qué vivió el otro miembro de la pareja, ya que nunca se le entrevistó. Para leer junto con el artículo sobre la orientación de discernimiento y el artículo sobre la separación conyugal ambigua.

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Traducción no oficial de It got me thinking: The impact of participating in a divorce decision-making interview, de Shauna R. Fenske, Steven M. Harris, Jacqueline LaPlant-Braughton, Sarah Allen, Kelly Roberts y Grace Anderson, Journal of Marital and Family Therapy, vol. 50, n.o 4 (2024), doi: 10.1111/jmft.12735, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (traducción al español, tabla presentada en forma de lista). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Esta es una traducción del artículo original «It got me thinking: The impact of participating in a divorce decision-making interview», publicado en Journal of Marital and Family Therapy (2024) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.

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Cómo citar este artículo

Fenske, S. R., Harris, S. M., LaPlant-Braughton, J., Allen, S., Roberts, K., et Anderson, G. (2024). It got me thinking: The impact of participating in a divorce decision-making interview. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/it-got-me-thinking-the-impact-of-participating-in-a-divorce-decision-making-interview (Obra original publicada en 2024 en Journal of Marital and Family Therapy, 50(4), 867-881 (2024); republicada en 2024 por Journal of Marital and Family Therapy, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/jmft.12735)

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