Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Journal of Family Violence · Violencia
Cuando un hijo o una hija ejerce violencia contra su madre, ¿dónde busca ella ayuda? A partir de los relatos de once madres y diecinueve profesionales de Australia, Chye Toole-Anstey, Michelle Townsend y Lynne Keevers, de la University of Wollongong, trazan cinco vías de búsqueda de ayuda. Casi todas pasan por relaciones ya existentes y chocan con la vergüenza, el juicio ajeno, el aislamiento rural y la sombra de la violencia de pareja.
Traducción no oficial al español de “I Wasn’t Gonna Quit, but by Hook or by Crook I was Gonna Find a Way Through for the Kids”: A Narrative Inquiry, of Mothers and Practitioners, Exploring the Help-seeking of Mothers’ Experiencing Child to Parent Violence, de Chye Toole-Anstey, Michelle Townsend y Lynne Keevers, publicado en Journal of Family Violence (Springer) (2024), doi: 10.1007/s10896-023-00511-z, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Este estudio plantea que la búsqueda de ayuda es un acto de resistencia.
Chye Toole-Anstey, Michelle Townsend y Lynne Keevers
Resumen
Objetivo. La violencia filio-parental es un problema importante que se ha investigado durante los últimos sesenta años. Sin embargo, se sabe poco sobre las vías de búsqueda de ayuda de las madres y los padres que sufren violencia filio-parental (VFP). Se han explorado los obstáculos y los facilitadores para revelar la VFP, y las respuestas para abordarla apenas se han investigado. No se ha trazado el recorrido que va de la revelación a la elección del lugar donde obtener ayuda. Este estudio se propone trazar las vías de búsqueda de ayuda de las madres y examina estas vías en relación con las relaciones dentro de las familias y las condiciones sociomateriales.
Método. Esta indagación narrativa utiliza la práctica basada en la respuesta y el concepto de «intra-acción» de Barad para examinar entrevistas con madres (n = 11) que sufren VFP y con profesionales (n = 19) que trabajan con familias que sufren VFP.
Resultados. En este estudio se identifican cinco vías de búsqueda de ayuda de las madres. Se exploran tres temas presentes en todas las vías: (1) la búsqueda de ayuda dentro de relaciones preexistentes; (2) los sentimientos de miedo, vergüenza y juicio de las madres, entrelazados con la búsqueda de ayuda; y (3) las condiciones que facilitan y dificultan la búsqueda de ayuda en la familia.
Conclusiones. Este estudio constata que condiciones sociomateriales como la maternidad en solitario y el juicio ajeno limitan las posibilidades de búsqueda de ayuda. Además, constata que la búsqueda de ayuda se produce dentro de relaciones preexistentes, junto con el entrelazamiento de la VFP con otros problemas, como la violencia de pareja y la falta de vivienda. Este estudio demuestra los beneficios de emplear un enfoque basado en la respuesta junto con la «intra-acción» en un contexto de investigación y de práctica.
Palabras clave: Violencia filio-parental, Búsqueda de ayuda, Intra-acción, Relaciones familiares, Feminismo, Práctica basada en la respuesta
La violencia de un hijo o una hija hacia su madre o su padre (VFP) es un fenómeno complejo. La VFP, también llamada violencia familiar adolescente, tiene diversas definiciones, que van desde un acto concreto hasta patrones de comportamiento, y se refiere con mayor frecuencia a la violencia física (Burck et al., 2019). En este artículo se utiliza la definición de maltrato adolescente hacia las figuras parentales de Holt (2013) para definir la VFP como «…un patrón de comportamiento que utiliza medios verbales, económicos, físicos o emocionales para ejercer poder y control sobre una figura parental» (p.2). Se utiliza el término hijo o hija en lugar de adolescente para captar las complejidades asociadas a esta violencia, como los actos de niñas y niños más pequeños que no siempre pueden definirse como violencia (véase O’Toole et al., 2020). La VFP abarca también la violencia hacia las familias de acogida y otras modalidades de cuidado, como el cuidado por parte de abuelas y abuelos y el acogimiento en familia extensa (Selwyn & Meakings, 2016; Williams et al., 2017). Los efectos de la VFP en las madres pueden incluir estrés, depresión y ansiedad (Fitz-Gibbon et al., 2021). Otros efectos pueden ser el aislamiento y la necesidad de ausentarse del trabajo a causa de la violencia, lo que también puede tener repercusiones económicas (Fitz-Gibbon et al., 2021). Las madres que sufren VFP también pueden desconectarse de la familia extensa y de sus amistades (Fitz-Gibbon et al., 2021; Holt, 2011).
Investigaciones anteriores informan de tasas de prevalencia de la VFP. La revisión de Simmons et al. (2018) estimó que la violencia física de jóvenes hacia sus madres y padres en la población general se sitúa entre el 5 y el 21%. Lo que resulta preocupante es que, cuando se incluye la violencia emocional, verbal y psicológica, Simmons et al. (2018) encontraron una tasa de prevalencia de entre el 33 y el 93%. No obstante, es importante señalar que los datos de prevalencia están limitados por las muestras utilizadas (Jiménez-García et al., 2020) y por la falta de una definición universalmente aceptada (Simmons et al., 2018). Otros retos relacionados con los datos de prevalencia son los siguientes: las familias no siempre buscan ayuda ante la violencia (Peck et al., 2021a); existen percepciones de diferencias según el sexo, de modo que la violencia ejercida por los chicos puede percibirse como más grave que la ejercida por las chicas (Selwyn & Meakings, 2016); y hay pocas muestras comunitarias a gran escala (Papamichail & Bates, 2019).
La búsqueda de ayuda se define como la revelación de la VFP con el fin de obtener asistencia. La búsqueda de ayuda es un proceso de tres etapas: (1) reconocer un problema; (2) tomar la decisión de buscar ayuda; y (3) decidir a quién o dónde pedir asistencia (Liang et al., 2005). Buscar ayuda incluye los apoyos informales, como la familia y las amistades. La búsqueda de ayuda incluye también los apoyos formales, por ejemplo: organizaciones como los servicios de protección de la infancia o de salud mental; los servicios de emergencia; y profesionales del sector público y privado, entre ellos profesionales del trabajo social.
Las madres y los padres pueden mostrarse reacios a pedir ayuda ante la VFP (Coogan, 2014). Entre los obstáculos para revelar la VFP figura el miedo a: las consecuencias para el hijo o la hija, como su criminalización o que sufra algún daño (Douglas & Walsh, 2018); la violencia del hijo o la hija tras la revelación (Pagani et al., 2003); recibir la etiqueta de «mala madre» o «mal padre» (O’Toole et al., 2020, p. 12); que se dude de su palabra o no se les crea (Clarke et al., 2017); o que otras personas les culpen (Moulds et al., 2016). El riesgo de que se retire a otros hijos o hijas del hogar (Coogan, 2014) o a la persona menor que ejerce la violencia (Clarke et al., 2017), con la consiguiente intervención de los servicios de protección de la infancia, constituye otra preocupación de las familias a la hora de revelar la VFP. Los sentimientos de impotencia y desesperanza de las figuras parentales (Cottrell & Monk, 2004), así como la vergüenza y la culpa que sienten por la violencia de su hijo o hija, se identifican como obstáculos para acceder a apoyo (Omer & Lebowitz, 2016). La sensación de no poder controlar a su hijo o hija puede inhibir la revelación de la VFP (Williams et al., 2017), al igual que la sensación de incapacidad en el ejercicio de la parentalidad (Paterson et al., 2002).
Una revisión sistemática reciente (Toole-Anstey et al., 2021) de las intervenciones ante la VFP constató que las respuestas dirigidas a la VFP tendían a situarse en el sistema de justicia penal. Algunos estudios han explorado respuestas desde ámbitos distintos de la justicia penal, como la protección de la infancia (Holt & Retford, 2013) y los servicios sociales (O’Toole et al., 2020). Las madres y los padres pueden acudir a los servicios de salud mental por problemas como las conductas desafiantes, ya que el miedo y la vergüenza les impiden revelar esa conducta como violencia (Coogan, 2014). En los contextos de acogimiento en familia extensa, esa misma conducta se entiende como violencia, y las abuelas y abuelos deben presentarla de modo que requiera una intervención, al tiempo que tranquilizan a las y los profesionales asegurando que la persona menor puede seguir a su cargo (Holt & Birchall, 2021). Messiah y Johnson (2017) constataron que las familias de su estudio afirmaban haber revelado la VFP a familiares y amistades antes de recurrir al apoyo de los servicios formales. Una primera respuesta de la familia o de la comunidad que minimice y desvalorice la violencia puede impedir nuevas búsquedas de ayuda (Edenborough et al., 2008).
Las vías de búsqueda de ayuda ante la VFP apenas se han investigado. La investigación realizada hasta ahora tiende a situarse en dos líneas. Una línea explora los obstáculos para la búsqueda de ayuda, mientras que la segunda examina la utilidad de las respuestas. Entre ambas queda un vacío de investigación para comprender las vías de búsqueda de ayuda, por ejemplo para explorar cómo una madre o un padre acaba en un servicio de salud mental a causa de la VFP. Hasta donde sabemos, no existen estudios que tracen el recorrido que realiza una figura parental para buscar ayuda ni estudios que consideren la influencia de las condiciones sociomateriales o de las relaciones dentro de las familias. La sociomaterialidad conecta lo humano con lo material, es decir, con los objetos y los contextos, y los sitúa como coemergentes, con una agencia que se forma y se reforma en esa conexión (Hultin, 2019). Este estudio pretende colmar este vacío de investigación examinando las siguientes preguntas: (1) ¿cuáles son las vías de búsqueda de ayuda de las madres que buscan ayuda ante la violencia filio-parental? (2) ¿cómo influyen en la búsqueda de ayuda la intra-acción dentro de la familia y las condiciones sociomateriales? Este artículo comienza explorando el marco teórico y los métodos del estudio. A continuación se exponen los hallazgos, seguidos de la discusión, que incorpora las limitaciones y las implicaciones para la investigación, la formación y las políticas.
Esta investigación se sitúa en un paradigma emancipatorio (Lather, 2006) y se apoya en la práctica basada en la respuesta (Richardson et al., 2017) y en el neologismo de Barad (2007) «intra-acción». Barad (2007) propone que los objetos no son entidades independientes y pone el acento, en cambio, en las «intra-acciones» entre los seres humanos y las relaciones con lo no humano. Lo no humano incluye especies no humanas, como las mascotas de la familia. Este entrelazamiento sugiere que las personas «devienen con» (Haraway, 2008) las relaciones con lo no humano y se materializan a través de las intra-acciones entrelazadas. La intra-acción desplaza el pensamiento de la culpabilización de un ser humano por un acto intencional hacia las prácticas, las relaciones y las condiciones sociomateriales que crean la posibilidad de que una persona sea y actúe (Webb, 2021), lo que modifica la mirada sobre la VFP. En lugar de considerar a la figura parental y al hijo o la hija como independientes en la VFP, este estudio utiliza la intra-acción para concebir la VFP como un entrelazamiento de agencias intra-actuantes (Barad, 2007; Webb, 2021). La intra-acción desplaza además la consideración de los factores que dificultan o facilitan la búsqueda de ayuda hacia la de los entrelazamientos que hacen posible e imposible la búsqueda de ayuda ante la VFP.
La práctica basada en la respuesta es un enfoque utilizado en profesiones como el trabajo social y forma parte del marco teórico de esta investigación. La práctica basada en la respuesta es una manera de mirar la violencia según la cual la resistencia se considera siempre ya presente. Este estudio plantea que la búsqueda de ayuda es un acto de resistencia. La práctica basada en la respuesta modifica los binarismos de víctima y agresor al poner de relieve las condiciones sociomateriales (como el marco de las políticas públicas, el entorno y el contexto) en las que se produce la interacción social (Richardson et al., 2017). La práctica basada en la respuesta concuerda con la «intra-acción», ya que ambas desplazan las dicotomías de «víctima» y «agresor» al poner de relieve otras consideraciones, entre ellas el contexto, lo no humano y las condiciones sociomateriales en las que se produce la violencia (Barad, 2007; Richardson et al., 2017). Incorporar la intra-acción traslada la idea de las condiciones sociales de la práctica basada en la respuesta a lo sociomaterial, de modo que estos «factores» se consideran entrelazados con las acciones, la agencia y el poder (Fomiatti et al., 2022). El novedoso marco teórico que guía esta investigación permite alcanzar los objetivos de trazar las vías de búsqueda de ayuda, así como identificar las intra-acciones dentro de las familias y lo sociomaterial.
Para este estudio se utilizó una metodología de indagación narrativa (Wells, 2011) que incorpora enfoques participativos (Reason & Bradbury, 2006). A través de este marco teórico y de esta metodología, la investigación sitúa a quien investiga como parte del mundo que pretende comprender (Lather, 2006). La primera autora es madre y trabajadora social, y decidió estudiar la VFP después de trabajar con familias que sufrían este tipo de violencia. Esta investigación forma parte de un estudio más amplio que examina los relatos de madres y padres, así como las respuestas para abordar la VFP.
Se contactó con las personas participantes, tanto madres como profesionales, a través de organizaciones que trabajan con la VFP. Entre las organizaciones contactadas figuraban redes de atención a la violencia, servicios de salud mental y profesionales del trabajo social en ejercicio privado. La captación de las madres a través de organizaciones tenía por objeto apoyarlas, de modo que, si surgía algún problema durante la entrevista, la investigadora les ofrecería ponerlas en contacto con la persona que les había facilitado información sobre el estudio o con otros servicios, según correspondiera. Los criterios de selección de las madres eran (1) que el hijo o la hija fuera menor de 18 años en el momento de ejercer la violencia y (2) que la propia figura parental definiera la violencia como VFP; su definición se exploró en la entrevista. El criterio para las y los profesionales era tener experiencia de trabajo con la VFP. Esta experiencia podía consistir en trabajar con figuras parentales, con hijos e hijas o con ambos. A las madres se les ofreció elegir un seudónimo para la investigación, y a todas las personas profesionales se les asignó uno. El lugar de la entrevista, así como el día y la hora, fueron elegidos por las personas participantes (World Health Organization, 2016), y se entregó a las madres un vale de compra por su participación. Para garantizar la seguridad de las madres, se les hicieron por teléfono o por Zoom preguntas como «¿es buen momento para hablar?» (World Health Organization, 2016). En consonancia con la práctica basada en la respuesta, se reconoció a las madres la capacidad de tomar decisiones sobre su seguridad, incluida la decisión de realizar la entrevista a distancia y de hablar de la violencia. Todas las madres captadas para el estudio habían recurrido a servicios de apoyo para sí mismas y para su hijo o hija en relación con la violencia, por lo que hablar de la violencia no era algo nuevo para ellas. Se llamó a las madres al día siguiente para comprobar si necesitaban apoyo adicional tras la entrevista, como en otras investigaciones sobre VFP (Oliver & Fenge, 2020). El estudio cuenta con la aprobación ética del Human Research Ethics Committee de la University of Wollongong.
Para la recogida de datos se emplearon entrevistas semiestructuradas (Serry & Liamputtong, 2017) y grupos de discusión de coanálisis para la construcción de sentido. Las entrevistas se utilizaron para recoger datos de madres y padres que han sufrido o sufren VFP, y de profesionales que han trabajado con la VFP. Las entrevistas narrativas semiestructuradas (Anderson & Kirkpatrick, 2016) con las madres se realizaron en persona, por teléfono y por Zoom. Las entrevistas con las madres duraron entre 40 y 65 min, con una duración media de 63 min. Las entrevistas semiestructuradas con profesionales se realizaron en persona, por teléfono y por Zoom. Las entrevistas con profesionales duraron entre 53 y 72 min, con una duración media de 61 min. Las entrevistas con madres y profesionales tuvieron lugar entre diciembre de 2020 y octubre de 2021.
Se ofrecieron a madres y profesionales dos grupos de discusión de coanálisis para la construcción de sentido, en adelante llamados discusiones de coanálisis. Las discusiones de coanálisis incorporaban la narración colectiva de la indagación narrativa participativa (Kurtz, 2014), métodos de grupos focales interpretativos (Dodson et al., 2007) y entrevistas secuenciales (Lather, 2001). La primera autora facilitó estas discusiones con el fin de construir el significado de los datos (Lather, 2001), interpretar más a fondo los datos (Dodson et al., 2007), aumentar la colaboración con las personas participantes (Lather, 2001) y apoyar los objetivos emancipatorios del proyecto (Lather, 2001). En consonancia con la narración colectiva (Kurtz, 2014), las discusiones de coanálisis se llevaron a cabo con personas que ya habían participado en las entrevistas. Las discusiones de coanálisis se realizaron en abril de 2022.
Las entrevistas y las discusiones de coanálisis se transcribieron literalmente, y las transcripciones se cotejaron con la grabación de audio. Se envió a las madres y a las y los profesionales su transcripción para su validación por parte de las personas participantes, junto con preguntas adicionales (Lather, 2001). Las personas participantes respondieron a estas preguntas adicionales por correo electrónico y por teléfono; las llamadas se grabaron y transcribieron.
El análisis contextual basado en la respuesta (Richardson et al., 2017) y la intra-acción (Barad, 2007) se utilizaron como conceptos sensibilizadores para el análisis de datos. El análisis contextual basado en la respuesta incorpora preguntas como «¿qué está ocurriendo y en qué condiciones podrían producirse tales interacciones?… ¿Quién le hace qué a quién? ¿Y cómo responde la víctima?» (Richardson et al., 2017, p.242). Aunque este estudio evita el uso de la palabra víctima, estas preguntas favorecen la indagación de las condiciones sociomateriales. Del mismo modo, la intra-acción (Barad, 2007) se utilizó como concepto sensibilizador para dirigir la atención hacia los entrelazamientos, con el fin de comprender lo que ocurre entre las personas en lugar de centrar la atención analítica en los individuos. La intra-acción invita a centrarse en la VFP en su contexto y en las relaciones, más que en la VFP como una «cosa» en sí misma.
El primer paso del análisis de datos consistió en trazar las vías de búsqueda de ayuda. Se revisó la transcripción de cada madre para trazar esquemáticamente las vías, utilizando como marco el proceso de búsqueda de ayuda en tres etapas (Liang et al., 2005). Como paso siguiente se utilizó un análisis temático reflexivo (Braun & Clarke, 2020). La primera autora se familiarizó primero con los datos de las madres y los codificó utilizando las palabras de los textos (Hesse-Biber, 2010). Este proceso de codificación se completó después con las transcripciones de profesionales. A continuación, los dos conjuntos de códigos se desarrollaron conjuntamente en temas. Estos temas preliminares y las vías de las madres se discutieron con las coautoras y se depuraron. Se examinó la coherencia de este análisis inicial con los relatos de las madres, de acuerdo con la metodología de la indagación narrativa (Wells, 2011). El análisis preliminar, con preguntas adicionales, se presentó después en las discusiones de coanálisis para una interpretación más profunda. Los temas y las vías se depuraron y reelaboraron a continuación, incorporando las aportaciones de las discusiones de coanálisis. A lo largo de todo este proceso se aplicó la reflexividad de la investigadora (Braun & Clarke, 2020; Wells, 2011).
Se entrevistó a madres (n = 11) y profesionales (n = 19) de zonas rurales (n = 14) y metropolitanas (n = 16) de Australia. Las personas profesionales se identificaron como mujeres (n = 15) y hombres (n = 4). Aunque se invitó a madres y padres, todas las personas participantes en calidad de figura parental se identificaron como madres, por lo que las vías se exploran como vías de las madres. Los ámbitos de práctica representados por las y los profesionales incluyen la falta de vivienda, la familia y la infancia, la salud mental, el ejercicio privado y los servicios para mujeres. Su formación profesional incluye el trabajo social, la psicología, la orientación familiar y el trabajo comunitario. Las madres identificaron a sus hijos e hijas que ejercían violencia como varones (n = 8) y mujeres (n = 6), con edades comprendidas entre los ocho y los dieciocho años. Ocho de las madres declararon haber sufrido violencia de pareja por parte de una pareja anterior. De entre estas personas participantes, ocho profesionales participaron en dos discusiones de coanálisis (n = 2; n = 6).
Las madres afirman haber recurrido a entre dos y diez apoyos informales y formales, con una media de seis apoyos por madre. Los apoyos formales fueron los más frecuentes: en las entrevistas con las madres se mencionaron 54 apoyos formales. Cabe señalar que no toda la asistencia estaba directamente relacionada con la VFP; no obstante, se mencionaron 36 apoyos en relación con la VFP. No se encontraron diferencias en el número de apoyos buscados entre las madres de zonas rurales y las de zonas metropolitanas.
Los hallazgos se dividen en dos secciones. En primer lugar, se identifican (véase la Fig. 1) y explican las cinco vías de búsqueda de ayuda ante la VFP halladas en este estudio. En segundo lugar, se analizan los temas comunes a las vías de búsqueda de ayuda. Los temas son: (1) la búsqueda de ayuda se produce dentro de relaciones preexistentes; (2) los sentimientos de miedo, vergüenza y juicio de las madres, entrelazados con la búsqueda de ayuda; y (3) las condiciones que facilitan y dificultan la búsqueda de ayuda en la familia.

Las y los profesionales indican que eran más las madres que los padres quienes buscaban ayuda ante la VFP. En la discusión de coanálisis, las y los profesionales coinciden en que las vías presentadas (véase la Fig. 1) describen cómo las figuras parentales acceden a sus servicios a causa de la VFP. Profesionales de distintos ámbitos señalan que algunas vías representan su experiencia mejor que otras. En la discusión de coanálisis, las y los profesionales destacaron las vías uno, dos y cinco como las más frecuentes. Las vías no son tan lineales como muestra el esquema. Algunas madres recorren varias vías, y otras reciben derivaciones a servicios adicionales una vez que, al buscar ayuda, han entrado en contacto con un servicio formal, algo que estas vías no recogen.
Para cada vía se analizan las tres etapas de la búsqueda de ayuda (Liang et al., 2005). En primer lugar, se analiza la primera etapa, el reconocimiento del problema, común a todas las vías. A continuación se analiza cada vía, incluidas las intra-acciones dentro de la familia, las condiciones sociomateriales y el lugar donde se busca ayuda.
Las madres indican que reconocer el problema (Liang et al., 2005) de la VFP es un proceso doble. En primer lugar, implica explorar las opciones y los recursos que tienen en sí mismas. En segundo lugar, una vez agotados estos recursos internos, y si la violencia continúa, el problema requiere ayuda externa (tanto formal como informal). Wendy, una madre, describe este reconocimiento del problema en dos tiempos: «Sentía que se me habían acabado las opciones y los recursos, y durante bastante tiempo de verdad sentí que no sabía qué hacer». Las y los profesionales también indican que las figuras parentales agotan sus propios recursos internos antes de pedir ayuda y subrayan que, en ocasiones, esto explica por qué una madre puede necesitar varios intentos antes de aceptar ayuda. Stephanie, profesional, explica cómo algunas madres agotan internamente sus opciones y recurren varias veces a los servicios antes de aceptar asistencia: «Cuando hablé con ella en el episodio más reciente… me dijo que estaba agotadísima y que normalmente rechaza la ayuda de cualquiera y no necesita apoyo, pero me dijo que ya no podía más y que no sabía qué otra cosa hacer».
En las vías uno, dos, tres y cuatro, reconocer el problema implica «que los comportamientos se repitan», como describe Linda, una madre. Esta repetición incluye también las dificultades derivadas del aumento de la violencia. Wendy, una madre, describió el aumento de las dificultades: «llegó un punto en que la amenaza de violencia iba como en aumento». Para algunas madres, el reconocimiento de los comportamientos violentos como un problema incluía que la violencia se produjera fuera de casa. Stephanie, profesional, detalla esta escalada: «Así que tengo muchas madres y padres que… me dicen que no pueden salir con su hijo o su hija… porque les mortifica la posibilidad de que les agreda físicamente donde otras personas puedan verlo».
En la vía cinco, el reconocimiento del problema de la VFP es distinto del de las cuatro primeras vías. En la vía cinco, el problema de la VFP no está separado de otros problemas por los que la madre ya está buscando ayuda. Experiencias como la violencia de pareja y la falta de vivienda forman parte de la búsqueda de ayuda ante la VFP en esta vía. Existe aquí la tendencia a introducir un corte artificial en la búsqueda de ayuda, a separar la búsqueda de ayuda ante la VFP como un proceso diferenciado. Sin embargo, en los relatos de las madres esta búsqueda de ayuda no está separada; más bien, la intra-acción de la VFP con otros problemas ofrece la posibilidad de que la búsqueda de ayuda ante la VFP devenga con esos otros problemas. En la discusión de coanálisis, las y los profesionales subrayan que otras organizaciones pueden desencadenar la vía cinco, como los centros escolares que detectan comportamientos problemáticos en el aula, proceso a través del cual se identifica la violencia ejercida por la persona menor en el hogar.
La vía uno enmarca la decisión de la madre de pedir ayuda. En esta vía, la crianza aparece como el medio para abordar la VFP, lo que implica que las madres se culpan de la violencia y asumen la responsabilidad de resolverla. Clare, una madre, explica esta responsabilidad: «bueno, estaba convencida de que era la peor madre del mundo porque no soy capaz de controlar a mis hijos. No puedo cambiar su comportamiento». Aquí se observa la agencia entrelazada de las madres con las acciones de sus hijos e hijas: una madre asume la responsabilidad de las acciones de su hijo o hija y, a su vez, la responsabilidad de cambiarlas.
En esta vía, las madres eligieron tanto servicios informales como formales, entre ellos amistades, hermanos y hermanas de la madre, servicios de atención a la familia y organismos públicos de protección de la infancia. Las madres cuentan que los apoyos informales las pusieron en contacto con apoyos formales. Donna, una madre, explica cómo su amiga la puso en contacto con un servicio: «la cosa es que ella entiende cómo me siento y lo que pienso, y enseguida intenta conseguir… trabajaba en [organismo de protección de la infancia], así que enseguida intenta conseguir servicios, por ejemplo organizó lo de Susan [profesional] y todo eso».
La vía dos sitúa la VFP como un problema de patología, con un dualismo entre la responsabilidad de la persona menor por la violencia y la responsabilidad de la patología. Esta vía plantea que el medio para abordar la VFP es un diagnóstico. El diagnóstico no se presenta como una etapa; más bien, el diagnóstico explica la violencia y eso, por sí mismo, resuelve el problema. Rachael, del ámbito de la salud mental, explica este dualismo: «sí, muchas proyecciones del tipo: “¿Mi hijo va a ser un monstruo? ¿Le pasa algo grave para que me haga esto? ¿Por qué no tiene ningún sentido de la empatía ni ninguna brújula moral?”, y poca capacidad para reconocer la dinámica que se da entre los dos». Esta cita representativa muestra que la violencia no se contempla de forma relacional, sino que se atribuye a la patología.
Todos los apoyos buscados en esta vía son profesionales de la medicina. Donna, una madre, afirma: «Por eso estamos, ya sabes, estamos intentando que le hagan todas las evaluaciones para ver qué pasa en realidad». Esta cita ilustra que los servicios de esta vía se eligen por la posibilidad de realizar evaluaciones para obtener un diagnóstico que, a su vez, permitirá abordar la violencia.
La vía tres no está tan representada en las entrevistas con las madres como las dos primeras vías. En las discusiones de coanálisis, las y los profesionales también indican que pocas familias acceden a sus servicios por esta vía. Esta vía enmarca la VFP como algo entretejido en la relación entre madre e hijo o hija, en la que ambas partes forman parte de la solución de la violencia. Una madre, Clare, presenta esta vía como aquella en la que la ayuda que recibe ayudará a su vez a sus hijos e hijas: «ayúdame a ayudarles». Wendy, otra madre, cuenta que formuló deliberadamente su búsqueda de ayuda en «nosotros» para asegurarse de no culpar a su hijo: «¿Podemos conseguir ayuda? Nosotros; nunca dije “Tú, tú eres el problema y tienes que arreglarte” ni nada por el estilo… porque sé que eso nunca va a funcionar». En esta vía, los apoyos son tanto formales como informales, en concreto amistades y profesionales de la orientación.
La vía cuatro se utiliza cuando se necesita ayuda inmediata durante un episodio de violencia. Todas las vías se activan tras la acumulación de comportamientos, pero la vía cuatro requiere ayuda durante un episodio de violencia. En esta vía existe un riesgo inmediato para la seguridad de la madre. El modo en que esta vía enmarca las relaciones familiares sitúa a la madre como quien debe tener el control. A través de esta vía, las madres indican que necesitan apoyos como «refuerzo» en su papel de madres, lo que las sitúa como agentes para abordar la violencia.
En las discusiones de coanálisis, las y los profesionales señalan que las familias que han atendido a través de la vía cuatro tienden más a mostrarse reacias o a enfrentar obstáculos adicionales para acceder a la ayuda. También atribuyen un mayor riesgo en esta vía, en parte, a que la persona menor tenga un tamaño físico mayor. Karen, profesional, habla de este mayor tamaño: «iba a decir que a menudo, también, cuando ya son más grandes que sus padres, siempre hubo violencia incluso de pequeños, ahí es cuando da miedo». Rachel, profesional, habla también de cómo el tamaño físico de la persona menor aumenta el riesgo:
«Sí, así es. Empiezan a dar miedo y papá ya no puede contenerlos físicamente porque ahora dan miedo incluso a papá, y a mamá le dan miedo desde hace mucho tiempo, pero ahora le dan miedo a papá, al profesorado y a otras personas»
Esta cita muestra cómo el mayor tamaño de la persona menor aumenta la percepción del riesgo para la seguridad de las figuras parentales, lo que lleva a buscar ayuda por esta vía. El riesgo para la seguridad está aquí entrelazado con la condición sociomaterial de una persona menor de mayor tamaño.
En esta vía se recurre a apoyos informales, como los hermanos y hermanas de la madre y las amistades. Laura, una madre, afirma «Me hacía sentir segura poder hablar con él de esto…» al hablar de la seguridad que siente al llamar a sus hermanos para pedir ayuda durante un episodio de violencia.
La vía cuatro es la única que implica al sistema de justicia penal, ya que se llama a la policía en un momento de crisis. Wendy, una madre, explora esta opción de recurrir a la policía:
«Sí que necesitaba que alguien me ayudara porque era una mujer sola y mi hijo estaba fuera de control y yo le tenía miedo. Necesitaba esa ayuda, pero no tenía a nadie a quien llamar. La policía era el último recurso: cuando, ya sabes, cuando eres mujer y tienes tanto miedo y no te queda nada más que puedas hacer. Bueno, sabía que estaba la policía».
Las intra-acciones familiares en esta vía sitúan a la madre como quien debe tener el control, como se ve en la cita de Wendy. Las intra-acciones familiares también se tienen en cuenta cuando se habla de la intervención de la policía a instancias de miembros de la comunidad que presencian la violencia. Stephanie, profesional, explica cómo percibió una madre que su vecindario llamara a la policía:
«…su vecina ha llamado a la policía. Y mamá está fuera de sí porque le da muchísima vergüenza. Está… “Ay, en vez de ofrecerse a ayudarme con esta niña que no puedo controlar, alguien ha llamado a la policía como si le estuviera pegando, como si estuviera haciendo algo malo”... Así que se tomó… la intervención de la policía por el lado equivocado y se puso muy a la defensiva»
La madre de este relato no ve la llamada de la vecina a la policía como un apoyo; más bien, siente que es una señal de que se percibe su forma de criar como ineficaz.
La vía cinco es una vía de búsqueda de ayuda entrelazada. La búsqueda de ayuda ante la VFP no está separada de la búsqueda de ayuda por otros problemas. A veces las familias buscan ayuda por otros problemas, como la violencia de pareja o la falta de vivienda, y el problema de la VFP surge una vez establecidas la confianza y la relación con la persona profesional. Otros contextos en los que puede surgir el problema de la VFP en esta vía son el rechazo escolar, los problemas de salud mental o, como indica Karen, profesional, «familias que se enfrentan a un desahucio por daños en la vivienda o por quejas por ruido…» debido a las (en)acciones violentas de un hijo o una hija.
En esta vía, la violencia del hijo o la hija suele estar ligada a la experiencia de violencia de pareja que la madre ha sufrido por parte de una pareja masculina. Kathryn cuenta que quería responder a la violencia de su hijo de manera distinta a como había respondido a la violencia de su pareja, y que por eso buscó ayuda: «simplemente no podía concebir hacer lo mismo con mi hijo». Este entrelazamiento con la experiencia de violencia de pareja de una madre también se exploró en las discusiones de coanálisis, donde Richard, profesional, explica:
«Sí, una de las cosas más duras de presenciar es la madre que llora y dice: “Ya estamos otra vez. Aguanté toda esta mierda de su padre y ahora mi hijo me hace lo mismo”, y ese es el ciclo intergeneracional, y la impotencia y la desesperanza que expresan conmueven mucho, pesan mucho».
Esta vía es la única en la que son las y los profesionales quienes identifican la VFP. Pueden presenciar la violencia mientras se produce, por ejemplo durante las citas. Leanne, una madre, habla de las (en)acciones violentas de su hija mientras residían en una casa de acogida y de cómo la profesional las presenció e intervino: «y de hecho Erica [profesional] estaba allí y habló con Gabrielle y acabó mandándola fuera, tranquila y calmada, eso ayudó de verdad».
Los hallazgos sobre el papel de los centros escolares en la identificación de la VFP fueron dispares. Algunas personas profesionales consideraron que los centros escolares estaban ausentes de esta vía, como explica Richard, profesional:
«Prácticamente todos los niños y niñas van, en algún momento, a la escuela. Y, desde luego, en mi experiencia, a menudo es allí donde se ven por primera vez, o se empiezan a ver, los comportamientos violentos, que luego se comunican a la familia, y eso podría llevar a las madres y a los padres a empezar a plantearse estas preguntas sobre buscar ayuda en algún sitio».
Sin embargo, otras personas profesionales, como Rachael, consideran que la VFP se da solo en el hogar: «Creo que muchas veces son comportamientos que solo ocurren en casa y que en la escuela tendrían comportamientos totalmente distintos». Ninguna madre menciona la escuela como vía de ayuda ante la VFP.
Esta vía solo incluye apoyos formales. Las familias pueden seguir trabajando con servicios a los que ya acudían por otros problemas o, en algunos casos, fueron derivadas a nuevos servicios para responder al problema de la VFP.
En esta sección se exploran los temas comunes a las cinco vías de búsqueda de ayuda. Estos temas ilustran condiciones sociomateriales que emergen con y en la búsqueda de ayuda ante la VFP.
Intrínseca a todas las vías de búsqueda de ayuda de este estudio es la existencia de una relación previa con la persona. Amy, una madre, afirma «Llamé a Susan de [un servicio para familias y jóvenes] porque yo… la conozco». Toda la ayuda se buscó en personas con las que algún miembro de la familia había tenido una experiencia previa o mantenía una relación. Laura, una madre, al recorrer la vía dos en busca de un diagnóstico que explicara la violencia de su hijo, aclara el valor de la relación preexistente para justificar por qué eligió a su médico de familia:
«Así que siempre he… mi médico es genial. Tiene muy buena relación con Matthew. Es su médico desde que nació. Siempre me dice que si Matthew alguna vez necesita venir a charlar, simplemente para ver cómo va, que es más que bienvenido, que pida cita y venga a charlar en general de las cosas. Pero ve su comportamiento a veces, sabe lo difícil que es para mí a veces. Así que es un médico que me apoya mucho, lo cual está bien».
Las y los profesionales identifican un concepto de búsqueda tardía de ayuda. April, profesional, afirma:
«Siempre me encuentro con que, para cuando las personas usuarias llegan a mí, la cosa está bastante intensa y bastante mal. Como que han pasado por todas partes y, para cuando me encuentran a mí o a otra gente del ámbito clínico, aquello está total y absolutamente fuera de control… Así que normalmente llevan mucho tiempo aguantando esto».
Esta cita es representativa de las y los profesionales que consideran que las familias acuden a su servicio cuando la violencia ya está arraigada. El hallazgo de que la búsqueda de ayuda se produce dentro de relaciones preexistentes respalda esta idea de búsqueda tardía de ayuda. En primer lugar, las madres hablaron de las opciones internas que utilizaron personalmente para intentar abordar la violencia antes de recurrir a apoyos externos. Así, aunque pueda parecer que la ayuda se busca tarde, en realidad han estado intentando activamente abordar el problema por sí mismas. En segundo lugar, las figuras parentales pueden haber buscado ayuda en otros apoyos dentro de sus relaciones preexistentes. Estas relaciones pueden haberlas puesto en contacto con las y los profesionales que participaron en la investigación, o haberles dado noticia de su existencia, lo que hace que estas personas profesionales sientan que la ayuda se busca tarde.
Esta investigación también encuentra obstáculos para buscar ayuda fuera de las relaciones preexistentes. El uso de la tecnología para buscar servicios limita las posibilidades de búsqueda de ayuda ante la VFP. Las y los profesionales indican que las familias pueden no saber qué palabras clave utilizar al buscar servicios en internet. Rachael, profesional de la salud mental, explica otro problema de la búsqueda en internet: «la cantidad de consultas de psicología y de servicios que aparecen es abrumadora, hay demasiados números y no saben adónde ir ni cuál es el adecuado». April, profesional en una zona rural, comenta:
«… esto es tan propio de vivir en una zona rural remota, que o bien creen que el servicio no existe, o bien la gente especializada que podría ayudarles a desenredar esto está tan ocupada que la espera es larguísima, y para cuando llegan a nosotros resulta bastante difícil. Nadie me encontraría nunca por Google en un pueblo pequeño, rural y remoto, por nuestro anonimato…»
Esta cita es sintomática de las complejidades que las y los profesionales señalan en el uso de las búsquedas en internet para encontrar servicios ante la VFP. Las madres no mencionan haber utilizado la tecnología para localizar servicios y, en cambio, recurren a sus relaciones preexistentes para la mayoría de los servicios de las vías.
Los sentimientos de miedo y vergüenza de las madres están entretejidos con su decisión de revelar la violencia de su hijo o hija. Louise, una madre, cuenta que, cuando reveló la VFP a una profesional, le pidió: «…por favor, no lo denuncie. Por favor, no lo escriba en sus notas clínicas». Aquí, el miedo es una preocupación por las consecuencias para la persona menor que ejerce la violencia y limita la capacidad de la madre para hablar de la violencia que sufre. Las y los profesionales también refieren este sentimiento de miedo. Karen, profesional, explica algunos miedos que las madres le han expresado, como «No quiero que se metan en líos, o “pensarían que soy una rata si los delato” y “la familia se va a enfadar conmigo”». Rachael, profesional de la salud mental, también dijo que el miedo a las repercusiones incluye lo que ocurriría si las madres revelaran la violencia: «…a menudo [mamá] tiene miedo de contárselo a nadie porque no sabe lo que va a pasar». Rachael profundiza en los sentimientos de miedo y vergüenza e indica que todas las familias con las que ha trabajado los experimentan:
«No creo haber conocido ni una sola familia en la que no haya miedo y vergüenza cuando hay violencia filio-parental… Normalmente hay al principio una actitud muy defensiva, y a veces una agresividad abierta ante el hecho de que otros servicios sugieran que hay un problema. Pero, debajo de eso, y cuando llegas a conocerles, hay muchas lágrimas, mucho miedo y mucha vergüenza, y eso sí actúa como obstáculo para buscar ayuda, y a menudo tienen muchísimo miedo de lo que les pasará como madre o como padre y de lo que le pasará a su hijo o hija».
Las madres perciben que serán juzgadas al revelar la VFP, y lo han sido, lo que limita su capacidad de revelar la violencia. Esta preocupación se ve agravada por la condición sociomaterial de ser madre sola. Laura, una madre, explica «Creo que, como madre sola, siento que la gente me va a juzgar y a decir que su comportamiento es culpa tuya, lo cual seguramente es una tontería pensarlo, pero así es como lo veo». Esta cita es representativa del juicio que sienten las madres, y limita la posibilidad de buscar ayuda. El miedo y el juicio se intensifican en las zonas rurales, como explica Louise, una madre: «no tenían… ninguna política de privacidad rigurosa para un pueblo pequeño, ni de seguridad», lo que limita las opciones disponibles para buscar ayuda. Tanya, profesional que trabaja en una comunidad pequeña, habla de esta misma preocupación en la discusión de coanálisis:
«Cuando hay comportamientos violentos y todo eso, veo casi un elemento de secretismo, así que una gran parte de “por qué se comporta así mi hijo”, pero no siempre se acudiría a psicología o a pediatría, solo se hablaría de verdad con amistades y familia por el estigma asociado a ello».
Aquí, la condición sociomaterial de las zonas rurales y las comunidades pequeñas coproduce límites a la búsqueda de ayuda ante la VFP. Los apoyos de la red de una persona se ven limitados por esta comunidad pequeña. Los elementos materiales del contexto sociomaterial, como los apoyos formales, limitan los medios a través de los cuales las madres pueden buscar asistencia ante la VFP.
En las entrevistas con las madres se analizaron las consideraciones que intervienen en la decisión de revelar la VFP a otros miembros de la familia, como la madre y el padre o los hermanos y hermanas de la madre. Madres como Kathryn señalan que sienten que su madre y su padre no entenderán sus problemas o no sabrán cómo responder: «Siento que si hablara de esto con mi madre y mi padre, cosa que de todos modos no haría, simplemente no sabrían manejarlo». Otras madres hablaron de los posibles problemas que esto crearía en la relación de sus propios padres con su hijo o hija, como explica Linda: «No le cuento nada a mi madre porque luego lo paga con Morgan». Karen, profesional, habló de una dificultad que pueden encontrar las figuras parentales al revelar la violencia a otros miembros de la familia: «Pero me he encontrado muy a menudo con que los familiares pueden… en cierto modo reforzar el statu quo de la dinámica familiar. Así que a veces socavan a la madre culpándola también, como un abuelo o una abuela». Aquí, la percepción y la experiencia de una respuesta social negativa por parte de la familia de las madres están entrelazadas con la búsqueda de ayuda. Esta respuesta social limita las opciones que se contemplan y está implicada en la experiencia de buscar ayuda.
Madres como Laura indican que la familia es un buen apoyo ante la VFP y explican la cercanía de su familia como motivo: «Mi madre es una bendición. Estaría perdida sin ella. Y todos [hermanos y hermanas] nos cuidamos unos a otros, así es como nos criaron». Las condiciones sociomateriales de la familia en este ejemplo, la sensación de cercanía, coproducen la posibilidad de buscar ayuda en un contexto familiar. La percepción de una respuesta social positiva hace posible pedir ayuda ante la VFP.
Una ausencia notable en las vías de búsqueda de ayuda es la opción de recurrir al padre de la persona menor. Muchas de las madres (n = 8) sufrieron violencia de pareja en el pasado, en parte ejercida por los padres de sus hijos e hijas. Los efectos de la ausencia del padre se amplifican en las experiencias de violencia de las madres, de modo que esa ausencia sigue influyendo en la relación de la madre con su hijo o hija y en sus percepciones del género y de la seguridad. Richard, profesional, ofrece en la discusión de coanálisis una cita sintomática de la opinión de las y los profesionales sobre el padre ausente: «Yo pregunto: “¿Dónde está el padre en todo esto?”. Si estamos hablando de problemas de apego y de los primeros 2000 días, “¿Dónde está el padre, o el otro progenitor, ya puestos?”. Hacen falta dos para bailar un tango y para hacer un bebé: ¿dónde están las dos figuras parentales o los modelos adultos?». La condición sociomaterial de los padres que ejercen violencia dificulta que la madre recurra al padre como apoyo ante la VFP. Desde esta perspectiva, la maternidad en solitario limita las opciones de relaciones preexistentes en las que apoyarse. Aunque otros familiares varones puedan estar disponibles, solo tres madres mencionan haber pedido ayuda a hombres: uno era un hermano y dos eran sus parejas actuales.
Este estudio realiza aportaciones originales al campo de la VFP. En primer lugar, identifica las condiciones sociomateriales y las intra-acciones ligadas a la búsqueda de ayuda ante la VFP, incluidos los contextos de la búsqueda de ayuda y las relaciones familiares a las que se atribuye la responsabilidad de abordar la violencia. En segundo lugar, una aportación de este estudio es el papel que desempeña la búsqueda de ayuda por otros problemas, como la falta de vivienda, en la identificación de la VFP. Esta sección resume los nuevos conocimientos aportados por el estudio a través del marco de las tres etapas de la búsqueda de ayuda (Liang et al., 2005). Esta discusión incorpora la investigación sobre la VFP y sobre la búsqueda de ayuda en el campo afín de la violencia de pareja. A continuación se presentan las consideraciones metodológicas del estudio, sus limitaciones y sus implicaciones.
El «umbral» de violencia de las madres, es decir, reconocer cuándo las (en)acciones violentas de un hijo o una hija son tales que se requiere ayuda externa, constituye un reto en la VFP. Existe un nivel aceptado de violencia de adolescentes hacia sus madres y padres, como afirma Holt (2013) al definir la violencia filio-parental: «el maltrato a las figuras parentales va más allá de las experiencias cotidianas de niños y niñas que “arremeten” contra sus madres y padres, algo que puede ocurrir por todo tipo de razones médicas, evolutivas y situacionales y que, por tanto, queda fuera de los parámetros del “comportamiento abusivo”» (p.2). Esta distinción es compleja e implica una aceptación social de la violencia de niños y niñas como parte «normativa» del desarrollo. Aún está por identificar el punto en el que una madre percibe las (en)acciones de su hijo o hija como violentas y no como parte de la «experiencia cotidiana». En el campo afín de la violencia de pareja, las mujeres han descrito el umbral de violencia como el punto en que «ya basta» (Randell et al., 2011), pero no existe consenso sobre este umbral en la VFP. Este estudio coincide con Holt (2013): la falta de comprensión del «umbral» de violencia impide reconocer el problema y saber cuándo pedir ayuda.
La literatura ha identificado la experiencia que tienen las madres tanto de la violencia de pareja como de la VFP, y una revisión reciente la denomina «la naturaleza intergeneracional de la violencia doméstica» (Peck et al., 2021b, p. 7). Mediante el marco conceptual de la intra-acción (Barad, 2007), este estudio profundiza en las conexiones entre estas dos formas de violencia. La intra-acción desplaza la conexión «causal» entre sufrir o presenciar violencia de pareja en el hogar y la violencia filio-parental hacia la de un entrelazamiento. Este entrelazamiento sitúa la experiencia de violencia de pareja no solo como un factor correlacionado, sino como una condición que hace posible el uso de la violencia filio-parental. La agencia del hijo o la hija al ejercer la violencia está ligada a su experiencia de la violencia de pareja. Esto no anula la responsabilidad; al contrario, Barad (2007) afirma que una mirada intra-activa genera más responsabilidad y rendición de cuentas. Además, para algunos hijos e hijas, su exposición a la violencia de pareja es una condición que hace menos posibles unas relaciones respetuosas y no violentas con su madre. Esto no implica que toda VFP esté relacionada con la violencia de pareja, sino que, para algunos hijos e hijas, su exposición a la violencia de pareja es una condición que hace posibles las (en)acciones de violencia.
La búsqueda de ayuda de las madres que habían sufrido violencia de pareja estaba en ocasiones entrelazada, imposible de separar de la experiencia de la violencia de su hijo o hija. Este entrelazamiento coprodujo las condiciones de posibilidad e imposibilidad de la búsqueda de ayuda, limitando y facilitando a la vez el acceso de las madres a apoyos ante la VFP. Las experiencias de las dos formas de violencia se materializaron juntas en la búsqueda de ayuda ante la VFP. Holt (2013) señaló que las madres que han sufrido violencia de pareja pueden ser más vulnerables a la VFP. Este estudio amplía esta afirmación al constatar que la experiencia de la violencia de pareja puede aportar un lenguaje con el que enmarcar la violencia de un hijo o una hija, al tiempo que este entrelazamiento también produjo distintas vías de búsqueda de ayuda.
Este estudio constató, como evidencia la vía cinco, que la VFP no siempre es el motivo de consulta. Del mismo modo, Fitz-Gibbon et al. (2021) afirman que la VFP puede no ser el problema que motiva la consulta. Se identificaron dificultades para acceder a la ayuda, como la escasez de servicios de intervención temprana específicos para la VFP, como factores que contribuyen a que no se denuncie la VFP (Fitz-Gibbon et al., 2021). En este estudio, la VFP emerge dentro de las condiciones sociomateriales de otros motivos de consulta. Las condiciones sociomateriales de la escasez de servicios específicos para la VFP, así como el desconocimiento del «umbral» de la violencia ejercida por hijos e hijas, limitan la capacidad de las madres para buscar ayuda ante la VFP.
La vía cinco recoge una condición sociomaterial, residir en una casa de acogida, que hace posible la experiencia de búsqueda de ayuda ante la VFP. Residir en una casa de acogida permite a las y los profesionales presenciar las (en)acciones violentas de un hijo o una hija hacia su madre. La «vigilancia de la parentalidad» es un fenómeno que se vive en las casas de acogida: las madres que dejan una relación violenta y residen temporalmente en una casa de acogida refieren que su manera de criar es objeto de escrutinio y de regulación (Fauci & Goodman, 2020, p. 242). Un estudio con madres residentes en casas de acogida para víctimas de violencia doméstica en Estados Unidos constató que las madres sentían restringida su autonomía y que el personal de la casa de acogida intervenía en la crianza (Fauci & Goodman, 2020). En el presente estudio, a diferencia de Fauci y Goodman (2020), la condición sociomaterial de residir en una casa de acogida hizo posible que una madre obtuviera apoyo ante las (en)acciones violentas de su hija.
Este estudio constató que las madres identificaban sentimientos de miedo, vergüenza y juicio relacionados con sus experiencias y sus percepciones de las respuestas sociales en la búsqueda de ayuda ante la VFP. Este hallazgo está respaldado por la investigación sobre la VFP (p. ej., Coogan, 2014). Sin embargo, este estudio, al aplicar una mirada intra-activa y basada en la respuesta, los desplaza de la categoría de factores que dificultan la búsqueda de ayuda a la de entrelazamientos que coemergen con la experiencia de la VFP. Estos sentimientos asociados a las respuestas sociales percibidas y reales son inseparables de la experiencia de la VFP y están implicados en los procesos de búsqueda de ayuda. Esta implicación limita los lugares donde las familias pueden buscar ayuda. Del mismo modo, los sentimientos que experimentan las madres pueden estar limitando la responsabilidad del hijo o la hija de cambiar sus (en)acciones. Utilizar la intra-acción para analizar los sentimientos experimentados lleva a dejar de verlos como obstáculos y a considerarlos, en cambio, coproductores de los límites de la búsqueda de ayuda. La agencia de una madre para buscar ayuda está limitada por estos sentimientos y estrechamente ligada a la percepción de una respuesta social de juicio. Situar los sentimientos de las madres desde una mirada basada en la respuesta pone de relieve las condiciones que hacen posible que las madres se sientan culpables y avergonzadas por la violencia de su hijo o hija (p. ej., Williams et al., 2017) y aquellas que poco hacen por preservar la dignidad o favorecer la recuperación de las familias (Richardson et al., 2017).
A la toma de la decisión de buscar ayuda están ligadas las intra-acciones dentro de la familia. Las vías uno y cuatro atribuían a las figuras parentales la responsabilidad de abordar la violencia. La vía dos indicaba una responsabilidad compartida de la violencia entre el hijo o la hija y una patología. La noción de culpa atribuida al hijo o la hija o a la figura parental, y su conexión con la búsqueda de ayuda, apenas se han investigado (véase Holt, 2013). Sin embargo, una mirada intra-activa considera que estas relaciones familiares tienen agencias entrelazadas. Estas agencias entrelazadas incorporan la responsabilidad de abordar la violencia e influyeron en dónde buscaron ayuda las madres. También está implicada en este entrelazamiento la atribución del grado en que la madre y el hijo o la hija eran «culpables» (Holt, 2013). Estas intra-acciones familiares son condiciones sociales que hacen posibles algunas vías de búsqueda de ayuda e imposibles otras.
La investigación sobre la búsqueda de ayuda ante la violencia de pareja indica que se recurre a los apoyos informales antes que a los servicios formales; un estudio constató que el 86.2% de las madres buscaba ayuda en la familia, en las amistades o en ambas (Meyer, 2011). El presente estudio concuerda con este hallazgo y con Messiah y Johnson (2017), que señalan algo similar respecto a la VFP. Este estudio amplía este hallazgo al afirmar que las madres que buscan ayuda personal y profesional ante la VFP lo hacen dentro de relaciones preexistentes.
La condición sociomaterial de una relación preexistente crea la posibilidad de buscar ayuda. Ampliando la encuesta de Parentline (2010) (citada en Holt, 2013), que señalaba a los médicos de familia y a los centros escolares como las principales fuentes de apoyo buscadas por las familias, este estudio constató que la condición de una relación preexistente es fundamental para que la búsqueda de ayuda sea posible. Sin embargo, en este estudio las madres no identificaron los centros escolares como una de las relaciones preexistentes a las que recurrir en busca de ayuda ante la VFP. La familiaridad y la confianza al buscar apoyo formal (Holt, 2013) pueden ser factores adicionales necesarios dentro de la relación preexistente. El aislamiento de las figuras parentales a causa de la VFP, así como las experiencias pasadas o actuales de violencia de pareja, pueden restringir los lugares donde deciden buscar ayuda. En esta investigación se constató que los problemas de disponibilidad de servicios y de confidencialidad se agravan en las zonas rurales, lo que limita las relaciones preexistentes disponibles a las que pedir ayuda. Ya se había constatado que los entornos rurales dificultan la búsqueda de ayuda ante la VFP (Fitz-Gibbon et al., 2021), y este estudio va más allá al indicar que la condición sociomaterial de un entorno rural restringe la búsqueda de ayuda ante la VFP.
Meyer (2011) constató que, al buscar ayuda ante la violencia de pareja, algunas madres pueden optar por «guardar silencio» (p.441) para proteger a sus hijos e hijas, por miedo a la intervención del sistema de protección de la infancia. Del mismo modo, el silencio de las madres está documentado en la VFP (p. ej., Burck et al., 2019). El presente estudio constató que el miedo a las repercusiones para el hijo o la hija, incluidas las relacionadas con el sistema de protección de la infancia, condicionaba la decisión de revelar la VFP y, por tanto, silenciaba a las madres.
Otras investigaciones han constatado la reticencia a recurrir a la policía ante la VFP (p. ej., Fitz-Gibbon et al., 2021). En estudios anteriores, esta reticencia se ha atribuido al miedo a criminalizar al hijo o la hija (Douglas & Walsh, 2018), a no ser tomadas en serio (Edenborough et al., 2008) y a que no tenga un efecto disuasorio eficaz (Holt, 2011). Este estudio se basa en estos hallazgos para considerar las relaciones dentro de la familia al buscar ayuda y las intra-acciones al recurrir a la policía. Las intra-acciones de las relaciones familiares influyeron en las vías que recorrieron las madres para buscar ayuda ante la violencia. El presente estudio amplía los anteriores al constatar que una condición para recurrir a la policía es que la madre se perciba como responsable de las acciones de su hijo o hija. Del mismo modo, si las madres vinculaban la agencia de la violencia del hijo o la hija a una patología, se creaba una condición de imposibilidad de recurrir a la policía.
Los padres estuvieron ausentes de las vías de búsqueda de ayuda en este estudio. Aunque este estudio está limitado por el hecho de que todas las figuras parentales entrevistadas eran madres, en él están presentes las complicaciones de seguridad que supone ejercer la parentalidad con un padre que ejerce violencia contra la madre. El conflicto entre la necesidad percibida de que ambas figuras parentales desempeñen un papel en la crianza y, en pie de igualdad, la necesidad de proteger a los hijos e hijas de cualquier daño (Simmons, 2018), está presente aquí en los relatos de estas madres y se señala también en las entrevistas con profesionales. Esta investigación constata el aislamiento de las madres como condición sociomaterial de la violencia de pareja (Barnett et al., 2011), por ejemplo cuando las mujeres abandonan su comunidad para escapar de la violencia. Este aislamiento limita las opciones disponibles de búsqueda de ayuda dentro de las relaciones preexistentes, incluida la del padre del hijo o la hija.
Una fortaleza del presente estudio es su marco teórico y su metodología. En particular, la inclusión de discusiones de coanálisis aportó profundidad al análisis del estudio. El marco conceptual de la investigación, que utiliza la práctica basada en la respuesta y la intra-acción, proporciona una estructura para aclarar nuevos conocimientos. En consonancia con Barad (2007), que invita a no conceder demasiada importancia a las «palabras», la utilización de enfoques basados en la respuesta junto con la indagación narrativa favorece la consideración de las condiciones sociomateriales. El paso de considerar como condiciones (Webb, 2021) lo que antes se planteaba como factores sitúa esas condiciones como entrelazadas con la agencia y el poder. Este posicionamiento aporta nuevas perspectivas sobre la búsqueda de ayuda ante la VFP. Este artículo contribuye a colmar el vacío de las «voces silenciadas de las madres» en la investigación (p. ej., Burck et al., 2019). El enfoque de captación de este estudio aborda este vacío identificado, y se captó a madres de poblaciones de difícil acceso para que sus voces estuvieran presentes.
Los hallazgos de este estudio deben considerarse a la luz de sus limitaciones. En primer lugar, el tamaño de la muestra de esta investigación era modesto y la COVID-19 afectó a la captación. En segundo lugar, aunque el estudio está limitado por el solapamiento entre participantes —ya que profesionales ayudaron a captar a las madres y, por tanto, estas habían acudido a sus servicios—, la investigación se basó en una diversidad de experiencias de práctica y no todas las personas profesionales pusieron en contacto a madres con la investigación. En tercer lugar, como este estudio incluyó una recogida de datos a distancia por teléfono y por Zoom, es posible que las madres hayan restringido sus relatos de violencia por la presencia de otros miembros de la familia. Por último, el estudio está limitado por el hecho de que las vías de búsqueda de ayuda no se trazaron en el tiempo.
Los hallazgos de este estudio plantean una serie de implicaciones para la práctica profesional, la investigación y la formación. En primer lugar, las y los profesionales deberían examinar cómo enmarcan la violencia en relación con las relaciones familiares y con la responsabilidad de la violencia. También debería prestarse atención a cómo enmarcan la violencia las figuras parentales, tanto respecto de las relaciones familiares como de la responsabilidad. Las y los profesionales deberían tener en cuenta que la VFP puede surgir en el contexto de otros problemas, puede no ser el motivo de consulta cuando las familias buscan ayuda, y puede hacer falta tiempo para establecer una relación antes de que se revele la VFP. Las y los profesionales deberían ser conscientes de las intra-acciones con/en la búsqueda de ayuda ante la VFP. Deben tener en cuenta el mayor riesgo de violencia presente en la vía de búsqueda de ayuda a través de la policía. Deberían considerar las condiciones sociomateriales que hacen posible e imposible la búsqueda de ayuda de las familias, en particular: un entorno rural o una comunidad pequeña; la experiencia de violencia de pareja; las percepciones negativas de las respuestas sociales; y la necesidad de que la búsqueda de ayuda se produzca dentro de una relación preexistente. Convendría que tuvieran en cuenta la vigilancia adicional en las casas de acogida. Las y los profesionales deberían reconocer que forman parte de la red preexistente de una madre cuando se les pide ayuda y que, aunque no puedan ofrecer una respuesta dentro de la capacidad de su servicio, el apoyo que brinden en ese momento puede facilitar o impedir una búsqueda de ayuda posterior.
En segundo lugar, se necesita investigación para determinar qué papel pueden desempeñar los centros escolares en la identificación de la VFP y en la respuesta a ella. Se necesita más investigación para explorar la conexión entre la VFP y otros comportamientos violentos. El vacío relativo al «umbral» de violencia identificado en este estudio requiere más investigación. Merecen examinarse las implicaciones de la VFP identificada por profesionales, así como si esto influye, y cómo, en la aceptación y la disposición de las familias a participar en respuestas para abordar la VFP.
En tercer lugar, debería ofrecerse formación para alertar a las y los profesionales sobre las percepciones y experiencias de juicio entrelazadas en la búsqueda de ayuda ante la VFP. Debería ofrecerse formación a profesionales para construir relaciones en el contexto de la búsqueda de ayuda ante la VFP. Se necesita más investigación y formación para investigar respuestas adecuadas a la VFP, que a su vez podrían aliviar los sentimientos de vergüenza, miedo y juicio que limitan la búsqueda de ayuda de una madre ante la VFP.
El presente estudio sugiere que las madres recorren cinco vías cuando buscan ayuda ante la VFP. El análisis apunta a la pertinencia de las relaciones preexistentes en la búsqueda de ayuda ante la VFP. Este estudio aclara además el entrelazamiento de la VFP con otros problemas, como la violencia de pareja, la falta de vivienda y el rechazo escolar, junto con las preocupaciones relacionadas con el miedo y el juicio al buscar ayuda. Incorporar una mirada basada en la respuesta y la «intra-acción» abre en este estudio la posibilidad de nuevas perspectivas. Se necesita más investigación para identificar el «umbral» para buscar ayuda en la VFP, junto con el modo en que las y los profesionales enmarcan sus respuestas cuando las familias les piden ayuda ante la VFP.
Complexe Systémique: puntos clave
El interés de esta indagación es que desplaza la pregunta: en lugar de preguntarse por qué las madres tardan en hablar de la violencia de su hijo o hija, examina dónde se vuelve posible la ayuda. La respuesta es ante todo relacional: se confía en quien ya se conoce (una amiga, una hermana, la médica o el médico de familia), y cada profesional a quien se acude forma parte, lo quiera o no, de esa red. La forma en que la familia interpreta la violencia también determina la vía: creerse una mala madre conduce al apoyo a la crianza, buscar una enfermedad conduce al diagnóstico, mantener el control conduce a la policía. Para la práctica sistémica destacan dos lecciones: no aislar la violencia filio-parental de la violencia de pareja, de la vivienda o de la escolaridad, con las que está entrelazada; y pensar la vergüenza y el miedo al juicio como producidos en las relaciones y, por tanto, susceptibles de cambiar gracias a la calidad de la acogida. Los límites residen en una pequeña muestra australiana sin padres. Puede leerse junto con el artículo sobre la violencia filio-parental como fenómeno emergente y la entrevista con Allan Wade sobre la práctica basada en la respuesta.
Notas del original
Financiación. Financiación de acceso abierto facilitada y organizada por CAUL y sus instituciones miembro. La autora principal cuenta con una beca del Australian Government Research Training Program.
Conflicto de intereses. Ninguno.
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Traducción no oficial al español de “I Wasn’t Gonna Quit, but by Hook or by Crook I was Gonna Find a Way Through for the Kids”: A Narrative Inquiry, of Mothers and Practitioners, Exploring the Help-seeking of Mothers’ Experiencing Child to Parent Violence, de Chye Toole-Anstey, Michelle Townsend y Lynne Keevers, Journal of Family Violence, vol. 39, no 4 (2024), doi: 10.1007/s10896-023-00511-z, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
El artículo original, «“I Wasn’t Gonna Quit, but by Hook or by Crook I was Gonna Find a Way Through for the Kids”: A Narrative Inquiry, of Mothers and Practitioners, Exploring the Help-seeking of Mothers’ Experiencing Child to Parent Violence», se publicó en Journal of Family Violence (2024) bajo licencia CC BY 4.0. Esta versión es una traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, con una presentación adaptada para la lectura en línea, tal como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Toole-Anstey, C., Townsend, M., y Keevers, L. (2024). “I Wasn’t Gonna Quit, but by Hook or by Crook I was Gonna Find a Way Through for the Kids”: A Narrative Inquiry, of Mothers and Practitioners, Exploring the Help-seeking of Mothers’ Experiencing Child to Parent Violence. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/i-wasnt-gonna-quit-help-seeking-of-mothers-experiencing-child-to-parent-violence (Obra original publicada en 2023 en Journal of Family Violence, 39(4), 567-579 (2024); republicada en 2024 por Journal of Family Violence, https://link.springer.com/article/10.1007/s10896-023-00511-z)
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