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Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Contemporary Family Therapy · Terapia familiar

El Pastel de la inspiración: situar el conocimiento de terapeuta y consultante en la terapia breve centrada en soluciones

¿Exige la postura de «no saber» que terapeutas se guarden para sí todo lo que saben? Leoš Zatloukal, de la Universidad Palacký de Olomouc, distingue la pericia sobre el proceso de la pericia sobre el contenido en la terapia breve centrada en soluciones y propone después el Pastel de la inspiración: trece fuentes de conocimiento, desde la propia experiencia de la persona consultante hasta las fábulas, ordenadas de la más empoderadora a la más indirecta. Dos ejemplos clínicos y un juego para la infancia, Klondike, muestran cómo utilizarlo.

Autoría Leoš Zatloukal (Sts Cyril and Methodius Faculty of Theology, Palacký University Olomouc, Czechia)Primera publicación Contemporary Family Therapy, 8 de abril de 2023Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de The Pie of Inspiration: Positioning the Therapist’s and Client’s Knowledge in Solution-Focused Brief Therapy, de Leoš Zatloukal, publicado en Contemporary Family Therapy (Springer) (2024), doi: 10.1007/s10591-023-09663-y, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla 1 se presenta en forma de lista; las dos figuras se reproducen en su versión original. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

El no saber de la persona terapeuta no se percibe como incompetencia, sino como un aplazamiento intencionado y disciplinado de sus propias ideas preconcebidas, para poder escuchar de verdad a la persona consultante y construir a partir de lo que dice.

Leoš Zatloukal

Resumen

La postura no experta o posición de «no saber» desempeña un papel importante en las terapias posmodernas/postestructuralistas (Tarragona, 2008) y, al mismo tiempo, este concepto ha dado lugar a muchos malentendidos y posibles escollos para la práctica terapéutica. Este artículo examina el «conocimiento» en las conversaciones terapéuticas desde la perspectiva de una de las terapias posmodernas: la terapia breve centrada en soluciones. Tras una introducción a la terapia breve centrada en soluciones y a sus principios, se presta atención a la pericia relativa al proceso y al contenido, y al posicionamiento de la persona terapeuta centrada en soluciones en las conversaciones. La sección siguiente describe un modelo, llamado Pastel de la inspiración, que permite reflexionar sobre las distintas fuentes de conocimiento e invitarlas a la conversación terapéutica centrada en soluciones. La aplicación del modelo se ilustra con algunos ejemplos clínicos y con una actividad para trabajar con la infancia llamada Klondike.

Palabras clave: terapia breve centrada en soluciones, conocimiento, posicionamiento, curiosidad, pericia relativa al proceso/al contenido

La manera tradicional de entender la terapia presupone que algunas personas (consultantes) necesitan ayuda con algo en su vida (problemas) y acuden a una persona experta (terapeuta) que puede ayudarlas a lograr cambios significativos en su vida (solución). Esta visión asume implícitamente que las personas consultantes no son expertas, puesto que necesitan la pericia de terapeutas. Esta suposición puede ir aún más lejos cuando terapeutas creen que pueden comprender a las personas consultantes y su vida mejor, con más precisión o con más profundidad que ellas mismas. A veces, la propia clientela espera que terapeutas sean también especialistas de su vida. Las terapias posmodernas/postestructuralistas, como la terapia centrada en soluciones, la narrativa o la colaborativa, cuestionan con fuerza esta suposición (Tarragona, 2008). Todas ellas destacan la pericia de la clientela y la postura no experta de terapeutas, el conocimiento local (frente al global), el aprendizaje a partir de las personas consultantes, la cooperación y la colaboración, y la transparencia (Anderson & Gehart, 2006; De Jong & Berg, 2012; Tarragona, 2008; White & Morgan, 2006). Por otra parte, en torno a esta cuestión han surgido numerosos malentendidos y confusiones: terapeutas que, por ejemplo, fingen «no saber» en las sesiones, se niegan a compartir su punto de vista o creen que no se les permite dar ningún consejo en ninguna situación, etc. (Anderson, 2005; Guterman, 2014). Por ejemplo, una persona con larga experiencia en terapia centrada en soluciones sugirió que «nunca se vería a nadie que practique la terapia centrada en soluciones dar consejos», a lo que Insoo Kim Berg, una de las fundadoras del enfoque, respondió: «¿Qué? ¿Quieres decir que, si sabes algo que ayudaría a quien consulta, no se lo dirías?» (de Shazer et al., 2007, s. 155). La autoría añade a continuación que la suposición de que la persona terapeuta centrada en soluciones nunca ofrece ideas, sugerencias o alternativas durante la conversación terapéutica no se corresponde necesariamente con la realidad (de Shazer et al., 2007).

Los malentendidos sobre el «no saber» y sobre el uso de distintas fuentes de conocimiento en las conversaciones terapéuticas pueden tener consecuencias graves, como rupturas de la alianza de trabajo (Norcross, 2011), oportunidades y recursos desaprovechados, una sobrevaloración de las técnicas (por ejemplo, de las preguntas), falta de transparencia o el abandono, por parte de terapeutas, de la práctica de la terapia posmoderna. Este artículo pretende ofrecer más posibilidades para generar conversaciones potencialmente útiles, que aprovechen distintas fuentes de conocimiento para ampliar las oportunidades de cambio y que, al mismo tiempo, se apoyen en la pericia de la persona consultante y mantengan la colaboración y la transparencia en la relación terapéutica.

Aunque todas las terapias posmodernas comparten la visión posmoderna, cada una subraya aspectos ligeramente distintos de ella y trabaja con supuestos y métodos diferentes. En este artículo me centraré en particular en la terapia breve centrada en soluciones (SFBT, por sus siglas en inglés), sabiendo que algunas perspectivas se aplicarán también a otras terapias posmodernas y que otras serán más bien específicas de la SFBT. Presentaré primero este enfoque terapéutico y su visión del conocimiento y de la pericia. Seguirá el «Pastel de la inspiración», un modelo para invitar distintas «voces» a la conversación y organizarlas, con algunas indicaciones prácticas.

La terapia breve centrada en soluciones y la curiosidad constructiva

La terapia breve centrada en soluciones (SFBT) es uno de los sistemas de psicoterapia arraigados en la terapia familiar (Becvar & Becvar, 2012; Kaslow, 2000; Prochaska & Norcross, 2018; Sharf, 1995; Sommers-Flanagan & Sommers-Flanagan, 2012). Sus raíces se remontan al trabajo del MRI de Palo Alto y al de Milton H. Erickson (de Shazer, 1985), y surgió de la práctica clínica de Steve de Shazer, Insoo Kim Berg y su equipo en el Brief Family Therapy Center de Milwaukee (Wisconsin) a principios de los años ochenta (de Shazer et al., 2007). La SFBT se fundamenta en la filosofía posmoderna (constructivismo y construccionismo social) y en la filosofía del último Wittgenstein (de Shazer, 1994; de Shazer et al., 2007), y se considera uno de los enfoques terapéuticos posmodernos/postestructuralistas, junto con la terapia narrativa y la colaborativa (Tarragona, 2008). Sin embargo, como afirma claramente su autoría, la SFBT «no se basa en una teoría, sino que se desarrolló de forma pragmática» (De Shazer et al., 2007, p. 1). Así pues, ni la teoría ni unas técnicas específicas pueden definir este enfoque y distinguirlo de los demás. Esa distinción puede lograrse más bien examinando el conjunto de principios o postulados que «sirven de pautas para la práctica de la SFBT y que a la vez orientan y caracterizan este enfoque» (De Shazer et al., 2007, p. 1).

Existen muchas listas de los postulados básicos de la SFBT (Berg & Miller, 1992; de Shazer et al., 2007; Lipchik, 2002; O’Hanlon & Weiner-Davis, 2003). Pueden resumirse en una lista propia mediante el sencillo acrónimo CHANGE (véase la tabla 1).

Tabla 1 — Postulados básicos de la SFBT

  • C – Cooperación (Cooperation). Este principio presupone la cooperación como punto de partida básico de la terapia y asume que toda persona consultante está abierta a cooperar, aunque no siempre según las ideas de la persona terapeuta. En esos casos, no se considera útil contaminar la relación terapéutica con conceptos como «resistencia» o «poder», que socavan la colaboración y a menudo solo culpabilizan a la clientela y tranquilizan a terapeutas. El principio de colaboración toma en serio los resultados de la investigación que subrayan la importancia de la alianza de trabajo para el resultado de la terapia. Cómo puede verse en la práctica: negociar los objetivos de la cooperación con las personas consultantes, su entorno cercano, las instituciones implicadas, etc.; el esfuerzo de la persona terapeuta por escuchar con atención, por utilizar el lenguaje de la persona consultante, por aceptarla tal como es y por contribuir a que pueda sentirse segura en la terapia y vivirla como un encuentro auténtico con otra persona; la máxima invitación de las personas consultantes al proceso de cambio; la transparencia en cuanto a los métodos utilizados; en caso de ruptura de la cooperación (ruptura de la alianza), en lugar de etiquetar a las personas consultantes e indagar por qué cooperan mal, la persona terapeuta busca nuevas maneras de restablecer la cooperación por su parte.
  • H – Honrar la individualidad (Honoring individuality). Este principio consiste en crear una terapia única para cada persona consultante. La persona terapeuta se interesa por sus particularidades (en especial por sus recursos) y por su uso en la terapia. Gracias a ello, el acento no se pone en procedimientos generales o preparados de antemano, sino en la capacidad de improvisación terapéutica. Cómo puede verse en la práctica: encontrar maneras de identificar los recursos específicos de la persona consultante y cómo utilizarlos en la terapia; improvisar según lo que la persona consultante aporta a la terapia (sobre todo sus deseos, sus recursos y sus ideas sobre el proceso de cambio), incluida la capacidad de dejar de lado los procedimientos preparados y la rutina terapéutica y de arriesgarse a la incertidumbre del proceso creativo.
  • A – Asumir la inevitabilidad del cambio (Acknowledging inevitability of change). Este principio concibe el cambio como una manifestación inevitable de todo sistema complejo vivo. La persona terapeuta debe advertir deliberadamente los cambios útiles, incluso los muy pequeños, y apoyarse en ellos. Piensa sobre todo en términos de procesos, más que de sustantivos o entidades estables (por ejemplo, diagnósticos o categorías). Cómo puede verse en la práctica: introducir la suposición del cambio en situaciones que la persona consultante u otras partes interesadas describen como estáticas y fijas; observar con atención los cambios constructivos, incluso los muy pequeños que fácilmente pasarían desapercibidos; utilizar de forma deliberada el cambio constructivo y el «efecto dominó» (la propagación de los cambios en los sistemas).
  • N – No saber (Not-knowing). El no saber de la persona terapeuta no se percibe como incompetencia, sino como un aplazamiento intencionado y disciplinado de sus propias ideas preconcebidas, para poder escuchar de verdad a la persona consultante y construir a partir de lo que dice. Al mismo tiempo, la persona terapeuta parte de que la persona consultante es experta en la vida que lleva y conoce mejor que nadie los matices más sutiles de su experiencia y de sus deseos. La persona terapeuta se apoya en esta pericia de la persona consultante y se pronuncia lo menos posible sobre estas cuestiones. Su propia pericia se manifiesta como pericia en el proceso de cambio: es capaz de reflexionar sobre la manera en que se desarrolla la terapia (el proceso) y ofrece elementos de proceso (preguntas, comentarios, etc.) que pueden ayudar a la persona consultante a abrirse a nuevas posibilidades. La forma en que la persona terapeuta contribuye al proceso terapéutico favorece la creatividad, el juego y el aprovechamiento de lo que está disponible para el cambio terapéutico. También es capaz de contribuir al contenido, de maneras respetuosas y empoderadoras. Cómo puede verse en la práctica: cultivar la curiosidad terapéutica y reducir al mínimo los comentarios expertos sobre lo que dice la persona consultante, del tipo «es así»; invitar a la persona consultante (por ejemplo, mediante preguntas y comentarios) a elementos de proceso que pueden abrir nuevas posibilidades en un momento dado; apertura a que la persona consultante vea las cosas de otra manera que la persona terapeuta; que la persona terapeuta dé comentarios y consejos lo menos posible (dando prioridad a lo que la persona consultante sabe o puede aprender) y de un modo tentativo, respetuoso y empoderador.
  • G – Hacer crecer soluciones (Growing of solutions). «Hacer crecer soluciones» se diferencia de «resolver problemas» en que se trata de desarrollar (crear) de forma constante algo nuevo (soluciones, cambios), y no solo de eliminar o reparar problemas. La «solución» no depende de la naturaleza del problema ni de sus causas percibidas, y ni siquiera tiene que estar a la altura de la complejidad del problema: basta con que se ajuste a la situación descrita como problema. Cómo puede verse en la práctica: en lugar de analizar el problema y sus raíces, la persona terapeuta intenta centrar la conversación en el cambio que la persona consultante desea, en los recursos que pueden utilizarse para ello y en las posibilidades de conectar esos recursos con el cambio deseado; una orientación constante al crecimiento, es decir, centrarse en lo que hay que desarrollar, no en lo que hay que reducir.
  • E – Eficacia (Effectiveness). En este principio se esconde un énfasis en la «brevedad» de la terapia (no solo en su «corta duración» o en su «limitación temporal»), entendida como actitud y planteamiento general de la persona terapeuta. Se parte de la tesis, compartida por quienes practican la terapia breve, de que la terapia no es más que un recurso provisional entre los patrones de problema y las soluciones, y de que debe durar lo menos posible. El propósito de la terapia es el cambio terapéutico, de modo que todas las capacidades de la persona terapeuta están orientadas a facilitar el cambio, a observarlo con atención y a apoyar su desarrollo. Una terapia exitosa se reconoce sencillamente por su utilidad, es decir, porque conduce a un cambio terapéutico. Un aspecto importante de la eficacia es la parsimonia y la sencillez: el menor esfuerzo posible y la vía más sencilla para lograr el cambio (principio de la navaja de Ockham). Cómo puede verse en la práctica: dirigir la conversación hacia el cambio terapéutico, hacia lo que quiere la persona consultante y hacia los recursos que pueden utilizarse; reducir al mínimo las desviaciones hacia la «conversación sobre el problema» y llevar al máximo la «conversación sobre soluciones», manteniendo la cooperación con la persona consultante; la vía más fácil, rápida y útil hacia el cambio es utilizar los recursos de la persona consultante que ya están disponibles, por lo que centrarse en los recursos y en su uso es un elemento clave de la eficacia para lograr el cambio deseado; cuando es posible elegir entre un procedimiento sencillo y otro más complejo con el mismo resultado, siempre se prefiere el más sencillo.

Los postulados de la SFBT mencionados no están estrictamente separados; más bien se solapan y a menudo se manifiestan juntos en las sesiones de SFBT. La siguiente parte del artículo se centrará sobre todo en el principio del «no saber», pero es importante tener presentes todos los principios a la vez.

Una de las actitudes básicas de la persona terapeuta en el trabajo con la clientela se denomina en la SFBT actitud de «no saber» o «mente de principiante» (Bannink, 2010; De Jong & Berg, 2012). Ambos términos remiten a la capacidad de la persona terapeuta para dejar de lado sus ideas preconcebidas, sus teorías, sus prejuicios o sus categorías de evaluación, y acercarse a la persona consultante con una mente abierta y escuchar de verdad lo que dice. Harlene Anderson, que introdujo la noción de actitud de «no saber» en psicoterapia, la asocia con la capacidad de oír lo nuevo, lo inesperado y lo único (Anderson, 1997). Como ambos conceptos pueden confundirse con cierta incompetencia de la persona terapeuta (el «no conocimiento» o la falta de experiencia de quien «empieza») y dar lugar a malentendidos (Anderson, 2005), prefiero hablar de «curiosidad constructiva». Me inspiré en Walter y Peller, antiguos miembros del BFTC, que más tarde contribuyeron a una conexión más profunda entre la SFBT y la filosofía posmoderna. Afirman: «Intentamos ser tan curiosos y abiertos como a los cinco años, como si todo fuera y pudiera ser completamente nuevo» (Peller & Walter, 2000, p. 37). Esta autoría acuñó el término «curiosidad con la persona consultante», o simplemente «curiosidad con»: es decir, una curiosidad que no es solo de la persona terapeuta o de la persona consultante, sino compartida (Peller & Walter, 2000). Distinguen esta forma de curiosidad de la «curiosidad sobre», que lleva a la persona terapeuta a interesarse por algo que corresponde a sus propias teorías. Desde mi punto de vista, la distinción entre ambas formas es aún más sutil. No creo que la persona terapeuta deba renunciar por completo a toda «dirección» o «conducción» de la entrevista (véase el principio de pericia sobre el proceso mencionado más arriba), sino más bien que debe reflexionar sobre cuándo su curiosidad coincide con la de la persona consultante (la curiosidad compartida desarrolla el diálogo y la «curiosidad con la persona consultante») y cuándo sus curiosidades apuntan en direcciones distintas y no son compartidas (en cuyo caso le corresponde dar prioridad a la conexión con la persona consultante por encima de cualquier «agenda» profesional).

Además, a esta curiosidad se la llama «constructiva». Se trata simplemente de una curiosidad o un interés que tiene efectos «constructivos», es decir, que coconstruye algo nuevo y valioso para la persona consultante. La actitud de curiosidad constructiva ayuda a aplazar la propia precomprensión de la persona terapeuta y, al mismo tiempo, a expresar con relativa claridad su interés por la persona consultante y por su visión de la situación. Esto puede dar lugar a nuevas perspectivas y descubrimientos por parte de la persona consultante y abrir espacio para el cambio deseado. Esta postura puede asociarse con el afecto positivo, con el juego y, por tanto, con la creatividad en la conversación (Morgan & Wampler, 2003). Uno de los elementos clave de toda consulta con personas es equilibrar el énfasis en el desarrollo del cambio con el énfasis en la comprensión de la persona consultante y en la validación de su experiencia o en su aceptación (De Jong & Berg, 2012; Lipchik, 2002; O’Hanlon & Weiner-Davis, 2003). La comprensión es la capacidad continua de la persona terapeuta de percibir la perspectiva de la persona consultante, en la medida en que puedan crear juntas un cambio o unas soluciones. Por tanto, no se trata de una comprensión «absoluta», imposible desde el punto de vista de la epistemología posmoderna, sino de un grado de puesta en común del mundo social en la conversación que permite desarrollar soluciones (de Shazer, 1991; Shazer, 1994). Indisociable de la comprensión es la noción de validación, que implica aceptar de forma continua a la persona consultante tal como es, así como su visión de las cosas tal como es. Así, la validación no requiere ni que la persona terapeuta esté de acuerdo con la visión de la persona consultante ni que «confirme» la «objetividad» o la «verdad» de lo que esta afirma (De Jong & Berg, 2012).

Muchos años de investigación sobre la alianza de trabajo en psicoterapia, uno de los factores más importantes del cambio terapéutico, muestran la importancia de esta actitud (Duncan et al., 2010; Norcross, 2011). Incluso cuando la persona terapeuta está en profundo desacuerdo con la perspectiva de la persona consultante o ve en ella incoherencias evidentes, sus intentos de confrontar de algún modo esa perspectiva o de hacer comentarios críticos, peyorativos, hostiles, reticentes, acusadores o ridiculizadores resultan en su mayoría contraproducentes (Norcross, 2011). Por el contrario, el apoyo, la validación, la comprensión y la búsqueda de nuevas posibilidades muestran un alto grado de eficacia, incluso en un número reducido de sesiones (Norcross, 2011).

Estos elementos tan básicos de la vinculación con la persona consultante, basados en la postura de «no saber» o de curiosidad constructiva, en la escucha atenta, en la comprensión y en la validación, se han descuidado a veces en las publicaciones y formaciones de SFBT (Lipchik, 2002, 2018). Probablemente se debió a la fascinación por las nuevas técnicas y métodos desarrollados en la SFBT, y también a que se trataba de elementos que las personas fundadoras de este enfoque daban por sentados y no sentían la necesidad de subrayar (Lipchik, 2002). Sin embargo, esta «vinculación» con la persona consultante y la relación terapéutica colaborativa son el fundamento de la SFBT, sin el cual no es posible cocrear soluciones con sentido (Berg, 1994; de Shazer, 1989; Lipchik, 2002).

La posición de terapeutas y su conocimiento en la SFBT

Cuando Anderson (1997) anima a terapeutas a dejar de lado su conocimiento en la conversación con la clientela, lo justifica diciendo que así podrán oír lo que la persona consultante aporta a la conversación, es decir, lo que es único y particular. Así se crea un conocimiento local, por oposición al conocimiento universal (Anderson, 1997; Peller & Walter, 2000). En lo único y particular que se manifiesta en el conocimiento local es más fácil ver los recursos de la persona consultante que pueden utilizarse en el proceso de cambio (Keeney & Keeney, 2013). Al mismo tiempo, todo el trabajo con la persona consultante se individualiza, y la relación terapéutica adopta la forma de una colaboración, más que la de una relación de dependencia respecto de una autoridad (la persona terapeuta como experta en la vida de la persona consultante). Esto se relaciona sobre todo con los principios de cooperación, de honrar la individualidad y de hacer crecer soluciones mencionados más arriba.

Desde un enfoque orientado a soluciones se distinguen dos formas principales de «conocimiento» o de «pericia»: la pericia sobre el contenido y la pericia sobre el proceso (Berg & Miller, 1992; De Jong & Berg, 2012; de Shazer et al., 2007; Guterman, 2014). Mientras que el proceso remite a lo que hacen terapeutas para facilitar el cambio (por ejemplo, métodos y técnicas), el contenido remite a los objetos del cambio en cualquier teoría clínica dada (Guterman, 2014). La pericia relativa al contenido remite, pues, a la vida de la persona consultante, al significado de los acontecimientos de su vida, etc. Las personas consultantes pueden describir distintas situaciones problemáticas (miedo a la oscuridad, problemas de pareja, trastornos alimentarios, etc.), pueden mencionar distintas clasificaciones profesionales o «populares» de los problemas (por ejemplo, depresión, baja autoestima, falta de comunicación, anorexia) o diversos conceptos profesionales (sistema, límites, esquema cognitivo, autorrealización, proyección, etc.); o pueden describir diversos intentos anteriores de resolver la situación (por ejemplo, «intenté reprogramar mi forma de pensar», «practiqué meditación»). En todos estos ámbitos, también terapeutas pueden pensar muchas cosas a partir de su propia experiencia, de la experiencia de otras personas consultantes, de la literatura profesional, etc. Todas estas ideas pueden clasificarse como pericia sobre el contenido, guiada por la pregunta «¿qué?», cuando se exploran los temas que la persona consultante menciona de un modo u otro.

Otro tipo de pericia es la pericia relativa al proceso, vinculada a la pregunta «¿cómo?». En este caso, el conocimiento de la persona terapeuta se refiere a cómo conducir una conversación de ayuda. Este conocimiento se basa también en la pericia, la formación y la experiencia con la clientela, y cada enfoque terapéutico o de counseling ofrece sus propios sistemas de conocimiento sobre cómo conducir el proceso de cambio en la consulta. En la SFBT, la pericia sobre el proceso consiste principalmente en cómo vincularse con las personas consultantes y desarrollar la cooperación con ellas (una relación terapéutica); cómo fijar de forma colaborativa la dirección del trabajo conjunto (un futuro preferido); y cómo ayudar a la persona consultante a utilizar los recursos disponibles para avanzar hacia el cambio que desea (De Jong & Berg, 2012).

La manera en que terapeutas manejan su pericia sobre el contenido y sobre el proceso influye mucho en el curso de la cooperación con la clientela. La actitud de «no saber» o de «curiosidad constructiva» mencionada más arriba remitía a la capacidad de la persona terapeuta de dejar de lado su conocimiento del contenido (pericia sobre el contenido) para potenciar el «conocimiento» local formado junto con la persona consultante, incluidos sus recursos únicos.

Al observar con detenimiento sesiones terapéuticas de SFBT, se advierte que terapeutas de SFBT suelen ocupar una determinada «posición conversacional»1, desde la que intentan conducir la capacidad de la persona consultante para desarrollar una solución con la menor pericia sobre el contenido posible por parte de la persona terapeuta. Michael White, autor de referencia de la terapia narrativa, distingue cuatro posiciones de la persona terapeuta en la conversación, según tenga o no influencia y según esté en el «centro» de la terapia o «descentrada» (White & Morgan, 2006). Lo he plasmado en un esquema sencillo inspirado en esta tipología y en el propio esquema de White (véase la Fig. 1). Este esquema puede ser útil para reflexionar sobre la posición de la persona terapeuta y, en particular, sobre su pericia sobre el contenido y sobre el proceso.

Posiciones de la persona terapeuta (a partir de White & Morgan (2006))
Fig. 1. Posiciones de la persona terapeuta (a partir de White & Morgan (2006))

El esquema presentado muestra claramente que terapeutas deben moverse en la mitad superior del esquema, es decir, en la zona en la que tienen cierta influencia. Si no tuvieran ninguna influencia en la conversación ni en el proceso de cambio, sería inútil que la persona consultante acudiera a su consulta. Si, durante la conversación, la persona terapeuta se encuentra en una situación en la que no tiene ninguna influencia en el proceso de cambio (es decir, no contribuye en absoluto al cambio deseado), debe reflexionar sobre ello y dar algunos pasos para volver a resultar útil a la persona consultante. La monitorización rutinaria de resultados o la retroalimentación de la clientela desempeñan aquí un papel crucial, al igual que la supervisión y la práctica deliberada de terapeutas (Miller et al., 2020; Prescott et al., 2017).

La segunda dimensión del esquema de White indica si la persona terapeuta ocupa una posición central o descentrada en el proceso de cambio. Si está en el «centro» imaginario de la terapia, es la protagonista del cambio. En esta posición se privilegian también su experiencia y su conocimiento, mientras que se desatiende el hecho de que la persona consultante es experta en su propia vida, y su «voz» se oye menos (Anderson, 1997; Peller & Walter, 2000; White & Morgan, 2006). Esta posición corresponde a cierta imagen cultural de la psicoterapia: a la persona terapeuta se la percibe a menudo como experta en cómo organizar el cambio y cómo llevar a cabo «la intervención correcta» (ya sea en forma de consejos, preguntas, interpretaciones u otras técnicas), y como el factor más importante del proceso de cambio. Si la intervención «no funciona», la persona terapeuta sigue en el centro, pero al mismo tiempo pierde influencia y puede que se la haga responsable y se la culpe del fracaso. Si, por el contrario, la intervención de la persona terapeuta que ocupa una posición central es eficaz, se convierte en la «heroína» principal del proceso de cambio. Sin embargo, esto conlleva que la persona consultante ocupe automáticamente la posición de alguien que no es competente, que tiene un déficit y necesita apoyo. En ese caso se desatiende también el conocimiento de la persona consultante. En este contexto, resulta interesante que la investigación en psicoterapia muestre la importancia vital de los recursos de la clientela y de su participación en el proceso de cambio; por ello, la persona terapeuta debería procurar que la «heroína» principal de la terapia sea la persona consultante y no ella misma (Duncan et al., 2004, 2010).

La posición preferida de la persona terapeuta que utiliza la SFBT se sitúa (como en el enfoque narrativo) en el cuadrante de la influencia asociada al descentramiento, donde la «heroína» principal de todo el proceso es la persona consultante, cuyo papel en el proceso de cambio se subraya más que el de la persona terapeuta. Por eso la SFBT suele conceder gran importancia a la pericia relativa al proceso, es decir, al conocimiento de los procedimientos y herramientas conversacionales y de las maneras de contextualizarlos en las sesiones para que permitan a las personas consultantes desarrollar el cambio que desean y ser las protagonistas de ese cambio. La pericia relativa al contenido puede situar muy fácilmente a la persona terapeuta en el centro de los acontecimientos (debido a su «conocimiento») y debilitar las competencias de la persona consultante. En cambio, la pericia sobre el proceso permite a la persona terapeuta encontrar maneras creativas de posibilitar la forma única que tiene la persona consultante de crear el cambio (Lipchik, 2018).

Estas ideas sugieren que en la SFBT podría ser inadmisible tener o mostrar cualquier pericia relativa al contenido. Sin embargo, esta visión es demasiado simplista. En general, aunque la SFBT prefiera la pericia sobre el proceso por las razones expuestas, eso no significa que terapeutas de SFBT no deban aportar nunca sus propias ideas e inspiraciones, ni que no deban aparecer por un momento en una posición central (de Shazer et al., 2007). Lipchik afirma: «No creo que debamos dar información de entrada mientras no hayamos intentado ayudar a la clientela a encontrar sus propias soluciones. Pero cuando parece evidente que tenemos información de la que la clientela carece, puede ofrecerse de una manera respetuosa que deje margen para elegir» (Lipchik, 2018, p. 86). A este respecto, en la SFBT son esenciales dos habilidades complementarias: la de la curiosidad y el no saber, y la de plantear las ideas de contenido de la persona terapeuta de maneras respetuosas y útiles, y en el momento oportuno. Paradójicamente, intentar renunciar a la pericia sobre el contenido en ciertos contextos puede ser señal de una flexibilidad insuficiente de la persona terapeuta y de un bajo nivel de habilidades en SFBT, del mismo modo que ofrecer pericia sobre el contenido en un contexto en el que sería más útil una pericia puramente procesual.

En la siguiente parte del artículo, la atención se centrará en las maneras de trabajar con la pericia relativa al contenido, no solo de la persona terapeuta, sino también de otras personas implicadas, de acuerdo con los principios de la SFBT. Esto implica especialmente esforzarse por ofrecer un abordaje individual, la eficacia (incluida la posición central de la persona consultante en el proceso de cambio) y la pericia sobre el proceso (es decir, cómo conducir la consulta para que puedan aprovecharse distintas perspectivas en las conversaciones).

Las maneras lúdicas de introducir distintas «voces» en la conversación (Peller & Walter, 2000) pueden ayudar a superar el dilema contenido/proceso relacionado con la pericia de la persona terapeuta. La conversación puede enriquecerse con distintas perspectivas, incluidas la de la propia persona consultante y la de la persona terapeuta. Pueden presentarse diversas perspectivas a modo de «menú» especial entre las que la persona consultante puede elegir lo que tiene sentido para ella (véase el ejemplo clínico 1).

Ejemplo clínico 1: ¿Cómo debería sentirme?

Trabajé con un cliente de 25 años que había salido de un hospital psiquiátrico tras varios años de hospitalización y que estaba trabajando para volver a la «normalidad». Ya había habido mejoras parciales (había retomado sus estudios universitarios, había recuperado algunas relaciones importantes, etc.), pero, a pesar de ello, en el tercer encuentro volvió sobre el pasado y sobre cosas que solía hacer y de las que ahora, en retrospectiva, se avergüenza.

C: ¿Cómo debería sentirme por lo que he hecho?

T: (sorprendido) ¿Cómo debería sentirse por lo que ha hecho?

C: Quiero decir… ¿debería sentir vergüenza o no?

T: ¿Necesita llegar a alguna razón, explicación, aclaración o alguna otra cosa? (C asiente sin parar) Mmm… supongamos que obtiene la explicación o la aclaración que necesita, ¿qué diferencia supondría?

C: Bueno, de algún modo necesito aceptarme… necesito aceptar el hecho de que lo hice… bueno, no sé… es difícil…

T: Permítame hacer un pequeño experimento… si pudiéramos preguntarle a alguien cuya perspectiva valora, ¿quién sería?

C: Una psicóloga del hospital psiquiátrico.

T: Si pudiéramos hacerle esta pregunta, cómo debería sentirse usted por lo que ha hecho, ¿qué le diría ella?

C: Creo que me diría que había vivido un trauma y que no lo estaba sobrellevando bien.

T: ¿Y cómo es eso para usted? ¿Qué le aporta esa perspectiva en cuanto a aceptarse y aceptar el hecho de que lo hizo?

C: Es una mierda, pero es como soportable…

T: ¿Y hay alguien más cuya perspectiva podría resultarle útil?

(exploramos dos perspectivas más, la de su madre y la de un amigo del hospital, y después le pregunté si quería invitar otras perspectivas)

C: Bueno… me interesarían algunas opiniones expertas.

T: Mmm, algunas personas expertas dirían quizá que usted tiene algún defecto genético o algún desequilibrio en el cerebro que simplemente se desencadenó en un momento dado y que hubo que controlar de algún modo con pastillas, con terapia y con todo lo que ha vivido… ¿tiene eso algún sentido? (C asiente) Otras personas expertas igual de reputadas dirían quizá que lo hizo porque en cierta etapa de su vida estaba sometido a mucho estrés, a mucha tensión, y su psique frágil no pudo soportarlo, todo se vino abajo y usted estaba en un estado en el que no podía controlar sus actos… (C asiente sin parar). Y aún habría otras, yo entre ellas, que propondrían un montón de explicaciones diferentes. ¿Le gustaría oír mi perspectiva?

C: (con mucho interés) Sí, sí, claro.

T: Yo, por mi parte, le diría que me ha impresionado mucho que haya salido de lo peor (C: (sorprendido) ¿Sí? ), porque veo una enorme cantidad de trabajo detrás de sus progresos, detrás de estar en un 6,5 en esa escala… sabe que hace medio año estaba en 0… así que, para mí, ya que me pregunta mi opinión, veo mucho de lo que ha hecho por usted mismo, y creo que esas cosas del pasado de las que se avergüenza forman parte de su historia, aunque no le hagan feliz, claro… (C: Claro), pero hay otras partes de la historia en las que parece que ha sabido plantar cara… su historia es mucho más rica: contiene una parte que le avergüenza, pero también contiene una parte de la que quizá merezca la pena sentirse orgulloso, del trabajo que ha hecho…

C: Mmm… sí, bueno…

T: Cuando le he ofrecido varias respuestas posibles a su pregunta, ¿le ha aportado algo útil en cuanto a aceptarse y aceptar el hecho de que hizo todo aquello?

C: Bueno… ahora mismo es difícil decirlo, no se trata de decir sí o no a esto… supongo que ahora es más importante para mí centrarme en volver a la normalidad y no dejar que vuelva a pasar algo así…

El modelo del «Pastel de la inspiración»

La persona terapeuta en SFBT intenta ante todo poner de relieve los recursos de la persona consultante, que se manifiestan, por ejemplo, en las excepciones, los cambios entre sesiones, el afrontamiento, la confianza en el cambio o la «charla informal» (De Jong & Berg, 2012; de Shazer, 1985). Todos estos ámbitos exploran la pericia de la persona consultante sobre el contenido, es decir, su conocimiento de su propia vida. La persona terapeuta, en posición de experta en el proceso, ofrece elementos de procedimiento para que las personas consultantes puedan descubrir y desarrollar estas cosas en la conversación y conectarlas con las direcciones que prefieren. Los recursos que la persona consultante ha adquirido de este modo en el pasado son la vía más sencilla y empoderadora para avanzar. Por otra parte, la persona consultante dispone también de recursos para obtener recursos nuevos (nuevos conocimientos, habilidades, experiencias, motivación, etc.). No se trata, pues, de recursos directamente aptos para avanzar hacia lo que desea (el futuro preferido), sino de recursos que pueden utilizarse para aprender algo nuevo. Esto significa que las personas consultantes no se limitan a lo que ya saben, sino que pueden recurrir también a lo que todavía no saben pero son capaces de aprender.

Tomasz Switek (comunicación personal) me llamó la atención sobre esta cuestión hace años. Si retomamos su ejemplo en una versión ligeramente modificada, podemos imaginar a un hombre que quiere escalar el Everest. Los recursos más valiosos y fáciles de utilizar serán los basados en su propia experiencia (por ejemplo, sabe caminar y escalar, sabe utilizar el material de escalada, sabe mantener el equilibrio, puede desenvolverse en un entorno con poco oxígeno, soporta los cambios bruscos de temperatura, sabe leer mapas, tiene dinero para costearse la expedición, ha desarrollado la fuerza de brazos y piernas, habla varios idiomas, etc.). Además, el escalador puede obtener otros recursos, como información de alguien que ya ha estado en el Himalaya o de publicaciones especializadas, habilidades adquiridas en cursos y entrenamientos profesionales, etc. Aquí el cliente debe utilizar sus recursos (contactos, dinero, capacidad de encontrar información, etc.) para aprender estas cosas nuevas y utilizarlas después como recursos propios cuando escale la montaña.

Si aplicamos esta metáfora a la terapia, podemos decir que las situaciones que las personas consultantes describen como problemas suelen poder describirse también como situaciones de «atasco» (Watzlawick et al., 1974), en las que no son capaces de movilizar sus recursos ni directamente para crear un cambio (una solución) ni para crear los nuevos recursos que necesitan para avanzar hacia la solución (de Shazer, 1991). Por eso acuden a consulta: para obtener esos nuevos recursos y seguir adelante. Gracias al «efecto dominó», es decir, a la propagación de los cambios en los sistemas (de Shazer, 1985), suele bastar con utilizar recursos que ya están disponibles pero aún no se han utilizado para lograr al menos un pequeño desplazamiento hacia el futuro preferido, y toda la espiral de aprendizaje o de recursos vuelve a ponerse en marcha. Este es el proceso de cambio más habitual en las consultas de SFBT. En algunos casos, puede ser conveniente centrarse en la adquisición deliberada de nuevos recursos que la persona consultante necesita desarrollar pero de los que todavía no dispone, y de los que quizá ni siquiera tiene idea. En esos casos, los recursos de que dispone (dinero, tiempo, habilidades actuales, motivación, etc.) pueden servir para crear recursos que aún no ha adquirido (por ejemplo, nuevas habilidades). Es entonces cuando la pericia orientada al contenido puede ayudar a orientar a la persona consultante en una dirección útil.

Para averiguar dónde buscar un «conocimiento» orientado a los recursos de la persona consultante (pericia relativa al contenido) y dónde encontrar inspiración, creé un modelo sencillo llamado «Pastel de la inspiración». El modelo se inspira en parte en el «Data situations circle» desarrollado por Tomasz Switek (Switek, 2014). Elegí el nombre «Pastel de la inspiración» no solo por la forma del esquema (véase la Fig. 2 más abajo), sino también porque, como en los pasteles, lo mejor se esconde en el centro; pero la «corteza» exterior también tiene su importancia. Este modelo puede ayudar a terapeutas a decidir cómo trabajar con distintos tipos de conocimientos y habilidades.

El Pastel de la inspiración
Fig. 2. El Pastel de la inspiración

El Pastel de la inspiración comprende varios niveles (se avanza de dentro hacia fuera; los números corresponden a los de la Fig. 2):

  1. Experiencia de la persona consultante. Experiencia directa de la persona consultante en la que se han manifestado recursos (casi siempre en forma de distintos tipos de excepciones); es algo «basado en la evidencia» (ya ha sucedido y la persona lo ha observado), y los recursos pueden buscarse directamente en esa experiencia.2 Este método es el más empoderador para la persona consultante y ofrece la conexión más natural entre los recursos y el futuro preferido; por eso es el más utilizado en la SFBT.
  2. Experiencia de personas significativas con la persona consultante. Se trata de una experiencia (de nuevo en forma de distintos tipos de excepciones) captada por personas significativas del entorno de la persona consultante. También aquí son situaciones verificadas empíricamente, pero pueden ser situaciones que la persona consultante pasó por alto y que otra persona advirtió. Si la persona consultante las confirma, pueden servir de recordatorio y ser tan empoderadoras como la opción anterior. Sin embargo, si no se identifica con ellas, será más difícil utilizarlas en el proceso de cambio.
  3. Experiencia de la persona terapeuta con la persona consultante. Son situaciones que la persona terapeuta ha tenido ocasión de observar directamente, sobre todo durante una sesión. De nuevo se trata de excepciones que pueden percibirse como verificadas empíricamente, y se aplica una regla similar a la de la variante anterior: si la persona consultante las acepta, pueden ser muy empoderadoras; si no, su importancia en el proceso de cambio es bastante limitada.
  4. Pericia verificada. Es una pericia validada cuidadosamente por la investigación, sobre todo con personas que se parecen a la persona consultante (la investigación en el campo de la llamada «psicología positiva» resulta especialmente útil para encontrar recursos (Snyder & Lopez, 2002). La ventaja es que estas ideas pueden llevar a la persona terapeuta y a la persona consultante a ámbitos en los que ni se les ocurriría buscar recursos. El inconveniente es que se trata de un conocimiento generalizado (global), basado en investigaciones con personas distintas de la persona consultante, y por tanto no se puede confiar plenamente en él. Es dudoso que estas ideas se ajusten a la situación única de la persona consultante, y su motivación para probarlas puede ser también menor. Las ideas de este tipo suelen aportarlas terapeutas, pero también pueden proceder de la persona consultante o de alguna persona importante de su entorno.
  5. Experiencias personales de personas significativas. Si una persona cercana a la persona consultante ha pasado por algo similar, su experiencia de los recursos puede resultar inspiradora para la persona consultante y su situación. Sin embargo, se trata de nuevo de una inspiración indirecta y, dado que está verificada por la experiencia personal de un solo individuo, es menos probable que sea pertinente para la persona consultante que una experiencia verificada por más personas (véase el punto anterior).
  6. Experiencias personales de otras personas consultantes. Es la experiencia de excepciones vivida por otras personas que tienen algunos rasgos en común con la persona consultante (por ejemplo, en una terapia de grupo, en un grupo de autoayuda, etc.). El vínculo con la vida de la persona consultante es muy indirecto, pero estas experiencias pueden señalar ámbitos interesantes en los que buscar recursos.
  7. Experiencia propia de la persona terapeuta. Si la propia persona terapeuta puede ofrecer algo similar de su vida que sea pertinente para aquello a lo que se enfrenta la persona consultante, también así es posible señalar recursos potenciales. Sin embargo, es un ámbito muy indirecto, y centrarse en la propia experiencia puede dificultar la actitud de curiosidad terapéutica y de escucha constructiva de la persona terapeuta.
  8. Experiencia verificada de oídas. Son las historias de personas que han intentado lograr cambios similares a los de la persona consultante, y que la persona consultante o la persona terapeuta conocen de oídas, de forma indirecta. Estas historias son valiosas porque contienen aun así experiencias validadas empíricamente que pueden ayudar a orientar los recursos; sin embargo, su credibilidad es menor, porque no es posible verificar con precisión todos sus hechos (que pueden haberse modificado al contarse) ni hacer preguntas. Y este ámbito es también muy indirecto.
  9. Ideas (no verificadas) de la persona consultante. Son las ideas de la persona consultante sobre dónde podrían encontrarse recursos y qué podría funcionar, pero que todavía no se han verificado en la práctica (no hay ninguna observación directa de que funcionen). Como son ideas de alguien que conoce los matices sutiles de su propia vida, pueden tener relativamente más probabilidades de funcionar y, sobre todo, la persona consultante puede estar más dispuesta a experimentar con ellas que con ideas ajenas. Pero hay que tener presente que no existe ni siquiera una prueba anecdótica de la utilidad de esas ideas.
  10. Ideas (no verificadas) de la persona terapeuta. Son ideas de la persona terapeuta que todavía no se han verificado empíricamente. Sin embargo, gracias a su conocimiento de la persona consultante o del tema, pueden señalar una posibilidad interesante para buscar recursos. Las limitaciones son similares a las del punto anterior.
  11. Ideas (no verificadas) de otras personas consultantes. Son ideas de otras personas consultantes (por ejemplo, de un grupo terapéutico) que todavía no se han verificado empíricamente. Sin embargo, gracias a su conocimiento de la persona consultante o del tema, pueden señalar un lugar interesante en el que buscar recursos.
  12. Ideas (no verificadas) de personas significativas. Son las ideas de personas importantes del entorno de la persona consultante y, de nuevo, se trata en gran medida de suposiciones que no se basan en ninguna experiencia empírica. Además, son ideas de personas que conocen el problema de la persona consultante y sus recursos potenciales peor que quienes tienen problemas similares, y que por lo general conocen las estrategias terapéuticas peor que la persona terapeuta. Por otra parte, estas personas pueden ser quienes han impulsado la terapia, y entonces la persona consultante tiene la menor motivación para probar sus ideas. Por último, aunque no menos importante, ocurre a menudo que estas ideas ya se han probado antes de empezar la terapia sin ningún éxito. Por todas estas razones figuran en el penúltimo lugar.
  13. Historias, rumores y pensamientos. Diversas historias de ficción, películas, citas, aforismos, fábulas y otras ideas culturalmente compartidas pueden ser fuente de inspiración, aunque muy indirecta.

Hay muchas maneras lúdicas de trabajar con el Pastel de la inspiración. Básicamente, terapeutas deberían seguir unos cuantos principios:

  • Centrarse en los recursos. El modelo se centra únicamente en la búsqueda de recursos, no en obtener explicaciones, visiones de los problemas, etc. Los recursos desempeñan un papel crucial en el proceso de cambio en todas las psicoterapias (Duncan et al., 2010; Flückiger et al., 2009), y la SFBT presta especial atención a los recursos y a su aprovechamiento en la terapia (De Jong & Berg, 2012; de Shazer et al., 2007). El modelo permite a la persona consultante y a la persona terapeuta buscar tanto recursos disponibles como recursos potenciales (Flückiger et al., 2009). Las sugerencias y los experimentos entre sesiones (De Jong & Berg, 2012) pueden servir para desarrollar nuevos recursos o activar los disponibles.
  • Centrarse en distintos ámbitos. Los distintos ámbitos (niveles del pastel) pueden explorarse mediante preguntas circulares (por ejemplo, «¿Qué diría su madre que ha conseguido usted últimamente?», «¿Conoce por experiencia a alguien que haya tenido un problema similar?», etc.) o ofreciendo la propia perspectiva («¿Le interesaría conocer alguna de mis ideas basadas en la investigación sobre esto?»). Además, pueden ser muy útiles diversas formas de experimentos (De Jong & Berg, 2012) en los que la persona consultante reúne distintas ideas procedentes de distintos ámbitos (por ejemplo, recopilar distintas perspectivas). Por otra parte, no es necesario abordar todos los ámbitos del modelo en cada caso; a veces menos es más, y conviene aplicar el principio de eficacia o de parsimonia (de Shazer et al., 2007).
  • Ofrecer siempre varias alternativas. Al ofrecer o recopilar ideas, nos parece útil no limitarse nunca a una sola alternativa (lo que implicaría que solo hay una respuesta correcta) ni a dos (lo que crea el dilema de «o esto o aquello»). Por tanto, debería haber al menos tres alternativas, sin evaluarlas de antemano.
  • Dejar elegir a la persona consultante. Aunque algunas alternativas puedan parecerle a la persona terapeuta mejores que otras, es útil dejar que la persona consultante valore su adecuación a su situación y, si procede, elija lo que quiere probar.
  • El momento oportuno. Al aplicar el conocimiento y las ideas de la persona terapeuta, es importante cuidar también el momento. En particular, compartir las propias ideas demasiado pronto puede debilitar innecesariamente la competencia y la creatividad de la persona consultante.
  • Tentatividad. Las ideas de la persona terapeuta deberían presentarse, en lo posible, de manera que la persona consultante pueda rechazarlas con relativa facilidad si no son pertinentes (de Shazer et al., 2007; Thomas & Nelson, 2007). Esto puede chocar a veces con el hecho de que la persona consultante perciba a la persona terapeuta como «experta» o «autoridad». Asumir ese papel puede resultar muy tentador para la persona terapeuta, pero hay que tener en cuenta el riesgo de que limite la posición central de la persona consultante en el proceso de cambio.
  • Preferir lo indirecto. Cuando la persona terapeuta ofrece sus propias ideas y conocimientos, recomiendo dar prioridad a opciones indirectas que mantengan su posición descentrada y sean más fáciles de rechazar, como los equipos reflexivos (Johnson et al., 1997), los grupos de apoyo, las historias y anécdotas (BoVee-Akyurek et al., 2020), las lluvias de ideas (Furman & Ahola, 1992), etc.

Ejemplo clínico 2: La mano temblorosa

En una sesión de una formación de larga duración en psicoterapia, con unas 15 personas participantes, realicé una consulta con un cliente de unos 50 años que se quejaba de problemas en la mano. Pedí a las personas en formación que formaran tres equipos y acordé con ellas y con el cliente que uno de ellos haría de equipo reflexivo (Johnson et al., 1997; Peller & Walter, 2000) y que a los otros dos se les asignaría una tarea durante la consulta, en función de lo que fuera surgiendo. El cliente contó que había trabajado toda su vida en una fábrica de faros de automóvil. Sin embargo, dos años antes había empezado a sufrir fuertes temblores y un entumecimiento progresivo de ambas manos. Se sometió a diversos exámenes médicos, a distintas formas de tratamiento, a rehabilitación y a estancias en balnearios. Una de las manos fue mejorando con el tiempo, de modo que puede realizar con ella tareas normales, pero la otra no mejora: a menudo tiembla de forma incontrolable y no puede sostener nada con ella (por ejemplo, es capaz de agarrar una taza de té, pero no de llevarla de la cocina al salón). Había consultado a las principales autoridades médicas de nuestro país en patología de la mano, pero solo un médico afirmó haberse encontrado ya con un caso similar; el resto no estaba nada seguro. Como no sabían qué hacer, concluyeron que el problema era «psicosomático» y lo derivaron a terapia. Más adelante en la sesión, respondió a las preguntas centradas en su futuro preferido diciendo que le gustaría tener algunas ideas sobre qué hacer para que la mano funcionara. Cuando exploré qué diferencia supondría que tuviera algunas buenas ideas, respondió que podría encontrar otro trabajo (no podía volver a la fábrica), que podría ir de excursión con su mujer y sus hijas e hijos (le gustaba mucho visitar lugares históricos y también disfrutaba yendo a centros de bienestar con su familia) y que podría empezar a nadar en la piscina. Durante la consulta exploramos momentos del futuro preferido (situaciones en las que ocurre, al menos un poco, algo de lo que le gustaría que sucediera), lo que había funcionado bien en la curación de la otra mano, lo que le ayudaba a sobrellevar la situación, los momentos en que hacía algo útil por la mano que seguía enferma y su confianza en el cambio. Volví entonces a las personas en formación divididas en equipos y, junto con el cliente, pedimos a un segundo equipo que reflexionara sobre todo lo que hubiera captado que le hubiera funcionado, y a un tercer equipo que se centrara en distintas ideas sobre qué más podría probar. Pedí entonces al primer equipo, el equipo reflexivo, sus reflexiones, y propuse al cliente que escuchara la conversación del equipo y que, si algo le resonaba, podía anotarlo o volver sobre ello en la grabación (la consulta se grabó en su teléfono móvil con su permiso), y que, si se decía algo que no le resultaba pertinente, podía simplemente dejarlo de lado. Cuando el equipo terminó, le pregunté si le apetecía volver sobre algo de lo dicho y desarrollarlo de algún modo o si prefería la aportación de otro equipo. El cliente tomó algunas notas y pidió que otro equipo examinara lo que ya estaba funcionando. Cuando este equipo terminó su aportación, volví a preguntarle si había algo sobre lo que quisiera volver o si quería pasar directamente al tercer equipo. Pidió el tercer equipo, que ofreció diversas ideas, basadas sobre todo en lo que había surgido durante la consulta o en las reflexiones anteriores. Luego volví a preguntarle si había algo sobre lo que quisiera volver, si había encontrado alguna inspiración interesante. Respondió que sentía que había oído muchas ideas distintas y que le gustaría volver a ellas y pensarlas más adelante. Mencionó, por ejemplo, que le había llamado la atención la idea de asistir a unas cuantas sesiones de terapia de pareja en las que la pareja estaría formada por él y su mano temblorosa. También le sorprendió la observación de uno de los equipos de que su mano se había calmado visiblemente durante la sesión mientras describía cuánto disfrutaba visitando monumentos con su familia. Le intrigó asimismo la idea de dirigirse al médico, el único que se había encontrado con un caso similar al suyo, para preguntarle si algo había ayudado a aquel otro paciente. Terminamos la sesión con una conversación sobre qué otras perspectivas le gustaría tener, y el cliente elaboró una pequeña lista de lugares donde podría encontrar otras ideas interesantes. Al final de la sesión dijo que no esperaba obtener tal variedad de perspectivas interesantes, que tenía otras ideas sobre qué probar y sobre dónde conseguir quizá perspectivas aún más inspiradoras, y que creía que algo de todo ello le haría avanzar. Se acordó que, si necesitaba otra sesión, podía volver a pedir cita; el cliente dijo que, si reservaba más sesiones, sin duda volvería a agradecer la presencia de los tres equipos.

En el caso anterior, el modelo del Pastel de la inspiración se utilizó de forma más bien implícita. La mayor parte del espacio se dedicó a la experiencia del cliente (momentos del futuro preferido, confianza en el cambio, afrontamiento), pero hubo también cambios percibidos durante la sesión (el temblor de la mano se calmó en algunos momentos de la consulta) o ideas para utilizar recursos potenciales (por ejemplo, el médico que ya se había encontrado con un caso similar, o la terapia de pareja con una mano temblorosa).

Otro ejemplo de trabajo práctico más explícito y estructurado con las distintas capas del Pastel de la inspiración puede ser el «ejercicio Klondike», adaptado para trabajar con la infancia. Klondike es el nombre de una región de extracción de oro y, en sentido figurado, alude a la posibilidad de enriquecerse rápidamente. En el marco de la actividad, la persona terapeuta puede invitar al niño o a la niña y a su familia a jugar a buscar un yacimiento de oro, y contar historias sobre buscadores de oro: lo difícil que es encontrar un yacimiento, lo fácil que es pasarlo por alto y lo importante que es reclamarlo rápidamente y empezar a explotarlo… Después, la persona terapeuta puede preparar una hoja grande de papel (A3 o mayor) y tarjetas sencillas (papel cortado en A5) con preguntas sobre distintos ámbitos (por ejemplo, «¿Qué crees que ya has hecho bien?», «¿Qué piensa tu madre que te ha funcionado bien?», «¿Qué diría X, de tu grupo de amistades, que se te da bien?», «¿Conoces a alguien que haya resuelto algo parecido a lo tuyo? ¿Qué le ayudó? ¿Qué te aconsejaría?», «¿Qué dicen los libros sabios sobre cómo superar problemas parecidos?», etc.). Me parece útil crear las preguntas junto con las personas consultantes, en un lenguaje hecho a su medida y que entiendan. También vale la pena considerar si conviene que las preguntas sean más generales («¿Qué se te da bien?») o más concretas («¿Qué se te da bien en relación con lo que estamos trabajando aquí?»). Algunas preguntas pueden responderse durante la sesión (las que implican a otras personas pueden explorarse de forma circular); otras pueden llevarse a casa para buscar las respuestas con el apoyo de la familia o de otras personas de referencia (se puede preguntar a amistades del colegio, a familiares, al profesorado, a terapeutas o a otras personas profesionales que acompañen a la persona menor; también se puede buscar en Internet, utilizar redes sociales adecuadas, etc.). Con todas las tarjetas de preguntas y respuestas, la persona terapeuta y la persona consultante pueden elaborar después un mapa del yacimiento. Se deja que la persona menor pinte el fondo y pegue luego las hojas en el lugar que elija de la hoja grande. Después pueden centrarse en alguna zona que elija la persona consultante y comprobar en la práctica si era aurífera o no (es decir, si la idea funcionó).

Conclusión

Teniendo en cuenta los escollos y los beneficios de que terapeutas compartan su propio conocimiento y muestren su pericia sobre el contenido, quisiera concluir proponiendo algunas pautas para comunicar a la persona consultante las propias ideas en la SFBT:

  • Piense en qué beneficios aporta comunicar su idea a la persona consultante y si esos beneficios superan a los de continuar la conversación desde la postura de curiosidad constructiva.
  • Si dispone de un equipo reflexivo (Johnson et al., 1997), deje que las ideas se expresen allí, más que en la consulta con la persona terapeuta.
  • Cuando decida compartir sus ideas, tenga en cuenta el momento oportuno (cuándo compartirlas) y pregunte siempre a la persona consultante si le gustaría oírlas.
  • Sea lo más breve posible.
  • Adopte un enfoque constructivo. Cuando hable de sus ideas, céntrese en reforzar los recursos de la persona consultante y ofrezca algo interesante y estimulante, como nuevas perspectivas, sugerencias indirectas (BoVee-Akyurek et al., 2020) o ideas constructivas.
  • Abra más posibilidades. Es útil que la idea no tenga el estilo de «esta es la única forma correcta de ver la situación o de afrontarla», sino más bien de «se puede ver así o de otra manera». Si decide ofrecer su idea, no ofrezca solo una (lo que sugiere que solo hay una respuesta correcta) ni dos (un dilema de «o esto o aquello»), sino al menos tres.
  • Procure subrayar que se trata de su idea y que no tiene por qué ajustarse en absoluto a la situación de la persona consultante.
  • Intente presentar su idea como algo que está al mismo nivel que las demás ideas, no como algo mejor o más correcto que las demás por el hecho de ser terapeuta profesional.
  • Intente invitar deliberadamente más perspectivas o «voces».
  • Vuelva cuanto antes a la experiencia de la persona consultante y pregúntele cómo lo ve; después, apóyese en su perspectiva y en sus propias ideas.
  • Si ya ha compartido sus ideas en una consulta, piense en compartirlas una segunda vez con doble cautela, una tercera con triple cautela, etc. Si ha superado el número cinco, considere detenidamente si sigue aplicando un enfoque centrado en soluciones: ¡puede que esté haciendo algo completamente distinto! Si es así, felicítese por haber sido capaz de darse cuenta y decida cómo quiere continuar.

Complexe Systémique: puntos clave

El artículo disipa un malentendido persistente: la postura de no saber no es una consigna de silencio. Zatloukal la reformula como «curiosidad constructiva» y separa dos tipos de pericia: la pericia sobre el proceso, que la persona terapeuta asume plenamente, y la pericia sobre el contenido, que solo se aporta con cautela. El Pastel de la inspiración da a esta cautela una forma práctica: el conocimiento extraído de la propia experiencia de la persona consultante ocupa el centro, mientras que el de las personas significativas, la investigación o la persona terapeuta se sitúa en las capas exteriores. Desde un punto de vista sistémico, su valor reside en multiplicar las voces: ofrecer al menos tres perspectivas, trabajar con un equipo reflexivo y dejar elegir a la persona consultante permite mantenerla en el centro sin privar a la sesión de ideas nuevas. El límite es el de un artículo clínico sin datos: el orden de las capas se basa en la experiencia del autor, no en una evaluación. Para leer junto con el artículo sobre el paso de la intervención experta a la conversación colaborativa y el artículo sobre la técnica del círculo centrada en soluciones.

Notas del original

1 En el análisis del discurso, este proceso suele denominarse «posición de sujeto» o «posicionamiento interaccional»; en este texto la atención se centra principalmente en la posición de terapeutas en su relación con la clientela (Madill et al., 2005; Madill & Barkham, 1997).

2 Aunque el término «basado en la evidencia» quizá evoque la visión modernista de la «objetividad» y la «verdad», aquí se utiliza en el sentido de algo que se ha observado o vivido. Este tipo de evidencia desempeña un papel importante en la SFBT. Sin ella no tendría sentido hacer más de lo que funciona (de Shazer et al., 2007) ni ofrecer elogios (basados en la evidencia) (Ratner et al., 2012).

Financiación. Publicación en acceso abierto financiada por la National Technical Library de Praga.

Conflicto de intereses. No existe ningún conflicto de intereses.

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Traducción no oficial de The Pie of Inspiration: Positioning the Therapist’s and Client’s Knowledge in Solution-Focused Brief Therapy, de Leoš Zatloukal, Contemporary Family Therapy, vol. 46, n.o 1 (2024), doi: 10.1007/s10591-023-09663-y, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tabla presentada en forma de lista). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Esta es una traducción del artículo original «The Pie of Inspiration: Positioning the Therapist’s and Client’s Knowledge in Solution-Focused Brief Therapy», publicado en Contemporary Family Therapy (2024) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto del autor se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.

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Cómo citar este artículo

Zatloukal, L. (2024). The Pie of Inspiration: Positioning the Therapist’s and Client’s Knowledge in Solution-Focused Brief Therapy. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/the-pie-of-inspiration-positioning-the-therapists-and-clients-knowledge-in-solution-focused-brief-therapy (Obra original publicada en 2023 en Contemporary Family Therapy, 46(1), 87-99 (2024); republicada en 2024 por Contemporary Family Therapy, https://link.springer.com/article/10.1007/s10591-023-09663-y)

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