Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del francés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Red Sistémica · Terapia familiar

Patología de la familia e intervenciones terapéuticas en un entorno democrático: ¿qué efectos?

¿Qué ocurre con la familia cuando el macrosistema que la alberga pasa de la dictadura a la democracia y luego se derrumba económicamente? Claudio Des Champs relee treinta años de historia argentina —los años de plomo, la restauración democrática de 1983, el desguace neoliberal de los años noventa, la crisis de 2001— para mostrar cómo las sacudidas del macrosistema repercuten hasta en las jerarquías familiares, y cómo puede responder a ellas la terapia familiar sistémica. Se apoya en una intervención a gran escala llevada a cabo en la provincia de Buenos Aires, con doce millones de habitantes, y en la clínica de un exiliado que regresó al país.

Autor Claudio Des Champs, psicólogo por la Universidad de Buenos Aires, psicoterapeuta individual, de pareja y de familiaPrimera publicación 53.a Conferencia Internacional de la CIRCF, «Famille et démocratie : compatibilité, incompatibilité, chance ou défi ?», Lyon, 7-10 de junio de 2006Versión Traducción no oficial asistida por IA del texto original en francés del autor, con el acuerdo de Red Sistémica

Nota de la redacción

Este texto da por conocida la historia argentina reciente, que rara vez lo es en Europa. De 1976 a 1983, la Argentina vivió bajo la más dura de sus dictaduras militares, responsable de la desaparición forzada de miles de personas; la democracia, restaurada en 1983, fue durante mucho tiempo frágil, sacudida por levantamientos militares y por la hiperinflación. Los años noventa, bajo los dos mandatos del presidente Carlos Menem, vieron la aplicación brutal de políticas neoliberales, antes del derrumbe de diciembre de 2001: estallido social, cinco presidentes en diez días, cesación de pagos del Estado y congelamiento de los depósitos bancarios —el famoso corralito—. Es ese macrosistema el que Claudio Des Champs pone en relación con el microsistema familiar, en una conferencia pronunciada en Lyon en 2006 ante un público europeo.

Introducción

Tras largos años de períodos de regímenes democráticos interrumpidos por golpes de Estado militares desde 1930 y, sobre todo, tras los «años de plomo» de la última dictadura (1976-83), la más cruel y devastadora de las dictaduras, responsable de torturas, violaciones, secuestros, de la desaparición de miles de personas, de la quiebra económica del país y de una guerra contra Inglaterra en 1982 en el conflicto de las islas Malvinas (acto que constituyó el canto del cisne del más siniestro régimen militar de la historia argentina), la Argentina inició un período inédito de su historia, en el que un presidente sucede al anterior al término del período presidencial correspondiente.

La sociedad argentina fue asumiendo poco a poco la restauración definitiva de la democracia, a pesar de un proceso de sucesión presidencial que se desarrolló, en general, con cierta angustia: el primer presidente de la democracia recuperada, Raúl Alfonsín, tuvo que soportar dos levantamientos militares y dejó la presidencia adelantando casi un año la elección presidencial, en plena crisis económica, con una inflación galopante que creó un verdadero estado de pánico en la población.

El período siguiente terminó con la gente manifestándose en la calle y el presidente abandonando el Palacio presidencial en su helicóptero, casi huyendo ante la multitud. Inmediatamente después, cinco presidentes interinos se sucedieron en el plazo de diez días.

Tras este período de graves disturbios sociales y políticos, una terrible crisis económica (una más) sacudió a la Nación, que «celebró» la declaración del estado de «quiebra» del Estado argentino frente al FMI.

Poco después, en diciembre de 2001, el último presidente interino decidió el congelamiento de los depósitos bancarios, durante el cual los dólares ahorrados se convirtieron en pesos, perdiendo así dos tercios de su valor. En el mejor de los casos, millones de personas en la Argentina tardaron meses o años en recuperar el dinero retenido por el Estado en el llamado «corralito». Esta medida constituyó una estafa que impidió temporalmente a la población disponer del dinero depositado en el banco.

En la mayoría de los casos, la gente recuperó todo o gran parte del dinero depositado en pesos, pero solo la tercera parte del dinero depositado en dólares.

El ámbito psicológico

En el ámbito de la psicología, tras la Noche de los Bastones Largos en 1967, en la que los militares invadieron la universidad y golpearon al profesorado y al estudiantado, violando así el recinto universitario público, que atravesaba el período más brillante de su historia, cientos de personas —profesorado, psicoterapeutas y figuras universitarias de prestigio— fueron expulsadas de la universidad, perseguidas y, en algunos casos, secuestradas y asesinadas.

Muchas tomaron el camino del exilio; algunas de esas personas aprovecharon la restauración de la democracia en 1983 y tomaron la decisión de volver, y otras, la mayoría, se fueron para siempre. Estos hechos se repitieron en 1976, con una violencia y una crueldad decuplicadas, y muchas otras personas dedicadas a la psicoterapia corrieron la misma suerte.

Poco a poco, el psicoanálisis de orientación lacaniana empezó a reinar en toda la universidad. El lenguaje abstruso y la manifiesta falta de interés por la política, sumados a una posición especialmente acrítica respecto del régimen dictatorial, le aseguraron la permanencia en las universidades y produjeron una hegemonía total de la psicoterapia lacaniana durante largos años.

Recientemente, a partir de 1983, muy lentamente y sobre todo en las universidades privadas, que actualmente cuentan con programas que enseñan las diversas teorías y las diferentes prácticas clínicas, comenzó cierto interés por la inserción de la psicología cognitiva, gestáltica y sistémica en los círculos académicos.

De todos modos, la hegemonía del psicoanálisis en general, pese a la cantidad de profesionales de la psicología clínica de diversas orientaciones, penetró tanto en el lenguaje que, todavía hoy, y pese a la información de los medios y al tiempo transcurrido, la mayoría de las personas que hacen una psicoterapia no psicoanalítica dicen que hacen «análisis» sistémico, en lugar de hablar de psicoterapia de orientación sistémica o cognitiva.

No obstante, los efectos de los nuevos programas y el mayor número de opciones y de nuevas posibilidades que ofrece actualmente la psicoterapia, y sobre todo una clientela, un público consultante mejor informado, más exigente y menos sumiso que en la época de los regímenes dictatoriales, cambiaron mucho el panorama de la psicoterapia en la Argentina.

La nueva clientela no acepta el diván, prefiere la simetría del diálogo, el intercambio, incluso la discusión, y no los largos silencios angustiantes, la relación complementaria y la posición de poder de una psicoterapia «que poseía todo el saber» frente a una persona ignorante, desprovista de todo saber, que esperaba la interpretación del oráculo. La clientela actual busca soluciones concretas a problemas concretos. Los grupos autogestionados o con coordinación profesional, la terapia de grupo, los grupos psicoeducativos multifamiliares, la mediación y las intervenciones en red cobraron un enorme auge, y con el desarrollo exponencial de las ONG, la manera de producir cambios, de resolver los conflictos y las dificultades se modificó enormemente con la aparición de nuevos procedimientos, notablemente más adaptados a los nuevos contextos.

A mi juicio, la recuperación definitiva de la democracia trajo, pues, posibilidades inéditas y también, por supuesto, nuevos conflictos. Pero puso definitivamente fin a los regímenes militares y a los golpes de Estado, que contaban con el apoyo implícito y explícito de buena parte de la población civil, de ciertos partidos políticos, de ciertos intelectuales, de una parte de la prensa y del clero católico.

A partir de ese momento comenzó el largo y pedregoso camino hacia una sociedad no autoritaria, que decide pasar de la larga noche del silencio, de los secretos y de la delación a los problemas y las diferencias puestos a la luz, a los riesgos de la libre expresión de las diferencias, a la resolución pacífica de los conflictos familiares y sociales. Como en una terapia de familia o de pareja, en la que cada miembro, cada versión, cada relato será escuchado con respeto, todas las fuerzas de una democracia, todos los sectores del conflicto social tendrán derecho, por turnos, a la palabra, y sus puntos de vista serán legitimados.

La crisis del Estado de bienestar

Finalmente, la crisis del Estado de bienestar estalló en los años noventa, durante la muy corrupta presidencia de Menem, con la aplicación salvaje de las fórmulas económicas neoliberales (la misma política económica que la del régimen dictatorial de 1976-82), y desestabilizó a la sociedad argentina de un modo inédito y devastador.

El efecto de estas medidas económicas neoliberales globalizadoras pulverizaba las redes de protección social y producía un crecimiento dramático del desempleo, que alcanzó a todas las capas sociales: dirección de empresa, mandos intermedios, mundo obrero.

La repercusión sobre la familia fue terrible: la jerarquía familiar se tambaleó; la pérdida del rol del padre, reducido al desempleo, tuvo como consecuencia, en muchos casos, la depresión, la violencia, el alcoholismo y el abandono del hogar familiar por parte de esos hombres sin trabajo y sin protección del Estado; las mujeres, ya antes más o menos insertas en el mercado laboral, fueron literalmente precipitadas a él, y muchas de ellas, en el mejor de los casos, asumieron la responsabilidad de mantener a sus familias.

Por su parte, la juventud y la infancia percibieron la pérdida de la familia-providencia de la clase media mayoritaria (ya muy castigada por las crisis anteriores), clase social que caracterizó a la Argentina a lo largo de toda su historia.

Este atentado contra la familia desencadenó toda clase de patologías: violencia, abuso, adicciones, alcoholismo, delincuencia en general y juvenil en particular, prostitución, y el desmembramiento de muchas familias, debido a la emigración forzada de algunos de sus miembros o al desarraigo de familias enteras. Algunas regresaron en estos últimos años y otras, como antes, se fueron para siempre.

Funciones de las familias: la familia, una red relacional

«El grito provocador de André Gide —¡Familias, os odio!—, que tuvo tanto éxito en los años sesenta, propensos a las comunas y al vagabundeo, parece haber sido sustituido hoy por un suspiro discretamente murmurado: Familias, os echamos de menos.»

Fernando Savater

Muchas personas especialistas en el estudio de las familias en el contexto actual observan un creciente prestigio de estas en nuestra sociedad, generado por una mayor necesidad psicológica que tenemos de ellas y por la pérdida de su importancia institucional. A este respecto, Luis Flaquer (1998) afirma:

«La pérdida de peso de la familia en la organización social ha ido acompañada de una importancia creciente de esta como fuente de identificación emocional. Cuanto más se ve privada de importancia como institución, más la apreciamos. Uno de los principios de las ciencias económicas es que valoramos precisamente lo escaso y no lo abundante. En el terreno de la afectividad ocurre exactamente lo mismo: si en los años sesenta la familia sobraba, hoy nos falta.»

Y añade: «La familia es un grupo humano cuyo sentido, cuya razón de ser, es la procreación, la educación y la socialización de la descendencia. Encontramos este microsistema elemental de parentesco en casi todas las sociedades.»

El grupo familiar se constituye, según algunos trabajos, como la base de la posición social, núcleo de las relaciones sociales, vía para encontrar empleo, apoyo y sostén en caso de crisis, protección y fuente de cuidados en caso de problemas de salud. Para la mayoría de la población, la cualidad esencial de la vida familiar es un contrato o compromiso emocional y afectivo, a pesar de los conflictos y las dificultades internas que pueda tener.

Familia, sociedad y el regreso a las fuentes

El «J’accuse» contra el integrismo económico de Albert Jacquard y la «refundación antropológico-política» de Edgar Morin

«Se nos afirma que la economía gobierna el mundo, que las leyes de la rentabilidad y del mercado constituyen una verdad absoluta. Pero ¿puede una sociedad humana vivir sin otro valor que el valor mercantil? Quien cuestiona esta nueva religión es tachado de inmediato de irresponsable», escribe Albert Jacquard, y nos muestra los estragos del economicismo fanático que pretende hoy gobernarnos. En su libro J’accuse l’économie triomphante, nos invita a rechazar la fatalidad del integrismo económico.

«El liberalismo a la occidental —afirma Jacquard— es sinónimo de esclavitud para la gran mayoría de los seres humanos, tanto para quienes viven en los países del Sur como para la población relegada a las capas desfavorecidas de los países del Norte. La tarea más urgente no es entregar, como hacen actualmente el Banco Mundial y el FMI, a quienes nada tienen al apetito de quienes lo tienen todo, sino preservar de forma duradera las garantías sociales o ecológicas obtenidas por una parte de la humanidad, a menudo a costa de duras luchas. Y después extender esas garantías a toda la población de la Tierra.»

Y añade más adelante:

«La riqueza de la colectividad se genera poniendo en comunicación a quienes tienen necesidades con quienes pueden satisfacerlas. La riqueza son los demás. O, más exactamente, es la posibilidad de intercambiar con los demás… El acto constitutivo de la persona humana es el intercambio… Lo que constituye una necesidad es el hecho de intercambiar, no el contenido de ese intercambio.»

Este análisis refuerza la necesidad y la importancia de los vínculos humanos, de la sociedad de intercambios, de la comunicación, y pone el acento en el paso del integrismo económico a la integración de la diversidad humana, que podemos imaginar como la gran familia planetaria.

Edgar Morin, por su parte (1997), se expresa así:

«Hay que reintroducir al ser humano como medio, fin, objeto y sujeto de la política… Autonomía y dependencia son inseparables, puesto que dependemos de todo lo que nos alimenta y nos desarrolla; estamos poseídos por lo que poseemos: la vida, el sexo, la cultura. Las ideas de liberación absoluta, de conquista de la naturaleza, de salvación en la tierra pertenecen a un delirio abstracto. Pero el ser humano… es un ser trinitario, individuo / especie / sociedad, que se autoproduce y se autodestruye en su historia… Se trata al mismo tiempo de restablecer en toda su complejidad a un ser que no se reduce a las relaciones de producción ni a las relaciones económicas, sino que es a la vez biológico, social, económico, mitológico. La patria terrestre no es abstracta, puesto que de ella surgió la humanidad… la diversidad humana es el tesoro de la unidad humana, la cual es el tesoro de la diversidad humana. De ahí el doble imperativo: reencontrar y realizar la unidad humana en el florecimiento de las diversidades. A la vez salvar singularidades y diversidades e instituir un tejido común.»

La familia como red relacional, ámbito de la terapia familiar

La familia, ese microsistema esencial de la humanidad, es una excelente metáfora encarnada de ese tejido común, de esa unidad en la diversidad de la que nos habla Morin. Esa familia que sufre en la Argentina (y en otros lugares) verdaderos atentados por parte de la sociedad de consumo, de la ley del mercado denunciada por el profesor Jacquard, es precisamente el ámbito de la terapia familiar. Cuando esa unidad compuesta por individuos de distinto sexo y edad, procedentes de medios sociales más o menos favorecidos o desfavorecidos, pertenecientes a diversas culturas, a diferentes religiones, nos convoca, es porque siente la necesidad de ayuda ante la adicción de uno o varios de sus miembros, la violencia familiar, la anorexia, el abuso sexual, entre otros conflictos o problemas posibles, sin contar las enfermedades llamadas psiquiátricas, o la crisis de la familia a partir del desempleo o de la enfermedad orgánica grave de uno de sus miembros, sin contar el efecto de las crisis desencadenadas por el ciclo vital familiar.

La terapia familiar responde a estos desafíos activando los recursos de los miembros de la familia, ayudando a la familia a desarrollar la ayuda mutua, la solidaridad y la inteligencia emocional, a comunicarse mejor, a recuperar la ecología protectora y el ambiente no contaminado de la afectividad familiar, y al mismo tiempo mejorando y aumentando la conectividad, la pertenencia y la participación activa de esas familias con su entorno inmediato.

Esta revitalización de las raíces del bienestar familiar se beneficia de un macroecosistema democrático que, pese a todos sus defectos o limitaciones, nos brinda la posibilidad de la corrección permanente, de la resolución civilizada de los conflictos. Esta ecología democrática posee una estructura jerárquica, reglas de funcionamiento, un sistema de recompensas y sanciones, así como sistemas más o menos eficaces, imperfectos pero perfectibles, de protección de la infancia y de la vejez.

De hecho, la familia, como el Estado democrático, se ocupa en principio y por principio de la educación y de la salud de sus miembros.

Es bastante evidente que podemos encontrar ciertas analogías, o más bien analogías ciertas, entre el macrosistema de la democracia y el microsistema de la familia como organismos vivos, que coevolucionan en una interdependencia entrelazada, en una espiral infinita de bucles de interacciones y retroacciones.

Irène Théry (1997) considera que la familia contemporánea ya no es una institución sino una red relacional. La familia ya no es lo que era porque su función se ha modificado radicalmente. Así, François de Singly, expresando bien la opinión generalizada de quienes se especializan en la familia, resume:

«Sí, la familia ha cambiado. No solo su marco institucional ha estallado en pedazos, sino que su función esencial se ha modificado dramáticamente. Durante mucho tiempo, su objetivo fundamental fue la transmisión del patrimonio económico y de las tradiciones morales de una generación a la siguiente. Actualmente, la familia tiende a privilegiar la construcción de la identidad personal, tanto en las relaciones conyugales como en las paternofiliales.»

Desde este punto de vista, la familia como grupo puede considerarse producto de la individualización democrática y no algo opuesto a ella.

«En consonancia con un movimiento de creciente psicologización y sentimentalización del fenómeno familiar, la idea dominante en la actualidad es la intersubjetividad. Esa es la razón de ser de la familia, del mismo modo que el amor es su principio de funcionamiento.» (Théry, 1997)

Pese a la diversidad de opiniones sobre el estado actual de la familia, pese a las discusiones entre «pesimistas» (la familia es una especie en vías de extinción) y «optimistas» (la familia goza de perfecta salud), la familia conserva algunas de sus funciones esenciales, abandona otras, cambia y crea otras nuevas, siendo los cambios propios de la evolución, sobre todo en macroecosistemas democráticos.

Se trata, pues, de acompañar activamente la coevolución de la democracia como entorno saludable de la familia, y de la familia como entorno saludable del individuo.

Llevar a cabo la misma tarea respecto de la organización democrática y familiar como redes relacionales, como factores fundamentales de la construcción de la identidad individual, como factor de cohesión social: esos son los dos objetivos esenciales de la terapia familiar sistémica, que se opone así a la entropía de la exclusión, de la marginación, y a la visión de un horizonte cerrado, sin futuro y por tanto sin esperanza, de la sociedad contemporánea.

La terapia familiar

«Si quieres ver, aprende a actuar.»

Heinz von Foerster

La terapia familiar sistémica es una práctica enmarcada en una epistemología que no solo reúne, eventualmente, a los miembros de una familia, de una pareja, de una organización, para trabajar juntos, sino que sobre todo se caracteriza «por un énfasis puesto en las reglas de la comunicación interpersonal, en los procesos interaccionales (modelos restringidos por el tiempo), en las estructuras interpersonales (mapas arraigados en el espacio, fronteras rígidas o difusas), en los procesos funcionales (las relaciones entre los sistemas micro, meso y macro), en los procesos evolutivos (génesis y cambio en los sistemas) y en los procesos recursivos de segundo orden (relación entre quien observa y lo observado), lo que, a su vez, ha llevado a indagaciones sobre lo que constituye la realidad y sobre el papel central de los relatos en terapia» (Sluzki, 1991).

Abordaje psicoterapéutico múltiple y simultáneo de los distintos sistemas

Durante los años 1993-97 fui convocado a participar en la Secretaría de Adicciones de la provincia de Buenos Aires, la más poblada de las provincias de la Argentina (un tercio de la población argentina). En aquel momento la situación era muy grave, y no era más que el comienzo: las cifras de la economía iban bien, pero cada día cerraban fábricas, el desempleo alcanzaba proporciones alarmantes y las ciudades se poblaban de personas reducidas a la mendicidad, algo muy lejano a lo que caracterizaba a la Argentina: la mendicidad a gran escala no era un fenómeno conocido en la Argentina. Y sin embargo, esto no solo ocurrió, sino que se instaló hasta nuestros días, pese a ciertos avances actuales.

Retomando el tema de mi participación profesional, trabajamos con el macrosistema de una población de 12 millones de habitantes en plena descomposición de sus redes (hospitales, escuelas, asociaciones diversas, clubes deportivos), lo que desencadenó una violencia social, un abuso de drogas y de alcohol y un nivel alarmante de delincuencia juvenil. Las ideas fuerza que guiaron nuestra intervención fueron el pensamiento complejo del profesor Edgar Morin, invitado por la Secretaría, el enfoque sistémico constructivista y la noción de redes humanas. Sabíamos que múltiples variables conspiraban hacia la debacle generalizada: factores políticos, económicos, el peso de ciertas instituciones gubernamentales como, por ejemplo, la policía de la provincia de Buenos Aires, ligada a la represión más sanguinaria y delictiva del último régimen militar, convertida en una de las más corruptas de todo el país, cómplice del narcotráfico y muy difícil de controlar.

El personal educativo, los equipos directivos de las escuelas, el profesorado de primaria y más aún el de secundaria estaban desbordados.

Una reflexión teórica sobre este ecosistema en crisis: micro, meso, exo y macrosistema

«Un ser humano es un individuo solo en el contexto de los sistemas sociales en los que se integra, y sin seres individuales no habría fenómenos sociales humanos.»

Humberto Maturana

El análisis ecosistémico de las relaciones familiares nos dice que la primera capa social concierne a las relaciones entre el individuo y su entorno inmediato, la familia. En nuestros consultorios comenzamos nuestro trabajo con este microsistema, comprometido en un proceso coevolutivo entre sus miembros. Pero sabemos que, aunque la familia posee recursos muy importantes, la capacidad y los esfuerzos de madres y padres para criar, cuidar y velar por su descendencia con cierta posibilidad de éxito dependen, en buena parte, del entorno social de esas familias.

Esta segunda capa ecológica según Bronfenbrenner (1997), el mesosistema, concierne a las relaciones entre los microsistemas. Es decir, la interrelación entre los principales entornos que acogen y participan en la educación y el desarrollo de un ser humano durante un período particular de su vida. Por ejemplo, las relaciones entre la familia y la escuela: un microsistema afectará al otro y recíprocamente.

La tercera capa, según este mismo autor, es el exosistema: el mundo del trabajo, las características del barrio, la red de relaciones sociales, la distribución de bienes y servicios. Así, los acontecimientos que se producen en el entorno laboral de quienes ejercen la crianza tendrán necesariamente consecuencias en la vida de la infancia.

Finalmente, la cuarta capa, el macrosistema, representa los valores culturales, el sistema de creencias y los acontecimientos históricos (guerras, crisis sociales, inundaciones, etc.) que pueden afectar a los demás sistemas ecológicos. Es decir: ¿cuáles son los prejuicios sociales de esa sociedad? ¿Cuáles son las actitudes de ese contexto social en particular respecto de la droga, de la sexualidad, de la cuestión de la inmigración, del aborto?

La salud de las familias en una sociedad depende, pues, de que la infancia y quienes la crían tengan la posibilidad de establecer una conectividad saludable, vínculos sólidos y duraderos con otros sistemas humanos fuera del entorno familiar.

Y esto dependerá a su vez de la forma y la manera en que las fuerzas externas penetren en el hogar familiar y regulen, de algún modo, las relaciones paternofiliales, y sobre todo de las reglas de conducta del entorno inmediato de la familia y de las circunstancias sociohistóricas y de la cultura que constituirán el macroecosistema de esas familias.

En el ejemplo de la intervención llevada a cabo en la provincia de Buenos Aires por la Secretaría, debíamos actuar simultáneamente sobre el micro, sobre el meso, sobre el exo y sobre el macrosistema.

El enfoque sistémico

Además de las conocidas contribuciones de la práctica sistémica, como las intervenciones en el contexto de la comunicación, la corrección de la disfunción de la estructura familiar, el bloqueo de la solución intentada, la posibilidad de crear nuevos caminos evolutivos y sobre todo de reescribir nuevos guiones, de crear nuevos relatos, una orientación surgida en los años ochenta se instala y da origen a los enfoques constructivistas.

Basados en los relatos, que ya estaban presentes en los escritos de Paul Watzlawick, en la técnica de reencuadre del equipo de Palo Alto y en la psicoterapia hipnótica de Milton Erickson, estos modelos se convirtieron en la vanguardia del desarrollo de las ideas en el campo de la terapia familiar, creando así, con el tiempo, una manera de concebir la psicoterapia, la terapia narrativa, que impregnó el campo sistémico y cognitivo y los ámbitos de la mediación y de la resolución de conflictos.

En todo caso, la formulación esquemática «la descripción del problema constituye el problema» puede considerarse equivalente a «los problemas existen en la descripción que utilizamos», «los problemas son significados en torno a los cuales se organizan comportamientos problemáticos» y «el cambio es el proceso de decir las cosas de otra manera». Todas estas formulaciones comparten un elemento común: el DECIR, dicho de otro modo, la praxis del lenguaje, el hecho de contar historias, siendo la descripción de los hechos, en definitiva, un relato probable entre otros.

Tomando este modelo como punto de referencia, podemos utilizar la terapia familiar como la práctica de ayudar a las personas a transformar sus historias, sus relatos, a fin de aumentar el número y la calidad de sus opciones, de sus posibilidades, de sus juicios de valor, y para disolver el problema hasta entonces anclado en su viejo relato. Las descripciones, las historias, es decir, las estructuras narrativas, son sistemas semánticos que contienen como elementos un argumento («qué»), unos personajes («quién») y un contexto («dónde y cuándo») (Sluzki, C., 1991).

Intervención en la provincia de Buenos Aires

Del guion «Sálvese quien pueda, asístannos, no damos más» al guion «Uno para todos y todos para uno»: trabajo en equipo solidario y estimulación de la resiliencia

La Secretaría de Adicciones me encargó, junto con colegas de profesión, formar a los equipos profesionales que trabajaban en los centros de recuperación de adicciones establecidos en las distintas ciudades y barrios de la provincia.

Ante todo, el enfoque sistémico permitió a esos equipos de trabajo social y de psicoterapia entrar en contacto e intervenir en el entorno familiar, es decir, en un primer nivel, microsistémico, pero aun así más complejo y más eficaz que la persona toxicómana aislada, como si se tratara de una problemática individual.

Al mismo tiempo, participé también en la formación del personal educativo, de curas párrocos y de voluntariado o personas no profesionales encargadas de coordinar los centros en los que se reunían los habitantes de los distintos barrios. De este modo, trabajamos para ampliar los círculos concéntricos de la intervención sistémica a un nivel mesosistémico.

Poco a poco empezamos a desplazarnos, con la intención de alcanzar un nuevo círculo concéntrico, el exosistema: se convocaba al barrio, las reuniones se celebraban en las escuelas, en las parroquias, en grandes salas de conferencias o de teatro, en las instalaciones de clubes deportivos. Las autoridades, los equipos directivos de las escuelas participaban y se comprometían en la lucha contra la droga.

Y sobre todo, se convocaba a la juventud, que podía expresar su rabia y su angustia, hacer preguntas, hablar del profesorado y del maltrato sufrido cada vez que se la acusaba de mala conducta o de falta de respeto hacia las autoridades escolares. Recuerdo la gran sorpresa de esa gente joven cuando le pedía que subiera al mismo escenario que las personas invitadas a hablar y le pasaba el micrófono.

Al final de esas reuniones, muchas de esas personas jóvenes venían a preguntarme qué se podía hacer por sus compañeras y compañeros que se drogaban, y frente a quienes vendían droga a la salida de la escuela o dentro de las escuelas.

La Secretaría se ocupó especialmente de la juventud, que constituye el blanco preferido del narcomenudeo. Se apeló, pues, a esa juventud, no para sermonearla ni para informarla, sino para que se comprometiera en la lucha contra la droga, para acudir al rescate de sus allegados y de sus pares de la escuela o del barrio, y esencialmente para formar líderes: «Diez mil líderes por la vida», como el Dr. Juan Yaría, director general de la Secretaría, llamó al programa destinado a esa juventud.

Finalmente, bajo la dirección inspiradora e inteligente del Dr. Yaría, el programa se midió con el macrosistema y apostó todas sus fuerzas a la prevención. Figuras intelectuales de renombre fueron invitadas a participar en esas conferencias multitudinarias, a escribir artículos en los periódicos, a hablar en la radio, a participar en programas de televisión.

Yo mismo publiqué dos números especiales de Perspectivas Sistémicas, la revista de terapia familiar que dirijo, dedicados a las redes y al pensamiento complejo aplicados a la toxicomanía, y distribuidos gratuitamente a miles de profesionales y de personas voluntarias que participaban en ese programa de asistencia y prevención de la toxicomanía.

La complejidad empírica, la presencia de variables aleatorias, intereses político-económicos poderosos y corruptos fueron enfrentados con gran energía, con una actitud decidida y sobre todo con una estrategia inteligente que contempló, desde el principio, la complejidad, aplicando un programa de abordajes múltiples, una organización a la medida del enorme desafío que significaba una provincia de Buenos Aires superpoblada, con barrios populares muy desfavorecidos, verdaderas villas miseria, sin agua corriente ni electricidad.

Se evitó, pues, el procedimiento demagógico muy utilizado por los partidos políticos, el «asistencialismo» que alimenta la dependencia, el circuito homeostático limosna-caridad, y se fomentaron más bien las iniciativas, la proactividad, la responsabilización y el hecho de volver a aprender a reunirse, a ayudarse mutuamente, a decirse «que juntos es más fácil, que juntos es posible».

No hacíamos más que utilizar viejas tradiciones argentinas, de la época de la inmigración europea que construyó este país, tradiciones y valores que había que retomar y volver a aprender.

Recordemos que aprender significa, en términos cibernéticos, que un sistema es capaz de modificar su comportamiento y eventualmente su modo de organización interna en función del análisis de los resultados de su acción. La información no es un dato estable sino un proceso. Información es el nombre del contenido de nuestro intercambio con el mundo exterior mientras nos ajustamos a él y le hacemos sufrir el proceso de esa adaptación. Para Norbert Wiener, padre de la cibernética, «la comunicación es el cemento de la sociedad, y aquellas personas cuyo trabajo consiste en mantener libres las vías de comunicación son precisamente aquellas de las que depende, sobre todo, la perennidad o bien la caída de nuestra civilización».

Pero Wiener no solo hablaba de los regímenes dictatoriales, sino que anticipó y fustigó duramente la sumisión de la prensa y de la radio a los meros intereses comerciales, es decir, el almacenamiento de la información. Las vías de comunicación quedan estranguladas y mutiladas, decía, si se someten únicamente a la ley del beneficio. La transformación de la información en mercancías almacenables es inevitablemente sinónimo de degradación y de debilitamiento de la corriente continua que debe irrigar la sociedad.

Lo mismo vale para la accesibilidad de la información, pese a los llamados imperativos de la seguridad nacional, lo que implica la discusión del aspecto ético de la comunicación.

Buena parte de nuestras intervenciones de aquella época evocaban la acción del televangelismo estadounidense, esas prédicas mediáticas de los Estados Unidos que llevan la buena nueva a millones de personas. Esto se produjo con frecuencia en nuestro trabajo en grandes salas, y por teleconferencia simultánea ante miles de personas, en toda la geografía de la gran provincia de Buenos Aires y de la Argentina.

En todo caso, incluso en mi consulta privada, siempre me preocupo por ayudar a los miembros del sistema consultante a reparar, restablecer, recrear o renovar los eslabones de los vínculos familiares y los de las amistades o las instituciones de su entorno inmediato.

Las técnicas y la práctica de la terapia familiar

La democracia va a permitir y admitir el divorcio, las parejas y familias homosexuales (todavía en discusión, de todos modos, pero mucho menos negadas socialmente), se va a ocupar de las familias monoparentales, de las familias ensambladas (stepfamilies), etc. La difusión de una información precisa y sin rodeos evita o ayuda a corregir el maltrato familiar o institucional. Contribuye a la prevención y a la asistencia frente al abuso sexual infantil, que puede ser denunciado y vigilado, del mismo modo que muchos temas tabúes y secretos van a ser revelados y discutidos en los ecosistemas democráticos.

Pero si esa libertad individual que proclama no es fraterna, es decir, solidaria, y no cuenta con las redes necesarias para favorecer la igualdad de oportunidades de todos los individuos de esa sociedad, el acceso a la educación y a la salud, a la protección del Estado, si se somete a la ley del mercado, el ser humano se convierte en lobo para el ser humano, como podemos comprobar todos los días.

La parcialidad multidireccional de Boszormenyi-Nagy (1966), en los comienzos de la historia de la terapia familiar, expresaba claramente una idea de justicia, un «a cada persona sus méritos, sus recompensas, sus derechos y sus responsabilidades».

La validación de los sentimientos, de cada relato, la legitimación de la visión-versión del conflicto familiar de cada miembro de esa familia que recurre a nosotros, es conceptualizada por el equipo de Milán con la introducción del concepto de neutralidad. Este genera una relación de empatía por parte de la persona que trata o media hacia cada miembro de la familia, y la ayuda a mantener una metaposición respecto del conjunto. Más tarde, el concepto de curiosidad de Gianfranco Cecchin (1989) permitirá intervenciones como las preguntas circulares, que servirán para reconectar los vínculos familiares y, con la contribución de la práctica de los equipos reflexivos de Tom Andersen, servirán para construir otra manera de hablar y de actuar en consecuencia, no problemática ni conflictiva, y para aumentar así el número de opciones.

Tengamos bien presente, de todos modos, que en el contexto de nuestras democracias actuales tratamos con familias, pero también con multinacionales, a veces aliadas con poderes públicos cómplices, con medios de comunicación que pertenecen a esos mismos poderes, que a veces pertenecen al mundo de los negocios, asociados a una burocracia y a un sindicalismo venales. Tratamos, pues, con familias, pero también con valores, con ideas sobre el éxito, con la ideología de los winners (ganadores) o de los losers (perdedores) de la sociedad de consumo.

El ejemplo del consultante traumatizado por el exilio forzado y por el proceso del «desexilio»

Jean, de 35 años, regresaba de su exilio en Francia y me pidió que lo tratara de su «trauma del desexilio», es decir, del hecho de haberse ido como exiliado político para salvar su vida, durante el último régimen militar, a causa de su militancia política, y de las dificultades y los síntomas que tenía desde su regreso a la Argentina en 1983, con la restauración de la democracia. Tras los momentos de empatía, de escuchar simplemente su relato con respeto y consideración, de comprender su sufrimiento, empecé un trabajo minucioso sobre el relato general y sobre las palabras con las que describía el problema que lo agobiaba. Le fui proponiendo, poco a poco, palabras nuevas que empezaron a insertarse en su relato original y a modificarlo subrepticiamente: el trauma, como bien sabemos, es una palabra-concepto que encarna el sufrimiento pasivo, marcas indelebles y un largo trabajo de un sujeto que debe ser tratado porque está enfermo y, sobre todo, gravemente afectado.

En efecto, sus experiencias habían sido muy duras; vivía un doble desarraigo: primero de su país, de su cultura de origen, y luego, una vez que había logrado integrarse en una cultura diferente, tras largos esfuerzos, decidió regresar y recomenzar su vida en la Argentina, ocho años después de su partida precipitada. Observarán que utilizo la palabra «experiencias» y no «trauma». Eso es exactamente lo que hice con Jean: primero, sin dejar de comprender su dolor, le pregunté cuáles habían sido sus aprendizajes en Francia, un país de larga tradición democrática, con una cultura tan rica y tan diferente de la nuestra. Poco a poco empezó un relato diferente en el que, guiado primero por mis preguntas y casi espontáneamente después, comenzó a describirme cómo, al principio, se había refugiado entre otros exiliados argentinos y cómo después había encontrado trabajo. Durante ese tiempo, con mucho esfuerzo, había aprendido la lengua francesa; conoció a una joven francesa y vivió con ella los últimos años de su estancia en Francia (empleamos cada vez más la palabra «estancia» en lugar de la palabra «exilio»).

Yo seguía el relato con un asombro sincero, intercalando microintervenciones, sobre todo connotaciones positivas acerca de su capacidad de sobrevivir primero, de adaptarse después y finalmente de integrarse en esas circunstancias nuevas y difíciles, con dificultades, sin duda, pero con un éxito evidente, frente a los múltiples desafíos y obstáculos que tuvo que superar. Tras algunas conversaciones de este tipo, concluimos que la experiencia lo había hecho madurar, que había aprendido una lengua extranjera, lo que, dicho sea de paso, le permitió trabajar en Air France en la Argentina, y que, en efecto, el regreso de una persona por encima de la media argentina, alguien con su experiencia de vida, tropezaba con dificultades lógicas para reencontrarse en un país que daba sus primeros pasos en la vida democrática.

Poco después, varias personas que habían compartido su exilio vinieron a verme, y ninguna me pidió que la tratara del trauma del exilio.

Jean, orgulloso de su pasado, de su viaje, de su experiencia de vida en Francia y de su amor por su país de origen, nunca más pronunció la palabra «trauma» para hablar de sus experiencias del exilio-estancia o de su regreso a la Argentina.

Conclusiones

Desafíos y posibilidades de la coevolución del macrosistema Democracia y del microsistema Familia como comunidad de destino

La democracia es, a mi juicio como psicoterapeuta sistémico constructivista y como ciudadano de un país al que le cuesta mucho construir un contexto democrático, la mejor de las organizaciones o de los ecosistemas de convivencia y de evolución social posibles; diría lo mismo de la familia respecto de la formación y el desarrollo del individuo.

La democracia, con sus reglas de juego, sus leyes, sus derechos y sus obligaciones, es un sistema abierto al cambio: el funcionamiento de cada etapa de su ciclo vital constituye un proceso de transición. Y esa transición, como estado permanente y estructural de la democracia, nos recuerda el proceso de desarrollo de las organizaciones sociales y de las instituciones, el del ciclo vital familiar y el del desarrollo evolutivo de un individuo. Individuo y grupos humanos que son influidos por su ecosistema, pero que al mismo tiempo actúan sobre el sistema en un bucle recursivo de acciones y retroacciones.

Cuando trabajamos con familias, organizaciones o instituciones, sabemos que se trata de un tejido vivo, en permanente transformación.

Nuestra observación y nuestras intervenciones constituyen, en cierto modo, una intrusión más o menos respetuosa en los sistemas consultantes y, recíprocamente, esos sistemas observados y perturbados por nuestra acción actúan sobre nosotros y nos modifican.

Además, tenemos otro gran desafío: no trabajamos sobre la «verdadera» familia ni sobre el sistema «real». De hecho, recortamos continuamente una parte de la «realidad» para poder intervenir y ampliar las posibilidades de los miembros de ese sistema frente a un determinado problema.

Cuando formulamos la «pregunta del milagro» (De Shazer, 1982) —«¿Cómo sería su vida sin este problema?», «¿Qué haría de diferente si el problema, milagrosamente, ya no existiera?», «¿Cómo se darán cuenta las personas de su entorno de que ya no tiene esta dificultad?»—, proponemos una conversación diferente. Encaminamos a las personas que nos consultan hacia el mapa de la terapia orientada a las soluciones (solution oriented therapy), una práctica terapéutica que, desde el principio, va en busca de las soluciones, que hace surgir las conductas que tendríamos sin esas dificultades y que despierta recursos desconocidos o simplemente olvidados, aspectos resilientes de las personas consultantes.

Estos recursos son estimulados, pues, por un lenguaje directo como el de Salvador Minuchin y su modelo de intervención estructural, o indirecto ericksoniano, que conduce en todo caso a la acción, al cambio, y desencadena una actitud proactiva que generará nuevos aprendizajes y a veces «deuteroaprendizajes» (Gregory Bateson), es decir, la experiencia de aprender a aprender.

La respuesta a las preguntas inductivas de De Shazer crea la posibilidad de un futuro diferente, en el que el problema ya no existe y en el que pueden imaginarse conductas más eficaces, actitudes más optimistas, relaciones menos conflictivas y más afectuosas. Ese futuro imaginado en detalle nos sirve para actuar sobre nuestro contexto actual, para corregir o modificar nuestro presente, como ya hemos visto en el caso del exilio y de la Secretaría de Adicciones.

En sociedades a veces indiferentes, a veces anómicas, a veces de una gran falta de profundidad, egoístas y competitivas, son finalmente estos dos aspectos —la imaginación creativa y la búsqueda incansable de recursos ligados a la solidaridad, a la idea de «comunidades de destino» (Morin, 1997)— los que nos permiten imaginar una realidad diferente, un futuro unido a los demás por la posibilidad de crear intimidades comunes, reconocidas y buenas para cada persona, e intimidades personales, respetadas por uno mismo y por los demás.

La democracia y la familia son construcciones absolutamente necesarias, pero no suficientes. Son los valores y las reglas de convivencia entre las partes implicadas en estos sistemas interdependientes los que marcan y marcarán la diferencia. La diferencia entre relaciones hostiles o amorosas. Entre la esperanza y la desesperanza.

Cuando formamos una verdadera alianza terapéutica con las personas que nos consultan, cuando comprendemos su manera de producir cambios, su motivación, su lenguaje y su manera de cooperar, nos convertimos a la vez en testigos benévolos y curiosos y en catalizadores discretos de esos procesos de cambio, de reorganización estructural y de producción de nuevos relatos, gracias a los cuales los síntomas se desvanecen, el tejido relacional se regenera, el pasado se resignifica, y el presente y el futuro se alían para transformar los sueños en realización.

Buenos Aires, mayo de 2006.

Nota del original

«Pathologie de la famille et interventions thérapeutiques dans un environnement démocratique : quels effets ?», mayo de 2006. Ponencia de la 53.a Conferencia Internacional de la CIRCF (Commission internationale des relations du couple et de la famille), «Famille et démocratie, compatibilité, incompatibilité, chance ou défi», 7-10 de junio de 2006. Este trabajo se publicó en el sitio web y en el cuaderno de la exposición 2006 de la CIRCF, en inglés y en francés.

Quién es Claudio Des Champs

Claudio Des Champs es psicólogo por la Universidad de Buenos Aires, psicoterapeuta individual, de pareja y de familia. Profesor universitario, es docente y supervisor fundador de la ESA (Escuela Sistémica Argentina); forma y supervisa a colegas en la Argentina y en el resto del mundo desde hace unos treinta años. Editor fundador y director de la revista Perspectivas Sistémicas —en francés, Perspectives systémiques— (1988-2007), dirige el sitio redsistemica.com.ar.

Este texto fue escrito en francés por su autor. Se publicó con el título «Pathologie de la famille et interventions thérapeutiques dans un environnement démocratique : quels effets ?» en Red Sistémica (primera publicación: 53.a Conferencia Internacional de la CIRCF, Lyon, 2006). Traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial, con el acuerdo de la revista. Prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Des Champs, C. (2023). Pathologie de la famille et interventions thérapeutiques dans un environnement démocratique : quels effets ?. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/fr_FR/articles/pathologie-de-la-famille-et-interventions-therapeutiques-dans-un-environnement-democratique-quels-effets (Obra original publicada en 2006 en la 53.a Conferencia Internacional de la CIRCF, Lyon, 2006; republicada en 2023 por Red Sistémica, https://redsistemica.ar/2023/01/30/pathologie-de-la-famille-et-interventions-therapeutiques-dans-un-environnement-democratique-quels-effets-articulo-en-frances/)

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