Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Australian and New Zealand Journal of Family Therapy · Terapia familiar
En el Bouverie Centre de Melbourne, dos profesionales de las Primeras Naciones, Alison Elliott y Clarisse Slater, conversan con Jennifer McIntosh sobre el lugar del bebé en la terapia familiar. Frente a instituciones vividas como una mirada colonial, el bebé se convierte en un puente: reúne a la comunidad (el «mob»), hace visible el trauma transgeneracional y abre una oportunidad de sanación, siempre que el servicio se perciba primero como seguro.
Traducción no oficial al español de First Nations perspectives and approaches to engagement in infant-family work: attending to cultural safety and service engagement, de Alison Elliott, Clarisse Slater, Jessica E. Opie y Jennifer E. McIntosh, publicado en Australian and New Zealand Journal of Family Therapy (Wiley) (2023), doi: 10.1002/anzf.1562, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Así, este bebé diminuto tiene el increíble poder de influir en los patrones de trauma transgeneracional, en las manos terapéuticas adecuadas.
Alison Elliott, en conversación con Jennifer McIntosh y Clarisse Slater
Resumen
Las profesionales de la infancia y la familia de las Primeras Naciones Alison Elliott y Clarisse Slater conversan aquí con Jenn McIntosh sobre la adecuación cultural y la importancia de incluir a los bebés en la terapia familiar. Aportan años de experiencia en el programa clínico «Workin’ With the Mob» del Bouverie Centre para construir una vinculación segura y respetuosa con los pueblos y las familias de las Primeras Naciones. Comparten una visión de las Primeras Naciones sobre la llamada del bebé y de su ascendencia, y sobre su poder para sumarse a llevar la sanación a los sistemas parentales y familiares. Hablan de la vinculación segura en el intento de construir seguridad en el presente, sobre todo para quienes acaban de ser madres o padres y cargan con heridas de la infancia. La capacidad del bebé para ayudar a reformular estas conversaciones como una oportunidad de nueva esperanza y sanación pasa a ser central para la seguridad sistémica, en lugar de algo que haya que evitar.
Puntos clave
El bebé es un puente para construir una vinculación culturalmente segura y respetuosa con los pueblos de las Primeras Naciones.
En este triálogo, Alison Elliott y Clarisse Slater, del equipo de las Primeras Naciones del Bouverie Centre, conversan con Jennifer McIntosh, directora del Bouverie Centre.
Alison es terapeuta familiar clínica de las Primeras Naciones, investigadora, docente y formadora, madre y abuela. Alison tiene vínculos familiares con el país wiradjuri y creció en el país dharug.
Clarisse Slater es una orgullosa mujer de las Primeras Naciones yorta yorta y kamilaroi, madre y profesional, que también ha trabajado como consultora cultural en el Bouverie Centre. Jennifer McIntosh es directora del Bouverie Centre, psicóloga clínica y del desarrollo, terapeuta familiar, investigadora y madre.
McIntosh: Alison y Clarisse, gracias por proponer los temas tan ricos de la conversación de hoy. Reconociendo los numerosos grupos que componen los pueblos de las Primeras Naciones de Australia, habéis sugerido que puede haber algo universal en la manera indígena de pensar al bebé, y en la importancia crucial del contexto, cuando se aborda el trabajo terapéutico con madres y padres indígenas.
Elliott: Exacto. El bebé, en su contexto. En primer lugar, no incluir al bebé en el trabajo con familias de las Primeras Naciones dejaría un gran vacío en el trabajo terapéutico. Se pueden perder partes clave de la historia de una familia cuando el bebé no está presente. La presencia del bebé es tan poderosa y necesaria porque sus respuestas y sus maneras de interactuar les hablan alto y claro tanto a las personas cuidadoras como a las y los profesionales. Como con las familias no indígenas, hay por supuesto momentos en que no sería adecuado que el bebé estuviera físicamente en el espacio terapéutico. Es una cuestión de momento, de lugar y de justificación la que guiará la decisión de incluir o excluir al bebé en persona.
McIntosh: Ya me habías compartido la idea de que evocar las necesidades del bebé en el presente y su mirada hacia el futuro es tan útil como evocar la presencia de los ancestros y las lecciones del pasado.
Elliott: Totalmente; crea este hermoso punto de equilibrio para la familia, entre generaciones de sabiduría familiar y comunitaria. La historia de las Primeras Naciones también nos dice que no se puede lograr nada sustancial si nuestro contexto de vinculación, como sistema amplio, no se maneja con sensibilidad. A menudo hay mucha ansiedad en las familias indígenas a la hora de buscar apoyo, incluido un miedo más amplio al sistema de salud mental y el miedo transgeneracional a acudir a los sistemas. Así que debemos tener presente ese miedo y reconocerlo abiertamente, sobre todo cuando madres y padres traen a sus bebés al servicio.
Slater: Totalmente. Aunque los servicios de terapia familiar estuvieran organizados para el trabajo en salud mental perinatal, las barreras para acceder a ellos son considerables. Entre ellas está el miedo, históricamente fundado, a una atención sesgada hacia las familias indígenas dentro del sistema de protección infantil. Es un obstáculo notable para la vinculación de muchas familias indígenas jóvenes que necesitan apoyo en la crianza, pero que temen mostrar su vulnerabilidad en salud mental o en la crianza.
Elliott: Esta conversación me recuerda un cuadro de la artista y poeta Tanya Guerrera (2023; Figura 1). El cuadro muestra a tres mujeres embarazadas de las Primeras Naciones. Estas futuras madres están rodeadas de las esperanzas y los sueños singulares que albergan para sus bebés aún por nacer. Sin embargo, sobre ellas se cierne un gran edificio amenazador de ojos suspicaces y vigilantes. Para mí, esos ojos representan diversas instituciones gubernamentales, como hospitales, servicios de salud comunitaria, escuelas, etc. Esos ojos y ese edificio significan que, sean cuales sean los sueños que tengamos para nuestros bebés, siempre habrá restricciones y críticas por parte de marcos y sistemas preestablecidos que sentimos que no se pueden cambiar y que impiden que esos sueños se hagan realidad. Refleja las restricciones que tantas de nosotras, mujeres de las Primeras Naciones, sentimos y que nos impiden vivir y criar a nuestros bebés de la manera que consideramos mejor. Lo que podemos aprender de esta obra de arte es que estas estructuras deben ser la primera consideración al realizar trabajo con bebés y familias y al tener en cuenta las historias transgeneracionales con los pueblos de las Primeras Naciones, y en el trabajo familiar con los pueblos de las Primeras Naciones en general. Las familias de las Primeras Naciones no van a implicarse en nuestros servicios si perciben un juicio, lo que perpetúa la falta de confianza y de esperanza.
McIntosh: La imagen es muy evocadora. Las mujeres parecen solas, con sus cuerpos de embarazadas rodeados por un muro de instituciones colonizadoras. ¿Cómo podría el trabajo familiar aportar algo frente a eso? ¿Y si su familia pudiera acompañarlas?
Elliott: Es sumamente útil y poderoso. Sobre todo en un contexto de las Primeras Naciones, los roles de cuidado están mucho más repartidos, van mucho más allá de la díada madre-hijo, y el «mob» es clave. Lo he observado hace poco con una familia con la que trabajaba. En esta familia, la dinámica era muy distinta cuando todos los miembros de la familia importantes para el bebé acudían a la terapia familiar. Cuando todo el mundo estaba presente, se podían ver las dinámicas de los subsistemas y la gestalt del sistema completo. ¡Tener presente toda la constelación familiar me recordó lo grandes que necesitamos que sean las salas de terapia! También me recordó cuánto más claras se volvían la formulación y los planes de tratamiento cuando se tiene una imagen representativa de toda la experiencia familiar. Parece natural que el «mob» de las Primeras Naciones se reúna de esta manera. No deberíamos tener miedo de invitarles a entrar: a todas las personas importantes para el bebé. Otra cuestión es la importancia de reconocer y validar de manera significativa las experiencias traumáticas de todas las generaciones presentes en la sala, y de las que están en la mente de las personas. El bebé puede ayudar en eso, como un espejo de cuándo mamá está estresada o cuándo lo están las abuelas y los abuelos. Sabemos que el estrés de las generaciones anteriores repercute en la salud mental de las generaciones siguientes, pero el bebé puede mostrárnoslo, en el momento. Favorecer la toma de conciencia para que las personas vean el impacto de su trauma en quienes aman les ayuda a comprender sus consecuencias de forma mucho más profunda que si yo, la terapeuta familiar, me limitara a enunciar esa misma idea. A menudo, sin eso, las generaciones anteriores pueden cerrarse y quedarse insensibles. Así, este bebé diminuto tiene el increíble poder de influir en los patrones de trauma transgeneracional, en las manos terapéuticas adecuadas.
McIntosh: Está muy bien dicho. El papel facilitado del bebé y su agencia en la sanación de las familias son una perspectiva nueva.
Elliott: No queremos que este bebé tenga que desempeñar indefinidamente ese «papel de sanación familiar», pero el recién nacido sí da a las personas una motivación para un futuro mejor y la convicción de que el cambio es posible. Las generaciones conectan en torno a cosas sencillas pero profundas, como cuando el bebé se parece a la abuela y la madre y el padre a menudo quieren hablar de ello con la abuela, y de repente aparecen más conexiones y posibilidades que no existían antes de que el bebé llegara al sistema.
Slater: Y más fuentes de apoyo y de energía positivos para la madre primeriza que está en el centro. Es habitual que nosotras, las madres, tengamos siempre a nuestras criaturas alrededor. Situar a la infancia en el centro de la mayoría de las experiencias comunitarias tiene sentido, y la terapia familiar es una de esas experiencias.
McIntosh: Las sociedades occidentales están notablemente más centradas en el individuo en los contextos de terapia o de tratamiento, y excluyen a los miembros de la familia, sobre todo en el trabajo en salud mental del bebé. Por lo general, esto supone excluir al bebé y al padre, al considerar su participación y sus aportaciones como algo accesorio.
Elliott: Yo no lo veo como un deseo intencionado de excluir a miembros clave de la familia, como el padre, la fratría y las abuelas y los abuelos. Simplemente no se piensa en ello. Además, a menudo el personal prefiere tener a menos personas implicadas, y le resulta más fácil, en lugar de pensar en lo que preferirían las familias y lo que les beneficiaría. Evidentemente, cuantas más personas se implican, más complejo se vuelve, pero más rica es la información conceptual que se obtiene. Una vez más, cuando las familias indígenas entran en contacto con el sistema de salud mental, son muchos los factores que dificultan un trabajo familiar significativo. Nuestras familias suelen ser numerosas, así que una barrera muy práctica es que las salas de terapia a menudo no son lo bastante grandes, no tienen suficientes sillas. Si en una familia hay 12 personas, hay que asegurarse de que haya espacio para 12 personas.
McIntosh: Soy consciente de que hablamos de perspectivas de las Primeras Naciones como si fueran una sola perspectiva, y sabemos que no lo son. ¿Habéis percibido alguna de vosotras una variación real en Australia o en Nueva Zelanda en la manera de concebir el lugar del bebé en la familia y en la sanación? ¿O es algo que remite más bien a una perspectiva universal de las Primeras Naciones?
Elliott: Por mi trabajo en el norte sé que en algunas comunidades, como las comunidades muy tradicionales, hay sin duda variaciones. Es interesante, porque a menudo hay conflicto dentro del sistema de cuidado, que incluye a tías o tíos además de madres, padres, abuelas y abuelos. A las diferencias internas de los sistemas se suman factores interculturales, cuando no todas las personas de la familia son indígenas. Algunas personas prefieren decir: «Sí, deberíamos tener nuestros asuntos y nuestras conversaciones aparte, sin el bebé en la sala»; en cambio, otras dirán: «pero en casa discutimos delante del bebé, así que ¿qué diferencia hay ahora?». Así que tenemos que comprobarlo cada vez, sin dar nada por sentado.
McIntosh: Creo que la teoría del apego nos ofrece una buena manera de preguntarnos quién debería estar presente en una sesión familiar. Diría: «¿Quiénes son las personas a las que el bebé recurre activamente en busca de apoyo cuando tiene miedo, está cansado o enfermo?». Esas podrían ser las personas clave a las que invitar a reunirse para pensar en el bebé.
Slater: Cuando estaba embarazada y buscaba enfoques de crianza de las Primeras Naciones, encontré un libro titulado Hunt, gather, and parent, de Michaeleen Doucleff (2021). Buscaba material que hablara de lo que vivió mi familia y de lo que yo sabía intuitivamente que era la manera en que yo quería criar. Lo escribió una mujer que no pertenece a las Primeras Naciones y explora enfoques de crianza de pueblos originarios de todo el mundo. Voy a apoyarme en las historias y los relatos de mi familia para expresar la influencia de este libro. Antes de que nacieran mis bebés, le pedí a su padre que montara la cuna que yo había comprado. En respuesta, me miró sin expresión y dijo: «No tengo ni idea de cómo se monta esto», a lo que respondí: «pero creía que ya habías montado cunas antes». Entonces contestó: «de donde yo vengo, el bebé duerme en la cama con nosotros». El colecho es muy habitual en su pueblo. Los bebés no duermen en moisés separados, en habitaciones aparte, sino que el bebé duerme con la familia, con hermanas y hermanos mayores, con primas y primos, y con su madre y su padre. Ese momento fue uno de los primeros de muchos en los que me sentí dividida entre las expectativas de crianza occidentales y las de las Primeras Naciones. Por un lado, tenía en casa a la enfermera de salud maternoinfantil diciéndome que debía adoptar un modo concreto de sueño seguro. Por otro, la cultura del padre de mi bebé y mi propia cultura sugerían algo muy distinto. Mis tías me decían: «no hace falta gastarse cientos de dólares en una cuna, basta con meterlos en la cama contigo». Como era de esperar, me sentía en conflicto como madre primeriza, como si intentara tender un puente entre dos mundos opuestos. No quería que el mundo occidental ni mi cultura me vieran como una mala madre. Mi experiencia no es única, pero es cierto que no podemos dar por hecho que todas las mujeres aborígenes vivirán lo mismo. Algunas pueden sentirse más atraídas y conectadas con las formas culturales tradicionales de criar, y otras quizá no conozcan nada de ese saber antiguo. Por eso es importante mantener la sensibilidad y la curiosidad, sin suposiciones.
McIntosh: Es una historia preciosa para quien ejerce la terapia familiar, que por oficio domina el arte del contexto. Indagamos en el significado, nunca lo damos por supuesto, y prestamos atención a la posibilidad de un choque cultural entre las maneras occidentales y las tradiciones de las Primeras Naciones dentro de la persona y dentro del sistema.
Slater: La carga adicional que llevan las madres de las Primeras Naciones es considerable. Es un tema recurrente y una experiencia de muchas mujeres de las generaciones anteriores a la mía, como las generaciones de mis tías y de mis abuelas. Fue especialmente así tras las experiencias de la colonización, y tras lo que vivieron los hombres aborígenes con la opresión y la pérdida de su papel en la familia. Muchas mujeres de las Primeras Naciones, como he oído a tantas tías, cargaron con el peso de lo masculino y de lo femenino. Cargaron con el peso de la familia, con el peso de defender sus derechos y con el peso de ser diplomáticas. Cuando miramos a quienes ejercían el liderazgo, sobre todo en la generación anterior a la nuestra, muchas referentes de la comunidad eran mujeres. Las mujeres también criaban a sus hijas e hijos mientras defendían derechos y lideraban el cambio social. Mi padre y mis tías cuentan que mi abuela presidía varias organizaciones. En las distintas reuniones, mi padre y mis tías se sentaban a la mesa junto a mi abuela. Era así porque no había otra opción: las mujeres tenían un papel social, una responsabilidad hacia su comunidad que los hombres, por desgracia, habían perdido en gran medida a causa de los efectos de la colonización y de la opresión. Pero las mujeres también tenían que asumir el papel de la maternidad. No creo que se hablara mucho de los efectos sobre la salud mental ni de la carga que las mujeres tenían que soportar. Pero, en cuanto al contexto social, la infancia siempre estaba presente en la mesa, o al menos muy cerca. Incluso esta experiencia de ahora mismo, en la que hablo con vosotras en calidad profesional con mis bebés aquí conmigo, es habitual en muchas de nuestras reuniones de junta directiva. Cuando estoy en una reunión de la junta de una organización comunitaria aborigen, siempre hay criaturas de fondo. Muchas integrantes de las juntas son mujeres, y también son madres.
Elliott: Para mí, esa sensación de pérdida de los roles es fuerte. No se trata solo de incluir al bebé en el trabajo familiar; se trata de incluir a la familia en el trabajo con el bebé. Me interesa cómo transitamos entre los dos mundos y cómo animamos con suavidad a la familia a recuperar sus roles. Jenn, antes planteabas una pregunta: «¿quién está ahí para el bebé?». En Australia Occidental hay un programa precioso, «Baby Coming, You Ready?», que se presenta mediante una aplicación para el móvil. Nos anima a explorar cuáles son nuestros roles. Incluye a toda la familia para mejorar la salud mental del bebé, que quiere sentirse apegado a todas las personas cercanas y queridas.
McIntosh: Lo que me resuena es la palabra «invitación». Es la invitación que trae el bebé. Me encanta la idea de animar a las personas a recuperar sus roles. De nuevo, quienes ejercemos la terapia familiar sabemos la enorme importancia de la estructura en las familias, y de los roles que existen por algún motivo. El bebé no solo invita a las personas a desempeñar ciertos roles porque necesita que los desempeñen.
Elliott: Todas y todos queremos saber: «¿cuál es mi tarea en la vida de este pequeño ser?». Si se ocupa un rol protector, no se ocupa el lugar de quien tiene un rol más de crianza y cuidado. Se complementa, porque el bebé necesita ambos. Recuerdo la historia de los hombres que se colocaban alrededor de las mujeres como protectores durante el parto y cuando las criaturas eran muy pequeñas, porque las mujeres no podían levantarse y huir sin más si había una amenaza. En los contextos tradicionales, los hombres sabían cuál era su lugar. Pero con la colonización se produjo esta pérdida de «¿quién soy yo en la familia para esta criatura?». Se trata de intentar comprender «¿cuál es mi tarea ahora?». Todas las personas queremos saber «esta es mi tarea», porque eso da seguridad. Cuando la familia se siente segura, las personas más pequeñas van a saber: «Vale, para esto voy con papá, para esto voy con mamá y para esto voy con la tía, y todo el mundo me cuidará cuando las cosas se pongan difíciles». Volver a aprender cuáles son nuestras tareas para el bebé es clave.
McIntosh: El bebé lleva de verdad a los miembros de la familia a responder: «¿Cuál es mi lugar en tu cuidado, y en el cuidado de todas las personas que te importan?». Eso también es central para sanar los patrones rotos del trauma intergeneracional.
Elliott: Para mí, esto nos remite a las ideas de Boszormenyi-Nagy (1986) sobre un sistema ético. Este sistema ético está en el corazón de las familias como un libro de cuentas invisible que lleva el registro de los derechos y las deudas entre generaciones. Lo que no se recibió al crecer, se puede llevar a la familia que se crea. Cuando los servicios de ayuda intentan generar motivación y ofrecer un apoyo positivo, a menudo lo hacen partiendo de que «sabemos que quieres hacer lo correcto para el bebé». Pero la deuda puede seguir ahí para quienes acaban de ser madres o padres. También es importante reconocer la parte de la madre o del padre que dice: «¿y yo qué?, yo no tuve eso en mi infancia». Si no abordamos ese libro de cuentas oculto del «me lo perdí, tengo carencias, me separaron de mi familia» o «vi muchas peleas en mi infancia», la capacidad de las madres y los padres primerizos para reflexionar en lugar de reaccionar disminuye. También tenemos que recordar que, para quienes carecieron de ello, el simple desarrollo normal de su bebé puede activar desencadenantes traumáticos inconscientes.
Slater: Sí, la importancia de que la persona profesional sea culturalmente segura y se perciba como segura es enorme para las madres y los padres de las Primeras Naciones. No se hará ningún trabajo si no hay confianza con esa persona profesional y con ese servicio. También quiero decir que el libro de cuentas no contiene solo las propias historias de trauma. Hay personas que pueden haber tenido una buena crianza, pero pronto conocen los relatos y las historias del trauma intergeneracional al saber lo que les ocurrió a otros miembros de la familia, a la generación mayor. Eso por sí solo puede generar miedo cuando una es madre primeriza. Las experiencias de trauma vicario e intergeneracional influyen en la manera en que nosotras y nosotros, como madres y padres indígenas, nos relacionamos con profesionales no aborígenes y en cuánto confiamos, o no, en los servicios convencionales. Muchas mujeres, en especial, tememos que se nos mire como si tuviéramos carencias por ser madres aborígenes. A nuestro alrededor siguen estando las devastadoras tasas de bebés aborígenes retirados a madres aborígenes jóvenes. Ese relato lo llevas contigo cuando eres madre de las Primeras Naciones: te preocupa que te vayan a mirar de cierta manera. Así que, para mí, la seguridad percibida de un servicio tiene que establecerse antes de que se pueda hacer cualquier trabajo real con madres, padres y familias aborígenes.
McIntosh: ¿Cuáles son algunos de los pasos clave para que quienes ejercen la terapia familiar se ganen la confianza?
Slater: Creo que quienes ejercen la terapia familiar ya cuentan con recursos en muchos sentidos. Por ejemplo, adoptar una postura de curiosidad y mirar el contexto. Cuando yo misma era una madre joven y las y los profesionales me hablaban con curiosidad, queriendo conocer mi posición, cómo me sentía, cuáles eran mis valores o qué era importante para mí y para mi familia, en lugar de darme una larga lista de lo que se debe y no se debe hacer, eso contribuyó mucho a construir la confianza, también la de mi familia con esos servicios.
Elliott: Estoy de acuerdo en que, por bienintencionada que sea la persona terapeuta familiar, las preguntas pueden sonar con mucha facilidad a culpabilización. Una pregunta puede dar a entender que se ha hecho algo mal. Hay que explicar el motivo de la pregunta y decir más bien: «solo estamos explorando; estamos considerando todas las posibilidades». Las madres y los padres aborígenes necesitan tener la esperanza de que se les puede ayudar a encontrar recursos, sobre todo cuando criar no es tan sencillo como saber y confiar en la propia intuición para cuidar y proteger, por ejemplo cuando la confianza en la propia intuición se ve sustituida por el miedo a ser una mala madre.
McIntosh: ¿Cómo abordamos la insinuación subyacente, en una derivación a nuestro servicio, de que la madre o el padre de algún modo «causó eso»?
Elliott: Haciendo que venga la familia, y no solo la madre. Tiene que ser algo compartido, con la comunidad que cría al bebé presentándose en conjunto. Incluso cuando hay trauma, actual o transgeneracional, el contexto de la terapia familiar dice: «puede que la familia haya sido parte del problema, pero también tiene la solución». La terapia familiar confía en que nuestras familias son las expertas. Han dado a luz a la criatura; la han protegido lo mejor que han podido, incluso con un libro de cuentas lleno de deudas. Viven con ese pequeño ser, lo oyen llorar día y noche. Formulamos nuestras preguntas a la familia de manera que muestren que ella es el recurso que el bebé necesita. Nos resistimos a la idea de que «hacer evaluaciones a este pequeño ser» sea mejor que ayudar a la familia a reflexionar por sí misma sobre las necesidades del bebé, con su saber experto olvidado.
McIntosh: En el enfoque de pensamiento de sesión única para el trabajo con familias indígenas (Elliott et al., 2020), todas las personas presentes son miembros iguales de la conversación. El bebé también es un interlocutor en pie de igualdad. Pedir a los miembros de la familia que pongan voz a lo que el bebé podría estar «diciendo» y necesitando de la conversación de hoy tiene, si se piensa bien, un impacto en varios niveles.
Elliott: Sí, estoy totalmente de acuerdo en que cuanto más permitimos que las necesidades del bebé ayuden a la familia a acercarse al riesgo y a la vulnerabilidad, si eso se sostiene y se acompaña bien, más se acerca la familia a la oportunidad de sanar. Sin embargo, sin herramientas suficientes para explorar con seguridad, la mayoría no nos adentramos ahí. Por ejemplo, trabajé hace poco con una madre joven a la que separaron de su madre a los 6 meses y que vino con su propio bebé, que ahora tenía esa misma edad. El momento más desencadenante, pero también el de mayor oportunidad. Seguí reformulando y vi ese momento como el punto de oportunidad, y no como el punto de desencadenamiento, y trabajé con ella para sostenerlo con seguridad. Eso significó esforzarme mucho por no hacer suposiciones y por explicar el porqué de mis preguntas. Estaba constantemente atenta a si las preguntas sonarían a culpabilización y a si se produciría un cierre. Y tampoco podemos ser vagas al respecto. Requiere una intención focalizada, porque estás ahí por el bebé, y estamos sosteniendo un espacio seguro para que la familia piense en el bebé.
Slater: Las dificultades dentro de los servicios en los que trabajamos son las restricciones, sobre todo de tiempo. Construir relaciones puede llevar tiempo. Una diferencia que noto en este trabajo es que pueden pasar 6 meses hasta que las personas usuarias de las Primeras Naciones empiezan a confiar en nosotras y se abren de verdad. Pero no siempre disponemos de 6 meses para trabajar con una familia, sobre todo en el periodo perinatal, cuando el bebé es tan pequeño. Un enfoque que funcionaría con las familias aborígenes sería prever tiempo adicional para construir la confianza y la relación, incluso cuando las y los terapeutas son personas de las Primeras Naciones.
McIntosh: ¿Qué implica eso para el potencial de los modelos de sesión única en este trabajo perinatal?
Slater: Creo que vuelve a depender de los contextos: ¿las familias acuden voluntariamente o han sido derivadas? A veces un enfoque de sesión única es estupendo y es una manera de conseguir exactamente lo que la familia busca, cuando es la familia quien guía el proceso. También dependerá de las experiencias previas de vinculación con los servicios. A veces puede haber un choque de creencias culturales. Pero no creo que sea una experiencia exclusiva de las Primeras Naciones. Cada familia lleva consigo una historia generacional, y sus necesidades actuales dependen de los contextos, como el medio rural frente al urbano, cómo se crio cada persona en su infancia y los valores culturales en la crianza. A veces se oye decir: «esto son blandenguerías, lo que hacemos no va a dañar a las criaturas, no las va a traumatizar, así es exactamente como nos criaron». Sobre todo en este entorno, he comprobado que funciona proponer, sin imponer la «ciencia blanca» a las familias de las Primeras Naciones, lo que sabemos que funciona mejor para la infancia, para madres y padres y para su relación con sus criaturas. Pero si nos hemos tomado el tiempo de construir esas relaciones, podemos ayudar a llegar adonde el bebé necesita que llegue la familia. Todo vuelve a la seguridad, la protección y la confianza.
Elliott: Clarisse, has nombrado lo mismo que dice la tía Judy Atkinson (2002) sobre la diferencia entre un comportamiento traumático y un comportamiento cultural. Judy habla también del trabajo de Merida Blanco (citada en Levine & Kline, 2006) en Sudamérica y de los comportamientos traumáticos trans- e intergeneracionales que se normalizan en la manera en que las familias se relacionan entre sí. Merida Blanco, antropóloga cultural, dedicó su vida a estudiar el trauma generacional en grupos indígenas de Sudamérica. En su diagrama intergeneracional inédito, que abarcaba cinco vidas tras la violencia ejercida por un grupo social sobre otro, mostró que, en la primera generación conquistada, los hombres fueron asesinados, encarcelados, esclavizados o privados de algún modo de la capacidad de mantener a sus familias. En la segunda generación, muchos de los hombres recurrieron al alcohol o a las drogas, pues su identidad cultural había sido destruida, con la consiguiente y previsible pérdida de autoestima. En la tercera generación empezaron a desarrollarse el maltrato conyugal y otras formas de violencia en las relaciones. En esta generación, la conexión con su antecedente en el trauma social, de solo dos generaciones atrás, se había debilitado o perdido. En la cuarta generación, la reescenificación traumática hizo que el maltrato pasara del maltrato conyugal al maltrato infantil, o a ambos. En la quinta generación, el ciclo se repite, pues el trauma engendra violencia, con más reescenificación traumática y más violencia, y un malestar social creciente. En terapia, tenemos que reconocerlos y nombrarlos como respuestas al trauma. Algunos de los comportamientos traumáticos que han surgido a lo largo de seis o siete generaciones no son culturales. Por ejemplo, una posible respuesta al trauma es criar con dureza y mostrar más severidad con la infancia de lo necesario, y eso hoy está normalizado. Luego llega un servicio y dice: «esto no está bien»; sin embargo, para esas familias, así es como se ha hecho siempre, desde que tienen memoria.
Slater: Sin duda es algo difícil de oír de boca de un servicio para cualquier familia, y esto se ve amplificado por la desconfianza intergeneracional de las familias aborígenes hacia esos servicios, debida a los horrores del pasado.
McIntosh: Quizá el bebé sea un motor para desenredar la diferencia entre la cultura y la expresión del trauma intergeneracional.
Elliott: Convertirse en madre o padre ofrece a las familias de las Primeras Naciones una oportunidad de sanar las heridas del apego y de la infancia, ya que las heridas relacionales solo pueden sanar a través de una sanación relacional. Si se ofrece a las familias oportunidades de sanar y de recibir el apoyo de servicios culturalmente seguros y que favorezcan la vinculación, las y los profesionales y los servicios que no pertenecen a las Primeras Naciones bien podrían contribuir al poderoso camino de sanación transgeneracional de las familias de las Primeras Naciones.
Figura 1 no reproducida: Tanya Guerrera (2023), Colonial Gaze [Pintura], Melbourne, Australia. La obra pertenece a la artista; puede verse en el artículo original.
Complexe Systémique: lo esencial
Este intercambio sacude un reflejo clínico: a menudo se deja al bebé fuera de la sesión, y con él al padre, a la fratría y a las abuelas y los abuelos. Para las dos profesionales, el bebé es, por el contrario, un tercero activo. El bebé reúne al «mob», hace visible en el momento el estrés transmitido de generación en generación y convoca lo que Boszormenyi-Nagy llamaba el libro de cuentas de los derechos y las deudas. La lectura sistémica es clara: no se puede comprender a una familia indígena sin el contexto institucional que la vigila, y la seguridad percibida del servicio se convierte en una condición previa, no en un añadido. La distinción entre comportamiento cultural y respuestas al trauma normalizadas, tomada de Judy Atkinson, ofrece una herramienta valiosa pero delicada: esta clasificación solo puede hacerse con la familia, no en su lugar. Los límites del género son claros: una conversación entre colegas de la misma institución, sin datos, en la que la universalidad de una «perspectiva de las Primeras Naciones» se plantea y luego se matiza, y el diagrama de cinco generaciones de Merida Blanco sigue inédito. Para leer junto con el artículo sobre las injusticias relacionales y las lealtades invisibles y el estudio Delphi sobre el pensamiento de sesión única para familias afectadas por el trauma.
Notas del original
Agradecimientos. Publicación en acceso abierto facilitada por La Trobe University, en el marco del acuerdo Wiley - La Trobe University a través del Council of Australian University Librarians.
Declaración de conflicto de intereses. La autoría declara no tener conflictos de intereses ni intereses contrapuestos en relación con esta investigación.
Referencias
Atkinson, J. (2002) Trauma trails, recreating song lines: the transgenerational effects of trauma in Indigenous Australia. North Geelong: Spinifex Press.
Boszormenyi-Nagy, I. & Krasner, B.R. (1986) Between give and take: a clinical guide to contextual therapy. New York: Brunner/Mazel.
Doucleff, M. (2021) Hunt, gather, parent: what ancient cultures can teach us about the lost art of raising happy, helpful little humans. New York: Simon and Schuster.
Elliott, A., Dokona, J. & von Doussa, H. (2020) Following the river's flow: a conversation about single session approaches with Aboriginal families. Australian and New Zealand Journal of Family Therapy, 41, 249–257. Available from: https://doi.org/10.1002/anzf.1423
Guerrera, T. (2023) Colonial gaze [Painting]. Melbourne, Australia. Used with Permission from Emerging Minds and Tanya Guerrera.
Levine, P.A. & Kline, M. (2006) Trauma through a child's eyes: awakening the ordinary miracle of healing. Berkeley, CA: North Atlantic Books.
Traducción no oficial al español de First Nations perspectives and approaches to engagement in infant-family work: attending to cultural safety and service engagement, de Alison Elliott, Clarisse Slater, Jessica E. Opie y Jennifer E. McIntosh, Australian and New Zealand Journal of Family Therapy, vol. 44, n.o 4 (2023), doi: 10.1002/anzf.1562, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Traducción no oficial del artículo original «First Nations perspectives and approaches to engagement in infant-family work: attending to cultural safety and service engagement», publicado en Australian and New Zealand Journal of Family Therapy (2023) bajo licencia CC BY 4.0. Traducida y maquetada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Elliott, A., Slater, C., Opie, J. E., y McIntosh, J. E. (2023). First Nations perspectives and approaches to engagement in infant-family work: attending to cultural safety and service engagement. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/first-nations-perspectives-and-approaches-to-engagement-in-infant-family-work (Obra original publicada en 2023 en Australian and New Zealand Journal of Family Therapy, 44(4), 477-484 (2023); republicada en 2023 por Australian and New Zealand Journal of Family Therapy, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1002/anzf.1562)
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